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10 Unidos e iguales, pero no tanto: las Ligas y los sindicatos rurales del NEA

La convivencia de los productores y asalariados rurales en torno a la producción agraria[1] en el NEA distó de ser armónica, no sólo en relación a las condiciones de producción sino también a las diferentes subjetividades, orígenes étnicos, trayectorias y objetivos. Esto constituyó una preocupación permanente para el Movimiento Rural, que luego se trasladó a las Ligas Agrarias. Nos interesó analizar al respecto la relación entre los objetivos de unión y un proyecto común, que se plantearon desde el discurso y la formación de las Ligas con una realidad en la que no fue posible -al decir de los setenta- lograr que el hombre nuevo pudiera superar las dominaciones.

Estas realidades socioeconómicas y culturales contrastantes presentaron modalidades propias en el NEA, tanto en la Cuña Boscosa que contenía a las provincias del Chaco, Formosa y norte de Santa Fe, como en Misiones, Corrientes y Entre Ríos, pero con un sustrato común de sector social subalternizado y en búsqueda de su subsistencia. Cuáles eran los objetivos y reclamos de estos obreros rurales en el NEA durante esta etapa, qué cambios buscaban, qué posibilidades tuvieron de lograrlos y cómo los viabilizaron son parte de los interrogantes que abordamos para analizar el rol que tuvieron las ligas agrarias y los sindicatos rurales en este proceso, y cómo se interrelacionaron. Y dentro de esta relación con las Ligas agrarias diferenciar entre el productor mediano, su patrón en época de cosechas y ocasional fuente de conflictos, y el minifundista-campesino, el pequeño productor semiproletarizado.

1. La situación del obrero rural del NEA en los sesenta y setenta

Los asalariados rurales en el NEA[2] durante esta etapa continuaron enfrentando grandes dificultades para organizarse autónomamente y elaborar sus intereses grupales para emprender acciones colectivas[3]. Lo obstaculizaban su situación económica, su pobreza cultural, el éxodo rural, el aislamiento entre sí y respecto de las ciudades, la vulnerabilidad frente a poderes locales con sus mecanismos coactivos legales y extralegales, la elevada dependencia y la existencia de relaciones paternalistas con los empleadores, y los intereses ambiguos de tener una pequeña parcela de tierra o aspirar a tenerla impidiendo su plena identificación como asalariados. Al respecto además de asalariados permanentes en el NEA de los setenta abundaban los trabajadores transitorios[4]. En nuestro caso nos vamos a ocupar de los transitorios que realizaban tareas no mecanizadas, y sólo en algunas provincias de los transitorios con mayor calificación para nuevas tecnologías y tipo de producción. (Aparicio y Benencia, 1999)

A estas limitaciones se sumaban las diferencias culturales entre los trabajadores migrantes; el individualismo no sólo por aislamiento recíproco sino también por el bajo desarrollo de la cooperación en los procesos de trabajo agrícola y la modalidad de pago a destajo; la invisibilidad o ausencia de reconocimiento social de estos trabajadores; la tendencia al cambio tecnológico que contraía, diferenciaba y estacionalizaba la demanda de mano de obra y del empleo; el frecuente cambio de tareas, de patrones y hasta de lugares de residencia; la presencia de intermediarios en las relaciones laborales; la influencia de los altos niveles de desempleo regional manifiesto u oculto; y las dificultades ecológicas para realizar actividades de organización o de fiscalización (Lockett, 1975, Rau, 2005, Luparia, 1973, Forni y Neiman, 1993)

Hay distintas interpretaciones sobre la lógica de comportamiento de los obreros rurales ante esta situación, relacionadas con una aparente escasez de protestas, de conflictos abiertos y de organización a partir de intereses comunes para acciones colectivas que expresen sus reclamos. Por un lado se caracterizó a los obreros rurales como “débiles”, “deferentes”, “impotentes”; y se los asoció con “culturas de resignación” (Jenkins y Perrow, 1977) o se les atribuyeron inclinaciones “fatalistas” (Luparia, 1973).

Por su parte, Scott (1997) sostiene que no fue por resignación o fatalismo, sino por condicionamientos específicos como el contexto social rural y la vulnerabilidad de los pobres del campo frente a las sanciones patronales. Scott engloba en la categoría “campesino” tanto al proletario rural como a los pequeños cultivadores -a menudo también semiasalariados-, y corre el eje de atención desde las acciones colectivas de lucha abierta de los campesinos-obreros rurales a las resistencias cotidianas, formas no abiertas de poder contestatario de asalariados rurales también llamadas “microresistencias” o “formas encubiertas de protesta”[5] (Alfaro, 1999; Berenguer, 2004),

Es verdad, que el comportamiento ´de cara al público´ de los campesinos durante épocas de silencio ofrece un aspecto de sumisión, de miedo y precaución. Por contraste, las insurrecciones campesinas parecen reacciones viscerales de furia ciega. Lo que falta en el relato de la pasividad ´normal´ es la lucha lenta, de desgaste y en silencio […] en la cual la sumisión y la estupidez a menudo no son más que una pose, una táctica necesaria. Lo que falta en la descripción de las ´explosiones´ es la visión subyacente de justicia que las origina y sus objetivos específicos que son en realidad bastante racionales en muchas ocasiones (…) “se me ocurrió a mí que el énfasis estaba mal puesto en el tema de la rebelión campesina. En su lugar, parecía mucho más razonable comprender lo que podríamos llamar formas cotidianas de resistencia campesina […]. Aquí debo mencionar las armas ordinarias de los grupos relativamente sin poder: trabajar despacio, disimular, falsa aceptación, pequeños hurtos, ignorancia fingida, calumnias, incendios provocados, sabotaje, etcétera. (Scott, J., 1997: 17)

Aunque estas y otras formas de resistencia y organización de los asalariados agrícolas en el NEA ya fueron estudiadas, en su mayoría se concentraron en las formas sindicales clásicas[6] y no sobre la orientación, la dinámica, los móviles y las particulares modalidades de acción colectiva -a veces algo distantes del sindicalismo y de las formas de conflictividad laboral clásica- que pueden adoptar los asalariados del agro en contextos y coyunturas sociohistóricas particulares. (Rau,V., 2005:71)

Al respecto, destacan en este proceso la mediación de los agentes externos en las distintas formas de organización, tanto de acción colectiva como sindical,

Las reivindicaciones de esos trabajadores fueron apoyadas desde afuera por la presencia de organizadores, cuyo objetivo era impulsar las incipientes formas de organización. Estos organizadores provenían de la misma clase trabajadora urbana o de militantes sociales y políticos que bajo diversas modalidades se insertaban en ese medio como una palanca. (Rocha, 1991:7, cit por Rau,V., 2005: 66).

Estos agentes externos según Rau (2005) actuaron sobre estímulos para la sindicalización rural -expansión de relaciones capitalistas producción en agro, mayor capacitación formal del trabajador agropecuario, procesos de urbanización de asalariados rurales y creciente importancia adquirida por los complejos agro-industriales- lo que les permitió mayor concentración física en lugares de trabajo o de residencia, vinculación con la ciudad y las fracciones sociales urbanas, y la aparición de coyunturas históricas social y políticamente más receptivas para sus reclamos. No es en este sentido de sindicalización que analizamos la mediación de agentes externos, sino su impulso para la acción gremial por la vía del movimiento social en NEA. Estas características tanto económicas como sociales en sus condiciones de producción a la vez permitieron al obrero rural integrarse en mercados de trabajo rural considerados sociológicamente como espacios de relaciones sociales que se instituyen y definen a través de procesos históricos.

Mercados laborales concebidos como un proceso, como una institución social, con actores, sujetos con historia, con identidades que pueden influir en las características peculiares del mismo”(…) Actores y sujetos también colectivos, con historias actualizadas en las tradiciones, identidades y disposiciones que portan, modifican, reproducen y transmiten de generación en generación; actores con historias colectivas perpetuadas en los estereotipos, roles, capacidades y funciones que les son atribuidos socialmente a estos sujetos. (Aparicio,S., 1994).

En tanto asalariados, los obreros rurales se insertaron en un mercado laboral rural donde como institución social[7] los actores sociales que intervenían tenían otras relaciones sociales además de la compra y venta de su fuerza de trabajo. A los factores “económicos”, de reglas jurídicas y de instituciones corporativas formales agregaban las costumbres y las normas sociales y culturales.

Además, el intercambio laboral es vivido por actores con historia atravesados por asimetrías de poder, por antagonismos de clase, por tradiciones, pautas y relaciones de diversa índole que provienen de la sociedad en que se inscriben y funcionan. (Rau,V., 2005:17)

Es en ese contexto que analizamos la acción colectiva y sindical de los trabajadores rurales, quienes vivían en los sesenta y setenta en realidades muy diversas en la región del NEA aunque con demandas comunes,

(…) a diferencia de otras ramas de actividad (como la industrial), los problemas que enfrentan a diario los sindicatos rurales se vinculan al incumplimiento de las obligaciones legalmente impuestas a los empleadores. No se trata aquí de obtener “conquistas” que deban incorporarse a las normas vigentes; si las hay, estas acciones son las menos. En general, la acción gremial se orienta hacia objetivos de carácter inmediato y referidos a la defensa de derechos instituidos. (Lockett,F., 1975)

En la Cuña Boscosa, las provincias del Chaco, Formosa y el norte santafesino estaban interrelacionadas en torno a la actividad forestal, azucarera y algodonera. Así, en Santa Fe existía un gran número de obreros rurales de tipo “golondrina” -migratorios entre las tres provincias y temporales- dedicados a las tareas de recolección del algodón y la caña de azúcar, y dentro del sector forestal afectaba a tres procesos productivos distintos: el obraje, la industria maderera y la industria taninera.

El obrero forestal que se autodefinía como “…hachero nomás” (v. Moyano W y Marrone, 2009) estaba identificado históricamente con “La Forestal”, nombre con que se reconoció a una empresa que tuvo distintas denominaciones en su evolución, pero una sola realidad de imperialismo económico. Como estado-enclave en la zona que fue la principal reserva de quebracho colorado del mundo, de gran importancia en S XIX y primera mitad del XX por sus propiedades taníferas para curtir el cuero, La Forestal tenía moneda, policía, ferrocarriles, autoridades políticas y banderas propias. Su estructura era tal que el dicho popular distinguió lo que es particular y lo que era de La Forestal[8]. Centralizada en el norte de Santa Fe, desde la vecina provincia de Corrientes afluyó el grueso de los obreros, y los correntinos fueron los hacheros sobresalientes y en escala menor los también vecinos santiagueños y chaqueños, y los paraguayos.

En ese contexto se desenvolvió el hombre del monte; en lo que pocos años antes había sido una cultura indígena se instaló esa forma de vida, organización y costumbres extrañas, y la vida de cada uno de los hacheros que trabajaban para La Forestal pasó a depender del desarrollo de la Compañía.

Las modalidades de contratación y trabajo en las explotaciones de La Forestal eran: 1.El obrero se conchababa indirectamente con la Forestal por intermedio del contratista-obrajero; la empresa respondía por accidentes de trabajo, le imponía cierta forma de seguro, le entregaba materiales para vivienda, etc. 2.Ingresaba al trabajo del monte, si era casado, con su mujer y sus hijos, 3.Por la cantidad de madera puesta en condición de carga se fijaba lo ganado,4.Estaba obligado a comprar todas las mercaderías necesarias al contratista, que a su vez debía adquirirlas en la Forestal, 5.Se le pagaba con vales, y los vales -o las fichas en su caso- volvían a manos del contratista casi siempre sin entrega de dinero, porque todo lo insumía la alimentación, el vestido, la bebida y aún las deudas por juego contraídas con el contratista…o por préstamos. (Gori, G., 1974:175)

La empresa sometía cíclicamente a su personal a una situación de desocupación, producida por la devastación de una zona, por saturación de mercado o por falta de transporte, que se extendía hasta que se reubicaba nuevamente al personal, con lapsos de varios meses. Además, se usaba el sistema de trabajo por turno. Todo esto aumentaba la necesidad del hachero y siempre había mano de obra capaz de venderse más barata. Para esto migraba en norte de Santa Fe y en vecinas provincias de Chaco y Formosa donde también se cultivaba el algodón (Slutsky, 1975) Esta modalidad de trabajo, y el hecho de percibir remuneraciones a jornal y por destajo, convirtió a estos trabajadores en “semi-permanentes” por su relativa continuidad en un mismo empleo, a diferencia del transitorio, quien durante el año se ocupa en varias actividades y bajo distintos empleadores -caso cosecheros algodón, estibadores, tareferos de yerba, etc-. El hachero además se incorporaba durante los meses de verano en la cosecha del algodón con su familia para obtener ingresos adicionales[9], y en las explotaciones forestales sólo quedaban los hombres solteros y los que realizaban trabajos con algún tipo de calificación: quemadores de carbón, rodeadores con carro, y otros.

No obstante, lo acendrado y exitoso de este modelo de producción y trabajo para la empresa, entre 1948 y 1963 La Forestal levantó sus cuatro fábricas porque en esa época el mercado mundial de tanino se redujo por el reemplazo del cuero por productos sintéticos. Simultáneamente había aumentado la producción de mimosa -desde 1940- en Rhodesia, Kenya y Sudáfrica, también controlada por La Forestal bajo otros nombres. Se hundió también la industria taninera en Argentina porque La Forestal elevó el precio del producto haciéndolo incompatible en el mercado mundial[10]. En 1964 el gobierno provincial de Santa Fe, en lugar de expropiar le compró a La Forestal 110.000 Has a altos precios (las de peor calidad y las de estancia) para planes de colonización. El resto de las tierras del antiguo Imperio de La Forestal continuaron perteneciendo a la empresa y se fueron vendiendo en forma privada. Así fue como la riqueza taninera del quebracho colorado se desperdició y dejó de ser utilizada, porque además La Forestal en esa etapa inutilizó gran cantidad del quebracho y destruyó las plantas jóvenes, desmontando, pero no destroncando.

La Cuña Boscosa -sobre todo la Santafesina- quedó así devastada, y no sólo en sus recursos naturales. Hasta la decadencia de La Forestal la estructura social había mantenido hábitos semi nómades en la mayor parte de la población hachera, con alto grado de analfabetismo, y cuyo centro de la vida era el obraje donde según el Informe especial: La explotación del hachero.” se evidenciaban las profundas relaciones de dependencia,

  • (…) la alimentación en el hombre de monte es muy escasa en proteínas y abunda en hidratos de carbono (fideos, arroz, harina y maíz). Come carne dos veces por semana y la leche no es habitual. Su alimento básico es chipa con mate. Y su provista es sólo en forma semanal.
  • la vivienda en el monte está hecha para ser desarmada: construcciones con techo de paja o palma, que es usada por los hacheros que viven en los poblados cuando van al monte a trabajar.
  • el agua: en el monte es una fortuna encontrar agua apta para consumo, muchas veces deben trasladarse de 1 a 5 km para conseguir agua potable, por eso usa a veces para su alimentación el agua de charcos y cunetas.
  • el servicio sanitario: sólo hay en los pueblos, en los obrajes no. En todo lo que fue el domino de La Forestal quedaron cinco médicos radicados en lo que fueron los pueblos industriales, donde es alto el porcentaje de leprosos y sobre todo de tuberculosos (más del 50% de los hacheros). (“La explotación del hachero”: En Revista Compromiso, 1968).

De este modo en la gestación, evolución y levantamiento de La Forestal estuvo subsumida toda la vida de la zona boscosa y quedó la herencia de su paso -ya retirada la empresa- de una realidad social en torno a las relaciones de producción forestal donde el hachero estaba inmerso en una profunda desigualdad.

