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Introducción

De la situación de emergencia al proceso emergente. En el noreste rural de la Argentina -NEA- de la primera mitad de la década de 1970 se produjo tal tensión y complementación entre ambas instancias que, potenciándose, desembocaron en la conformación de un colectivo social: las Ligas Agrarias. Estas y las cooperativas y sindicatos rurales dieron lugar a uno de los procesos más complejos de nuestra historia social agraria reciente.

Los movimientos campesinos[1] de pequeños y medianos productores y de trabajadores rurales emergieron[2] en el NEA durante la década del setenta como actores sociopolíticos relevantes en su capacidad de organización y movilización. Bajo diversas expresiones se constituyeron en colectivos sociales las Ligas Agrarias y algunas cooperativas de productores y sindicatos rurales. Activaron movimientos agrarios y de trabajadores durante ese período de grandes cuestionamientos por la crisis socioeconómica  y político institucional que se arraigaba progresivamente en la región a fines de los sesenta, cuando -como parte de la política económica del plan de “estabilización y desarrollo” de la dictadura de la “Revolución Argentina”- se produjo la gran irrupción de empresas agroindustriales y el establecimiento de cupos a la producción de monocultivos regionales provocando una profunda crisis en los productores del NEA sin posibilidades de diversificación productiva. (Slutsky, 1975). Esas organizaciones socio rurales contribuyeron en gran medida a las transformaciones económicas, sociopolíticas y culturales producidas durante esta etapa en el ámbito rural. Al decir de Alberto Melucci (1982) los movimientos sociales no son sólo el producto de la crisis, fenómenos residuales del desarrollo o los últimos efectos, es decir el paso de una sociedad que muere. Por el contrario, son los signos de aquello que está naciendo. El pasaje de la crisis de emergencia al movimiento emergente[3].

La pregunta central en esta investigación es ¿en qué medida la experiencia emergente de un colectivo social rural organizado en el NEA durante los setenta -luego truncada por la represión y el desencanto- logró transformar las relaciones sociales rurales en la región? En consecuencia, nuestro objetivo general fue la interpretación de estos procesos de transformación rural a partir de un objeto de estudio: las relaciones sociales en el mundo rural, especialmente las de organización y movilización de los actores sociales, focalizadas en las ligas agrarias y su lógica de acción colectiva, expresada a través de su discurso y movilización, su proyecto, su identidad y su interrelación con las cooperativas y los sindicatos rurales, así como su impacto en una de las regiones más pobres del país, el NEA.

Se planteó también la necesidad de analizar las complejas relaciones entre estas organizaciones sociales y sus miembros, partiendo del análisis histórico de la construcción de su identidad, sus imaginarios y representaciones sociales y la organización de sus lógicas de acción colectiva, contemplando la autonomía, convergencia e influencia mutua entre sus modos de accionar, que en ocasiones tendieron a fortalecer o debilitar su resistencia contra  el Estado y los grupos monopólicos en la región.

El período de análisis de este estudio abarca desde mediados de los sesenta, cuando se inició la situación de emergencia económico-social del noreste por la crisis de los monocultivos regionales, hasta mediados de los setenta cuando las Ligas Agrarias como movimiento social emergente fueron desarticuladas, entre otros factores por la radicalización política y el terrorismo de Estado del gobierno de facto autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

El interés central de este trabajo radica en el estudio de las relaciones sociales en el campo desde los actores rurales subalternos (a los grupos de poder económico y su proyecto de dominación) y su experiencia de organización inédita en cuanto a su alcance regional. Fueron la expresión rural de la movilización y organización social que tuvo la Argentina durante las décadas del sesenta y setenta, cuando las organizaciones de productores y de trabajadores rurales en tanto entidades representativas se propusieron participar en la planificación, ejecución y control de los procesos de cambio que exigía la estructura rural de la región del NEA. La reconstrucción de la historia de su identidad, imaginarios, accionar y proyectos propios de un movimiento social en los setenta puede constituir un aporte para repensar ciertos enfoques que enfatizaron la novedad de los movimientos sociales como exclusivos de los años 80 y 90. Sostenemos al respecto que las ligas agrarias presentan antecedentes equivalentes en el período que se propone analizar. Como movimiento social las Ligas Agrarias actuaron políticamente, pero también como expresión de una contracultura; no se propusieron formar un partido político pero sí una sociedad distinta. En este sentido consideramos que puede ser revelador percibir los cambios en los paradigmas sociales con que se evaluaban a los movimientos campesinos en una u otra etapa.

Resulta interesante también el posible aporte de la reconstrucción de ese proceso histórico en la construcción de la memoria en cuanto a la función social del pasado (Hobsbwan, 1972). La memoria es más futuro que pasado, su sentido es político e identitario…

La memoria es un recurso precioso para los sujetos y para toda la sociedad, pero no es totalmente fiel a la realidad. Su función no es sólo conservar el pasado en nuestra mente. Es, por sobretodo, darle sentido al presente…La memoria es como la arcilla modelada por las manos del presente, el material es el mismo, pero cada tanto cambia la forma. (Montesperelli, P., 2005)

Ese pasado de los setenta que en nuestro país se ve con exasperación o nostalgia, pero que no se puede eludir en la medida que irrumpen las conmociones contemporáneas de la memoria forzándonos a establecer nuevas relaciones entre pasado y presente, y recordándonos a Marc Bloch que explicaba la incomprensión del presente por la ignorancia del pasado, a la par que la dificultad de comprender el pasado por la ignorancia del presente.

Al respecto, la capacidad que tuvieron las ligas agrarias para enfrentar esa situación de emergencia en los setenta les permitió como colectivo social no sólo resistir a la crisis sino emerger de la misma con liderazgo y un proyecto de gran influencia en esa década. En cambio hoy en 2010, nuevamente en un contexto de crisis de emergencia, los diversos intentos desde los actores rurales para reeditar esa experiencia histórica tienen más o menos éxito, pero no adquieren la dimensión regional de las ligas ni un potencial de transformación social equivalente.

Creemos que ese es el desafío en esta investigación. Porque la posibilidad de acceder a las fuentes e informantes clave necesarios para su adecuada realización nos mostró en los integrantes de ese movimiento social entrevistados la necesidad de contar con la sistematización y recuperación del sentido de esa experiencia. Nuestro aporte a la construcción de la memoria -a través del análisis de coyunturas estratégicas de los setenta- puede tener una aplicación en el contexto social actual.

Los objetivos generales de esta tesis se orientan entonces a profundizar -desde el análisis del proceso histórico y desde la teoría sociológica e histórica- las categorías de motivación, organización y movilización de actores sociales relacionados al mundo rural. El motivo en tanto conexión de sentido de una conducta, y la acción como la orientación significativamente comprensible de esa conducta. El sentido existe como el medio o el fin imaginado por los actores, que orienta una acción en la que todo proceso y objeto ajeno a dicho sentido es un estímulo u obstáculo. (Weber, M., 1922:12)

 Abordar la organización y la experiencia de los distintos actores sociales es central para este trabajo. Nos conduce, dentro del contexto del capitalismo, a plantear el concepto de clase y de la conciencia que los actores tienen de su propia clase, y además al sentido que ellos le dan a sus actos; y a los símbolos, normas y formas ideológicas que crean y que constituyen el bagaje indispensable y la dinámica de las opciones de su conducta. Al respecto, Marx intentaba mostrar la importancia de la praxis humana en la conformación de las formas de conciencia:

En la medida que millones de familias viven en condiciones económicas que distinguen sus formas de vida, intereses y cultura de los de otras clases, y las enfrentan con estas últimas en hostil contraste, forman una clase. En la medida en que sólo hay una interconexión local entre esos pequeños campesinos, y la identidad de sus intereses no engendra unidad, ni unión nacional, ni organización política, no constituyen una clase. (Marx, 1872)

Para Edward Thompson (1980), a su vez, la experiencia es puente para el pasaje de la mera existencia de la lucha de clases, como situación objetiva, a la constitución de la clase como sujeto histórico en la que, en tanto sujeto con opciones, aún siendo subalterno tiene posibilidad de elegir lo que construye desde su modo de ver el orden social. Ni los campesinos ni los proletarios sostiene James Scott (1995) “…deducen sus identidades directamente o solamente del modo de producción, y cuanto antes atendamos a la experiencia concreta de clase como es vivida, más pronto podremos apreciar ambos, los obstáculos y las posibilidades para la formación de clase.

Es el enraizamiento de la experiencia, por lo tanto, aquello que le da su poder y sentido. Y cuando la experiencia es ampliamente compartida, los símbolos que se corporizan en la organización pueden tener un gran poder evocativo en la construcción de una identidad común. Otro objetivo general de esta investigación se orienta a profundizar el análisis de la historia rural de la región considerada, procurando reconstruir la identidad de los grupos sociales como parte de la construcción social del espacio desde la perspectiva de la sociología histórica.

