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3 La conflictividad social en los barrios de Mar del Plata (2016-2020): un acercamiento computacional[1]

Guillermina Laitano y Agustín Nieto

Introducción

La espacialidad-territorialidad es una dimensión elemental de la lucha social. Todo conflicto, toda acción de protesta, se produce en el espacio a la vez que produce espacio. Claro que ese “en” no refiere a un espacio contenedor vacío y homogéneo. Tampoco es un mero reflejo de la lucha de clases. Son espacios heterogéneos, heredados y activos. Son espacios-tiempos que articulan de forma conflictiva/cooperativa territorialidades y espacialidades diversas y desiguales anudadas en los cuerpos como interfaz de la tensión local-global (Lefebvre, 2013; Marín, 1995; Massey, 2012; Sznol, 2007). El barrio y lo barrial, el vecindario y lo vecinal, son formas activas de territorialidades y espacialidades, producto y productoras de antagonismos y luchas (Soja, 2008). A sabiendas de su centralidad, en las páginas del presente capítulo abordaremos la conflictividad, relevada por la prensa periódica, producida en los barrios del partido de Gral. Pueyrredon, cuya ciudad cabecera es Mar del Plata.

El análisis propuesto anuda dos dimensiones poco exploradas en el campo de los llamados estudios cuantitativos de la conflictividad social. Por un lado, ofrece un modelo analítico computacional desarrollado en base al lenguaje de programación R Project. Por otro lado, avanza sobre la protesta no laboral, en particular, sobre las luchas protagonizadas por “lxs vecinxs” en tanto personificaciones de unas determinadas relaciones sociales que hacen a las condiciones de vida de la población (Piva, 2009, 2012). El grueso de esas relaciones atañen a los procesos de producción y reproducción de la fuerza de trabajo (Harvey, 1998; Santos, 1996).

El análisis computacional de la conflictividad social en los barrios tiene dos momentos: uno relacionado con el conjunto total de eventos de protesta localizables (ocurridos en el barrio), con independencia de lxs sujetxs protagonistas, y un segundo momento centrado en el conflicto barrial-vecinal protagonizado por organizaciones barriales y grupos de vecinxs. Estos dos momentos habilitan una perspectiva atenta a la dimensión territorial de la acción contenciosa, tanto por la chance de reconstruir la geografía urbana de la protesta como por la posibilidad de dar cuenta de los procesos de reconfiguración territorial en la ciudad de Mar del Plata. En definitiva, buscamos testear tópicos clásicos en los estudios de la protesta social, utilizando las herramientas conceptuales y técnicas que el giro espacial y el giro digital nos facilitan (Bibiri et al., 2019; Warf & Arias, 2008).

Lo barrial en cuestión

La lucha y el activismo barrial-vecinal son tan antiguos como la historia urbana del país. Sin embargo, recién tomó cierta significancia en el campo de los estudios de la protesta hacia mediados de la década de 1980, cuando se abrió un debate en torno a los llamados “nuevos movimientos sociales” y su preeminencia sobre el “viejo movimiento obrero”. Este incipiente debate, que en lo referido a lo barrial fue bastante acotado (Fara, 1985; González Bombal, 1988; Iñigo Carrera et al., 1991; Izaguirre & Aristizábal, 1988), tuvo un nuevo despertar hacia fines de la década de 1990 y principios de la década siguiente, producto de la emergencia y consolidación del “movimiento piquetero” (Auyero, 2002b; Klachko, 2002; Merklen, 2005; Svampa & Pereyra, 2003). Desde otras preocupaciones, en los últimos años ha crecido el campo de estudios sobre la protesta urbana, entendida de forma no unívoca como eventos contenciosos referidos al derecho a la ciudad (Bordas & Mosso, 2014; Crovella & Acebal, 2018; S. M. V. Guzmán, 2018; Larker & Tonon, 2020; Núñez, 2016).

De conjunto, los distintos momentos del debate en torno a lo barrial-vecinal, como espacio en y de lucha, posibilita desplegar una serie de interrogantes para dar forma a un sistema de problemas que guíe nuestra indagación. ¿Qué lugar ocupa la conflictividad barrial-vecinal dentro de la conflictividad social general? ¿Cuáles son sus rasgos más distintivos? ¿Cómo es su temporalidad y distribución geográfica? ¿Hay barrios (vecindarios) más conflictivos que otros, por qué? ¿Cuáles son las demandas más comunes? ¿Qué formatos de lucha se utilizan más, por qué? Vale decir que estos interrogantes se enmarcan en un contexto bien singular. Veamos.

El recorte temporal del problema es 2016-2020. Durante el gobierno de Cambiemos en la ciudad, la provincia de Buenos Aires y el país (2016-2019), las condiciones de trabajo y vida de las clases populares empeoró abruptamente, lo que provocó distintas y numerosas acciones de resistencia obrera y popular (Arecco, 2021; Carrera et al., 2020; Cató & Ventrici, 2017; Mariños, 2020; ODS-SISMOS, 2019; Piva, 2019; Varela, 2017). Esta situación no hizo más que agravarse con la pandemia (2020) (Basualdo & Peláez, 2020; Ghigliani, 2020; Nava & Grigera, 2020; SISMOS, 2021). Sin embargo, el activismo y la conflictividad barrial en Mar del Plata tienen una larga historia que se remonta a sus orígenes urbanos (Núñez, 2008). Es por este motivo que nos animamos a conjeturar que la protesta barrial-vecinal ocupa un lugar destacado dentro de la conflictividad social general durante el período 2016-2020. Asimismo, consideramos que: 1) su temporalidad está menos institucionalizada que la de otras protestas; 2) su distribución es heterogénea y tiende a concentrarse en los barrios (vecindarios) que conjugan una tasa alta de agravios y algún grado de organización popular; 3) el conjunto de demandas más comunes se concentran en torno al tópico “infraestructura”; 4) finalmente, intuimos que la conflictividad barrial-vecinal tiende a hacer un uso más extendido de las formas de lucha menos institucionalizadas y más disruptivas.

La metodología

Si la conflictividad barrial-vecinal está poco explorada en el campo de estudios cuantitativos sobre la protesta, lo está aún más en lo referido al enfoque computacional. Son virtualmente nulas las pesquisas que utilizan un acercamiento computacional para analizar la conflictividad barrial-vecinal. En este sentido, el presente capítulo pretende ser un aporte que ayude a saldar esta vacancia.

Lo primero que debemos decir es que el enfoque computacional, en este caso, abarca todos los pasos del proceso investigativo: la recolección de la información, su transformación desde un formato no estructurado o semiestructurado a un formato estructurado (tabular), la limpieza y normalización del corpus, la datificación de la información, el análisis y la visualización de los resultados (Hürriyetoğlu et al., 2019). La primera etapa, la de recolección de información, es la referida al web scraping (raspado de contenido web). Las técnicas de raspado web permiten bajar de forma automática y masiva el contenido de los portales seleccionados y su pasaje a un formato tabular. La segunda etapa, la datificación de la información, articula distintas técnicas de minería de textos: tokenización, lematización, ngrams, etiquetado POS, detección de entidades, etc. La tercera parte, la del análisis exploratorio de los datos, implica la utilización combinada de diccionarios y de distintos algoritmos de clasificación. La cuarta etapa, la visualización, continúa el análisis exploratorio y avanza en el testeo de hipótesis. Las cuatro etapas se desarrollan íntegramente en base al lenguaje de programación R (Franzosi, 2020; Kazemi, 2020; Maerz & Puschmann, 2020; Puertas et al., 2018; Talamé et al., 2019; Welbers et al., 2017).

La fuente

El diario La Capital de la ciudad de Mar del Plata es nuestra fuente de información. Cuenta con una versión papel (la principal) y una versión digital de acceso online gratuito. Esta última versión es la que usamos en esta investigación. La Capital es el periódico comercial de mayor trayectoria e impacto en la ciudad y desde finales de la década de 1990 cuenta con un portal web. A diferencia de otros portales, la web de La Capital carece de un archivo online. Además, no están disponibles las publicaciones del período 1997-2005, sólo se puede acceder a noticias sucedidas a partir de 2006. Asimismo, entre 2006 y 2015, la frecuencia y cantidad de publicaciones es muy fluctuante. Durante este período, hay días con ausencia de publicaciones y días con un número de publicaciones 5 veces por encima del promedio. Fue recién en 2016 cuando el número de notas publicadas por día se estabilizó. Este último es el motivo por el cual hacemos el recorte del quinquenio 2016-2020 (Nieto & Laitano, 2021).

Del conjunto de secciones del periódico seleccionamos la sección “La ciudad”, que incluye notas referidas a la realidad social, política y económica local. El corpus que conforma el contenido de esta sección reúne más de 60.000 notas correspondientes al período 2006-2021. Cuando filtramos las notas comprendidas entre el 1º de enero de 2016 y el 31 de diciembre de 2020, su número se reduce a 22.817. Sobre este subcorpus, aplicamos una serie de filtros más para resolver distintos problemas de contenido. Primero, filtramos aquellas notas en las que se nombra al menos un barrio (8.182). El promedio anual de notas que refieren al menos a un barrio es de 36%. El siguiente filtro lo hicimos para quedarnos con aquellas notas que nombren al menos dos palabras del diccionario de términos que refieran a distintas formas de lucha (3.817). El siguiente paso fue filtrar las notas que nombran al menos unx sujetx (3.242). Finalmente, nos quedamos con aquellas notas que nombran al menos una demanda (2.857). Esta cantidad total de notas representa un promedio de 571 por año, casi dos por día. Tales notas contienen referencia explícita a un conflicto (abierto o latente), localizado en alguno de los barrios de la ciudad, emprendido por unx sujetx o más y orientado a algún tipo de demanda.

Los apartados

El capítulo se estructura en base a una introducción, una conclusión y dos grandes apartados, uno referido a la protesta social general desplegada en el partido de General Pueyrredon y otro que se ocupa de profundizar en el análisis de la protesta barrial-vecinal. En ambos apartados damos cuenta de la frecuencia de los conflictos y las acciones, en general y vecinal, respectivamente. Hacemos lo propio con las dimensiones referidas a lxs sujetxs y los motivos de la protesta. En el apartado sobre la protesta barrial-vecinal, incorporamos una dimensión más: la geografía de la protesta vecinal. Finalmente, en el último apartado presentamos una síntesis de los resultados de la investigación y planteamos nuevos interrogantes.

La protesta social en Mar del Plata

Existe una cantidad no desdeñable de monografías sobre protesta social en la ciudad de Mar del Plata para las últimas tres décadas, en su gran mayoría centradas en dos sujetxs, desocupadxs y trabajadorxs del pescado (Bour, 2020; Canestraro, 2015; Colombo, 2014; Cruz, 2020; Laitano, 2019; Lohiol, 2018; Mateo & Santiago, 2016; Nieto, 2010; Nogueira & Schulze, 2018; Oriolani, 2018; Rabino, 2018; Santoro, 2010; Spadari, 2005; Tibaldi, 2015; Vissani, 2011). Sin embargo, y pese a la existencia de algunos informes de coyuntura brindados por el Observatorio de Conflictividad Social[2] de la UNMdP, el grueso de los trabajos arriba citados no llega a cubrir la conflictividad social ocurrida en la ciudad durante los últimos años.

