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González Catán. Una aproximación para pensar territorios de borde en el ámbito metropolitano[1]

Mauro Escobar Basavilbaso[2] y Brenda Matossian[3]

Introducción

En las últimas décadas, los espacios metropolitanos han experimentado mutaciones y transformaciones como consecuencia de los cambios operados a nivel mundial, que se manifiestan territorialmente en la expansión de los suburbios bajo diferentes tipos: urbanizaciones cerradas, multiplicación de grandes centros comerciales, ampliación de redes de autopistas y distintas modalidades de configuración del hábitat popular. También se han producido cambios en las formas de producción y acceso al suelo, en la estructura social y en la distribución del ingreso (Ciccolella, 2014).

En consonancia con lo anterior, este trabajo se propone poner el foco en los bordes urbanos, entendidos como los contornos de la ciudad hacia los cuales ésta se expande. Retomando la propuesta de López-Goyburu (2017) se pueden caracterizar a los bordes metropolitanos como espacios complejos y desagregados, “territorios inciertos” donde se localizan asentamientos humanos en valles inundables y tierras productivas; asentamientos informales; urbanizaciones cerradas. Los bordes metropolitanos actuales no son los mismos que los de antaño; fueron cambiando su función y características conforme la ciudad se fue extendiendo. De modo que, sus definiciones, usos y características también fueron mutando.

Desde el punto de vista ambiental, los estudios que han abordado los territorios de borde se centraron en la complejidad de los sistemas naturales que son transformados por el crecimiento de la mancha urbana sobre las áreas circundantes. Así, la función ecológica que estos espacios cumplían se suspende: absorción del agua de lluvia, pulmones verdes, espacios de recreación, entre otros. También los procesos de remoción de ciertas áreas para la extracción de áridos y la incorporación de residuos sólidos y efluentes en los bordes metropolitanos han generado un nuevo tipo de suelo compuesto por sustancias tóxicas y gases en su interior. Son éstos condicionantes críticos en la calidad ambiental urbana y están asociados a procesos como: ocupación de áreas inundables y tierras vacantes próximas a sitios de deposición final de residuos y también a la pérdida de tierras de aptitud agrícola (Crojethovich Martin y Barsky, 2012).

Así, González Catán, por su localización periférica dentro del partido de La Matanza, puede ser analizada a partir de dinámicas y lógicas propias de los bordes metropolitanos en sectores postergados dentro de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) de la Argentina. La expansión urbana de la localidad avanzó desde la estación del ferrocarril hacia las llanuras de inundación de los arroyos de la cuenca Matanza-Riachuelo en barrios populares impactados por los efectos de la escasa planificación, un drenaje lento y emplazamientos cercanos a usos marginales de las ciudades. Un caso particular de estos bordes metropolitanos se halla hacia el sur de la localidad, donde se extiende un entramado territorial conformado por el relleno sanitario de la empresa CEAMSE, así como cavas y cementerios privados que generan una profunda degradación ambiental. En respuesta a aquella situación se produjo la emergencia de movimientos de vecinos autoconvocados, frente al padecimiento manifestado en distintos tipos enfermedades e indicadores del nivel de vida negativos.

De esta forma, “los bordes urbanos y sus desbordes muestran el pleno dinamismo territorial y demográfico, donde se expresan con mayor intensidad las profundas desigualdades de las geografías urbanas actuales y pasadas” (Matossian, 2017:291), éstas quedan a su vez plasmadas en el lugar. Ciertos espacios que en algún momento fueron bordes, hoy son áreas consolidadas dentro de la ciudad. Estas geografías desafían a reconocer esos bordes de antaño para identificar el origen de problemas actuales que, frente a procesos políticos y económicos de expoliación, suman mayores violencias a las personas que allí residen, que en muchos casos incluyen problemas asociados a enfermedades cutáneas, tumores, enfermedades respiratorias, entre otras. También producto de la ocupación de las adyacencias de ríos y arroyos que surcan la conurbación, como en nuestra área de estudio, se somete a sus moradores a distintos procesos de riesgo, vulnerabilidad y degradación ambiental.

De este modo, se persigue como objetivo analizar la génesis de estas áreas y explicar las características de estos tipos de bordes metropolitanos, a partir del estudio de caso de la localidad matancera de González Catán. El recorte temporal comprende desde finales de la década de 1970 hasta 2019, período donde se produjeron profundas transformaciones en este espacio. Allí, el acceso al suelo urbano, al igual que en otros lugares de región, se tornó restrictivo y excluyente para una ingente cantidad de personas. Para tal fin, se utilizaron grillas de tipificación paisajísticas a partir de recorridos de visu, entrevistas a informantes calificados, entre otras metodologías cualitativas desplegadas principalmente entre los años 2015 y 2019.

