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10 Aproximación a las protestas sociales y laborales en México y Argentina en 2001[1]

Agustín Santella e Iván Montes de Oca

Introducción

¿Quiénes se opusieron o presentaron resistencia frente a las políticas neoliberales? ¿Qué fracciones de la clase trabajadora se movilizaron? ¿De qué modo estas resistencias condicionaron el proceso? En este capítulo realizaremos un avance empírico especificando los tipos y la composición de estas movilizaciones en relación a las acciones colectivas conflictivas. Para ello, construiremos algunos indicadores para especificar críticamente la propuesta de tipos de conflictividad laboral que incluya tanto a las fracciones proletarizadas como a las fracciones de la sobrepoblación relativa que resisten la proletarización. Por un lado, en este estudio ampliamos la mirada de la movilización más allá de los indicadores institucionales de la movilización obrera. Por otro, esta exploración nos permite introducir algunas preguntas teóricas sobre los significados de las resistencias a la fase capitalista neoliberal, desde la perspectiva de los procesos de formación (organización) y desorganización de clase en clave comparada. A partir del estudio de casos, introduciremos preguntas sobre los modos de conflictividad social y laboral y su relación con la formación desigual y combinada de la clase trabajadora. El estudio se realizará centralmente sobre México y Argentina en torno al año 2001. Tomamos para este capítulo el 2001 como avance parcial de un período mayor. El recorte de este año nos introduce a particularidades de dicho período.

En Argentina se experimentó entonces una crisis económica de proporciones mayúsculas como resultado de las políticas neoliberales y de las tendencias estructurales de largo plazo. En México, en el 2000 el PRI dejó el gobierno, luego de haber virtualmente monopolizado el control del estado desde la Revolución Mexicana. En este texto damos por sentado el conocimiento de estas particularidades coyunturales, las cuales son importantes para la interpretación de las principales figuras que surgen del estudio. Asimismo, en la comparación incluiremos el caso de Brasil para el contexto de algunos datos. La inclusión de un tercer caso nos permite buscar generalidades y particulares de las dimensiones observadas respecto de los dos casos en los que profundizaremos la comparación.

Acumulación y desposesión neoliberales

Para neoliberalismo retomamos la denominación que se ha hecho de un período económico, político e ideológico a escala mundial que comienza a principios de los años 80’s y que consiste, esencialmente, en la ofensiva del capital sobre el trabajo. Esta relación expansiva del capital comprende dos procesos, uno en torno de la explotación y otro mediante la desposesión o expropiación. Harvey (2004) define al neoliberalismo en los dos sentidos: como ofensiva del capital, pero agregando que la acumulación en este período se basa en la desposesión. Estos procesos se expresan en dos tipos de conflicto. Por un lado, tenemos la lucha del capital y trabajo por las formas y grados de explotación y, por otro, entre aquel y los pequeños propietarios o semiproletarios quienes se resisten a la proletarización.

La distinción entre estos dos procesos se ha incorporado a los estudios sobre protesta y formación de las clases obreras. ¿Cómo se relacionan estas dos formas de protestas con los procesos de formación de clases? El argumento muestra que es necesario situar la mirada en ambos procesos para dar cuenta de los modos concretos en que se forman las clases trabajadoras. Distinguir la desposesión de la explotación en la dinámica del conflicto de clase nos permitiría construir conceptualmente el análisis de una serie de formas de antagonismo de clase por fuera de la esfera inmediata de la producción capitalista, en la idea tradicional de “fábrica” como el lugar de organización obrera. El concepto de gran industria permite identificar este lugar tradicional, ya que éste designa tanto la fábrica de la industria manufacturera como cualquier actividad organizada formal y realmente por el capital en el proceso de concentración.

Sin embargo, esta apelación sobre la observación más allá de la gran industria ha sido delineada de maneras distintas. En una de las líneas posibles, se ha incorporado el problema de la sobrepoblación relativa (SPR en adelante) para dar cuenta de la fracción de los trabajadores por fuera del sitio de la gran industria. Este concepto señala al sujeto de clase sobre el que opera la desposesión y el conflicto. La desposesión refiere a la expropiación de los productores, proceso que potencialmente se convierte en su proletarización. El paso entre expropiación y proletarización no es inmediato, dado que este conjunto de productores puede permanecer en distintas modalidades de la SPR. Esto indica entonces el carácter contradictorio y procesal de la composición/formación de la clase trabajadora.

Karatsali et al (2014) y Silver, Karatsali y Kumral (2018) siguen la composición de clase en la protesta global incorporando la SPR como una categoría. Empero, mientras que en el primer estudio se menciona a la sobrepoblación relativa explícitamente, en el último se la nombra por un contenido que es asimilable al primer concepto. En éste se sigue un “tercer tipo” de conflictividad por parte de la fuerza de trabajo proletarizada pero no absorbida por el capital. Aquí, por tanto, se distinguen tres tipos de conflictividad laboral (labor unrest), y no dos como en Silver (2005). En contraste, por nuestra parte distinguimos desposesión y proletarización, en tanto la población expropiada puede no convertirse en explotada (empleada) por el capital. No obstante, podemos definir a la SPR no empleada por el capital como un momento de la formación de la clase trabajadora. Esto nos permite incluir a fracciones de la clase trabajadora no directamente explotadas.

