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5 La transformación del movimiento de mujeres en Argentina y las estrategias en torno al aborto legal

Notas preliminares

Victoria Tesoriero

El año 2018 fue un año histórico para las feministas en Argentina, que por décadas han impulsado el debate sobre el derecho al aborto; y fue este año la primera vez que se logró en el recinto parlamentario. La cercanía con los sucesos tanto de 2018 como de los últimos años, que abren una nueva etapa en lo que respecta a los feminismos en Argentina (y en el mundo), dificulta el análisis. Sin embargo, es posible comenzar a pensar algunas hipótesis y algunos interrogantes en el marco de las discusiones sobre la relación entre los feminismos y el neoliberalismo, como así también la nueva etapa histórica por la que transitan esos feminismos y los cambios que han experimentado, además de las estrategias llevadas adelante, en nuestro caso, por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Por lo tanto, este breve escrito dará cuenta por momentos de algunas reflexiones e hipótesis, y por otros momentos del relato sobre las experiencias transitadas este año a la luz de un debate histórico.

A lo largo de sus ya 14 años de trayectoria, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que actualmente es la alianza más duradera de la historia del movimiento de mujeres en nuestro país en búsqueda de un derecho, consolidó dos grandes líneas estratégicas, a las que hoy podemos sumar la estrategia de la comunicación, especialmente, en redes sociales. Las dos grandes líneas estratégicas de acción de la campaña, si pudiéramos resumirlas, fueron, por un lado, crear las condiciones sociales para alcanzar el más amplio acuerdo de la población con el derecho al aborto a partir de la alianza con distintas organizaciones, las actividades públicas, los talleres, los paneles y la movilización social. Esta estrategia buscó siempre visibilizar el tema del aborto, crear conciencia sobre los déficits en la legislación, crear conciencia sobre las consecuencias del aborto clandestino, sumar más organizaciones de distinta trayectoria y tendencia, e instalar el tema del aborto en la agenda pública. Esta estrategia, en particular la construcción de alianzas con otros sectores que no tenían una trayectoria de activismo feminista, resultó fundamental para un proceso que fue avanzando con los años y sumando nuevas actoras, lo que constituyó el proceso de conformación de una contrahegemonía cultural, desandando el estigma del aborto, construyendo el reclamo por el derecho al aborto desde una perspectiva de derechos. Muchas de las feministas que integraron la campaña desde sus comienzos provenían de otras militancias, ya sea la militancia partidaria, la sindical, la barrial, o bien se inscribían en la agenda más clásica de los derechos humanos (DD.HH.), siendo parte de esos organismos. La trayectoria de esas militantes ayudó a la construcción de alianzas y a la solidaridad entre distintos movimientos. Este es un aspecto específico de la experiencia argentina, en donde hay “feministas en todas partes” (Masson, 2007). Así, la Campaña fue generando un acumulado de alianzas que trascienden, con un reclamo histórico de los feminismos, a esos mismos feminismos e incluso al amplio movimiento de mujeres. Parte de la agenda feminista con el aborto legal se fue incorporando de a poco por diversas organizaciones, desde partidos políticos a organizaciones barriales, desde sindicatos hasta organismos de derechos humanos.

Con el objetivo de crear las condiciones en el acceso concreto al derecho al aborto, han nacido al interior de la campaña redes fundamentales, que son la Red de Socorristas, la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, y con desarrollo más incipiente la Red de Docentes, que busca la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral. Las redes (que merecerían un capítulo propio cada una) fueron un punto clave del avance en la lucha por el derecho al aborto, porque evidencian no solo una preocupación en lograr un marco legal para la práctica del aborto, sino también una preocupación sobre la implementación y el acceso efectivo al derecho al aborto, en toda su integridad.

En articulación con la estrategia de movilización social, que buscaba crear las condiciones sociales para el aborto legal, el cabildeo parlamentario buscó crear las condiciones en la superestructura política, a partir de la construcción de la transversalidad con el objetivo de involucrar a todas las fuerzas políticas en la lucha por este derecho.