El contenido del trabajo se estructura del siguiente modo: en el primer apartado, se (re)visitan algunos aspectos sobre la noción de borde; en el segundo, se analizan los aspectos que caracterizan al partido de La Matanza y sus problemáticas asociadas al medio físico y cómo eso se manifiesta en uno de sus bordes más críticos. En el tercer apartado, se aborda el surgimiento de los Vecinos Autoconvocados de González Catán que luchan por el cierre y la remediación ambiental del relleno sanitario de la empresa CEAMSE. En el cuarto, se realiza un análisis sobre los problemas experimentados por los y las habitantes del barrio San Enrique, localizado en las adyacencias del área en estudio, que padecen los efectos de un lugar contaminado.

La noción de bordes

Entre los abordajes más reconocidos sobre la noción de borde en geografía se encuentra aquel proveniente del estudio de la imagen de la ciudad. Desde la geografía de la percepción, el borde es utilizado como elemento para la elaboración de mapas mentales. En este marco, más allá del uso que propuso en la década de 1960 Lynch (1984), de entenderlo como aquel que define un límite relativamente geométrico, fue el aporte de Pryor (1968) el que incorporó la idea de borde como contención de la urbanización. Otros enfoques tienen una perspectiva más integral, como el de Suárez Valencia (2017), quien problematiza teóricamente la construcción de territorios de borde desde el urbanismo. Esta autora pondera su utilidad como concepto vinculado a un límite, pero no entendido como final sino asociado a cambios que implican relaciones dadas desde la complementariedad física, social y económica.

Otras referencias analizan los bordes de las ciudades desde una mirada histórica que reconstruye cambios morfológicos y funcionales de los procesos de expansión urbana, junto con el corrimiento de sus límites hacia nuevos espacios (Medrano, 2017). En sintonía con la propuesta de Suárez Valencia (2017), desde este aporte se piensan los bordes en tanto áreas que rodean las ciudades y sobre las cuales esta tiende a crecer y expandirse. Este espacio ha recibido muchas otras denominaciones a lo largo del tiempo: arrabal, suburbio, periferia, área periurbana, interfaz, etc., y cada una de esas nociones implica distintos trasfondos teóricos y perspectivas.

El estudio de los bordes permite diversas estrategias de abordaje en el marco de los estudios sobre el territorio. Entre ellas, pueden considerarse las siguientes aplicaciones:

  1. entre los ámbitos urbanos y periurbanos en la distinción de usos residenciales y actividades productivas primarias diferentes: agricultura, ganadería, minería;
  2. al interior de las ciudades como expresión de formas de ocupación residencial diversas (urbanizaciones privadas, hábitat popular, barrios planificados);
  3. como espacios de transformación, de disputas, en torno a la expansión simultánea de nuevas centralidades y usos marginales de las ciudades (basurales, cementerios, canteras), asociados a procesos de financiarización y especulación inmobiliaria;
  4. como zonas de amortiguamiento para actividades de ocio y conservación del hábitat, las cuales, dependiendo de la mayor o menor restricción de la categoría de manejo como área natural protegida, pueden constituirse en un continuum o en un borde fuerte, tanto hacia el interior de la ciudad como respecto de su entorno.

Si bien estas estrategias no son mutuamente excluyentes muestran distintas miradas respecto al mismo tipo de recorte.

Al considerar antecedentes respecto al estudio de los bordes aplicados a la RMBA, se destaca el trabajo de Bozzano (2000). El autor se refiere a los territorios de borde e indica que, en un primer momento, la normativa los concibe como áreas complementarias, zonas de reserva para el ensanche urbano. Al mismo tiempo, explica que en distintas investigaciones se reconocen al menos 3 formas diferentes de análisis: 1) producto de la expansión urbana propiamente dicha; 2) la transformación de pequeñas localidades en subcentros; y 3) mutación de estructuras rurales y/o medios naturales. De esta forma, define a los territorios de borde como “aquellos ámbitos donde los efectos de la aglomeración urbana se reducen o son menos evidentes, particularidad que no implica necesariamente la disminución gradual en la intensidad de ocupación residencial” (Bozzano, 2000:85).

Por su parte, la propuesta de López-Goyburu (2017) busca, en principio, periodizar lo que entendemos por borde, a partir de diferentes cortes que son coincidentes con la expansión de la RMBA en diferentes contextos económicos y políticos. El primero, entre 1958-1962, donde eran considerados espacios de interrelación entre lo urbano y lo rural, etapa que es coincidente con la localización en la periferia de los loteos económicos y en la que las tierras rurales devienen en urbanas. A partir de 1990, se despliega un segundo período en el que aquellos espacios fueron vistos como lugares de usos heterogéneos, se evidencia la incidencia del capital privado sobre el territorio y su transformación respecto del periodo anterior responde a la inserción en el mercado global. Finalmente, durante la primera década del siglo XXI, son vistos como espacios desagregados y dispersos.

Así, conviven en la actualidad varias ciudades superpuestas: una primera cuya forma de organización, expansión y modelo de suburbanización de tipo tentacular tiene como marco político un proyecto de corte nacional y popular que es coincidente con los gobiernos de Perón. Otro momento, a partir de la década de 1990, en que la expansión de tipo insular se da en concomitancia con los gobiernos de Menem y se manifestó territorialmente en una fuerte polarización social (Vidal-Koppmann, 2014). En este sentido, las políticas digitadas durante este periodo, tales como apertura económica y privatizaciones, entre otras, convirtieron al espacio urbano en mercancía, por ejemplo, a través de la venta de tierras públicas que, en muchos territorios de borde, redundó en urbanizaciones privadas.

