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Iniciativas de memoria
y procesos de asociatividad

Las mujeres del municipio de Sonsón, Antioquia, Colombia, y su incidencia en la reconstrucción de la memoria en el marco del conflicto armado colombiano durante el periodo 2002-2015

Ana María Sossa Londoño y Marcela María Vergara Arias

Resumen

Esta investigación pretende analizar la incidencia de las iniciativas de memoria y los procesos de asociatividad de las mujeres del municipio de Sonsón, Antioquia, en la reconstrucción de la memoria, en el marco del conflicto armado colombiano, durante el periodo 2002 a 2015. Dicha reconstrucción de memoria es parte clave de los procesos de reparación de víctimas (Centro Internacional para la Justicia Transicional [ICTJ], 2008) y en ella inciden las iniciativas de memoria, que en algunos casos son procesos efímeros o en permanente construcción (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación – Grupo de Memoria Histórica, 2009) realizados de manera individual o colectiva para comunicar a otros y darles sentido desde su experiencia a sus emociones frente a diversos eventos. De ese modo se vuelven herramientas para la transmisión de conocimiento, y el medio en el que las mujeres del municipio de Sonsón pertenecientes al Costurero Tejedoras por la memoria de Sonsón (quienes son la unidad de análisis de esta investigación), apuntan a la reflexión individual y colectiva, pasiva o activamente. “Este tipo de iniciativa tiene por objeto narrar o representar los traumas individuales y colectivos, colectivizar el dolor y denunciar los crímenes” (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación – Grupo de Memoria Histórica, 2009).

Las iniciativas de memoria, dentro del contexto de los procesos de asociatividad, pretenden interpretar episodios dolorosos ocurridos en el pasado con el fin de evitar su repetición; de tal forma que se preserve el pasado y se conmemore, como un llamamiento a la reparación simbólica y a la no repetición. La pregunta central es: ¿cómo las iniciativas de memoria y los procesos de asociatividad de las mujeres del municipio de Sonsón, Antioquia, inciden en la reconstrucción de la memoria, en el marco del conflicto armado colombiano durante el periodo 2002 a 2015? El interés de esta investigación se encuentra entonces en entender los procesos de asociatividad y las iniciativas de memoria abordados por mujeres, como un camino hacia la reconstrucción de memoria orientada a la reconciliación, la verdad, la justicia, la reparación simbólica y la no repetición. Es pertinente este estudio en el contexto en el que nos encontramos, dada la coyuntura del establecimiento y posterior firma del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de la paz estable y duradera; donde se hace necesario generar espacios para la reconstrucción de memoria que aseguren garantías de no repetición, sanación desde lo simbólico como parte del proceso de reparación a víctimas y espacios para el perdón. Los procesos de asociatividad mencionados permiten la construcción colectiva, y favorecen de esa forma los procesos de reconstrucción de memoria, en los que la contribución a la superación del desconocimiento de los hechos de violencia y dolor es esencial.

Palabras clave

Memoria; Iniciativas de Memoria; Procesos de asociatividad.

I. Introducción

Este artículo tiene su origen en la investigación: Relaciones entre la Memoria, el Tejido y la Sororidad, a partir del Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón, cuyo propósito principal era comprender las relaciones entre el tejido y la sororidad, y su aporte a la construcción de memoria, a partir del caso del Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón. Fue realizada como tesis de grado de la Maestría en Desarrollo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Antioquia, Colombia.

Estas inquietudes son particularmente relevantes ya que las iniciativas de memoria, como acciones, discursos y/o prácticas que aparecen como respuesta o resistencia al conflicto armado, y que nacen como una manera de expresar las memorias del conflicto en lenguajes diversos, “formas creativas, cotidianas, simples, de expresar esas memorias, de marcar los lugares donde se presenciaron las acciones violentas” (Arenas, 2012), tienen el potencial de ser creadas para dar a conocer relatos y experiencias invisibilizados por la violencia en el marco del conflicto armado, que Colombia ha vivido desde el año 1948 hasta la fecha, evidenciándose en una guerra interna en la que participan diferentes actores, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL), las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el Gobierno, entre otros (Revista Semana, 2009).