La estrategia de cabildeo de entonces, además de la clásica recorrida por despachos en búsqueda de más firmas para el proyecto y la construcción de la transversalidad con apoyo de todos los bloques (que no siempre fue fácil) y la realización de actividades y conferencias de prensa de manera permanente, fue pensar junto con las diputadas aliadas hechos políticos que puedan posicionar el tema del aborto en la agenda pública para acelerar las condiciones para el debate parlamentario. Sin embargo, para las mujeres obtener derechos nunca fue algo fácil. Estas acciones de cabildeo no solo se llevaban adelante en el Congreso (o más tarde en el Senado), sino que se replicaron en muchas legislaturas provinciales y en las distintas provincias donde los grupos de la Campaña habían logrado vincularse con diputadas/os o senadoras/es.

Muchas estarían de acuerdo con la idea de que el movimiento de mujeres (y deberíamos decir también lesbianas, travestis y trans) es hoy no solo el movimiento más importante de nuestro país, sino también un actor político que genera cambios sociales, quizá el actor social más dinámico en términos de provocar transformaciones y cuestionamientos sociales profundos. Y esto no es algo que se acote a los límites nacionales, sino que esta revolución es fuertemente internacional e internacionalista.

Esta nueva etapa del movimiento en nuestro país coincide con el ascenso al poder de un gobierno neoliberal. No es la primera vez en nuestra historia que en el marco de gobiernos neoliberales las mujeres cobran protagonismo. En el periodo más terrible, durante la última dictadura militar, fue un grupo de mujeres, las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes protagonizaron la oposición que logró debilitar a los militares. Durante la década del noventa, piqueteras, organizaciones de amas de casa y mujeres de distintos sectores sociales se pusieron al frente para sumar sus reclamos a la denuncia por la precarización de la vida cotidiana (Andújar, 2008). La participación de nuevas actoras sociales provenientes de los movimientos sociales desde mediados de los noventa conformó la base de las articulaciones que dieron como resultado un feminismo popular (Di Marco, 2010). Todas estas experiencias han enriquecido un amplio movimiento con expresiones heterogéneas y diferentes formas de activismo en distintos ámbitos. Si bien el movimiento feminista ha vivenciado un crecimiento constante, que se hace evidente por ejemplo en el aumento progresivo de la cantidad de activistas que asisten a los Encuentros Nacionales de Mujeres, y en la aparición de nuevas organizaciones de manera permanente, no fue hasta 2014 que la agenda da un salto cuantitativo.

En el año 2015 y tras la ola de femicidios, la convocatoria con la consigna Ni Una Menos (a través de las redes sociales, algo que no era totalmente nuevo para la historia del feminismo en nuestro país, que registra antecedentes de convocatorias por radio y diario) logra una concentración masiva de un público variopinto en Plaza del Congreso de la Nación. La agenda contra la violencia logra un posicionamiento muy importante en los medios masivos y traspasa la frontera hasta invadir la prensa internacional. En ese año el Encuentro Nacional de Mujeres en Mar del Plata prácticamente triplica la convocatoria y se convierte en un punto de inflexión. Al año siguiente, 2016, la organización para la convocatoria del 3 de junio incluye la discusión sobre el recorte a los programas de políticas que garantizaban derechos y también la discusión sobre la consigna “Libertad a Milagro Sala”. La nueva escalada de femicidios y el brutal femicidio de Lucía Pérez hace que la rápida convocatoria a un Paro de Mujeres el 19 de octubre sea muy concurrida a pesar de la lluvia. Era el primer paro que se hacía durante el nuevo gobierno. Al año siguiente, el 20 de enero, un día después de la asunción de Donald Trump, las mujeres estadounidenses llamaron a una marcha de mujeres para condicionar al nuevo gobierno con el objetivo de que este no retroceda en los derechos adquiridos. Esta movilización tuvo un gran impacto internacional, y si bien la convocatoria principal fue en Washington, en todo Estados Unidos se llegaron a movilizar alrededor de cuatro millones y medio de personas, mayormente mujeres. Se logró así solidaridad y apoyo con diversas acciones en todo el globo: no habría vuelta atrás en esta nueva etapa. En el mismo año, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito convocaría al “Grito global” por el aborto legal, la primera movilización llamada exclusivamente por el reclamo del aborto legal, con motivo de la fecha del 28 de septiembre. La convocatoria fue sorprendente, incluso en el contexto de un aumento de las movilizaciones por los diferentes retrocesos en distintas áreas, el movimiento feminista, aun denunciando esos retrocesos, fue uno de los pocos movimientos sociales que a pesar de todo siguió sosteniendo una agenda ofensiva con el reclamo por el aborto legal. Más organizaciones se sumaban a la Campaña y al reclamo por el aborto legal, y ese 29 de septiembre marcó el inicio de una ofensiva más fuerte que fue tomando mayor volumen con el paso de los meses. Así, luego de que pasara el Encuentro de Mujeres en Chaco, en el mes de febrero comienzan las reuniones organizativas para el acto del 8 de marzo: era necesario que la agenda del aborto estuviera presente. Con este propósito se organiza para el 19 de febrero de 2018 el primer “pañuelazo”. El pañuelazo resultó bastante concurrido, especialmente por “las pibas” más jóvenes, incluso adolescentes. Cuatro días después de ese pañuelazo en la puerta del Congreso de la nación, los diarios amanecen con la noticia de que el debate por el aborto legal sería llevado a recinto por primera vez.

