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Frontera, plano urbano y ríos en la formación de las tres conurbaciones binacionales
boliviano-argentinas

Alejandro Benedetti[1]

Introducción

Entre Bolivia y Argentina, en la actualidad, existen cuatro pasos de frontera internacional acordados que, en todos los casos, están configurados con puentes que cruzan cursos de agua. Esos pasos reciben el nombre de las aglomeraciones urbanas adyacentes que son, de oeste a este (y de norte a sur en cada caso): Villazón-La Quiaca, La Mamora-El Condado (que en este capítulo no será tomado en cuenta), Bermejo-Aguas Blancas y Yacuiba-Profesor Salvador Mazza. Asimismo, es importante aclarar que en el último caso mencionado, además surgió la aglomeración de San José de Pocitos, del lado boliviano, entre Yacuiba y el límite internacional. Dado que este núcleo está completamente conurbado con Yacuiba, se tenderá a no mencionar. Otra aclaración importante es que suelen diferenciarse dos pasos en el caso de Bermejo-Aguas Blancas, uno fluvial (Chalanas) y otro carretero. En general, salvo que sea preciso, no se hará esta distinción.

En los tres casos, los cursos de agua participan de diversas maneras en la construcción del paisaje y los lugares cotidianos de estas tres duplas de ciudades de frontera. Aquí interesa, de manera exploratoria, indagar sobre la relación entre cursos de agua, fronteras y ciudades. Pensar la frontera, inevitablemente, lleva a considerar las movilidades, las diferentes necesidades, valoraciones y deseos de cruce. El cruce de estas aguas y las aguas mismas, por otro lado, devienen recursos. El cruce de esas aguas binacionales puede ser recurso económico, en la medida que puede colaborar en otorgar valor a aquello que se cruza. Esas aguas son un recurso natural si se usan en actividades agropecuarias. Son recurso urbano cuando se lo aprovecha como fuente de abastecimiento domiciliario o como destino de desechos. Además, son un recurso paisajístico, toda vez que se integre al ordenamiento territorial. Como tal, pueden devenir recurso turístico: cuando llegar a la frontera/río se construye como un atractivo.

Por otro lado, conocer la frontera puede ser un recurso en sí mismo, para quienes residen en el lugar y lo transitan a una escala de detalle que solo la vida cotidiana puede otorgar. Muchos habitantes de la frontera desarrollan una cierta experticia, basada en el cruce, en la conformación de redes de personas que permiten la circulación de cosas y de otras personas, con el conocimiento cotidiano de los ritmos, los momentos y los lugares por los que se puede o no cruzar, a partir de la interacción, por ejemplo, con las fuerzas policiales y de seguridad. En el caso de las tres conurbaciones binacionales boliviano-argentinas ese conocimiento incluye la convivencia con el agua, con sus dinámicas cambiantes, con sus amenazas y sus potenciales. En estos tres lugares, se puede sostener, sus habitantes generan un saber cruzar por el agua, lo que supone cruzar un límite internacional, manejar la geografía del río, sortear los controles estatales y, finalmente, lograr ciertas formas de reproducción social.

El tema de este artículo es la relación entre ciudades y ríos en la construcción de la frontera entre Bolivia y Argentina. Así, el objetivo propuesto es describir esta relación, en las tres conurbaciones binacionales, a través de cuatro ejes: la consideración de los cursos de agua en el proceso de demarcación, las principales características ambientales de las ciudades, la integración de las aguas al espacio urbano y las movilidades transfronterizas. Cada uno de estos ejes será trabajado en un acápite diferente.

Las fuentes de información utilizadas han sido variadas. Incluye material sistematizado en trabajos previos (Benedetti, 2005; 2014; 2015; Benedetti y Salizzi, 2011), observaciones en el terreno realizadas en diferentes momentos en los tres lugares, además de la sistematización de fuentes diversas, incluyendo estadísticas oficiales y textos académicos.

Cursos de agua en el proceso de demarcación

La frontera es un dispositivo que permite la mutua diferenciación de dos territorios, de lo que surge una díada. Asimismo, para cada uno de estos, la frontera es un elemento que permite procesos de configuración, cohesión e integración: es la periferia de un ámbito geográfico que busca constituirse, al menos en la imaginación, como unidad. A partir de esas dos situaciones, diferenciación y configuración, es posible que los territorios entablen diferentes formas de relacionamiento, a veces amistosas, otras belicosas.

El proceso de diferenciación territorial entre Bolivia y la Argentina se inició en las primeras décadas del siglo XIX y se mantuvo, a través de diferentes prácticas materiales y simbólicas, hasta el presente. La emergencia y consolidación de sendos países insumió buena parte del siglo XIX, período en el cual el proceso de delimitación no fue relevante en las relaciones bilaterales. Finalizado el período de revolución y guerra por la descolonización (1810-1825) no hubo conflictos militares por cuestiones territoriales, excepto un episodio entre la Confederación Perú-Bolivia y la Confederación de Provincias del Río de la Plata (1837-1838), por el control de Tarija (pretendida por la primera) y de Jujuy (interés de la segunda). Resuelto ese conflicto, primó el entendimiento diplomático. El proceso de delimitación, finalmente, se encausó con el acuerdo de 1889 y se completó hacia la década de 1950, con la demarcación.

En sendos territorios, este límite internacional quedó distante de las respectivas capitales nacionales: Buenos Aires y La Paz; también de las regionales (Salta y Jujuy o Potosí y Santa Cruz de la Sierra) (Cuadro 1). Esto le confirió a esta frontera un cierto carácter marginal y extraño con respecto a esos alejados centros de comando territorial.

Cuadro 1. Límite argentino-boliviano. Distancia a las capitales nacionales y regionales
Distancia Ciudad argentina Ciudad argentina sobre el límite Ciudad boliviana sobre el límite Ciudad boliviana Distancia
284 km Jujuy La Quiaca Villazón Potosí 497 km
1.796 km Buenos Aires La Paz 835 km
1.802 km Salvador Mazza Yacuiba 1.371 km
407 km Salta Santa Cruz de la Sierra 548 km

Fuente: elaboración propia considerado trayectos por rutas nacionales actuales, utilizando Google Maps.

