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Book cover

13 De lo privado a lo político

El bordado del colectivo Linhas do Horizonte, en Brasil

Noeme Passos Xavier

Nossa resistência é bordada.

Nossas armas, agulhas e linhas.

(Facebook del colectivo Linhas do Horizonte)

 

Madre mía –dice–, marcha a tu habitación y

cuídate de tu trabajo, el telar y la rueca,

y ordena a las esclavas que se ocupen del suyo.

La palabra debe ser cosa de hombres, de todos,

y sobre todo de mí, de quien es el poder en este palacio.

(Homero, Odisea)

De la casa a las calles: las mujeres y el bordado

El bordado ha transitado distintos lugares en la historia, relacionado con la religión, el entretenimiento, la moda, la decoración. Hace no tanto tiempo aún era parte del currículo escolar, con un implícito entendimiento de que esas labores eran femeninas, ya que era una clase casi siempre exclusiva para niñas. Esa asociación también supone un vínculo con características entendidas como intrínsecas a su proceso de ejecución –delicadeza, atención al detalle, paciencia, concentración– y al modo de ser femenino como apropiado y afín a dichas tareas.

Sin embargo, las mujeres durante la historia también ocuparon lugares distintos con respecto al bordado, no solamente el de estar sometidas a la tarea femenina de bordar, sino también el de usar el bordado como modo de subversión de modelos o ideas. El arte del bordado ha servido para educar a las mujeres dentro del ideal femenino, pero también les dio una herramienta de resistencia a las limitaciones de la feminidad, como expresa Rozsika Parker (2010: Prefacio).

Por otro lado, como argumenta Mary Beard, “se permite a las mujeres hablar como víctimas y como mártires”. Sin embargo, “la literatura y la historia ofrecen numerosos ejemplos de cómo –a veces con agresividad, otras con indiferencia– se ha excluido a las mujeres de la conversación pública” (Beard, 2014: 1). Sin embargo ellas han encontrado, a su modo, la forma de expresar y hacer escuchar su voz y sus luchas a través de las herramientas que tenían a mano. Todas las variaciones de los trabajos textiles –costura, crochet y tejido, telar, patchwork, bordado– han sido limitadas a la subalternidad de lo doméstico, de lo privado, y se ha tratado de naturalizar ese espacio y esa poca visibilidad como propios de las mujeres.

El bordado ha sido usado como instrumento de expresión acerca de distintas temáticas, algunas feministas y otras no tanto, pero siempre posicionando a las mujeres en la protesta política. De ahí viene que, en distintos momentos históricos, el bordado haya sido utilizado como práctica subversiva contra la opresión, cuyo primer ejemplo fueron las sufragistas [1] en Inglaterra (Anderson y Zinsser, 2015), allá por 1903. Asociando una práctica femenina, en forma provocadora, a la temática político-social de aquel momento, bordaban sus estandartes y banderas, inclusive dentro de la prisión. Y podría decirse que, aunque el término no existía, fueron de las primeras que se manifestaron en lo que ahora se llama artivismo o craftivismo.[2]

Popularmente se entiende el craftivismo como “aquellas actividades que incorporan técnicas artesanales con objetivos activistas” (Fitzpatrick, 2018: i), y como plantea la autora, las acciones de craftivismo de pequeño alcance “son una forma gentil y contemplativa de creativamente expresar sus opiniones y empezar a involucrarse en debates públicos sobre temas políticos”, en un ambiente amigable en donde se sienten seguros de expresarse y discutir sus opiniones con otros (Fitzpatrick, 2018: 34).[3]

Entendemos esas acciones como una performance –aunque no completamente consciente–, como

una forma de expresividad que es actualizada en un espacio público y que tiene como objetivo cuestionar las más importantes prácticas o símbolos que estructuran la vida comunitaria. En efecto, al buscar redefinir el ejercicio del poder social, las performances permiten observar las posibilidades de agencia de los sujetos y los espacios vacíos que la hegemonía no ha podido aún conquistar (Diamond, 1998: 6, en Vich, 2004: 64).

