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2. El contexto filosófico de las Enéadas

La obra filosófica de Plotino posee un carácter distintivo y, en cierto modo, único que ha llevado a los intérpretes a considerarla un punto de inflexión en la historia de la filosofía. [1] Su pensamiento ha sido entendido como culminación de una tradición[2] y, a la vez, como punto de partida de un nuevo modo de reflexionar y de experimentar el mundo.[3] Pero tanto una como otra concepción reconocen la enorme deuda de nuestro filósofo con los pensadores que le preceden y su capacidad para reunir en un pensamiento consumado doctrinas platónicas, aristotélicas y estoicas, principalmente.[4] Frente a esta multiplicidad de fuentes, los especialistas han brindado numerosos calificativos al modo en que Plotino integra las doctrinas más diversas: se ha hablado de síntesis original[5], desarrollo[6] y sistematización,[7] mezcla incierta en la cual los diferentes elementos pierden sus contornos respectivos,[8] transmutación de lo antiguo para darle una nueva dirección y sentido,[9] fundición en un todo orgánico e híbrido,[10] etcétera. Consideremos, además, que ya Porfirio señala el entrevero y la condensación de doctrinas antiguas presentes en las Enéadas.[11]

El estudio moderno de las fuentes del pensamiento plotiniano, por otra parte, ha favorecido en gran medida el conocimiento de los filósofos platónicos inmediatamente anteriores a Plotino, cuyos comentarios, según nos cuenta Porfirio, eran leídos en las clases de Plotino. De estos se mencionan a Severo, Cronio, Numenio, Gayo y Ático, aunque tal listado seguramente no sea exhaustivo. La búsqueda de los antecedentes medioplatónicos de Plotino, no obstante, posee la dificultad de que no disponemos de obras completas de los autores mencionados, mientras que, de los que contamos con obras completas, como Plutarco de Queronea, Máximo de Tiro, Apuleyo e incluso Alcínoo no son mencionados por Porfirio. Wallis, no obstante, afirma que aun si alguno de estos últimos autores hubiera sido mencionado por Porfirio en su listado, la situación tampoco variaría mucho.[12] El estudio de los autores mencionados, de todos modos, ya sea de los fragmentos o testimonios disponibles como de las obras completas, nos permite conformarnos una idea bastante precisa de las discusiones vigentes y del nivel de elaboración que habían adquirido las respuestas a los problemas filosóficos y exegéticos. En el próximo apartado haremos referencia a las principales vertientes entre los pensadores platónicos pre-plotinianos y a algunos caracteres propios de los pensadores del período. Porfirio también nos cuenta que en la escuela plotiniana se discutían, además, los escritos de los peripatéticos Aspasio, Alejandro, Adrastro, y de los que tuvieran disponibles. Los comentarios de Alejandro, sin lugar a dudas, son los que mayor influencia ejercieron sobre el pensamiento de Plotino y un análisis detallado de tal influencia, si bien nosotros no la abordamos en este trabajo, podría proveer resultados esclarecedores.[13]

Ahora bien, podemos afirmar que si a comienzos del siglo XX la distinción entre Plotino y sus antecesores platónicos era subrayada enfáticamente, gracias a la abundancia de datos relativos a la filosofía “medioplatónica” provistos por los estudios desarrollados en las últimas décadas, tal distinción es más difícil de defender en la actualidad. Los historiadores decimonónicos, de hecho, crearon la categoría de “platonismo medio” de modo de contraponer a los pensadores platónicos preplotinianos, por una parte, con Plotino, el fundador del Neoplatonismo, por otra. En los volúmenes más recientes, sin embargo, en los que se estudia desde una perspectiva histórico-filosófica el pensamiento correspondiente a esta época, los autores proponen categorías diferentes y revisionistas basados en nuevos criterios.

2. a. La tradición platónica en la época del Imperio

El término ‘Platonismo Medio’ [14] es una categoría historiográfica cuya finalidad es organizar, como ocurre con la categoría de ‘Neoplatonismo’, cierto período y a ciertos autores de la tradición filosófica que puede ser calificada de ‘platónica’. Pensemos que con el solo término ‘platonismo’ cubriríamos muchos siglos y filosofías de lo más diversas: desde (Platón? y)[15] los inmediatos discípulos de Platón hasta la edad de Justiniano. Estas categorías creadas en el pasado por los historiadores alemanes presentan, sin duda, dificultades, pero parece que tales distinciones resultan aún hoy útiles, sin importar tanto los términos utilizados para indicarlas.[16]