Durante el nuevo siglo, la Argentina inició un período de crecimiento económico. No obstante, aquello no alcanzó a tener una relación directa y amplia en el acceso al suelo y la vivienda. En un contexto de mínimas regulaciones, la expansión residencial se transformó en el dominio de las urbanizaciones cerradas, legitimadas con argumentos como la búsqueda de seguridad y el acercamiento a la naturaleza. Sin embargo, a pesar del giro progresista que ha servido para articular un nuevo rumbo político, la gestión del territorio en lo relativo a la expansión residencial guarda aún ciertas continuidades con las lógicas del urbanismo neoliberal de la década de 1990 (Pintos, 2012). Agregamos a este debate que, durante los años 2015-2019, se volvieron a retomar las lógicas urbanísticas de la década de 1990 que tuvieron repercusiones sobre el suelo urbano, por ejemplo, con la profundización de la ocupación de áreas destinadas a la conservación de humedales en el norte de la RMBA, analizadas por Pintos (2012).

El espacio matancero y sus cordones

El espacio matancero, al igual que el de muchos otros partidos de la RMBA, presenta diferentes problemáticas vinculadas al deterioro del ambiente, muchas veces asociadas al crecimiento desmedido de la población, sin planificación adecuada. Aquellas situaciones se identifican sobre todo en las áreas más postergadas y más alejadas de las centralidades dentro de este extenso y fragmentado partido. Esta situación, más desfavorable en los territorios de bordes matanceros, se reconoce en el informe Objetivos del Milenio en el Municipio de La Matanza 2009, elaborado por la Municipalidad de La Matanza y el Área de Desarrollo Social del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Argentina. Tal como se indica en dicho informe, es posible dividir al partido en tres áreas o cordones (ver Cuadro 1), donde “es viable verificar cómo se deterioran las condiciones de vida cuanto más lejos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires viven sus habitantes” (Municipalidad de La Matanza – PNUD, 2009:12).

Cuadro 1. Caracterización de áreas del municipio de La Matanza

Área

Sector que comprende

Características

Uno

Desde avenida General Paz hasta Camino de Cintura (ruta provincial Nº 4)

-Zona limítrofe con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

-Gran cobertura de agua corriente y cloacas

-Mayoría de las calles asfaltadas

-Mayor accesibilidad a escuelas, centros de salud

-Las villas están territorialmente acotadas

-Zona de mayor recaudación fiscal

-Menores índices de pobreza e indigencia

Dos

Desde Camino de Cintura hasta avenida Carlos Casares (ruta provincial Nº 17)

-Densidad de población intermedia

-El 50% de la población posee agua potable y cloacas

-La mitad de las calles se encuentran asfaltadas

-El acceso a los servicios depende de la distancia que existe con la ruta nacional Nº 3 y la ruta provincial Nº 4

-Los niveles de ingreso son regulares

-La recaudación impositiva es regular y/o mala

Tres

Desde avenida Carlos Casares hasta el límite suroeste del municipio

-Es la de mayor vulnerabilidad

-La mayoría no posee agua potable, ni cloacas

-A mayor distancia de la ruta nacional Nº 3 la accesibilidad a servicios, centros educativos y de salud disminuye

-Los mayores índices de pobreza se ubican en este cordón

-Es un territorio urbano-rural con densidad poblacional media

Fuente: elaboración propia en base a Municipalidad de La Matanza – PNUD (2009).

Del análisis del cuadro se desprenden algunos aspectos identificados en distintos recorridos por el partido. En primer lugar, a mayor lejanía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las condiciones en la calidad de vida decrecen. Las diferencias profundas al interior del partido también pueden ser reconocidas en la Figura 1, en la que se representa la desigual distribución de los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) respecto al total de hogares, a nivel de radios censales. Así, por ejemplo, las localidades del área uno, como Ramos Mejía y San Justo (esta última además es cabecera del partido), son las que presentan mejores condiciones de vida. En segundo lugar, la falta de servicios e infraestructura empeora en los sectores al sudoeste del Camino de Cintura o ruta provincial Nº 4. En tercer lugar, a medida que nos alejamos de la principal arteria del partido –la ruta Nacional Nº 3 o avenida brigadier Juan Manuel de Rosas– también se reducen los servicios, y aparecen problemas asociados a las inundaciones (ver Figura 2), basurales a cielo abierto, calles sin pavimentar y asentamientos informales.

Si bien no se profundizará sobre el tema en este aporte, cabe señalar que la delimitación de estas áreas o cordones no es unívoca. Por indicar una primera diferencia, representamos en la Figura 1 tanto la delimitación ya mencionada, realizada en el documento sobre los Objetivos del Milenio (OM), como aquella definida en Plan Estratégico de La Matanza (PELM), del año 2005. En esa misma figura, se pueden visualizar dos aspectos: a) la coincidencia en la definición del primer límite entre el primer y segundo cordón o área para ambos documentos; b) la diferencia en la definición del eje que divide el segundo del tercero (en el caso del PELM este se ubica sobre la calle Intendente Pedro Federico Russo). Esto nos da una pauta de las dinámicas intrínsecas en las delimitaciones metropolitanas vinculadas a cordones o anillos concéntricos que rodean las áreas centrales y que se transforman al compás de la expansión urbana y el crecimiento demográfico a lo largo del tiempo.

