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Persistencia de crianceros campesinos en espacios de borde de Argentina[1]

Políticas públicas, problemáticas e impactos en el oeste pampeano

María Eugenia Comerci[2]

Introducción

En el espacio rural argentino se han resignificado los conflictos por el control y el uso de ciertos recursos y se han renovado los procesos en torno a la producción de alimentos y la discusión por la soberanía alimentaria. Asimismo, se registran cambios ante la llegada de nuevos agentes no agrarios que desarrollan actividades turísticas, de recuperación del patrimonio y residenciales en los espacios rurales. Estos procesos se encuentran atravesados por prácticas de distinto despliegue escalar –local, nacional, regional, global–, por lo que emerge una geografía rural compleja, heterogénea e híbrida (Castro y Arzeno, 2018).

En la República Argentina existen miles de personas que se dedican a la cría de ganado menor y habitan en espacios de borde. Con distintas modalidades, pero con un perfil común campesino, suelen tener dificultades para acumular excedentes y un acceso limitado a los recursos naturales. El avance capitalista sobre estos espacios torna altamente vulnerables a estos grupos pastoriles –en especial a los que carecen de los títulos de propiedad de la tierra– y ha potenciado diversos conflictos por el uso y apropiación de los recursos con agentes extra locales de perfil empresarial.

En este marco, se reflexiona en torno a las principales dificultades que enfrentan los y las crianceros/as y los cambios/continuidades a través del tiempo, con la finalidad de reconstruir los factores que posibilitan la persistencia de los y las crianceros/as campesinos/as en los márgenes de Argentina. Asimismo, en el extremo oeste de la provincia de La Pampa, se analizan las implicancias de las representaciones de las políticas públicas sobre estos sujetos y sus impactos en las actividades productivas. Mediante un estudio de caso se profundiza en el frigorífico regional y en las dificultades generadas luego de quince años de funcionamiento, básicamente por desconocer los rasgos, prácticas y cultura de los y las crianceros/as.

Con abordaje interdisciplinario y empleo de distintas fuentes, en el trabajo se combinan diferentes técnicas guiadas por la investigación cualitativa. Además de la revisión teórica sobre las problemáticas que afectan a crianceros/as de la Argentina se recurrieron a informes técnicos y fuentes oficiales. Para el abordaje de las representaciones subyacentes en el discurso público a través de un estudio de caso de un espacio de margen de La Pampa –la llamada “microrregión 4”–, se analizaron documentos estatales, lo que posibilitó interpretar cómo se piensa desde la órbita pública a este recorte espacial de la Pampa, y pone a la luz las categorías conceptuales desde dónde se lo mira. Se realizaron, además, entrevistas a funcionarios, técnicos territoriales y crianceros/ras, entre los años 2006 y 2020 en distintos parajes, localidades y puestos rurales del oeste de La Pampa.

El capítulo se organiza en cinco apartados. El primero caracteriza a los y las crianceros/as en Argentina y los espacios en los que desarrollan sus actividades socio-productivas. El segundo, avanza en las perspectivas teóricas que guían el análisis desde las categorías de borde, frontera y estrategia en contextos de expansión capitalista. En el tercer apartado, se plantean los rasgos del sistema productivo y las principales problemáticas que enfrentan los y las crianceros/ras en el país. En el cuarto, se aborda una política pública concreta: la creación del frigorífico regional, analizando su trayectoria, problemáticas y logros. Finalmente, en el quinto, se trazan algunas reflexiones para repensar los factores que posibilitan o dificultan la persistencia de los y las crianceros/as en los márgenes de la Argentina contemporánea.

Los sujetos de análisis

El criancero es un/a productor/a familiar que se dedica mayoritariamente a la cría de ganado menor –caprino y ovino– y, eventualmente, al vacuno. Con un perfil campesino, suele tener dificultad para acumular excedentes y acceso limitado a los recursos naturales.

Desde el punto de vista teórico, se coincide con Daniel Cáceres et al. (2006) en que para abordar estas problemáticas deben superarse dos obstáculos conceptuales que se han generado en torno al campesinado. En primer lugar, los enfoques que no identifican las diferencias entre las lógicas de la producción campesina y la capitalista. En segundo lugar, los estudios que proponen una visión clásica estereotipada del campesinado, asociada meramente con las dinámicas socio-productivas de estas unidades.

A menudo, estos sujetos ejercen la tenencia precaria de la tierra bajo la forma de ocupación, con o sin permiso, figuran en lotes fiscales o privados y se enfrentan con el permanente avance de las fronteras productivas –ganadería, petróleo, turismo–. Además, en los sistemas de comercialización donde participan suelen generarse abusos de mercado con la venta atomizada del ganado en pie y sin capacidad de negociación.

Desde el punto de vista social el elemento que ha producido el mayor impacto en la estructura y dinámica de las unidades campesinas ha sido el cambio en la cantidad y tipo de mano de obra disponible en las unidades campesinas producto de los flujos migratorios. La capricultura, por ejemplo, se adapta muy bien a las nuevas condiciones productivas ya que no demanda mucha mano de obra, se basa fundamentalmente en el trabajo femenino y aprovecha la participación de mano de obra marginal como niños y ancianos. También se produce un fuerte retraimiento (o incluso abandono) de las actividades agrícolas, ya que son quienes mayor mano de obra demandan. Esto implica, además, el deterioro de la infraestructura predial, es decir, corrales, acequias, pozos de agua y represas (Cáceres y Rodríguez-Billela, 2014).

A pesar de estos procesos, los y las crianceros/as continúan teniendo una producción familiar, un intenso sentido de pertenencia, un fuerte vínculo con la tierra y una lógica particular en la construcción del espacio, propia de la territorialidad campesina. A menudo complementan la actividad criancera con la elaboración de artesanías –en soga y en tejido– y realizan prácticas de caza, recolección o trabajo extrapredial, para garantizar la reproducción, simple o ampliada, del grupo doméstico.