Esta recuperación del proceso histórico incluye a su vez como objetivo el análisis de los elementos de continuidad y cambio en el desarrollo de estos movimientos agrarios, en el que se integran el conflicto con la continuidad tanto en su visión del mundo como en su relación con el pasado. En esta indagación histórica se destacan actores sociales cuya incidencia en el proceso de conformación y desarrollo de estos sujetos colectivos es clave. Así, nos planteamos también como objetivo relacionar la participación protagónica y articuladora que tuvo la iglesia católica en los orígenes, organización y desarrollo del colectivo social rural en la región del noreste argentino, en sintonía con la participación eclesial en procesos similares en Paraguay y Brasil durante el período analizado. Este análisis permite ahondar en los profundos cambios que se produjeron entre la organización popular y la conciencia cristiana durante esta etapa tan convulsionada social y políticamente en América Latina, y la significación especial que tuvo la institución eclesial en dicho proceso.

  Por otra parte, el abordaje de la participación de las mujeres y los jóvenes en la emergencia de un movimiento social rural es un objetivo ineludible. Para lograrlo profundizamos la transformación en la subjetividad y en el rol de los jóvenes en la sociedad durante las décadas del sesenta y setenta, y su expresión en ámbitos clave como la institución eclesial y el medio rural. Un proceso equivalente de cambio se produjo desde la perspectiva de género, lo que llevó a que la mujer ocupara nuevos espacios políticos y socioeconómicos. Este proceso, aunque mucho más fluido en el ámbito urbano, tuvo su correlato en las relaciones sociales del ámbito rural.

El objetivo específico de este trabajo es entonces la interpretación de dichos procesos de transformación en las relaciones sociales rurales de las décadas de 1960 y 1970 en la región del NEA a partir de un actor social, las ligas agrarias: la construcción de su identidad y la organización de sus lógicas de acción colectiva  expresada a través de su discurso y movilización, sus proyectos y sus imaginarios, y también su interrelación con otros actores colectivos como las cooperativas y los sindicatos rurales.

Los problemas e hipótesis de trabajo

Esta investigación, atravesada por la experiencia emergente de un colectivo social rural organizado en el NEA durante los setenta, se desarrolla en dos niveles de análisis, que fueron abordados desde la teoría y desde su evolución histórica. Uno, más abarcador, es el proceso de transformación en las relaciones sociales que se dio en el ámbito rural de la Argentina durante las décadas del sesenta y setenta. Y de este deriva otro nivel más específico con dos núcleos problemáticos: la crisis de emergencia que estaba viviendo la región del NEA a fines de la década del sesenta, y el proceso emergente de un colectivo social rural a principios de los setenta. De la crisis nos propusimos profundizar aquellos aspectos que tienen relación directa con nuestro objeto de estudio -las relaciones sociales rurales- partiendo del carácter conflictivo de esas relaciones, en la medida en que el proyecto de dominación tuvo consecuencias perjudiciales que afectaron profundamente a los actores sociales subalternos en tanto atomizados, pero dejó de ser hegemónico ante la progresiva concientización política y social de los mismos, y su organización y conformación como sujeto colectivo con capacidad de resistencia. Y del otro problema, la emergencia del colectivo social, la experiencia de las ligas agrarias es abordada como eje articulador pero con especial énfasis en su relación con las cooperativas y sindicatos rurales en ese proceso de transformación social.

A partir de estos niveles de análisis, y conforme a los objetivos planteados, se formulan algunas hipótesis secundarias en torno a la cuestión central ya planteada sobre en qué medida la experiencia emergente de un colectivo social rural organizado en el NEA durante los setenta -luego truncada por la represión y el desencanto- logró transformar las relaciones sociales rurales en la región:

  • Las Ligas Agrarias del NEA constituyeron un movimiento social agrario regional que cuestionó durante la primera mitad de la década del setenta el sistema de dominación que los afectaba. Su liderazgo se evidenció en la influencia política y social sobre el proceso de resistencia rural a la política económica adversa y su capacidad de impulsar respuestas prácticas para la realización de un proyecto de desarrollo alternativo.
  • Tanto las ligas agrarias como las cooperativas y los sindicatos rurales tuvieron una fuerte expresión y protagonismo en esta etapa, pero aún dentro de un común proceso de movilización social y cuestionamiento del sistema divergieron en objetivos y en base social.
  • Las cooperativas actuaron mayormente dentro de una legitimación del sistema, puesto que sus objetivos eran más corporativos que movimientistas, y sus reivindicaciones sobre todo de libertades capitalistas, lo que las llevó a priorizar acuerdos de tipo corporativo y a obtener grandes logros en este campo. Y en cuanto a su base social, representaban más que nada a medianos productores.
  • Los sindicatos de obreros rurales del NEA, a su vez, tenían una historia de desmovilización rural, salvo excepciones, por la política gremial de FATRE desde sus orígenes. Ante esta situación de crisis de representatividad surgieron sindicatos rurales en el NEA con una fuerte movilización, pero con demandas más relacionadas con el incumplimiento de las obligaciones legalmente impuestas a los empleadores que a la posibilidad de obtener conquistas. Por su parte, los hacheros del Norte de Santa Fe y de El Chaco en los setenta se organizaron sindicalmente con una propuesta mucho más cercana a la de las ligas agrarias en cuanto a su capacidad no sólo gremial sino también de búsqueda de cambios socioeconómicos integrales.
  • En las distintas provincias del NEA los trabajadores rurales fueron agremiados tanto por las ligas agrarias como por los sindicatos rurales. Esto produjo en cada provincia una diferente relación con los productores rurales en el interior del movimiento, poniendo en evidencia ciertas limitaciones entre un proletariado agrícola asalariado y un sector de productores familiares con considerable nivel de capitalización.
  • En su constitución en tanto movimiento social, las Ligas Agrarias actuaron políticamente pero también como expresión de una contracultura: no se plantearon formar un partido político, pero sí una sociedad distinta. Fueron una bisagra entre lo que se consideran viejos y nuevos movimientos sociales en su concepción de una nueva forma de hacer política y en la conformación de una identidad política y social con valores y ética, y una profunda pertenencia. Al respecto, sostenemos con T. Evers (1985) que el potencial transformador de estos nuevos movimientos sociales produce una construcción contracultural de “defensa de la identidad”, creando espacios de relaciones más solidarias, de conciencia menos dirigida por el mercado, de manifestaciones culturales menos alienadas o de valores y creencias básicas diferentes.
  • La crisis de representación en algunas provincias de la institución tradicional que nucleaba a los pequeños y medianos productores, la Federación Agraria Argentina, originó en los mismos la búsqueda de nuevas instancias de representatividad más propias de un movimiento gremial social. Para esto las Ligas Agrarias contaron con la infraestructura previa regional provista por la institución de la iglesia católica, lo que les permitió disputar el liderazgo con las organizaciones tradicionales del agro.
  • Las Ligas Agrarias surgieron y se organizaron mayoritariamente por la acción del Movimiento Rural Cristiano, una rama de la Acción Católica Argentina. La iglesia católica cumplió un importante rol de articulación política en sus orígenes al brindarle aportes en la forma de organización y la formación ideológica de los primeros dirigentes, y en cierta cosmovisión mística propia del enfoque de la cultura religiosa como parte de la moral económica que, aunque no mayoritaria, estuvo presente en la identidad de las Ligas. Esta gravitación de la institución eclesial fue consecuencia del proceso de cambio de conciencia política y social que se dio en sus integrantes en América Latina durante la década del sesenta, y que los llevó a asumir el compromiso y la práctica de cambiar una realidad de injusticia estructural según los postulados de la Conferencia de Obispos Latinoamericanos en Medellín de 1968.

La metodología

Las relaciones sociales en el ámbito rural son en sí mismas un objeto de estudio de la sociología histórica. Partimos del supuesto que tanto la historia como la sociología se basan científicamente en su función social, analizan la identidad y la construcción de la ciudadanía (Girbal-Blacha, 2003), y tienen el mismo régimen epistemológico [4].

La historia puede ser considerada desde distintas posturas epistemológicas. En su relación con la sociología, Weber la concibe como una ciencia social –sociología histórica– que puede establecer leyes teniendo en cuenta al actor,

…como en toda ciencia generalizadora, es condición de la peculiaridad de sus abstracciones el que sus conceptos tengan que ser relativamente vacíos frente a la realidad concreta de lo histórico,…“ya que se esfuerza por analizar las personalidades, estructuras y acciones individuales consideradas culturalmente importantes. (Weber, M., 1922:16).

