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8 Jóvenes y organizaciones feministas

La revolución de las hijas

Julia Epstein y Sol Rotsztein Miramón

¿Por qué no puedo jugar al fútbol? ¿Me tienen que gustar los bebés? Pa, ¿no te toca a vos lavar los platos hoy? ¿Todas las maestras del jardín son mujeres? ¿Y a Candela qué le pasó? ¿Qué significa que mi short provoca? ¿Está mal que me guste una compañera? ¿Por qué se dice que estoy “indispuesta”? ¿Por qué nos separan en varones y mujeres para hablar de sexualidad? ¿Está mal que me toque mis partes íntimas? ¿Qué es una paja? ¿Por qué ellos pueden hablar de eso y nosotras no? ¿Y a Lola qué le pasó? ¿Por qué es más fácil aprobar si me pongo escote? ¿Por qué mi tutor me mira tanto? ¿Me tengo que depilar? ¿Y el placer qué? ¿Y a Micaela qué le pasó? ¿Me avisás cuando llegás? ¿Solo hubo una mujer presidenta? ¿Por qué no leemos poemas de mujeres? ¿Y a Agustina qué le pasó? ¿Cuándo es legal abortar? ¿No puedo decidir yo? ¿El preservativo quita placer? ¿Cuándo puedo tomar la pastilla del día después? ¿Y a Lucía qué le pasó? ¿Y Marita dónde está? ¿Y todas las demás?

La decisión de arrancar a escribir con preguntas no es fácil, aún más cuando son tantas y tan diversas, pero eso es el feminismo, muchas veces encontrar respuestas y muchas otras no. Hay que sentarse a repensar una vida regida y planeada por los deseos de otros, marcada por la sexualización y mercantilización de nuestros cuerpos, por seguir un modelo de mujer, trazado por el odio y la violencia. Pero ¿qué hacemos con eso?

Hoy elegimos transformar la angustia en fuerza, empoderamiento y lucha. Encontrarnos entre abrazos y glitter. Salir del lugar de víctima que la masculinidad pensó para nosotras y entender que la de al lado es compañera, más allá de las diferencias.

Ante el abandono institucional, las pibas nos autogestionamos

Repensar nuestras vidas nos llevó a buscar nuevas formas de organización distintas a las ya conocidas. Dentro de los colegios, las pibas empezamos a hablar. Las situaciones de incomodidad que siempre se presentaron como “normales” dejaron de serlo. Las palabras consentimiento, testimonio, deconstrucción, abuso se volvieron parte de nuestro diccionario cotidiano. De estas experiencias vividas, las cuales tenían un denominador común, empezamos a organizarnos en espacios de mujeres y disidencias para compartirlas y acompañarnos entre nosotras. Cada vez éramos más y más pibas copándolos. La violencia de género se volvió un tema de agenda para los centros de estudiantes donde ya nadie podía mirar para otro lado.

En este contexto, y a medida que nos íbamos conformando cada vez más como movimiento, armamos jornadas de un día entero donde vinieron al colegio grandes referentes de la Campaña por el Aborto, Ni una Menos (NUM) y otros colectivos, como Mabel Bianco, Débora Tajer, Diana Maffía, Marina Mariasch, Ingrid Beck, entre otras.

Las actividades iban desde la presentación de un cortometraje sobre noviazgos violentos hasta un taller sobre mujeres en el mundo de los videojuegos y las mujeres en la ciencia y la economía.

Este clima de movilización permitió que un gran número de pibas se acercaran a la organización política que hasta ese momento les era ajena, y así se pudieron apropiar del poder transformador de los centros de estudiantes.

A partir de esto, las asambleas se llenaron de pibas que comenzaron a expresar su voz. Estos espacios fueron, durante mucho tiempo, de “rosca” política entre varones que decidían no escuchar a sus compañeras, aun cuando la discusión era de feminismo.

