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3 Crisis rural de los sesenta en el NEA

Sociedad, Estado y modelo hegemónico

La larga, compleja y crítica década del sesenta comenzó con la caída del gobierno peronista en 1955. En un contexto nacional de la sociedad dividida entre peronistas y antiperonistas se instaló el gran debate en torno al desarrollo económico nacional[1], cuyo problema central se traducía en la productividad, tanto industrial como agraria. Por eso a partir de los sesenta ocupó un lugar relevante el tema de la reforma agraria, directamente asociada con la necesidad de rever y modernizar el agro.

Varias corrientes se dedicaron a interpretar los problemas económicos nacionales. Impulsado por la CEPAL en América Latina, los ejes del debate en nuestro país fueron vertebrados por el economista Raúl Prebisch -prestigioso miembro de dicha Comisión y asesor económico del presidente Lonardi- con su Informe Preliminar de octubre de 1955. La cuestión más grave para Raul Prebisch estaba en la falta de divisas, producto de la decadencia y postración de la producción agraria y crisis misma del sector, causas subyacentes de la crisis económica. En términos similares, Federico Pinedo (1955) evaluaba que la producción rural estaba estancada y decadente, y que si se quería desperonizar a fondo el país había que desperonizar la economía, desvinculando el mercado de la intervención del estado y volviendo a priorizar el modelo agroexportador[2]. (Moyano Walker y Marrone, 2004)

Este debate sobre el desarrollo económico nacional centrado durante esta década en la promoción de una reforma agraria tenía dos ejes: el tipo de tenencia de la tierra[3] y la modernización tecnológica del agro. Los diagnósticos desde los distintos sectores, tanto liberales como desarrollistas y aún las corrientes denominadas progresistas (García, J.M., 1987), con diversas propuestas coincidían en un consenso general sobre la búsqueda de promoción del agro como una salida hacia el desarrollo.

La necesidad de aumentar la productividad del agro surgía de la función estratégica de la producción agroexportadora en la vida económica del país, lo que la había tornado históricamente en la rueda maestra de la economía (Pinedo, 1955). En un contexto nacional de producción basado en un sector agrario de bajo crecimiento pero capaz de exportar competitivamente y generar divisas, y un sector industrial de alto crecimiento -más dinámico- pero deficitario en su comercio exterior y gastador de divisas, los ciclos de expansión y recesión habían producido el recurrente desequilibrio económico (O’Donnell, 1981, Aroskind, 1998, Murmis y Portantiero, 1973). Es decir, había que aumentar la producción y la productividad por su doble carácter estratégico: por un lado ser el principal bien salario de la población y la principal fuente de alimentos, y por el otro constituir el factor de equilibrio de la balanza de pagos en la obtención de divisas que cubren los gastos de importación. Esto se tradujo en la creciente presión nacional sobre la tierra, que afectaba las condiciones de gobernabilidad al involucrar a todo el sistema,

La presión nacional sobre la tierra no debe entenderse como una presión campesina en busca del acceso a la tierra, sino como una creciente  presión desde fuera de la estructura agraria, desde el sistema global; que exige a aquella una alta producción de alimento y materias primas a bajos costos, empleo y un mercado que absorba  parte de la producción de la industria nacional, ahorro interno para cubrir las necesidades del presupuesto público, y fundamentalmente divisas obtenidas por los productos agropecuarios de exportación que sirvan para financiar las importaciones y el desarrollo de otros sectores de la economía.(Lattuada, M., 1986:39)

A partir del primer peronismo enfrentar esta cuestión fue ineludible para cualquier gobierno, porque las reivindicaciones obtenidas por los trabajadores en su gobierno implicaron un aumento considerable del consumo, además de la fuerza política que estos sectores lograron a través de su organización sindical. Así, desde los sesenta cada gobierno debió tomar medidas de emergencia para equilibrar el sistema. Se requería dar una solución más definitiva o a largo plazo, un salto en relación a estos ciclos económicos y a los péndulos políticos de la gran burguesía urbana obstaculizando este proyecto en los sesenta. (O’Donnell, 1981), y a eso apuntaron los intentos de reformulación del modelo de acumulación durante este período.

De modo que la modernización del agro fue uno de los principales objetivos del Estado, a través de los sucesivos gobiernos civiles y militares que atravesaron esta década de juego imposible (entre las FFAA y los partidos políticos por retornar a la democracia sin participación del peronismo, partido mayoritario. (Acuña y Smulovitz, 1986), democracia restringida y dictaduras. Frente a las propuestas de Pinedo y Prebisch durante la revolución libertadora, el desarrollismo propuso superar la vieja antinomia agro-industria al proporcionarle esta última al agro los bienes indispensables para su tecnificación y el marco adecuado para estabilizar su rentabilidad con mayor inversión y producción. Con estas medidas finalmente se lograría aumentar la productividad, concebida ahora como desarrollo tecnológico, generándose los saldos exportables necesarios para importar los artículos no sustituibles y desarrollar los rubros industriales más dinámicos y más integradores del aparato productivo. (Lázzaro, 2005)

El objetivo era modernizar la estructura productiva pasando de la sustitución de importaciones de bienes de consumo a la de bienes de capital, con predominio de inversiones extranjeras a través de las empresas transnacionales.

1. La importancia del NEA en el contexto nacional e internacional. El estado y las agroindustrias en la organización de los recursos

Aunque el desarrollismo entró en crisis a mediados de los ’60, la propuesta industrialista como parte de la política agraria del estado continuó, con las variantes de industria de bienes masivos (1963-66) o industria concentrada de bienes de capital,[4] durante los gobiernos siguientes y hasta mediados de los setenta. Al respecto, durante la segunda mitad de la década del ’60 la dictadura burocrática autoritaria representó a los intereses de los sectores del capital más concentrado y a la alianza social dirigida por el capital financiero, con el objetivo de redisciplinar social y políticamente a los sectores subalternos fortalecidos durante el peronismo, y para quienes la modernización de la economía implicó un retroceso social y redistribución regresiva del ingreso. El capital monopolista predominó dentro del bloque hegemónico, mientras el capital industrial no cartelizado y la burguesía agraria comenzaron a supeditarse políticamente al mismo (Asborno, 1993), enmarcados en la disputa socioeconómica y política general entre la imposición del nuevo modelo de acumulación y la resistencia al mismo[5].

En este contexto, en la segunda mitad de la década del sesenta se produjo la gran entrada de capitales externos con los complejos agroindustriales[6] orientados a la modernización tecnológica del campo.

La industria agroalimentaria fue históricamente una actividad de interés para distintos sectores políticos, empresarios e intelectuales por el importante papel que tuvo en la configuración del estilo de crecimiento y desarrollo económicos y en la estructuración social y política del país. La agroindustria es un subsistema productivo, que no sólo incluye a los sectores primarios y secundarios de transformación, sino que progresivamente abarcó actividades terciarias o de servicios: investigación y desarrollo, servicios productivos especializados (semillería, genética), nuevas modalidades de comercialización, de transporte y de cadenas de frío[7], etc Por eso

(…) su importancia radica en sus efectos multiplicadores directos e indirectos[8], en su fuerte peso en el volumen y valor de las exportaciones, en su gran participación en la determinación de los salarios reales a través del costo de la alimentación y en que ha sido -vía diferentes mecanismos de imposición- un generador importante de recursos para el sector público.” (Gatto, F. y Gutman, G., 1990:17)

La entrada masiva de agroindustrias amplió las capacidades productivas de áreas marginales, aumentando la potencialidad de los recursos naturales. Pero en este contexto fue clave el rol de los diferentes sectores económicos participantes y la acción del Estado en los aspectos normativos y regulatorios de corto plazo y en la estrategia política, en función de la articulación del sector productivo agropecuario y el sector agroindustrial entre sí, y de ambos con el resto de las actividades económicas.