Existen dos modalidades de crianceros de acuerdo con las condiciones agroecológicas del ambiente y la trayectoria familiar: sedentarios y trashumantes. Mientras los primeros cuidan el rodeo de animales en un predio con límites materiales o simbólicos, los segundos realizan movimientos cíclicos de trashumancia de acuerdo con la presencia de pasturas en veranada e invernada (Comerci, 2019).

Habitan en los espacios de borde de Argentina –es decir en regiones con menor o tardía inserción capitalista–, sean valles andinos transversales y mesetas del norte patagónico –suroeste de Neuquén y centro-oeste de Río Negro y Chubut–, o el monte árido argentino –centro-oeste de La Pampa, sur de Mendoza, noroeste de Córdoba, norte de Santiago del Estero y sectores de la puna argentina–. Suelen llamarse localmente con distintas autodenominaciones, que varían desde puesteros a cabriteros o capricultores.

De acuerdo con los datos provisorios publicados por el Censo Nacional Agropecuario (en adelante, CNA) del año 2018, se registraron más de 32.000 explotaciones agropecuarias (EAP) con orientaciones al ganado caprino en el territorio nacional, que poseen un total de más de 2.500.000 cabezas (INDEC, 2019). Del total de explotaciones dedicadas a esta actividad, 17.550 destinaron el ganado menor al autoconsumo familiar, es decir el 54,6%. En el caso pampeano, ese porcentaje es aún mayor, pues se registraron 431 EAP orientadas al caprino, de las cuales 297 se destinan al autoconsumo doméstico (casi el 70%).

En la actualidad, el espacio rural del oeste de la provincia de La Pampa se configura con más de quinientos puestos rurales (Figura 1) distribuidos en forma dispersa. En las localidades se ubican instituciones socializadoras de importancia en la región, tales como la escuela albergue, el municipio, la posta sanitaria o las iglesias evangélicas y católicas. Junto con una densa red terciaria de caminos, las picadas y la ruta Nº 151 –única vía asfaltada que bordea la meseta basáltica– articulan puestos y estancias, parajes y localidades. Como puede observarse en la Figura 1, la gran cantidad de puestos dispersos del oeste pampeano contrasta con el menor número de asentamientos urbanos, predominantes en el sector oriental de la provincia.

Durante el siglo XX, los crianceros de este sector de Argentina desarrollaron una producción de subsistencia basada en el uso compartido del monte de jarillas con la cría de ganado. El entramado de redes de familias con vendedores ambulantes, religiosos y agentes de la órbita pública, posibilitaron la generación de distintos recursos materiales y simbólicos para lograr la reproducción social. A través del tiempo, los y las puesteros/as garantizaron su reproducción con una producción pastoril basada en el uso compartido del monte –campo abierto– que posibilitaba la caza de fauna silvestre, la recolección de yuyos y leña, la cría de ganado caprino, ovino o equino y el trabajo del tejido de la lana y del sobado del cuero.

La conformación del Estado provincial promovió el desarrollo de distintos programas que fortalecieron la actividad artesanal y ganadera, reorientándola al mercado. A su vez, estas políticas fomentaron el uso del dinero en los intercambios y ciertos controles técnicos, en el marco de un proceso de integración subordinada del extremo oeste al resto de la provincia (Comerci, 2018). A continuación, se plantean las principales perspectivas teóricas que guían el análisis desde las categorías de borde, frontera y estrategia en contextos de expansión capitalista.

Figura 1. Puestos y asentamientos urbanos en el centro de Argentina

1

Fuente: elaboración propia (2020) con datos georreferenciados provistos por la Dirección General de Catastro de la provincia de La Pampa y por el Instituto Geográfico Nacional y uso de SIG de software libre (QGIS).

Bordes, fronteras productivas y estrategias

Se define a la frontera como un área más o menos permeable a través de la cual dos espacios que se suponen diferentes entran en contacto. Pueden ser fronteras políticas, económicas, interétnicas –entre otras– que se diferencian material y simbólicamente (Braticevic, 2017). A grandes rasgos, pueden identificarse dos tipos de fronteras: la que funciona como límite internacional (border) y la que actúa en tanto espacio de articulación entre sistemas con dinámicas socioeconómicas heterogéneas (frontier), donde un frente con inversiones capitalistas y políticas públicas tiende a expandirse sobre una zona marginal poblada por indígenas y campesinos (Gordillo y Leguizamón, 2002). Los estudios de los bordes de este segundo tipo de frontera buscan mirar las interfaces, las transformaciones, los quiebres y corrimientos que acontecen en las delimitaciones (Tommei, 2017).

La constitución de economías de enclave o el avance del capitalismo sobre actividades tradicionales, a partir de la expansión de las fronteras productivas, conforman espacios subordinados y semiarticulados con el capital (Comerci, 2018). En este contexto, se generan asimetrías espaciales entre las actividades económicas más concentradas y tecnificadas con respecto a los espacios de reproducción local que se relacionan sólo a través de diferentes mecanismos de subsunción (Braticevic, 2017). Esos espacios de margen –de interface, de cruce de actividades productivas, de tramas sociales intensas– se encuentran en profundo proceso de transformación y poseen elementos singulares que los diferencian del resto, pues son producto del cruce.