Figura 1. Definición de límites entre áreas o cordones

C:UsersTA-PCAppDataLocalMicrosoftWindowsINetCacheContent.WordFigura 1_Escobar_Matossian.jpg

Fuente: elaboración propia sobre la base de datos del INDEC (2010), Municipalidad de La Matanza – PNUD (2009) y Municipalidad de La Matanza (2005).

Figura 2. Desborde del arroyo Morales en el deslinde entre González Catán y Virrey del Pino

Figura 2_Escobar_Matossian

Fuente: fotografía de los autores producto del trabajo de campo (14/10/2019).

Respecto al crecimiento demográfico en clave histórica, Della Paolera (1977:25) sostenía que:

el partido de La Matanza que, aunque conserva en gran parte el aspecto rural que le procuraba su función de lugar de pasaje de las haciendas para el abastecimiento en carne de la capital, ha experimentado un considerable aumento de población pasando de 17.935 a 54.428 habitantes, entre 1914 y 1938. No hay duda de que el nuevo camino de penetración a la metrópoli, que cruza el territorio de este partido y que une la localidad de San Justo con la de Cañuelas, ha de actuar sensiblemente como elemento formador de zonas urbanizadas que en fecha próxima comenzarán a engrosar la cifra total de la población de dicho partido de La Matanza.

Aquello que Della Paolera vaticinaba[4] devino en el partido más poblado de la RMBA, con sus consecuentes problemas relacionados a la ocupación del suelo urbano sin planificar.

En este sentido, la localidad de González Catán, que en antaño era parte del área rural del partido, hoy se configura como una yuxtaposición de diferentes espacialidades. La ciudad se expande de manera desordenada y difusa con nuevos barrios llamados populares (Merklen, 1997), o asentamientos precarios (Cravino, 2006). Precisamente, esta localidad tiene particularidades propias de sectores postergados u opacos dentro de la conurbación convirtiéndose en periferias pobres, en contraposición a aquellos espacios luminosos que se ponen en valor producto de la globalización actual (Santos, 1996). Así, “la presencia de la CEAMSE le da visibilidad regional a González Catán, pero por crear una referencia marginal y al servicio de la región como centro de disposición de residuos” (Suárez, 2016:192).

Es dable destacar que el destino de esta localidad quedó signado a partir de la última dictadura militar (1976-1983) que expulsó los costos ambientales hacia la periferia, en el marco de políticas urbanas que incluyeron: la erradicación de villas y la creación de los rellenos sanitarios en las periferias como propuestas para sanear la ciudad central. En el caso de las villas fueron consideradas por el intendente Cacciatore como un “cáncer urbano” y, en consecuencia, había que sacarlas de la por entonces denominada Capital Federal. Respecto de los residuos, siempre estuvo la lógica de alejarlos de las áreas centrales: ubicándolos en sus espacios intersticiales primero, después en el borde sur de la ciudad, luego el proceso de incineración y, finalmente, el relleno sanitario (Suárez, 2016).

De esta forma, a finales de la década de 1970 se instaló la empresa CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), surgida como parte de las políticas urbanas de saneamiento e intento de gestión integral de residuos[5] de aquel gobierno de facto. Esta empresa pertenece en partes iguales a los gobiernos de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Fernández Wagner, 2008; Oszlak, 2017). En este sentido, “la ciudad es resultado y protagonista de un proceso histórico con sus especificidades, heredera de tensiones culturales y políticas que definen su cons­titución e influyen en su devenir” (Matossian, 2015:164). Devenir que tiene como centro de escena las políticas heredadas de la última dictadura militar; procesos que digitaron para este sector de la conurbación el relleno sanitario lindante.

Los bordes al interior del tercer cordón matancero

Tal como destaca Bozzano (2000), los bordes urbanos pueden presentar límites duros, por ejemplo, grandes equipamientos, redes de comunicación vial o ferroviaria o sectores inundables. También pueden tener límites blandos que son permeables a nuevos fraccionamientos urbanos o al asentamiento informal de la población. En el área de estudio se conjugan las dos situaciones, puesto que hay barreras más o menos porosas. Al mismo tiempo, estas no impidieron que en las últimas décadas la población entre en contacto con esos tipos de límites rígidos que caracterizan a esos bordes.

Riesgo, vulnerabilidad y degradación ambiental son procesos que suelen coincidir con los denominados territorios de borde. En las zonas periféricas del partido de La Matanza, estos bordes se conforman por loteos baldíos, con un fuerte deterioro ambiental producto de la presencia de canteras o por ser destino final de residuos sólidos urbanos. Estos elementos cambian aquel carácter blando o dinámico para devenir en un borde anclado a una condición más fija, permanente y desfavorable: se constituiría en límites duros (Bozzano, 2000).

