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6 Las realidades provinciales del NEA durante el surgimiento de las Ligas

Aun siendo una organización social regional, las Ligas Agrarias tuvieron en cada provincia su impronta. Como ya se analizó en la introducción de este trabajo, las reivindicaciones de cada uno de los actores sociales agrarios dependen del tipo de relaciones sociales con las cuales se articulan o se oponen. Así, esta situación de crisis de monocultivos[1] varió en cada provincia según sus características socioeconómicas, y las Ligas representaron a distintos actores sociales y encararon diferentes problemas;

En Formosa y Goya era de campesinos pobres –poriajú que le dicen- ellos mismos se decían. Ellos discuten porque no quieren llamarse agrarios, por ej. en Formosa, campesinos, en esa época en Formosa casi medianos no había, eran todos muy chiquitos, y también el caso de Goya, que los tabacaleros eran todos aparceros. No era la misma estructura social que había en el norte de Santa Fe, Chaco y Misiones. El lugar más fuerte de las Ligas Agrarias era donde los medianos productores eran los que tenían la hegemonía, ahí eran fuertísimos. Y las huelgas más fuertes no eran las de los pequeños productores, eran las de los medianos,… y sin embargo cuando había las huelgas del tabacalero, que es el más pequeño, o del algodonero tenían la contundencia y la fuerza de los medianos. Los medianos querían quemar todo, tenían como esa prepotencia del gringo que se siente el centro y que le estafan, ofendido y violento para enfrentar. Y todas las que se ganaron era a ese nivel. Las grandes conquistas que hacen son ahí, las del girasol y la del té. El girasol era en el norte de Santa Fe y del Chaco, era una producción porque para el girasol no era un pequeño productor, ya tenés que tener máquina. Y en el norte de Santa Fe estaban los cañeros. (O. Mathov, 1996)

Tal diversidad no fue un obstáculo para que, ante las consecuencias perjudiciales de la modernización agraria y con el denominador común de sus características metodológicas y organizativas, fuera posible en las Ligas un desarrollo común. Además, actuaron juntas ante el estado nacional y sus logros fueron conjuntos. Al respecto varió su relación entre la convergencia y el conflicto con los gobiernos provinciales y locales, con los partidos políticos, con las organizaciones tradicionales rurales y con la mediación eclesial. Estas relaciones no se dieron en compartimentos estancos, sino que los partidos políticos, instituciones y organizaciones permearon con su accionar ese clima de ebullición política, cruzándose de una instancia a otra según la correlación de fuerzas políticas y sociales de cada realidad provincial.

Ante tanta complejidad, priorizamos abordar en este capítulo como cuestiones centrales en las relaciones sociales rurales la realidad socio-económica -de las relaciones de producción y la estructura social emergente de la tenencia de la tierra (Flichman, 1973)- y el surgimiento y los primeros pasos de las Ligas Agrarias en cada provincia. Así, dejamos para más adelante en este trabajo, en coincidencia con su progresiva identidad gremial-política, su desarrollo en relación con las corporaciones rurales y el estado, su resistencia y confrontación con los grupos monopólicos de agroindustrias, los alcances de su influencia provincial, regional y nacional, sus definiciones político-partidarias, la represión y el balance de sus protagonistas sobre la acción colectiva en las Ligas y su proyecto alternativo.

Las primeras Ligas que se organizaron en el NEA fueron las chaqueñas en 1970. Después sucesivamente las del Norte de Santa Fe-ULAS, Misiones y Formosa en 1971; las Correntinas en 1972 y las Entrerrianas en 1973. Así surgieron las Ligas Agrarias Chaqueñas-LACH 14/11/1970; la Unión Ligas Agrarias norte Santa Fe-ULAS ago. 1971 (s/f); el Movimiento Agrario Misionero-MAM 28/7/1971; la Unión de Ligas Campesinas de Formosa-ULICAF 11/12/1971; las Ligas Agrarias Correntinas-LAC febrero (s/f) 1972 – y las Ligas Agrarias Entrerrianas-LAE 14/1/1973

Sin formar parte de las Ligas Agrarias del NEA surgieron en Misiones las Ligas Agrarias Misioneras-LAM (11/11/74) y AMA, así como, ya fuera del NEA, las ligas pampeanas tamberas cordobesas, del sur santafesino y de la provincia de Buenos Aires: ligas tamberas cordobesas 18/5/1973 y ligas agrarias pcia. Bs.As oct (s/f) 1973. Las ligas de todas las regiones se nuclearon en la Coordinadora Nacional de Ligas y Movimientos Agrarios desde el 1º diciembre de 1973. 

En función de esto nuestro criterio fue centrarnos en el análisis de la evolución de las Ligas Agrarias del NEA en cada provincia respetando su orden de aparición, porque coincidió con el grado de maduración de su organización como un colectivo social y político en las relaciones sociales rurales

1. Ligas Agrarias del Chaco-LACH

La realidad de producción y la estructura social emergente en el Chaco[2]se relaciona desde sus orígenes, como territorio nacional a fines del siglo XIX, con la problemática de tierras. La especulación de tierras fue una constante, con la instalación de la red ferroviaria y las fábricas de tanino, en base a la concesión gratuita o la venta a un precio reducido de tierras fiscales. Así, dos millones de hectáreas del Chaco pasaron a manos privadas y quedaron despobladas, o sólo explotando la madera de sus bosques, mientras el estado sólo colonizó 57.940 has en dos colonias con unos pocos inmigrantes.

Recién durante el período 1903-1930 se produjo una ocupación organizada de la tierra en el territorio, entonces sí con el desarrollo de la pequeña y mediana explotación agrícola mediante el asentamiento de colonos inmigrantes internos y externos sobre tierras fiscales. Estos se radicaron en los intersticios dejados por los enormes latifundios constituidos en el período anterior, lo que influyó en que el proceso de concentración de la tierra fuera mucho menor que hasta ese momento porque la extensión de la tierra a repartir era menor y porque la ley 4167 de Arrendamiento y Venta de Tierras Fiscales de 1903 (vigente hasta 1950) limitaba la superficie a adjudicarse, y sobre todo por la decisión política de viabilizar la ley en la práctica… Y se inició desde 1916 un rápido proceso de fundación de 34 colonias, cuyas tierras fueron entregadas a pequeños y medianos campesinos (100 has como máximo de tierra agrícola y 625 has de ganadera), desarrollándose una capa de medianos productores agrarios, hasta 1930, en un territorio que se convirtió en un polo de atracción de población de otras provincias y del extranjero[3].

Así como la población nativa e inmigrante de provincias vecinas conformó en esa época la mayoría del proletariado rural y urbano en fábricas de tanino, la población extranjera tuvo mayores probabilidades de acceso a la tierra, porque la ley Avellaneda privilegiaba al extranjero. Así, mientras la población nativa era el 82% del total, sólo el 42% de los propietarios de explotaciones agropecuarias eran argentinos. Pero los extranjeros no sólo tenían mayor acceso a la tierra sino que había diferencias en el régimen legal de la ocupación, ya que el porcentaje de ocupantes sin título (intrusos) de tierras fiscales era mayor entre los nacionales y los extranjeros latinoamericanos, y el europeo tenía mayor acceso a la tierra bajo formas jurídicas estables, adquiriendo la propiedad o legalizando rápidamente su ocupación precaria.

De modo que la explotación forestal dominó hasta 1930, y la producción agrícola o ganadera fue marginal y subsidiaria de aquella. Las explotaciones más grandes -“Las Palmas” de Hardy y “La Chaqueña S.A.” en Villa Ángela de Gruneisen. (Slutsky, 1975)- cubrían extensiones de tierras boscosas sobre todo en la zona oriental donde abundaba el quebracho colorado, uniendo la extracción forestal con el procesamiento industrial. Hasta la década del ’70 el 50% de la producción de tanino en el Chaco estuvo en manos de empresas extranjeras con las características de economía de enclave[4], lo que implicó que la integración de la zona forestal con el resto de la economía nacional fuera muy reducida, aunque en estrecha conexión con la estructura política nacional a través del sistema de poder para garantizar la concesión de tierras. En las décadas del 40 y 50 se produjo un estancamiento y contracción en la producción y en la industria taninera, mientras se producía la expansión algodonera. Se acentuó así el dualismo de la estructura agraria chaqueña, con explotaciones de reducida dimensión asentadas sobre tierras fiscales y dedicadas a la producción algodonera (70% territorio), y por otro lado explotaciones de gran dimensión de propiedad privada dedicadas a la producción forestal y ganadera.

Con respecto al algodón -la principal producción de los liguistas del Chaco-, aunque el NEA tiene condiciones excepcionales para su cultivo[5] este fue escaso hasta 1920[6], cuando empezó a crecer el área sembrada por la creación de las colonias agrícolas y por una demanda externa favorable. Pero fue después de la crisis de 1930 que hubo un rápido incremento en la producción algodonera[7], junto con el desarrollo y afianzamiento de una capa de pequeños y medianos chacareros dedicados a ese cultivo.

Esto cambió radicalmente el patrón de distribución de la tierra[8] y la relación del hombre con la tierra hasta los setenta. Muchos ocupantes iniciaron los largos y burocráticos trámites[9] para legalizar su situación en la Dirección de Tierras, lo que llevó a que todavía en los setenta el Instituto de Colonización del Chaco esté otorgando escrituras correspondientes a esa época[10]. Aunque esto originó que en las últimas décadas el grupo más numeroso de ocupantes caiga en la categoría de intrusos, es decir sin situación legalizada, este tipo de ocupación fue estable y permitió el afianzamiento de un amplio sector de productores familiares

De esta manera el área algodonera -en la región central y occidental territorial- aumentó ininterrumpidamente, la superficie fue ocupada totalmente y también se multiplicó la población de territorio (tasa crecimiento 48,8% en 1914-47, la más alta del país). La población extranjera se cuadruplicó entre 1920-47 y la proveniente de otras provincias se quintuplicó. (Slutsky, 1975), por lo que el Estado debió entregar lotes menores a las 100 has establecidas por la ley 4167 como unidad económica[11]. El área media alcanzó sólo al 50% del lote normal previsto como mínimo para el mantenimiento de una familia campesina, del cual la superficie realmente aprovechable era mucho menor porque una parte considerable estaba cubierta por monte, por lo que la mayoría tenía menos de 25 has con algodón. Se originaron así los minifundios algodoneros, explotaciones que por su escasa dimensión impiden la capitalización del productor y el desarrollo de una actividad diversificada que permita ocupación plena e ingresos adecuados a la familia[12].

Se fueron conformando así las condiciones históricas de producción y comercialización algodonera[13]. Con escasas tierras, muchas veces en áreas marginales, el monocultivo agotador del suelo y la excesiva duración de la cosecha llevaron a un deterioro de los rendimientos. A esto se sumaron serios problemas en la comercialización. Aunque en sus inicios el desmote se hacía con máquinas individuales y algunas cooperativas, con el auge del desarrollo algodonero unas pocas firmas exportadoras controlaron –pese a la libre contratación- con su poder financiero el proceso de comercialización, tanto la compra del algodón en bruto como el desmonte, aunque no eran propietarias de las desmotadoras más importantes. Es el caso de Bunge&Born, Dreyfus y Clayton en el Chaco, cuyos contratos obligaban al desmotador a comprar algodón en bruto por su cuenta, desmotarlo y luego venderlo al exportador al precio que él determinara, y como tenía prohibido desmotar el algodón de terceros o propio, el colono se veía obligado a vender siempre el algodón en bruto, sin posibilidades de desmotar su algodón y vender la fibra y la semilla por su cuenta; mientras las grandes empresas comercializadoras manipulaban los precios del algodón en bruto frente a una oferta atomizada. Fue esta situación la que llevó a los conflictos algodoneros de 1936 (Iñigo Carrera, 1982, Bidaseca, 2003), de los que emergió fortalecido un sector de cooperativas que se diferenciaron de los pequeños productores algodoneros (v cap 9). Posteriormente, la Junta Nacional del Algodón desde 1935 y la Dirección del Algodón desde 1944 fueron organismos oficiales cuya acción benefició al productor en el asesoramiento técnico sobre nuevos tipos de semillas, prácticas agrícolas, control de plagas, y en el estímulo al desmote individual con lo cual el productor vendía fibra y semilla.


Así los cincuenta se caracterizaron por el afianzamiento económico del tipo de explotaciones algodoneras basadas en el trabajo familiar (Girbal, 2004, 2005 y 2010). Pero la superficie sembrada con otros cultivos como el maíz y el girasol, que había aumentado junto con la primera expansión algodonera posterior al 30, se redujo a partir de la posguerra dando lugar a que la expansión algodonera en los cincuenta se realizara a expensas de la superficie dedicada a otros cultivos, y agudizando el problema del monocultivo. Este proceso alcanzó su extensión máxima con la cosecha 1957-58, y a partir de mediados de los sesenta comenzó una crisis profunda para el pequeño y mediano productor algodonero. Las causas fueron múltiples: precios internacionales no remunerativos; aumento de la producción interna y también de las importaciones en un contexto de escasa demanda; baja calidad de la fibra -corta, poco resistente y fina-; precios internos por encima de los del mercado internacional; competencia de las fibras sintéticas y artificiales. (Carlino, 2007) La crisis alteró profundamente la estructura productiva porque disminuyó la demanda algodonera -a partir de 1965 la superficie algodonera desciende 220.000 has- y sustituyó la superficie dejada libre por este cultivo con producción cerealera y girasol, sorgo y trigo cubren esa superficie y 60.000 has más[14], pero también restableció un nuevo equilibrio situado a un nivel productivo mucho más bajo a partir de 1965.

La disminución del área algodonera se produjo en las explotaciones medianas y grandes mediante un paulatino proceso de diversificación, en donde se redujo más el área sembrada (29%) que la producción de la fibra (12%). Es decir, ese gran aumento de los rendimientos también fue causa de la desaparición de áreas de producción marginales de baja productividad, a la vez que aumentó la oferta de fibra provocando la caída de los precios y la concentración por pocas empresas -en un mercado oligopsónico- de la demanda, desmote, hilado y tejido, atomizando a la vez la oferta de algodón en bruto del minifundista que no podía incidir en los precios[15].  El resultado de esta situación fue un gran stock acumulado y una oferta entre 30 y 40% superior a la demanda (Slutsky, 1975) durante la década 1960-70. La provincia sufrió una doble crisis a partir de su dependencia económica de la producción algodonera: una crisis agropecuaria nacional y otra de producción algodonera en una nueva asignación productiva a toda la región. Así, en el Chaco había 25.000 explotaciones agropecuarias ocupando más de 6 millones de has, de las cuales sólo el 9% eran ocupadas por los minifundistas hasta 5 has, y el 62% entre las 25 y 200 has en el estrato de los productores liguistas, con mayoría de propietarios y ocupantes fiscales procurando sus títulos de propiedad definitivos. (Rozé, 1992)

En las relaciones sociales rurales la incidencia de la crisis algodonera y la diversificación agrícola tuvo modalidades distintas según el tipo de explotación, con distintos efectos perjudiciales -proletarización, pauperización o no capitalización- en relación a las posibilidades de capitalizarse del productor agropecuario.

Algunos medianos productores algodoneros -más de 25 has de algodón- ante la crisis contaron con la tecnología y los recursos disponibles de la familia para reducir el área de algodón y hacerla más eficiente, y los que tenían más de 80 has pudieron a la vez diversificarse (Golbert y Lucchini, 1974). No por eso dejaron de sufrir la crisis, porque hasta 1972 los precios del algodón estuvieron muy por debajo de los otros productos, y recién en ese año la situación se invirtió.

Pero fue mucho más acentuada la disminución en los ingresos del pequeño productor algodonero. La mecanización de los cultivos cerealeros y el estancamiento de la actividad forestal empujó a sus hijos a buscar trabajo en centros urbanos del litoral, donde generalmente no quedaron incorporados en forma estable al mercado laboral[16].

Así, los jóvenes tendieron a emigrar. Pero en el minifundio campesino, cuyo costo de oportunidad del capital es casi nulo, la respuesta del pequeño productor algodonero ante la rápida caída del consumo y de los precios desde 1960, el aumento de los costos de producción (semillas, herramientas, tracción) y en general menores ingresos se basó en que el grupo familiar permaneció en la explotación con el fin de lograr mayores ingresos y acentuó el monocultivo algodonero, (Slutsky,D., 1975:111). Entre las razones del minifundista algodonero para haberse mantenido en la explotación pese a producir con pérdidas desde el punto de vista empresarial, a las condiciones adversas y a que su supervivencia tendía a una pauperización creciente (según los indicadores de nivel de vida en salud, vivienda, alfabetización, consumo, etc), es decir un proceso de descampesinización, radicaron no sólo en la falta de posibilidades de diversificación. La emigración de los más jóvenes permite la supervivencia del grupo familiar en la pequeña producción. (Slutsky, 1975). A la vez el algodón brinda a los pequeños productores ocupación de la mano de obra familiar y dinero circulante que les permite trabajar el resto del año. Asimismo existen razones de tipo socio-cultural: “el que no hace algodón no es un productor…” (Calvo y otros, 2007). El proceso de abandonar la agricultura es lento porque el tipo de herramientas permite su uso durante muchos años, y la fuerza de tracción animal se cría dentro de la explotación. Además, afirman Stagno,H. y Steele, J. (1968) que una familia que solo podía cosechar 5 has de algodón entre enero y marzo (período óptimo) la extendió hasta julio, con lo cual cosechaba una superficie varias veces superior sin contratar asalariados, abaratando así sus costos y obteniendo un ingreso similar al salario mínimo de la zona. Por esto, desde el punto de vista del pequeño productor, el monocultivo algodonero fue la conducta más racional en la medida que posibilitaba ocupar al máximo la mano de obra familiar -cultivo algodón requiere 3 ó 4 jornadas más que trigo, maíz, girasol o sorgo, clave ante la escasez de trabajo fuera de su explotación- y le proveía mayores ingresos brutos por ha que otros productos. Y también mayores ingresos netos, considerando que los costos reales eran menores que los estimados al no poder incluir como costo el valor del salario que no se podía obtener afuera, porque la reducción del área algodonera disminuyó drásticamente las posibilidades de empleo de los asalariados rurales y también de los “obreros con tierra” -por la desocupación rural se dio un proceso de asentamiento de asalariados rurales en tierras recién desmontadas, desarrollando cultivos de subsistencia y perpetuando la pobreza rural (Slutsky, 1975)- y minifundistas. Estos últimos se ocupaban en la cosecha, en la que obtenían durante varios meses ingresos que luego complementaban con el trabajo en el monte (en 1970 no más del 10% del total de mano de obra en Chaco) y con las tareas de carpida y siembra.

Surgimiento de las LACH

Fue así que el Chaco se vio involucrado en la crisis de sobreproducción de monocultivos industriales (55% de explotaciones estaban en tierras fiscales como simples ocupantes, Censo Nacional 1960) y de concentración industrial en la región del NEA, convirtiéndose en el detonante del surgimiento de las LACH.

La situación que afrontaban los minifundistas y medianos productores era cada vez más crítica. La caída de los precios del algodón generó en 1970 un estado de inquietud y protesta que amenazaba extenderse a toda la zona algodonera provincial. Por eso las organizaciones tradicionales del agro -FAA, FACA, UCAL y SRA- convocaron a un conjunto de asambleas en diversos pueblos para tomar medidas. Y formaron un frente agrario -el Consejo de Entidades Representativas del Chaco- liderado por la FAA como corporación nacional económica pero también gremial, y al que se sumaron la Federación Económica y la Asociación de Productores Forestales.

Este frente provincial, que se compondrá y recompondrá, será una característica de la provincia del Chaco y forma uno de los términos de una contradicción que constituye el eje de múltiples movilizaciones: la contradicción capital-interior que se manifiesta objetivamente en la expropiación de las burguesías regionales por parte del capital monopólico y financiero concentrados en áreas capitalinas. (Rozé, J., 1992:38)

Así se realizó una masiva concentración de productores en la ciudad de Sáenz Peña el 15 de septiembre del ’70, adonde asistieron también el MR de ACA y la Juventud de la UCAL que a partir de entonces impulsaron una política de movilización para sus reclamos que las entidades tradicionales no aprobaron.

En el Chaco no tenía una presencia el MR como la tenía en Reconquista, pero digamos la mayoría de la gente era del MR. La juventud cooperativista también, en el Chaco tuvo más importancia que acá la participación. (Eduardo Sartor, ULAS, 1995)

En el Chaco en 1970 el MR de ACA y la Unión de Centros Juveniles Cooperativistas de UCAL (UCJC), ante vacilaciones de la Federación llamaron independientemente a una marcha sobre Resistencia convocando como juventud del campo contra los monopolios de comercialización y la FAA. También reclamaron contra el Plan AGREX, oligopolio de EEUU representada en el país por PAL (Pedro y Antonio Lanusse), de la que es dueña el futuro presidente de la Nación. (Ferrara, 1973)

(…) un plan de ocupación y puesta en cultivo de casi un millón de hectáreas en Chaco y Formosa por empresas extranjeras y asociados argentinos entre los que figuraban Pedro y Antonio Lanusse. Este último ataque era una bandera estratégica ya que enlazaba a los enemigos que: a) venían a quitarles las tierras, b) eran una empresa extranjera (monopolios) y c) estaban asociados a los Lanusse, parientes del entonces presidente militar. (Rozé,J., 1992:39)

De este modo, luego de promover un trabajo de consulta y debate en cada colonia se organizó el Primer Cabildo Abierto de campesinos, en el que se reunieron 5.000 productores representantes de 22 colonias. Allí se realizó un diagnóstico de la situación, se plantearon las principales reivindicaciones y se resolvió crear una organización propia de los campesinos, independiente del gobierno y de otras entidades afines al mismo. Así nacieron en noviembre de 1970 las Ligas Agrarias del Chaco, y las dos organizaciones convocantes -Movimiento Rural de ACA, su Equipo Nacional organizó el Cabildo Abierto (y aportó la mayoría de los líderes de Ligas, su primer secretario general O. Lovey, la concientización sobre la realidad, una metodología participativa y democrática y una estructura sustentada en el protagonismo de las bases, (v cap.4) y Centros Juveniles de UCAL (v cap 9)- asumieron la dirección del nuevo movimiento. Fue clave la mediación política del Obispo Distéfano en esta etapa, quien en su rol de conductor fue llamado el Obispo del Algodón.

Progresivamente se fueron jalonando un conjunto de movilizaciones y huelgas agrarias que las convirtieron en la principal organización de pequeños y medianos productores del Chaco. Estuvieron localizadas en los departamentos de Pdcia. Roque Sáenz Peña, Villa Ángela, 12 de Octubre, Chacabuco, 9 de Julio, Gral. Belgrano, Independencia, Com. Fernández, Quitilipi, 25 de Mayo, Pdte. de la Plaza, Sgto. Cabral, Gral. Donovan, Bermejo, Libertad, San Lorenzo, O’Higgins, Luis Fontana, 1º de Mayo, Tapenagá, San Bernardo, Santa Sylvina, Alte. Brown, Gral. Güemes, Lib. Gral. San Martín y Maipú (Ferrara, 1973)

A partir del relevamiento de las fuentes escritas y orales, en el desarrollo de los principales acontecimientos de las LACH (cap 7 y 8) se pueden percibir las coyunturas clave y la evolución de su acción colectiva. La actividad gremial se desarrolló a la vez que se consolidó la organización interna -estatutos, Comisión Coordinadora Central- y aumentaron sus núcleos en colonias, con la participación de la Juventud de UCAL y del MRC.

Se fue pasando de este modo de la toma de conciencia de su situación a la organización, movilización y presión con planes de lucha, es decir, las etapas de un movimiento social. En este proceso contaron con la adhesión de otros sectores sociales rurales, como los hacheros y las cooperativas, y urbanos -comercios, escuelas, empleados públicos- y la oposición y progresiva represión policial. Como ejemplos, el editorial del diario La Prensa de Buenos Aires sobre el clima de agitación provocado por estos movimientos que en Chaco y Formosa largan planes de lucha.” (La Prensa, 27/2/72); y la marcha de productores en Las Breñas, con más de 1.500 productores. (Norte, Resistencia, 26/7/72) ,y el 19/8 la Marcha de las vacas en Tres Isletas (arreo de animales de un ganadero y obrajero que irrumpían en las chacras destruyendo sus cultivos), con una concentración que llegó a 2.500 personas.

El 8 de setiembre de 1971 se organizó el Segundo Cabildo, en el que participaron 4.000 agricultores y delegaciones de 75 Ligas organizadas. Allí se festejaron las victorias del primer año de vida de: derrota del Plan AGREX; la obtención de precios mínimos de algodón por primera vez en la historia del Chaco; obligación para que acopiadores cumplan con ese precio; la prórroga de un año para los aportes jubilatorios y la apertura de un mínima línea de crédito para los agricultores (Ferrara, 1973). Desde esa fecha la “celebración” del Día del Agricultor el 8 septiembre es resignificada por el conjunto de las Ligas como fecha simbólica para explicitar la paradoja del festejo y el contenido de la lucha:

 “Que este nuevo día del agricultor no sea camuflado más con asados, bailes, elección de reinas y todo acto folklórico alguno. Más bien que sea una verdadera expresión de un pueblo que sufre, de hombres cansados de esperar, de familias que saludan sus pagos yendo en busca de un destino que el campo les ha negado; asumiendo a la vez valientemente el papel que le corresponde, como miembro activo de la sociedad. No dejemos que haga OTRO lo que a NOSOTROS nos toca realizar” (“Siguiendo la huella”, ago. 1971).

Así, las diferentes etapas en relación al contexto político nacional y los momentos clave en este proceso fueron asumidos por las LACH con una modalidad pionera -en su acción gremial y política- que las distinguió de las Ligas Agrarias de otras provincias. Progresivamente hubo cambios en su organización interna, y en su X Congreso General Extraordinario aprobaron las modificaciones necesarias al Estatuto para obtener a corto plazo la personería jurídica, y se fijó en $12.000 la cuota social para 1974, incluyendo el periódico. A la par de su mayor institucionalización continuaron las medidas de fuerza (El Campesino, LACH, marzo 74) y su compromiso con la transformación social.

2. Unión de Ligas Agrarias Santafesinas-ULAS 

Con relación a su estructura social agraria hubo diferencias entre la acción de las Ligas Agrarias del norte y del sur de Santa Fe. El norte de Santa Fe es una prolongación de la pampa húmeda, pero con tierras menos fértiles para los cultivos tradicionales de exportación como el maíz y el lino, y no tuvo zona triguera. Se cultivaba principalmente algodón y algunas graníferas. La zona fue colonizada a partir de 1878 por campesinos del norte de Italia (friulanos) que -a diferencia de sus coprovincianos del sur- pudieron acceder pronto a la propiedad de la tierra (lotes 36 a 72 has) (Archetti y Stolen, 1988ª). Este circuito productivo se basó en la rotación de cultivos -maíz, lino y maní- con fuerza de trabajo familiar y tracción animal, lo que implicaba que un tercio de las chacras quedaba sin cultivar, destinada al pastoreo de bueyes. Así, el cultivo más rentable hasta 1930 fue el maní, destinado totalmente al mercado interno.