Esta investigación se sitúa en el oriente antioqueño, que es una de las nueve subregiones en las que está dividido el Departamento de Antioquia, Colombia. Más específicamente, en esta subregión se encuentra ubicado el municipio de Sonsón, donde se evidencian respuestas o resistencias al conflicto armado que tienen relación con la ubicación geográfica de esta subregión, los recursos hídricos con los que cuenta, las características físicas y socioeconómicas del territorio, la disposición de distintos climas y pisos térmicos, entre otras razones que han llevado a que este sea un territorio en disputa. Es indispensable resaltar que el oriente antioqueño,

[…] representa un papel determinante en el desarrollo departamental y nacional, lo que lo ha posicionado como una zona geoestratégica, nodo del sistema eléctrico y energético del sur-occidente colombiano […]. Igualmente es nodo del sistema vial del país, articulando la capital de la República con las costas Atlántica y Pacífica, el oriente y el occidente del país y también comunica dos de los más grandes centros urbanos: Bogotá y Medellín (Cámara de Comercio del Oriente Antioqueño – CCOA, s.f.).

La subregión del oriente antioqueño está compuesta por 23 municipios agrupados en cuatro zonas, según las características físicas del territorio: zona de los embalses,[1] por su cercanía a embalses y centrales hidroeléctricas; zona del altiplano,[2] por sus características físicas y cercanía a complejos industriales y al aeropuerto internacional José María Córdoba; zona de bosques,[3] que se encuentra influenciada por la autopista Medellín-Bogotá, y zona de páramo,[4] que comunica Antioquía con el Magdalena Medio y el Cauca, lo que la constituye como un corredor estratégico para el comercio, la ilegalidad y los grupos armados. En esta última zona se encuentra ubicado el municipio de Sonsón,[5] que es el lugar donde se sitúa la presente investigación, y que ha sufrido la violencia desde la década de los 90, cuando se vio afectado por la primera llegada de grupos paramilitares al territorio, quienes posteriormente regresan, en el año 2002, intensificando el conflicto y dejando altas cifras de víctimas para ese año.[6]

Posteriormente, en febrero de 2003, ingresa al municipio el Frente 47 de las FARC, que asesina a cinco personas y genera el desplazamiento forzoso de más de 50 familias de las veredas aledañas (Centro Nacional de Memoria Histórica, s.f.). Más recientemente, entre los años 2012 y 2013, llega al municipio el Frente Noveno de las FARC para ubicarse en las estribaciones con el Departamento de Caldas, en donde se presentaron tomas del territorio, minas antipersonas, artefactos explosivos, entre otras situaciones victimizantes (Portal de Noticias Oriente Antioqueño, 2012); y fue precisamente en ese contexto de desconfianzas, miedos y odios que deja la guerra en el que aparecieron algunas resistencias no violentas como alternativas a esta situación: iniciativas de memoria orientadas a la reconciliación, la verdad, la justicia y la reparación, que aparecieron como herramientas de reafirmación de identidades y, a la vez, como escenarios de diálogo intergeneracional, interracial e interdisciplinar. Es esencial en este punto nombrar el papel de la mujer en este mismo contexto, en el que aparecen como las principales víctimas: viudas, desplazadas, abandonadas, jefas de hogar, asesinadas, violadas, huérfanas y desaparecidas; integrantes de un tejido social que ha sido destruido por la misma guerra.

En el contexto del conflicto en el municipio de Sonsón, sobresale un proceso de asociatividad y memoria: el Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón, que surge en el año 2009 con el apoyo del Banco Universitario de Programas y Proyectos de Extensión –BUPPE– de la Universidad de Antioquia, y que hace uso de los tejidos como narrativa, de modo que sea la voz de las víctimas y que exprese las situaciones del conflicto, las vivencias, los sentimientos y los saberes, entendiendo la memoria como una acción (González, 2015).

Las iniciativas de memoria hechas por mujeres son representaciones de la no violencia, que necesitan de la violencia para considerarse como válidas, y surgen en parte porque las mujeres son el resultado de la guerra. Es menester plantear la relación entre las iniciativas de memoria y las resistencias no violentas, que, como lo enuncia Ricoeur, cumplen con las condiciones que el autor enuncia:

La primera condición a la que debe satisfacer una doctrina auténtica de la no violencia es el haber atravesado, en todo su espesor, el mundo de la violencia. […]. Es preciso practicar hasta lo último esta toma de conciencia de la violencia, ir hasta donde ella exhibe su trágica grandeza y aparece como el resorte mismo de la historia, cual “crisis” –el “momento crítico” y el “juicio”– que, de repente cambia, la configuración de la historia. […]. Esto es, si la conciencia cuenta con qué reivindicarse contra la historia y reconocerse perteneciente a un “orden” distinto de aquel de la violencia que hace la historia” (Ricoeur, 2012).

