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Introducción

En 2008 iniciamos un programa de investigación comparativo sur-sur sobre las democracias y los procesos de democratización en las escalas micro, nacionales y transnacionales en el que hemos estudiado países de América Latina y de la región MENA (Middle East & North África). El primer proyecto se denominó: “Estudios comparativos sobre la democratización de las familias y la democratización socio-política: una aproximación integradora de las esferas privadas y públicas”, y fue financiado por el International Development Research Center-IDRC y UNSAM, en el período 2008-2010. A este le siguieron otros proyectos con perspectiva transnacional. Las dimensiones claves para nuestros estudios fueron las tensiones fundamentalismos/secularismos en relación con los derechos de las mujeres, el impacto del avance devastador del neoliberalismo en la región y la discusión sobre las democracias liberales, neoliberales, iliberales (o no liberales), populistas. Nos interesó observar las emergencias de nuevos colectivos y movimientos, las articulaciones horizontales entre estos a nivel nacional y transnacional, y su impacto en el Estado, es decir, si las demandas presionan para entrar en el sistema institucional o si proponen que este cambie. Desde 2016 estudiamos las implicancias y el desarrollo del colectivo Ni Una Menos (NUM), emergido en 2015, y sus articulaciones con los feminismos como parte de sus estrategias locales y globales, que impactó en el Estado en variadas formas, la más importante junto con la Campaña por el Derecho al Aborto, el tratamiento en el Congreso Nacional de la legalización del aborto.[1]

Un proyecto conjunto desarrollado durante el año 2018 por el Centre for Baltic and East European Studies (CBEES), Södertön University (Suecia) y el Centro de Estudios sobre Democratización y Derechos Humanos (CEDEHU), Escuela de Humanidades, UNSAM, denominado “Las mujeres y el ‘pueblo’. Movilización de mujeres y feministas en la era de los populismos y las democracias no liberales”, aprobado y financiado por la Swedish Foundation for International Cooperation in Research and Hight Education (STINT), se gestó a partir del enfoque transnacional de ambos centros y las coincidencias teóricas entre la concepción de pueblo feminista (Di Marco, 2011) y de mujeres como pueblo (Gunnarsson Payne, 2018), desarrolladas a partir del análisis de los casos de Argentina y de Polonia, con más de diez años de diferencia entre sí. Jenny Gunnarsson Payne (2018) se refiere a la respuesta desde el movimiento de mujeres en octubre de 2016 –una huelga de mujeres– al embate de las fuerzas denominadas antigénero en Polonia, que impusieron la prohibición total del aborto.[2] Ante esto, Gunnarsson Payne (2018) se pregunta: “¿Pueden las mujeres ser el pueblo?”. Al analizar las movilizaciones afirma que aquellas que nombraban el problema establecían también la frontera discursiva entre “nosotros” (mujeres, niñas y sus partidarios) y el enemigo (el gobierno, la Iglesia católica). Enfatiza la extensión de las demandas, la articulación de Czarny Protest de un “nosotros feministas” y la ampliación del “nosotros” común así como el “enemigo” común, a través de articulaciones espaciales y temporales de luchas feministas. La protesta en Polonia ha llegado a abarcar un conjunto más amplio de demandas que incluyen, por ejemplo, un Estado secular y resistencia contra la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTiP) y el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA). Al concluir su análisis aludiendo a las mujeres como el pueblo, desde otro contexto se acerca a la noción de Pueblo Feminista de Graciela Di Marco (2010a, 2011, 2017). Di Marco ha investigado y publicado extensamente sobre la articulación entre las mujeres del movimiento piquetero (originado en los años 90 como consecuencia del desempleo masivo creado por las políticas neoliberales) y el movimiento feminista (que hasta este momento había sido mayormente una forma de activismo de clase media), entre otros. Consideró que esta articulación generó un nuevo sujeto democrático político-colectivo, una forma de identificación, que Di Marco ha conceptualizado como el Pueblo Feminista. Este es el resultado de una cadena de demandas que se extiende unida contra un oponente común.

Di Marco y Gunnarsson Payne comparten parcialmente una interpretación sobre la conformación de algunos movimientos de mujeres. La principal hipótesis elaborada por Di Marco (2011a, 2011b, 2010, 2017) y Gunnarsson Payne (2018) para Argentina y Polonia, respectivamente, se refiere al derecho al aborto como significante vacío. Esto nos lleva a la teoría política postfundacionalista (o postmarxista) de Ernesto Laclau y el debate acerca de los populismos y las democracias denominadas iliberales. De esta confluencia desde distintas geografías y referentes empíricos, pero con el mismo sustrato teórico, surgió el proyecto que mencionamos. Su objetivo fue iniciar una investigación comparativa sobre la movilización actual de mujeres y feministas en América Latina y Europa del Este, y establecer un intercambio sostenible a largo plazo entre las instituciones asociadas. Se buscó investigar, documentar y analizar empíricamente las situaciones nacionales y transnacionales, y construir aproximaciones teóricas tanto para entender los movimientos de mujeres y feministas contemporáneos, como también los movimientos transnacionales y políticos similares que actualmente están surgiendo a raíz de la creciente polarización, los populismos y los avances de las democracias iliberales, dado que las democracias se están transformando cada vez más radicalmente. Esto tiene un impacto significativo en los derechos sexuales, económicos, laborales de las mujeres, lesbianas y cuerpos con capacidad de gestar, que están siendo cada vez más amenazados. Además, los derechos democráticos liberales, como la libertad de expresión y la participación política, son cada vez más limitados en algunos de estos países. Los movimientos de mujeres y feministas se están expandiendo, y especialmente en los contextos nacionales que se caracterizan por una mayor polarización política y amenazas a los derechos básicos de las mujeres y los derechos reproductivos, como en Argentina, Hungría, Polonia. Si bien los movimientos tienen sus propias características e historias contextuales específicas, también hay algunas similitudes cruciales entre ellos: han logrado movilizar a un número masivo de personas (especialmente mujeres) para salir a la calle, son nacionales y transnacionales, están utilizando estrategias similares para expresar sus reclamos (como la huelga y el uso de herramientas de Internet) y los han extendido de “asuntos de mujeres” específicos (aborto, violencia contra las mujeres) a demandas que estuvieron presentes desde los 90 contra los regímenes neoliberales y, en algunos países, opresivos.

En América Latina las identidades políticas feministas, articuladas con otras identidades laicas y antipatriarcales, han conformado múltiples organizaciones y coaliciones. A nivel global y regional, se puede mencionar una gran variedad de organizaciones: la Marcha Mundial de Mujeres, la Articulación de Mujeres Marcosur, Vía Campesina y otras redes y Foros transnacionales, como el Foro Social Mundial. Globalmente militan por el cambio político, económico y cultural, para lo cual las redes globales de comunicación y el ciberfeminismo han sido instrumentos útiles para difundirlas junto con la ocupación del espacio público.