Debe tenerse en cuenta, no obstante, que el modo en que los filósofos se identificaban a sí mismos en la Antigüedad era bastante diferente. Durante la época helenística, el trasfondo filosófico de un pensador era indicado mediante la referencia a la escuela o grupo filosófico con el que había estudiado. De este modo, a aquellos que sentían una conexión cercana con la escuela de Platón se los conocía como ‘académicos’. Entre estos se encontraban Espeusipo, Jenócrates, Polemón y Crates, sucesivos escolarcas de la Academia, a quienes se consideraba como continuadores de la enseñanza de Platón en sus caracteres generales, a pesar de diferir considerablemente entre sí en los aspectos de la doctrina que promovían. [17]Se ha considerado que a esta época de la Academia le debemos, en gran medida, el haber organizado la obra platónica en un corpus doctrinal. Dillon afirma, por ejemplo, que fue Jenócrates quien colaboró mayormente a esto dirigiendo, posiblemente, una primera edición de las obras de Platón y organizando, en sus múltiples tratados, los dominios de la filosofía en tres ramas: Física, Ética y Lógica. [18]

Ahora bien, en el siglo II a. de C., como es sabido, cuando Arcesilao accede como escolarca de la Academia, la escuela se vuelca en una dirección diferente en cuanto a su interpretación de la filosofía de Platón. En esta época, la Academia toma una orientación escéptica basada en una visión de Sócrates fundada en los diálogos tempranos, en los que se lo retrata alegando su ignorancia y evitando ofrecer su punto de vista sobre los temas en discusión.[19] Este período escéptico dura alrededor de un siglo y medio y suele considerarse a Carnéades como su principal exponente.[20] Así pues, el nuevo perfil de la escuela provocó que a partir del siglo II a.C. el término ‘académico’ comenzara a ser utilizado para designar a aquellos que aceptaban la orientación introducida por Arcesilao. Por esta causa, con el tiempo se volvió necesario disponer de un término para aquellos que siguiendo las enseñanzas de Platón no apreciaran la contribución de Arcesilao y sus sucesores: el término ‘platónico’ satisfizo eventualmente esta necesidad, aunque no se encontraba libre de ambigüedades.[21]Glucker afirma, en relación con esto, que a partir de mediados del siglo II d.C. las fuentes evidencian el uso de este epíteto para referirse a filósofos que siguen una haíresis filosófica basada en los textos de Platón sin involucrar una filiación a la Academia u otra escuela.[22]

La interpretación escéptica de Platón tuvo una vida acotada. En los primeros años de la década del 90 a. de C., Filón de Larisa, escolarca de la Academia en esa época, se retira a Roma a causa de los disturbios políticos que agitaban Atenas. Allí prosigue con su actividad docente y publica nuevos escritos filosóficos. Un tiempo antes, Antíoco de Ascalona quien fuera principal discípulo de Filón, se aleja de su maestro promoviendo una filosofía diferente de la de aquel y agrupando a sus nuevos seguidores en una escuela. Llamativamente, la doctrina defendida por Antíoco guarda estrechas semejanzas con la de los estoicos, sobre todo en lo que concierne a la epistemología. Antíoco, sin embargo, sostiene que su doctrina se remonta a la Academia y que sus ingredientes estoicos sólo constituyen ajustes de aquellos aspectos vulnerables del pensamiento de Platón y de sus sucesores inmediatos como, por ejemplo, la teoría de las Ideas.[23]

La crisis definitiva de la Academia, entonces, ocurre cuando un nuevo tratado redactado en Roma por Filón llega a las manos de Antíoco, quien también había abandonado Atenas y se encontraba en ese tiempo en Alejandría. Si bien en la actualidad no disponemos de los escritos de Filón, a partir de diversos testimonios los especialistas concluyen que en sus obras romanas el escolarca defiende la continuidad doctrinal de la Academia y niega que exista un distanciamiento teórico entre los diádocos escépticos y los inmediatos sucesores de Platón. Este filósofo subraya la unidad esencial de la historia de la institución platónica enfatizando, por un lado, la naturaleza aporética y escéptica de las enseñanzas de Sócrates y de muchos de los diálogos de Platón, y moderando, por otro, la posición escéptica de Arcesilao y sus sucesores.[24]

Antíoco, por su parte, al tomar conocimiento de los nuevos escritos de su antiguo maestro reacciona negativamente y escribe una obra en contra de Filón intitulada “Sosus”, posiblemente en honor al filósofo estoico nativo de su misma ciudad, Ascalona. Este episodio marca, por una parte, la ruptura final entre Antíoco y la Academia escéptica, a la que había adherido durante muchos años.[25] Pero la sedición de Antíoco constituye, a su vez, tanto el puntapié inicial de una nueva tendencia filosófica que prosperará durante numerosos siglos hasta el final de la Antigüedad, como el ocaso de un modo de comprender la filosofía de Platón que no volverá a tener nuevos adherentes sino hasta el siglo XX. [26]

