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5 De la crisis de emergencia al movimiento emergente: las Ligas Agrarias del NEA

El colapso de los monocultivos industriales y el deterioro de las condiciones de vida de los pequeños y medianos productores y peones rurales en la región del NEA a fines del año 1970 los llevó a una situación de emergencia. Doble emergencia, de crisis económica y de surgimiento de las Ligas Agrarias como un colectivo social que se reconoció como explotado y marginado, y que apareció igualado, pese a su conformación heterogénea, frente a la privación e injusticia. La toma de conciencia y la denuncia de esta situación contribuyeron a que, actuando en conjunto, vivieran ciertas experiencias colectivas comunitarias.

1. La irrupción de la acción colectiva y la nueva conciencia política y social

La creciente protesta agraria en la región del Noreste argentino desde 1970 tuvo características inusuales por su envergadura, pero no era nueva como forma de expresión. Ya durante la década del treinta se habían realizado movilizaciones rurales en Chaco (Iñigo Carrera, 1982; Rozé, 1986)) y Misiones (Rau, 2005) en 1936, que habían sido duramente reprimidas. Había quedado en el imaginario colectivo el impacto de la represión, lo que atemorizaba a los productores en relación a una posible politización de sus hijos (de ahí la legitimación y confiabilidad que brindó la iglesia). No obstante, en esta coyuntura estratégica de los setenta las Ligas Agrarias tuvieron especial importancia porque se integraron al proceso nacional de contestación social contra las consecuencias de la política de la Revolución Argentina, que sumadas a la proscripción del peronismo favorecieron la radicalización popular.

A fines de los sesenta había entrado en crisis el proyecto de reestructuración capitalista e institucionalización de un orden corporativo de la dictadura burocrática autoritaria, sobre todo por el cuestionamiento de los distintos sectores, no sólo los subalternos, a quienes había afectado. Pero fueron la exclusión y la represión a los sectores populares las que llevaron al progresivo proceso de contestación social contra el régimen militar, cuyas expresiones más relevantes se dieron a partir de 1969 con el Cordobazo.

El día del Cordobazo yo estaba con Ofelia Medina, en San Antonio de Arredondo (Córdoba) en un encuentro de asesores del movimiento. Estábamos como cuarenta curas y tres laicos que habíamos ido a tomar una parte del encuentro ese, a plantear lo que hacía cada uno de los sectores, el sector campesino y el sector maestros. Y ahí se produce el Cordobazo, que salimos más o menos tirándonos de panza los que se fueron en tren por las balas que les pasaban por todos lados, y yo me fui en una camioneta con unos curas de Rafaela y de Reconquista, porque nos sorprendió ahí todo el golpe este. Y bueno, yo creo que el Cordobazo trae en el seno del movimiento una discusión política… (Maris Rébora, dirigente sector maestros MR y LAE, 1996)

La movilización popular y la estrategia opositora de Perón, combinando negociación y confrontación, llevaron después a la derrota de los intentos militares[1] para contrarrestarla. Un hito en este proceso fue cuando en marzo de 1973, luego de una campaña política sustentada por las corrientes combativas del peronismo, el triunfo del justicialismo[2] potenció el auge de la movilización popular.

En este proceso conviene diferenciar dos tipos de expresiones de oposición: la contestación social que emergió contra la Revolución Argentina y el surgimiento y posterior expansión de la guerrilla (Ollier, 1986). Ambos se desarrollaron conjuntamente pero con características diferenciadas y autónomas uno del otro, más allá de las instancias de convergencia que tuvieron en ciertas coyunturas.

Con el Cordobazo se produjo la emergencia de la protesta popular encabezada por trabajadores y sectores medios, con activa participación de los sectores juveniles como los estudiantes y una fuerte adhesión popular, como parte de un proceso más amplio que abarcó varias ciudades (Ballvé, 1969) del país en esta etapa -Rosario, Mendoza, Tucumán, Gral. Roca y El Chocón- y después a las provincias del Noreste en el ámbito rural. Fue una protesta que sorprendió a las organizaciones armadas que actuaban en ese momento, como las Fuerzas Armadas Peronistas-FAP, quienes a partir de entonces trataron de capitalizarla y conducirla a un “salto cualitativo” (que concebían como armado) en un enfrentamiento con el régimen militar.”Cómo (fue) posible que se hubiera dado un fenómeno de masas sin que las organizaciones armadas estuvieran ahí presentes, trasmitiendo su metodología.” (se preguntan las FAP). (rev. Cristianismo y Revolución n°28:33). La guerrilla en ese momento concitaba simpatías populares (O’Donnell, 1982) e intentaba encabezar la protesta social, pero su mismo carácter clandestino y foquista ponía serias limitaciones para conducir ese proceso. Podía gravitar en algunas coyunturas, pero sus resultados fueron en ese período parciales.

Es necesario diferenciar ambos procesos, porque la contestación social tuvo sus protagonistas en una masiva movilización popular[3], que dio origen a liderazgos sociales alternativos a los tradicionales en el terreno sindical y político. Se constituyó lo que podría denominarse una mayoría social altamente movilizada. Destacamos esto para aclarar ciertos presupuestos, en base a los cuales se asignan a ciertos procesos históricos características e intereses preestablecidos; como por ejemplo un carácter revolucionario o populista a las Ligas Agrarias.

En el ámbito rural del NEA, en tanto, los productores dedicados a actividades agropecuarias de cultivos industriales se vieron afectados por la crisis socioeconómica ya analizada. La protesta de las Ligas en el NEA respondió a los problemas que generaba la crisis de un conjunto de cultivos industriales predominantes en esa región[4]. Esa situación de crisis, a pesar de las diversas estructuras provinciales, creó condiciones para que surgieran ciertas problemáticas comunes que permitieron definir algunos adversarios y reivindicaciones similares[5] que convergían en el enfrentamiento con adversarios comunes.

“En la creación de las Ligas tuvo que converger…“una crisis económica generadora de descontento, la pérdida de eficacia de los órganos de representación tradicionales, y en fin, la agitación desarrollada por los integrantes del movimiento rural católico”. (Golbert, L. y Lucchini, C., 1974)

Este colectivo social, que se reconoció como un nosotros explotado y marginado, se construyó desde la crisis y la amenaza efectiva a la supervivencia, y esas características aparecen muy fuertemente en el discurso del MR y las Ligas. Aunque persistiendo las desigualdades entre criollos-gringos, medianos-pequeños productores y peones, la conciencia y denuncia de una situación de injusticia en común aparece en las declaraciones de las Ligas ya desde las razones de su surgimiento, en un contexto de déficit de representación en las provincias de las entidades rurales tradicionales,

La idea de armar un movimiento nuevo surgió como una necesidad. No podíamos dejar a la gente en banda de vuelta. Hubiese caído todo en una nueva frustración, digamos. Estaba visto que la Federación Agraria no solamente no contenía, sino que no le interesaba tampoco, al menos en esta área del país no le interesaba. (Osvaldo Quique Lovey dirigente MR y Secretario General de Coordinación Nacional de Ligas Agrarias, 1995)

Esto surge así. En el Chaco comienzan las movilizaciones organizadas por la Federación Agraria Argentina. No era el Movimiento Rural el que convoca a las movilizaciones. ¿Pero qué pasó? que, a los pocos meses, el esquema que organizaba la FAA era un esquema de utilización del campesinado para después negociar. No era una forma, en la que nosotros sí teníamos muy en claro los dirigentes a nivel del MR, qué era hacer del campesinado protagonista de su propio desarrollo, personal y comunitario. Siempre fue así el trabajo, tanto desde la acción de iglesia como desde la acción sociopolítica, económico-política digamos. Entonces sentíamos como que estas organizaciones estaban traicionando al campesinado, o los estaba utilizando a los productores para sus propias negociaciones, que en definitiva eran negociaciones políticas. No de todos sus dirigentes, pero sí de algunos. (Remo Vénica, dirigente MR y miembro Coord. Nacional Ligas Agrarias, 1995)  

Así, fue la decidida intervención de la juventud del Movimiento Rural de ACA y de parte de las juventudes cooperativistas (FACA y UCAL), lo que permitió organizar la movilización de los pequeños y medianos productores y disputar su representación desde las Ligas Agrarias.

Como ya se analizó en la introducción de este trabajo, las reivindicaciones de cada uno de los actores sociales agrarios dependieron del tipo de relaciones sociales con las cuales se articularon o se opusieron, por eso esta situación de crisis varió según los casos, que se pueden observar en cada provincia según los reclamos básicos de las Ligas. Por ejemplo, en Formosa y Corrientes, donde las bases de las Ligas eran predominantemente los asalariados rurales en proceso de descampesinización y los minifundistas, era más fuerte el reclamo por el acceso a la propiedad de la tierra. En los casos de las Ligas del Chaco, Norte de Santa Fe y el MAM de Misiones, las bases predominantes eran los pequeños y medianos productores, que de acuerdo a la tipología se corresponderían con los tipos de EAF I y II mayoritariamente, y en parte a medianos productores. Para estos actores sociales la tierra también era un problema, pero no prioritario, ante los problemas y urgencias que se presentaban en el terreno de precios y comercialización.

No obstante, esta diversidad, tuvieron en común, ya lo dijimos, la crisis económica, los adversarios y sus características sociopolíticas de colectivo social.

 2. La democracia en la estructura y la organización del movimiento

No era poca cosa organizar un movimiento como el de las Ligas Agrarias, que llegó a nuclear alrededor de 100.000 integrantes, según la proyección hecha en base a la tirada de los periódicos de las Ligas en las provincias del NEA y teniendo en cuenta que detrás de cada productor hay una familia. (Carlos Carballo, 1998). Su complejidad implicó encarar cuestiones centrales para su funcionamiento, como una sólida base metodológica, de coordinación y administrativa. Aún cuando la vorágine sociopolítica de los primeros setenta casi no dejaba tiempo para la reflexión, la formación como herramienta para el cambio fue una preocupación constante en las Ligas. Y entre aspectos más pedestres, era necesario garantizar su expansión y financiamiento.

Había mucha participación de la gente. Incluso en cosas muy rápidas, había todo un sistema de comunicación y de organización, no montada por nosotros sino creada por la propia gente, en la cual teníamos la repuesta 24 o 48 hs. después. No sé cómo se hacía, no había teléfonos…Cuando vos llegabas a este lugar, este tenía una misión que desparramaba a tres más, estos le avisaban a otro tanto, y así a lo mejor en medio día de boca en boca llegaban las comunicaciones a todos, a caballo, en bicicleta, en sulki, a través de los chicos en las escuelas….Todo un sistema hasta que llegaba la información hasta donde estaba Benjasmín, que estaba por supuesto en el medio del campo en la casa de una familia. (Maris Rébora, 1995)

Las Ligas Agrarias se caracterizaron por expresar una organización de carácter participativo y democrático, con estructura descentralizada y con permanente articulación entre las bases y la dirección, en base al modelo organizativo del MRC.

Los principios democráticos de las Ligas estaban en sus estatutos, como para ser miembros (art 29), sólo se requería para asociarse ser productor mayor de 15 años y residir en las colonias. La cuota anual establecida (art 30) era de $1.200 por familia (una chacra) en 1971, a diferencia de los $10.000 que cobraba la FAA. El estatuto también establecía la libertad de opinión (art 33) dentro de la unidad de acción a la que obligan los cuerpos orgánicos. Y los destinatarios de la organización -concebida como instrumento de control de defensa de los intereses económicos y sociales- (art 5) eran los agricultores, principalmente del sector más necesitado.

“Estaba la comisión central, después estaban las colonias. Cada colonia tenía su comisión también, y después la comisión zonal, y después la central. (Alem Locatelli, secretario general ULICAF, 1995)”. Esta organización presentaba matices según los casos. Por ej, en el estatuto de ULICAF se permitía participar con voz en las asambleas de colonias a campesinos no asociados, con lo cual alcanzaban una extensión mayor tanto en participación y recepción de inquietudes, como en la socialización de la información. Así, tuvieron grupos de colonias, comité de zonas, comisiones directivas, congreso provincial, coordinadora de Ligas Agrarias, integrantes y una Coordinación Nacional de Ligas Agrarias que llegó a incluir a las Ligas de Entre Ríos y a las Ligas Tamberas de Córdoba, del sur de Santa Fe y Buenos Aires, aunque solo las Ligas Agrarias del NEA se formaron con participación del MR de ACA, incluidas las Ligas de Entre Ríos.

Estructura orgánica de las Ligas: Se estructuraron bajo la forma de asamblea democrática:

  1. Comisión de liga: se forma en cada colonia por la asociación de pequeños y medianos productores. Si bien no se organizan por rama de producción, en cada liga predomina un tipo de producción (tambera, avícola, citrícola).
  2. Asambleas generales de socios: integradas por las comisiones designadas de cada colonia, aquí se observa más claramente lo diverso de la producción y la complejidad del planteo de las exigencias.
  3. Asamblea general de delegados: donde los representantes de las comisiones comunican las propuestas y respuestas de sus colonias.
  4. Comisión Coordinadora Central de Ligas: se reúne anualmente. La mitad de sus  integrantes es renovada por sorteo, pudiendo ser reelectos por un nuevo período.
  5. Comisión Coordinadora Nacional: se creó en el primer congreso de Ligas y movimientos agrarios realizado en Resistencia, Chaco, el 1 y 2 dic. 1973. Está integrada por representantes de cada organización.

La participación de los campesinos era un objetivo central, para lo que usaron un método de trabajo llamado “las cuatro patas de la mesa“:

  1.  consulta con la base;
  2.  organización;
  3.  concientización; y
  4.  movilización;

…principios que trataron de articular armoniosamente. Antes de la realización de cada cabildo, concentración o paro, las colonias discutían el tema propuesto, previamente distribuido para su consideración individual. Luego se analizaban los problemas, se proponían soluciones y designaban los oradores. Pasada la acción o el hecho público volvían a reunirse para evaluar. Así los afiliados eran consultados y participaban de los preparativos, las movilizaciones y conclusiones de las mismas.

Las Ligas -y el MR de ACA- promovieron constantemente en su metodología el sentimiento de comunidad: los que padecen injusticia asumen las dificultades y compromisos. La unión, la organización y la solidaridad eran valoradas como imprescindibles para conquistar sus derechos, valorización que se puede observar en los distintos lemas que anualmente definían a las Ligas de acuerdo a las reivindicaciones que se proponían impulsar. Así, por ej, las Ligas Correntinas formularon los lemas: “Unidos y organizados hasta conseguir justicia”; “Unidos y organizados triunfaremos y venceremos” Aunque esta dinámica fue particular en cada liga, mantuvieron su autonomía,

En el caso de Goya los cuatro que estábamos en la comisión (las LAC) compartíamos todo, Éramos los cuatro que veníamos del MR. Estábamos dentro de la comisión pero no éramos de la comisión, éramos los que tratábamos de motorizar algunas cosas ahí, el motor de arranque…“En las ligas por ahí hacíamos reuniones hasta un mes seguido todas las noches. Y después durante el día atendíamos una secretaría que ahí venían los campesinos y les ayudábamos a hacer los trámites en el banco, en el IPT, o problemas de desalojo. Todo el día, éramos activistas. Creo que no nos daba más tiempo para nada, pasamos a un activismo muy fuerte y muy desgastante. Teníamos que hacernos tiempo porque teníamos montones de problemas, enfrentamientos por el tema político. La organización crecía, y crecía y crecía. No es que nosotros la buscábamos sino que la gente venía. (Rosita Rojas, dirigente MR y LAC, 1996)

Aunque la aceleración de los tiempos políticos posteriores a 1973 facilitó un distanciamiento de las conducciones con respecto de las bases, en el que las dirigencias estaban varios pasos adelante de unas bases a quienes “ese proceso político acelerado les pasaba por encima” (conversaciones Carlos Carballo 1998 y Omar Moreno 1993), hubo una participación de todos en las decisiones generales desde sus colonias. A la vez, la represión política de esta etapa llevó a que “la propia gente” creara los mecanismos de protección para esos dirigentes cuando fueron perseguidos.

En nuestra seguridad, llegamos a ver en los últimos tiempos donde se nos escondía a nosotros. Pero ellos, la gente,se organizaban por zonas, donde quién nos buscaba, quién nos pasaba a otras manos hasta que llegábamos a un lugar donde estaba nuestra habitación, guardados ahí. Si yo iba a los actos que se hacían cuando los paros en distintos lugares, pero acá venía uno, me sacaba un trecho este, me llevaban a otro lugar. Yo me lo aprendía en como lo hicieron.  No lo discutíamos nosotros, eh? Eso lo creaba la propia gente”. (Benjasmín Chiapino, Dirigente MR y Secretario Gral Ligas Entre Ríos, 1995)

Cuando se comenzaron a constituir las Ligas y a medida que aumentó su cantidad de integrantes fue necesario revisar el lugar que ocuparían el Movimiento Rural Católico y sus miembros, que varió en cada provincia, aunque en la mayoría fueron parte de la conducción. Es decir, además de la metodología y la estructura organizativa, los primeros líderes de las Ligas se habían formado y habían actuado en la coordinación del MRC y -en algunas provincias- de los centros juveniles cooperativistas.

Por eso la relación de los movimientos agrarios con la Iglesia católica fue otra cuestión a encarar y se manifestó de diversas formas, sobre todo en la etapa de transición. En todas las provincias, menos Entre Ríos, hubo sacerdotes asesores en las Ligas agrarias que acompañaban el trabajo en las colonias. También tuvieron apoyo de varios sacerdotes en la organización general, y una relación más o menos periódica con el obispo del lugar.

Yo lo que conozco y lo que viví fue toda la experiencia de la colonia, no? Nosotros en el Movimiento Rural éramos jóvenes, siempre había adultos, no era mayoría pero había, ya cuando se convoca a las reuniones de la colonia todos se reunían. Todo se decidía en la colonia, y las elecciones se hacían en la colonia. Y surgía de la participación de la gente. Por eso yo digo no es que hasta acá el movimiento rural, se acabó el movimiento rural y fue ligas. No, no fue, hubo toda una cosa que yo no sabría decir cuándo terminó de ser movimiento rural, porque se fue avanzando, con la participación de la colonia, y se elegían ahí todos los representantes. Por ejemplo la colonia tenía una Comisión de colonias, una comisión zonal, las reuniones se hacían en las parroquias. El cura de la zona siempre era el asesor de las ligas de cada zona. Siempre teníamos un asesor… Nosotros pasamos a ser ligas, pero siguen trabajando todos los curas de las parroquias.  El asesor se nombraba en la asamblea. (Alem e Isabel Locatelli, ULICAF, 1995)

El asesor (espiritual) sacerdote no era por colonia, sino por zonas que agrupaban colonias. Había a la vez un cura asesor de la comisión más general, que era elegido en los congresos y después presentado por las Ligas. Los testimonios permiten detectar la práctica asumida por cada sacerdote acorde al perfil del movimiento agrario que asesoraba. Los sacerdotes además escribían sus reflexiones en los periódicos de los movimientos. ”De asesor participaba en las reuniones de ellos; NO tenía voz y voto. Claro que siempre en las asambleas las sugerencias, lo que había que aclarar y hablar, y en todas las determinaciones siempre uno intervenía, daba su punto de vista, católico ante todo…” (Alberto Markiewicz, asesor MAM, 1996)

Otro aspecto importante fue el financiamiento de las Ligas. La continuidad de proyectos del MRC en algunas provincias permitió el funcionamiento de las Ligas. Continuó el apoyo de católicos con aportes en cuotas y de organizaciones de Iglesias, sobre todo europeas, a través de proyectos de formación y promoción social. En todas las entrevistas se destaca la contribución que significó el apoyo de fondos de la Iglesia, a través del MRC o de la entidad formada para obtener fondos como fue Por Un Campo Mejor (PUCAM). Este organismo a pesar del retiro del sector empresario del MRC que aseguraba parte del financiamiento del MRC, se mantuvo en manos del sector campesino como instancia de apoyo financiero a las Ligas.

No obstante, por el crecimiento que hubo dentro del movimiento agrario se organizaron en varias provincias con aportes de las contribuciones de los productores, una cuota obligatoria de cada socio, y sobre todo con la circulación de los periódicos. La capacidad de autofinanciamiento de las Ligas varió según cada provincia, en función del nivel socioeconómico que conformaban las bases de las mismas. Así, en provincias como Chaco, Misiones, Entre Ríos y Norte de Santa Fe las contribuciones financieras de los productores lograban en gran medida sostener sus respectivas organizaciones provinciales. En otras provincias, como Formosa y Corrientes el apoyo eclesial era mayor. “Sí, tenía proyectos de Misereor, Adveniat, y había cuotas societarias. Además los aportes, todo lo que son cursos de capacitación financiaban la gente, pero pagando la comida y llevando los productos de la chacra”. (Isabel Locatelli, ULICAF, 1995).Pero en conjunto los recursos financieros del movimiento liguista fueron escasos y basados en el esfuerzo propio y la ayuda mutua.