Los debates sobre el desarrollo agrario en los sesenta, y en particular sobre la integración de los actores rurales subalternos al proceso de modernización y de la expansión agroindustrial incluyeron algunos problemas, como el origen del financiamiento, los intercambios desiguales entre sectores capitalistas y pequeños productores, la función del capital privado y, sobre todo, el papel que se le asignaba al Estado.

La intervención estatal se visualizaba como una necesidad en tanto se daba una dualidad agraria estructural difícil de superar sin dicha intervención. Se fundamentaba también en cierta incapacidad de los sectores industriales para absorber el posible excedente de mano de obra agraria y se buscaba, con la intervención, una modernización que permitiera la persistencia de vastos sectores poblacionales en el campo; estos problemas, como otros relacionados con la búsqueda de legitimidad política, inducían respuestas fuertes de los estados nacionales…” (Giarraca, N., 1993:14)

¿Qué significó la modernización en el desarrollo rural del NEA en los sesenta? Durante esta etapa la región del noreste se conformó en una pieza clave de nuestra inserción en el capitalismo. En sus provincias las producciones agropecuarias y agroindustriales tradicionales (algodón, yerba, té, etc) eran las de mayor peso relativo entre las actividades productivas. A fines de los sesenta, especialmente a partir de las políticas estatales de promoción del ministro Kriger Vasena, la inversión extranjera de capital productivo en el NEA aumentó y se diversificó en otras actividades hasta ese momento desarrolladas con una modalidad más tradicional. Se produjo así una reestructuración de la actividad agroindustrial con la incorporación de importantes innovaciones tecnológicas y organizacionales[9].

Fue parte del proceso de externalización de actividades que antes se realizaban en los establecimientos agropecuarios y formaban parte del proceso interno de producción agrícola: aunque con distinto grado hubo una tendencia general a que algunos segmentos productivos fueran asumidos por otras áreas de la actividad económica, ya sean sectores industriales o empresas de servicio. (Gatto y Gutman, 1990)

Las agroindustrias[10] no eran nuevas en los sesenta en el NEA. El desarrollo productivo extrapampeano, distribuido interregionalmente en forma económica y social dispar, había impulsado que algunos subespacios nacionales se insertaran en el modelo económico global con un papel complementario al de la región central, y basado en actividades agroindustriales tradicionales (Quintar, 1990). El desarrollo de industrias procesadoras de productos agropecuarios y forestales tuvo distintas etapas. Había sido fuerte ya desde fines del siglo XIX, con los inicios de la industria y el crecimiento global de la población, liderado por la industria textil, de alimentos y bebidas, cigarrillos, etc. Fue una constante durante casi todo el siglo XX que la mayoría de las agroindustrias se instalaron fuera de la pampa húmeda, sobre todo en el Litoral, Mendoza y Tucumán, cercanas a las zonas de producción de insumos agropecuarios[11].

Aunque esta agroindustria alimenticia disminuyó relativamente después de la crisis del capitalismo del ’30 frente al crecimiento del sector textil sobre todo con el auge de la producción de algodón en la región del NEA, en esta segunda etapa de evolución de las agroindustrias, la sustitutiva del ISI –de los treinta hasta principios de los sesenta- hubo una fuerte expansión de la producción de bienes industriales alimenticios, basada en la demanda de los sectores asalariados urbanos. En 1955 sólo se importaba el 4,4% de la oferta total de los sectores de alimentos y textiles. (CEPAL, 1959).

En los sesenta se instalaron agroindustrias en todo el NEA[12] en relación a las principales actividades productivas de cada provincia o subregión, y con dos modalidades, diversificadas y/o integradas.

Grandes empresas comercializadoras -como Cargill, Nestlé y San Sebastián– iniciaron la integración con el objetivo de asegurarse el proceso productivo, lo que implicaba garantizar determinados precios de compra a los productores, regularidad en la entrega y sobre todo la calidad del producto, para que fuera homogéneo y compatible con lo requerido por los procesos industriales. Para realizar la integración fue necesario realizar una fuerte innovación tecnológica y crear contratos de producción que obligaban al productor a adecuarse a las condiciones de la empresa (mejora de galpones para la avicultura, etc.) a producir estrictamente lo pautado y a vendérsela exclusivamente a la empresa al precio convenido. La empresa a su vez se comprometía a darle las semillas o los pollitos bebé, también asesoramiento técnico y a comprarle la totalidad de lo producido. De este modo la integración se hacía hacia atrás, es decir, la industria captaba el proceso productivo previo, en el que las empresas lograron una integración vertical total al producir lo que después procesaba, y también una cuasi-integración, es decir, subcontratación de producción como en el caso de Cargill.

Entre las diversificadas el caso más representativo de la lógica de las agroindustrias regionales y especialmente en el NEA fue la experiencia del grupo -como conjunto de empresas enlazadas financieramente y dirigidas por un mismo centro de control y decisión (Sguiglia, 1991)- originado en la empresa Bunge y Born (B&B), clave por su importancia histórica en la vida económica y política del país[13]. ByB tuvo su inicio en Argentina y logró formar parte del sector hegemónico, y mantener relaciones y contactos como grupo económico y social al exceder sus originales objetivos comerciales y expandirse en actividades productivas de la manufactura agrícola. Con esto generó la base económica que le dio capacidad de incorporarse a la industria y diversificación productiva, y se convirtió en uno de los holdings más importantes en América Latina, para después cobrar la importancia de un grupo mundial más allá de sus orígenes[14].

La empresa B&B como exportadora de cereal ocupó un lugar central en el sector financiero, ya que canalizó los recursos del sector de los productores locales en las primeras décadas cuando, al no haber formas de almacenamiento de granos, disponían de escasa liquidez y dependían de los exportadores(Green y Laurent, 1985). Además desempeñó un papel articulador imponiendo pautas de comportamiento y de organización a los productores, a quienes por otra parte asistía técnicamente y proveía de semillas para asegurarse el aprovisionamiento regular de cereales (en calidad y cantidad). De esta forma Bunge y Born impulsó la producción cerealera y participó en todas las etapas de la elaboración del grano: la producción, la comercialización y la transformación (debido a la posesión de elevadores de granos y molinos). (Sábato, J., 1986)) Progresivamente se volcó directamente a la producción agropecuaria por medio de la compra de tierras, en la pampa húmeda y en el litoral y norte argentino llegó a adquirir más de 500.000 hectáreas. Se diversificó también hacia industrias que se desprenden del sector agropecuario, como la planta de aceite de Molinos Río de la Plata.

Aún antes del auge algodonero B&B creó La Fabril (1924), una empresa dedicada al comercio que surgió en base al algodón, y después de la crisis del ‘30 se insertó en el sector textil con la fábrica Grafa (1932). Acompañando las políticas de sustitución de importaciones el grupo reforzó su perfil industrial, y continuó expandiéndose hasta mediados de los ’40.