Por lo expresado previamente, en esta primera parte del capítulo nos vamos a concentrar en los conflictos y las acciones llevadas a cabo dentro del partido de Gral. Pueyrredon por distintxs sujetxs a lo largo del quinquenio 2016-2020. La intención es obtener una primera panorámica sobre la cantidad y temporalidad de los conflictos, la cantidad, temporalidad y tipo de acciones, lxs distintxs sujetxs que las emprenden y los tipos de demandas que se expresan en las protestas. Los resultados de este análisis serán de utilidad para contextualizar y realizar un contrapunto en el segundo apartado, dedicado exclusivamente a la conflictividad barrial-vecinal. Comencemos.

¿Cuánto se protesta en Mar del Plata?

Una de las dimensiones más abordadas en el campo de los estudios cuantitativos sobre la protesta social es la referida a su cantidad. Y uno de los primeros análisis es el de su frecuencia temporal: ¿cuánto y cuándo se protesta en los distintos barrios de la ciudad de Mar del Plata? Para responder a este interrogante básico desde una perspectiva computacional tomamos como indicador de cantidad de conflictos la frecuencia de notas que contienen referencias precisas a una forma de protesta en algún barrio, con presencia de, al menos, unx sujetx y una demanda. De esta forma, lo que hacemos es establecer una equivalencia entre unidad de registro (la nota) y unidad de análisis agregada (el conflicto). A partir de este primer indicador pudimos identificar el total de 2.857 conflictos en los distintos barrios de Mar del Plata para el quinquenio 2016-2020.

Una vez identificadas las notas referidas a conflictos (con mención de barrio/s, forma/s de protesta, sujetx/s y demanda/s) y establecida su equivalencia con la cantidad de conflictos, pasamos a ordenar la frecuencia anual de conflictos y notamos que la variación interanual es muy alta, en especial en los bienios extremos del quinquenio (2016/17 y 2019/20) y muy baja entre los años 2018 y 2019. La serie arranca con el año que presenta la mayor cantidad de conflictos del quinquenio. Durante 2016 se produjeron 712 conflictos. El 2017 registra 443 conflictos, 269 conflictos menos que durante el año anterior. En 2018 la frecuencia crece y alcanza los 623 conflictos, 180 más que durante el año anterior. La frecuencia de conflictos en 2019 (619) fue similar a la de 2018. Finalmente, durante el año 2020 se produjeron 460 conflictos, 159 menos que durante el año anterior.[3]

El peso mayor del año 2016 en la cantidad de conflictos, conjeturamos, se debe al impacto del cambio de gobierno local y sus políticas de desarticulación de los programas barriales impulsados por el gobierno saliente, más el cimbronazo que las políticas económicas lanzadas por el gobierno nacional y provincial significó para los ingresos de las clases populares, en particular, con los llamados “tarifazos”, más la devaluación, la recesión y la caída del salario real.[4] Además, en un trabajo previo (SISMOS, 2019) detectamos que el primer año del gobierno de Cambiemos mostró una tendencia al incremento de los conflictos en relación al periodo anterior (2011-2015), que en términos generales duplicó los guarismos. Por otra parte, las estadísticas del Observatorio de derecho Social de la CTA-A (ODS, 2020) y del Ministerio de Trabajo[5] de la nación para el conjunto del país tienen en 2016 el pico de conflictos laborales más alto del quinquenio.

Veamos ahora qué sucede cuando analizamos la frecuencia mensual y semestral de conflictos a lo largo del quinquenio bajo estudio.

Gráfico 1

La frecuencia semestral muestra algo que ya habíamos detectado en el quinquenio previo (SISMOS, 2019), los primeros semestres concentran más conflictos que los segundos, con la excepción del año 2020. Esta preeminencia del primer semestre se debe, en parte, al peso de las acciones emprendidas por lxs trabajadorxs y su calendario de negociaciones paritarias. Esto se ve más claro en el capítulo sobre las situaciones de conflicto laboral en San Juan.[6] En los años electorales la tendencia a la baja durante el segundo semestre se acentúa producto de los comicios y de las expectativas de encauce institucional de las demandas que genera en gran parte de la población y de las organizaciones sindicales y sociales. Esta situación se hizo más notoria en 2019, año de elecciones presidenciales, con una caída mayor a 39 puntos porcentuales entre el primer y el segundo semestre. Asimismo, las dos coaliciones mayoritarias apuntalaron esta tendencia con discursos y movimientos tácticos contrarios a la lucha en las calles (Carrera et al., 2020; Ghigliani, 2020; Natalucci & Mouján, 2022; Piva, 2019).

Por su parte, la frecuencia mensual muestra fuertes variaciones. Hay picos ascendentes y descendentes fáciles de identificar. Como se ve en el gráfico, durante el año 2016 el mes con mayor cantidad de conflictos es marzo (82); durante 2017 también es marzo (48); en 2018 es abril (64); en 2019 es marzo con 96 conflictos. El último año del quinquenio, el 2020, tiene en el mes de septiembre su pico ascendente con 52 conflictos. También podemos observar picos descendentes muy marcados. Con 37 diciembre es el mes con menos cantidad de conflictos de 2016; en 2017 son septiembre y noviembre (28); en 2018 es septiembre (38); durante 2019 es diciembre (33). Finalmente, el 2020 tiene su pico descendente más marcado en el mes de abril (29). Queda claro que el 2020 invierte la tendencia, mientras los cuatro primeros años del quinquenio tienen sus meses más conflictivos en el primer semestre (marzo y abril) y sus meses menos conflictivos en el segundo semestre (septiembre, noviembre y diciembre), el último año del quinquenio tiene su pico ascendente más pronunciado en septiembre y su caída más abrupta en abril. Según los resultados arrojados por trabajos reciente sobre el impacto de la pandemia en la conflictividad, esta tendencia parece ser de alcance nacional (MTEySS, 2022; Nava & Grigera, 2022).

Ahora bien, ¿por qué se da esta concentración de conflictos en torno a marzo? Según pudimos detectar, más allá de conflictos específicos del momento, como el accionar neonazi y la huelga de recolectores en 2016, las movilizaciones contra los tarifazos y el conflicto docente en 2017, la huelga de la UTA y las acciones contra la acumulación de despidos y suspensiones en 2019, marzo contiene un calendario marcado por las protestas del movimiento de mujeres el 8M, las movilizaciones y actos conmemorativos del 24M, las negociaciones paritarias, los conflictos por el aumento del boleto de colectivo y los reclamos vecinales reactivados postemporada veraniega. Por su parte, el pico de abril de 2018 se explica por los acampes realizado por los movimientos sociales de destinos barrios en el centro de la ciudad, los reclamos de lxs familiares de la tripulación del submarino ARA San Juan, la protesta de lxs artesanxs, el conflicto en torno al aumento del boleto de colectivo y los reclamos por el estado de la infraestructura barrial. Finalmente, septiembre de 2020 se destaca por el movimiento huelguístico de la UTA, la huelga “a la japonesa” emprendida por la UOCRA, varios reclamos empresariales (en particular, comerciantes), el escrache a Etchecolatz y la continuidad del conflicto en torno al ARA San Juan.

Por último, hay que advertir que el pico descendente en abril de 2020 se explica por el impacto del ASPO.[7] Por otra parte, debemos destacar que, pese a ser junto a 2017 uno de los años con menor cantidad de conflictos, el 2020 está lejos de ser un año de baja excepcional de la conflictividad. De hecho, dada la situación excepcional de restricciones (ASPO/DISPO), el número de conflictos se puede estimar como alto al igual que la implicancia corporal de quienes protestan, ya que lo hacen desobedeciendo a las autoridades gubernamentales que dispusieron las restricciones de circulación. Esta constatación permite desestimar las tesis que auguraban un proceso de desmovilización creciente producto de la pandemia y sus consecuencias. De hecho, fueron estas últimas el acicate para la remontada del segundo semestre en Mar del Plata y en el resto del país (MTEySS, 2022; Nava & Grigera, 2022).

Para desarrollar una comparación un poco más ajustada entre el año 2020 y los restantes, agrupamos la frecuencia de conflictos por bimestre y lo comparamos con dos series temporales, la del año más conflictivo del quinquenio (2016) y la media bimestral del trienio 2017-2019.

Gráfico 2

El gráfico deja ver primero que la distancia entre 2020 y 2016 no arranca muy pronunciada (menos de 20 puntos). Segundo, durante los últimos dos bimestres las distancias se achican. Por un lado, el 2020 supera en conflictos a la media del trienio 2017-2019 durante el 5º bimestre; por otro lado, en el 6º bimestre la distancia es menor a 25 puntos. Tercero, el momento de mayor diferencia (92 puntos) se produce durante los meses de mayores restricciones y cuando el consenso sobre las medidas gubernamentales es alto. Solo durante estos meses la media de conflictos está muy por debajo de la media del trienio.

Hecha esta primera panorámica sobre la frecuencia de conflictos, nos ocupamos de establecer un índice básico de magnitud en función de la cantidad de menciones de palabras que, en cada nota, refieren a alguna forma de conflictividad y son parte del diccionario de nominaciones de conflictos. El índice nos permite comenzar a reponer la densidad de los conflictos, inobservada en las lecturas descriptivas de frecuencias simples. No sin cierta arbitrariedad, irrenunciable en cualquier tipo de clasificación, armamos cinco grupos de conflictos según su magnitud: 1) Muy baja, 2 menciones; 2) Baja, 3 menciones; 3) Media, 4-6 menciones; 4) Alta, 7-10 menciones; 5) Muy alta, más de 10 menciones.

Tabla 1. Frecuencia de conflictos y menciones según su magnitud, quinquenio 2016-2020

Magnitud

Frecuencia

Proporción

Conflictos

Menciones

Conflictos

Menciones

Muy alta

348

5.451

12,2%

33,0%

Alta

508

4.122

17,8%

25,0%

Media

860

4.155

30,0%

25,2%

Baja

491

1.473

17,2%

8,9%

Muy baja

650

1.300

22,8%

7,9%

Total

2.857

16.501

100,0%

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

La tabla 1 muestra que el grueso de los conflictos se concentra en las tres categorías de menor magnitud (baja y media) que de conjunto agrupan el 70% de los conflictos. Solo el 30% refiere a conflictos de alta magnitud. Si simplificamos aún más los tipos de magnitud el resultado es el siguiente: 40% para magnitud Baja; 30% para magnitud Media; y 30% para magnitud Alta. Se ve que la base de la pirámide está conformada por los conflictos de baja magnitud y que los conflictos de alta magnitud son menos frecuentes. Sin embargo, hay una media general de casi 6 menciones por conflicto que se explica por lo que aportan las magnitudes altas y muy altas. Estas últimas tienen un promedio de 11 menciones por conflicto. Si tomamos las menciones como un primer indicador indirecto de cantidad y diversidad de acciones podemos decir que los conflictos de alta y muy alta magnitud contienen más de la mitad de las acciones y muestran una mayor diversidad en sus formatos.

Gráfico 3

Según podemos ver en el gráfico de barras, los años con mayor cantidad de conflictos (2016 y 2018) no son los años en los cuales las categorías de más alta magnitud (“Muy alta” y “Alta”) muestran su porcentaje más alto. Los porcentajes más altos en esas categorías los indican los años 2019 y 2020, con 31,5% y 29% respectivamente, y están por encima de la media del quinquenio (28,7%). Por su parte, los años con menor cantidad de conflictos (2017 y 2020) son los años en los cuales la categoría de más baja magnitud registra su porcentaje más alto: 25,3% y 24% respectivamente, y están por encima de la media del quinquenio (22%). Asimismo, mientras 2018 muestra el porcentaje más bajo de la categoría de mayor magnitud (11,1%), la misma categoría detenta en 2020 el porcentaje más alto del quinquenio (13,6%). El 2020 presenta una caída relativa del peso de las categorías Alta (15,4%) y Media (31,4%) con respecto al año 2019, y están por debajo de la media del quinquenio (16,6% y 33,1%). Finalmente, vale destacar que durante el año 2018 los conflictos de magnitud media estuvieron 7 puntos porcentuales por encima de la media del quinquenio.