Empezamos a hacer trabajar la gente de cada zona, los cursos se financian no con la ayuda de Misereor sino con la autoayuda de la gente. Este secretariado tuvo la particularidad de que nunca tuvo un proyecto, por lo menos en una etapa tuvo un pequeño proyecto, que se compró el auto, pero se hizo mucho por el monto del trabajo. Viajábamos a dedo, en tren en pasaje de segunda, nos quedábamos en donde podíamos y nos matábamos de frío, como el calor que nos abrasaba también. (…) Nos autofinanciábamos por la cuota, por la venta de periódicos, por las campañas que se hacían de la bolsa de trigo, la bolsa de lino, por las rifas, la contribución voluntaria (…) Por la venta de unas estampillas, calcomanías. Tenemos todavía algunas por ahí, que se vendían a un peso cada una, y como agua, porque sabía que era ayudar al sostenimiento de las Ligas. (Benjasmín Chiapino y Maris Rébora, LAE, 1995)

La base del autofinanciamiento estaba entonces también en la capacidad militante de los integrantes de las Ligas. Pero la crisis económica alcanzó a todos, afectando las condiciones de supervivencia de la organización misma:

Y después nosotros prácticamente vivíamos sin un sueldo… Uno no lo veía en ese momento, porque eso no importaba, había un compromiso yo te diría que total. Cuando vino el rodrigazo nos reunimos todos los que estábamos ahí en la sede sin otro trabajo más que ese. Yo trabajaba como maestra, pero el único sueldito fijo que entraba en el grupo, y decidimos salir a las colonias y decirles: miren, no tenemos qué comer, ustedes nos pueden ayudar, y sino tenemos que replantearnos cómo vamos a trabajar, si nos vamos cada uno a su chacra y dejar la estructura esta full time. Mirá, volvimos a los dos días con los chasis de los autos (tres citroen obtenidos por proyectos para funcionamiento ligas) casi tocando el piso de huevos, zapallos, salame del norte, del sur, de los gringos, los alemanes. (…) Venía la gente a bolsadas. Incluso me acordaba en estos días también, de la gente cuando nos quedamos sin vivienda y se ofrece para venir a hacernos la casa. O por ahí aparecían después de una carneada y nos traían tanta comida que nosotros empezábamos a regalar. (B. Chiapino y M. Rébora, LAE, 1995)

En la colonia cualquier delegado que tenía que hacer un trámite en el pueblo, o a 20 kms, o sea en Formosa, se le pagaba, y la comida se le preparaba entre todos para financiarle. Como que por ahí no salía dinero en efectivo, pero toda la parte alimentación, quién le va a reemplazar en la chacra, eso se trabajó muy bien. (I. Locatelli, ULICAF, 1995)

Y en Misiones, aunque se complicó su situación financiera con las divisiones internas entre el MAM y las LAM, los logros gremial-reivindicativos les permitieron autofinanciarse a ambos. El criterio para la cuota se debatía en la asamblea y se fijaba, y después el delegado se ocupaba de cobrarla y le quedaba un porcentaje. También se organizaron rifas, como la de una F-100:

El MAM tuvo conquistas tan importantes al principio que lejos fue el mejor organizado, llegamos a tener 14.000 socios fichados. Nosotros nos autofinanciamos, fue la única. Tuvimos apoyo de Misereor por el MRC cuando empezamos a trabajar a principios del ’71, pero a partir de febrero del ’72 el MAM empezó a funcionar sin apoyo. (…)Después de la división también, siempre la gente siguió aportando. (Michel Guilbard, secretario general MAM, 1996).

Por su parte,

Las LAM nos movíamos en base a lo que se recaudaba de los núcleos de base. Con muchísima dificultad, por la situación económica general y toda la infraestructura quedó para el MAM… Tuvimos que empezar desde comprar una máquina, una mesa, alquilar una nueva sede, todas esas cosas. Pero se autofinanciaba (…) todo se movía en base a lo que se conseguía, y eso se rendía en cada asamblea, nos tomábamos el tiempo para rendir, todo con recibos. (…) Nunca logramos que el gobierno hiciera algún descuento por tipo de planilla o por producto o algo para nuestra organización, sólo el aporte de los núcleos de base, y nosotros teníamos una asignación básica en ese tiempo, era el mínimo, lo que ganaba un obrero creo. (…) Pero nosotros apechugábamos y así hacíamos todo lo que hacíamos. Y vivíamos todos juntos en una casa. (Juan Carlos Berent y Susana Berent, dirigentes LAM, 1996)

En Corrientes no era posible mantener toda la estructura que tenían las Ligas con el aporte de la gente, dado que su base era de minifundistas:

Hasta se llegó a pedir 5 kg de tabaco a cada afiliado, y hubo gente que cumplió. Porque nosotros tampoco nos hicimos el planteo. El grueso del aporte era de la iglesia. (Sergio Tomasella, dirigente LAC) (…) “Bastante bien cumplían che las colonias. El delegado se encargaba de cobrar, con recibos, todo, se llevaba una contabilidad que se hacía conocer… (Jorge Torres, asesor sacerdote LAC) “…y a lo último terminaron desapareciendo todas las cuotas.  La cuota era fija para todos, eso es un error, por ahí algunos podían pagar, otros no. En general al principio todo el mundo pagaba…Por ahí a veces hacíamos una campaña y teníamos unos pesos, y con eso tirábamos un tiempo con las cuotas. Pero pasamos necesidades a veces. (Pedro Pablo Romero, secretario general LAC) “En gran medida el aval de superestructura más fuerte fue la iglesia hasta que Mons. Devoto a partir del estado de sitio tuvo allanamientos, y hubo una presión de que iban a cortar el dinero de Adveniat y Misereor. (Ana Olivo, dirigente LAC) “Dependían financieramente del MRC. Los aportes de los socios y de los campesinos no alcanzaba para solventar, por eso es que se siguió trabajando con proyectos y con los que recibía el MR para trabajar. Como que en realidad era un movimiento rural que se llamaba Ligas Agrarias, muy vinculado y relacionado a la iglesia. (J. C. Urbani, dirigente LAC, 1996)

La transición organizativa y metodológica entre el MRC y las Ligas Agrarias se fue dando así con un fuerte acompañamiento por parte de los integrantes de la institución eclesial que continuaron con la opción por los más pobres, involucrados en el cambio en las relaciones sociales rurales durante este proceso.  

3. La nueva conciencia cristiana en las Ligas Agrarias

Esa inserción socio-política de parte de la institución eclesial en las Ligas Agrarias se concretó con ciertas complicaciones. Los cuadros laicos y religiosos cristianos en las ligas debieron enfrentar un doble desafío, complejo de resolver. Ante todo la relación de su identidad religiosa con el proyecto de nueva sociedad en ese contexto convulsionado social y políticamente. Interpelados por su fe e impulsados por los obispos en un proceso de mediación eclesial al compromiso con las luchas por los pobres para su liberación integral, se debatieron después entre el proyecto de evangelización desde la Iglesia y el accionar al interior del movimiento popular. Eso implicaba que, por un lado, debían afrontar el aislamiento y la sanción al interior de la Iglesia cuya jerarquía prefirió refugiarse en el terreno de la neutralidad, y por otro, tenían que asumir que las diversas estrategias que disputaban la conducción del movimiento popular generaban tensiones y conflictos por las concepciones y métodos con que se aplicaban.

En el ámbito institucional eclesial, de 1972 a marzo de 1976 se observa una correspondencia entre las diversas etapas que caracterizaron el proceso peronista (ascenso de masas, crisis del proyecto popular, derechización y militarización de la democracia), con el comportamiento que tuvo la Iglesia Católica Argentina en el transcurso del mismo. Cada período tuvo en el terreno eclesial su repercusión interna, al favorecer y potenciar a distintas corrientes eclesiales, que alternativa o conjuntamente aparecieron representando y disputando la referencia del mensaje cristiano ante la sociedad y el estado (Pérez Esquivel, 1991). Así, en marzo de 1973, con una campaña política sustentada por las corrientes combativas del peronismo y el triunfo del justicialismo potenciando el auge y movilización popular, la mayoría de la jerarquía asumió una actitud de repliegue y expectativa que se manifestó en un bajo protagonismo en la recuperación del proceso democrático[6], sobre todo por las transformaciones sociales que se proponían realizar[7].

Simultáneamente en 1973, pero desde otra perspectiva, tres de los obispos más comprometidos con los lineamientos postconciliares de Medellín y San Miguel -Mons. Angelelli (La Rioja), Devoto (Goya) y Brasca (Rafaela, Sta. Fe)- señalaban en una carta pastoral a sus respectivas diócesis: “Después de largos años nuestro pueblo ha podido expresarse y ha hecho una opción que es profunda y va más allá de los partidos políticos”, y llamaban especialmente a los cristianos a

(…) un serio y real compromiso con los sectores más pobres y marginados -campesinos, changarines, hacheros, peones, obreros- exigiendo el reconocimiento de sus derechos a ser incorporados al quehacer nacional y a participar organizadamente en las decisiones a nivel local, regional y nacional, viviendo los valores del Evangelio y manteniendo un espíritu de crítica constructiva, tendiente a evitar que el proceso de liberación se desvirtúe y se convierta en opresor del hombre.”

Esta declaración, que interpretó acabadamente las expectativas populares del momento, fue la última que dieron obispos de regiones distintas con autonomía de las instancias formales del Episcopado.

Los sacerdotes asesores de las Ligas que formaban parte del MSTM, en tanto, se encontraron insertos en el proceso de definiciones político- ideológicas que había realizado este movimiento eclesial con respecto al compromiso de los cristianos en las luchas populares, en el cual se pronunciaron por una opción por el peronismo (Concatti, Rolando, 1972), no en tanto partido político sino como una opción por las fuerzas sociales populares que se expresaban en el movimiento peronista. Así, al hacer explícita su opción el MSTM quedaba de alguna manera sujeto al futuro político del movimiento, lo que limitaba el margen de autonomía y pluralismo de los lineamientos teológicos y pastorales post Medellín con respecto a las opciones políticas que evaluaban como necesarias en esa etapa histórica. Esto afectó al MSTM, que terminó disgregándose como una instancia nacional y de convergencia de cristianos comprometidos, y en el NEA profundizó en varios de sus integrantes su participación en las Ligas.

Posteriormente, la derechización del peronismo y la represión militar generaron conflictos institucionales con varios obispos que asumieron testimonios concretos de solidaridad con las víctimas. Entre otros, se puede señalar durante 1975 la “Carta a los cristianos de Lavalle y Goya” de Mons. Devoto en solidaridad con dos sacerdotes detenidos que eran asesores de las Ligas Agrarias, y la “huelga de misas” decretada en Formosa por el obispo Scozzina ante la detención del sacerdote francés Santiago Renevot. Pero estas actitudes eran expresiones individuales de algunos obispos que no alcanzaron para que la Iglesia en su conjunto lo asuma institucionalmente. La crisis de alternativas desde el movimiento popular favoreció la pérdida de espacio de los sectores progresistas y moderados; y la iniciativa conservadora e integrista apareció como la voz de la Iglesia, que en su conjunto no asumió institucionalmente la defensa de los derechos humanos ante la creciente espiral de violencia, sino que ya la ofensiva golpista que iba preparando el terreno para el golpe militar tuvo su correlato y apoyatura eclesiástica, desdibujando el perfil más autónomo del Episcopado.

Los actores sociales de trayectoria eclesial frente a este doble desafío profundizaron una lógica de acción colectiva referida a un movimiento eclesial -el MR Católico-ex de ACA- que terminó asumiendo una lógica de movimiento social. Esta transformación tuvo dos momentos: el primero con un MRC que asumió la lógica de comportamiento de movimiento social manteniendo su identidad como movimiento eclesial; y luego cuando las organizaciones sociales impulsadas por el MR, como las Ligas Agrarias, asumieron plenamente el carácter de movimiento social con identidad propia, y con el cual el MR terminó integrándose.

Este proceso desde la etapa de la mediación eclesial al mayor compromiso político y social fue muy fuerte en NEA, En todas sus diócesis hubo Ligas Agrarias -Sáenz Peña y Resistencia (Chaco), Reconquista (Sta Fe); Misiones; Corrientes y Goya (Ctes) y Formosa- que partieron en 1970 de un diagnóstico propio sobre el medio rural que impregnó su accionar:

Los productores no tienen participación en el manejo interno del mercado y aún menos en el externo. Los intermediarios encarecen los productos. Los créditos pueden adquirirlos solamente aquellos que ya tienen un capital formado. Hay una gran desigualdad en la distribución de la tierra (…)”Hay absorción por parte de los grandes propietarios hacia los pequeños a raíz de problemas económicos. Se va concentrando la tierra en manos de pocos. Existen grandes extensiones de tierra productiva sin explotar por falta de planificación (…) En el mercado se da monopolio nacional e internacional, lo que perjudica a los pequeños productores. La legislación está hecha para mantener el sistema, y ha hecho de la propiedad privada un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones.  (SeminarioEl Hombre y la Sociedad Actual” en Boletín Dirigente Rural del MR, abr. 1970)

Y de 1972 a 1976 esta lógica de movimiento social se fue construyendo sobre la base de la indignación moral y denuncia de injusticia que se padecía colectivamente; y a través del desarrollo de la movilización social de sus participantes. Estas características generales estuvieron presentes en la última etapa del MRC y posteriormente en las Ligas Agrarias. Por estas razones entraron en conflicto la lógica de lucha política de las Ligas, propia de cualquier organización popular, y una lógica pastoral que aspiraba a contener bajo su esfera de influencia una organización gremial. Esta tensión derivó en distintas situaciones según la relación de la iglesia con las ligas en cada provincia.

El caso de las Ligas chaqueñas-LACH es el más representativo de esa tensión, entre el rol de pastor que acompaña y el de conductor que dirige, asumido por los obispos en esta etapa.  

Distéfano en esa época había sido designado obispo de nuestra diócesis no hacía mucho tiempo, y fue un obispo que se caracterizó desde el primer momento por un perfil de compromiso público con la problemática social. Una cosa un poco novedosa para esa época, que sobresalía mucho. Antes, incluso bastante tiempo antes del tema de las ligas, las homilías de Distéfano se escuchaban en todos lados porque era un hombre muy conocedor de las problemáticas y hablaba mucho de los temas. Entonces lo escuchaban todos, esa era la verdad. Se convirtió en muy poco tiempo en una persona muy influyente en todas las problemáticas. Esto antes de todos nosotros. Los curas acá acompañaban todos en esa época. Curas y monjas participaban en la formación de grupos. Y sí, las parroquias eran un poco los centros de apoyo de las ligas. (Quique Lovey, LACH, 1995)

Se había convertido en el “Obispo del algodón”…

Dístéfano fue no el fundador, pero parte de todo eso lo hizo él. Promotor y ayudó a las ligas muchísimo. Yo lo agarré en su última época, pero todavía era el gran dirigente de las ligas. Si en cada manifestación en Villa Ángela el discurso principal era el del obispo. Y yo le dije al obispo que no estuve de acuerdo con su discurso, era incendiario casi. Muy: hay que luchar, hay que vencer al enemigo. Y la gente lo hurra al obispo. Quedó la imagen en mi mente de echar los sombreros para arriba, en una exaltación terrible. Me acuerdo de nuestro asesoramiento a unos campesinos sobre qué es lo que tenemos que hacer, y me acuerdo de que me escuchó pacientemente y de pronto se exaltó mucho: ¿ustedes cuánto más van a hacer soluciones a medias? ¡Tienen que tomar las tierras! Y su discurso contra el gobierno, público, era muy fuerte. Esto fue quizá nomás en el ’72. Yo viví una temporadita en casa del obispo. Me llamaba para que trate con los campesinos. Luego su cambio fue curioso y muy triste, ¿no? (José Luis Caravias SJ, asesor ligas paraguayas y LACH, 1995)

Con la progresiva radicalización política de las LACH, evidenciada durante el desplante público al presidente Lanusse durante su visita al Chaco, la ruptura con el obispo Distéfano fue total,

Cuando entra Lanusse yo creo que viene, baja, una política del episcopado que influye mucho sobre Distéfano, él de reuniones hechas allá viene con planteos. Yo no puedo aseverar, porque no conozco la interna de la iglesia en ese momento, pero creo que hubo una decisión del episcopado de asumir una cierta actitud con la presidencia de Lanusse. Y ahí comienzan los primeros cortocircuitos, porque de una actitud de prescindencia asumida al principio, se transforma en una actitud de intervención, digamos, je, je…Y eso ya no fue posible, no fue aceptado, ya había una conciencia, una decisión de conjunto. No los dirigentes que podíamos tener una mayor afinidad, una mayor relación por nuestra historia del Movimiento Rural y todo con la iglesia, con el obispo;  sino el resto de los dirigentes de las ligas que ya no aceptaban que después de todo lo que habíamos hecho como que había que irse a la casa.(Q. Lovey, 1995)

El obispo había priorizado su rol de conductor político-gremial, lo que llevó al replanteo eclesial. Porque, aunque el discurso de la iglesia es universal, nuevamente optó por los sectores de poder político y económico ante la presión popular. Esta actitud generó confusión dentro de las Ligas, cuyos integrantes confundieron su rol y le demandaban soluciones políticas más que pastorales.

Él pensaba que tenía las riendas. Intentó echar para atrás, digamos. De últimas, si hubiera sido para corregir rumbos hubiésemos discutido eso o analizado, porque a nosotros no nos gustaba para nada la idea tampoco de que él se divorcie totalmente. Nosotros la evaluábamos como negativa. Una contradicción pública con Distéfano era una cosa que operaba como un factor de debilidad nuestra. Lo considerábamos como un fundador, viste…Pero bueno, así se dieron las cosas (…) Eso creó confusión. Había gente que no entendía, que pensaba que era producto de desinteligencias nuestras, peleas (…) Y tuvimos que convivir con esa realidad todo el tiempo. Después, bueno, para la mayoría de la gente activa fue quedando cada vez más claro que él no quería saber más nada y que además quería que nosotros nos vayamos a la casa. Y bueno, eso no podía ser. Pero creó conflictos, eso es cierto. Hubo un momento en que él salió con declaraciones públicas a desautorizar a la dirigencia de las ligas agrarias, que estábamos tomando el camino equivocado, no? (dirigente LACH, 1995)

La confrontación fue abierta y permanente, tanto con las Ligas Agrarias como con los sacerdotes y laicos comprometidos con el movimiento campesino y los sindicatos rurales como el de los hacheros.

Como el padre Joaquín Nuñez, quien pidió especialmente a las LACH en paro activo que…”no olviden en esta lucha a los peones y hacheros que pasan una necesidad alarmante…, que son hermanos y brazos de ustedes en la lucha por la vida”(El Campesino, LACH, nov. 1972), y también en su mensaje navideño en Quitilipi expresó el padre Nuñez… “El nacimiento del niño Dios es la imagen viva de todo nuestro campesinado: el niño nació pequeño e impotente, pero encerraba dentro de sí toda la fuerza de un volcán que podía transformar todo un mundo difícil.”(El Campesino, LACH, dic. 1972)

Los curas que estaban comprometidos con la gente no podían decirle de un día para el otro que no, ahora el obispo dice que hay que hacer tal cosa. ¿Qué pasó, les agarró la locura? Entonces chocaban con él. Ellos tenían sus internas también, sus conflictos ahí, viste, je. Y, fue bravo, fue fuerte. Y él los fue erradicando de la diócesis, les fue rescindiendo el contrato, je, je. Esa es la verdad. Los combatió también. (dirigente LACH, 1995)  

Al respecto, es ilustrativo el caso del sacerdote jesuita José Luis Caravias, a quien el obispo Distéfano había convocado como asesor por su experiencia en las ligas agrarias de Paraguay,

El cambio fue como muy radical, muy hecho de pronto, no? Y muy en concreto su cambio fue conmigo. Yo fui llamado por él, era su asesor en las Ligas, vivía con él, me llevaba a todos lados, me pedía consejo. Y de pronto acabó echándome del Chaco personalmente. Y además yo no me quería ir, y lo hizo. Yo era párroco de Avia Terai, donde nunca habían visto a un cura, ahí no entraba nada prácticamente. Yo tenía un sueldito de la curia y me lo cortó.(J.L. Caravias, 1995)

Sin llegar a ese extremo, en Reconquista, Norte de Santa Fe, el obispo Juan José Iriarte se definió en 1972 cuando la CEA decidió que el MR de ACA deje de ser movimiento nacional. Su postura ante la opción política de un compromiso que él también impulsó fue no acompañar a las ULAS, y sólo permitir la continuidad del MRC como movimiento exclusivamente de iglesia. “La gente de la diócesis de Reconquista con Mons. Iriarte creo que hasta ahora siguen trabajando, porque para ellos el Movimiento Rural no murió, pero es más un movimiento de la iglesia.(Maris Rébora, 1995) Había gente allegada al movimiento, más vinculada con INCUPO, que tenían un proyecto más de tipo social cristiano. No obstante, muchos integrantes de su diócesis, sacerdotes, monjas y laicos, ya comprometidos se integraron a las ULAS.

En contraste, los obispos de otras Ligas Agrarias -las LAC, ULICAF y el MAM- plasmaron su impronta de pastores que acompañan en la adversidad y protegen a su grey.