Estos colonos santafesinos, cerealeros marginales con rendimientos bajos y escasa capitalización, crearon cooperativas desde 1910, y aún sin acumular capital llegaron sin grandes problemas hasta los ’30. De ahí en más a las consecuencias de la crisis debieron sumar pérdidas de cosechas que llevaron al peligro de quiebra a sus cooperativas, y para evitarlo debieron hipotecar sus tierras.

Inmersos desde el comienzo en relaciones de mercado, sometidos a las bruscas variaciones de precios, a la ausencia de crédito oficial, a la voracidad de los comerciantes y de los acopiadores privados, los colonos trabajan, hacen inversiones en nuevos arados y rastras, pero sin la seguridad económica necesaria…los vaivenes de los precios se hacen sentir más intensamente en las zonas ecológicas marginales que no se benefician de la renta diferencial. Las respuestas a la crisis fueron típicamente “campesinas”, ya que en ese período a cada crisis de precios se reacciona aumentando la producción. (Archetti, E., 1988:448)

Pero desde 1935 en el norte de Santa Fe lograron salir de la crisis con una reconversión productiva e introduciendo el cultivo de algodón. Con tierras más aptas que las del Chaco para el algodón y su promoción por parte del estado, se pasó de 138.000 has sembradas en 1932/3 a 368.000 has en 1935/6. Pero la mayoría de los colonos sembraban entre 5 y 10 has de algodón y continuaban con el maíz y lino e incorporando girasol. Recién a fines de los ’40 decreció el lino y el algodón pasó a ser el cultivo principal: en 1954/5 el 60% del total del norte de Santa Fe. Este cultivo “con su rinde y sus precios remuneradores han salvado la economía de nuestra zona” (Memorias de la Cooperativa Unión Agrícola de Avellaneda, 1948:8, cit Archetti,1988a:449) permitió también reactivar a las cooperativas (v cap 9), que se sumaron al boom al triplicarse sus precios entre 1938 y 1947 por la política de sostén de precios de la Junta Nacional del Algodón y por la demanda sostenida. De este modo a fines de los ’40 con un precio estable y el boom textil los colonos santafesinos comenzaron a acumular capital. Y esta expansión algodonera se hizo sobre la base de cambios en el uso de la mano de obra familiar, porque con el algodón se necesita más fuerza de trabajo que la familiar para la cosecha manual.  En la zona no había proletariado rural disponible, pero la crisis forestal y de la industria del tanino y de la producción de caña de azúcar desde 1948 en el Chaco Santafesino (v cap 10) hizo que los obreros hacheros tuvieran en la cosecha del algodón un empleo estacional que detuvo su migración urbana. De este modo en la principal zona algodonera de Santa Fe -el departamento de General Obligado- la producción creció de 14.000 has en 1948 a casi 40.000 has a mediados de los sesenta.

Así, estos productores agrarios del norte santafesino se ubicaron en una situación intermedia entre el campesino que aspira a la autosubsistencia y el capitalista que necesita que su empresa sea rentable (Archetti y Stolen, 1974). Con un promedio de 80 has de tierra para cultivo, de la economía campesina los colonos conservaban la utilización de la fuerza de trabajo familiar sin considerarla variable de costo, y de la capitalista el uso de fuerza de mano de obra asalariada. Al respecto, Archetti y Stolen (1975:155) sostienen que el cálculo capitalista no estaba plenamente desarrollado en la zona (EAF).


Ya a principios de los sesenta las condiciones favorables para el algodón cambiaron, porque con la caída del gobierno peronista desapareció la Junta Nacional del Algodón y las políticas de protección de precios, a la vez que la fibra sintética empezó a desplazar al algodón en la industria textil. Y a esto se sumó el progresivo proceso de concentración industrial que derivó en la eliminación de las pequeñas y medianas tejedurías y la imposición de precios desfavorables para los productores algodoneros (de $12.000 m/n por tn en 1960 se pasó a $6.400 m/n en 1966. (Archetti,E., 1988:450). Aunque esta crisis del algodón como monocultivo fue profunda en el NEA -pasó de 606.700 has en 1962 a 360.000 has en 1967- los productores del norte de Santa Fe resistieron la crisis por el tamaño de sus chacras, cierta tecnificación y la buena calidad de su algodón, de fibra más larga y más preciada[17]. También habían logrado acceder a mayor propietarización después de 1955 (Santata Fe 18% agricultores hasta 25 hectáreas (1% de la superficie); 71% entre 26 y 1000 hectáreas (25% de la superficie) y el 11% más 1.000 hectáreas (74% de la superficie). (Ferrara, 1973), en tierras que no fueron divididas con el cambio generacional por un peculiar mecanismo por el que heredaba sólo uno de los hijos, el más apto para mantener la continuidad del proceso de acumulación, se eliminaba a las mujeres y los demás hijos varones recibían compensaciones que ellos consideraban equivalentes. (Archetti,E. y Stolen,K., 1975:100)

Pero no todas las nuevas tierras eran aptas para la agricultura y, aunque se comenzó a diversificar riesgos con ganado, la situación se volvió inestable en relación a los precios y la rentabilidad de las explotaciones. Y un problema central en Reconquista -junto con Villa Ocampo sede de las Ligas agrarias- fue el cierre de las fuentes de trabajo, sobre todo de ingenios azucareros, talleres de reparación de ferrocarriles y obrajes[18]. Al respecto tuvo profundas resonancias la Marcha del Hambre de Villa Ocampo en 1969.

Surgimiento de ULAS

En ese contexto surgieron en 1971 las Ligas agrarias del norte de Santa Fe-ULAS en común con las provincias algodoneras de Chaco -Cuña Boscosa (Bidaseca, 2003)- y Formosa en el momento de mayor caída de los precios del algodón. Ubicadas en los Departamentos de General Obligado (Reconquista), Vera y San Javier, en su conformación fue muy fuerte la participación del Movimiento Rural de ACA, que desde Reconquista se había expandido al NEA. Esta impronta aparece ya en sus postulados iniciales

 Nuestra organización no va a crecer si nos dejamos llevar por el egoísmo, por el individualismo, si permitimos que los viejos politiqueros con su afán de juntar votos y dividir, haciéndonos disputar entre vecinos, colores, nombres, partidos, etc.; quieren como siempre hacer de nosotros sus títeres, a beneficio de intereses extraños a los nuestros (…) “Las Ligas Agrarias nacieron para defender nuestros derechos e intereses, para luchar contra la opresión de los monopolios. Por eso no pararemos hasta alcanzar JUSTICIA y PAZ PARA EL CAMPO Y EL PAÍS.(cit. en Ferrara,F., 1973: 381)

Ese egoísmo era interpretado a partir de la realidad, tal como se evidenció en la primera gran acción pública a nivel regional, el boicot del pago del asfalto de ruta provincial 11,

Entonces acá partimos de un problema concreto, que fue el pago de un asfalto que ya habían pagado, la gente se reunió para formar algo, que en el caso concreto era un gremio, en defensa de sus derechos concretos. O sea que ahí partimos, para mí, de esa idea que ya se venía de muchos años, y la misión del laico en el mundo, de los problemas concretos, las injusticias, la dominación, y todo lo demás. Entonces, teniendo también como base otras provincias que ya se estaban uniendo para defender, el caso de Formosa con toda la cuestión algodonera… (R. Sartor, ULAS, 1995)

El MR partía de que el colono debe desarrollar la agricultura como una profesión, sin quedar al margen de los cambios tecnológicos. Para ellos era un objetivo social convertir a la chacra en una empresa rentable, eficiente y racional, y en el contexto de principios de los setenta esto no lo veían posible sin un cambio real de la estructura social y económica,

Campesinos, los invitamos a unirse en este movimiento gremial para hacer frente a problemas que nos afectan gravemente, como ser: impuestos excesivos, aumento del costo de vida, descapitalización, incertidumbre en los precios de las cosechas y leyes sociales inadaptadas. Campesinos, unámonos, reflexionemos y actuemos. (manifiesto Liga Santa Cecilia, 1971, cit Archetti,E., 1988:454)

En este aspecto coincidieron el MRC y la Juventud Cooperativista organizada a través de la Unión Agrícola de Avellaneda. De estas dos organizaciones salieron todos los líderes de las Ligas Agrarias del Norte de Santa Fe.

Reconquista fue el semillero de los cuadros del MR que alcanzaron gravitación nacional. De allí partieron a formar dirigentes y grupos en otras regiones. Su obispo Juan José Iriarte fue uno de los mayores promotores del MR de ACA, del intenso y extenso trabajo de organización del movimiento, y sobre todo de esta formación de líderes.Pero no hubo en este proceso una participación activa del obispo Iriarte, lo que llevó en los orígenes de las Ligas a un claro distanciamiento de la institución eclesial aunque no de laicos y sacerdotes,

No creo que haya sido en el momento muy asumido por consenso. Yo recuerdo en la diócesis de Reconquista Iriarte dice: un momento, este es el Movimiento Rural, estas son las Ligas Agrarias. Me parece perfecto que los cristianos se comprometan, y acá en las ligas asuman su compromiso cristiano. Pero este es un movimiento de iglesia, este no se puede fundir con el otro; que nazcan las Ligas y que avancen con su gente, y que el movimiento siga su camino. Fue por eso que quedó el movimiento acá. Pero en otras diócesis se dijo: no, no tenemos función de seguir existiendo, creemos que por aquí tiene que ser el camino. (O. Ortiz, 1995)

No obstante, en más de una ocasión el MR de ACA con el obispo y los sacerdotes de Reconquista[19] habían denunciado las condiciones de vida de los obreros hacheros y minifundistas en el norte de Santa Fe, y al respecto fue especialmente valiosa la actuación del Hno. Arturo Paoli en los obrajes del Norte de Santa Fe, con los hacheros y sus comunidades, desde principios de la década del 60. (v. cap. 10)

Pero ya en 1972 el obispo Iriarte decidió no autorizarlas, con lo que se rompió la unidad entre el MRC y las ULAS,

 “ la parte de la Iglesia tradicional no estuvo de acuerdo con que estemos tan ‘politizados’,(…) más cuando Lovey lo ‘apretó’ a Lanusse en el Chaco, (…) y en verdad toda la juventud de aquel momento prefirió a las Ligas, además, muchos curas tercermundistas siguieron apoyándonos como Tibaldo y Yacuzzi”. (miembro de ULAS, 2010).
Los inicios de las Ligas en Santa Fe fueron en abril de 1971, cuando un grupo de colonos decidió boicotear la Fiesta Provincial del Algodón, opuesto a la paradoja de organizar tal festejo en medio de la profunda crisis que atravesaba la zona.  (Ferrara,F., 1973: 381).

Desde su fundación en 1971 -con Ligas en colonia El Carmen y después Santa Cecilia- se organizaron cuarenta y seis colonias y tuvieron en su auge durante 1972 mil doscientas familias asociadas, que representaban alrededor del 30 y 40% de las familias de agricultores del norte de la provincia (Archetti, 1988), y su sede estaba en Reconquista.

Sus bases sociales se fueron definiendo,

(…) eran los colonos, los “gringos”, los inmigrantes furlanos (italianos) que colonizaron el norte de Santa Fe. No se trataba de un grupo de campesinos tradicionales, sino sustancialmente de empresas familiares que empleaban fuerza de trabajo ajena para la cosecha y que, históricamente, estaban en un proceso de acumulación de capital. Sus problemas no eran los de un campesinado que lucha por la subsistencia o que tiene hambre de tierra. (Archetti, E., 1988:455)

Ya desde 1971 y en acciones conjuntas con las LACH, -el 31/1/72 2.000 liguistas santafesinos se unieron a casi 8.000 chaqueños de LACH en lo que fue la más grande movilización rural del nordeste argentino (Archetti, 1988)- progresivamente las ULAS fueron consolidando su organización.

En su estatuto interno de 1971 establecieron como objetivos:

  1. Asegurar los derechos y beneficios de los agricultores actuando como instrumentos de control y defensa de sus intereses económicos y sociales, principalmente de los sectores más necesitados.
  2. Fomentar la agremiación de todos los agricultores.
  3. Asegurar una toma de conciencia permanente en todos los afiliados sobre los distintos problemas que afectan el desarrollo integral de la familia campesina en lo económico, social, educativo, denunciando las injusticias que se cometen.
  4. Lograr el desarrollo integral, la formación, la participación activa con absoluta libertad de decisión del campesinado.
  5. Difundir los principios del cooperativismo, como así también la asociación de sus miembros a las cooperativas existentes y la creación de cooperativas de producción y de trabajo. 6. Constituir con todos los sectores de la producción un frente amplio de defensa de las maniobras de los monopolios”.

Cuestionaron también la realización de la fiesta del algodón -de gran contenido simbólico- en una situación de crisis, y ampliaron sus demandas a la caña de azúcar entre otras, con reivindicaciones por precios y el control monopólico de la comercialización e industria de la producción agrícola, como lo expresaron en su primer documento del 31 de agosto de 1971,

La solución a los problemas de producción, comercialización y economía vendrán luego de la necesaria unificación de los productores a través de un movimiento gremial que sea del productor, por el productor y para el productor a los efectos de contrarrestar la presión que existe sobre ellos por parte de los monopolios y el gobierno. (cit. en Archetti,E., 1988:454)

Las principales reivindicaciones de los productores de ULAS se centraron en la crisis del algodón y la caña de azúcar. Aunque los reclamos tenían como núcleo central el conflicto por los precios, también se incorporaban consignas más amplias:

En aquel momento se pedía precio mínimo y móvil para las cosechas, limitar el avance de la concentración de las comercializadoras, impedir que cerraran los ingenios azucareros de la zona; aunque también se sostenía que todos tenemos derecho a vivir dignamente, con justicia (en aquel tiempo no había ningún obrero ‘en negro’, sosteníamos que tenían ese derecho). (…) En esta zona no existió la ‘bandera’ de tierra para el que la trabaja, porque aquí éramos todos dueños, en cambio muchas comunidades chaqueñas y formoseñas lo pedían porque no eran titulares. (Oreste Pividori, miembro ULAS, 2009)

Y con respecto a esta problemática -la tenencia de la tierra- estuvo presente en las declaraciones, pero no se priorizó en el accionar de las ULAS “Nosotros pedíamos reforma integral del sistema de tenencia de la tierra, se creía que la tierra debía ser distribuida, principalmente se usaba la consigna ‘la tierra para el que la trabaja’ (ex miembro de ULAS). En ese sentido, aunque reclamaron tierras para sus hijos, primaron los reclamos de tipo capitalista en las ULAS, por esto la radicalización posterior de sus reclamos a través de sus jóvenes dirigentes no fue un obstáculo para su expansión -“Me parece que llegamos a tener 53 ó 63 ligas de base en las distintas colonias. Y un promedio de más de diez miembros por colonia…(Eduardo Sartor, 1995)- y llegaron a 1.200 las familias asociadas. “La lucha de sus hijos e hijas era bien vista por los padres, ya que toda mejora económica era, automáticamente, una mejora de la economía familiar.” (Archetti,E., 1988:456)

 3. Movimiento Agrario Misionero-MAM

La formación de la matriz social agraria misionera se produjo sobre el territorio de Misiones entre 1880 y 1935, después de varias décadas de depender de la provincia de Corrientes y con la imposición desde el estado nacional de un modelo de colonización oficial en base a una organización social con mayoría de productores familiares de origen europeo (Censo 1902 nacionalidades en colonias oficiales: galitzianos 44%, brasileños 24%, argentinos 15%, paraguayos 5% y otras 12% (Tesoriero y otros, 1974). Al respecto, Leopoldo Bartolomé (1972) señala que

(…) al momento de la llegada de los colonos polacos-ucranianos, la agricultura que se practicaba en Misiones apenas merecía ese nombre. Los pobladores criollos, paraguayos y brasileños practicaban una agricultura primitiva y dedicada fundamentalmente a proveer a sus familias de algunos productos de huerta. La mayoría de la población rural estaba constituida por peones de la explotación extractiva de los yerbales naturales, de los obrajes madereros y por propietarios y peones de una ganadería igualmente extensiva… (Bartolomé, 1972)

La colonización tuvo una severa limitación en la venta de tierras efectuada por la provincia de Corrientes, que antes de la federalización de Misiones en 1881 se había apurado a vender -amparados en la Ley de Venta de Tierras Fiscales provincial- el 70% de la superficie total del Territorio (2.100.000 has) a 38 adjudicatarios, provocando una extrema concentración de la tierras, en la que un solo comprador recibió 607.000 has[20]. El Poder Ejecutivo Nacional trató de invalidar estas ventas, pero fue rechazado por el Congreso Nacional, por lo que la colonización debió realizarse según la ley de ventas de la provincia de Corrientes sobre todo en el centro del territorio en los intersticios dejados por las ventas anteriores, y en las 220.000 has de  tierras vendidas y no mensuradas que logró recuperar en donde desde 1895 se instalaron numerosos productores en explotaciones agrícolas familiares (EAF), nucleados mayormente en colonias. Eran productores autónomos que en su mayoría accedieron la propiedad de la tierra[21] (el gobierno impulsó mediante pagos en dinero la producción del tártago, el algodón y el maní, que no prosperaron por obstáculos en las condiciones naturales y en la comercialización). El origen pobre de los inmigrantes europeos, su alto grado de aislamiento físico y la falta de una orientación productiva comercial determinaron la formación de una producción muy diversificada según las necesidades de cada grupo familiar, con un escaso excedente -especialmente la producción del tabaco- que se comercializaba en los mercados locales y les permitía afrontar la compra de su tierra y de los bienes que no producían. (Bartolomé, 1974). A esta colonización oficial se sumó, por la valorización de la tierra, a partir de la década del veinte la colonización privada con capital extraterritorial, sobre todo en la zona del Alto Misiones. En 1924 ya la compañía estableció en El Dorado un puerto oficial, luz eléctrica, agua corriente y con el gobierno nacional los servicios básicos de la colonia: policía, correo, escuela nacional y estación de radio. Esto importa para entender por qué se produjo un sector con mayor capacidad de capitalización dentro de los productores que inicialmente integraron las Ligas agrarias pero en poco tiempo se escindieron formando AMA.

Fueron localizaciones realizadas con criterio religioso, “ya que se consideraba que no era conveniente asentar en una misma colonia a personas de distinta nacionalidad y fe religiosa”: Alto Paraná, El Dorado (protestantes), Puerto Rico y San Alberto (alemanes católicos) y Montecarlo (alemanes luteranos). Estos sucesivos planes de colonización, tanto oficiales como privados, marcaron un acentuado crecimiento de la población y del área productiva (de 14.848 has Censo Nacional 1895 a 144.472 has Censo 1937, y de 33.163 habitantes 1914 a 170.884 en 1937).

Los campesinos con menos de 5 has, que provenientes de países limítrofes se habían asentado en el período anterior en condiciones de subsistencia (maíz, mandioca y porotos), fueron reubicados asegurando su permanencia porque eran funcionales al sector forestal y al tipo de producción de los colonos como mano de obra temporaria (v. cap. 10). No obstante,

Este campesinado se desarrolló sin relaciones de dependencia, propias de otros sistemas económicos, como los que se organizan a través de la aparcería u otras formas de ligazón similar. Los elementos que explican este hecho son, por una parte la disponibilidad de tierras que ofrece el Territorio de Misiones por entonces, que es aún más significativa para el caso de los sectores campesinos que tienen un asentamiento precario, y por otro lado, la emergencia de una forma dominante de explotación que no está basada en la extracción de excedentes generados por una capa campesina. (Tesoriero,G. y otros, 1974: 22)

Durante esta etapa se asentó la población colona con cierto encapsulamiento -por su autoabastecimiento y escasos contactos al exterior- y la vinculación con el sistema económico global se dio con la actividad yerbatera (aunque eran sólo el 50% de las explotaciones), lo que marcó las condiciones de su desarrollo posterior. La fiebre del oro verde –yerba mate canchada impulsada por el gobierno nacional por la suba del precio externo- desplazó paulatinamente desde la década del ‘10 y mucho más desde la del ’20 a los cultivos de autoconsumo en las zonas agrícolas de departamentos San Ignacio, Cainguás, Iguazú, Candelaria y Apóstoles[22], y enmarcó a los productores en una dinámica económica orientada por los mecanismos impersonales del mercado al superar la producción nacional a la importada. Aunque se comenzó a esbozar una diferenciación interna entre pequeños y medianos productores, sólo se diferenciaron dentro de los colonos -por su origen y su forma de producción- los que surgieron de inversiones de grupos[23] de molinos yerbateros de Rosario y Buenos Aires, ubicados allí por su cercanía con los principales mercados, como el caso de la firma Martín y Cia desde 1903

(…) que tratan, mediante la implantación de grandes yerbatales, de integrar verticalmente su actividad. Este sector fue el que protagonizó la iniciación de la actividad yerbatera en Misiones, como parte de una estrategia que buscaba una mayor autonomía de abastecimiento de materia prima, hasta ayer monopolizada por Brasil. Sin embargo, las condiciones en las que posteriormente se desenvolvió esta actividad iban a paralizar y diluir su significación. (Tesoriero, G y otros, 1974:27)

El hito de cierre de este período en 1935 fue la resolución de la primera gran crisis yerbatera por parte del gobierno nacional, que

 (…) puso en superficie un conflicto interregional que envolvía al conjunto de los productores agrícolas misioneros por un lado contra los intereses de ciertos grupos agroexportadores de la región pampeana por otro”…e “implicó la estabilización y mantenimiento de los rasgos propios de la estructura agraria misionera. La vía de libre resolución hubiera significado la eliminación de importantes capas de productores ineficientes.”(Tesoriero,G. y otros, 1974:39)

Desde 1935 y hasta la caída del primer peronismo en 1955 se desarrolló un doble proceso de diferenciación, productiva y social, con la emergencia de sectores locales con poder de acumulación que con la industrialización integraron verticalmente la actividad agrícola. Se consolidó la pequeña y mediana producción agrícola, gracias a las condiciones de regulación de la crisis de sobreproducción yerbatera y a la política peronista que favoreció a estos sectores medios frente a los más concentrados -de origen metropolitano- que trataban de controlar la industrialización y comercialización externa de la actividad que se agregó en esta etapa, el tung. Esta diferenciación social interna entre productores, no obstante, durante esta etapa quedó en cierto modo diluido por la política de cooperativas que incluía a todos los sectores.

El tung, cuyo aceite usado en tinturas especiales y lacas era muy requerido, le permitió a Misiones vincularse con el mercado internacional (expansión de tung inició en Ctes con Cía Liebig’s y en Chaco con Molinos RíoPlata, pero la gran mayoría estuvo en Misiones), sobre todo cuando China como principal proveedor mundial de aceite de tung entró en crisis, en un momento de alza de precios ante la mayor demanda internacional por la segunda guerra mundial. Como la yerba mate, lo cultivaron también los productores familiares en pequeñas parcelas de 5 has en todo Misiones. Pero sobre todo en Alto Paraná, zona ocupada tardíamente cuando ya había prohibición de cultivo de yerba, fue liderado por sectores productores misioneros quienes, por carecer de infraestructura de transporte apta para el traslado de los frutos para la industria (7 tons frutos x 1 ton aceite), lograron localizar las nuevas industrias cerca de las zonas productoras ya desde 1942(“La Oleaginosa El Dorado SA:” y las cooperativas en El Dorado, Oberá, Santo Pipó, etc) y conformar después -con control de los grupos externos y el apoyo crediticio y de comercialización del gobierno peronista a las cooperativas a través del IAPI[24]– un sector industrial de origen local.

La producción yerbatera, en tanto, excedió a la demanda, por lo que hasta fines de los ’40 hubo cupos y subsidios a los productores. Esta situación se invirtió a partir de 1950 por la merma del rendimiento de los yerbales por envejecimiento -había prohibición de plantar desde 1935- lo que llevó a una escasa oferta que coincidió con un aumento de la demanda (se mantiene en 7,5 kg. anuales per cápita) y a que por las restricciones la importación disminuyó de 30.000 tons en 1945 a 9.000 en 1949. Por todo esto el gobierno liberó los precios y volvió a autorizar la libre plantación de yerba[25], que sin embargo no creció lo esperado por los altos precios del nuevo cultivo –el té- que en esa etapa se instaló en Misiones. No obstante, este respaldo estatal a la yerba permitió que sectores locales establecieran en esta etapa molinos yerbateros, privados o de cooperativas (v. cap 9)


Misiones llegó así a la década del sesenta con la yerba y el tung en creciente demanda y un relativo predominio de sectores medios en la estructura social rural. A partir de 1955 coincidió la creación de la provincia de Misiones (1954) con la liberación del esquema económico, y la concentración económica de origen externo en la modernización del agro llevó a una intensa diversificación productiva y a un paralelo proceso de diferenciación social. Se impulsaron nuevas actividades agrícolas como el té, la reforestación y el citrus, el antiguo cultivo del tabaco se modernizó y se produjo la segunda expansión de la yerba mate. Y el sector forestal, de gran dinamismo en esta etapa, se desarrolló sobre todo con capital externo.

En este contexto

“se consolida una capa media local de origen agrario que promueve la industrialización de ciertos productos agrícolas estratégicos. Se trata de sectores locales con suficiente capacidad económica como para llevar adelante este proceso fuera del marco del movimiento cooperativo” (Tesoriero, G. y otros: 1974).

Estos sectores, diferenciados de los otros productores locales, comparten con sectores extrarregionales muy concentrados el control del sector agrario monopolizando la comercialización, industrialización y financiamiento de la actividad primaria.

A la vez se revierte el proceso de control que el Estado tenía sobre ciertos sectores básicos. Se desmonta la estructura que permitía el control del estado en la economía con la desaparición del IAPI y la reorientación del crédito hacia los sectores más concentrados. Esta política estatal, tendiente a una mayor eficiencia del aparato económico con independencia de los costos sociales se acentúa en el lapso 1967-69, afectó aún más a los pequeños y medianos productores de Misiones por haber sido antes especialmente promovidos por el estado nacional sobre todo con las cooperativas, y a quienes el nuevo estado provincial no prioriza en sus políticas.

Las consecuencias de esta política se evidenciaron en los principales cultivos. La CRYM se reorganizó y pasó a ser un organismo donde intervinieron con poder decisional el conjunto de los sectores yerbateros, pero predominando los molineros y grandes plantadoras por lo que sus primeras medidas terminaron en una aguda crisis de sobreproducción. El tung, por su parte, sin el estado como mediador, recibió el impacto directo de la crisis de demanda y de precios. Y los nuevos productos (forestación, té, tabaco y citrus) se desarrollaron fuera de las cooperativas y con formas de producción y comercialización más concentradas. A estos cambios en la estructura productiva se sumaron los efectos perjudiciales de los ciclos productivos.