En Argentina y otros países de América Latina, el impacto de la profundización del ajuste está aumentando los niveles de pobreza y violencia. Con una mirada atenta a las realidades políticas, económicas y culturales en los diferentes contextos, nos centramos en la construcción de los movimientos feministas, los desafíos que plantean, la construcción de nuevas identidades y sus consecuencias políticas.

En el marco del proyecto al que hemos referido se realizaron dos workshops, uno en el Centre for Baltic and East European Studies (CBEES), Södertön University (Suecia), y otro en el Centro de Estudios sobre Democratización y Derechos Humanos (CEDEHU), Escuela de Humanidades, UNSAM. Tuvieron como objetivo estimular la reflexión sobre la construcción de estrategias teóricas y políticas del movimiento trasnacional de mujeres y los feminismos, en un contexto de avance de los populismos de derecha y las democracias neoliberales e iliberales en América Latina y Europa. Los ejes de discusión que se propusieron fueron: a) ¿de qué maneras los movimientos antiderechos, el autoritarismo y las democracias no liberales amenazan los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales?; b) ¿de qué formas los movimientos de mujeres y los feminismos construyen su propia agenda y responden a esta ofensiva?; c) ¿cómo comparar entre algunos países de América Latina y de Europa las tendencias políticas y las respuestas feministas, para comprender mejor sus dimensiones nacionales y trasnacionales?

El workshop que se realizó en Buenos Aires tuvo lugar en octubre de 2018, a tres años de la emergencia del NUM y a menos de dos meses del debate sobre la legalización del aborto en el Congreso Nacional. Se presentaron ponencias que dan cuenta del proceso de (re)interpretación de los ejes mencionados más arriba, que permiten reflexionar sobre una parte de la producción académica en los temas propuestos. Los capítulos de este libro recogen estas ponencias. Muchas de las colaboradoras de este libro, especialmente aquellas que provienen de una intensa y duradera militancia feminista, como Claudia Anzorena, manifestaron su interés en “recuperar nuestras genealogías, hacer memoria y construir nuestra propia historia”. Ella considera que es fundamental

porque perder nuestros hilos nos hace no sólo pensar que todo comienza o termina ahí, en ese momento, sino que también borra otros momentos de grandes subversiones o de pequeños y cotidianos trabajos de transformación que llevamos adelante como un mar de fondo que poco se ve, pero que son imprescindibles.

María Florencia Alcaraz, Agustina Paz Frontera y Mariana Paterlini, del Colectivo NUM, consideran en su capítulo que la brújula para saber qué ocurre en el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans está en los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM). También afirman que la generación Ni Una Menos “es heredera del activismo tenaz y persistente que se consolidó, principalmente, en los ENM, y que, a la vez, potencia la transversalidad que caracteriza el movimiento”.

Coincidimos plenamente con ellas, y por esta razón haremos brevemente esta genealogía, esa memoria, esa historia (Di Marco, 2011: 269-284).

Los Encuentros de Mujeres, punto de inflexión en la genealogía feminista argentina

Se realizan una vez al año en una provincia elegida por las participantes y son organizados por una comisión ad hoc. Los encuentros son autónomos, autoconvocados, pluralistas, masivos, no institucionalizados, con fuertes y sostenidas críticas al sistema patriarcal y capitalista. Comenzaron en 1986 por iniciativa de un grupo de mujeres feministas argentinas que había participado en la Tercera Conferencia Internacional de la Mujer en Nairobi convocada por Naciones Unidas (1985). A partir del 33° Encuentro (2018), realizado en Trelew (Chubut), comienzan a nombrarse Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans. Esta denominación surgió del debate en uno de los talleres más concurridos, el de “Mujeres y Autodeterminación de los Pueblos”. En este taller y en el discurso de apertura se criticó el saqueo, la extranjerización y la recolonización de las comunidades en los territorios ancestrales.

La organización en talleres temáticos habilita la reflexión, los debates, y al mismo tiempo facilita la creación de redes que abarcan una gran variedad de temas-problema: anticoncepción, aborto, condiciones de vida, salud, educación, desocupación y consecuencias del neoliberalismo, el endeudamiento externo y el ajuste, que siempre fueron denunciados en los ENM. La concurrencia fue creciendo desde las dos mil mujeres en el primer encuentro, para llegar a una cifra de alrededor de cincuenta mil en el último.

Específicamente en relación con el aborto, desde el retorno de la democracia se luchaba por su legalización. El 8 de marzo de 1988 varios grupos de mujeres fundaron la Comisión por el Derecho al Aborto. Impusieron la consigna que aún hoy es distintiva: “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Fueron autoras en 1992 de la primera solicitada sobre el aborto en el país. Se refería al 28 de septiembre como “Día de lucha por la despenalización del aborto en Latinoamérica”. La segunda fue publicada el 8 de marzo de 1994, víspera de la Convención Constituyente para la Reforma Constitucional, para denunciar que la Iglesia católica proponía incorporar en la nueva Constitución la defensa de la vida desde la concepción. Con la incorporación de mujeres de organizaciones políticas, feministas, lesbianas y de varios grupos estudiantiles, pasaron a denominarse Coordinadora por el Derecho al Aborto. Publicaron una solicitada, El aborto clandestino: un pacto de silencio; en 2000 enviaron una carta a lxs legisladorxs: “Las mujeres reclamamos nuestro derecho a decidir y nuestros derechos laborales”; realizaron debates en los Colegios de Abogados de Morón, Ciudad de Buenos Aires y San Martín, y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Fueron autoras de un proyecto de ley de reglamentación para asegurar que se aplicaran las causales establecidas en el artículo 86 del Código Penal. En 1991 se constituyó el Foro por los Derechos Reproductivos. En 1994, se organizó Mujeres Autoconvocadas para Decidir en Libertad (MADEL), formada por cien organizaciones políticas y sociales, que se unieron para enfrentarse al propósito de introducir una cláusula sobre el derecho a la vida desde la concepción en la reforma de la Constitución Nacional, que fue sostenida por la Iglesia católica y el gobierno justicialista. Cumplieron un importantísimo papel en tres instancias cruciales para el avance de los derechos de las mujeres: la Convención Constituyente, el debate acerca del proyecto de Ley de Salud Reproductiva y la Convención Estatuyente de la Ciudad de Buenos Aires.

A partir de 1997 comienzan a aparecer en los encuentros mujeres de las incipientes organizaciones de trabajadorxs desocupadxs y otras que formaban parte de diversas organizaciones que surgieron en el segundo ciclo de protestas, que denunciaban las penurias que estaban atravesando (Di Marco, 2011a, Schuster, Naishtat, Nardacchione y Pereyra, 2005).