Estos datos, por un lado, reafirman el lugar del año 2016 en el proceso de resistencia al impacto que las políticas de gobierno comenzaban a tener en la cotidianidad de las clases populares. Durante el 2017, año de elecciones de medio término, baja la cantidad y la magnitud de los conflictos. Durante el 2018 la tendencia cambia, hay un aumento de la cantidad y la magnitud de los conflictos que dura hasta iniciado el año 2020. Hay que tener en cuenta aquí el contexto nacional. La crisis económica que produjo el gobierno de Cambiemos comenzó en abril de 2018 con una fuerte devaluación a raíz de corridas bancarias, que dieron lugar al acuerdo con el FMI (el mayor crédito en la historia de la institución financiera). En el último año (2020), ya bajo un nuevo gobierno en la provincia y en la nación, la cantidad de conflictos baja producto del ASPO, en particular durante los meses de marzo, abril y mayo. Esta baja no implica una disminución en el peso relativo de los conflictos de muy alta magnitud. La excepcionalidad pandémica parece expresarse también en la conflictividad. Hay menos conflictos, pero muchos de esos conflictos son de mayor magnitud y diversidad.

Gráfico 4

La frecuencia trimestral para el total de conflictos, pese a lógicas variaciones con la frecuencia mensual, arroja una silueta similar. La novedad está en el desagregado de la frecuencia trimestral de conflictos según su magnitud. Los conflictos de “muy baja” magnitud tienden a concentrar sus picos más altos en los extremos, y a perder caudal en 2018. Los conflictos de “baja” magnitud tienden a caer hasta fines de 2018, suben durante 2019, vuelven a caer en los primeros trimestres de 2020 y remontan en el último trimestre del período bajo estudio. En estas dos categorías el índice de menciones muestra una correspondencia casi perfecta con la silueta de la frecuencia de conflictos y una brecha relativa corta y estable. Por su parte, los conflictos de magnitud “media” se concentran en torno a los primeros trimestres de 2016 y 2018. En esta categoría la silueta del índice de menciones sigue la silueta de la frecuencia de conflictos, aunque con una brecha más marcada y fluctuante, asimismo se detectan algunos pequeños desacoples. Por su parte, los conflictos de “alta” magnitud tienen su pico ascendente más alto en el primer trimestre de 2019, luego muestra fluctuaciones significativas, su pico más bajo se ubica en el 4º trimestre de 2017. Esta categoría presenta fuertes diferencias con la silueta dibujada por la frecuencia de conflictos y una brecha muy amplia y variante. Estas cuatro series, más la serie total, muestran una tendencia decreciente producto del peso del año inicial, el de mayor cantidad de conflictos y menciones del quinquenio (712 y 4.173, respectivamente). Finalmente, la serie de conflictos de muy alta magnitud es la que presenta mayores y más marcadas variaciones. Los cuatro picos ascendentes más importantes se ubican en el segundo trimestre de 2016, el cuarto trimestre de 2018, primer trimestre de 2019 y en el tercer trimestre de 2020; el momento descendente más marcado y sostenido se da durante los tres primeros trimestres de 2017. Este último dato refuerza el lugar de 2017 como el año de menor conflictividad del quinquenio. Asimismo, el 2020 toma otra significancia debido a la detección de importantes picos en las categorías “alta” y “muy alta”. Es así que esta última categoría, con mayor incidencia que la anterior, presenta fuertes diferencias con la silueta dibujada por la frecuencia de conflictos y una brecha muy amplia y variante. En contraste con las restantes categorías, esta última se sobrepone al peso del año inicial y presenta una tendencia creciente gracias a la incidencia del año final, en particular, de su último trimestre. Durante aquellos meses se produjo una amplia diversidad de acciones de protesta de gran magnitud: banderazos y caravanas contra el gobierno nacional, huelga de municipales, cortes de ruta de vecinxs en distintos puntos de la ciudad, usurpaciones de terrenos, acampe y piquete en la municipalidad por parte de las organizaciones sociales, manifestación con ataque a un balneario por mayor espacio público en las playas, entre otras protestas.

Veamos ahora cuáles fueron los conflictos más destacados a lo largo del quinquenio según su magnitud. Durante la primera mitad de 2016 los conflictos que logran mayor notoriedad pública fueron los protagonizados por los grupos neonazis locales, lxs cuidacoches, lxs docentes, lxs vecinxs de los barrios Nuevo Golf y Playa Chapadmalal, lxs trabajadorxs de las cooperativas barriales de trabajo. Durante la segunda mitad de 2016 destacan la protesta de vecinxs contra del cierre del centro de salud de Guanahani, el conflicto de lxs vecinxs de Playa Serena, el paro nacional de mujeres (19 de octubre), los paros de docentes, estatales, trabajadorxs universitarixs y trabajadorxs municipales y el acampe de organizaciones sociales frente a la Municipalidad.

En el primer semestre de 2017 destacan por su mayor visibilización en la prensa el paro nacional convocado por la CGT (6 de abril), el conflicto en torno a los ataques neonazis, las protestas de lxs vecinxs contra las fiestas clandestinas, el conflicto docente, las protestas contra los tarifazos y la política del gobierno, los reclamos de las “Mamás en lucha”, el conflicto de trabajadorxs municipales y la protesta contra el secuestro de “autos bajos”. Durante el segundo semestre de 2017 son las protestas contra las fumigaciones en Félix U. Camet, los reclamos contra las reiteradas amenazas de bomba en las escuelas, el paro de lxs recolectorxs de residuos y la masiva movilización en la ciudad en rechazo a la reforma previsional en el marco de la huelga general nacional convocada por la CGT (18 de diciembre).

El año 2018 comienza con un escrache en la casa del represor Etchecolatz, sigue con el acampe de lxs trabajadorxs de las cooperativas frente al Palacio Municipal y a Desarrollo Social, nuevamente se producen protestas contra los tarifazos y la política del gobierno y la CGT convoca a una nueva huelga general nacional (25 de junio). Durante el primer mes del segundo semestre de 2018 destaca la continuidad del acampe de lxs trabajadorxs de las cooperativas frente al Palacio Municipal y a Desarrollo Social. A lo largo de este conflicto, que se prolongó hasta diciembre, hubo enfrentamientos con la policía y represión. La CGT convoca a un nuevo paro general (25 de septiembre). En noviembre se reaviva el conflicto de lxs trabajadorxs municipales. Por su parte, lxs vecinxs de Camet cortaron la ruta para reclamar por el mal estado de las calles.

El 2019 aparece junto al 2016 y 2018 como uno de los dos años con mayor frecuencia de conflictos. Enero arranca con tres conflictos destacados: municipales, pilotxs de avión, maleterxs de la nueva terminal de ómnibus. Pero el conflicto con mayor notoriedad del año es el protagonizado por lxs trabajadorxs de la UTA en marzo. Durante el mes de abril los conflictos con mayor visibilidad son los protagonizados por las organizaciones sociales (CTEP, CCC, Barrios de Pie), el paro nacional convocado por la CTA, el conflicto del gremio de taxistas y la lucha de lxs docentes municipales. El 29 de mayo se produce una nueva huelga general nacional convocada por la CGT. Durante junio el conflicto con mayor notoriedad fue el corte en el acceso a Sierra de los Padres protagonizado por lxs vecinxs en reclamo por el estado de las calles. Durante el segundo semestre fueron menos los conflictos con notoriedad pública: paro de recolectorxs de residuos, reclamos por ataques de perros callejeros y manifestación de la Asamblea Interurbana por el Transporte frente a la Municipalidad.

El año 2020, como ya adelantamos, no es excepcional en la cantidad de conflictos, pero es atípico en la distribución y concentración temporal de las protestas. La casi totalidad de los conflictos con mayor notoriedad del año se concentran en el segundo semestre. Durante el primer semestre solo destacan conflictos ocurridos en enero y febrero (antes del ASPO) en torno al Hospital Español y lxs guardavidas de las playas. Durante el segundo semestre destacan el paro de choferes de colectivo en julio y septiembre, las denuncias por usurpaciones de terrenos (septiembre), el “banderazo” en contra del gobierno nacional y provincial, la movilización contra el desalojo en Guernica (octubre) y el acampe frente al Municipio por “una Navidad sin hambre”.

El presente apartado nos brinda información sobre la distribución temporal de la cantidad y magnitud de los conflictos, pero aún no nos permite comenzar a pensar una periodización de la protesta que esté más sujeta a su propio devenir que al del calendario. Para lograr esto último es necesario avanzar sobre otras dimensiones de la conflictividad: formas, sujetxs, demandas. En los próximos apartados analizaremos estas tres dimensiones.

¿Cómo se protesta en Mar del Plata?

Otra dimensión central en los análisis de eventos de protesta refiere a su formato: ¿Cómo se protesta en los barrios de la ciudad de Mar del Plata? ¿Cuáles son las formas de protesta más frecuentes durante el quinquenio 2016-2020? ¿Cuál es la variación temporal que presentan las distintas grafías de protesta? ¿Marca la pandemia una inflexión en los modos más frecuentes? Estos son algunos de los interrogantes que abordamos en este apartado.

No todos los análisis de eventos de protesta contemplan las acciones comunicacionales;[8] cuando se hace, el resultado suele posicionarla como la forma predominante. Efectivamente, el quinquenio bajo análisis no es la excepción, las acciones de tipo comunicacional encabezan las frecuencias y representan el 29,6% de las acciones totales. A una distancia de cinco puntos porcentuales se ubican las manifestaciones. Los tres formatos siguientes giran en torno a las 450 acciones: reuniones (13,5%), ataques (12,3%) y huelgas (11,8%). Con 5,4% se ubican las acciones de bloqueo y ocupación. Finalmente, en el último lugar se encuentran los cortes de calle y de ruta (2,9%).

Tabla 2. Acciones según formato, quinquenio 2016-2020

Tipo de acción

Frecuencia

Proporción

Comunicacionales

1.059

29,6%

Manifestaciones

877

24,5%

Reuniones

482

13,5%

Ataques

439

12,3%

Huelgas

422

11,8%

Bloqueos y Ocupaciones

194

5,4%

Cortes

102

2,9%

Total

3.575

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

Después de presentar la distribución total de las acciones según sea su tipo nos ocupamos de analizar su distribución anual (Gráfico 5). Pese a la persistencia de la silueta zigzagueante, un rasgo emergente es el incremento de la variación anual de acciones en relación a la variación anual de conflictos. El promedio de acciones por conflicto tiende a ser mayor en los años de frecuencias más altas y menor en los años con frecuencias más bajas de conflictos. Como vimos, el año 2016 es el que presenta el mayor número de conflictos. Sin embargo, en lo que respecta a las acciones, el año con mayor caudal de eventos de protesta es 2019. Ser el año con mayor frecuencia de acciones no implica liderar el ranking en todos los tipos de acción. Este año detenta el peso relativo y absoluto más importante del quinquenio en las categorías “Reuniones” (17,3% y 153) y “Huelgas” (13,1% y 116), y el peso absoluto más alto en la categoría “Comunicacionales” (251). Por su parte, el año 2016 se ubica en segundo lugar en el número total de acciones y lidera el ranking de conflictos. Durante este año se destacan el peso relativo (14,9%) y absoluto (125) de los ataques y el peso absoluto de las manifestaciones (221), con los valores más altos del quinquenio. Asimismo, los bloqueos y las ocupaciones tienen el peso relativo (2,3%) y absoluto (19) más bajo del quinquenio. El año 2018, el tercero en el ranking de acciones y segundo en la cantidad de conflictos, presenta como particularidad el peso absoluto más alto en la categoría “Bloqueo-Ocupación” (56). El cuarto lugar en conflictos y acciones lo ocupa el 2020 y presenta las siguientes particularidades: 1) el porcentaje más bajo de ataques (10,5%); 2) el porcentaje más alto de bloqueos y ocupaciones (7,5%); 3) el porcentaje más alto de acciones comunicacionales (36,6%); 4) el porcentaje y la frecuencia absoluta con los valores más bajos en lo que refiere a reuniones (7,8% y 46, respectivamente); 5) el porcentaje más alto en cortes de calle y ruta (3,7%). El último lugar en el ranking de conflictos y acciones lo ocupa el año 2017 con la frecuencia absoluta más baja en las acciones de tipo comunicacionales (157), manifestaciones (136), ataques (61), huelgas (46) y cortes (16); la frecuencia relativa más baja en huelgas (9,1%); y la frecuencia relativa más alta en manifestaciones (27,5%). Este último dato se condice con el peso de las principales movilizaciones callejeras de repercusión nacional para el año 2017 dentro del período 2016-2019, relevadas por el PIMSA. También el peso relativo más bajo en Manifestaciones en 2019 se corresponde con el relevamiento realizado por el PIMSA (Carrera et al., 2020).