Del análisis de eventos de protesta

En este texto analizaremos los datos sobre la conflictividad construidos a partir de la cronología realizada por el OSAL-CLACSO[2]. De aquí obtenemos información sintética sobre los principales conflictos sociales diarios durante todo el año (abarca el periodo entre los años 2000 al primer cuatrimestre de 2012). A partir de estos textos, estructuramos la información en las variables relativas a cada una de las acciones mínimas en que se componen los conflictos, siguiendo los métodos del Protest Event Analysis (Hutter 2014, Franzosi 2010: 43). Éste refiere a las definiciones y procedimientos para registrar, medir y analizar los eventos de conflicto. Ello se realiza mediante un registro estructurado de los atributos de las acciones en eventos. Franzosi (2010) ha definido las dimensiones fundamentales de los eventos en relación a los componentes del análisis gramatical. Así, la división sujeto – acción (verbo) – objeto representa la acción que se quiere reproducir en la estructura del dato.

Hutter (2014: 336) define al PEA como “…un tipo de análisis de contenido (cuantitativo)…” que “…convierte palabras en números.” El análisis de contenido es un procedimiento de codificación de textos (comunicaciones). En nuestra investigación, partimos del análisis de los textos (síntesis de las noticias sobre conflictividad) cuyo contenido se estructura en las variables de las unidades de análisis (cada evento). El registro de las categorías en cada variable es abierto, replicando, con la menor síntesis teórica, las categorías originales del texto. El método seguido aquí parte de una mínima estructuración del dato para, en pasos posteriores, realizar nuevas codificaciones más sintéticas (“agregarlos”) (Franzosi 2010: 36).

Esto nos permite introducir los problemas de la investigación. Un problema específico refiere a la formación de clase de los actores. Partir de las categorías del texto nos permite registrar el modo en que los actores se presentan y son presentados antes de que nuestra teoría les asigne categorías. En la primera fase de investigación hemos registrado todas las “personificaciones” de estos actores. Mediante nuevas categorizaciones de ellos (así como de las acciones, objetivos, y otras), se intentará arribar mediante la “agregación” a nuevos códigos. En tanto proceso inductivo, no está exento de conceptualización o abstracción de los rasgos comunes introducidos por comparación y analogía. El objetivo de la síntesis es la búsqueda de categorías que agrupen dispersiones teóricamente complejas, intercediendo aquí desigualmente la intervención teórica del investigador.

Esta discusión técnica sugiere un problema sustantivo en el análisis. La manera en que se presentan los actores hace al problema de la forma y contenido de estas formaciones colectivas. “Camionero” puede referir tanto a trabajador o empresario, así como “productor”, e inclusive “trabajador” puede no referir al concepto teórico marxista de clase trabajadora. A partir de todas estas categorizaciones del actor, realizamos un primer momento del análisis. Tanto “camioneros” como “productores” son identificaciones subjetivas de los actores a partir de la personificación del tipo de actividad económica. Dependiendo del contexto específico, estas identidades designarán fracciones de clase particulares, sin embargo, esta hipótesis debe ser un resultado de la investigación.

La movilización de los trabajadores en México y Argentina[3]

Usualmente, la movilización de los trabajadores es seguida mediante los datos disponibles oficiales de afiliación sindical, negociación colectiva, representación política sindical y actividad huelguística. Éstos constituyen el objeto sobre el que ha reposado la tesis de la declinación de la clase obrera y el sindicalismo. En ambos países se ha observado una tendencia descendente en todos estos procesos. La afiliación sindical en México ha pasado de representar el 30% en 1990 al 20% en el año 2000 respecto a los asalariados no agrícolas; mientras que, en el mismo período en Argentina, ha variado del 40% al 42%. En la manufactura, en el mismo período 1990-2000, estas tasas cambiaron desde el 30 al 20% en México y desde 70 a 66% en Argentina. Las tasas de afiliación sindical son tomadas como indicador de organización, pero junto con este dato necesita precisarse la naturaleza de la relación que representa. Se asume que la afiliación expresa la capacidad organizativa autónoma de los trabajadores, cuando es cada vez más reconocido que los estados y las patronales intentaron instrumentar la organización sindical para sus propios fines. La dependencia ha llegado al punto que, en México, se hayan hecho conocidos los denominados “sindicatos de membrete”, aquellos que afilian a trabajadores de empresas sin su consentimiento, incluso antes de la creación de la empresa. En estos casos, la afiliación es realizada por los sindicatos en negociaciones previas.

