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2 Formas de organización regional de los productores y trabajadores rurales

Las Ligas Agrarias fueron la expresión rural de la movilización y organización social de la región del NEA durante la década del setenta, en la que como actores rurales subalternos resistieron y participaron en el proceso de cambio y modernización agrícola. Este proceso fue sumamente arduo, no sólo por las consecuencias económicas sino por la complejidad de los obstáculos que debieron remontar en el ámbito de las relaciones sociales: estaban inaugurando una forma inédita de acción colectiva en un contexto con una fuerte historia de relaciones clientelares y de subordinación. Y a esto se agregaba que, pese a la debilidad nacional relativa de las oligarquías rurales locales, existía una sólida estructura corporativa a través de la cual dichos grupos se nucleaban e, identificándose con el poder político, habían logrado históricamente mantener el control dentro de la región.

En este capítulo acotamos el análisis de las formas de organización a su conformación histórica, tipos de representatividad, integrantes y funciones hasta la caída del peronismo y el comienzo de la larga década del sesenta en 1955. Su interrelación y reivindicaciones en el ámbito rural la abordaremos con el estudio de caso de las Ligas agrarias, las cooperativas y los sindicatos rurales en los setenta.En la estructura social agraria argentina[1]el análisis de las formas de organización y representación de intereses[2] simbólicos y materiales es clave para entender cómo se conformaron los actores sociales rurales en actores políticos con cierta identidad y lógicas de acción colectiva en el NEA. Las diferentes formas de organización revelan las modalidades de esa acción colectiva que los diversos actores consideraron más apropiadas para la realización de sus intereses. Por otra parte, esta diversidad de organizaciones nos permite analizar, además de las características sociales de sus miembros, los tipos de mediación que se establecieron entre la sociedad civil y el Estado. Al respecto, además de las organizaciones de sindicatos y cooperativas rurales, nos interesó abordar tres formas de intermediación de intereses centrales para este estudio: el corporativismo, los movimientos sociales y el clientelismo. Todas fueron importantes expresiones de las relaciones sociales en el ámbito rural del NEA durante los setenta.

Las relaciones clientelares, caracterizadas por ser una de las formas de articulación entre la sociedad y las instituciones formales, bloqueaban la constitución de actores sociales organizados en los contextos rurales del NEA donde prevalecían. Como práctica social y política entre patrón y cliente, basada en el intercambio asimétrico y desigual de recursos, ejercieron el control social y la dominación. No había reconocimiento mutuo y tampoco ejercicio de los derechos. El campesinado, los pequeños productores y los asalariados rurales se encontraban atomizados y con una escasa o nula organización que defendiera sus intereses, por lo que debían recurrir a la figura protectora del patrón, cacique o político.(Trotta, 2003)          

El clientelismo (Oliveira Nunes (1988), Trotta (2003), Powell (1990), Scott (1995), Popkin (1979), frecuente en sociedades rurales de economías campesinas, se caracteriza por la situación de subordinación del campesino ante la no posesión o tenencia precaria de la tierra[3]. Esa relación patrón-cliente/campesino se estructura en base a lazos personales, directos y particulares, tales como el compadrazgo, las lealtades y la protección política. Esto lleva a que estas claras desigualdades y asimetrías de poder se combinen en el clientelismo con sentimientos de aparente solidaridad y obligaciones interpersonales entre ambos. (Oliveira Nunes, 1988) En un sentido más general se puede sostener que el clientelismo es el sistema de relaciones caracterizado por articular un conjunto de redes sociales de carácter personalista y paternalista[4] en el control del flujo y transferencias de recursos materiales y simbólicos de intermediación de intereses en una determinada sociedad. [5]

Pero este tipo de relaciones no se manifiesta sólo en sociedades rurales con bajo desarrollo capitalista, ni quedó acotado a ciertas etapas históricas como las repúblicas oligárquico-conservadoras donde fue dominante, sino que sobrevivió y se mezcló con formas de capitalismo más avanzado, con mayor o menor intensidad según el tipo de desarrollo capitalista[6] existente. No obstante la diversidad de expresiones, suele ser un denominador común que los patrones buscan dividir con estrategias de competencia y conflictos entre los campesinos, a quienes mantienen fuera de la relación directa con los mercados, y rechazan las innovaciones si los nuevos métodos tienen el potencial de reducir la dependencia campesina. Como reacción a dichas estrategias patronales, Popkin (1979:27-34) sostiene que “los movimientos políticos y religiosos pueden obtener respaldo campesino proveyendo a los campesinos de incentivos para sortear a los patrones y entrar al mercado por su cuenta”. Al respecto, un cambio en los términos de intercambio en las relaciones patrón-cliente o desplazar a los señores requiere acción colectiva entre arrendatarios o clientes.

En el caso del NEA, la existencia de clientelismo tuvo distinto grado según el desarrollo relativo de cada provincia. En Corrientes el Estado apareció impregnado de prácticas clientelares, trocando favores y privilegios a cambio de lealtades políticas, supliendo de alguna forma, o complementando según los casos el adecuado funcionamiento del sistema partidario. Y en ese sentido las Ligas Agrarias cuestionaron claramente el clientelismo político institucional y patronal que prevalecía  en las zonas rurales de las provincias donde actuaron, y participaron activamente en las distintas formas de resistencia a dichas relaciones clientelares por medio de la acción colectiva.

1. El abanico heterogéneo de corporaciones rurales del NEA         

Las organizaciones corporativas[7] del agro, por su parte, aparecieron en el ámbito nacional y en el NEA como resultado del intercambio político entre organizaciones privadas y estatales en el ámbito rural. El mismo fue posible porque las partes que intervenían tenían poder suficiente para impedir que las otras pudieran realizar sus intereses unilateralmente a través de la explotación económica, pero a la vez necesitaban al Estado para imponer sus intereses indirectamente, lo que le dio a éste cierta gravitación. Así este corporativismo[8] se fue organizando tanto de carácter estatizante, subordinado al Estado, como privatista o societario en el que los intereses sectoriales organizados de la sociedad civil se constituyeron con autonomía del Estado[9].

Durante los sesenta y setenta, por necesidades de sus proyectos de modernización o frente a las movilizaciones agrarias, con estrategias de corporativismo el Estado tendió a desarrollar organizaciones de representación de intereses de productores agrarios, lo que se evidenció en varias provincias del NEA ante la emergencia de las Ligas Agrarias. En dicho contexto el Estado intentó promover encuadramientos organizativos alternativos a las mismas, para tener un mayor control sobre las demandas y movilizaciones de campesinos y pequeños productores. En otros casos, esos estados provinciales procuraron cooptar a los líderes de organizaciones de productores para subordinarlos a sus políticas.               

Las formas organizacionales del NEA se presentan con entidad local y características propias o con filiación de las entidades nacionales[10]. En el ámbito nacional, los productores rurales argentinos se nuclean en cuatro entidades corporativas: Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)[11], Federación Agraria Argentina (FAA) y Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO)[12], todas formas societarias de organización corporativa en el ámbito rural[13]. Las de los grandes y medianos empresarios latifundistas, centralizadas en dos organizaciones -Sociedad Rural Argentina (SRA) y Confederaciones Rurales Argentinas (CRA)[14]– tienen orientación liberal y capacidad de liderazgo sobre sus afiliados y, aunque presentan evidentes diversidades regionales en cuanto a sus bases de representación, su característica predominante es la representación de los grandes intereses agrarios.

La Sociedad Rural Argentina, entidad fundada en 1866 por un grupo de grandes propietarios rurales de la provincia de Buenos Aires, surgió con el objetivo de “velar por los intereses generales de la campaña”, además de un papel importante “en la recolección de fondos y como representante del gobierno en la vigilancia de la disciplina en las divisiones de frontera” (Proy SRA, presentado por Ramón Vitón, uno de sus fundadores 1869). Esa clara misión económica y política como factor de poder que se atribuyeron desde sus inicios fue consolidándose a medida que creció el modelo agrario de inserción internacional y el mito de la nación agroexportadora. Como grupo minoritario asoció su trayectoria a la de la Nación, integró gobiernos directa o indirectamente, los consideró propios o no confiables (Palomino, M., 1988:111) y asumió la representatividad de todos los sectores agrarios como la voz de los hombres de campo. Su discurso hegemónico giró en torno a la defensa de lo nativo, de los propietarios de la tierra y de la industria pecuaria como básica para el progreso de toda la nación, y se difundió en las exposiciones anuales, en sus Memorias, y a través de sus voceros en “La Prensa” y “La Nación”.

Desde el colapso del capitalismo en 1930 la SRA se vio envuelta en la crisis, aunque se mantuvo como factor de poder y logró mantener un fuerte poder de intervención en el sistema político y en la económica nacional (1950 3.868 socios, 1960 8.436, y 1970 9.934, “Anales” SRA, dic. 1972). Perdió su espacio como clase dirigente del conjunto de la sociedad, y se orientó a tratar de conservar sus intereses y sus privilegios sectoriales, obstaculizando iniciativas de otros sectores sociales y de fuerzas políticas opuestas a ellos. Durante las décadas siguientes mantuvo…“esa combinación entre incapacidad de dirigir y el poder de invalidar, que constituye el rasgo sociopolítico más característico de la gran burguesía agraria argentina”. (Sidicaro, R., 1982: 66)

Por su parte los medianos productores rurales se encuentran representados en organizaciones como la Federación Agraria Argentina (FAA) -entidad 2º grado que agrupa a asociaciones locales o regionales (Grela (1985), Arcondo (1980), Solberg (1971) etc)- también de alcance nacional. Esta entidad, surgida de una huelga agraria, fue históricamente intermediaria de los intereses de las pequeñas y medianas empresas rurales.              

La FAA representó desde su fundación en 1912 con el grito de Alcorta a los pequeños y medianos chacareros agremiados en torno a las reivindicaciones de tipo capitalista. Accionó federando secciones locales en todo el país y a través del periódico “La tierra”, y desarrolló una intensa y polémica acción gremial y de tipo cooperativa[15].

En 1920 la FAA protagonizó la activación de la sanción de una ley de arrendamientos, cuya concreción fue posible para Ansaldi (1991) gracias al “Pacto de reciprocidad” entre FAA y FORA, tarea difícil porque hubo que disipar la desconfianza de los peones rurales hacia los arrendatarios, quienes habían permanecido indiferentes ante la represión padecida en las huelgas pampeanas de 1918 y 1919. La Federación Agraria se propuso como la “voz de los chacareros”, y así tendió a legitimarse como fuerza corporativa diluyendo la demanda de los peones detrás de la suya, asumiendo un compromiso en el disciplinamiento y control social de los mismos (Marrone y Moyano Walker, 2002).  

