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Impacto de la instalación de la Central Hidroeléctrica Ralco en la identidad y memoria colectiva del pueblo pehuenche

Jaqueline Espinoza, Ricardo Espinoza, Javiera Giacaman, María Ignacia Lagunas, Camilo Rifo y María Andrea Sandoval

Resumen

Los pehuenches son un pueblo originario de Chile, ubicado en las zonas cordilleranas del país. A lo largo de la historia, esta etnia se ha visto perjudicada por numerosas acciones estatales que responden a intereses de grupos económicos y no al bienestar de sus habitantes.

Una de estas acciones es la imposición de un proyecto energético que considera la instalación de cuatro centrales hidroeléctricas en el sector Alto Biobío de la VIII región donde habitan varias comunidades pehuenches que se vieron afectadas por la instalación de las centrales, particularmente por la central Ralco, debido a la magnitud del proyecto.

Decidimos, por tanto, investigar el impacto de estos hechos en la identidad y memoria colectiva del pueblo pehuenche. Para llevarlo a cabo, realizamos un estudio de tipo cualitativo que permitió la construcción del conocimiento a partir de la información recogida en el campo. El proceso de investigación se desarrolló de acuerdo al enfoque fenomenológico, pues nuestra intención fue cuestionar y conocer los fenómenos que han experimentado las personas según los significados y subjetividades otorgados a dichos sucesos. Debido a nuestro interés por aproximarnos a este fenómeno desde la experiencia vivida por sus afectados, trabajamos con la técnica “relato de vida”, lo que nos permitió obtener una comprensión del sentido que las mismas personas asignan a sus actos, como también de la organización de su vida diaria, su articulación con otros y con instituciones, su forma de ver la vida y las creencias que tienen del mundo, además de la búsqueda de identidad social que existe dentro del contexto en que viven.

Recogimos nueve relatos de dos grupos seleccionados a partir de dos rangos de edades que darían cuenta de la identidad y memoria colectiva. Para analizar la problemática, nos situamos desde dos perspectivas teóricas. Por un lado, la psicología política se encarga de analizar conjuntamente fenómenos psicológicos con hechos políticos, mantiene los lazos entre lo emocional y lo racional y se preocupa del carácter histórico y cultural de los hechos, buscando la ruptura social y la construcción de identidad social; y la psicología de la liberación se preocupa por los temas sangrantes de Latinoamérica, tales como la occidentalización de los pueblos originarios.

Palabras clave

Pehuenche; memoria; identidad.

I. Introducción

La presente investigación contó de dos aproximaciones al campo, en 2014 y 2017, y actualmente ya está concluida.

Desde la constitución de Chile como república, la relación con los pueblos originarios ha estado marcada por la fricción y la tensión constante (Alwyn et al., 2008). Esto se debe a que la relación por parte del Estado chileno hacia los pueblos originarios se ha basado en la deslegitimación y la desvalorización de su cosmovisión, cultura e identidad, apuntando hacia la homogeneización, donde se reconoce la existencia de otros y otras, pero bajo el discurso de que en Chile todos y todas somos chilenos y chilenas, sin diferenciación cultural (González-Parra y Viveros, 2012).

Uno de los pueblos que ha sufrido los efectos de esta política de Estado ha sido el pehuenche, que sufrió la invasión y enajenación de sus tierras con métodos fraudulentos y maliciosos (“Chile: Ralco le cambió la vida a los Pehuenches”, s. f.) y cuyas demandas e intentos de diálogo y reivindicación fueron ignorados, luego de lo cual, finalmente, sufrieron la imposición de la instalación de la represa Ralco y sus consecuencias (Solar, 1999).

Los objetivos que guiaron la presente investigación fueron:

Objetivos generales

  1. Visibilizar el impacto de la construcción de la central hidroeléctrica Ralco en la identidad y memoria colectiva de un grupo de adultos y adolescentes pehuenches que viven en comunidades del sector Alto Biobío.
  2. Interpretar el rol de la violencia política presente en el proceso de instalación de la central hidroeléctrica Ralco.

Objetivos específicos

  1. Distinguir aspectos de la identidad y memoria colectiva de adultos pehuenches nacidos antes de la construcción de la central hidroeléctrica Ralco.
  2. Distinguir aspectos de la identidad y memoria colectiva de adolescentes pehuenches nacidos después de la construcción de la central hidroeléctrica Ralco.
  3. Contrastar el impacto de la central hidroeléctrica Ralco en la identidad y memoria colectiva de adultos y adolescentes pehuenches.
  4. Comprobar la presencia de violencia política en el relato de adultos y adolescentes pehuenche del sector Alto Biobío en relación con la instalación de la represa Ralco.