La creación de holdings financieros o conglomerados de empresas a partir de una empresa madre exitosa, como el caso de Bunge & Born, se debió en gran medida a:

La ampliación del consumo interno y de las fronteras del comercio mundial, la necesidad de optimizar la productividad para enfrentar la competencia y las políticas expansionistas de los estados de origen, fueron algunas de las causas que alentaron la gestación de los conglomerados (…). También, se debe mencionar el importante papel que jugaron los mercados de valor primero y los bancos después para financiar la expansión y la diversificación de las empresas. (Sguiglia, S., 1991:33)

Con el peronismo los grupos económicos que establecían sus actividades bajo el control oligopólico de los mercados pasaron a ser simples intermediarios comerciales, y las exportaciones de B&B disminuyeron. Pero también se redujeron sus inversiones en la industrialización, pese a los amplios beneficios que el Estado brindó a las empresas (Girbal,  2004), lo que puede ser interpretado como resistencia a la política comercial estatal. Al respecto, “Bunge y Born fue definiendo su espacio económico sin entrar en conflicto con el resto de los intereses dominantes de la época.”(Azpiazu, A., Basualdo, E. y Khavisse, A., 1996:25).

Esta postura transitoria del período populista viró a partir de 1955 y sobre todo después de 1966, cuando el grupo B&B se volcó a la producción de bienes intermedios y la agro-exportación. Su mayor diversificación tuvo además estrecha relación con los circuitos agroindustriales, especialmente del algodón, lo que demostró no sólo la gran racionalidad empresaria de Bunge y Born, sino también la generación de un monopolio del circuito económico donde no necesitaban de otra empresa externa para finalizar el ciclo productivo, ya que en este rubro la empresa poseía en la provincia de Chaco un 30% del área sembrada con algodón.

El detalle de los rubros en los cuales Bunge & Born obtiene sus ganancias más frondosas pretende demostrar algo más que magnitudes, sino más bien cómo se concatenan perfectamente las áreas y el ciclo económico cierra armónicamente a partir de la producción hasta llegar a la comercialización”. “(…) existe una ajustada complementación entre las empresas que dentro de este ciclo (del algodón) poseen su propia especialización: comercialización de la semilla; abonos químicos; cultivo; cosecha; procesamiento ulterior de productos químicos; hilandería; tejeduría; comercialización del producto terminado. (Bozzo, R y Mendoza, H., 1974)

Bunge & Born era en los ‘60 una empresa transnacional diversificada, y como tal beneficiaria de la política económica estatal de la revolución argentina. No obstante, priorizó el control de sus negocios en el mercado comercial y actuó con la lógica pendular propia de la gran burguesía urbana industrial (O’Donnell, 1982), al no manifestar confianza en la evolución del inestable mercado nacional ante las medidas desfavorables para los sectores agro-exportadores -sobre todo las retenciones a las exportaciones y la baja de los aranceles aduaneros- aplicadas por el Estado para promover una industria eficiente, paradójicamente basada a su vez en la consolidación de estos grandes grupos económicos y el capital externo y en la debilidad estructural de los pequeños y medianos productores.Pero a pesar de las relaciones particularmente privilegiadas que los dirigentes del grupo mantienen con el gobierno del General Onganía (1966-1970), esta ola de inversiones va a detenerse. En 1970-71 (…) aparece empalidecida frente a su impresionante evolución en Brasil. (Green y Laurent, 1985)

Pese a invertir menos en los primeros setenta que en la década del ’30, los balances de las empresas que componían el grupo, 39 empresas en 1971[15] son elocuentes: “Las ganancias acusadas por estas empresas equivalen a un total de las ganancias de YPF e igualan la suma de las ganancias de las siguientes empresas: Gurmendi, Olivetti, Nobleza de Tabacos, Peñaflor, Odol, John Deer, Terrabusi, Acíndar, Duperial, Agua y Energía, todas integrantes del club de los mil millones de pesos.”(rev. Realidad Económica 15, 1974).

En septiembre de 1974 su posición hegemónica en la economía los involucró en la vorágine de radicalización política que vivía el país, con el secuestro por la organización montoneros de los hermanos Juan y Jorge Born, directores del grupo. Una vez liberados en noviembre del ’74, previo pago de US$ 65.000.000 (Gasparini, 2010) Graiver, el banquero de los Montoneros. Bs As: Norma), se trasladaron a Brasil, adonde había comenzado a centrarse su actividad comercial, junto con la dirección del grupo “…traslado que se mantuvo durante la década siguiente a pesar de los cambios políticos en Argentina, y señala una decisión irreversible que modifica características y nacionalidad del grupo para el futuro”.(Schvarzer, J., 1989:25) El mercado argentino ya era pequeño para tanta industria.

La lógica empresarial de B&B desde su formación en 1884 hasta comienzos de la década del ’70 acompañó la de los sectores hegemónicos en el país. Resaltan su capacidad de adaptación gracias a la diversificación del sector agrícola al químico y textil, y también el que se haya mantenido la dirección del grupo en manos de la familia y la centralización de las grandes decisiones. No obstante, su evolución no siempre fue paralela al crecimiento del país. Sí al comienzo, pero luego expandió sus actividades a un ritmo relativamente independiente de la evolución económica de la Argentina.” (Schvarzer J., 1989:74)

En esta tercera etapa agroindustrial -durante las décadas del sesenta y del setenta-

(…) se producen diversos procesos de reorganización productiva en algunas ramas alimentarias, con el desarrollo de nuevos productos, la ampliación del mix de oferta de alimentos y bebidas y el inicio de la transformación del sistema de conservación y comercialización de estos bienes finales. (Gatto, F. y Gutman, G., 1990:23)

Este proceso, que no era nuevo como se vio con ByB, potencia en la década que los oligopolios y monopolios acrecienten su participación y control sobre la producción interna, sobre todo aquellos con numerosas firmas en varias actividades productivas, tanto industriales como no industriales. Se conformó así este nuevo bloque social con empresas diversificadas o integradas a partir de una red de empresas –grupos- de capitales nacionales o extranjeros que producían todo tipo de bienes y servicios.

Así, el desarrollo regional argentino desde los sesenta está directamente vinculado con este estilo de desarrollo y las políticas públicas aplicadas en la realidad espacial (Manzanal y Rofman, 1989). Entre 1950 y 1970 la estructura económica y social argentina pasó a un estilo signado por la acumulación de capital con alto contenido exógeno y creciente complejización del aparato productivo. No obstante, su expresión a nivel espacial se manifestó como una acentuación de las desigualdades regionales, ya que se produjo un crecimiento y expansión de la frontera pampeana hacia el sur del NEA[16] en función de crear mejores condiciones para el sistema agroindustrial, pero acentuando las desigualdades regionales y perjudicando la situación de los productores pequeños y medianos.

2. La modernización agraria y la crisis de los monocultivos regionales de fines de los sesenta

La modernización tecnológica implicó un proceso de reorganización que modificó sustancialmente las relaciones entre los diversos agentes económicos[17] intervinientes desde la etapa de la producción agropecuaria o forestal hasta la distribución[18] en el mercado de estos productos ya procesados y empacados. (Quintar, A.y otros, 1990:247-250). La elección del tipo de cambio tecnológico que se introducía dependió en cada lugar tanto de las características del sector que concentraba el poder económico y podía definir la modalidad productiva a seguir por el complejo agroindustrial, como de la capacidad de presión y el tipo de alianza entre las élites agrarias locales, el capital industrial nacional y el capital extranjero.