Así, en la historia, van apareciendo otros ejemplos en donde esas artes manuales realizadas por las mujeres son usadas como herramientas para exponer reivindicaciones, como “The Pentagon Peace Ribbon” (La Cinta de la Paz del Pentágono),[4] en 1980. La cinta, que rodeó el Pentágono en Estados Unidos con una tira de 16 kilómetros, estaba formada por bordados y estandartes realizados por personas de distintos puntos del país, era una manifestación a favor de la paz y en contra de la energía nuclear.

Más recientemente se puede mencionar el ejemplo de las Guerrilla Girls,[5] un grupo de chicas anónimas que, también en Estados Unidos, realizan acciones públicas para denunciar el lugar de la mujer en el arte, con cuestionamientos sobre hechos o números referentes a esa temática. El grupo existe desde 1985, y desde su creación, han estado involucradas 55 personas, por distintos períodos de tiempo.

En América Latina tenemos algunos ejemplos también, como los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, madres de detenidos-desaparecidos en Argentina. Durante la dictadura cívico-militar argentina, ocurrida entre los años 1976 y 1983, ellas llevaban en sus cabezas, durante sus rondas en la Plaza de Mayo ─por las cuales se hicieron mundialmente conocidas─ los pañuelos blancos bordados con los nombres de sus hijos. Sus pañuelos se hicieron banderas del amor y de la resistencia. Al llevar bordados el nombre de sus hijos y la fecha de desaparición, ellos de alguna manera estaban ahí presentes y no serían olvidados. Se mezclaban lo doméstico y lo público, el amor y el dolor, el terror y el coraje. De esa manera, aunque no haya sido consciente el uso del bordado como instrumento de reivindicación, su presencia en los pañuelos trajo un elemento de lo femenino y doméstico hacia el espacio público y a su vez a la política, espacio mayormente masculino, especialmente en esa época. Eso contraría lo regular ─especialmente considerando ese momento histórico─ ya que, como comenta Susanne Meachem (2010: 18), las teorías clásicas de contracto social fundan el sentido común del Estado y de la sociedad, dividen la esfera civil de la sociedad en los ámbitos público y privado, y ponen a las mujeres y a la familia en el dominio privado, que no es visto como políticamente relevante. La valentía y resistencia de esas mujeres dio fuerza a muchas otras, en la Argentina y en todo el mundo.

Chile, durante el mismo periodo, también estuvo viviendo la dictadura, bajo el régimen de Augusto Pinochet. Ahí, familiares de desaparecidos plasmaron su búsqueda de verdad y justicia en arpilleras, hechas con retazos de tela y puntadas de bordado. No solo las madres, hermanas, y esposas cosieron estas arpilleras, según Jorquera (2016) también lo hicieron las propias víctimas. Los sacerdotes a los que les permitían entrar en las cárceles llevaban en sus ropas retazos de telas e hilos, que les servían para coser y bordar, y de esa manera ayudaron a sobrevivir al horror. Desde unos años antes, la artista Violeta Parra, de origen humilde –más conocida por sus canciones– también manifestaba su angustia y sus críticas a la situación vivida por los más pobres a través de las arpilleras.

En ejemplos más recientes, tenemos los casos de los Bordados por la Paz y la Memoria, en México, que ocurre en distintas ciudades del país,[6] en donde se bordan pañuelos en espacios públicos con hechos que se refieren a las víctimas del tráfico de drogas en ese país. Se bordan en forma colectiva y nadie completa un bordado: son empezados por una persona y terminados por otra, y buscan visibilizar la violencia sufrida por las víctimas.

En el año 2016, también surgieron dos iniciativas, una en México y otra en Argentina. La primera se llama Desconocida (Unknown/Ukjent),[7] y fue iniciada por Lise Björne, artista de Oslo. Buscaba visibilizar los feminicidios de Ciudad Juárez, y se exhibió en distintos lugares del mundo. Cada participante bordaba dos etiquetas, una con el nombre de una chica desaparecida y otra con la palabra “Desconocida” en su idioma. Era posible participar a distancia y enviar sus etiquetas. Las etiquetas son, entonces, expuestas todas juntas. El proyecto se inició en 2006 en un grupo de Houston, y el objetivo era generar una protesta silenciosa en contra de la violencia sufrida por las mujeres de esa región.