Es en esa época que los sectores católicos conservadores comienzan cada vez más a intentar boicotearlos. Esos sectores podemos englobarlos en la denominación de dispositivo católico integral, que está conformado por dos ejes: el discurso acerca de la sexualidad y el que se refiere al trabajo/lxs trabajadorxs. El catolicismo integral se basa en el patriarcado y al mismo tiempo lo refuerza, en su defensa de la sexualidad sujeta a la procreación, de la maternidad tradicional como base de la identidad femenina, de la negación a las diferentes formas de vivir la sexualidad (Di Marco, 2011a: 275 y 276).

En el encuentro realizado en Salta en 2002, la presencia de piqueteras, asambleístas, sindicalistas, militantes de diversos movimientos de mujeres, de diversas edades (con una importante presencia de jóvenes), mostró la consolidación de nuevas expresiones del activismo de las mujeres, portadoras de nuevas luchas y protagonismos:

Porque sonaban palabras nuevas, hechos nuevos, y hasta consignas renovadas, como aquella que decía “Vamos a hacer la patria socialista, la vamos a hacer piquetera y feminista” (Daunes, 2002: s/p).

En 2003, el Encuentro de Rosario marca el punto de inflexión en los ENM, preanunciado en el de Salta. La concurrencia de doce mil mujeres mostró que cada vez eran más las militantes de los movimientos sociales, piqueteras, obreras de fábricas recuperadas, indígenas, campesinas. Los derechos relacionados con la salud sexual y reproductiva estuvieron entre los más reclamados. Como otras veces, estuvieron presentes las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y el uso de pañuelos de color verde para identificarse a favor de la legalización del aborto se inspiró en los pañuelos blancos de estas. Una de las organizadoras, de Católicas por el Derecho a Decidir, afirmó:

Queríamos que fueran más visibles y los colores más visibles, como sabemos, están asociados a símbolos partidarios, al Vaticano, obispos, etcétera (rojo, amarillo, púrpura) y entonces optamos por el verde, que si bien es un color ligado a la ecología, consideramos que no afectaba. Ni se nos ocurrió el blanco que pertenece a las Madres. Pero debemos reconocer que la idea de lograr impacto con pañuelos la hemos tomado del impacto que significaron los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo.

El impacto en las mujeres de los movimientos fue inmenso y se convirtió en el impulso para que comenzaran a reclamar por sus derechos. Según consideró una organizadora, comparado con los anteriores Encuentros, en los que si bien había mujeres de estos sectores, predominaban las de sectores medios, este se caracterizó por el incremento en la participación de las mujeres de varias organizaciones:

las organizaciones surgidas en la última época aportaron para que quienes eran solo madres y esposas inauguren nuevas experiencias.[3]

Martha Rosenberg y Elsa Schvartzman (2014: 144) afirman:

Marca el surgimiento de un sujeto político dispuesto a defender esta identidad de mujer que recurre al aborto, como una identidad posible de ser legitimada en el campo de los derechos.

La presencia de las mujeres de los movimientos sociales que participaban de marchas y cortes de ruta o tomaban fábricas, y no solo atendían comedores, sumada a la avanzada católica para boicotear el encuentro, está en la base de la radicalización de la propuesta de la lucha para la legalización del aborto, que, junto con las reivindicaciones vinculadas a la violencia contra las mujeres o la desocupación, constituyen los tres derechos fundamentales que demandaban. En el ENM que se realizó en la provincia de Mendoza (2004), la marcha final convocó a veinte mil mujeres. Se acentuó la convergencia de mujeres rurales, indígenas, urbanas, de barrios pobres, docentes, mujeres en lucha contra la impunidad, desocupadas, feministas, lesbianas, etcétera. Se presentó la postura a favor de la legalización del aborto y del acceso gratuito a este, a los métodos anticonceptivos y a la incorporación de la educación sexual en el sistema educativo. En relación con los derechos laborales, se exigió igualdad de trato para mujeres y varones, la reducción de la edad de jubilación de las mujeres y la promulgación de leyes comunes al respecto para todo el país. También se reclamaron políticas activas de protección a la mujer contra la violencia en el ámbito privado y laboral. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, la primera de alcance federal en Argentina, surgió de los talleres de estrategias para la despenalización. Se propuso realizar una campaña durante cuatro meses –desde el 28 de mayo, Día de Acción por la Salud de las Mujeres, hasta el 28 de septiembre, Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribecon la finalidad de sensibilizar e informar sobre el tema, respetando las estrategias de las organizaciones de mujeres de cada ciudad y provincia. En los siguientes Encuentros se continuó con esas demandas. Se acrecentó la participación de las mujeres de diversos movimientos, lo que acentuó las articulaciones con las feministas. De este modo, se fueron alejando cada vez más de las posiciones tradicionales a las que habían estado sujetas por años, especialmente de las sustentadas y propagadas por la Iglesia católica, de las múltiples ONG que la representan y que operan en los barrios, y de la misma concepción católica que impregna la vida de los argentinos. Aunque la mayoría de estos no sea practicante, la Iglesia tiene poder sobre las decisiones, los cuerpos y los sentimientos de muchas mujeres, al ensalzarlas, por un lado y, por otro, controlarlas a través de los mandatos referidos a la reproducción. Como nunca antes, la situación se tensó entre las mujeres que luchan en el espacio público por sus derechos y la Iglesia católica. Mientras el feminismo era visualizado como portador de demandas de un pequeño grupo de mujeres de clase media urbana, estos sectores no se habían sentido amenazados, lo cual cambió cuando las mujeres de los movimientos comenzaron a levantar banderas más radicalizadas, en especial, las ligadas a la contracepción y al aborto, y a realizar  cada vez más críticas a las políticas neoliberales implementadas en los 90. El proceso que hemos analizado da cuenta de la emergencia de nuevas demandas e identidades feministas.

Estructura del libro

Los capítulos de este libro abren un abanico de diferentes lecturas e interpretaciones acerca de los temas propuestos, que se intersectan y se superponen, por lo que los ejes elegidos y los capítulos no siguen una lógica rígida: 1) conservadurismo religioso, ideología de género, neoliberalismo, y populismo; 2) reflexiones sobre/a partir/más allá del Ni Una Menos; 3) los feminismos y el Estado.