Otra tendencia que puede tener interés interpretativo es la composición sectorial. En México, la afiliación se ha concentrado en el sector público y en la educación. Más de la mitad de la afiliación sindical corresponde al sector estatal y, como parte de éste, un cuarto del total en el sector educativo, concentrándose en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) (Zepeda Martínez 2009: 76). Basándonos en estudios históricos, durante la declinación de la afiliación en los noventa parece haberse acentuado una tendencia histórica del sindicalismo mexicano de apoyarse en el sector estatal. Con esto debemos agregar que la afiliación sindical en el sector estatal (incluyendo maestros) era de tipo obligatoria, con el ingreso en el cargo. “Durante gran parte del siglo XX, los trabajadores del sector público estuvieron afiliados a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FTSTE) y la membresía era obligatoria.” (Zepeda Martínez 2009: 76). En 2004, el SNTE se apartó de esta federación, creando una propia bajo su dirección (Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos, FEDESSP), que pasaría a convertirse en la central sindical con más trabajadores, incluyendo la tradicional CTM. En 1978 el sindicato de la educación representaba también casi un cuarto del total de afiliados de todos los sindicatos mexicanos (Middlebrook 1995: 152), con aproximadamente medio millón sobre los dos millones doscientos mil afiliados. La afiliación del SNTE ascendería al millón hacia el año 2000. Esta figura presenta la centralidad de los trabajadores de la educación pública, hecho no afectado sustancialmente por las políticas neoliberales. Las tasas de sindicalización en el sector educativo se mantuvieron como las más altas en comparación con los demás sectores de actividad, siendo cercanas en los sectores estratégicos de la extracción, industriales, transportes y comunicaciones.

La extensión de la negociación colectiva también es muy baja en México: sólo el 10% de los asalariados estarían cubiertos, mientras que en Argentina, la cifra alcanza el 60%. En México existe la práctica de ponderar el pago salarial por la fijación de salarios mínimos, los que se estipulan en una comisión tripartita. Sin embargo, durante el período neoliberal, esta institución se caracterizó por tener una política de congelamiento, e incluso, depreciación real del salario mínimo. También hay que señalar que la estructura de la negociación colectiva es diferente respecto del nivel de agregación; en México predomina la celebración de convenios al nivel de empresa, por sobre el nivel de sectores de actividad.

La medición de la actividad huelguística es un tercer indicador usado para aproximarse al poder sindical y/o la fuerza social de la clase trabajadora. El contraste entre el comportamiento comparado es aun más amplio. Mientras que México se encuentra entre los países con menor tasa de actividad huelguística, Argentina se destaca por altas tasas. La representación política de los sindicatos en instituciones del estado es un cuarto indicador del poder sindical. Las tendencias en ambos países aquí convergen en el período. La cantidad de parlamentarios provenientes de los sindicatos desciende dramáticamente tanto en México como en Argentina.

El análisis ampliado de las protestas en la movilización de los trabajadores

A continuación, queremos completar y/o modificar algunas hipótesis sugeridas en el cuadro anterior, amplificando el análisis a los sectores no tradicionales de la protesta laboral.

Como vemos en el cuadro 1, los trabajadores ocupan un lugar destacado en el conjunto de actores populares de la conflictividad social. La discriminación de actores populares respecto de los que no lo son es un paso previo que, como toda selección categorial, implica conceptos relativos a un ejercicio de abstracción. Con popular aquí nos referimos a grupos, clases y fracciones en una posición subalterna en la estructura social del poder. Esto comprende las situaciones proletarias y semiproletarias en términos de relaciones de producción. Desde el punto de vista del sistema institucional del poder político estatal, estos grupos comprenden los que no ejercen sus funciones. En la medida que estos grupos intervienen en formas de acción colectiva en el conflicto, estos son registrados, tanto por la fuente provista por OSAL-CLACSO como en nuestra base de datos de conflictos. Entre los actores dominantes se destacan las fuerzas de seguridad (69 de los 932 casos totales en los tres países en 2001). La mayoría de sus acciones es, naturalmente, represiva. De toda la conflictividad, las acciones populares ocupan un lugar central (755/932 casos). Respecto de los sectores populares, es notable que los trabajadores representen aproximadamente la mitad de las acciones colectivas. En Argentina, trabajadores y desocupados se encuentran desagregados, ya que aparecen generalmente como fracciones separadas en los relatos, aunque desde la perspectiva teórica ambas formen parte de la clase trabajadora. Si agregamos estos dos grupos, la participación de la clase trabajadora es, como en Brasil, del 69%.