Este proceso no sólo reestructuró la articulación entre la agricultura y la industria, con una creciente subordinación del sector agropecuario al industrial, sino que se expresó en cambios en los tradicionales agrupamientos de interés (Cámaras, Asociaciones, etc) y en las relaciones sociales rurales, que variaron según el poder de cada uno de los sectores que se integraron y los niveles de libertad para negociar las condiciones de la integración[19].

En general, la tendencia es a una relación de poder asimétrica entre los productores agropecuarios y las empresas procesadoras, con un mayor peso de estas últimas. Sin embargo, cuestiones de índole económica como la “dotación de factores” de los productores agropecuarios (tierra, capital, etc.) o de índole gremial, como la capacidad de organización de los productores rurales para reclamar o negociar precios, condiciones de pago, etc. con las empresas procesadoras, especifican la relación entre ambos sectores. (Quintar, A.y otros, 1990:260)

Todos estos cambios llevaron a que las regiones del interior de país dedicadas a actividades agropecuarias, particularmente de cultivos industriales, se vieran afectadas por procesos de crisis socioeconómica, sobre todo por el impacto que tuvieron las empresas transnacionales en el control de los procesos productivos, de financiamiento y comercialización de la producción agropecuaria, tal como lo registró en 1970 un Informe de las Juventudes Cooperativistas “(El agro en Argentina”. En Información al Agro, nov. 1970; Consejo Central de Juventudes Agrarias Cooperativistas de ACA:3/6). 

Con qué modalidad se manifestó la crisis de los monocultivos en cada provincia del NEA lo analizamos más adelante, pero en términos generales la estructura productiva agraria de la región nordestina en los sesenta era el resultado de una serie de ciclos económicos asociados con la actividad extractiva o con cultivos específicos (industriales). Ya en 1959 Prebisch[20] alertaba sobre la situación de las producciones agrícolas fuera de la región pampeana, y revisaba sus particulares problemas tecnológicos. Aun en actividades expansivas como caña de azúcar y algodón, identificaba restricciones a su crecimiento y reconocía la problemática del minifundio en relación al monocultivo y cansancio de los suelos.

La naturaleza de los cultivos industriales sobre los que se estructuran estos ciclos económicos traía como consecuencia más adicción y menos reemplazo de cultivos, ya que se trataba de monocultivos cuyos ciclos no se renovaban y saturaban al mercado. En procesos similares (algodón, yerba, tomate, tung, tabaco) se repetían una alta rentabilidad, sobreproducción y crisis, luego estancamiento y declinación, y finalmente un mercado rígido e intervención del Estado, que fijaba cupos para las cosechas y prohibía nuevas plantaciones. Así la producción se reducía al mercado interno según el poder adquisitivo de la población, o a un cambio en la demanda del mercado externo, y al no poder diversificarse muchos pequeños productores entraban en crisis. Otros factores propios de algunos cultivos industriales, como el reemplazo de ciertos productos (ej., algodón por fibra sintética, o tabaco negro por virginia), la caída de la demanda interna (ej, yerba mate), la sobreproducción y las dificultades de exportación de stocks acumulados, afectaron además especialmente a las cooperativas.

A esta situación se sumaba que los cultivos industriales del NEA presentaban en general una oferta atomizada por parte de los productores, y una demanda altamente concentrada de las agroindustrias con capacidad de incidencia en la regulación de la producción industrial, fijación de precios de las materias primas y comercialización.

Finalmente, además del accionar de las agroindustrias hubo cuestiones de carácter más histórico en algunas zonas, relacionadas con el comportamiento de ciertas oligarquías provinciales prebendarias del Estado (ej, los llamados “barones del azúcar” en Tucumán) en relación con otros actores sociales rurales no privilegiados.

Las diversas conformaciones socioeconómicas provinciales llevaron a que la crisis se evidenciara con una modalidad distinta en cada una (como se analiza en el capítulo 7). No obstante, esa situación de crisis afectó al conjunto de cultivos industriales predominantes en la región, y creó condiciones para que surgieran ciertas problemáticas comunes que permitieron definir algunos adversarios y reivindicaciones similares. Entre las mismas se pueden señalar los reclamos por precios justos (fijación de precios mínimos), supresión de los cupos de producción, pago de remuneraciones atrasadas (ej. sobreprecio del fondo especial del tabaco, o del mercado consignatario de la yerba mate), prohibición de importación de productos cultivados en el país, facilidades para exportar (té, tung, tabaco), reglamentación de leyes que regulaban ciertas actividades, y distribución de tierras aptas para el cultivo.

Estas reivindicaciones convergían en el enfrentamiento con adversarios comunes: no sólo los oligopolios agroindustriales que controlaban los circuitos de comercialización e industrialización de los productos agropecuarios, sino también los latifundistas y grandes empresarios, propietarios de la mayor parte de las tierras que además procuraban incrementar desplazando a pequeños y medianos productores; y finalmente, la cadena de intermediarios acopiadores y financistas (bolicheros, comerciantes), vinculados a los dos actores hegemónicos anteriores.

Así, esta crisis afectó tanto a pequeños y medianos productores como a peones rurales, y dio lugar, conjuntamente con el proceso nacional de contestación social contra las consecuencias de la política de la Revolución Argentina[21], a una creciente resistencia rural en la región del Noreste. La protesta agraria se dirigió hacia el Estado más que sobre las empresas o las Cámaras en busca de respuestas para sus demandas. Presionó por mejores precios, apoyo crediticio y tecnológico y la intervención estatal para limitar el poder de las industrias oligopólicas. La respuesta del Estado y su mayor o menor permeabilidad para atender esos reclamos de los productores dio lugar a diversas expresiones de esos conflictos, que definieron el espacio posible de negociación-oposición con las organizaciones de productores. Sobre la base de esa situación de crisis, con el consiguiente deterioro de las condiciones de vida y amenaza efectiva a la supervivencia, fue que pudo construirse un colectivo social como las Ligas Agrarias.

3. Las corporaciones rurales y las instituciones del estado en la crisis rural

En un país extenso como la Argentina, con profundos desequilibrios regionales, fue dificultoso para el Estado de la autollamada Revolución Argentina -en tanto aparato institucional de facto y relación social- gobernar sin la integración del conjunto de los actores rurales al nuevo contexto de expansión agraria. Su política agraria centralizada y concentradora de capitales atentó contra una descentralización efectiva de los aparatos institucionales que era necesaria, porque los productores del NEA pertenecían a comunidades con determinadas estructuras territoriales, locales o subregionales, y a veces con diferenciaciones étnicas. Esta política redujo el poder efectivo de los organismos locales, y permitió el desarrollo de organismos de carácter sectorial, dependientes de los poderes nacionales y con acción autónoma en relación a los poderes locales sobre el territorio regional. En consecuencia, durante la crisis agraria regional de fines de los sesenta en el NEA las organizaciones sectoriales estatales y privadas tuvieron una activa participación.