En la segunda iniciativa, el Dora Morgen Arte Colectivo, de Buenos Aires, coordinado por Analía Gaguin, la propuesta es que se borden con hilos rojos, sobre pañuelos blancos de hombre, frases que escuchamos las mujeres y que consideramos agresivas. Las frases después se juntan formando banderas, que acompañan al colectivo en las marchas o son exhibidas.

Pañuelos bordados del Dora Morgen Arte Colectivo. Fuente: https://goo.gl/dxrQN1.

Colectivo Linhas do Horizonte. Bordando política en Brasil

En el caso de Brasil, el bordado ha estado presente en la vida de muchísimas personas, y a veces ciudades enteras viven gracias a este oficio, en todas sus variaciones. Sin embargo, es recién con el grupo Linhas do Horizonte, de Minas Gerais, que el bordado toma un rol de reivindicación política. Sus organizadoras expresan haber dejado de bordar repasadores –actividad común en los hogares de Brasil─ para manifestarse, a través de sus bordados, sobre temas políticos o sociales en los cuales consideran que algún derecho está vulnerado, en apoyo a personas, grupos, ideas o instituciones. En una conyuntura política, económica y social hostil, fue una forma de hacer política desde su lugar.

Clara Araújo destaca la importancia de la participación política, que no es siempre electoral, argumentando que las

prácticas públicas colectivas de participación y deliberación son igualmente necesarias, ya que las elecciones no expresan el todo democrático, aunque representan un momento importante del proceso. Es posible enumerar, por ejemplo, la participación en movimientos sindicales, barriales, o de grupos de interés o presión; manifestaciones y presencia en diversos tipos de protesta, y otros[8] (Araújo, 2018: 41-42).

El colectivo está formado hoy por aproximadamente 200 bordadores, en el cual la mayoría son mujeres, todas mineras, de Belo Horizonte. El grupo surgió en enero de 2016, pensando en hacer un homenaje a “Dona Marisa Leticia”, esposa del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que en ese momento estaba bajo ataque violento de los medios. Empezó en un encuentro en una pastelería, en Belo Horizonte, donde hablaban acerca de la indignación que generaba la persecución que estaba sufriendo Marisa Leticia. Decidieron rendirle un homenaje: la invitarían para un café y la mesa estaría cubierta por un mantel bordado por ellas. Pero Marisa se enfermó, y durante su enfermedad, el grupo manifestó su apoyo bordando en calles y en plazas públicas. El bordado no llegó a manos de la ex primera dama, pero fue entregado a su esposo.

A partir de ese momento, se fueron sumando otras causas, que incluyeron la persecución a los candomblés, la manifestación en contra de la LGBTfobia, el apoyo a la entonces presidenta Dilma Rousseff durante el proceso de impeachment, al ex presidente Lula por su encarcelamiento, así como a otras causas, por ejemplo el asesinato de la concejala Marielle Franco, en Río de Janeiro, y la Ley Maria da Penha,[9] creada en contra de la violencia doméstica hacia la mujer. Se puede observar en sus bordados que, si bien el apoyo fue a distintas causas, en especial aquellas que apoyaban personas y no instituciones, fueron de apoyo a mujeres. Marisa Leticia, aunque siempre mantuvo un perfil bajo y no se involucró profundamente con temas políticos durante los mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva, fue perseguida por los medios y acusada de corrupción, como una manera de atacar a aquel. Posteriormente, Dilma Rousseff fue otra mujer atacada, y el golpe, que empezó a gestarse en su impeachment, fue “patriarcal, machista, sexista, capitalista financista, fundamentalista, mediático y parlamentar, retirando de la presidencia de la República a la primera mujer elegida y reelegida con más de 54 millones de votos”[10] (Menicucci, 2018: 66).[11] Así, como comenta la autora,