Gráfico 5

Quizás los tres datos más reveladores de este gráfico están localizados en el último año del quinquenio (2020) por la reducción absoluta y relativa de las reuniones, el gran incremento porcentual de las acciones comunicacionales[9] y el crecimiento relativo de las ocupaciones y bloqueos. Por otra parte, se nota que los años con mayor cantidad de conflictos y acciones (2016, 2018 y 2019) son los que tienen los valores absolutos y relativos más altos de la categoría reuniones. También es durante esos tres años que la categoría huelgas tiene un peso relativo y absoluto más alto. Por su parte, durante aquellos tres años, las acciones comunicacionales presentan los valores relativos más bajos.

¿Quiénes protestan en Mar del Plata?

Lxs sujetxs están en el centro de los análisis de eventos de conflictividad: ¿Quiénes protestan en los barrios de la ciudad de Mar del Plata? ¿Cuáles son lxs sujetxs más activxs de la protesta social durante el quinquenio 2016-2020? ¿Cuál es la variación temporal que presentan lxs sujetxs en lo que respecta a su activación? ¿Marca la pandemia una inflexión en la primacía de lxs sujetxs de la conflictividad? Estos son algunos de los interrogantes a los que intentaremos dar respuesta en este apartado.

Tabla 3. Participación en los conflictos según sujetx, quinquenio 2016-2020

Tipo de sujetx

Frecuencia

Proporción

Vecinxs

1.566

36,9%

Trabajadorxs

1.381

32,6%

Empresarixs

663

15,6%

Estudiantes

244

5,8%

Mujeres

233

5,5%

Org. Sociales

154

3,6%

Total

4.241

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

La tabla 3, a partir de una frecuencia simple, deja en claro que son dos lxs principales sujetxs de la protesta del quinquenio bajo estudio. Vecinxs y trabajadorxs concentran el 70% de las participaciones en la conflictividad social.[10] Si contemplamos la relación capital-trabajo y sumamos las participaciones de trabajadorxs y empresarixs, esta relación concentra el 50% de las participaciones. Las tres sumadas alcanzan el 85% del total de participaciones. Asimismo, no deja de ser un dato sobresaliente el protagonismo de lxs estudiantes, las mujeres y las organizaciones sociales. En cierto modo, estas últimas representan otra forma de manifestación de la relación capital-trabajo (Carrera et al., 2020; Mariños, 2020; Piva, 2019). Veamos ahora cómo se distribuyen anualmente las participaciones a lo largo del quinquenio.

Gráfico 6

El año 2016 no lidera el ranking en todos los tipos de sujetxs. Las mujeres presentan su peso absoluto (61) más alto durante el año 2019 y su peso relativo más alto en 2017 (6,3%). En términos relativos, el año con mayor participación de vecinxs fue 2017 (43,2%), y el año con mayor participación de trabajadorxs fue 2018 (36,9%). Durante el 2020 se registraron los valores absolutos y relativos más bajos de participación para estudiantes y mujeres, y el valor relativo más alto en empresarixs. El cierre de los establecimientos educativos en todos los niveles explica la merma abrupta en la participación de estudiantes en la conflictividad social durante el 2020. Y las medidas de suspensión de actividades económicas catalogadas como “no esenciales” explica la alta participación de lxs empresarixs en la conflictividad. En el caso del movimiento de mujeres, después de la movilización del #8M, hubo una profundización de protestas virtuales como los tuitazos contra los femicidios.

¿Cuáles son los principales motivos de la protesta en Mar del Plata?

Los motivos de la protesta es otra de las dimensiones centrales del análisis de eventos de conflictividad: ¿Cuáles son los motivos más frecuentes de las protestas en los barrios de la ciudad de Mar del Plata? ¿Cuál es la variación temporal que presentan en sus motivos? ¿Marca la pandemia una inflexión en el ranking de motivos? Estos son algunos de los interrogantes que abordamos en este apartado.

Tabla 4. Motivos de los conflictos, quinquenio 2016-2020

Tipo de demanda

Frecuencia

Proporción

Infraestructura y Vivienda

1.577

24,7%

Trabajo

1.166

18,3%

Educación

723

11,3%

Economía

720

11,3%

Género y DD.HH.

656

10,3%

Salud

460

7,2%

Alimentación

397

6,2%

Transporte

348

5,5%

Inseguridad

332

5,2%

Total

6.379

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

Infraestructura-Vivienda y Trabajo son los dos motivos más frecuentes en la conflictividad social del quinquenio 2016-2020. Estas dos categorías reúnen el 43% de los motivos de protesta. Por su parte, Economía, Educación y Género y DD.HH. giran en torno al 11%. Salud y Alimentación representan el 7,2% y el 6,2%, respectivamente. Cierran la lista Transporte e Inseguridad con 5,5% y 5,2% respectivamente. Al menos dos datos llaman la atención: 1) el peso de los motivos de protesta en torno a cuestiones de infraestructura y vivienda, que supera a los motivos relativos al trabajo; 2) el bajo peso de la cuestión de la inseguridad. Este último aspecto podría ser llamativo si tenemos en cuenta la cobertura que los medios hacen de la cuestión de la inseguridad. Sin embargo, en este caso se debe, por un lado, al hecho de la no correspondencia entre nota sobre inseguridad y acción conflictiva (muchas de las notas sobre inseguridad no refieren a conflicto alguno); por otro lado, a la decisión metodológica de contabilizar unidades de registro solo de la sección “La ciudad” de La Capital y dejar por fuera la sección “Policiales”.[11] En relación al peso de las cuestiones de infraestructura, además de explicarse por el peso de lxs vecinxs, sujetxs centrales de la conflictividad, otra explicación es que gremios docentes y estatales como SUTEBA y ATE desarrollan una importante cantidad de reclamos por el estado de los edificios escolares.

Gráfico 7

Al igual que pasa con lxs sujetxs, el año 2016 tampoco lidera el ranking en todos los tipos de motivos. Las demandas en torno a lo alimentario presentan su peso relativo más bajo (4,4%) durante aquel año, y su peso absoluto (109) y relativo (7,9%) más alto durante los años 2019 y 2018, respectivamente. Por su parte, los motivos económicos presentan su peso absoluto (187) y relativo (14,8%) más alto durante el año 2018. Las demandas por mejoramientos en la infraestructura barrial y por el acceso al suelo y la vivienda presenta su peso relativo y absoluto más alto en 2017 (393 y 36,3%). Estos guarismos inciden en el peso del año 2017 en el análisis de la conflictividad barrial-vecinal desarrollada en el segundo apartado. Los motivos vinculados a la salud presentan su peso absoluto (289) y relativo (29%) más alto durante el año 2020. Las demandas por empleo presentan su peso absoluto (291) y relativo (21,6%) más alto durante los años 2019 y 2018, respectivamente. Los motivos concernientes al transporte presentan su peso absoluto (115) y relativo (7,8%) más alto durante el año 2019. Acorde a los datos referidos a lxs sujetxs, el 2020 detenta los valores más bajos en las demandas que giran en relación con la educación, las identidades de género y los derechos humanos. Pasemos ahora a analizar la protesta barrial-vecinal.

La protesta en los barrios y por los barrios

En esta segunda y última parte del capítulo nos vamos a concentrar en los conflictos y las acciones protagonizadas por vecinxs. Como los conflictos, al igual que las acciones, implican a más de un sujetx, no sólo filtramos aquellas notas que contienen referencias al sujetx “vecinxs”, sino que también aplicamos un filtro para quedarnos con aquellas notas en las cuales el sujetx “vecinxs” es el principal. Por ejemplo, si una nota tiene 2 menciones a vecinxs y 4 a trabajadorxs, queda fuera de la selección, y viceversa; o bien, si una nota contiene 4 menciones a vecinxs y 2 a estudiantes, queda seleccionada.

Uno de los objetivos principales de este apartado es dar cuenta de la conflictividad vecinal como producto y productora la desigualdad social y urbana (Núñez, 2021; Ursino et al., 2020). Otro de los objetivos es mostrar los procesos de espacialización de la protesta por parte de lxs vecinxs de los distintos barrios de la ciudad a partir de distintas formas de apropiación-creación popular del espacio urbano como forma de disputar el derecho a la ciudad (Angelcos & Angelcos, 2021; Cuéllar Obando, 2015; L’Huillier & Ouviña, 2016).[12]

¿Cuánto y cuándo protestan lxs vecinxs?

Después de identificar las notas referidas a conflictos barriales-vecinales, nos ocupamos de presentar la frecuencia anual de conflictos y notamos que la variación interanual es muy alta, mayor que en la conflictividad general. Veamos. Durante 2016 se produjeron 162 conflictos barriales-vecinales, 45 conflictos más que durante el 2017 (117). Al año siguiente, 2018, la frecuencia cayó aun más y retrocedió hasta los 94 conflictos, 23 menos que durante el año anterior. En 2019 la frecuencia de conflictos aumenta hasta sobrepasar los guarismos del año inicial (163, 69 más que durante el año anterior). Finalmente, durante el año 2020 la frecuencia de conflictos vuelve a bajar y sólo alcanza la cifra de 98, 65 menos que durante el año precedente.

Los años 2016 y 2019 son los que presentan mayor cantidad de conflictos, 162 y 163 respectivamente. El peso mayor de estos dos años en la cantidad de conflictos, conjeturamos, se debe al impacto inicial y final del cambio de gobierno local y sus políticas de desarticulación de los programas barriales que habían sido impulsados por el gobierno saliente, más el golpe con el que las políticas económicas lanzadas por el gobierno nacional y provincial impactaron sobre los ingresos de las clases populares, en particular con los llamados “tarifazos”. Los guarismos de 2016 son el producto de la resistencia inicial a los cambios abruptos en las políticas económicas, sociales y culturales, y los de 2019 responden a la gran acumulación de agravios bajo la gestión de Cambiemos en la ciudad, la provincia y la nación: pico de despidos y suspensiones, fuerte reducción del salario real, aumento abrupto de la desocupación, la pobreza y la indigencia (Carrera et al., 2020; Piva, 2019).