 Marx, por su parte, la considera una ciencia partiendo de y priorizando la estructura social: busca ciertas constantes en el comportamiento social de los hombres a la luz de una teoría de la praxis humana. Su concepción de la historia toma como punto de partida el proceso de producción real, que analiza a partir de la producción material de la vida inmediata.

Al respecto, resulta igualmente necesario tener en cuenta a los actores y a las estructuras para analizar el proceso histórico. Ambas, historia y sociología, enfatizan la relación entre actores sociales y estructura, buscan entender un proceso social desde la perspectiva de los distintos actores y analizan los procesos históricos apelando a conceptos. A la vez se complementan, en la medida que los estudios históricos se ocupan sobre todo de la interacción de acciones significativas y contextos estructurales, a fin de comprender el desenvolvimiento de resultados de procesos de vidas individuales y de transformaciones sociales.

El objetivo fundamental no es revelar si una perspectiva teórica existente es aplicable o no, ni generar un paradigma alternativo para desplazar tal perspectiva. Más bien el objetivo principal es hacer que las acciones y contextos históricos tengan sentido (Weber, 1922), usando en el proceso los recursos teóricos que parezcan útiles y válidos. Poder formular preguntas a la historia para lograr respuestas explorando diversos tipos de evidencia, combinando la teorización fecunda con el análisis histórico. Tanto la historia sociológica como la sociología histórica critican las teorías excesivamente abstractas y las ideas deterministas monocausales. La tarea de las teorías es sólo servir de ayuda al historiador para buscar una evidencia mejor sobre el pasado (Skocpol, 1994).

La sociología histórica tiene orientación y base históricas, coincide con la historia en sus análisis y en la modalidad de sus preguntas sobre estructuras y procesos de cambio social que se consideran ubicados concretamente en tiempo y espacio. Es decir, aborda los procesos a través del tiempo y compara las secuencias temporales para dar cuenta de los resultados. Utiliza conceptos sociales para estudiar un proceso y el comportamiento de los actores en un momento y lugar concretos, periodizando y teniendo en cuenta los actores y las estructuras. Analiza las particularidades, lo específico de un momento dado, las continuidades y rupturas, y problematiza, es decir, establece conexiones conceptuales entre problemas. La sociología histórica se ocupa de investigar “grandes estructuras, largos procesos y enormes comparaciones” (Charles Tilly)[5].

 Ni los sociólogos ni los historiadores consideran el pasado del mundo como un relato de evolución unificada o como un conjunto de secuencias uniformes. Por el contrario, se considera que los grupos u organizaciones han elegido o tropezado con diversos caminos en el pasado. A su vez las elecciones anteriores limitan y abren posibilidades alternativas para más cambios, conduciendo hacia un fin no premeditado. Para Weber (1922/2004), “fin es la representación de un resultado pleno de significación que pasa a ser causa de la acción”, de una nueva acción, un nuevo problema. La significación acá consiste en que no sólo comprobamos la acción humana sino que queremos y podemos comprenderla. La sociología histórica analiza la percepción del sentido de ese proceso social singular que los distintos actores han vivido con dinámica propia.

 La tarea central del análisis social histórico es, entonces, orientarse por problemas para abordar las relaciones que existen entre los distintos procesos trascendentales y sondear sus consecuencias en las formas de acción grupal. El debate gira en torno a la conexión entre procesos a largo plazo y las formas cambiantes y objetivos de la acción colectiva. Así, se utiliza la teoría sociológica y la teoría histórica para enfatizar el estudio de las prácticas sociales a partir de la reconstrucción de sentidos que motiva la aparición y desarrollo de un colectivo social, en este caso rural, organizado y movilizado.

Interesa encontrar el elemento político y cultural (Weber, 2004, Gramsci, 2004) que le permite al actor gestarse y actuar como sujeto colectivo. Al respecto, nuestro objetivo específico es la interpretación de los procesos de transformación que se dieron en el ámbito rural del NEA durante la década del setenta, desde la crisis de emergencia al movimiento emergente. En otras palabras, el análisis de las motivaciones  y acciones en la emergencia de un actor colectivo como las Ligas agrarias, y su relación con otros colectivos y organizaciones sociales como las cooperativas y los sindicatos rurales.

Con respecto a las perspectivas y las dimensiones de análisis, partimos de la relación entre la historia y la memoria, en función de la construcción de la identidad de una sociedad tratando de establecer nuevas relaciones entre el pasado y el presente. Como ya dijimos, la función de la memoria no es sólo conservar el pasado en nuestra mente, es sobretodo darle sentido al presente. El objetivo es reconocer cuáles hechos o conceptos guarda la memoria colectiva (Halbwachs, 2003), es decir de qué forma los grupos sociales interpretan el pasado en función de necesidades del presente, rescatando también aquellos que se han sumido en el olvido (Girbal-Blacha, N., 2003: 22).

Para esta investigación sobre las relaciones sociales en el ámbito rural, el significado histórico-analítico de los movimientos sociales reside en la posibilidad de buscar en ellos evidencia sobre su identidad, sus características y las continuidades y cambios profundos que lograron en la sociedad. Lo que está en cuestión es una nueva forma de hacer política y una nueva forma de sociabilidad, pero sobre todo una nueva forma de relacionar lo político y lo socioeconómico, en la cual las prácticas sociales interactúan con lo ideológico y lo institucional político.

 En función de los objetivos del trabajo se elaboró una cronología de los principales acontecimientos sociopolíticos de la región NEA y del desarrollo de las ligas agrarias y su relación con las cooperativas y sindicatos rurales, profundizada a partir de las fuentes primarias y secundarias específicas de cada provincia.

El abordaje de las diversas formas de organización y actuación de estos actores sociales rurales se efectuó a través de tres dimensiones analíticas:

  • El análisis histórico de cada realidad provincial en el marco regional, incluyendo la agraria, para ubicar el contexto dentro del cual actuaron las ligas agrarias, las cooperativas y los sindicatos rurales. Al respecto se puso el énfasis en la reconstrucción de cada coyuntura estratégica[6] como parte de la dinámica de un proceso sociopolítico global. Con dichas instancias representativas nuestro estudio contempla la dinámica de la acción colectiva.
  • La historia de las respectivas Ligas Agrarias provinciales y las cooperativas y sindicatos rurales, a partir de fuentes escritas, primarias y secundarias, y orales de entrevistas a participantes clave del proceso.
  • El estudio de grupos con estrategias consistentes (políticos, sociales y religiosos) y el análisis histórico de su forma de accionar ante dichas coyunturas estratégicas, poniendo énfasis en la emergencia y constitución de mayorías electorales y sociales a partir de la convergencia de diversos actores que sustentaron lógicas movimientistas para impulsar sus demandas, y redefinieron la escena política al condicionar el juego de otros actores.

En relación a las fuentes consultadas, el logro de los objetivos en esta investigación dependió en gran medida de la posibilidad de acceder por primera vez a ciertas fuentes primarias, y a la relativa escasez de fuentes secundarias existente.

En el abanico de las fuentes primarias, las fuentes escritas conforman la mayoría de la documentación original que quedó de las Ligas agrarias y las cooperativas y sindicatos rurales. Las más representativas analizadas fueron:

Para el análisis crítico de los periódicos se estableció una metodología que permitiera el tratamiento de la problemática rural dentro de un ordenamiento cronológico del proceso político nacional y del desarrollo de las Ligas agrarias, cooperativas y sindicatos rurales en particular. Los diarios constituyen una de las pocas vías de reconstrucción de este proceso. Otras fuentes documentales se encuentran más fragmentadas o fueron destruidas durante la dictadura militar. Aunque el tratamiento que los diarios nacionales dan a esta problemática es variado, en general son escasas las referencias a las principales actividades desarrolladas por las ligas agrarias y los sindicatos rurales, lo que se compensa con el análisis de diarios locales siguiendo el criterio de ubicar algunas coyunturas clave.

Los periódicos seleccionados son: entre los nacionales La Nación, Clarín y La Opinión y entre los diarios provinciales se relevaron El Litoral de Corrientes, El Territorio de Resistencia, El Territorio de Misiones y La Mañana de Formosa. Estos periódicos fueron relevados en sus respectivas provincias, ya que no se encuentran en hemerotecas públicas de Buenos Aires.