Esta relación entre el surgimiento de iniciativas de memoria como resistencias no violentas en espacios de asociatividad entre mujeres se analiza a través de esta pregunta de investigación: ¿cómo las relaciones entre el tejido y la sororidad aportan a la construcción de memoria a partir del caso del Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón?

II. Marco conceptual

La categoría central de esta investigación es la memoria, definida por Paul Ricoeur, que nos permite orientarnos hacia una interpretación de la memoria en un lugar y con una población específica, en este caso, en el municipio de Sonsón y con el Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón.

De Ricoeur nos interesa entender la memoria colectiva como “el conjunto de huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia de los grupos implicados, que tienen la capacidad de poner en escena esos recuerdos comunes” (Ricoeur, 1999). Pero el autor también nos habla del riesgo de fijación en torno a las memorias colectivas, que, más allá de exhibir lo que pasó, cómo pasó y por qué pasó, no “dejan que el pasado pase” (Ricoeur, 2003).

En el libro La memoria, la historia, el olvido (2003), Ricoeur plantea tres aspectos de la memoria: la memoria es singular –“mis recuerdos no son los vuestros. En cuanto mía la memoria es un modelo de lo propio, de posesión privada” (Ricoeur, 2003, p. 128)–; reside en la conciencia del pasado y es del pasado, y este pasado es el de mis impresiones (Ricoeur, 2003) y; la memoria está vinculada al sentido de orientación en el tiempo, es decir, la capacidad de ir del presente al pasado, del pasado al futuro, etc. (Ricoeur, 2003).

Ricoeur se enlaza con el concepto de memoria en Todorov, incorporando el concepto de memoria y justicia, e incluyendo las categorías de memoria “literal” y memoria “ejemplar”. Así, la memoria, en Todorov (1995),

no se opone en absoluto al olvido. Los dos términos para contrastar son la supresión (el olvido) y la conservación; la memoria es, en todo momento y necesariamente, una interacción de ambos. […] la memoria, como tal, es forzosamente una selección: algunos rasgos del suceso serán conservados, otros inmediata o progresivamente marginados, y luego olvidados (Todorov, 1995).

El autor también resalta que, “cuando los acontecimientos vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho se convierte en un deber: el de acordarse, el de testimoniar” (Todorov, 1995). O como lo enuncia Roberta Bacic, curadora chilena y defensora de los derechos humanos, “la memoria adentro y el testimonio afuera” (Bacic, 2016), haciendo énfasis en la necesidad de dar testimonio, ya sea visual, escrito o cosido, entre otros, para resaltar la experiencia de la víctima y encaminar las acciones de forma que se evite repetir los hechos.

Hablar de memoria y justicia permite distinguir en la práctica el uso y el abuso de la memoria. Para Todorov, se debe analizar bien el uso de la memoria del pasado, donde se balancee el bien y el mal, por ejemplo, dándole prelación a la paz que a la guerra. Con base en esto, se plantean unas categorías entre las formas posibles de rememorar, como la memoria literal y la memoria ejemplar; así, la memoria literal es aquella que puede ser “portadora de riesgos”, mientras que la memoria ejemplar es “potencialmente liberadora” (Todorov, 1995). El uso literal de la memoria no permite que el acontecimiento se vaya, sometiendo al presente a vivir en el pasado. Esta categoría de memoria expone el acontecimiento para entender sus causas, pero no busca la reparación. Por otra parte, el uso ejemplar de la memoria permite el aprovechamiento de los acontecimientos del pasado como parte de una lección que permite la superación del hecho, para que este no impida la continuidad de la vida y actuar con base en la experiencia que ello deja.

La memoria permite la construcción de la identidad basada en situaciones y hechos, experiencias y anécdotas, sentimientos y evocaciones del pasado, filtrando recuerdos y olvidos, hecho que facilita procesos de individualidad y colectividad (Riaño, 1999). Esta se alimenta de expresiones orales, escritas y performances para la construcción de narrativas históricas (Portelli, 2002). Es importante mencionar que la memoria es selectiva (selecciona aquello que quiere recordar y olvidar), ordenadora (genera jerarquización de la información) y dinámica (renueva su contenido en el proceso de recordar y olvidar). La memoria funciona a través de analogías, metáforas, exageraciones, supresiones y minimizaciones, que no deben ser evaluadas como verdaderas o falsas, sino como representaciones simbólicas que expresan las marcas emocionales que dejaron las vivencias en las víctimas (Centro Nacional de Memoria Histórica y Universidad de British Columbia, 2013). Todas las características narradas anteriormente facilitan el surgimiento de las iniciativas de memoria.