II. Marco teórico

Los pehuenches son una etnia del sector de Alto Biobío de la octava región de Chile que forma parte de la cultura mapuche y que, si bien tiene un pasado montañés, hoy se encuentra disperso por los reasentamientos que generó la construcción de la represa hidroeléctrica Ralco (Diagnóstico participativo Alto Biobío, 2004).

Este pueblo se ha visto envuelto históricamente en diferentes conflictos territoriales, como los enfrentamientos con españoles, la resistencia a la mal llamada “pacificación de la Araucanía” y la imposición del ejército chileno durante la dictadura militar en Chile, en la que se buscaba continuar la ocupación de la Araucanía y la disposición favorable del Estado hacia el uso de contratos de compraventa fraudulentos y la expropiación de sus tierras (Riquelme, 2009).

Los pehuenches son un pueblo que organiza su estructura social a través de la familia (nuclear extensa) (Viveros, 2001) y que posee una rica cosmovisión, fuertemente animista, en la que el cuerpo es considerado el contenedor del espíritu y el protector frente al entorno. Para ellos, los objetos de la naturaleza poseen sus propios dueños espirituales, llamados “gen”, los cuales deben ser consultados antes de ser utilizados (Alonqueo y Benigar, 2001, citado en Jara, 2010).

Su divinidad es Chaw Nguenechén, quien maneja el Puelmapu (Jara, 2010) y con quien mantiene contacto la machi, poseedora de la autoridad ancestral que intercede entre el bien y el mal, sana enfermedades por medio de hierbas medicinales, reordena el desequilibrio de las energías y tiene la capacidad de comunicarse con ancestros y conectarse con los espíritus mediante sueños (González, 2003, citado en Jara, 2010). Dicha conexión se generaría a través de diferentes rituales, como lo es el Nguillatún (Moraga, 2001).

Es importante señalar que la medicina pehuenche está fuertemente asociada a la presencia de las machis y al contacto y coordinación de la comunidad, necesarios para contar con la presencia de su divinidad. Al respecto, las familias pehuenches se encuentran distanciadas en la actualidad, y ha disminuido la presencia de machis entre las comunidades, lo que disminuye la credibilidad respecto de la eficacia de los métodos ancestrales asociados a ellas (Mora, 2002, citado en Jara, 2010).

Finalmente, destaca que la tradición pehuenche asocia las aguas estancadas con lo maligno, sosteniendo que el agua, para que sea buena, debe circular, por lo que las lagunas artificiales de la represa en el Alto Biobío serían lugares malditos (Moraga, 2001).

Instalación de la central hidroeléctrica Ralco

La construcción de la central hidroeléctrica Ralco se llevó a cabo a pesar de ser uno de los eventos más controversiales en los últimos años. Se opusieron a ella organizaciones ambientales, sectores de la concertación y comunidades indígenas, y fue objeto de varias denuncias en los tribunales internacionales y cuestionamientos por especialistas en energía (Moraga, 2001).

En 1996 se entregó un informe de impacto ambiental a Conama, que revelaba alteraciones en los resultados y donde se hablaba de quince consecuencias que conllevaba la instalación de la represa, 13 de ellas de carácter negativo (Moraga, 2001). Sin embargo, estos antecedentes no lograron impedir que el proyecto se llevara a cabo.

Posteriormente, en las negociaciones, Endesa habría abusado del analfabetismo del pueblo pehuenche, ya que no incorporó toda la información en los contratos con las comunidades (Latta, 2005).

Así, en 1997 se aprobó la construcción de la represa Ralco, y ya en 2004 el río Biobío fue encausado (Endesa Chile, 2011), lo que generó pérdidas irreparables por la inundación de más de 22.000 hectáreas de territorio ancestral pehuenche: el cementerio de Quepuca-Ralco, El Invernizo, La Bandera, Río Pinca y Estero Lepoy (Román, 2012; Namuncura, 1991).

Finalmente, la relocalización de las familias afectadas los ubicó en predios separados por más de 15 km entre sí y en tierras de baja calidad productiva (Moraga, 2001). El nuevo estilo de vida al que se vieron forzados los obligó a abandonar tradiciones como las veranadas en invernadas, con las que rotaban el uso de la tierra acorde con los cambios climáticos, lo cual perjudicó así sus actividades agrícolas y ganaderas (Diagnóstico participativo Alto Biobío, 2004).