Bajo la presidencia de Esteban Piacenza -de 1916 a 1945, en reemplazo de Francisco Netri asesinado 1916- la Federación creció en número de afiliados y secciones, compró su propia imprenta en 1923, inauguró el “palacio” de la calle Mendoza como sede central en Rosario y propuso la conformación de un partido agrario, creando más de 500 clubes juveniles agrarios. Se convirtió así en una corporación con capacidad de reclamo en las esferas de poder. Con Piacenza la FAA pidió al Congreso Nacional que sancionara una ley agraria (Girbal-Blacha, 1988) contemplando las propuestas acordadas en los congresos agrarios nacionales promovidos por FAA (1918 y 1919), y acompañó el reclamo con una gran marcha de chacareros el 26 de Agosto de 1921 a la Capital Federal. Un mes después se sancionó la ley 11170 de arrendamientos[16].

Después que obtuvo esta ley que satisfizo libertades de tipo capitalista, la FAA se estableció como instancia corporativa negociadora, sin disputar espacios de poder político, acompañando el inicio de una etapa de desmovilización y tranquilidad en el agro pampeano. Así, al conmemorar el décimo aniversario de la fundación de la FAA en 1922 la entidad realizó el documental fílmico institucional “En pos de la tierra” en el que no hizo referencias a la gran huelga de 1912 ni al Grito de Alcorta. Esta omisión no es casual, ya que la FAA estaba cerrando una etapa de luchas. Los objetivos de las siguientes generaciones se centraron en autogestionar el crédito e independizarse del crédito informal que provenía de hecho de los rameros generales y comerciantes, y manejarlo ellos mismos, para lo que crearon mutuales y cooperativas. Coincidiendo con la culminación de un período de consolidación de su formación como clase ante la plena inserción capitalista del agro pampeano, la FAA alentó a los agricultores a la institucionalización de sus reclamos desde los veinte y en las décadas siguientes. (Ansaldi, 1992; Marrone y Moyano W., 2002)  Durante la etapa peronista, la FAA apoyó la política de Perón sobre la función social que debía tener la tierra. Aunque se enfrentó al gobierno inicialmente por la comercialización, cuando los precios de los granos cayeron a partir de 1948 el gobierno -desde una política corporativa- los benefició con subsidios, el crédito agrario se triplicó, se convirtieron en propietarios más de 45.000 chacareros (en región pampeana y extrapampeana, durante el peronismo y la década siguiente por efecto de la política peronista en arrendamientos), y se equiparon con tecnología e incorporaron la tractorización.

En relación al NEA, el desarrollo rural se diferencia de la Argentina pampeana, y había marcado una inserción distinta no sólo en el mercado sino también en el surgimiento de las organizaciones gremiales rurales. Fue más temprana la aparición de las asociaciones que representan sobre todo a los productores pampeanos (SRA 1866, FAA 1912, CRA 1940); y aunque ya existían algunas organizaciones cooperativas y sindicales fue recién con la aparición de las Ligas Agrarias que los pequeños productores en conjunto se vieron representados. Esta situación regional en desventaja se expresaba en los sesenta en un Interior que

…además de tener un grado de desarrollo económico y social menor, lo cual hace que la producción por persona sea menor, que su ingreso sea menor, que la distribución por ingreso sea menos equitativa, hace también que haya un menor grado de afiliación: un menor grado de riqueza corporativa. (Forni, F. y Benencia, R., 1989:5)

Además, a la progresiva diferenciación entre la SRA pampeana con las sociedades rurales de las economías regionales nucleadas en la CRA, se sumó que durante los sesenta se produjo por efecto de la modernización agraria una extensión de la región pampeana hacia el sur del NEA, sobre todo en la provincia del Chaco y Corrientes, lo que influyó después en la relación de las Ligas agrarias con las corporaciones en el nivel provincial.

En el contexto regional del NEA hay rasgos que distinguen a las organizaciones entre sí y que están relacionadas con los sectores sociales de los miembros que las integran En las asociaciones sectoriales de orden nacional como la SRA o la FAA, y otras de carácter regional que surgieron autónomamente como las Cámaras por producto, los afiliados por su mayor poder económico y su pertenencia a grupos sociales que tienen influencia a nivel nacional están más vinculados con la gestación y ejecución de las medidas que afectan la vida económica de la región. Por eso no están urgidos por necesidades de reclutamiento de bases para incrementar su poder y cuentan con un respetable margen de autonomía con respecto a sus afiliados para establecer acuerdos y elevar reclamos. Su lógica de funcionamiento se basa en la presión, tipo lobby, sobre los centros de poder para incidir en la defensa de sus intereses económicos e indirectamente en la formulación de políticas públicas que beneficien a sus representados. Para esto se orientan a conquistar áreas estatales que consideran claves para la concreción de sus intereses. Así, su accionar, aunque apelando en ocasiones a la movilización directa, tiende a privilegiar los mecanismos de negociación reconocidos o aceptados por el sistema político para canalizar sus demandas. (Golbert y Lucchini,  1974).

Estas lógicas organizacionales no incluían a los pequeños productores del NEA, ni a los medianos productores quienes diferenciaban el tipo de demandas según cada provincia y discrepaban sobre todo en las tácticas en la defensa de intereses económicos compartidos. Estos últimos a fines de los sesenta en gran medida se nucleaban en las cooperativas, ante la falta de representatividad de la FAA en varias provincias.

2. Las asociaciones cooperativas del agro, una modalidad histórica

El cooperativismo agrario[17] en la Argentina tiene décadas de historia[18]de resistencia ante los abusos que, desde los rameros generales e intermediarios locales hasta las grandes empresas comercializadoras (Bunge y Born, Dreyfus y Weil entre otras. (Ansaldi, 1991, 1992, 1993;  Arcondo, 1980) ejercieron sobre los medianos y pequeños productores en la producción y comercialización. Pero fue con la Ley de Cooperativas 11388[19] de 1926 que finalmente el Estado nacional otorgó estatuto legal a las diversas asociaciones que actuaban en la comercialización de productos primarios, sobre todo para bajar los costos de intermediación, agrupar y proteger a los productores rurales (Girbal, N., 2005: 1-4). Para Horacio Giberti (2004), mientras la SRA fue creada para producir hechos gremiales, las cooperativas fueron creadas para producir hechos económicos, funcionando por rama de actividad y uniéndose entre sí para reforzar su poder económico[20].  En este sentido nuestro análisis es sociológico[21], es decir las cooperativas como formas de acción colectiva en la agricultura, en el plano económico (cooperativas de 1º y 2º grado) y en el reivindicativo o gremial (federaciones y confederaciones) como parte de las relaciones sociales rurales.

En países con tradición cooperativa como Argentina “las cooperativas forman parte de la institucionalidad rural, entendida como las organizaciones que promueven determinados valores asociados a la solidaridad, democracia, transparencia, y progreso económico y social. Asimismo, constituyen una red de organizaciones de naturaleza económica enraizadas históricamente en el territorio, que trascienden ese fin para convertirse en núcleos promotores de actividad social, cultural, y de referencia simbólica para los pobladores rurales. (Lattuada, M. y Renold,J., 2004:183)

Regionalmente, fue en el área pampeana donde primero se organizó este movimiento cooperativo agrario. En Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa se desarrollaron con función productora e industrializadora. La pionera fue la actividad tambera en Santa Fe desde 1918,[22]que en 1932 llevó a la primera federación de cooperativas -“Agricultores Federados Argentinos” fundada por iniciativa de la Federación Agraria Argentina- que pasó en dos años de 28 productores a más de mil (Lattuada y Renold, 2004). Luego, en 1938, 16 cooperativas tamberas de otras zonas de Santa Fe y de Córdoba se agruparon para formar en Sunchales otra entidad de segundo grado: Fábricas de Manteca SANCOR Cooperativas Unidas[23]. La culminación de este proceso organizacional se dio en 1940, cuando a instancias de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA)[24] se formó también en Sunchales la Federación Argentina de Cooperativas Tamberas, agrupando a las entidades de ese género. También desde la FAA se originó en 1947 la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA)[25], integrando a más de 300 entidades de la región pampeana.

Este proceso de consolidación del cooperativismo se profundizó durante el peronismo, cuando las cooperativas debieron despojarse de su tradicional modalidad liberal y tendencia a la autonomía para integrarse a lo que Perón llamo cooperativismo integral. Aunque con recelo (Mateo, 2001)[26], ACA y FACA tuvieron buenos vínculos con el gobierno[27]. Como el desarrollo cooperativo fue uno de los ejes de la vuelta al campo de la política peronista desde 1949, con el 2º plan quinquenal obtuvieron beneficios, como los cupos en momentos de racionalización, exenciones impositivas, y la participación en el enlace del cooperativismo con el gobierno[28]. Perón desplazó el comercio estatal desde el IAPI hacia cooperativas integrales[29], con lo que la relación con el Estado se afianzó, y el cooperativismo se expandió adquiriendo proyección nacional[30]. (Moyano W. y Marrone, 2004)

Con la plasmación definitiva de la matriz estado céntrica, el Estado avanzó en la regulación sobre la economía y las asociaciones de la sociedad civil, construyendo, incluso “desde arriba”, organizaciones antes inexistentes. En el ámbito rural, se multiplicaron las cooperativas de primer grado, asociadas a colectivos mayores de segundo grado, en un contexto más general en que se agregaban y gestionaban intereses rurales en espacios reconocidos y legitimados por el Estado Nacional, conformándose importantes corporaciones agrarias. (Olivera, G., 2006:8)

Pero la región pampeana siguió siendo el núcleo central del cooperativismo argentino, ya que, de las 944 cooperativas existentes, 294 se sitúan en la provincia de Buenos Aires, 280 en territorio santafesino, 189 en Córdoba, 35 en Entre Ríos y 19 en La Pampa. Vale decir que más del 80 % de las sociedades cooperativas se encuentran situadas en una cuarta parte del territorio argentino. A pesar de la desconcentración de la riqueza anunciada por el Presidente Juan Perón en sus discursos, las cifras muestran la significación que el agro y su región de mayor arraigo siguen conservando en el concierto de la economía y en el territorio nacional. (Girbal, 2001)

Caído el peronismo, la industrialización cooperativa continuó siendo una preocupación para los cooperativistas agrarios, y en función de eso la Asociación de Cooperativas Argentinas-ACA concibió en los cincuenta un Plan de Industrialización en el que se acentuaba que en el futuro del agro argentino el desarrollo de cooperativas no era contradictorio con la industria sino necesariamente complementario (Sienrra, 1972)

En el contexto cooperativo de principios de los sesenta el considerable aumento del volumen de operaciones y del número de socios entre 1955 y 1965 coincidió con la disminución de la cantidad de cooperativas. Esto se debía a un proceso de centralización y especialización interno en el movimiento cooperativo[31] con expresiones de conductas antieconómicas y anticooperativas de sus asociados, ya que las tres federaciones más grandes -SANCOR, FACA y ACA- (Girbal, 2004 y 2005, y Mateo, 2006) agrupaban 926 cooperativas agrarias (2/3 partes), mientras que las restantes 17 federaciones se repartían las 463 cooperativas restantes. Además muchos socios estaban afiliados a más de una cooperativa, y muchas cooperativas a varias federaciones, lo que implicaba que los socios no entregaban toda su producción a una cooperativa  y perjudicaban su desarrollo, a la vez que especulaban alejándose cada vez más del espíritu cooperativo (principios rochdaleanos). A esto se sumaba la existencia de cooperativas destinadas a la misma producción en el mismo lugar, y por ende de varias federaciones con los mismos objetivos en el ámbito regional, o a la inversa federaciones no especializadas que trataban con distintos tipos de bienes (como ACA) lo que hacía que tanto las entidades de primero como de segundo grado compitieran entre sí y se debilitaran aún más frente al proceso de concentración monopólica y la modernización del agro de esa etapa.