Esta situación adversa para los pequeños productores se vio agravada por la crisis de los monocultivos regionales de fines de los sesenta. El impulso del sector forestal generó la emergencia de nuevos actores sociales que incidieron después en la estructura social de la provincia. Y aunque la estructura agraria se mantuvo sin concentración territorial, la especificidad del desarrollo agrario provincial originó un fuerte proceso de pauperización del conjunto de los productores misioneros.

Esa crisis de monocultivos en Misiones se expresó con características propias (Schiavoni, 1995 y 2008), y aunque no en todas las actividades rurales actuaron las Ligas Agrarias creo importante detenernos en su estructura agraria para tomar dimensión de su compleja estructura de relaciones sociales rurales en los setenta, que llevaron en 1972 al surgimiento del Movimiento Agrario Misionero. En el caso de la yerba mate, el consumo global cambió de tendencia y por lo tanto la relativa liberación de la producción (aún con límite de 15 has) llevó desde principios de los sesenta a una fuerte acumulación de stocks de yerba canchada. La sobreproducción llevó al estado -intentando mantener la estructura agraria- en 1966 a prohibir la cosecha y a partir de ese año cupos con una reducción del 50% y una limitación en las importaciones, por lo que el mercado interno quedó para la producción nacional. Pero aún con cupos, en 1972 la capacidad productiva excedía la demanda del producto. Según Gustavo Tesoriero y otros (1974:58) en las hipótesis sobre la disminución del consumo de yerba mate aparecen los cambios en pautas de consumo determinados por la urbanización que coinciden con la satisfacción del mercado interno de té con la producción nacional, además de la disminución en el precio del producto.

Los perjudicados fueron los productores -la mitad de las explotaciones de la provincia- ya que después de haberse duplicado la superficie de yerbales sus ingresos reales fueron 30% menores que en el período previo. Para los molineros y los plantadores molineros con grandes superficies de yerbales, cuya capacidad de molienda era superior a la capacidad de producción de yerba, la crisis fue auspiciosa por su participación importante en la molienda como sector oligopólico de origen local, a la par que se produjo una relocalización de la actividad molinera en esta etapa, de Santa Fe y Buenos Aires hacia Misiones y Corrientes. No obstante, en el caso de Misiones tampoco los pequeños y medianos productores tuvieron -como en Chaco con el algodón- intención de erradicar los yerbales. Sólo un 25% y previa ayuda financiera según el censo agropecuario de 1969, lo que indica su escasa capacidad de diversificación, además de las expectativas que aún tenían en su producción.

Y en el caso del tung, cultivo realizado en pequeña escala por numerosas EAF, luego de un breve auge a principios de la década hubo una acentuada caída en la producción (40%) y en los precios (70%) en relación a 1960, por un mercado internacional con nuevos competidores (nuevamente China, más Brasil y Paraguay) y por la sustitución del aceite de tung por aceites sintéticos. Aunque los productores continuaban con expectativas de que un nuevo ciclo permitiera recomponer su situación, urgieron a los miembros de las cooperativas a iniciar una diversificación (v. cap 9), pero también los bajos costos de mantenimiento de este cultivo permanente primaron. Así, la producción siguió siendo generada por los productores familiares y la industrialización controlada por las cooperativas que recurrían a esos productores. Lo que sí varió en esta etapa de concentración económica fue la comercialización externa, ya que toda la producción pasó a ser centralizada por la Federación de Cooperativas Misioneras para comercializarse por medio de empresas privadas (Bunge y Born y otros) que controlaban los precios y los reintegros. Es decir, volvieron las agroindustrias desplazadas por la mediación del estado peronista hasta 1955.

El té misionero es un tema aparte. Hasta mediados de los cincuenta se importaba, sólo hubo pocos intentos de introducirlo como cultivo propio que no prosperaron porque su consumo no era popular en el mercado interno. En ese momento se dio el boom tealero: se dejó de dar permisos de importación y se impulsó la plantación de casi la totalidad de has en la zona XX de la provincia. Pero la demanda interna creciente, los precios altos y la rapidez de este proceso hicieron que se descuidaran las semillas y las variedades. Y aunque se cultivó sin seleccionar un producto en el que sólo las primeras hojas de los brotes deben cosecharse, la demanda absorbió esa producción con precios compensatorios.

Al improvisado desarrollo de la producción se sumó una acelerada industrialización de pequeños capitales regionales, en forma atomizada y con bajo nivel tecnológico, como los secaderos de los productores. Así, la etapa de gran expansión del té verde no produjo cambios en la estructura social agraria, con pocas explotaciones grandes fue realizada incorporando tierras dentro de las explotaciones ya existentes o de nuevas EAF. Pero la superficie sembrada excedió las necesidades del mercado interno, y debió comenzar la exportación cuyas exigencias de calidad eran muy superiores y la capacidad productiva e industrial local no podía satisfacer según el Instituto Nacional del Té. Por eso en la década del 60 con planes de promoción aparecieron los secaderos mayores, con 50% de agentes externos a la provincia, ligados a la exportación o al mercado interno y algunos con producción primaria en Corrientes. Pero el grueso del té siguió siendo producido por los colonos, según encuesta de 1973 a diez empresas tealeras misioneras instaladas a mediados de los sesenta que abarcaban la cuarta parte del té.

No obstante, la crisis y el proceso de concentración económica también afectaron a los pequeños y medianos productores tealeros. Los precios reales bajaron, sobre todo en el mercado interno, por lo que la pequeña superficie de las explotaciones no aseguraba a los productores la subsistencia, y ni las cooperativas ni el estado participaron activamente en este mercado, aunque se creó un mercado consignatario oficial que no funcionó (Tesoriero, 1974). Así, la forma en que se dio la diversificación sectorial originó una mayor diferenciación social entre productores provinciales con menor o mayor capitalización, y con los actores extraprovinciales. Se dio un proceso de concentración en la actividad en el nivel industrial y no en el agrario porque

La integración con el sector primario se limitó a algunos secaderos y especialmente debe haber respondido a necesidades de uniformar la calidad del producto. El conjunto del sector no tiende a integrar hacia atrás la producción, dado que la extrema duración de la oferta le posibilita un proceso de traslación de ingresos de los productores vía precios relativos. (Tesoriero,G., 1974:75)

Como la mayoría de los secaderos privados debían comprar el té a los colonos, se estableció una relación de conflicto en torno a los precios entre los colonos productores y los secaderos (industrializadores) con o sin producción propia, en la que la participación del MAM fue clave en la organización de los colonos.

El tabaco, en tanto, histórico cultivo misionero desde las misiones jesuíticas, al funcionar en pequeñas superficies con poca inversión y tecnología fue uno de los pocos productos anuales que se mantuvieron, también porque permitía obtener ingresos mientras se implantan los cultivos permanentes. Así acompañó todos los inicios de los asentamientos de pequeños y medianos productores, sobre el río Uruguay, en el centro y este. Su gran impulso comenzó a fines de los ’50 con la exportación sobre todo a Francia de tabaco negro (Gitanes), en un período de rápida expansión internacional del tabaco rubio que perjudicó a varias provincias, entre ellas Corrientes.

A fines de los sesenta (Girbal, 2004 y 2010) los 14.000 productores de tabaco formaban dos estratos diferentes: los colonos tradicionales con buenas perspectivas y en expansión, y el grupo mayoritario de pequeños minifundistas familiares, ocupantes de tierras fiscales y oriundos de Brasil en donde subsistían sin acceso a la tierra, que sólo cultivan tabaco  y productos de autoconsumo. En estos últimos se entiende la expansión del cultivo porque -aún con menores ingresos por la crisis de monocultivos, la erosión de la tierra y el trabajo que requería- el tabaco significaba acceso a la tierra, ingresos y subsistencia, a lo que sumaban el considerable reintegro del FET-Fondo Especial del Tabaco, sobreprecio que pagaba el estado con fondos provenientes de impuestos al consumo que llegó hasta el 66% del precio total. No obstante, estamos hablando de subsistencia y por su carácter marginal conformaron el sector más sumergido de los productores misioneros, con ingresos similares a los de los trabajadores rurales a principios de los setenta, por estar insertos en un circuito sin cooperativas y de endeudamiento permanente con el acopiador, intermediario comercializador con la industria. Es decir, que hayan tenido que dedicarse al tabaco es un indicador de su pauperización y no de crecimiento.

Para los productores-colonos, a su vez, la década del tabaco coincidió con la crisis de la yerba y el tung y los perjudicó en los atrasos para cobrar sus ventas de mayor volumen. Aunque el subsidio del FET era mayor que las retenciones a la exportación, fue el consumo interno de tabaco rubio el que subsidió la posibilidad de exportar al permitir que la producción permaneciera estable. Pero la actividad tabacalera misionera a principios de los setenta estaba controlada por agentes externos a la provincia (su principal comprador era un monopolio estatal francés), y los sectores que concentraban la demanda (industriales y exportadores) no participaban en la producción.

En relación con el citrus, la falta de manejo cultural y técnico adecuado había hecho fracasar los intentos anteriores a fines de los sesenta. En esta etapa se sustituyó en un 50% la naranja criolla por otras variedades, pero en un proceso en el que sin demasiado interés se abandonó el citrus como producción familiar y predominó su producción industrial por el aumento de su precio en un mercado externo de citrus que EEUU dejaba de controlar. La producción de naranjas pasó de un destino de consumo directo como fruta fresca a combinar progresivamente su uso como fruta de descarte, como insumo industrial para la elaboración de jugos cítricos concentrados, aceites esenciales, dulces y otros productos de muy buena calidad. Esto llevó a un notable aumento de su volumen en el Alto Paraná (Montecarlo, El Dorado y Lib. Gral. San Martín) que era el 76,8% de toda la provincia en 1969. También aquí la sobreproducción llevó a una caída del precio, perjudicando a los citricultores en sus ingresos, pero no a las cuatro plantas industriales elaboradoras de jugos y aceites, tres privadas (locales y externas) y solo una cooperativa. 

Finalmente, la producción forestal. Con el obraje se fueron desarrollando desde principios de siglo algunas industrias primitivas de aserradero, y se explotaba el bosque natural -privado o fiscal- con pocas especies. La actividad forestal se mantuvo paralela a la colonización agrícola como una economía de agentes extraprovinciales -un sector de grandes empresas y numerosos pequeños aserraderos familiares- con participación de trabajo asalariado en su mayoría de origen paraguayo. La madera provenía en gran medida de los lotes de los agricultores, era consumida luego por ellos y el resto se comercializaba, por lo que se dio por agotamiento el fin de gran parte de estos aserraderos familiares.

En los sesenta el sector forestal tuvo grandes cambios, como el rápido desarrollo de la reforestación por sectores externos y en menor medida por colonos[26], sobre todo en la zona del Medio y Alto Paraná, y la concentración industrial de los aserraderos tradicionales en pocas manos para madera en general, laminado y terciado. A la vez se instalaron industrias de celulosa, de origen externo y nacional, con importantes superficies reforestadas y gran capacidad de demanda de madera. Todo este proceso fue impulsado por incentivos crediticios (de hasta el 80% de la inversión) e impositivos por parte del estado provincial que los colonos aprovecharon para invertir, pero especialmente las empresas extranjeras con intereses en el sector industrial localizado en la provincia. Así, esta fue la única actividad en la que se dio una intensa integración del sector industrial con el primario.

Este complejo entramado dual agrícola-forestal productivo se expresó en la provincia de Misiones a fines de los sesenta en una diferenciación social agraria consolidada, con un estrato local que se integró por fuera de las cooperativas a la industrialización de la producción primaria en el té, la yerba mate y el citrus. La característica del pequeño y mediano productor misionero es la de poseer en general algunas hectáreas con yerba mate, tung y té, y en los últimos sesentas tabaco y citrus. Esto lo llevaba a afrontar sucesivas coyunturas a lo largo del año según cada uno de sus cultivos entre la etapa de fijación de precios,

Las transformaciones que aparecen como tendencia en el agro misionero tienden a la progresiva eliminación de la pequeña explotación y la concentración de la producción en mano de empresas integradas. La resistencia del productor misionero se manifiesta en una permanente diversificación hacia productos de altos rendimientos por hectáreas y a un uso intensivo de su pequeña explotación; no obstante hay una disminución porcentual de los incrementos entre 1960 y 1969 de las explotaciones denominadas subfamiliares, permanencia de las denominadas familiares (más de 25 has y hasta 100) y aumentos de superficies de las denominadas multifamiliares. (Rozé, J., 1992:65)

En este proceso se redefinieron las alianzas y los conflictos socio-económicos. Hasta principios de los sesenta, por la acción del movimiento cooperativo y la política del estado nacional, los intereses de los diversos sectores sociales locales entre sí y con el sistema nacional se habían articulado en forma conjunta por la homogeneidad estructural del agro misionero basada en la pequeña y mediana producción familiar autónoma con fácil acceso a la tierra. Al no haber presión por la tierra o formas de vinculación clientelar, las reivindicaciones de esa sociedad agraria como una unidad global llevaron más que nada a la preservación del nivel económico ante instancias extraprovinciales que controlaban la industrialización y comercialización.

En cambio, a partir de los sesenta se dio un doble proceso de diferenciación, al consolidarse el sector forestal concentrado y al desprenderse un sector de los medianos productores del conjunto para capitalizarse en actividades industriales con sectores externos, con quienes aspiraban a controlar la actividad económica. Pero esta identidad de intereses de sectores locales y externos asumió sobre todo una relación de subordinación de los locales, ya que el control total de la actividad era retenido por los grupos que controlaban el mercado final de exportación. Así se consolidó una burguesía agroindustrial de capitales regionales y con capitales mixtos ligados a intereses extrarregionales, con nuevas formas de articulación de la economía misionera con el sistema global, con una correspondencia de interés entre grupos dominantes en el ámbito local y grupos concentrados en la región central, quebrando en la provincia -en una suerte de interiorización del conflicto (Tesoriero,G., 1974:98)- la homogeneidad de intereses sociales previa y llevando a una hegemonía de los sectores externos, quienes trasladaron los efectos de la crisis de monocultivos a los sectores de pequeños y medianos productores con los que no se habían aliado.

Es importante destacar que la crisis en la provincia de Misiones fue diferente a la de las otras provincias del NEA porque, aunque el sector de productores se empobreció y algunos jóvenes tendieron a emigrar a centros urbanos, no se produjo la proletarización de grandes sectores ni emigración masiva. (Rozé, 1992)

Surgimiento del MAM

En este contexto de concentración económica y debilitamiento de los colonos en 1971 surgió el Movimiento Agrario Misionero-MAM, que tuvo influencia entre otros en los departamentos de El Dorado, Montecarlo, Lib. Gral. San Martín, San Ignacio, Oberá, 25 de Mayo, Alem, Apóstoles e Iguazú. (Ferrara: 1973). Aunque surgió diferenciándose del Comité Pro Defensa del Agro en Misiones (v. cap. 7) e independiente de otras entidades de productores, participaron en su fundación dirigentes de cooperativas, algunas con gran poder económico. Al respecto sus estatutos aprobados en asamblea no especificaban el tipo de productor que podía ser miembro, sólo establecían como criterio que para ser delegado no debían ser a la vez acopiadores, secadores o industriales. Pero en su mayoría fueron productores propietarios de chacras de entre 3 has y 50 has, un grupo homogéneo que con el proceso de diversificación realizan cultivos combinados, excepto un grupo semiproletarizado de productores de tabaco exclusivamente.

El surgimiento de un movimiento agrario con formas de acción gremial inéditas señala los límites políticos del cooperativismo y constituye una respuesta a un encuadre estructural nuevo…no plantea como problema central la tenencia y distribución de la tierra. El núcleo de las reivindicaciones está definido por las relaciones entre los productores y los sectores de comercialización y transformación de la producción…Pero la acción del movimiento agrario no se limita a la lucha por incrementos de precios, sino que parecería estar sustentando un proyecto de organización económica más global, que modifique la actual relación de fuerzas entre los distintos sectores…propone un esquema de organización más regulado por el estado que limite la capacidad  y poder de negociación de sectores concentrados. (Tesoriero,G., 1974:98)

Esta visión coincide con la de los colonos del MAM,

Entre los años 1969 y 1971 fue cuando la crisis económica alcanzó su punto culminante. Las colonias se desesperaban ante los continuos fracasos de sus productos (tabaco, yerba, té, tung). Por fin, una idea fue tomando cuerpo y forma: formar un gremio de agricultores. (Amanecer Agrario, MAM, nov. ’74)

Así, en el marco de la crisis agraria ya desde su origen se manifestó la conciencia política y social que caracterizó a las Ligas Agrarias del NEA, en la que no fue ajena la mediación política eclesial en un contexto cultural con fuerte impronta religiosa,

En distintas partes de la provincia se hicieron reuniones de agricultores, muchas de las cuales fracasaron hasta que en Oberá (km. 0 de Villa Svea y especialmente en la localidad de Capioví) se reúnen un grupo de colonos y la cosa empieza a tomar forma (…) por suerte hacen su aparición (los Gurises) del Movimiento Rural Cristiano. La cosa empieza a caminar (…) Ante esta alternativa la posibilidad de un gremio y la miseria reinante entre los pequeños y medianos colonos, el entusiasmo fue grande y el apoyo también. Así nació el MAM. (“Amanecer Agrario“, nov. 1974)

Estas notas son reveladoras de la acción decidida del MRC en la organización del movimiento, a la vez que reflejan el aspecto ya mencionado de predominio juvenil en el MR, lo que les otorgó una identificación específica como los gurises. Así el MR, que en 1970 tenía planteada la necesidad de conformar un movimiento agrario y grupos de base, puesto que los grupos del MR de ACA en la provincia. no eran estables, trató de impulsar la organización en diversas zonas. Este proyecto se concretó en agosto de 1971, cuando en la Asamblea de Oberá -compuesta por 95 delegados de 65 colonias- se resolvió formar el Movimiento Agrario Misionero (MAM).             

El MAM nació con el Movimiento Rural, no tenía nombre, era una organización que se estaba gestando desde las bases. Acá en Misiones no era muy extendido el Movimiento Rural…Y no fue fácil porque acá teníamos una historia, en el 36 hubo una represión hacia unos agricultores que quisieron reunirse en Oberá, y se mató gente. Entonces la gente se acordaba de eso por un lado, y por otro lado estaba el recuerdo todavía fresco del PAM-Partido Agrario Misionero que había participado en unas elecciones en el 62/63 e incluso puso uno o dos diputados, y donde una vez terminadas las elecciones se olvidaron de la gente. Entonces nosotros llegábamos a un lugar, alguien tenía algún conocido y nosotros lo íbamos a ver, y ese tenía otro conocido y nosotros íbamos con ese a verle al otro y así nos recorríamos la colonia para arreglar una reunión. A veces había colonias que nos echaban derecho viejo. Por ejemplo acá en el caso de colonia Guaraní nos sacaron corriendo, no quería saber nada la gente de la organización. Y después cuando vieron que en otros lados se empezaron a organizar los núcleos de base, se empezaron a propagandizar los petitorios nuestros, entonces la gente fue aflojando de a poco y pudimos entrar en otra zona. Acá los primeros núcleos salieron en Capioví, quien fue después el Secretario General, que fue Antonio Hartmann, que lo fuimos a buscar a la casa, también a su casa a Pedro Péczac. O sea fue un laburo por un lado detectando posibles dirigentes, gente con garras y con ganas de trabajar, y por otro lado tratar de convencer a la gente de la necesidad de la organización. (J.C. Berent, MAM y LAM, 1996)

Nuestra zona -Los Helechos- tuvo una experiencia gremial anterior muy terrible el año 1936, que terminó conocida como la masacre de Oberá donde mataron más de 15 agricultores e hicieron desastre, violaron mujeres… Una manifestación pacífica que se convirtió en algo muy jodido y muy difícil en la zona, y sobre todo un miedo terrible entre los viejos agricultores a todo lo que signifique organización.. En los agricultores la evolución es más lenta en todo lo que acontece, es más firme, pero también perdura mucho…Con ese precedente que teníamos en la zona se dio otro en el año ’62, en el gobierno de Illía se da otra organización -la ARPAM-Asociación rural de productores agrarios misioneros, que reinicia a tratar de hacer algo, pero sin experiencia, sin base y con el gobierno de Onganía desaparece. Tuvo una cosa atípica, con otro grupo de agricultores se convierten en el Partido agrario misionero-PAM. También tiene origen en mi zona y queda como precedente, llegaron a tener dos diputados y terminaron con el golpe de 1966. Aparecía como una propuesta no muy clara, pero apuntaron a una necesidad… era muy unipersonal, no tenía trabajo en equipo. También surgió acá del PC el UPAM-Unión de Productores Misioneros, adheridos a UPARA a nivel nacional. En la zona tuvieron contacto con la gente, incluso con nosotros algunas reuniones, pero no nos gustó que los que dirigían era toda gente del PC, o sea que quedaba la duda de hasta donde apuntaba eso. (Enrique Péczac, 1996)

…Llegando más bien a los tiempos ’69, ’70, para nosotros había una inquietud pero no había forma de canalizarla antes de trabajar con el MAM. Nuestro contacto al principio era por un programa radial del Movimiento Rural Cristiano que se escuchaba por Radio Oberá, que alentaba a la organización. En esos tiempos buscamos contactos, y el Ing. Alba Posse del INTA desaconsejó el UPAM, pero dijo: hay otro grupo de jóvenes que están trabajando en eso (…) Lo primero que nos sorprendió en el MRC es que ellos ya estaban en una comisión pro-gremio, pero lo que hablaban de que nadie es más que el otro, o sea, hasta ese momento nosotros estábamos acostumbrados a la estructura piramidal: éste es el presidente, éste es el que vale, el de abajo no era tanto… la forma de trabajar distinto…. (E. Péczak, MAM, 1996)

…y en la búsqueda de qué se podría hacer surge como propuesta la organización agraria. Un poco por la falta de representatividad que había para el pequeño y mediano productor, y otro porque la crisis en ese momento era bastante brava. Entonces se plantea a nivel regional del NEA del MRC esa cuestión, y con la experiencia que ya había en las Ligas del Chaco empezamos a trabajar en ese sentido. Aprovechando algunas figuras representativas del agro que querían independizarse de las organizaciones tradicionales, con ellos empezamos a trabajar, siempre financiado por el MRC, con los vínculos del MRC y los extensionistas que éramos dos del MRC. (J. C. Berent, 1996)

Hicimos una reunión en un club y ver cuál sería la respuesta. Eran los meses previos al congreso que creó el Movimiento Agrario…sin mayor preparación: nosotros no teníamos más de séptimo grado aprobado pero habíamos trabajado en el club, en comisiones de la iglesia, en nuestra escuela (…) Mi hermano (Pedro) era un hombre joven de mucho empuje. El asunto es que para la asamblea tenía que presentar un mínimo de quince asociados para poder participar. Faltaban dos semanas para la asamblea, y él hizo sesenta afiliados, superando en cantidad a los núcleos más antiguos…El día de la asamblea mi hermano salió electo, y también Drujovski por Ameghino, los dos delegados de la zona que teníamos. En esa asamblea se lo elige como miembro suplente para la comisión coordinadora central, está en la asamblea fundacional. (E. Péczac, 1996)

Nació la rama gremial alrededor del año ’70/72, en Roca hicimos las primeras reuniones con Hartman y algunos más, sin mucha experiencia, con mucho tanteo, dificultades, problemas, se fue creando este movimiento, y que no tuvo la fuerza de abarcar todo lo que es el agro misionero, una parte…Fue fuerte por ejemplo en Oberá, en la zona de Alberdi, Campos Grande, Campos Viera, Roca, Jardín América, Puerto Rico. (A. Markiewicz, MAM, 1996)

De este modo, el MAM se convirtió, igual que las otras Ligas, en el canal de acción política del Movimiento Rural Cristiano, que le proveyó estrategias para su acción. El desarrollo organizativo del MAM en esta primera etapa unificó a los distintos sectores de colonos en crisis,

…Y a partir de la primera asamblea se da una etapa de gran crecimiento en cuanto al trabajo. Pero en el momento no había dinero suficiente, y como él tenía más empuje decidimos que se quedara en la parte gremial, y yo me quedaba acá con el doble de trabajo para poder mantener la chacra en condiciones. Todo lo que acontecía yo lo conocía, pero no participaba directamente en las actividades, salvo concentraciones, o marchas, huelgas… eso quizás me salvó la vida, porque cuando ya llegaron otros momentos mi nombre no trascendió (…) Pero no quiere decir que uno no estuvo constantemente acompañándolos, y sobre todo cuidando que él no tenga problemas familiares, porque lo que uno hacía era respaldar donde se podía, y él tenía confianza porque en la familia estaba todo en orden y tenía libertad para trabajar en lo suyo. (E. Péczak)

Eso fue creciendo, favorecido por la situación económica bastante jodida hicimos muchas reuniones tratando de dar cuerpo a esa organización que iba naciendo. Hubo intentos de copamiento, de tumbar la cosa para un lado o para otro, de incorporarnos a CAYA (Centro Agrario Yerbatero) o ARYA (Asoc. Rural Yerbatera Argentina) que eran las organizaciones tradicionales. Siempre zafábamos. “Pero… todas las cosas tienen el pro y el contra, el ojo avizor de los gorilas chupasangre siempre atentos vieron la posibilidad de que su hegemonía ejercida a su antojo se viera perturbada, y actuaron disfrazados de colonos, colocaron en el novel organismo gremial a sus agentes para tratar de dominar a la Comisión, cosa que no consiguieron por la acción decidida de Los Gurises“. (Periódico “Amanecer Agrario” del MAM, nov. 1974)

Hasta que se llegó en el ’71 -el 28 agosto- en donde se hizo la asamblea constitutiva, se aprueban los estatutos y la comisión directiva, y nace el MAM…Viene después de lo del Chaco. Hubo un problema en esa época. ¿Por qué no nos llamamos Ligas Agrarias Misioneras? Porque hubo un poco de miedo porque los gringos de acá decían que las Ligas eran comunistas, o las relacionaban con la izquierda. Entonces ligas agrarias no porque eso sonaba mal al oído. Entonces por eso surgió el MAM. Si no, no hubiera habido problema en que se llamaran ligas…El MAM tenía asesores: un cura asesor, José Czerepak, un médico, Vasilíades, y después tuvo otros dos asesores casi permanentes que eran Michel Guilbard y Pablo Fernández Long, en el ’72 más o menos. . (J.C. Berent, 1996)

Año 1, N.1, Informe de evaluación y orientación de la Comisión Central Coordinadora a los núcleos de base del MAM. Envío de petitorio al Pdte Lanusse exigiendo:

  1. Yerba: el pago de Nación de los $4.000.000 del impuesto móvil (decreto N. 1994), el pago de haberes atrasados años l968,69 y 70, y la suspensión a la intervención a la CRYM;
  2. Tung: que además del reembolso del 18% para el aceite de tung (decreto N. 1001 del 22/2/72) se dé créditos para la limpieza y recolección del tung de % 10.000.-;
  3. Tabaco: controlar el pago del aumento de precio y de la parte correspondiente al Fondo del Tabaco;
  4. Jubilaciones: nueva prórroga para pequeños y medianos productores, y la solución definitiva al problema adecuándolo a condiciones de producción y comercialización del agro.; y
  5. Tierras fiscales: nueva prórroga para pago de cuotas, solución al conflicto entre Dirección de Tierras y Cias. particulares (ej. Panambí). (Amanecer Agrario Nro.1,  jun. 1972)

Hasta 1973 fueron los jóvenes del Movimiento Rural Cristiano quienes formados como cuadros políticos organizaron el MAM comprando vehículos, desarrollando hasta cinco audiciones de radiodifusión semanales en el interior de la provincia e imprimiendo su propia publicación Amanecer Agrario, que se propuso como un periódico quincenal de los colonos pero para todos los trabajadores de la provincia, por eso tenía secciones fijas sobre la relación colono-obrero rural y la situación de la mujer. También organizaron la participación en reuniones por colonia en toda la provincia, profundizaron los cursos de formación y ampliaron las alianzas con distintos sectores políticos y sociales de la provincia.