Conceptos de identidad y memoria

La identidad es una construcción imaginaria que marca los límites de una persona o cultura y que apela al sentido de pertenencia a una colectividad o a un grupo específico (García, s.f., citado en González, 1997), permitiendo diferenciar a un grupo de los demás a través de la lengua, objetos y costumbres en común. Poblete (2008) agrega que la identidad es un concepto relacional que supone la existencia de otro sujeto y que puede ser de carácter conflictivo: si no hay resistencia, hay asimilación o aquiescencia.

La identidad cultural se define a través de aspectos en los que se plasma la cultura (González, 2000, citado en Ranaboldo, 2006). Así, el territorio refleja la vida de la comunidad, su historia e identidad, y su preservación ayuda a restablecer la identidad de comunidades desmembradas, al crear un vínculo entre pasado, presente y futuro (UNESCO, 2005, citado en Ranaboldo, 2006).

En la mente individual, el recuerdo es la evocación y cristalización del relato de lo vivido. Esto constituye la narración que hace la conciencia sobre sí misma y su continuidad a lo largo del tiempo. Podría decirse entonces, que la identidad se yergue sobre la memoria hasta un extremo en que es imposible separarlas.

En la vivencia colectiva, la suma de los recuerdos y memorias de las personas que vivieron juntas una temporalidad conforman la memoria del colectivo o su memoria histórica, pues las sociedades también pueden recordar.

Para Halbwachs (1994), el término “memoria colectiva” se entendería como el conjunto de recuerdos y memorias que se atesora, se destaca, y que es compartido, transmitido y construido por los grupos sociales, por tanto es una memoria histórica del pasado-presente con proyección futura. Desde este punto de vista, la memoria colectiva sería subjetividad colectivizada, por lo cual tendría un potencial dinámico, articulador de transformaciones sociales que permitiría resignificar los hechos y nuestra visión de nosotros mismos (Piper, 2004, citado en Díaz, 2006).

El pueblo pehuenche mantiene su relato histórico e identitario por medio de la tradición oral, de forma que, con las tradiciones locales y el proceso de socialización, los sujetos se vuelven depositarios de la memoria oral de sus predecesores (Gili, 2010). Cuando la memoria de una serie de hechos ya no tiene como soporte un grupo, el único medio para salvar estos recuerdos es fijarlos por escrito. Por esto, la fragmentación del relato oral, como propone Halbwachs (1994), sería un fenómeno natural ante la separación del grupo que la mantenía.

Conceptos de occidentalización y sincretismo

Hollweg (2006) plantea que el occidentalismo es la influencia de la tecnología, como también de la cultura europea y norteamericana, sobre culturas no occidentales. En este fenómeno, la globalización dirige el proceso de desaparición de las diferencias entre las culturas, imponiendo las políticas de la hegemonía.

La actitud inconsciente de un pueblo o comunidad para preservar su identidad cultural correspondería al fenómeno del sincretismo. Así, un pueblo acepta las normas culturales de sus dominadores, se alía con estos y al mismo tiempo incorpora sus mitos.

III. Método

El método que se utilizó fue de tipo cualitativo, desarrollado de acuerdo al enfoque fenomenológico. La muestra se escogió de forma homogénea, con base en dos criterios de selección: el primer criterio era que debían ser parte de la etnia pehuenche, y el segundo, que debían ser nacidos y criados en una comunidad pehuenche del sector Alto Biobío. Se separó a los entrevistados en dos grupos, uno de adultos y otro de adolescentes.

La recogida de datos se realizó en dos oportunidades: la primera se realizó en el año 2015, en la que se entrevistó a nueve personas utilizando la técnica de relato de vida; y la segunda ronda se realizó el año 2017, en la que se entrevistó a un total de ocho participantes, mediante entrevista semiestructurada, la cual se realizó con base en los resultados obtenidos de los participantes en la primera recogida de datos.

En cuanto a la validez de nuestra investigación, esta se corrobora al obtener, en distintos relatos, elementos comunes que se repiten tanto en la primera ronda como en la segunda. La confiabilidad interna se da ya que se contó con el criterio de seis tesistas, en la primera parte de la investigación, y por tres miembros, en la segunda ronda.