De este modo, en los sesenta había en el país 1.404 cooperativas agropecuarias y 337 cooperativas de segundo grado, con 453.679 socios y un importante excedente económico (1.219 millones de pesos, según Censo Dirección Nacional Cooperativas 1962 (Balestra, R., 1965:2). Las mismas continuaban con los objetivos de producción y abastecimiento, comercialización, industrialización, transporte, créditos, uso común de tecnología, mejoras de caminos, asesoramiento técnico y administrativo, y extensión cultural.

Y con el Plan de la CONADE de desarrollo agropecuario en 1968 se incluyó a las cooperativas como herramienta para la colonización privada de las tierras. En relación al debate por la reforma agraria, en esa etapa el cooperativismo proponía un reparto más equitativo de la tierra, lo que impulsaría el surgimiento de mayor cantidad de pequeños y medianos productores, su base socio-económica, y aumentaría su movimiento. Al respecto, la ley de 1967, que perjudicó a los arrendatarios e impulsó a los contratistas, afectó negativamente al cooperativismo.

El Estado, consciente de la creciente importancia de las cooperativas, tuvo así una doble política de promoción y control sobre las mismas. Continuaba asumiendo las funciones de reconocimiento con personería jurídica, fiscalización y promoción cooperativa a través de la Dirección Nacional de Cooperativas, que a la par coordinaba con las oficinas provinciales, autorizando que las cooperativas de segundo grado -SANCOR, ACA, FACA, UCAL, etc- ejercieran auditoría sobre las de primer grado y les remitan los informes. Las cooperativas de primer grado debían inscribirse en Asociación de Revisión, entidad civil organizada por sociedades cooperativas de segundo grado. (Balestra, R., 1965). Y a su vez, la mayoría de las organizaciones cooperativas agropecuarias de segundo grado estaban federadas

(…) en un organismo de tercer grado que ha nacido en fecha reciente y que tiene por finalidad vertebrar el movimiento agropecuario argentino, limando definitivamente viejas diferencias y coadyuvando a una obra de beneficio común. Este organismo, conocido por su sigla CONINAGRO, está, podemos decirlo, recién en vías de estructuración. Su acción se reduce a encarar gestiones ante los poderes públicos para mutuo provecho y para el perfeccionamiento de la producción en general. Pero el experimento puede perdurar creando entonces un organismo realmente valioso. En el país existe un segundo organismo de tercer grado que agrupa a federaciones cooperativas de otro tipo que se llama COOPERA.” (entidad que nucleaba a gran parte de las cooperativas de economías regionales). (Balestra, R., 1965:10)

Se evidencia en este informe de Balestra la preocupación por un mayor desarrollo con democratización e integración cooperativa, pero bajo control del estado.

Con relación al NEA, aunque ya existía en Margarita Belén la Cooperativa Agrícola Algodonera Ltda desde 1905, recién en los ‘30 se extendieron las cooperativas hacia el territorio del Chaco, en gran medida por el boom algodonero que se produjo en la primera etapa de la industrialización del ISI insertando a la región en el sistema capitalista[32]

El proceso de cooperativización de los productores algodoneros (Girbal, 2004, 2005 y 2010) comenzó a partir de 1925 impulsado por el ministro de agricultura Le Bretón (y ley 11388 sobre régimen cooperativas 1926), lo que llevó a la conformación de 14 cooperativas algodoneras (Miranda, 1984), y aunque algunas se disolvieron después, surgieron embriones de cooperativas importantes, lideradas por la de Pdte Roque Sáenz Peña, como la de Machagay, El Zapallar, Las Breñas y Villa Angela, que se sumaron a las de Margarita Belén y Puerto Tirol. Este impulso estatal se orientaba a evitar posibles conflictos entre los productores y las empresas comercializadoras, pero en definitiva benefició a las grandes empresas monopólicas, como Bunge y Born SA y Comercial de Exportación e Importación Dreyfuss y Cia Ltda. Ambas firmas, dedicadas al desmote y comercialización de la fibra de algodón, se instalaron en 1926 y en una década controlaron el mercado algodonero chaqueño. (Arrieta y Delfini, 1998)

Estas primeras cooperativas se insertaron en el proceso productivo como mediadoras entre los productores y los monopolios por intermedio de sus aparatos burocráticos, y por ende funcionales a los sectores dominantes, y cuando las empresas comercializadoras se retiraron del circuito algodonero chaqueño asumieron su lugar. También el Estado les aseguraba la mano de obra necesaria para la cosecha.

Fue en este territorio chaqueño y en defensa de los productores algodoneros que en 1934 se fundó en Sáenz Peña una entidad de segundo grado, la “Unión de Cooperativas Agrarias Chaqueñas”, que luego cambió su nombre a UCAL (Unión de Cooperativas Agrícolas Algodoneras Ltda)[33] para ampliar su influencia fuera del Chaco. Este proceso de consolidación ya planteaba una paradoja de las cooperativas como forma organizacional:

La cooperativa aparece como la combinación de un grupo de personas y de una empresa, recíprocamente ligados por una relación de actividad y una relación de asociación. Existen entonces una función económica y una función social inescindibles que, por un lado tienen como correlato los valores y las normas que orientan su funcionamiento y, por otro, la peculiar estructura de la sociedad cooperativa. La significación de la estructura reside en que la sociedad cooperativa es, simultáneamente una asociación de personas y una empresa operada colectivamente. (Vuotto, M., 1994:64).

Esta característica del cooperativismo de intentar, ya desde sus comienzos, cumplir con el papel de base empresarial de los productores agropecuarios con un objetivo tanto social como económico (Lattuada y Renold, 2004) fue fuente de su fortaleza y a la vez su mayor vulnerabilidad. Así se evidenció en el proceso chaqueño durante la década del treinta. Al respecto, entre los resultados del movimiento agrario de 1934 no sólo se dio el coyuntural aumento en el precio del algodón, sino también el proceso de conformación como clase de

(…) un sector de colonos (los que estaban organizados en cooperativas, en la Unión Agraria de Villa Ángela, que pronto se transformó en cooperativa, y en la Sociedad de Agricultores Chaqueños de Sáenz Peña) que pudo afirmar un espacio dentro del sistema productivo algodonero dominado por las grandes empresas acopiadoras y dejó de oponerse a ellas. (Iñigo Carrera, N., 1982:15)

Y este sector de cooperativas durante las movilizaciones agrarias de 1936, promovidas por otros colonos que sin acceso a la organización cooperativa se organizaron en Juntas y comenzaron a expresarse contra dichas juntas: los acusaron de tener “intereses encubiertos”, a sus miembros de ser “comunistas encubiertos”, y la UCAL negó el apoyo que le pidieron las Juntas por considerarlas “fuera de los estatutos de las leyes del país”. (Iñigo Carrera, N., 1982:17). La gran represión del ’36 dejó huellas no sólo en la generación de pequeños productores algodoneros que fueron sus víctimas, sino también en la trayectoria conflictiva de sus formas organizacionales.

No obstante, la difusión de las cooperativas continuó en la región. La facultad otorgada por la Ley de Colonización de 1938 al Congreso Agrario Nacional para expropiar latifundios, dividir las parcelas y organizar cooperativas de productores tenía una finalidad de integración, ya que

(…) en los antiguos territorios del Chaco y de Misiones[34], donde el productor tuvo un trato más equitativo y donde le resultó menos difícil adquirir la propiedad y arraigarse, el proceso de asimilación fue más rápido y mejor. Los movimientos cooperativos agropecuarios de ambas provincias hicieron de conducto asentador; la riqueza de esas poblaciones gira principalmente alrededor de las organizaciones cooperativas. (Balestra,R., 1965:9)

Como parte de este proceso, también en la década del treinta comenzaron las organizaciones de 2º grado, es decir federaciones de cooperativas: a la UCAL en El Chaco sucedió la fundación en 1939 de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones (FEDECOOP), con productores de 10 cooperativas misioneras y una correntina, de carácter reivindicativo además de económico, ya que realizaban en conjunto las compras necesarias para abastecer a los almacenes cooperativos y comercializaban la producción de los asociados, promoviendo la industrialización de los productos. Corrientes se sumó con cooperativas yerbateras y tabacaleras, y ya Entre Ríos tenía desde 1913 su Federación Entrerriana de Cooperativas (FEC)[35] y después la Fraternidad Agraria. Así, en 1945 el 44 % de la yerba mate que llegaba al mercado de consumo y el 75 % del algodón cosechado provenía de las cooperativas -16 coop yerbateras y tabacaleras de Corrientes y Misiones con 5.400 asociados- que, cuando se creó FACA en 1947 eran 31 sociedades cooperativas algodoneras en el país, 24 de ellas en el Chaco (8.313 socios y capital de $ 4.186.315, con operaciones por $ 37.637.500. (Girbal, 2004). A la vez, la UCAL fue pionera entre las cooperativas al exportar 14.000 toneladas de algodón en 1952, y fue una de las federaciones fundadoras de CONINAGRO, (integrada por ACA, FACA, SANCOR, ADCA, UCAL, ROSAFE, UCG Ltda, FEDECOOP y FEC. (Lattuada y Renold, 2004)

En el norte santafesino “Los colonos, cerealeros marginales con rendimientos bajos y escasa capitalización, crearon tempranamente sus cooperativas en 1910 y también un movimiento cooperativista católico, impulsado por los sacerdotes friulanos de la zona. Aún sin acumular capital llegaron estables a la crisis de 1930, cuando las consecuencias de la crisis llevaron al peligro de quiebra sus cooperativas” (Archetti, 1988). El algodón pasó a ser el cultivo principal: en 1954/5 el 60% del total del norte de Santa Fe y permitió también reactivar a las cooperativas, que se sumaron al boom al triplicarse sus precios entre 1938 y 1947 por la política de sostén de precios de la Junta Nacional Algodón y por demanda sostenida.