El tratado de límites de 1889 fue una emergente del conjunto de acciones diplomáticas posteriores a la Guerra del Pacífico (1879-1884), que llevó a redistribuir terrenos entre la Argentina, Bolivia y Chile en la región circumpuneña (Benedetti, 2005). Ese tratado fue muy general en sus planteos y requirió algunas modificaciones, que finalmente derivaron en: (a) reconocimiento de la Puna de Atacama como parte de la Argentina (modificación del tratado en 1891) y de Tarija como parte de Bolivia; (b) reconocimiento argentino de la soberanía boliviana sobre el poblado de Yacuiba (Protocolo de 1897); y, (c) consideración del Cerro Zapaleri como punto tripartito con Chile (Convenios de 1904). Resueltos estos asuntos, los trabajos de demarcación se fueron demorando hasta quedar paralizados.

En 1925 se firmó un nuevo tratado que determinó al Cerro Zapaleri como punto de arranque del límite argentino-boliviano y resolvió, definitivamente, el trazado en la zona de Tarija y de Yacuiba. El canje de ratificaciones se realizó recién en 1938. Por entonces, también se completaba el trazado limítrofe en el extremo oriental, tras la Guerra del Chaco (1932-1936) (ver Figallo, 2003). La Comisión Demarcadora realizó su labor en 1939-1940. En ese momento, además, se estableció el punto exacto que determinaría la confluencia de los tres límites internacionales. El resultado de toda esta operatoria fue una nueva incorporación al territorio de la Argentina, y más específicamente a la provincia de Jujuy, de unas 430 mil hectáreas que hasta entonces pertenecían a Bolivia, y que incluía las poblaciones de Paicote, Cusi-Cusi, Casira, Calahoyo, Populos y Vilama (Benedetti, 2005). No hubo diferendos a posteriori. Los ajustes respondieron a ciertas dificultades técnicas suscitadas en el terreno, especialmente en el caso de los ríos que cambian su curso con cierta frecuencia.

El límite boliviano-argentino tiene una extensión de aproximadamente 740 km. Para su demarcación se establecieron, atendiendo a la naturaleza del terreno (con un correlato en las condiciones climatológicas), dos grandes sectores: “1) Sector Oeste: desde el cerro Zapaleri hasta la confluencia de los ríos Condado y Bermejo; 2) Sector Este: desde la confluencia de los ríos Condado y Bermejo hasta el punto en que el arroyo Pocitos cruza el paralelo 22°, en el triángulo de Yacuiba. Después se le agregó el tramo D’Orbigny-Esmeralda, en el Pilcomayo…” (Comisión Mixta Demarcadora de Límites, 1953:52-53). Todo este trayecto fue, a su vez, dividido en siete secciones. El primer sector (oeste) abarca cuatro secciones y tres el segundo (este) (Cuadro 2).

Cuadro 2. Límite boliviano-argentino. Diferenciación de sectores y secciones según la Comisión Mixta Demarcatoria de Límites. Indicación de cursos de agua y de ciudades que se formaron a su ribera
Sector Sección Tramo Cursos de agua Ciudades que se formaron
Oeste I Cerro Zapaleri hasta cerro Panizo
II … a cerro Cóndor
III … a quebrada de Salitre Río La Quiaca La Quiaca-Villazón
IV …a unión río Condado y Bermejo
Este V … hasta Juntas de San Antonio Río Bermejo Aguas Blancas-Bermejo
VI Triángulo de Yacuiba Arroyos Yacuiba y Pocitos Profesor Salvador Mazza-Yacuiba
VII Río Pilcomayo, D’Orbigny a Esmeralda

Fuente: elaboración propia sobre la base de información proporcionada en Comisión Mixta Demarcadora de Límites (1953).

Para este capítulo interesan tres secciones: III, V y VI. Allí tendió a condensarse buena parte de los intereses, de las movilidades terrestres bilaterales y, con el tiempo, a producirse la mayor densidad de población.

La sección III corresponde al altiplano andino (que del lado argentino ha sido llamado puna), con alturas cercanas o superiores a los 4.000 msnm, con clima caracterizado por la sequedad del aire, lluvias escasas y concentradas en verano y vegetación rala (estepas). Aquí, los ríos son poco caudalosos y con régimen irregular. Estas características varían de oeste a este: en ese sentido se reduce la altitud y aumentan la humedad ambiente y la vegetación. La comisión demarcadora reconoció 11 poblaciones en las vecindades del límite internacional:

[…] yendo de Oeste hacia el Este: Santa Catalina, Cieneguillas, La Quiaca, Yavi y Santa Catalina, en territorio Argentina; San Antonio, Esmoraca, Casira, Villazón, Mecoya y Santa Rosa, en Bolivia. De todas ellas, La Quiaca y Villazón, son las más importantes. Ambas poseen escuelas, instituciones bancarias, comercio próspero, son asientos de destacamentos militares y aduaneros y de estaciones de ferrocarril que une La Paz con Buenos Aires. Constituyen los centros de aprovisionamiento más importantes de toda esta parte de la zona fronteriza y del sistema de carreteras de la región. (Comisión Mixta Demarcadora de Límites, 1953:76-77)

La Figura 1 reproduce parte del mapa incluido en este documento, donde se localizaron a La Quiaca y Villazón, se detallan los principales caminos de acceso y se identifica a la Quebrada de La Quiaca.

Figura 1. Croquis descriptivo de las inmediaciones del río La Quiaca, donde se encontraban las poblaciones de Villazón (Bolivia) y La Quiaca (Argentina), 1953

Benedetti_Figura 1

Fuente: obtenido de Comisión Mixta Demarcadora de Límites (1953: s.n.).

La sección V recorre ambientes subtropicales, donde el altiplano deja paso a una región de valles que tienen marcada dirección norte-sur, con cerros cubiertos de vegetación, praderas de pastos abundantes y bosques espesos. En esta región hay ríos caudalosos, especialmente en verano, incluyendo el Bermejo, el Grande de Tarija y el Itaú. Aquí se encuentran las Juntas de San Antonio, punto final de un interfluvio que se forma con los ríos Bermejo y Tarija. En su descripción, la mencionada comisión no hace referencia a ninguna población. En la cartografía que acompaña a este informe (Hoja G) se identifica un sitio denominado “Agua Blanca. Yas. Standar Oil”, del lado argentino. Enfrentado, se localizó “Yacimientos Bolivianos (Bermejo)” (Figura 2).