Las entidades del agro en la modernización agraria

El panorama corporativo rural de fines de los sesenta se había complejizado. Los intereses liberales que representaba la Sociedad Rural Argentina como corporación del agro no habían sido aplicados en las políticas económicas de los gobiernos democráticos posteriores al 1955, con excepción de la gestión económica de A. Alsogaray desde 1959. Así, el gobierno radical de Illía fue acusado de intervencionista y estatizante[22], y el retorno de los militares al poder en 1966 fue bien visto por la SRA, que volvió a hablar de “nuestro gobierno”, con el que tenía amplias coincidencias, como la modernización tecnológica agraria y el aumento del área de explotación pampeana al sur del NEA[23]. Aunque las relaciones con la gestión de Krieger Vasena se resintieron por el aumento de las retenciones, se mantuvo un marco general de reconocimiento a la dictadura de la Revolución Argentina, hasta que a fines de los sesenta cuestiones impositivas (a la tierra, a los réditos) agudizaron el conflicto. Se oponían al tipo de política industrialista de Krieger, y basados en que “la producción rural es el país mismo”, sostenían que la industria sólo podría estar “construida sobre la base de una sólida economía agropecuaria. El destino de la industria está indisolublemente unido a la prosperidad del campo, las crisis del campo terminan siendo crisis económicas de orden general” (Memoria SRA, 1970)

Por esta concepción del agro como la rueda maestra de la economía, y por ende su natural liderazgo, descontenta la SRA con la política económica se retiró del Consejo Asesor de Política Agropecuaria -de la Secretaría de Agricultura de la Nación- y actuó junto con las otras entidades del agro para intentar revertirla. Así entre 1970 y 1971 hubo declaraciones con demandas conjuntas de la SRA, CRA, CONINAGRO, FAA y la Comisión Coordinadora de Entidades Agropecuarias, que llevaron a la renuncia del Secretario de Agric. y Ganadería L Raggio, socio de la SRA, reemplazado por el también socio Gastón Bordelois, pero esta vez en representación de sus intereses. (Palomino, 1994) (rev Primera Plana, ago. 1971)La Federación Agraria Argentina, por su parte, a partir de 1955 quedó relegada debido a sus desmedidos compromisos con el peronismo, igual que su rama gremial y de servicios cooperativos FACA, creada en 1945[24]. Así, a principios de los sesenta sostuvieron posiciones de orientación progresista, criticando al latifundio y proponiendo la generalización del régimen de propiedad privada para los pequeños y medianos productores, la extensión del sistema cooperativo para la defensa de los monopolios de comercialización, y la intervención del Estado en la promoción de créditos y sistema de comercialización (Roudil, 1986). Pero hacia fines de los sesenta la FAA se fue distanciando de los pequeños productores, y acentuó su identificación con los medianos y grandes productores y su apoyo al Estado, especialmente a través de Di Rocco, su ex secretario general de la FAA y de FACA, quien ocupó el cargo de Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación durante el gobierno militar de la revolución argentina, que profundizó la modernización del agro y, por ende, la crisis de los monocultivos regionales.

En relación con el cooperativismo, consolidado por el estado peronista, en 1956 la creación de CONINAGRO-Confederación Intercooperativa Agropecuaria por influjo de socialistas con peso en la Junta Consultiva de la Libertadora como Alfredo Palacios y el propio Nicolás Repetto, tuvo como sentido, además del específico, el de relegar a los cooperativistas peronistas (Giberti, 2002). Así, mientras las cooperativas 1º grado y sus federaciones actuaban sobre todo en el campo económico, CONINAGRO se conformó como entidad reivindicativa de intereses cooperativismo agropecuario argentino. (Lattuada, 2006)[25].

Durante la década del sesenta el diagnóstico que hacía el CONADE de la Presidencia de la Nación sobre la situación de las cooperativas agropecuarias[26] destaca su gravitación en la mejora y aumento de la calidad y cantidad de la producción, industrialización y comercialización agropecuaria. En 1962 había 1.404 cooperativas agropecuarias en todo el país, con 453.679 socios, con un volumen operado del 25% de la producción nacional, la mayor parte en productos en estado natural (cereal, oleaginosas, ganado, lana, algodón, frutas, arroz, hortalizas); y las industrializadas más importantes eran las de la leche, aceite de tung, aceites comestibles, vinos, conservas de tomates y otras bebidas[27].

Las principales limitaciones de estas cooperativas estaban en el comercio y la industrialización, no sólo por falta de recursos financieros (crédito, exenciones impositivas) sino sobre todo porque las cooperativas no controlaban la totalidad del proceso económico de elaboración, distribución y exportación, y este problema se agudiza en las economías regionales, y por ende en el NEA. De modo que la modernización agraria de los sesenta también ponía en peligro a las cooperativas agrícolas. Al respecto, René Balestra agrega en 1965:

El movimiento cooperativo en general y el agropecuario en particular, deberán ajustar sus formas internas y modos externos de actuar a la nueva tónica del período. Deberán hacerlo si pretenden, no ya sólo acompañar el pulso de estos días tan particularmente dinámicos, sino incluso pervivir. Y deberán hacerlo porque el desafío está planteado y habrá que aceptarlo pues de lo contrario otras formas empresarias desempeñarán la tarea. (Balestra, R., 1965:18)

A este complejo panorama se suma la acción de CONINAGRO, que ya se perfilaba en la década con una fuerte gravitación corporativa en el ámbito nacional. La relación de las cooperativas con el Estado se presentaba así en los sesenta como clave en este proceso, no con la dependencia corporativa del peronismo, sino aprovechando el espacio ganado para presionar e interferir la acción de los monopolios, en el caso del NEA las agroindustrias.

Entre las entidades corporativas de capacitación y experimentación, fueron especialmente importantes los nuevos grupos privados de productores rurales como los CREA, que como entidades corporativas pampeanas se federaron en 1959 en AACREA[28] – Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola, y en FACJAC -Federación Argentina de Centros Juveniles Agrarios de Capacitación.

FACJAC surgió en 1965 de la FAA pero como ente autónomo, y agrupaba a fines de los sesenta 257 Centros afiliados, con 28.000 asociados. Con ideas coincidentes con la FAA, desarrollan sus actividades, cursos de capacitación y técnico-culturales, junto con la FAA y las cooperativas agropecuarias.

Como referente corporativo gremial UPARA-Unión de Productores Agropecuarios de la República Argentina agrupó a pequeños y medianos agricultores (chacareros, tamberos) en diez provincias, y tuvo considerable influencia en zonas de cultivos industriales como viñedos, tabaco, yerba mate y algodón, especialmente afectados por la crisis.

Las instituciones del Estado.

La modernización agraria llevó al Estado a actuar a través de organismos institucionales, tanto para la producción y difusión de tecnología como para la regulación del funcionamiento de la nueva estructura productiva y social agraria en el país, surgida por el crecimiento de las ramas agroalimentarias y agroindustriales. Al respecto, hubo regulación en los numerosos proyectos financiados por organismos internacionales -Banco Mundial, BID, AID- que promovieron la integración de las regiones de bajo desarrollo, y para su concreción la intervención del Estado fue decisiva. Se implementaron proyectos tripartitos, que incluían como actores a las empresas agroindustriales, al Estado y a los pequeños productores. (Giarraca, 1993)

La institución estatal nacional que cumplió un rol central en la producción y difusión de tecnología durante esta etapa fue el INTA–Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, creado en 1956. Como organismo público descentralizado de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, surgió para (…) impulsar y vigorizar el desarrollo de la investigación y de la extensión Agropecuarios y acelerar con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural y desarrollar su acción en todo el terreno de la nación. (INTA, 1984)[29]

El INTA no era la primera experiencia institucional del estado al respecto. La creación de la primera estructura y organización de la investigación agropecuaria había sido llevada a cabo por el Ministerio de Agricultura en 1948. Y en 1955 antes de la creación del INTA ya se había estructurado el Centro Nacional de Investigaciones Agrícolas de Castelar con todos sus Institutos. Existían cinco Centros Regionales de Investigaciones Agrícolas con 26 Estaciones Experimentales, diseminadas en todo el país. El INTA desde 1956 continuó con esta estructura, intentando superar -por medio de la autarquía, el mayor grado de coordinación y la certidumbre en el financiamiento- las restricciones que existían para el crecimiento.