Cuadro 1. Acciones colectivas de sectores populares en Argentina, Brasil y México en 2001

Argentina

%

Brasil

%

México

%

Total

%

Trabajadores

167

45

88

69

116

43

371

49

Desocupados

88

24

1

89

13

Manifestantes

50

13

5

4

18

7

73

10

Militantes

14

4

7

5

33

12

54

7

Campesinos

1

12

10

41

11

54

7

Productores

12

3

37

10

49

6

Estudiantes

9

2

8

6

15

6

32

4

Presos

9

2

6

5

1

16

2

Vecinos

10

2

3

13

2

Mujeres

1

3

4

Total

361

100

127

100

267

100

755

100

Fuente: Base de datos Proyecto PICT 0780-2016. Nota: los casilleros vacíos designan valores porcentuales menores a 1.

La importancia de los trabajadores en el conflicto mexicano debería, en principio, matizar el mapa sobre la debilidad de su movilización. Del mismo cuadro se desprende una diferencia que es la presencia en ese país de otros actores como militantes, pero también campesinos y productores. Militantes designa varios tipos de sujetos, pero son mayormente formas de activismo político, intersectorial o partidario. Se destacan los zapatistas del EZLN en este grupo (12 casos sobre 33 en México). Las personificaciones políticas en varios casos se vinculan estrechamente con categorías sociales (el EZLN con el campesinado indígena, las acciones del FRENAPO en Argentina con la central sindical CTA, etc.). Sin embargo, en estos casos los actores representan formas de acción políticas, cambiando el carácter e identidad de la organización. En este grupo militante, se cuentan, por supuesto, los partidos políticos. Algunos de ellos como el PRI o PAN no pueden sindicarse como populares con precisión. Si bien en tanto partido el PAN no se trata de un partido “popular”, sino que es orgánico a las clases dominantes, se incluyen algunas acciones en donde movilizan personas más allá de los actos institucionales rutinarios en donde actúa generalmente. Lo mismo para el PRI, el cual representa un caso más complejo, ya que incluye sectores populares en su entramado (CTM, CNC, etc.). Sin embargo, nuevamente, no se trata de la organización como tal lo que se registra, sino de determinado tipo de acciones.

La categoría Manifestantes se construye en casos similares al de militantes, cuyos actores son coaliciones creadas en la movilización misma, los cuales mayormente responden a grupos de los sectores populares. Este grupo concentra muchas personas en grandes manifestaciones. En México, los zapatistas movilizaron cientos de miles en varias ocasiones durante 2001. Sin embargo, en conjunto, los trabajadores movilizaron más personas. De los casos que pudimos registrar cantidad de personas (se contaron en 221 eventos sobre el total de 931) que participaron en acciones colectivas (que fueron unos dos millones aproximados para los tres países), tenemos que participaron el doble de personas como “trabajadores” (un millón cien mil) respecto de las que lo hicieron como “manifestantes” (seiscientos cincuenta mil).

Cuadro 2. Personas participantes de acciones colectivas en Argentina, Brasil y México según actor principal en 2001

Manifestantes

Trabajadores

Otros

Total

Argentina

115500

307170

Desocupados 96050

567670

Brasil

185150

252950

510237

México

356100

558120

Campesinos 42700

1010810

Total

656750

1118240

2088717

Fuente: Base de datos Proyecto PICT 0780-2016. Calculado sobre cantidad de participantes en 221 casos de eventos.

Las cantidades de personas movilizadas son un indicador del grado de movilización conflictiva a nivel nacional y sectorial[4]. Esta estimación corresponde a todas las formas de acción, no solamente a manifestaciones o actos. Pero aquí los participantes en huelgas representan una parte menor de los participantes. La participación está menos registrada en las huelgas en Argentina. Esto puede deberse al carácter nacional de las huelgas (de tipo sectorial o general), cuya estimación por parte de la prensa es más difícil de realizar[5]. Volveremos sobre este punto cuando analicemos las huelgas.

Otros actores importantes en Argentina son, por supuesto, los desocupados, cuya presencia contrasta notablemente cuando la comparamos con México. En el año 2001, aunque aun más en 2002 y 2003, el movimiento de desocupados en Argentina se convirtió en el protagonista de la protesta social, incluso más que el tradicional movimiento obrero de los ocupados. Esto de hecho ha llevado a gran parte de los analistas de ese momento a pronosticar el fin de la protesta sindical o ver en este dato la confirmación de este pronóstico anterior. Durante estos años, la Argentina alcanzó niveles históricos de desocupados, superando toda la experiencia anterior. En este sentido, la aparición de un movimiento así se explica como respuesta a la desocupación. Una explicación alternativa es mirar a la desocupación misma en relación al funcionamiento de los mercados de trabajo en clave comparativa, a partir de la posibilidad de diferencias estructurales. Como se ha señalado, la desocupación potencial en México no se expresa en las tasas de desempleo por una serie de fenómenos propios. La desocupación se encuentra contenida por una economía del sector informal mucho más extendida históricamente. Una manera de interpretar la cuestión del sector informal es, en términos marxistas, relacionándolo con las formas de sobrepoblación relativa. La desocupación abierta refiere a la población “fluctuante” que entra y sale del mercado de trabajo (empleos asalariados a patrones). Sin embargo, otros sectores son la población “estancada” (sectores informales de baja productividad) o “latente” (campesinos). La desocupación en Argentina es posterior de un proceso de proletarización anterior, mientras que en México proviene desde otro punto. Aquí el proceso más importante previo y que continua en el neoliberalismo, refiere a la expropiación de la pequeña propiedad rural (privada o colectiva), con la consiguiente expansión de la sobrepoblación relativa. Esto tiene implicancias en la composición de la misma, que pasa a circular entre formas distintas pero siempre en modos de empleo o subempleo.