En la provincia de Corrientes, el obispo Alberto Devoto de Goya priorizó el rol de pastor en su acompañamiento incondicional de las LAC, junto con un sólido equipo de curas y monjas. En los orígenes los trabajos políticos reivindicativos no llegaron a producir una secularización:

 Las ligas eran la expresión de la iglesia goyana. El MR se transformó en las ligas en un proceso organizativo de conciencia de la instancia superior a la que fue el MR.” (Jorge Sartor, dirigente LAC) “Es como la gente que forma un grupo juvenil en la iglesia, y que después forma un club, no es que por esto olvidó lo otro, sino que participa en las dos cosas (...) Por ejemplo, la gente en el campo a Mons. Devoto no le decía monseñor, sino padre Devoto. También se respaldaba en la mentalidad de lo que es el padre, y la mentalidad del correntino también de un poco del patrón que lo protege, entonces era como que estaba bien. Si el padrecito Devoto dice estaba bien. La gente lo sentía muy cerca al obispo, se sentía muy segura con él (…) La gente no separaba las cosas, lo reivindicativo complementaba lo otro. (Rosita Rojas y Juan Carlos Urbani, LAC, 1996)

Era partidario de que tengan su estructura propia las LAC (…) había un diálogo con el obispo, porque era un hombre que se interesaba mucho y se jugó por el campesinado. Había una confianza de ir, la comisión de las ligas tenía encuentros donde se conversaba y se le daba a conocer, fuera de mi relación personal como sacerdote-obispo (…) Mons. Devoto a mí personalmente me impulsó, incluso me pidió que trabaje con los campesinos, y que me dedique totalmente a ayudarles a salir de una situación que él veía de injusticia total. Esto llevó al grupo del MRC (…) En el 72 el episcopado separó al MR de la ACA, después vino el trabajo de las ligas en sí. Y cuando surgieron las ligas él estuvo presente, que fue cuando dijo esa frase que todo el mundo lo tiene presente: “Ahora sí que estoy contento porque veo que el campesino tiene su voz propia. Ya se hacen sentir.” Y lo dijo delante del gobernador de esa época que era Artaza, en Santa Lucía en la primera concentración. Y siempre estuvo atento a todo lo que las ligas hacían, y había un apoyo constante de él hacia las ligas agrarias. Eso es indiscutible. Hay documentos de él que están dirigidos al campesinado. Cartas de él… (Jorge Torres, asesor LAC, 1996)

Aunque se pudo dar un proceso de relativa autonomización gremial en las ligas, en gran medida por el rol del obispo, se puede afirmar que por la conformación social de la zona de Goya sin el factor de la fe y sin la mediación eclesial, la protesta y movilización de las LAC se hubiera canalizado coyunturalmente, sin tener traducción organizativa:

Aunque siempre suelo obrar sobre la realidad y los hechos, no sé, conociendo un poco al hombre correntino (…) Y si no surgió nunca fue porque no era posible (…) ¿por qué los partidos políticos nunca pudieron nuclear, porque no quisieron, porque no les conviene? Hay algo que tengo bien claro: la primera concentración que hemos hecho nosotros en Santa Lucía, que eran nada más que las colonias cerca de Santa Lucia y dos o tres del sur de Goya, estuvieron presentes tres mil campesinos…y era al comenzar. Y hemos logrado nuestra última concentración, que fue en el 75, 10.000 campesinos, pero ya prácticamente de toda la provincia de Corrientes. Fue la última que hicimos porque después ya fue imposible, ya en esa tuvimos una batalla campal con la policía (…) Y otro signo es en San Roque, un pueblo tradicional -uno de los pueblos más viejos, fundado viniendo del Norte- creo que fue la única concentración que conoció, la de las ligas agrarias, con 1.500 campesinos, que fue todo un acontecimiento para ellos. Por eso te digo: no sé. Y además siempre me hizo pensar a mí este viejito que me dijo: el único gajo que nos queda de esperanza es la iglesia. No sé si era creyente o nada, pero esa confianza, esa credibilidad de nuestra gente en la iglesia todavía existía y creo que existe, pero ahí esta que hay que ser fiel a eso. Yo si me he jugado lo mismo que ellos es porque he encontrado en ello una respuesta, pero no solamente a la teoría sino a la práctica, y una fidelidad de ellos total. (Jorge Torres, LAC 1996)

Y en lo cotidiano,

Nosotros le informábamos (al obispo) lo que estábamos haciendo, y nunca nos hizo problemas por nada. Le avisábamos que en la reunión de delegados las ligas hicieron comprar un citroen, la plata la sacaron de acá y acá, qué le parece a usted. Y respondía: esa es la decisión de los campesinos(…) El a lo sumo podía tirar alguna inquietud o por ahí una pregunta como para ver si nosotros estábamos convencidos de lo que estábamos haciendo (…) Su apoyo fue incondicional siempre y cuando fuera una cosa que asumieran los campesinos. Y en la última etapa Devoto estuvo, nunca se borró, pero tampoco tuvo una vinculación tan estrecha porque ya también hubo una desvinculación de la conducción, y a veces estaba medio cabrero porque se le informaba poco, y la última etapa más…  (R. Rojas y J. C. Urbani, LAC 1996)

En Goya fue donde hubo mayor mediación eclesial con el movimiento popular por la participación del clero del MSTM y de monjas, clave para el funcionamiento de las Ligas en la zona.

 En el caso de Corrientes te diría que la expansión de las ligas como movimiento se debe en gran parte a la presencia de la iglesia, que eso le da a la gente una cierta garantía de que andamos bien; si están metidos los curas andamos bien, no hay problema. Entonces eso no sé si es por su fe o es religiosidad, o es tradición, pero la participación de los curas ha sido muy importante.(…) Fueron buenos pero también con algunos aspectos negativos; hubo curas que se descuelgan…Eran curas, Torres etc., que se identificaban con la línea del MSTM, le dieron empuje a todos los cambios que hubo en la iglesia en ese momento, y cabida a los laicos para que puedan lanzarse a actividades como el MR que desemboca en las ligas agrarias… Sus declaraciones atrapaban a la gente, Mons. Devoto y los sacerdotes que eran más piolas en las misas, las homilías nombraban la organización y la apoyaban. Devoto apoyaba públicamente las ligas… Activamente había unas monjas en Perugorría (Alice Domon) que participaban en las reuniones y trabajaban mucho en la zona con la gente…y en Lavalle. También había unas monjas -las auxiliares parroquiales de Santa María- en Goya que colaboraban mucho, pero ellas no salían al campo, eran grandes.  (Rosita Rojas y Juan Carlos Urbani, 1996)

Sacerdotes dentro del apoyo a las ligas teníamos un buen porcentaje. Un apoyo total. Incluso en las concentraciones venían sacerdotes de otros lados que no tenían liga o que no tenían nada que ver pero que venían como un apoyo y un estar presente la iglesia de Goya. Por supuesto hablamos de los sacerdotes jóvenes de esa época. Ya los que tenían un poquito antes del Concilio se seguían manteniendo en su posición, y a veces con cierta no oposición, sino que ellos no veían eso como un trabajo pastoral, sino un poco más político social, y no veían que lo social o la situación es parte del contenido de una pastoral. No lo veían por su formación y por su manera de trabajar antes. (…) Hubo una huelga de hambre en la catedral de unos buenos días, no me acuerdo cuántos, en el 73. Allí estuvo María Esther, pero no es religiosa, siempre trabajó con Ramondetti, laica cien por cien. Lo que pasa que le confundían y le decían la hermana. Creo que era ella, de los diez campesinos sí me acuerdo. (Jorge Torres, LAC, 1996)

El respaldo del obispo de Goya fue incondicional, aún en la represión,

Devoto desde el principio, desde que se definió y se jugó por el campesinado y por toda una línea de liberación y un trabajo por la justicia, él tuvo choques tremendos de la parte alta de Goya. Lo llamaban el obispo rojo, y no de balde aparecía, incluso a nivel político, una imagen de Devoto con una ametralladora pegada en las paredes de Goya. De qué sectores, eh? Y cuando los dirigentes de las ligas y los dirigentes de la juventud, y las personas que fueron llevadas presas en la época del proceso (…) Y las visitas de Devoto en las cárceles a todos en Corrientes, en Resistencia, en Villa Devoto y en La Plata eran continuas. Lo hizo siempre, aún en pleno proceso y con el riesgo y todo que se sabía. Es un signo de la apertura de él hacia aquellos que han trabajado y lo necesitaban. (J. Torres, 1996)

 Hay otro hecho que a mí me ha tocado muy de cerca. Fue en el año 75 cuando yo estuve unos días detenido, incomunicado totalmente, y después de diez días logró él conseguir un permiso de hablar conmigo, pero por supuesto con un oficial al lado. Entonces me dice: quiero decirte algo para que te sientas reconfortado y tranquilo: en todas las capillas rurales y donde no hay capillas en las casas de familia la gente se reúne todos los días a rezar por ustedes, como lo hacían cuando Pedro y los primeros apóstoles eran llevados presos. Es la comunidad que está rezando por ustedes. Y después de eso me entero, creo que cuando habló conmigo le comunicaron que para tal día yo estaría libre, que mientras él venía de Corrientes iba entrando por colonia en colonia y le iba diciendo él personalmente a la gente para tal fecha quedan en libertad. Eso el campesino no se olvida, a veces me ven y me dicen: Usted sabe que la última vez yo me acuerdo cuando vino el obispo a decirnos que ustedes quedaban libres… El obispo iba avisando, cruzando alambrados, campos (…) Son gestos que realmente al campesino le impactan. Esta anécdota es un signo positivo de él, que andaba recorriendo… (J. Torres, 1996)

En el caso de Formosa la profunda religiosidad de los campesinos se volcó al compromiso con la organización gremial en las ULICAF, en un proceso de transición no carente de tensiones.

Se replanteó cómo seguiría el trabajo más pastoral. Hubo una discusión interna, hubo gente que estuvo trabajando, caso Silva, gente que se apartó, que se dedicó más a la pastoral, pero ya no más vinculado con las ligas. Eso es lo que pasó, y creo que el error de ese tiempo es que el movimiento tendría que haber continuado, el movimiento rural, y las ligas por un lado. Pero fue la misma gente, prácticamente el grueso, continuó como ligas agrarias. Hubo gente que no aceptó, se quedó prácticamente dentro de la iglesia, pero sin trabajo, viste. (Alem Locatelli, ULICAF, 1995)

En la práctica, en Formosa la primera etapa del accionar de las Ligas fue como MRC,

De la puesta en marcha de las ligas campesinas se ocupa el MR, y todo lo que significó eso. Como MR cuando hubo las primeras movilizaciones en Sáenz Peña se informaba en reunión de dirigentes de los grupos: que vamos a solidarizarnos, cómo compartimos…Yo diría que tiene mucho que ver el contagio, el efecto multiplicador (…) Hubo diócesis en que la cosa fue así: no, ya no existe más el MR, ahora somos ligas. Allá creo que se dio el momento de transición, se lo reflexionó a nivel de obispado con los dirigentes, y se dijo: bueno, en este momento esto puede ser el camino. Y hubo una decisión, con visto bueno del obispo (Scozzina), digamos, de transferir todo lo que teníamos en el movimiento: una máquina de escribir, un mimeógrafo, un proyector de diapositivas, todo el equipamiento…hasta un citroen o un jeep que había del MR pasaba todo automáticamente a las ligas. Eso no fue fácil después por todo el despiole jurídico-administrativo de propiedad, porque el MR figuraba en el obispado. (Oscar Ortiz, dirigente ULICAF, 1995)

La utilización de la radio como medio de difusión para las tareas organizativas y de concientización del campesinado se debió al analfabetismo y aislamiento de la mayoría de los campesinos, y que ponía al alcance de los colonos la información sobre los Consejos Campesinos, la distribución de tierras o la comercialización, la lectura de resoluciones y petitorios y las invitaciones para las reuniones zonales, “La raíz represiva de la suspensión de dichas audiciones resultaba evidente, al punto de inducir al diario formoseño La Mañana (25/6/71) a comentar: “Curiosamente, la brusca suspensión coincidió con la realización de asambleas campesinas por el Movimiento Rural, donde se expusieron los problemas del campo y se criticó al gobierno provincial”. (cit en Ferrara, F., 1973:230)

El INCUPO, por su parte, ocupaba sus espacios radiales en la difusión de cursos de alfabetización, comentarios, emisiones culturales, etc, y cubría con sus programas varias provincias del NEA. Con sede en Reconquista y financiado por el gobierno y asociaciones de iglesia europeas, era una institución sin fines de lucro con oficinas en todas las provincias donde actuaban los Centros Radiofónicos, compuestos por un monitor, un grupo de cinco o más adultos miembros, un receptor de radio, un lugar para reuniones (casa de familia, club, capilla, escuela, pieza construida especialmente, etc) y material didáctico. Estos centros radiofónicos además de alfabetizar contribuyeron a la organización comunitaria y la concientización con los debates sobre problemas culturales, sociales, económicos, sanitarios, etc de los agricultores. En ese sentido su trabajo fue complementario al del Movimiento Rural, aún cuando en Santa Fe se mantuvo mucho más cercano al obispo Iriarte que a las Ligas.

Ante la suspensión de los programas por LRA 8, Radio Nacional de Formosa, INCUPO y el Movimiento Rural continuaron sus emisiones por una radio paraguaya, Radio Boquerón, captada en Formosa. Pero por presiones de las autoridades argentinas también fueron prohibidas estas audiciones, por lo que se organizan casi todas las fuerzas sociales de Formosa para protestar. El gobierno no resistió la presión y cedió declarando que

“…es totalmente inaceptable tachar al sistema de INCUPO de celular o marxista, como pretende afirmarlo un matutino de la Capital Federal…Entre las instituciones que apoyan a INCUPO aparece un llamado “movimiento rural” que organiza reuniones de campesinos, incitándolos a la protesta pública. Tal movimiento presentaría gran semejanza con el que se desarrolla en el Chaco con la dirección de un obispo con tendencia tercermundista.” (La Prensa, 1/8/71)

y permitió las audiciones a INCUPO, pero no al MR de ACA. A mediados de 1972 ULICAF hizo un balance:

Procurar sacar al campesino de su marginación y miseria; hacer reflexionar a los campesinos sobre la situación en que viven; permitirle hablar públicamente y decir lo que siente; tratar de hacer respetar sus derechos; conseguir cosas concretas, por ejemplo semillas, créditos, etc.; ayudarlos a ser solidarios”, y lo que todavía faltaba“…comunicación e información entre los consejos de colonia; falta de responsabilidad en varios delegados; falta de claridad en los objetivos; falta de capacidad para conducir por parte de los miembros del Consejo Central, por lo cual pesan mucho sus asesores; poco interés de los socios en controlar y participar en la conducción.

En ese proceso se combinaron la presencia religiosa con la acción reivindicativa a través de la reflexión y la formación:

En el caso de Formosa en las parroquias que teníamos pastoral rural su línea definía acompañamiento a las organizaciones campesinas. No como cosa prioritaria única, aparte de otras tareas explícitas figuraba este acompañamiento (…) Al comienzo había una identificación de la tarea reivindicativa con la vivencia religiosa, la gente te decía esto que hacemos es muy cristiano. Quizás porque se trabajó mucho en las últimas asambleas del MR, antes de hacer la transferencia, de que lo otro sería tomar cuerpo ya de una organización no de la Iglesia. Y mismo que a nivel de dirigentes estaba claro la cosa: esto no es de iglesia, somos cristianos comprometidos. Pero a nivel de base en muchos lugares tenias esa mezcla. (O. Ortiz, 1995)

 A esa altura en el 71, los oradores campesinos que hablaban todo entrecruzado como eran dirigentes de las comunidades ya tuvieron una baqueteada, la gente te decía esto que hacemos es cristiano. Acusaban al gobierno: que dice que somos comunistas, que venga a ver si somos o no. Nosotros somos cristianos, esto hacemos para no quedarnos quietos, porque es nuestro compromiso, nuestros hijos. Como que siempre se apelaba al elemento de fundamento doctrinal. Eso en Formosa se dio, hasta que yo vine por lo menos se dio. (Remo Vénica, Coordinación Nacional, 1995)

El acompañamiento del obispo con su rol de pastor, el de las monjas en capacitación y los sacerdotes como asesores fue permanente y de un alto compromiso, tanto en denuncias como en movilizaciones, lo que también los involucró en la persecución posterior por parte del gobierno y las fuerzas armadas.

La compleja realidad antropológica de Misiones, originada en sus variados orígenes migratorios, se manifiesta también en sus diversas expresiones religiosas. Allí la iglesia católica fue una más entre las confesiones (rito bizantino, evangélicas) de los integrantes del MAM, aunque el movimiento surgió también con el acompañamiento del MRC en un proceso de transición que integró lo religioso con lo gremial-reivindicativo: 

Con las publicaciones o la misión que hacían José Czerepak o Alberto Markiewicz (sacerdotes asesores) al dar un sermón en la iglesia marcaban la necesidad de defenderse, la necesidad no nombrada directamente, pero de agruparse en algo para conseguir. Era permanente la prédica de ellos fuera y dentro de la iglesia para la agremiación. Planteaban la necesidad de que se te pague mejor el producto, de que vos tengas derechos a saber quién comercializa tu producto, que no es sólo llegar a eso y no saber qué se hace con eso, a cuánto se vende. Ahí se hicieron los grandes debates. Por ejemplo, la relación con los acopiadores en los precios. A veces se logró que el precio alcance y supere el costo de producción del producto. Todo eso por la presión de los colonos. (Eugenio Kasalaba, miembro MAM, 1996)

En las coyunturas clave de la organización rural en Misiones las opiniones de los protagonistas difieren con respecto a la participación y posturas asumidas por el obispo Kemerer y los sacerdotes asesores. Así, tanto en los orígenes del MAM

De vez en cuando para las concentraciones se lo invitaba al obispo que asistía, el padre Alberto Markiewicz era asesor. También se invitaba a los pastores, quienes no iban pero no les enseñaban a los fieles que no asistan. (E. Kasalaba, MAM) Hubo acompañamiento del obispo de Misiones. Es bastante interesante la participación en concentraciones en los primeros actos. Quizás fue un elemento motivador en su tiempo. Pero donde un poquito hubo ya dificultades, se fue quedando al costado. (Enrique Péczac, miembro MAM, 1996)

Puede ser que al principio el obispo participó más porque como la cosa la organizaba más o menos el MRC él sabía cómo venía la mano y apoyo. Y después se separó (…) Tal vez no hizo como otros obispos que siguió avanzando, que yo tengo que ir al frente y que cada vez más combativo y todo, al pasar nosotros del MRC al gremio si bien acompaña las concentraciones deja un poquitito. (S. y J. C. Berent, MAM y LAM, 1996)

El obispo acompañó al principio y en general. Además, en todas las provincias el movimiento llegó a ser lo que fue porque en gran parte la iglesia le da ese paraguas. Acá la iglesia termina dejando que nazca el MAM y que se haga transformación en ciertos casos, si uno mira las experiencias de Brasil y de Argentina. Pero cuando ellos ven que no lo van a poder controlar, que va a empezar a cuestionar el sistema, ellos ya se retiran. (…) El cura participaba, era un activista más, aportaba toda su capacidad, su formación y toda su relación, que generalmente hacía que él en un primer momento hiciera un aporte grandísimo. Te imaginás que para la gente en cada provincia si no hubiera sido por los curas… al final el cura por lo menos sabía escribir a máquina, manejaba más o menos el idioma, era capaz de redactar algo. Y entre la gente, todo el mundo con nivel primario, con muchísima dificultad. Por eso aparecen como asesores. Además, en todas las concentraciones hablaba el obispo, hablaba el cura. (…) Mirá, apelar a documentos de la iglesia o del tema de la liberación o sociedad alternativa hablaban muy poco, por eso te decía la diferencia con los de Brasil. (M. Guilbard, 1996)

Como en la posterior división del MAM, AMA y las LAM (ver cap 8), en la que el obispo no tomó partido, pero algunos sacerdotes sí, lo que llevó a que tres curas estuvieran en los distintos movimientos, actuando aislados del conjunto de la iglesia.