La Forestal trabajaba fundamentalmente por medio de contratistas con los que estipulaba las condiciones de trabajo, y este a su vez contrataba personal, hacheros, para el desmonte. Así La Forestal no mantenía ninguna relación directa con el hachero (salvo en algunos casos que contrataba pequeños grupos), sino que era el contratista quien regulaba las condiciones de trabajo, pagaba los jornales y prestaba herramientas. Una vez desaparecida La Forestal, el sistema del contratista se mantuvo. (Golbert,L. y Lucchini,C., 1974:60)

En este complejo entramado de relaciones sociales encontramos en los sesenta un sistema con contratistas, continuadores naturales del sistema aplicado por La Forestal, quienes ejercían la dirección del trabajo y se hacían cargo de la producción, sin importar si eran propietarios o no del monte, pero que sí tenían bajo su mando para la explotación. Constituían la clase alta local -a quienes la empresa al retirarse premió con tierras a muy bajo precio- junto con los comerciantes fuertes, abastecedores de los contratistas actuales y de los almacenes minoristas. Mantenían contactos con los centros de poder y ejercían mayor presión política a través de los altos funcionarios, con vínculos familiares o de amistad. Eran como la herencia numerosa de La Forestal. De ellos dependían los hacheros, fleteros y en general el personal del obraje, que se abastecía de la provista semanal del mismo almacén del contratista o alguien vinculado a él. El sistema se basaba en que el trabajo efectuado se compensaba con la mercadería -ya remarcada- retirada, y podían pasar años de trabajo sin que quedara saldo acreedor para un hachero con un salario de $6.000 y promedio de cuatro hijos (Gori, 1974)) sin salario familiar[11].

Descendiendo en la escala de poder local el sub-contratista, -obrajero-, residuo del sistema anterior de contratistas o propietarios importantes con grandes extensiones, a quien le pagaban según lo que se producía. Con él se conseguía el doble objetivo de crear una barrera (propio de La Forestal), y la trampa legal pues el dueño a la vez tenía a sus contratistas que no cumplían leyes, y a su pequeño grupo de hacheros en condiciones legales que funcionaban como la “cobertura” en cualquier investigación. Los subcontratistas eran considerados parte de la clase media local junto con los funcionarios (policiales, judiciales y políticos) y los pequeños comerciantes. Sin comportamiento uniforme ejercen el poder local adecuándose a la clase alta de la que dependen. El hachero en este sistema estaba peor que con el contratista, porque la ganancia del intermediario era en proporción directa con la plusvalía que obtenía del trabajo de sus hacheros.

Otra modalidad de relaciones sociales se produjo a través del sistema de arrendamiento-aparcería, por medio del cual el dueño entregaba el monte a un grupo de hacheros para trabajar cada uno por su cuenta, y a cambio le debían entregar la producción y comprarle las mercaderías, quien se las entregaba en la medida en que comercializaba la producción, para lo cual solía esperar una situación ventajosa del mercado. Así los hacheros perdían a veces lo trabajado y emigraban buscando otros trabajos.

Convertida la Cuña en los sesenta en una región empobrecida económicamente, la actividad principal de la explotación del monte se redujo a sacar postes y sobre todo leña para la combustión directa o para la elaboración de carbón o durmientes como materia prima para locomotoras. Esta situación se agravó por la caída de los precios de dichos productos extraídos, lo que perjudicó al sector más amplio que depende directamente del trabajo del hachero, quien se transformó en el emergente de la marginación general en que se encuentra la zona”.

Con un ingreso medio mensual del hachero de (según declaración de obispo y diócesis de Reconquista, Mons. Iriarte) $6.000 (en 1969 sueldo básico $22.000), pagando de acuerdo a lo establecido por la Resolución nº 6/96 (vigente desde 1/4/66) en la Comisión Nacional de Trabajo Rural. En este sueldo no se incluye el salario familiar, que no se está pagando en casi ningún obraje y su reclamo es motivo de separación y de inclusión en el comentario de “…ese denunció al patrón”, resabio de las listas negras, lo que supone serias dificultades para conseguir trabajo. Por qué una resolución oficial fija una remuneración tan exigua se debería a que el sueldo se determina por el trabajo realizado y el cálculo de la ecuación valor-trabajo se estableció de acuerdo a pautas de producción en momentos en que había abundancia de producción forestal, pero sin tener en cuenta “las condiciones especiales en que se desarrolla hoy y lo tornan ineficaz en la ecuación tiempo-trabajo: Ausencia casi total de postes y vigas de algarrobo y escasa de quebracho, los productos cuya elaboración rinde más al hachero; demora en buscar el corte y preparar la madera para entregar y ayudar a cargar, lo que supone pérdida de tiempo no contemplada; pérdida de tiempo para hacer la provista (abastecimiento de mercaderías), que a veces supone más de un día por semana. El trabajo en el monte no es posible cuando llueve. Así, los días que son laborables no pasan de 15 mensuales. (“La explotación del hachero”: 1968).

Por arrastre también disminuyeron las fuentes de trabajo, no ya de las plantas industriales sino de las actividades restantes como los pequeños aserraderos, al no haber suficiente consumo interno y no poder ubicar su producción en otros mercados. También se vieron perjudicados los obreros de las carbonerías, porque los costos de producción, las leyes sociales y el salario familiar no permitían ganancias a los empleadores, quienes se cubrían sin cumplir dichas obligaciones sociales, lo que llevó a que los obreros de carbón subsistieran sólo como un paliativo a la desocupación. Pero el caso más extremo fue el de los obrajes, por su extensión e importancia, que se fueron cerrando en la zona santafesina porque la ganancia que producía su explotación no pudo competir con inversiones más rentables y menos problemáticas -por los costos sociales- en otras actividades económicas, lo que llevó a su traslado a otras zonas de la cuña boscosa más tranquilas[12], como Formosa y eventualmente Chaco, donde se requería mano de obra estacional.

Históricamente el proceso de expansión algodonera necesitó la incorporación de mano de obra asalariada, que se producía en las épocas de levantamiento de la cosecha. Esta mano de obra, explotada por los colonos miembros de las cooperativas, eran campesinos empobrecidos que vendían su fuerza de trabajo a los medianos productores, hacheros provenientes de los obrajes madereros, migrantes de provincias cercanas como Corrientes y Santiago del Estero, como así también los indígenas que habían sido desplazados de las zonas productivas chaqueñas. La carencia de mano de obra, o la dificultad de sujeción de la misma, será un reclamo permanente de los colonos durante este período, reclamo que será encauzado a través de reclamos realizados a miembros gubernamentales, respondiendo estos últimos mediante políticas públicas favorables a la demanda de los colonos. (Iñigo Carrera, N., 1986:10) (Rozé, 1979:42)

Además en Formosa, al contrario del Chaco, el proceso de modernización agraria no se había dado con expulsión de mano de obra, sino que en la década del sesenta aumentó la población de la provincia a partir de la ubicación de la mano de obra estacionaria en tierras fiscales, y también por el acceso de campesinos expulsados de otras provincias que atraídos por la existencia de tierras fiscales se instalan rozando pequeñas superficies de monte, haciendo subsistencia, alguna hectárea de algodón y vendiendo su fuerza de trabajo en tareas estacionales, en especial en el Chaco, en reemplazo de la mano de obra paraguaya. (Rozé, 1992)

No obstante, durante la campaña algodonera 1973/74 fue grave el problema de falta de braceros para la cosecha, lo que perjudicaba a un mercado de trabajo rural ya limitado. Sin mano de obra suficiente para cosechar el productor cultiva menos, por eso en acuerdo con los productores y el estado, se buscaron cosecheros en Santiago del Estero. Y en relación a los obreros rurales paraguayos, cuando tenían problemas de pago aunque FATRE los representara en el Ministerio no le daban curso a las demandas si no tenían los papeles en regla, como una forma de reducir la gran cantidad de inmigrantes ilegales de ese país vecino. (Lockett,  1975)

Las principales cuestiones que afectaban en tanto asalariados a los obreros rurales en la provincia eran -además del salario y condiciones de trabajo- la sanitaria y la falta de agua potable.

En la provincia de Misiones, por su parte, la diversidad de la producción agrícola llevaba al obrero rural a alternar sus ocupaciones agrícolas estacionales en las cosechas de yerba, té, tabaco, tung y citrus a lo largo del ciclo anual, lo que demuestra la diversidad y segmentación de ramas de la actividad y la movilidad territorial en la pcia. (Flood, 1972) La importancia de cada cultivo influía en los niveles de ocupación de los asalariados rurales.

  La ocupación rural en Misiones cumple a grandes rasgos el siguiente ciclo anual: “comienza en enero con la yerba (zafrilla) coincidente con el té y el tabaco, en febrero se inician las tarea  de cosecha del tung que alterna con el té y tabaco; en marzo termina generalmente  la cosecha del té y tabaco y comienza la zafra de la yerba mate; en abril y mayo continúa el tung y la yerba y comienza la plantación en reforestaciones; en junio, julio y agosto prosigue la yerba y se inicia el citrus -especies invernizas-, en septiembre sigue la yerba y el citrus preparándose la cosecha del té con la poda; en octubre y noviembre se da la recolección del té y citrus y termina el replante en las reforestaciones y en diciembre el final del citrus. (AAVV. La situación del peón rural en la provincia de Misiones. Posadas: 1973)

En los sesenta la estructura de la producción primaria yerbatera y tealera había cambiado, y muchas de las explotaciones familiares eran de medianos productores colonos capitalizados[13], que habían incorporado capital variable a sus explotaciones y además de usar mano de obra familiar también contrataban obreros golondrina.

 Un estudio sobre la población rural realizado en Misiones a principios de la década de 1970 comprueba estadísticamente la asociación que existe en la provincia entre niveles socioeconómicos y formas de inserción ocupacional, por una parte, y la ascendencia étnica de los individuos, por otra (…) Como sostiene el antropólogo Roberto Abínzano, el proletariado rural previamente conformado en la región aportó la mano de obra barata que favorecería el desarrollo de procesos de acumulación capitalista en muchas explotaciones agrarias de los colonos inmigrantes. (Abínzano, 1985: 380, cit por Víctor Rau, 2005:173).

A principios de la década de 1970, cuando la población rural en Misiones todavía superaba a la urbana, cuando la cosecha de yerba mate enfrentaba anualmente situaciones de escasez de mano de obra, generaba uno de los empleos agrícolas mejor remunerados de la región y atraía a trabajadores migrantes de otras provincias y países limítrofes; sólo el 17% de los cosecheros empleados poseía una parcela de tierra, de los cuales el 49% eran ocupantes, el 17% tenían su parcela en Paraguay y el 6% no la cultivaba (Flood, 1972). No obstante, a partir de la crisis de sobreproducción la cosecha de yerba mate no era total sino que dependía de cómo se regulara a través de cupos que limitaban el volumen de la tarefa, habiendo llegado a prohibirla algunos años, por lo que el tarefero concurría anualmente a un mercado de trabajo más incierto que el algodonero (Lockett, 1975). Pero en líneas generales para asegurarse la mano de obra los empresarios agropecuarios y forestales presionaban a los gobiernos -provincial y nacional- para que permitan el ingreso al país desde Paraguay y Brasil con permiso de permanencia hasta seis meses a los 4.000 braceros anuales que trabajaban en la cosecha.

Así en 1971 el 36% de los productores contrató peones transitorios en yerba mate, y el 24% permanentes en té y tung. En el mercado de trabajo yerbatero[14], la cantidad de trabajadores asalariados que movilizaba la actividad durante la cosecha era la más numerosa en Misiones, ya que se contrataban anualmente entre 10.000 (Flood, 1972) y 25.000 obreros por temporada (Cardozo, 1998) para unas 8.300 explotaciones agrícolas yerbateras de más de 5 Has en las zonas yerbateras más importantes: los departamentos Apóstoles, Oberá, San Ignacio y El Dorado.

 Aunque la contratación y gestión del personal de cosecha en la mayoría de los casos no corría por cuenta de los productores sino de las empresas agroindustriales con sus cuadrillas en sus propios yerbatales y los de terceros[15], el mercado de trabajo para la cosecha estaba vinculado en la provincia con su carácter tradicional y con el mundo de vida regional en que se hallaba inscripto, con pautas, costumbres y normas consuetudinarias que desde la legislación peronista habían contribuido a regular socialmente su funcionamiento, institucionalizado la conflictividad obrero-rural por la vía jurídica. De este modo hasta fines de los sesenta además de la microresistencia -o la movilización por prohibición de la cosecha en el año 1966-, casi no hubo acciones colectivas de lucha abierta protagonizadas por asalariados cosecheros de yerba mate en Misiones (Rau, 2005)

En Corrientes la situación de los trabajadores rurales difería de las demás provincias del NEA, porque no se desarrollaban casi cultivos que requirieran anualmente grandes contingentes de trabajadores estacionales, como el algodón y la explotación forestal en la Cuña Boscosa o la yerba mate en Misiones. Al respecto, en los setenta sólo se cultivaban en Corrientes 200.000 has -y 30.000 has con explotación forestal- es decir el 2,8% de las tierras, mientras el 10% era de monte y el resto para ganadería (Lockett, 1975), lo que llevó a que la utilización de mano de obra fuera acorde a la subutilización del recurso tierra en las explotaciones ganaderas, en contraposición con el uso intensivo en las agrícolas. (Carballo, 1975)

En Corrientes la mano de obra rural no estuvo históricamente sometida a ningún disciplinamiento para ser integrada a procesos productivos más complejos, sumados a la barrera idiomática del guaraní, y su mezcla con el castellano -el yopará- lengua cuyos límites de expresión son definidos por los límites rurales que la caracteriza. (Rozé, J.,1992:117)

Esta mano de obra rural estaba condicionada por la especialización del agro provincial en ganadería, y por

(…) una estructura económica con cultivos industriales -que tradicionalmente demandaban gran cantidad de mano de obra- basados en el trabajo familiar inclusive en la cosecha, excepto el té o la yerba cultivados en pocos y grandes establecimientos que concentraban la producción, y el arroz y citrus con poco requerimiento de personal, la mayor parte de los obreros rurales eran asalariados permanentes en la ganadería. FATRE estimaba que alrededor del 90% del personal “incluido en el Estatuto del Peón trabaja en las estancias y en las quintas (citricultura)”. En las estancias sobre todo en Curuzú Cuatiá, Mercedes y Goya, y en quintas en Saladas, Monte Caseros y Bella Vista. (Lockett,F., 1975:8)

Así a principios de los setenta, mientras el personal de estancias era asalariado permanente bajo un sistema paternalista y clientelar del patrón, la mano de obra ocupada en relación al cultivo dependía de la incidencia del mismo en el valor total de la agricultura. El tabaco ocupaba el 2º lugar en cultivos con el 19,52%, pero el 94% de los productores no empleaba asalariados permanentes y el 14% ocupaba solo entre 1 y 3 obreros transitorios para tareas ocasionales. A esta reducida demanda de asalariados por parte de los campesinos se sumaba que un 25% de ellos se desempeñaba en una o más ocupaciones fuera de la propia chacra.

Los cultivos que demandaban mayor volumen de mano de obra asalariada en la pcia en valores absolutos eran el arroz y los cítricos[16], según estimación de FATRE, para quienes los cultivos industriales -tabaco, yerba, te- se ubicaban en tercer lugar y otros cereales -maíz, sorgo- solo en embolsado y almacenaje. Los asalariados que mejor estaban eran según FATRE los de yerba y té en establecimientos grandes, no así los del tabaco, pero al ser trabajadores transitorios podían pasar de una situación laboral a otra (Lockett, 1975)

 En el cultivo del tabaco, sobre todo en la zona de Goya, la fuerza de trabajo era el insumo principal para todas las formas de tenencia, tanto propietarios (69%) como aparceros (51%). Entre 1960 y 1969 se había estancado la superficie cultivada, pero se multiplicaron las explotaciones -el 65% nuevas explotaciones surgidas entre 1960 y 1969 menos 25 has, en el 1,7% de las tierras cultivables de pcia.- agudizando el problema minifundista.