Ahora bien, lo que sucede después de la reacción adversa de Antíoco no es del todo claro para nosotros. Sabemos que este filósofo regresa a Atenas (a diferencia de Filón que muere en Roma) y dirige una escuela que recibe el nombre de ‘Antigua Academia’ con discípulos que lo acompañan desde Alejandría. Los testimonios, sin embargo, no nos permiten saber con certeza si Antíoco habría sido nombrado sucesor de Filón. La opinión de los estudiosos se divide en este respecto. Armstrong y Witt, por ejemplo, sostienen que Antíoco habría sido escolarca de la mismísima Academia platónica.[27] Glucker, por el contrario, en su detallado estudio sobre este filósofo, responde a la cuestión negativamente: Antíoco habría sido el indiscutido director de su propia ‘Antigua Academia’, la escuela más influyente de Atenas de su época, que funcionaba en el centro de la ciudad y no en el tradicional gymnasium. Antíoco habría sostenido, incluso, que su nueva institución era la verdadera heredera de la tradición platónica. Pero tal como afirma Gluker, Antíoco no habría accedido a la dirección de la escuela fundada por Platón y, aparentemente, Filón no habría dejado sucesor alguno.[28] En cuanto a la escuela de Antíoco, sabemos que a su muerte es heredada por Aristón, su hermano y discípulo. No sabemos quién recibió, si es que hubo alguien, la dirección de la institución tras la muerte de Aristón ni qué fue de ella. Cabe señalar que, desde la aparente extinción de esta escuela y durante un siglo aproximadamente, no encontramos a ningún filósofo viviendo en Atenas al que las fuentes le otorguen el calificativo de ‘académico’ o ‘platónico’.[29]Como resultado de este conflictivo proceso, pues, desde la mitad del último siglo a. C. y por más de cien años Platón carecerá de herederos de su legado filosófico en su propia tierra.

Las circunstancias que hemos descrito, sin embargo, no disminuyeron la fecundidad del pensamiento de Platón. Por el contrario, como ya afirmamos, la disolución de la Academia da pie al surgimiento del ‘platonismo’. Las fuentes nos revelan, de hecho, que el apelativo πλατωνικός comienza a utilizarse del modo descrito en los dos primeros siglos de la edad imperial. Su uso se explica como una consecuencia del deseo de los nuevos pensadores dogmáticos de no comprometerse con la tradición escéptica de los siglos precedentes. A los integrantes de esta corriente en decadencia, por otra parte, las fuentes los identifican con el calificativo de ἀκαδεμικοί. La contraposición de estos adjetivos, pues, revela el surgimiento de la nueva concepción y la imposibilidad de conciliar a los nuevos ‘platónicos’ con los antiguos ‘académicos’.[30] Ahora bien, la desaparición de la institución permite, a su vez, que pensadores libres de toda filiación institucional y en diversas regiones aledañas al Mediterráneo se dediquen a la investigación del ‘verdadero significado’ de los escritos de Platón. Con el tiempo, pues, tal empeño logrará que la identidad aglutinadora de los seguidores del ateniense antaño provista por una institución encuentre su fundamento en una convicción o ideología (αἵρεσις).[31]

Cabe señalar, no obstante, que algunos especialistas han resaltado últimamente la dificultad que presenta la dicotomía escepticismo – dogmatismo como principio organizador en la historia de la filosofía antigua para distinguir a académicos de platónicos, es decir, entre los filósofos del período que media entre Arcesilao y el Neoplatonismo. Tanto Tarrant[32] como Opsomer[33] sostienen que este binomio es ineficaz a la hora de examinar textos como el Comentario Anónimo del Teeteto (c. s. I d.C?)[34] y que resulta problemático, a su vez, a la hora de clasificar a un autor como Plutarco quien, aun siendo incluido entre los llamados filósofos medio-platónicos, no es un defensor del dogmatismo platónico sin más.[35] Sumada a estas dificultades historiográficas se halla la cuestión histórica de si puede atribuirse la ‘paternidad’ del renacimiento del platonismo dogmático a un filósofo en particular. Mencionamos anteriormente a Antíoco de Ascalona como posible candidato, puesto que desarrolla una visión dogmática del platonismo con una fuerte impronta estoica. Pero unas décadas más tarde en que este pensador polemizaba con su maestro escéptico, Eudoro de Alejandría ofrecía una versión también dogmática del platonismo con una impronta, en su caso, marcadamente pitagórica.[36] Eudoro, en efecto, es un exponente característico de una corriente platónico-pitagórica floreciente por ese entonces.[37] Antíoco y Eudoro se diferencian, sin duda, de la corriente escéptica que les precedió; sin embargo, algunos especialistas se inclinan a pensar que no es posible atribuirle de modo definitivo y excluyente a ninguno de ambos la paternidad de esta “restauración” dogmática, por lo que habría que considerarla como un proceso complejo y en el que confluyeron diferentes tendencias coexistentes.[38] Ahora bien, si la categoría de ‘Platonismo Medio’ presenta dificultades respecto del período que le precede, también es necesario atender a las dificultades que presenta tanto respecto del período y de los autores que engloba como del período que le sigue, es decir, el Neoplatonismo.