4. Unión de Ligas Campesinas Formoseñas-ULICAF

El problema central de los productores minifundistas en Formosa era en los sesenta la tenencia de la tierra. Al respecto la estructura agraria formoseña se diferenciaba de otras provincias por estar basada en una economía ganadera extensiva asentada en grandes latifundios de tierra apta para agricultura, y una economía agraria de campesinos minifundistas que se ubicaron en los intersticios dejados por los latifundios primero forestales y después ganaderos. (Brodersohn y Slutsky, 1975)

Es decir, el tipo de adjudicación de la tierra condicionó las características de los campesinos agricultores; la falta de estudio sobre la capacidad de la tierra hizo que se vendieran tierras agrícolas como pastoriles, o que se crearan colonias agrícolas en tierras totalmente improductivas o en zonas excesivamente aisladas (Memorias Dirección Gral. Tierras, 1922-28, Min. Agricultura Nación, 1928, en Brodersohn y otros, 1975). Este era un problema histórico: antes de la ocupación poblacional y ganadera, y aún antes de la incorporación del territorio al sistema económico nacional, el estado nacional entregó a fines del siglo XIX (Leyes Colonización 817/1876, 2875/1891 y 1552/1884. (Slutsky, 1975) una gran parte (29%) del territorio formoseño con mejores condiciones agroclimáticas -la zona este sólo habitada por aborígenes- a un grupo reducido de empresarios que concentraron grandes propiedades (23%) en la provincia, y continuó así hasta los setenta con el Estado como latifundista principal concentrando el 68% de la superficie cultivable.

Pero fue a través de la producción forestal extractiva que Formosa se incorporó al sistema económico nacional en las primeras décadas del siglo XX. Como principal ámbito de acumulación en esta etapa aportó a la formación de grandes establecimientos ganaderos -cuyo destino era externo e independiente de lo forestal- y a la vez tuvo economías complementarias subordinadas, como la rudimentaria ganadería formoseña que proveía a los obrajes de animales de tiro y consumo.

Esta ocupación ganadera del territorio (oeste, centro y este) se dio antes que el poblamiento, que en Formosa fue acompañado con el desarrollo agrícola posterior. La economía ganadera fue dominante y el desarrollo de la agricultura se realizó sin relación de funcionalidad entre la producción ganadera y la agrícola. Sólo en los orígenes se dio una relación de tipo rentístico, cuando los grandes propietarios crearon colonias dentro de sus tierras para valorizarlas a cargo de arrendatarios u ocupantes con derecho de pastaje. Desde la década del veinte hubo tres procesos básicos en la ganadería: la de grandes establecimientos en manos privadas, la desarrollada por los grandes propietarios iniciales y la de inversión de capitales industriales extranjeros[27]. Pero fue recién en los cuarenta que los grandes ganaderos superaron la situación de subordinación de la ganadería a la actividad forestal: su producción ganadera aumentó, y se siguió proveyendo a los obrajes pero se agregó el destino externo al territorio de Formosa, ya sea para el noroeste (Salta, Chile) o para exportar carne vacuna enlatada, que aceptaba carne de inferior calidad y fue clave en la guerra de Corea. Este proceso, que vinculaba producción con industrialización y comercialización, continuó y se acentuó en los setenta. En el mismo participaron no sólo los grandes productores sino también los ganaderos medianos locales, antes arrendatarios y ocupantes de las grandes explotaciones, quienes ante las excesivas tasas de arriendo presionaron desde la década del veinte al Estado nacional para obtener la colonización de tierras fiscales. La Dirección de Tierras dio permisos de ocupación y arrendamiento, aunque estos productores medios fueron ocupantes sin título hasta que recién obtuvieron la propiedad de la tierra bajo la gobernación del Cnel. Sosa Laprida en el período 1966-73.

A la par de la zona oriental, en el oeste del territorio formoseño surgió a principios de siglo un sector de pequeños y medianos productores de ganadería extensiva de animales criollos y cuarterones, oriundos de Salta y Santiago del Estero y vinculados comercialmente a la región del NOA y norte de Chile. Esta zona tuvo un progresivo empobrecimiento del suelo y, por ende, de sus pobladores.

Fue el desarrollo agrícola tardío el que impulsó el efectivo poblamiento de la tierra[28], superpuesto al existente porque la tierra agrícola disponible dentro de las colonias ganaderas estaba totalmente ocupada[29]. Así, desde mediados de los ’30 espontáneamente se ubicó, como en otras provincias del NEA, en los reducidos espacios que quedaban entre las grandes propiedades en el centro y este de Formosa, formando un mosaico de tierras agrícolas, pastoriles y monte. “Las colonias agrícolas sin mensura iban llenándose de intrusos cada vez más, tomando todo nuevo ocupante la tierra que podía, sin intervención alguna de las autoridades.” (Memoria de la Dirección General de Tierras, 1928:73). Estas condiciones generaron el surgimiento de un numeroso campesinado de minifundistas semiasalariados -sobre todo ex jornaleros ganaderos, cosecheros o hacheros en Formosa de origen paraguayo- cuyo único capital era la mano de obra familiar, que usaban tracción animal y sólo reproducían su consumo, sin vías de comunicación, apoyo estatal ni productos comercializables. Era un campesinado en el que predominaban los ocupantes intrusos, los arrendatarios (del estado y de particulares), los que tenían título provisorio y los propietarios. Aún cuando después de la crisis capitalista de 1930 estos minifundistas (con 5 has algodón) desarrollaron más de la mitad de la producción algodonera formoseña, continuaron subordinados al sector comercializador e industrializador. Su situación mejoró relativamente cuando el estado intervino en la comercialización del algodón con fondos de sobreprecio, e instaló desmotadoras[30] permitiéndole cultivar en zonas más alejadas y en condiciones más favorables hasta mediados de los ‘50, lo que impulsó la real expansión algodonera al cuadruplicar la superficie sembrada desde 1947 mientras la población se duplicaba[31].  Así entre 1936 y 1960 se multiplicaran las pequeñas explotaciones, y las de hasta 15 has con algodón en 1960 eran el 87% del total (el 51% hasta 5 has) y cubrían el 56% de la superficie.

Así se consolidó el minifundio, y se conformó un amplio campesinado. En su mayoría eran pequeños productores forzosamente autónomos, es decir no insertos en las relaciones minifundio-latifundio al conformar una reserva de mano de obra no funcional para las grandes explotaciones que, aunque se beneficiaban con la agricultura intersticial por la valorización de su tierra, no los requerían para su ganadería extensiva. Esto provocó que este sector campesino quedara arrinconado a subsistir en áreas reducidas, lo que aceleró el conflicto por la tierra agrícola.

En las relaciones sociales rurales no hubo hasta los sesenta un carácter conflictivo entre los dos sectores –los latifundistas ganaderos y los minifundistas campesinos- porque el campesinado debía limitar sus demandas al ser tan marginal, y sin posibilidades de capitalizarse al no poder acceder a más tierras que las intersticiales y las fiscales disponibles que alcanzaban para cubrir las demandas de las colonias espontáneas que se formaron con el asentamiento de productores sin tierras provenientes de provincias vecinas o de Paraguay.


Con la crisis de monocultivos de fines de los sesenta la actividad algodonera formoseña pasó a la fase descendente del ciclo agrícola y tuvo una gran caída de precios, y por ende de ingresos al minifundista. No obstante, lejos de abandonar el algodón:

El impacto de esta crisis encadenará aún más al productor al monocultivo algodonero. En efecto, y a pesar del descenso de los precios, el algodón es el cultivo que le brinda a este campesino los más altos ingresos brutos –que en realidad son netos-, en tanto el costo de oportunidad de la mano de obra familiar y de su escaso “capital” es cercano a cero. De esta forma y a diferencia del Chaco, la permanencia del área sembrada con algodón en Formosa en un período de baja constante de precios, es consecuencia de una estructura agraria con predominio del sector campesino. (Brodersohn,V. y Slutsky,D., 1974:104)

Así, ante la crisis el minifundista con su mano de obra familiar logró su permanencia en el umbral de subsistencia, sin dejar el algodón como la conducta más racional al no tener costos monetarios, tecnológicos ni de mano de obra, aún cuando la práctica generalizada de la intermediación (acopiadores/bolicheros) que pagaban el algodón en bruto a los pequeños productores adelantándoles mercaderías redujo todavía más sus ingresos en la práctica. Esta pequeña explotación familiar se reafirmó subsistiendo en una economía más compleja con la incorporación de algunos cultivos -banano, citrus, hortalizas- de intensivo trabajo familiar en escala reducida y en nuevos terrenos que se desmontaban en el tiempo muerto (julio-octubre) entre la finalización de la cosecha algodonera y la nueva carpida.

Por su parte, el sector de medianos productores capitalizados debió reducir considerablemente el área algodonera, y reorganizar su producción diversificándose con girasol, sorgo, trigo, etc. Pero quienes controlaron todo este proceso de industrialización de cultivos intensivos y los mercados de comercialización fueron las grandes empresas agrícolas y de desmotadoras de capital concentrado[32] que, más que a la modernización tecnológica en la producción algodonera, apuntaron al mantenimiento de las formas tradicionales de producción agrícola para obtener ganancias extraordinarias con el control de la comercialización y los insumos. A partir de mediados de los sesenta se produjo una producción agrícola acelerada -al margen de la estructura agraria algodonera que se mantuvo- con el cultivo especializado de banano y pomelo, arroz (con gran equipamiento tecnológico de productores correntinos y santafesinos que se expandieron) y especialmente sorgo (complemento ganadero). Esto aumentó la demanda de trabajo asalariado rural, contribuyendo en el proceso de descampesinización de los minifundistas en Formosa.

Pero a la par se produjeron en esta etapa grandes transformaciones en la ganadería de Formosa, como parte del boom ganadero nacional, con la expansión del área de cría de la región pampeana como zona productora de terneros que iban a engordar al sur. Este proceso estuvo liderado por los grandes y medianos ganaderos locales (quienes crecieron en los ’60 y se convirtieron en el principal sector local con posibilidades de acumulación) y por capitales extranjeros, que modernizaron la actividad ganadera[33] con equipamientos tecnológicos y desarrollo forrajero. En función de esto las tierras agrícolas fiscales englobadas en los establecimientos ganaderos comenzaron a ser requeridas tanto por los ganaderos grandes y medianos, por tener pastura artificial necesaria para el mejoramiento del ganado, como por las pequeñas explotaciones familiares que las ocupaban y necesitaban para continuar la agricultura. Esto derivó en conflictos entre ambos sectores, en los que después actuaron las Ligas agrarias.  Fue en este contexto entre 1971 y 1972 surgió la Unión de Ligas Agrarias Formoseñas-ULICAF, para reclamar por las tierras y los precios.

Con respecto a los precios, una vez institucionalizados los precios mínimos en 1971, las organizaciones de productores lograron precios superiores en 1972, en un contexto general en el que

(…) la fijación de este mecanismo politiza rápidamente el conflicto alrededor de los precios del algodón; las organizaciones de productores, una vez que adquieren fuerza, tienen mayores posibilidades de lograr sus objetivos por lo que el conflicto se presenta como una lucha de los productores y las autoridades locales frente a las nacionales. (Brodersohn, V., 1975:134.)

A fines de los ‘60s  la producción algodonera  nacional tuvo una sobreoferta que tiró abajo los precios, pero la escasa oferta de los años 1971 y 1972 provocó un alza de los precios recibidos por el productor desde 1972, lo que lo impulsó a aumentar su producción[34]. Si a esto agregamos el adelanto por la venta a través de desmotadoras oficiales y el adicional por la semilla que le permitió a los productores obtener mayores precios, todo indica que lo que fijaba los precios recibidos por el productor no era sólo las condiciones del mercado, sino también la influencia de las organizaciones de productores que presionaban sobre los organismos oficiales.

Pero los destinatarios de estas ventajas fueron los medianos y grandes productores algodoneros, que ampliaron la superficie algodonera en terrenos que no utilizaban o donde sustituyeron cultivos; y para la pequeña explotación por su escasa oferta no llegaban los buenos precios. Esta situación “ha llevado a las Ligas agrarias a plantear la necesidad de planificar la producción a fin de que la ampliación del área beneficie también a los pequeños productores.” (Brodersohn,V., 1975:141) Al respecto, ante la imposibilidad de equipamiento mecánico individual del campesino formoseño, las Ligas agrarias obtuvieron del gobierno provincial tractores y tanques regadores para curar el algodón en forma comunitaria.

De este modo la situación del minifundista podía mejorar, pero no dejaba de ser inestable por estar sujeto al encarecimiento de los insumos -semillas, herbicidas- y el empobrecimiento de la tierra por el monocultivo. A esto se sumó la presión de los ganaderos por liquidar los restos de formas comunales de tenencia de la tierra, como los piquetes vecinales para mantener el ganado de labranza (complemento necesario de la agricultura parcelaria), la tradición cultural campesina de ayuda mutua en las tareas de siembra y cosecha, la venta del algodón en conjunto, etc Y no solo esto afectaba la conformación social del minifundista: al haberse diversificado cultivos en parcelas reducidas, (con huerta o quinta, por desmonte, o nuevos campesinos en áreas aún no cultivadas) sin optimizar el uso del recurso tierra sino el recurso mano de obra familiar se profundizó su vulnerabilidad y subordinación económica en lugar de sus posibilidades de capitalización. La mano de obra exclusivamente familiar era un obstáculo para poder ampliar su producción (el no tener asalariados le impedía desmontar los bosques vecinos cultivables[35]para acceder a más tierras de cultivo) y para mejorar su reducida capacidad económica, por lo que dependía del momento del ciclo económico algodonero

Y en relación al otro problema,  la tierra[36], a pesar de la decisión política de los gobiernos central y provincial de regularizar la tenencia de la tierra fiscal (Ley provincial 113) desde los ’60, en 1970 todavía el 65% de la tierra de la provincia seguía siendo fiscal, del cual había un 40% en manos de ocupantes legales sin adjudicación definitiva (pagaban un canon de ocupación para el pastaje de animales y el cultivo de la tierra), y el resto por ocupantes de hecho sin situación regularizada en la Dirección de Tierras[37].

Esta demanda de tierras tiene, aparte del uso ganadero, otros procesos que reconocen el mismo origen, sus bajos precios, que son:

  1. la producción agrícola complementaria de la ganadería, la siembra de forrajeras, proceso que en el Chaco se da como reemplazo del algodón en las explotaciones medianas, y aquí complementarían la explotación ganadera modernizada con mano de obra asalariada;
  2. la aparición de nuevos cultivos realizados por arrendamientos capitalistas con altas inversiones en capital fijo -arroceros correntinos y santafesinos- que realizan una  agricultura moderna de alta mecanización y uso de mano de obra asalariada permanente;
  3. la conformación de un estrato de productores medios, aunque muy poco numeroso, y marginalmente el sector campesino. (Rozé, J., 1992:94)

Se llegó así a fines de los sesenta con la urgencia del problema de las tierras. El destino de esa tierra fiscal, es decir quiénes pasaron a ser sus adjudicatarios, fue el nudo del conflicto. La solución propuesta en la Ley provincial de tierras Nº 113 para la crisis de los pequeños y medianos productores era que el estado les adjudicara tierras fiscales en base a la disponibilidad y uso de la tierra agrícola para el desarrollo de la pequeña producción familiar campesina[38]. Pero esta política de tierras provincial -con la aplicación de la ley desde 1965 y hasta 1973 se privatizaron alrededor de 2 millones de has (Slutzky, 1975)- beneficiando a los ganaderos locales medianos y grandes, ya propietarios, y legalizando la ocupación ganadera ya existente desde hacia décadas a fin de revitalizar la ganadería de la región. Y no era la única provincia que priorizaba a los grandes, sino que formaba parte de una revalorización regional del NEA en la que la modernización ganadera formoseña era funcional a su integración con la región pampeana. A esto se sumó la caída de rentabilidad del algodón que se cultivaba en esas tierras y la falta de organización de los productores algodoneros frente a la que sí poseían los ganaderos en la Sociedad Rural y luego DEPROA.

Fue esta desproporción en el reparto y sobre todo las condiciones de adjudicación lo que llevaron a los jóvenes del MR de ACA a declarar públicamente su posición,

(…) la simple distribución de tierras no será la vía que conducirá a una auténtica reforma de las estructuras y políticas agrarias, dada la situación de los pequeños productores nativos que, por falta de estímulo oficial en lo crediticio, técnico, de comercialización, de industrialización, etc, se encontrarían sin las posibilidades necesarias para afrontar los gastos derivados de la mensura, precio de la tierra, intereses, impuestos y otros gravámenes emergentes como consecuencia de la nueva condición jurídica de su tenencia. Librados al juego de la oferta y la demanda (…) se encontrarían ante situaciones de fuerza que los llevarían al desalojo compulsivo o a la venta forzosa de sus tierras a personas o grupos económicamente poderosos. (Ferrara,F., 1973:221)

La ley 113 autoriza al adjudicatario a transferir la concesión a otra persona, previa autorización de la Dirección de Colonización. Este mercado paralelo aumento el precio de la tierra. En realidad lo que más preocupaba a los jóvenes rurales era que no se cumplía con el espíritu de la ley 113 de tierras en su aplicación, según cuya reglamentación

No se podrá efectuar ninguna adjudicación en venta de tierra rural que no esté comprendida en mensuras generales y sin haberse efectuado previamente su clasificación de acuerdo a la aptitud productiva, en tierras agrícolas ganaderas y forestales y determinando las correspondientes unidades económicas en las dos primeras categorías…La unidad económica debe posibilitar, con su solo producido, el mantenimiento, la previsión y el progreso social del productor y su familia…se dará prioridad al ordenamiento agrícola en todo el territorio de la provincia (arts. 20 y 95)

El principal problema que surgió en este proceso de reordenamiento fiscal de 1966-73, período de mayor pauperización de los minifundistas por la crisis algodonera, fue que 3.000 pequeños productores quedaron al margen de la adjudicación, temporariamente (hasta que se diera un proceso de colonización) los ocupantes que no reunían las condiciones requeridas de una unidad económica-parvifundio, y definitivamente la totalidad de los intrusos posteriores a la ley de 1960. Estos minifundistas quedaron encerrados por las grandes propiedades privadas preexistentes y por las nuevas adjudicaciones de tierra fiscal, perdieron sus tierras vecinales y a muchos los desalojaron sin reubicarlos en otras parcelas, contradiciendo la ley 113.

Un tema importante del conflicto campesino fue que se adjudicaron las tierras para ganadería en extensas áreas pastoriles (hasta 5.000 y 10.000 has, muy superiores a una unidad económica productiva de 25 has) que incluían amplias zonas agrícolas habitadas por los minifundistas. Sobre todo porque en la práctica el desalojo de los intrusos quedó a cargo del nuevo adjudicatario, un conflicto que se resolvía por amedrentamiento de un campesino debilitado y desorganizado. Entre 1966 y 1970 los enfrentamientos entre los nuevos adjudicatarios y los antiguos ocupantes fueron desde el desalojo directo con violencia hasta la quema de ranchos, el alambrado de chacras y la introducción de animales en los sembrados.

La característica de los enfrentamientos en la provincia de Formosa tiene, a diferencia de las otras, distintos protagonistas; aquí aparecen campesinos y terratenientes, estos últimos en una amplia gama que comprenden desde el ganado formoseño hasta las empresas multinacionales (“los monopolios”) en una primera esfera de enfrentamientos; y una segunda que reproduce la expoliación del productor individual por las distintas variantes del sistema de comercialización, en los diversos cultivos. (Rozé, J., 1992:94)         

Estos conflictos generaron en los pequeños productores diversas formas de resistencia, inicialmente por falta de conocimiento o temor a represalias fueron más de defensa ante los desalojos y cercamientos; y desde 1973 pasaron a la ofensiva, tratando de modificar en los hechos las adjudicaciones a través de la ocupación de las partes agrícolas de las mismas. Fue en el contexto de defensa que se originaron las ULICAF. Su mayor grado de organización, las expectativas ante el gobierno popular y la demora en la revisión de estas adjudicaciones llevaron a los campesinos desde la defensa de sus intereses a lo que ellos consideraban una ocupación legal de  tierras de grandes empresas que -contraviniendo la ley 113- nunca habían sido trabajadas y solo se usaban para pastoreo.

Surgimiento de ULICAF

Desde su surgimiento a fines de 1971 y hasta 1976 las ULICAF se mantuvieron con alta afiliación y como los principales representantes en la organización y movilización de los pequeños productores campesinos. En Formosa sus bases fueron sobre todo los minifundistas en proceso de descampesinización.

Y, estaba casi todo el mundo minifundista. En la provincia abarcaba toda la zona en donde están los pequeños productores, la parte más agrícola. La parte oeste, donde menos se cultiva, ya no. La parte del centro-este de la provincia… centro-oeste ya no. Y la mayoría de pequeños productores (…) “Campesino, campesino éramos nosotros, diez zonas muy importantes de la provincia, del sector este de la provincia de Formosa, todos los departamentos. Casi hasta 10.000 asociados tuvo ya en tiempo de las ligas, con el tema de las tierras se juntó 5.000 campesinos en Formosa. Pero también ya en la época del Movimiento Rural comienza una zona que yo no sabría decir el número. Había zonas del sector este de la provincia, determinadas provincias, por ej, Laguna Blanca, zona sur que era El Colorado, Misión Laishí, y al oeste zona Pirané.  Lo importante se dio en cinco zonas: este, oeste y sur. (Isabel Locatelli, 1995)

Un hito en la organización de ULICAF fue el “Primer Encuentro de Grupos Rurales de la Región Nordeste” en marzo de 1971, adonde asistieron más de mil agricultores representando a veinte colonias. Bajo el lema: “Si no hay tierra, no hay familia; si no hay familia no hay patria: Aunque sea para nuestros hijos“, denunciaron la situación en que vivían los campesinos por los desalojos de sus tierras y la política de entrega de tierras a terratenientes y grandes empresas.

En el Encuentro tuvo activa participación el obispo de Formosa, Mons. Pacífico Scozzina, quien animó a los productores a “…no aflojar. Se han puesto en la lucha y son hombres y mujeres de lucha y hay que llevarla adelante, hay que conseguir el objetivo porque esa es la voluntad de Dios, que dio al mundo a los hombres para que lo disfruten todos por igual, todos juntos”.

Su exposición tuvo implicancias políticas e ideológicas, que después lo hicieron sujeto de críticas por parte de los círculos de poder:

Nosotros somos cristianos en la Argentina. ¿Tendremos que esperar un régimen marxista, para que con el látigo imponga la distribución de bienes? ¿Son cristianos los responsables de la conducción del país y los argentinos que permiten que los bienes estén en manos de unos pocos mientras la mayoría está en la indigencia? ¿Eso es cristianismo? Muchas veces los países marxistas tienen actitudes más evangélicas que los países católicos. (Mons. Scozzina, 1971)

Fue de esta Asamblea que salió un pliego de reivindicaciones para el gobierno provincial, quien solo daba un apoyo formal. A través de diversos actos y movilizaciones se denunció la situación de los campesinos y se reclamó la suspensión de los desalojos, la entrega de tierras acorde a cada zona particular, que los gastos de mensura los asuma el gobierno, el control del cumplimiento de la ley de precios mínimos para el algodón, el otorgamiento de créditos, etc,

El trabajo del Movimiento Rural tiene aquí una gran efectividad en tanto estos productores aparecen como los más marginados de la región nordeste, en cuanto a medios de información, comunicaciones y la inexistencia de organizaciones que los integren a la sociedad nacional. Así las figuras centrales en la sociedad agraria constituyen el bolichero, el maestro y el cura, con distintos grados de influencia (…) A diferencia del Chaco, donde el Movimiento Rural debe compartir la conducción con las cooperativas (…) aquí todo el papel le cabe a las organizaciones ligadas a la iglesia, que en general como forma de trabajo utilizan la reunión de pequeños grupos y las más diversas formas de inyección de cultura… (Rozé, J., 1992:95)

La gran religiosidad del campesino formoseño, que se manifestó también en los dirigentes de las Ligas, permitió establecer una buena relación recíproca entre ULICAF y la institución eclesial a través del MRC. El obispo Scozzina con sacerdotes, religiosas y laicos continuó apoyando a la ULICAF en sus movilizaciones y reclamos por la tierra, y a pesar de su influencia mantuvo una posición de carácter pastoral, alentando a los campesinos en sus reclamos sin pretender conducir la organización.