Kemerer en ese sentido no tomó partido, siguió apoyando directamente, nunca hubo una manifestación de la iglesia en el sentido de que apoyaba a uno o a otro. (…) Hizo lo contrario a Distéfano, que al principio se jugó, se puso al frente, y después le falló a los compañeros (…) Cuando se da la división, José Czerepack que era el asesor hasta ese momento se va con las Ligas, y Alberto (Markiewicz) con el MAM…, repercutió dentro de la iglesia porque José era de los curas del Tercer Mundo y Alberto no, pero a nivel periodístico no creo que haya repercutido eso (…) Acá los curas que estuvieron con nosotros estuvieron hasta el final, y los curas que no estuvieron con nosotros no estuvieron nunca, ni cuando “hacíamos buena letra” (en referencia a su etapa en el MAM) ni cuando nos hicimos combativos ni nada. Hubo curas que directamente eran enemigos de la organización, caso acá de Carlos Covel, caso del padre Esteban en Campo Grande, le fuimos a pedir un lugarcito para parar ahí y nos ofreció el tanque de agua si queríamos, para él éramos la peste. (dirigentes LAM) Los otros curas siempre habían mirado de afuera, y después de la división más. Con nosotros estaba Francisco, amigo de Czerepack y demás porque habían estudiado juntos. Después había una cantidad de alemanes, austríacos, polacos que habían venido con el Verbo Divino, que ni sabían donde estaban parados, no entendían bien el idioma ni veían bien qué pasaba (…) La iglesia a partir de ahí (la división) no existe. Pero eso más de opciones personales de los curas que digitado por Kemerer. (Michel Guilbard, MAM) Kemerer quería que volvieran a unirse las dos líneas, porque le quedó un cura con las ligas y otro con el MAM, que esa fue una gran equivocación (…) La pelea de aparatos de aquella época fue una barbaridad… (miembro MAM, 1996)

Entre las diversas razones que llevaron a los sacerdotes a optar por alguno de los movimientos -MAM, AMA O LAM- aparecen las opciones políticas y personales:

Esto hizo un daño tremendo, los que estaban en contra se alegraban de la división (…) Czerepak primero empuja a la gente, viste, y después él se mete, y no fue el único, hubo algunos otros más. Porque Czerepak no era así, ¿qué montonero ni ocho cuartos, a él le interesan las ideas naturales (…) ¿Opta por una cuestión personal, y porque él cree que si se queda con ellos van a ganar las elecciones, te das cuenta? Si se queda él los protege, porque él me vino a ver y dijo: nos van a matar, pero no, hablé con Pablo (Fernández Long), y si quedan en descubierto los van a matar todos los enemigos, militares, todavía no se hablaba tanto de las AAA. Pero nunca esas cosas son tan simples, siempre hay muchos factores (…) El después participa en las LAM… va como candidato a cuarto diputado por el Auténtico (…) No era una cuestión coyuntural, porque una vez que se dio el proceso de cambio él siguió después, él acompañó a la gente. (Dirigente MAM) Yo le hice (a Czerepak) ese planteo, que él le estaba quitando el puesto a la gente campesina, que deje eso (la candidatura a diputado), que lo apoye de afuera (…) Entonces él decía que no le quedaba otra, que si él hizo toda esa opción por los pobres, que para él fue una opción política porque los pobres no son seres abstractos sino que son la gente concreta organizada, etc, y que hacen tales y tales caminos, y él los acompaña en esos caminos. Y si a él le exigen, y lo ponen en la lista, ya no tenía más salida que seguir ese camino. Era su limitación, su experiencia histórica, no tenía otra. Tampoco tenía a nadie, a ningún obispo que le entienda, porque cuando mucho le decían no, y eso ya para él no era iglesia, ni pastoral ni nada por el estilo. Pero eso coincide con un proceso de deterioro sacerdotal, en el sentido de sentir como terminada la etapa, y no ver cualitativamente una perspectiva nueva (…) En ese contexto de crisis de identidad se dio ese empuje…el quería ser dirigente. El sacerdote no tiene que ser dirigente político ni dirigente agrario, tiene que ser asesor. Esa fue la gran diferencia… Pienso que por eso fue el fracaso también, por interferencias políticas… (asesor MAM, 1996)

La presencia de la iglesia en el MAM era muy bien aceptada. La distancia o indiferencia se da con la división. Aunque el padre Czerepak quedó con el otro grupo, aunque no lo tomaron tanto como iglesia sino como un dirigente gremial, más después que se metió en política como candidato a diputado, lástima que lo usaron de bandera nomás. Eso fue un poco nuestra pelea y un poco el distanciamiento de los dos, porque yo tanto le pedía que no haga eso. Y le fue más mal que bien. (asesor MAM, 1996)

En el MAM quedó como asesor Markiewicz que era amigo de Czerepak, y siempre los dos venían a las reuniones, porque ellos habían ido al seminario juntos. Y yo creo que Markiewicz queda en el MAM…seguramente Czerepak debe haber dicho vos quedate y yo me voy ahí, a esa gente no le puedo fallar. Y el otro habrá dicho, sí, yo me voy a quedar con ellos, viste… El era cura de Gobernador Roca, y él ahí era un lugar fuerte. Markiewicz era bastante buen organizador, había una cooperativa ahí que se había fundido y la levantó. El tipo empezó a mandar mandioca a Buenos Aires. Había un secadero de yerba que volvió a levantar. Pero al lado de Czerepak era mucho menos innovador. Tenía otro tipo de liderazgo si querés, pero la gente de él sí le respondía. Los de Roca jamás fallaban. El AMA también tenía un cura asesor, el cura de Montecarlo, reemplazó a Czerepak, Alfonso Scheek, que era más de derecha, además con un despelote en la cabeza…  (dirigente MAM, 1996)

Las Ligas Agrarias de Entre Ríos, en cambio, fueron más seculares. Aunque sus principales dirigentes venían del MRC, en esta provincia las ligas no fueron impulsadas por la Iglesia.

Las ligas fueron seculares, no era otro movimiento de iglesia…y además nosotros nos preocupamos porque no lo fuera, por la cantidad de iglesias que trabajan acá (…) Nunca se celebró una misa después de una marcha, de una concentración. Es que en los pueblos del noreste hay una religiosidad popular muy fuerte, y acá hay muchas religiones, hay muchos grupos, está muy mezclado. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

Este contexto de diversidad religiosa y el perfil de los obispos, sacerdotes y laicos definieron también su tipo de participación en las Ligas:

Uno de los grandes ejes del MR fue hacernos sentir que los laicos éramos responsables del movimiento, y no que era el movimiento para que lo manejen los curas, por ejemplo, los asesores, cosa que era muy frecuente, y en lo que nosotros nos plantábamos y nos hacíamos respetar (…) Nos ayudó mucho en el compromiso de laicos, el rol del laico. Si el movimiento nos daba un método de autodescubrimiento y descubrimiento colectivo de nuestra tarea a emprender, los curas tenían que admitir que ellos eran una partecita de esa iglesia y no eran dirigentes, lo que les costó sangre, sudor y lágrimas para que se ubiquen. No sé si en todo, pero por lo menos conseguimos avances muy importantes. Los asesores fueron curas, Bottegal, pero no como diocesano, el padre Rosendo Coco, que está en Concordia ahora en catequesis, pero hizo un gran aporte al movimiento y a nosotros, era como nuestro sostén… (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

Además, vos tenías acá al obispo Tortolo, tenías a Boxler y a no sé quien más en Concordia…era realmente ponerles la cabeza abajo de la guillotina si les daban protagonismo (…) En general los obispos Zaspe (Santa Fe), Angelelli (La Rioja) y Brasca (Rafaela) que eran en ese momento obispos de avanzada, sobre todo Zaspe que era más moderado, era como que realmente se preocupaban para que no nos fuéramos los de la acción católica. En cambio Mons. Angelelli decía, pero no…, como que no perdiéramos tiempo, que hiciéramos nuestro propio camino, igual respaldados por él, por supuesto. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

En el conjunto de la región del NEA hubo, entonces, una fuerte impronta de la nueva conciencia cristiana en el proceso liguista. Así como la jerarquía eclesial se relacionó con prescindencia, acompañamiento, conducción o acoso político con las Ligas Agrarias, fue también profundo el compromiso de gran parte de los sacerdotes, monjas y laicos que las integraron. Ese doble desafío ya había sido asumido por los cuadros laicos en su aporte a la formación popular liberadora.

 4. La formación permanente

 “El MR y las Ligas constituyeron un verdadero modelo de capacitación popular, con una formación de cuadros, mujeres y varones, cuyo compromiso todavía sigue vigente: Remo-Irmina; Maris-Benja; Rosita-Juan Carlos; Quique; Ramón Chávez; Mira; Ofelia y Jorge Medina, Jorge Sartor, entre otros, sumado el recuerdo ejemplar de los muchos/as que ya no están”. (Tudy Noceti y Alberto Sily, 2009)[8]

 

Uno de los principales aportes que hicieron las Ligas Agrarias a las relaciones sociales rurales fue la formación permanente. ¿Formación para qué? No sólo capacitación para brindar herramientas de cambio económico, sino la búsqueda de una profundización constante de la realidad socio-política y económica en función de la consolidación del proyecto de nueva sociedad que en tanto movimiento social se proponían.

(…) de todos los gremios en el Nordeste, el Movimiento Rural Cristiano (de la Acción Católica) fue el promotor. Facilitó hombres y mujeres preparados, no en la universidad, sino en la escuela del contacto real con la situación que vive el Campesinado Argentino. Y sobre todo hombres y mujeres muy sensibilizados por los problemas y por las injusticias. En numerosísimos cursos de capacitación, pasaron sus dirigentes y militantes.” (Amanecer Agrario nº2,  jun. 1972:4)

Es necesario integrar en nuestro análisis toda la formación del MRC con la de las Ligas agrarias. El MR de ACA aportó a la formación -además del método- diversas instancias de capacitación y reflexión. Así, los cursos, las estadías e intercambios de dirigentes, las reuniones, encuentros y jornadas, el tema del año y las publicaciones radiales y escritas fueron instrumentos eficaces en la formación de parte de los dirigentes e integrantes de las Ligas. Fue en esa etapa previa, con la explosión formativa de los sesenta, que con la educación no formal[9] del método Cardjin y sobre todo el método de Paulo Freire se forjó la matriz de la metodología de educación popular liberadora[10] que continuó en las Ligas agrarias y se expresó en su dinámica de acción colectiva.

La aplicación de este método de origen francés fue avanzando progresivamente desde el tratamiento de los efectos de muchos de los problemas de los campesinos a la toma de conciencia de las causas de los mismos. Los temas propuestos para el ver-juzgar y actuar en el año 1966 eran “seguros, bancos, comercialización y cooperativas”, y expresaban la máxima meta a la que aspiraban por ese entonces los ruralistas: elevar la educación del campesinado para que este pudiera hacer posible la obtención de la igualdad de condiciones con los latifundistas y monopolios. A partir de 1966 se dio el gran cambio interno en el MR y en el uso del método

En este sentido uno de los logros del MRC y de sus aportes al ámbito rural fue la formación de jóvenes líderes campesinos a través de la educación alternativa. Ante un sistema educativo que descuidaba a los rurales (Informe 1º Congreso F.U.S.T.E. Sta Fe, 1972), el MR concretó una revalorización importante en el aspecto pedagógico rural. Tanto la influencia del MIJARC Latinoamericano en la orientación como el cambio de actores sociales en la conducción del MR en Argentina sentaron a mediados de los ’60 las bases de un giro en la formación de sus militantes y dirigentes. Y al ser ésta, la formación, el objetivo central del MR, se amplió y profundizó no sólo desde la organización y renovación en el sector maestros, sino en los contenidos y metodología de la formación a través de los cursos en el Instituto San Pablo. Las expectativas de los sectores del MR de ACA (empresarios, maestros y rurales) se habían enfrentado con sus distintos proyectos e ideologías. Y a mediados de 1967, habiendo cesado los cursos femeninos en el Inst. Santa María en Guanaco, el MR programó un curso de mujeres en el Inst. San Pablo. El responsable de la coordinación del funcionamiento y contenido de este curso de tres meses era el MR, pero el director del Inst. San Pablo, designado por PUCAM, se involucró en el mismo y el conflicto por el control de la formación de nuevos cuadros estalló.

Luego de la transformación y la crisis interna del MR, la nueva conducción del PUCAM-MR con representantes campesinos rearticuló desde la base la formación en el Instituto San Pablo. Allí se manejaba la metodología liberadora de Paulo Freire en todos los niveles, desde un enfoque cristiano de la problemática realidad rural. En consonancia, el método ver-juzgar y actuar de Cardjin fue integrado con el método de Freire y adaptado a la realidad latinoamericana,

Había dos métodos. Uno era Arturo Paoli, que te señala una profundización del método conocido (V-J-A). El venía a dictarnos cursos, charlas, seminarios. También empieza a trabajar con los curas asesores que trabajen con otros curas. Entonces Paoli fue el que nos empieza a señalar las luces que teníamos que ir descubriendo, los caminos personales de cada uno, y el compromiso con el pobre. Y por el otro lado, Freire da una metodología de laburo, que se aplica mucho en el sector maestros. Empiezan a aparecer palabras como la educación liberadora…Eso generó una crisis porque el método de Freire marcó al movimiento con un compromiso mucho más temporal…Era muy importante, porque nos rescata como un sector, nos dice ustedes son algo, tienen una tarea que cumplir, eso era invalorable (…) Después de una etapa más espiritual donde analizábamos mucho desde la fe el ver, el juzgar y el actuar, viene una etapa más de compromiso temporal cuando empezamos a preguntarnos…Yo me acuerdo cuando discutíamos si realmente hacer que un campesino del NOA por ejemplo, o de Formosa tomara conciencia de la miseria y de la pobreza y del grado de explotación que tenía. Si eso lo iba a hacer más feliz, si lo iba a hacer más hombre o no. Porque había un grupo que decía, bueno eso es hacerlos infelices, porque así como están ahora están bien, pero ¿si ellos descubren o se dan cuenta que están totalmente explotados adónde vamos a llegar? Si se podía cambiar esa realidad o no se podía transformar. Esa toma de conciencia que nosotros lográbamos en la gente adónde nos iba a llevar, que iba a pasar, qué broncas iba a despertar. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

La forma de organización de las ligas tenia mucho que ver con la metodología del MR, y mucha gente hasta la practicaba sin saber de donde había venido. Todo el método ver juzgar y actuar vino desde ahí. Y mucha gente tuvo que ver fundamentalmente con lo que fueron los cursos de capacitación de Capitán Sarmiento. (Jorge Sartor, LAC) Para cursos y capacitación teníamos un fondo especial que nos llegaba a través del PUCAM. (J. Torres, LAC, 1996)

Nosotros en el MR hacíamos encuentros, jornadas, venía un economista, uno de producción, a dar economía argentina y mundial, qué es capitalismo, qué es marxismo; y era como que estábamos avanzando en las perspectivas de lo que iba a ocurrir. Como que teníamos más claridad de cómo venía la mano en el orden político, eclesiástico, económico, en los problemas sociales. Se buscaba siempre gente de avanzada que podía dar elementos para profundizar después el debate interno o generar intercambio en la formación de dirigentes. Ahí yo creo que empieza también a profundizarse la discusión de los lineamientos, de saber hacia dónde vamos, y empezamos a tener conflictos con el obispo, con curas, el tema de la tierra por ejemplo levanta mucha polvareda… Y nosotros como sector campesino teníamos que formarnos para meternos en la estructura de nuestras comunidades, ya sea cooperadoras, cooperativas, consorcios camineros, generar iniciativas. O sea que, si bien no hablábamos de un gremialismo agrario, pero sí vivíamos de la presencia activa del sector para trabajar con su propio sector. (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

Otro objetivo central de la formación en el MRC y en las ligas fue el desarrollo de la comunidad”, entendida como integración del aislado medio rural como parte del cambio en las relaciones sociales

“…queremos penetrar en el medio para su transformación. En ella deben participar todos los que viven en comunidades rurales para que en una acción personal y comunitaria podamos lograr el cambio de mentalidad y de las estructuras (…) Las grandes distancias y las distintas actividades del campo dificultan la participación, sobre todo a la mujer, sin embargo, las comunidades van tomando conciencia y descubriendo que son parte activa de su destino y del proceso histórico.” (Informe del sector maestros, 1970).

Y en función de esto la Comunidad” fue el tema del año 1970. En base a las encuestas previas y reflexiones de los grupos de campesinos y maestros sobre el tema se organizó el Seminario Nacional de Formación del MR (en Puerto Rico, Misiones, feb. 1970), que se basó en el estudio sobre “El Hombre y la Sociedad Actual”[11]. La respuesta a todos los conflictos y contradicciones de la sociedad que afectan especialmente al ámbito rural debía provenir de esas mismas comunidades que los militantes del MR y las Ligas contribuían a promover. En el sector maestros, comunidad rural implicaba la relación con la comunidad-aula, comunidad-docente y comunidad-familia, y buscaron a través del tema del año, con el método ver-juzgar-actuar, acciones para realizar en las tres comunidades que los ayudaran a ir solucionando sus problemas. Para el cumplimiento de estos objetivos a través de la reflexión-acción el maestro rural debía en opinión del MR estar marcado por la toma de conciencia de sus propios condicionamientos como hombre perteneciente a una estructura social determinada vivida en concreto en alguna región o lugar del país; que esta toma de conciencia se traduce en una posición crítica de compromiso transformador que deviene un estilo de vida, un modelo de hacer, de proyectar la propia existencia a través de la comunicación con el otro  (Boletín del Dirigente Rural del MR, oct. 1970). Esta comunicación se hace lenguaje y se expresa en la comunidad aula, la comunidad docente y la comunidad familia.

Así, en diciembre de 1970 ya con las Ligas Agrarias creadas en el Chaco el sector maestros expresa en el Boletín del Dirigente su conclusión de lo vivido en el año en materia educativa:

Es la hora de la reflexión-acción, salgamos de nuestro letargo, dejemos de ser `objetos’, tengamos voz y conciencia propia; informémonos, analicemos, comprometámonos… Tenemos en esta hora una gran responsabilidad histórica: asumimos totalmente una educación liberadora, nos comprometemos con un auténtico cambio…”No ha dejado de ser esta la hora de la palabra, pero se ha tornado con dramática urgencia la hora de la acción (Medellín. Intr.3)

Y en el sector campesinos del MR la relación con la formación y promoción de la comunidad evidenció que “Quienes han crecido en una mayor formación y compromiso han tenido un seguimiento, apoyo de su familia para participar de cursos, comité, etc.”.

Eran cursos muy fuertes, de doce días, te impactaban mucho…Nosotros seguíamos trabajando con esa propuesta de la educación liberadora, de una nueva metodología más participativa, que la escuela realmente esté al servicio de la comunidad, pero haciendo también un análisis de la realidad por supuesto. Después yo veía que se hacía un muy buen trabajo de base, y participaba en un montón de reuniones de esas, primero coordinando desde la CREAR con ellos, con las ligas, y después, cuando la CREAR no existía, seguí trabajando mucho ayudando en la base. (M. Rébora, 1995)

Siempre recuerdo también la parte final del curso, cuando se nos dijo que teníamos nosotros que ser algo así como aquel ñanducito que lo había criado una familia, y como buen pichón de ñandú tomaba todo lo que agarraba a su alcance, hasta que tomó una brasa de ñandubay, que no se apaga fácilmente. Se la tragó, le empezó a quemar, salió afuera, se sacudió y empezó a correr, a correr y a incendiar campos. Y que la tarea del cursillista era esa, provocar un incendio es la nueva propuesta (…) Al primero fui como dirigente diocesano. Siempre me tocó la parte de organizar, ahí hicimos un curso de 7 u 8 colonias y ahí fue un impacto muy importante con otros lugares de la provincia. Hasta hoy nos reímos mucho de cómo empezamos nosotros, de la comunidad, lo de la unidad, siempre hay muchos recuerdos de esa tarea. Si uno lo mira hacia atrás, decimos que lo empezamos con un analfabetismo puro, pero con un método de trabajo, eso sí. Yo creo que el movimiento nos daba herramientas como para nosotros poder empezar a trabajar. Nos tomaba tal cual como éramos, más con defectos que con virtudes. No nos preguntaba quiénes éramos, sino nos abría la puerta y nos hacía sentir que éramos personas. Yo creo que eso es lo más importante. Y el método era permanentemente formarnos a través de la acción. (B. Chiapino, 1995)

Fui a Buenos Aires a integrarme con el grupo de trabajo en Capitán Sarmiento en los cursos de tres meses, ya estaban Norma Morello y Eduardo Sartor. Eran cursos principalmente de campesinos que venían de Formosa, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe., jóvenes de todo el país. Los del noroeste no eran campesinos, sino que eran del sector obrero. Y el ritmo de los cursos era analizar la realidad desde el punto de vista religioso, sentí la religión un poco más de cerca. Después de ese curso salimos con la inquietud de seguir haciendo algo, porque justamente el método Ver-Juzgar-Actuar nos llevaba a eso, qué podemos hacer frente a esto. Y se organizó el grupo inicial que después sería el grupo rural ahí en el pueblito (…) Una de las primeras actividades que organizamos como grupo era hacer una encuesta a todas las familias del pueblo, para conocer la comunidad, sobre situación de trabajo, de vivienda, de estudio, de escolaridad. Nos repartimos toda la población rural y la zona urbana e hicimos la encuesta y después la tabulación. Eso nos dio muchísimo trabajo pero nos permitió tomar conciencia de la realidad en la que estábamos metidos, o sea con cifras, datos y porcentajes, todo un proceso que nos llevó a despertar (Irmina Kleiner, MR y LACH, 1995)

Es una propuesta de la educación liberadora, una educación concientizadora, que nosotros aportáramos al proyecto de hombre y de mundo que planteaba el Movimiento Rural. Que un hombre en el campo reconociera que era tan digno como el que vivía en el centro de la ciudad. El tema de la autoestima, que nosotros no le decíamos en ese momento así, pero que el hombre de campo se sienta capaz de dirigir su propio movimiento, capaz de tomar decisiones, y que su trabajo de la tierra era tan digno como el trabajo de un médico. Que tenía un lugar que ocupar y que lo debía ocupar, y no dejar que otros vengan a decidir por él (…) Cuando uno piensa qué tipo de formación teníamos nosotros, es como que decimos, bueno, nos largamos a la acción (…) ese curso impacto en nosotros, nos ayudó a crecer, asumimos una responsabilidad (…) Sentir que todo lo que nosotros hacíamos no eran tiros al aire sino que estaban dentro de un plan. Y además eso les daba sentido a la tarea, pero también nos comprometía a trabajar. Nos interesaba la relación entre la escuela, la comunidad, aula, maestro. Después ya empezamos a trabajar la propuesta de la transformación curricular, los objetivos, los contenidos, porque tenemos material, tenemos la revista, el boletín del maestro rural. Podemos ver que mucho de lo que hoy se está planteando nosotros lo trabajábamos en aquella época, nos decimos que al final nos adelantamos a los tiempos. (M. Rébora, LAE, 1995)