El protagonismo de las mujeres en la lucha de resistencia, en la lucha en contra del golpe, tuvo, sin dudas, un primero motivo. En la elección y reelección de la presidenta Dilma, las mujeres brasileras se sintieron muy representadas. Era una mujer igual a ellas, una mujer divorciada, […], era una mujer […] ética, honesta y siempre con la vida pautada en la lucha por la democracia y por la justicia social. Entonces ellas pensaron: yo también puedo. En este eje simbólico, sentían que lo que estaban haciendo con Dilma también era hecho con ellas. Y resistieron, le mandaran flores, la abrazaban cuando la encontraban[12]. (Menicucci, 2018: 64).

La autora también destaca que si por un lado existió ese factor simbólico de sentirse afectadas porque estaban persiguiendo a una mujer, también hubo un reconocimiento de los beneficios dados a las mujeres, en especial aquellas que son parte de comunidades pobres, pero a la vez un real retroceso de género, porque se sacó del poder a la presidenta y once ministras, además de realizarse cambios en el Sistema de Provisión Social, por ejemplo. Y eso ayudó a que ellas estuvieran tomando la delantera en los movimientos, independientemente del partido (Menicucci, 2018: 64). “Los movimientos feministas y de mujeres reaccionan y denuncian dicho rebajamiento en las redes sociales y en las manifestaciones en la calle”[13] (Menicucci, 2018: 72). Y, como comenta Flavia Biroli, “internet y las nuevas formas de movilización tienen, seguramente, un papel en esa capilarización [del feminismo en la sociedad brasileña] y en la forma actualmente asumida por debates, manifestaciones y campañas”[14] (Biroli, 2018: 78). “Y si la entonces presidenta Dilma Rousseff fue afectada, a la vez pone en jaque la condición de las mujeres como actores políticos”[15] (Biroli, 2018: 79).

Las bandas bordadas fueron exhibidas en casi todos los eventos y manifestaciones que hubo en defensa de la democracia, y en la caravana realizada por Lula da Silva en la provincia de Minas Gerais. Al mismo tiempo, los hilos y agujas se fueron fortaleciendo como instrumento de lucha y expresión política, y al colectivo, de carácter suprapartidario, se sumaron hombres y mujeres, jubilados y trabajadores, amas de casa. El colectivo, además de bordar, participa activamente de los movimientos de protesta y de apoyo a otros movimientos sociales en Minas Gerais, como el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST), el Movimiento de los Afectados por Represas (MAB), en la Marcha Mundial de las Mujeres, el Levante Popular de la Juventud, el Movimiento por la Soberanía en la Minería, entre otros.

La ex presidenta Dilma Rousseff recibiendo su mantel “Dilma valente” (Dilma valiente), compuesto por bordados del colectivo Linhas do Horizonte.

Durante el año 2018, el mayor tópico fueron las elecciones, en las cuales se expresaban a favor de la candidatura de Lula da Silva, que finalmente le fue negada, y en contra del candidato Jair Bolsonaro, que generó una manifestación multitudinaria organizada por las mujeres en todo el Brasil, llamada EleNão.

Bordado a favor de la participación de Lula da Silva en las elecciones, 2018. Fuente: Facebook colectivo Linhas do Horizonte.

Cartel del colectivo en la manifestación EleNão, en septiembre/2018, en contra de la candidatura de Jair Bolsonaro. Fuente: Facebook colectivo Linhas do Horizonte.

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Cartel bordado por el Coletivo Linhas do Horizonte, en una manifestación. Fuente: Facebook colectivo Linhas do Horizonte.

El grupo sigue bordando en contra de otros temas, y ya inspiró la formación de colectivos similares, como el Linhas do Horizonte-SP, en San Pablo.