Por otra parte, para frenar el aumento de las conductas anti-cooperativas y rescatar los principios comenzó la promoción de los valores y la educación cooperativa, y el impulso a las juventudes cooperativistas. Un aspecto importante fue el de la educación y extensión, en la medida que afectaba directamente a las relaciones sociales rurales al permitirle al cooperativista ampliar el ámbito de la producción rural y capacitarse en la organización social y productiva. Se crearon Escuelas Técnicas Cooperativas o secciones especializadas en las escuelas de la Dirección de Enseñanza Agrícola de la Nación, y también se ocuparon de la educación y extensión cooperativa entre otras organizaciones el INTA y entidades eclesiales, las que sobre todo a través de sus clubes de jóvenes buscaban su mayor integración al ámbito rural.

3. La trayectoria de los obreros rurales sindicalizados

Huelgas de estibadores en Puán, de carreros en Pergamino, y de peones de trilladores en Baradero, San Pedro y Coronel Suárez en 1901; y en 1904 huelgas de trilladores, braceros y estibadores en Junín, Tres Arroyos, Pergamino, Coronel Suárez y Baradero. (Ansaldi, 1993) Estos son algunos antecedentes de la década de mayor conflictividad obrero-rural pampeana, en intensidad y extensión, la de 1910. Coincidente con el auge agroexportador se produjeron las huelgas de los obreros rurales bonaerenses, santafesinos, cordobeses y entrerrianos en el violento contexto 1918-1922[36][36]

Esta sucesión evidencia que el proceso reivindicativo de los trabajadores rurales tenía una fuerte presencia, aunque casi no quedó registrada (Ansaldi, 1993) (Ascolani, 1993[37]). Por otra parte, la historia de los conflictos no acompañó en todas partes la trayectoria organizativa del sindicalismo rural[38], sobre todo en la primera etapa, a pesar de la fuerte influencia que las transformaciones de los regímenes sociales de acumulación tienen en el surgimiento y la consolidación de las asociaciones agrarias reivindicativas y económicas en la historia argentina. (Lattuada, 2006:86).

Entre las causas posibles de su escasa, precaria -hubo sindicatos rurales cuya sede física estaba en la casa o la habitación de algún obrero. (Ansaldi, 1993) y dispersa sindicalización temprana[39], “es conocida la diversidad de tareas que realizan los trabajadores rurales, propia de este tipo de actividad, que redunda en la falta de objetivos comunes y carencia de solidaridad que existen en otros tipos de tareas como las industriales (Luparia, 1973) A eso se agregaba el aislamiento y la inestabilidad, ya que gran parte de los trabajadores participaban en tareas cíclicas y transitorias, con escasa vinculación con los compañeros ocasionales de trabajo, con la patronal y con el trabajo mismo. Al respecto, Giberti (2004) afirma que el trabajador agropecuario propiamente dicho, el peón de estancia, no lucha. 

Pero estas razones no fueron suficientes ante la experiencia histórica de la actuación sindical de los obreros rurales desde principios de siglo (Ascolani, 2009), sobre todo en las centrales obreras anarquistas y socialistas. Fueron los estibadores y carreros[40], más y mejor organizados, aunque los menos rurales de los proletarios rurales, quienes impulsaron el motor de lucha obrera, acompañados frecuentemente con renuencia por los braceros, probablemente por su carácter temporario y migrante, (Ansaldi, 1993). Un primer antecedente fue en 1902 vinculado a los socialistas, cuando el Congreso Obrero Agrícola de Pergamino se ocupó de cuestiones y organización rural, aunque esta acción no tuvo efecto duradero ni masivo sobre los obreros rurales, y los socialistas atribuyeron “su fracaso en la movilización de los braceros a que estos eran en gran parte inconscientes o ‘golondrinas’, por lo que es imposible moral y materialmente organizar en un partido socialista”. (Ascolani,A., 1993:130). A este intento se sumó la creciente presencia anarquista en el campo desde 1917[41], la participación de los peones rurales nucleados en la FORA en la firma del pacto de reciprocidad con los chacareros arrendatarios de la FAA en 1920, que permitió obtener la ley de arrendamientos 11170 de 1921 (Ansaldi, 1992, Moyano W. y Marrone, 2002)); y también los trágicos resultados de la actuación proletaria rural en las huelgas patagónicas de 1922. (Bayer, 1972; Fiorito, 1985, Ascolani, 1993:130)[42]

Pero como resultado de esta década de lucha obrera rural “los triunfos obreros sólo fueron parciales o francamente inexistentes. Las mejoras -condiciones de alojamiento y de trabajo: el cosechero debía ir al trote con bolsas de 80 kg. (Giberti, 2004)- reclamadas fueron netamente materiales y en ningún momento el sector empresarial cedió terreno frente a las pretensiones obreras de reconocimiento de los sindicatos.” (Ascolani,A., 1993:141)

En los veinte se produjo un quiebre en esta acumulación de acción colectiva. (Ascolani, 2004 y 2009) “En toda la región pampeana la intensa conflictividad obrera rural en una coyuntura (1918-1922) nacional de organización y lucha de la clase obrera contrasta notablemente con la abrupta desaparición del conflicto visible”. (Ansaldi,W., 1993:224) Al respecto, la escasa vinculación de los sindicatos rurales de los ‘20 y los ’30 con la experiencia combativa de los obreros rurales en la década de 1910 se debería al cambio generacional de estos y a la creciente mecanización, además de las causas propias del trabajo transitorio, no calificado, inestable y de cambiante procedencia geográfica ya mencionadas.

Fueron nuevamente los obreros portuarios de tendencia anarquista quienes impulsaron, pasado el primer impacto de la crisis del capitalismo del ‘30, el desarrollo de la organización sindical para unir a los portuarios con los estibadores del campo, aunque desde una histórica actitud antagónica con los arrendatarios y propietarios rurales (1933 1º Congreso Sindicato Portuarios República Argentina”, con 14 sindicatos rurales santafesinos. Sus resoluciones sobre desocupación, reducción jornada trabajo a seis horas y tamaño bolsas a 60 kg. (Ascolani, 2004). Esta influencia de la FORA continuó en algunas áreas de Santa Fe y Entre Ríos durante los años siguientes, pero a partir de 1935 la decadencia del anarquismo y la represión del estado a la Federación Obrera Portuaria (FOP), que nucleaba a los sindicalistas rurales, llevó a que la FORA reconociera en 1938 que

(…) su pérdida de influencia se debía a la persecución policial y a la desmovilización que esto producía; al avance del sindicalismo reformista y al intervencionismo tutelar estatal. Pero también había motivos internos como la desaparición de los activistas rurales más experimentados y la tendencia irreversible de cambiar su inserción sindical por otra en agrupaciones propias de propaganda.” (Ascolani, A., 2004:170)

La estrategia del Partido Comunista en esta etapa no fue contraria a los arrendatarios, sino que intentó crear un frente de obreros y agricultores pobres contra los latifundistas, acopiadores y empresas ferroviarias extranjeras. Pero su acción sindical fue insuficiente en el ámbito rural, por escasa inserción y abundante represión.

Así, mientras perdían espacio las organizaciones revolucionarias, la CGT se consolidaba en el ámbito rural de la región pampeana. También a partir de los sindicatos de estibadores y obreros portuarios tuvo su fuerte en Entre Ríos y Santa Fe, en donde tanto la Federación Provincial (Entre Ríos) como la Federación Santafesina del Trabajo (FST) consolidaron su poder. En cambio, aunque en Córdoba la Federación Obrera Provincial con gran cantidad de sindicatos también adhirió a la CGT socialista, no tuvo organización eficaz, y fue intervenida por la CGT en 1940 y reemplazada por una Comisión Cooperadora antirrevolucionaria, antifascista y nacionalista.

Como balance, durante década 1930 y hasta la llegada del peronismo la organización sindical se consolidó, aunque no como en los posteriores tiempos peronistas. Hubo un aumento en la cantidad de sindicatos y en su estabilidad institucional en relación a las comunidades locales; mayor cohesión en la organización en federaciones provinciales. En sus estrategias y accionar fue moderada, reformista y más corporativa que representativa de sus bases obreras.

Esto, sin embargo, no implicó una inferioridad en el terreno de la cultura política y gremial del proletariado rural[43]. Más que manipulación ideológica a los trabajadores rurales y a los nuevos obreros por parte de la doctrina peronista a partir de 1943, habría que pensar en la racionalidad y dinámica propia de los actores subalternos ante la crisis agrícola que reestructuró el mercado de trabajo, y por ende las relaciones sociales rurales, con la organización sindical de los ’30 y una CGT que navegaba entre la creciente relación con los gobiernos radicales provinciales tendientes a desprenderse de las prácticas clientelares y a la vez las demandas de protección laboral requeridas al Estado (Ascolani, 2004). Estos trabajadores se percibían como obreros urbanos en proceso de conformación de clase, y también pensaban en las estrategias de sobrevivencia de los obreros rurales y pequeños productores proletarizados en sus lugares de procedencia. Hacia ellos, trabajadores rurales y urbanos, dirigió Perón gran parte de su campaña electoral, generando las expectativas que cumplió con sus primeras medidas como Estado regulador y benefactor.

La política laboral peronista en el ámbito rural estuvo en función de sus objetivos en cada etapa de los primeros gobiernos. Durante la campaña electoral y hasta avanzado el 1º plan quinquenal, para recaudar votos primero y para consolidar su poder después, “…en favor de los trabajadores rurales se reglamentaron[44]condiciones de trabajo, de agremiación, se fortaleció la capacidad de negociación de los salarios por zonas y por trabajos, y se otorgaron beneficios sociales” (Lattuada,M., 1986:14).

Pero a partir de la crisis económica que comenzó a vislumbrarse a partir de 1948, y más aún con la vuelta al campo, el gobierno peronista apuntó a acrecentar la producción y minimizar los conflictos que afectaban a las relaciones sociales rurales. Por eso la Ley 13020 de 1947 reglamentaba las condiciones y competencia de los trabajadores rurales transitorios, con el fin de “solucionar los conflictos que desde 1945 afectaban las relaciones entre los productores rurales de las unidades de producción familiar y los trabajadores de cosecha agrupados en las bolsas de trabajo de los sindicatos rurales” (Lattuada, M., 1986:14).