Quizás, de todos los territorios de borde, el más complejo del partido es el que define nuestra área de estudio, ícono de la degradación ambiental. Así, de este a oeste desde la ruta Nacional 3, el eje de avenida Scarlatti (que hasta 2015 no estaba asfaltada) se transformó primero en el desfiladero de camiones de distintos municipios para tirar la basura al CEAMSE; luego, fue testigo de los cortejos fúnebres, pues habían desembarcado los cementerios privados; y, finalmente, se sumó su uso como corredor de cárceles. Para terminar de consumar la condensación de usos marginales, se agregó un depósito de vehículos chocados, robados o en proceso judicial de la Policía Bonaerense. Por otro lado, completan el panorama las tosqueras a cielo abierto. Esta parte del territorio de borde podría ser ejemplo de límite devenido en duro, en el cual se verifican ciertos niveles de degradación del medio. En torno a estos usos se erigen dos barrios: San Enrique, en González Catán, lindante de este a oeste con todos aquellos usos nombrados y el barrio Nicol, en Virrey del Pino, (denominación que significa “ni colectivo, ni colegio”) que, como cuña hacia el sur, se erige dentro de ese hábitat.

Se trata de un área que no es apta para el habitar de la población, primero por sus características físico-naturales. Emplazada en una parte de la llanura de inundación del arroyo Morales, y más al oeste una zona de confluencia entre el Morales y el arroyo Las Víboras, el área se ha convertido en un sector susceptible de padecer frecuentes inundaciones. Si se observa el recorte de la carta topográfica de Aeropuerto Ezeiza (Figura 3), cuyo levantamiento fue efectuado en los años 1906 a 1911 y 1913 y fue parcialmente actualizada en 1957, se podrá ver el desnivel y la llanura de inundación como hendidura en forma de “Y”. Por otra parte, pueden identificarse el curso del arroyo Las Víboras y Morales. También, el ejido urbano de la localidad y las curvas de nivel no superan los 10 metros sobre el nivel del mar. El área que hoy ocupa este sector analizado era parte de las estancias El Refugio y San Andrés, separadas por las vías del ferrocarril General Belgrano Sur que se dirige hacia Marcos Paz. Completan aquel paisaje diferentes quintas que en antaño proveían a la ciudad de hortalizas. Con el correr de los años, las condiciones de habitabilidad empeoraron por la conjugación de factores físico ambientales degradados por la acción antrópica. Como ya fue mencionado, primero por la llegada del CEAMSE, luego por los cementerios privados y los demás objetos degradantes del medio.

Figura 3. Detalle de la carta topográfica Aeropuerto Ezeiza

Fuente: Instituto Geográfico Nacional (1957).

De esta forma, lo que se produjo en ese sector del partido es la degradación de los servicios ambientales que

[…] son prestaciones que brindan los componentes o los procesos de los ecosistemas a la sociedad en tanto esta los valora. Por ejemplo, las cuencas hidrográficas generan servicios ambientales como la reducción y el almacenamiento del carbono […] la conservación de la biodiversidad […] o la mitigación de impactos de inundaciones. (Bachmann, 2011:77)

En este sentido, la alteración de la dinámica natural no solo generó inundaciones recurrentes, sino también el emplazamiento del relleno sanitario de la empresa CEAMSE que, en conjunto con cementerios y cavas, alteró el suelo en su estructura y contaminación. Estos usos del suelo implicaron también cambios en el drenaje superficial por contaminación de los cursos de agua y de las napas freáticas, alteración en la calidad del aire por descomposición de los residuos y daños sobre la salud producto de la proliferación de plagas y vectores de enfermedades (González Videla et al., 2018).

Acción colectiva en los bordes: vecinos autoconvocados contra la CEAMSE

Producto de la situación analizada en el apartado anterior, desde comienzos del nuevo milenio se multiplicaron las manifestaciones por conflictos ambientales que han tomado la calle y ven al espacio público como un lugar para visibilizar sus reclamos, además de abrir el debate en torno a los supuestos beneficios del desarrollo en términos de impacto ambiental. En nuestro país, lo ambiental ha ganado centralidad pública, aun cuando ciertos actores busquen invisibilizar la problemática (Merlinsky, 2013).

Este marco de acción colectiva se inscribe en la categoría de vecinos autoconvocados, a través de una forma de organización que enfatiza la autonomía política del movimiento y una fuerte representatividad en los escenarios locales. Las asambleas sostienen un modelo deliberativo para tomar decisiones y de horizontalidad en los criterios organizacionales. También motoriza demandas como vía de reclamo institucional, movilizaciones y cortes de ruta. Así, los grupos autoconvocados y asambleas ciudadanas ambientales son los repertorios de formas organizativas. Se trata de un formato de acción colectiva que se instaló durante la crisis de 2001 y que tiene vigencia como forma de articulación, como nuevas formas de reclamo sobre estas problemáticas (Merlinsky, 2013).