Otro rasgo a destacar es la distribución diferencial de frecuencias interanuales de conflictos entre la protesta general y la vecinal. Esta última muestra una temporalidad distinta. Mientras que en la conflictividad general el ranking de conflictos presenta el siguiente orden: 2016, 2018, 2019, 2020, 2017; el ranking de la conflictividad vecinal se ordena como sigue: 2019, 2016, 2017, 2020 y 2018. Sólo el año 2020 mantiene la misma posición, correspondiente al cuarto lugar.

Veamos ahora qué sucede cuando analizamos la frecuencia mensual de conflictos a lo largo del quinquenio bajo estudio.

Gráfico 8

A diferencia de lo que ocurre con la conflictividad general, la frecuencia semestral es menos regular. Si bien para algunos años se repite la tendencia a una acumulación menor de conflictos durante los segundos semestres como producto de los comicios y de las expectativas para encauzar institucionalmente las demandas, lo cierto es que emergen particularidades. En 2016, el primer semestre concentra menos conflictos que el segundo, y el 2020, pese al ASPO, concentra levemente más acciones durante el primer semestre del año. Estas variaciones parecen responder a un grado menor de institucionalización del conflicto vecinal.

Al igual que ocurre con la conflictividad general, la frecuencia mensual muestra fuertes variaciones con picos ascendentes y descendentes fáciles de identificar. Sin embargo, no parece haber un patrón claro vinculado al calendario, ya que los picos mensuales no se dan siempre durante el semestre con mayor frecuencia de conflictos. Esto parece ser un indicio más del carácter menos institucionalizado del conflicto vecinal. Como se ve en el gráfico, durante los años 2016 y 2017, el mes con mayor cantidad de conflictos es agosto (33 y 23, respectivamente). Como ocurrió con la conflictividad general, en 2018 abril es el mes que registró más conflictos (27). El año 2019 presenta el pico en el mes de febrero con 23 conflictos. Finalmente, el 2020 tiene en el mes de enero su pico ascendente con 19 conflictos. También podemos observar picos descendentes muy marcados: enero de 2016, octubre y noviembre de 2017, julio, octubre y noviembre de 2018 y mayo de 2020, todos con 3; y marzo de 2019 con 6 conflictos. ¿Qué conflictos explican los picos ascendentes en distintos meses y semestres a lo largo del quinquenio? Los meses con mayor frecuencia de conflictos de cada año muestran una gran diversidad de protestas: 1) en agosto de 2016 se destacan las demandas por la situación de los centros de salud en distintos barrios, el apedreo a la comitiva presidencial en el barrio Belisario Roldán, los reclamos de vecinxs por el estado de la infraestructura barrial, la exigencia de vecinalistas por el pago de convenios y mejoras en los barrios, el corte de la Ruta 2 por las cooperativas “Nueva Esperanza” y “Vecinos Unidos” del barrio Libertad en reclamo de asistencia alimenticia y trabajo; 2) en agosto de 2017 sobresalen las protestas por el aumento de las tasas municipales de servicios urbanos (TSU), el acampe de Barrios de Pie y la CTEP en reclamos de la construcción de 56 viviendas en el barrio Santa Rosa del Mar, la petición realizada por vecinalistas del complejo Centenario en pro de un espacio para el funcionamiento de un merendero, el corte con ollas populares en la Ruta 88 organizado por la CCC, la CTEP y Barrios de Pie en reclamo por “pan, techo y trabajo”, en el marco del plan de lucha nacional, la denuncia realizada por la Asamblea por los Espacios Públicos contra la instalación de un alambrado en las inmediaciones del balneario “Bahía de los Acantilados” sobre el territorio municipal perteneciente a la Reserva Forestal Paseo Costanero Sur, la protesta de la Agrupación de Organizaciones Barriales y Sociales del Sur (AROS) por la falta de mantenimiento de la infraestructura barrial; 3) en abril de 2018 se destacan las protestas por el aumento de las TSU, quejas de lxs vecinxs del barrio Nuevo Golf por la falta de servicio de micros debido al mal estado de las calles, la protesta de distintxs vecinalistas contra el proyecto de conceder los polideportivos barriales a una fundación de la Pastoral Evangélica; 4) en febrero de 2019 toman notoriedad las protestas en Batán por el deterioro de la infraestructura barrial, los reclamos de vecinxs y trabajadorxs por los traslados compulsivos en la sala de salud del barrio Playa Serena, la protesta de distintas organizaciones sociales en reclamo de que se declare la emergencia en adicciones en el municipio, las denuncias de vecinxs y ambientalistas por el abandono de los espacios públicos en la zona de Los Acantilados, el conflicto en torno a la usurpación de terrenos fiscales por parte de la asociación Rancho Móvil, nuevas quejas por el aumento de tarifas de las TSU; 5) en enero de 2020 despuntan el corte de la Ruta 88 realizado por un grupo de vecinxs de El Boquerón y La Polola en rechazo al aumento del boleto impuesto por la empresa Costa Azul y en reclamo de un servicio urbano de transporte público, el pedido de guardias de 24 horas en los centros de salud barriales, nuevas protestas contra aumento de las TSU, las quejas de lxs vecinxs de la terminal de ómnibus por la protesta de lxs maleterxs.

Volviendo al gráfico, advertimos que el pico descendente en mayo de 2020 se explica por el impacto del ASPO, al igual que ocurre con la conflictividad general. Por otra parte, debemos destacar que, pese a ser junto a 2018 uno de los años con menor cantidad de conflictos, el 2020 está lejos de ser un año de baja conflictividad barrial-vecinal. Esta constatación ratifica la idea expresada en el apartado anterior, contraria a la tesis que auguraba un proceso de desmovilización creciente como producto de la pandemia. De hecho, en la ciudad de Mar del Plata la tradición militante en los barrios devino en un proceso organizativo marcado por la coyuntura pandémica que fraguaría en los Comités Barriales de Emergencia -CBE- (Agüero et al., 2020; Ferrari et al., 2020).

Para desarrollar una comparación un poco más ajustada entre el año 2020 y los restantes, replicamos el ejercicio realizado en el primer apartado: agrupamos la frecuencia de conflictos por bimestre y la comparamos con dos series temporales: la del año más conflictivo del quinquenio (2016) y la media bimestral del trienio 2017-2019.

Gráfico 9

En primer lugar, el gráfico muestra que durante el primer bimestre, antes de la aplicación del ASPO, el año 2020 estuvo por encima de las otras dos series. Sin embargo, durante el segundo bimestre cae por debajo de las dos series, manteniéndose así hasta el cuarto bimestre. A partir del quinto bimestre comienza a remontar, para quedar en el último bimestre, nuevamente, por encima de las dos series. En segundo lugar, podemos decir que, a diferencia de la conflictividad general, la brecha más amplia entre las series (cuarto bimestre) no se produce durante los meses de mayores restricciones y alto consenso sobre las medidas gubernamentales. De conjunto, los datos hasta aquí analizados dan cuenta de que aun en el contexto atípico de la pandemia y las medidas gubernamentales al respecto, la conflictividad vecinal expresa modulaciones temporales propias que se explican, en parte, por su bajo nivel de institucionalización.

Hecha esta primera panorámica sobre la frecuencia de conflictos vecinales, nos ocupamos de medir la magnitud de la conflictividad barrial-vecinal.

Tabla 5. Frecuencia de conflictos barriales-vecinales y menciones según su magnitud, 2016-2020

Magnitud

Frecuencia

Proporción

Conflictos

Menciones

Conflictos

Menciones

Muy alta

75

1.111

11,8%

31,1%

Alta

112

893

17,7%

25,0%

Media

202

975

31,8%

27,3%

Baja

107

321

16,9%

9,0%

Muy baja

138

276

21,8%

7,7%

Total

634

3.576

100,0%

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

Al igual que la tabla 1, la tabla 5 muestra que el grueso de los conflictos se concentra en las tres categorías de menor intensidad (baja y media). Estas tres categorías agrupan de conjunto el 70,5% de los conflictos. Sólo el 29,5% refiere a conflictos de alta intensidad. Si simplificamos aun más los tipos de intensidad, el resultado es el siguiente: 38,7% para intensidad Baja; 31,8% para intensidad Media; y 29,5% para intensidad Alta. Puede verse también que en la conflictividad vecinal la base de la pirámide está conformada por los conflictos de baja intensidad y que los de alta intensidad son menos frecuentes.

Gráfico 10

Según podemos ver en el gráfico de barras, los años con mayor cantidad de conflictos (2016 y 2019) también son los años en los cuales las categorías de más alta intensidad muestran su porcentaje más alto: 30,2% y 31% respectivamente. Están por encima de la media del quinquenio (26,1%). El año 2020 muestra una caída relativa del peso de las categorías Muy Alta (9,7%) y Alta (11,7%); un aumento relativo de la categoría Muy Baja (21,4%); y el aumento relativo y absoluto de la categoría Media (43 y 41,7%).

Estos datos, por un lado, reafirman nuevamente el lugar que ocupa el año 2016 en el proceso de resistencia al impacto que las políticas de gobierno comenzaban a tener en la cotidianidad de las clases populares en los barrios marplatenses. Durante el 2017, baja la cantidad y la intensidad de los conflictos. Durante 2018 la tendencia se acentúa: hay una nueva caída de los conflictos que se revierte en 2019. En 2020 la cantidad de conflictos vuelve a bajar –producto del ASPO–, en particular durante los meses de marzo, abril, mayo, junio y julio. A diferencia de lo ocurrido con la conflictividad general, esta baja en los conflictos también implica una baja en el peso relativo de los conflictos de muy alta intensidad. Veamos ahora cuáles fueron los conflictos y las acciones de mayor resonancia.

Durante la primera mitad de 2016 los conflictos que logran mayor notoriedad pública son: 1) el corte en la intersección de las calles Mario Bravo y Cerrito por parte de lxs vecinxs del barrio en reclamo de la instalación de un semáforo, la reparación de las calles y el establecimiento de una línea de colectivos que llegue hasta la zona céntrica de la ciudad; 2) el corte de la Ruta 11 realizado por familiares y vecinxs autoconvocadxs, con la adhesión de sociedades de fomento de distintos barrios del sur de la ciudad, la delegación municipal y colectivos sociales, como ‘Las Rojas’, en reclamo de justica por la violación de una joven en la parada de colectivos de Playa Los Lobos; 3) el conflicto en torno al demorado trasladado del Centro de Salud N°2 ubicado en la zona portuaria de la ciudad; 4) el corte de la Ruta 11 a la altura del arroyo Lobería por un grupo de vecinxs autoconvocadxs de Playa Chapadmalal en reclamo de mayor seguridad, concretamente más presencia de efectivos policiales que ponga fin a la “ola de robos” en el barrio. Durante la segunda mitad de 2016 destacan: 1) la protesta de vecinxs de Los Acantilados contra la inseguridad y contra nuevos casos de abuso sexual en el barrio; 2) el corte de la Ruta 11 por un grupo de vecinxs de Playa Serena en reclamo de mayor seguridad, reparación de las luminarias y de las calles del barrio; 3) la manifestación con apedreo a la comitiva presidencial en el barrio Belisario Roldán realizado por agrupaciones sociales y de derechos humanos en rechazo de las políticas gubernamentales y el discurso negacionista del presidente Macri; 4) una jornada de cortes de calles y rutas en toda la ciudad organizada por la Federación de Sociedades de Fomento para reclamar por transporte público, arreglo de calles, seguridad, recolección de la basura, cultura y educación pública y gratuita.