Entre los productores tabacaleros había tres tipos de propietarios de acuerdo al origen de sus ingresos: los que trabajaban con sus familias y no recibían renta de aparceros arrendatarios u ocupantes; los que trabajaban con su familia y sí recibían renta en dinero, especie o trabajo de sus arrendatarios, aparceros u ocupantes, y los que no actuaban directamente en la producción tabacalera, sin trabajo familiar, eran terratenientes de explotaciones tabacaleras basadas en el trabajo de asalariados. A la vez, dentro de este sector de propietarios de explotaciones familiares había una división entre los que vivían solo de la producción tabacalera con mano de obra familiar que autoexplotaban y recurriendo ocasionalmente a la de terceros; y los que tenían otra fuente de ingresos, el grupo campesino propiamente dicho -11% de los productores-entre los que también estaban los que debían alquilar en oportunidades su fuerza de trabajo. (Carballo, 1975)

En el área tabacalera también había ocupantes gratuitos[17] relacionados con otras producciones como el arroz, citrus o tomate a través de empresas capitalistas que trataban de disfrazar la relación empleador–asalariado o mediero-propietario y asegurarse la presencia de la fuerza de trabajo necesaria en los momentos de mayor demanda o durante la totalidad del ciclo del cultivo principal. Lo mismo ocurría en algunas explotaciones ganaderas donde se mantenía el sistema de ocupantes gratuitos a pesar de haber alcanzado un importante grado de desarrollo. Por eso “…la subsistencia de formas de producción atrasadas se da en un contexto totalmente distinto, porque constituye trabajo explotado en una empresa capitalista que maneja relaciones sociales de tipo precapitalista para lograr un grado extraordinario de la mano de obra[18] (Carballo, 1975)

Con este sistema el sector de grandes productores en Corrientes cultivó en conjunto durante el año agrícola 73/74 una superficie con tabaco estimable en 4.000 has, que a un rendimiento promedio de 1.000 kg/ha representa unos 4 millones de kg, algo más del 18% de la producción total de la provincia incluyendo los tipos criollo correntino y bahía. El resto de los productores (95,26%) se repartían la producción del 82% del tabaco faltante en una forma de cultivo atomizada en proceso de concentración (Carballo, 1975)

Tanto los aparceros minifundistas como los ocupantes gratuitos -base de las Ligas- eran trabajadores directos, dependientes y representativos de este modo de producción precapitalista, campesinos en una concepción más amplia, por predominio del uso de mano de obra familiar y ausencia de un proceso de acumulación de capital. El 86,9% de las explotaciones tabacaleras que cultivaban en los sesenta 4 has o menos con tabaco se basaban en el uso de mano de obra familiar, porque aumentar la plantación por encima de esa cantidad implicaba tener que contratar mano de obra de terceros (4 ó 5 has de tabaco raramente alquilaban su fuerza de trabajo, ya que contaban con ahorros y posibilidad crediticia para los malos momentos).  

En esta franja el 20% de los que cultivaban menos de 1 ha. eran semiproletarios rurales que tenían otra fuente de ingreso, ya fueran trabajadores rurales permanentes cuya retribución era inferior a sus necesidades, o aparceros u ocupantes gratuitos con grupo familiar con poca capacidad de trabajo y debían hacer changas. No obstante, el alquiler de la fuerza de trabajo de los productores y su familia no era fácil puesto que en la zona no había fuentes de trabajo fijo o estacional. Esta fue una de las razones de la supervivencia de una estructura tabacalera basada en el minifundio y en la explotación del trabajo familiar. (Carballo, 1975)

En contraste, ya por encima de las 2 has con tabaco según la cantidad de integrantes y edad del grupo familiar el productor tanto alquilaba su fuerza de trabajo como alquilaba fuerza de trabajo asalariada de pequeños productores o de productores que habían perdido la cosecha. Y a partir de explotaciones de 7 has (61% del total) el trabajo asalariado se convertía en la base de la producción, lo que podía significar el inicio de una nueva forma de producción en el cultivo de los tabacos oscuros, al incorporar entre otras modalidades productivas la mano de obra asalariada.

En cualquier caso, era la fuerza de trabajo familiar la que determinaba el momento del ciclo del cultivo en que se producía el ingreso de fuerza de trabajo ajena. Si era numerosa, los asalariados participaban al comienzo del ciclo en forma ocasional cubriendo tareas que requerían mucho esfuerzo -trasplante, carpidas- y después en la cosecha y curado en forma constante. Si eran familias con pocos integrantes la mano de obra asalariada participaba en todo el ciclo del cultivo, reforzándose en los momentos de mayor demanda.

Finalmente, en Entre Ríos casi no hubo proletariado agrícola en las Ligas, ya que hubo obreros rurales en la producción de arroz (no liguista), y en el resto de la producción la base era la explotación familiar que dependía del sistema integrado con las agroindustrias, en la que sí hubo asalariados –no rurales- por quienes reclamaron las Ligas. A la vez, pequeños y medianos citricultores del noreste provincial sí requerían asalariados transitorios para las cosechas, quienes por lo gral se trasladaban con sus familias a la zona. (Tadeo, 2006) No incluimos la relación de los obreros rurales pampeanos -el asalariado clásico, peón de estancia- porque no fue una preocupación central de las Ligas, aunque sí en el Movimiento Rural de ACA. Los mismos se relacionaron con las Ligas a partir de las propuestas de transformación de la propiedad de la tierra más que con una participación real, y prácticamente sin actividad sindical por fuera de la burocratizada FATRE.

2. Subjetividad y objetivos de los obreros rurales. Las posibilidades de un proyecto común con las Ligas Agrarias

En las Ligas Agrarias se relacionaron de diversas maneras los productores y los trabajadores rurales. Ya dentro del Movimiento Rural convivían ambos sectores y -pese a los intentos de igualación de la mediación eclesial- a la diferenciación socio-cultural entre gringos y criollos se sumaba la distancia entre patrón y obrero durante las cosechas. La crisis de los medianos y pequeños productores por una parte afectó a los obreros rurales con despidos, desocupación y migraciones, pero también en algunas provincias los “hermanó” como sectores excluidos de los beneficios del sistema. La complejidad de esta vinculación se profundizó durante el desarrollo de las Ligas agrarias, entre otras razones porque fue aumentando la distancia entre sus respectivas demandas y objetivos.

Son temas que se fueron discutiendo en todo el proceso también: si integrar a los obreros rurales a las ligas o no, si integrar a los aborígenes a las ligas o no. Cuando vino Lanusse, por ej., en Sáenz Peña hablaron los representantes de los obreros rurales. Estaba en discusión si integrar todo en un mismo movimiento. Y pensamos que lo más correcto era que se organicen los obreros rurales con su propia estructura organizativa, que eran una problemática particular… porque existía el riesgo de que fueran fagocitados por los patrones, sus reivindicaciones se diluyen. (O. Q. Lovey, 1995)

En las bases de las LACH no aparecían sectores semiproletarios masivamente, (Rozé, 1992) aunque abundaban en la provincia los obreros golondrina para la cosecha del algodón. Tampoco en Santa Fe, donde

(…) había pero muchísimos obreros. Era impresionante la cantidad de obreros que había… Yo un año tuve hasta 40 cosecheros de algodón. Y hoy no puedo tener ninguno, porque no lo puedo tener… (miembro ULAS, 2010) (…) “y, sí, cualquier gringo pilincho como nosotros, teníamos 10, 12 o 15 obreros… y en la caña otro tanto, en la caña hasta 40 o 50. (miembro ULAS, 2010)

Por otra parte, el cierre de las fuentes de trabajo forestal (ingenios, talleres de reparación de ferrocarriles, obrajes) que había afectado desde los tempranos sesenta sobre todo a la Cuña Boscosa Santafesina dio lugar antes de la acción de las ligas a la mediación eclesial del Movimiento Rural, y también de INCUPO.

INCUPO se dedicaba más bien a la parte obrera, hacía trabajos de alfabetización, por radio, programas y todo. Y nosotros éramos más bien la parte agrícola, qué se yo, había esa división entre obreros y patrones, se da porque cada uno tiene intereses distintos, modo de pensar distintos, por ahí hoy hay racismo si querés, pero en general no había problemas, pero se trabajaba en forma distinta. (miembro ULAS, 2010)

Y en más de una ocasión el MR con el obispo y los sacerdotes de Reconquista[19] habían denunciado las condiciones de vida de los obreros hacheros en el norte de Santa Fe,

Hacemos nuestro el grito de la gente que sufre injusticia, porque no podemos seguir predicando el evangelio sin gritar sobre los techos el llanto y la invocación de los oprimidos (…) la situación dolorosa de la población de la zona del monte por la desocupación, bajos salarios, inseguridad laboral, despidos abusivos y especulación con su hambre. (Rev. CIAS, ene 1967)

Es importante destacar entre los aportes eclesiales la valiosa actuación del Hno. Arturo Paoli en los obrajes del Norte de Santa Fe, con los hacheros y sus comunidades, desde principios de la década del 60, cuando se introdujo la propuesta de formación de cooperativas con los obreros rurales -tanto de hacheros como de obreros cañeros-, lo que también trajo cambios en las relaciones sociales rurales.

El proyecto de la Cooperativa Fortín Olmos en la Cuña Boscosa

La Cooperativa Agropecuaria y Forestal Ayuda Fraternal Fortín Olmos[20]fue una experiencia pionera de organización de los obreros rurales en los sesenta. Se originó ante el agravamiento de las condiciones de vida de los hacheros[21] por la crisis regional y el avance de las agroindustrias, y contó desde sus inicios con el respaldo de profesionales y cuadros cristianos comprometidos con el cambio social.

En este contexto comenzó a funcionar la Cooperativa solamente en Fortín Olmos, en la zona de influencia del pueblo forestal, y su procedimiento fue entregar lotes adquiridos [22] a La Forestal a los hacheros y a subcontratistas para que exploten el monte, pero iniciando a la vez la explotación agrícola en la zona. Como cooperativa de producción y comercialización, en la producción forestal el socio de la cooperativa -por sí o tomando hacheros a su servicio si tenía lote extenso explotaba la parcela y debía entregar la producción a la cooperativa que se encargaba de comercializarla, liquidando en definitiva a sus socios según el precio de comercialización menos un descuento para gastos de administración y otro descuento en concepto de aforo para pagar los lotes. A pesar de las difíciles condiciones de producción y de comercio en la zona, se notó una mejora en la situación del hachero que explotaba su propiedad, porque ambos descuentos -gastos administrativos y aforo- eran menos que lo que retenía su patrón en sistemas anteriores.

Aunque el conjunto de estos obreros en situación de dependencia directa (hacheros, fleteros, carboneros) -el 80% de la población rural de la cuña boscosa- podía ser considerado de clase baja, con la experiencia de la cooperativa que le permitió ejercer un liderazgo y proyectarse con objetivos propios surgió desde la clase baja un nuevo grupo social, la clase media baja, (Informe…, 1968:8) que no respondía a la caracterización típica de la zona. La integraban ex hacheros y ex fleteros (transportista de los rollizos de madera o el carbón en carretas en la Cuña Boscosa) particularmente interesados en la explotación agropecuaria, aunque no era su actividad principal. No difería de la clase baja en su situación económica y condiciones de vida, pero sí en sus objetivos.

Objetivos estos que, en una Cuña boscosa que estaba muriendo como riqueza forestal y en donde sólo había una economía de subsistencia, se orientaron a la transformación de la zona devastada usando la tierra, pero con una nueva relación de los obreros con respecto a su propiedad y explotación.

No se puede pensar en una solución de raíz mientras la tierra siga en manos de personas que hacen de ella bien de lucro o que la explotan o se enriquecen con el trabajo de otros El sector asalariado no tendrá una solución mientras no tenga la posibilidad efectiva de ejercer la gestión sobre la tierra que con sudor abonaron sus mayores y que hoy -en el momento del reparto- se quiere volver a medir en función del valor dinero, que él no tiene pero que sí lo tiene quien los ahorró sobre la base del trabajo del hachero que lo sirvió. El capitalismo que permite esto será nefasto en los textos conciliares, pero es la realidad diaria y necesaria de nuestra sociedad. Una de las pocas esperanzas de la zona -ya a nivel paliativo- son las 110.000 has que el gobierno compró a La Forestal y que están en vías de colonizarse. Aunque sólo sea el 10% de las que tuvo La Forestal, sería importante que el gobierno haga justicia y las entregue a sus dueños -los hacheros- sino en pocos años el actual hachero será el peón de los modernos colonos o hábiles estancieros. (Informe.., 1968:11).

Pero la solución para el proyecto de la cooperativa de Fortín Olmos no era entregar simplemente la tierra a los hacheros, sino un proceso total de desarrollo humano que suponía explotación en común, asesoramiento técnico y provisión de implementos de trabajo. Al respecto la experiencia de Fortín Olmos -entrega de parcelas a agricultores individuales- justamente tenía sus puntos críticos en la imposibilidad de subsistencia de los hacheros que poseen la tierra individualmente, agravado porque la tierra no es totalmente apta para la explotación agropecuaria y que para ponerla en condiciones de producción se necesitaba un trabajo de preparación que insumía tiempo durante el cual no se podía hachar -único medio actual de vida-. De allí la necesidad del grupo, para que unos prepararan la tierra mientras otros trabajaban en el monte para la subsistencia de todos.

El problema central que surgió en relación a este intento de cambio en la subjetividad del hachero era que su objetivo principal en los sesenta seguía siendo simplemente trabajar para comer y alimentar a su familia: “el hoy” tenía un carácter absoluto, de allí que no se pudiera hablar de una actitud pasiva del hachero frente a aquellas cuestiones que no tuvieran referencia a su problema del subsistir diario. (Scott, 1995) (Popkin, 1979)

Como un hombre sin libertad, y con un horizonte marcado desde su nacimiento ante un callejón sin salida, aunque el hachero no se lo pudiera explicar intelectualmente lo vivía como frustración e inutilidad, por lo que más de una vez tendía a la inercia, la resignación y el alcoholismo. Para darle un sentido a su quehacer había que tener en cuenta que su sentido no es el mismo que el de un intelectual. El, cuando despierta a la realidad, lo que quiere es reunir los medios para eliminar esa inseguridad que lo ha rodeado toda su vida y eso supone encontrar el camino que le resuelva su “problema fundamental”: la subsistencia física, punto central de su motivación. Si se consigue asegurarle esto es probable que humanamente se le puedan proponer otras perspectivas, pero la posibilidad de responsabilidad personal y la autoexpresión están condicionadas al hecho cierto de que consiga encontrar el medio de allanar el camino del hambre (Informe sobre explotación…, 1968).

Así, la experiencia como intento de autoexpresión de la cultura hachera demostró que el hachero sólo se moviliza ante una reivindicación económica o para el logro de una mayor seguridad o conquista del mismo orden. El problema de fondo es que la autoexpresión generalmente se ha manifestado como algo insinuado y a veces dirigido por agentes externos (Scott,  1995), lo que se explica por la misma condición de dependencia arraigada como valor cultural del hachero, por lo que según “Informe de la explotación…(1968:9) parecía  improbable en ese momento “que el hachero por sí mismo alcance a desarrollar sus objetivos, sin la presencia, al menos en las etapas iniciales, de agentes externos que le ayuden a descubrir y canalizar los mismos. Creemos que está aquí el gran peligro y la gran esperanza de la actual situación.”

En consonancia, se comprobó además que el nuevo propietario del campo, aún con formación cooperativa, siguió los modelos de la sociedad en que vivía -la de La Forestal- de modo que en la medida en que llegaba a comprender cómo podía beneficiarse con el sistema de asalariado trataba de implantarlo. Por eso se encontraron ex asalariados que contrataron nuevos asalariados para ellos por la lógica del sistema en el que trabajaban en el que no les quedaba otra opción si querían capitalizarse. Esto engendró la existencia de esa clase media baja que venía del sector hachero pero comprendía las posibilidades de un crecimiento a partir de la explotación agropecuaria, y en ese sentido se transformaron en nuevo grupo de poder.

Otro frente de conflicto latente interno fue la relación entre hacheros y subcontratistas-obrajeros, ambos grupos integrantes de la cooperativa. En tanto el desarrollo humano implicó también la promoción social por medio de actividades culturales, deportivas y recreativas, la Cooperativa creó y administró el Club Social y Deportivo “El Fortín”, cuyos integrantes eran todos sus miembros obreros y obrajeros. Esta forzada sociabilización entre obreros y patrones tuvo una crisis ante la posibilidad de que la comisión directiva fuera presidida por un hachero en 1968.

De este modo, el proyecto de cooperativa en Fortín Olmos no trascendió del nivel de una experiencia precursora de búsqueda de cambio socioeconómico y del hombre nuevo en los sesenta. Aunque continuó hasta mediados de los setenta -y aún hoy en contratos de arrendamiento, aunque no como proyecto colectivo- en 1968 comenzó a darse por concluida por diversas razones, ya fuera por la divergencia en los proyectos de los militantes coordinadores, que llevó por un lado a la radicalización y persecución política y por otro al desencanto, como también “porque es más parte de una visión para el futuro que de una realidad actual” (Informe…, 1968: 8) de la Cuña Boscosa.

La convivencia de obreros y productores rurales en las Ligas Agrarias

Que el hachero -como parte de su subjetividad- sólo se movilizaba ante una reivindicación económica o para el logro de una mayor seguridad material, era una característica que se extendía al conjunto de los asalariados rurales, condicionando su relación con las Ligas agrarias. Los principales espacios de interrelación se dieron en torno a la producción algodonera y forestal, sobre todo a través de sindicatos y cooperativas.