En el caso de González Catán, los cambios y conflictos ya referidos accionaron a un grupo de habitantes del área que gestaron la agrupación Vecinos Autoconvocados Contra la CEAMSE (VACC), y visibilizaron así su disputa por lograr tanto un habitar saludable como el cierre del relleno sanitario y la remediación ambiental. En este sentido, concebimos el espacio urbano como producto “tanto de acciones que se realizan en el presente como también de aquellas que se realizaron en el pasado y que dejaron sus marcas impresas en las formas espaciales del presente” (Lobato Corrêa, 1989:8).

Como ya fue señalado, para fines de los años setenta cuando se instaló el CEAMSE, González Catán era una pequeña localidad del partido de La Matanza en el eje sudoeste de la región. Sin embargo, las áreas vacantes seleccionadas para rellenos y supuesto tratamiento de la basura generaron rápidamente un conflicto a partir del crecimiento de la población hacia estos bordes, que puso en contacto directo a los nuevos barrios más vulnerables con la contaminación. Con ello, la conflictividad se agudizó hacia finales de la década de 1990, cuando empeoraron las condiciones nocivas para la población, verificadas en distintos tipos de enfermedades: cutáneas, respiratorias y hasta cáncer. Al respecto, en una entrevista, una habitante del lugar decía:

Tocamos el tema en casa relacionándolo con mi enfermedad (a pesar de mis antecedentes genéticos). Es un tema que hablamos mucho con mi hija, ella hace hincapié en el CEAMSE y mi enfermedad, yo lo relaciono con los antecedentes familiares, pero bueno, puede ser, yo viví mucho tiempo a unas 15 cuadras del CEAMSE. (Entrevista realizada a una vecina, 07/10/2017)

Los vecinos, en respuesta al sufrimiento ambiental[6], en 2003 lograron organizarse en principio a partir de asambleas para decidir qué hacer. Así, se pensó primero en generar conciencia a través de la circulación de información en folletos distribuidos por la localidad, y luego comenzaron con las marchas. De esta forma, el espacio público se transformó en un lugar de visibilización y disputa, una forma de mostrar a los demás habitantes lo que estaba ocurriendo en torno al relleno sanitario. Así muchos se fueron sumando:

La primera vez que escuché hablar del CEAMSE, fue a un compañero que trabajaba en una escuela del fondo, creo que la Técnica 13 y nombró las sierras de catán y a renglón seguido: hasta nos están cambiando la geografía estos tipos, o algo así, lo cual me intrigó. No pregunté, pero luego me informé acerca de a qué se refería. No recuerdo en qué año fue eso. Después, probablemente otra compañera en SUTEBA, docente de la primaria 129 de Catán, me avisó de una marcha que hacían los vecinos y fui a varias, incluso al bloqueo donde hubo varios detenidos. (Entrevista realizada a una vecina, 29/08/2017)

Para los VACC, la conflictividad se tracciona con una serie de esfuerzos organizados en torno a una agenda, programa o conjunto de intereses compartidos. Así, para lograr visibilidad llevan a cabo una serie de acciones o estrategias que son realizadas de diferente manera, según el encuadre ideológico o los marcos interpretativos que los posiciona como grupo en defensa del ambiente, por ejemplo, marchas, charlas en escuelas, grafitis en el espacio público (ver Figura 4), páginas en Facebook. Actualmente, realizan talleres de huerta orgánica, de títeres y seminarios de Historia Argentina en el galpón 3 del Ferrocarril Belgrano Sur.

Figura 4. Grafitis y arte callejero en el centro de González Catán

Figura 4_Escobar_Matossian

Fuente: fotografía de los autores producto del trabajo de campo
(15/05/2015).

Así, desde su emergencia como grupo contestatario, fueron construyendo no solo visibilización, sino también legitimidad. En este sentido, entre las diferentes actividades llevadas a cabo en el territorio durante 2014 y 2015, los VACC realizaron un relevamiento socio-ambiental en los barrios Nicol y San Enrique, que publicaron en un folleto (ver Cuadro 2).

Cuadro 2. Relevamiento de enfermedades registradas por Vecinos Autoconvocados Contra la CEAMSE
Enfermedades Barrio Nicol
(cantidad de casos)
Barrio San Enrique
(cantidad de casos)
Manchas en la piel 42 49
Disminución visual 22 56
Alergias 71 45
Trastornos respiratorios 55 30
Hepatitis 2 7
Trastornos gastrointestinales 28 22
Trastornos renales 15 3
Trastornos cardiacos 8 4
Hipertensión 17 16
Forúnculos 26 35
Cáncer 3 3

Fuente: elaboración propia en base al folleto de VACC y trabajo de campo.

Cabe aclarar que en el barrio Nicol de la localidad de Virrey del Pino se relevaron 82 familias y 357 vecinos y se observaron 291 patologías en total. En tanto, en el barrio San Enrique, la muestra fue de 107 familias y 458 vecinos y se observaron 275 patologías en total. Los dos barrios son lindantes con el relleno y los cementerios. Esta alta proporción de habitantes afectados por enfermedades da cuenta de que la proximidad entre estos usos del suelo es nociva para la vida de los habitantes.