En función de estos objetivos, el gobierno de Perón con la legislación referente al trabajador estacional estableció paritarias, tanto regionales como nacional, y reglamentó las condiciones de trabajo para las diferentes tareas por región. (Giberti, 2004) También creó para todo el ámbito nacional en 1947 el Sindicato Único de Trabajadores Rurales y Estibadores (SUTRE) o FATRE (Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), que pasó a llamarse Federación Argentina de Sindicatos Agrarios (FASA) en 1951 y recobró el nombre de FATRE en el año 1961[45].

Con esta política laboral hacía el campo el estado logró, además de prevenir y controlar potenciales conflictos, incorporar al obrero rural sindicalizado a su proyecto corporativo. Así se evidenció en las fuentes fílmicas durante el desfile agrario realizado en septiembre de 1953 en Pergamino, con la visita presidencial para el cierre de la “Campaña del Maíz”.

Desfilaron ordenados los distintos actores rurales, organizados en corporaciones, como ejércitos pacíficos de productores agrarios que iban al encuentro del líder en un acto organizado por el estado. Con el fondo de la marcha peronista desfilaron maestros rurales, en “correcta formación”, organizaciones del crédito agrario, sindicatos rurales, Federación Agraria Argentina, la CGT, Cooperativa agraria justicialista, SUTRA, Federación Argentina de Sindicatos Agrarios, “Mujeres del campo”, además de niños gauchos y caballos de la Federación gaucha. Entre decenas de pancartas y carteles (se lee: Provincia Buenos Aires, Min. Asuntos Agrarios. Sociología Rural. Cursos Hogar Agrícola) desfilaron también centenares de rastrojeros justicialistas, tractores pampa fabricados por IAME, cosechadoras de maíz, un carro alegórico portando la escultura de un trabajador, carrozas con familias campesinas, cosechadoras nacionales y extranjeras, cosechadoras de Pergamino, un arado nacional, aviones pulverizadores de plagas,  trimotores del Ministerio de Agricultura. ”El agro con Perón” Apoyo al Segundo Plan Quinquenal”.1953. Not Bonaerense.14´.Filme blanco y negro, sonoro. Narración M. Acuña. 

Aparecía una sociedad agraria de masas orgánica y permanentemente movilizada tras la figura personalista del Presidente, registrando el momento en que la esfera de lo político se ampliaba hacia lo rural cerrando filas alrededor del gobierno peronista, neutralizando así la mínima posibilidad de conflicto en el sector; y a la vez legitimando la imagen del gobierno para desalentar demandas opositoras al oficialismo en el plano político nacional. La presencia de los sindicatos, de las cooperativas y de las corporaciones rurales insertas en un discurso de modernización tecnológica tras el liderazgo de Perón conformaron el proyecto corporativo de la Nueva Argentina dotándolo de un sesgo desarrollista y modernizador. (Marrone y Moyano W., 2004:18)

Las organizaciones sindicales de los obreros rurales del NEA, por su parte, tenían regionalmente una fuerte historia de desmovilización. A las dificultades ya descritas de la región pampeana de estacionalidad y desplazamiento, se sumaban la ruralidad de las tareas y el alejamiento de los centros poblados, la dispersión de los trabajadores, y la posesión de parcelas cedidas por los empleadores que favorecía el clientelismo de las relaciones entre peones y patrones. No obstante, en cada realidad socioeconómica provincial estas características asumieron un grado y modalidad propia. Mientras en Corrientes, con una fuerte impronta clientelar, los trabajadores rurales en su mayoría eran peones de establecimientos ganaderos permanentes o tabacaleros, tanto en Formosa como en el Chaco predominaban los asalariados rurales que trabajaban en la cosecha del algodón o en la explotación de bosques naturales como hacheros.

Así, a mediados de siglo XX Chaco contaba con su Sindicato Único de Carreros y Hacheros (SUCHA), que agrupaba a los trabajadores del monte de la Cuña Boscosa del chaco santafesino. Estos habían tenido una fuerte presencia en las luchas obreras rurales en 1919, entre otras en la huelga en el obraje de producción de tanino de La Forestal en La Gallareta, de la provincia de Santa Fe (La Prensa, 1/3/19:8). Los conflictos se profundizaron en los ’30 y su brutal represión fue muy difundida.

Por su parte, la Federación Santafesina del Trabajo (FST) fue creada en 1937 y, vinculada a la facción de la CGT escindida cercana al socialismo, se consolidó en la zona sur de la provincia agremiando a obreros agrarios y rurales en su mayoría relacionados con la actividad tambera (las Ligas agrarias de Santa Fe integraron a parte de estos productores, excluidos por grandes cooperativas y que no se sentían representados por FAA), con un progresivo acercamiento al Estado, al que le reclamaba intervención a favor de los obreros rurales y también poder participar en organismos públicos. Pero en los ’30 era un estado provincial débil y los decretos laborales no se cumplían; recién en la cosecha de 1941-42 se aplicaron los salarios oficiales, con lo que tanto la FST como el Departamento de Trabajo regional consolidaron su poder: el gremio marcaba el rumbo del accionar del gobierno y le garantizaba una difusión importante.

Otra provincia con características propias en su sindicalización rural fue Entre Ríos. Al respecto, llama la atención que, aunque se la suele inscribir en la región pampeana, tuvo ya en sus inicios características propias que podemos considerar comunes a la de las Ligas agrarias y los sindicatos rurales del NEA. En el caso de los colonos, “es posible que la dimensión étnica -la condición judía- desempeñe un papel articulador de las relaciones de trabajo, especialmente por el refuerzo del accionar familiar y cooperativista, que funciona como un mecanismo amortiguador del conflicto, al menos durante las tres primeras décadas del siglo” (Ansaldi,W. y Sartelli, E.,1993:229). Igual que a Santa Fe, las consideramos como parte de este proceso regional nordestino porque ambas provincias durante los setenta tuvieron Ligas agrarias y formaron parte de la organización regional de las Ligas Agrarias del NEA. En Entre Ríos durante los ’30 se basaron en una organización sindical más solidaria, con buena relación con los anarquistas y mejor administrada (Ascolani, 2004), obtuvieron logros importantes en aumentos de salarios y control sindical del trabajo en turnos rotativos. Así, en un contexto general de desocupación se consolidó la Federación Provincial, aunque estas conquistas no pudieron extenderse totalmente al plano nacional. 

En la provincia de Misiones[46], en tanto, en 1917 se fundó la Sociedad Obreros Unidos, con influencia anarquista de la FOM y la FORA[47]. Una ola de huelgas de obreros rurales tuvo lugar en 1917 y 1918, con represión estatal, un huelguista asesinado y varios detenidos. (Rau, 2005)

Como secciones de la FORA se constituyen sindicatos en los yerbatales de San Ignacio, Candelaria, Corpus y Puerto Istueta. La labor de los obreros marítimos es determinante en este sentido. Los trabajadores cosecheros, que aún siguen siendo conocidos como los mensú, son afiliados sin cotización. (Rau, V., 2005:131)

Esta activa organización gremial rural en la provincia de Misiones, que surgió con una importante participación de las bases y con métodos de acción directa en la década del ´20, aumentó durante los años ´30 con la ideología comunista que desplazó al anarquismo, y a partir de los ’40 se mostró mucho menos dinámica y más cercana al Estado justicialista en la conducción del movimiento obrero rural misionero a través de FATRE, con 18 gremios de asalariados rurales adheridos en 1950. En este período de las “reformas desde arriba” se expandieron y consolidaron las instituciones sindicales formales reforzándose su acción relacionada con los organismos de aplicación legal del Ministerio de Trabajo. (Rau, 2005)

Los cambios en la estructura del modelo de acumulación posteriores a 1930 crearon, entonces, nuevas formas de producción y de relaciones sociales rurales en casi toda la región, que se evidenciaron a partir de la década del ’40 en una organización sindical rural más institucionalizada y vinculada a la acción legal del estado. Así, hasta 1955 y después primó en el NEA la política gremial de FATRE, caracterizada por la burocracia y neutralización de los conflictos más que por la combatividad, en consonancia con la política estatal nacional del período.

4. La acción colectiva y los movimientos sociales

Una editorial del periódico del Movimiento Agrario Misionero (denominación de las Ligas Agrarias del NEA en la Provincia de Misiones) titulada “El MAM ¿gremio o movimiento?” planteaba en 1974 las causas que dieron origen al Movimiento y las razones por las cuales no querían ser una corporación más:

Los grandes que dirigen los gremios tradicionales, y muchos medianos (con alma de oligarcas) que están metidos en el MAM, no quieren atacar la raíz de los problemas. A ellos no les importa que exista la explotación (…) Ahora sabemos por qué los carneros y los oligarcas quieren solamente gremios, gremios sanos, que no se metan en política, como dicen ellos (…). Para poder luchar por la verdadera justicia, por la verdadera liberación, lo que necesitamos es un Movimiento. Un movimiento es una organización popular que, al mismo tiempo que defiende los justos derechos de los trabajadores, busca terminar con la explotación de todos los trabajadores a través de medidas de fondo que ataquen la raíz de los problemas (…) El MOVIMIENTO no descuida las tareas gremiales, pero va más allá (…) El Movimiento no se conforma con defender a los trabajadores de la ambición de los monopolios, el Movimiento quiere expulsar a los monopolios. (Amanecer Agrario, MAM, marzo 1974).

Las formas de organización y representación de intereses (simbólicos y materiales) permite plantear la cuestión de cómo se constituyeron los actores sociales agrarios en actores políticos y gremiales bajo determinadas identidades y lógicas de acción colectiva. Esa constitución de identidad social colectiva y su interrelación en el medio rural del NEA en los setenta es la que nos permite evaluar las características que asumieron las Ligas Agrarias y las cooperativas y sindicatos rurales en su relación con otros actores sociales y con el estado.