  • Acerca de las revistas de actualidad y análisis, la diversidad de las de análisis político y su duración inestable requirió seleccionar una serie de expresiones bastante heterogénea y discontinua: Primera Plana, Así, Carta Política, Cuestionario y El Descamisado.
  • Documentos y declaraciones de diversos actores sociales: partidos políticos, movimientos sociales, instituciones y corporaciones. (ver listado fuentes)
  • Discursos y documentos del Estado. Textos constitucionales, actas institucionales, leyes complementarias y decretos presidenciales. (ver fuentes)

La normativa jurídico-institucional referida a entes de regulación del Estado sobre la comercialización y la tenencia de la tierra tiene especial importancia en el análisis de los objetivos y recursos perseguidos por las ligas agrarias y las cooperativas y sindicatos rurales, así como las modalidades políticas que asumieron estos reclamos en el ámbito nacional o provincial[7]. Por otra parte se analizó la normativa jurídico-institucional que regulaba a las organizaciones gremiales rurales, en especial las diferencias y modalidades de funcionamiento estatutario de las distintas organizaciones rurales, y también el tipo de reconocimiento otorgado por el estado para su constitución y funcionamiento.

  • Se relevaron -además- los censos agropecuarios del período considerado y en particular de la región del Noreste, en donde actuaron estas organizaciones.
  • Documentos de las Ligas agrarias, las cooperativas rurales y los sindicatos rurales del NEA. Para los orígenes de las ligas agrarias se logró acceder a las actas, documentos y publicaciones del Movimiento Rural de Acción Católica hasta 1972, ya que la documentación posterior de la institución fue quemada. Algo similar ocurrió con los periódicos de las Ligas Agrarias a los que se pudo acceder en cada provincia. Aunque en varias zonas no existen registros de estas publicaciones, se pudieron consultar algunos ejemplares del periódico El Campesino de las Ligas Agrarias Chaqueñas y El Campesino de las Ligas Campesinas Formoseñas, Amanecer Agrario del Movimiento Agrario Misionero y La Voz del Productor de las Ligas Agrarias de Entre Ríos.

En relación a los archivos que fueron destruidos, los casos de Goya y Corrientes, allí se quemaron registros completos de las Ligas. Así, la recopilación de estas fuentes requirió un paciente trabajo de relevamiento personal con diversos protagonistas que lograron rescatar fragmentos de la documentación. Por otra parte, fue factible cierta reconstrucción histórica a partir de la documentación aportada por los registros represivos de los regímenes dictatoriales, como el Informe Nunca Más (1991) realizado por la CONADEP y diversos testimonios de familiares y sobrevivientes de la represión en varias regiones. Otra fuente escasísima pero clave fueron los programas radiales, que tuvieron una gran influencia en el ámbito rural, y de los que quedaron algunas grabaciones pero de difícil acceso, más que nada de transcripciones de programas radiales emitidos en 1975, previos a algunos hechos represivos.

Para las cooperativas se contó con la revista de la UCAL y publicaciones de la ACA, y para los sindicatos rurales con la documentación de FATRE del período e informes sobre la situación de los hacheros. También se pudo obtener algunos registros del cancionero de la época, cantado por ligas y sindicatos rurales, lo que permitió aproximarnos al imaginario colectivo del período considerado, así como a ciertas vivencias cotidianas de los productores y trabajadores rurales[8].

Acompañando la progresiva represión política en el país algunas ligas asumieron el criterio de no tomar notas sobre las conclusiones y resoluciones de cada reunión, de manera que la transmisión de las informaciones se realizaba en base a la memoria y transmisión oral de los participantes.

Con respecto a las fuentes orales, el obstáculo que tornó indispensable apelar a las entrevistas se vincula con la falta de información al tratar de reconstruir la historia de un movimiento social de sectores subalternos rurales como las ligas agrarias y los sindicatos rurales, especialmente cuando, ya lo dijimos, la represión fue decisiva en la desaparición de la mayor parte de la documentación. Para analizar las Ligas Agrarias usamos en algunos apartados la modalidad de “documental escrito”, priorizando transcribir directamente -aún con mayor extensión- la originalidad y riqueza de las vivencias y lenguaje de los entrevistados como evidencia de la complejidad de un movimiento regional rural en cada realidad provincial.

Seleccionamos como herramienta metodológica para la reconstrucción de la historia oral a la historia de vida propiamente dicha, distinguiéndola del estudio biográfico que se refiere a la historia de vida de una persona (viva o muerta) escrita por otro usando todo tipo de documentos (Creswell, 1998), y de la autobiografía que se ocupa de la historia de vida de personas contada por ellas mismas. La historia de vida está basada en una mirada desde las ciencias sociales, y en ella el investigador relaciona una vida individual o familiar con el contexto social, cultural, político, religioso y simbólico en el que transcurre, analizando cómo ese mismo contexto influye y es transformado por esa vida individual o familiar. Con esta técnica, el investigador obtiene los datos primarios a partir de entrevistas y conversaciones con el individuo[9]. La historia oral se trata entonces de un tipo de investigación que se nutre de la reflexión individual sobre eventos específicos de la historia de una sociedad, analizando sus múltiples causas, consecuencias y efectos sobre la vida individual o familiar de los participantes y de otros actores sociales. Esta perspectiva abre la posibilidad de visiones y comprensiones múltiples en la historia social. (Giménez B. y otros, 2006)

La narración individual de los protagonistas adquiere una importancia particular tanto en la construcción de la memoria colectiva como en el abordaje de la conformación de un movimiento social, en tanto “proceso de fusión en el cual los elementos originarios cambian de significado y se reestructuran en nuevas relaciones” (Saltalamachia, H., 1983:325). Tal fue el caso de la transformación del Movimiento Rural de Acción Católica en un movimiento social como las Ligas Agrarias en el que la memoria oral de los protagonistas permite reconstruir los sentidos asignados a las identidades colectivas, es decir del campo de experiencias y reconocimientos intersubjetivos que se articularon en la emergencia de las movilizaciones rurales.

Las objeciones que frecuentemente se plantean a las técnicas cualitativas con respecto a su representatividad y confiabilidad para la investigación histórica merecen algunas consideraciones. En la reconstrucción de un sentido de una identidad colectiva a partir de informantes individuales no se trata de establecer controles para depurar presuntas deformaciones que presentarían los datos subjetivos.

En tanto material simbólico, el dato es siempre una determinada estructuración de la realidad. La transposición de lo real a lo simbólico siempre representa, al menos, un proceso de reducción, de síntesis y de atribución de sentido. En tanto dato, lo real es siempre un real construido. (Saltalamacchia, H., 1983:329)

Y agrega que en “la reconstrucción del dato histórico no puede haber más pretensión que la de reconstruirlo en forma teóricamente coherente (en tanto constituye) una objetivación que nunca podrá enfrentarse con lo real, pues ese real ya no existe.” 

De este modo, la investigación exploratoria a través de los testimonios permite captar la reconstrucción del proceso histórico del colectivo social analizado a partir de los sentidos con que los protagonistas fueron construyendo una identidad y una lógica de acción colectiva. Con la utilización de la técnica de entrevistas en profundidad[10], la selección de coyunturas estratégicas fue el método de control de cada relator clave, porque permitió construir un sentido de la narración a partir de diversos protagonistas mediante la triangulación de las narraciones con diversos tipos de documentos, de manera de contrastar datos, aumentar la información y establecer ciertos controles.  Así se pudo recopilar un conjunto de testimonios comparados desde diversos ángulos. Se trata de una serie de observaciones individuales que permiten en la medida de lo posible la reconstrucción oral de la historia reciente[11].

En función de esto, para el análisis de las Ligas Agrarias en general usamos en algunos apartados la modalidad de “documental escrito”, ya que priorizamos transcribir directamente -aún al costo de una mayor extensión- la originalidad y riqueza de las vivencias y el lenguaje de los entrevistados como la evidencia más cabal de la complejidad de un movimiento regional en cada realidad provincial.

Las fuentes secundarias, por su parte, incluyeron la bibliografía citada oportunamente con referencia a los diversos temas abordados en la investigación (v. índice bibliográfico), pero específicamente sobre:

La historia sociopolítica y rural del país y de la región del NEA durante el período abarcado, la década del sesenta y primera mitad de los setenta.

Los marcos teóricos dominantes sobre la caracterización de los sujetos sociales agrarios, el tipo de organizaciones representativas de productores y asalariados, el proceso de constitución de actores sociopolíticos y su relación con las fuerzas sociales y el sistema político.

El análisis de las identidades y las lógicas de acción colectiva de los actores sociales organizados como corporaciones, cooperativas, sindicatos y movimientos sociales.

La evaluación de los diversos marcos conceptuales sobre la Iglesia en relación a la historia rural del Cono Sur, en especial de Argentina y de la región del Noreste

El estado de la cuestión teórica

Las relaciones entre los distintos miembros de la sociedad, en nuestro caso rural, dependen del contexto y de la correlación de fuerzas entre ellos. Así, en el contexto del capitalismo[12] hablar de relaciones sociales implica considerar el modo de producción y cómo el mismo afecta las relaciones de clase, en las que la cuestión económica define mucho de la situación que los actores humanos encaran, al  poner límites en las respuestas que son posibles o imaginables. Pero esos límites son amplios, y dentro de ellos los actores humanos modelan su propia respuesta, su propia historia. Por eso, aunque indispensable, la clase no agota el espacio total de las acciones sociales. La naturaleza de las relaciones sociales está mediatizada por la experiencia humana, y solo interpretándola en su totalidad podemos decir cómo el sistema económico influye a quienes lo constituyen y lo mantienen[13].