En el mundo sociocultural rural que formaba las bases de los productores y trabajadores rurales en la Cuña Boscosa se evidenciaban como causas de estos conflictos las relaciones de producción -los productores medianos y pequeños empleaban mano de obra estacional incluso entre los propios miembros de las Ligas-, y también los distintos orígenes étnicos de las bases liguistas (v. cap 5) y sus diversas creencias.[23]

La mayoría hijos de friulanos, por las características de la producción del campo en ese momento, era el algodón y la caña de azúcar, pero fundamentalmente el algodón, que usaba mucha mano de obra contratada. Entonces esa gente tenía también en determinadas épocas del año gente que hacía ese trabajo. Pero no porque tuviera peones permanentes o que él estuviera viviendo en el pueblo, o que hiciera trabajar. No, trabajaban todos directamente: el padre, el hijo y el espíritu santo. Y algunos se quedaban a vivir en la casa del patrón: Algunos volvían. Era una inmigración golondrina, que desde la Cuña del hacha a la cosecha del algodón, o de la cosecha de caña volvía a la Cuña. (miembro ULAS, 1996)

 El colono tiene otra perspectiva, otra responsabilidad, y los peones tenían sus intereses, en su cobro, en su vivienda y demás, era muy delicado para estar a nivel… (R. Sartor, 1996)

 Desde las ligas había promoción, capacitación de los productores, pero no éramos buenitos del todo…pero había una cultura, porque el acercamiento entre nosotros y los obreros lo acercó tanto el movimiento rural, ligas agrarias después. Porque antes los “gringos” eran los “gringos” y los “negros”, “negros”…duró unos cuantos años y sigue todavía, seguro (…) Una anécdota voy a contar. Cuando vino Grenóld, por los cincuenta años de sacerdocio o por el 8 de diciembre, y dio esa homilía, que pidió perdón a los obreros porque cuando iban a bendecir casa iban a las de los gringos, y pasó por delante de la casa de los peones y no la bendijo, ese tipo de cosas, viste. (miembro ULAS, 2010)

Eso fue uno de los trabajos que hizo el Movimiento Rural, tratar, porque acá evidentemente el colono gringo tenía un rechazo…Lo consideraban al criollo un ser inferior, en el fondo, porque no trabajaba, porque no guardaba, bue, porque era como es (…) En el MR había no de igual a igual, pero por lo menos comprensión hacía ellos que hacían ese trabajo, no engañarlos, no robarles (…)Había fuerte resistencia, pero hubo épocas donde se hizo trabajos exclusivos para la gente obrera. Se llamó a la campaña del oro blanco a la cosecha del algodón, oro verde a la caña de azúcar. Y hubo un intento de hacer la campaña del oro negro, que era el carbón de la Cuña, que creería que se hizo muy poco. Pero viendo un poco la imposibilidad de la unión de las culturas, se buscó entonces un trabajo así, con trabajadores rurales. Ahora, estaban integrados también los peones dentro de las ligas. Lo que pasa es que ahí se armaba cada pelotera, porque claro, cada uno defendía sus propios intereses. Entonces nosotros habíamos ideado la posibilidad de crear un movimiento de peones, la liga de peones y la liga de los propietarios, porque era imposible trabajar juntos, para hacer toda una serie de reflexión, y después los temas realmente gremiales que se discuta a nivel institucional, y no a nivel particular cada uno. Ese fue el intento que hicimos, pero después…se hicieron algunas reuniones, algunos intentos, pero después vino la dictadura y… (dirigente ULAS, 1996)

No se pudo compartir eso ni integrar porque el gringo apareció también como el que sabía, y el criollo sabía que el que lo jodía era el gringo. Entonces qué me vas a venir a hablar de justicia, de Dios, y qué se yo si me estás jodiendo. El criollo escuchaba cosas que no se practican. (…)Yo en la Cuña tuve amigos que, cuando el hombre toma dos, tres vinos, se destapa. En ese aspecto el criollo es muy abierto, sincero ¿qué me van a venir a hablar de amor esos? (dirigente ULAS, 1996)

No obstante, en el MR de ACA -y después en las Ligas- hubo sectores que continuaron con una permanente preocupación por la situación de los peones y los obreros rurales, además de por su relación con los productores,…El padre Joaquín Nuñez, de ULAS, pidió especialmente a las LACH en paro activo que “…no olviden en esta lucha a los peones y hacheros que pasan una necesidad alarmante…, que son hermanos y brazos de ustedes en la lucha por la vida.”(El Campesino, LACH, nov. 1972)-

En oct de 1972 sesionó en Bs. As. el VII Congreso Forestal Mundial “El Bosque y el desarrollo económico social”,  y la Comisión Diocesana de Pastoral Rural del Chaco publicó “El libro negro del quebracho colorado”, un crítico documento de sobre la realidad forestal chaqueña.

“A nosotros nos ayudó mucho, allá por el año 63,64, vino un francés, el canónigo Goulart, que promocionó mucho la acción (…)Y ahí nace la región noreste de la unidad móvil también, que fue un camión con casilla equipado para atender lo que es salud, educación y promoción en los lugares en donde en aquella época no existía nada. Entonces recorría los montes misioneros, chaqueños, formoseños, y viene a terminar sus andanzas por acá, por la Cuña boscosa santafesina. (E. Sartor, 1996)

En función de eso se impulsó con la formación la concientización de los productores gringos para mejorar sus relaciones con los trabajadores rurales criollos que empleaban, y se promovieron sindicatos rurales.

Estaba la otra cooperativa agropecuaria ARNO de los obreros… no sé cómo era, pero capaz que era de   consumo, es que se manejaban con el sindicato y hacían la mercadería más barata. (miembro ULAS, 2010)

Pero por estos condicionantes en sus relaciones, cuando surgieron las Ligas Agrarias algunos desde el MR las consideraron como un fenómeno regional no extensible a otras zonas en que trabajaban con sindicatos de asalariados rurales, como el NOA. Esto produjo un debate interno en 1972, al separarse el MR de la Acción Católica, en relación a la conveniencia o no de continuar como movimiento, y se decidió mantener el trabajo a nivel nacional en la capacitación y formación permanente con campesinos y obreros rurales.

De este modo un sector del Movimiento Rural se volcó al trabajo con obreros rurales en la Cuña Boscosa, lo que permitió cierta continuidad con la experiencia de la cooperativa y la posterior actividad sindical.

Teníamos una visión cristiana de la cuestión. Y además lo hablábamos la gente que habíamos trabajado en esa línea, también. Yo lo que hablo de las ligas, te aclaro que yo del 69 al 77 estuve en la Cuña. Lógicamente no viví el proceso de las ligas, todo lo que sé porque me lo han contado. Tengo entendido que en algunas reuniones hasta leían el evangelio antes de la reunión, o sea que no hubo una separación. Incluso hubo una discusión, una conversación con Arturo Paoli. El me decía: es que nosotros tenemos que dar también la catequesis, porque queremos impregnar a la catequesis del espíritu de lucha, y no separada de lo que es la problemática. (miembro ULAS, 1996)

 Cuando desde el equipo de Cap. Sarmiento nos planteamos que para el sector campesinos ya se estaba dando su propia organización, su propia capacitación en base a lo que ellos estaban necesitados en ese momento, influenciados por el trabajo con los más pobres nos planteamos que en el nordeste también había sectores más necesitados que los campesinos, que era el sector de obreros rurales. (I. Kleiner, 1995)

Orientados desde la Pastoral del Monte (el equipo de monte), y con cierta distancia del proceso de las Ligas -“Nosotros nos enteramos de los conflictos con Distéfano cuando estábamos más en el sector de obreros” (R. Vénica, 1995)-, organizaron otra cooperativa de hacheros en la Cuña.

Yo fui a trabajar con las ligas, pero enseguida me pasé a lo que llamamos allá el equipo monte, a formar sindicatos de hacheros y de recolectores de algodón, que eran los obreros explotados por los liguistas. Entonces nosotros en buena parte luchábamos al margen de las ligas y hasta en contra de las ligas, el equipo monte. O sea que acá el perseguido no es de las ligas (…) Los hacheros temporalmente eran golondrinas cosecheros, empleados de los liguistas. Y hubo tensiones por eso, pero con la gente, no las ligas. Las ligas como tal no recuerdo si hubo. Pero sí: “los de las ligas son unos explotadores”, eso yo lo escuchaba allá: no le pagaban seguro, pagaban bajos sueldos, los echaban cuando reclamaban algo. Por eso hubo una opción cuando en Sáenz Peña un grupo de gente muy conforme con Distéfano nos buscó. No se puso en contra nuestra, pero él fue el que formó eso. Entonces nuestra opción pastoral fue más optar por los más pobres, que eran hacheros y golondrinas. Los obrajeros no eran de las ligas, por supuesto, ninguno. El explotador clásico era el obrajero. Pero como otra gente luego que hemos hecho esto nos propagó, entonces ahí venía cierta estridencia, no? Entonces en eso hay una diferencia muy grande entre unas ligas y otras. (J.L. Caravias, 1995)

Cuando Distéfano patea todo lo que es Ligas, nosotros seguimos vinculados con él, apoyó. Tal es así que el auto de las ligas, que era de la parroquia, nos pasa a nosotros. (…) No sé a partir de qué momento, habrá sido a finales del 74, que empieza ya a existir cierto punto de conflicto o desacuerdo en el equipo monte con Distéfano, por hechos concretos… fue cuando creo que Caravias tiene que salir de la diócesis, que de alguna manera también lo responsabilizan a él por la metodología adoptada de trabajo pastoral,… él y otro sacerdote, Barreto, que eran expulsados de Paraguay(…) Y después de dispersado este grupo de sacerdotes y religiosas quedamos nosotros y la gente de INCUPO un poco solos frente a todo este panorama gremial… Y el grupo desarticulado, Distéfano echó a todo el equipo de monte. (Vénica, 1995)

Fuimos a vivir al Chaco y desde ahí comenzamos a desarrollar un accionar con los hacheros del Chaco, que eran más necesitados todavía que los productores, y que carecían de una institución, de una organización como para salir de la situación (…) Pero nosotros seguimos vinculados con las ligas… Todavía me acuerdo que la casa en que vivíamos en Sáenz Peña era la que pagó PUCAM. (R. Vénica, 1995) “La cooperativa de hacheros La Esperanza era un grupo de más o menos veinte familias (…) Que se hizo un pueblito adentro, prácticamente: las casas, la escuela, se cobraba el salario familiar directo. Realmente extraordinario fue lo que se pudo hacer ahí. Se explotaba el monte, se hacía postes, rollizos, se llegó a hacer carbón. Se hacía ladrillos, que todavía compartíamos a veces cuando estaban quemando los ladrillos. Después se organizaron las mujeres para hacer la huerta comunitaria. Fue en el ‘74. (I. Kleiner, 1995)

La cooperativa la organizamos en Avia-Terai, una cooperativa de hacheros. Una cooperativa en Bajo Hondo, un trabajo que lo fuimos haciendo casi dos años de una metodología de visita domiciliaria, de reuniones con ellos debajo de árboles, con pizarroncito, con ese método digamos de profundizar el tema y la necesidad de agruparse. El caso que fue para evitar que se subdividan las tierras, sino que las tierras sean de todos… (R. Vénica, 1995)

Se empezó a trabajar ya en el 73, y se consolida ya para el 74 aproximadamente. Los que trabajaron mucho en esta cooperativa fueron dos ingenieros, Miguel Grundizg y Néstor Fuentes. Trabajamos relacionados con ellos, que estaban en ese momento en el Instituto de Colonización, que se organizó en esa época. (…) Se consiguió tierras a través del Instituto para esta cooperativa de trabajo, de un plan que había tenido Lanusse que decretaron ahí una reserva y después esos proyectos se aguaron…1.200 has de campo, creo que había 100 Has más o menos aptas para agricultura y lo demás era todo monte. Se organizó la cooperativa con un grupo de gente que estaba viviendo dentro de ese campo, más algunos que después ingresaron a vivir ahí. Y bueno, nos llevó todo ese trabajo muy lento y de concientización. Por supuesto, la tendencia primera era repartirse cada uno un pedacito y… Pero hacer ver que, bueno: quién quería quedarse con la parte de la cañada, quién con la parte de tierra de agricultura (…) Cuadriculábamos el terreno… me acuerdo que decíamos: bueno, vos vas a trabajar con tractor, el otro va a trabajar con caballo, porque no le va a alcanzar. Todo así íbamos, entonces iban entendiendo, hasta lograr… A través de todo ese trabajo se logró. (I. Kleiner y R. Vénica, 1995)

Cuando viene el golpe militar por supuesto destruye toda la cooperativa de hacheros La Esperanza. No es que los desaloja, sino que los desarticula, provoca divisiones, pone presa gente, de manera de destruir todo eso. Queda después ahí el nombre de la cooperativa con algunos que quedaron ahí como dirigentes, pero que en realidad desaparece todo eso…bueno, la tierra se mantiene en propiedad de la cooperativa. (R. Vénica, 1995)

Esta experiencia de trabajo con obreros rurales en la Cuña Boscosa -continuadora de la de los sesenta- a la vez que expresaba el compromiso militante en las Ligas de transformación de la realidad de los hacheros, convivía con distintas visiones arraigadas sobre el lugar que habían ocupado los asalariados rurales en las propuestas del gobierno peronista, que distanciaban a productores y obreros,

(…) el problema es que los viejos siempre nos dijeron que Yrigoyen fue un gran presidente, en cambio nos decían Perón no hizo más que ponernos trabas al darle tantos derechos a los obreros; y muchas personas de tradición radical no veían bien que algunos fueran peronistas, más todavía los que no salieron jamás de sus chacras.” (miembro ULAS, 2010)

También en Misiones hubo una profunda segmentación entre el mediano productor y el obrero rural.

En el MAM en su mayoría fueron productores propietarios de chacras de entre 3 has y 50 has, un grupo homogéneo que con el proceso de diversificación realizan cultivos combinados, excepto un grupo semiproletarizado de productores de tabaco exclusivamente. (Rozé, J., 1992:69)

Entre los cosecheros de yerba mate la cantidad de campesinos semiproletarios seguía siendo poco significativa, y no eran estrictamente campesinos sin tierra -porque no realizaban demandas por tierra y no tenían una cultura campesina o tradición considerable como agricultores- sino que estaban disciplinados casi exclusivamente en la asalarización. “El tarefero siente el orgullo de ser tarefero, y los hijos quieren ser tareferos también como los padres” (Entrevista de Víctor Rau con cosechero, El Dorado, 2000).

La categoría de productor asalariado era la de muchos productores (9% del total) que no producían para el mercado y realizaban trabajos fuera de la chacra familiar -changas- para completar sus ingresos.

Por otra parte, mientras el autoempleo familiar en agricultura en Misiones -especialmente en la orientada hacia el mercado- se percibía como un “asunto de colonos”, el trabajo asalariado para las cosechas se atribuía a otro grupo socio-cultural específico, reconociendo fronteras étnicas en la actividad agraria provincial. (Archetti y Stölen, 1975, Bartolomé, (1975 y 2000), Baranger, 1978 y Schiavoni, 1995) Un descendiente de colonos inmigrados desde Europa, difícilmente pasaba a integrarse definitivamente al proletariado cosechero, aunque sí lo hiciera ocasionalmente,

 La diferencia que hay con el resto de las provincias, que está el agricultor y el peón rural. Acá esta medio mezclado. Pongamoslé, Juan Carlos es agricultor y tal vez su hijo haga de peón rural, o a su vez el mismo agricultor un tiempo va y trabaja changueando. Entonces no había tanta diferencia. Nosotros lo que se trataba de hacer era como la concientización de lo que significa el obrero rural, que es alguien que uno necesita para la colaboración de levantar la cosecha y lo demás, que fue la parte realmente que más fue quedando creo. (S. Berent, 1996)

A su vez, la subjetividad de los obreros rurales tampoco expresaba aspiraciones de ascenso social en el sentido de convertirse en productores agrícolas independientes, sino que buscaban -igual que en la Cuña- mejorar su situación como obreros (Rau,V., 2005: 75)

  Es que en Misiones la conformación de estas dos fracciones sociales agrarias no resulta de un proceso de diferenciación desarrollado a partir de una misma población campesina. Antes bien ella adopta la forma de un “encuentro” entre dos poblaciones con diferentes rasgos de etnicidad, diferentes habitus y recursos, los que se tradujeron a su vez en distintos roles sociales y, por supuesto, también en diferencias de status. Durante el trabajo de campo en la provincia, refiriéndose específicamente a su propia posición en la sociedad regional, los cosecheros coincidían en definirla del siguiente modo: “el tarefero es el más pisoteado, el que está por abajo de todos”.(Entrevistas de Víctor Rau con cosecheros, Apóstoles, 1999 y Oberá, 2001)

En la mayoría de los casos el productor de secadero mediano o grande contrataba[24] en forma directa un obrero o una dupla de tareferos“(cosecheros de yerba mate, década 30 ya sindicatos de tareferos) conocidos por ellos, en condiciones informales (trabajo en negro) y de gran precariedad -incierto y temporalmente restringido- en los vínculos laborales caracterizados por su paternalismo. Si el productor poseía algún asalariado permanente en su explotación podía también afectarlo a esta tarea o podía realizar la zafra exclusivamente con mano de obra de su grupo familiar. (Rau, 2005)

(…) llevé la conversación (con colono de Apóstoles) hacia las condiciones de vida de los trabajadores rurales. Adoptando una actitud paternalista, se identificó como ´hijo de inmigrantes´ comparado con los trabajadores criollos. A pesar de admitir que esa gente merecía ganar más dinero por su trabajo, defendió la postura de que los colonos eran pobres también e incapaces de pagar salarios más altos. Entonces empezó a argumentar que esos criollos necesitaban más educación si querían vivir ´decentemente´, y que el dinero no era la solución. Ilustró este último punto con ejemplos, mostrando la falta de ahorro de los criollos y sus hábitos ´disipados´. (Bartolomé,L., 2000: 192).