Las distintas formas analizadas hasta ahora en que los actores sociales del NEA se organizaron -corporativas, cooperativas, sindicales- son modalidades institucionales y de intermediación de intereses. En este apartado nos ocupamos de la acción colectiva que se expresó por la vía movimientista en la región. En NEA hubo históricamente diversas formas de expresión de la acción colectiva: las rebeliones aborígenes de 1924 en Chaco (Iñigo Carrera, 1982) y los movimientos milenaristas tobas que, con distintos móviles y actores, no llegaron a plasmar un proyecto más allá de reivindicaciones y trascender como movimiento social. Las Ligas Agrarias en cambio se percibieron como un movimiento social, que fue la expresión de su forma organizacional, inédita en el ámbito rural del NEA. (Ferrara (1973), Golbert y Lucchini (1974), Lasa (1985), Archetti (1982), Bartolomé (1975 y 1985) Moyano Walker (1991 y 2008), Rozé (1992), Golbert (1999), Bidaseca (2005), Borsatti (2005)

Los movimientos sociales son una forma particular de conducta colectiva. En la sociedad no sólo “se mueven” individuos o clases sociales, sino también diversos actores colectivos que definen sus identidades y solidaridades no en relación al sistema productivo, sino en función de otras características. (Gunder Frank y Fuentes, 1988) (Touraine, 1990)

El problema que se plantea con las múltiples definiciones sobre los movimientos sociales es tratar de establecer sus alcances en relación a fenómenos que comprenden diferentes actores sociales: pueden ser clasistas, policlasistas, marginales, étnicos, simbólico culturales, de género, etc.  Algunos autores plantean que estos movimientos pueden expresar tanto a clases como a otros colectivos sociales. Así, en tanto para los movimientos sociales clasistas[48] las luchas asumen un carácter más limitado al orientarse “hacia un cambio de distribución de bienes, influencia o autoridad dentro del sistema social organizado, sin voluntad o capacidad de transformar las `relaciones sociales de producción`”(Touraine, 1971)[49], o más aún  a la “lucha entre quien produce y quien se apropia de los recursos sociales y por el control y destino de estos recursos”(Melucci, 1976); los movimientos sociales no clasistas se refieren a colectivos sociales que procuran mejorar su posición relativa dentro de una determinada estratificación social o en el sistema político. En estos casos lo que se disputa es la organización y distribución de bienes, influencia o autoridad, y la ampliación de derechos sociales y políticos.

No obstante, considerarlos meramente como un conjunto de colectivos sociales clasistas o no clasistas que pueden manifestarse como movimiento social es insuficiente para tratar de establecer qué formas organizativas y lógicas de acción colectiva presentan. Al respecto, sostenemos que las clases, y sobre todo fracciones representativas de las mismas, pueden organizarse como movimientos sociales diferenciados de las formas corporativas (estatales o societarias). Estos casos de clases organizadas como movimientos sociales representan un modelo por su mayor poder, organización, continuidad, su capacidad movilizadora y de elaboración de proyectos políticos.

Pero sean clasistas o no, hay características generales de los movimientos sociales, que consisten

(…) en una corriente de acción colectiva que intenta producir algún cambio social (o cambios sociales) afectando algún proceso o estructura social o a la sociedad en su conjunto; que se orienta según valores e intereses compartidos por sus integrantes según grados diferentes de percepción y adhesión; que sostiene imágenes y creencias sobre la sociedad y sobre su transformación; y que puede integrar construcciones ideológicas (y aún doctrinales) más o menos complejas. (Martorelli, H., Pareja, C. y Pérez, R., 1987)

Los movimientos sociales expresan formas de organización de colectivos sociales, que surgen generalmente desde los sectores sociales subalternos a partir de la toma de conciencia de una situación común de privación relativa y amenaza de exclusión de una condición de vida determinada (Gurr, Ted (1970): Why Men Rebel, Princenton: Princ Univ Press. cit en Lattuada, 2005) ante la imposición de un proyecto hegemónico, lo que les da a la vez una identidad común. Priorizan su autonomía con respecto a otros actores (como los partidos políticos o el estado), y sus lógicas de acción colectiva se basan en la denuncia moral ante situaciones de injusticia y opresión y el ejercicio de la presión movilizadora para la resistencia y obtención de reivindicaciones en defensa de derechos. Esta última es la que constituye el poder social de los movimientos sociales, quienes hablan a través de su accionar Melucci (1994) directo y antagónico[50]. La toma de conciencia y la defensa de necesidades e intereses inmediatos pueden dar lugar a acciones colectivas que presenten un nivel de movilización y capacidad de presión, pero para que se constituya un movimiento social tiene que conformarse una identidad colectiva, que funcione como marco de pertenencia al interior de un colectivo social y de referencia ante otros actores, que logre alcanzar cierta continuidad dentro de un determinado período de tiempo.

En relación a su desarrollo organizativo es variado y heterogéneo, pero se caracterizan por ser organizaciones flexibles y democráticas, en donde los integrantes tienen una participación activa y directa, con una corta distancia entre conducción y bases, y por lo general con bajo nivel de institucionalización jurídico formal. (Gunder Frank y Fuentes, 1988).

En síntesis, se trata de actores colectivos con bajo nivel de especificación de roles o jerarquización interna, alto grado de participación de las bases, fuerte integración simbólica con énfasis en la defensa de la identidad y de los estilos de vida, y prioridad de valores sociales o culturales sobre las cuestiones económicas y distributivas en sus discursos. Su integración y accionar resultan heterogéneos pero persistentes en el tiempo, y se destacan por una activa movilización antagónica por fuera de los canales institucionalizados de mediación de intereses, (Dalton y otros, 1992:19-40); Touraine, A., 1995; Mardones,J.M., 1996:13-44). A ello se agrega la especificidad o unidad temática de los intereses que defienden, Estas características marcan grandes diferencias con las corporaciones u organizaciones de carácter profesional o gremial reivindicativas, sobre todo en el carácter ideológico, universal y fundamentalmente integral de su discurso, y su participación a través del sistema institucional de agregación y mediación de intereses. (Lattuada, M., 2005)

Otra característica de los movimientos sociales es que intentan ocupar un espacio intermedio de la vida social, en los que confluyen necesidades individuales en búsqueda de respuesta e impulsos de innovación política, a partir de los cuales la resolución de los conflictos sociales ya no puede quedar acotada sólo a los actores políticos tradicionales, incluidas las corporaciones gremiales o profesionales. Esta búsqueda se canaliza por fuera de los espacios y prácticas institucionalizados para promover las demandas sociales, en particular del sistema de partidos políticos, a través de los cuales no se sienten representados ni los conciben como articuladores o mediadores de sus intereses[51] (Melucci, A., 1994:121).

Al respecto, en su constitución como movimiento social las Ligas Agrarias actuaron políticamente pero también como expresión de una contracultura: no se plantearon formar un partido político, pero sí una sociedad distinta. Fueron una bisagra entre lo que se consideran viejos y nuevos movimientos sociales[52] en su concepción de una nueva forma de hacer política y en la conformación de una identidad política y social con valores y ética, y una profunda pertenencia. Al respecto, sostenemos con Tilman Evers (1985) que el potencial transformador  de estos nuevos movimientos sociales produce una construcción contracultural de “defensa de la identidad”, creando espacios de relaciones más solidarias, de conciencia menos dirigida por el mercado, de manifestaciones culturales menos alienadas o de valores y creencias básicas diferentes[53].

No obstante, la dinámica de las relaciones sociales dentro de las cuales se constituyen y redefinen los actores sociales nos lleva a preguntarnos si el sentido de una sociedad distinta es el mismo para todos sus integrantes, o si se mantiene igual desde su nacimiento espontáneo y su conformación de una identidad colectiva como movimiento social hasta su posterior culminación o declinación. Por diversos factores internos y externos al movimiento en esta última etapa no todos mantienen el potencial transformador, y en ocasiones viven un proceso de profesionalización, es decir de proyección institucional desde un movimiento social a una corporación gremial reivindicativa. (Lattuada, 2005)

Las Ligas Agrarias del NEA constituyeron un movimiento social agrario regional que cuestionó el sistema de dominación que los afectaba durante la primera mitad de la década del setenta. Su liderazgo se evidenció en la influencia política y social sobre el proceso de resistencia rural a la política económica adversa y su capacidad de impulsar respuestas prácticas para la realización de un proyecto de desarrollo alternativo.