En el primer semestre de 2017 destacan por su mayor visibilización en la prensa: 1) el conflicto entre las sociedades de fomento y el intendente por el pago de los convenios y los recortes de programas barriales aplicados por el municipio; 2) los cortes en distintos puntos de la ciudad realizados por los movimientos sociales en reclamo de trabajo para las cooperativas de trabajadorxs de distintos barrios. Durante el segundo semestre de 2017 se destacan: 1) la manifestación de lxs vecinxs de Sierra de los Padres en reclamo del mantenimiento de las calles, la normal recolección de residuos, el reparto de gas envasado, la colocación y reposición de luminarias; 2) las protestas de la Agrupación de Organizaciones Barriales y Sociales del Sur de Mar del Plata (AROS) por el estado de la infraestructura barrial; 3) las protestas de la Asamblea por los Espacios Públicos en reclamo de acceso y espacios públicos en las playas; 4) el corte de la Ruta 11 por un grupo de vecinxs contra las fumigaciones en Félix U. Camet.

Durante el primer semestre de 2018 destacan los siguientes conflictos: 1) un escrache impulsado por vecinxs y organizaciones de DD.HH. contra el represor Etchecolatz, preso domiciliario en una casa ubicada en el Bosque Peralta Ramos; 2) el acampe con quema de neumáticos frente al municipio llevado a cabo por vecinxs de más de diez barrios e integrantes de cooperativas de trabajo, en reclamo del pago por los trabajos realizados en distintos barrios de la ciudad; 3) protestas de lxs vecinxs del barrio Belisario Roldán y de otros barrios por el estado de las calles; 4) protesta de lxs vecinxs de los barrios Parque Independencia y Juramento para pedir un semáforo en el cruce de la avenida Jorge Newbery y Narwall y la señalización vial en toda la zona. Durante el segundo semestre de 2018 destacan los siguientes conflictos: 1) cortes en la intersección de calles Beruti y 190, Edison y Mario Bravo, Ruta 88 y Fortunato de la Plaza y Tetamanti, organizados por Barrios de Pie en el marco de una jornada nacional de protesta en reclamo por el “aumento de precios, la emergencia alimentaria y la creciente desocupación”; 2) corte de la Ruta 11 por parte de un grupo de vecinxs del barrio Félix U. Camet para manifestarse por el estado en que se encontraban las calles del barrio.

Durante el primer semestre de 2019, destacan los siguientes conflictos: 1) la caravana por “la tierra y la vivienda digna” organizada por Los Sin Techo y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE); 2) el conflicto en torno a la usurpación de terrenos fiscales por parte de la asociación Rancho Móvil; 3) la protesta de lxs vecinxs de los barrios La Florida, Las Margaritas, Aeroparque, 2 de Abril, Estación Camet, El Sosiego y El Tejado contra los reiterados cortes de ruta; 4) la protesta de vecinxs del barrio General Pueyrredon por el deterioro y el abandono en el que se encontraban las calles del barrio; 5) los reclamos por mayor seguridad realizados por el Foro Municipal de Seguridad; 6) el corte de calle con quema de neumáticos realizado por un grupo de vecinxs de Sierra de los Padres en reclamo del mal estado de las calles. Durante el segundo semestre destacan los siguientes conflictos: 1) el reclamo de chapas y tirantes realizado por organizaciones sociales (Movimiento Teresa Rodríguez, Barrios Unidos en Lucha, Cooperativa A Trabajar, Argentina Rebelde y Cuba MTR) en las oficinas municipales de Desarrollo Social; 2) una nueva protesta de lxs vecinxs de los barrios La Florida, Las Margaritas, Aeroparque, 2 de Abril, Estación Camet, El Sosiego y El Tejado contra los reiterados cortes de ruta; 3) protestas en el marco del plan de lucha nacional impulsadas en la ciudad por la CTEP, la CCC, Somos, Barrios de Pie y otras organizaciones sociales y sindicales para exigir la declaración de la emergencia alimentaria.

Durante el primer semestre de 2020 destacan los siguientes conflictos: 1) las protestas en reclamo de asistencia social en los barrios impulsadas por el Frente de Lucha Piquetero (compuesto por el Movimiento Teresa Rodríguez, Barrios Unidos en Lucha, la Cooperativa A Trabajar, el Movimiento Argentina Rebelde, CUBA-MTR y el Polo Obrero). Los cortes se realizaron en las calles Juan B. Justo y 14 de julio, Ruta 88 a la altura de calle 39, Libertad y Bronzini y Ruta 2, en la entrada del barrio El Casal; 2) los reclamos de profesionales de la salud y vecinxs por la reducción de servicios en los Centros de Atención Primaria de Salud en distintos barrios de la ciudad; 3) el corte de calle con quema de neumáticos realizado en Canesa y San Salvador por un grupo de mujeres del barrio Las Américas para impedir la inauguración de un área de cirugía para animales en el mismo lugar que la gestión municipal anterior había destinado para la creación de un centro de integración comunitaria. Durante el segundo semestre de 2020 destacan: 1) una nueva protesta de lxs vecinxs de los barrios La Florida, Las Margaritas, Aeroparque, 2 de Abril, Estación Camet, El Sosiego y El Tejado contra los cortes de ruta; 2) la protesta protagonizada por vecinxs del barrio Santa Rosa del Mar e integrantes del movimiento Barrios de Pie por el acceso al agua potable[13] y mejores condiciones de vida en los barrios del extremo sudoeste de Mar del Plata; 3) las denuncias de vecinxs de distintos barrios por usurpaciones de terrenos; 4) el corte de la Ruta 11 a la altura del complejo hotelero de Chapadmalal realizada por vecinxs del sur de la ciudad en reclamo de la restitución de la ambulancia al Centro de Atención Primaria de la Salud de la zona; 5) la protesta de un grupo de manifestantes compuesto por transportistas, remiserxs y vecinxs de algunos barrios en reclamo de mayor seguridad, en el marco del cambio de autoridades de la Secretaría de Seguridad; 6) la protesta en el balneario Perla Norte por mayor espacio de playa pública; 7) el corte en la Ruta 2 por parte de manifestantes que reclaman al Municipio convenios laborales y un bono navideño.

¿Cómo protestan lxs vecinxs?

Las acciones de tipo comunicacional encabezan las frecuencias y representan casi el 36% de las acciones totales, con valores porcentuales por encima de los mostrados por la conflictividad general. Las manifestaciones superan el 28% del total de acciones vecinales, también por encima de lo que representan en la conflictividad general. Los ataques son el tercer formato más frecuente con una participación mayor al 16%. Las reuniones ocupan el cuarto lugar con el 11%. Los cortes se ubican en el anteúltimo lugar con el 4,5% y los bloqueos y ocupaciones en el último lugar con el 4%. Lo que aparece como significativo es el desplazamiento de las reuniones por los ataques y de los bloqueos y ocupaciones por los cortes en la frecuencia de acciones.

Tabla 6. Acciones vecinxs según formato, quinquenio 2016-2020

Tipo de acción

Frecuencia

Proporción

Comunicacionales

329

35,9%

Manifestaciones

258

28,2%

Ataques

148

16,2%

Reuniones

103

11,2%

Cortes

41

4,5%

Bloqueos y Ocupaciones

37

4,0%

Total

916

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

El promedio de acciones por conflicto tiende a ser mayor en los años de alta frecuencia de conflictos y menor en los años con baja frecuencia de conflictos, no así en el caso del 2020, uno de los años con la frecuencia más baja de conflictos del quinquenio y el promedio más alto de acciones por conflicto. Como se observa en el gráfico 11, durante 2016, los ataques tienen el peso relativo (22%) y absoluto (52) más importante del quinquenio, las acciones comunicacionales, las manifestaciones y los cortes de calle y ruta tienen la frecuencia absoluta más alta (79, 68 y 15, respectivamente). El año 2018 tiene la frecuencia absoluta (2) y relativa (1,4%) más baja en la categoría bloqueos y ocupaciones, y la frecuencia relativa (30,4%) más alta en la categoría manifestaciones. En 2019 se presentan los valores más altos del quinquenio en las categorías bloqueos y ocupaciones (16 y 6,8%) y reuniones (35 y 14,8%). El año 2020 presenta particularidades, ya que posee: 1) el porcentaje más alto en la categoría comunicacionales; 2) el porcentaje más alto en cortes de calle y ruta; 3) el valor absoluto más bajo en la categoría reuniones.

Gráfico 11

Quizás los tres datos más reveladores de este gráfico sean la reducción absoluta y relativa de las reuniones, el incremento relativo pronunciado de las acciones comunicacionales y el incremento absoluto y relativo de los cortes en 2020 respecto a 2019. Por otra parte, es de notar que los años con mayor cantidad de conflictos y acciones (2016 y 2019) son los que tienen los valores absolutos y relativos más altos de la categoría ataques. Por su parte, durante aquellos dos años las acciones comunicacionales presentan los valores relativos más bajos.

¿Por qué protestan lxs vecinxs?

El orden y el peso en el tipo de demandas que dinamiza la protesta varía fuertemente cuando pasamos de la conflictividad general a la barrial-vecinal. Las demandas referidas a cuestiones de infraestructura y acceso al suelo y la vivienda siguen encabezando el ranking, pero con un peso mucho mayor, pasan de representar el 25% a representar el 40%. Las demandas referidas a cuestiones laborales descienden del segundo lugar (17%) al cuarto lugar (9%). Por su parte, las referidas a cuestiones económicas se desplazan del tercer lugar (12%) al quinto (8%). Los reclamos en torno a lo educativo ascienden del cuarto lugar (11%) al segundo (10%). Las demandas referidas a identidades de género y derechos humanos se mueven del quinto (10%) al tercer lugar (9%). Los motivos vinculados a la salud mantienen el sexto lugar y el mismo peso porcentual. Por su parte, las cuestiones alimentarias declinan del séptimo lugar (6%) al octavo (6%); mientras que las referidas al transporte bajan del octavo lugar (5%) al noveno (3%). Finalmente, los reclamos por mayor seguridad suben del noveno (5%) al séptimo lugar (7%).

Tabla 7. Acciones de vecinxs según demanda, quinquenio 2016-2020

Tipo de demanda

Frecuencia

Proporción

Infraestructura y Vivienda

609

40,7%

Educación

152

10,2%

Género y DD.HH.

135

9,0%

Trabajo

135

9,0%

Economía

116

7,8%

Salud

112

7,5%

Inseguridad

104

7,0%

Alimentación

91

6,1%

Transporte

42

2,8%

Total

1.496

100,0%

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

En el año 2019 se reúnen la mayor cantidad de demandas, y le siguen en el siguiente orden 2016, 2017, 2018, 2020. Mientras que 2016 lidera el ranking de frecuencia absoluta en Economía (35), Género y DD.HH. (45) e Inseguridad (36), el 2017 lidera el ranking de frecuencia absoluta en Transporte (12), encabezando el ranking de frecuencia relativa en Infraestructura y Vivienda (41%) y en Transporte (4%). Por su parte, 2018 encabeza el ranking de frecuencia relativa en Economía (14%) y en Educación (14%), mientras que 2019 lidera el ranking de frecuencia absoluta en Alimentación (29), en Educación (47), en Infraestructura y Vivienda (171) y en Trabajo (43), y lidera el ranking de frecuencia relativa en Alimentación (7%) y en Trabajo (11%). Finalmente, el año 2020 encabeza el ranking de frecuencia absoluta y relativa en Salud (42 y 24%).