Este obrero rural yerbatero -tarefero- fue identificado desde sus orígenes como el mensú. Documentos década ’20 hablan de cosecheros como “mensús” (Bandera Proletaria, .edic. de 1926 a 1928), “modismo regional, adaptado a las inflexiones del idioma guaraní, con que se designa a los trabajadores de los obrajes y yerbales contratados a sueldo mensual, a quienes también se les suele llamar mensualeros” [24]. Los rasgos físicos con que Niklison (1919: 147) también describe al “mensú” coinciden con los del aborigen guaraní, y aún hoy se perciben en la fracción asalariada empleada para la cosecha de yerba mate rasgos étnicos, sociales y culturales propios de los antiguos mensú,

(…) el trabajador “mensú” representa el antecedente histórico del actual “tarefero”, del obrero rural cosechero de yerba mate en el Nordeste argentino…lo que cabe definir como una población flotante. Esto es, una población compuesta por individuos desarraigados, resabios de un mundo de vida perimido, removidos de sus formas de inserción previa, despojados de sus antiguos lazos comunitarios y que tienden a reproducirse precariamente en los márgenes de la sociedad que le es contemporánea. (Víctor Rau, 2005:80)

En reuniones sociales importantes las categorizaciones étnicas son frecuentemente enfatizadas y actuadas (…) en la celebración de la Fiesta Nacional de la Yerba Mate de Apóstoles en noviembre de 1973… los organizadores hicieron un esfuerzo consciente por tener ´todos los sectores de la comunidad´; sin embargo excluyeron… las referencias a los trabajadores criollos y latinoamericanos eran hechas solamente en vagas afirmaciones como: ´No nos debemos olvidar de los sacrificados hombres de la tierra, que cosechan los yerbales y derrumban los grandes árboles de la selva bajo el rigor del clima misionero´. De esta forma, esos hombres no eran solamente apartados étnicamente de los ´hijos de inmigrantes´, también eran caracterizados ocupacionalmente. (Bartolomé, L., 2000: 226)

No obstante, ni la informalidad laboral, la actitud paternalista o la discriminación étnica de los medianos productores capitalizados impidieron la relación entre obreros aún no sindicalizados y productores en las Ligas Agrarias. Según Ferrara

Es en Misiones donde con mayor claridad se advierte la posibilidad de esta confluencia (con otros sectores populares oprimidos), dada la existencia de condiciones estructurales que facilitan la expresión de los obreros rurales y su organización en sindicatos que coordinen sus luchas con los agricultores, ofreciendo de este modo un frente común a los enemigos comunes. En Misiones existen no menos de 40.000 familias que viven del trabajo asalariado y otras 40.000 de campesinos pobres, con chacras de menos de 25 has, que deben alternar sus labores agrícolas con diversas ocupaciones como peones rurales. Esta coyuntura brinda inmejorables condiciones para sindicatos rurales fuertes, capaces de combatir junto a los campesinos.(Ferrara, F., 1973:333)

 Nosotros trabajamos con pequeños y medianos agricultores, y muchas veces los pequeños hacían de obreros rurales y así ellos tenían su chacrita, su poquito de yerba, su tabaco. Así estaban muy mezclados, si bien no estaban agremiados dentro de FATRE, pero pasaban la mayor parte del tiempo como obreros golondrina… (S. Berent, 1996)

La posibilidad de acciones comunes entre los obreros y los pequeños productores dependió también del grado de confianza que hubiera entre ellos. Este aspecto también fue una preocupación en el Movimiento Rural y después en el MAM,

Si había desconfianza en la relación de los productores con los trabajadores rurales no lo podés analizar en general sino que lo tenés que particularizar. Aquel que no le quiere al obrero no le quiere, viste, ya por concepción o por lo que fuere. En cambio, aquel que todavía no tenía una opinión muy formada a través del MAM podías hacerlo ver que el obrero no era su enemigo, era el otro que nos explotaba a los dos juntos. El enfrentamiento era con el que le estaba explotando al obrero en su mano de obra y al productor en su producto. (J.C. Berent, 1996)

En Corrientes, en cambio, la mayoritaria participación de minifundistas criollos en las LAC llevó a que “…el gringo casi no se sumó a las Ligas, algunas familias sí pero en bloque no. Porque eran patrones, y hay un problema cultural también, es cerrado contra todo cambio…” (A. Olivo, 1996) 

 Las ligas acá no es el caso de Misiones, por las características, las ligas nacen fundamentalmente sobre el sector aparcero, que era la base. Y que en general es el criollo, el gringo es el patrón. En general es así, no el patrón grande, ojo, el patrón mediano, el que está en el medio, no es el estanciero (…) Pero acá cuando se planteó el derecho a la tierra, la primera resistencia -por su cultura re conservadora- era el patrón que era gringo en general, que tenía entre 100 y 400 has de tierra. (S. Tomasella, 1996)

Por eso su relación fue más a partir de la mediación eclesial, ámbito en donde confluyeron en algunas actividades y proyectos que continuaban la acción del Movimiento Rural, aunque no pudo lograrse la integración del igual por el igual entre gringos y criollos.

Las ligas eran abiertas en general. La gente iba a las reuniones, se sentían muy identificados con las ligas, pero no todos estaban afiliados. Había afiliación formal, que eran los que pagaban con un padrón de afiliados, que incluso alguna vez se pasaron los datos a una entidad sindical (…)Y además de la iglesia estaba la CGT, necesitaba ser protagonista de los acontecimientos que se sucedieran, sobre todo si eran acontecimientos gremiales. (P.P. Romero, 1996)

Al respecto, las LAC tuvieron mayor actividad en la promoción de reivindicaciones gremiales. Allí expresaron la preocupación del movimiento por la situación de sus miembros y los asalariados rurales de la provincia en general. 

Acá nunca hubo trabajadores rurales organizados. Yo cuando hablo del campo sobre todo te hablo de esta zona, que es toda esta franja del Paraná, poblada, agrícola, la tierra esta más parcelada. Yo estuve en Curuzú, donde el campo son todas estancias, ahí no sabés adonde encontrarlo al hombre de campo. En primer lugar si querés trabajar con el peón rural tenés que entrar por la tranquera de la estancia, y generalmente son dos o tres, con poca gente. Entonces esta zona -Goya- fue típica siempre como campesinado. Yo en Curuzú en el campo conozco, pero son estancias. Y acá otros sindicatos que FATRE no hubo. (V. Arroyo, 1996)

En Entre Ríos, pese al predominio de productores gringos y la escasa participación de los obreros rurales en las Ligas, hubo un permanente acercamiento -con fuerte impronta de la mediación eclesial- desde las Ligas hacia la situación del obrero rural y agroindustrial,

  Y, finalmente, el discurso que se lee en la publicación, es lo suficientemente amplio como para ser dirigido hacia los trabajadores rurales también. “¿Es dramatizar, cuando se van cerrando esas pequeñas fábricas de balanceados hechas a pulmón por los entrerrianos, y cuando centenares de obreros quedan sin trabajo porque los frigoríficos no pueden ya trabajar?” (La voz del productor, oct. 1973)

Los jóvenes de la Universidad venían del Ateneo de la Juventud, católicos, liberales, etc. Ellos trabajaron con los hacheros. Desde la facultad de Agronomía en Entre Ríos, en Nogoyá, hubieron movimientos cristianos de universitarios que trabajaron con hacheros, de extracción cristiana y peronista. ¿De dónde provenían los estudiantes? Fundamentalmente de Santa Fe, otros eran paranaenses. Hacían beneficencia, convivían con la gente del campo, muchos no pudieron superar la experiencia. ¿Capacitaban a la gente? No, el INTA sí, igual que las Juventudes Rurales Argentinas (mezcla de SRA). (J.L. Acosta, 1992)

3. La acción gremial de las Ligas Agrarias con los sindicatos rurales del NEA

En pleno desarrollo de las Ligas Agrarias, la dirigencia liguista trató de pasar a un segundo plano los conflictos internos entre productores y trabajadores rurales, e impulsó una política de alianzas con las organizaciones sindicales de trabajadores rurales para apoyarse mutuamente en sus reclamos.

Pero pusimos militantes a laburar ahí (…) Había una comisión provincial que tenía una visión burocrática de la cosa, y después estaban las delegaciones en donde operaban los militantes nuestros, vinculados y demás, que eran los que en definitiva desarrollaban la organización del sindicato…pero que después tenían que ir a morir ahí, en la federación, que a su vez eran apoyados por la Confederación… (O. Lovey, 1995)

Esta acción sindical se orientaba sobre todo a exigir a los empleadores que cumplieran sus obligaciones salariales y de condiciones de trabajo de los obreros. El sector patronal actuaba en un contexto de relaciones sociales tanto clientelares como integradas dentro de las cuales las normas laborales habían sido ignoradas; y no sólo por los patrones sino también por los organismos del estado. Por eso la actividad de los sindicatos rurales del NEA debió dirigirse también a presionar al estado para que se aplique la legislación laboral y se mejoraran los sistemas de control oficial.

En este contexto, la principal asociación representativa de los obreros rurales en el NEA en los sesenta era FATRE-Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores. Una de sus características como asociación corporativa de representación era la influencia del marco jurídico institucional para el encuadramiento de su accionar, ya que el Estado -como regulador y garante de las diversas formas de ordenamiento legal de las asociaciones gremiales- podía controlarla. A su vez, FATRE como estructura corporativa favoreció en algunos casos esta regulación o cooptación por parte del Estado, profundizando así la tendencia a la burocratización de su dirigencia. Tal era la situación de FATRE[25]-única entidad que actuaba en todas las provincias del NEA- cuando surgieron las Ligas Agrarias.

 Las delegaciones regionales de FATRE evidenciaron, en las provincias del NEA, un lento crecimiento y limitado accionar hasta hace muy pocos años, en que Misiones adquirió inusitado desarrollo y gravitación en el medio rural de su provincia…Las delegaciones de Chaco y Corrientes afiliaron regularmente durante más de veinte años sin exceder nunca los cuatro mil afiliados…(Lockett, F., 1975:3)[26]

En varias provincias, como en el Chaco y Norte de Santa Fe, se organizaron sindicatos de hacheros y peones alternativos a FATRE, aunque después de dictarse en 1973 la Ley de Asociaciones Profesionales -que favoreció el control cupular de las organizaciones gremiales nacionales- tuvieron que reingresar en las estructuras gremiales preexistentes como FATRE.

Por otra parte, la ley de quitas zonales que fijaba salarios diferenciales para distintas provincias (más bajos en la capital para impulsar la radicación de industrias en el interior) había sido eliminada por el gobierno de la revolución argentina “…como una política favorable a los obreros, lo que desató la crítica de la burguesía del interior y afectó también a los productores rurales ya que “ha originado en 14 meses aumentos del 170%  en los salarios rurales” según la Comisión Coordinadora de Entidades Agropecuarias del NEA (periódico UCAL 65, ago. 1971). Y durante el nuevo gobierno peronista, además del control del Estado del cumplimiento de la legislación laboral rural ya existente, se sumó en 1974 la Ley 20744 de Contrato de Trabajo, que incluyó a los trabajadores rurales en los beneficios del salario mínimo, vital y móvil.

En la Cuña Boscosa el mayor número de afiliados a FATRE en los setenta no se correspondía con las actividades que ocupaban más trabajadores, como la forestal o algodonera, sino a asalariados permanentes en establecimientos ganaderos. (Lockett, 1975) Según el Secretario general de las Ligas Agrarias Osvaldo Lovey, la relación entre las ligas y los sindicatos era superestructural pero a la vez con militantes dentro de los mismos por motivos de conveniencia política y organizativa. Por eso hubo una activa participación de integrantes de las Ligas -previa mediación eclesial- en la formación de sindicatos rurales alternativos a FATRE en la explotación forestal con hacheros del monte, como ACHA (Asociación De Carreros, Hacheros y Afines) en el norte de Santa Fe, y SUCHA (Sindicato Único de Carreros y Hacheros) en el Chaco.

Las reivindicaciones de estos sindicatos, especialmente SUCHA, se relacionaron con exigencias a los contratistas de condiciones de trabajo y remuneración fijadas en las resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Rural-CNRT: liquidación de salarios en término y forma, eliminación del sistema de vales para compra de mercadería en proveedurías patronales y otras, provisión de vivienda digna y agua potable en los lugares de trabajo, atención de los enfermos por cuenta de los empleadores, evitar los despidos, pagar las indemnizaciones que corresponden, y exigir el correcto llenado de planillas de sueldos con los aportes deducidos.

Interesa destacar que “…uno de los planteos de fondo más significativos que difunde SUCHA durante su actuación, es la demanda de tierras para organizar cooperativas de trabajo agrícola administradas por los propios trabajadores. (Lockett, 1975). Este proyecto, continuación de las coop de Fortín Olmos y en parte del trabajo de ACHA, se concretó en una cooperativa del Departamento de Comandante Fernández.

Las cooperativas agrícolas no tenían ninguna relación con los hacheros, las ligas sí. Lo que logramos o por lo menos adherimos y se consiguió con los hacheros, pero no por las cooperativas sino con el modesto aporte de las ligas fue el pago del salario familiar directo (…) con ACHA era la cosa, con el gremio de hacheros de la Cuña. Con esa gente gestionábamos conjuntamente la cooperativa… yo recuerdo haber viajado con el asesor de ACHA (que era Gianneschi) a Buenos Aires por la cuestión del salario directo, que fue y se consiguió…Yo me acuerdo que a la gente del gremio de hacheros se los invitaba a las concentraciones, y se les daba un espacio en el palco para que se expresen. O sea, sí había la idea, en ese aspecto teníamos claro que todas las fuerzas populares teníamos que unirnos contra el enemigo poderoso, la concentración económica que había y que por supuesto, desde siempre hubo. (miembro ULAS, 2009)   

La desaparición de SUCHA en 1972 -sin personería jurídica- permitió el rápido crecimiento de SUDOR-Sindicato Único de Obreros Rurales, con entre 900 y 2.000 afiliados entre personal de monte y agrícola (según fuentes confiables no escritas) en su misma zona de actuación en el Chaco.

(…) la noticia de que los hacheros “tenían un sindicato propio” motivó a la fundación de una entidad con similares fines en el Chaco y con activa participación de militantes católicos rurales que, por otra parte, habían determinado el surgimiento de las Ligas Agrarias en el año anterior. (Lockett, F., 1975:14)

Estos sindicatos habían podido emerger porque FATRE -que debía asumir la representación y defensa del sector- dejó un vacío reivindicativo, y sus demandas intentaron recuperar rápidamente muchos años de reivindicaciones postergadas y de inmovilidad obrera. Por eso los planteos de mejoras salariales y de condiciones de trabajo parecían radicalizados, sin serlo en realidad(Lockett, 1975). Esta situación duró hasta que en 1973 la ley de Asociaciones Profesionales les quitó personería jurídica y se integraron a FATRE, “…Chaco registró un súbito aumento a mediados de 1974 con la afiliación de muchos ex-miembros del disuelto Sindicato Único de Obreros Rurales-SUDOR que, aunque se disolvió al no tener personería gremial, tuvo mucho peso durante su existencia y fue una agrupación de trabajadores hasta entonces no sindicalizados. Por eso cuando sus dirigentes y afiliados pasaron a FATRE le dieron una nueva base a su representatividad. Formosa, por su parte, duplicó sus asociados desde 1974 (Lockett, 1975).