Conclusión

Todas las iniciativas antes descriptas demuestran cómo las mujeres han sabido, a lo largo de la historia, valerse de tareas impuestas como domésticas o subalternas para construir su propia agenda de luchas y posicionarse públicamente. El bordado es una de las tareas que históricamente sirvió para someter a las mujeres, y que a la vez fue subvertida por ellas para lograr visibilidad de las causas por las cuales se manifiestan.

Cabe aquí reflexionar acerca de lo que plantea Alba Carosio:

¿qué capacidad tienen las mujeres para influir en las nuevas estructuras de realidad que se están creando y en qué medida podemos modificar los nuevos escenarios sociales que se están configurando en esta nueva época marcada por la globalización? Desde el feminismo debemos reflexionar sobre el papel y el espacio social que este nuevo mundo globalizado ofrece a la mitad de la humanidad. […] porque la lucha de las mujeres contra el patriarcado ataca el fundamento de la dominación, sobre la que se afirma el capitalismo, en todas sus formas y versiones (Carosio, 2009: 242).

Y, por último, nos gustaría recordar a Marielle Franco:[16]

Estamos […] organizadas. Ocupando calles y los diversos escenarios públicos de diversas maneras, con otros movimientos sociales, a pesar de la dura represión contra estos actos. Descriminalizar, sostener derrumbes de derechos y avanzar en el derecho a la diferencia y a las conquistas sociales y económicas son desafíos que asumimos para el presente[17] (Franco, 2018: 120).

Y así, cada una, desde su lugar, va cuestionando y moviendo las bases de la sociedad, buscando más igualdad para las mujeres, en lo privado y en lo político.

Bibliografía citada

Anderson, B. S. y Zinsser, J. P. (2015). Historia de las mujeres: una historia propia. Barcelona: Editorial Crítica.

Araújo, C. (2018). “Incongruências e dubiedades, deslegitimacao e legitimacao: o golpe contra Dilma Rousseff”. En Rubim, L. y Argolo, F. (org.), O golpe na perspectiva de gênero. Salvador, BR: EDUFBA, pp. 33-50. Recuperado de https://goo.gl/s5c23F.

Beard, M. (2014). La voz pública de las mujeres. Londres: London Review of Books. Recuperado de https://goo.gl/gb3pDT.

Biroli, F. (2018). “Uma mulher foi deposta: sexismo, misoginia e violência política”. En Rubim, L. y Argolo, F. (org.), O golpe na perspectiva de gênero. Salvador, BR: EDUFBA, pp. 75-81. Recuperado de https://goo.gl/s5c23F.

Carosio, A. (2009). “Feminismo latinoamericano: imperativo ético para la emancipación”. En CLACSO (ed.), Género y globalización. Buenos Aires: CLACSO, pp. 229-252. Recuperado de https://goo.gl/pHbdfj.

Celentani, F. G. (2014). Bordados de paz, memoria y justicia: un proceso de visibilización. Mexico: Grafisma. Recuperado de https://bit.ly/2IcRUBO.

Fitzpatrick, T. (2018). Craftivism as DIY Citizenship: The practice of making change. Tesis, Doctor of Philosophy (Visual Art). The University of Melbourne, Australia. Recuperado de https://goo.gl/kDvSSU.

Franco, M. (2018). “Mulher, negra favelada e parlamentar: resistir é pleonasmo”. En Rubim, L. y Argolo, F. (org.), O golpe na perspectiva de gênero. Salvador: EDUFBA, pp. 117-126. Recuperado de https://goo.gl/s5c23F.

Jorquera, G. (2016). “El luto que no acaba: 11 de septiembre”. Entre Paréntesis: Dialogar las fronteras. Sección Justicia y Solidaridad (s/p). Recuperado de https://goo.gl/PU7wY5.

Levine, A. (2008). Cry for Me, Argentina: The Performance of Trauma in the Short  Narratives of Bortnik, Griselda Gambarro, and Tununa Mercado. Rosemont Publishing & Printing Corp. Recuperado de https://goo.gl/YTcdhi.