Así, abordar la experiencia de los distintos actores sociales es central para este trabajo: nos lleva por un lado a hablar del concepto de clase y de la conciencia que los actores tienen de su propia clase[14], y por otro al sentido[15] que ellos le dan a sus actos, y a los símbolos, normas y formas ideológicas que crean y que constituyen el bagaje indispensable de su conducta. El concepto de clase experimentado tiene que estar inserto en una historia particular de relaciones de clase. Es el enraizamiento de la experiencia[16] lo que le da su poder y sentido. Y cuando la experiencia es ampliamente compartida, los símbolos que corporizan las relaciones de clase pueden tener un extraordinario poder evocativo.

La conciencia, entonces, se conforma con el sentido que los actores dan a su acción, sentido que se nutre en símbolos, normas y formas ideológicas y que los dota de intenciones, valores y propósitos. Así, la acción se basa en los conflictos de sentido y valor en los cuales la conciencia emerge y a la cual contribuyen.

Un problema al respecto es si todos los actores sociales cuentan con los mecanismos que permiten formar la conciencia, es decir, el capital ideológico y simbólico. Según Antonio Gramsci (1977:16), las élites controlan los sectores ideológicos de la sociedad -la cultura, religión, educación y medios- y pueden por lo tanto construir el consenso para sus reglas, dada la presunción de que el campesinado (proletariado) acepta la visión de la élite sobre el orden social, “Creando y difundiendo un universo del discurso y de conceptos afines, definiendo los parámetros de lo que es verdadero, bello, moral, justo y legítimo, ellos construyen un clima simbólico que previene a las clases subordinadas de pensar por su propia vía, libremente[17].

Pero esta subordinación ideológica y simbólica -la conciencia social- de las clases subordinadas, que se evidencia en las motivaciones de su accionar, requiere un análisis más complejo de la subcutura del grupo subordinado y su relación con los valores de la élite dominante, puesto que ni las intenciones ni los actos son unmoved movers. Los actos nacidos de intenciones vuelven para influenciar conscientemente e impulsar siguientes intenciones y actos, en un proceso de constante comunicación y diálogo. Esto pone en duda el alcance del poder de las élites, hasta dónde son capaces de imponer su hegemonía simbólica[18], su propia imagen de un orden social justo, tanto en el comportamiento como en la conciencia de las no-élites.

A este argumento James Scott (1995) agrega que las intenciones y la toma de conciencia no están atadas del mismo modo que el mundo material y la conducta[19]. Al respecto es posible que los actores conciban una línea de acción que es, hasta el momento, tanto impracticable como imposible, pero que si cambian las circunstancias puede volverse posible. En ese contexto, los reclamos individuales vinculados a la experiencia local pueden dar lugar a la emergencia desde las bases de un reclamo colectivo, una línea de acción colectiva, y aún de actos colectivos.


En este punto nos interesó indagar cómo opera la mediación simbólica de la acción colectiva en la constitución de las identidades sociales. Entramos en nuevos campos que nos remitieron a cómo opera la tradición, la conciencia moral y los imaginarios sociales en la conformación de actores colectivos.

En primer lugar analizamos los principales paradigmas que han influenciado las ciencias sociales en América Latina -el estructural funcionalismo y el marxismo- específicamente en la temática de la modernización, la hegemonía y la legitimación; y particularmente referidos a las relaciones sociales en el ámbito rural dentro del capitalismo. En un segundo bloque retomamos las principales corrientes teóricas que han tratado de explicar la emergencia, conformación y prácticas de los actores sociales de las clases subordinadas rurales. En particular se trató la relación entre la ideología, la constitución de identidades y las lógicas de acción colectiva.

Partiendo del análisis de las dos corrientes teóricas que más influenciaron las ciencias sociales latinoamericanas en las últimas décadas -el estructural funcionalismo y el marxismo-, los estudios ya realizados sobre las ligas agrarias permiten mencionar distintas perspectivas: el enfoque estructural, aunque admite diversas vertientes teóricas[20] presenta algunos perfiles similares al abordar las organizaciones y movilizaciones rurales. Enfatiza un rol determinante a las fracciones de clase o tipos sociales agrarios en la conformación y comportamiento de sus respectivas estructuras ideológicas. Según fuera el tipo de desarrollo capitalista, los asalariados rurales, campesinos medianos y pequeños productores (tipo farmer) tenderían a generar lógicas de acción colectiva con mayor o menor potencialidad transformadora. En estos enfoques el surgimiento del activismo agrario se explica debido a transformaciones en la estructura social. El campesinado (caracterizado por una economía de subsistencia, relaciones clientelares y una cultura religiosa tradicional) o los pequeños y medianos productores (con relativa capacidad de acumulación) amenazados por el avance de ciertos sectores monopólicos en el proceso de modernización capitalista del agro reaccionan en forma defensiva, y progresivamente van pasando de una etapa sin organización a otra política de organización social.

Para esta visión las Ligas Agrarias en el noreste argentino se caracterizaron en función del comportamiento de su base social, el pequeño y el mediano productor tipo farmer, lo que limitaría evaluarlas como movimientos campesinos transformadores. Se asociaron a modalidades de protesta agraria defensiva ante el capitalismo, extrapolando experiencias históricas del populismo ruso o norteamericano.  Entre otros, encontramos esta postura en los trabajos de Eduardo Archetti, y Kristi Anne Stölen, (1975) “Tipos de economía, obstáculos al desarrollo capitalista y orientaciones generales de los colonos del norte de Santa Fe.”, y (1975) Explotación familiar y acumulación de capital en el campo argentino, de Eduardo Archetti (1988) “Ideología y organización sindical: Las Ligas Agrarias del Norte de Santa Fe” y  (1993) “El proceso de capitalización de campesinos argentinos; y de Leopoldo Bartolomé en (1975) “Colonos, plantadores y agroindustrias. La explotación agrícola familiar en el sudeste de Misiones”, (1982) “Base social e ideología en las movilizaciones agraristas en Misiones entre 1971 y 1975” y (2000) Los colonos de Apóstoles. Estrategias adaptativas y etnicidad en una colonia eslava en Misiones.

Tanto Archetti como Bartolomé se concentraron en el proceso histórico de las ligas en realidades provinciales acotadas. El estudio de Bartolomé, centrado desde la antropología en el caso misionero, lo caracterizó como una forma de populismo agrario, por el origen farmer de los productores movilizados y su ideología populista.  En esa línea, Archetti interpretó a las Ligas agrarias en el norte de Santa Fe como una organización de farmers en torno a la defensa de libertades capitalistas, y K. Bidaseca retomó (2005) estos argumentos desde una perspectiva culturalista como emergentes de un profundo cambio cultural.

Pese a sus aportes, los argumentos estructuralistas corren el riesgo de predeterminar, según el paradigma teórico que utilicen, el comportamiento de un tipo social agrario según el proceso de diferenciación social en el que están insertos, concluyendo de este modo por definir el carácter político o no de un movimiento social rural, así como su perfil populista o revolucionario. Creemos que el impacto de la modernización capitalista en el agro no determina a priori las lógicas de acción colectiva y el tipo de politización de los actores rurales de las clases subalternas, a lo sumo permitiría dar un panorama de las condiciones y oportunidades para su acción. Pero las políticas no aparecen como resultados preestablecidos: los actores sociales toman opciones, y sólo pueden realizar esto dentro de un marco de valores que en el proceso de confrontación social configura su identidad y redefine sus recursos

 Desde la perspectiva del marxismo, que acentúa la base de la historia como el despliegue de fuerzas económicas preestablecidas, encontramos el caso del libro pionero de Francisco (Pancho) Ferrara de 1973 ¿Qué son las Ligas Agrarias? cuando el proceso de las ligas estaba en pleno desarrollo, y el reciente (2007) Los de la tierra. De las ligas agrarias a los movimientos campesinos.; y de Jorge Próspero Rozé (1992) Conflictos agrarios en la Argentina. El proceso liguista y (1995) “La confusa unidad de lo diverso. Las ligas agrarias en Argentina”. Para ambos desde una perspectiva clasista las Ligas agrarias formaron parte del proceso revolucionario urbano-rural de los setenta en nuestro país.