A las recomendaciones de su creación, Prebisch agregó la necesidad de una revolución tecnológica en el campo argentino, que no se podría cumplir

(…) sin dedicar esfuerzo considerable y persistente a la investigación agropecuaria, a las tareas de extensión y a la enseñanza, tanto para formar investigadores y divulgadores como para proporcionar al agro hombres capaces de llevar a la práctica la nueva tecnología.(CEPAL / Naciones Unidas, 1959: 89).

Con estos objetivos de generar conocimiento y tecnología, adaptándolos al sector rural a fin de asegurar una mayor competitividad del sector agropecuario, forestal y agroindustrial en un marco de sostenibilidad ecología y social, el INTA centró su actividad en la experimentación agrotécnica y en la extensión hacia los productores y la familia rural.

Ambos aspectos, experimentación y extensión, fueron clave en la región del NEA. A partir de las estaciones experimentales, que se agrupaban en centros regionales que comprendían zonas de condiciones similares de suelo y clima, se introdujo modificaciones en cultivos industriales, algodón, lana, forestales, forrajeros, frutales, hortalizas, en la producción de carne, granos, leche, y en salud animal. Asesoraron a los pequeños y medianos productores en relación a los adelantos técnicos sobre todo del uso de la tierra y el ganado. Por medio del INTA se realizaron avances tecnológicos como la mecanización de la cosecha de algodón, y se obtuvieron variedades mejoradas de cultivos industriales como el algodón, maní, caña de azúcar, yerba mate y té de alta producción y con calidades que demandaban los mercados, junto con tecnologías apropiadas de manejo. A esto se agregó un mejoramiento en la producción frutícola en cítricos y tecnologías para optimizar el manejo post-cosecha de la producción frutícola; y también el mejoramiento de especies forestales cultivadas y tecnologías para la producción sustentable. (INTA, 1984).

La idea de la extensión rural[30], por su parte, tenía un sentido sistémico, entendida como algo más que el nexo entre el investigador y el productor agropecuario. Debía sensibilizar al agricultor para hacerlo receptivo a la innovación. No sólo era un vehículo para el aumento de la productividad, también para elevar las condiciones de vida de la familia rural, su educación, su sanidad y su prosperidad. El concepto de extensión rural, a diferencia del de fomento implicaba la idea de participación del productor. (León y Losada, 2001)

Así desde el INTA en sus actividades de extensión a través de la educación no sólo trasmitieron resultados ya experimentados, sino que a la vez recogieron los nuevos problemas que surgieron en las unidades de producción durante el proceso de integración a la modernización agraria. Dieron mucha importancia en los primeros sesenta a la capacitación en la enseñanza de prácticas agrícolas modernas. Por medio de los clubes 4-A, “los jóvenes podían aprender a hacer algo que les permita ayudar mejor a sus padres y encontraban un ambiente para dar curso a sus esperanzas”, y “la enseñanza a las amas de casa de métodos para desempeñarse en los hogares”, etc. En estas actividades tuvieron proyectos conjuntos con otras organizaciones de promoción rural durante la década del sesenta en el NEA. (INTA, 1984:25)

El INTA también asesoró en el marco las propuestas desarrollistas y de la Alianza para el Progreso a empresas agropecuarias, y realizó intercambio de experiencias en el ámbito internacional[31] y nacional con municipios, provincias y órganos públicos y privados a través de 452 convenios.

Pero la situación del sector agropecuario a mediados de la década del 60, lejos de la reactivación estimada por Prebisch una década atrás, llevó a Bordelois -presidente de INTA en 1966- a buscar nuevos diagnósticos,

Al principio mencioné como una de las causas de la creación del INTA el informe de Prebisch. Ahora, en el año 1965, tenemos muy recientemente editado el plan de desarrollo de CONADE. Paso revista a las causas del estancamiento de la economía y encuentro: disminución de exportación con incremento de consumo interno. Disminución de la demanda externa por estímulo a las producciones nacionales extranjeras, proteccionismo y nuevos competidores. Después de subrayar que el crecimiento del sector agropecuario es uno de los elementos fundamentales para el éxito del plan de desarrollo, señala los factores que han incidido en la evolución de la producción, productividad y ocupación agropecuaria que son: (…) problemas institucionales, régimen de la tierra e impositivo; insuficiente difusión del conocimiento y falta de análisis económico de los efectos de nuevas tecnologías (…) ausencia de una política agropecuaria consistente. (Bordelois, G., 1966)

En relación a las instituciones estatales, el Estado llevó el control de la política agropecuaria del NEA por medio de entes reguladores, a través de los cuales impulsó, coartó o cooptó las actividades relacionadas con los cultivos industriales en cada etapa de este proceso. Así, los productores de tabaco, de algodón y de la yerba mate -además del té, tung y citrus- tuvieron sus referentes en las instituciones estatales, entre otros ARYA (Asoc Rural Yerbatera Argentina), CAYA (Centro Agrario Yerbatero Argentino), CRYM (Comisión Reguladora de Yerba Mate) e IPICA (Instituto Promoción Comercio) se ocuparon de los intereses de producción yerbatera ó DEPROA-Defensa del Productor Agropecuario.

El papel desempeñado por las distintas instituciones privadas y estatales durante la crisis de los cultivos industriales en la región del NEA fue en general de acompañamiento a la política nacional en alianza con las agroindustrias. No obstante, la complejidad de su correlación de fuerzas en cada provincia en esta etapa las llevó a variadas relaciones con las diferentes organizaciones de productores. Este proceso fue analizado en cada provincia, tanto durante la crisis de emergencia como en el proceso emergente de las Ligas Agrarias.