En estos espacios de borde de Argentina los crianceros/as ponen en acción distintas estrategias. Los sujetos activan sus capacidades productivas-reproductivas y desarrollan distintas actividades orientadas a la consecución de la satisfacción de sus necesidades, las que gestan estrategias tendientes a garantizar la reproducción de la vida. Esa combinación de prácticas opera desde la autoconservación a la creación de formas colectivas de resolución (Massa, 2010). Asimismo, los márgenes posibilitan la construcción de lo alternativo. La crítica decolonial considera que los márgenes del sistema mundo constituyen hoy un conjunto de posibilidades para pensar alternativamente la modernidad eurocéntrica con valorización de prácticas asociativas, revalorización de tradiciones y memorias que dialoga con la idea de otro mundo posible (Martins, 2012).

En Argentina, a pesar del avance de la lógica empresarial que supuso la desaparición, en el año 2018, del 25% de las explotaciones agropecuarias existentes en 2002 (INDEC, 2019), persisten productores familiares (Bendini y Steimbreger, 2010). El concepto de territorialidad campesina permite representar el complejo caudal de estrategias que al campesinado le permiten resistir y permanecer en condiciones agro-ecológicas y socio-institucionales históricamente desventajosas y en contextos de expansión concentrada del capital (Torres, Pessolano y Moreno, 2014). Ese territorio campesino contrasta con la territorialización del capital: Arzeno (2018) recupera la descripción que realizan Morales y Scopel (2009) analizando la agricultura moderna y señala tres rasgos: (1) la imposición de un proyecto, sobre otros proyectos posibles, donde lo “nuevo” se impone como el único camino posible hacia el desarrollo; (2) se trata de un proyecto llevado a cabo por ciertos actores dominantes (privados y públicos) y (3) el proyecto genera una nueva estructura productiva asociada generalmente con commodities.

En este marco emergen las disputas entre territorialidades. Son conflictos por recursos como la tierra, el agua, los bosques y cuestiones ambientales, agudizados en el contexto de expansión de la agricultura moderna. Al mismo tiempo, han crecido los movimientos de resistencia y procesos organizativos de base que suelen involucrar a poblaciones campesinas e indígenas directamente afectadas por tales procesos productivos (Comerci, 2018; Arzeno, 2018).

Estos procesos se materializan en el caso que se analizará en este capítulo. Como se viene investigando en trabajos anteriores (Comerci, 2017; 2018), en el espacio occidental pampeano distintos procesos de avance de la frontera productiva están alterando la dinámica espacial y las prácticas campesinas. Entre otros procesos pueden mencionarse los despojos históricos de sus recursos hídricos superficiales, el avance de la propiedad privada sobre la tierra de puesteros que carecen de títulos, la irrupción de las actividades cinegética y petrolera, junto con las lógicas y prácticas individualistas cada vez más presentes en la zona rural.

Actualmente, en el centro-oeste de La Pampa, el/la criancero/a (autodenominado/a puestero/a) posee una producción familiar, sentido de pertenencia y vínculo con la tierra. Los saberes en torno al manejo del ganado se transmiten generacionalmente y las técnicas de trabajo suelen ser rudimentarias: uso de remedios naturales, herramientas autoconstruidas, elaboración de cercos con piedra o ramas, entre otras. A continuación, avanzamos en los rasgos socio-productivos y las principales problemáticas que enfrentan estos sujetos en la cotidianeidad.

Principales problemáticas del sistema productivo pastoril

El sistema productivo de los y las crianceros/as se organiza en torno a los ciclos naturales que marcan los tiempos: en el momento de parición (en los meses de septiembre y octubre, cuando pasan las principales heladas) todo el grupo doméstico criancero participa del trabajo. Los cabritos se cuidan en corrales construidos con piedras –pircas– o ramas de jarilla o pichanas –flora local–, que forman corrales de monte, o bien en refugios de madera que permiten diferenciarlos por edad y tipología. Cuando son mayores, se los hace pastorear a campo abierto y durante la tarde se los busca por el monte si no regresan solos. Permanecen en la noche en los corrales y de día se los libera en distintos sectores del predio. Cuando alcanzan los siete kilos, en diciembre, se los vende en pie a vendedores ambulantes, intermediarios, frigoríficos o directamente a particulares interesados. Solo una minoría de crianceros cuenta con vehículo para trasladar los animales. Ello impone una dependencia histórica de los productores con los demandantes de cabritos que se traduce en un claro intercambio desigual (Comerci, 2015). La cantidad de cabras por unidad doméstica varía regionalmente, desde piños de quince animales en grupos domésticos que apenas garantizan la reproducción simple, hasta 1000 cabezas en el caso de unidades familiares que logran una reproducción ampliada.

Distintos autores (Tiscornia et al., 2000; Bendini, Tsakoumagkos y Nogues, 2004; González Coll, 2008; Cáceres et al., 2006; Cepparo, 2010; Comerci, 2015; 2017; 2019) analizan, en el caso de los sujetos/as crianceros/as, el impacto del avance y cierre de las fronteras –internacionales y productivas– que ponen límites a su movilidad y al pastoreo del ganado, y condicionan el desarrollo de las estrategias de reproducción social. En este marco, se han generado diversos conflictos ante la tenencia precaria de la tierra de estos sujetos.