 FATRE tenía influencia en Formosa, Norte de Santa Fe y Goya. En Chaco tenían relación con INCUPO si, pero INCUPO no se incorporó después, porque así como nivel agrario también habían del MRC incentivado por ejemplo el trabajo con los obreros rurales. Por ej. armaron ACHA-Asociación de hacheros, SUDOR, gremios así de ese tipo hachero y obreros rurales. Y después todo ese movimiento de obreros rurales fue a FATRE, en 1973 más o menos. Fue después de una discusión política con el tema del peronismo, la idea del gremialismo, de sindicatos únicos (…) Que hoy esa idea no es la misma, pero en esa época se discute que no se pueden armar pequeños gremios, sino que había que hacer gremios únicos. (O. Mathot, 1996)

Durante su evolución sindical estos sindicatos de la Cuña Boscosa tuvieron conflictos con FATRE, con los obrajeros y con los mismos productores, a pesar de lo cual llegaron a superar los 2.000 hacheros afiliados a sindicatos, en un hecho sin precedentes en la región. Al respecto vale la pena reproducir la memoria que construyen sobre esta experiencia la pareja que después se refugió varios años en el monte,

Dentro de lo que era el Movimiento Rural se disolvía esa estructura de cursos, entonces seguimos en contacto con la gente que había pasado por los cursos. Y ahí fue cuando nos integramos a este grupo que ya venía trabajando (en la Cuña Boscosa) no en forma organizada pero sí relacionada de sacerdotes, de religiosas, de INCUPO, en continuidad con esta gente. Antes de empezar la organización de los trabajadores allá en el Chaco tomamos contacto con…porque también gente de acá (Cuña Boscosa Santafesina) de ACHA fueron a estos cursos, y ahí se da la relación y se organizó en un año un viaje a Buenos Aires. Se formó una delegación entre Chaco y gente que estaba trabajando acá con ACHA. Los había acompañado yo, el cura Carlos Plancot, y gente de acá, de Reconquista, que estaban asesorando y trabajando con este sindicato. Fue en agosto o septiembre del 71. Fue un boom en ese momento en Buenos Aires, porque repercutió en los medios de prensa, salió yo no sé si en Clarín o en La Razón o en qué diario, fotografías de los hacheros del norte, había televisión, la realidad de los hacheros del norte. Después de eso fue que surge ya más la organización sindical en el Chaco. (I. Kleiner, 1995)

En el Chaco primero se organizó el sindicato SUDOR-Sindicato Unido de Obreros Rurales- y después, cuando por la ley de Asociaciones Gremiales no pudo obtener la personería jurídica, la personería gremial, entonces se toma la decisión de ingresar a FATRE. Así fue el proceso, fue otro gran fenómeno social en el Chaco. (R. Vénica, 1995)

SUCHA también, porque primero surge cada uno, en el 71, y hasta mediados del 73… Esto lo organiza uno de los que egresa de esos cursos, y que él vuelve a su comunidad y organiza ahí un SUCHA… y después surgió otro, el de Campo Largo…Estos surgen rápido, y fuera de toda coordinación, porque la gente sabía que tenía que organizarse… Era todo el renacer, después de tantos años, de una experiencia de organización que muchos habían vivido en la época del 45, porque de esa época a esta no hubo más ninguna experiencia organizativa, y muy explotados, muy explotados. (I. Kleiner, 1995)

Pero después la unión de todos se pone SUDOR, porque es sigla pero también símbolo de trabajo. Pero eso es rápido, porque el obrero rural tenía la historia de organización del peronismo. Eso fue así. Cuando algunos despertaron, y bueno, se enganchan a viejos dirigentes. Ahí era bárbaro charlar…esos viejitos contando la historia del sindicalismo, del peronismo, era como volver a nacer… (R. Vénica, 1995)

Con el gran problema que había un dirigente a nivel provincial (Chaco), Bermúdez, un total burócrata que manijeaba el gremio de FATRE en forma impresionante, y esta era, en la provincia, la expresión solamente de los estibadores de Resistencia, no era más. Entonces surge todo el interior con los obreros, los trabajadores rurales, y claro, se le cambiaron los papeles y tenía el serio peligro él de perder el control de lo que era el gremio a nivel provincial. Entonces ahí manijeaba las asambleas para impedir que el sector del interior ingrese. Este Bermúdez representaba no solamente al Chaco, sino al norte de Santa Fe. Bah…decir representar. (I. Kleiner y R. Vénica, 1995)

En esa época donde surgen estos sindicalistas, después todo en bloque se pasa a FATRE, pero toda la estructura de los secretarios generales eran compañeros nuestros. No logramos disputarle la conducción a Bermúdez, pero sigue toda la estructura, porque nosotros seguimos coordinando todo el accionar de FATRE, en Sáenz Peña. Además nuestra casa en Sáenz Peña era la sede del sindicato FATRE. Ahí venían los hacheros esta noche para hacer el trámite mañana, dormía ahí, comía ahí, todo así era. Ya sabían ellos que venían ahí y agarraban el equipo de mate y tomaban mate, era la casa de ellos. Y ahí se hacían las reuniones de coordinación con todos los secretarios generales, que se hacían a veces cada 15 días, cada mes, para coordinar. Tal es así que todo se elaboró, me acuerdo a lo último, que después cuando nos persiguen a nosotros fue la elaboración de todas las discusiones paritarias. Las propuestas todos las hemos elaborado junto con ellos, en tres meses de charla con ellos. (R. Vénica, 1995)

(…) en el 74. Pero llevar las propuestas, discutirlas en las reuniones de los obrajes, en las reuniones de cada uno de los sindicatos, reuniones de todos los secretarios generales con los delegados ahí. Otra de las presiones tremendas, por ej, en toda esta etapa de organización, lo que era la realidad de trabajo del hachero, metido 50 kms adentro, dependía directamente del obrajero para comer, y para todo. Entonces las presiones de los obrajeros sobre esta organización eran fuertísimas. Pero se dieron casos en el obraje por ej, la gente de juntarse y enfrentar situaciones, o hacer reclamos colectivos. O incluso se llegaron a dar situaciones de huelga. Pero de todas maneras bastante, bastante difícil, por esta gran dependencia…Y otro de los grandes problemas, que permanentemente nos querían hacer enfrentar a los trabajadores rurales con los agricultores -FATRE con las Ligas- para debilitar. Nosotros permanentemente tratando de trabajar en el otro sentido, es decir: No, están del mismo lado del problema, viviendo otras realidades, o desde otro sector social, pero que tenían que ser aliados en el trabajo, y no perder de vista… (I. Kleiner, 1995)

No perder de vista el problema gordo. Porque cuál era el que decía que si nos peleamos los de adentro nos devoran los de afuera. Bueno, eso era permanente, porque también desde el propio gobierno se impulsaba la fractura entre FATRE y las Ligas. Y nosotros teníamos una relación horizontal, tanto a nivel de dirigentes de FATRE como de las Ligas, para discutir los problemas y tomar conciencia de cuál era el tema, que era el problema de falta de precios a la producción en aquella oportunidad. (R. Vénica, 1995)

Había también en el norte de Santa Fe antecedentes de actividad gremial de los obreros cañeros, aunque los obreros del surco no tenían sindicato propio, “los rurales estaban en el sindicato azucarero” (R.M., ULAS, 2010), es decir, en el de los obreros industriales de la caña.

Esta participación no era nueva para estos asalariados. Ya a fines de los sesenta (1969) formaron parte de Comisión Coordinadora del Plan de Lucha para la Marcha del Hambre de los Pueblos del Norte que partió de Villa Ocampo hacia Santa Fe por el cierre del Ingenio ARNO[27], junto con colonos, sacerdotes, comerciantes y la CGT de los Argentinos liderada por Ongaro.

(…) en la Cuña Boscosa un plan de colonización que provoca de hecho en los hacheros una inseguridad mayor que la de antes por cuanto casi ninguno ha tenido acceso a la tierra y por otro parte deben desalojar los campos que ocupan. ( Rafael Yacuzzi, citado por Borsatti, R., 2005: 170).

Ya conformadas las Ligas Agrarias en Santa Fe, a mediados de 1972 realizaron un paro activo en el norte de Santa Fe, especialmente en la zona azucarera para pedir el pago de deuda a los cañeros, expropiación del ingenio ARNO y reinversión de ganancias industriales en la zona. Aún cuando se trataba de los productores cañeros, una mejora en su situación derivaría en beneficio de los obreros del surco.

En Formosa, en tanto, en 1975 no existía, igual que en Chaco, otra organización más que FATRE para agrupar a los trabajadores. (Lockett, 1975) El personal de monte no estaba sindicalizado entonces, aunque le correspondía a FATRE asumir su representación según su estatuto social. En cambio, actuaba en nombre de este sector en la Comisión Paritaria -ante la CNTR- en los acuerdos de salarios y condiciones de trabajo.

Y durante los sesenta surgieron seccionales de FATRE en Formosa -por pedido de la CGT ante la desprotección del trabajador rural- que se nuclearon en la UTREF-Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores de Formosa en 1966. Aunque sólo afilió 600 trabajadores y casi todos de establecimientos ganaderos, tuvo el mérito de ser el primer reclutamiento gremial de obreros rurales en Formosa después de FATITA[28], y pese a que su secretario se alejó en 1973 para dedicarse a la acción política, UTREF continuó hasta mediados de 1974.

Después se reorganizó FATRE en Formosa con el objetivo -en base a la legislación de asociaciones profesionales- de afiliar masivamente, organizar seccionales SUTRE y bocas de expendio de órdenes médicas y demás prestaciones de ISSARA, y representar a FATRE ante las entidades públicas y privadas. Con estas medidas se elevó la afiliación a 1.200 trabajadores, pero continuó en su mayoría de establecimientos ganaderos, y algunos de arroceras, bananeras y citrícolas.

Por su parte las LigasULICAF, con una participación mucho más directa en el problema de los asalariados planteó a principios de 1974 la unión con los cosecheros para efectuar acciones comunes. Esta política de apoyo a los obreros rurales se expresó con alianzas inestables que integró ULICAF en tanto sectores del pueblo, apoyando huelgas o firmando comunicados conjuntos con agrupaciones obreras. Así ULICAF reclamó por los precios y que el estado se preocupe por el ingreso de braceros, ya que el algodón se pudría en las chacras (mientras DEPROA pedía soldados para levantar el algodón, y que se interviniera la Dirección del Algodón), a la vez que expresaron su solidaridad con obreros agroindustriales de la empresa CITREX que estaban en huelga.

Fue en relación a los cosecheros del algodón que surgió un conflicto, puesto que ULICAF para plantear el costo de producción del algodón se basaba en una explotación de 14 has, con 6 cultivadas con algodón con tracción animal, pero este corte no podía ser estricto porque dentro de ULICAF había productores no campesinos, lo que derivó en un problema en relación a los aportes de los braceros.

La actividad gremial rural en la provincia de Misiones a partir de mediados de siglo se había basado en la acción legal institucional a través de las estructuras jurídicas del Estado, y así mantuvo un relativo dinamismo hasta 1976. La conducción de FATRE era de explícito alineamiento peronista[29] y en 1966 declaraba 4.578 asalariados rurales afiliados de la provincia de Misiones, a través de 22 entidades de primer grado -los SUOR-Sindicato Único de Trabajadores Rurales- localizadas a lo largo de su territorio (El Territorio, 14/3/66).

No obstante, durante los sesenta sólo un acontecimiento significativo involucró la movilización colectiva de cosecheros de yerba mate: la multitudinaria concentración contra la prohibición de la zafra yerbatera en 1966[30]. Aunque no se logró que la prohibición fuera revertida, ni fue clara la participación de los obreros en la misma, para Rau (2005) pudo darse porque la cosecha de yerba mate había sido prohibida durante un año entero por la superproducción, dejando sin ingresos a los trabajadores que dependían de esta actividad.

A principios de los setenta la actividad sindical misionera era escasa, sólo el 11% de cosecheros encuestado eran afiliados a algún sindicato (Flood, 1972). Los obreros acompañaban a los agricultores con sus consignas en los actos campesinos, y a veces -como en la huelga del té de 1972- participaron activamente en los conflictos, como también en un paro de 24 horas por pagos de tung y tabaco, que se cumplió con apoyo de los gremios de obreros rurales nucleados en FATRE.

En ese contexto el crecimiento -sin precedentes para un sindicato rural nacional dentro de una provincia- que tuvo FATRE al afiliar casi 20.000 obreros en dos años (90% del total) potenció su accionar, y desde mediados de 1973 hasta fines de 1974 realizó más de cien paros de establecimientos,

(…) la mayoría de ellos por problemas de despidos y de reajustes de jornales; por falta de aportes obligatorios para las respectivas cajas de jubilaciones, salario familiar tendiente a resolverse a partir de la implantación del sistema de pago directo vía CASFEC. (entrevista de F. Lockett en 1975)

La resolución de esos conflictos en Misiones se dio de una manera novedosa y acorde a la acción conjunta de FATRE con el MAM: con audiencias públicas consistentes en que, ante la denuncia de un conflicto ante FATRE se formalizaba en el lugar del hecho -establecimiento agropecuario o forestal- una asamblea con concurrencia del personal afectado a la que se invitaba a los empleadores. Allí se sometía el problema a discusión pública masiva para encontrar una solución inmediata, y en caso de no lograrlo se convocaba a funcionarios de la Delegación del Ministerio de Trabajo de la Nación para labrar actas con resguardos legales.

Otra forma de acción era lograr la elaboración por los empleadores -a veces formalizadas ante funcionarios oficiales- de actas de compromiso de mantener la relación laboral de los trabajadores temporarios durante las épocas de receso y obligándose a recontratarlos en temporadas siguientes. De esa forma se beneficiaban obreros y patrones, estos últimos se aseguraban al peón a pesar de no ser mensualizado, y a la vez se combatía la desocupación cíclica al asegurase el obrero empleo alternado con más de un empleador. (Lockett, 1975)

Llamativamente, FATRE-Misiones se opuso a la masiva introducción de obreros de países vecinos, por la distorsión que provocaban en el mercado de trabajo rural provincial, porque bajaban los salarios y la mano de obra local migraba… aceptaban, sí, que en todo caso vinieran de otras provincias.

En ese contexto surgieron en Misiones el MORIM-Movimiento de Obreros Rurales Independientes Misioneros de características clasistas, para recuperar el espacio de los sindicatos de la dirigencia burocratizada y acuerdista (Ferrara, 1973), y también SUOR- Sindicato Único de Obreros Rurales adherido a FASAM-Federación de Sindicatos Agrarios de Misiones[31], que disputó espacios gremiales a la delegación misionera de FATRE. En esta pugna gremial, a mediados de 1974 FATRE había recibido más de 2.000 denuncias individuales y colectivas contra SUOR-FASAM en Misiones, por empleadores que despedían a los obreros que intentaban desafiliarse de SUOR para pasar a FATRE. En sus doce años de actuación FASAM se preocupó por resguardar las finanzas de los medianos productores como vía indirecta para el mejoramiento del salario de los trabajadores.

FASAM se lanzó acá en tiempos del gobierno militar contra FATRE, y era más chico, patronal. Acá había una gran rueda de obreros del té a principios de los años 60. Y uno de los tipos que la lleva adelante es un dirigente del PC -del 60 al 80 estaba el PC acá-. A raíz de eso yo creo que la patronal montó este sindicato. Nosotros tratamos de llegar a acuerdos con FATRE. También esto significó algún problema bastante grave, porque dentro hay socios que no aceptaban que se podía llegar a un acuerdo. Y hubo muy buena relación con la CGT en esos dos años, la CGT pcia, y hasta último momento con FATRE…con la CGT desde el 73 ya un poquito menos, porque ya se comprometió mucho más con el gobierno peronista. (M. Guilbard, 1996)

FATRE llegó a tener muchos afiliados en Misiones porque los trabajadores yerbateros tenían una amplia trayectoria de luchas gremiales.