Podría entenderse, por ejemplo, que el período englobado por el ‘Platonismo Medio’ es una división puramente temporal, un momento preciso en la cronología del pensamiento antiguo. [39] Comprenderlo en este sentido nos enfrentaría con la falta de una fecha precisa y creíble para su comienzo, además de evadir toda pretensión descriptiva y calificativa de la categoría. Podría considerarse, en otro sentido, que el término ‘Platonismo Medio’ alude a una corriente de pensadores platónicos cuyo denominador común parecería ser la ausencia de elementos propiamente plotinianos.[40] Esta interpretación, sin embargo, parece estar en conflicto con la historiografía reciente del medioplatonismo que ha puesto de manifiesto de modo creciente la deuda plotiniana respecto de los filósofos medioplatónicos.[41] Si aceptamos, por el contrario, una continuidad temática y de la estructura conceptual entre ambos períodos, las categorías parecen disolverse una en la otra. Ahora bien, si se quiere sostener la existencia de un tipo peculiar de platonismo que habría comenzado alrededor del siglo I a.de C. para concluir en tiempos de Plotino se vuelve necesario indicar los lineamientos peculiares de esta corriente que la distinguirían de cualquier otra.

Algunos especialistas han brindado una caracterización del Platonismo Medio en esta dirección, señalando una serie de ideas que les son comunes a los pensadores medioplatónicos. Siguiendo a M. I. Santa Cruz podríamos decir que lo que caracteriza en términos generales al conjunto es el intento de recuperar la dimensión suprasensible como fundamento explicativo del mundo sensible. Algunos otros puntos de preocupación comunes señalados son: 1. La postulación de un primer principio de la realidad. 2. Esbozos de una teología negativa como modo de referirse a ese primer principio. 3. La afirmación de la Inteligencia suprema como el ‘lugar’ de las Ideas platónicas. 4. Inclusión de una jerarquía de potencias espirituales entre el primer principio y nuestro mundo. 5. El planteo del problema de la materia y del mal, con tendencias en muchos autores a soluciones de tipo dualista. 6. La prédica de la necesidad del retorno al principio, que sólo puede alcanzarse a través de intermediarios.[42]

Ahora bien, en el siglo I a. de C., como ya mencionamos, había una diversidad de imágenes de Platón que presentaban entre sí un fuerte contraste. La visión escéptica que los académicos habían sostenido el siglo anterior estaba ya en retroceso y se perfilaban al menos otras dos versiones alternativas: una imagen estoicizante de Platón, tal como la que proponía Antíoco y otra pitagorizante como la propuesta por Eudoro. Visto desde esta perspectiva, lo que llamamos ‘Platonismo Medio’ también podría considerarse, como lo hace Frede, el momento conflictivo durante el cual se enfrentaron diferentes versiones de platonismo que se encontraban o confundían alternando la prevalencia de los aspectos de una u otra. [43] Esta caracterización parece implicar que el renacimiento del platonismo dogmático no fue un proceso unificado y sistemático sino, más bien, el campo de batalla en el que diferentes imágenes de Platón, incompatibles en diversos respectos, se enfrentaban entre sí. Esto lo distinguiría, de acuerdo con Donini, del Neoplatonismo que lograría, gracias a Plotino, una recomposición unificada de la imagen de Platón.[44] Junto con esta caracterización de las imágenes propuestas por los platónicos acerca del filósofo ateniense cabe señalar una distinción más que puede indicarse en el seno del platonismo de aquella época. Se trata de la existencia de una vertiente aristotelizante, del cual tanto Alcínoo como Apuleyo son representantes, y de la existencia, a su vez, de otra corriente platónica antiaristotélica, del cual la obra de Ático es un ejemplar. Este último autor parece reaccionar, en efecto, contra la tendencia creciente de sus contemporáneos de interpretar a Platón sirviéndose de Aristóteles con lo cual sus escritos evidencian, más bien, la existencia de ambas tendencias.[45]

Chiaradonna y Bonazzi ofrecen, en este sentido, una interesante clasificación de los autores medioplatónicos. Consideran, por una parte, la tradición interna a la Academia y, por otra, la externa. En cuanto a la primera indican una división entre quienes conservan el escepticismo académico sin renunciar a la impostación teológica y metafísica (como Plutarco y el autor del Com. Anon. al Teeteto) y, por otro, quienes rechazan al escepticismo como una traición al pensamiento platónico (como Antíoco y Numenio, entre otros). En cuanto a la segunda se menciona, en primer término, la actitud favorable frente al estoicismo (Antíoco, Ático, Longino) y la desfavorable (Plutarco) y, en segundo término, la relación problemática con el pensamiento de Aristóteles. Frente a tal polifonía y diferencias, sin embargo, señalan dos problemáticas compartidas y líneas de tendencias comunes a los pensadores platónicos: la creencia en que la filosofía de Platón era el único sistema capaz de dar cuenta de la realidad y la tarea autoimpuesta de reconstruir tal sistema doctrinal subyacente, tal como se creía, en los diálogos. Otro elemento de continuidad entre las diversas tendencias del platonismo es la actitud religiosa de fondo que, si bien es compartida con el estoicismo, tiene como elemento característico la insistencia en la trascendencia de la divinidad.[46]