De acuerdo con los datos provisorios del CNA 2018, el 5% de las tierras continúan estando bajo la figura de ocupación (de hecho y con permiso). Buena parte de esta superficie está en manos de crianceros/as. En el sur mendocino (Cepparo, 2010) se destacan los altos niveles de pobreza de estos grupos y la precariedad en la propiedad de la tierra, en los sistemas comercialización y en la formalidad de los procesos productivos. En la actualidad persiste la situación de inestabilidad sobre el control real de la tierra para los campesinos fiscaleros del norte patagónico, mientras crece la propiedad privada en campos fiscales destinados a ganaderos empresariales (Bendini y Steimbreger, 2010). Casos similares se están generando en el norte cordobés, donde la expansión de la agricultura industrial está presionando a las unidades campesinas. De acuerdo con Cáceres et al. (2006), el progresivo avance de la agricultura de oleaginosas y una creciente intensificación de la producción ganadera, ligada a explotaciones empresariales, está modificando el perfil productivo de la región, con altos costos sociales. En el caso pampeano, un técnico territorial relataba su percepción en torno a estos cambios enmarcados en el corrimiento de la frontera:

Cuando nosotros empezamos en los noventa con el Programa Social Agropecuario predominaba el caprino, y hoy está avanzando el vacuno […] el caprino lleva mucho más trabajo y como la gente que puede trabajar se va al pueblo, se va despoblando el campo. Por eso, ha avanzado la cría del vacuno que viene del este de La Pampa y sobre todo con el corrimiento de la frontera agropecuaria… la soja del este ha desplazado al vacuno y el vacuno al chivo del oeste […]. (Técnico territorial, entrevista realizada en 2016)

En este escenario se acentúa el cercamiento de campos y, con esto, los cambios en el diseño y manejo de la producción ganadera, así como en las relaciones sociales, cada vez más conflictivas. El mismo proceso, asociado con el avance de la ganadería vacuna, se está generando con las actividades petrolera y cinegética en el centro/oeste de La Pampa, dando origen a nuevos cercamientos y distintos conflictos por el uso y apropiación del espacio (Comerci, 2017). La tensión supone la puesta en práctica de nuevas lógicas territoriales de los de afuera y una redefinición de las estrategias de los de adentro:

Hay nuevos productores, eso sí, donde más se ve es en el límite con Mendoza… los mendocinos han entrado, han comprado campos, han alambrado. […] Los de afuera los compran para bajo costo, compran 5000 hectáreas […] que en los papeles parecen mucho, aunque es un desierto y después obtienen créditos importantes para otra actividad, tienen algunos animales y los trabajan […] Algunos incorporaron tecnología, forrajes […] Ahora está lleno de alambre, no podés pasar como antes que era monte libre […] El caso concreto es el paraje Chos Malal, donde había campos totalmente abiertos y era una comunidad de puesteros y cada vez queda más cercada […] Eso es un gran problema. (Técnico territorial, entrevista realizada en 2018)

Ante la problemática de la tenencia precaria de la tierra, además de la Ley Nº 2222 de suspensión de los desalojos promulgada en el año 2006, desde 2016 se impulsó la política de regularización de Tierras, cuya función principal es la implementación del Programa Provincial de Regularización de la Tenencia de la Tierra –creado a través de la Ley N° 2876–, que consiste en un relevamiento en todo el territorio con el fin de captar aquellas personas que se encuentren inscriptas como poseedores de tierras, o que no se encuentran inscriptas pero que han vivido toda su vida allí y no han tenido medios económicos o asesoramiento necesario para regularizar su situación dominial (Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia de La Pampa, 2019). A pesar de estas medidas del Estado provincial, la situación de posesión de la tierra de los crianceros sigue siendo una problemática compleja sin resolución definitiva.

Otra de las dificultades que enfrentan históricamente estos sujetos es el desigual sistema de comercialización de los caprinos, con incapacidad de negociación de los productos. Tanto en el oeste de La Pampa como en otros espacios de borde de la Argentina donde el capitalismo ha penetrado más tardíamente, persisten prácticas de intercambio con acuerdos entre las dos partes, signadas por relaciones de dependencia y no mediadas exclusivamente por el dinero. Los vendedores ambulantes –mercachifles– e intermediarios tienen una gran flexibilidad en las formas de intercambio, por lo general no monetaria, mediante el trueque de animales y cueros (Comerci, 2015).

La comercialización, lejos de ser una dificultad reciente en Argentina, históricamente ha afectado al sector por la oferta atomizada de productores –mayoritariamente de perfil campesino– y una demanda concentrada en pocos compradores, que actúan de intermediarios. Esta problemática ha sido identificada por el propio Estado nacional como se observa en el siguiente informe del año 2011: “La comercialización no está suficientemente desarrollada y articulada entre los productores y comercios minoristas/consumidores” (PlaNet Finance, 2011:9). “La oferta se encuentra atomizada en una variedad de productores de distinto tamaño, en tanto la demanda se encuentra altamente concentrada, y, por tanto, los compradores tienen la capacidad de fijar los precios” (PlaNet Finance, 2011:13 y 14).

Los sujetos que intervienen en el sistema de comercialización se enmarcan en las figuras del vendedor ambulante o mercachifle, el intermediario, el zafrero local (Bedotti et al., 2005), el acopiador nacional y el comercializador externo. En algunos casos, son los Estados provinciales los encargados de comprar la producción para faenarla en frigoríficos promovidos desde políticas públicas. Como luego desarrollaremos, en el centro-oeste pampeano, si bien se han generado políticas públicas destinadas a mejorar la comercialización de los caprinos mediante de la construcción del frigorífico regional –que además busca dar valor agregado a los productos–, no se han alterado en forma significativa las relaciones de dependencia entre vendedores ambulantes, intermediarios y crianceros. A continuación, profundizamos el caso pampeano.

Estudio de caso: política pública en el centro de Argentina

En el marco de la descentralización y del Plan Estratégico Provincial, el territorio de la provincia de La Pampa fue regionalizado en el año 2008 por el gobierno pampeano y el Consejo Federal de Inversiones (CFI) en diez regiones establecidas por la Ley Provincial N° 2461. La finalidad de su creación –agrupando municipios– fue la ejecución de fondos específicos destinados a desarrollo productivo, economía social, participación comunitaria, mantenimiento de la red terciaria, entre otros aspectos, en esos espacios de gestión.