Este territorio puede ser también concebido como un lugar de identidad solidaria de los vecinos frente al CEAMSE, en la medida que este grupo –a través de sus acciones– gesta cierta territorialidad. Así, la configuración de este lugar se da como resultado de la existencia e interacción de la sociedad y ese medio en su carácter histórico, y responde a procesos de cambios asociados a su devenir (Chiozza y Carballo, 2006). Cabe aclarar que se producen tensiones asociadas no solo al ambiente nocivo, sino también a la fractura socioterritorial que existe en las áreas adyacentes a los cementerios privados, que muestran un fuerte contraste con su área circundante: asentamientos precarios y calles sin pavimentar propia de ambos usos del suelo.

De esta forma, aquellas “serranías” cambiaron para siempre el horizonte llano de González Catán. Los vecinos tomaron dimensión no solo de la altura de aquellas elevaciones, sino también de la necesidad de autoconvocarse y organizarse para buscar posibles soluciones. Bajo el lema “Catán despierta”, se hicieron visibles a partir de diferentes estrategias como una forma de repudiar la presencia del relleno sanitario y las consecuencias que puede provocar en la salud de los habitantes (Escobar Basavilbaso, 2016).

El barrio San Enrique: sinónimo de luchas y padecimientos

El barrio San Enrique está emplazado a pocas cuadras de la estación de trenes de González Catán, al sur de la avenida Simón Pérez. De un lado, el límite es la vía del tren hacia la estación 20 de Junio. Del otro, la calle Torrent. El último límite es la avenida Scarlatti, que separa el barrio del CEAMSE. Detrás hay una serie de tosqueras inundadas, en la que perdieron la vida, ahogados, varios chicos que fueron a nadar para escaparle al calor. Sobre ese tramo, en uno de los extremos se encuentra el cementerio “Lar de paz” y en dirección a la ruta Nacional N° 3, “Campo Santo” y “Jardín del Oeste” (ver Figura 5).

Muy cerca del centro de González Catán, a primera vista, el paisaje no reviste elementos que llamen la atención. Sin embargo, en ningún otro punto conviven –en un mismo espacio– tantos elementos perjudiciales para la salud, reforzando otras carencias. En un área de aproximadamente 70 manzanas, sobreviven al pie de un basural, a la vera de un arroyo contaminado, rodeados por tres cementerios privados, una vía abandonada, tosqueras inundadas y una cárcel para 400 internos: postales de desidia y postergación. Esta realidad se suma a las propias de la marginalidad metropolitana, como calles sin asfaltar, desagües a cielo abierto, zonas inundables, carencias de servicios públicos, escuelas insuficientes, mínimos medios de transporte e inseguridad.

El barrio San Enrique es testigo de acciones colectivas y también de tensiones, por ejemplo, entre sus habitantes y especuladores inmobiliarios que en sus inmediaciones emergieron como actores de peso, como parte de nuevas lógicas urbanas expresadas en la instalación de cementerios privados. Cuando el medio construido[7] ya era nocivo para el habitar, la llegada de estos emprendimientos relacionados a un uso del suelo diferente y contrastante tornó la vida de los pobladores más vulnerable aún. Es dable destacar que los cementerios agravaron la contaminación del arroyo y que, finalmente, la instalación de la Unidad 43 del Servicio Penal Bonaerense inaugurada en 2007 reconfiguró las ya existentes tensiones respecto de los usos del suelo conflictivos.

Figura 5. Área de estudio: barrio San Enrique y su entorno

Fuente: elaboración propia.

Tal como puede apreciarse en la fotografía izquierda de la Figura 6, en la entrada al relleno, un camión del municipio dejó los residuos en aquella montaña de basura (en la fotografía derecha) que no cesa de crecer y contaminar el ambiente. Cabe destacar que, al momento de la instalación del CEAMSE, este sector estaba poco articulado con el centro de la localidad. No se tuvo en cuenta la proyección de crecimiento de la misma y que en algún momento los bordes quedarían en contacto con ese uso del suelo insalubre. De esta forma, con un incipiente casco urbano, la expansión muchas veces se hizo en forma de tomas de tierras, la localidad comenzó a crecer en barrios que se gestaron como consecuencia de modelos de desarrollo excluyentes, tal como fue el caso del barrio San Enrique.

Figura 6. CEAMSE González Catán y sus “sierras” de basura

Figura 6_Escobar_Matossian

Fuente: fotografía de los autores producto del trabajo de campo (29/09/2016).

Por avenida Scarlatti desfilan los camiones que ingresan al relleno sanitario a verter su carga y, según indican los vecinos, la actividad aumenta de noche.
El arroyo Las Víboras, afluente del arroyo Morales (parte de la cuenca Matanza-Riachuelo), atraviesa el barrio y lo divide en dos partes. En todo su recorrido muestra un alto grado de contaminación, basura en sus márgenes e incluso restos de automóviles en su cauce. Los vecinos y vecinas sortean sus aguas por medio de precarios puentes y, cada vez que llueve, las aguas desbordan y avanzan sobre las calles. El barrio es uno de los más antiguos de González Catán y, en este contexto, las casas perdieron hasta la mitad de su valor, pues en un entorno insalubre e inseguro el valor del suelo no resulta rentable para los operadores inmobiliarios.