A la vez que iba creciendo este movimiento, se fueron formando espacios de masculinidades junto con feminidades para repensar los modelos planteados de varón y mujer y sus actitudes y posicionamientos respecto a esto.

A esta altura era claro que la voluntad y el esfuerzo no faltaba por nuestra parte. La institución y las autoridades decidieron dejarnos solas y hacer oídos sordos a una problemática que excedía una cuestión individual. La falta de la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) repercutió en la desinformación y en la necesidad de buscar herramientas por nuestra cuenta.

La situación se complejizó cuando ex alumnas presentaron una carta en la entrega de diplomas donde no solamente denunciaron la complicidad y el abuso entre pares sino por parte de profesores y autoridades. Tuvo una repercusión mediática que condicionó la forma de desenvolverse respecto a estas situaciones y el Colegio debió tomar posición.

Nadie sobra, todas faltan…

Al ser un movimiento que necesita crecer aún más a nivel nacional e internacional, nadie sobra, todas faltan. La ausencia de líderes tan claros como en otras ideologías permite salir de una vez por todas de la teoría y llevar a la autogestión, a la práctica. Nenas de 12 años que no tienen una trayectoria militante a la hora de estar en la plaza “valen” lo mismo que una mujer sindicalista de 52 años. Esto se vio claramente en el debate por el aborto y la movilización del NUM.

Los martes verdes se volvieron un evento normal en nuestra agenda. Había que estar ahí, la coyuntura política e histórica demandaba que fuéramos un millón de mujeres en el Congreso. Y así lo hicimos.

Para salir a luchar por nuestros derechos y elecciones ninguna necesitó que nos dijeran qué hacer, simplemente entendimos que nuestro lugar era ahí. A la vez fuimos aprendiendo que tampoco respondemos a la imagen estereotipada de pibas buenas que son amigas sino que debatimos política, lo que nos lleva a tener enfrentamientos y choques. En el trayecto, tratamos de abandonar las antiguas formas violentas de hacer política, lo cual no significa que el nivel de discusión baje y nos volvamos a quedar en un papel pasivo. Comprendemos que al no haber un manual que seguir, se irán presentando diversas situaciones que habrá que enfrentar.

Además, a la hora de pensarnos a nosotras mismas en estos espacios no queremos solamente discutir feminismo como si pasara a ser una “cosa de mujeres”, sino opinar y debatir sobre otros temas que nos interpelan: la economía de un país, conflictos bélicos, procesos históricos, etc.

En el momento de plantear un abanico de preguntas acerca de cómo nuestros cuerpos están interpelados por la mirada del otro surge la cuestión de qué ocurre con la maternidad. Una pregunta que en algún momento de nuestras vidas será planteada por el hecho de tener la capacidad de gestar. Y si decidimos llevarla adelante o no, qué condiciones nos brinda el Estado para hacerlo.

En ese sentido, la frase de la Campaña refleja claramente el objetivo: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Queremos vivir una maternidad sana, en plenitud y en el momento que nosotras decidamos. Para eso la aplicación de la Ley 26.150, conocida como ESI, es fundamental para poder evitar llegar a la instancia del aborto. El motor movilizador de esta lucha no es solamente el que sea una situación que se nos pueda presentar en algún momento de nuestra vida, sino la de la empatía de pensar en los demás cuerpos gestantes que hoy en día están en peores situaciones socioeconómicas que nosotras.

Como presentó la doctora Diana Maffía en el debate en la Cámara de Senadores: “Porque la dimensión de la tortura que significa una maternidad forzada puede medirse en que esa mujer arriesga su vida en un aborto clandestino e inseguro para evitarla”.

Ocurre muy frecuentemente que cuando se pone el aborto sobre la mesa de discusión, la paternidad no es mencionada. La paternidad no se tiene que plantear como un punto de consideración hacia la decisión de una mujer sobre si abortar o no, sino como objeto clave en la construcción de lxs adolescentes. Ya que resulta muy fácil adjudicar la culpa hacia la mujer que aborta y no sobre los padres que deciden abandonarlas luego de enterarse de ese embarazo o no hacerse cargo de sus obligaciones en una distribución equitativa de las tareas de cuidado.