Una última subdivisión que debemos considerar dentro de la corriente de pensadores medioplatónicos es la propia de la escuela de Gayo. Este autor habría fundado una escuela en Alejandría o bien en Asia Menor[47] a la cual el filósofo Albino, a su vez, habría asistido para adquirir su formación filosófica. [48] Albino es el autor al que se atribuyó durante algunas décadas la autoría del Didaskalikos lo cual dio cierta fuerza a la imagen de una escuela platonica no ateniense. Asimismo, las semejanzas que se encontraban entre el Didaskalikós y el De Platone et eius dogmate de Apuleyo,[49] quien también habría sido discípulo de Gayo, parecían indicar una fuente común a ambos escritos, que los especialistas creían encontrar en Gayo.[50] La historiografía reciente, sin embargo, ha descartado la propuesta de Freudental de considerar a Albino como el autor del Didaskalikós, y se inclina a creer en que las semejanzas entre los escritos de Alcínoo y de Apuleyo apuntan a una multiplicidad, más bien, de fuentes en común que se enmarcarían en una tradición entonces ya establecida y en gran parte hoy perdida de escolasticismo medio-platónico.[51] Esta nueva luz aportada por las investigaciones actuales, no obstante, ha dejado la ‘Escuela de Gayo’ en penumbras debido a que no es posible atribuirle una filiación directa con escritos de importancia hoy disponibles, aparte de un breve escrito de Albino.[52]

Podemos afirmar que las tensiones aludidas, internas del platonismo dominante de la época, se habrían suscitado inevitablemente en la búsqueda por la verdadera naturaleza del platonismo cuyo eje podríamos colocar en el problema de la interpretación de los escritos platónicos y la consecuente determinación de las verdaderas doctrinas defendidas por Platón. Comprender de este modo las tensiones intraescolares, por así decirlo, pone de relieve que la disputa entre los platónicos es de carácter eminentemente hermenéutico, lo que favoreció, a nuestro entender, el gran desarrollo de una metodología de lectura y de interpretación.[53] Es llamativo, por otra parte, que la proliferación de tensiones internas al platonismo corre paralelo con la progresiva absorción no solo de las escuelas helenísticas sino también del aristotelismo por parte del platonismo que permanecerá como indiscutido protagonista de la escena filosófica hasta el fin de la Antigüedad.[54]

Otra de las características que se han señalado de la filosofía platónica imperial es el surgimiento de un nuevo concepto de autoridad, ausente en los pensadores precedentes de la Academia escéptica. La novedosa concepción de autoridad que los pensadores proyectaban sobre Platón ha sido interpretada por algunos especialistas como el verdadero punto de partida de la revolución intelectual de aquella época, considerada más significativa, incluso, que la que da origen al neoplatonismo.[55] Boys-Stones, uno de los actuales defensores de esta interpretación, afirma que tal concepto de autoridad incluye un viraje en cómo los pensadores entendían que debía ejercerse la filosofía y sostiene que el platonismo no debe ser definido tanto por sus doctrinas como por su metodología.[56] La característica propia de los pensadores que podemos llamar platónicos, por tanto, yace en su creencia de que la filosofía de Platón es dogmática[57] pero, por sobre todo, autoritativa.[58] Boys-Stones sostiene que la autoridad atribuida por estos pensadores a Platón, según la cual el filósofo ateniense posee la verdad de un modo incuestionable, está basada en la adopción por parte de aquellos de la teoría estoica de la ‘sabiduría primitiva’. Según esta teoría, los hombres de la antigüedad más remota habrían tenido a su alcance la verdad perseguida por la filosofía y esta verdad se encontraría preservada, a su vez, en las tradiciones más antiguas. La mitología de la India, Persia, Egipto, Asiria e incluso de Grecia antigua, entre otras, es el material en el que esta sabiduría primitiva se encuentra presente, aunque velada mediante la alegoría, y a la que los filósofos deben recurrir para develarla. Platón, sin embargo, es considerado por los platónicos como quien consigue acceder a esta sabiduría del modo más exitoso, logrando una reconstrucción, compilación y explicación inigualables. Los diálogos del ateniense, por tanto, constituyen el camino de acceso más seguro para los intérpretes tardíos a la sabiduría que todas estas tradiciones poseen en común. Los filósofos (medio- e incluso neo-)platónicos son, pues, aquellos que recurren a Platón como autoridad indiscutida en quien es posible encontrar las doctrinas propias de la sabiduría primitiva, conocimiento último que toda filosofía ambiciona, según el entender de estos pensadores. Tarrant, por otra parte, señala que la naturaleza de la filosofía había cambiado considerablemente respecto de la Antigüedad también en cuanto a que el mercado de educandos en filosofía no buscaba tanto un genio en su maestro como el genio de las obras de los autores clásicos. Esto habría permitido que la filosofía sobreviviera dejando que los antiguos hablaran por sí mismos y habría impulsado a los nuevos filósofos a construir su reputación solamente interpretando a aquellos. Las razones aducidas por Boys-Stones y por Tarrant, en fin, ponen de manifiesto que la tarea y el desafío de los maestros en filosofía platónica del imperio consistió principalmente en articular un sistema doctrinal subyacente a los diálogos de Platón, para lo cual fueron desarrollando un modo hermenéutico coherente de acercarse a los textos.[59]