  1. El debate se había disparado en el Congreso de la Productividad de 1955, pero al caer el gobierno de Perón los primeros discursos sobre la modernización y el desarrollo analizaron en especial temas como las relaciones agro e industria, el papel del estado, el capital nacional y el mercado, el capital extranjero, el abastecimiento energético, la política monetaria y fiscal y sus implicancias políticas y sociales. (Altamirano, 2001)
  2. Para F. Pinedo (1955) cifras área sembrada con granos habían descendido desde 1930 hasta 1955 un 40%, y la producción agraria se había encarecido por manipulación estatal de mercados exteriores. En consecuencia, habría que pasar por período de austeridad, liberar trámites y restricciones inversión nativa y foránea y reorganizar mercado valores con acceso a todo el mundo, sin tutela oficial, ni de organismos estatales perturbadores.
  3. En el contexto de la revolución cubana, la reforma agraria fue percibida por la Alianza para el Progreso como una reforma integral (contraria a la reforma radical de Cuba) y con ambigüedades se orientó a subsanar los defectos en el desarrollo económico y social provocados por la estructura agraria; esto es, afianzar la pequeña explotación familiar como punta de lanza de la modernización agrícola a través de un complejo programa de colaboración (educación, crédito, organización de cooperativas, etc) (Lázzaro,2005) En relación a la tenencia de la tierra en Argentina -el gran eje estructurador del sistema- las corrientes progresistas contrarias a la gran propiedad y el latifundio minimizaron los supuestos efectos antioligárquicos y antilatifundistas que aparecían como política de Perón en los imaginarios de la resistencia peronista. Los liberales y los desarrollistas se opusieron a la división de la propiedad de la tierra y también a la prórroga indefinida de los contratos de arrendamientos y aparcerías rurales, aunque les resultaba complementario para ampliar la producción –por medio de los “planes de desarrollo”- a través de pequeños y medianos productores en cooperativas.
  4. Los objetivos de dictadura Revolución Argentina desde 1966 contemplaban tres tiempos: el económico, que buscaría destrabar desarrollo industrial, facilitando la acumulación en los sectores más modernos quienes al disminuir los costos operativos generarían un aparato productivo más eficiente, desalentando la inflación y acabando con los recurrentes ciclos depresivos. Es aquí donde se abriría el tiempo social, durante el cual se distribuiría la riqueza acumulada en la etapa anterior, superando el carácter regresivo del tiempo económico y eliminando los conflictos sociales. Finalmente, el tiempo político que permitiría apertura a participación de sociedad en marco de un incógnito sistema institucional distinto del vigente hasta el 66, caracterizado por las antiguas antinomias como la que enfrentaba a peronistas y antiperonistas. (Rapoport, M., 2000: 617)
  5. La política económica de la DBA apunto a una diversificación de los mercados de exportación. Antiinflacionaria, incluyó el control de los precios relativos agro-industria, para evitar transferencias de ingresos a favor del sector primario. Pero el cambio de ciclo ganadero en 1970 conmovió las bases de este plan de estabilización, la reducción de la oferta de hacienda provocó un fuerte aumento en el precio de la carne, que redundó en un aumento en el costo de vida por ese factor equivalente a todo el índice de 1969. Además, la resistencia sindical a una política que mantenía sin grandes cambios a los salarios reales a la vez que aumentaba la productividad y la traslación de ingresos en perjuicio de los asalariados, agudizó las tensiones sociales. (Ferrer, 1977)
  6. Definimos agroindustria como el conjunto de actividades primarias, secundarias y terciarias integradas en cadenas o complejos agroindustriales. Formalmente complejo o sistema agroindustrial es un conjunto de actividades sucesivas principales y accesorias relacionadas con productos agropecuarios. Las actividades principales incluyen la generación de estos productos, su cultivo y procesamiento, y la producción de bienes de capital e insumos para las actividades agrícolas. Las actividades accesorias incluyen el acopio, el transporte y distribución de productos agrícolas e industriales y su financiación. (…)El ingreso de las explotaciones agrícolas familiares parcelarias a los complejos agroindustriales es un fenómeno profundizado en el siglo XX, cuando en la década del ’70 gran parte de los excedentes agrícolas de los EE.UU. y de Europa comenzaron a ser exportados a países del Tercer Mundo provocando un endeudamiento de los países importadores y “de esta manera los EE.UU. reafirmaron el poder de su agricultura en la economía internacional, incrementando masivamente sus exportaciones de productos agrícolas y agroindustriales al mercado mundial.” (Teubal, M., 1995:37-45)
  7. Al respecto, es destacable el antecedente de las empresas exportadoras de cereales, dominado ya desde principios del siglo XX por una estructura oligopólica, ya que aunque participaban más de 15 compañías, tres de ellas comercializaban más del 80% de la producción argentina de cereales en 1910: Bunge y Born -argentina- la Luis Dreyfus y Cia, y la Weil Hnos. (Arcondo, 1980)
  8. Porque el valor de la producción agropecuaria está compuesto por insumos que provienen de otros sectores de actividad, y a la vez esta producción agropecuaria se orienta como insumos a otros sectores de transformación agroalimentaria u otros sectores manufactureros. En 1983 el porcentaje de ambos componentes era del 40% cada uno. (CEPAL, 1983, cit por Gatto y Gutman, 1990)
  9. En este proceso, que se daba a nivel mundial, se destacan la revolución verde, vinculada con la incorporación de semillas híbridas y agroquímicos, el desarrollo de una ganadería intensiva sobre la base de alimentos balanceados y cría en corrales, y la transformación de ciertas actividades de granja en actividad industrial.
  10. Consideramos en este trabajo como agroindustrias a las grandes empresas, de origen nacional o transnacional (no a las microempresas familiares de producción artesanal), en las que existe una articulación técnica entre la producción de materia prima y el procesamiento industrial. (Quintar, 1990)
  11. En Censo 1914 industria de alimentación más del 40% de los establ, 33% de los ocupados, casi 60% de producción industrial país y una proporción igual del capital instalado En 1930 el sector industrial de alimentación tenía 12.000 establ, el 27% de la ocupación y el 40% del total manufacturero nacional. (Dorfman, 1983)
  12. Entre las agrícolas, Cargill se instaló a fines de los cuarenta y desde los sesenta controló una parte importante del negocio de almacenamiento, transporte, elaboración y exportación de cereales. También Aceitera General Deheza, Monsanto, DELTEC, Citrex y AGREX, además de las de actividad forestal y ganadera. (v cap.7)
  13. Se instaló durante la formación del Estado nacional y formación del país como granero del mundo. Fundada en 1884 por Ernesto Bunge con su cuñado José Born, ambos llegados de Amberes, a quienes se sumaron Adolfo Hirsch y Jorge Oster. Para este tema ver Sguiglia (1991), Green y Laurent (1985); Rodríguez y Waldmann (2005).
  14. Junto a Dreyfuss y Weil llegaron a controlar en las primeras décadas del siglo XX el 80% de la agroexportación nacional sin depender del Estado, aunque autorizó a B&B la construcción de un molino y un elevador en el puerto de Bs Aires. Poco después nació en Bélgica la empresa Río de la Plata Flour Mills and Grain Elevator , que en 1932 se llamó Molinos Río de la Plata y pasó a ser manejada desde Argentina, primera diversificación generada desde nuestro país para lograr su objetivo de controlar el mercado local de harina. (Squiglia, 1991)
  15. Entre las relacionadas con actividades agroindustriales a fines de los sesenta: La Fabril (Desmotadora de algodón); Molinos Río de la Plata S.A. (Alimentos -consumo masivo) (Molinos harineros) (Fábrica de Aceite); Grafa S.A. (Textil, consumo masivo); Bunge & Born Comercial S.A. (trading de cereales); Bunge & Born Oleaginosas S.A. (Trading semillas oleaginosas y aceites); Santa Clara (Fábrica de Aceites); Matarazzo (Pastas secas y frescas, consumo masivo); Tres Cruces (Frigorífico); Fanacoa (Mayonesa); Granos Argentinos S.A. (Acopiadores de granos); CIia. Química S.A. (Detergentes y ceras, consumo masivo); ATANOR S.A. (Petroquímica-Química Industrial); Petroquímica Río Tercero S.A.; Centenera S.A. (Envases). A estas se agregan las agroquímicas para producción de insumos del agro.