1. Conservadurismo religioso, ideología de género, neoliberalismo y populismo

Jenny Gunnarsson Payne y Sofie Tornhill describen, en el capítulo 1, un panorama en el cual las corporaciones globales están adoptando públicamente posiciones en contra del racismo, del sexismo y de la homofobia, y las hacen características distintivas de sus marcas. Consideran que el feminismo crítico se enfrenta a dos tendencias aparentemente contradictorias pero interconectadas: por un lado, la articulación neoliberal de la igualdad de género y de la diversidad sexual como mercancía por el neoliberalismo y, por el otro, “la denominación iliberal de ‘género’ como constructo ideológico corrompido”. Enfatizan que mientras que lxs feministas ven las demandas por la igualdad de género instrumentalizadas por razones de mercado, la crítica antigénero ve a las corporaciones como peones en el avance de la “ideología de género”. En lo que se refiere a la crítica antigénero, al capitalismo global y al poder de las corporaciones globales, consideran que pueden observarse ciertas superposiciones con la crítica feminista del neoliberalismo y de las relaciones capitalistas de producción, reproducción y consumo. Aluden a pensadoras como Wendy Brown (2018) y Chantal Mouffe (2016, 2018) para afirmar que la hegemonía neoliberal de las últimas décadas ha preparado el camino para un retorno del autoritarismo, debido a sus políticas y las desigualdades socioeconómicas; y por la creciente polarización, el “populismo de derecha” y los avances de las democracias iliberales. Este giro se caracteriza por un creciente proteccionismo nacionalista, de políticas antiinmigración muy afianzadas, de ataques al feminismo, a los derechos reproductivos de las mujeres y a los derechos LGBTQ. Estas fuerzas políticas iliberales se unen con “actores religiosos y seculares conservadores y totalmente fascistas en su oposición a la ‘ideología de género’”. Consideran que en la situación polarizada actual, que Mouffe (2016, 2018) ha llamado un momento populista, el género se ha vuelto un campo de batalla central entre diferentes bloques de poder político. Mencionan que la población LGBTQ, lxs feministas y todxs los que promueven derechos sexuales, de género y reproductivos son enmarcadxs como parte de un régimen opresivo.

Afirman que los feminismos tienen el efecto de repolitizar un conjunto de fenómenos que el neoliberalismo ha despolitizado, o sea de producir una vuelta a lo simbólico, que orada la mismidad del capitalismo neoliberal porque, según sostienen, “la crítica feminista demanda una transformación a fondo del sistema capitalista como tal”. Consideran una tarea central de los feminismos reconfigurar la “enemistad” tanto con la elite económica como con las estrategias de marketing pro derechos de los actores corporativos.

Di Marco, autora del capítulo 2, acuñó la noción de pueblo feminista hace casi diez años (2010, 2011a, 2011b, 2017). Señala que la participación de las mujeres de los movimientos en los ENM, tanto como las estrategias de la Iglesia católica desde 1997 para boicotearlos, estuvieron en la base de la radicalización de la propuesta de la lucha para la legalización del aborto, proceso que se fue intensificando durante todos estos años. Un hito importantísimo en este proceso fue la crisis de 2001, cuando implosiona el sistema político institucional y el momento de dislocación y antagonismo habilita la emergencia de nuevas articulaciones políticas, que fue una de las condiciones de posibilidad de la construcción de una identidad política, el pueblo feminista. Considera que excede a la categoría mujeres, no obstante sus movimientos constituyen el punto nodal. El pueblo feminista en su lucha por la legalización del aborto antagoniza con el integrismo católico y sus aliados conservadores, con demandas de profundización del laicismo y de más democracia. En consecuencia, se enfrentan “dos proyectos antagónicos, uno como campo de lucha y de posibilidades democráticas –a la ofensiva–, y el otro, que se resiste a la consolidación de nuevos derechos, a la contraofensiva” (Di Marco, 2011a: 296). Las estrategias feministas construyeron discursivamente al adversario –conformado por las fuerzas portadoras de valores tradicionales y patriarcales–, y generaron articulaciones que posibilitaron la emergencia de esa identidad política heterogénea, un pueblo, en la pugna por la legalización del aborto, para que las mujeres y cuerpos gestantes puedan ejercer la capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos. Se enfrenta a los sectores tradicionales mediante el reclamo de la separación entre la sexualidad y la procreación, entre la iglesia y el Estado, pues la demanda por la legalización del aborto, como significante vacío (Laclau, 2005) de la ciudadanía sexual –pero también económica, laboral y cultural–, del laicismo y del pluralismo, construye una frontera con los discursos patriarcales representados hegemónicamente por el integrismo católico y sus aliados evangélicos. Di Marco considera que el conjunto de las demandas del NUM en el primer año podrían ser consideradas como un significante flotante, tensionadas entre cadenas de equivalencias rivales, así como ciertos desplazamientos de fronteras entre ambas. La pregunta que se hace la autora es sobre la contingencia de su inscripción –o no– en alguna cadena de equivalencias antipatriarcal. Las demandas del NUM se fueron inscribiendo en las demandas feministas, que es lo que denominó Di Marco como otro momento articulatorio. Para ella,

la identidad pueblo feminista se basa en la articulación contrahegemónica e incluye a los feminismos, con todas sus especificidades, en tanto es producto y proceso de articulaciones que lo conforman. Existen diferentes identidades feministas: históricas, de clase media, populares, de clase trabajadora, indígenas, afros, LGBTTIQ, de jóvenes, de adultas, de varones, etc., pero estas presentan fronteras permeables e interrelacionadas.

Mercedes Barros y Natalia Martínez afirman, en el capítulo 3, que el pueblo feminista argentino no puede explicarse por fuera de nuestro movimiento de derechos humanos y del pueblo kirchnerista. Las autoras analizan un vínculo y un desplazamiento, formas discursivas cruciales para las posibilidades de estos feminismos contemporáneos. Dicen:

el feminismo es hoy un modo de identificación popular. Es decir, posibilita una identificación que excede la singularidad de sus reclamos y se universaliza, puesto que tiene pretensiones hegemónicas. Ya no representa una demanda específica, sino más bien, es una identificación que continuamente está añadiendo demandas diferentes, que se encadenan a un sentido cada vez más amplio que se inscribe en su nombre […] esa posibilidad no fue únicamente habilitada por los itinerarios de los feminismos; también fue resultado de un singular contexto de sobredeterminación de sus demandas en un discurso y una identificación populista vigente en la Argentina desde 2003: el pueblo kirchnerista.