Figura 2. Mapa del límite boliviano-argentino, en la Junta de San Antonio, donde se localizan los parajes Aguas Blancas (Argentina) y Bermejo (Bolivia), 1953

Benedetti_Figura 2

Fuente: obtenido de Comisión Mixta Demarcadora de Límites (1953: Hoja G).

Más hacia el este se encuentra el Triángulo de Yacuiba, correspondiente a la sección VI. Su formación fue resuelta mediante el tratado de 1925. Para la delimitación, en el Sector Este se adoptó la sucesión río Bermejo-río Tarija-paralelo 22° S. El problema era que, según ese criterio, Yacuiba, población considerada perteneciente a Bolivia, hubiera quedado del lado argentino. Para salvar este inconveniente se acordó que el límite seguiría por ese paralelo hasta tocar “el Arroyo San Roque. De este punto descenderá por dicho Arroyo y por el Arroyo Yacuiba hasta su confluencia con el Arroyo Pocitos, y subiendo el curso de este último hasta el paralelo 22° en forma de que la población de Yacuiba quede dentro de la soberanía boliviana” (Comisión Mixta Demarcadora de Límites, 1953:102). En el documento de marras se mencionó a la localidad de Yacuiba, motivo de este arreglo de límites, que también figura en el mapa. Del lado argentino, un punto indica la ubicación de Pocitos, que por entonces no era mucho más que la estación de tren y el paso fronterizo, y que con el tiempo se fue renombrando como Prof. Salvador Mazza (Figura 3).

Figura 3. Mapa del límite boliviano-argentino, en el Triángulo de Yacuiba, donde se identifica el poblado de Yacuiba (Bolivia), 1953

Benedetti_Figura 3

Fuente: obtenido de Comisión Mixta Demarcadora de Límites (1953: Hoja H).

De este modo, la demarcación entre Bolivia y Argentina se estableció mediante líneas rectas, paralelos y cursos de agua. El paisaje que desde entonces participó más activamente en la construcción de esta frontera en los puntos de cruce habilitados fue, fundamentalmente, el fluvial. Esto se debe a que las tres duplas de ciudades (que pueden considerarse conurbaciones binacionales) están separadas por ríos o arroyos, que serán descriptos en el siguiente acápite.

Características ambientales

Considerando los rasgos fisiográficos sobresalientes (hidrografía, relieve, clima y vegetación), en la frontera entre Bolivia y Argentina se pueden reconocer tres segmentos, de oeste a este: (1) puneño, (2) vallista y (3) chaqueño (Benedetti, 2014). El primero y el tercero integran la misma cuenca hídrica, vinculada al río Pilcomayo, mientras que el segundo es parte de la cuenca del Bermejo, que a su vez son subcuencas del río de la Plata. Interesa describir, a los fines de este trabajo, tres cursos de agua en particular (Figura 4):

  1. el río La Quiaca, que atraviesa la conurbación Villazón-La Quiaca, en el segmento puneño;
  2. el río Bermejo superior, en su paso por la conurbación Bermejo-Aguas Blancas, en el segmento vallista;
  3. los arroyos Yacuiba y Pocitos a partir de los cuales se conforma la conurbación Yacuiba-Profesor Salvador Mazza, ubicados en una transición entre el anterior segmento y el chaqueño.
Figura 4. Frontera Bolivia-Argentina, conurbaciones y principales cursos de agua

Benedetti_Figura 4

Fuente: elaboración propia.

El río La Quiaca y los arroyos del Triángulo de Yacuiba, como parte de la cuenca del Pilcomayo, son monitoreados por la Comisión Trinacional para el Desarrollo de la Cuenca del Pilcomayo (Pilcomayo, s.f.), en la que participan, en orden alfabético, Argentina, Bolivia y Paraguay. El Bermejo, en cambio, se encuentra en el área de la Comisión Regional del Río Bermejo (COREBE). Es un organismo interjurisdiccional creado en 1981 y sus miembros son el Gobierno Nacional y las Provincias de Jujuy, Chaco, Formosa, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero, en la Argentina (COREBE, s.f.). Esta entidad, a su vez, integra, junto a Bolivia, la Comisión Binacional para el Aprovechamiento Múltiple de los Recursos de la Alta Cuenca del Río Bermejo y del Río Grande de Tarija (COBINABE, s.f.).

Río La Quiaca

Si bien la cuenca del río Pilcomayo está asociada frecuentemente a la frontera entre el Paraguay y la Argentina, en la región chaqueña, lo cierto es que sus nacientes se encuentran en el segmento puneño de la frontera boliviano-argentina. Éste se extiende, del lado argentino, por todo el borde norte de la provincia de Jujuy y una pequeña parte de la provincia de Salta en las cercanías de la localidad Santa Victoria Oeste. Del lado boliviano coincide con el borde sur del departamento Potosí. El límite internacional corre, en este sector de la altipampa sudamericana, desde el Cerro Zapaleri hasta la Sierra de Santa Victoria. Es una zona de temprana ocupación colonial, atravesado de norte a sur por el camino de Lima a Buenos Aires. Aquí se consolidó el primer núcleo fronterizo binacional: a inicios del siglo XX se fundó La Quiaca, del lado argentino, que pronto tuvo su equivalente, inicialmente llamado La Quiaca boliviana y, pronto, renombrado Villazón del lado boliviano. El surgimiento de estas poblaciones se debe al cruce entre ferrocarril y límite internacional que, desde 1908, incentivó el desarrollo comercial de la zona (Benedetti, 2015).

Villazón y La Quiaca están diferenciadas, morfológicamente, por el río La Quiaca. Es un curso de agua terciario del sistema Pilcomayo, poco significativo desde el punto de vista hidrológico: tiene unos 25 km de extensión. Sus aguas aportan al río Sococha, éste al San Juan del Oro, éste al Camblaya, éste al Pilaya y éste al Pilcomayo.