La microrregión 4 incluye los departamentos del extremo oeste provincial (Figura 2) e integra los ejidos municipales de Santa Isabel, Algarrobo del Águila, La Humada y Puelén, que concentran la mayoría de los puestos con crianceros del territorio provincial. En ese espacio, la baja densidad de pasturas –consecuencia de la gradual disminución de las lluvias hacia el sudoeste provincial– y los afloramientos rocosos permiten a los puesteros/as sustentar la producción de ganado caprino y la cría de vacunos de forma muy extensiva. Además de explotaciones dispersas y parajes –como Agua de Torres, La Copelina, Chos Malal–, se constituyen como nodos las localidades de Santa Isabel (2.526 habitantes), La Humada (657 habitantes), Puelén (357 pobladores) y Algarrobo del Águila (con 329 habitantes), de acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda (INDEC, 2010).

Figura 2. Microrregión 4. Ejidos, rutas y cursos de agua superficiales

Fuente: elaborado por Juan Pablo Bossa en base a datos del Instituto Geográfico Nacional, Dirección General de Catastro y Dirección de Vialidad, Provincia de La Pampa.

Ahora bien, ¿cómo es descripta la microrregión desde la mirada del Estado provincial?, ¿qué lectura hace la política pública de este espacio y sus sujetos? De acuerdo con el discurso oficial, la microrregión 4:

Es la más extensa de las micro-regiones provinciales, aproximadamente 38.019 km2, y la menos poblada: 4.908 habitantes (1,8% provincial), lo que implica una baja densidad de población, 0,1hab/km2. La micro-región posee 1.684 viviendas y tiene un índice de NBI del 39,6% (el más alto de toda la Provincia). (Gobierno de La Pampa-CFI, 2014:70)

En la narrativa del Estado se compara constantemente esta región con otras, con un discurso que denota las falencias del espacio en cuestión e invisibiliza a los sujetos: la microrregión “carece de precipitaciones, de población, de sistema urbano” y “posee suelos pobres y jarillas”. En relación con las viviendas, la región 4 es la que presenta mayor porcentaje provincial de “hogares con viviendas irrecuperables” con un 33,6%, los mayores porcentajes de hogares con NBI –superando el 16,7%– y niveles de hacinamiento por cuarto, de acuerdo con datos censales de 2010. La región porta el menor porcentaje de población con cobertura médica en la provincia y los centros de salud poseen escasa complejidad. Respecto a la distribución de agua de red se explicita: “la microrregión 4 presenta una combinación de problemas asociados a la falta de fuentes de agua disponibles y a las dificultades económicas que presenta su provisión a localidades de pequeño tamaño y elevada dispersión geográfica” (Gobierno de La Pampa-CFI, 2013:58).

Respecto al sistema educativo, las más altas tasas de repitencia coinciden fundamentalmente con las microrregiones del oeste y sur provincial, en parte asociadas a la dificultad que implica el desplazamiento de los alumnos y el aislamiento geográfico. Explícitamente, se argumenta (Gobierno de La Pampa- CFI, 2014:70) que “el condicionante más importante para el desarrollo de la región lo constituye su aridez” y que “las condiciones agroecológicas de la microrregión determinan una economía basada en la producción extensiva de ganado bovino de baja productividad, que se alterna con una economía de subsistencia de ganado caprino”. Es decir, el discurso del Estado considera que el responsable de la falta de desarrollo de la región y las condiciones de pobreza estructural es la aridez. Esta posición determinista lleva a nombrar al espacio de análisis como “una región dentro de la Provincia de poca población y pocos recursos” (Gobierno de La Pampa-CFI, 2014:71). Martins (2012) sostiene que los intelectuales y los técnicos, en tanto agentes operarios de las ideologías de la modernización de mediados del siglo XX, han asumido sin ningún tipo de cuestionamiento la inevitabilidad de la expansión del capitalismo y, por ende, de la intervención estatal en la organización de los ámbitos civiles y públicos y de la ciudadanía en términos generales. De esta manera el determinismo geográfico, que elegía el centro y la periferia como realidades sustantivas, aseguraba la identidad dominante por la negación del otro.

Consideramos que estas ideas que permearon en el territorio pampeano –tanto en el mundo académico como en la política pública y en la visión de los técnicos– continúan vigentes en la actualidad. Así, el modo de transformar este espacio –posiblemente con el modelo tomado desde el este pampeano– y pensar en el desarrollo de la microrregión depende de un factor externo asociado con la creación de corredores bioceánicos que crucen la zona: la posición estratégica en términos de servicios logísticos, de transporte y comunicaciones podría conducir hacia el despegue de la región. También se considera que el valor agregado en el circuito caprino y el desarrollo de nuevas actividades pueden dinamizarla: la producción de cabras –y su posterior faena y conservación– es un factor clave con base en la presencia de frigorífico caprino. Existen “productores con experiencia e interés por el desarrollo de nuevas actividades y productos” asociados con el ganado caprino (Gobierno de La Pampa-CFI, 2014:71).

Así, las diferencias de este espacio respecto al sector oriental de La Pampa –producto de la persistencia campesina-indígena, las estrategias dirigidas básicamente a la reproducción del grupo doméstico, el uso colectivo del espacio de pastoreo, entre otros aspectos– son invisibilizadas, negadas u observadas como elementos a modernizar. En este marco, consideramos que sigue vigente el paradigma de la modernización en la política pública provincial, expresada en este análisis de caso de la microrregión.