El movimiento rural comienza con cinco zonas, luego se traspasa, es el Movimiento Rural que pasa a ser Ligas de la zona. En una primera etapa en realidad funcionó más como movimiento… y después se vio la necesidad de que sean ligas, pero era el mismo grupo, la misma gente. Al comienzo yo sé que hay documentaciones que van a nombre del Movimiento Rural. De esas reuniones que se hacían en el Movimiento Rural surge la parte gremial, es decir los problemas de la tierra, los problemas de los productos que no se vendían, los precios…Y de ahí surge que no era reunirse nomás. Ahí es donde empieza, que hubo entrevistas, lógico, con los gobiernos para solucionar los problemas. El obispo lo explica muy bien cuando dice va a ser un tema gremial, que él iba a acompañar pero que no iba a ser más un movimiento de iglesia. Lo ve como un crecimiento, porque el Movimiento rural termina. Y el sector maestros era un grupito, no grande. (A e I. Locatelli, 1995)

En ese contexto en diciembre de 1971 se realizó el 2* Congreso Campesino en Formosa, de donde nació la Unión de Ligas Campesinas Formoseñas (ULICAF). Ahí se pronunciaron con respecto a la situación provincial y comenzaron las asambleas campesinas y las movilizaciones,

 Las tres movilizaciones fuertes que hubo de campesinos en Formosa, imitando un poco a los del Chaco en ese momento, la primera la organizó el MR, ya estaban que nacían las ligas. Se organizó en Riacho He-he (hoy Gral. Sánchez), y allí para hacer todo el movimiento en los grupos y en el área campesina hubo que usar la figura del obispo, porque había ya en el ambiente una cosa candente: bueno, vas a ver, se van a juntar los campesinos, está prohibido… Se anota un orador de cada colonia, comienza como a las 9 y media la cosa, continúa como hasta las 5 de la tarde… (O. Ortiz, 1995)

El desarrollo de ULICAF retomó además la práctica del MRC de formación permanente y participación, en cursos de capacitación (ago. 1973 deleg. ULICAF en Cba, invitados por Federación Campesina Latinoamericana para curso capacitación sobre organizaciones campesinas y cooperativas campesinos. (El Ocaraiguá, set-oct ’73), cuestionarios y la publicación de folletos -“Estas son las Ligas Campesinas Formoseñas”, y editaron un folleto desarrollando el problema de tierra en la provincia en 1972- y el periódico de ULICAF El Campesino (El Ocarayguá en guaraní) en nov. 1972, que llegó a editar 5.000 ejemplares en 1974.

Al respecto, se consultaba a todos los campesinos agricultores -vía cuestionarios- sobre las medidas de lucha a realizar acerca de la cuestión de tierras. El Primer balance de actividades (jun-jul 1972) da cuenta de reiteradas denuncias ante el gobierno sobre grupos multinacionales, a lo que se agrega un censo de tierras y campesinos realizado por ULICAF durante el III Congreso Campesino en Formosa, con 153 delegados de 64 colonias, (El Ocaraiguá, Fsa, set. ’72) (El Campesino, LACH, Chaco, oct. ’72)

En tanto, se iban consolidando como movimiento, y en el IV Congreso campesino de 1973, con 49 colonias, se reeligió a la comisión central, y había colonias en cinco zonas de la provincia: Misión Laishí, El Colorado, Laguna Blanca, Pirané e Ibarreta, en las que ULICAF desarrolló planes de acción colectiva, con asambleas zonales y movilizaciones.

1973 cerró con un VI Congreso Extraordinario de ULICAF (El Ocaraiguá, nov. 1973) en el que los reclamos de justa distribución de bienes eran percibidos aún desde una impronta religiosa, y no como palabras comunistas según afirmó Mons. Scozzina en defensa de las ULICAF en su mensaje navideño de 1973 (El Ocaraiguá, Nº 7, ene-feb. 1974). Es destacable a la vez la continuidad de la mística e influencia eclesial en ese contexto de progresiva radicalización. En ago. 1973 el 1°Congreso Juventud Campesina de ULICAF trató la necesidad de organización y capacitación de jóvenes, y culminó con una misa. (El Ocaraiguá, set-oct ’73, nov. ’73)

A los reclamos por las tierras siguieron sumándose a la par los del algodón, que se trataron en el Congreso Extraordinario de ULICAF de 1974, y en vistas a los problemas de la siguiente campaña algodonera (escasez de semillas, créditos, precios, jubilación y el destino del excedente de fibra de la última campaña) ULICAF dio al gobierno su propio costo de producción del algodón, (base chacra 14 has con 6 sembradas con algodón y tracción a sangre y un 20% de ganancias para productor), y señaló que 70% de chacras usaban tracción a sangre y tenían menos de 25 Has.

5. Ligas Agrarias Correntinas-LAC

La zona tabacalera y ganadera  de Goya[39], donde se desarrollaron las Ligas Agrarias Correntinas, se caracterizaba en los sesenta por el predominio del latifundio y una fuerte oligarquía ganadera, igual que en el resto de la provincia (Rofman y otros, 1987; Slutsky, 1975; Golbert y Lucchini, 1974). Según el Censo Agropecuario de 1960 el 53,4% de las explotaciones ocupaba el 1,6% de las tierras, mientras el 5,4% de las explotaciones concentraba el 76,3% de la tierra. En Corrientes la ganadería fue predominante, y el desarrollo de algunas actividades agrícolas produjo entre la agricultura y la ganadería una relación de funcionalidad en beneficio de esta última, que no era productiva (como en región pampeana) sino que estaba circunscripta a la oferta de fuerza de trabajo; así los minifundios tabacaleros funcionaron como reservorio de mano de obra para los latifundios ganaderos correntinos (Brodersohn y Slutsky, 1974).

La provincia de Corrientes se había incorporado en forma temprana al proceso de ocupación y colonización del país, a diferencia de las restantes provincias del noreste argentino. Su desarrollo político estaba basado en la fuerza de los dos antiguos partidos políticos de tendencia conservadora, y la estratificación socioeconómica de su población en relaciones de producción atrasadas, emergente de su estructura de tenencia de la tierra que combinaba latifundio y minifundio. De este modo Corrientes se conformó a lo largo de su historia con una economía desintegrada y muy dependiente de productos externos en cuyo intercambio la relación de precios la perjudicaba. Esto se debió a la conformación de áreas dinámicas integradas al esquema de intercambios internacionales y áreas marginales especializadas en productos primarios de venta mayoritariamente interna, y a la cristalización de una estructura social muy estratificada en la que no hubo lugar para el crecimiento de estamentos medios rurales, lo que conspiró a la vez contra un mayor protagonismo industrial de la provincia. (Rofman y otros, 1987)

Para entender la situación de tenencia y distribución de la tierra en Corrientes en los setenta es necesario considerar dos períodos: el de formación y consolidación de la estructura agraria hasta 1930, cuando se dio la apropiación de la tierra en grandes extensiones, y de 1930 a 1960 cuando se iniciaron cambios en la estructura agraria con un importante aumento de los cultivos industriales (yerba, algodón y tabaco).

La ocupación del territorio correntino fue lenta hasta mediados del siglo XIX, y a partir de entonces se aceleró el proceso de apropiación privada de la tierra para destinarla a la ganadería. Es importante considerar, al respecto, que aunque grandes extensiones del territorio correntino están cubiertas por lagunas, esteros y tierras fácilmente inundables, existen amplias posibilidades para el desarrollo ganadero por ser zona templada con tierras fértiles. De este modo a fin de siglo la totalidad de la tierra pública había pasado a manos particulares, gracias a un gobierno provincial que la utilizó como principal fuente de recursos para hacer frente a sus gastos y que cedió a las presiones de los ya terratenientes que querían aumentarlas[40]. El estado provincial debió adquirir tierras para colonización, ya que la extensa concentración de tierra y la escasa población absorbida por la ganadería llevaban al despoblamiento y eran un obstáculo para el progreso de la provincia. Aunque a mediados del siglo XIX se organizaron colonias para promover la agricultura fue casi nula participación de inmigrantes europeos. Ni la colonización privada ni la oficial tuvieron logros significativos, porque la escasa superficie que le había quedado al gobierno no era apta para la agricultura (1% de tierra utilizable de la provincia), por el alto precio de venta de la tierra y el corto plazo para pagarla, y porque el gobierno no proveyó condiciones mínimas (caminos, apoyo económico) para los colonos, por lo que las colonias se transformaron en centros de pobreza (Slutsky, 1975), contribuyendo así a mantener la miseria rural. Así, en el área colonizada oficialmente en 1972 sólo había alrededor de 1.500 productores.

Durante el período de 1930 a 1960 se produjo una ampliación de la frontera agrícola. Al crecimiento de los cultivos industriales como el algodón -y menos la yerba mate- por la crisis del capitalismo de 1930, las medidas proteccionistas y la ampliación del mercado interno, se agregó la acelerada expansión del área tabacalera, las nuevas plantaciones de yerbales y nuevos cultivos como el tung, tártago, lino y frutales. Este desarrollo agrícola se dio en las tierras altas, no inundables, sobre el río Paraná, mientras la ganadería se concentró en el sur sobre el río Uruguay.


Así, a comienzos de los sesenta el algodón[41], el tabaco y los citrus ocupaban los principales lugares en los cultivos provinciales, aunque la mayor superficie era la del maíz. En cuanto al cultivo de yerba mate, Corrientes era la segunda productora del país después de Misiones (10% de superficie cultivada del país) en los departamentos de Santo Tomé e Ituzaingó, en el noroeste provincial. Pero a diferencia de Misiones, casi el 90% de la producción provenía de tierras particulares altamente concentradas, y el resto de origen fiscal por la escasa tierra que quedó en manos del gobierno.

La rigidez de esta estructura agraria de gran concentración de la tierra y el fracaso de los planes de colonización se tradujo en la conformación de una estructura social en la que el gran productor mantuvo la propiedad de la tierra sin arriesgar en tareas de cultivo[42], y se dio la complementación ganadera con la producción agrícola de cereales como el maíz. Los terratenientes tienen las herramientas (créditos, permiso de rotación, animales, alambrado) para ayudar a expandir o deprimir el área con tabaco a partir del poder que les otorga la propiedad de la tierra y poseer un mínimo capital.

La modernización agraria de los sesenta que transformó el rol de la región del NEA no creó en Corrientes una nueva situación que sobreexplotara al sector de minifundistas tabacaleros, ya que llevaban años su marginación y condiciones miserables de vida en esa relación latifundio-minifundio. Pero en esa relación no terminaba su dependencia, ya que en la comercialización estaba subordinado a los acopiadores que determinaban los precios y la calidad del producto obedeciendo a su vez a las industrias de fabricación de cigarrillos ligadas al capital financiero y monopólico internacional, cuyas políticas oligopsónicas (oferta dispersa y demanda concentrada) se agravaban con control de los medios de subsistencia a través del crédito y de la venta de mercancías con sobreprecios. (Rozé, 1992)

Dentro de estos pequeños productores directos, o minifundistas, aparecían diferencias entre propietarios, arrendatarios (pago con dinero), aparceros (pago con parte de cosecha) y ocupantes gratuitos o intrusos[43]. Los minifundistas aparceros aumentaron progresivamente, si consideramos que las explotaciones de hasta 25 has pasaron del 48% al 56% entre 1914 y 1960, y el 73% en 1970. Estos minifundistas se dedicaban básicamente a los cultivos de tabaco, algodón y cereales, en un sistema que permitió la transferencia de una parte sustancial del excedente económico al propietario[44], a la vez que la sobreexplotación del trabajo familiar y reducción de su nivel de vida y la progresiva reducción de su parcela (9 has promedio en 1960). Así, a la par que disminuían los arrendatarios aumentó entre 1947 y 1960 en Corrientes (a la inversa del resto del país) el número de tanteros y medieros en superficies reducidas. La superficie total de la unidad que entregaban los propietarios -o a la que podían acceder por compra- era determinada por el máximo que puede plantar con tabaco una familia, porque el objetivo del terrateniente no era crear un agricultor independiente sino mantener una fuerza de trabajo adicional disponible (Carballo, 1975) y potencialmente desalojable ya que no existían contratos. De ahí además que el monocultivo del tabaco fue típico de estas explotaciones minifundistas, por la necesidad de dedicar toda la superficie disponible al cultivo que da más rentabilidad. Con un nivel tecnológico muy bajo y mano de obra familiar poco calificada: con arado de mansera y casi sin tractores, sembradoras, tendaleros plásticos, máquinas de hacer sartas, prensas enfardadoras ni camionetas para transporte, tampoco fertilizantes ni insecticidas. La mujer ayuda en el cuidado de los almácigos y en la cosecha, y después en el secado y acondicionamiento de los fardos. (CEIL, 1981:114)

Una consecuencia de este proceso -y de la falta de otras fuentes de trabajo- fue una provincia expulsora de población. Hasta los años 50 el grueso de los emigrantes correntinos se trasladaba a Chaco y Misiones, no sólo para trabajar en tareas estacionales (obrajes, cosecha de algodón y yerba, etc.) sino para radicarse allí con explotaciones agrícolas y ganaderas sobre tierras fiscales. Finalmente, la crisis algodonera y yerbatera de fines de los sesenta reorientaron la corriente migratoria hacia las grandes ciudades del Litoral, como Rosario y Buenos Aires[45]. También un porcentaje migró dentro de la provincia, principalmente a la capital y Goya, aumentando la cantidad de subocupados urbanos.

Al respecto en el departamento de Goya (base de las Ligas Agrarias Correntinas) aunque el desarrollo tabacalero había permitido una mayor absorción de población productiva entre 1947 y 1960, la crisis de monocultivos y la modalidad de producción del tabaco -sumados a la actividad ganadera extensiva y reducido desarrollo industrial- llevaron a un fuerte proceso de migración de la década 1960-70 (Slutsky, 1975). No obstante, en estos departamentos del oeste del Paraná -Goya, Capital, Bella Vista, Esquina y Lavalle- se localizaron las principales actividades productivas, y por tanto la mayor ocupación, lo que implicó que en 1970 el 47,5% de la población provincial viviera en esa zona, y la aparición de 5.000 nuevos minifundistas en la década del sesenta, muchos de ellos ocupantes gratuitos.

La crisis de cultivos industriales de los sesenta no afectó por igual a los productores. Junto al estancamiento agrícola se dio la baja de precios relativos en los principales cultivos (tabaco, algodón, yerba y té). Así la producción de algodón se redujo a la mitad en la pequeña explotación agrícola, pero a la par aumentó la de arroz y citrus -más rentables- para los medianos y grandes productores que pudieron diversificarse. Como contraposición a la crisis agrícola se produjo por la modernización tecnológica un mayor aprovechamiento de la superficie para la ganadería (el 5% de las unidades tenían más de 1.000 has y controlaban el 72% del área total) lo que llevó a un crecimiento del conjunto de la economía provincial. Pero la crisis había empeorado la situación del minifundista porque con los productos que colocaba en el mercado podía adquirir cada vez menos productos para su subsistencia.

Con relación al tabaco[46], principal cultivo de los miembros de las Ligas, su producción en Corrientes estuvo afectada por un importante hecho externo: el cambio en las preferencias de consumo. Hacia mediados de los ’60 se produjo un aumento notable en la demanda de cigarrillos rubios -tabaco burley o virginia– en desmedro de los negros -tabaco criollo-(Flood y Giarrraca, 1974). El cultivo del tabaco, que provenía de la época previa a la conquista, se basaba en el tabaco criollo. Los tipos exóticos o extranjeros comenzaron a ser cultivados a principios del siglo XX, sobre todo en el noroeste argentino.

La actividad tabacalera en el país atravesó por tres períodos: hasta 1943, hasta 1966 y a partir de esa fecha. La incipiente industria familiar que surgió a fines del s. XIX[47] usaba el tabaco criollo para elaborar cigarros y cigarrillos a precios inferiores[48], el estado intervenía ocasionalmente y la relación productor-elaborador se daba siguiendo el juego del mercado. (Carballo, 1975).  En la segunda etapa -hasta 1966- el Estado asumió un papel más activo en la regulación de la producción, se fijaron precios mínimos para la materia prima y se limitó el ingreso de productos competitivos importados.

La industria alcanza un elevado grado de concentración, transformándose en un oligopolio con elevado volumen de ventas que tiene asegurado un mercado en expansión a ritmo constante (…) En 1966 comenzó una etapa de desnacionalización empresaria, que transformó a la industria del cigarrillo en un sector subsidiario de empresas monopólicas multinacionales…Este último período gira en el sector productivo primario alrededor del FET convertido en centro distribuidor de los ingresos del sector, y cuya influencia se hace extensiva la industria y comercialización. (Carballo, C., 1975:40)

Así, hasta la década del sesenta Misiones y Corrientes fueron los principales productores de tabaco criollo, pero la gran demanda de tabaco rubio de origen exótico estimuló su producción en Salta y Jujuy, desplazando a los tabacos oscuros del NEA. A eso se sumó la modernización tecnológica en la industria del cigarrillo, que contrastaba con la práctica tradicional de producción de tabaco de provincias como Corrientes y Misiones[49]. Por la importancia del tabaco negro en la economía correntina este cambio significó una reducción de la participación relativa de Corrientes en la producción nacional de tabaco, que del 40%, en 1963 descendió al 13,2% en 1969 -aun cuando entre 1964 y 1974 el aumento de consumo de cigarrillos en el país fue del 50%-, acarreando un serio perjuicio al sector productivo del tabaco criollo ya que el precio de acopio, pagado por la industria en el momento de la compra del producto, descendió el 82% entre 1967 y 1971, siendo el Estado a través del Fondo Especial del Tabaco quien cubrió ese desfase. No obstante, los rendimientos no variaron, aunque manteniéndose en un nivel muy bajo, comparado con la zona tabacalera de Salta y Jujuy, con mayoría de grandes productores. Por esto asociamos la estrategia de supervivencia en crisis del minifundista tabacalero de Corrientes con la del minifundista algodonero Chaco.

En esa estructura agraria provincial las relaciones sociales rurales tenían particularidades, incluso culturalmente por su habla guaraní, su música y la simbiosis religiosa. Así, en la zona de producción de tabaco negro -departamentos de Goya, Lavalle y San Roque- la cuestión central estaba en la relación latifundio-minifundio, y las relaciones sociales estaban marcadas por el régimen de aparcería[50] y el problema del peón dentro de las estancias. Es decir, las relaciones se daban de dos maneras, mediante el pago de la renta del aparcero al propietario, y a través de trabajos personales que como peón hacía el aparcero en la estancia, que evidenciaron las relaciones clientelares patrón-aparcero, diferentes a las de patrón-chacarero (arrendatario). En el caso del ocupante gratuito (generalmente en tierras con problemas sucesorios) o  intruso en tierras fiscales o privadas, sólo hacía trabajos personales -en forma precisa o concurriendo cuando “le mandan avisar” por alguna labor- a cambio del uso de la tierra, de ahí la extensión de esta modalidad de forma de producción pre-capitalista en la que el sobreproducto (excedente de la producción creado por el excedente del trabajo para el terrateniente) era apropiado por los dueños de la tierra bajo la forma de renta del suelo. (Carballo, 1975)

Las características del minifundista tabacalero correntino eran comunes a muchos países de América Latina (García, 1987). En 1970 además de la escasa cantidad de tierra (4 has para tabaco en explotaciones de hasta 9 has) y el predominio de la aparcería (40% que pagaba el 30% de la cosecha al propietario) y ocupantes gratuitos (27%), incluían una elevada movilización de la fuerza de trabajo (como el trato del ocupante gratuito con el patrón era de palabra podía rotar de predio si lo necesitaba) por la complejidad del procesamiento[51]. Como un cultivo estacional (noviembre-abril la mayor demanda) era realizado por mano de obra exclusivamente familiar para los aparceros y sólo se contrataba asalariados en explotaciones medianas, con más de 60 hs. de cultivo de tabaco. Aunque el cultivo es intensivo se caracteriza a la vez por la subocupación del trabajo familiar en las explotaciones (37% población activa mayor de 14 años), es decir que la escasa cantidad de tierra no permite ocupar a toda la familia, lo que se traduce en la baja productividad por hectárea[52]. Al no haber otra fuente de ocupación complementaria en la región, “…la familia no usa plenamente su capacidad productiva y el productor se costea su propia desocupación”[53] (Slutsky,D., 1974:50) cultivando maíz, mandioca, etc para subsistir diariamente. Así,

“… la relación central entre el minifundio tabacalero y el latifundio ganadero está dado por la obtención de una renta significativa por parte del propietario y, secundariamente, por la utilización del excedente de mano de obra del minifundio. En este sentido el minifundio es una economía marginal de mercado” (García,A., (1967) en Slutsky, D., 1975:50)

. Y esa renta absoluta era producto del monopolio de las tierras de propiedad privada, que condenaba al aparcero a una economía de pobreza constante con ingresos muy por debajo del salario mínimo[54], lo que también conviene al propietario rentista. Por otra parte,

(…) los precios declinantes del tabaco durante la década y la gran concentración de la demanda por parte de la industria (oligopsonio) son los factores que han llevado al propietario a entregar tierras en aparcería y evitar los riesgos de iniciar la producción por su propia cuenta. En épocas de bajos precios, el propietario recibirá una renta menor, pero el productor directo (aparcero) puede fácilmente operar con pérdida. (Slutsky, D.,1975:51)

Además del latifundio, existía el problema de la comercialización del tabaco[55], que había quedado en manos de empresas transnacionales oligopólicas. Una característica importante de los cultivos industriales que se expandieron a fines de los sesenta era que requerían un proceso de pre-industrialización que incluía tanto al cultivo como al propio productor ligados en una cadena en la que se combinaban acopio, industrialización (Censo Industrial 1963 total 1.840 establecimientos tabacaleros, con 10.434 personal ocupado. (Flood, 1974) y distribución del producto, con intervención en cada etapa de un sector económico diferenciado. Se conformaron así oligopsonios en la industria del tabaco, caracterizados por un nivel creciente de concentración de la comercialización y la producción industrial (de 5 empresas), con alto nivel de negociación frente a un sector numeroso y atomizado de productores de materia prima. Y por su dependencia del mercado de consumo de Buenos Aires sus centros de decisión estaban fuera de la zona y de la provincia. A través del proceso de comercialización el sector industrial absorbía parte de los ingresos potenciales del productor.

Y no sólo la industria, a esto se sumaba la explotación de los acopiadores intermediarios hacia los campesinos, sobre todo productores minifundistas tabacaleros (ocupantes gratuitos, aparceros y arrendatarios), cuyas condiciones adversas se agravaban por su endeudamiento constante, que era también una forma de encadenamiento al cultivo. Alrededor del 80% de los productores vendían su tabaco a través de esos intermediarios representantes o habilitados por la industria[56]; una gran parte de los cuales eran acopiadores-bolicheros[57], que financiaban la producción con adelantos -alimentos, insumos o dinero- al aparcero y que este pagaba con la cosecha siguiente. Aunque el precio era fijado por el Estado y compensado a través del Fondo Especial del Tabaco, no eran los minifundistas los destinatarios de la renta por su producción, ya que por la ambigua clasificación del “patrón tipo oficial” con poco control estatal, vendedores atomizados, demanda concentrada y relación de dependencia vendedor-comprador, los precios promedio pagados por la industria fueron inferiores al tabaco de tercera y no eran considerados remunerativos por los productores ya que lo perjudicaban en su posición en el mercado y como consumidores.

No obstante, este tipo de economía de subsistencia pudo perdurar por la posibilidad de cultivos de autoconsumo en la periferia de la explotación, y por el endeudamiento privado que generaba un mecanismo de endeudamiento y una doble dependencia del tabacalero hacia el acopio y el cultivo, que implicaba un doble proceso de succión de su excedente hacia el terrateniente y hacia la industria (Min. Agricultura y Ganadería (1970) en Slutsky,D., 1975:51). Y en última instancia ese sistema de relaciones de subordinación se pudo dar porque los minifundistas no poseían conciencia sobre el valor de su trabajo ni pautas culturales adecuadas -nivel de instrucción y de manejo comerciales (no había cálculo de precios)-, ni mecanismos de defensa de sus intereses, ni instancias de organización para crear sus propios mecanismos de control y alternativas propias en la producción y comercialización. Al respecto no existían en 1970 cooperativas de producción, comercialización o consumo de minifundistas (Censo 1970), debido tal vez a la falta de formación y asesoramiento, y a la estrategia campesina de supervivencia individual-familiar antes que comunitaria (Scott, 1989 y Popkin, 1979)

En este contexto -donde se desarrollaron las Ligas Agrarias Correntinas- inició previamente su acción el Movimiento Rural de ACA. No sólo acompañando la atención de sus necesidades primarias y su formación, sino que esa realidad injusta fue denunciada constantemente por el obispo Alberto Devoto,

(…) quien asumió el compromiso público de “renunciar a toda apariencia de poder y realidad de riqueza”, y vivir “según el modo común de la gente en lo que respecta a la vivienda, alimentación, medios de transporte, etc.” (Mayol y otros 1970:267), por lo que dejó su residencia en sede episcopal para instalarse en un barrio humilde de la periferia de Goya. Fue uno de los obispos que participó en los lineamientos del (MSTM), cuya fundación acompañó diciéndoles que “En el Concilio aprendí a admirar a la gente que sabía jugarse. Por eso los admiro, y confío en que -con serenidad y firmeza- puedan aportar mucho…”. (Carta de Mons. Devoto al Encuentro MSTM en Colonia Caroya, Cba., 1969.

Y el MR impulsó la organización de las Ligas con el apoyo de los sacerdotes y el obispo. Sostenían que “Hoy la tendencia va hacia una organización gremial parecida a otras provincias, el punto de unidad es la pobreza que todos tienen; exigencias que plantearán al gobierno: sobreprecio del tabaco y modificación de los tipos de venta.” (Informe del Encuentro Regional de Asesores del MR del Noreste, 1971). El obispo y el clero goyano mantuvieron su apoyo y solidaridad permanente con las Ligas a través de declaraciones, peticiones, movilizaciones y congresos; pero su tipo de participación pastoral se caracterizó por su rol de pastor que acompaña y un cuidadoso respeto por la autonomía de la organización popular. Fue importante el rol del MSTM en este proceso, sacerdotes y religiosas que trabajaban en barrios y villas de Goya actuaron activamente en su desarrollo, y también en la zona rural, como el sacerdote Jorge Torres del MSTM que fue el primer secretario general de LAC y posteriormente su asesor. Un lugar de reunión de las LAC fue el Monasterio San Alberto -Lavalle- de religiosas dominicas, donde se imprimía la revista del MR de ACA, y fue allanado y requisada la imprenta. (convers. Hna Teresa Moyano, 1980)

En Corrientes no existe el mediano productor y nunca existió, existe una clase de productor que es baja, el tabacalero, que es aparcero, es arrendatario, y están los grandes productores. Pero aún así los militantes que aportó al MR Corrientes son los menos, yo creo que el que más aportó fue Santa Fe y el Chaco. (Jorge Sartor, LAC, 1996).

Una transición en la acción colectiva

El surgimiento de las Ligas Agrarias Correntinas -LAC- comenzó a concretarse en enero de 1972, cuando desde la parroquia de Santa Lucía el MR convocó a una Asamblea adonde participaron 3.000 campesinos tabacaleros, y asistieron funcionarios oficiales y el obispo de Goya. A partir de allí se organizaron las Ligas localizadas en Goya, Lavalle, Bella Vista, Esquina y San Roque (Ferrara, 1973), reclamando por la tierra y la expropiación de latifundios, modificación de los tipos de clasificación para precios justos en la venta del tabaco, mejores formas de pago, maquinarias de apoyo y modificación del funcionamiento del Instituto Provincial del Tabaco-IPT.