  16. La transformación en la estructura agraria de la región pampeana se dio entre 1940 y 1970 sobre todo en a) la modernización tecnológica (mayor uso de pasturas artificiales y mejoramiento ganadería vacuna), e incorporación de mejoras genéticas a la agricultura, lo que permitió elevar la producción global por hectárea. b) Incorporación a la producción de tierras que antes eran usadas para alimentar animales de trabajo (caballos) ahora reemplazados por la mecanización, y c) cambios en estructura socioeconómica agraria por reducción de arrendatarios (se volvían propietarios o se iban a las ciudades) y el surgimiento de nuevo actor social: el contratista de maquinaria. (Lattuada, M., 1986) Con la combinación de inversiones subsidiadas, créditos baratos y la disponibilidad de las innovaciones tecnológicas se produjo un proceso de modernización en el agro y un crecimiento de la producción agrícola pampeana que recuperó a mediados de la década del sesenta el mejor nivel de los años cuarenta (30%), por el aumento de la extensión (17%) y de la productividad (13%).
  17. Entre las consecuencias en las relaciones sociales rurales del proceso de modernización tecnológica en el agro, a la mayor subordinación del agro a la industria (Quintar, 1990) agrega las nuevas prácticas tecnológicas desconocidas para el productor, y la aparición de nuevos sujetos en la actividad: los extensionistas, técnicos que a la larga desplazan a los pequeños acopiadores y “bolicheros”, tradicionales intermediarios en la articulación vía mercado entre productores agropecuarios e industrias procesadoras. Pero en nuestro período de estudio estas nuevas tendencias convivieron con modalidades tradicionales de desarrollo agroindustrial a nivel sectorial y regional.
  18. Hay variadas situaciones relacionadas con la localización de la materia prima, con el sistema de comercialización entre los productores primarios y secundarios, con la localización de las plantas industriales y con la organización de la distribución del producto en el mercado de consumo final o intermedio, ámbitos que generalmente no coinciden y evidencian desigualdades regionales en el intercambio. (Marqués y Quintar, 1990)
  19. Las políticas provinciales de ocupación productiva de tierra desde fines del siglo XIX habían promovido procesos de colonización que conformaron una estructura agraria en la que productores propietarios de pequeñas y medianas extensiones con una organización laboral familiar definieron como actores sociales el perfil social agrario de la región. La posibilidad de obtener una alta productividad de la tierra y la flexibilidad propia de la unidad laboral (EAF), favorecieron el desarrollo de estrategias que permitieron su permanencia a través de los diferentes períodos del desarrollo agrario local, hasta fines de los sesenta que la agricultura comercial cambió el contexto para estos actores afectándolos diferencialmente. (Cloquell y otros, 2005)
  20. Informe Prebisch-CEPAL / N Unidas, 1959. A pesar del crecimiento de la producción en los guarismos en trienio 1955-57, la región pampeana concentraba 88% del total de 19.7 millones hectáreas de cultivos agrícolas. Sin embargo, el restante 12% del área cultivada en el resto del país alcanzaba el 45% del valor de producción total, debido al fuerte crecimiento experimentado por agricultura extrapampeana, con tendencias muy claras de crecimiento para década ’60. La producción de frutas aumentado considerablemente (cítricas, 32%; viñedos, 22.8%; olivos, 235%), yerba mate (33.3%), fibra de algodón (33.3%). En década ’50 se habían iniciado nuevas producciones regionales como té y tung. Este crecimiento se debía posiblemente al incremento de la demanda interna, hacia la cual se derivaba casi la totalidad de las producciones regionales. (León  y Losada, 2001)
  21. A fines de la década este proyecto de la Revolución Argentina de reestructuración capitalista e institucionalización de un orden corporativo entró en crisis por diversas causas. Por un lado se produjo el cuestionamiento de los distintos sectores perjudicados por el mismo, ya sea la burguesía pampeana por la estrategia que privilegiaba al sector industrial; ó el empresariado medio y pequeño vinculado al mercado interno de consumo que también se vio afectado por el proceso de penetración de empresas transnacionales y la retracción salarial que el plan de estabilización había impuesto. Pero fundamentalmente, la proscripción del peronismo, la exclusión y la represión popular llevaron a un creciente proceso de contestación social contra el régimen militar.
  22. Se opuso SRA a retenciones y limitaciones en exportación, precios máximos, la prórroga de arrendamientos rurales, la ley de abastecimiento y el salario mínimo, vital y móvil para los trabajadores rurales.(Palomino, M., 1994:123)
  23. También coincidían en relación al pleno derecho de propiedad, la transferencia a la actividad privada de tierras del Estado, el aumento de las exportaciones tradicionales y la liberación de las retenciones y de los precios.
  24. FACA nombró a Perón como el primer cooperativista argentino. Con la caída de Perón renunció el Presidente de FAA, Irineo Barrios, y se tensionaron las relaciones con el gobierno de la Libertadora, no sólo por su rol durante el peronismo sino también porque se quería terminar con las prórrogas de los arrendamientos
  25. CONINAGRO integró en 1958 a las dos centrales, ACA Y SANCOR, de carácter económico. Así en esta etapa se consolidó una estructura de 1.278 cooperativas, 13 federaciones y CONINAGRO como única entidad de tercer grado.Al respecto tanto CONINAGRO como la FAA se volcaron al sector ganadero durante la década del 60, y en 1964 lograron la dirección de la empresa frigorífica estatal -CAP- reemplazando a la SRA. (Giberti, 2002)
  26. Establecía la superficie territorial del país en 2.803.165 kms 2, de los que 200 millones de Has estaban dedicadas a la agricultura y a la ganadería. (Balestra, 1965)
  27. Censo Dirección Nac. Cooperativas -dependiente de Secretaría Comercio Nación- en 1962 las federaciones de cooperativas en todo el país eran 20, con 2.026 socias, y como entidad de 3º grado CONINAGRO.(Balestra, 1965)
  28. A su vez cada CREA agrupaba 10 ó 12 establecimientos y contaba con un asesor técnico. Su finalidad era promover mediante la experimentación y la adopción de tecnología una mejora sustancial en los métodos de trabajo para aumentar la producción, la calidad y la rentabilidad en las explotaciones. En 1972 agrupaba 70 CREA en todo el país, ubicados principalmente en la pampa húmeda. (Margenat, 1972)
  29. El INTA fue creado por el decreto-ley Nº 21680 del 4/12/1956. Nació con autarquía administrativa, que aseguraba la agilidad de los trámites; autarquía financiera, que garantizaba la disponibilidad permanente de los fondos necesarios; y descentralización, que reforzaba la mencionada agilidad de los trámites e impedía la formación de un estéril organismo burocrático. No competen al INTA las funciones de inspección y control de la producción del agro, expresamente incluidos en el Art., nº 2 del Decreto de Ley de su creación. Folleto de difusión INTA. (1983) Bs As: Depto de Publicaciones de Prensa y Difusión del INTA Cit en Arangio, I. y Saponara, V. (2004).
  30. Tenía su antecedente en las estructuras de Fomento Agrícola, e incorpora el concepto de Extensión Rural en 1952 con tres “Agronomías Regionales Piloto” en Pergamino, Mendoza y Concepción del Uruguay. Uno de los impulsores de la nueva concepción de la extensión rural, desde el Ministerio de Agricultura, fue a partir de aquellos años el Ing. Agr. Norberto Reichart, quien fue director de Extensión Rural INTA durante muchos años.
  31. A través de 68 convenios con organismos del Estado y con Universidades y entidades privadas de 27 países, como Estados Unidos, Francia, España, Japón, Alemania, Holanda, Rusia, Canadá, Perú, Uruguay, etc


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