Ahora bien, ¿cuáles fueron las políticas públicas implementadas en este espacio y cómo impactaron sobre los crianceros? Ante los altos indicadores de pobreza estructural, el oeste de La Pampa ha recibido políticas de intervención social y productiva de manera sistemática desde fines de la década del sesenta. Algunos de los proyectos que dieron cuenta de esas políticas públicas –internacionales, nacionales y provinciales– en el espacio rural fueron el Programa de Promoción de Artesanos, el Programa de Desarrollo Ganadero del Oeste Pampeano, el Proyecto de Desarrollo Rural Integrado, el Programa Social Agropecuario (PSA), el Plan de Mejoramiento Habitacional, el Proyecto de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER), el Proyecto de desarrollo de los Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER), el PROHUERTA, el Plan de Mejoramiento de la Cabra Colorada, el Programa de Desarrollo Sustentable de la Actividad Caprina y Ovina, el programa apícola o los proyectos de la Secretaría de Agricultura Familiar, entre otros.

Estos programas –si bien mejoraron las condiciones de vida de la población rural con cambios genéticos en los caprinos, planes de viviendas para los crianceros con paneles solares, refugios para animales, huertas familiares, mantenimiento en los caminos de tierra (rutas provinciales), construcción de escuelas y postas sanitarias rurales, entre otras–, han generado prácticas de dependencia con el Estado, una tendencia a la mercantilización gradual de los intercambios y la introducción de nuevos controles técnicos. La falta de continuidad de estos programas con los cambios de gobierno ha impedido concretar muchos de los proyectos. Por otra parte, la irresolución de la problemática estructural que afecta a los productores –tenencia precaria de la tierra y problemas en la comercialización de su ganado caprino– obstaculiza o impide la producción de cambios profundos que alteren la situación de pobreza estructural de buena parte de la población rural. Al respecto, un técnico territorial manifestaba estas inquietudes:

A veces aparece Desarrollo Social y junto con eso los fondos y después desaparecen […], con el INTA siempre trabajamos en asistencia técnica, con sanidad, Prohuerta, etc. Con la provincia también articulamos con Producción o Bienestar Social […] pero a veces se corta […]. Casi siempre trabajamos articuladamente […]. Durante el gobierno de Verna se trabajó muy articuladamente con créditos del Banco Mundial, con el PROINDER, mejoramiento de viviendas, corrales en Puelén, Chos Malal y La Humada […]. El tema es también que tenemos el problema de la tenencia de la tierra, si no sos propietario de la tierra se complica que te den los fondos […]. Hay zonas que son muy apropiadas para el caprino […], nosotros no queremos reemplazarlo, queremos fomentar la producción local, apuntalarla, con infraestructura, mejorarla. (Técnico territorial, entrevista realizada en 2018)

En el caso pampeano, la producción de cabras alcanzó las 89.000 cabezas en 2015 y bajó a 47.400 cabezas en 2018 (Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia de La Pampa, 2019), concentradas mayoritariamente en los departamentos del extremo oeste, en la microrregión 4. Se viene registrando, en los últimos quince años, una variabilidad en la cantidad de caprinos, con tendencia a la baja. Por el contrario, se ha incrementado el ganado bovino. Desde la perspectiva del Estado “la microrregión 4 es la más vulnerable en términos productivos, ya que más allá de sus escasos volúmenes y diversificación productiva, el sector ganadero, principal sector económico, se encuentra en crisis” (Gobierno de La Pampa-CFI, 2013:126).

Del total de caprinos movidos con guía en el año 2013, se destinaron al frigorífico regional un 56%, a la venta en feria un 25%, a otros –intermediarios y ambulantes– un 10% y a invernada un 9% (Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia de La Pampa, 2015). El problema es que la mayor parte de los intercambios no se encuentran registrados ya que circulan por canales informales.

Actualmente, quienes realizan la zafra de chivitos entre noviembre y enero son intermediarios que provienen del sur de Córdoba y San Luis, General Alvear y 25 de Mayo y arriban hacia los puestos del extremo oeste pampeano. La dispersión de los crianceros, la ausencia de camiones en las explotaciones y la oferta atomizada de animales potencian relaciones mercantiles de tipo monopsónicas y duopsónicas.[3] Los compradores acopian y trasladan la producción hasta los frigoríficos, matarifes o carnicerías. Las reses terminan en los grandes centros de consumo del centro del país. Ante las dificultades de comercialización generadas con los ambulantes e intermediarios a mediados del año 2000, el Estado provincial decidió construir un frigorífico regional. A continuación, avanzamos en el análisis de esa política pública, sus problemáticas y sus principales logros.

El frigorífico de Santa Isabel: problemáticas y aprendizajes

Ante la problemática de la comercialización, el Estado provincial –a través del Ministerio de la Producción y la Ley Caprina Nacional– está implementando el Programa de Desarrollo Sustentable de la Actividad Caprina y Ovina, que tiene como foco la comercialización de los productos a través del frigorífico Santa Isabel y el acompañamiento a los productores. Entre los principales objetivos se pretende: recuperar la actividad en toda su cadena de valor; transformar las majadas de consumo en majadas comerciales; incrementar los índices de eficiencia productiva; capacitar al sector en implementación en nuevas tecnologías; formar grupos de criadores dentro de un marco productivo; impulsar a los productores a integrar la cadena de valor conjuntamente con la industria; capacitar a los productores en manejo, sanidad, genética y nutrición; fomentar la comercialización y consumo de carne ovina y caprina y generar interés por el aprovechamiento de los productos secundarios –lana, fibra, leche, cuero, quesos y guano– (Ministerio de la Producción, 2019).

Debe recordarse que, en el año 2004, en el contexto de mayor presencia estatal a escala nacional y la persistencia de las asimetrías en la comercialización de caprinos, el Estado provincial inauguró un frigorífico de ganado menor en las proximidades de Santa Isabel. En este marco, a partir de un proyecto del Ministerio de la Producción de la provincia, se construyó la planta y se conformó una empresa para su administración, manejo y desarrollo.