Gráfico 12

Un rasgo que se destaca es la preeminencia de las demandas por infraestructura y vivienda a lo largo de todo el quinquenio, ya que encabezan el ranking todos los años. En contrapartida, las demandas en torno al transporte se ubican en todos los años del quinquenio en último lugar. Todos los otros tipos de demanda cambian su peso y posición a lo largo del quinquenio. Es sintomático el crecimiento absoluto y relativo de las demandas en torno a la salud durante 2020.

¿Dónde protestan lxs vecinxs?

Sabemos que las divisiones administrativas son altamente arbitrarias y que lxs sujetxs de la protesta se mueven sin pensar en las líneas imaginarias que son cruzadas para llegar frente al edificio municipal. Sin embargo, esas mismas líneas imaginarias son producto y productoras de conflictos (Sydiq, 2020; Tilly, 2000, 2006). También sabemos que sin respetar a rajatablas esas fronteras, la ciudad expresa y representa en y a través de ellas su creciente desigualdad (Massey, 2008). En definitiva, estas fronteras heredadas no determinan mecánicamente el discurrir de la conflictividad, pero sí la condicionan (Auyero, 2002a; E. B. Guzmán, 2012; Soudias & Sydiq, 2020). Los agravios no se producen todos al mismo tiempo y en el mismo lugar y, al igual que la conflictividad, su espacialización es desigual, como es desigual también la densidad de población entre los barrios (Goñi & Roldán, 2021; Massey & Allen, 1984). La protesta tiene un desarrollo espacio-temporal desigual. Un primer rasgo de este desarrollo desigual se evidencia en la distinción entre aquellos barrios que registran conflictos y aquellos que no. Sobre 129 barrios que conforman el partido de Gral. Pueyrredon, sólo 8 no contabilizan notas donde se hayan identificado sujetx, conflicto y demanda: Camino a Necochea, Caribe, Funes y San Lorenzo, La Arboleda, La Germana, Lomas De Batan, Domingo Faustino Sarmiento, Villa Serrana.

El mapa 1 muestra la distribución espacial de la frecuencia absoluta (en escala logarítmica) de conflictos vecinales durante todo el quinquenio bajo estudio. Se destaca el peso del Área Centro por sobre todos los otros barrios. En segundo lugar, aparece Batán, el segundo centro urbano del partido de Gral. Pueyrredon. A partir del tercer lugar, las distancias se acortan mucho, como se puede apreciar en la tabla 8.

Tabla 8. Top 10 de frecuencia absoluta de conflictos vecinales, quinquenio 2016-2020

Barrios

Conflictos

Área Centro

275

Batán

64

Nueve de Julio

42

Bernardino Rivadavia

41

Las Heras

37

Sierra de Los Padres

37

El Martillo

36

Los Acantilados

36

Playa Serena

35

Playa Grande

32

Cerrito Sur

32

Fuente: elaboración propia en base a las notas de La Capital.

El peso del Área Centro se explica, en parte, por la cantidad de protestas que se realizan frente al Palacio Municipal y, en parte, por el carácter relacional de los conflictos. Con esto último queremos señalar que distintas autoridades gubernamentales que tienen residencia oficial en el Área Centro son interpeladas por lxs vecinxs que llevan adelante conflictos en distintos puntos del partido. Asimismo, en su gran mayoría, las movilizaciones parten desde un determinado barrio y culminan en el centro político del partido, es decir el Área Centro de la ciudad de Mar del Plata. Finalmente, lo que es una obviedad, el Área Centro de la ciudad alberga los símbolos del poder (edificio municipal) y de la lucha popular (la plaza).

Mapa 1

Por otro lado, el top 10 de la cantidad absoluta de conflictos vecinales según barrio (tabla 8) nos permite poner en relación los conflictos vecinales con el caudal de agravios que sufre cada barrio. Para ello tomamos como referencia el Índice del Nivel Socio-Habitacional (INSH) elaborado por Lucero (2016) con datos del censo nacional 2010, que establece cuatro valores: alto, medio, bajo y muy bajo. La investigación se circunscribe a la ciudad de Mar del Plata por lo que no contamos con los datos relativos a las localidades de Batán y Sierra de los Padres. Para los restantes ocho barrios, se observa lo siguiente: el Área Centro y el barrio Playa Grande presentan un INSH alto; por otro lado, ninguno de los barrios del top 10 presentan INSH muy bajo; los barrios 9 de Julio y El Martillo presentan un INSH medio; los barrios Bernardino Rivadavia, Las Heras, Los Acantilados y Cerrito Sur presentan una conjunción de INSH medio y bajo; finalmente, Playa Serena exhibe un INSH bajo. De conjunto, estos datos indican que, de los barrios que más conflictos desplegaron en el periodo bajo estudio, la mayoría presenta índices socio-habitacionales de nivel medio y bajo (seis barrios). Los datos ponen de manifiesto que los barrios que desplegaron más conflictos son aquellos que presentan condiciones socio habitacionales adversas, pero no las peores. Por otro lado, la activación vecinal en aquellos barrios que presentan un índice alto de condiciones socio-habitacionales (dejamos de lado el área centro por las particularidades ya descritas) recurren a la protesta excepcionalmente. En este sentido, quienes impulsan la conflictividad barrial interpretan la situación material como agravio en base a su economía moral colmada de nociones de justicia e injusticia social (Thompson, 1984).

Con el objetivo de sopesar la sobrerrepresentación del Área Centro elaboramos un índice de conflictividad vecinal (ICV) para la comparativa interanual de la frecuencia de conflictos, también en escala logarítmica.[14] Como se puede apreciar en el mapa 2, el Área Centro sigue con una incidencia excluyente por las mismas razones que ya esgrimimos. Sin embargo, también se puede notar con claridad que la variación interanual es pronunciada. Junto a la diferencia en la cantidad de barrios implicados, se puede ver el grado de concentración/dispersión barrial de los conflictos.

Mapa 2

Pese a ser un año con una cantidad menor de barrios con conflictos, 2020 presenta una menor concentración de conflictos en torno al Área Centro (la mancha naranja es extendida) y una menor distancia entre el Área Centro y los restantes barrios en lo que respecta al ICV (los barrios en blanco/celeste/azul son menos que en años anteriores). Una causa evidente de este rasgo es la aplicación por parte del gobierno del ASPO, que impactó en la movilidad de las protestas hacia el centro político. Otro año que presenta rasgos similares es 2017. Contrariamente a la dispersión que presentan estos dos años, 2016, 2018 y 2019 evidencian una mayor concentración de la protesta, observada en la ausencia de conflictos en una cantidad importante de barrios (tonalidad azul).

Ahora vamos a ver la distribución barrial de los distintos tipos de acciones. Al igual que en el mapa 2, elaboramos un índice de conflictividad vecinal (ICV) para la comparativa entre formatos de acción, y lo aplicamos con escala logarítmica. La diferencia reside en que las menciones refieren a un tipo de acción particular.

Las acciones comunicacionales se muestran concentradas en torno al Área Centro. Esto se debe, principalmente, a que la mayor parte de los comunicados se dirigen a alguna autoridad municipal. Las manifestaciones también se encuentran concentradas en torno al Área Centro; nuevamente su rol políticamente central vuelve a esta área un destino casi obligado de la mayor parte de las movilizaciones y concentraciones. Sin embargo, el formato manifestación presenta también una importante dispersión barrial, poniendo de relieve la existencia de otros territorios significativos para las movilizaciones. Finalmente, las reuniones son otras de las acciones que tienen su incidencia mayor en el Área Centro: esto se debe a que las sedes donde se llevan a cabo la mayoría de las reuniones se encuentran allí ubicadas: municipalidad, ministerios nacionales, ministerios provinciales, etc. Sin embargo, también aquí emergen otros territorios significativos para el formato reunión, aquellos donde se encuentran delegaciones municipales (Batán, Sierra de los Padres, y las zonas portuaria, norte y sur de Mar del Plata).

Mapa 3

A diferencia de lo visto en relación a reuniones, manifestaciones y comunicados, los ataques desplazan a un segundo lugar al Área Centro, ya que el índice mayor se encuentra en el barrio Belisario Roldán (debido al apedreo a la comitiva presidencial). Los bloqueos y ocupaciones también desplazan a un segundo lugar al Área Centro, en este caso el primer lugar lo ocupa el barrio San Juan (a razón del bloqueo de lxs maleterxs en la nueva terminal). Finalmente, los cortes de calle y ruta desplazan al Área Centro al trigésimo segundo lugar, y no hay en este caso un evento o conflicto particular que explique su localización, como en el caso de los ataques y los bloqueos.

Esto se explica por ciertos condicionantes para la producción efectiva de este tipo de acciones, como la disposición de un punto en una arteria de circulación importante en términos materiales y simbólicos. Un ejemplo son los puntos de ingreso y egreso de vehículos automotores a la ciudad, nos referimos a las rutas 2, 11, 88 y 226. En este sentido, es necesario tener en cuenta que los cortes tienen un contexto espacio-temporal social estructurado y estructurante, facilitador a la vez que limitante (Sznol, 2007). Los cortes no se hacen en cualquier lugar, hay un proceso de selección de sitios para llevarlos a cabo, para quemar los neumáticos, por ejemplo (Auyero, 2002a). Asimismo, los cortes son liberadores. Liberan el espacio-tiempo de la lógica mandante de la ley del valor y producen nuevas subjetividades. Por otro lado, hay que destacar que las localizaciones de los cortes de calle coinciden con los territorios que Lucero (2016) incluye en el anillo exterior de la ciudad, cuyos barrios se caracterizan por presentar un índice de nivel socio-habitacional muy bajo. De conjunto, los lugares que hacen a la efectividad del corte (las rutas) y los agravios urbanos que viven lxs vecinxs de los barrios donde esos lugares se emplazan, explican el comportamiento particular del corte como formato de acción.

Para finalizar este apartado, vamos a ver cómo se da la distribución barrial de los distintos tipos de demandas.

Mapa 4

Como vimos, los seis tipos de acciones se reparten en partes iguales, tres tipos encabezados por el Área Centro y tres tipos encabezados por otros barrios. Por su parte, los nueve tipos de demandas no se reparten balanceadamente. Economía, Trabajo y Género y DD.HH. están encabezadas por el Área Centro. Mientras tanto, Economía presenta una alta concentración en el Área Centro y Batán; las otras dos demandas presentan mayor dispersión (menos áreas azules y más de tonalidades naranja). Por su parte, las seis demandas restantes son lideradas por otros barrios y el Área Centro desciende al 3er puesto en Transporte, al 4º en Salud y Educación, al 8º en Alimentación, al 9º en Infraestructura y Vivienda y al 22º en Inseguridad. El predomino de las tonalidades naranjas en las demandas vinculadas a las cuestiones de infraestructura y acceso al suelo y la vivienda, por un lado, responden a su extensión y alcance barrial, la mayor parte de los barrios presenta problemas de infraestructura. Por otro lado, se condice con el alcance de los cortes y las manifestaciones como formas predominantes en relación a este tipo de demandas.

Al igual que en el caso de los cortes de calle, las demandas en torno a Alimentación se concentran en el anillo exterior de la ciudad, donde se encuentran los barrios con índices socio-habitacionales más bajos. Por el contrario, la demanda Inseguridad se concentra en el anillo interior de Mar del Plata, donde los barrios presentan índices socio-habitacionales cercanos a la media. Evidentemente, el sesgo del diario La Capital en cuanto a las secciones donde publica las noticias sobre reclamos de seguridad (“La Ciudad” o “Policiales”) en función del sujetx que porta la demanda está operando aquí y debe ser problematizado en futuros avances.