Entender la memoria como acción es indispensable para este proyecto de investigación, donde no se busca solo recordar, sino comprender lo que se hace con ese recordar, de modo que podamos dar respuesta a la pregunta de investigación, comprendiendo el proceso de reconstrucción de memoria como parte clave de los procesos de reparación de las víctimas. Para entender la memoria como acción, se analiza la categoría de Iniciativas de Memoria, que ha sido tomada del Centro Nacional de Memoria Histórica, entendiendo que estas, en algunos casos, son trabajos, prácticas, performances, procesos o acciones que se pueden realizar de manera individual o colectiva, y que hacen uso de medios visuales, auditivos, táctiles, olfativos, etc., para expresar la vivencia del conflicto armado, socializar la experiencia en aras de la no repetición. En la mayoría de los casos, estas iniciativas de memoria son creadas por mujeres, quienes se consideran las principales víctimas del conflicto armado interno.

Las mujeres, generalmente, se nombran como las encargadas de la crianza y el funcionamiento de la cotidianidad hogareña, pero, ante las dinámicas impuestas por el conflicto, adquieren responsabilidades que superan las anteriormente nombradas: responsabilidades económicas y afectivas son algunas de ellas (Hiner, 2009). Se percibe entonces la necesidad de implementar espacios y procesos que permitan la vinculación de las mujeres a estos procesos, otorgándoles un rol protagónico en la construcción de iniciativas no violentas a favor de la vida, ya que son ellas quienes aparecen en mayor medida en el rastreo de estas iniciativas. Son las mujeres quienes abanderan proyectos en los que se pretende preservar la memoria, exponer públicamente su dolor y clamar por justicia. Con el paso del tiempo, son ellas quienes se han apropiado de diversos escenarios de los que antes eran excluidas, y no se puede negar que esto se relaciona con la diversidad de asociaciones y redes que, a través de procesos educativos y pedagógicos, buscan el empoderamiento de ellas en estos procesos. Posada habla del concepto de “sororidad”, que puede pensarse, en un primer momento, como solidaridad entre las mujeres, y es que “’sororidad’ no es sino la ‘otra cara’ […] de la ‘hermandad de los iguales’ (varones) o ‘fraternidad’” (Posada, 1995). La sororidad pretende la equivalencia y relación paritaria entre mujeres. La idea misma de que las mujeres, por el hecho de ser mujeres, comparten una experiencia, una historia y una memoria que les es propia y común vincula esta instancia con la política identitaria que la sustenta” (Troncoso Pérez y Piper Shafir, 2015)

La inequidad, la exclusión y la injusticia social entre géneros se incrementan por causas del conflicto. Esto está relacionado con las atribuciones tradicionales de los roles de género, donde lo masculino predomina en términos laborales, productivos, políticos, entre otros. Hiner (2009), citada en Troncoso y Piper (2015), cuestiona “la dicotomía víctima/victimario y el binario masculino/femenino(Troncoso Pérez y Piper Shafir, 2015), porque en ellas no se evidencia una mirada interseccional que evite la exclusión de mujeres que no pertenecen a los estereotipos asignados socialmente. El género juega un rol indispensable en la capacidad de hablar de estos actos en el presente y el futuro (Hiner, 2009). El autor resalta la importancia de las mujeres en los procesos de construcción de memoria, ya que han sido ellas quienes en mayor medida han ocupado el escenario público a la hora de hablar del sufrimiento personal, y por ende de alguna manera han sido también responsables de nombrar con su palabra al que no está.

III. Metodología

La presente investigación se sitúa en el método hermenéutico, lo que permite comprender las relaciones entre el tejido y la sororidad, y su aporte a la construcción de memoria, a partir del caso del Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón. El interés por un estudio histórico-hermenéutico es la capacidad que brinda para “interpretar el significado de los hechos indagando por los sentidos que están detrás de los actos y de las interacciones sociales de los sujetos” (García Chacón, González Zabala, Quiroz Trujillo y Velásquez Velásquez, 2002), reconocer a unos sujetos en un tiempo y un espacio específicos para contextualizar los hechos desde el ámbito cultural, político y social, y, a la vez, permitir el cumplimiento de los objetivos de la investigación.