Meachem, S. (2010). Women’s Actions, Women’s Words. Female Political and Cultural Responses to the Argentine State. Thesis for the Degree of PhD in Philosophy. Department of Hispanic Studies College of Arts and Law, The University of Birmingham.

Menicucci, E. (2018). “O golpe e as perdas de direitos para as mulheres”. En Rubim, L. y Argolo, F. (org.). O golpe na perspectiva de gênero. Salvador: EDUFBA, pp. 65-73. Recuperado de https://goo.gl/s5c23F.

Parker, R. (2010). The Subversive Stitch: Embroidery and the Making of the Feminine I. Londres: B. Tauris & Co Ltd.

Vich, V. (2004). “Desobediencia simbólica. Performance, participación y política al final de la dictadura fujimorista”. En Alejandro (comp.), La Cultura en las crisis latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO, pp. 63-80. Recuperado de https://goo.gl/b8GhhX.


  1. Para ver una foto de un pañuelo bordado por las suffragettes en la Prisión Holloway en 1912, visitar: https://goo.gl/NgRPYt.
  2. Refiriéndose al activismo a través del arte (artivismo) o del craft (craftivismo). El término craft, del inglés, significa artesanía. El concepto de craftivismo fue acuñado por Greer en 2003, quien considera que los bordados manuales son una forma efectiva de generar activismo.
  3. Traducción de la autora.
  4. Greenham Common Women’s Peace Camp, Inglaterra, 1983. Fuente: https://goo.gl/57RaUg.
  5. Véase https://www.guerrillagirls.com/.
  6. Y ahora también ocurre en ciudades de otros países: Círculo de Estudios Bordados por la Memoria, Colectivo Fuentes Rojas, Bordados pela Paz Guarani e Kaiowá-Brasil, Bordados por la Paz Hermosillo, Bordados por la Paz Japón, Bordados por la Justicia en Copala, Bordados por la Paz Morelos, Bordados por la Paz Países Bajos, Bordados por la Paz Patria Nueva, Bordados por la Paz Playa del Carmen, Bordados por la Paz Puebla, Bordados por la Paz Rimini, Bordados por la Paz Uprez, Bordamos Feminicidios, Bordamos por la Paz de México en Barcelona, Bordamos por la Paz Durham-Inglaterra, Bordamos por la Paz Guadalajara, Bordamos por la Paz Maputo-Mozambique, Bordamos por la Paz Nueva York, Bordamos por la Paz Organización Social Patria Nueva, Bordamos por la Paz Puerto Rico, Bordamos por la Paz para México en Montreal Centro, Bordamos por la Paz Parque Loreto-DF, Bordamos por la Paz Toluca, Bordamos por la Paz Córdoba-Argentina, Bordamos por la Paz Zacatecas, Bordando por la Paz Nuevo Léon, Bordando por la Paz Torreón-Coahuila, Broder pour la paix Francia (Gargallo, 2014).
  7. Instalación y etiquetas del proyecto Desconocidas: https://goo.gl/92jkze.
  8. Traducción del fragmento por arte de la autora.
  9. Ley Maria da Penha, Ley 11.340/06 / Ley Nº 11.340, del 7 de agosto de 2006. Crea mecanismos para cohibir la violencia doméstica y familiar en contra de la mujer.
  10. Traducción de la autora.
  11. Eleonora Menicucci, socióloga, feminista y docente de la Universidade Federal de São Paulo (Unifesp), fue Secretária Especial de Políticas para as Mulheres durante el gobierno de Dilma Rousseff, entre 2012 y 2015.
  12. Traducción de la autora.
  13. Traducción de la autora.
  14. Traducción de la autora.
  15. Traducción de la autora.
  16. Marielle Franco, concejala de Río de Janeiro por el PSOL (Partido por el Socialismo y la Libertad), y activista de los Derechos Humanos, fue asesinada en marzo de 2018, cuando el auto en el que se dirigía fue ametrallado. El crimen todavía no ha sido aclarado, y parece haber sido realizado por las milicias de Río de Janeiro, con vinculaciones a políticos opositores.
  17. Traducción de la autora.


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