Esta conurbación está emplazada en una hondonada leve del altiplano andino. El clima de este sitio es de montaña, ventoso y frío. A pesar de estar localizada al norte del trópico de capricornio, el ambiente es frío debido a su altura: 3.442 msnm. Por ello, la amplitud térmica es notable (Servicio Meteorológico Nacional, s.f.). La temperatura oscila entre los 26 °C y 5 °C en verano, y 18 °C y -9 °C en invierno. Durante la mayor parte del año el cielo está despejado. Prevalece el tiempo seco, con frecuencia de heladas y una humedad media histórica del 48%. Las lluvias se concentran en los meses de verano, con registros anuales que oscilan entre los 170 y los 415 mm. Estas condiciones permiten que el río La Quiaca sea fácilmente transitable durante todo el año, por su bajo caudal. En temporada invernal, la velocidad media es de 0,38 m/s, el caudal de 0,08 m³/s y el curso tiene un ancho de 3,50 m (Carretta y Millán, 2007). En los meses de verano el río puede crecer durante las tormentas, razón por la cual algunas personas ofrecen su servicio para cruzar por su lecho. Durante los meses de invierno el cruce no ofrece mayor dificultad.

Río Bermejo

Las nacientes del río Bermejo se encuentran en territorio boliviano y luego fluyen por territorio argentino hasta confluir con el río Paraguay. Este río define al segmento vallista, entre las Sierras de Santa Victoria (por encima de los 4.000 msnm) y la Sierra del Alto Río Seco (inferiores a los 1.000 msnm), al este del Río Grande de Tarija. Se trata de una transición entre la cordillera y la llanura y está conformado por una sucesión de valles subandinos, donde pueden formarse pequeñas pampas aluvionales, con dirección predominante norte-sur. Allí se desarrollan las Yungas. Es el borde norte de la provincia de Salta (Argentina) y sur del departamento de Tarija (Bolivia).

La subcuenca del Bermejo superior y la del río Grande de Tarija se unen en las Juntas de San Antonio. Más al sur, asimismo, se suman las aguas del río San Francisco (con nacientes en la región altoandina, en Jujuy) y pasan a formar la cuenca inferior del Bermejo, ahora como río de llanura.

El caudal del Bermejo superior está condicionado por las lluvias: es elevado en verano y reducido en invierno. Esas precipitaciones responden al efecto orográfico, que provoca la descarga de humedad de los vientos procedentes del Atlántico. El caudal medio es de 85 m3/s, por lo que no es posible el cruce de manera peatonal. Inclusive, cruzarlo nadando puede resultar peligroso. Para ello se utilizan pequeñas embarcaciones, llamadas chalanas, junto con otras alternativas, producidas artesanalmente con materiales reciclados.

Entre los ríos Bermejos y Tarija está emplazada la ciudad de Bermejo. Es la ciudad boliviana más importante sobre el río homónimo. Otra ciudad importante es San Ramón de la Nueva Orán (del lado argentino), núcleo ubicado 42 km al sur, fundada hacia el final del período colonial. Por ello, este segmento tiene una ocupación hispana tardía. Por allí pasaba un camino secundario con respecto al anterior, que unía a Tarija con Salta. Sobre el límite internacional, del lado argentino, frente a la ciudad de Bermejo, se formó la pequeña urbanización de Aguas Blancas.

Aguas Blancas se encuentra a una altitud de 560 msnm, entre las estribaciones de la Serranía del Divisadero y el río Bermejo, principales barreras a la expansión urbana. La ciudad de Bermejo, en cambio, se encuentra en un valle fluvial algo más amplio, que se extiende por unos 8 km (línea recta hacia el oeste) hasta alcanzar el río Grande de Tarija. El clima es tropical húmedo, con una media anual cercana a los 20 °C. Las temperaturas máximas medias en diciembre y enero superan los 30 °C y en junio y julio se encuentran cerca de los 22 °C. La combinación de elevadas temperaturas y abundante humedad facilitan la multiplicación de mosquitos transmisores del dengue, zica, chikunguña y leishmaniasis. La mala calidad del agua, además, es propicia para la trasmisión del cólera; en la zona hubo un brote importante de esta enfermedad en la década de 1990 (Prieto Barrón y Ruiz Duarte, 2000).

Arroyos Yacuiba y Pocitos

La conurbación formada por Yacuiba (departamento de Tarija) y Profesor Salvador Mazza (provincia de Salta) se encuentra a unos 550 msnm, donde las Sierras Subandinas empiezan la transición hacia la región del Chaco. Es la zona de más tardía y lenta ocupación hispana. A mediados del siglo XX la zona fue conectada mediante un ferrocarril que unió Salta con Santa Cruz de la Sierra, llamado “al Oriente Boliviano”. Desde entonces la zona experimenta un sostenido crecimiento demográfico.

Profesor Salvador Mazza-Yacuiba conforman una mancha urbana que se extiende de manera oblonga, de norte a sur, a lo largo de unos 25 km, por un estrecho valle entre la sierra de Ipaguazú (al este) y la sierra de Aguaragüe o sierra de Tartagal (al oeste). Estas serranías conforman barreras físicas a la expansión urbana en sentido este-oeste.

El ambiente es subtropical con estación seca, con temperaturas promedio de 16 °C en invierno y de 26 °C en verano. Las precipitaciones, también de origen orográfico, pueden alcanzar los 2.000 mm anuales.

La Quebrada de Yacuiba (al oeste), que nace en las proximidades de la aglomeración, confluye en la Quebrada de Pocitos (al este), por donde corre un arroyo más o menos caudaloso. Este escurre hacia el sur y a pocos kilómetros de Profesor Salvador Mazza se encuentra con el río Itiyuro. Es una cuenca arreica: las aguas se pierden en bañados y embalses que colmatan con frecuencia (Dente, Martínez y Rey, s.f.).

Estas dos quebradas, que rodean a la población de Yacuiba por el sur, fueron consideradas para la demarcación internacional. Hoy constituyen una discontinuidad física con la otra parte de la conurbación, Prof. Salvador Mazza. De todos modos, como barrera a la circulación el arroyo Yacuiba, especialmente, ofrece poca resistencia, ya que durante todo el año puede cruzarse a pie o con puentes improvisados, construidos con neumáticos en desuso y maderas. Si bien durante el verano el caudal crece repentinamente, de todas formas puede atravesarse con el uso de estos puentes.

Configuración del espacio urbano

Con el trazado del límite internacional, sendos estados nacionales comenzaron a tener presencia efectiva allí desde el inicio del siglo XX. En principio se restringió a las aduanas y otros controles. Al poco tiempo se efectivizó a través del trazado de ferrocarriles, primero por el occidente en La Quiaca-Villazón, luego por el oriente en Prof. Salvador Mazza-Yacuiba. En ambos casos, esto dio origen y/o impulso a las aglomeraciones fronterizas. En el caso de Bermejo-Aguas Blancas la presencia estatal no estuvo ligada a los ferrocarriles, sino a la explotación hidrocarburífera y al fomento de plantaciones de azúcar. Construcción de aeródromos, radios, sedes bancarias, hoteles y edificios municipales fueron otras formas en las que los estados se hicieron presentes en la frontera.