 La mayoría éramos aparceros. Todos trabajábamos en campo ajeno. Eso hoy ya no hay. Lo que pasa es que había un trabajo familiar, como era aparcero nos contrataban y la familia iba a trabajar una parcela de tierra que dábamos en porcentaje. Entonces era la familia entera que estaba en el campo (…) O sea, quedaba más el grupo familiar todavía. No había tanta migración. Esas son las características donde surgen las ligas, de pobreza pero el campo todavía tenía vida, había mucha juventud, había esperanza. Había un clima nacional político, una iglesia que venía progresista, y había un espíritu militante. (A. Olivo y S. Tomasella, 1996)

Cuando nosotros trabajábamos en esa época eran 12.000 familias tabacaleras. Y en aquella época solamente tenía la boleta cosechera de tabaco el jefe de familia. Esto tomalo con pinzas -creo que en el libro “Qué son las ligas” (de Francisco Ferrara, 1973) ya lo dimos a conocer- el porcentaje de aparceros, con sus distintas formas de ser aparcero, uno con el 50%, otro con el 30%, otro con el 25%, era un porcentaje mayoritario dentro de los 12.000. Después estaban los pequeños y medianos propietarios. Pero la mayoría nuestra eran aparceros. (J. Torres, 1996)

En Corrientes como en otras provincias las bases de las Ligas fueron sobre todo los minifundistas y también asalariados rurales en proceso de descampesinización (Carballo, C., 1988:8), y fue fuerte el reclamo por el acceso a la propiedad de la tierra, pese el contexto sociocultural y económico de fuerte clientelismo y concentración de la tierra que ya analizamos.

Como la mayoría de los nuestros eran aparceros, en el trabajo que nosotros íbamos haciendo le hacíamos tomar conciencia -sin entrar en lo que después fue el eslogan político la tierra es del que la trabaja– pero sí haciendo tomar conciencia de que tienen que ser ellos dueños y propietarios de la tierra. (…) Entonces, qué significa colonizar un campo? Con todas las estructuras mínimas de ayuda en maquinaria, en material, en caminos, en salud, en escuelas. Eso era un poco el objetivo nuestro. Ahora, que si eso se iba a ir dando depende mucho de la situación, del momento que estás viviendo, pero hacia eso es donde nosotros mirábamos. A nuestra gente le hacíamos ver que no callamos. (J. Torres, 1996)

A fines de 1972 se reafirmaron con telegramas colacionados a los gobiernos provincial y nacional y concentraciones zonales en Gdor. Martínez y San Isidro los reclamos por el no reajuste de precios del tabaco, lo más urgente en ese momento del año. Mientras, se organizaban internamente las LAC. En noviembre se realizó su Primer congreso con 70 delegados de 37 colonias, en el que debatieron los estatutos y planes de acción, aclarando expresamente que “Las LAC no adoptarán una definición partidista”. En una carta después del 1° congreso Monseñor Devoto expresa a las LAC “la alegría de sentir y saber que el hombre de campo HOY TIENE VOZ” (El Campesino, Sáenz Peña, dic.’ 72)

La huelga del tabaco y el problema de la tierra fueron claves en el desarrollo de las LAC. El auge de las LAC se dio entre 1973 y 1974, cuando triunfaron en una huelga tabacalera por mejoras de precios y otros reclamos (desde cosecha ’71/72 reducidas a tres las clases comerciales y se fijaron precios con mínima variación (5%) entre cada clase), luego de una Asamblea y del Boletín de las Ligas Agrarias exponiendo la acuciante situación y convocando a concentración en representación de más de 8.000 familias campesinas productoras de tabaco.

También la zona de Goya en el momento la producción tabacalera estaba en su auge diríamos, en el 73 se produce la mayor producción histórica de tabaco en Corrientes. Eso quiere decir que había un nivel de producción importante, que cualquier tabacalero podía prescindir de un miembro de su familia para poder hacer una actividad como esta. (J. Sartor, 1996)

1974 fue un año con importantes aumentos de precios y demanda creciente lo que llevó a los compradores a facilitar la comercialización y el crédito, con mayor apoyo crediticio oficial. También la fuerza de negociación y presión que otorgaban las Ligas Agrarias fueron la base de la expansión de la producción tabacalera, que en la campaña 74/75 culminó con una superproducción, aunque el 75% de los productores continuó cultivando menos de 3 has, entre otras razones porque a partir de las 7 has el trabajo asalariado era la base de la producción.

Al respecto, las LAC se habían propuesto revalorizar el precio de la producción de tabaco, el 13/12/74 LAC elevaron al gobierno un estudio de costos de producción del tabaco correntino. Para esto calculaban costo de producción de una explotación promedio de 10 has con 3 has de tabaco, y un rendimiento de 1.000 kg por ha (relativo porque incluían fertilizantes y desinsectación que no se daba en la zona). El costo fue establecido por medio de la consulta directa a los campesinos, tratando de obtener el costo local en base a todos los insumos que intervienen en la producción y a los jornales requeridos para cada tarea de todos los integrantes de la familia de más de 10 años de edad. Como ejemplo la tarea de arar incluía desde el momento que se buscaban los animales, el tiempo efectivo de tarea y hasta que se devolvían al potrero previo baño; y la tarea de cosechar desde el momento en que se dirigían al tabacal hasta el final del proceso de distribución.

(…) se discutía la cantidad de tiempo que necesitaba una persona ni muy joven ni muy vieja, trabajando ni muy rápido ni muy despacio, y sin ser ni muy guapa ni muy perezosa. El resultado es el promedio, y el costo definitivo refleja a la vez los promedios obtenidos en más de 40 colonias o parajes Área tabacalera, analizados después en Asamblea colonias.(Carballo, 1975 :89)

De este modo, dejando de lado los costos sociales (40%) por no estar vigentes, las LAC equipararon la remuneración del trabajo familiar correspondiente a una jornada de 8 hs con el jornal que debe percibir un asalariado de acuerdo al Estatuto del Peón, siempre en valores promedio.

Por otra parte, esta evaluación sobre el valor del trabajo de la pequeña producción tabacalera les permitió a las Ligas analizar las causas por las que se mantuvo una economía donde los productores casi no llegaban a cubrir los costos de producción mínimos. Eran los propios productores los que en parte respondían al no valorizar el trabajo familiar en el costo de producción, y solo incluirlo para reclamos al estado.

Por eso se encuentra uno muy frecuentemente con productores que reclaman la fijación de un precio por el tabaco, aunque simultáneamente admiten que se conformarían con mucho menos. (…) El criterio capitalista de que el precio de la materia prima debe incluir el costo de producción más una utilidad razonable es entendido pero no aceptado por los campesinos…El campesino no parece tener conciencia del valor de su trabajo, cediendo gratuitamente a la sociedad, en este caso a la industria y a los terratenientes, una parte del mismo, siempre y cuando alcancen a recibir lo mínimo necesario para subsistir y mantener la producción. La unidad de explotación familiar posee entonces un nivel de organización y de producción y objetivos que se contraponen con la producción capitalista, basada en el trabajo asalariado. (Carballo, C., 1975:95)

Así el aumento del 22% del total de productores entre 1969 y 1974 cambió mínimamente la estructura productiva del área, y el sistema de comercialización y la relación bolichero-productor se mantuvo, aunque el primero se capitalizó considerablemente, junto con el mayor poder de acumulación de los productores propietarios. Posiblemente los mayores cambios se dieron en la relación más cercana entre los productores y las instituciones oficiales de crédito, y en el aumento de su grado de conciencia evidenciado en numerosas expresiones individuales y colectivas

 La afiliación era abierta, era general. La gente iba a las reuniones, se sentían muy identificados con las ligas, pero no todos estaban afiliados. Había afiliación formal, que eran los que pagaban, con padrón de afiliados, que incluso alguna vez se pasaron los datos a una entidad sindical. Cuando más tuvimos habrán sido mil y pico de afiliados, no eran demasiados de acuerdo a la cantidad que se movilizaba (...) Yo creo que el hecho de ver el resultado que se daba en conseguir las reivindicaciones como la huelga tabacalera o buenas cosechas (año ’73-74) hacía que la gente le dé mas importancia a ese tipo de actividades, porque dentro de todo la gente tenía tiempo para ir a reuniones de cuando en cuando en las colonias. Y venía la época en que se ponían muy activos, que era la época de la comercialización, para acordarse los precios. Después capaz que no había motivos, si bien había reivindicaciones permanentes pero que no daban para actividad permanente. Se batía el parte cuando venía la otra cuestión. No era que sobrara el tiempo, sino que el que quería, su decisión de sacarle el tiempo a otra cosa. Después también había que andar para defender lo que se había conseguido. El motivo para andar después era la bronca de que se nos iban las cosas. (Pedro Pablo Romero, LAC, 1996)

Y a la par que mejoraba la situación de los minifundistas, en esta etapa previa a la muerte de Perón fue creciendo el grado de organización interna y la capacidad de movilización de las Ligas agrarias; y continuó después con la crisis, con el acompañamiento permanente del obispo Devoto y una gran representatividad en los pequeños productores.

 6. Las Ligas Agrarias Entrerrianas-LAE

“No hubo más remedio que tirar huevos y gallinas por las calles de Paraná.” (B. Chiapino y M. Rébora, 1995)

El 14 de noviembre de 1972 dos mil quinientos avicultores recorrieron en 300 vehículos la capital de Entre Ríos, dejando huevos y gallinas a su paso para señalar así lo poco rentable de la producción avícola y cómo la relación con las grandes empresas agroindustriales se había tornado crítica.

La cantidad de gallinas que tiraron frente a la Casa de Gobierno de Paraná fue impresionante, un elemento movilizador… Existe en el campo la fiebre de la movilización en las bases, sienten que los movimientos funcionan. (José Leonardo Acosta, LAE, 1992)

Entre Ríos es una provincia bisagra entre la región del noreste y la pampa húmeda. Como tal su pertenencia a las Ligas Agrarias del NEA se caracterizó inicialmente más por la reivindicación de las libertades de tipo capitalista de sus productores que por la lucha por la supervivencia de los campesinos, y sus problemas no se relacionaron tanto con los monocultivos del NEA como con la producción láctea pampeana, pero sí la unía a todas las Ligas la oposición a la agroindustria oligopólica.

La conformación de su estructura agraria (Canella y otros, 2006) estuvo marcada por el proceso de colonización, con ingleses que adquirieron estancias a principios del siglo XIX, y ya a mediados del siglo XIX con Urquiza un porcentaje alto de las tierras provinciales fue ocupado por colonos europeos -vascos españoles y franceses, suizos, alemanes, italianos, polacos católicos y protestantes; y en 1892 llegó el primer grupo de colonos judíos desde Rusia- que explotaban familiarmente unidades económicas de reducido tamaño (menos de 100 Has) con producción de cereales, tambo y granja. Desde un principio las especies de cultivos y el trazado de las vías de comunicación tuvieron como objetivo la exportación, y la ganadería también se volcó al abastecimiento de los mercados internacionales.

Como provincia marginal en la pampa húmeda, con la mayor parte de su territorio apto para la actividad agropecuaria y una geografía de cuchillas y laderas, en Entre Ríos las estancias ocuparon las aristas de las cuchillas, mientras las chacras se instalaron sobre las laderas. Esta ubicación dio lugar históricamente a conflictos entre las colonias y las estancias por la agricultura y el pastoreo. Los cultivos de la provincia se distribuyeron por zona: en la franja nordeste de clima subtropical había algodón, arroz, cítricos, girasol, maní y oliva; y en el resto de la provincia, de clima templado más propio de la pampa húmeda (CEAL, 1975), con inviernos suaves y lluvias abundantes, los colonos se dedicaron desde el comienzo a productos diversificados, sobre todo cereales (maíz, trigo, lino, cebada y centeno), pero también a la avicultura -a cargo en esta etapa de las mujeres en las colonias- porque permitía un ingreso regular para afrontar la cosecha y su comercialización. Recién después de 1950 se pasó del gallinero familiar al criadero de aves.

Esta colonización temprana permitió que los colonos accedieran fácilmente a la propiedad de la tierra -o concesión y luego propiedad- con lotes de 100 has promedio a través de planes nacionales y provinciales, con la concepción de que “…la tierra tiene que ser del colono, ni colectiva ni nada…El propietario considera a la tierra como el lazo con el ciclo económico” (Entrevista José L. Acosta). Pero al avanzar la agricultura, enfrentándose al pastoreo, en 1875 se promulgó una ley para el trazado de villas y colonias, y se otorgaron terrenos en calidad de arrendatarios a ocupantes fiscales que debían mensurarlos.

La vulnerabilidad de los pequeños productores a los factores naturales -sequías, inundaciones, plagas- los condujo a principios del siglo XX a un doble proceso: por una parte se vieron obligados a pasar de una economía mixta agropecuaria hacia el tambo, la avicultura y la elaboración de aceite de lino, y por otra se crearon cooperativas y se difundieron el seguro agrícola y mejoras en las semillas y en los caminos para el transporte de la producción.

Es decir, se evidenciaba la progresiva racionalidad capitalista con que estos productores agrícolas enfrentaron estas crisis y la de 1930 que, aunque amortiguada en Entre Ríos por medio de créditos de bancos regionales, frenó el avance de la agricultura. Así, en las décadas del cuarenta y cincuenta se impulsó decididamente en la provincia la explotación avícola, arrocera y citrícola, y también la industria aceitera y tambera, la mayoría a cargo de sus propietarios, en 1947 el 45% de la superficie, y en 1965 el 77% (CEAL, 1975). Capitalista también porque su objetivo, además de controlar la naturaleza, era acceder al mercado internacional.


No obstante, durante la década del sesenta en Entre Ríos seguía predominando la ganadería (departamentos con más 60% superficie ganadera: Colon, Gualeguay, Federación y Feliciano), y según la Encuesta Agropecuaria Provincial de 1965 el 54% de la tierra no estaba cultivada y sólo un 24% se dedicaba a la agricultura, lo que se acentuó en los setenta con un 70% de las tierras destinadas a la ganadería y sólo el 18% a los cultivos. De este modo, los establecimientos chicos (hasta 400 has) dedicaban una porción mayor que el nivel general al cultivo, y los más chicos (menos de 100 has) no más de un 30%, mientras los medianos y grandes, de más de 1.000 has, usaban más del 73% para la ganadería (Informe Agrícultura y Ganadería Provincia Entre Ríos, jun. 1984). En 1974, a excepción de Paraná, Victoria y Diamante, el resto de los departamentos dedican más del 67% de tierras para la ganadería. Sin embargo, los precios relativos en el mercado interno permitían equiparar la incidencia de ambas actividades en el PBI provincial.

Esto en parte se debía a la desproporción creciente entre 24.000 explotaciones familiares de menos de 100 has que producían el 40% de un total de 2.000.000 has, y 134 establecimientos de más de 5.000 has que producían el 60% restante al haber incorporado la modernización tecnológica con semillas y fertilizantes especiales, y también a un cambio en la producción avícola, de cría de aves menores y de corral para la producción de huevos, que con innovaciones genéticas transformó de producción primaria en producción industrial.

Así, a principios de los setenta la producción de cereales se basaba en la explotación de tipo familiar, el mediano productor que empleaba mano de obra intensiva y el gran productor de capital intensivo. El 95% de toda la superficie cultivada estaba abarcada por cuatro cultivos: lino 40%, maíz 30%, trigo 28% y arroz 2%. La producción de arroz comenzó en 1930 y llegó a producir el 50% de la totalidad del país antes de los sesenta. Como su cultivo exige una gran inversión de capital para nivelación del terreno y equipos de bombeo para inundarlo, se trató de un monocultivo de carácter intensivo, y el 70% de las arroceras producían bajo arrendamiento[58].

La producción citrícola -importante en el noreste de la provincia- fue desarrollada por pequeños y medianos productores, no integrados, con una superficie menor a 50 has, con técnicas precarias, altos costos y rendimientos menores al promedio provincial. En esta producción fueron importantes las cooperativas y las asociaciones de productores, que debieron competir con las grandes empresas agroindustriales que acaparaban la producción primaria, la industrialización y la comercialización de la fruta fresca y jugos.

La actividad tambera, por su parte, era desarrollaba en la cuenca tambera que abarca la zona de Paraná y Nogoyá, por el tambo empresa (más de 150 has, dirigida por su propietario, con tecnología avanzada como ordeñe mecánico y sistema de frío), el tambo mediano (entre 50 y 150 has, EAF con ordeñe mecánico no especializado), y el tambo chico, en su mayoría pequeñas propiedades familiares o productores sin tierra, con superficies menores a 50 has, ordeñe manual, baja eficiencia y baja rentabilidad.

La explotación avícola se desarrollaba en Paraná, Diamante, Crespo, Concepción del Uruguay y Colón, aunque esta última también era productora de carne. La producción de leche, por su parte, se concentró en los departamentos de Paraná, norte de Diamante y Victoria, y en la franja litoral del río Uruguay, tierras cercanas al mercado de consumo interno y zona de las Ligas Agrarias Entrerrianas.

En lo que respecta a las relaciones sociales rurales, estos cambios en la modernización agraria llevaron a que las grandes empresas comercializadoras de Entre Ríos -como Cargill, Nestlé y San Sebastián- iniciaran la integración para asegurarse el proceso productivo, lo que implicaba garantizar determinados precios de compra a los productores, regularidad en la entrega y sobre todo la calidad del producto, para que fuera homogéneo y compatible con lo requerido por los procesos industriales. Para realizar la integración fue necesario crear contratos de producción que obligaban al productor a adecuarse a las condiciones de la empresa (mejora de galpones para la avicultura, etc), a producir estrictamente lo pautado y a vendérsela exclusivamente a la empresa al precio convenido. La empresa a su vez se comprometía a darle semillas o pollitos bebé, asesoramiento técnico y a comprarle la totalidad de lo producido. De este modo la integración se hacía hacia atrás, es decir, la industria captaba el proceso productivo previo, en el que las empresas lograron una integración vertical total al producir lo que después procesaba, y también una cuasi-integración, es decir, subcontratación de producción como en el caso de Cargill.

Esta modalidad se dio en forma voluntaria o forzada, porque por un lado los pequeños productores (EAF) y los medianos productores (mayor tecnología, galpones y mano de obra contratada) buscaban la integración que les permitía producir con poco o nulo capital y les aseguraba comprador, pero por otro la formación de oligopolios comerciales los obligaba a aceptar sus decisiones a riesgo de quedar fuera del circuito comercial.

Así, durante los setenta la integración se generalizó en todas las ramas de producción, sobre todo en la avícola. Una vez integrados los productores mediante subcontrataciones a la producción vertical de una empresa se profundizaba su dependencia de la misma como consecuencia de la competitividad de las distintas empresas. Esto llevó a que impusieran criterios de selectividad que se tradujeron en mayor esfuerzo para los productores sin compensación monetaria extra, sobre todo a medida que aumentaba la oferta de productores y que las demandas del mercado mundial llevaban a las empresas a exigir a los productores que engorden pollos con alimentos balanceados con endeudamiento para los pequeños productores sin recursos suficientes. Así, el granjero se convirtió en un galponero al quien el contrato de producción le exigía plena dedicación -abandonando el policultivo- para especializarse en el engorde de pollos; y su producción deja de ser primaria y se convierte en un eslabón de la industrial con una dependencia extrema de la empresa, sin capacidad de decisión o negociación en épocas de crisis.

Surgimiento de las LAE

Las Ligas Agrarias Entrerrianas se conformaron el 14 de enero de 1973, tardíamente en relación a las Ligas del NEA, aunque “Ya en 1970 el movimiento había hecho corte de ruta en protesta, y el campesinado movilizado arrea lo que tenga a las rutas (tractores, chatas, etc). “Bunge y Born nos está cagando, y allí van todos”. (J.L. Acosta, LAE, 1992). Funcionaron en Paraná, Crespo, Villa Elisa, Chajarí, Villaguay, Nogoyá, La Paz, Viale, Diamante, Victoria, San José, Concepcion, Colon, Villaguay y Concordia. Convocaron tanto al peón, al arrendatario como al pequeño y mediano propietario, fueron mayoría los pequeños y medianos productores avícolas que estaban inmersos en este proceso de integración, cuyas consecuencias denunciaron en su periódico,

(…) los avicultores están desapareciendo totalmente en la provincia y las grandes firmas, Cargill por ejemplo, van implantando a través de la integración su avicultura…donde el productor deja de ser productor para convertirse en peón; no, peor que en peón, en esclavo!…ya que debe obedecer todas las directivas de la empresa y acepta todo lo que ellos fijan como margen de ganancia. (La voz del productor. Octubre 1973:59)

Estas reivindicaciones fueron expresadas en las Ligas Entrerrianas -tanto por los productores medianos como pequeños- por haberse tornado apremiantes para su supervivencia, y como organización buscaron representar y promover los intereses de los sectores menos favorecidos de la cadena productiva.

El sector campesino del pequeño productor no era objeto de representación política. Quien asume esa tarea muy levemente, porque la conciencia se iba creando, fue el Movimiento Rural de Acción Católica, y plenamente con las Ligas Agrarias quienes representan auténticamente al pequeño y mediano productor… y también a trabajadores sin tierra. (A. Sily, 2006)

Decidieron también formar una nueva organización porque los pequeños productores no habían sido representados anteriormente, pero en el caso de los medianos productores la crítica situación económica había hecho que sus reclamos encontraran una vía distinta a la mediación corporativa tradicional (FAA). Por eso la tarea de concientización de la familia agraria fue clave no sólo para incorporar nuevos miembros, sino para difundir las innovaciones en las formas de producción. En este sentido se observa que los primeros en incorporarse son los más jóvenes, hijos de colonos que no tenían posibilidades de acceder a un terreno propio. Las mujeres también juegan un rol central, ya que buena parte de la movilización se generó a partir de ellas. (La voz del productor, LAE, jul. 1975)

En Entre Ríos la mayoría de la base de las Ligas era propietaria, por lo que el reclamo de tierras no era fuerte, y esa fue una diferencia con otras provincias como Formosa y Corrientes, ya que “No tenemos casi tierras fiscales, y las que hay son las que están en las costas, poco productivas, o las lechiguanas, que ahora se sabe que se puede producir ahí, pero en aquella época era como tierra perdida.” (Maris Rébora, 1995)

Las bases de LAE eran propietarios y arrendatarios cuya renta no era muy alta, proporcional a la capacidad productiva. El propietario considera a la tierra como el lazo con el ciclo económico… ¿cuál es la diferencia entre quienes integran las Ligas entrerrianas y quienes integran las Ligas del NEA? Que los pequeños y medianos productores de Entre Ríos se caracterizan por su no intervención en todo el ciclo productivo. Por ejemplo, los tamberos, colonos, 80, 100, 200 ha. Los colonos que integraron las Ligas compartían una conciencia común de ser pequeños y medianos productores, oponiéndose a la estancia. Es un régimen de subsistencia de trabajo familiar y ocasionalmente trabajos asalariados, pero muy poco. (J.L. Acosta, 1992)

El tamaño de las unidades productivas oscilaba entre 50 y 100 Has. “Eran minifundistas, pero nuestro minifundio es latifundio en otras zonas. Es que se hace una explotación intensiva…” (M.Rébora y B. Chiapino). Por eso su perfil como Ligas fue más heterogéneo, no de monocultivo industrial exclusivamente.

Lo fuerte nuestro era avícola. El problema surge cuando la producción granjera familiar desaparece, se va integrando a la producción monopólica… Es que entiendo quedaron en aquellas productoras donde están los veinte puntos de las reivindicaciones de las Ligas, por los que hicimos los paros, las marchas. Ahí está, en la avicultura están los términos. Después está el tambo, ahí peleábamos por el valor de la grasa, la butirosa. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

De modo que también estuvieron integradas las LAE por pequeños productores citrícolas y arroceros, y por tamberos chicos,

(…) tamberos ubicados cerca de procesadoras de leche (Nestlé, por ejemplo, ubicada en Nogoyá), procesadora terminal que hacía leche en polvo. De ahí se transporta. La unidad económica está definida como aquella parcela que sirve de sustento de una familia, su desarrollo, etc. En Entre Ríos en la zona norte, 50 has es la unidad económica, zona ganadera fundamentalmente. La cuenca tambera abarca Paraná, Nogoyá, donde pueden ubicar directamente la producción para el consumo interno (antes del ’70). Ganadería y granos. Se desarrolla la red caminera y hace que los viejos productores se arrimen a la carretera y vendan a otros compradores, ya no solo a Nestlé. Cobro desvinculado. (J.L. Acosta, 1992)

Tal vez por haber surgido en pleno auge de las otras ligas, las Ligas Agrarias Entrerrianas surgieron con solidez para accionar, y también tuvieron posibilidad de fortalecerse internamente como organización. Las LAE se estructuraron como asamblea democrática en comisión de liga (formada en cada colonia por la asociación de los pequeños y medianos productores). Si bien no se organizaron por rama de producción, en cada liga predominaba un tipo de producción (tambera, avícola, citrícola); asambleas generales de socios (de cada colonia, donde se evidenciaba la heterogénea producción en la complejidad de los reclamos); asamblea general de delegados (en Villaguay representantes de las comisiones comunicaban las propuestas y respuestas de sus colonias), y comisión coordinadora central de LAE se reunía anualmente en Paraná, donde la mitad de integrantes se renovaba por sorteo, pudiendo ser reelectos por un nuevo período.

En julio 1973 una asamblea de delegados de 32 colonias de las LAE aprobó sus estatutos y eligieron una comisión coordinadora central. Sus primeros dirigentes provinieron del Movimiento Rural que -aunque ya disuelto como rama nacional de ACA- seguía teniendo gran influencia en la provincia, aunque al respecto hay distintas opiniones de los ex integrantes de las Ligas,

Los alemanes (organizaciones de iglesias de Alemania como Misereor dieron ayuda económica a las LAE) apoyan económicamente la formación en sí, pero se movilizan mucho antes. No fue un proceso de formación de cuadros dirigentes, fue un proceso de concientización que surge desde abajo. Siempre que se vive una situación de crisis social y económica se produce un ambiente que es favorable a la movilización. Yo destierro el estereotipo de que fue “creado” un dirigente. Fueron movimientos espontáneos de la gente que salía, desvinculada de todo tipo de organizaciones partidistas. En todo caso el dirigente será reconocido como el que sabe interpretar el sentimiento de la gente, a Chiapino, al Ruso. El líder natural capta el espíritu de la época, que el estado estaba para responder a las exigencias sociales. (J.L. Acosta, 1992).