Esta práctica de lectura y exégesis fue llevando con el tiempo a una destilación de ciertas gmata de los diálogos de Platón, que para el siglo II d.C. ya poseía un carácter acabado. Recordemos que en esta época se escriben los dos manuales de platonismo (imperial), uno latino y el otro griego, que han llegado hasta nosotros: el De Platone et eius dogmate de Apuleyo y el Didaskalikós tôn Plátonos dogmáton de Alcínoo. El tiempo de Plotino, pues, se nos muestra como un período en el cual, tras seis siglos de intensa actividad de lectura, interpretación y diálogo crítico “intra-platónico”, el pensamiento “platónico” había adquirido un alto grado de sistematización y había trazado los lineamientos y dispuesto los materiales necesarios para que una personalidad potente y creativa[60] recurriera a ellos innovadoramente de modo de infundir nuevos impulsos vitales al platonismo.


  1. Cfr. Eon (1970: 252), también Runia (1999: 152).
  2. Armstrong (1980: 281).
  3. Respecto de Plotino como iniciador de un nuevo período en la Historia de la Filosofía véase, por ejemplo, Armstrong (1967: 195), Wallis (2002: 1) o, también, Rist (1967a: 213), quien se refiere a Plotino como ‘el padre de la mística Occidental’.
  4. Santa Cruz (2007: XI). Se ha afirmado también que Plotino abreva en fuentes orientales. Cfr., por ejemplo, Bréhier (1953 [1928]: 142-145). Bussanich (1988: 4) sostiene una posible influencia de los Oráculos Caldeos y Picavet (1903: 1-19) analiza la relación de la filosofía plotiniana con las tradiciones mistéricas.
  5. Igal (1982: 43) y Santa Cruz (2007: 25). También Gurtler (1988: 246).
  6. Wallis (2002: 44).
  7. Wallis (2002: 4).
  8. Eon (1970: 254), donde el autor expresa la opinión de Brunschvicg.
  9. Dodds (1960: 1).
  10. Santa Cruz (1997: 342).
  11. Porfirio, Vida de Plotino 14, 4 y 6. emmígnymai y katapyknóo, respectivamente.
  12. Wallis (2002 [1972]: 30).
  13. Cfr. en tal sentido el libro clásico de Merlan (1963: 4-84), el trabajo de Schroeder (1984: 239-248) y el apartado dedicado a Alejandro en Chiaradonna (2012: 41-44).
  14. Para una bibliografía exhaustiva (hasta 1986) sobre los pensadores incluidos en este período véase Deitz (1987: 124-182).
  15. Acerca del platonismo de Platón véase Gerson (2013). Entiéndase por la cuestión del platonismo de Platón, tal como el autor lo aclara en su primer capítulo (p. 3), si la evidencia que poseemos nos permitiría defender la posición según la cual la filosofía de Platón está sustancialmente de acuerdo con la de los que se llamaban a sí mismos platónicos (platonists). Gerson defiende la posición de que la respuesta es más bien un sí.
  16. Donini (2011: 286-287). Varios de los autores incluidos en la Bibliografía utilizan también el término ‘Platonismo Imperial’ para referirse al mismo conjunto de autores involucrados en la categoría de ‘Platonismo Medio’.
  17. Tarrant (2011: 63).
  18. Dillon (2010: 432:445). Véase también Dillon (2002: xxvii ss.). Muchos de los títulos de las obras de Jenócrates, todas perdidas, parecen indicar una tendencia a sistematizar la doctrina platónica. Por ejemplo: Sobre la Naturaleza, Sobre la Sabiduría, Sobre el Ser, Sobre las Ideas, Sobre el Bien, Sobre los Dioses, etc. Dillon (1993: xxvii).
  19. Tarrant (2011: 64).
  20. Ibid. La cuestión de la Academia escéptica es problemática y no es nuestra finalidad ahondar en ella. En las últimas décadas, incluso, se han propuesto interpretaciones de este período novedosas respecto de la interpretación tradicional, relativas al carácter del llamado ‘escepticismo’ académico y a su relación con el ‘platonismo medio’. Para un estudio detallado de la cuestión véanse Tarrant (1985), Opsomer (1998) y Bonazzi (2003). Para una exposición general de los caracteres principales de la filosofía de los académicos escépticos más importantes véase Chiesara (2007: cap. II).
  21. Tarrant (2011: 65).
  22. Véase Glucker (1978: 206ss.).
  23. Glucker (1978: 19-28 y nota 41).