También favoreció la organización y acción colectiva de los trabajadores cosecheros su propia concentración física en grandes números y su permanencia dentro de las mismas áreas en que residían y trabajaban[32], lo que promovía el contacto mutuo entre los trabajadores, incluso entre los cosecheros de la producción primaria o los obreros de las plantas agroindustriales -que dependían todos de un mismo puñado de empresas- y además estaban localizados en áreas lindantes con las principales vías de comunicación de la provincia y, como se ya se ha señalado, en las cercanías de los principales núcleos urbanos; lo que daba mayor visibilidad pública a las protestas y dificultaba la abierta represión privada o extralegal. (Rau,V.,2005-142)[33].

En el accionar de FATRE durante estos años hubo una alianza estable con el MAM. La actividad conjunta del MAM con la FATRE local misionera comenzó entonces durante el gobierno de facto, participando en comunicados y movilizaciones del MAM, y anunciando ambos su mutua solidaridad con los productores y trabajadores rurales. Concretamente, los productores que se asociaban al MAM “se comprometen a cumplir con todas las leyes sociales observando en todos los casos una política de justa retribución a sus obreros.”(El Territorio, Posadas, 13/1/72) No obstante sus diferencias, desde 1972 tuvieron reuniones para actuar contra la carestía de la vida y para aclarar situaciones relativas a la cuestión laboral de los trabajadores rurales, como la denuncia contra la Asociación de “Plantadores del Nordeste: una o dos firmas fuertes que hicieron plantar yerba a sus obreros. Ahora los obreros no tienen yerba, pero sí los plantadores”. (Amanecer Agrario nº 4, Obera, jul.1972). En una alianza durante esta etapa, periódicamente hubo conversaciones entre ambos “destinadas a evitar problemas entre los obreros y los colonos, fortaleciendo así ambos gremios”.

A la vez, luego de declaraciones conjuntas sobre el problema de salud y asistencia social (Amanecer Agrario nº 4, Obera, jul.72) se aceptó la representación del MAM en el Consejo de Administración del Hospital de Oberá, en donde entraron como fiscalizadores junto a FATRE, hasta que fue expulsado el MAM a principios del año siguiente.

Y como culminación del año 1972, durante la huelga del té de veinte días se logró la adhesión de sindicatos, partidos y agrupaciones, y el expreso apoyo de FATRE a los agricultores, para poder exigir a su vez salarios justos. Así,

FATRE…mientras apoyaba los precios reclamados por el MAM reclamó al gobierno que se haga cargo de los salarios de los cosechadores durante el tiempo en que no se cosecha porque la muerte por hambre afecta a sus familias, y que haga respetar el salario mínimo que los grandes empresarios no cumplen con la disposición especial al respecto. (El territorio, Posadas, 27 ene 1972)

Al respecto, ya realizadas las elecciones en Misiones el MAM envió una carta al Ministerio de Asuntos Agrarios por el problema del té solicitando que se fijara el precio de la mano de obra a fin de poder fijar costos de producción, a la vez que mantuvo su pedido de solidaridad a los productores para que paguen los salarios estipulados. Al respecto según Rozé (1992:70) “(…) en realidad el productor realiza una transferencia de responsabilidad como empleador para presionar al estado, señalando que si no paga lo fijado es porque sus productos están subvaluados y así se condena a la miseria a un gran sector de la sociedad.”

En esta línea reivindicativa, ya durante el nuevo gobierno peronista el apoyo del MAM a los hacheros se expresó por medio de la crítica a la ley de separación de la madera de las tierras, lo que enfrenta a los colonos con los obrajeros.

En relación al tabaco, la actividad que contaba con mayor cantidad de pequeños productores semiproletarizados, luego de que los productores tabacaleros realizaron una huelga por el precio del tabaco en junio -con una concentración de 5.000 productores en Oberá- se levantó aceptando una propuesta del gobierno de precios que no eran los demandados sino aproximados, pero evaluando que si seguía la huelga iba a afectar a los compañeros obreros. En contrapartida, durante una concentración en Posadas organizada por el MAM por reclamos propios, un agricultor destacó el papel de los obreros rurales que perdieron su jornal del día “para acompañarnos, porque comprenden la justicia de nuestra lucha”. (Amanecer Agrario, Oberá, dic.73)

A esta política activa de relación con FATRE y otros gremios también se sumaron las LAM, aunque no siempre en conjunto con MAM,

Siempre hubo, teníamos bastante más acercamiento a la CGT y a los gremios que la integraban que eran combativos. Siempre hubo una alianza, principalmente con FATRE que era el gremio más combativo, no así con FASAM, porque directamente FASAM respondía al gobierno, y FATRE no. Pero con los obreros rurales nunca tuvimos problema, al contrario, cuando programábamos paros y esas cosas tratábamos de trabajar juntos, o sea no enfrentarnos nosotros sino enfrentarnos con los capitalistas (…).Con los obreros de Urrutia, cuando hacían los paros tealeros, ahí nosotros combinábamos con FATRE la cuestión, cuando se le metían los hierritos adentro de la planta de té para que rompa el diente de la máquina no éramos nosotros, eran los mismos obreros los que lo hacían. Ahí ya la mayoría era con industriales… pero en esas cuestiones sí estábamos combinados con FATRE. (J.C. Berent, 1996)

Otro factor que fortaleció las relaciones de MAM y LAM con los sindicatos obreros fue el progresivo conflicto con dirigentes de cooperativas, aunque no con todos porque un sector respaldó todas sus acciones. Así, en un conflicto en que una cooperativa despidió a cinco obreros, (v cap. 9) el MAM pidió a sus afilados en la cooperativa que hagan presión para reincorporarlos, y se puso a disposición de FATRE en caso de que encararan medidas de fuerza. (El territorio, Posadas, 11 ene 73:5, cit por Rozé,J., 1987:71)

Las diferencias en su relación se agudizaron con el giro en la política del gobierno y la progresiva radicalización de LAM, que a fines del 74 denunciaron como burocrática la acción gremial de los dirigentes del movimiento obrero, “…en tanto estos actúan en consonancia con las nuevas condiciones que les fueran impuestas a partir de la derrota que sufren desde el interior del movimiento peronista que los lleva a reiniciar las clásicas formas de lucha corporativa.” (Rozé,J:; 1987:78)

En este contexto la CGT, 62 Organizaciones y FASAM integraron en 1975 junto con el MAM y el gobierno provincial la Comisión de Defensa del Agro Misionero para coordinar acciones ante el gobierno nacional. (El Territorio, 21/10/75). Pero la relación con la CGT no fue incondicional, lo que se evidenció cuando el MAM -que se había solidarizado el 10/7/75 con el paro de la CGT- decidió postergar su paro agrario pero no fue avalado por la CGT.

Luego del golpe militar de 1976 los delegados de FATRE en Misiones “fueron casi todos presos”, y FASAM con SUOR dejó de funcionar porque “No había Delegación de Trabajo, se trabajaba con Gendarmería, era muy difícil salir a hacer afiliaciones (Entrevista de Víctor Rau a ex delegado del SUOR, El Dorado, 2000), ya que durante la dictadura del proceso de reorganización nacional la actividad sindical fue paralizada y reprimida en función del redisciplinamiento social y político de su proyecto. 

La estructura agraria en Corrientes le permitió a FATRE afiliar a una mayoría de asalariados permanentes en establecimientos ganaderos, por su localización estable en un mismo empleo y lugar con ocupación permanente. Se trataba de

(…) asalariados permanentes que usufructúan parcelas concedidas por los empleadores (“sujetos de la tierra”) y poco dispuestos a emprender acciones reivindicativas a pesar de que su situación salarial, previsional y condiciones de vida y de trabajo sean desacordes a las exigencias legalmente establecidas. (Lockett,F., 1975:6)

No era fácil afiliar en Corrientes si eran trabajadores permanentes que dependían del permiso del patrón. El nivel de deterioro de la calidad de vida del personal de estancias -al no cumplir los patrones con las obligaciones del Estatuto del Peón- los llevaba a no tener vivienda ni aportes previsionales, por lo que los delegados de FATRE se encontraban “con un montón de peones viejos que no se pueden jubilar y andan por ahí viviendo como pueden…” (cit Lockett, 1975), y FATRE justificaba su inacción afirmando que el temor y respeto al patrón o mayordomo hacía que la gente dijera que todo andaba bien.

Tampoco eran muy eficaces las Inspectorías de Trabajo; al respecto un dirigente de FATRE nos comentaba: “…aquí surgió una cosa nueva; resulta que iba el inspector con los delegados y el patrón les pagaba a todos los que le debía. Después cuando se iba el inspector reunía a los peones y les exigía que le devuelvan lo que les pagó…esto se hizo después en otros establecimientos…” (Lockett, 1975)

La relación de las Ligas con los sindicatos en Corrienteso la integración de las ligas al movimiento obrero según Rozé- adquirió un carácter solidario y profundo, porque la mano de obra urbana de las ciudades ubicadas en el área tabacalera estaba formada por campesinos que abandonaron la producción, y se realizaba en forma orgánica integrándose a la CGT, regional Goya, participando de los plenarios, incluso en las elecciones de autoridades, con votos proporcionales a sus asociados, que alcanzaban en número a casi una tercera parte el total. Hasta en la farmacia sindical de Goya los asociados de las ligas tenían igual derecho que los otros trabajadores.”(Rozé, 1992)

Nosotros en el Movimiento Rural hemos tenido relación, contacto, reuniones y participación con FATRE en Bella Vista, que es el lugar donde había quintas y muchos peones. Incluso hemos atendido casos a nivel judicial de ellos. Y, aunque no estaba dentro de nuestras ramas, también empleadas domésticas, que venían a la sede a plantear sus problemas pidiendo orientación. Hemos tenido contacto con todos los sindicatos a nivel ciudad, incluso con todos los partidos políticos. Nosotros cuando hemos tenido esas huelgas no ha sido porque teníamos el capital necesario para mantenerlas, no: hemos recibido ayuda (…) Esas organizaciones que cuando ven que hay algo en el pueblo que todo el mundo mira porque es la niña bonita, bueno todo el mundo colabora. (J. Torres, 1996, LAC)

Esta postura se expresó también cuando pocos días después de haber sido declarada la huelga del tabaco en Corrientes en 1973, dieciocho sindicatos obreros de la provincia -incluyendo a la delegación regional de la CGT- publicaron un comunicado respaldándolos, a la vez que en la sede del sindicato de obreros del tabaco en Goya funcionó una “comisión de apoyo a los tabacaleros en huelga, donde se reciben donaciones para distribuir entre los campesinos a fin de que ninguno se vea en la necesidad de entregar el tabaco, obligado por el hambre.”  (Se organiza una comisión de apoyo a los campesinos en huelga. El Litoral, Corrientes.13/4/73) 

Por su parte, el Ministro de Agricultura de Corrientes en un comunicado a la opinión pública sobre el “Problema Tabacalero” planteó, además de los pagos y los tipos de tabaco, como cuestión de fondo la tenencia de la tierra en la provincia y la situación de los aparceros. (El Litoral, 18/4/73), y poco después se realizó una asamblea de gremios y productores tabacaleros en Goya, en la sede del sindicato de obreros del tabaco, con adhesión de sindicatos y otros sectores.

A la par del cambio en la política peronista nacional y el progresivo aislamiento al que las sometió el gobernador Romero, las LAC a mediados del 74 enviaron tres cartas -al gobernador y la opinión política, a los sindicatos goyanos y a los compañeros campesinos- con un alerta general sobre la situación, y convocando a una reunión de dirigentes a fin de evaluarla y planificar la movilización. Esta alianza con la CGT Regional Goya, que participó y apoyó, después se mantuvo.

Las LAC enfrentaron adversarios muy fuertes a la vez, como Romero y el MAC, y no tenían representación parlamentaria, por lo que establecieron alianzas como alternativa,

 Con la CGT nos llevábamos muy bien, hasta en un momento se planteó hacer una sola cosa. Acá avanzamos en ese aspecto más que en otros lados. Había una comunicación muy fluida. Pero después, cuando a nosotros empezaron a jodernos con ese asunto de la subversión, empezar a hacernos a un costado los gremios. Hasta mediados del 74 la cosa más o menos caminaba, después del estado de sitio ni hablemos, empezó la represión y no nos podíamos reunir. (S. Tomasella, 1996)

 Las relaciones hacia afuera eran buenas, buenas con el sindicalismo -se tenía reuniones, se trataba de hacer cosas juntos, de coordinar algunas cosas- , con los partidos políticos no era que uno se negaba al diálogo ni nada por el estilo, se mantenía una conversación con todos pero no…Lo único que no había una definición en ese momento, que el respaldo estaba dado por la autoridad que te daba la organización, ese era el respaldo que tenía. (J.C. Urbani, 1996)

  El aliado fundamental que teníamos era la iglesia, con lo que representaba la iglesia para la población en general. Y después los sindicatos; y hubo muy buena relación también con el centro comercial e industrial, con el centro de almaceneros minoristas. Con la CGT en general, y a nivel individual con los sindicatos relacionados al tema del tabaco. También un tiempo el Secretario general  de la CGT era telefónico y teníamos muy buena relación, pero en general nos tenían un gran respeto por lo que representábamos. Ellos sabían que sin las ligas no podía haber una movilización significativa, ellos movilizaban muy poca gente. (P.P. Romero, 1996)

 Entonces la forma de resistir era aliarse con todos aquellos que podían darte una cobertura política. Y a su vez, los productores participaban de las movilizaciones obreras, etc. Fue una hermosísima experiencia. (J. Sartor, 1996)

En suma, aún cuando en algunas provincias su mediación los benefició, los asalariados rurales no integraron en cuanto tales las Ligas Agrarias. Dependió de la correlación de fuerzas políticas locales sus posibilidades de presionar sobre el estado a través de sus instancias de representación, los sindicatos y en algunos casos las cooperativas. No tuvieron reivindicaciones ni proyecto en común, salvo en ciertas coyunturas.

Nosotros veníamos ya con la idea de la liberación, que la traíamos desde la iglesia, no de otro lado, ¿Cómo se hace eso? (…) lo que elaborábamos en aquella época era que el sector agrario no era el sector determinante en la Argentina para producir una transformación social, en todo caso debía ser un sector que acompañara un proceso de transformación. Considerábamos que era la clase trabajadora en esa época la que debería tener la voz cantante, por todo lo que significaba el proceso industrial en la Argentina, no cierto, y la importancia del movimiento obrero. (Quique Lovey, 1995)

No obstante, en términos regionales para las Ligas asumir las banderas de los asalariados implicaba fricciones internas en sus realidades provinciales; y desde los asalariados, quienes en una provincia eran productores pasaban a proletarizarse en otra, lo que los llevó a definirse como fracción de clase en procura de su supervivencia. A pesar de las contradicciones de este proceso, las Ligas Agrarias con la formación marcaron un paso adelante en la subjetividad de los obreros rurales, y la acción colectiva de productores y asalariados -aún acotada y esporádica- fue inédita en la región.