Desde Paul Ricoeur se habla de la hermenéutica de la memoria o de la hermenéutica en los estudios de memoria, que permite la interpretación de la memoria en la acción social y pone como elementos indispensables para esta interpretación al tiempo y a la historia. La propuesta de Ricoeur está basada en las preguntas: ¿de qué hay recuerdo? y ¿de quién es la memoria? “Recorriendo el conjunto de la obra de Ricoeur es posible identificar una pregunta y un propósito único y coherente: la pretensión de caracterizar, en los límites de lo posible, las estructuras fundamentales del sujeto de la acción” (Zárate López, s.f.). Asimismo, la hermenéutica de la memoria permite indagar por las memorias o la memoria de las víctimas y, además, por la memoria colectiva. “[…] es la hermenéutica que colocándose entre fenómeno histórico y fenómeno mnemónico, con la ayuda del lenguaje, asegura e interpreta esa representación”. Así,lo histórico narrado y lo mnemónico experimentado se entrecruzan en el lenguaje” (Zárate López, s.f.).

El enfoque de la investigación es cualitativo, lo que permite reconocer los significados que tienen las memorias individuales y colectivas, así como dar importancia a las narrativas: “La narración es mediación lingüística para resaltar la memoria” (Zárate López, s.f.). La investigación cualitativa aporta al entendimiento de cómo la unidad de análisis percibe, entiende e interpreta el mundo. Esta unidad de análisis es el Costurero de Tejedoras por la Memoria de Sonsón, que son un grupo de mujeres víctimas del conflicto armado; por lo tanto, la muestra estaría determinada por personas que son parte de esta asociación, que residen en el municipio de Sonsón, Antioquia, y que participan con frecuencia en las actividades programadas por el Costurero. De igual forma, se necesitará hacer uso de documentos institucionales, oficiales o no oficiales, que ayuden a caracterizar la población.

El tipo de información que se utilizará en esta investigación es, en su mayoría, cualitativa primaria y secundaria, y, en menor medida, cuantitativa secundaria. El muestreo será no probabilístico y la recolección de información se hará por medio de talleres, grupos focales, matriz descriptiva y línea de tiempo. Los talleres son diseñados de forma que permitan la interacción de las mujeres con un ejercicio práctico, tales como cartografías del cuerpo, talleres de tejido con nuevas técnicas y diálogo de saberes. Los grupos focales buscan generar discusiones en donde afloren las historias de vida, los acontecimientos del pasado y el diálogo de la vida cotidiana, permitiendo que el investigador analice aspectos de la corporalidad y el lenguaje verbal y no verbal.

Para evidenciar la realidad de la manera más veraz posible, se evitan los juicios de valor y se propende por un trato justo a la información brindada por las unidades de análisis. Todas las personas que participan de los talleres y grupos focales están informadas de los fines de esta investigación y conocen sus resultados previos a ser publicados.

IV. Conclusiones

El interés de este proyecto de investigación es entender los procesos de asociatividad y las iniciativas de memoria abordadas por mujeres, como un camino hacia la reconstrucción de memoria orientada a la reconciliación, la verdad, la justicia, la reparación simbólica y la no repetición.

Los procesos de asociatividad mencionados permiten la construcción colectiva, favoreciendo los procesos de reconstrucción de memoria, en los que la contribución a la superación del desconocimiento de los hechos de violencia y dolor es esencial. Y, en el contexto en el que se encuentra Colombia de posconflicto, se debe insistir en la asociatividad y en la acción colectiva para avanzar hacia la paz.

Es común encontrar en los estudios sobre la memoria y el conflicto algunas variaciones de la frase del filósofo norteamericano George Santayana “Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”; incluso esta frase resuena en los documentos institucionales, oficiales o no oficiales, de los procesos de reparación a víctimas, por lo que las iniciativas de memoria se validan en cuanto pueden dejar evidencia de lo ocurrido y evitar la tergiversación de los hechos con el paso de los años, ya que, al transmitir esas historias de vida, se transparentan las verdades y se evita el silencio de las víctimas, siendo un ejercicio colectivo de reparación y no repetición y ayudando a mitigar el impacto del conflicto armado. Asimismo, Todorov concuerda al afirmar que, si uno recuerda el mal llevado a cabo en el pasado, se supone que se podrá evitar en el presente” (Todorov, 2009).