O sea, lo que se empezaba a trabajar desde el punto de vista cristiano, con la amistad, compañerismo, etc., se viene analizando hasta llegar a la necesidad económica. Todo eso, la educación y todo lo podemos hacer si tenemos dinero, pero se gana poco…entonces se discutían los problemas concretos de cada día. Entonces ahí aparece lo reivindicativo. (R. Rojas y J. C. Urbani, LAC y ULICAF, 1996)

Las principales cuestiones que se abordaron en la formación permanente tuvieron relación directa con la evolución de los problemas y reclamos de las Ligas Agrarias, desde los más inmediatos en la realidad cotidiana de sus integrantes hasta los relacionados con las reivindicaciones locales, provinciales y regionales de las ligas. Al respecto, uno de los objetivos del Segundo Congreso de las LACH en mayo de 1971 fue plantear seriamente no solo los problemas económicos sino los problemas de capacitación. Ponía en el centro del debate la necesidad de contar con mayores elementos de juicio sobre los problemas de los productores algodoneros para además de denunciarlos poder solucionarlos,

Capacitarse no es aprender muchas cosas, sino saber lo que nos hace falta para llevar adelante nuestra tarea. Debemos preguntarnos qué necesitamos saber para comprender nuestros problemas y sobre ellos se deben organizar los cursos de las ligas. El campesino no ´solo debe tener conciencia de los problemas que lo aquejan, sino también debe buscar sus soluciones” (2º Congreso LACH, 1971)

Para esto el congreso propuso para una capacitación activa de los miembros, tanto de los responsables como de los jóvenes de ambos sexos, que además de prepararse mejor para solucionar los problemas se formaban como líderes para la acción,

(…) el congreso era, en este sentido, consciente del lastre que significaban el atraso, la marginación, la ignorancia que anidaban tradicionalmente en el sector campesino y que habían sido hasta entonces las palancas que posibilitaron el uso de esa fuerza por parte de dirigentes y organismos no representativos…La información general de esos pobladores es pobre, dado que apenas llegan los periódicos, y la radio se constituye en el único nexo entre las colonias y las grandes ciudades. Por eso las ligas tratan constantemente de mantener informados a sus asociados por medio de boletines, volantes y, más adelante, de su propio periódico. (Ferrara, F., 1973:155)

La formación orientada a la toma de conciencia sobre la realidad que se vivía se evidencia en el folleto de LACH Campesino bien informado vale por dos, en el que de manera simple se explicaba el poder de los medios de comunicación como instrumentos del poder económico. También se usó un esquema gráfico de la división de la estructura social argentina, el Método de la Pirámide,

(…) a veces dibujado en la tierra por el dirigente de las ligas ante un círculo de colonos atentos mientras se explica qué son clases, dónde se ubican los campesinos pobres y medios, cuáles son las palancas del poder, a qué obedece la existencia de los partidos políticos, etc (…) la ubicación en la misma porción de la pirámide de campesinos, obreros y sectores de pequeños comerciantes y empleados, tendía a romper el aislamiento al que se veían sometidos los agricultores, tradicionalmente recelosos hacia los otros sectores explotados no agrario(..) Por último, la graficación sobre las divisiones políticas…surgía de la pirámide que las divisiones políticas tendían a fragmentar la fuerza potencial de los explotados enfrentándolos artificialmente por encima por encima de sus verdaderos intereses (Ferrara, F., 1973:172/3)

En Santa Fe, ya en pleno funcionamiento de las ULAS, la concientización se profundizó con cursos y charlas,

Esta tarea de capacitación y formación hasta ahora librada a las limitadas posibilidades económicas y de tiempo de algunos dirigentes, debe organizarse para que pueda llegar a todos los campesinos, respondiendo a las necesidades de cada comunidad, a los distintos niveles de conciencia existentes y a los objetivos que se vayan dando los mismos campesinos… un plan de formación y capacitación campesina cuya dirección y contenido responda a lo que decidan los propios campesinos, ya que el principal personaje del cambio que queremos impulsar en el campo es el campesino mismo.” (Comisión Central ULAS, 1973)

En Corrientes la formación a los minifundistas, semianalfabetos y que hablaban en guaraní, sobre la realidad del tabaco también comenzó con el Movimiento Rural, con diapositivas que se proyectaban en las colonias y, por medio de fotos, esquemas y gráficos analizaban la situación del campesinado, la acción de las agroindustrias oligopólicas, la tenencia de la tierra y las experiencias de lucha de las otras provincias. (Ferrara, 1973)

Todo este proceso de formación tuvo también la influencia de las cooperativas y del INTA, pero en el marco de la nueva conciencia política y del profundo análisis de la realidad socio-económica del país en América Latina y el mundo el MIJARC había dejado su impronta.

Conviene detenerse a analizar la significación del Secretariado Latinoamericano del MIJARC y su influencia en el MRC y las Ligas Agrarias. Al conformarse ya con una conducción campesina cuyos representantes provenían de experiencias latinoamericanas de trabajo campesino caracterizadas por una mayor definición político-ideológica, su relación con el MR de ACA introdujo a éste en niveles de reflexión que aún no eran propios del ámbito nacional, como por ejemplo lograr una movilización del campesinado para una actitud política:

Debe ser hecha por alguien del mismo medio, identificado a él…Buscar la unidad ante los problemas concretos que sufren, y en el proceso de solución buscar adquirir una actitud política. Eso no se consigue por mitines, sino por la acción común, en base a una visión clara de lo que se quiere…Porque toda acción lleva contenido político… y toda motivación debe partir de lo concreto de la acción. (Informe del MIJARC 1967:4)

Con respecto a la situación del MIJARC en Argentina, el informe latinoamericano concluye en que el nivel de base en su conjunto aún no “despertó”, pero existen algunos grupos que cuestionan los medios; y a nivel nacional se da una evolución que sobrepasa lo definido en Asunción (ago. ’67) a nivel de Comité Nacional. Se trata de un planteo radical que se encuentra reformista a nivel concreto…Al mismo tiempo vislumbra una salida, puesto que “La mayoría de los países están en línea de búsqueda para pasar de una línea de transformación reformista hacia una línea de cambio. Queremos que el Movimiento tenga una perspectiva de cambio y no que cumpla un papel reformista (…) a no ser como estrategia táctica.”

En síntesis, la propuesta latinoamericana del MIJARC era “en lo posible, acompañar de cerca a cada movimiento según su historia, su realidad, sus necesidades…para que estos movimientos puedan tornarse siempre más dinámicos, activos y reflexivos, insertados en la realidad de cada país, profundamente educadores y transformadores” (MIJARC, 1967:10. En función de estos objetivos el MIJARC utilizaba el método ver, juzgar y actuar en cualquier nivel y cualquier tipo de acción con tal que fuera fiel a la realidad concreta, interpretándola desde sus causas, y los demás medios complementaban el método.

Entonces nos dedicábamos por ejemplo a hacer ver a los productores cuál era el costo de lo que ellos producían. Me acuerdo clarito cuando sacábamos el costo de producción de la leche, del kg de pollo, de la docena de huevos. Y íbamos con un pizarrón y hacíamos números, ¿eh? Le poníamos valor al trabajo que ellos hacían. Era todo un trabajo de educación popular. Entonces cuando se daban cuenta lo que laburaban y que no ganaban nada y se iban descapitalizando entonces tenían sentido las reivindicaciones que se pedían. Y con ellos había 113 colonias organizadas. Y con todas se trabajaba, antes de pedir una reivindicación era trabajada con la gente. Por ejemplo, con la leche, lo otro que hacíamos era que le enseñábamos a medir la grasa. Eso lo hacíamos con CREAR, por ej. Había una parte que nosotros llamábamos capacitación. (M. Rébora, 1995)

En el 71, cuando empiezan las movilizaciones y asambleas…allí en Formosa se dijo oficialmente hasta aquí es nuestra tarea como movimiento y como formador el MR… Ya estábamos en el 72, 73, venía el momento democrático y ya como ligas reuniones en el norte, sur, centro, reuniones de uno o dos días con delegados de ligas. Todo eran instancias de capacitación, pero era ver ¿cómo vamos a apurar el precio del algodón? cómo vamos a hacer la comercialización? vamos a pedir el subsidio algodonero? Que es cierto que te capacitaba, porque te fundamentaba: no, el ministro de economía Josamed solamente quería dar tal porcentaje; no, como organización tenemos que pedir esto, etc. Estos cursos de capacitación después eran muy explícitos, muy a la medida: la ley 113 de tierras, había que ver para pelear como organización; entonces nos juntamos, que vengan dos asesores, dos abogados, dos o tres días, a estudiar eso para hacer propuestas. Eso ya suponía que tenía que tener como marco de referencia la tenencia de tierras en la provincia. Bueno, a investigar, a buscar cómo está distribuida la tierra en la provincia, que fiscal, etc. Eran instancias de capacitación y daban elementos a los dirigentes, pero el elemento importante del contexto mayor no, ese elemento capacitador como instancia de reflexión como lo que sería un curso faltó después. Eso la gente reconocía que el Movimiento tiene un elemento que es capacitación, y en la organización la necesitamos…en el momento de transferencia lo plantearon los viejos, y cómo vamos a hacer ahora para la capacitación, si no va a estar más el movimiento, planteaban…pero dijimos los dirigentes jóvenes: no, siempre va a haber, acá estamos a la orden, ¿no? (O. Ortiz, 1995)

Nosotros retomamos el proyecto de capacitación que estaba, que nosotros llevábamos dentro del MAM, y lo profundizamos. Y se volcó mucho más aún en la parte educación. Lo de salud fue más o menos lo que se venía haciendo. Y ya no era sólo hacia los precios de los productos, sino que se iba más allá: la gente se concientizaba de lo que era el problema del agricultor, que no era un problemita de que el gobierno no le quería dar precios, sino que la cosa venía de quienes tenían la mano, digamos la cuestión de la yerba, del té, del tabaco, de todo eso. (S. Berent, 1996).

Incluyeron además problemáticas relacionadas con sus derechos de ciudadanía política, civil y social, en función de las coyunturas de cambio político y las transformaciones sociales, no sólo en la acción colectiva sino también en temas de género, de familia y de jóvenes. En ese sentido, el MR en Reconquista (hasta 1972, cuando se replegó en la institución eclesial) se caracterizó por promover un intenso trabajo de capacitación en diversos niveles, y con un esfuerzo puesto en la capacitación mayor que en las otras provincias del NEA (hasta 5 veces más, según C. Carballo) promovió también grupos juveniles de formación de adolescentes, en los que

En 1971 se realizaron once cursos de primer nivel y dos de segundo nivel, aparte de los cursos de capacitación técnica realizados en coordinación con otras instituciones (cooperativismo, relaciones humanas, tractoristas). Asimismo, se han realizado bajo la responsabilidad de los equipos parroquiales y grupos rurales respectivos, varios cursos de base…hay grupos que tienen gran apoyo de la comunidad y otros separados de la comunidad y encerrados sobre sí mismos… (Informe sobre Reconquista. Encuentro Regional de Asesores del MR del NEA, oct. 1971).

En esta línea, el nacimiento de las tres “EFA” (Escuela de la Familia Agrícola) en 1971 se debió en parte al trabajo del MR de ACA en el proceso de adaptación a las transformaciones sociales del momento. Las reuniones zonales de las Ligas se desarrollan en aulas de escuelas rurales, y apareció como nueva modalidad de educación secundaria la Escuela Familiar Agraria (EFA) para los hijos de productores y obreros rurales, que completaba la formación con la familia y el trabajo en el campo, en donde de manera alternativa los alumnos permanecían una semana en la escuela y quince días en sus casas. La primera de la provincia se crea en Colonia Del Carmen. (Canella, I. y Juárez, A., 1995)

Acá trajimos un matrimonio para crear después lo que es la escuela de la familia agrícola, un poco con el MR también. Al final hubo que expulsarlo a Charpentier (del MIJARC) de las EFA, porque era el ideólogo y vinieron los de la base acá a decirles: o lo sacan o esto se termina porque es un ideólogo marxista. Es decir, los servicios de inteligencia siempre creyeron que estos sacerdotes que venían, o las personas que venían de afuera (…) Si tuvimos que aceptar que las EFA sean un movimiento nacional, sino no nos permitían del Ministerio de Agricultura de Francia que venga Charpentier por una diócesis sola, y ahora dicen que no, que tuvieron que sacarlo porque era un ideólogo que lo echaron de Francia. Mentira. ¿Pero te digo que esa palabra ideología funcionó (…) Y dónde buscó la información? Pero era todo por la metodología de la alternancia de las EFA, que es la escuela de la familia, ¿cómo puede ser que la familia tenga activismo? Sí activarla para que profundicen en la educación de sus hijos.(dirigente ULAS, 1995)

En Formosa sí trabajó el sector maestros. Comenzamos con el sector campesinos, pero paralelamente encontramos grupos de maestras rurales, que trabajaban en el campo, casi más como queriendo trabajar con el sector campesino que con su propio sector. Decían algunas que era hueso duro de roer, cuando hablaban de lo importante de juntarse las maestras. Y dicen: no todos, algunos tenemos inquietud, pero llega el fin de semana y volvemos al pueblo, no nos quedamos en el campo. Las maestras que quedaban hicieron punta allá… Se organizaron también en Formosa dos cursos para maestros rurales. Eso dio pie a que después, aparte de trabajar desde el sector maestros, esos maestros estaban en las comunidades, cómo apuntalaban los grupos rurales de campesinos. Esos grupos de maestros de la zona norte y sur son lo básico, de alguna manera fueron semilleros, yo diría, de la formación de gente. La mayoría de los dirigentes después de las ligas y algunos que quedan hoy han salido de esas comunidades, de esos grupos donde lo fuerte era el aporte de capacitación que se hacía con la gente en cursos. Seguir haciendo la formación campesina, porque allí en Formosa estaba el elemento de capacitación de las mujeres de COFES. Eso por lo menos dos, tres años más siguió, después sé que no hubo más recursos. Eso también figuraba como cosa explícita en la pastoral rural al comienzo del 70, cuando se diluía el movimiento. (O. Ortiz, 1995)

Había otro encuentro a nivel de docentes. Pero ellos estaban sumados a los trabajos en las colonias con nosotros. Eran docentes, pero estaban en la lucha con nosotros, fue muy interesante (…) Estaba el movimiento rural del sector maestros, que llegaron a ser dirigentes después en las ligas. Sí, los maestros, la Nélida Lobo fue una, formoseña, luchadora, directora de una escuela. (I. Locatelli, 1995)

Se empezaron a hacer los encuentros de mujeres de las ligas para reflexionar cómo insertase y ser escuchadas, porque su preocupación no era sólo el producto y la comercialización. En ese aspecto en el paso del movimiento de cuadros al movimiento masivo se retrocedió,  y ahí aparece que la convocatoria a la integración del igual por el igual no es válida…Porque las mujeres, como habían crecido y se habían hecho un camino, empezaron a plantearse cómo participar, les interesaba la vida política, la vida social, la vida económica. Ya habían tenido toda una capacitación y se daban cuenta que estaban insertas en ese mundo, pero a la vez no era fácil (…) Esa etapa fue muy rica, abarcaba lo cotidiano, la opresión de la mujer, y cuestiones de lo sexual que no habían aparecido antes. Y ahí las mujeres cuestionaron por qué no podían participar en las actividades comunitarias. Y además pasan a la etapa en que se dan cuenta que todo eso no es suficiente y que tienen que pasar a cuestionar las estructuras, para que todos vivan más justamente (…) Lo más importante de estos encuentros de mujeres fue que plantearon entenderlo desde ellas mismas -ya que los varones tenían mucha más información por estar más en la comunidad actuando– y que querían un espacio de libertad propio donde poder preguntar lo que quisieran; por ejemplo cuál había sido el lugar de la mujer en la historia nacional y latinoamericana. Y que fuera dado por una mujer, desde la perspectiva de mujer y de una sociedad distinta, en un contexto con más fuerza.  (Tudy Noceti, 2009)

Mujeres y jóvenes del campo formándose y concientizándose. Su integración fue todo un desafío para las Ligas Agrarias en esos ‘60s y ‘70s convulsionados por transformaciones sociales profundas, hacia afuera y hacia dentro de la familia rural.

 5. Los jóvenes y las familias rurales. Las mujeres y su importancia en las Ligas Agrarias

Las Ligas Agrarias se organizaron como movimiento social rural. Integrado en sus inicios sobre todo por jóvenes que venían del MR de ACA y de las juventudes cooperativistas fue incorporando progresivamente las familias,“en el necesario compromiso individual y familiar para la construcción de una sociedad más justa” (Archetti, E., 1988:454).

Este proceso requirió una especial atención por parte de las Ligas hacia el lugar que los jóvenes y la mujer tenían en la conformación social rural del NEA, es decir, que el proyecto de transformación de las relaciones sociales rurales parta del tradicional ámbito familiar reproductivo hacia una nueva inserción en la sociedad. Nuevamente, esta tarea ya venía realizándose desde el MRC, sobre todo con los jóvenes. La rama de la acción católica rural oficialmente se consideraba un movimiento para la familia, pero sus primeros y mayoritarios integrantes fueron los jóvenes.

La preocupación del éxodo rural de jóvenes en búsqueda de nuevas oportunidades en las ciudades se agravó en el NEA con la crisis de los monocultivos, que los afectaba directamente en su fuente laboral. Hasta en las ligas del norte de Santa Fe, aunque casi todos eran propietarios, empezó en esa época muy fuerte el problema de los hijos, qué hacían… (E. Sartor, 1996)

Cualquiera veía eso, veía que mis hermanos se empezaban a ir, que se iban mis primos, que se iban otros amigos, y a pesar de vivir muy cerca de la ciudad a mí me causa mucho dolor eso. Sostenía también que nadie trabajaba por ese tema, yo veía que nadie se acercaba a nosotros, solamente con proyectos a veces, cinturones verdes por ser hijos de horticultores, los grandes cinturones verdes de Paraná, los grandes proyectos que por ahí bajaba INTA en aquel momento, pero que todo era un guitarreo y vos sabías que no llegaban al tronco de las cosas…Así que realmente me vine con mucha fuerza. (B. Chiapino, 1995)

La pregunta que surge es qué aliciente diferencial se les podía brindar a los jóvenes para retenerlos en el campo. Ahí es dónde apareció, entre otros factores, en una primera etapa la pertenencia institucional al movimiento de iglesia o de cooperativas, y el espacio de formación que progresivamente se volcó a la acción colectiva gremial reivindicativa; todo en un contexto de cambio integral de las adversas condiciones de vida.

Una característica importante del MRC fue el modo en que fomentó este arraigo de los jóvenes a la vida rural, a no desertar del campo pero sí vivificarlo, humanizarlo y en lo posible modernizarlo, dándole una tecnología que la generación anterior no había aplicado. “El objetivo del MR era movilizar a la juventud para una Argentina mejor, un campo distinto” (Ma. Angélica Andía, 1991). Este fin se expresó en forma distinta durante la evolución del MR, pero es indudable que el destinatario directo fue el joven.

En Entre Ríos en su mayoría éramos jóvenes, yo diría que tal vez no pasaríamos los treinta años… No se ponía límite de edad, pero la gente quizás por las mismas actividades (…) Recuerdo a una de Santa Fe que era un poco mayor, que vino de Helvecia, pero era una mujer muy activa, tendría unos cuarenta años, para nosotros era muy mayor. (M.Rébora y B.Chiapino, 1995)

Un joven rural que se desenvolvía en un medio cuyas barreras más evidentes eran, por una parte, las deficiencias en el sistema de enseñanza por programas de enseñanza primaria no adecuados al medio rural, falta de formación específica de los maestros de dicho medio, falta en muchas áreas de medios de comunicación adecuados y, en muchos casos, imposibilidad económica para alcanzar una instrucción elemental. Por otro lado, había una imposibilidad de encarar la formación de nuevas explotaciones y mejorar las existentes, por “una deficiente política agraria en la tenencia de la tierra, aplicación del impuesto y del crédito y en el sistema de comercialización de la producción (interno y externo)”. (Proyecto de Trabajo Coordinado de los Movimientos Juveniles Rurales de la República Argentina, 1967)

Así, los jóvenes obtuvieron desde los comienzos del MRC la formación, un método de trabajo y la práctica de organizarse. Una práctica que les permitió desde 1968 actuar como movimiento juvenil. En su origen, la mayoría de las organizaciones juveniles del medio rural tenía como objeto organizar el tiempo libre y la recreación con fines morales y espirituales. Pero la realidad social presionaba sobre cada joven (elección de oficios, lugar de residencia, independencia económica y familiar, etc), lo que llevó a la reelaboración de los objetivos, que desde posiciones políticas, sindicales, religiosas, evolucionaron hacia preocupaciones culturales de expansión, expresión personal y de capacitación que les permitiera una mayor participación en las decisiones en todos los niveles de la sociedad, sobre todo cuando entran en juego aspectos que hacen a su propio destino como generación[12].

Si inicialmente estos movimientos fueron atendidos exclusivamente por organizaciones privadas, la nueva situación requirió la participación de otros organismos, estatales o no, con mayor bagaje organizativo y económico, con la tarea de participación masiva de jóvenes que colaboren a través de los movimientos juveniles en el desarrollo de toda la comunidad.