  24. Cfr. Dillon (1977: 55). Sedley (1981: 67 – 75) provee algunos puntos innovadores respecto de la visión de Dillon y de Glucker acerca de las causas de la polémica entre Filón y Antíoco.
  25. Glucker (1978: 14).
  26. Para un estudio detallado de la polémica entre Filón y Antíoco véase Glucker (1978: 13-97). Véase También Dillon (1977: 52-113). Para un análisis de la relación de Antíoco con el renacimiento del platonismo dogmático véanse Tarrant (2007a: 317-332) y Trabattoni (2005: 13-50). Véase también Bonazzi (2009: 33-54) para un estudio de la relación de Antíoco tanto con el platonismo como con el estoicismo.
  27. Cfr. Armstrong (1966[1957]: 238); Witt (1971: 22, 24).
  28. Glucker (1978: 106 – 111).
  29. Glucker (1978: 121).
  30. Bonazzi (2003: 210), quien sigue a Glucker (1978: 206-225). También Tarrant (2010: 65).
  31. Cfr. Sedley, op. cit., p. 68. Para un estudio de la noción de αἵρεσις platónica véase Glucker (1978: 206-225). El binomio de adjetivos platónico – académico, o dogmático – escéptico, sin embargo, no está libre de dificultades ni parece poder utilizarse eficazmente respecto de todos los autores o escritos medioplatónicos. Los casos de Plutarco y del Comentario Anónimo al Teeteto son ejemplos en los cuales estas duplas no son del todo aplicables. Cfr. Bonazzi (2003: 179 – 240).
  32. Tarrant (2011: 70-71).
  33. Opsomer (1998: 14ss).
  34. Tarrant (1983: 161-187).
  35. No nos adentraremos en la discutida cuestión sobre las tendencias académicas (escépticas) de Plutarco. Remitimos al lector a alguna bibliografía secundaria sobre este tema: véase Opsomer (1998: sobre todo capítulo 4), Opsomer (2005: 161-200) en donde el autor revisa algunos puntos de su posición expresados en el escrito anterior. También Opsomer (2007: 379-396) y Donini (2011: 375-402). Véase, asimismo, Donini (2011: 315-326) y para una exposición general e introductoria con cierto detalle de la filosofía de Plutarco, Dillon (1976: 184-230). Señalemos, no obstante, que Opsomer (1998: 14ss), por ejemplo, afirmaque si se considera que el ‘escepticismo’ implica una actitud antirreligiosa y antimetafísica, entonces no sería correcto considerar que los pensadores de la llamada Nueva Academia son escépticos, en la medida en que no habrían tenido tal actitud y, a su vez, que habría habido una importante corriente de filósofos medioplatónicos que concebían la historia de la Academia como unitaria y que consideraban que en ningún momento esta presentaba un quiebre respecto de las enseñanzas de Platón (El autor sigue aquí a Lévy, C., 1993). Mientras que Tarrant (1985: 29ss, 62ss) considera que es posible incluso atribuir ciertas doctrinas a los filósofos de la más tarde llamada “Nueva Académia”, y revisa los diferentes sentidos del término ‘dogmatico’ así como de ‘escéptico’. Las conclusiones provistas por estos autores parecen indicar la necesidad de reevaluar los caracteres específicos de la llamada “Nueva Academia” y de su relación con los filósofos llamados medio platónicos.
  36. Deitz (1987: 126). Dillon (1977:115-134). Para un análisis de la relación de Eudoro con el origen del platonismo imperial véase Bonazzi (2005: 117-160) y (2007: 365-377).
  37. Este auge de los escritos pitagorizantes ha sido interpretado como producto de dos circunstancias que vale la pena mencionar. En primer lugar, el hecho de que en el s. II a.C. la imagen oficial de Platón, custodiada por la Academia, era la de un escéptico, inducía a quien encontrara doctrinas positivas en la filosofía de Platón a atribuirlas a un nombre diferente. Y, en segundo lugar, el hecho de que la elección de la autoridad de Pitágoras como aquel bajo quien debía divulgarse la doctrina platónica se consideraba justificada por el indudable interés que Platón mismo y sus sucesores habían manifestado por el pitagorismo. Cfr. Frede (1987: 1041-1044).