El acto de ese 8 de marzo ya condensaría algunas características que a lo largo del año se fueron profundizando y que a nuestro criterio conforman rasgos de una nueva etapa del movimiento feminista.

En primer lugar, un profundo internacionalismo. Si bien los feminismos son internacionales por tradición histórica, este nuevo internacionalismo tiene características propias. Se logra coordinar actividades en algunos casos con consignas similares los mismos días en simultáneo sobre la base de una relación muy directa entre activistas de distintas latitudes del mundo. Gracias a las tecnologías y los programas como Whatsapp o Telegram, se arman grupos de trabajo internacionales específicos para fechas determinadas. Este internacionalismo consolida no solo un ámbito de discusión de contexto y estrategias, sino también de solidaridades frente a distintos sucesos.

En segundo lugar, la renovación del movimiento y el feminismo con la suma de una nueva generación que agrega su propia interpretación y vivencia y se reconoce en los feminismos de manera más cotidiana. “Las pibas” se refiere a la generación sub 20 que se suma al reclamo no solo con su participación en las marchas, sino también poniéndose a disposición para realizar y pensar acciones en conjunto con el propósito de causar un impacto y difundir así la agenda de los derechos de las mujeres. Es el caso de, por ejemplo, las tomas de los colegios secundarios que se llevaron adelante ya desde 2017 con el reclamo de que se aplique la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas y que en 2018 se suman con peso propio al reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito.

En tercer lugar, la masividad que alcanzaron las movilizaciones en torno a la agenda por más derechos. Es posible que sea la primera vez en la historia de nuestro país que las movilizaciones de mujeres sean las más masivas. Tanto el 8 de marzo como el 13 de junio y el 8 de agosto de 2018 se lograron movilizaciones de más de un millón de personas en cada fecha, algo que no estábamos acostumbradas a ver y que Dora Barrancos llamó “feminismo de masas” (Barrancos, 2018). La magnitud que han cobrado las militancias por los feminismos es uno de los aspectos novedosos más impresionantes.

La agenda feminista invade los medios, y deja viejos a los partidos y a las organizaciones sociales que se apuran a incorporar a los feminismos (y a las feministas) en sus discursos y actos, al mismo tiempo que surgen más organizaciones de distintos perfiles: se vive una nueva época en donde todas las alianzas, las feministas en distintos espacios, y las distintas aristas del movimiento, salen a la luz. A lo largo del año se sucedieron un sinfín de actividades a lo ancho del país, en el marco de un proceso que puso en evidencia tanto aspectos nuevos que se venían de alguna manera gestando pero que cobraron otros matices, como así también viejos funcionamientos de la política superestructural argentina, que quedaron expuestos para amplios sectores de la opinión pública.