Resaltan que en los 80 se produjo una multiplicación de frentes plurales, antecedentes directos de la emergencia posterior de los ENM organizados desde 1986. Consideran que el activismo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y su denuncia al daño cometido sobre toda la comunidad traía a escena un lenguaje contencioso inédito que inauguraba una nueva forma de activismo cuyas protagonistas más visibles eran, precisamente, mujeres. También rastrean el singular contexto político que los albergó y sobredeterminó: el pueblo kirchnerista. Aclaran que abordan el kirchnerismo como un fenómeno político que implicó una movilización social y política novedosa, de la cual emergió una identidad política que logró recrear una nueva experiencia de tipo populista en el país. Lo conceptualizan como lo impensado que alude a la dimensión radical de la nueva inclusión que el kirchnerismo implicó, la inclusión de un nuevo todxs abierto a lo desconocido o inimaginable por lxs mismxs activistas de DD.HH. Es allí, desde esa marca heterogénea, donde se puede rastrear el origen de la proliferación de muchos de los reclamos por mayor inclusión que se hicieron presentes en la agenda del Estado, incluidos los reclamos sostenidos históricamente por las colectivas feministas y de la disidencia sexual. Sostienen que los efectos sobre los feminismos no responden a una interpelación directa por parte del discurso kirchnerista, sino más bien a un llamado desfasado que opera y se hace exitoso, en gran medida, sobre la relación de contigüidad que vinculó de manera estable a los feminismos con el movimiento de derechos humanos, en particular, con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Patricia Schwarz, en el capítulo 4, con la mirada puesta en la conformación del pueblo feminista en el ciberespacio, analizó los debates de lectorxs del diario Clarín en los espacios de opinión de las notas que este publicó respecto del tratamiento parlamentario de la legalización del aborto en su edición en la web. Aclara que en el análisis de los comentarios de lectorxs es necesario considerar que están coconstruidos junto al diario Clarín, que redacta la nota periodística con una impronta específica y recorta elementos a ser presentados del fenómeno que describe con una perspectiva propia, además de constituirse en moderador del espacio donde los comentarios se publican. Se preguntó si los comentarios contrahegemónicos relevados pueden identificarse como pueblo feminista, “¿qué nos muestra la relación con la alteridad de los procesos de construcción hegemónica en relación con la salud y los derechos de las mujeres, lesbianas  y cuerpos con capacidad de gestar?”. El análisis realizado no se refiere a autorxs de los comentarios online relevados, ya que en el espacio virtual no se cuenta con datos sociodemográficos comprobables de quienes navegan. Lo cual, más que ser una restricción, se convierte en una posibilidad para la interpretación de sentidos, significados, concepciones acerca de los derechos de las mujeres, lesbianas y cuerpos con capacidad de gestar. En tanto sentidos, entonces, interpretó aquí los comentarios contrahegemónicos (antipatriarcales) en tanto parte constitutiva del pueblo feminista. Su conclusión es que la conformación de sentidos del pueblo feminista, que se manifiesta en los comentarios analizados, es ejemplo de resistencias políticas en el ciberespacio, que rompen con relaciones de subordinación.

Victoria Tesoriero, en el capítulo 5, alerta sobre la dificultad del análisis de los últimos tres años por la cercanía de los sucesos y propone avanzar en investigaciones que den cuenta de los procesos, las alianzas y articulaciones que “nos hacen pensar que el sujeto político más relevante de este momento histórico somos las mujeres, las lesbianas, las travas, las disidencias, que cuestionan un orden social patriarcal y discriminador”, sin dejar de mencionar que esta nueva etapa del movimiento coincide con el ascenso al poder de un gobierno neoliberal. Enfatiza que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, “hoy es la alianza más duradera de la historia del movimiento de mujeres”. Alude tanto a articulaciones horizontales como a las redes surgidas al interior de la campaña (de Socorristas, de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir y de Docentes, que busca la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral), y también a articulaciones verticales con el sistema político, por ejemplo, la estrategia del cabildeo en el Congreso y en muchas legislaturas provinciales, para involucrar a todas las fuerzas políticas. Considera que el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans es hoy no solo el más importante de nuestro país, sino también un actor político que provoca transformaciones y cuestionamientos sociales profundos. Señala algunos rasgos de una nueva etapa del movimiento feminista: un nuevo internacionalismo (ya que el feminismo nació y se desarrolló internacional), apoyado en las tecnologías de Internet que profundizan las discusiones, estrategias, actividades y solidaridades en todo el mundo; la renovación del movimiento y el feminismo con la suma de una nueva generación, la subveinte, que ingresa a la política a partir de la agenda del feminismo, resignificándolo, y, por último, la masividad que alcanzaron las movilizaciones.

2. Reflexiones sobre/a partir/más allá del Ni Una Menos

María Florencia Alcaraz, Agustina Paz Frontera y Mariana Parterlini, participantes de la convocatoria inicial del NUM, nos ofrecen, en el capítulo 6, matices para tener en cuenta sobre su inscripción feminista y antineoliberal. Desarrollan una genealogía del movimiento desde los ENM y la tradición de lucha por los derechos humanos de Madres y Abuelas. Como ya lo mencionamos, destacan la transversalidad del movimiento feminista y los ENM como factores claves en su emergencia, así como el funcionamiento coordinado en la casi totalidad de Latinoamérica y en varios países del mundo. Ellas afirman que como reflejo de la transnacionalidad del neoliberalismo, el feminismo actual propone una transnacionalidad de la resistencia. Relatan la génesis del primer NUM, a partir de la Maratón de Lecturas en la Biblioteca Nacional, que buscaba entender, mencionar y denunciar la crueldad con la que las mujeres, lesbianas, travestis y trans eran llevados hasta la muerte y la irresponsabilidad cómplice con la que los medios de comunicación tradicionales cubrían esos acontecimientos. Consideraron que era necesario imaginar “nuevas lenguas y nuevas narrativas” para alcanzar con sus denuncias a lxs que no sabían o no querían saber, por eso se difundieron a través de las redes sociales. Frente a lxs que consideraban la violencia y femicidios como pandemias o flagelo opusieron: “Ni ‘pandemia’, ni ‘flagelo’: patriarcado”. Se identifican otrxs sujetxs políticxs que también padecen las consecuencias del mismo sistema excluyente, desigual y opresor. Afirman que el movimiento, que es mucho más que denuncias a varones golpeadores, incluye demandas de actoras que provenían de otros ámbitos de activismo, o ajenas a cualquier militancia, como indígenas, migrantes, negras, trabajadoras sexuales, obreras, maestras, estudiantes, niñas y adolescentes, discapacitadxs, sindicalistas, trabajadorxs precarizadxs, trabajadoras domésticas, jubiladas. Las nuevas identidades políticas en el conjunto de los discursos y manifestaciones del activismo feminista produjeron “un sismo, una renovación y una expansión del fenómeno”.