Sí en cambio coinciden en que un aspecto central en las LAE fue su preocupación de los dirigentes por la formación para la acción colectiva con el resto de los productores. Al respecto, además de que algunos de sus primeros dirigentes provenían de sector maestros del MR de ACA, el artículo 5º (inc. d) del estatuto de las LAE proponía: “Lograr la capacitación de todos los compañeros y así lograr que todos participen cada vez más en la decisión y conducción de la organización”

Nosotros enseñábamos a los productores…La gente tomaba conciencia de lo que costaba y lo que debía valer, entonces tenían fuerza y entendían por qué tenían que pelear por esos precios, que no se nos ocurrían a nosotros. Por ahí nosotros los sacábamos rapidísimo, pero nos tomábamos el trabajo de hacerlo con ellos, de esperarlos. Entonces salían a la calle y paraban las cosas, se entregaban maripositas a la gente que pasaba. Nunca se pusieron miguelitos acá, ni hubo actos violentos sino muy pacíficos, pero salía la gente a la calle porque sabía por qué peleaban. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

Y también para su dignidad como personas,

Hace ya más de un año que José entró en la Liga (…) esta lucha con los demás le ha dado confianza en sí mismo. Descubrió en él una dignidad que hasta ese momento no había logrado.(…)  Ha descubierto que la Liga no desarrolla al campesino como un ‘algo’ que trabaja más, come más, gana más plata y muere. Hoy en día hay máquinas muy perfeccionadas que hacen cualquier cosa cuando se las manda, pero quedan máquinas. En la liga, el campesino es persona… (La Voz del productor , ago. 1974:75)

Las distintas entidades educativas tampoco fueron ajenas a este proceso de adaptación de los productores a las transformaciones sociales del momento. Las reuniones zonales de las Ligas se desarrollaron en aulas de escuelas rurales. Aparece una nueva modalidad de educación secundaria: la Escuela Familiar Agraria-EFA para los hijos de productores y obreros rurales que completa la formación con la familia y el trabajo en el campo. De manera alternativa, los alumnos permanecen una semana en la escuela y quince días en sus casas. La primera de la provincia se crea en Colonia Del Carmen (v. cap 5). También colaboraron en la formación jóvenes de la universidad de Santa Fe y Entre Ríos,

Jóvenes de la Universidad venían del Ateneo de la Juventud, católicos, liberales, etc, trabajaron con los hacheros…desde la facultad de Agronomía en Entre Ríos, en Nogoyá, hubo movimientos cristianos de universitarios que trabajaron con hacheros, de extracción cristiana y peronista… convivían con la gente del campo, muchos no pudieron superar la experiencia… (J.L. Acosta, 1992).

En función de estos objetivos los reclamos excedieron el área de las libertades capitalistas para abarcar la educación, el trabajo, el lugar relevante de la mujer en el trabajo del campo y, no en menor medida, el discurso político que iba más allá de lo reivindicativo y se proyectaba en lo nacional e internacional,

Desde hace muchos años los distintos imperialismos extranjeros vienen organizando a su antojo el robo de guante blanco y muchas veces el saqueo sangriento de los pueblos oprimidos de América latina…Tuvimos en la Argentina una larga dictadura militar bien a gusto de los monopolios…Hoy estamos aprendiendo a derrotarlos mientras caminamos y luchamos unidos por un futuro de justicia para los hijos. Hoy nos sabemos ubicar frente a ellos y vemos que la mano viene así en el país y en todas las provincias. (La Voz del Productor,  oct ’73:68)

Así llegaron a agrupar cerca de las 5.000 familias afiliadas, formadas, y en los paros se movilizaban mucho más…

Porque los paros tenían como lugares donde se exteriorizaba el trabajo y la movilización de la gente. Teníamos centros como Villa Elisa, por ejemplo, que era como una subsede que cubría todo lo que era el sector avícola de la zona de la costa del Uruguay. Chajarí era otro centro, Villaguay, toda la zona de Paraná… (M. Rébora, 1995)

Fueron una de las Ligas provinciales con mayor organización y homogeneidad interna, su situación de pobres entre los ricos en la pampa húmeda les dio un sello propio en sus comunes reclamos y desventuras con las del NEA, según su secretario general Benjasmín Chiapino,

Yo era muy defensor del nordeste, y si bien la idea es que para mí se pasaban las cosas…la realidad del noreste era totalmente distinta de lo que era la realidad de los gringos nuestros de pampa húmeda. En el noreste había mucha miseria, mucha explotación, mucha hambre, mucha injusticia…  mucho criollo… (B. Chiapino)

7. Las otras ligas: las Ligas Pampeanas

Las Ligas Pampeanas surgieron a partir de 1973 en un proceso de movilización y progresiva radicalización política nacional, y a la vez con reivindicaciones comunes en la región de la Cuenca Lechera.

Estas ligas tamberas se nuclearon en torno a la problemática central de los productores lecheros de la Región Pampeana, que se agravó a principios de los setenta específicamente en el sur de las provincias de Santa Fe y Córdoba y en parte en el noroeste de Buenos Aires.

Tanto en el sur de Santa Fe -a diferencia del norte- como en el sur de Córdoba el peso de las EAF con arrendatarios era significativo. Aun cuando en los cincuenta en el Gobierno de Perón un sector de medianos y pequeños productores arrendatarios y aparceros había logrado propietarizarse, coexistían con los grandes propietarios de tierras en la zona con mejor calidad de tierras y mayor renta diferencial de la provincia.

Su principal producción era la leche y la organización económica básica de su proceso productivo el tambo, en donde se definían las características principales de la materia prima. Según su sistema de manejo se conformaban como sistema netamente pastoril, semi-pastoril o sistema de estabulado, este último con un uso más intensivo del capital. Las explotaciones tamberas se basaban en la mano de obra familiar o en la utilización de medieros, y tenían una marcada precariedad tecnológica. No obstante, hasta mediados de siglo XX la industria lechera no presentaba un elevado nivel de concentración y los diferentes estratos de productores (pequeños, medianos y grandes) se repartían un 30% de la producción cada uno.


Durante los sesenta en la región noroeste pampeana -en Buenos Aires, pero especialmente en el sur de Santa Fe y de Córdoba- se profundizó la “presión nacional sobre la tierra” y la necesidad de aumentar la productividad con modernización tecnológica[59]. Al estancamiento de la producción primaria se sumaba la baja tecnología, la falta de infraestructura (electricidad, etc), la fuerte caída de las exportaciones y la disminución del consumo interno. Asociada a estas deficientes condiciones de producción la lechería se caracterizaba por una marcada estacionalidad productiva, cuyos niveles máximos eran durante los meses de primavera y verano.

De este modo en los años 1970 hubo un retroceso y estancamiento en los volúmenes físicos de la producción lechera que, no obstante, originaron un profundo proceso de transformación recién hacia fines de la década, acentuado en los años ´80 y ´90. Esta baja productividad fue vinculada a problemas de oferta y demanda, debido a que los precios insuficientes para la leche no favorecían inversiones necesarias para expandir la producción. Pero en realidad además del peso de las grandes cooperativas lecheras era la competencia que la producción de leche establecía con la producción de carne por sus modalidades de producción (ordeñe con ternero al pie) la que afectaba las cantidades producidas de uno u otro producto según su relación de precios (Quaranta, 2002).

Como parte de su política de modernización tecnológica del agro, el estado en los ‘60s reglamentó la obligación de pasteurizar la leche y clasificar la producción. Estos decretos no se orientaban a dar incentivos para incrementar volúmenes físicos de producción sino que se preocupaban esencialmente por lograr condiciones de producción e higiene, mientras que los incentivos para la producción de mayores volúmenes recién se dieron en la década del ’70, cuando la producción lechera experimentó un período de expansión que se volcó al mercado interno y menos a exportaciones, cuya base fue el incremento de la leche con destino industrial.

En las relaciones sociales rurales esta modernización trajo consecuencias, ya que fue inducida estableciendo precios diferenciales, y reconsiderando como precio base el de volúmenes de producción otoño-invernal que era superior al de volúmenes de producción excedente. Esta medida, avalada por la industria lechera y que perjudicaba claramente a los pequeños productores, fue fundada en que los volúmenes que excedían la producción base se debían a ventajas naturales y no al trabajo que los productores lecheros hacían en sus explotaciones, por lo que el costo de producción de esa leche era menor y consecuentemente también debía serlo su precio. Así comenzaron los conflictos entre los industriales y los productores, porque pretendían inducir a disminuir la estacionalidad de una producción basada en un sistema pastoril con fuertes atrasos en lo que a tecnología de alimentación se refiere (Quaranta, 2002).

Este problema no era nuevo, ya que los tambos dependían estrechamente de que su producción mantenga los parámetros de calidad requeridos por las industrias receptoras. Esto generaba una relación de asimetría en la que los precios eran establecidos casi monopólicamente por las firmas agroindustriales, quienes además podían rechazar los productos o establecerlos en un precio inferior si la calidad era baja. Así, los productores que no tenían los recursos necesarios para introducir las mejoras tecnológicas requeridas quedaban por debajo de la ganancia media y en peligro de extinción.

Los productores eran en gran cantidad medieros. El arrendatario no existe prácticamente, también había una gran cantidad de muy pequeños propietarios. Yo hace unos años estuve haciendo una investigación en la zona y la propiedad media, que no sale en ningún lado eso, por productor -propietario o mediero- es de unas 14 Has, aunque nadie tiene menos de 50 Has si uno lee las estadísticas oficiales. La concesión en la época de la colonización fue de 34,4 Has, pero después eso fue subiendo un poco hasta 50 has por familia. Y hoy en la realidad se subdividieron mucho las parcelas y la propiedad media es de 14 has (…) Yo pienso que esta subdivisión ya viene de aquella época, porque alrededor de Esperanza, de Frank, de San Jerónimo, hay una gran cantidad…Se ha subdividido porque aumentan los impuestos, porque la actividad de la leche no te da como para pagar esos impuestos, la gente entra a vender pedazos. Y hay obreros que trabajan en carpintería, etc, gente en Esperanza y en San Jerónimo -y un poco menos en Frank- hay muchas carpinterías, aserraderos, lecherías, fábricas de leche. La gente trabaja de obrero y tiene su tambo. Entonces vende leche un poco a la fábrica y un poco al consumo particular donde gana una diferencia de precios un tanto razonable. Pero es gente pobre, no como la que uno ve en la villa miseria, pero es gente que vive al día. (Víctor Aprile, ULAS, 1996)

A partir de este problema y el de la grasa butirométrica con la pasteurización obligatoria fue que surgieron los centros y Ligas tamberas pampeanas,

Ya antes, en el treintipico vino toda esta legislación acerca de la pasteurización obligatoria de la leche, que obligó al que quería producir leche a concentrarse alrededor de una gran fábrica, porque uno no puede desarrollar pasteurización para 10 o 20 litros que vas a vender por día, o para 100 litros o para 200 que puede hacer una pequeña unidad que puede vender al consumo. Porque esta gente hacía su cereal, sus actividades agrícolas, y, mediante ferrocarril o mediante carros llegaban hasta Santa Fe, que queda a 30 kms, y vendían al consumo directo, al por menor. Vendían leche, pan, diferentes cosas. Todo eso era en principios de siglo en caballo, con grandes sacos de cuero donde llevaban la leche, y con un tarro repartían. O sea, el clásico lechero que conocimos, yo no conocí eso, lo sé porque me contaron. Cuando yo conocí era el lechero que venía con su carro, traía las botellas, o traía un gran tambor del cual te servías…Sería por la zona de San Jerónimo Norte, para el lado del norte está Esperanza. Es el lugar donde, en el pasado, tuvo fuerte desarrollo la producción de leche. Ahora también es una zona tambera muy fuerte, y ahí en Frank es donde nació una cooperativa de las más grandes que hay en el país en lechería después de SANCOR, la MILKAUT. (Víctor Aprile, 1996)

 Una de las herramientas que incide mucho en que no se obtenga el beneficio de la producción es el porcentaje de grasa butirosa que declara el que compra la leche. Cuando uno vende la leche hacen un análisis de porcentaje, porque lo que se paga es la grasa y no la leche.” Agruparon productores en similar situación (principalmente medieros (V. Aprile 1996); aunque para Lattuada (1985) el sistema de arrendamiento estaba casi desaparecido) en las provincias de Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe. Sus primeros integrantes y dirigentes no provinieron ya del Movimiento Rural de ACA, sino de los Centros Juveniles Cooperativistas, con el modelo de UCAL, por su influencia directa en sus congresos nacionales, seminarios, etc. De ahí, a partir de esos grupos de jóvenes empiezan a nacer los centros tamberos, en los cuales lo que yo viví en la época del ‘70 ya -porque cuando yo tuve relación con los centros tamberos cuando voy a Esperanza a estudiar- había una buena participación de los grandes. Los centros tamberos en realidad tuvieron como problema central pelear el precio de la grasa butirosa, no había otra actividad reivindicativa fuerte. A lo cual la respuesta del gobierno era, bueno, la negociación en cuanto al precio. Pero, por otro lado, fue en esa época que se hicieron grandes esfuerzos por modernizar infraestructuras, y venían desde el gobierno fuertes exigencias en cuanto a instalaciones en los tambos. El tambo tradicional era un quinchito de paja o chapa de cartón sostenido por palos, con algún ataje del lado sur, con palenques donde entraban las vacas para ser ordeñadas con un banquito de una pata, con piso de tierra (…) Con la ley de pasteurización obligatoria en los ’30 empezaron a obligar a concentrar a todo el mundo, a juntarse. (V. Aprile, 1996)

Aprile sostiene que estas asociaciones progresaron económicamente y se transformaron rápidamente en una unidad cada vez más grande,

En la zona cuando empezamos a trabajar, había una organización de productores en torno a la cooperativa. Es decir, en el pasado estos productores la mayoría colonos de descendencia suiza, menos alemana y unos pocos italianos, franceses y alemanes. Cuando llegaron a la zona era una producción de tipo diversificada, donde había cereales, trigo fundamentalmente, avena, cebada, y también la producción lechera. Lo que pasó es que con el tiempo (…) bueno, ahí había vías férreas, ferrocarril, un molino. O sea, había toda una intensa vida alrededor de la molienda de cereales de esta zona fue hasta el año 40. (V. Aprile, 1996)

Pero la asociación de tamberos, al principio de gente que trabajaba en común y que respondía a sus necesidades, empezó a adquirir… “cada vez más una lógica de empresa, y a tener que ser manejada más por profesionales que por los mismos productores, que no tienen capacidad de gestión como para manejar una unidad tan grande” (V. Aprile, 1996). Esto se dio al mismo tiempo que las actividades agrícolas en la zona se empezaron a hacer en forma subsidiaria en relación al tambo: alfalfa, diferentes forrajes, por lo que dejó de ser una actividad diversificada. La zona abarcaba sobre todo los alrededores de las localidades de Esperanza, de Frank y de San Jerónimo, y se empezó a especializar netamente en tambo como única actividad que concentraba la leche en la MILKAUT, que a su vez comercializaba en esa época su leche casi exclusivamente en la ciudad de Santa Fe. Y así se debieron organizar los productores…

En síntesis, las otras Ligas aún con sus particularidades provinciales tuvieron en común la estructura geográfica pampeana y su realidad de estar insertas como Cuenca lechera en la región económica central del país. Tuvieron reclamos comerciales comunes e igual falta de representatividad por parte de las entidades tradicionales. O al menos así lo percibieron en las tres provincias con las cooperativas y la FAA, y en Santa Fe con la Federación de Centros Tamberos.

Al haberse conformado tardíamente, en pleno proceso democrático, llegaron a ser un movimiento gremial muy incipiente y no fueron especialmente representativas. Fue su relación con las Ligas Agrarias del NEA lo que más las diferenció entre sí a las Ligas pampeanas. Lo destacable en este proceso fue la acción colectiva común que tuvieron todas las Ligas -del NEA y pampeanas-, independientemente de sus particularidades y diferencias. Y en esa coyuntura estratégica de 1973, en el Parlamento Agrario de Lincoln, todos nucleados en la Coordinadora Nacional de Ligas y Movimientos Agrarios acordaron firmar el Acta de Compromiso para el Agro…

8. La Coordinadora Regional y Nacional de Ligas y movimientos agrarios

Ya en 1972 se había formado la Coordinadora Regional de Ligas Agrarias, integrada por las de las provincias del NEA. Su objetivo fue el de coordinar acciones conjuntas en la región.

 Un poco se trabajaba, ya como Movimiento Rural en conjunto la zona del NEA. Había un coordinador nacional también. Había una regional, que estaban Chaco, Formosa, norte de Santa Fe, Misiones y Corrientes, las cinco provincias ya trabajaban en el Movimiento Rural. (A. Locatelli, LAC, 1996)

Mi función en la Coordinadora Regional de las Ligas fue fundamentalmente la relación de todo lo que iba pasando de un lado y del otro, en todas las provincias. Por ej., yo en Corrientes era el centro donde toda la información, todo lo que pasaba en cada una de las provincias se centralizaba, y desde ahí automáticamente pasaba al resto de las provincias. Es decir, era un flujo de información permanente, que eso es lo que llevó a la rapidez del surgimiento de las organizaciones en todos los lados. Porque nos concentrábamos, y había una relación no sólo personal, sino de materiales que se trasladaban de vuelta a las comunidades con las experiencias. Así que yo venía del Chaco con las grabaciones de las movilizaciones, y ahí ya iba al folletito iban las grabaciones que se trasladaban a las otras provincias para que vean cómo se va haciendo. Era un flujo permanente de información. Lo que pasa es que eso facilitó toda la red que teníamos como MR. (Remo Vénica, 1995)

Así, en el mes de septiembre,

Cinco provincias, víctimas de las mismas injusticias, preparan sus primeras acciones en común. Chaco, Corrientes, Formosa, el Norte de Santa Fe y Misiones se unen para tener más fuerza en sus reclamos ante el gobierno que atropella los derechos de los pequeños agricultores, de todas las provincias por igual. Para exigir del gobierno el cumplimiento de reclamos comunes a todos, e incluso por los reclamos propios de otras provincias, dando así una muestra de solidaridad y unidad. (Amanecer Agrario, MAM, sep. 1972)

Esto se concretó un mes después con el 1º paro regional de las Ligas Agrarias, convocado por la Coordinadora Regional de Ligas y Movimientos Agrarios,

El 18 y 19 octubre los productores de la zona protagonizaron un paro activo de 48 hs. El Norte de Santa Fe, Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones movilización de alrededor de 50.000 personas. Reclamaron precios justos para sus productos. La policía, ayudada por la guardia rural reprimió con bombas de gases y garrotes. Varios agricultores fueron heridos y otros detenidos, entre ellos el padre Pablo Fuentes. (rev. Nuestra Palabra 31/10/72)

Ese accionar conjunto regional se reforzó en diciembre con una concentración de 4.500 productores en Avellaneda, Santa Fe, en la que afirmaron que…“Ni el Paraná, ni la selva misionera o el quebrachal chaqueño nos separan. Hoy hemos venido unidos a gritar a los cuatro vientos las injusticias que nos acosan. Las organizaciones agrarias de Santa Fe, Chaco, Formosa, ¡y Misiones dijeron PRESENTE!,(Declaración Ligas Agrarias NEA)  y después con reuniones periódicas en distintas provincias (jul. 1973, Resistencia).

Fue a partir de esta Coordinadora Regional de las Ligas agrarias del NEA que en el Primer Congreso de ligas y movimientos agrarios realizado en Resistencia, Chaco, el 1 y 2 de octubre de 1973 se formó la Comisión Coordinadora Nacional de Ligas y Movimientos Agrarios, integrada por representantes de cada organización y adonde se incorporaron además las tamberas de Santa Fe y Córdoba y las de Buenos Aires…

, todas las tamberas de Buenos Aires, de Córdoba (…) Yo en eso la verdad que no me acuerdo exactamente cómo fue. Yo sé sí que teníamos reuniones regionales en Formosa con las Ligas de Formosa, Norte de Santa Fe, Chaco, Corrientes. De la Regional sí me acuerdo, estaba la de Reconquista en esa época, para el 73 recuerdo las reuniones regionales (…) Incluso cuando el accidente de Irrazábal, nosotros estábamos en una reunión regional, el seminario de Resistencia cuando nos enteramos de eso, y ahí nos volvimos urgente acá. (J.C. Berent, LAM, 1996)

 La Coordinadora de las Ligas era nacional. Éramos pocas provincias, en NEA con Córdoba y Buenos Aires. Cada uno llevaba sus reivindicaciones, había cosas que eran generales, como el asunto de la colonización o la tenencia de la tierra, y había otras que eran particulares de cada una de las provincias, que en el caso de los petitorios nacionales ponían lo fundamental. Las cosas que podían tener más bien injerencia en el gobierno nacional y que fuera suficientemente importante como para incluirla en un petitorio nacional. Y era bastante organizado en ese aspecto, porque daban un tipo formulario con las preguntas de puntualización de los temas. Yo me acuerdo cuando fue elegido secretario nacional a nivel nacional de la coordinadora fue Lovey, y creo que también uno de Córdoba, representante de las Ligas Tamberas, que eran los encargados de mandar los formularios. Y así y con las reuniones conocíamos bastante los temas de las otras provincias, sabíamos a qué íbamos y no a discutir, así que se hacía bastante ágil la elaboración de los petitorios y documentos. (P.P. Romero, LAC, 1996).

Su objetivo fue en primer lugar unificar reivindicaciones, y presionar gremial y políticamente en conjunto. La nueva coordinación funcionó a través de una secretaría rotativa encargada de ejecutar las tareas que le encomendaba la Coordinadora. (Amanecer Agrario, MAM, dic. 1973), y entre sus primeras acciones como flamante Coordinadora Nacional de Ligas en diciembre de 1973 dieron apoyo al paro agrario general de las Ligas Entrerrianas y denunciaron a L.T.6 Radio de Goya por no permitir injustificadamente usar a las LAC ese medio de información semanal.

Pero del apoyo y la denuncia por sus reclamos históricos se pasó rápidamente a un plano de discusión de proyectos políticos,

Si bien el corazón de las Ligas fue el NORESTE, hubo un intento para “nacionalizar” la propuesta, con las Ligas de Entre Ríos, las de Córdoba, las del sur de Santa Fe, las de Buenos Aires, y también en Santiago del Estero. Tampoco nunca se perdió el contacto con lo que venían promoviendo en el NOA -en Salta muy especialmente- algunos militantes del MR con trabajadores rurales asalariados, FUTSCA fue una propuesta muy interesante y bastante amplia en su momento. Todas esas Ligas que se fueron sumando formaron parte de la Coordinación Nacional; que se haya hecho la reunión en Villa María, tenía que ver con esa intención de pampeanizar o nacionalizar la propuesta, compitiendo con la FAA en todos los terrenos y en todo el país. (Carlos Carballo, 2011)

Este tema ya es objeto de los próximos capítulos, cuando a la par de la evolución política del país las Ligas Agrarias fueron asumiendo posturas cada vez más radicalizadas en algunas provincias.