  38. La alternativa propuesta por Antíoco, por una parte, presentaba una fuerte inclinación hacia el estoicismo que los pensadores posteriores van a considerar un ‘falso platonismo’ del cual había que alejarse. Mientras que Eudoro, según cree Donini, habría sido un pensador con escasa originalidad, que se limitó a recoger, elaborar y difundir una tradición ya existente y bien consolidada. Cfr. Donini (2011: 288). Trapp (2007a: 350) interpreta esta situación de un modo diferente, puesto que sostiene que la versión de Platón que ofrece Antíoco no resultó ser la lectura que revivió al platonismo. Mientras que tal mérito, afirma, parecería pertenecerle, en efecto, a Eudoro. Bonazzi (2005: 117-160) y (2007: 365-377) es un poco más cauto que Trapp aunque considera a Eudoro como una ‘pivotal figure’ y una ‘figura chiave’ en relación con el renacimiento del platonismo.
  39. Deitz (1987: 126).
  40. Ibid.
  41. Cfr. Donini (2011: 286) y Whittaker (1987: 81).
  42. Santa Cruz (1997: 341). También Dillon (1977: 43-51) y (1993: xxx-xl) desarrolla con cierto detalle los temas que considera dominantes del medioplatonismo.
  43. Frede (1987: 1041-1044).
  44. Donini (2011: 289).
  45. Moreschini (1987: 481-482). Para una introducción general a la figura de Ático véase Dillon (1977: 247ss). Para una edición y traducción de los fragmentos de este autor véase Des Places, -ed. y trad.- (2002), Atticus, Paris, Les Belles Lettres. Hay una nueva traducción de Boys-Stones de 2014, inédita aún, que el autor ha puesto a disponibilidad en Internet.
  46. Chiaradonna (2012: 33).
  47. Dillon (1977: 267).
  48. Glucker (1978: 136). De los escritos de Gayo no nos ha llegado ninguno aunque sabemos que sus obras habrían tenido un formato semejante al de comentarios a los diálogos de Platón. Cfr. Porfirio, V.P., 14. Tarrant (2007c: 450ss). De Albino, por otra parte, sólo poseemos un breve tratado introductorio a los diálogos platónicos y algunos testimonios. La bibliografía que se puede consultar confiadamente sobre este autor es realmente exigua debido a la ya rechazada atribución del Didaskalikos (junto con su interpretación de Platón) a Albino. Tal es el caso del capítulo dedicado a este autor en la obra de Dillon (1977), del libro de Witt (1971) y de los artículos publicados antes de que se dejara de lado completamente la hipótesis de Freudenthal. Incluso hoy hay autores que le atribuyen la obra a Albino (Véase Reedy, J. (1991), por ejemplo). Hay una traducción de su Prólogo a los diálogos de Platón en Ferrer E. y Cornavaca R. –ed. (2001), Estudios Platónicos. Alma del mundo, destino y libertad en Platón y algunos platonistas medios, Córdoba, Ediciones del Copista. Véase también Reis (1976) y Tarrant (2007c: 449-465).
  49. Para una introducción general a las obras filosóficas de Apuleyo véase Hijmans Jr. (1986) y Trapp (2007b). Véase también Dillon (1977: 306-338) pero téngase en cuenta lo ya señalado respecto de Albino/Alcinoo en la nota 517.
  50. Para un comparación detallada entre el Didaskalikos y la Eisagoge véase Witt, R. E. (1971:104-113), Giusta (1961: 167-194) citado por Dillon (1993: ix-xiii) y Whittaker, J. (1987: 83-102) y (1990: vii-xxx).
  51. Whittaker (1987: 81-123).
  52. La ecuación Alcinoo=Albino constituía un fundamento esencial para la hipótesis de una “Escuela de Gayo”, afirma Whittaker (1990: viii).
  53. Para una discusión acerca de la dinámica interna al platonismo previo a Plotino véase Tarrant (2010: 63-99).
  54. Chiaradonna (2012: 15, 30ss).
  55. Boys-Stones (2001: v).
  56. G. Boys-Stones (2001: v). El platonismo medio, de hecho, no es un movimiento unitario en cuanto a las doctrinas que defiende o en cuanto a las interpretaciones de Platón que propone.
  57. Esta concepción va de la mano de la composición de comentarios a los diálogos –uso creciente en la época- que intenta poner de manifiesto las doctrinas que Platón sostiene en ellos. Cfr. Boys-Stones(2001: 103).
  58. Cfr. Boys-Stones (2001: 99-122).
  59. Tarrant (2007c: 449-450).
  60. Chiaradonna (2012: 18).


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