Ferrara iguala en su análisis a los actores sociales, considerando que las ligas fueron “el aporte campesino para diagramar el bloque histórico de las fuerzas gestoras de un nuevo orden” (Ferrara, F., 1973: 481). Rozé, por su parte, resalta el carácter heterogéneo de los actores en cada provincia aunque los reclasifica en conjunto como formas típicas de organización de esos productores, ya sea de “participación masiva en movimientos con líderes extra clase (cuya expresión más alta es la guerrilla) o netamente corporativas materializada en el sinnúmero de cooperativas agrarias”. (Rozé, J., 1992:157).

Tanto en la visión marxista como en la estructuralista encontramos insuficiencias para comprender cómo se establece la relación entre las estructuras y los actores sociales, ya sea por el énfasis puesto en fuerzas estructurales anónimas entendidas como la base de la historia; o bien por la diferenciación y especialización de normas, status y roles en los que las prácticas sociales de los individuos y actores quedaban diluidos. Por esto nos interesa recuperar la dimensión de los individuos y actores colectivos, no como la sumatoria de racionalidades individuales ni como el despliegue de fuerzas económicas preestablecidas. Por el contrario, entendemos que conviene destacar la dimensión simbólica de la acción de los actores sociales en la realización de sus propias historias. Coincidiendo con Thompson (1980), incorporar las experiencias en sus situaciones y relaciones productivas determinadas como necesidades e intereses y como antagonismos, para ser tratadas como experiencia colectiva de su conciencia y cultura por medio de las cuales retornan como sujetos para actuar sobre sus propias realidades.

El enfoque del análisis estratégico de las relaciones sociales presenta a los actores con opciones que implican distribuciones de costos-beneficios y probabilidades de éxitos diferenciales. Un elemento a destacar en este marco es que los actores tienen opciones y la opción que elijan importa (Acuña y Smulovitz, 1991 y 1997) (Carter, 1994). Los análisis estratégicos contribuyeron en la comprensión de la dinámica política, sus contingencias e incertidumbres, aunque presentan dificultades para explicar los comportamientos de masas como los ciclos de movilizaciones de colectivos sociales, en donde la forma como se establecen los cálculos costo/beneficio no puede reducirse a la maximización de intereses de ciertas élites u organizaciones.

El estudio de las diferentes estrategias en la construcción social permite relevar los bienes en juego, sin embargo creemos que las opciones no sólo deben evaluarse por una lógica neoutilitarista de costo-beneficio sino también desde la perspectiva de reconocimientos colectivos, en donde las mediaciones simbólicas intervienen tanto en la definición de necesidades y derechos como en la constitución de identidades colectivas que redefinen los intereses de sus participantes. Desde este enfoque las ligas agrarias, ante la modernización capitalista del agro tendieron a defender sus intereses en alianzas estratégicas con otros actores rurales y con instituciones como la iglesia.

En este enfoque encontramos el análisis sobre las ligas agrarias de Laura Golbert y Cristina Luchini (1974) Informe sobre la organización de los productores rurales del noreste argentino; y en parte el de Claudio Lasa (1991)”Un proceso de mediación política. El Movimiento Rural y las Ligas Agrarias Chaqueñas” y (1989) Las Ligas Agrarias del Chaco, quien sintetiza el proceso liguista como el de una “lucha de clases sin clases”, destacando el fenómeno de la conciencia popular y las experiencias que “a través de los procesos lucha, permiten la formación de la clase” (Lasa, C., 1985: 35).

El análisis estratégico, pese a sus aportes al evaluar la racionalidad campesina o las limitaciones de las clasificaciones prepolíticas o políticas, no permite explicar adecuadamente cuestiones como algunos conflictos de las Ligas Agrarias con las cooperativas o sindicatos rurales y con la iglesia misma, ni la presencia de valores que redefinen la acción colectiva y hasta los mismos intereses.

El enfoque de la moral económica plantea que la convergencia de “intereses ideales”, derivados de formas éticas y de la moral económica campesina, fue central en la emergencia del campesinado en las luchas agrarias (Carter, 1994). Esta ética económica crece bajo las condiciones de lucha por la subsistencia y representa una forma de resistencia frente al avance de las formas capitalistas de mercado; aunque no es sólo una reacción frente a las transformaciones del capitalismo, implica también un tipo de aspiración a relaciones sociales no marcadas por el mercado en asuntos que afectan la subsistencia material de una comunidad. Como en la región del NEA se da la coexistencia de bolsones precapitalistas o no capitalistas con actividades definidamente capitalistas (Rofman  y Manzanal, 1986), mencionamos también la visión de los teóricos de la moral económica, para quienes las relaciones sociales en el precapitalismo o no capitalismo son más morales que en el capitalismo, ya que el quiebre de las instituciones precapitalistas inducido externamente por el capitalismo dañó el bienestar campesino. (Popkin,  1979).

Constituye la base para que se expresen formas directas de protesta y movilización que encuentran su expresión en actos de solidaridad colectiva, coexistiendo con tensiones con la lógica de competencia del mercado (Lattuada, 2004). De esa forma se facilitan y refuerzan comportamientos anticapitalistas y visiones no sustentadas en el mercado sostenidas por la religión y los actores campesinos. La moral económica y la acción colectiva solidaria encuentran un natural complemento en la ética religiosa de hermandad universal. Estos “intereses ideales” atraviesan en distintos sentidos formaciones estructurales, lo que permitiría explicar por qué las ligas agrarias y las cooperativas rurales aparecen con comportamientos diferentes o en contradicción con sus intereses racionales.

También encontramos en Claudio Lasa algunos aspectos de esta visión, cuando en el caso de las Ligas agrarias del NEA afirma que la iglesia se conformó como un agente de mediación política en su constitución y en parte de su funcionamiento.

Este enfoque, si bien contribuye a superar las limitaciones de las perspectivas neoutilitaristas, tiene dificultades para explicar las movilizaciones de las ligas o de cooperativas y sindicatos rurales cuando estas no se corresponden con la moral de economías de subsistencia[21], o la contradicción entre comportamientos valorativos y la realización de intereses racionales. Los procesos rurales emergentes de los setenta presentaron tensiones y conflictos entre la dinámica y la autonomía del campo simbólico religioso -en tanto “espacio social y simbólico ocupado por los actores, instituciones, mensajes y símbolos religiosos en una permanente y dinámica interacción.” (Parker, 1990)-  y su relación con la secularización de una sociedad en conflicto.

El enfoque de las organizaciones y las lógicas de acción colectiva. Siguiendo a Bourdie y a Thompson nos interesa encontrar el elemento político y cultural que le permite al actor gestarse como sujeto colectivo. El análisis de las formas de organización y representación de intereses (simbólicos y materiales) permite plantear la cuestión de cómo se constituyeron los actores sociales agrarios en actores políticos y gremiales bajo determinadas identidades y lógicas de acción colectiva.


Las formas de organización y representación permiten establecer los tipos de mediación que se estructuran entre la sociedad y el Estado, que asumieron tres formas de intermediación de intereses que analizaremos más adelante en este trabajo: el clientelismo M. Trotta (2003), A. Powell (1990), el corporativismo G. O’Donnell (1975) y P. Schmitter (1987) y los movimientos sociales[22]. Este abordaje, en el que nos incluimos, permite evaluar las características que asumieron las Ligas agrarias y las cooperativas y sindicatos rurales en su relación con otros actores sociales y con el estado.

Desde nuestra perspectiva este enfoque no trata de formalizar una tipología de las lógicas organizacionales y de acción colectiva en forma abstracta, ni extrapolada de las nuevas teorías de origen norteamericano y europeo sobre la acción colectiva y los nuevos movimientos sociales )[23], sino que caracteriza la dinámica de las relaciones sociales dentro de las cuales se fueron constituyendo y redefiniendo los actores sociales. Diversas fuerzas sociales y políticas, como los partidos políticos, la iglesia católica, el sindicalismo y el cooperativismo tuvieron un rol relevante en la conformación de las ligas y sindicatos rurales. Cada una de estas fuerzas, con sus respectivas ideologías y tradiciones, convergió disputando la representación de los asalariados rurales y campesinos, y desplegó diversas estrategias para formular sus reclamos e influir en otros actores y el Estado.

Por eso el análisis de las condiciones de surgimiento, la disputa por la representación, el perfil identitario y organizacional y las lógicas de acción colectiva permiten abordar no sólo la aparición de esos actores rurales en la escena sociopolítica, sino también los procesos de crecimiento, auge y declinación que tuvieron. Enfatiza el estudio de las prácticas sociales a partir de la reconstrucción de sentidos que motivó la aparición y desarrollo de ese proceso.

Esa constitución de identidades sociales colectivas y su interrelación en el medio rural del NEA en los setenta, nuestra principal preocupación, nos orientó en la diagramación de esta tesis, que precisamos a continuación.