Ana Fiol, en el capítulo 7, conceptualiza el NUM como mito del pueblo feminista. Según ella, el mito es un espacio de representación que no guarda una relación de continuidad con la “objetividad estructural” dominante (Laclau, 1990: 61), en nuestro caso, el discurso patriarcal. El mito es, por lo tanto, un principio de lectura de una situación determinada, cuyos términos son externos a lo que es representable dentro del espacio objetivo que ofrece la estructura patriarcal. La condición de emergencia del mito NUM es la dislocación estructural del discurso patriarcal, y su trabajo como mito consiste en suturar el espacio dislocado a través de la constitución de un nuevo espacio de representación. Por lo tanto, la efectividad del mito es esencialmente hegemónica: se trata de formar una nueva objetividad a través de la rearticulación de los elementos dislocados. El espacio mítico se constituye como una crítica a la falta de estructuración que deshace al orden patriarcal dominante, y los efectos críticos del espacio mítico incrementan la desestructuración de la objetividad estructural patriarcal. Es concebido como un espacio mítico (y si extrapolamos aquí la teoría laclausiana del sujeto como la falta dentro de la estructura al NUM como un sujeto colectivo), se aparece como una pura positividad y espacialidad: como una objetividad plenamente existente, frente al no lugar y el no espacio en que la lucha feminista ha convertido al discurso patriarcal, a fuerza de presentar sus dislocaciones como equivalentes. La naturaleza metafórica de NUM, concebido como espacio mítico, proviene de que la forma concreta o literal del mito representa algo diferente de sí misma. La fascinación o enamoramiento con NUM se debe a la percepción o intuición de una completud (imposible/mítica) que no puede garantizar la realidad del presente patriarcal. La dialéctica entre ausencia (dislocación estructural de la objetividad patriarcal) y presencia (la identificación con una completud imposible que ofrece el discurso feminista) no es otra cosa que el espacio del sujeto. El sujeto (la falta dentro de la estructura) solo toma una forma representable como una metáfora de la estructura ausente. NUM funciona como ─metaforiza─ la presencia de una ausencia (un mundo igualitario) donde se pueden inscribir las dislocaciones y demandas del sujeto político feminista.

Julia Epstein y Sol Rotsztein Miramón relatan, en el capítulo 8, su experiencia de militancia a partir del NUM, como estudiantes en un colegio secundario. Para ellas repensarse también significó repensar nuevas formas de organización, por ejemplo, en espacios de mujeres y disidencias. La falta de la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) repercutió en la desinformación y en la necesidad de buscar herramientas por su propia cuenta. Organizaron jornadas con referentes de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, académicas y periodistas. También talleres para reflexionar sobre noviazgos violentos, sobre mujeres en el mundo de los videojuegos, las mujeres en la ciencia y la economía. Además, armaron espacios de masculinidades junto con feminidades para repensar los modelos planteados de varón y mujer y sus actitudes y posicionamientos. Desnaturalizaron situaciones e incorporaron nuevas palabras y nociones, como violencia de género, consentimiento, testimonio, deconstrucción, abuso. Discuten sobre economía, conflictos bélicos, procesos históricos, etc. Relatan que las estudiantes del colegio comenzaron a participar en las reuniones del Centro de Estudiantes, en un número mucho mayor que nunca. Sin embargo, tuvieron poco apoyo por parte de las autoridades del colegio y recibieron la descalificación de algunxs profesorxs supuestamente progresistas, escandalizadxs por su radicalidad. Afirman que el movimiento debe crecer mucho más a nivel nacional e internacional y que “nadie sobra, todas faltan”. “Nenas de doce años que no tienen una trayectoria militante, a la hora de estar en la plaza ‘valen’ lo mismo que una mujer sindicalista de cincuenta y dos años. Esto se vio claramente en el debate por el aborto y la movilización del Ni Una Menos”.

Malena Nijensohn, en el capítulo 9, conceptualiza lo que denomina feminismo radical y plural y en qué aspectos este puede pensarse como un feminismo popular y antineoliberal. Considera que en los últimos tres años los feminismos lograron articular una lucha conjunta que hoy los muestra como uno de los sectores que mayor resistencia oponen a las políticas neoliberales de precarización. Enfatiza que la percepción de un “enemigo” común, el neoliberalismo y sus políticas de ajuste y precarización, es uno de los factores fundamentales que permiten la articulación de organizaciones, espacios y sujetxs diferentes. Por otra parte, observa que en los últimos meses se generaron “ciertas alianzas entre el movimiento feminista y el neoliberalismo y un retorno a la identidad mujeres como sujetx del feminismo”. Para ella existe una discursividad neoliberal en torno a la autonomía que inscribió la lucha por la legalización del aborto en una cadena equivalencial liberal, lo cual la lleva a varias preguntas:

¿Se profundizó la construcción de un feminismo popular y antineoliberal? ¿En qué imaginario se ancló esta lucha: uno liberal o por la justicia social? ¿Qué alianzas políticas se forjaron para producir este hecho político? ¿Qué efectos tuvo la discursividad militante, periodística, mediática e intelectual en términos de las subjetividades que importan?

Señala que en el período 2015-2018 hay un desplazamiento de la figura del femicidio hacia una red de violencias más amplia que abarca el entramado heterocispatriarcal capitalista neoliberal en diferentes niveles, particularmente en términos de violencias económicas. Considera el descentramiento del lugar de las mujeres, y la articulación de la lucha feminista con las demandas de lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binarixs, gordxs, discapacitadxs, migrantes, etc., en la construcción de una contrahegemonía popular al neoliberalismo. Otro problema al que hace alusión es cierto proceso de neoliberalización del feminismo, una versión despolitizada neoliberal de la responsabilidad individual por el propio destino: la empresaria de sí misma. Nijensohn se manifiesta optimista, puesto que considera que al continuar las luchas los feminismos pueden lograr una contrahegemonía al neoliberalismo.

3. Los feminismos y el Estado

Claudia Anzorena, en el capítulo 10, se interroga sobre la relación de los feminismos y el Estado ─entendido este como un espacio de disputas (de poder, de sentidos, etc.)─, desde el punto de vista de demandas construidas y planteadas a partir de la categoría de quehaceres feministas, que “implica analizar tanto los debates teóricos políticos que se dan al interior del movimiento como la construcción e instalación de las demandas hacia el exterior y con quiénes debaten en la arena política”. Partió de dos afirmaciones: las relaciones entre Estado y feminismos han sido y son provisorias y contingentes; implican una paradoja, pues se le exige respuestas a la institución que se sostiene sobre el sistema capitalista, racista y heteropatriarcal que nos oprime y explota, a la vez que lo reproduce. Sus indagaciones se centran en la siguiente pregunta: ¿qué tenemos para decir/hacer los feminismos sobre el Estado y las políticas públicas? Considera que el interrogante es pertinente a la luz de los cambios que, en las últimas décadas, han experimentado los Estados a nivel global con relación a los derechos de las mujeres y a las relaciones de género. Asimismo, menciona las “múltiples acciones que buscan sensibilizar, concientizar y transformar las condiciones de subordinación de las mujeres, niñas, personas trans, les disidentes sexuales, ancladas en el cuestionamiento del sistema patriarcal, colonial/racista y heteropatriarcal”. De estas surgen conocimientos y críticas sobre las condiciones de vida concretas que permiten elaborar demandas, construidas en torno a necesidades, derechos humanos y justicia, y plantearlas como problemas que deben ser resueltos políticamente (Champagne, 2013).