Entre febrero y agosto de 2018, se realizaron recorridas prácticamente por todos los despachos en la Cámara de Diputados y algunos en el Senado. Tuvimos reuniones con la comisión de cabildeo a la que unos meses más tarde se suman dos grupos que se formaron al calor del debate: el Colectivo de Actrices y el Colectivo de Periodistas. La articulación federal de la Campaña mostró toda su fuerza coordinando el trabajo a nivel nacional y mapeando posiciones de diferentes legisladores y legisladoras, a la vez que íbamos actualizando los argumentos a la luz de la evolución del debate en las exposiciones de cientos de referentes que pasaron primero por Diputados y después por el Senado. Las diputadas trabajaron arduamente con sus respectivos bloques. En la calle, todos los martes eran “martes verdes”, con bandas y diferentes actividades. En diversos ámbitos, el movimiento feminista encontraba su condición de posibilidad en otros movimientos: mujeres sindicales realizan sus actividades sobre aborto, las periodistas y comunicadoras de Télam, en el marco de los despidos, incorporaron el tema del aborto en sus radios abiertas en reclamo de sus puestos de trabajo, el movimiento estudiantil realiza tomas en apoyo al avance del aborto legal, en las tomas hay talleres sobre ESI y aborto. Se lleva adelante el “pañuelazo villero” en la villa de Zavaleta. Algunos partidos políticos se pronuncian y realizan algún acto a favor. En los diferentes lugares de trabajo se hacen “pañuelazos”. Las trabajadoras sindicalizadas del subte llevan adelante la “operación araña”: actividades en las estaciones y la difusión de una expresión argumental a favor del aborto en cada línea del subte. La marcha del 24 de marzo estuvo plagada de pañuelos verdes, al igual que todo el resto de movilizaciones en las que se reclamaban otras cosas que en la mayoría de los casos no tenían que ver con la agenda del aborto, si bien este siempre estaba presente.

Luego de la media sanción en la Cámara de Diputados, el 14 de junio, comienza la etapa de la ofensiva fundamentalista contra el derecho al aborto. El Senado era una cámara más difícil con otras lógicas de funcionamiento y otras lógicas de poder. Las cúpulas de la Iglesia evangélica y de la Iglesia católica se reparten la estrategia: la primera llevaría adelante la campaña “salvemos las dos vidas” y la movilización callejera, y la segunda, la incidencia política en el Senado, un Senado muy permeable a la influencia de esas cúpulas eclesiales.

La movilización se mantiene constante, aunque muchos medios empiezan a tener una postura más escéptica en torno a los resultados en el Senado y la idea de que perdíamos empieza a ser una opción posible. El 8 de agosto se realizaron más de ochenta actividades en distintas ciudades del mundo en solidaridad con el debate en Argentina. A Buenos Aires llegaban micros de todo el país, solo de Rosario viajaron 36 micros. Llegaban también feministas de países limítrofes y otros países a presenciar el momento histórico de la votación. En la noche helada y lluviosa se movilizaron más de un millón de personas. Pero en el Senado, perdíamos la votación por 38 votos en contra, 31 a favor, 2 abstenciones y 1 ausencia.

Reflexiones finales

En los últimos años la agenda feminista logró una interpelación pública como nunca antes lo había hecho. La magnitud que ha tomado la militancia feminista desbordó todo pronóstico. No basta con describir los hechos, que son el resultado de una transformación más profunda de la subjetividad social. Las nuevas generaciones ingresan a la política a partir de la agenda del feminismo, posiblemente resignificándolo con interpretaciones que seguramente difieren de las significaciones que le atribuían y cómo lo entendían otras generaciones. Confluyen múltiples identidades que se rearticulan en momentos clave donde se abren oportunidades de cambio, pero no podemos asegurar que la multitud movilizada y sensibilizada lo haga necesariamente sobre una base identitaria o si el conflicto y el contexto de oportunidad de cambio resulta movilizador. Por otro lado, el proceso de movilización y cuestionamiento de un sistema cultural pone en crisis a las instituciones tradicionales de la política, que parecen desorientadas ante la marea verde. Es necesario avanzar en investigaciones que puedan dar cuenta del cambio y del agenciamiento en torno a la agenda feminista que estamos viviendo, de la cantidad de alianzas y espacios de articulación que se han generado, que nos hace pensar que el sujeto político más relevante de este momento histórico somos las mujeres, las lesbianas, las travas, las disidencias que cuestionan un orden social patriarcal y discriminador.

Bibliografía citada

Andújar, A. (2008). “Historia, género y memoria: las mujeres en los cortes de ruta en la Argentina”. En AA.VV., Historia oral y militancia política en México y en Argentina. Buenos Aires: Editorial El Colectivo, pp. 95-119.

Barrancos, D. (5 de agosto de 2018). El derecho al aborto es un derecho humano fundamental. Recuperado de https://bit.ly/2UxOhwV.

Di Marco, G. (2010). “Los movimientos de mujeres en la Argentina y la emergencia del Pueblo Feminista”. La Aljiaba, volumen XIV, pp. 51-67. Buenos Aires.

Masson, L. (2007). Feministas por todas partes. Una etnografía de espacios y narrativas feministas en Argentina. Buenos Aires: Sudamericana.



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