El resultado fue la emergencia de poblaciones a cada lado del límite, que se fueron consolidando y expandiendo, hasta quedar conurbadas. En la actualidad Villazón-La Quiaca tiene unos 51 mil habitantes, Bermejo-Aguas Blancas concentra cerca 38 mil personas y son aproximadamente 83 mil quienes residen en Yacuiba-Prof. Salvador Mazza (Figura 5). Es de destacar que, en los tres casos, el lado boliviano tendió a experimentar un mayor crecimiento poblacional que el argentino. Las tres, puede afirmarse, son pequeñas ciudades binacionales que crecieron en contextos predominantemente rurales.

Figura 5. Evolución de la población en las conurbaciones bolivianas-argentinas, entre 1950 y 2010, según información censal

Fuente: elaboración propia con información generada por Instituto Nacional de Estadística (sin fecha-a) e Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (sin fecha).

La configuración de estos seis núcleos guarda algunas similitudes. Las más importantes son: (1) el plano es ortogonal y formalmente se organiza a partir de una plaza principal donde se ubican algunos edificios emblemáticos; (2) los cursos de agua son una discontinuidad física de cierta importancia; (3) en las adyacencias de las cabeceras bolivianas de los puente creados para cruzar esas aguas se desarrollan extensas zonas comerciales orientadas, fundamentalmente, a compradores procedentes de la Argentina. Siguiendo estas tres consideraciones, en lo que sigue se buscará describir la relación entre cursos de aguas y configuración espacial en las tres conurbaciones binacionales.

Villazón – La Quiaca

El plano urbano de Villazón tiene como centro la plaza 6 de Agosto, que se localiza a unos 650 m al norte del río La Quiaca. En sus alrededores se encuentran las autoridades de gobierno local, un templo católico, el mercado central, el consulado argentino, comercios minoristas, algunos hoteles y la estación de buses. Todas las instituciones importantes se ubicaron en sus inmediaciones. Entre la plaza y el paso se desarrolló una extensa zona comercial, en general minorista, que cubre una superficie de aproximadamente 15 hectáreas. Esta zona está en las adyacencias de la cabecera del puente carretero. A pocas cuadras de allí, hacia el norte, se encuentra la estación de tren, inaugurada hacia 1912.

En 1908 se había inaugurado a 1 km al sur del río La Quiaca, la estación ferroviaria homónima, que fue desactivada en 1992. Desde su fundación fue el núcleo en torno al cual se estructuró el amanzanado de la aglomeración de igual nombre. Allí se encuentran los principales edificios para la vida local: banco, municipalidad, colegios, mercado de frutas y verduras, casas comerciales para consumo doméstico, parroquia, hotel de turismo y oficinas públicas. Si bien la estación sigue gravitando en la vida local, la terminal de ómnibus (a unos 600 m) constituye otra centralidad. En sus alrededores se concentran diferentes actividades comerciales, gastronómicas y hoteleras.

Estos dos centros cívicos están a poco menos de 2 km uno del otro. Esta distancia es posible realizarla de manera peatonal, sin mayores dificultades. El río es cruzado por un puente carretero, inaugurado en 1964 con el nombre de Puente Internacional Horacio Guzmán. Aunque está habilitado para el cruce de vehículos, es utilizado principalmente por peatones: en sus laterales hay sendas por donde circula la mayor parte de las personas que se mueven de una ciudad a la otra. Al costado del puente carretero se encuentra el ferroviario, más antiguo. Fue inaugurado en 1912 y dejó de cumplir su función original en la década de 1990. Desde entonces, es utilizado diariamente para el comercio realizado por las organizaciones de paseras y paseros. En algunos momentos del año, además, es usado por feriantes que se encuentran a uno u otro lado, en el marco de ferias campesinas, como la Manka Fiesta realizada en octubre en La Quiaca, en un predio ferroviario.

El río La Quiaca es un borde en la traza de ambas ciudades. No está integrado al paisaje urbanístico. Sin embargo, es zona inevitable de cruce, por el habilitado (puente) o por los alternativos. No existe servicio público de transporte que una las dos ciudades. Cada una tiene sus taxis, que en ningún caso cruza el puente. Por lo tanto, el paso fronterizo produce una desarticulación del servicio público de transporte. Hay algunas empresas en transporte de larga distancia que cruzan por aquí, pero con servicios que conectan ciudades grandes y alejadas, como Buenos Aires y La Paz. Es habitual que viajeros crucen por este paso siguiendo esta secuencia: (1) arribo a la terminal de buses de la ciudad de Villazón, (2) traslado a pie o en taxi por aproximadamente 700 m hasta el puente, (3) cruce peatonal, haciendo los trámites correspondientes en el complejo fronterizo, (4) viaje a pie o en taxi por unos 1.100 m hasta la terminal de ómnibus de la ciudad de La Quiaca. Lo mismo ocurre viceversa. De igual modo, quienes viajan desde lejos hacia estas ciudades con el objetivo de hacer compras, dejan sus vehículos en alguna de las playas de estacionamiento aldeanas y hacen el cruce a pie. Además del paso oficial hay otros alternativos, que evaden los controles estatales (Figura 6), como se verá más adelante.

Figura 6. Mujer cruzando el río La Quiaca, invierno de 2012

Fuente: Alejandro Benedetti, 2012.

De esta forma, se puede afirmar que La Quiaca y Villazón son dos ciudades diferenciadas morfológica y administrativamente. Cada cual conserva su centro social y sus principales hitos urbanísticos. De todas formas, a pesar de las acciones tendientes a la argentinización y a la bolivianización, La Quiaca y Villazón, respectivamente, son complementarias y conforman una conurbación que, en muchos aspectos, funciona como un espacio indiferenciado. Personas de todas las edades se mueven entre ambas para participar de encuentros sociales regulares, como las fiestas realizadas durante los fines de semana en los salones de baile para adolescentes. También se realizan encuentros religiosos y deportivos. Personas de La Quiaca cruzan a Villazón para llevar adelante prácticas recreativas y desde esta última se va a la primera a realizar compras cotidianas.