La conformación de las Ligas Agrarias en un movimiento social se abordó en este trabajo como el eje articulador del proceso de transformación de las relaciones sociales en el ámbito rural del noreste argentino durante la primera mitad de la década del setenta. El diseño de la investigación se relaciona con dos problemas: la crisis de emergencia que vivió la región del NEA a fines de los sesenta, y el proceso emergente del colectivo social rural a principios de los setenta.

La presente tesis, organizada en esta Introducción, diez capítulos y conclusiones, fue pensada contemplando el desarrollo analítico de aspectos teóricos, socio-históricos y metodológicos. Ya analizamos el planteo y vigencia del tema y el objeto de estudio, los objetivos, los principales problemas e hipótesis, la metodología y las fuentes primarias y secundarias utilizadas. Esta introducción se completa con la revisión del estado de la cuestión en nuestro objeto de estudio, las relaciones sociales en el ámbito rural, en sus aspectos teórico-metodológicos, focalizándose en los actores rurales, sus formas organizativas y la acción colectiva.

Ya establecidos los criterios de análisis, nos abocamos al estudio de las complejas relaciones sociales en el mundo rural del NEA. En el capítulo 1 nos centramos en la caracterización de los actores rurales en función de su economía y su inserción regional en un espacio construido socialmente. Es decir, el modo en que la jerarquización socio-económica y política del espacio regional condiciona, desde su conformación histórica, a dichos actores sociales. Tanto en este capítulo como en el siguiente nos interesó indagar desde la sociología histórica el origen de los problemas y la conformación de grupos sociales rurales que luego desarrollaron esta experiencia inédita regional de organización colectiva. Al respecto, analizamos acá la diversidad de estos actores en el escenario regional hasta mediados del siglo XX, poniendo el acento en los actores rurales subalternos y su compleja relación con la economía campesina en la región.

A continuación, en el capítulo 2 analizamos las formas en que los productores y los trabajadores rurales se organizaron en la región del NEA hasta la crisis de los sesenta, especialmente las modalidades asociativas de corporaciones, cooperativas y sindicatos rurales, en un contexto de fuerte presencia de relaciones sociales de tipo clientelar. Este capítulo reviste especial interés, ya que la experiencia de las ligas agrarias es abordada como eje articulador pero con especial énfasis en su relación con las cooperativas y sindicatos rurales en ese proceso de transformación social rural.

Este estudio tiene su núcleo en la crisis de emergencia que estaba viviendo la región del NEA a fines de la década del sesenta, como consecuencia de la modernización agraria en ese período y con los cupos a la producción de monocultivos regionales como contrapartida. La crisis agraria del NEA es desarrollada en este apartado sólo en sus principales características económicas y políticas, ya que los aspectos vinculados a los efectos de la crisis en las relaciones sociales en el ámbito rural son el objeto de estudio general de la investigación. El análisis de la crisis agraria está enmarcado en la relación entre la sociedad y el estado en torno al modelo hegemónico, lo que incluye –capítulo 3– tanto el rol de las agroindustrias beneficiadas con la imposición del modelo en la región como la actuación de las corporaciones y las instituciones del estado involucradas en acentuar o atenuar los efectos negativos de la crisis.

En el capítulo 4 profundizamos la función de otra institución que fue clave en este proceso: la iglesia católica y su transformación interna durante este período en el ámbito nacional e internacional. Al respecto, abordamos especialmente una rama de la Acción Católica, el Movimiento Rural Cristiano, y su función de mediación política como expresión de esa nueva conciencia eclesial en el medio rural.

La tesis pone el foco analítico en la emergencia del colectivo social. Analizamos las consecuencias profundamente perjudiciales que tuvo el proyecto de dominación en los actores sociales subalternos en tanto atomizados, pero también cómo dicho proyecto dejó de ser hegemónico ante la progresiva concientización política y social de los mismos, su organización y su conformación como sujeto colectivo con capacidad de resistencia. Con eje en las Ligas Agrarias, ahondamos desde una perspectiva regional en sus orígenes, estructura, organización, identidad, su relación con la iglesia y el rol de sus integrantes en el proceso socio-político y económico, sobre todo las y los jóvenes, sus protagonistas primeros y principales, ya que a partir de ellos se incorporaron las familias al movimiento (capítulo 5). A partir de esta visión de conjunto analizamos el surgimiento en cada provincia de las Ligas Agrarias, centrándonos en las coyunturas estratégicas que permiten relacionarlas con la realidad provincial, regional y nacional durante esa etapa tan convulsionada social y políticamente (capítulo 6), para continuar con la profundización del desarrollo de las Ligas Agrarias como un movimiento social: su acción colectiva y su proyecto alternativo de sociedad, su relación con otros actores sociales y el impacto regional y nacional,  (capítulo 7), y concluir con el debilitamiento y vulnerabilidad de las Ligas ante la represión, y su posterior disolución con la dictadura de 1976 (capítulo 8).

 Antes de las conclusiones, los dos capítulos siguientes se ocupan de la compleja y a veces contradictoria relación de las Ligas Agrarias con las cooperativas rurales (capítulo 9) y con los obreros y los sindicatos rurales (capítulo 10), relación atravesada a nivel local y regional por condicionamientos económicos, corporativos, políticos y hasta de relaciones de clase.

Finalmente, las conclusiones y reflexiones integradoras sobre la trama social de la emergencia rural en el NEA. A modo de balance se analizaron los problemas y debates sobre la cuestión de las relaciones sociales en el mundo rural regional en los setenta a la luz del proceso estudiado de transformación social. Aún cuando se trata de una tesis de sociología histórica, y por lo mismo sus alcances se centran en el pasado, nos interesó aproximarnos al sentido de esa experiencia histórica a partir de su significación en los setenta y hoy, es decir, la reconstrucción del proceso histórico en cuanto a la función social del pasado y la construcción de la memoria como aporte al contexto social actual y al conocimiento científico del tema.