  1. En Argentina el estudio sobre obreros rurales tuvo un impulso en los´70 con el Grupo de Trabajo en Sociología Rural del Ministerio de Agricultura. Entre los pioneros estaban C. Flood, M. Caracciolo, S. Soverna, S. Aparicio, N. Giarracca, S. Baudrón, D. Piñeiro, M. Murmis, C. Reboratti, C. Sabalain, F. Forni, G. Neiman, R. Benencia, M.I. Tort, S. Korinfeld y M. Palomino. Continuaron durante los ´80 el CEIL-CONICET, el CENEP y el CICSO, y en los ´90 en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, la Facultad de Agronomía, la Carrera de Geografía, el Centro de Estudios Avanzados de la UBA y en la Universidad Nacional del Comahue, con trabajos de Borro (1993); Bendini (1996, 1999, 2001); Aparicio y Benencia, (1996, 1998, 1999b y 2001); Aparicio y Alfaro, (2001); Aparicio y Gras, (1997); Aparicio y Busca, (2001); Benencia, (1992 y 1996); Benencia y Quaranta, (2001 y 2003); Giarracca, (1999); Giarracca y Gras, (2000); Forni y Neiman, (1993) y Neiman y Quaranta, (2001) entre otros.
  2. Según Víctor Rau (2005) desde la Sociología no se dio suficiente atención a las formas que adoptan las acciones colectivas de los asalariados rurales en Argentina, varias experiencias aparecen descriptas en estudios historiográficos (Santamaría, 1984; Lattuada, 1986; Mascali, 1986; Ascolani, 1990; Ascolani, 1992, 1994, 1996 y 2004; Iñigo Carrera, N. y Podestá, 1991; Craviotti, 1992; Ansaldi, 1993; Fiorito, 1985; Bayer, 2002).
  3. Thompson aportó sobre la problemática general de las posibilidades de organización y lucha de los asalariados rurales con La situación de la clase obrera en Inglaterra, sobre la base de que la condición de clase se constituye en aquellas prácticas donde la objetividad de la explotación es subjetivamente experimentada y elaborada en alguna forma de conciencia, al mismo tiempo en que se manifiesta como impulso y experiencia objetiva de resistencia, como acción de lucha concreta contra aquella forma de explotación. Con posterioridad fue La Cuestión Agraria de Kautsky la que abordó “la problemática de las imposibilidades”, identificando ciertos factores a partir de los cuales el proletariado agrícola, en términos generales y en circunstancias corrientes de reproducción capitalista, no sólo posee menos posibilidades que el proletariado industrial de llevar adelante luchas sistemáticas y persistentes, sino inclusive menos posibilidades que los pequeños propietarios rurales.(Rau, V., 2003:59) “Una clase tal es proclive, por el trato inhumano del que es objeto, a las explosiones de desesperación y a la violencia; sin embargo, su situación no es la adecuada para la conducción de una lucha de clases organizada, tenaz y duradera.” (Kautsky, 1989:378)
  4. El asalariado en su ciclo laboral es permanentemente temporario, su situación es definida por su vínculo laboral y reconocida legalmente según la naturaleza cíclica de la actividad y transitoria de su trabajo; a partir de la primera temporada de su contratación se equipara con los trabajadores permanentes de prestación continua, o sea que tiene relación de dependencia por tiempo indeterminado. Las tareas estacionales las realizan los trabajadores transitorios o temporarios, son denominados según su tarea (Piñeiro, 1999)(en Aparicio y Benencia, 1999)
  5. Según Rau (2005) una forma algo más abierta y menos prosaica de aquellas luchas poco sistemáticas puede leerse en el fenómeno del bandolerismo social propio de las clases pobres del campo, que conceptualizaran Hobsbawm (1974:27-52, y 2001) y Roberto Carri (1973)a partir de uno de los varios casos existentes en el país.
  6. Al respecto, Maresca (1992) sugiere que las organizaciones permanentes de trabajadores rurales son propensas a la burocratización, y Jenkins y Perrow (1977) señalan también que la cosecha estacional limita el interés económico de los individuos en la sindicalización cuando involucrarse en huelgas u otros conflictos laborales implica el riesgo de perder la oportunidad de obtener los ingresos disponibles. (en Rau, V.,2005:65)
  7. Al respecto, Marx también había subrayado el carácter histórico de mercados de trabajo y su naturaleza “artificialmente” instituida por la sociedad; es decir, concebía ya al mercado de trabajo “como institución social”. Por eso el enfoque sociológico de los mercados laborales postula la importancia fundamental de reintroducir el estudio de los comportamientos y condicionantes sociales prácticos en este ámbito de relaciones “económicas”. Individualmente y en tanto miembros de diversos grupos sociales los agentes adquieren, portan y transmiten una serie de elementos identitarios, de pautas culturales, de adecuaciones a roles, de capacidades y propensiones para la acción práctica que también se originan en procesos históricos localizados y que pueden resultar resignificados e incluso transformados en el curso de su propia historicidad.(Rau,V., 2005:307)
  8. La Forestal surgió de una venta fraudulenta de 1.804.563 Has de Pcia Santa Fe a firma Murrieta y Cia de Londres. Se suele afirmar que esta operación trajo la civilización, con poblamiento y una etapa de crecimiento autónomo en la región, sin capital extranjero y con explotación industrial en la zona a cargo de inversores particulares. Pero La Forestal desde su instalación ahogó todos estos intentos de desarrollo, llegando a provocar caídas en el precio del mercado mundial del quebracho o tanino para así comprar nuevas propiedades liquidando la incipiente industria nacional. Eso fue posible porque “nunca le faltaron los argentinos que fueran sus abogados, parlamentarios que abogaren por ella, después de haberse alojado en una de sus casas de visita, y además de creer que allí, entre los bosques, la civilización había penetrado más profundamente que en el Sud, ponían precio a su voto o a su silencio en el recinto legislativo. (Gori,G., 1974:52).
  9. Finalizado este ciclo volvían al obraje. Con la sanción de “ley de conchabadores” en 1942 y ley 13020 en 1947 se modificó algo el régimen de trabajo en explotaciones forestales, pero en los’70 aún había fallas en su cumplimiento, denunciadas por organizaciones gremiales (SUCHA hasta 1972; SUDOR después). (Lockett, 1975)
  10. Esto se profundizó después del acuerdo del Club de París de 1955, reafirmado en el decreto 1976/63 que impidió que los productores locales puedan vender libremente el tanino, con lo que quedó cerrado el círculo que ahogaba toda tentativa de una industria taninera al margen de La Forestal.
  11. Frente a esta situación no era fácil articular una defensa obrera. No obstante con los anarco-socialistas de puestos especializados se había dado una organización sindical, con periódico, y un movimiento de opinión que llevó a los enfrentamientos y huelgas de 1919 y 1920 que culminaron con los sangrientos episodios de principios de 1921 en Villa Ana y Villa Guillermina. Ante el conflicto La Forestal respondió con un lock out, disponiendo a la vez las tropas necesarias (la gendarmería volante, cuerpo especializado para estos fines) para la defensa personal de sus directivos y para la contención del movimiento obrero que continuaba la huelga. Hubo muchos caídos y en los montes siguió la “caza del hombre”. La forestal cerró obrajes y fábricas, y deportó a los pobladores dándoles el pasaje para su lugar de origen, y una vez saneado de revoltosos hizo la reapertura. (Gori, 1974 y Acevedo, 1981)
  12. Otra causa de cierre de obrajes que quedaron fue la dificultad de producción y comercialización. Era muy difícil colocar la leña producida, y se redujo el consumo local sobre todo en los ingenios de la zona -Villa Ocampo, Las Toscas y Tacuarendí-, no sólo por el problema de la industria azucarera, sino también por la transformación de sus maquinarias para ser alimentadas con combustibles líquidos en lugar de la leña tradicional.
  13. En Misiones hay 17.000 explotaciones agrícolas productoras de yerba mate; de los 118 molinos de industrialización 98 están en la provincia de Misiones, y 234 agroindustrias secadoras de yerba mate. Los llamados “secaderos” están fuertemente integrados a las industrias molineras, tanto a través de contratos de abastecimiento como directamente bajo propiedad. (Rosenfeld y Martínez, 2003)
  14. La introducción de relaciones salariales puras y las nuevas condiciones de concentración física -laboral y residencial- de los trabajadores cosecheros, creadas a partir de la implantación de grandes yerbatales en cercanías de los principales núcleos urbanos provinciales a comienzos siglo XX, posibilitaron que agentes organizadores externos a la fracción rural misionera lograran desarrollar con éxito entre los asalariados cosecheros formas relativamente sistemáticas de lucha obrera, como las huelgas y boicots contra la patronal. El posterior proceso de colonización agrícola supuso una dispersión de los asalariados y su mayor ruralización o “campesinización” a partir de su alejamiento respecto de los principales núcleos urbanos de la pcia. (Rau,V., 2005:330)
  15. Los secaderos tenían cuadrillas de cosecheros en sus yerbatales y en los de productores independientes que los abastecían. Cuando era utilizada la modalidad puesta en secadero, solían ser acuerdos con productores pequeños -o en menor medida medianos- que no justificaban el envío de cuadrillas de cosecheros por la reducida escala de sus yerbatales, o se encargaban ellos mismos de realizarla como estrategia de maximización de ingresos…, si nosotros cosechamos nos ganamos la tarefa. Porque si el secadero manda la cuadrilla te cobra la tarefa, te cobran como capataz, te cobran flete.” (Entrevista a productor, A. del Valle, 1999, cit en Rau,V., 2005:183-5).
  16. El cultivo de la yerba mate era mucho menor en Corrientes que en Misiones -en donde para una producción de 235.000 toneladas se requerían 10.000 personas para la tarefa- por lo que se podría establecer que el personal ocupado en esta actividad en Corrientes no excedería las 500 personas en cosecha. Y en relación al arroz, comparando con el Censo Provincial de Productores Agropecuarios de Formosa (1971) en el que se ocuparon 22 asalariados permanentes y 100 transitorios en siete establecimientos arroceros con un total de 2.000 has sembradas, en Corrientes con 42.000has sembradas en 1969 se habrían ocupado -en cosecha- no menos de 2.000 peones temporeros y alrededor de 400 permanentes.(Lockett, 1975)
  17. Entre ocupantes gratuitos hay dos grupos de productores, los que usufructúan sin pago una propiedad, ocupan tierras fiscales o están en trámite sucesorio están en una situación similar a la de los propietarios con una superficie semejante, y los que entregan renta en forma de trabajo (el 65% restante).(Carballo, 1975)
  18. El valor de fuerza de trabajo aportada a la producción de una hectárea de tabaco -rendimiento promedio de 1.000 kg- equiparaba la remuneración de trabajo familiar de jornada 8 hs con el jornal que debe percibir un asalariado según el Estatuto del Peón -cuando es sabido que excede en mucho dicho cálculo- y dejando de lado los beneficios sociales, seguro, salario familiar, escolaridad, nacimiento de hijos, familia numerosa, aguinaldo, vacaciones, días de trabajo perdidos por enfermedad que no tienen vigencia en la zona, así como los descuentos o retenciones previsionales. En unas pocas explotaciones con trabajo por administración la producción estaba totalmente basada en trabajo asalariado dirigido por el administrador o empresario, “…en ninguno de estos casos se cumplen las leyes laborales, y los salarios recibidos alcanzan en el mejor de los casos al 50% de las retribuciones fijadas por éstas, desconociendo totalmente las leyes sociales.” (Carballo,C., 1975:107)
  19. Unos meses después, en mayo de 1968 veinticuatro sacerdotes agregaron a la declaración anterior que “Ingenuamente creíamos que el movimiento de opinión que despertó la declaración y el interés manifestado por organismos de gobierno sería el punto de partida de toda acción para ayudar al hombre del Norte. El tiempo disipó el optimismo.” (Rev. CIAS ene 1967) Así, denunciaron la indiferencia del gobierno, sus grandes discursos y promesas.
  20. Ayuda Fraternal Fortín Olmos. Cooperativa Agropecuaria y Forestal Ltda. Fundada 6/5/1962. Inscripta en Registro Nacional de Cooperativas nº 5.543 el 17/9/64. Para su análisis se tuvo acceso a documentación original de la cooperativa, contrato de arrendamientos, estatutos, inventarios, memorias y balance general y de asambleas, decretos gobierno provincial, etc.
  21. “El Informe especial: La explotación del hachero.” En Rev Compromiso, 1968… describe una situación social en la población obrera forestal: 90% tenía sífilis y/o tuberculosis (según médicos locales); 80% fallecidos entre 11 y 35 años (según dip. Salvadores), y 50% de los que iban al servicio militar eran inaptos por falta de alimentación.
  22. La Cooperativa Fortín Olmos funcionó desde 1962 con lotes de 24 hectáreas cada uno -en un total de 2.000 has- en terrenos que habían pertenecido a La Forestal. Una parte fue cedida por el estado provincial -luego de su compra en lugar de expropiación- para colonización, otra parte fue adquirida con fondos provenientes de donaciones en su mayoría de católicos de ámbitos urbanos al hermano Arturo Paoli. Y en 1965 el testimonio del hermano Paoli en el film relata la historia de la cooperativa “a partir de una donación del Papa Paulo VI en 1965”, lo que les permitió comprar terrenos para ampliar la cooperativa a fin de que, como propietaria de la tierra, uniera a los integrantes en una explotación agrícola común a la par que reactivaban la explotación del monte.
  23. Según P. Bourdieu, (2001:23) “las disposiciones que orientan las prácticas de trabajadores y de empleadores las hacen aparecer como “posibles” en los escenarios de interacción, que confieren cierto carácter “esperable” o “regular” las acciones recíprocas desplegadas en determinado espacio de relaciones; en este caso, un mercado de trabajo agrícola. (…) Bajo la apariencia de lo socialmente dado, vive lo históricamente constituido. Desde sus “profundidades oscuras” laten continuidades, interrupciones, resignificaciones, quiebres y resurgimientos.
  24. El vocablo apunta ya hacia la forma de relación salarial moderna; pero en su adaptación a la lengua guaraní remite todavía a una larga historia precedente cuya impronta aún no se había borrado de los vínculos laborales presentes en la región. También del vocablo “mensú” posteriormente se ha derivado un calificativo que se mantiene en uso en la región: el de “mencho” (…) es un individuo completamente oriundo de la zona y de la condición más humilde; carece de “urbanidad”, puede llegar a habitar en los “barrios bajos” pero su mundo de vida propio son los campos, no posee educación formal alguna y sus comportamientos resultan extremadamente rústicos. … (Bartolomé,L., 2000: 183-192), (Abínzano, 1996:87, cit en RAU, 2005:97) aludieron ya a la coincidencia entre posición de clase y rasgos de etnicidad que caracteriza a la población de asalariados agrícolas misioneros).
  25. La irregularidad institucional y legal marcó la trayectoria de FATRE hasta 1972. Sucesivamente la escisión de FASAM, la intervención y la cancelación de su personería gremial desgastaron a sus dirigentes. (Lockett, 1975)
  26. La densidad de trabajadores asalariados por km2 en Misiones era de 0,75, con una concentración mayor a las demás provincias del NEA: Chaco y Corrientes 0,25 y Formosa 0,16. (Lockett, 1975)
  27. La política de Onganía caracterizada por eliminar cultivos caña de azúcar y así beneficiar los intereses monopólicos azucareros del norte.(…)En 1969 en el Chaco santafesino, replicando la política, se cierra el ingenio Tacuarendí (abril 1968) y el ingenio ARNO de Villa Ocampo. La gente es convocada para acciones a seguir ante la consecuencia que el cierre de las principales fuentes de trabajo implicaría la desaparición de los poblados y el consecuente éxodo. A la situación se sumaban los de Ferrocarriles Argentinos de Villa Guillermina ante la no renovación del estado de los contratos de reparación de vagones. (Bidaseca, 2005)
  28. A mediados de siglo XX la seccional Formosa de FATITA-Federación Argentina de Trabajadores de la Industria del Tanino no había prosperado en el intento de incorporar a su jurisdicción a los hacheros de quebrachales, porque los hacheros eran considerados golondrinas por la patronal para no pagarles la vivienda ni indemnización, obviando que cada contratista contrataba siempre los mismos hacheros que viven en el monte.
  29. En 1950 había en la provincia 18 gremios de asalariados rurales adheridos a FATRE (Abínzano, 1985: 828). La Federación de Trabajadores Rurales y Estibadores-FATRE fue fundada en el año 1947, con el desplazamiento de la ideología comunista y el predominio del peronismo también en el movimiento obrero rural. FATRE pasó a llamarse Federación Argentina de Sindicatos Agrarios-FASA en 1951 y recobró su nombre 1961.
  30. “Organizaron un acto público FATRE, los partidos Comunista y Unión Popular (nombre que adoptó el Partido Justicialista proscrito), en contra del gobierno de la revolución argentina.
  31. Creada en 1963, FASAM funcionó como entidad paralela a FATRE hasta la década de los ´80, cuando volvió a fusionarse con ella. Finalmente, en oct. de 1988, FATRE se transformó en entidad de primer grado, conformándose la actual Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores-UATRE.
  32. La estructura productiva yerbatera original de los yerbatales bajo cultivo, tomó igual forma que describieron Murmis y Waisman (1969) para el caso azucarero tucumano en los ´60. El capital industrial comenzó por implantar grandes extensiones del cultivo bajo propiedad y en torno a sus plantas de procesamiento. (Rau, 2005)
  33. No obstante, también persistían factores desfavorables para la acción colectiva en el ámbito laboral, como el carácter no perecedero del producto a ser cosechado y la propia extensión temporal del período de zafra, que favorecía la identificación de los trabajadores con este oficio aún en el período contraestacional pero era menos propicia para la realización de huelgas con efectiva capacidad de presión sobre la patronal que la existente en producciones con picos de demanda estacional más acentuados. (Cfr. Falabella, 1990). (RAU, 2005)


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