Este marco histórico-analítico puede ayudarnos a interpretar las diferencias en la composición de la protesta laboral. El fenómeno que contrasta paralelamente entre México y Argentina es la acción de los campesinos y, como veremos, de los productores de aquel país y de su ausencia (particularmente campesina) en Argentina. Otro actor importante en México, entonces, es el movimiento campesino. En la categoría de campesinos hemos agregado también a los movimientos indígenas, aunque los “productores” aparecen como grupo distinto. Las organizaciones más relevantes entre los productores son las Uniones nacionales de productores agrícolas (de cañeros, arroceros, cafeteros, etc.), afiliadas a la Confederación Nacional Campesina (CNC), tradicionalmente alineada con el PRI y luego los Frentes de Defensa del Campo. La protesta de los productores rurales es más significativa en México. No obstante, en Argentina también encontramos en 2001 acciones de grupos de productores rurales. Como sabemos, en 2008 en Argentina la movilización de este sector ocupará el lugar protagónico de la protesta social, alcanzando dimensiones históricas. Sin embargo, hay relaciones por las que se diferencian ambos grupos nacionales, que por ahora sólo podemos esbozar hipotéticamente. Los productores movilizados en Argentina son propietarios en tierras de alto valor mientras que lo contrario ocurre en México. Resultado de procesos históricos diferentes (no separados de lo anterior), el productor rural mexicano conformó regímenes de trabajo políticamente como parte de los repartos agrarios post-revolucionarios, con la extensión de la organización colectiva. En Argentina, otro proceso muy diferente tuvo lugar en la distribución y uso privado capitalista de la tierra.

Para una caracterización social de los productores mexicanos nos basamos en estudios de caso secundarios que caracterizan a los campesinos-productores como semiproletarios (Otero 2004). Este grupo se diferencia de los trabajadores asalariados rurales, por cuanto poseen la tierra, sea de modo comunal o colectiva (ejidos) o también privado. En algunos casos contratan trabajadores eventuales (migratorios, por cosecha) pero se basan en el trabajo propio junto con el trabajo familiar no remunerado. Sin embargo, la fuente del conflicto aquí reside en el proceso de negociación con las grandes empresas (ingenios) así como con la Secretaría de asuntos agrarios, ya que el Estado tiene responsabilidad en el crédito para los productores, fundamental para la cosecha. Este sujeto, entonces, compondría el movimiento campesino que en 2001 tuvo un importante momento de movilización y que se incrementará en años sucesivos, dando lugar a las demostraciones masivas del movimiento “El campo no aguanta” en 2002 (Singelmann 2006, Bartra 2006).

El análisis histórico de los conflictos de cañeros de Puebla nos acerca a la cuestión de las formas de la protesta laboral. Las luchas campesinas de estos productores recorrieron distintas relaciones por las cuales predominaron las formas proletarias o “empresario-campesinas” según el período. Este cambio depende de un conjunto de relaciones de fuerza económicas y políticas. Del estudio de caso mencionado, la misma organización ejidal pudo ser instrumentada interna y externamente por las grandes empresas y el Estado (imponiendo los dirigentes, por ejemplo). En situaciones así, la organización de productores pasa a ser un mecanismo de disciplina laboral extendido del ingenio (privado, antes de las estatizaciones de los años 80’s), proletarizando en la práctica a sus miembros. En esta etapa, los productores ejidales laboraban conjuntamente mediante una cooperativa que pagaba salarios a sus miembros. Esta práctica cambió por las resistencias, “campesinizando” la política de su organización e imponiendo cambios en las relaciones de trabajo. En una etapa posterior, los mismos campesinos rechazaron prácticas de negociación y organización colectiva de la comercialización y cosecha (una parte de éstos eligió afiliarse a la UNC, organización rival de la UNPCA que enfatizaba su carácter de pequeño productor antes que de campesino). No obstante, el empeoramiento económico hacia los noventa ha generado malestar creciente, sobre la base de una identidad campesina que sigue predominando sobre la empresarial (Otero 2006).