Es muy común que los vecinos del barrio presenten manchas en la piel, afecciones respiratorias y que todos tengan un familiar enfermo –o ellos mismos sean los afectados– con patologías severas. Casos de leucemia, cáncer, lupus o púrpura son comunes en el barrio. Todos apuntan a un único culpable: el CEAMSE.

El barrio es, por un lado, ejemplo de una de las tantas

[…] franjas periféricas del territorio metropolitano que padecieron dinámicas de acceso desigual al mercado de trabajo y a los servicios urbanos quedando frecuentemente a la espera del progreso […], conforme fue pasando el tiempo, ese desbordamiento tendió a consolidar piezas de ciudad […], de calidades diversas, esto es, con condiciones de vida fuertemente desiguales y contrastantes. (Soldano, 2014:14)

Por otro lado, es también muestra de cómo los lugares están atravesados por patrones de organización transnacionales que promovieron la modificación de las lógicas de intervención estatal, pasando de un modelo universalista basado en el derecho ciudadano, hacia otro más asistencialista que focaliza en el criterio de pobreza. De esta manera, aquellas políticas desestatizaron el bienestar, ya que privatizaron y desregularon el acceso a bienes y servicios públicos. Y también como parte de los imperativos de la competencia internacional por la inversión extranjera, llevaron a reducir los estándares de protección social (D’Amico, 2015).

Reflexiones finales

Se concluye que, si bien los territorios de bordes son espacios de alto dinamismo y especulación inmobiliaria, se expresan de distintos modos de acuerdo a las desigualdades socioterritoriales de los ejes de expansión de la RMBA. Esto implica la importancia y la necesidad de dedicar esfuerzos analíticos al estudio de aspectos particulares de estas áreas de expansión en la que se asientan amplios sectores de la población metropolitana. Los territorios de borde, alejados de las centralidades y de las grandes inversiones, son resultado de largos procesos vinculados a los usos marginales del suelo urbano en diferentes sectores de la RMBA. También, son consecuencia de la desatención estatal a distintas escalas. Aun así, al hacer foco en la especificidad del área de estudio de este trabajo, puede entenderse también como espacio y espacialidad de oportunidad para que emerjan estrategias de resistencia a las lógicas del mercado y a la desinversión del Estado que no considera a esos lugares entre sus prioridades.

Muchos territorios de la RMBA son producto de un sistema que pone en valor ciertas áreas en desmedro de otras. Seguramente existirán –a lo largo de toda la extensión de la metrópolis– situaciones similares, pues los espacios son receptores de eventos que resultan de impactos temporales diferentes, pero impactos que representan siempre su tiempo (Trinca Fighera, 2001).

Finalmente, hemos visto como el crecimiento de la metrópolis y sus nuevas problemáticas, asociadas a diferentes usos del suelo, nos interpela para pensar no solo en nuevas definiciones, sino en la búsqueda de soluciones sobre todo en áreas que durante décadas han sido postergadas. En consecuencia, frente al vacío de respuestas y políticas públicas surgen movimientos de vecinos autoconvocados para visibilizar problemáticas recurrentes en muchos territorios de borde que padecen los efectos de la degradación del ambiente, y que muchas veces se verifican en diferentes tipos de enfermedades.

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  1. Este trabajo se enmarca en el PICT 3166/2015 (2017-2020) Migraciones, interculturalidad y territorio. Cartografías multiescalares de la inclusión social. Ministerio de Innovación, Ciencia y Tecnología. Agencia de promoción Científica y Tecnológica.
  2. Centro de Información e Investigación Educativa (CIIE) N° 201, La Matanza (Provincia de Buenos Aires, Argentina).
  3. IMHICIHU-CONICET (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina).
  4. Este trabajo fue originalmente publicado en La Nación el 17 de mayo de 1939. La obra citada corresponde a una selección de estudios originales del autor prologado por Randle.
  5. Es dable señalar que, en un principio, cuando se creó la empresa en 1977 la sigla de la misma significaba Cinturón Ecológico Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE).
  6. “una forma particular de sufrimiento social causado por las acciones contaminantes concretas de actores específicos” (Auyero y Swistun, 2008:38).
  7. Harvey (1990:237-238) explica que el medio construido “funciona como un vasto sistema de recursos creado por los seres humanos, que comprende valores de uso cristalizados en el paisaje físico. Comprende multitud de elementos diversos: fábricas, presas, oficinas, tiendas, bodegas, carreteras, ferrocarriles, muelles, centrales de fuerza motriz, sistemas para el abastecimiento de agua y para su eliminación mediante el drenaje, escuelas, hospitales, parques, cines, restaurantes, etc.; la lista es interminable. Muchos elementos, como los templos, las casas, los sistemas de drenaje, etc. son legados de actividades realizadas bajo relaciones de producción no capitalistas […]. Sin embargo, bajo las relaciones sociales del capitalismo, todos los elementos asumen la forma de mercancías”.


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