Copamos Chubut

El gran crecimiento de esta lucha a nivel nacional hizo que las pibas y disidencias de los secundarios de la capital empezáramos a organizarnos para llevar todo esto más allá y poder ir a vivir en carne propia el 33° Encuentro Nacional de Mujeres (ENM), que tuvo lugar en Trelew, Chubut en octubre de 2018.

Fue la primera vez que la coordinadora de Estudiantes de Base, que hace años funciona como espacio para que los secundarios de Buenos Aires puedan compartir sus problemáticas y debatir medidas de lucha, se puso como meta poder llegar a la ciudad de Chubut, donde mujeres de todas partes del país se encontrarían para compartir charlas, marchas, experiencias, enseñanzas y muchas cosas más.

Grupos de Whatsapp, listas de cosas que había que conseguir para viajar y de pibas y disidencias que querían asistir, reuniones en los colegios, presupuestos para las comidas, fichas médicas y permisos para viajar, juntar el dinero suficiente para poder cubrir todos los gastos, correr de acá para allá para que el día que nos subiéramos a los micros estuviera todo listo. Algunas ya habían asistido a encuentros anteriores, para muchas de nosotras era la primera vez que íbamos, lo cual implicaba un desafío mayor.

Planear un viaje tan importante y tan grande para ir con todas nuestras compañeras fue una gran forma de aprender lo que es la responsabilidad, el compromiso y la organización. Luego de mucho esfuerzo nos subimos a los micros que nos llevarían a 1373.3 km de nuestras respectivas casas. Por supuesto, la organización no terminó ahí.

Una vez allá, fue aprender a convivir con los debates, las discusiones, el cansancio y con los horarios a cumplir.

Al llegar a la escuela primaria que voluntariamente nos alojó, pudimos ver en las paredes montones de carteles hechos por lxs chicxs de la escuela, con frases como “el encuentro somos todes” o la presentación de trabajos acerca de violencia doméstica.

Las compañeras de Trelew se encargaron de que no nos falte nada a lo largo de nuestra estadía y de poder solucionar las pequeñas dificultades que se fueron presentando.

Los micros, las calles y las escuelas que nos alojaron esos días se llenaron también de canciones feministas, de sonrisas, de abrazos y mucho glitter.

A la noche, al llegar a la escuela luego de un día entero de debates nos encontrábamos para tener una asamblea y poder hacer un balance de lo que fue la jornada.

¿Qué debe hacer el feminismo ahora?: perspectivas a nivel nacional del movimiento secundario

A la hora de tener que ponerse en perspectiva frente a la gran oleada del movimiento de adolescentes visto en 2018, nos toca colocarnos a nosotras en otro lugar, de pensar un feminismo interseccional y transversal frente a la política. Hay que romper con la idea de que las mujeres nos debemos solamente a la causa por la igualdad de género, reivindicar que con nuestro esfuerzo y convicción generamos uno de los movimientos masivos más grandes de los últimos años, que somos capaces de poder tomar las banderas de las mujeres que vinieron antes que nosotras y sumar nuestros nuevos reclamos, de poder sacar de la oscuridad de la historia a aquellas que jamás fueron escuchadas y quienes desde su lugar intentaron cambiar lo que fue construido por otros.

Frente al avance del neoliberalismo en todo el mundo que lleva como línea política el odio a le otre, el feminismo es nuestra salida. La sororidad es nuestra herramienta para pensarnos de otra forma, de construir sobre la base de las diferencias pero siempre con el objetivo de que salimos de esto juntas. Nuestro objetivo principal es poder sumar la mayor cantidad de compañeras a esta lucha, que sientan que este espacio es suyo y va a estar siempre para abrazarlas en cualquier momento de su vida. Hay que cambiar la historia, y lo estamos haciendo.



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