Finalmente, si bien Educación presenta una localización más concentrada que Salud, ambas comparten un patrón espacial que se explica por los lugares donde se encuentran las escuelas y los centros de atención primaria de la salud.

De conjunto, este set de mapas nos permite representar la heterogénea espacialidad de la conflictividad vecinal. Las formas y contenidos que presenta el devenir espacializado de la protesta produce la reconstitución conflictiva del espacio-tiempo social. Cada protesta, cada acción, no sólo está condicionada por las capas del espacio-tiempo heredadas y que están dominadas por la configuración clasista hegemónica: en su devenir, las acciones de protesta también producen capas espacio-temporales liberadas momentáneamente del yugo de la clase dominante. La protesta se apropia y reconfigura, el espacio-tiempo dominado por la ley del valor, lo reestructura y lo resignifica.

Coda

A lo largo de este capítulo hemos logrado construir dos imágenes panorámicas de la conflictividad en la ciudad de Mar del Plata a partir de la aplicación de técnicas computacionales: una referida a la conflictividad general, y la otra, a la conflictividad vecinal. Los resultados obtenidos nos permitieron testear nuestras conjeturas: la protesta barrial-vecinal ocupa un lugar destacado dentro de la conflictividad social general durante el período 2016-2020; su temporalidad y espacialidad están menos institucionalizadas que la temporalidad y la espacialidad de otras protestas como la laboral, la de género, o la estudiantil. Su distribución es espacial y temporalmente heterogénea, tendiendo a concentrarse en los barrios (vecindarios) que presentan índices medios y bajos en cuanto a condiciones socio-habitacionales y algún grado de organización popular. El conjunto de demandas más comunes se concentra en torno al tópico “infraestructura”; la conflictividad barrial-vecinal tiende a hacer un uso más extendido de las formas de lucha menos institucionalizadas y más disruptivas, como son los ataques, los cortes de ruta y calle, los bloqueos y las ocupaciones. Finalmente, los cambios en las temporalidades, los formatos de acción y las demandas durante 2020, expresan cómo la pandemia condicionó las dinámicas, tanto de la conflictividad general como de la vecinal.

El recorrido por la conflictividad social general y vecinal a lo largo del quinquenio nos permite ensayar periodizaciones alternativas al calendario y a los tiempos institucionales (mandatos y elecciones). Ambos, el calendario, con sus efemérides, y los tiempos institucionales, con sus plazos de vencimiento y renovación, inciden decididamente sobre la dinámica conflictual, al igual que, a su vez, lo hace esta última sobre el calendario y los tiempos institucionales. Sin embargo, estas dos aristas solas no alcanzan para ensayar periodizaciones un poco menos elementales y recurrentes. Lo primero que tenemos que decir es que las periodizaciones ensayadas se componen de múltiples discontinuidades, capas y pliegues espacio-temporales.

Según la caracterización realizada por el PIMSA y con la cual acordamos, el quinquenio bajo análisis en este capítulo estaría ubicado en un momento ascendente de la lucha producto de una mayor unidad y alianza (Carrera et al., 2020). Sin embargo, consideramos conveniente complejizar aun más el análisis. Por un lado, podemos señalar que, a grandes rasgos, hay cuatro intervalos de inflexión en torno a la conflictividad general (incluida la vecinal): 1) las luchas iniciales (2016) contra las políticas neoliberales de los gobiernos de Cambiemos en lo local, provincial y nacional, cuyo rasgo más característico es el aumento de la cantidad de conflictos conjugado con su dispersión (menor centralización)[15]; 2) los procesos de conformación de fuerzas sociales contra las políticas neoliberales que tienden a confluir en las luchas (2017 y primer semestre de 2018), cuyo rasgo más marcado es la reducción de la cantidad de conflictos conjugada con una menor dispersión de las luchas (mayor centralización) y cuyo epicentro catalizador se ubica en la huelga general nacional con movilizaciones y enfrentamientos del 18 de diciembre de 2017; 3) en el contexto de agudización de la crisis económica a partir de abril de 2018, las luchas finales contra las políticas neoliberales (segundo semestre de 2018 y 2019) que culminan con la derrota electoral de la alianza Cambiemos, este momento se caracteriza por un aumento de la cantidad de conflictos y acciones (hasta la huelga general nacional del 29 de mayo) en confluencia con un grado mayor de centralización de la lucha que también se expresa parcialmente en el terreno electoral; 4) la reconfiguración de la dinámica conflictual por la conjunción del triunfo electoral del Frente de Todxs, coalición electoral multipartidaria y multi-ideológica, la cual integran algunos movimientos sociales y organizaciones políticas progresistas y de izquierda participes de la conflictividad social del quinquenio, y la pandemia de COVID-19, que implicó medidas extraordinarias como el ASPO y el DISPO, aquí los rasgos predominantes son la reducción de la frecuencia de conflictos y acciones y la tendencia a la dispersión de las luchas populares.

Por otro lado, debemos apuntar que existen dos grandes temporalidades-territorialidades en la dinámica de la protesta: 1) una referida a las organizaciones de alcance nacional e internacional, como son, por ejemplo, el movimiento estudiantil, el movimiento obrero y el movimiento de mujeres, que tiene calendarios anuales que ordenan gran parte de sus iniciativas en torno a espacios como los lugares de trabajo, los establecimientos de enseñanza y la plaza central de la ciudad; 2) otra vinculada a organizaciones de anclaje local, en ocasiones sólo de tipo barrial, cuyo calendario se organiza al ritmo de las necesidades más acuciantes del momento (inundaciones, asaltos, violencia machista, apropiaciones de terrenos y casas, cortes de luz, etc.) como son, por ejemplo, las sociedades de fomento, los clubes barriales, las organizaciones sociales y los grupos de vecinxs autoconvocadxs en torno a las calles, avenidas y rutas del barrio o adyacentes y los espacios barriales con carga simbólica para la lucha, como plazas barriales, clubes, sedes vecinales, etc. Mientras la primera presenta patrones más estables y previsibles, la segunda carece de patrones definidos y muestra una mayor imprevisibilidad en el ritmo de sus acciones. Asimismo, la primera tiende a estar más regulada e integrada y la segunda a estar más desregulada y menos integrada. Estas diferencias se detectan en el uso más extendido que la conflictividad vecinal hace de las formas de lucha menos institucionalizadas y más disruptivas, como los ataques, bloqueos y cortes. También se detectan en las modulaciones temporales, pues mientras la conflictividad general presenta una tendencia a la concentración de conflictos durante los primeros semestres y en los años no electorales; en el caso de la conflictividad vecinal emergen particularidades propias y la tendencia tiende a desdibujarse. Las modulaciones propias del año de la pandemia (2020) ilustran también esta baja institucionalización.

En la agenda de investigación anotamos algunos tópicos para profundizar en otros trabajos el análisis de la conflictividad barrial-vecinal iniciado en este capítulo. En términos metodológicos, en primer lugar, pensamos en ampliar el corpus de textos con notas provenientes de otros portales noticiosos locales para ampliar la cobertura de eventos de protesta ocurridos en la ciudad. Además, debemos tener en cuenta que desde unos años atrás, con un hito fuerte durante la pandemia, un territorio nuevo común a lxs distintxs sujetxs de la protesta son las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea (Hernández-Conde et al., 2021; Liu, 2021; Pilgun et al., 2021; Sinpeng, 2021; Tang & Cheng, 2022), por lo que proponemos incorporar corpus de textos, en principio de Twitter y Facebook. En segundo lugar, consideramos necesario perfeccionar el modelo de análisis computacional, mejorar los diccionarios y aplicar algoritmos de clasificación supervisados, semi-supervisados y no supervisados (Deutschmann et al., 2020). Luego, en términos teóricos, en primer lugar, los datos aquí analizados instalan la pregunta sobre qué explica que pese a la centralidad cuantitativa de lxs vecinxs como sujetxs de la protesta en General Pueyrredon, presenten como rasgo particular la baja institucionalización de su dinámica conflictual. Para empezar a desentrañar el interrogante planteado, en segundo lugar, nos parece relevante ensayar un análisis comparativo directo entre la conflictividad laboral y la conflictividad vecinal, con la finalidad de identificar semejanzas y diferencias en los procesos organizativos y de lucha de lxs sujetxs preponderantes de la conflictividad en General Pueyrredon.

Bibliografía

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Angelcos, N., & Angelcos, N. (2021). Luchas por el significado del derecho a la ciudad: El caso de la coordinadora “Plebiscito por La Reina”, Santiago de Chile. EURE (Santiago), 47(140), 179-197. https://doi.org/10.7764/eure.47.140.09

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  1. PI3CET: “Producción del espacio y derecho a la ciudad. Conflictos, vivencias y discursos. Mar del Plata, siglo XXI”, Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. Para más detalle ver: https://observatoriodeconflictividad.org/
  3. Vale aclarar que la unidad temporal de los conflictos y de las acciones es de un día. Esto quiere decir que si un conflicto dura tres días su valor es 3, no 1.
  4. Sobre los “tarifazos” del servicio de gas natural en 2016 ver Sabbatella y Burgos (2017); sobre las protestas sociales que le hicieron frente ver Wyczykier (2018).
  5. https://www.trabajo.gob.ar/estadisticas/conflictoslaborales/
  6. Ver “Situaciones de conflicto laboral en San Juan (2016-2019): sectores, ramas y motivos” en esta compilación.
  7. Frente a la pandemia de la COVID-19, el poder ejecutivo nacional decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) el 20 de marzo de 2020 y el Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) el 8 de junio de 2020. Ambas medidas gubernamentales restringieron la circulación en el territorio nacional, en función de parámetros epidemiológicos relativos a la pandemia (decretos 297/2020 y 520/2020, Boletín Oficial de la República Argentina, disponibles en https://www.boletinoficial.gob.ar/).
  8. La acción comunicacional refiere a todo tipo de acción conflictiva donde el elemento predominante es el discursivo, es decir, el uso de la palabra; por ejemplo: comunicados, adhesiones, solicitadas y declaraciones en los medios.
  9. Los anuncios de acciones de protesta sin paro relevados por el MTEySS (2022) muestran una tendencia equivalente.
  10. La utilización del filtro para la identificación de notas que nombran al menos a un barrio puede estar generando un pequeño sesgo a favor del sujetx vecinxs. En futura investigaciones ajustaremos el diccionario de barrios para poder atribuir localización barrial a las sedes sindicales.
  11. La sección “Policiales” siempre fue incluida para la construcción de nuestras bases de datos sobre conflicto, pues tempranamente detectamos que allí se informa sobre acciones conflictivas cuyas demandas se estructuran en torno a la inseguridad/seguridad. Sin embargo, en la sección se publican también notas relativas a cualquier región de la Argentina sobre el tema. Aún no hemos terminado de desarrollar los códigos que nos garanticen un control suficiente sobre este sesgo; cuando lo hagamos, incluiremos nuevamente la sección Policiales como parte del corpus.
  12. Para una crítica al uso y abuso del concepto “derecho a la ciudad” recomendamos la lectura de Joaquín Andrés Benítez (2019).
  13. Sobre la problemática del agua potable recomendamos la lectura de Ana Núñez (2012) y Leonardo Lupi et al. (2021, 2021).
  14. Para construir este índice dividimos la frecuencia de menciones de palabras que refieren a alguna acción conflictiva sobre el total de conflictos y a este resultado lo multiplicamos por la cantidad de menciones de palabras que refieren a alguna acción conflictiva.
  15. Las nociones de dispersión/centralización refieren al grado de articulación y unidad entre organizaciones sindicales y movimientos sociales en las luchas del período bajo análisis (Carrera et al., 2020).


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