Con estos lineamientos el MR de ACA se había relacionado y colaborado durante los sesenta en el plano internacional, además de con MIJARC, con The World Assembly of Youth (Asamblea Mundial de la Juventud: WAY), que congregaba en 1967 a 80 millones de jóvenes en todo el mundo (52 países miembros y 51 países observadores) y con ALOSEV (Asoc Servicio Voluntario para Jóvenes, surgido en 1° Guerra Mundial para reconstruir países, y durante década ’60 se dedicó a colaborar en la construcción para el Tercer Mundo. El MR integraba su Centro Regional Latinoamericano Servicio Voluntario). También en el marco internacional el MR participó en esta etapa del “Llamamiento al Mundo Joven a la Acción, que implementó la Campaña Mundial contra el Hambre con colaboración de la FAO.

Y en el ámbito rural nacional, a fines de los sesenta el MR ya era referente de peso entre las organizaciones juveniles agrarias que más influencia tenían en Argentina. Así lo planteó el INTA, en el informe que realizó en 1968 sobre los movimientos juveniles, para iniciar una política de intercambio y coordinación a nivel nacional de los mismos (Bilbao, 1968).

En ese estudio se analizaron los antecedentes de la FACJAC (Federación Argentina de Centros Juveniles Agrarios de Capacitación), de la CCJAC (Consejo Central de Juventudes Agrarias Cooperativistas), la UCJAC (Unión de Centros Juveniles Agrarios Cooperativistas de UCAL, el MR de ACA y los Clubes Juveniles Rurales 4-A de INTA. Todas eran Federaciones o Asociaciones de segundo grado y no organizaciones de base, pues conformaban la idea de movimiento como tipo de organización. No se analizó, no obstante su importancia, a la Federación de Centros Juveniles Agrarios Cooperativistas Zona de SANCOR, ni a la Federación de Centros Juveniles Agrarios Cooperativistas de Misiones, por no haber provisto en fecha la documentación necesaria.

A pesar de dirigir su acción al mismo sector de población joven rural, las motivaciones de estos movimientos juveniles respondían en 1968 a distintas perspectivas: gremial, cooperativista, confesional o capacitación; e influían en distintas zonas, ya sea todo el país, una o varias provincias. Además, comenzaron su actuación en momentos históricos distintos que condicionaron, en cierta medida, su organización y métodos.

De origen corporativo, FACJAC era la organización de la juventud dentro de la Federación Agraria Argentina. Comenzó en 1930 en Santa Fe, y a partir de 1965 los centros juveniles de la FAA constituyeron la Federación Argentina de Centros Juveniles Agrarios de Capacitación, con sede en Rosario. Podía afiliarse cualquier centro juvenil agrario de capacitación o directamente cualquier joven agrario de entre 15 y 35 años. En 1967 estaban adheridos 257 centros ubicados en más de 10 provincias de centro y norte, y contaba con 27.000 socios. Su objetivo básico era buscar la formación del joven en lo agrícola, gremial (actuar gremialmente en apoyo de las gestiones que realizara la FAA, y defender los principios y doctrinas de la FAA), cívica, cooperativista, individual y educacional. En síntesis, formar buenos campesinos, buenos agricultores y buenos ciudadanos.

 La impronta del cooperativismo a nivel nacional aparecía en CCJAC-Consejo Central de Juventudes Agrarias Cooperativistas estaba dentro de la Cooperativa de 2º grado Asociación de Cooperativas Agrarias desde 1944. Podía integrarla cualquiera de las Juventudes Agrarias Cooperativistas del país que aceptara sus postulados. En 1967 estaban adheridas al Consejo Central 103 juventudes cooperativistas, con 15.450 jóvenes afiliados entre 15 y 40 años. Su sede central estaba en Buenos Aires. En sus estatutos se buscaba como objetivos la formación del joven en lo agrícola, cívico, cooperativista, individual y educativo técnico, lo que implicaba lograr también buenos campesinos, agricultores y ciudadanos.

En cambio, fue su influencia regional y por producto lo que distinguía a UCJAC -Unión de Centros Juveniles Cooperativistas de UCAL (Unión de Cooperativas Agrarias Algodoneras Ltda) fue creada en 1947 y reorganizada en 1955, con sede en la ciudad de Sáenz Peña, Chaco. Su zona de influencia estaba delimitada por sus estatutos dentro de la provincia del Chaco y territorios limítrofes. En 1967 agrupaba 17 centros juveniles, 16 en Chaco y 1 en Formosa, con un total de 4.300 afiliados de entre 15 y 40 años. Sus objetivos según los estatutos se referían a la formación de la juventud en lo agrícola, cívico (capacitar a la juventud…para el futuro manejo de las instituciones cooperativistas), cooperativista, individual y educacional.

Y dentro de las instituciones estatales, los Clubes 4-A. Estructurados en 1957 a partir de la División de Clubes Juveniles y del Hogar Rural de la Dirección de Agronomías Regionales, con la creación del INTA quedaron incorporados al mismo. La sigla 4-A significa: Amistad, Acción, Adiestramiento, Ayuda. Su origen está en los clubes 4-H organizados a partir de l920 en EEUU (su emblema trébol de cuatro hojas con 4H, que simbolizan el desarrollo armónico head, heart, hands y health), y su objetivo era la preparación de los jóvenes para que apliquen los conocimientos científicos a la agricultura y a las labores domésticas. A fines de 1967 funcionaban en el país 456 clubes, con 11.600 socios de 10 a 21 años distribuidos en 21 provincias, y cada club estaba relacionado con la agencia de extensión INTA más cercana. Entre sus objetivos el INTA buscaba la formación en lo cultural, en lo psicosocial y en aspectos técnico-agrícolas y del hogar, para alcanzar la adecuación de la empresa agrícola y la familia a la realidad nacional.

En junio de 1967 estos movimientos juveniles más el MR de ACA y la Subcomisión Juvenil de la Comisión Católica Argentina de Lucha contra el Hambre realizaron un Seminario Nacional de donde surgió un Proyecto de Trabajo Coordinado de Movimientos Juveniles Rurales de la República Argentina. Su objetivo principal era “lograr una activa participación de la juventud agraria en el desarrollo de sus comunidades mediante la capacitación y formación de dirigentes y líderes juveniles rurales…”

Esta actuación de las asociaciones juveniles integradas en su mayoría por productores de origen gringo, pero también por peones criollos, con las problemáticas propias de la población joven rural a nivel nacional fue la expresión en el ámbito rural de un proceso nacional de creciente protagonismo juvenil, que impulsó posteriormente organizaciones y liderazgos alternativos a los tradicionales.

Esos años verán florecer un cambio fundamental en otros niveles de la cultura. En los años 60 comienza a extenderse un clima de renovación de las costumbres, provocada por una larga onda con una influencia que superará las fronteras nacionales de todo el mundo, que alteró formas tradicionales de asumir el cuerpo, de relacionarse con las instituciones, de comprender la familia, de concebir la autoridad. Fue un complejo conjunto de cambios que modernizaron drásticamente las formas de vida cotidiana que dejaba atrás a la segunda guerra mundial (…) ese clima de época en el cual, junto con los factores económicos, educativos y mediáticos…se establecerá la argamasa con las que se construirá casi automáticamente el impulso  a la participación que tan fuertemente marcó la experiencia histórica de ser joven en esos años…Estos jóvenes reflejaban en sus conductas e identificaciones las nuevas formas de la identidad social…la juventud adquiría protagonismo, creciente brío en la contestación cultural y política, confianza en su fuerza.” (Urresti, M., 2005:183-5)

Así, las Ligas fueron un movimiento de la juventud agraria, y en cierta línea de continuidad con el proceso de formación permanente, también asumieron el trabajo especialmente con jóvenes

(…) aunque con mejor educación que sus padres, a los que se sumaba la formación de los cursos y seminarios del MRC y la juventud cooperativista, ningún dirigente regional tenía educación universitaria, aunque esta posibilidad existía ya en el mundo colono, y muchos tenían a sus hermanos universitarios. Esta radicalización de la juventud agraria se da en un contexto de radicalización juvenil más amplio y en un contexto de lucha política contra la dictadura militar. (Archetti, E., 1988:456)

Para nosotros todo el trabajo que se hizo con los jóvenes del movimiento rural ya en las ligas nos pareció muy importante, y dentro de las ligas después se crea un grupo que se llamaba JULICAF, que era dedicado para los jóvenes porque ya no estaba el Movimiento Rural (…) Pasado el movimiento rural, el joven que se reunía en la colonia, en la parroquia, quedó muy aislado, porque no era el tema gremial de ellos, era la otra parte. Entonces crean dentro de las ligas las JULICAF, entonces les dan una actividad después. Y también de capacitación. Pero cubre esa parte del joven, más o menos en el 73. (I. y A. Locatelli, 1995)

El núcleo de dirigentes que hoy orienta a las LACH está compuesto por hijos de esos mismos colonos que, a diferencia de sus padres, reciben hoy la herencia de un campo en completa decadencia. Son las primeras generaciones de criollos con una educación diferente a la de sus padres, que comprenden con claridad que es necesaria una transformación total para que la región nordeste deje de ser marginal a la economía del país. (documento El campo de pie, LACH, 1971)

En agosto 1973 se realizó el Primer Congreso de la Juventud Campesina de ULICAF. El encuentro, que trató la necesidad de organización y capacitación de los jóvenes, así como menor dependencia de sus familias, culminó con una misa. (El Ocaraiguá, sep-oct. ’73, nov. ’73)

Y en Entre Ríos la tarea de concientización de la familia agraria fue clave no sólo para incorporar nuevos miembros, sino para difundir las innovaciones en las formas de producción. En este sentido los primeros en incorporarse fueron los más jóvenes, hijos de colonos que no accedían a un terreno propio. (Canella, 1995)

La familia

“Y en cada una de las colonias en término medio un grupo de colonia agrupaba a cincuenta militantes. Tenía la particularidad de que participaba un poco toda la familia a partir de la actividad de los jóvenes. (Q. Lovey, 1995)

Las Ligas agrarias tuvieron como base social a la familia rural, sobre todo por las características del trabajo agrario, en especial las EAF, que incorporan directamente a la producción a todos los miembros del grupo familiar de pequeños y medianos colonos desde temprana edad. “De este modo, las alternativas de cultivos, cosechas y comercialización impregnan fuertemente la relación familiar y la envuelven en un circuito en el que la suerte de la chacra parece depender de la unidad familiar…” (Ferrara, 1973)

Lo que pasa es que había un trabajo familiar. Como era aparcero nos contrataban y la familia iba a trabajar una parcela de tierra que dábamos en porcentaje. Entonces era la familia entera que estaba en el campo. Quedaba más el grupo familiar todavía. No había tanta migración. La mayoría éramos aparceros. Todos trabajábamos en campo ajeno. Eso hoy ya no hay, no hay ni tanta gente, y había mucha juventud que hoy tampoco hay. Es decir, el campo todavía tenía vida. Había vida social (…) Esas son las características donde surgen las ligas, de pobreza pero el campo todavía tenía vida, había mucha juventud, había esperanza. Había un clima nacional político, una iglesia que venía progresista, y había un espíritu militante (…) El surgimiento de las ligas fue darnos cuenta de que nosotros teníamos un poder muy grande. Y junto a eso, la presión de los jóvenes tiene que ver mucho en el acoplamiento de las familias, porque muchos padres, muchas familias se llegaban a nosotros. Tal es así que muchos viejos, muchos padres que a veces estaban en contra de los jóvenes, pero como el hecho de que la juventud es la que trabajaba en las chacras, entonces eran atraídos por los padres. Es así que fue la familia del campo que formó las ligas. (Ana Olivo, 1996)

Una familia que a fines de los ’60 estaba recibiendo el aporte de la vida ciudadana por influencia de la radio, la televisión y la mayor apertura al mundo exterior como consecuencia del aumento del tiempo libre por la tecnificación de las tareas rurales. “Hay así cierta tendencia a una participación de los hijos en el gobierno familiar y la aparición de cierto interés por los problemas de la comunidad; pero también se esboza una crisis de autoridad y liberalismo en las costumbres” (“La familia en la evolución actual de la sociedad argentina” Secretariado Latinoamericano de Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, Argentina, 1969)

En Goya toda la primera etapa del MR, todos los primeros consorcios los siguieron más la gente grande que la gente joven. Yo te digo porque estaba el padre de Anita Olivo, mi papá, toda gente grande. Eran hombres mayores de 50 años, que iban a hacer los trámites y todo eso. Y había gente joven, pero los mismos grandes van impulsando a los jóvenes, porque pienso que llega un momento que la gente mayor se da cuenta. Porque por lo general se reunían en la sede un día o dos días, entonces después dice, no esto no es para nosotros, gente grande que tiene que dejar la familia, la casa, cuando venían a Goya por un seminario, o tenían que viajar. Entonces eso les traía muchos problemas, por eso empezaron a traer ya el hijo -mi papá a mí- y entonces ya nos iban integrando. Ahí ya en las reuniones se empezaron a venir los jóvenes también. (R. Rojas, 1996)

La realidad de la familia campesina en las Ligas variaba en cada provincia: en Santa Fe se trabajó con el sector gringo, que eran pequeños chacareros, igual que en el Chaco. Y en Formosa con las características propias de la provincia, la mayoría son pequeños campesinos, paraguayos o hijos de paraguayos. En la provincia de Corrientes eran mayormente criollos, era una realidad distinta. “la convocatoria del MR a nivel campesino siempre fue a la familia y se trabajó con jóvenes, mujeres y varones (Tudy Noceti, 1990)

Era sobre esta base que una de las prioridades en los objetivos del MR en los sesenta fue trasmitir por medio de las actividades a la comunidad los valores que descubrieran en la familia. Y en función de eso el tema del año 1968 fue “La realidad de la familia rural”, y del año 1969 “Familia y economía” y “Familia e Iglesia”, con la meta descubrir qué papel desempeña el trabajo de cada una y todas las familias de las distintas zonas en el desarrollo de la economía local, regional y nacional, en función de lograr un hombre nuevo en una sociedad nueva. En esta etapa con dos objetivos importantes: a) que en unidad nacional se vaya tratando y descubriendo los valores humanos y sobrenaturales de la vida del hombre; y b) que la duración de un tema de año cumpla la misión de profundizar los temas para mejorar su vida con un cambio de mentalidad y costumbres.

De este modo la metodología del ver, juzgar y actuar fue aplicada por el sector maestros y campesinos en la búsqueda de integración de esas familias a la realidad de las comunidades rurales.Y entre los jóvenes, como integrar a mujeres y varones,

Un elemento importante que nosotros tomábamos como para nuclear en los grupos rurales (del MRC), hoy lo miramos como que ayudó a abrir camino en ese momento quizás porque era novedad nada más, es que fuimos incorporando en los cursos y después la gente multiplicaba en sus comunidades el voleybol. De repente aparece un deportecito, no masivo digamos, cinco o seis personas por grupo y pueden jugar varones y mujeres juntos. Y veíamos que era un boom. A veces se hacía, cuando de repente tomaban la mano, no eran profesionales, pero podían armar redes con bolsas de cebollas y esas cosas. Y llevaban la novedad desde los cursos que se daban en la cabecera de la diócesis a las colonias. Era un buen elemento: no duraba mucho, podían estar como copartícipes, en seguida terminar un partido y entrar otro. No quiero decir con eso que desterró al fútbol, quiero decir que fue válido en ese momento cuando había que romper brechas para que se junten varones y mujeres. (O. Ortiz, 1995)

Por otra parte,

La afiliación familiar, y por lo tanto el compromiso de todo el “colectivo de trabajo”, tenía sus consecuencias prácticas positivas. El joven delegado local o miembro de la dirigencia regional podía quitar horas de trabajo a la chacra sabiendo que su padre o un hermano lo reemplazarían en los momentos en que su trabajo fuera requerido con mayor intensidad. Esta relación funcional con el desarrollo del ciclo doméstico creo que es importante en el modelo organizativo de las ligas agrarias.” (Archetti,E., 1988:456)

Las familias de cada colonia poseían lazos de amistad o parentesco que daban fluidez a las relaciones, y a partir de ellas se originaron las comisiones de colonias de las Ligas Agrarias, en reuniones en las que los productores reconocían pertenencia y establecían

(…) relaciones gremiales entretejidas con los lazos de afecto o sangre. En esas “asambleas” se halla siempre un dirigente de la Comisión Central, quien escucha mucho a los vecinos, los hace hablar por medio de preguntas u observaciones breves y apenas interviene cuando se presenta un problema por falta de información que él pueda proporcionar.(…) Es frecuente que la reunión se deslice hacia las anécdotas que cuentan los que rememoran  las movilizaciones en las que han participado y aún que se crucen datos sobre la salud de algún vecino o familiar o los acontecimientos sociales de ese micromundo de colonias vecinas. (Ferrara, F., 1973: 155)

Las mujeres

“Las dirigentas dentro del equipo nacional se sentían ubicadas a la par de los hombres, porque las mujeres que vinieron tenían las ideas muy claras. Luego se fue avanzando en la reflexión y en la situación de la mujer, y ahí empezaron un poco más los choques… Porque era el fin de los sesenta, el boom de la liberación de la mujer. Todo eso tuvo su correlato en el campo…” (Tudy Noceti, 2009)

Otro aporte clave del MRC en el ámbito familiar rural fue el haber promovido que la mujer desempeñara papeles protagónicos en tareas y niveles que hasta ese momento le estaban vedados por la concepción patriarcal rural[13]. En este sentido funcionó también en las Ligas agrarias el objetivo de la proporcionalidad que se propuso el MRC, por medio del cual accedieron a la conducción del movimiento mujeres campesinas.

Los estudios sobre la mujer en nuestro país avanzan sobre la temática de su relación con el ámbito urbano, el mercado de trabajo, sus distintas formas de marginalidad, las relaciones de género[14], los derechos reproductivos y la familia. Son pocos sin embargo los estudios acerca de su participación en organizaciones de índole gremial en el ámbito rural. Nuestra investigación se refiere al proceso vivido por la mujer rural del NEA durante las décadas de 1960 a 1970. En este sentido podemos afirmar que la institución eclesial dio cabida e impulsó el rol protagónico de las mujeres en al ámbito rural a través del MRC, que además de su alcance nacional en el ámbito rural presentó la particularidad de que una de sus ramas era de maestros rurales con mayoría femenina. Aún con diversas modalidades culturales de protagonismo social y político, fueron muchas las mujeres que animaron y dirigieron en diversas instancias y momentos el MRC, o tuvieron destacada actuación en la conducción de las Ligas, o en el asesoramiento o militancia en los sindicatos docentes.