Volviendo al grupo principal de los conflictos, pasemos a ver cómo se componen las acciones colectivas de trabajadores. El tipo de acción y la composición sectorial ayudan al análisis comparado de la fuerza relativa de los trabajadores. Siguiendo el enfoque de “recursos de poder”, los trabajadores cuentan con recursos distintos, fundamentalmente de tipo estructural o asociativo. Mientras que el primero refiere al poder potencial que los trabajadores tienen por su posición en la estructura económica y del trabajo, el segundo da cuenta del poder que emerge como resultado de su organización. También puede incluirse en el poder asociativo la influencia que la organización tiene como resultado sea de alianzas sociales o de posiciones clave en el sistema institucional estatal (ver Santella y Montes de Oca 2020).

Este enfoque nos sirve para el análisis sectorial de las luchas obreras. Del conjunto de acciones de trabajadores, los docentes son el principal colectivo conflictivo en México (53%), mientras que en Argentina lo son los estatales y docentes (26 y 23% respectivamente)[6]. Brasil incorpora una diferencia en este momento en varios aspectos. Por un lado, aparece en el grupo de trabajadores el grupo de trabajadores rurales, mostrando una diferencia en las identidades referidas a la cuestión campesina vista anteriormente. La cuestión rural en Brasil es tan importante como en México (sólo en términos de conflicto popular, ya que en Argentina será quizá incluso más importante desde el punto de vista de los grandes y pequeños capitalistas agrarios). Sin embargo, en Brasil la lucha por la tierra ha sido organizada centralmente por el Movimiento de trabajadores sin tierra (más conocido como MST), que se postula en la articulación de las identidades de clase y rural, es decir, como parte de la clase trabajadora. Esto es parte de otra trayectoria histórica, distinta de la mexicana, donde la expulsión de la propiedad rural no se acompañó del proceso revolucionario de México. Quienes luchan por la tierra ya han sido expulsados, siendo parte de la sobrepoblación relativa más amplia, orientándose no obstante hacia el campo en su estrategia. Esta comparación es significativa para la discusión sobre las estrategias posibles en los trabajadores campesinos. Otro aspecto diferencial de Brasil, respecto Argentina y México, es que los docentes y estatales no ocupan el lugar central de la protesta en 2001.

El segundo grupo que participa de los conflictos en México son los trabajadores de industria, y esto nos introduce un matiz al panorama sindical esbozado más arriba. Trabajadores en general hace referencia a acciones en las que no se distingue el sector, sea por falta de información pero también porque se tratan de acciones de conjunto entre sectores, como las huelgas generales en Argentina o las manifestaciones organizadas por las centrales sindicales.

Un rasgo común a los dos países es que la protesta de trabajadores se ejerce en el sector público estatal (educativo y administrativo). Este dato puede interpretarse, junto con la ausencia de luchas en sectores estratégicos de la economía capitalista, como debilidad en el poder de negociación. Las huelgas en sectores no estratégicos de la estructura económica no tienen la misma capacidad de afectar a los capitalistas, lo que redunda en un balance desfavorable en el poder de negociación. La destacada participación de los docentes en la comparación sectorial como rasgo común a los dos países es una tendencia internacional. “El sector de la enseñanza es uno de los pocos que ha reflejado una tendencia ascendente de conflictividad laboral en las últimas décadas del siglo XX. Además, la difusión geográfica de ésta ha sido mucho mayor de lo que fue históricamente el sector textil o en el automóvil” (Silver 2005: 134). No obstante, Silver desmiente que los maestros no posean recursos de poder estructural. Tienen a su favor, la imposibilidad de la movilidad del capital, o la autonomía en el proceso de trabajo, aunque no cuentan como recurso con la interdependencia (que es su contrario) de las partes del proceso de trabajo, como sí sucede en las grandes empresas automovilísticas, por situar una comparación. También cuenta a su favor con la dependencia que la división social del trabajo tiene respecto del trabajo de los maestros en actividad (formación de fuerza de trabajo) (ibíd, p. 134). Algunos de estos aspectos pueden ayudar a explicar estructuralmente, la capacidad de movilización de los maestros y el hecho de que ésta haya dado resultados favorables de negociación en términos de conquistas laborales.

La participación sectorial docente se enfatiza si miramos la participación en cantidades de personas según las formas de acción. Como habíamos mencionado, sólo en México la fuente arroja datos respecto de la cantidad de personas en las huelgas, no sucediendo así en Argentina e imposibilitándonos de comparar este indicador. Sin embargo, esta información es significativa respecto del estado del conocimiento en la literatura especializada sobre este tipo de estimaciones, prácticamente inexistente. Casi un tercio de las personas en México participan mediante huelgas (278.000 sobre un millón). La composición mayoritaria de los huelguistas es abrumadoramente de docentes (243.800). Esta cantidad se concentra en 9 huelgas (3 en Oaxaca, 3 en Sinaloa, 1 en Chiapas, 3 Zacatecas, 1 universitaria en Texcoco y 1 interestatal organizada por la CNTE). Se trata de huelgas al nivel del estado (provincias) con, evidentemente, alta convocatoria, siendo tres de éstas por tiempo indeterminado. También los docentes en México son quienes más participan de la movilización de trabajadores (430.0800 sobre 558.120 trabajadores participando en las distintas formas de acción).