  1. Se considera monocultivo a un cultivo único predominante en una región. Como ya se planteó, en la reestructuración que provocó la modernización tecnológica en el agro el NEA pasó por dos procesos: por una parte una tendencia hacia el oligopolio de la demanda, con precios relativos cada vez más bajos, y por otra en las estructuras productivas tradicionales un movimiento de readaptación a las nuevas condiciones, que significó la descampesinización: desaparición de productores y emigración, pauperización y proletarización; y en otro extremo la lucha por la permanencia como colono, e inclusive la retransformacion y ascenso económico de otros.
  2. Para analizar Ligas Agrarias NEA nos guiamos entre otros por el equipo de investigadores del Consejo Federal de Inversiones-CFI, durante ‘60s y ‘70s, integrado por D. Slutsky, L. Golbert, C. Lucchini, N. Giarraca, G. Tesoriero, A. Cafferata, C. De Santos, V. Brodersohn, Teresa Richards, A. Rofman, C. Flood, etc. Fueron también valioso aporte los trabajos de J.P. Rozé, N. Iñigo Carrera, E. Archetti, K.A. Stolen, F. Ferrara y L. Bartolomé (ver bibliografía general).
  3. Se asentaron en el sudoeste, centro y este del territorio, dejando libres las zonas del noroeste -bosques del impenetrable- y el sur donde se encontraban las grandes propiedades dedicadas a la actividad forestal, y algodonera un 30% de la superficie del territorio. El despegue de la producción algodonera produjo cambios sustanciales en la estructura socio-económica del Chaco: migraciones de braceros en tiempos de cosecha, utilización de mano de obra de la industria forestal en retirada, surgimiento de nuevos centros urbanos, crecimiento del sector servicios. (Carlino, 2007) En 1920 residían en el territorio 11.448 extranjeros y entre 1923-1930 se radicaron 15.757 más, tendencia que se revirtió después de la crisis del 30 y sólo llegaron 4.118 entre 1931-38, en su mayoría de Europa del Este. (Slutsky,:1975:22)
  4. En la que la producción es una prolongación directa de la economía central en un doble sentido: porque las decisiones de inversión se controlan desde el exterior, y porque los beneficios de capital apenas pasan por el país y van a engrosar el capital para inversiones de la economía central. (Slutsky, 1975).
  5. Por clima, suelo y topografía. El clima es uno de los principales determinantes ecológicos para la localización geográfica del algodón, requiere altas temperaturas y adecuada disponibilidad de agua durante el ciclo del cultivo. Así, su adaptación a diferentes tipos de suelo, su resistencia a períodos de sequía, la seguridad de cosecha y el elevado nivel de ingresos por ha determinan sea preferido a otros cultivos. (Calvo y otros, 2007)
  6. Esto se debió, según Slutsky (1975) a que la industria textil inglesa y europea consumían sobre todo algodón del sur de USA, y también al escaso desarrollo de la colonización agrícola algodonera hasta ese momento. Para el origen histórico del algodón en el país ver Moyano Llerena, Carlos (1938).
  7. La crisis del 30 estimuló la producción interna de algodón, al encarecerse los productos importados y por el cambio de política fiscal que facilitó la importación de maquinaria textil y gravó la introducción de hilados y tejidos. El precio internacional del algodón no cayó tan bajo comparado con el de otros productos y se recuperó más rápido. (Slutsky. 1975)El área cultivada en la Argentina creció notablemente en diez años: de 99.000 hectáreas sembradas en 1929 se pasó a 310.000 en 1939. La industria textil se expandió como consecuencia de la necesidad de sustituir importaciones. La importancia a nivel nacional del cultivo del algodón movió al Estado a crear en 1935 la Junta Nacional del Algodón. En 1933, el consumo interno se abastecía en un 83,3% con mercaderías de importación; la producción nacional cubría el resto (16,7%). Al finalizar esta etapa, la industria nacional abastecía ya el 39,5% del mercado argentino de textiles algodoneros, había ya en el país 35 hilanderías con 479.000 husos de hilar. Hasta 1936 Argentina siguió siendo exportador neto. (Carlino, 2007) 
  8. Se daba tierra fiscal a los colonos en condiciones privilegiadas para la época: facilidades de pago y precio de fomento en relación a otras zonas del país, incluso con el precio pagado por arrendatarios en zona cereal-ganadera. (Slutsky, 1975)
  9. Mensura, fijación del precio, solución de problemas de límites, verificación del carácter de ocupante real, evaluación de las mejoras, etc. (Slutsky:41) Este proceso de loteamiento no tuvo como resultado un régimen de tenencia de la tierra que contribuyera a afianzar la situación del colono por varias razones: lentitud en la adjudicación de la propiedad, el desconocimiento que el estado tenía de su patrimonio, la falta de personal, la centralización burocrática de los trámites, la debilidad en la aplicación de leyes y decretos que aseguraran y consolidaran al colono en sus chacras. Sin duda, esta situación afectó especialmente la inversión de capital que condicionó la evolución y el desarrollo posterior de la economía primaria territorial. (Carlino, 2007)
  10. El cambio más importante de los setenta en la tenencia de la tierra fue el aumento de propietarios por la legalización de su ocupación y la obtención de títulos de propiedad, proceso acelerado desde la creación del Instituto de Colonización en 1972, lo que disminuyó la cantidad de ocupantes fiscales.
  11. Slutsky sostiene que esto se debió a la reducida superficie que el Estado retuvo para colonizar, en los intersticios de los grandes latifundios forestales y ganaderos -27% del territorio hasta 1960- lo que no permitía su ampliación. Los hijos de los colonos sin tierra debían alejarse a zonas aún libres o acomodarse en lotes de 25 has. Entre 1920-37 se instalaron 13.000 nuevos colonos en 1.000.000 de has de tierras fiscales.
  12. En los sesenta alrededor del 60% de las explotaciones de Chaco y Formosa no tenían capacidad para absorber en forma productiva la oferta de trabajo de una familia rural que aporta, por lo menos, el equivalente a dos hombres/año (8 hs. de labor 270 días al año) en forma permanente. Es decir, son explotaciones cuyas tierras resultan insuficientes para satisfacer las necesidades básicas de una familia de acuerdo a los niveles aceptables en la región. (Fuente: Tenencia de la Tierra, tomo II, 1964, CONADE-CFI. (cit. en Slutsky, D., 1975:76)Por eso estos minifundistas son dentro de la estructura agraria general una oferta potencial de mano de obra.
  13. La estructura productiva (comercialización, financiamiento, asesoramiento, industria, suministro de semillas y agroquímicos, etc) gira en torno al algodón. Etapas de la Comercialización Algodonera: En la evolución comercial del algodonero hay tres períodos: El primero entre 1920 y 1932, en el que el grueso de la cosecha se comercializaba en los mercados internacionales, predominando el de Gran Bretaña. El segundo, a partir de 1932-33 en que comienza a ampliarse la brecha entre producción y exportación como consecuencia del crecimiento de la industria textil nacional. Este período finaliza con la crisis de la industria textil nacional en las últimas décadas del siglo pasado. El tercer período se inicia en los 90, en que la producción algodonera encuentra otra vez su destino final en los mercados externos. (Carlino. 2007)
  14. Es importante además en esta década el cambio en el uso de la tierra con la extensión de la ganadería de la región pampeana hacia el sur de la provincia del Chaco, y la modernización de la ganadería producida con el aumento del número de vacunos, la disminución de la raza criolla y mestizaje, y el mejoramiento en el manejo de los establecimientos. La Sociedad Rural del Chaco -miembro de CRA- tenía como objetivo la integración en el campo chaqueño de las distintas etapas del ciclo productivo: cría, invernada e industrialización. La economía algodonera sufrió cambios importantes, no sólo por la caída de la demanda en el mercado interno por el menor poder adquisitivo de los salarios y por la aparición de la fibra sintética como sustitutiva del algodón, sino porque disminuyó la exportación de algodón finalizada la guerra de Corea. A eso se sumó el debilitamiento del movimiento cooperativo después de caída peronismo.(Golbert y Lucchini, 1974)
  15. La caída de precios se agravó por la concentración de la industria textil, que permitía negociar de manera ventajosa los precios del producto y recurrir a la importación de algodón extranjero cuando la producción interna era insuficiente. Asimismo, no existe una caída de los salarios pagados a los obreros rurales, especialmente a aquellos que realizan la cosecha. La sumatoria de estos factores pone en una situación desfavorable a los productores agropecuarios con poca capacidad económica para reconvertirse en función de los cambios.
  16. Sobre todo en los minifundios algodoneros del este de Chaco, por la erosión del suelo Las consecuencias sociales de este proceso de estancamiento general de la provincia y de retroceso del principal sector productivo se evidenciaron en la tasa decreciente de la población por la emigración en general de chaqueños a las áreas marginales de los grandes centros urbanos del país. En 1975 del total de la población que habita en villas de emergencia de la Capital y Gran Buenos Aires el 11% proviene del Chaco. A la vez, eso implicó una reducción del 20% de la población rural de la provincia entre 1960 y 1970. Se calcula que entre 1965 y 1969 más de doscientos mil chaqueños fueron a la Capital Federal y otras ciudades del Litoral. (Golbert y Lucchini, 1974)
  17. Aunque usaban básicamente mano de obra familiar las mejores condiciones climáticas y calidad del suelo en relación a los productores del Chaco o Formosa (el promedio de producción por ha es superior en casi 200 kgs), pudieron acceder, vía obtención de renta diferencial, a la compra de maquinarias, por ende mayores ganancias, a pesar de la crisis de los cultivos regionales”. (Archetti, 1981, 1975)
  18. La política del gobierno de Onganía de concentración de industria azucarera repercutió en norte Santa Fe, con intención de eliminar el cultivo de caña de azúcar para beneficiar los intereses monopólicos azucareros de Salta y Jujuy. Así, en el Chaco santafesino se cerró el ingenio azucarero en Tacuarendí en 1968 y el ingenio Arno de Villa Ocampo en 1969, con la amenaza del no cobro de sueldos atrasados, la desaparición de los poblados y el consecuente éxodo. A esto se sumó situación de 256 obreros de Ferrocarriles Argentinos en Villa Guillermina ante la no renovación de contratos de reparación de vagones entre la compañía privada y el estado, actividad que se había iniciado luego del cierre de la empresa taninera La Forestal en 1963. (Bidaseca, 2003)
  19. Unos meses después, en mayo de 1968 veinticuatro sacerdotes agregaron que “Ingenuamente creíamos que el movimiento de opinión que despertó la declaración y el interés manifestado por organismos de gobierno sería el punto de partida de toda acción para ayudar al hombre del Norte. El tiempo disipó el optimismo.” (Rev. CIAS) Así, denunciaron la indiferencia del gobierno, sus grandes discursos y promesas que en nada aliviaron
  20. El 60% del territorio ocupado de Misiones fue retenido por el 2% de las explotaciones, por la venta original de Corrientes o como reservas fiscales ubicadas en áreas de difícil acceso que sólo fueron puestas en producción a fines de los sesenta. La apropiación generada por Corrientes creó un sector latifundista improductivo y ausentista, que aunque no compitió con la economía de los colonos sí la condicionó por su posesión de tierras, y porque los ganaderos expandían su frontera sobre Misiones. (Cambas, Aníbal (1967:283-324). Corrientes veía en Misiones un ámbito de reserva para expandir su propia frontera rural, con ganadería extensiva y escaso campesinado de subsistencia, mientras el gobierno nacional buscaba efectivo poblamiento como manifestación de soberanía, a la vez que se evitaba un excesivo poblamiento en la región pampeana por la inmigración.
  21. Las tierras se adjudicaban según Ley Avellaneda de 1876, en secciones de 10.000 has subdivididas en lotes de 100 has y estos en parcelas de 25 has. El adjudicatario se comprometía a abonar una quinta parte al contado y el resto en 4 años, y a ponerlo en productividad en breve plazo, si no debía ponerlo en venta. Entre 1877 y 1927 se fundaron (algunos se refundaron) 18 pueblos, y 25 colonias oficiales ocupando 793.000 has. En Censo Nacional 1937 en Misiones un 35,4% como propietarios más 61,4% como otras formas, que incluía colonos sin título definitivo de propiedad. Los arrendatarios eran sólo el 3%. (Tesoriero y otros, 1974)
  22. La Dirección Nacional Tierras estableció en 1926 como condición para adjudicación de lotes en Misiones, plantar entre el 25 y el 50% con yerbales. Así, en 1935 había 58.500 has cultivadas (Raddavero, 1959) Esta ubicación geográfica es estimativa ya que no hay datos sobre distribución de yerbales en el período 1933-35, cuando se acentuó la cantidad de plantaciones. En 1952 el 55% de la superficie plantada está ocupada por yerbales hasta 25 has (95% del total) y el 13% de la superficie por grandes yerbales de más de 400 has. (0,1% del total de las explotaciones), lo que no indica una gran concentración hasta la década del sesenta.
  23. En sus inicios el MAM denunció cómo la actividad concertada de los monopolios y los dueños de latifundios perjudica a pequeños y medianos productores, con negocio controlado por puñado empresas: yerba mate: Molinos Río Plata (B&Born, asoc a Deltec), Estab. Las Marías (flia Navajas Centeno), Martín y Cia. (Yerba “La Hoja”), Empresa Mate Larangeira Mendes (con prop. en Brasil y Paraguay), Mackinon y Cohelo ((yerba “Cosecha”, ligada a DELTEC), y la Ind. Paraguaya, principal exportadora e importadora a Brasil y Paraguay. Té: Molinos Río Plata, Urrutia, Casa Fuentes y Aspitarte y Cia., Gontec SA. Tung, La Continental (DELTEC) cubre casi toda la exportación, Soja y harina de mandioca Molinos Río Plata Refiner. Maíz, y Cítricos CITREX SA. (Ferrara, 1973)
  24. El Estado se convirtió en único comprador de aceite de tung, con precio obligatorio para cada campaña, en la práctica sobreprecios y acumulación de stocks para el gobierno por caída de precios internacionales 1947- 1950.
  25. Si bien la productividad de la yerba se vincula más a la ubicación (zona de monte o campo) que a la extensión de los cultivos, la autorización de la cosecha total fue para los yerbales hasta 10 has, y la liberación del cultivo para no mayores de 5 has.(Tesoriero, 1974)
  26. Las 100 mayores explotaciones cubrían en 1970 el 60% del territorio forestado, mientras 2.800 forestadores tienen en promedio 3 has c/u, que cubren el 12% de la superficie total; estos son los colonos que trataron de diversificarse supliendo con bosque los cultivos de baja renta. (Tesoriero, 1974)
  27. Capitales de frigoríficos ingleses, quienes compraron tierras para la producción de vacunos que ellos mismos faenaban. Bovril compró en Formosa una estancia de 12.500 has en 1929. También la Cia. Argentina de Quebracho Marca Formosa en 1939 un campo de 79.500 has -estancia Santa Catalina- en el Depto. Pilcomayo.
  28. Por el tipo de desarrollo previo impulsado -extractivo-forestal y ganadero- no había gran demanda de mano de obra, por lo que no hubo incentivos especiales para atraer población.
  29. La modernización ganadera en los ’40 restó independencia y disponibilidad a las tierras agrícolas en una relación desigual que generó un conflicto estructural y no solo político (Slutsky, 1975).
  30. A diferencia del Chaco, donde las desmotadoras oficiales no fueron importantes, en Formosa tuvieron un rol protagónico como impulsoras y reguladoras de la producción. Los mejores precios ofrecidos por la desmotadora oficial, que además pagaba en base al rendimiento de la fibra y semilla obtenida, tenían efecto no sólo sobre el precio del algodón que desmotaban sino sobre el precio de la totalidad del algodón ofrecido por los productores al constituirse en fuente potencial de demanda. (Brodersohn, 1975)
  31. Esta política estatal fue posible sin quebrantos por el aumento del consumo interno y las excepcionales condiciones de exportación por la guerra de Corea entre 1950 y 1954.
  32. En los ’70 había en Formosa seis grupos económicos propietarios de más de 100.000 has c/u, y ocupando en total el 45% de la superficie en el este provincial, la zona agrícola-ganadera más rica (Deptos Pilcomayo, Formosa y Laishí). Cinco son sociedades anónimas, varias de capital extranjero, algunas familiares, y las seis tienen sus directorios entrecruzados. DELTEC es una de ellas. Estas empresas forman parte de conglomerados con actividades económicas muy diversificadas, vinculadas al gran capital nacional e internacional, cuyos intereses en la provincia son sólo una parte reducida de un complejo de gran envergadura.(Brodersohn, 1975)
  33. La ganadería formoseña se desarrolló en la zona oriental de la provincia, rica en agua y pastos naturales; en el oeste ganadería de subsistencia. (Golbert y Lucchini, 1974). Esto implicó nuevas inversiones en reproductores, en apotreramiento y aguadas, mejoramiento de pasturas, control sanitario, etc., para lo cual se requerían nuevas áreas de tierra disponible.
  34. Además, los precios mínimos oficiales se establecieron en la coyuntura de escasez del algodón, lo que reforzó la tendencia alcista del precio en general que continuó con el nuevo gobierno en 1973, aún cuando hubo otra sobreoferta de algodón por el aumento de su producción en general y hasta del 45% en Formosa.
  35. La capacidad normal de trabajo familiar alcanza para un cultivo máximo de 6 has de algodón aproximadamente, lo que significa que por encima no hay trabajo familiar sobrante para poder desmontar nuevas áreas, suponiendo que estuvieran cultivables y desocupadas. (Brodersohn,V., 1975:122)
  36. Donde más creció el área sembrada entre los Censos de 1960 y 1969 fue en las escasas tierras fiscales de los departamentos de Patiño, Pilcomayo y Pirané, con el 60% del aumento total provincial de 1.600 nuevas explotaciones la mitad de los cuales eran de menos de 5 has. (Brodersohn, V., 1975:172). Pero también se produjo un proceso de subdivisión de las grandes propiedades en establecimientos como sociedades anónimas vinculadas entre sí de 1.000 a 10.000 has, y un aumento de las explotaciones de más de 100 has de medianos productores algodoneros y arrendatarios de tierras de pastura.
  37. Clasificación jurídica pobladores tierras fiscales a) ocupantes, registrados Dirección Tierras o de hecho, b) los adjudicatarios en vías de propietarización, que pagaban cuotas, c) los intrusos, ocupantes posteriores a la ley, no autorizados.
  38. La mayor parte de los ocupantes de las tierras fiscales estaban incluidos en las generales de la ley, como lo evidencia su art 28: “Los actuales ocupantes de tierra rural, que ejerzan una tenencia pacífica que no afecte derechos de terceros y realicen una explotación regular, tendrán derecho a que se les adjudique en venta una unidad económica de explotación, dentro de la superficie que ocupen, salvo que se encuentren comprendidos en alguna de las inhabilidades del art. 26º, en cuyo caso deberá procederse a su desalojo”.
  39. El área tabacalera -Goya y deptos que la rodean, Lavalle y San Roque- quedó configurada en torno a Goya con la instalación de las plantas preindustrializadoras en el puerto de Goya, y de la fábrica de cigarrillos en 1952. Fue un área de monocultivo en la que el tabaco fue la única producción que aportó ingresos económicos al 81% de las familias. (Carballo, C., 1975:67)
  40. El trazado de ferrocarriles e incorporación de cereales al comercio exterior trajo rápida valorización y el acaparamiento de tierras, dando lugar al negocio de la colonización particular. (Slutsky, 1975) Muchos colonos no pudieron pagar la tierra, y otros vivieron endeudados con el comerciante o el intermediario que le adelantaba la compra de la cosecha de tabaco o maíz, lo que llevó al desalojo de familias que si habían comprado su tierra.
  41. La superficie algodonera de la provincia -al noroeste departamentos Capital, San Cosme, Empedrado, Mburucuyá y Saladas- pasó de 5.205 has promedio en quinquenio 1930-34 a 41.888 has en 1935-39, cifra que mantuvo hasta 1960 (luego de un pico de 56.000 has en 1957-58). (Slutsky, 1975) Aunque productor algodonero correntino sufría profunda explotación -con excesiva renta fundiaria- no hubo allí Ligas agrarias como en otras zonas de la provincia.
  42. Ya desde sus orígenes en Corrientes “…la estancia fue la primera organización de trabajo, la primera fuerza administrativa y económica. Fue el centro de la actividad comercial y la fuente de poder. Doblegó al indio disciplinándolo en las labores orgánicas y asimilándolo a las costumbres civilizadas. Dio el ciudadano, el militar, el sacerdote y el gobernante. Encerraba todo: la clase dirigente, el artesano y el obrero. Era un organismo, una administración, y como tal una preocupación del gobierno y de política.” (Acuña, Angel, en Mantilla, Manuel (1972) Crónica histórica de la provincia de Corrientes, Bs.As.: Banco de Corrientes, (cit. Carballo,C., 1975:23)
  43. El sector arrendatario era el más favorecido entre los no propietarios, con renta más baja, contratos escritos y en muchos casos subarriendos a aparceros. Parecería que la situación del aparcero es la peor porque debe pagar renta y hacer trabajo personal para el propietario (como peón rural), además de la inestabilidad de su residencia, aunque también es una gran dificultad para el propietario no tener medios para rotar la tierra. En la práctica su nivel y forma de vida eran similares, y ambos emigraron -el aparcero más con su familia- al no poder completar su subsistencia en el lugar. (Flood y Giarraca, 1974) En 1947 (igual que en los setenta) la estructura tabacalera mostraba que sobre 6.000 cosecheros inscritos 34% eran propietarios, 33,35% arrendatarios y 32,59% aparceros. (Ferrari, H. y Solari,V., 1947) Evolución y posibilidades de la economía tabacalera en el provincia de Corrientes, Bs.As., Min. Agricultura. y Ganadería, cit Carballo,C., 1975:44)
  44. En 1969 en el área tabacalera correntina el 74% de los aparceros pagaban más del 25% de la cosecha al propietario, lo que implicaba que en un año entregaban el valor de la tierra. (Slutsky, 19751)
  45. Allí el estancamiento de los ‘60 no brindó una situación mejor que en su lugar de origen. En 1972 los correntinos eran el 10% de los habitantes de las villas de emergencia de la capital y gran Buenos Aires, seguidos por los chaqueños. Recién en período 76-83 volvió a aumentar tasa de crecimiento de población de Corrientes y se estabilizó su peso relativo en el país, pero no como resultado de mejoría relativa de su situación provincial ni de una dinamización de sus posibilidades de absorción de empleo, al contrario, ninguna de sus características estructurales se modificó y lo que sucedió fue un reflejo del agotamiento de la expansión del área central, agudizada por la coyuntura político-económica del gobierno del P.R.N. (Rofman y otros, 1987)
  46. El tabaco tuvo rol importante históricamente en la provincia por ser fuente de trabajo de importantes sectores rurales y por el aporte al estado en impuestos nacionales por la venta de cigarros y cigarrillos, que en 1972 llegaron al 54% del impuesto a los réditos.(Carballo, 1975)
  47. En 1896 la Cámara del Tabaco registró 681 “manufacturas de tabaco” en el país divididas en 21 amplias o grandes (desde 3.500 kg) y menores o chicas (fabricación manual) y de 15 a 20 fábricas de tabaco. Las tres provincias que más tabaco producían eran Tucumán, Salta y Corrientes, y desde los ’20 Misiones. En 1942 se creó Cámara de Industria Cigarrillo, con 12 empresas o fábricas, 6 de las cuales manufacturaban 70% producción total.(Carballo, 1975)
  48. Hasta principios ’40 proceso concentración industrial con tabaco de importación llevó a la crisis a industria nacional de cigarrillos e hizo desaparecer cigarros de hoja. A partir 1943 actuó el Estado en control y planificación actividad tabacalera, restringiendo contrabando, aumentando impuestos importación y promoviendo producción nacional. (Carballo, 1975), por primera vez fija precio oficial para el criollo y el claro, que aún hoy sigue.
  49. En 1971 en Corrientes industrialización de cigarrillos concentrada en cinco grandes establecimientos: Nobleza, “Particulares”, Massalín y Celasco, Piccardo e “Imparciales”, originalmente nacionales pasaron a integrar oligopolios cuando en los sesenta las grandes tabacaleras instalaron grandes plantaciones de tabaco rubio tipo Virginia y Burley en Salta y Jujuy. Para poder competir estas empresas aceptaron patentes de Estados Unidos: Piccardo –Ligget & Myers (L.M.), Massalín a Philip Morris y Nobleza a American Tobacco (Lucky Strike); y también Imparciales-Reemtsma Cigaretten Fabriken y Particulares con Brinkman AG, ambas de Alemania Federal. En 1968 consumo de cigarrillos rubios (881 millones de paquetes) fue doble de negros (428 millones). La clasificación, un precio justo y la forma de pago fueron los principales reclamos. Por convenio entre gobierno y empresas, el acopiador pagaba al productor en el momento de recibir el tabaco el 30% de su valor, y el resto quedaba por cuenta del estado que se lo reintegraba a los productores con lo recaudado por impuestos a los cigarrillos. Pero al retrasarse tanto, el minifundista se adeudaba con el bolichero -casi siempre también acopiadores que a su vez dependían de las empresas- cerrando así el círculo. (Ferrara, 1973)
  50. Había tres formas de relaciones de aparcería, ya que los porcentajes se pagaban en relación al aporte del propietario al proceso productivo: el mediero daba el 50% de la producción a cambio de tierra, alambrados, herramientas, animales, créditos, instalaciones y vivienda; el tercerero pagaba el 33% de su producción, y el propietario le daba tierra alambrada, algunas herramientas y materiales para construir vivienda; y -a cambio del 25% de la producción el aparcero recibía solo la tierra alambrada.(Carballo, 1975)
  51. Los pasos para cultivo del tabaco: (riego) almácigo, plantación definitiva, trasplante, carpidas, aporques, desinsectación, fertilización, capado, desbrote, cosecha, curado (color/calchado, textura, etc), secado en sartas, clasificado en gavillas y enfardado/prensado para venta. En un año normal el cultivo del tabaco se carpe tres veces, y es muy importante esta operación porque el tabaco es uno de los cultivos que da respuesta más positiva a esta práctica cultural, con importantes diferencias de rendimiento. Por otra parte, lo reducido del tamaño de las explotaciones, la heterogeneidad del suelo y el relieve y la necesidad de asegurar la producción ante las contingencias climáticas (en especial lluvias) generalizó plantar en los altos y los bajos, así en años con lluvias moderadas hay buenas cosechas. Insecticidas o fertilizantes fue a partir de los sesenta. (Carballo, 1975)
  52. En informe CFI-CONADE (1972) Tenencia de la tierra, t II, el cultivo y cosecha en la provincia requiere 132 jornales por ha., absorbe la capacidad de trabajo de medio equivalente/hombre (un hombre puede cultivar y cosechar dos has de tabaco trabajando durante todo el año, mientras que la yerba y los citrus insumen 67 jornales por año (la mitad), el arroz 12 jornales, el maíz 8, el trigo 3,3 y la ganadería 1,78 jornadas por vacuno. (cit Slutsky,D., 1975:49)
  53. La ganadería extensiva que rodea mayoría de explotaciones tabacaleras requiere escasa mano de obra, y la falta de centros urbanos con desarrollo industrial explican incapacidad de absorber en otras actividades el excedente de fuerza de trabajo de minifundios tabacaleros, y a la vez la excesiva oferta reduce los salarios rurales.
  54. En 1970 un aparcero típico obtenía como ingreso neto anual para mantener su familia $216.000, año en que el salario mínimo fue de $396.000. Eso se traducía en una miserable calidad de vida, con trabajo infantil, viviendas precarias (de adobe, con techo de paja y piso de tierra, y sólo el 2% con electricidad), deficiencias nutricionales y sanitarias (tuberculosis y parasitosis), bajos niveles educativos (70% primario incompleto) y casi nula recreación, áreas con inadecuada atención -en infraestructura, políticas sociales y control del cumplimiento de leyes laborales por parte del Estado provincial- a través del Instituto Provincial de Tabaco, el INTA o ISSARA que sólo cubre a los productores registrados. Al respecto sólo la Ley 17461/67 que creó el Fondo Especial del Tabaco enuncia entre sus objetivos, además de los precios compensatorios, la promoción social de los productores, de los trabajadores y sus familias de las zonas tabacaleras. (Carballo, C.,1975:39) CEIL 1981:108.
  55. En 1970 productor debía entregar su tabaco clasificado en cinco categorías, según largo, textura, color y sanidad de hoja, a diferencia de países compradores del tabaco argentino, que sólo en cuenta calidad de hoja (nervio central fino, textura, aroma, color, etc) ya que largo no incide en elaboración posterior. (Flood, 1974)
  56. El acopiador independiente era minoría. Solían ser bolicheros con producción propia y controlaban aparceros con renta, crédito o compra previa al acopio, además de representar a las empresas, quienes compraban siempre a los mismo productores para retenerlos como clientes, con credenciales o carnets que lo acreditaban como vendedor (tenían al 36% de los minifundistas) y generando a la vez modalidades de dependencia del productor con respecto a la industria y al acopiador. (Flood, Giarraca y otros, 1974) (Carballo, 1975)
  57. En los 136 galpones de acopio habilitados provincia se compraba el tabaco, pero muchas veces productor para cubrir deudas debía vender a comerciantes o bolicheros antes de fecha apertura de acopios a precios inferiores a oficiales. También el bolichero recargaba monto de insumos y de deuda, ya que precio era el vigente cuando se saldaba con el cobro de cosecha. El productor campesino sufría las variaciones de precios y volumen producción, y para atenuarlas debía mantener buena relación con acopiador. Por eso pérdidas se soportaban para asegurarse mejor clasificación, compra total producto en años con superproducción o facilidades crediticias.
  58. En los 70 y 80 muchos productores incorporaron el secado y aumentaron su capacidad de almacenamiento y molienda de grano de arroz. Pero por la creciente estructura oligopólica del mercado muchos molinos arroceros pequeños y medianos están inactivos o solo prestan servicios de molienda para las grandes empresas integradas. De la Encuesta de 1997 surge que sólo el 10% de las EAPs del estrato 201-500 ha con arroz tienen molino propio. (Soverna, 1988; Pagliettini y Carballo, 1997).
  59. Desde 1955 la “revolución libertadora” aplicó un liberalismo moderado y estimuló las exportaciones agropecuarias. En 1958 Frondizi aplicó el desarrollismo para el impulso de la conformación de industrias de base. La reforma agraria impulsada se centró en la concentración, capitalización y modernización como métodos para mejorar la eficiencia del agro. A partir de 1963 Illia se apartó de las políticas ortodoxas e incrementó participación agropecuaria en la economía del país mediante mayores exportaciones. En 1966 y hasta 1973, la “Revolución Argentina” impulsó “planes de estabilización” con políticas que perjudicaron a las economías regionales, vía impulso a la concentración y modernización agropecuaria.


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