Señala la fatalidad política de habitar la tensión inescapable, la paradoja de una demanda dirigida a la misma institución que produce y reproduce las desigualdades de género, de clase y de raza. Repasa la contradicción planteada en la literatura, acerca de posiciones más anti Estado, y concluye que “una parte importante de los movimientos feministas dirigen sus pedidos concretos principalmente a las instituciones estatales, al punto de plantear en manifestaciones consignas donde se pone fuertemente el acento en que el Estado es responsable”. Formula al respecto varias preguntas sobre la difícil relación de un movimiento como el feminista y el Estado. Responde que tanto la demanda como la estrategia dependerán de la definición e interpretación que se realice, y de estas, a su vez, se seguirán las formas de relacionarse con aquel.

En el capítulo 11, Florencia Maffeo reflexiona sobre las articulaciones del movimiento feminista con el Estado heteropatriarcal, en el campo de la salud, donde la incidencia del feminismo ha interpelado a profesionales y sus prácticas habituales, que provocan el cuestionamiento del modelo médico hegemónico. Su contribución es el fruto de una investigación empírica sobre el movimiento de mujeres de Morón. Se pregunta: ¿es posible realizar un acompañamiento feminista a personas en situación de violencia desde servicios de salud pública? ¿Podemos esperar respuestas a la violencia machista desde la estructura estatal o este tipo de respuestas solo pueden provenir de los feminismos organizados? Para responder estos interrogantes estudia la incidencia de organizaciones feministas. Analiza cómo la demanda hacia el Estado municipal de servicios de salud con perspectiva de género se articula complejamente con la construcción de una atención de la salud con perspectiva feminista. Señala cómo la articulación entre organizaciones feministas y profesionales de la salud construye redes y elabora estrategias que intentan romper con el modelo médico hegemónico y con las políticas públicas estandarizadas para enfocarse en un acompañamiento que recupere la subjetividad y temporalidad de las mujeres, desnaturalizando la violencia en las relaciones interpersonales e institucionales.

Chantal Medici, en el capítulo 12, resume la situación de la legislación relativa a la interrupción del embarazo, las contradicciones del abordaje estatal y sus implicancias sociales. Destaca la importancia de la incidencia internacional y los litigios estratégicos, entre las variadas formas de acción política para la legalización/liberalización del aborto. Una gran variedad y cantidad de organizaciones participaron, en ocasiones de manera coordinada y en otras de manera paralela, en diferentes acciones. La autora se refiere a dos importantes fallos recientes de organismos supranacionales sobre al aborto legal y a la vida intrauterina. Resume los documentos emitidos por los comités de las Naciones Unidas que efectúan observaciones sobre el accionar del Estado argentino en torno a la cuestión y el fallo “F.A.L. s/ medida autosatisfactiva”. Considera que fue crucial la creación de La Campaña, que se transformó en la principal fuerza promotora de la demanda. Las organizaciones que son miembros de este colectivo participaron de acciones clave, como el litigio del caso “L.M.R. vs. Argentina” en el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Paralelamente, el trabajo realizado por organizaciones como el Centro de Estudios sobre Estado y Sociedad (CEDES), y más adelante por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) y otras, redundó en aportes de gran relevancia. A lo largo de los años la utilización de las instancias internacionales fue creciente y la respuesta de los comités de las Naciones Unidas y otros organismos abonó el terreno para mejorar el acceso al aborto legal. El fallo “F.A.L.”, que constituyó un hito decisivo a nivel interno al crear estándares claros para el accionar estatal en la materia, hace referencia a algunos de estos documentos y al reclamo al Estado argentino en la sentencia del fallo “L.M.R vs. Argentina”. La utilización de las instancias internacionales continúa siendo una forma importante de construcción de un marco jurídico más favorable a los derechos de las mujeres en las políticas públicas relativas a la interrupción del embarazo.

En el último capítulo, Noeme Passos Xavier presenta el grupo Linhas do Horizonte, de Minas Gerais, que surgió en enero de 2016 para hacer un homenaje a la esposa del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Marisa Leticia. En su contribución, considera que en una coyuntura política, económica y social hostil, el bordado fue una forma de hacer política de las mujeres desde sus lugares cotidianos. A partir de ese momento han sumado otras causas, que incluyen la denuncia de la persecución a los candidatos del PT en las últimas elecciones, la manifestación en contra de la LGBTfobia, el apoyo a la presidencia de Dilma Rousseff durante el proceso de impeachment, el apoyo al ex presidente cuando fue encarcelado, así como a otras causas, como la denuncia frente al asesinato de la concejala Marielle Franco, en Río de Janeiro. Destaca como primer ejemplo de práctica subversiva contra la opresión el uso de la tarea femenina de bordar por parte de las sufragistas en Inglaterra, que bordaron sus estandartes y banderas, inclusive dentro de la prisión. Nos ofrece varios ejemplos y fotografías de producciones de grupos en Estados Unidos, Chile y Argentina (los pañuelos blancos de las Madres). Las fotografías permiten observar la creatividad feminista, y captarla también como quehacer feminista (Anzorena, capítulo 10 en este libro) o como una más de las diferentes expresiones del sidestreming feminism, como lo menciona Di Marco en su capítulo.

Palabras finales

Una fuente crucial de inspiración teórica en la mayor parte de los capítulos que presentamos, tal cual fue nuestra intención, es el trabajo del teórico político argentino Ernesto Laclau, y especialmente su teorización sobre la movilización política y el populismo. A diferencia de muchos estudiosos europeos del populismo, la teoría de Laclau lo entiende como una forma más que como un contenido, así como resalta la importancia de los afectos para la creación de cualquier identidad colectiva. Señala que la demanda debe entenderse en relación con su significado ambiguo en el idioma inglés, es decir, su doble significado como solicitud y reivindicación. Conceptualizar las unidades analíticas más pequeñas como demandas, a diferencia de hacerlo en términos de grupos ya preconstituidos, hace posible un análisis de cómo emergen los intereses y las colectividades políticas, cómo se forman de manera contingente y, a menudo, impredecible. Este proceso requiere lo que Laclau llama un significante vacío, es decir, un nombre unificador bajo el cual una cadena de demandas que se extiende se unen contra un oponente común (Laclau 2005: 154). La fuerza con la que se realiza la inversión política solo puede entenderse como perteneciente al orden del afecto, la constitución de un nosotrxs frente a otrxs (Laclau, 2005: 110).