El principal destino de la producción de la faena de pequeños rumiantes (inicialmente caprinos, luego se sumaron los ovinos) es el mercado externo. A partir del año 2009 se han ampliado los mercados para exportación hacia Kuwait y Angola. Además, se han habilitado nuevos destinos para el mercado externo: Costa de Marfil, Brasil, Saint Marteen. Los principales productos que procesa y comercializa el frigorífico Santa Isabel son los chivitos y corderos y, en menor medida, cabrillonas, borregos y animales adultos; recientemente se incorporaron ciervos colorados, llamas y vizcachas. Como subproductos, se aprovechan los cueros y en ocasiones las menudencias (Domínguez, 2013).

El establecimiento posee tránsito federal (SENASA), con lo cual se encuentra habilitado para vender en todo el territorio nacional, y para algunos destinos de exportación a terceros países. Se comercializan chivitos en época de zafra, de noviembre a marzo, en el mercado local de Santa Isabel, en carnicerías y supermercados de toda la provincia de La Pampa y en distribuidores mayoristas de Buenos Aires. Además, se han logrado nuevos canales de comercialización en las provincias de Mendoza y San Juan, destinados a distribuidores mayoristas. El frigorífico posee una boca de expendio al público en la misma planta, para el turismo de paso. Con exportaciones de cabras y ovejas, se logra trabajar en períodos en que no hay alta zafra de chivitos o corderos. De acuerdo con los técnicos entrevistados:

Exportamos a Kuwait las chivas grandes, tenemos que pedir la habitación y nosotros podemos exportar […] me mandan enteros los animales allá lo fraccionan […] El frigorífico hace llamas, ciervos y vizcachas también […] para cubrir los baches de invierno de faena. (Empleada del frigorífico, entrevista realizada en 2015)

El frigorífico se ha orientado a la oferta de productos genéricos sin marcas; sus principales canales de comercialización son los mayoristas. También trabaja con supermercados locales, carnicerías y cadenas de carnicerías, pero en menor proporción que los primeros.

Durante los primeros años de gestión, el establecimiento enfrentó serias dificultades para obtener caprinos de forma permanente. Una de las razones radicaba en el corrimiento de la frontera pecuaria hacia el extremo oeste, ya que en el área circundante al frigorífico predominaba el ganado bovino. De este modo, para acceder al ganado en pie, el frigorífico debió adquirir dos camiones para que llegasen hacia la zona productora –los departamentos al oeste de la microrregión 4– donde se encontraban los productores atomizados en los puestos. En este contexto no se había contemplado que buena parte de los puesteros carecía de transporte propio y que, desde hacía varias generaciones, vendían su producción a intermediarios y ambulantes, con quienes tenían acuerdos preestablecidos.

Otra problemática fue que se minimizó la informalidad del sector. Las ventas de animales se efectúan mayoritariamente fuera del circuito comercial legal, y para comercializar en el frigorífico los crianceros necesitan una certificación de la sanidad de los caprinos. Solo una minoría de productores está inscripta en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) como monotributista. La falta de documentación es un impedimento para la venta de sus chivitos al frigorífico.

Además, los técnicos que manejaban el emprendimiento buscaban convencer a los crianceros para que realicen dos pariciones anuales, sin considerar que este tipo de prácticas implicaba, ente otros factores, una mayor demanda de trabajo y de pasturas y una redefinición de las estrategias de reproducción social en su conjunto.

A pesar de estas dificultades, la instalación del frigorífico alteró –al menos parcialmente– las relaciones entre los productores y los intermediarios. Por un lado, permitió establecer un precio sostén, de referencia. Ante la subida del precio de los animales, algunos acopiadores dejaron de llegar hasta las zonas más occidentales de la microrregión 4. En este contexto, los crianceros se quedaron sin poder comercializar los chivitos, pues el establecimiento industrial no poseía la capacidad de absorción de la totalidad de la producción.

En este escenario, la percepción de los crianceros respecto al papel del frigorífico es generalmente negativa:

El tema es que no entran todos los chivos en un camión y nos dejan esperando […] y ¿qué hacemos con los animalitos si no los podemos sacar para fin de año? A más de uno nos plantó […] entonces seguimos con los ambulantes, pagan menos pero son confiables y no te dejan esperando. (Criancero de La Humada, entrevista realizada en 2009)

En el año 2019 se conformó la Cooperativa La Comunitaria, que reúne a más de cien personas, miembros de familias rurales de los departamentos de Puelén, Limay Mahuida, Chalileo, ChicalCó, Curacó y Loventué que se han sumado al Movimiento de Trabajadores Excluidos – rama Rural. En una reunión realizada en febrero de 2020, en Santa Isabel, planteaban que “no pudieron vender ni un solo ejemplar en el Frigorífico desde hace años. Es necesario lograr un acuerdo de precios justos para poder utilizar el frigorífico. Esto beneficiaría a todos y solucionaría muchos problemas de comercialización” (Diario La Arena, 10/02/2020). Para los crianceros es muy bajo el precio que paga el frigorífico, en especial para las familias que tienen pequeñas majadas, por eso prefieren continuar vendiendo a los viejos intermediarios.

Desde la mirada de los empleados del frigorífico:

La empresa aporta trabajo genuino […] está en el medio de los pueblos, para la gente del campo es una posibilidad con la cabra grande […] no tanto con los chivos porque siguen vendiendo a viejos compradores […] es muy difícil cambiarles la mentalidad. (Empleada del frigorífico, entrevista realizada en 2015)

A pesar de estas dificultades, se ha reducido levemente la relación asimétrica y el intercambio desigual entre los viejos intermediarios y los puesteros. De este modo, la intervención del Estado –más allá de las dificultades que ha atravesado, especialmente por desconocimiento de las prácticas productivas, culturales y vinculares de los crianceros– ha generado una alternativa de faena y venta de los chivitos en el oeste pampeano. Si se hubieran reconocido los rasgos, modalidades, sistemas productivos y prácticas de los crianceros, los resultados de esta política pública seguramente hoy serían diferentes. Mientras tanto, para garantizar el uso de la capacidad instalada, el frigorífico diversificó la producción y los mercados, e intenta lentamente incorporar valor agregado, a través de cortes diferenciados.