  1. Para Norma Giarracca y Carla Grass (1999) estructura social agraria hace referencia a las posiciones de los sujetos en el circuito de la producción en función de los recursos materiales que controlan. Desde una visión estructural, se distingue a las unidades de producción agraria según el tipo de relaciones sociales que sustentan. Se diferencian las unidades entre las que predominan las relaciones capitalistas (por contratación de asalariados permanentes) y aquellas donde el elemento básico es la relación tierra-trabajo familiar.
  2. Mario Lattuada (2006:71) afirma que ya desde sus bases históricas hay una fragmentación en la representación de intereses del sector agrario, por la confrontación de diversos grupos de intereses en torno a tres ejes diferenciales: de base socioeconómica (grandes propietarios, arrendatarios y pequeños propietarios), de base económico-productiva (agricultores vs ganaderos; criadores vs invernadores), y diferencias de estrategia en relación a las estructuras de comercialización (cooperativas de servicios frente a empresas de capital).
  3. Para Samuel Popkin (1979:2) una institución principal en la sociedad campesina es la múltiple relación del cliente o campesino (o arrendatario) con su señor o patrón (o terrateniente). El patrón que le renta la tierra, en ocasiones controla y provee componentes clave para la producción agrícola (crédito, ganado, albergue, semillas), y además comercia el excedente de producción de los campesinos.
  4. Las relaciones patrón-cliente comprenden un ancho pero impreciso espectro de obligaciones mutuas consistentes con la creencia de que “el patrón puede desplegar un interés paternal y responsabilizarse por las necesidades de su cliente y que el último puede brindar lealtad filial al patrón”. (Lande, Carl “Networks and groups in Southeast Asia”, citado en Popkin, S., 1979:10)
  5. Por estas asimetrías de poder, las redes clientelares tienden a constituir una pirámide de relaciones que atraviesan la sociedad de arriba a abajo, donde las élites políticas, burocracias y sectores dominantes aprovechan el control del Estado para organización y regulación de recursos entre los actores sociales, tales como creación de empleos, distribución de favores, escuelas, servicios de salud, nombramientos de diversa jerarquía en los escalafones estatales, apoyo económico (como créditos, subsidios, proyectos de desarrollo, contratos o licitaciones) que privilegia a hacendados, hombres de negocio locales y grupos de empresas de mayor poder económico (Oliveira Nunes, E., 1988).
  6. En el debate sobre las relaciones patrón-cliente los defensores de la teoría de la moral económica, basada en los conceptos de subsistencia y legitimación, sostienen que el desarrollo del capitalismo daña el bienestar de los campesinos al aumentar la desigualdad y la estratificación, tornar a la tierra, trabajo y cosecha en commodities, y forzar a los campesinos a posiciones aisladas y atomizadas. Ante esto, la postura alternativa de la economía política argumenta que los intercambios entre campesinos están configurados y limitados por conflictos entre los beneficios individuales y grupales, y que los patrones con multiplicidad de vínculos con los campesinos son vistos más como monopolistas que como paternalistas. Afirma que la continuada existencia de relaciones patrón clientes se basa en la legitimación del vínculo por los campesinos, originada en la provisión por el señor de fundamentales derechos de subsistencia, y que los términos del intercambio en dichas relaciones dependen del poder relativo de las dos partes (Popkin,S., 1979:3-7).
  7. Existe una gran variedad de definiciones sobre las corporaciones y los movimientos sociales. Sin pretender un debate conceptual, coincidimos con Phillip Schmitter (1987) en que el corporativismo constituye una forma de vinculación entre la sociedad y el estado, y consideramos como corporativistas a “aquellas estructuras asociativas de intermediación de intereses sectoriales (limitadas a un cierto número de categorías, no competitivas, jerárquica y funcionalmente separadas) que son reconocidas, permitidas, cuando no creadas por el Estado, quien las autoriza para que ejerzan un monopolio de representación en las categorías en que actúan, a cambio de que cumplan con ciertos requisitos organizacionales en la selección de dirigentes, articulación de demandas y apoyos.
  8. El corporativismo se caracteriza por la centralización organizativa, la disciplina interna para que sus miembros cumplan los acuerdos, los procedimientos para garantizar la estabilidad de la organización y de sus dirigentes frente a las disensiones internas, los criterios para la formación de las organizaciones (sectoriales, transectoriales, funcionales) y la forma en que el Estado les atribuya estatus público, capacidad representativa y ámbito de participación en la toma de decisiones (O`Donnell, 1975; Pérez Esquivel, 1997).
  9. Para Mario Lattuada (2006) con excepción de los períodos de gobiernos peronistas, en los que se promovieron desde el Estado sistemas de tipo corporativo, las redes de intermediación con el sector agropecuario adquirieron características pluralistas, con variantes alternativas del pluralismo de presión y el pluralismo clientelar.
  10. Aunque en este apartado nos orientamos al análisis de las distintas formas organizacionales del NEA más que a las entidades concretas, la SRA y sobre todo la FAA como corporaciones rurales (no cooperativas ni sindicales) de nivel nacional son analizadas en su actuación previa a la crisis de fines de los sesenta por su incidencia en este proceso. Junto con el resto de las entidades regionales involucradas también serán abordadas oportunamente. (Ver Palomino (1988), Martínez Nogueira (1987), Sidicaro (1991).
  11. CRA, entidad nacional de tercer grado, agrupa a las sociedades rurales de todo el país y está organizada sobre la base de confederaciones regionales: de estas la más poderosa es CARBAP (Confederación Argentina Rural de Buenos Aires y la Pampa) surgida en 1933 ante diferentes intereses entre los ganaderos invernadores y criadores en la pampa húmeda. También la integraban CARCLO (1937), Conf. Asoc. Rurales Centro y Litoral Oeste, CSRL (1936) Conf. Soc. Rurales del Litoral, CSRP (1938) Conf. Soc. Rurales Patagonia, y CARTEZ (1946) Conf. Soc. Rurales Tercera Zona (NOA y Cuyo). La estructura social de la CRA era diferente a la de la SRA: las sociedades rurales del Interior están conformadas por ganaderos que dirigen personalmente la explotación y viven en la estancia con sus familias. No quieren entidades para jóvenes ni para mujeres, ni cooperativas. Funcionaban en ciudades cabeceras y no pedían cuota a los afiliados (Giberti, 2002).
  12. En 1956 creada CONINAGRO. FAA había creado ya, como rama gremial y de servicios cooperativos, FACA-Federación Argentina de Cooperativas Agrícolas en 1945.
  13. La CCEA (Comisión Coord de Entidades Agropecuarias) agrupa sociedades rurales, asociac productores agrícolas y cooper agropecuarias no federadas, que en 1973 total nacional 16.200 afiliados (Margenat, 1973).
  14. La SRA es entidad 1º grado, con afiliados directos.Tanto SRA como FAA son organizaciones centralmente profesionales cuyo funcionamiento interno es jerárquico, con dirigentes dedicados sólo parcialmente a administrar organizaciones ya constituidas, y participación de los afiliados ocasional y restringida (Golbert y Lucchini, 1974).
  15. La FAA: en su programa fundacional de 1912 establecía que todo accionista de cooperativa debía ser agricultor y además socio de la FAA, vinculando la defensa de los intereses gremiales de los productores a la organización en cooperativas, ya que ambas cuestiones –económica y reivindicativa- eran diferentes maneras de luchar contra los comerciantes de ramos generales. Además, veían a las cooperativas como instrumentos para aumentar el poder de los sectores chacareros con relación a otros sectores del agro. Desde la perspectiva de oposición de clase la FAA simbolizaba los valores de “moral política y civil de los individuos” y se legitimaba como entidad civil que pretendió asumir una función de control y dirección sobre las cooperativas, lo que fue una fuente de conflictos entre las normas institucionales y las prácticas de los individuos (Olivera, 2003).
  16. La ley establecía contratos no inferiores a 4 años, indemnización por mejoras realizadas en los campos e independencia para el agricultor para asegurar, comerciar y cosechar los granos. Si bien el régimen de tenencia de la tierra permanecía intacto, se lograba una pequeña conquista con la regulación legal de las relaciones entre arrendatarios-intermediarios y propietarios, teniendo en cuenta que por primera vez una propuesta de Ley agraria fue aprobada por el parlamento (Marrone y Moyano W., 2002)
  17. El cooperativismo para la OIT es una asociación de personas (no de capitales) de número variable, que se organizan para enfrentar las mismas dificultades económicas y que, libremente unidas, con igualdad de derechos y obligaciones, buscan resolverlas administrando una empresa en forma conjunta, por su cuenta y riesgo, sobre la base del esfuerzo propio y la ayuda mutua, con el objeto de obtener un provecho material y moral común. Sus principios (definidos en 1966 por la Alianza de Cooperación Internacional y hoy vigentes) son: 1-adhesión voluntaria y abierta; 2-control democrático; 3-interés limitado al capital; 4-participación de los asociados en los excedentes netos; 5-promoción de la educación cooperativa; y 6-colaboración intercooperativa. A su vez, el cooperativismo agrario pasa por tres etapas sucesivas: la del almacén de ramos generales, la de comercialización de la producción y la de industrialización de esa producción; es decir, presta importantes servicios al asociado en materia de abastecimiento, comercialización y transformación.(Girbal-Blacha, 2004)
  18. La 1º se creó en 1898 en Pigüé (Pcia Bs Aires) El Progreso Agrario como cooperativa de seguros mutuos para la agricultura, “formada por y para los agricultores”. (Balestra, 1965) Las primeras cooperativas agropecuarias surgieron desde fines del S XIX con el objetivo de mejorar la capacidad de negociación del pequeño y mediano productor agropecuario en la comercialización de la producción, en la provisión de servicios, basadas en principios solidarios, en la libre asociación y en la gestión democrática. (Mateo y Olivera, 2006:85).
  19. Los congresos cooperativos logran entre 1919/1921, por reforma de Carta Orgánica Banco Hipotecario Nac. (1919) y la 1°ley nacional de arrendamientos rurales (1921), por acción de las cooperativas agrarias organizadas entre 1918 y 1926 y por ley cooperativa Pcia Buenos Aires 1922, antecedentes propicios para ley cooperativista de alcance nacional. A esto se agregó en 1940 la ley 12.636 de Colonización y de creación del Consejo Agrario Nacional, dando fuerza ejecutiva a la acción cooperativa Thiery, René,  Legislación argentina comparada, en Min Finanzas Nación. BNA: Curso sobre cooperativismo, (1955: 181-190), en. Girbal-Blacha, 1988.
  20. Como entidades de 1º grado funcionan las cooperativas, de 2º grado las federaciones nacionales y regionales como ACA (1922), FACA (1947) y SANCOR, y de 3º grado CONINAGRO (1956) (Giberti, 2002).
  21. “…tomar en consideración la multiplicidad de aspectos que se relacionan con este tipo particular de asociaciones: las cooperativas en cuanto actores económicos, como organizaciones sociales, en su vinculación con lo político -articuladas a otros actores y, principalmente en referencia a la representación corporativa- y a su particular filiación cultural (doctrina cooperativa) (Olivera, 2006).
  22. La cooperativa de tamberos la “Sociedad Cooperativa de Lechería de Zavalla Ltda.” Fue iniciadora de toda una organización que se extendió en Santa Fe y Córdoba, y asociadas en defensa del pequeño y mediano tambero levantaron su propia fábrica de manteca y pudieron comercializar directamente.
  23. Las principales cooperativas tamberas eran la Unión de Cooperativas Mantequería San Carlos Centro(12 fábricas); Fábricas de Manteca SANCOR Cooperativas Unidas; Federación Argentina de Cooperativas Tamberas; Asociación Cooperativa Fábrica de Manteca de Freyre y Cooperativas Unidas Fábricas de Manteca de Ceres. Para 1945 había 235 cooperativas tamberas en el país (11 en Santa Fe y 87 en Córdoba) 12.703 socios. En 1946 SANCOR cuenta con 3 plantas industriales de manteca y exporta los productos de 144 sociedades cooperativas. Cavallone Brebbia, Adolfo (1947) Cooperativismo. Sociedades cooperativas en la República Argentina, Buenos Aires: Semca, (cit Girbal, 2005 y Balestra, 1965).