Nos preguntamos si en ese proceso existió y se fue construyendo una identidad femenina, o esta problemática estuvo diluida en las reivindicaciones gremiales generales[15].  Al respecto, la activa preocupación del MRC en la promoción de la mujer en la familia rural y especialmente en las jóvenes fue relevante en la modificación de muchas prácticas culturales a las que estaban sujetas las mujeres. La organización eclesial primero sobre todo con la formación y la posterior participación de las familias en la organización liguista y en los sindicatos fueron transformando el rol de subordinación tradicional de las mujeres en el ámbito rural, para animarlas a una activa participación en todas las Ligas. Las mujeres se vincularon y comprometieron en luchas sociales más generales, dinamizando la organización liguista y sindical, dado que la participación de las mujeres en movimientos sociales modifica su inserción en la red de poderes de su comunidad provocando un efecto transformador (Pinto, 1992). Al respecto, en el primer congreso del agro chaqueño de noviembre de 1970 por el MR de ACA participaron O. Lovey y Ofelia Medina, y en la concentración de las LACH del 8 de febrero de 1971

(…) la participación de una mujer campesina entre los oradores demostraba la necesidad, comprendida por la dirección de las ligas, de incorporar al conjunto de la familia campesina a la lucha, por estar todos sus miembros afectados a la producción y sufrir en conjunto los males de la crisis algodonera. Por otra parte, resultaba importante poder vencer el sentimiento patriarcal que relega a la mujer a un plano inferior, cuestión que dificultaba la incorporación de ese sector a las luchas. “Para qué vamos a quedar nosotras en la cocina cuando muchas veces no tenemos ni qué echar a la olla” fue la conclusión que todos aplaudieron… (Ferrara, F., 1973:146)

No obstante, en dicho proceso existieron diversos niveles de conciencia y la problemática femenina no siempre alcanzó una gravitación con identidad propia. Puede sostenerse, sin embargo, que esta búsqueda del MR de participación de la mujer logró que la misma adquiriera voz y protagonismo, aún en aquellos casos en que se mantuvo en su rol tradicional de madre y ama de casa, interpelando diversas formas de dominación del machismo existente en el ámbito rural. Las mujeres se pasaron. En el paro agrario del 4 y 5 de junio de 1975 en Chajarí es de destacar la participación de las mujeres, que…junto a los varones y en algunos casos ellas al frente, formaron cordones protegiendo a los que querían llevar presos.” (La voz del productor, LAE, julio 1975)

Nos importó abordar[16] los aportes que hizo el MR en la capacitación y concientización de las mujeres en las Ligas agrarias, qué continuó y qué cambió en la identidad de la mujer al asumir un compromiso gremial sociopolítico, cómo se promovió y qué modalidades asumió su participación en la organización rural. Al respecto, con modalidades contrastantes según las características de cada provincia, esa integración de las mujeres en la vida social se dio en tres niveles:

a) En la familia y su trabajo agrícola, es decir, su inserción en el proceso de reproducción y producción social. En la década del ’70, por influencia del marxismo hubo una preocupación por diferenciar el trabajo productivo, que produce valor económico, del trabajo improductivo-trabajo doméstico. Al respecto, M. Ignez Paulillo (2005) sostiene que considerar como trabajo las innumerables actividades desarrolladas por la mujer en el hogar y en las pequeñas propiedades agrícolas fue una forma de volverlas más visibles y más valorizadas…que las mujeres involucradas en la producción agrícola familiar sean consideradas productoras rurales y no del hogar:

En la familia gringa la madre se quedaba parada, estaba atrás, ni siquiera se sentaba en la mesa; y no en las familias más pobres, era una costumbre cultural. La madre y las hijas hacían todas las tareas de la casa. Y los hombres eran los que actuaban…En la familia criolla hay otras características. Es machista, pero también la mujer participa mucho. Las madres no, pero sí dejaban participar a sus hijas confiadas en la iglesia. Además estaban contentas porque sus hijas participaban en un movimiento y eran tenidas en cuenta (…)Con el MR de ACA se trabajó mucho que la mujer también tenía que participar en organizaciones sociales. Y ahí participaron las chicas en los cursos de formación que eran mixtos, pero eran autorizadas por sus familias porque había un respaldo de la iglesia…Durante los cursos las tareas eran compartidas, lavar los platos, etc, como parte de la formación. Esa práctica que tuvieron de compartir después la llevaron a su vida, sobre todo los dirigentes…En cuanto a la ubicación que daban los varones a las mujeres en el MR, yo creo que el machismo en algunas cosas era controlado, porque había mucho compañerismo y mucha solidaridad. O sea que en los aspectos tradicionales más o menos estaban cubiertos, se colaboraba en la limpieza, en la cocina. Y en otros aspectos creo que la cosa era un poco más difícil, por esa cuestión del poder…Con todo yo creo que hubo muy buena gente en el MR, fuimos muy compañeros, hubo mucho respeto. (Beatriz Tudy Noceti, 2009)

Acá, en la zona, las mujeres por lo general estamos siempre para la catequesis, para la capilla, para el club. Y las otras cuestiones políticas eran más de los varones. Era una cuestión tradicional, por una cuestión de machismo de siempre, y también por las mujeres que se reposan en los hombres. Y además en la hora de salir de la casa, la preferencia es del varón. Siempre es así la mentalidad del obrero, nocierto. Y por ejemplo si hacían un planteo las dificultades también, las mujeres participábamos pero con gran dificultad, porque la mujer tenía que asumir y resolver toda la situación de la familia y hacer un espacio para salir. En cambio el hombre ya podía salir más libremente porque la otra responsabilidad más concreta la tenía la mujer. Después eso en cierto modo se fue charlando, se fue planteando, se fue cambiando. Y ya había en muchas parejas un cierto acuerdo de tratar de solucionar los problemas en conjunto, o alguna vez tener que quedarse el hombre para que vaya la mujer, que no era lo normal. Era también trabajo en ese sentido, de la participación de los dos, que costaba porque una parte estaba muy atrás. Pero aún así se dio. (R. Sartor, ULAS, 1996)

A nivel familia habían trabajado mucho las ligas para que acá en la zona, en Formosa, con gente paraguaya, el respeto entre el hombre y la mujer los ayudó muchísimo en esos aspectos. Yo creo que esa expresión ayudó a recomponer un poco. (I. Locatelli, ULICAF, 1995)

A los delegados de las distintas colonias nosotros les decíamos, a todos, pero más a ellos, que si nosotros reclamábamos justicia nosotros teníamos que empezar a ser justos. Y ellos tenían que comenzar a practicar la justicia en su casa, con su familia, con su mujer; lo cual significaba que el machismo que existe en nuestra gente rural tenía que ser revisado. Y de eso también tengo ricas experiencias de que hay hombres que han cambiado totalmente. ¿Por qué? Y por la misma cultura que tenían: no bien vendían su tabaco, llevaban la plata y se emborrachaban. Y por ahí perdían, llegaba a la casa y no tenían ya nada. Y muchas mujeres, esposas de delegados, nos han dicho hay que ver cómo cambió mi marido desde que está en esto: se cuida, no gasta el dinero como gastaba antes. Por allí vende el tabaco, la alegría que tengo porque me viene con sillas compradas, colchones para los hijos, una mesa que me estaba haciendo falta. Te doy como un ejemplo de que iban tomando ciertas cosas en ellos mismos. No es que eran todos, pero sí se notaba que iba habiendo un cambio interno, por la formación cristiana y humana. (J. Torres, LAC, 1996)

Hubo todo un trabajo de promoción que se fue haciendo dentro del MAM con la participación de la mujer, de lo que significaba la participación, de la revalorización de lo que era la mujer, pero siempre tratábamos de que fuera en conjunto, no dividiendo mujer por un lado y campesina por otro, sino mujer campesina trabajando juntos. Y la mujer participaba y estaba haciendo hermosos trabajos (…) Más que nada era la mujer comprometida, la mujer casada, con hijos, la que vivía diariamente el problema. Y surgían jóvenes también, pero más que nada entre 20 y 35 años, 40 eran las que realmente se comprometían, surgían, venían con propuestas concretas para hacer trabajos. Se hicieron trabajos sobre educación, sobre salud, que la mayoría de las veces eran propuestas que salían de las mujeres que son las que están más en contacto con los niños y con toda la problemática de la educación. (S. Berent, MAM y LAM, 1996)

b) En el proceso de reivindicación y organización colectiva, que expresa una identidad popular, a través de su inserción en el MRC y las Ligas agrarias;

Cuando se crearon las ligas la mujer estaba participando ya en los grupos rurales, y se incorpora al trabajo de las ligas con una visión de la cuestión ya bastante… Cada grupo de colonia en promedio tenía 15 productores, propietarios o colonos ya sea arrendatario, después por supuesto estaban las familias, las mujeres que participaban también. Acá hubo mucha participación de las mujeres en las ligas…Había mujeres delegadas y en la comisión central también. Pero dentro de las instituciones agrarias la única institución que incorporó mujeres participando en la conducción y en las cosas fueron las ligas. Tanto acá como en Formosa, en el Chaco. (R. Sartor, 1996)

Participaron mucho las mujeres, y a nivel de las zonas siempre estaba presente, siempre. Yo creo que en eso el Movimiento Rural contribuyó de manera importante a darle lugar a la mujer y fomentar su participación. Que no solamente los hombres tenían que estar, sino las mujeres también. Generalmente era uno el que más andaba, pero cuando había que ir, iban todas las familias. Había una asamblea o una movilización y ahí iban todos. (O.Q. Lovey, 1995)

Con el nacimiento de las ligas, al incorporarse todo tipo de gente y ser otro tipo de exigencia la del trabajo, ahí empezaron a sufrir las mujeres dentro de las ligas, porque la convocatoria también fue amplia y muchas mujeres participaron porque los problemas que se vivían eran los de la familia campesina. Empezó a sufrir porque las exigencias de la organización era que tenía que estar full time prácticamente. Las reuniones se hacían a la noche (…) las dificultades de la mayoría, que eran jóvenes casadas con hijos; entonces de repente era la familia entera la que participaba en las ligas. (T. Noceti, 2009)

Pero con todo el tradicionalismo hubo madres que se sumaron, ahí está por ejemplo el caso de ña Ruperta, de la Sra. de Ifrán, de la señora de Domínguez, pero menos. Los padres sí, porque eran los que tenían la boleta cosechera, entonces cuando se tiene que ir a vender es el padre el que vende el tabaco. Más que nada por eso fue atraído el padre de familia. (A. Olivo, 1996) Había mujeres delegadas, muy activas, en Goya había varias. En general en las convocatorias en las colonias participaba toda la familia. Eran todo un acontecimiento, como irse de paseo, y conversar… (R. Rojas, 1996)

 Yo creo que en las ligas en sus comienzos, primero se hacía una convocatoria a la gente, y después se iba con diapositivas; y en eso era una novedad porque participaba la familia. Y ahí se enganchaban las mujeres. Después cuando se hacían las reuniones ellas querían participar porque iban a tratar temas que les competían a sus intereses. Y participaban muchas mujeres, no en la medida en que uno hubiera querido, pero había algunas colonias en las que tenía una participación bastante grande (…) Y sobre todo cuando eran mujeres las que iban a hacer las reuniones, en una colonia era un varón el que hacía la primer reunión, y si por ejemplo ya iba una mujer, la próxima reunión ya había un montón de mujeres. Si había varias chicas, varias señoras, varias maestras que estaban, y entonces las mujeres se animaban en las reuniones. Igual que en las concentraciones, adonde iba toda la familia. Lejos de decir se liberó la mujer ni nada que se parezca, pero…había algunas con mucha fibra y que tomaban un liderazgo que incluso le caía muy bien a los hombres, esas mujeres con muchas agallas. Pero es cierto que por ahí le caía muy bien porque era la mujer del otro, pero su machismo era… su mujer no iba a participar en las reuniones a lo mejor, je, je[17]… (J.C. Urbani, 1996)

Y en las ligas había muchas mujeres participando. Y gente que surgió sin que vos la vayas a buscar. Vino, habló en una concentración, y a partir de ahí empezó a meterse, después fue nombrada delegada, miembro de la comisión (…) No es que vos ibas y la detectabas y le decías che vos vení… no, venían solas… Había delegadas mujeres miembros de la comisión central, tanto en el MAM como en las ligas (S. Berent, 1996)

Dentro del MR la cantidad de miembros mujeres y varones en los grupos de campesinos era relativamente pareja, menos en el sector maestros, donde casi todas eran mujeres. Como dirigentes en el NEA inicialmente fueron designados varones por el tipo de tarea, que implicaba recorrer permanentemente el campo. Pero luego se integraron muchas dirigentes mujeres que asumieron la conducción del movimiento, que dejaron su casa para ir al secretariado del NEA que estaba en Corrientes. Estuvo Rosita, Quenia, Kuki Fascioli (…) Era un compromiso muy grande el que asumían estas mujeres, porque dejar su casa campesina a fines de los 60 no era tan sencillo. Lo mismo las mujeres que vinieron al equipo nacional, que además de trasladarse a Buenos Aires viajaban y recorrían mucho solas. Eso era aceptado por las familias porque el cura asesor y alguien del equipo nacional hablaban con ellos. (T. Noceti, 2009)

Dentro de este proceso se destacan experiencias personales de mujeres dirigentes que abrieron camino en su realidad local y provincial,

Yo trabajaba en departamento de Gualeguaychú, y pertenecía a una escuela rural muy pobre, mi primer cargo de maestra…En el MR de ACA nos preparaban como promotores, por eso veíamos el tema escuela y comunidad, dinámica grupal, para que nosotros creáramos grupos rurales de campesinos, donde yo encuentro un lugar donde canalizar un montón de inquietudes que tenía, y recibir aportes que me ayudaban a manejar más la realidad que vivía en esta comunidad tan pobre y complicada como era Médanos (…) Y en el ‘70 fue ese año cuando nosotros como movimiento empezamos a impulsar el surgimiento de las ligas en el Chaco, que  yo fui una (dirigente del sector maestros del MR) de las que entró a trabajar junto con cinco campesinos del Equipo Nacional, fuimos al Chaco a acompañarlo al Kiki Lovey, a Guasuncho, a Ramón Chavez…(…) Se había hecho realmente un muy buen trabajo de base, con mucho respeto, porque sufrimos presiones… a mí me vinieron los montoneros, unos compañeros del noreste a hablar para que yo participara de reuniones de conducción de los montos, y ellos querían hacer su trabajo acá. Y por supuesto que les planteé que no porque acá la gente no lo veía a eso como una salida, ni veía una definición por el peronismo porque era muy heterogéneo el grupo (dirigente MR y LAE, 1995)

Yo me inicié por el año 1968 desde una colonia que se llamaba Sudamérica, de Formosa. Entonces tenía 13 años, y comenzamos desde la colonia todo lo que sea para capacitación para jóvenes, el grupo juvenil en la iglesia. Después los distintos niveles, me acuerdo, los cursillos de primer nivel, de segundo nivel del MR de ACA, toda esa etapa estaba en la colonia hasta que surgen, no me acuerdo si en el 70 o 71, las ligas. Yo era chiquilina, pero me acuerdo que íbamos viendo la necesidad de alguien que vaya defendiendo al productor, a la familia, algo más específico, una lucha más comprometida. Veíamos todos los problemas que había en cuanto a la producción, la venta, la tierra. Una de las luchas grandes, digamos, fue el tema de tierras… yo participé por ahí más en la parte de base. Yo hoy me doy cuenta que fue todo un cambio de lo que fue Medellín y todo eso. En ese momento yo era activista. (…) Yo lo que conozco y lo que viví fue toda la experiencia de la colonia, no? Todo se decidía en la colonia, y las elecciones se hacían en la colonia. Y surgía de la participación de la gente (…) En todas las ligas el primer tiempo tenían mucha relación el compromiso cristiano, el compromiso de iglesia. Para mí el tiempo de las ligas fue mucho la lucha con convencimiento y compromiso. Y tomábamos como cristianos el compromiso y la lucha. Se integró, sí. (I. Locatelli, 1995)

Me tenté por la invitación a este curso que hicieron a través de una misa del domingo. Tenía 14 años .Y bueno, voy, y entré en la dinámica de lo que era el curso, porque ya se estaba trabajando con este método del Ver-Juzgar-Actuar… Era mixto, pero se lo organizaba en el mismo colegio donde yo estaba haciendo un secundario, y mis padres me autorizaron. Como era un movimiento de iglesia, venía organizado a través de la estructura de la iglesia, o sea con los sacerdotes, con las monjas (…) En marzo del 71, estaba empezando 5to año, y me caen Remo (Vénica) y un cura con la propuesta de integrarme al equipo de capacitación de cursos que tenían en ese momento en Capitán Sarmiento, pcia de Buenos Aires. Cómo habrá sido mi convencimiento del trabajo que estábamos haciendo, que abandoné el secundario, y tomé la decisión de integrarme al curso de capacitación… Después trabajaba de empleada en Cosecha, Cooperativa de Seguros, a la mañana, y a la tarde dedicábamos a salir a hacer este trabajo de militancia (…) Era un modo de vivir. Nuestro viaje de bodas lo hicimos con el auto de Tudy Noceti, un fiat 600, y fuimos pasando y recorriendo los amigos del MR de aquí hasta Chile. Y en Chile con la gente del MR de Chile, y estuvimos con los obreros de la mina de El Teniente a través de esa relación. Así fue, muy importante… (I. Kleiner, 1995)

c) Con relación a las opciones político-ideológicas y de expresión de los derechos de la mujer hubo cambios profundos en las relaciones sociales rurales, tanto en su inserción local como regional y nacional, donde se expresan los proyectos de transformación de la sociedad y del estado.

Yo me acuerdo que a fines de los sesenta participaba en un grupo de mujeres, y vino una yanqui que estaba en un movimiento de liberación femenina, y le pidieron que fuera a un curso del MR en el Instituto San Pablo, porque el tema estaba en el tapete. Y se empezó a escribir en la revista, en el boletín del maestro sobre cuál era el lugar que estaba ocupando la mujer en la sociedad en la cual vivía. En esa época no se hablaba de la perspectiva de género, pero evidentemente era eso lo que se estaba planteando… Después se empezaron a hacer cursos específicos de mujeres del Movimiento Rural. No se profundizaba el lugar de la mujer en la iglesia, aunque había conciencia de su situación de marginación. (T. Noceti, 2009)

En la práctica, a partir del año ‘71 ya era MR de ACA-Ligas Agrarias y éramos como cuarenta mujeres de toda la región (T. Noceti), se hicieron encuentros de mujeres a nivel del NEA para profundizaron sus problemáticas específicas en ese proyecto de cambio… La distribución sexual del trabajo familiar, la participación de las mujeres en la renta, la reinversión, el acceso a la capacitación en innovaciones tecnológicas y principalmente el lugar de acción de las mujeres aparecieron contextualizadas en la dimensión política y cultural de la etapa (Ferro, 2005)

Así, en el MAM se analizó tanto la situación de la mujer misionera que salió a trabajar, a la calle a luchar, tanto madres de familia como chicas jóvenes, y también vivió junto con su compañero días de cárcel, sufrió hambre durante las huelgas.(Amanecer Agrario. Oberá, dic.’72) como la propuesta de las mujeres del MAM de tomar la precaución de plantar, además del té, yerba y tung para comercializar, mandioca, batatas, porotos, maíz, arroz y criar chanchos  y gallinas, para tener asegurada la comida cuando los precios estén bajos o cuando hagan medidas de fuerza. (Amanecer Agrario. Oberá, dic.’73).  Y así como en Entre Ríos las mujeres jugaron un rol central y buena parte de la movilización se generó a partir de ellas (Canella, 1995), en el caso de las LAC, a pesar del cuidado con que se trató de determinar el insumo de trabajo, no se consideraron aportes como el del ama de casa, ya que la mujer frecuentemente estaba participando en la tarea agrícola y la debía dejar algún tiempo antes que el resto del grupo para ir a preparar la comida. Al respecto hubo una reunión de mujeres campesinas, organizada por INTA de Goya, donde se hizo énfasis en el proceso de cambio en el nivel económico, político y cultural, del cual la mujer campesina no debe permanecer ajena. (El Litoral, Corrientes, 26 abril 1973)  Y en las ULAS la afiliación debía ser familiar y no individual, lo que permitió incorporar a las mujeres, evitando no sólo exclusiones de género (como en Colonia Santa Cecilia donde un cerrado sistema de herencia excluía a las mujeres) sino, también, generacionales, y así a nivel local fue posible encontrar como delegados a mujeres solteras. Por su parte, las Ligas Agrarias del NEA en 1973 abrieron un frente político con las mujeres para impulsar su participación y evitar que de las familias miembros sólo participaran los hombres.”

La forma de participación política de la mujer era equivalente a la de cualquier mujer en esos años. La diferencia estaba en que algunas, aunque como trabajadoras campesinas tenían toda esa fuerza del sufrimiento, había otros aspectos de su desarrollo personal, de su vida de mujer que no habían analizado nunca, no habían tenido oportunidad sobre todo por la situación del líder todo el día fuera y ellas con los chicos en su casa y sin poder participar (…) Las propuestas que salieron de los encuentros de mujeres no pudieron llevarse adelante por los tiempos difíciles que vinieron con la represión y la dictadura. Pero la llamita en las mujeres quedó, no se apagó, y a partir de 1984 es otra etapa. Así, en el caso de Formosa se formó un grupo de mujeres que llevan la opinión de la base a la organización. Porque sino la mujer no habla, aunque sabe todo sobre la producción porque es su propia experiencia -lo trabajó-, la desvalorización de la mujer en su casa y en su trabajo en el campo sigue siendo grande. Y aunque hoy no hay un proyecto de cambio como en el que todos trabajábamos en los setenta, sí creo que ahora el trabajo de las mujeres está planteado de una manera mucho más profunda y más específica. (T. Noceti, 2009)

Una interpretación de estas entrevistas nos permite aproximarnos a ciertos elementos comunes en las mujeres rurales de las Ligas con relación a la organización colectiva, aunque provengan de distintas provincias y de distintos sectores socioculturales. Al respecto se evidencian las inquietudes de la mujer y la necesidad de formación y cambio en el medio rural, sobre todo por parte de las jóvenes; las dificultades por el acendrado machismo, propio de la cosmovisión tradicional rural, sobre el que trabajó especialmente el MR, (lo que se refleja en su percepción sobre la legitimidad de la institución eclesial en el medio rural y en las familias rurales, pese a que el rol asignado a la mujer dentro de la iglesia era subordinado al patrón de familia tradicional rural, y acotado a las funciones reproductivas o de la familia y a la comunidad); la vocación de servicio y la fortaleza de la mística militante con que las mujeres rurales asumieron su compromiso con la sociedad y la política, en parte basado en una vida de esfuerzos y responsabilidades familiares y laborales en el campo; y la solidaridad, en gran parte como valor heredado de su formación religiosa, demostrada tanto en el accionar reivindicativo como en la vida cotidiana y ante la represión. Así, la valorización de su participación y la animación al compromiso les dio un rol más protagónico, lo que hubiera sido más difícil en otro contexto.

No obstante, la problemática de la mujer estuvo más vinculada a las reivindicaciones generales de las Ligas, con solo una incipiente conciencia explícita de especificidad de género, es decir que el compromiso de la mujer se fundía con la lógica del compromiso general. Y en relación al discurso de la mujer, cuando aparecía era en cierta forma vinculado a sus roles tradicionales. Por eso fue en la práctica que el mayor protagonismo de la mujer tendió a reducir asimetrías respecto al machismo tradicional, porque la mujer modificó la relación al interior del núcleo familiar y luego cambió su situación en relación a la organización de masas.