Aunque la composición sectorial económica de la conflictividad de trabajadores es similar en ambos países en cuanto al protagonismo docente y/o estatal, una diferencia -que concierne a una dimensión del poder tanto estructural como asociativo- es la extensión o nivel de la acción colectiva (alcance geográfico). Desde esta perspectiva, vemos que en Argentina las acciones se organizan a nivel nacional mientras que en México este nivel es prácticamente ausente. A partir de este nivel de observación, aparecen formas de acción y actores relevantes, como es la acción de trabajadores sin distinción de sector al nivel nacional. 12 de las 21 huelgas docentes en Argentina se realizaron a nivel nacional (convocadas por CTERA o CONADus, las centrales de trabajadores educativos de los tres niveles) mientras que, como vimos, no se registran huelgas de nivel nacional en México. Del mismo modo, las huelgas generales de trabajadores se registran en 4 ocasiones en Argentina, representando una forma de acción ausente en México. Del total de huelgas en Argentina, un poco más de la mitad se realiza a nivel nacional, no manifestándose las huelgas nacionales en su par. De estas huelgas generales participaron todos los sectores de actividad, con desigual acatamiento según cada una de ellas. En 2 ha participado la CGT oficial, junto con la CGT disidente de Moyano y la CTA, mientras que las otras 2 quedaron en manos de los disidentes de la CGT y CTA. Si bien la fuente de datos no informa de la cantidad de huelguistas, la estimación de la actividad huelguística sectorial y nacional alcanzaría a millones de trabajadores.

Estos datos tienen significación en términos del poder asociativo y estructural y complementan el análisis sectorial. En 2001, por un lado, los sindicatos de los sectores estratégicos no participan en conflictos sectoriales ya que, en términos generales, esta conflictividad se concentra en el sector educativo y estatal. Sin embargo, hemos observado una importante actividad huelguística que ha sido denominada de tipo política o de huelgas masivas de breve duración, las que se ejercen como presión directa al Estado en función de la agenda sindical que incluye, no raramente, demandas de política económica general.

Por último, exploramos las demandas que explícitamente los actores del conflicto formulan en sus acciones (los objetivos de la acción). Intentaremos distinguirlas en torno de la diferencia entre desposesión y explotación, así como respecto del poder de negociación. La mayoría de las demandas son de tipo económico en los dos países durante 2001. Nuevamente, los reclamos salariales representan el 39% de las demandas en México y 24% en Argentina, estando naturalmente vinculadas a los trabajadores. Una demanda realizada en Argentina, pero poco común en México, es la planteada respecto a las políticas económicas del gobierno (29 y 7%). En Argentina, el 46% de estas demandas son efectuadas por protestas de desocupados y 22% de trabajadores. Luego del reclamo salarial, en México le sigue en importancia los pedidos de subsidios a la producción (13%), reclamado desde los productores (rurales). En Argentina, dada la presencia del movimiento de desocupados, los subsidios mayormente pedidos son por desempleo. Si los reclamos salariales refieren a las formas de conflicto vinculadas al antagonismo de la explotación, los reclamos de subsidios (producción o desempleo), o también las medidas proteccionistas (8% en México, realizadas por campesinos) nos remiten a la cuestión de la “desmercantilización” o regulaciones del mercado. Estos tipos de reclamos son típicamente anti-neoliberales, en el sentido que específicamente se relacionan negativamente con los programas de reformas de liberalización de mercados. Los reclamos salariales no se relacionan de modo directo con estos programas, aunque lo hacen en la medida en que la mayoría de la conflictividad sindical se ubica en el sector público afectado por estas mismas políticas. Por último, dada la relevancia en Argentina del actor trabajador ocupado y desocupado, la importancia de los reclamos económico-políticos es un indicador de politización de las demandas. Desde la perspectiva de recursos de poder de negociación, esto puede indicar una estrategia para oponerse a los efectos de la ofensiva neoliberal desde un “frente unido” del trabajo, vinculando intereses particulares (ejemplo, desocupados) con los intereses generales de clase e incluso desde el punto de vista de la “sociedad”. La forma de construir las demandas, y de despegarlas en acciones, puede incidir en el balance de fuerzas en tanto se parte de la formación de fuerzas sociales.