Conurbación Bermejo-Aguas Blancas

El proceso de urbanización comenzó del lado boliviano, con el surgimiento de la localidad de Bermejo. Debe su origen a la implantación de una colonia militar, en 1902, con el nombre de Fortín Campero (Souchaud, 2007). Durante las primeras décadas del siglo XX se formó un campamento petrolero, que se transformó en una colonia de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB). Desde mediados del siglo XX en las cercanías se desarrolló el cultivo de caña de azúcar. En 1970 se instaló, en las adyacencias de esta ciudad, la colonia del Ingenio Azucarero de Bermejo (IAB), como poblado obrero (Jerez, 1998). A partir de estas dos implantaciones urbanas, una ligada al petróleo, la otra a la transformación de la caña, la ciudad tomó forma. A estas actividades, desde la década de 1980, se sumó la comercial. Bermejo se fue perfilando como un centro orientado a la provisión de productos importados desde China, destinados principalmente al mercado argentino (Jerez y Rabey, 2006).

Bermejo es la ciudad donde el río está más claramente integrado en términos paisajísticos. La Plaza Principal de Bermejo, como su nombre lo indica, es el principal núcleo en torno al cual se localizan las instituciones más importantes, como templo religioso o sedes bancarias. Se localiza a unos 400 m de la ribera. Entre la plaza y la ribera se extiende una zona comercial que en parte se orienta a los consumos cotidianos de los habitantes de Bermejo y en parte a los compradores que llegan desde la otra orilla. Más cerca de la ribera se encuentra el mercado de frutas y verduras, sobre una barranca, además de locales comerciales de indumentaria y otros productos industriales importados.

La ruta 33 (que dentro de la aglomeración se denomina Av. Petróleo y Av. Barranqueras) es la vía de acceso a la ciudad desde el puente internacional y corre paralela al río. Entre la acera y el río se conformaron diferentes espacios públicos ribereños, incluyendo el Puerto Bermejo. Consiste en un amarradero, unas escalinatas de cemento y una zona de espera. Este equipamiento urbano tiene poco mantenimiento y sus inmediaciones evidencian el intenso tránsito de personas. El paisaje se presenta algo desordenado, contaminado con basura y ruido de bocinas, con escasa ornamentación y mobiliario. En las inmediaciones del puerto fluvial se desarrolla la parte más densa de comercios minoristas y mayoristas. Aguas arriba, alejado de este centro comercial, se han generado espacios públicos mejor preparados para la recreación, con bancos y juegos para niñas y niños. Así, este borde ribereño queda integrado al espacio urbano de dos maneras: como zona de tránsito de personas procedentes de la Argentina, que son quienes imprimen gran dinamismo a la ciudad en virtud de la actividad comercial, y como paseo urbano.

Los orígenes de Aguas Blancas también están ligados a actividades extractivas de petróleo, al desarrollo agroindustrial y, con seguridad, al tránsito en dirección a Tarija desde Salta y Orán. Hasta 2016 esta localidad se encontraba en jurisdicción del municipio de Orán, con cabecera en la ciudad homónima. Ese año Aguas Blancas se separó y conformó un pequeño municipio, donde la localidad homónima es su único centro urbano. En los aledaños hay población indígena y campesina dispersa. Se accede a Aguas Blancas por la ruta nacional 50 y se sigue unos kilómetros más para terminar en el puente internacional, donde está el paso fronterizo. Esta ruta circunvala la pequeña aglomeración de Aguas Blancas: tiene cerca de 3 km2 que se extienden entre esa ruta y la ribera del Bermejo. La novatez del municipio se refleja en la ausencia de un centro cívico. Hay una plaza que es usada para juegos, pero también para el estacionamiento de camiones.

Por la noche Aguas Blancas parece un lugar dormido, casi despoblado. Durante el día se puede observar un movimiento incesante de personas que llegan desde más al sur. La mayor concentración de actividades se registra en el cruce de la calle 9 de Julio, perpendicular al río, y la calle 20 de Junio, paralela a la ribera. A unos 100 m de esta bocacalle se encuentra la terminal de ómnibus, el puerto Chalanas (Figura 7) y el complejo fronterizo argentino, la zona donde se concentran los estibadores y estibadoras que participan en el circuito comercial de ingreso de productos desde Bolivia. También hay algunos supermercados que son mayoristas y minoristas. A diferencia de Bermejo, en Aguas Blancas el río queda escondido detrás de un matorral: es una franja de unos 70 m de ancho a lo largo de la calle 20 de Junio que hace que el río quede invisible.

Figura 7. Puerto Chalanas. En la ribera opuesta, la ciudad de Bermejo

Fuente: Alejandro Benedetti, 2018.

Conurbación Yacuiba-Prof. Salvador Mazza

El poblado de Yacuiba, del lado boliviano, comenzó a establecerse antes de la definición limítrofe entre Bolivia y Argentina. En tiempos coloniales esta era una zona de frontera entre las tierras controladas por los europeos y el Gran Chaco. Durante el siglo XIX, para Bolivia y Argentina esta zona permaneció como frontera con las sociedades indígenas, hasta el definitivo avance militar a fines de ese siglo. Yacuiba logró consolidarse hacia 1880, al ser promovida a capital de la provincia boliviana de Gran Chaco (Souchaud y Martin, 2007).

El surgimiento de la aglomeración Prof. Salvador Mazza es una derivación de la demarcación y de la llegada del llamado Ferrocarril al Oriente de Bolivia. Corría por tierras bajas y permitió unir a Salta con Santa Cruz de la Sierra. Esa obra se inició en 1909 y en 1944 se inauguró la estación Pocitos, en torno a la cual se formó la aglomeración que finalmente se llamó Prof. Salvador Mazza. Se concluyó en toda su extensión recién en 1957. Este ferrocarril, en la actualidad, está inoperativo. Durante la primera mitad del siglo XX fueron importantes las actividades agropecuarias de los alrededores y el tránsito de caucho procedente de Bolivia. El caucho declinó en la década de 1940 y fue desplazado por la extracción de la madera como actividad principal (Herrero, 2012). La llegada del ferrocarril, asimismo, fue un estímulo para el desarrollo de la actividad comercial. Además, a unos 50 km hacia el sur, los alrededores de Tartagal se consolidaron como área de explotación de hidrocarburos y maderas. El puente carretero fue inaugurado hacia 1978.