Reflexiones finales

El mundo de los y las crianceros/as, lejos de ser una realidad cristalizada, se encuentra atravesando profundos cambios en su dinámica interior y exterior. Por ello, la realidad campesina no debe ser entendida como un mundo con dinámica propia sino como un devenir en el que se generan diversas influencias de la sociedad que lo contiene (Cáceres et al., 2006). A pesar de ser un sujeto históricamente subordinado, no se adapta de manera pasiva a los cambios, pues desarrolla permanentemente estrategias para acomodarse de la mejor manera posible a los obstáculos, o bien los resiste. La transformación en las condiciones de existencia campesina se expresa en los nuevos conflictos sociales en torno a los recursos y en la construcción de nuevas redes urbano-rurales, de dependencia y clientelares, que redefinen toda la representación cotidiana del mundo campesino tradicional.

En los últimos años, debido a la expansión capitalista y la descampesinización, se ha acentuado la emigración de los jóvenes y el proceso de disminución de explotaciones agropecuarias. Abrumados por la falta de posibilidades y de estímulos, abandonan el campo y la forma de vida heredada de sus padres, pasando a engrosar los bolsones de pobreza de los centros poblados y provocando el envejecimiento rural (González Coll, 2008; Cáceres y Rodríguez-Billela, 2014). Estos procesos devienen en nuevas prácticas y reacomodamientos en el grupo doméstico, que suponen mayores articulaciones con el mundo urbano, dobles resistencias campo-pueblo e ingresos extraprediales a través de transferencias del Estado (Comerci, 2017).

La permanencia criancera en el espacio rural se explica, fundamentalmente, por la flexibilidad en el diseño de sus estrategias y, en especial, en su producción caprina, destinada al autoconsumo y a la venta. Cabe recordar que más de la mitad de las explotaciones dedicadas a la cría de ganado caprino destinan la producción al consumo doméstico (INDEC, 2019).

El avance del proceso de mercantilización genera nuevas relaciones y altera las preexistentes con agentes que, durante muchas décadas, han interactuado con estos sujetos. Los y las campesinos/as sobreviven a las crisis gracias a las múltiples soluciones que ponen en juego, las cuales expresan distintas formas de flexibilidad de adaptación a distintas situaciones para reproducir su modo de vida y el apoyo y ayuda mutua entre distintas familias que conforman las comunidades. Estas particularidades forman parte de la naturaleza campesina (Shanin, 2008).

Los conocimientos de los recursos del lugar que poseen los crianceros los convierten en portadores de una cultura de la cría del ganado menor. Con saberes ancestrales internalizados, los y las crianceros/as constituyen sujetos que han sabido adaptarse a las inclemencias climáticas y cambios ambientales, y han resistido a los cambios de los modelos político-económicos y sus dinámicas fronteras productivas. Como resultado de estos procesos son sujetos que persisten-resisten en el sistema capitalista con alta vulnerabilidad social (Comerci, 2019).

El extremo Oeste de La Pampa constituye un espacio pastoril en el que persisten/resisten formas de vida y de organización territorial comunitaria, donde las relaciones capitalistas adquieren también una configuración singular. Las modalidades de intercambio con los mercachifles e intermediarios expresan vínculos que van más allá de la mera ecuación económica. Estas interacciones no son producto del cálculo racional de sus agentes sino construcciones que suponen la reproducción de intencionalidades y sentidos, que parten de elecciones prácticas aprendidas a través del tiempo y experimentadas en la cotidianeidad. La alternativa de venta de los animales en el frigorífico regional, junto con las mejores comunicaciones hacia las localidades, han reducido la relación asimétrica entre comerciantes y productores. Sin embargo, los mecanismos de subordinación no son meramente económicos, sino que tienen dimensiones sociales y culturales que influyen a la hora de decidir a quién comprar los artículos de consumo y a quién vender su producción.

Si bien se han generado políticas públicas destinadas a mejorar la comercialización de los caprinos con la construcción del frigorífico regional, que además busca dar valor agregado a la producción, no se han alterado en forma significativa las relaciones de dependencia entre vendedores ambulantes, intermediarios y crianceros. La persistencia de una demanda estacional y duopsónica, el mal estado de los caminos y la atomización de los productores dificultan hallar soluciones a esta problemática que impide un desarrollo regional integrado. Sin dudas, el empobrecimiento campesino brinda las condiciones para que se desarrollen estas relaciones de dependencia con los comerciantes, acopiadores e intermediarios, quienes continúan aportando recursos determinantes para su reproducción social.

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  1. Las reflexiones de este capítulo se inscriben en el proyecto de investigación titulado Tramas sociales, estrategias y políticas públicas en los márgenes pampeanos (2000-2020), que dirige la autora. Proyecto de investigación con evaluación externa aprobado por el Consejo Directivo (Resolución CD 47-20), Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa. Período de desarrollo del proyecto: 01/01/20 al 31/12/22.
  2. Departamento e Instituto de Geografía, Universidad Nacional de La Pampa / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
  3. En este tipo de mercados existe un comprador o demandante de los productos o, en ocasiones, son solo dos demandantes, por lo que adquieren rasgos de competencia imperfecta y ésta incide en la definición del precio final en perjuicio de los oferentes.


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