Cuadro 3. Tipos de demandas en las acciones en Argentina y México 2001

Argentina

México

Total

Salarial

78

24%

78

39%

156

29%

Política Económica

97

29%

13

7%

110

20%

Denuncias y solicitudes políticas

21

6%

21

11%

42

8%

Subsidios a la producción

0

0%

26

13%

26

8%

Subsidios al desempleo

35

11%

3

2%

38

7%

Organizativa

6

2%

25

13%

31

6%

Contra represión

19

6%

9

5%

28

5%

Económica y democrática

26

8%

0

0%

26

5%

Proteccionismo mercantil

8

2%

15

8%

23

4%

Contra cierre de empresas

10

3%

1

1%

11

2%

Educativa

8

2%

3

2%

11

2%

Contra despidos

7

2%

3

2%

10

2%

Negociación colectiva laboral

3

1%

3

2%

6

1%

318

100

200

100

518

100

Fuente: Base de datos del Proyecto PICT 0780-2016.

Conclusiones

Esta observación pone de relieve formas y actores del conflicto poco medidos sistemáticamente (estimaciones cuantitativas) por las investigaciones comparadas en la región[7]. Hemos mencionado que la observación de nuevas variables permite incorporar más datos en torno al problema de los recursos de poder de negociación de la clase trabajadora. Los casos principales convergen en el protagonismo de la movilización en el sector público. Desde la perspectiva del poder de negociación de la clase -y no de sectores por separado- esto denuncia una baja movilización de sectores estratégicos. Esta conclusión, de todos modos, debe ser matizada, cuando incorporamos las movilizaciones nacionales de clase en Argentina, lo cual también se refleja en una politización mayor de la lucha económica.

Por otro lado, hemos planteado que este estudio puede interpretarse desde el problema de la relación entre conflicto laboral y definición de las clases trabajadoras. Un marco para elaborar críticamente nuestros datos es la investigación histórico global que Silver y su grupo han realizado rastreando la conflictividad laboral desde 1870 hasta el presente. En este marco, sin embargo, se puede plantear una serie de problemas conceptuales y empíricos. El campo antagónico de la desposesión es, de hecho, ambiguo en Silver, tanto que no se siguen las formas concretas de este tipo de acciones colectivas y sus sujetos. No sucede así con los sujetos de las luchas “marxianas” (explotación capitalista), en este caso el análisis histórico sigue los ciclos de negocios de los sectores globales de actividad seleccionados (donde se incluye a la enseñanza). Las luchas contra la proletarización son definidas, de modo “polanyiano”, como luchas contra la mercantilización. Una crítica que se ha hecho de Polanyi es que este antagonismo sociedad-mercado es abstracto por cuanto no identifica actores específicos en el curso de sus conflictos (Steinberg 2016). En esta tesis, la mercantilización es confrontada por la “sociedad” como entidad global, sin especificar las fuerzas sociales del conflicto. Cuando se identifican estas fuerzas, son los estados (como representación general de la sociedad) los que reaccionan mediante políticas de desmercantilización.

Una contribución del presente estudio es identificar los actores de este conflicto de clases que es más amplio, no centrado en la explotación. En este sentido, el campesinado es importante para la conflictividad mexicana, así como en la Argentina grupos sociales rurales fueron el centro de las luchas de clases en el año 2008. Sin embargo, en este país, estas fracciones representan a personificaciones capitalistas, mientras que en México expresan formas de campesinado. Por otro lado, aunque este campesinado pueda concebirse como parte de la sobrepoblación relativa, el mismo parece llevar adelante estrategias en términos distintos respecto de la clase trabajadora. Una variación se encuentra en el caso brasileño, donde las luchas por la tierra se realizan desde la identidad de “trabajador rural” y en alianza con las organizaciones de la clase trabajadora. La introducción de este caso como “control” es relevante para la conceptualización de las clases trabajadoras, dejándonos planteado un conjunto nuevo de preguntas para seguir en avances posteriores de investigación.

Bibliografía

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  1. Este capítulo es resultado una de investigación del Proyecto PICT 0870-2016. Debemos a Julia Soul contribuciones sustanciales en la formulación de los problemas y conceptos usados para este estudio. Facundo Bianchini colaboró en la construcción de los datos.
  2. Estas cronologías son síntesis tomadas en la lectura de los diarios principales de cada país.
  3. Para los datos de este apartado, así como para el contexto histórico amplio, remitimos a Santella y Montes de Oca (2020).
  4. Véase Biggs (2018) para una discusión y defensa de este indicador del peso de la protesta.
  5. De las 92 huelgas que pudimos registrar en 2001 en los tres países, la fuente brinda dato de participantes en 24 casos, de los cuales 18 corresponden a México, y ninguno a Argentina. Sin embargo, en Argentina hubo 41 huelgas mientras que en México hubo 29. Es decir que en más de dos tercios de las huelgas en México hay datos de participación y en Argentina no tenemos información alguna.
  6. Datos elaborados a partir de la base de datos de conflictividad social de Argentina, Brasil y México.
  7. Véase la profusa bibliografía de Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo que damos por conocida entre los lectores de este volumen. Respecto de México, Cadena Roa (2016) realiza una exploración con fuente en las cronologías de OSAL-CLACSO y del Laboratorio de Organizaciones y Movimientos Sociales de México.


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