IV. Análisis y discusión de datos

Respecto a la inundación de territorio pehuenche, se comprende una distinción entre afectados directos (quienes cedieron tierras que hoy se encuentran bajo el agua del embalse de la central) e indirectos (quienes sufren el daño colateral del fenómeno).

Ambos grupos reconocen la inundación como “pasar por encima de creencias” (adolescente 1), lo cual no surgió en la recogida de datos inicial. Sin embargo, no se visualiza conocimiento de cuáles son estas creencias. Esto se repite en el grupo de adultos, quienes, en una primera recogida de datos, no aludieron al impacto a la cosmovisión pehuenche, pero sí en esta devolución de resultados, en la que se refirieron a un quiebre en la conexión espiritual del pueblo con su deidad, valorando negativamente el fenómeno, que va más allá de pérdidas materiales. Esto refleja el vestigio cultural de la etnia, que vivencia su espiritualidad fuertemente asociada a la territorialidad. Si bien esto fue interpretado en los resultados iniciales a partir del análisis del contenido implícito de las primeras entrevistas, surgió de forma explícita en los relatos finales.

El segundo grupo adolescente reconoce la separación de comunidades y también de familias, debido a la relocalización, percibiéndolo negativamente, lo cual también es observable en relatos de adultos, quienes contrastan su vida anterior y posterior a la represa. Sin embargo, los adolescentes no mencionan las implicancias de esta separación para la etnia, a diferencia de los adultos, que explicitan la pérdida de libertad (entendiendo a la libertad como conexión con la naturaleza), la pérdida de sabiduría ancestral y la disminución del uso de la lengua pehuenche.

Se comparte transversalmente el anhelo por acercarse al estilo de vida que se desarrollaba previo a la instalación de la represa, y se observa una valoración positiva del bienestar que proporciona la modernidad. Destacan beneficios que facilitan la vida y permiten sortear las dificultades climáticas. Se complementa a nuestra perspectiva inicial el valor del uso de tecnología, servicios y redes sociales que permiten un nuevo tipo de interacción social, aunque a la vez se convierten en factores de quiebre para el estilo de comunicación propio pehuenche.

Los adultos reflejan una visión de la vida anterior a la represa como “más en comunidad” (adulta 2), con actividades grupales como el Nguillatún, y espacios familiares en que se generaba diálogo e intercambio de experiencias, que hoy son reemplazados por el uso de celulares y TV. Este fenómeno se interpreta a la luz de la entrada de la modernidad, que a escala global ha significado cambios profundos en la interacción humana.

Si bien en estos nuevos relatos también aparece la resignificación del antiguo estilo de vida austero como pobreza, se distingue una transformación de la identidad y cosmovisión pehuenche que cambia el autosustento y relación de mutuo cuidado con la Ñuke Mapu (naturaleza), por la compra de recursos. Este proceso de cambio se relacionaría con la reubicación de algunas familias que recibieron tierras poco fértiles para el autosustento.

El idioma chedungún, el Nguillatún y el fogón fueron los tres elementos icónicos de la cultura pehuenche que se mencionaron inicialmente, aludiendo a que el pueblo sostiene hasta hoy estos aspectos característicos de su etnia. Esto es corroborado tras el segundo acercamiento, pues ambos grupos reflejaron apego por estas tradiciones.

Un aspecto de la cultura manifiesto solo en las segundas entrevistas corresponde a la deidad del pueblo, Chaw Ngenechén. Esto evidencia la conservación a nivel discursivo e identitario de un aspecto espiritual central de la cosmovisión de la etnia, traspasado generacionalmente.

Otra de las tradiciones ancestrales de la etnia corresponde a la figura de la machi, alrededor de la cual existe –por parte de los participantes– poca claridad respecto de su supervivencia, aunque se conserva el saber cultural respecto de la conexión entre la machi, la naturaleza y Chaw Ngenechén.

No obstante lo anterior, la supervivencia cultural es relativa a la comunidad que la mantiene. La inundación y relocalización ocasionadas por el proyecto hidroeléctrico influye directamente en la independencia con la que hoy en día las comunidades y las personas viven la cultura, diversificando la forma de “ser” pehuenche.

Los participantes también atribuyen transformaciones de la cultura al proceso de occidentalización de larga data que “negocia” con culturas originarias de Chile. Reconocen los cambios que ha experimentado la cultura pehuenche, que no se interpretan como pérdida cultural, sino como transformación natural de una etnia que ha vivenciado la irrupción de un Estado ajeno en su territorio y el avance hacia la modernidad.