El plano urbano de Prof. Salvador Mazza está organizado a partir del eje del ferrocarril y paralela y adyacente, la ruta nacional 34, que se continúa dentro de la aglomeración con el nombre de Av. San Martín. Este eje divide a la aglomeración en dos partes. Hacia el este se encuentra el centro cívico, prácticamente superpuesto al complejo fronterizo y el área comercial (donde hay establecimientos mayoristas y minoristas). Sobre esa avenida, además, se encuentra una estación de combustible, alojamientos y lugares recreativos orientados a la población camionera. Parte del predio ferroviario ha sido reconvertido. Un sector se destinó a los usos administrativos y otro es usado como playa de estacionamiento. Hacia el oeste, cruzando las vías, está la plaza principal, en torno a la cual se establecieron algunos comercios frecuentados por la población local, además de instituciones religiosas y locales gastronómicos. Es el centro de la sociabilidad, no contaminado por la proximidad al paso o por el impacto que generan los camiones.

Yacuiba es una ciudad que parece tener bastante independencia de la dinámica fronteriza. A diferencia de los otros casos, su centro cívico está retirado, a 5 km del límite. El área comercial –orientada a compradores procedentes de la Argentina– se desarrolla en las inmediaciones del paso, en San José de Pocitos. La ciudad tiene un pequeño aeropuerto donde operan vuelos comerciales con conexiones a las ciudades de Tarija, Sucre y Santa Cruz de la Sierra. Esto evidencia la importancia comercial y agroindustrial adquirida por Yacuiba en el contexto boliviano, lo que le otorga el carácter de capital del chaco boliviano. Al igual que en Villazón-La Quiaca, no existe servicio de transporte público integrado. En cada cabecera del puente hay estacionados taxis que ofrecen sus servicios de corta y media distancia.

En este caso los arroyos estás escondido detrás de las construcciones (Figura 8). No son fácilmente observables desde las dos ciudades. En algunos casos se accede a través de viviendas particulares. Especialmente el arroyo Yacuiba evidencia acumulación de basura, que se puede percibir con el olfato. Es un ambiente escondido dentro de la mancha urbana.

Figura 8. Puente improvisado sobre el Arroyo Yacuiba: en el frente se ve la ciudad de Yacuiba

Fuente: Alejandro Benedetti, 2018.

Organización de las movilidades a través de las aguas

Como se señaló, en ninguno de los tres casos hay transporte público que facilite la movilidad urbana internacional. Hay empresas de taxis que operan a cada lado. Las distancias, en general, son cortas y pueden realizarse a pie. Son múltiples los motivos, las distancias recorridas, los modos de transporte usados y los medios para cruzar los ríos La Quiaca y Bermejo o el arroyo Yacuiba, para llegar, cruzar y volver a la frontera Bolivia y Argentina. Se trata de un variado conjunto de movilidades que se definen de manera multiescalar.

Un análisis y una propuesta de tipología sobre el sistema de movilidades que se estructura en esta frontera ya fueron presentados en otro trabajo (Benedetti y Salizzi, 2011). Allí se identificaban movilidades realizadas por la población de las ciudades fronterizas: por razones familiares o de amistad, por quienes necesitan hacer tareas administrativas (por ejemplo consulares), para asistir a clase o a turnos médicos (en ambas direcciones), para comprar bienes de uso cotidiano o simplemente por recreación (por lo regular desde el sur hacia el norte, dada la mayor oferta).

Superpuestas a las anteriores, hay otras movilidades de población que vive en las afueras de estas ciudades, en comunidades menores, generalmente campesinas e indígenas. El cruce está ligado a diferentes prácticas de intercambio, parentales o rituales. Asimismo, se registran movimientos de cargas llevadas por camiones, en el comercio de exportación/importación entre ambos países, lo que implica la llegada de población foránea. En paralelo, se encuentra el menguante movimiento realizado por estibadores, por paseros y paseras y por bagayeras y bagayeros. En pocos casos trabajan por cuenta propia. En la mayoría, se agrupan en asociaciones.

El turismo es otra actividad que, de manera creciente, motiva movilidades a través de esta frontera, en particular en el paso Villazón-La Quiaca. Esta actividad, a veces, se superpone con los llamados “paseos de compras”, realizados por personas que se mueven desde lejos para visitar las ciudades de frontera y realizar compras para uso personal. Junto a ellos, además, están quienes hacen compras al por mayor de bultos de diferentes tamaños, generalmente de ropa, juguetes y electrodomésticos, en gran medida realizado desde ciudades del norte argentino (como Jujuy, Tucumán o Santiago del Estero) hacia las ciudades fronterizas bolivianas, devenidas gigantescos centros comerciales a cielo abierto. A esto hay que agregarle las movilidades ligadas al tráfico de bienes ilegalizados y a la trata de personas.

¿Cuántas personas se mueven por estos pasos? No es fácil establecerlo. Una de las razones es de orden metodológica: es casi imposible cotejar información estadística de ambos países.

Un panorama de estas movilidades se puede obtener al analizar información sistematizada en la Argentina por la Dirección Nacional de Migraciones (2004-2017). Considerando esta fuente, se puede saber que durante 2007 por los cuatro pasos (incluyendo el de Puerto Chalanas, en la localidad de Aguas Blancas) se movieron, en ambas direcciones, cerca de 760 mil personas. Esa cantidad se habría multiplicado por más de 10 una década más tarde, cuando más de 8,5 millones de individuos cruzaron el límite boliviano-argentino, en ambas direcciones, a lo largo de 2017 (Figura 9).

Figura 9. Movimiento de personas a través de cuatro pasos oficiales en la frontera Argentina-Bolivia, en el período 2004-2017

Fuente: elaboración propia sobre la base de Dirección Nacional de Migraciones (2004-2017).

El Instituto Nacional de Estadística del Estado Plurinacional de Bolivia publica estadísticas sobre llegada y salida de viajeros, por vía carretera, vía ferrocarril y vía fluvial/lacustre. Presenta lo mismo con respecto a visitantes (sin establecer una diferenciación entre ambas categorías, al menos en su sitio web). Considerando esta información para un período aproximado al anterior, entre 2007 y 2015, se puede saber que Villazón es, comparativamente con las otras dos ciudades fronterizas bolivianas, el sitio que registra mayor movilidad (Figura 10).