Con respecto a América Latina, especialmente tomamos en cuenta la teoría del populismo como parte de una crítica integral de las concepciones liberales y neoliberales de la democracia. Cuando algunxs autorxs mencionan democracia no liberal o iliberal y populismo, parecería que solo se tiene en cuenta los populismos de derecha. Se ignoran o se desestiman las experiencias populistas de izquierda en América Latina, por ejemplo, los procesos en Brasil (2002-2016) y Argentina (2003-2015), en donde, más allá de sus diferencias, se hizo hincapié en la lucha contra la exclusión social, la búsqueda de una mayor igualdad y equidad, y el ejercicio efectivo de las instituciones democráticas y los derechos humanos. Hubo avances en los derechos económicos sociales y culturales, que no obstante fueron incompletos debido a la magnitud de los factores estructurales históricos y al impacto de las políticas neoliberales sobre la población (Di Marco, 2016). En general, en esos países se había revalorizado el papel del Estado y se llevaron a cabo reformas estructurales para revertir las políticas neoliberales. Esto se hizo junto con el fomento de la representación popular y la profundización de las instituciones democráticas en tres dimensiones: la primera, la política, la lucha en el ámbito público, donde los actores colectivos se articulan mientras demandan por la ampliación de la ciudadanía. La segunda dimensión es la económica, con medidas redistributivas y el Estado como supervisor de la economía. La tercera es cultural, la ampliación y reconocimiento de los derechos de las diversidades sexuales.

Las experiencias de Brasil y Argentina señalan que mientras se estaban produciendo estos procesos, también se estaba preparando su cancelación, como fue la destitución de la presidenta en ejercicio Dilma Rousseff en Brasil y las políticas neoliberales, la represión, el desmantelamiento de conquistas e instituciones históricas de derechos operados por el gobierno electo en 2015 en Argentina, lo cual es una muestra de cómo actúan las fuerzas hegemónicas del capitalismo para favorecer la destitución de derechos y pretender impedir la posibilidad de democracias inclusivas y redistributivas, basadas en la participación popular.

Desde hace unos años, algunos países de América Latina presentan la acentuación de la influencia política de las iglesias evangélicas y sus alianzas con católicos integristas, como se observa en Brasil y Chile y en el debate sobre la legalización del aborto en Argentina, habilitado por el gobierno gracias a, entre otros factores, las movilizaciones feministas. Sin embargo, el mismo partido del actual presidente, que gobierna la Ciudad de Buenos Aires desde 2007, había puesto trabas, por ejemplo, a la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) o a la implementación del Protocolo de Abortos no Punibles –ANP (2015)–, y no había implementado medidas activas para prevenir y atender la violencia contra las mujeres, salvo las que se apresuró a presentar movido por el impacto político de NUM.

En la discusión de la neoliberalización de los feminismos o el ataque de las fuerzas conservadoras, tienen primordial importancia la lucha por la hegemonía de los sectores religiosos, especialmente católicos, que, por lo menos en América Latina, de acuerdo con el Vaticano, se manifiestan en contra del neoliberalismo y en contra de los derechos de mujeres, lesbianas y cuerpos con capacidad de gestar.

Es importante avanzar en el análisis de los procesos de construcción de hegemonía en la relación de la lucha de los feminismos contra los bastiones patriarcales, así como también apelar a una mirada decolonial para observar críticamente qué se está escribiendo sobre los feminismos, los movimientos sociales, el Estado, las democracias y los populismos en el norte global, y si esto se aplica tan directamente a los casos de América Latina u otros contextos, como los de Europa Central o del norte de África. Plasmar en este libro el fructífero diálogo desarrollado en el workshop que aquí se representa es parte de esta intención.

Post scriptum

Este libro se entregó a la editorial el once de marzo, tres días después de las gigantescas marchas del ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la Ciudad de Buenos Aires, así como en otras ciudades del país y del mundo, y del 3er. Paro Internacional Feminista de Mujeres, Lesbianas, Trans y Travestis. Tal como se enuncia en varios capítulos, de modo coherente con las consignas en carteles y cánticos, el texto leído al finalizar la manifestación en la capital del país, consensuado de modo asambleario, reclama por el aborto legal, seguro y gratuito, la implementación de la educación sexual en las escuelas, el cese de la violencia contra cuerpos con capacidad de gestar, un Estado laico ajeno al poder de la religión y en particular de la Iglesia católica, la visibilización de las mujeres en la historia, entre muchas otras reivindicaciones. Se proclama como un movimiento feminista sin dueñx, que lucha por “una Argentina y un mundo que sean anticapitalistas, antipatriarcales, antirracistas, antibiologicistas, antiimperialistas, antineoliberales, anticlericales, antixenófobos, anticapacitistas, accesibles, plurinacionales y decoloniales”.

El texto afirma que “Desde el feminismo estamos construyendo nuestro movimiento contra todas las formas de crueldad con que el capitalismo –y el patriarcado, según mencionan también antes– quiere disciplinar nuestras desobediencias”. Los discursos que intenta analizar, interpretar y visibilizar este libro están en sintonía con el proceso de movilización feminista y la declaración final del 8 de marzo –solo por mencionar lo más reciente–. Esperamos sea un aporte más para seguir pensando cómo las feministas construimos poder y hegemonía con estrategias nacionales y transnacionales creativas y cada vez más inclusivas.

Bibliografía citada

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Champagne, P. (2013). “La visión mediática”. En Bourdieu, P. (dir.), La miseria del mundo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 51-63.

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Gunnarsson Payne, J. (2018). “Kobiety jako ‘lud’. Czarne Protesty jako przeciwwaga dla autorytarnego populizmu w perspektywie transnarodowej”. En Korolczuk, E.; Kowalska, B.; Ramme, J. y Snochowska-Gonzalez, C. (eds.), Bunt kobiet. Czarne Protesty i Strajki Kobiet, Europejskie Centrum Solidarności (European Solidarity Centre): Gdańsk (in print). English version.

Laclau, E. (2005). La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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Schuster, F.; Naishtat, F.; Nardacchione, G. y Pereyra, S. (comps.) (2005). Tomar la palabra: Estudios sobre protesta social y acción colectiva en Argentina contemporánea. Buenos Aires: Prometeo.


  1. Entre abril y agosto de 2018 se realizaron los debates sobre el proyecto en las comisiones de Legislación General, Legislación Penal, Familia y Salud de la Cámara de Diputados, donde obtuvo media sanción, y en las de Salud, Justicia y Asuntos Penales, y Asuntos Constitucionales de la Cámara de Senadores, donde fue rechazado.
  2. Czarny Protest-Protesta Negra, por el color de la vestimenta de luto, inspirada en la huelga de las mujeres realizada en Islandia el 24 de octubre de 1975 –”Día libre de las mujeres”– para denunciar la desigualdad salarial entre mujeres y varones.
  3. Para RIMA – Red Informativa de Mujeres de Argentina, diario El Ciudadano, Rosario, 18 de agosto de 2003.


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