A pesar de lo anterior, se observó entre los participantes anhelo por mantener su cultura, pese a las transformaciones que ha sufrido, conservando la identificación con la etnia y el sentido de pertenencia al pueblo. Este anhelo se vuelve visible a través del traspaso oral entre familias y comunidades pehuenches, quienes identifican el idioma como la principal vía para mantener su cultura. Al preservar su lengua como un aspecto propio, personal como colectivo, la identidad étnica sobrevive a través del lenguaje.

Entendemos que la identidad pehuenche no está debilitada, como planteamos inicialmente, sino que se han fusionado las identidades mapuche, pehuenche y chilena, lo que generó un concepto sincretizado que se constituye por el uso del idioma, el conocimiento de la historia del pueblo, la realización de rituales y la conexión con sus tierras. Esta última posibilita la identificación con la nacionalidad chilena, planteando que incluso serían “más chilenos que los colonos”, debido a que habrían poblado desde antes el territorio del Alto Biobío. Los entrevistados coinciden en el sentimiento de felicidad y orgullo por pertenecer a su etnia.

Inicialmente se interpretó aculturación en los relatos, pues se aludió a limitados aspectos culturales de la etnia; sin embargo, tras la retroalimentación de resultados, corregimos tal interpretación, a la luz del sincretismo cultural del que dieron testimonio los participantes, quienes manifestaron deseos de conservar su cultura y de mantener los beneficios del cambio, ampliando la conceptualización de lo que significa ser pehuenche. De este modo, podemos referirnos a ciertos aspectos de la cosmovisión pehuenche que, tras la irrupción del Estado en su territorio, se fusionaron a valores occidentales y las formas propias de la modernidad. Así logran sobrevivir hasta hoy algunas de sus tradiciones ancestrales.

El principal ejemplo de sincretismo es la machi, quien sobrevive a través del traspaso oral entre generaciones, arraigándose en la memoria del pueblo, mas no en la práctica tradicional, pues, de lo recabado en ambos acercamientos a la zona, los adolescentes abstraen una conceptualización fusionada de lo que es la machi, entendiéndola como médica y asociándola a la sanación del cuerpo a través de hierbas medicinales, tal como lo promueven centros de salud pública que, por ley chilena, incluyen trabajadores que en cierta medida representen la cultura originaria. Empero, no sobrevive en el relato ni en la experiencia de adolescentes participantes la relevancia social de la machi ni la conexión de esta con Chaw Ngenechén.

La zona del Alto Biobío se caracteriza por albergar distintas comunidades pehuenche que se distancian y diferencian entre sí, y es Ralco el lugar que constituye el centro municipal del sector, que ha atravesado importantes transformaciones a nivel urbanístico durante los últimos años, constituyéndose como un lugar turístico de la zona sur cordillerana de Chile.

Se mantiene la organización no unificada del pueblo. A pesar de los intentos de la municipalidad de Ralco por unificar la población, existen comunidades independientes con distintos posicionamientos políticos, que se preocupan –en mayor o menor medida– por la supervivencia cultural de su etnia.

Se confirman irregularidades en el proceso de negociación e instalación de la represa, surgiendo una nueva percepción de los hechos en que la culpa que antes se atribuían a sí mismos, hoy es redirigida a Endesa y al Estado, atribuyéndole a estos las consecuencias negativas que afectan a la comunidad e integrando una nueva percepción de abuso y aprovechamiento hacia su pueblo.

A diferencia de resultados iniciales, el grupo adolescente demuestra una noción de pérdida de tierras e incumplimiento de promesas y ofertas hechas por Endesa. Los adultos atribuyen mayor conocimiento de lo ocurrido a través de internet, explicitando deseos por que se divulgue lo ocurrido en la zona. Además, dan cuenta del incumplimiento de Endesa en cuanto a beneficios ofertados, ejemplificando la mala calidad del suelo de hectáreas recibidas, que no contarían con las cualidades mínimas para sostener las veranadas e invernadas, cambiando su estilo de ganadería y agricultura.

A ello se suma el descontento con Endesa por el trato eléctrico y el cobro excesivo en las cuentas de luz del sector. Además, se hace mención a los intereses económicos y políticos que actuaron y actúan en desmedro del bienestar del pueblo, señalando que han sido oprimidos, humillados y poco valorados por el Estado. También se puede captar la frustración frente a la explotación de tierras sagradas, cargadas de significación espiritual, para fines mercantilistas. Así mismo, el alcoholismo y la evangelización son vistos como estrategias del gobierno y/o de la empresa para establecer control e imponer poder sobre el pueblo. También visibilizamos violencia del Estado al imponer la identidad pehuenche al pueblo, lo que resta la capacidad de una etnia de nombrarse a sí misma.