  24. ACA existía desde 1922 como Asociación de Cooperativas Rurales Zona Central, organización cooperativista agraria que se transformó en ACA en 1928, y desde 1926 por la Ley 11388 tenían status legal. Representaba a los medianos productores dedicados a la exportación agrícola ganadera sobre todo de la región pampeana, Actualmente está integrada por 185 entidades de 1º grado, la mayoría de la pampa húmeda.
  25. En década 1970 se convirtió en empresa cooperativa más importante país, con un fuerte grado de concentración en el acopio y exportación de granos. (Lattuada y Renold, 2004).
  26. A la vez, recordemos que FACA fue creada en 1947 por la FAA como su rama gremial y de servicios cooperativos, y que nombró a Perón como el primer cooperativista argentino. La filmografía registra ese entendimiento de las cooperativas con el Estado en los documentales Primer congreso de cooperativas en Azul de 1950, y en el filme El Agro con Perón de 1953, en el que marchan centenares de cooperativistas con banderas de FACA y de ACA en apoyo al 2do plan quinquenal y al gobierno frente al palco oficial (Marrone y Moyano W., 2004).
  27. La política crecientemente corporativista del peronismo también se expresó en la relación con las cooperativas agrarias, quienes ya en 1947, después de su V congreso, expresaron que el cooperativismo “no es enemigo del gobierno aunque discrepe con las orientaciones agrarias del Poder Ejecutivo”, y le reclamaron cinco cuestiones retomadas de los orígenes de Federación Agraria Argentina:
    1. Propiedad de la tierra para el que la trabaja.
    2. Libre comercialización de la producción.
    3. Industrialización cooperativa de la producción.
    4. Libertad para el trabajo familiar en las chacras.
    5. Libertad de transporte con medios propios.(Girbal, 2005).
  28. El Consejo Intercooperativo Agrario de Coordinación y Arbitraje, de 1953, enlace constituido por 2 ó 3 federaciones cooperativas de 2do grado como FACA, Asociación de Cooperativistas Bonaerenses (creada por el gobernador de Buenos Aires Mayor Aloe) y por asociaciones de primer grado como ACA.
  29. Se estima que en 1946 solo un 3,5% de la producción cerealera se comercializaba por medio de las cooperativas agrícolas, mientras que para 1953 lo hacía el 55% de la producción total. (Fuente: Perón y el cooperativismo agrario (1951) Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación).
  30. Las cooperativas agrarias en 1941 eran 274; 489 en 1946; 826 en 1950 y 1.484 en 1955. Los socios pasaron de 56.081 en 1941 a 84.104 en 1946; 148.154 en 1950 y 325.024 en 1955. El volumen de operaciones aumentó de 782,7 millones de pesos en 1941 4.523,4 en 1955 (en Girbal, 2005).
  31. Para este tema ver entre otros autores Rapoport,  (2003), Cracogna (1968) Cooperativismo agrario argentino. Buenos Aires: Intercoop; San Pedro, José (1977) Descubramos el cooperativismo en nosotros. Bs Aires: Intercoop; Mosse, (1998) .
  32. Coincidimos con Mario Lattuada (2006:86) en que las transformaciones de los regímenes sociales de acumulación modelaron el surgimiento, consolidación y transformaciones de las asociaciones agrarias reivindicativas y económicas en la historia argentina.) Así, del auge agroexportador pampeano, la crisis capitalista del ’30 trasladó al NEA el auge económico y las transformaciones en las relaciones sociales rurales.
  33. Agrupó originariamente 12 cooperativas de primer grado y que tenía como objetivo principal colocar el producto directamente en la Capital Federal, evitando que el productor se enfrente a la competencia con los intermediarios que comercializan el algodón.
  34. Con los inmigrantes europeos habían llegado las ideas del cooperativismo, igual que al Chaco, creándose las primeras entidades cooperativas entre 1930 y 1914. En 1963, de las 27 cooperativas yerbateras existentes en todo el país, 24 se hallaban en Misiones agrupando 16.731 socios. El total de cooperativas de la provincia era de 73, con 39.698 socios, los que significaban el 9,12% de la población (Ferrara, F.,1973:321).
  35. Que se transformó en Confederación de Cooperativas de Entre Ríos, con importante papel en la fundación de CONINAGRO en 1956. También desde los ’50 las coop arroceras tuvieron presencia en Villaguay y Concepción del Uruguay. Es importante aclarar que consideramos a Entre Ríos dentro de la región del NEA (y no pampeana) por el proceso común que tuvo con el resto de las Ligas Agrarias. La misma situación ocurre con la provincia de Santa Fe.
  36. Las más importantes fueron en 1919, como la huelga en La Forestal, Pcia. Santa Fe; y en O’Brien (Bragado, Pcia Bs As) la huelga de carreros, estibadores y bolseros (La Prensa, 10/3/19:9). Durante décadas veinte y treinta hubo menos: de trabajadores rurales en Jacinto Arauz en 1921, en Sta Fe, Cba y Bs As 1927 y 1928; de estibadores entrerrianos 1934; en Córdoba en 1935-36; y de recolectores de maíz en el sur santafesino en 1935 (Ansaldi, 1993).
  37. En historiografía argentina “los obreros rurales han sido percibidos como mano de obra o población proletaria, sin mostrar las dimensiones colectivas de estos sujetos, tanto como clase social, como fracción sindicalizada o como grupos vinculados en torno a variadas interpelaciones y proyectos ideológicos.” (Ascolani,A., 2004:161).
  38. Entendemos por organización sindical la estructura resultante de una unión solidaria de intereses comunes que delegan representatividad en algunos de sus miembros a través de asociaciones estatuidas para actuar en defensa y a nombre de personas que se desempeñen en una misma rama de actividad, o bien realicen tareas similares en diferentes sectores de la actividad económica.
  39. Para aproximarnos a esta problemática es útil retomar la distinción entre el peón rural estable, el obrero golondrina y el que combina ambas actividades en procesos de proletarización y descampesinización. También es necesario acotar -coincidiendo con Giberti (2004)- la función del obrero rural al que trabaja en contacto directo con la naturaleza, diferenciándola del obrero agrario, de agroindustria, como es el caso del obrero de FOTYA en relación al obrero del surco cañero en Tucumán.
  40. Las movilizaciones rurales se dieron con trabajadores estacionales y no permanentes. La agremiación se dio más entre los obreros de periferia: estibadores o carreros que iban de las estancias a la estación y al puerto. Con gran influencia de anarquistas y socialistas, los carreros debían tener un solo carro, sino eran capitalistas porque contrataban asalariados para otros carros. Había también participación de las mujeres (Giberti, 2004).
  41. Accionar dirigido a los braceros desde las seccionales semiurbanas, siguió IV Congreso FORA (1904), partían de sociedades de resistencia y de oficio, luego federaciones y FORA en congresos nacionales (Ascolani, 1993).
  42. En Córdoba, por su parte, los conflictos de los proletarios rurales del período 1919-21 fueron ideológicamente pluralistas, con mayoría de anarquistas quintistas y socialistas internacionalistas (comunistas); en Santa Fe la FORA del IV Congreso, y en Entre Ríos la FORA del IX Congreso (Ascolani, 1993).
  43. En alusión a las interpretaciones estructural-funcionalistas de los ’60 sobre el componente socio-ideológico de los obreros peronistas de origen rural. La clásica, de Germani (1973) fue cuestionada y reformulada entre otros por Murmis y Portantiero (1973), Matsushita (1986) y Del Campo, H. (1983).
  44. El Estatuto Peón Rural de 1944, para el trabajador permanente, fijó normas para su alojamiento, comida y salario, y el Estatuto del Tambero lechero de 1944 son los más representativos. Luego la ley de asociaciones profesionales y la ley 13.020.
  45. Según F. Lockett (1975), en cambio, las delegaciones de FATRE habían surgido como SUTRE (Sindicato Único de Trabajadores Rurales y Estibadores) en 1950, a partir de la organización de las filiales de la ex Federación Argentina de Sindicatos Agrarios (FASA), y sustituyendo a los Sindicatos de Oficios Varios que hasta entonces agrupaban a los trabajadores agrarios, igual que en casi todo el territorio nacional. Y fue a partir de 1963 que cambió su denominación por FATRE.
  46. Entre fines del siglo XIX y principios del XX se habían registrado en el Frente extractivo formas de lucha como la revuelta, el motín y las fugas, que no pueden considerarse representativos de la constitución de los trabajadores cosecheros como una fracción de la clase obrera (Rau, 2005).
  47. Promovió agremiación masiva, creación de bolsas de trabajo, huelgas con presentación de pliegos de condiciones y piquetes, boicots, marchas, mitines y actos públicos, etc. A la par existió en Posadas el Círculo de Obreros que, orientado por el Partido Socialista argentino, ofrecía a sus socios beneficios como descuentos en comercio y conferencias. Desde fines de siglo XIX habían funcionado también los Círculos Católicos Obreros, que practicaban la doctrina social de la Iglesia Católica y alcanzaron cierta notoriedad. La influencia de la organización obrera penetra en la sociedad de Misiones desde las costas del río Paraná, promovida principalmente por la tripulación trabajadora de los vapores que remontan esta principal vía de comunicación entre Buenos Aires y las ciudades del litoral (Rau, 2005)
  48. “movimientos sociales como formas diversas de organización de conjuntos sociales (clases, fracciones de clase o incluso alianzas de clase) inmersos en relaciones sociales de antagonismo sociopolítico y cultural, como movimientos antisistemas, que por su misma configuración apuntan hacia algún tipo de lucha anti-statu-quo” (Galafassi, 2005:291)
  49. Para ellos el movimiento social es equivalente a una clase y al restringirse a luchas entre clases pasa de una abstracción a otra, de clase a M/S, sin permitir diferenciar cómo se organizan colectivos sociales (en este caso de clase). Es importante establecer esta diferencia, porque sino sería lo mismo que esa organización se diera en forma corporativa o movimientista, y nuestro eje con respecto a los colectivos sociales es cómo se constituyen estos en actores políticos bajo determinadas formas organizativas y lógicas de acción colectiva (Touraine, 1971).
  50. Melucci,A. (1994:119-149) / Gunder Frank y Fuentes, (1988:46):”Los movimientos sociales generan y ejercen un poder social por medio de sus movilizaciones sociales y sus participantes. O sea que el poder social es generado por el movimiento social como tal, y a la vez derivado de este, y no por alguna institución ya sea política o no”. /Los MS revelan lógicas de acción colectiva tendientes a transformar reivindicaciones específicas en derechos individuales y colectivos, expresan formas de poder social tendientes a intervenir en la esfera pública, y revelan la voluntad de prácticas autónomas y diferenciadas de otros actores (partidos, estado).
  51. Los Movimientos Sociales-MS expresan la estrechez de formas de representación institucionalizada. Las relaciones tradicionales sean de status adquiridos (ej. a nivel género) o bien de expresiones político sociales (ej. Partidos o sindicatos) resultan incapaces para canalizar las nuevas demandas y relaciones sociales o son un bloqueo a determinadas reivindicaciones y derechos. Los MS aparecen también como reacción ante la descomposición de regulaciones corporativas de sociedad y por desagregación de vida estatal, sea por profundización procesos transnacionalización que desbordan al estado o por acción popular que afloja controles verticales corporativos.
  52. Los NMS han sido clasificados en movimientos defensivos o de resistencia, cuyos objetivos son reactivos en función de proyectos o acciones que afectan sus modos de vida y valores -usuarios viales, consumidores, etc-; y los movimientos ofensivos o emancipativos, cuyo objetivo es promover cambios sociales y de valores dentro de la sociedad mayor -feminismo, derechos humanos, etc- (Habermas, 1981).
  53. Al respecto, la continuidad del ejercicio de la denuncia moral y de su fuerza social movilizadora depende del nivel de resistencia o de respuesta que encuentren para la realización de sus intereses iniciales. En cambio la continuidad de la identidad colectiva está vinculada con el grado de organización que alcancen y la capacidad de estructurar proyectos de trabajos promocionales de prestación de servicios con algún grado de diferenciación y especialización Estos dependen del carácter del movimiento social, como ej. pueden mencionarse áreas posibles referidas a la organización de mujeres, jóvenes, servicios de salud, recreativo-culturales, legales, prensa, etc.


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