A través de los procesos de construcción de memoria, diversos en sus condiciones de emergencia, en sus expresiones y en sus intenciones, se han configurado una multiplicidad de relatos o narrativas que develan el sufrimiento desencadenado por los hechos violentos y las maneras en las que se logró sobrevivir a ellos, pero también los modos en los que se conciben la reparación y las posibilidades de superación del conflicto. Sin embargo, dichos procesos, emprendidos por el Estado o por individuos, colectivos, comunidades, organizaciones y víctimas, a nivel nacional, regional y local, no necesariamente han coincidido en su comprensión de las lógicas del conflicto armado o en los usos que le dan a la memoria. Así, como han sido múltiples los mecanismos, estrategias y metodologías implementados para dar lugar a la memoria, que incluyen las narrativas, la recopilación de documentos, el uso de cartografías, bailes, fotografías, pinturas, murales, grafitis, el performance, hasta la música, entre otros, también han sido múltiples las maneras en las que se ha concebido el para qué recordar.

Los procesos de construcción y formalización de memorias, con los diferentes recursos expresivos que utilizan para recordar y hacer visible el dolor, han jugado un papel central en el reconocimiento de los actores del conflicto armado y han ayudado al esclarecimiento de sus causas y efectos, lo que generó una significativa movilización en torno a la necesidad de reconstruir los acontecimientos como hechos históricos en perspectiva de la garantía de no repetición y de la generación de políticas para la reparación, la reintegración y la reconciliación, un fenómeno necesario para el contexto de acuerdo y posacuerdo.

¿Dónde se inserta la memoria en este abanico? Hasta hoy, las iniciativas de memoria no son consideradas como uno de los cuatro pilares de la justicia transicional. Las iniciativas de memoria, con frecuencia, son entendidas como elementos ajenos al proceso político, al estar relegadas a la esfera cultural “suave” –como objetos de arte para ser alojadas en un museo o un simple monumento–, al ámbito privado como duelo personal, o como simple actividad histórica, casi arqueológica. Como resultado, las iniciativas de memoria rara vez se integran a estrategias más amplias de construcción de la democracia y se diluyen o invisibilizan en los procesos de justicia transicional (Dulitzky, 2014).

Asimismo, “los testimonios de víctimas y victimarios coexisten y las voces impulsadas desde estas iniciativas se abren campo en medio de verdades hegemónicas defendidas con el poder de las armas” (Jaramillo Gómez, 2014, p. 233). Se hace necesario, por tanto, entender las iniciativas de memoria como instrumentos, que se convierten en medios para la catarsis, para el recuerdo, para el esclarecimiento de sucesos usando las experiencias personales como medios de comprensión de los hechos; es decir, develando lo traumático de la intimidad para “trascender la singularidad biográfica, más allá de la ‘memoria’, en una herida histórica” (Arfuch, 2013), ya que, al exponer un suceso personal en un lenguaje común, como lo podría ser el tejido, se permite la universalización de la experiencia y se abre la posibilidad de identificarnos con el otro de dos maneras: desde la experiencia vivida y desde la empatía por lo sucedido.

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  1. Conformada por los municipios de Alejandría, Concepción, El Peñol, Guatapé, San Rafael, Granada y San Carlos.
  2. Conformada por los municipios de Carmen de Viboral, El Retiro, El Santuario, Guarne, La Ceja, La Unión, Marinilla, Rionegro y San Vicente.
  3. Conformada por los municipios de Cocorná, San Francisco y San Luis.
  4. Conformada por los municipios de Abejorral, Argelia, Nariño y Sonsón.
  5. El municipio de Sonsón tiene una población total para el año 2015 de 35.405 habitantes, de los cuales 15.109 habitantes están en el área urbana y 20.296, habitantes en el área rural (DANE, 2005); además, se conforma por 8 corregimientos, 101 veredas y 17 barrios (Alcaldía de Sonsón, 2001-2003).
  6. Mientras que en el año 2001 en el municipio se habían reportado 2.300 víctimas, en el año 2002 esta cifra se eleva a las 3.522 víctimas, un aumento de 1.222 víctimas en un año; y, para el año 2003, la cifra pasa a ser 4.206, lo que representa un aumento de 684 víctimas en un año, casi duplicando la cifra del año 2001.


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