Figura 10. Llegada y salida de viajeros y de visitantes, en los pasos de Bermejo, Villazón y Yacuiba (Bolivia), entre 2007 y 2015

Fuente: elaboración propia sobre la base de Instituto Nacional de Estadística (sin fecha-b).

Además de la dificultad de compatibilizar información estadística, es preciso afirmar que esos registros estarían dando cuenta solamente del movimiento realizado por personas a través de las tecnologías estatales establecidas para el cruce legal: los dos puentes ferroviarios (uno utilizado para el comercio pasero), los tres puentes carreteros y el puente fluvial (Cuadro 3). La información de los gráficos arriba presentados resulta del registro que se realiza en las cabeceras de estos puentes, establecidos allí con el fin de canalizar y organizar el tráfico de personas.

Cuadro 3. Puentes que se construyeron en la frontera Bolivia-Argentina. Información sumaria
Nombre puente Modo Río / arroyo Ciudad en Argentina (provincia) Ciudad en Bolivia (departa­mento) Año inauguración
Sin nombre Ferroviario La Quiaca La Quiaca (Jujuy) Villazón (Potosí) 1912
Horacio Guzmán Carretero La Quiaca La Quiaca (Jujuy) Villazón (Potosí) 1960
Sin nombre Ferroviario Arroyo Pocitos Prof. Salvador Mazza (Salta) Yacuiba (Tarija) 1947
Salvador Mazza -Yacuiba Carretero Arroyo Pocitos Prof. Salvador Mazza (Salta) Yacuiba (Tarija) 1978
Bermejo – Aguas Blancas Carretero Río Bermejo Aguas Blancas (Salta) Bermejo (Tarija) S/D
Chalanas Fluvial Río Bermejo Aguas Blancas (Salta) Bermejo (Tarija) S/D

Fuente: elaboración propia.

Pero junto a esa movilidad registrada existe otra no registrada. En las tres conurbaciones se formaron otros pasos, localmente denominados “alternativos”, “informales”, “clandestinos”, “ilegales”, “otros”, “no oficiales” “no habilitados”, “de bagayeros”, “menos controlados” y, finalmente, “por el agua”. Esta última denominación da cuenta de su diferencia con respecto al cruce que se realiza “por el puente” (sea ferroviario reciclado para el cruce peatonal) o carretero, o en el caso de Bermejo-Aguas Blancas, utilizando una chalana.

En las tres conurbaciones, el cruce por estos pasos es una práctica habitual. La elección de cruzar por allí es múltiple. Una razón es la evasión de la fiscalización de las mercaderías llevadas, a veces para la reventa, a veces para consumo propio. En ciertas ocasiones, las madres que quieren llevar a sus hijos de paseo al otro lado, en ausencia del padre, cruza por allí para evitar el control migratorio. Pero otras veces, simplemente, se eligen esos pasos para compensar –con el uso práctico del espacio– las ausencias que la planificación no permite: contar con más puntos para poder cruzar el río. Se cruza por allí para evitar mayores caminatas, porque es más directo o porque se gasta menos tiempo.

El cruce del arroyo Yacuiba o del río La Quiaca no ofrece gran resistencia durante la mayor parte del año. Es posible para la mayoría de las personas cruzar a pie. El Bermejo, en cambio, no es factible cruzarlo de manera peatonal. Por ello, los habitantes han desarrollado embarcaciones rudimentarias. Localmente se las denomina gomones: son balsas construidas con cámaras de vehículos grandes, amarradas entre sí, arriba de las cuales se asientan tablas livianas sobre las que reposa la mercadería empaquetada en bolsas de plástico, para garantizar que no se mojen.

Con excepción de Bermejo, río o arroyo son, fundamentalmente, lugares de pasaje, no tanto de permanencia. Se cruza para ganar tiempo o dinero. Es el destino de los residuos y no del recreo. Es un ambiente vigilado, controlado y monitoreado, pero también transgredido, en el marco de movilidades que generan actividad en conurbaciones que se formaron a uno y otro lado de un límite internacional.

Reflexiones finales

Del análisis realizado en este trabajo, se pueden presentar tres consideraciones finales.

La primera es que los ríos, como en cualquier parte, son usados para la captación de agua para usos domésticos o para el vertido de líquidos domiciliarios. Si bien se han implementado formas de control y tratamiento de efluentes, todavía hay evidencias de contaminación, con acumulación de basura en diferentes sitios. Por ello, los cursos de agua, especialmente en las tierras más bajas y húmedas, son fuente de enfermedades epidémicas que, cada tanto, son trasmitidos por diferentes mosquitos, afectando a la población bagayera. En Villazón-La Quiaca, estas aguas todavía son usadas para lavar ropa o para el consumo directo de animales (cerdos). En todos los casos, en las aguas se puede ver basura procedente de las ciudades, a veces materiales de construcción o piezas de automóviles. Resta, por lo tanto, definir una política ambiental estricta para el aprovechamiento sustentable del recurso hídrico.

La segunda es que, en la configuración de esas urbanizaciones, las riberas son elementos más bien periféricos. Los cursos de agua no están integrados a la trama urbana, por ejemplo, como un espacio con funciones recreativas o de ocio. En esto se exceptúa a Bermejo. En los demás, es un ambiente ocultado, tapado, que pareciera se tiende a disimular. No se reconocen caminos ribereños en los casos de Villazón, Yacuiba y Prof. Salvador Mazza, mientras que el acceso hasta allí queda limitado por un alambrado en el caso de La Quiaca o matorrales en el de Aguas Blancas. Solo Bermejo ha logrado integrar de algún modo el río al paisaje urbano, con la construcción de un amarradero de concreto y de un paseo en la zona ribereña.

Por fin, la tercera es que, cruzar la frontera por el lecho del río, lejos de ser una actividad delictual, constituye una práctica cotidiana de personas que buscan mejorar sus ingresos, o de quienes quieren resolver de manera rápida el desplazamiento de un sitio a otro aunque también, hay que reconocerlo, porque así se evade el control del estado en asuntos que las personas consideran que son del orden privado. Es que cruzar la frontera, con frecuencia, no se hace más que para ir de una parte a la otra de un espacio urbano funcionalmente integrado, a pesar de estar morfológicamente fragmentado por un curso de agua, elegido como límite internacional frente a otras opciones, como no puede ser de otra forma, de manera arbitraria y circunstancial.

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  1. CONICET/Universidad de Buenos Aires, Argentina.


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