  1. Aunque para la realidad argentina el concepto campesino tiene una acepción muy diferente al sentido clásico (Marx, Chayanov, Wolf, ver cap. 2 de esta tesis) o incluso al de otros países latinoamericanos, el término comprendió para el complejo espectro abarcado por las Ligas Agrarias del NEA a todo el que produce directamente la tierra, sea minifundista, pequeño o mediano productor (tipo farmer), o incluso peones. Pero ante todo, y en función de una historia desde los imaginarios, ellos se reconocían como movimiento campesino.
  2. “Este movimiento es la emergencia de una fracción de clase (…) en una especial emergencia histórica…” (Rozé, Jorge, 1992:43). Agradezco especialmente a Jorge Rozé su idea de emergencia aplicada a las Ligas agrarias, y también haber dejado el terreno abonado (1992:14) para que pudiera realizar esta investigación.
  3. Se llama proceso emergente a la experiencia que surge como alternativa al modelo dominante, en este caso en el agro. El concepto de emergente surge por la analogía con las ruinas emergentes que plantea Boaventura de Souza Santos (2000) para referirse a aquellos pensamientos y experiencias que la modernidad relegó a un segundo plano y que vuelven a aparecer bajo las reivindicaciones de los pueblos originarios y las comunidades rurales, entre otras. (Domínguez, D. Lapegna, y Sabatino, M., 2005:323)
  4. Sus proposiciones dependen del mismo régimen de pertinencia empírica y hacen intercambio de sus propiedades teóricas. La historia es, igual que la sociología, una disciplina de la síntesis interpretativa (Passeron,J.C., 1994) que se mueve en el eje espacial y temporal sin descuidar el relato como parte del problema que aborda. Aunque sociología e historia adoptaron regímenes diferentes de razonamiento para construir sus aserciones -su conocimiento- acerca de una misma estructura de observación, esto sería una diferencia lógica y no epistemológica (Skocpol, T., 1994).
  5. Es la interpretación de la relación entre acción humana, personal o colectiva, y la organización o estructura social como algo que se construye de forma continua en el tiempo (Abrams), y es también un engranaje articulador de las aproximaciones sociológica e histórica al estudio de las sociedades y de las relaciones sociales. Pero la sociología histórica no debe confundirse con la historia social ni concebirse como una “confluencia inevitable” de historia y sociología, es un espacio integrador de ambas aproximaciones que, empleando fundamentalmente el método comparativo, pone énfasis en el análisis macrocausal y en la contrastación multivariante de hipótesis. (Ansaldi, W., 1994)
  6. Llamamos coyuntura estratégica a aquel período de tiempo caracterizado por un conjunto de condiciones y probabilidades de opciones, cuyo resultado expresa ciertas configuraciones de poder que implica distribuciones diferenciales de costos y beneficios entre los actores que las protagonizan.
  7. Con este criterio se relevó la legislación agraria nacional promulgada: entre otras la Ley Raggio, Ley Nacional del Algodón, Ley del Fondo Especial del Tabaco, Ley sobre el impuesto a la renta normal potencial de la tierra.
  8. Como ej canción “a desalambrar” del uruguayo Daniel Viglietti, vigente en cancionero liguista paraguayo (en guaraní), pero poco aceptada en algunas bases liguistas de Argentina de medianos y pequeños productores.
  9. Dentro de esta distinguimos dos vertientes, la historia de vida propiamente dicha (life history) que destaca interpretación de investigador, y relato de vida (life story) que transcribe el material minimizando su intervención.
  10. La entrevista en profundidad no es sólo una técnica de recolección de datos, sino una propuesta de investigación conjunta, en tanto se establece un tipo de relación en la que el entrevistador señala ciertos indicadores de fecha, acontecimientos, interpretaciones y se discuten determinados significados e interpretaciones con el relator clave. Ruth Sautu (1999:42) recomienda desencadenar el relato del entrevistado a partir de una pregunta inicial para dejar hablar, y luego repreguntar para obtener precisiones sobre determinados temas, y (Holstein, A. y Gubrium, L., 1995:78) que el entrevistador someta sus propias hipótesis a la discusión con el participante. La entrevista en la ha de vida es una herramienta que construye sentidos: el rol del entrevistador consiste en abrir temas, incentivar reflexiones, sugerir interpretaciones, proponer perspectivas nuevas, pero rescatando siempre la perspectiva del actor, lo que implica una reflexión permanente, tanto en la realización de las entrevistas como en la interpretación del material y en el proceso posterior de escritura. (Giménez B. y otros, 2006)
  11. En la preparación de entrevista se recopiló la información pertinente mediante fuentes primarias y secundarias, y se la sistematizó mediante la realización de cronología del período; el análisis de agrupamientos ideológico-políticos anteriores o que fueron surgiendo durante el período considerado; el análisis de las interpretaciones y descripciones más difundidas sobre la posición de las ligas agrarias, cooperativas y sindicatos rurales, y de los conflictos globales de los que formaron parte. Por último se construyeron preguntas y campos problemáticos para ser incluidos en la guía de la entrevista, teniendo presentes los acontecimientos y definiciones para incorporar en la memoria del entrevistado. En el trabajo de campo desarrollado se realizaron un conjunto de entrevistas en el NEA, para las cuales se elaboraron guías temáticas que permitieron combinar preguntas acerca de la vida personal del entrevistado con la narración abierta y guiada del proceso gremial del que formó parte.
  12. Aunque nuestro análisis se ubica dentro del contexto del capitalismo, comprende las modalidades o bolsones no capitalistas o precapitalistas que coexistieron en los setenta en el agro argentino. (Manzanal y Rofman, 1989)
  13. Ni los campesinos ni los proletarios deducen sus identidades directamente o solamente del modo de producción, y cuanto antes atendamos a la experiencia concreta de clase como es vivida, más pronto podremos apreciar ambos, los obstáculos y las posibilidades para la formación de clase. (Scott, 1995). Al respecto, Marx en sus Basic Writings intentaba mostrar la importancia de la praxis humana en la conformación de las formas de conciencia: “En la medida que millones de familias viven en condiciones económicas que distinguen sus formas de vida, intereses y cultura de los de otras clases, y las enfrentan con estas últimas en hostil contraste, forman una clase. En la medida en que sólo hay una interconexión local entre esos pequeños campesinos, y la identidad de sus intereses no engendra unidad, ni unión nacional, ni organización política, no constituyen una clase.”
  14. La visión de Thompson sobre la clase-en sí se relaciona con una colección de individuos que ocupan una posición comparable en relación a los medios de producción. Las clases emergen porque hombres y mujeres en determinadas relaciones de producción identifican sus intereses antagónicos, y vienen a luchar, pensar, y valorar en vías clasistas: así el proceso de la formación de clase es un proceso de auto-realización, aunque bajo condiciones que son dadas. (Thompson, P., 1978:98,106-7) Para Marx (La ideología alemana, 1939) la conciencia surge de la relación que los hombres establecen entre sí y con la naturaleza en el proceso de trabajo. “Y sobre la base de su vida real explicamos el desarrollo de su ideología: reflejo y eco de aquella.
  15. El sentido es comprensible por su referencia a la acción humana, ya como medio, ya como el fin imaginado por el actor o actores y que orienta su acción. Los procesos y objetos ajenos al sentido entran en el ámbito de las ciencias de la acción como ocasión, resultado, estímulo u obstáculo de la acción humana. Para Weber (1922) lo significativo es la relación de la realidad con ideas de valor.
  16. Thompson usa la noción de experiencia como puente para el pasaje de la mera existencia de la lucha de clases –como situación objetiva- a la constitución de la clase como sujeto histórico, en la que aún siendo subalterno construye algo desde su modo de ver el orden social. Para Thompson (1980, cap. X) las condiciones materiales no son un factor tan determinante, ya que el sujeto tiene posibilidad de elegir.
  17. Los intelectuales son los “empleados” del grupo dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político: del consenso espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social por el grupo fundamental dominante, (derivado del prestigio y la confianza hacia ese grupo dominante por su posición y su función en el mundo de la producción); y del aparato de coerción estatal que asegura “legalmente” la disciplina de aquellos grupos que no consienten , y que está preparado para toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis en el comando y en la dirección, casos en que no se da el consenso espontáneo. (Gramsci,A., 1977:16)
  18. Siempre de nuevo y de maneras distintas se configuran los problemas culturales que mueven a los hombres, y con ello se mantiene fluctuante el círculo de lo que, para nosotros, presenta sentido y significación entre el flujo permanente de lo individual, y que se convierte en “individuo histórico”. (Weber, M., 1922)
  19. En esta línea, por ejemplo, resulta necesaria para la comprensión adecuada de cualquier rebelión campesina el conocimiento de los valores compartidos y la conciencia del campesinado previa a la rebelión, así como la referencia a las intenciones, ideas, y lenguaje de los actores sociales que la practican (Scott, J., 1995:43).
  20. Sobre estructuralismo en ciencias sociales leer Barthes, R. (1972) y Manheim, K. (1965), y en el proceso latinoamericano de los sesenta y setenta Prebisch, R. (1965) Sunkel, O. y Paz, P.(1970) y los escritos de la CEPAL.
  21. Otra corriente dentro de la teoría de la moral económica basa su análisis sobre las instituciones campesinas y su ataque a las economías de mercado no tanto en particularidades raciales o de cultura, sino en los comunes desafíos y crisis que los campesinos encararon en el mundo. Crítico al respecto, S. Popkin (1979:3) la confronta con la teoría de la economía política para el desarrollo rural, en la que los intercambios entre campesinos están configurados y limitados por conflictos entre los beneficios individuales y grupales, e intenta demostrar que las aldeas mejor vistas son como corporaciones, no comunidades, y que los patrones con multiplicidad de vínculos con los campesinos son mejor vistos como monopolistas, no como paternalistas.
  22. Los movimientos sociales son fundamentalmente una forma particular de conducta colectiva. Contrariamente a lo sostenido por el desarrollismo (en el proceso de modernización, industrialización y aculturación ciertos sectores sociales se mueven de un comportamiento tradicional a moderno) , y la escuela de la dependencia ,(los análisis de la estructura y del comportamiento de sus actores, “las clases”, daban cuenta de la realidad latinoamericana), parecería ser que en la sociedad no sólo “se mueven” individuos o clases sociales, sino también diversos actores colectivos que definen sus identidades y solidaridades no en relación al sistema productivo, sino en función de otras características. (Gunder Frank y Fuentes, 1988) y (Touraine, 1990)
  23. La “teoría de la acción colectiva” de origen norteamericano tiende a visualizar el conflicto como un desequilibrio del sistema, y define a los movimientos sociales como piezas independientes dentro del juego funcional de la sociedad (similar a los participantes individuales en el mercado, según la teoría neoclásica) tratando de identificar sus rasgos subjetivos que los diferencian uno frente al otro y frente al conjunto funcional de la sociedad (así como en el mercado es necesaria una diversidad de participantes y roles para que este funcione) (Galafassi, G., 2005:298/9) No obstante, destaca el diálogo que existe entre esta corriente norteamericana, preocupada por el problema de la protesta y la acción colectiva, y la de origen mayoritario europeo enfocada en la cuestión de la identidad. Al respecto sostiene que las ligas agrarias adoptaron “un particular modo de representación del desarrollo rural” buscando su identidad como movimiento frente al proceso de modernización, en el que lo que importaba era la desigualdad que se generaba con dicho proceso en la región del NEA (2005:283).


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