Otros aspectos observados en los diferentes relatos son el rol de las iglesias evangélicas y católicas y su impacto en la cosmovisión pehuenche, así como el alcoholismo visto como una consecuencia negativa directa de la instalación de la represa. Estas temáticas no fueron incorporadas al estudio. Sin embargo, es posible apreciar profundas implicancias culturales que proponemos sean abordadas en estudios posteriores.

Así mismo, sugerimos, a futuras investigaciones, ampliar el conocimiento obtenido, trabajando con más comunidades afectadas. Incluso, podría realizarse un estudio comparativo del proceso entre una y otra comunidad. También sería provechoso un estudio longitudinal que abarque la historia reciente del pueblo pehuenche en relación con el proyecto hidroeléctrico completo del sector.

V. Conclusiones

La instalación de la represa Ralco se enmarcó en un proceso histórico más amplio, que es la occidentalización de las comunidades pehuenches del sector Alto Biobío. Este fenómeno se remonta a los primeros contactos de la etnia con los conquistadores españoles, y la instalación de la central funcionó como un catalizador de la occidentalización que se constituyó como un fenómeno histórico en sí mismo, al provocar cambios directos e indirectos que influenciaron la etnia pehuenche.

La relocalización e inundación de sus territorios ancestrales ha generado profundo impacto en la memoria e identidad del pueblo, acompañado del sincretismo cultural que fusiona elementos occidentales con valores étnicos pehuenches; al respecto cabe mencionar que existen diferencias significativas en los datos recabados entre el primer grupo (2014) y segundo grupo (2017), así como diferencias entre grupos etarios.

Respecto a la identidad, nuestros resultados finales coinciden con lo planteado por Halbwachs y la UNESCO: una vez separado el grupo que mantenía el relato, tras la pérdida del territorio propio de la comunidad y su vínculo con este, el relato se fragmentó, diversificando la identidad de la etnia. Pero no se evidenció aquiescencia de la identidad, como plantea Poblete, pues, en el segundo acercamiento, se explicitaron el deseo de mantener aspectos culturales característicos pehuenches y el descontento hacia Endesa.

En relación con la memoria, en ambos grupos se observó una fragmentación del relato en la cosmovisión, que responde a la pérdida de vinculación con el territorio.

En los resultados finales, surgió la percepción de la lengua como un medio para mantener su cultura, lo que se relaciona con la supervivencia de la memoria del pueblo a través del traspaso oral, que, si bien se ha permeado de valores ajenos, apareció en el discurso identitario de los participantes.

Con base en los planteamientos de Aróstegui (1994), inicialmente evidenciamos la ideologización que está a la base del occidentalismo, en el que la violencia se invisibiliza tras la consigna del progreso; no obstante, tres años después, se observó un aumento del resentimiento respecto a lo vivido, explicitando en el relato la lógica violenta del proceso de occidentalización.

La identidad de la etnia se ha transformado, producto del sincretismo cultural y de la diferenciación en la supervivencia entre diferentes comunidades, lo que se sustenta, según Piper y González, en el carácter dinámico y transformador de la identidad, que se ha reconstruido incorporando valores modernos chilenos.

En resultados iniciales se observó la invisibilización de intencionalidad violenta en la instalación de la represa Ralco, y, si bien los resultados finales complementan la interpretación, al volver a observar naturalización de la dominación, los participantes mostraron a nivel discursivo conocimiento de los perjuicios que hasta hoy viven a causa de la irrupción territorial del megaproyecto hidroeléctrico.

A modo de interpretación, se considera este fenómeno como parte de un proceso global de homogeneización que facilita la fusión de valores posmodernos y culturas originarias, como la cosmovisión pehuenche con valores occidentales.

En contraste con nuestros objetivos iniciales, podemos afirmar que cumplimos con nuestro propósito de visibilizar la relación y naturaleza de este fenómeno en la medida de lo posible, entendiendo que no está todo dicho respecto a cómo la represa impactó la identidad y memoria pehuenche. Si bien se puede identificar y argumentar la presencia de violencia en la relación entre la central y las comunidades, esta es una violencia que no moviliza resistencia unida.

Bibliografía

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