6. La identidad de las Ligas Agrarias y sus representaciones sociales: el mundo cultural y la expresión de los imaginarios

Uno de los elementos a considerar en la constitución de la identidad colectiva liguista es la complejidad de culturas que contenía, que derivó en un conjunto de conflictos socioculturales al interior del movimiento. Para integrarlas, aún con las contradicciones internas ya planteadas, se trabajó en valores éticos de respeto y dignidad de las personas, de justicia y solidaridad, y sobre todo en la defensa y promoción de intereses compartidos -en especial sus demandas como Ligas y el proyecto común- intentando secundarizar los conflictos remitiéndolos a las lógicas de acción colectiva comunes y a la concientización para mejorar las relaciones entre productores y trabajadores rurales. Al respecto, podemos distinguir varias cuestiones culturales[18] problemáticas comunes entre los integrantes de las Ligas, en las relaciones socio-antropológicas y socio-económicas, que se manifestaron con distinta intensidad en cada provincia. Entre otras, analizamos las diferenciaciones conflictivas en las bases liguistas según sus orígenes étnicos, sus comportamientos diferenciales en su vida cotidiana y productiva, sus modalidades de vivencia religiosa, y en su mayor o menor propensión a la acción colectiva y al reclamo. En este apartado sólo se tomaron las vivencias e imaginarios de los aspectos culturales comunes de los integrantes de las Ligas, ya que la complejidad de las lógicas de comportamiento socio-cultural y económico en cada provincia será abordado específicamente en el capítulo 6.

Con relación a sus orígenes étnicos[19], aparecen los choques culturales entre gringos (descendientes de la colonización extranjera, principalmente europea) (Archetti y Stolen, 1988) y criollos, con tensiones que rozan el racismo (Leopoldo, ULAS, 1995). En ese sentido, el mundo valorativo de los colonos, cristalizado en la chacra familiar como un colectivo solidario, aparecía como un modelo social perfeccionable y deseable” (Archetti,E., 1988: 454), y el de los criollos[20] atravesado por complejas dimensiones:

En mi zona rural, que es típica hay como dos culturas. Hay zonas gringas de descendientes de italianos, rubios, colorados, hijos, nietos y bisnietos de italianos; después zonas mezcladas, y otras zonas que son exclusivamente de criollos, donde las cosas tienen otro funcionamiento. Tenés otras debilidades, otras miserias y otras virtudes. El gringo es muy laburador, se ve que heredó esa valoración de lo que cuesta sudar la tierra; está generalmente mejor, tiene su tierra, tiene un vehículo. Ha heredado una especie de savoir faire con la economía doméstica: el tipo carnea un chancho y va a aprovechar hasta las pezuñas, hace salame, guarda la grasa para el invierno; en cambio un criollo carnea un chancho y va a comer esa noche con los vecinos (…) El gringo cumple con lo elemental, le cuesta mucho abrirse, vos no podés ir así nomás a la casa todos los días como en tu casa, con confianza, sólo cuando él te invita (…) Y el criollo sí, el criollo es el que más está en el grupo. Yo tengo las mejores anécdotas del criollaje, porque voy a la casa como entro en mi casa. Es más llano y menos formal. (sacerdote Goya, 1996)

Entonces, eso de empezar a tomar la vida de cada familia, de cada joven, de cada grupo, sabes que había italianos, franceses, belgas, que había alemanes, gringos muy cerrados, gente que pensaba solamente en atesorar dinero, otras en forma muy generosa, otras que querían sobresalir, y todo eso. Yo creo que eso es incalculable la riqueza que a mí me dio. Lástima, te digo, que yo no pude registrar y sistematizar eso, porque ahí podríamos haber escrito muchas cosas de la vida de la gente. Uno las lleva adentro, pero por ahí también se olvida. (B. Chiapino, 1995)

Origen gringo les llaman, la gran mayoría. Que esa era la diferencia que nos separaba, o nos caracterizaba…furlanos. (E. Sartor, 1995)

La gente acostumbraba a escuchar radio brasilera, que te daba gran parte de Misiones influenciada por lo brasilero, y con parte de la población que avanzaba así mucho sobre la frontera. Era un terreno de la patria completamente distinto del que podías conocer en otro lado, por la zona del Paraná tenés una influencia paraguaya guaraní muy fuerte, y en el centro la influencia de los inmigrantes que cada uno con su forma de ser… que en ese momento empieza a romperse. (E.Peczac, Misiones, 1996)

Por otra parte, nuestra colectividad ucraniana tiene una historia de diez siglos de lucha, en que no éramos independientes, pero siempre estuvo el deseo de libertad demasiado grande. No sabíamos en qué consistía, por eso siempre por una potencia u otra éramos dominados, pero queríamos algo distinto. Estamos acostumbrados al sufrimiento, a aguantar, en la constancia del tiempo; sea lo que sea cuando decidimos una cosa nos mantenemos en eso y no cambiamos. Es difícil movernos. Es difícil que empecemos una cosa, pero una vez que nos encaminamos, con nuestra mentalidad eslava sabemos que si no lo conseguimos nosotros lo conseguirán nuestros hijos…alguno va a llegar a ese objetivo. Eso ya quedó como un calado en el espíritu ucraniano que tiene esa mentalidad. Por lo tanto, también acá sucede eso, si bien tuvimos este contratiempo, nos bajaron, pero cuando uno llegó a la cárcel, ya sabía que algún día saldría y seguiría trabajando en eso a pesar de que no estaba… Pasó lo que pasó, pero lo que no aceptamos es la derrota, eso ya está descartado. Algún día se ganará, hay que perseverar pase lo que pase. (E Péczac, 1996)

Las bases sociales de las Ligas eran de productores y trabajadores rurales. Aunque era parte de su imaginario discursivo, no todos se autopercibían socio-económicamente como campesinos. En Entre Ríos, Santa Fe y Misiones se identificaban como colonos -productores- y no se usaba tanto la palabra campesinos como en Corrientes, el Chaco o Formosa. “La palabra campesino no era usual, campesino era tercera o cuarta, digamos, pero se hablaba así en el movimiento, sector campesino. Más allá del movimiento se hablaba de colonos” (B.Chiapino, 1995).

Mientras que los colonos polacos predominaron entre los minifundistas y entre los colonos grandes, los de origen ucranio en los productores medianos. Esas distribuciones se correspondan con las ideologías comunitarias de ambos grupos, más igualitarios en los ucranianos y con mayor diferencia inter e intraclase entre los polacos[21]. Es decir, el predominio de colonos medianos productores entre los ucranios “contribuye al mantenimiento de la ideología igualitaria, e inhibe el desarrollo de contrastes sociales muy marcados dentro del grupo, o al menos que las fracturas que de hecho existen se trasluzcan en la percepción que la colectividad tiene de sí misma. (Bartolomé, 1974)

La cuestión de fondo eran las relaciones sociales de producción, porque los productores medianos y pequeños en ocasiones empleaban mano de obra y los conflictos se produjeron en relación a la justicia de tales relaciones.

Las ligas surgen en un momento que no había nada organizativo para el hombre del campo, embocan en esa situación, son una respuesta a un desamparo del productor. Entonces el gringo acá se siente interpretado. Si vos leíste algún documento de las ligas vas a encontrar la clasificación del tabaco, el tema de las barracas, de la compra de tabaco. Entonces al gringo también le convenía, era cuestión de él. Yo me acuerdo en la primera etapa era mezclado, ahí todo el mundo se identificaba a la causa. Después te puedo hablar de lo último, ahí ya empieza a haber un cierto resquemor en los gringos…  cuando le pisás el callo le sale un poco al gringo su opinión sobre el criollo, que es muy haragán, esta así porque quiere. Hay zonas donde van al boliche juntos, juegan a las barajas juntos, hay criollos muy integrados al gringo y viceversa, pero no es frecuente que se busquen. Han aprendido a convivir, a coexistir, el gringo se acriolló, anda a caballo, aprendió todas las costumbres del criollo, muchos gringos hablan en guaraní, muchos criollos aprendieron cosas del gringo, en estas cosas domésticas…(sacerdote Goya, 1996)

Por las características de la producción del campo en ese momento, era el algodón y la caña de azúcar, pero fundamentalmente el algodón, que usaba mucha mano de obra contratada. Entonces esa gente tenía también en determinadas épocas del año esa gente que hacía ese trabajo. Pero no porque tuviera peones permanentes o que él estuviera viviendo en el pueblo, o que los hiciera trabajar. No, trabajaban todos directamente, el padre, hijo y el espíritu santo. Y algunos se quedaban a vivir en la casa del patrón. Algunos volvían. Era una migración golondrina, que desde la cuña del hacha a la cosecha de algodón, o la cosecha de caña volvían a la cuña… (Leopoldo, Santa Fe, 1995)

Acá evidentemente el colono gringo tenía un rechazo…lo consideraba al criollo un ser inferior, en el fondo, porque no trabajaba, porque no guardaba, bue, porque era como es. Y yo creo que, aunque trató, lo que menos trabajó el MR fue sobre la cultura, para mí. Y si vos no conocés las distintas culturas… Dicen que las culturas ninguna son superiores, pero eso recién ahora lo estamos trabajando (…) Si yo te hablo del deporte hay una total integración. Después, lo que es en lo social no mucho, y lo que es en la justicia, poco. Yo creo que se mejoraron algunos aspectos. No era lo que nosotros pretendimos, quizás: que se lo considere un hermano en todos los aspectos. No creo que lo hemos logrado. (dirigente Santa Fe, 1995)

…en el sentido de ser lo más justo posible con ellos. O sea, había no de igual a igual, pero por lo menos una especie de comprensión más hacia ellos que hacían ese trabajo. De no engañarlos, de no robarles, de considerarlos. Se trataba mucho, en ese sentido, de la persona, como dentro de la formación evangélica, como hijos de Dios que somos todos, no cierto. Tal vez faltó toda la parte más profunda, lo cultural, pero estaba impregnado de lo humano esas relaciones. (R. Sartor, Santa Fe, 1995)

Hay una diferencia muy grande. Las ligas acá nacen fundamentalmente sobre el sector aparcero, que era la base, y que en general es el criollo, el gringo es el patrón. En general es así. No el patrón grande, ojo, el patrón mediano, el que esta en el medio. No es el estanciero. Aunque después el estanciero hace todo su trabajo también en contra, cuando se planteaba el derecho a la tierra. Pero acá la primera resistencia era el patrón que era gringo en general, que tenía entre 100 y 400 Has de tierra. Mucho más de eso no tiene, porque en Colonia Carolina anda por 100, 70 Has. Pero hay una cultura, el gringo acá tiene una cultura re-conservadora, viene con esa cultura. (S. Tomasella, Goya, 1996)

Con respecto a esas relaciones sociales conflictivas, sostienen Archetti y Stolen:

Las formas de control social y regulación de la conducta de los miembros de una comunidad-colonia no se vinculan al mundo de la producción: no hay énfasis en valores “campesinos” tradicionales como los de igualdad, solidaridad y fraternidad. El control social no regula los procesos de acumulación y ahorro sino, básicamente, las relaciones entre sexos y entre padres e hijos.  La relación con los cosecheros no aparece como una relación entre “iguales”, es un contacto entre órdenes culturales diferentes reforzada por la relación patrón-obrero. Es en estos niveles o sistemas de relaciones: productor-mercado, hombre-mujeres, padres-hijos, y productores-cosecheros que la Iglesia juega un papel fundamental (1988:169)[22].

Por eso este mundo sociocultural rural que formaba las bases de las Ligas tuvo en mayor o menor grado identificación con lo religioso, lo que se evidenció en su religiosidad, sus costumbres, en la relación entre sí y con la institución eclesial, y sobre todo en la integración o distinción entre los ámbitos religioso y gremial en la acción colectiva. Aunque se originó en gran parte desde la iglesia católica, productores de todas las confesiones integraron las Ligas, ya que según sus estatutos “…podía ser socio toda persona mayor de tantos años, y no se hacía distinción política, ni de raza ni de religión. Esas tres cosas quedaron claras.”(J.C.Berent, Misiones, 1996)

En relación a la religiosidad popular, un aspecto central en la cultura del criollo, hubo entre los curas del campo un debate sobre cómo entender esa cultura, “Entendemos que la cultura es inseparable de la situación social de la gente…es un poco la manera de pensar, costumbres, religión…partiendo de que es un pueblo religioso, de sentimientos religiosos…” (Víctor Arroyo, Goya, 1996)

En Corrientes la reflexión sobre la religiosidad popular siempre existió, aunque con distintas posiciones. Evangelización de la cultura hubo siempre, la teología de la liberación no fue algo forzado, fue algo natural. Hubo entre nosotros discusiones, pero siempre primó un común denominador de que la pastoral es inseparable del contexto socioeconómico de la gente… Coexistieron dos interpretaciones en la diócesis, Ramondetti con una visión muy crítica, y ciertos curas reconocen lo religioso del pueblo y también reconocen las alienaciones que comporta eso. Yo me doy cuenta de toda la sacralización de fatalidades y cosas que eso encubre, y tengo que hacer esfuerzos para despejar el panorama y ver en la gente una conciencia comunitaria o superadora de miserias que a veces parecen que no las pueden sanar, y tachan santos. Por ejemplo, con Julián Zinny compartimos un montón de cosas, sin embargo él ante lo religioso popular tiene otras características, hace una interpretación más generosa sobre el hecho religioso, y eso se lo discutimos… Yo ante devociones muy particulares digo claramente a ese lugar no voy, pero no entro a discutirle si el santo sí o el santo no… Esos aspectos alienantes de la religiosidad popular debían ser superados, me acuerdo de ese momento… había un grupo de curas que discutíamos bastante esta cuestión. Yo siempre fui crítico, soy correntino, cura en el campo, y ahora tal vez matice un poco aquella primera época. Al estar con la gente he aprendido a valorar algunos rasgos, pero no dejo de ser crítico sobre todo en aspectos de incompatibilidad con el cristianismo, o de convivencia humana”.(sacerdote Goya, 1996)

Nuestro pueblo sencillo, pobre, alejado…vos vas al campo al paraje más perdido y encontrás gente que tiene un altarcito, con unas imágenes, un cuadrito heredado de Santa Catalina, Santa Rita o Santa Irrita como le dicen…o la superstición, nuestra gente es muy supersticiosa, la familia hace novenas al santo. Siempre hubo un debate porque hay devociones muy polémicas. Por ejemplo, Antonio Gil, porque San La Muerte es más difuso, no tiene un centro único, sí tiene algunas casas, es una calavera sentada, un tipo que murió haciendo sus necesidades, extremada defunción, viste, je… Pero Zinny se quedó porque a él le intriga, dice que detrás esta el Jesús de la buena muerte…no sé, porque el origen de esa devoción es muy oscuro, a lo negativo, ¿la muerte…protector de qué?… Hay toda una línea de santos muy populares, que los resumís en diez, doce santos: Santa Catalina, Santa Rita, San Antonio, San Cayetano, la Cruz Gil. Sean santos de la iglesia o no ya la tradición los impuso. (sacerdote, Goya, 1996)

Hay fiestas religiosas que son un negocio familiar (…) Yo conozco la fiesta de San Baltasar, una devoción bastante del campo, una soberana festichola, se disfrazan de negros, es una vieja tradición y se castigan con unas especies de cuerdas con unas bolas de medias en los extremos, tipo boleadoras, se persiguen los llaman los cambar angá -los que parecen negros en guaraní- es un simulacro de peleas de negros. Va todo el mundo, generalmente es un recurso más que tiene la gente: hace la fiesta del santo, la gente deja plata, te cobran hasta la silla… je. Pongo el ejemplo por cómo se deforma eso, y desde una óptica liberadora hay que tener muy clara la cuestión. Pero además de todo este negocio familiar que no aporta a la devoción, hay celebraciones a las que voy, lugares donde hay una mínima organización comunitaria que acompaña al santo, rinden cuentas en qué se invierte… En mi zona pastoral generalmente con los catequistas estamos atentos, si se nuclea mucha gente en medio del paraje e invita al catequista, él va y colabora con lo comunitario cristiano, el servicio… y la cosa fue cambiando. Y otros lugares adonde directamente no se va, porque la cosa fue muy hermética…  Todo este tipo de religiosidad popular es más frecuente en los criollos, hay como una especie de inclinación cultural a la cuestión, pero el gringo no es tanto de esas devociones así privadas de santos, apoya al santo del lugar, es más oficial. (sacerdote Goya, 1996)

En relación a la religiosidad, el gringo es cultualista, para ellos hay que cumplir con los días de precepto, de domingo, día del santo. Se respeta a los muertos, por ejemplo, ir al cementerio, prender una vela, un ramo de flores. El altarcito en la casa a los santos. Cada uno tiene su santo, una religiosidad muy fuerte. Las demás iglesias, vos te vas a una capilla y encontrás cien colonos y dos o tres criollos. Es así, el gringo tenía una separación muy grande. El domingo era el día del cristiano, después el resto era otra cosa. Eso costó y cuesta muchísimo: hacer que uno es cristiano todos los días es una cosa muy difícil. (R.y E Sartor, 1995)

El criollo tiene mucho más integrada su religión con el trabajo, con lo que es, con lo que hace, que el gringo. En las despensas, los almacenes, San Cayetano. La Virgen de Itatí significa mucho para la región, hacen peregrinaciones, promesas, todo eso está impregnado, es una expresión religiosa que hay. Ir a la iglesia, bautizar al hijo, la confesión no cuenta para los criollos en general porque la Iglesia obligue; sí cuando decidió anteriormente bautizar a sus hijos. Esa cuestión de pecado, y el pecado sexual que la iglesia remarcó tanto, y el pecado del concubinato, ellos no tienen en cuenta. Su religiosidad es aparte de toda esa estructura… El criollo es muy religioso, más que el gringo, y es mucho más sincero, tiene lo que es la religiosidad popular, pero no valorizada por el gringo, incluidos muchos curas (…) La iglesia creyó siempre que sabía todo y que la gente era la ignorante; el gringo apareció también, justamente con la gente criolla, como el que sabía. Pero el criollo sabía que el que lo jodía era él, entonces qué me vas a venir a hablar de justicia, de Dios, y qué se yo si me estás jodiendo. Eso hacía que a veces la integración no fuera posible, él escuchaba otra cosa que no es cierto, que no se practica. Para mí el criollo es mucho más consciente del pecado, pero, claro, el temor es otra cosa. El gringo tiene mucho temor al pecado. El criollo sabe que eso es pecado, pero bueno, cómo le vas a ir a decir vos que no se acueste con otra mujer que es malo. Qué va ser malo?, ja, ja. Yo de estas cosas, porque en la cuña tuve muchos amigos que, cuando el hombre toma dos, tres vinos y se pone a hablar se destapa. En ese aspecto el criollo es muy abierto, muy sincero. ¿Qué me van a venir a hablar de amor esos?  (dirigentes MR y ULAS, 1995)

La cuestión religiosa pesaba y pesa en el colono, incluso gente atea en la zona no había. Pesaba porque prácticamente era el vínculo cultural que tenías, los que venían era en lo único que tenían un poquito mayor de conocimiento que otras cosas. Sigue en gran parte así, el maestro, el comisario, el sacerdote son los elementos más cultos que había en su formación, prácticamente desde su llegada los primeros inmigrantes… La colonización de acá creó un precedente muy distinto a otros lugares, porque avanzó mucho antes que los planes. Eran camadas de inmigrantes que venían y hacían. Eran ámbitos diferenciados el gremial y el religioso, porque los colonos apenas llegados tenían que resolver problemas de caminos, problemas de escuelas y cosas así, incluso teníamos que resolver problemas de cementerio (el caso típico de Los Helechos que tiene ocho cementerios). Hubo un sentido de solidaridad inmediata casi entre la gente, aún incluso entre diferentes razas y religiones se dio eso. Cosa que mucho se perdió con el tiempo, pero la necesidad de supervivencia llevaba a eso, a que tenían que ser solidarios… (E Péczac, Misiones, 1996)

Yo sé de casos de otras iglesias que participaron en los actos pero a nivel personal, sin mayor compromiso para la congregación de ellos, como la iglesia adventista que en un primer momento fue muy cauta y se mantenía al margen por el asunto del cuco del comunismo. El grueso eran católicos, pero hubo iglesias protestantes que en otras zonas participaron y muy activamente en concentraciones, como cuando hicimos la marcha a Posadas, pero a nivel personal y no masivamente. Están los grupos cerrados que nunca participaban, pero el resto participó. Después cuando hubo ya mayor represión la mayoría se replegó. Parecería que el aspecto religioso no se tenía en cuenta para la actividad gremial, siempre se hablaba más por la madre patria (Ucrania), ante un país en desgracia sus hijos se sienten muy identificados. A nosotros esa cuestión de nacionalismo nos prendió, justamente por eso de que no existía un país. Y hoy día no, hoy me siento más integrado, mucho más argentino, porque participé en todo eso, pero por tradiciones no voy a perder mis raíces que son hoy tanto culturales y religiosas. Lo que marcamos ahí es que mucho tiempo nos conformó eso. Somos católicos de rito bizantino. Lo diferente es el rito, no el sentido. (E Péczac, 1996)

Por acuerdo Brest Litvosk nuestra jerarquía aceptó nuevamente el liderazgo máximo del Papa, pero con nuestras tradiciones y el rito… cambiar al rito latino sería un híbrido que no va, y por religiosidad vos lo ves la participación religiosa es muy amplia en toda la zona. A pesar de que somos cuatro gatos nuestras estructuras las tenemos bien armadas, y la fidelidad que tenemos es motivo a que en los pueblos agarrás nos agarra… (E Péczac, 1996)

Donde el cura participaba la gente asociaba y había otros lugares en donde eran ámbitos diferenciados. Según como la gente está participando o no en la iglesia, y según el cura que estaba en el lugar. Aunque muy pocas veces se ha planteado en esos términos (M.Guilbard, 1996)

En el MAM también eran ámbitos diferenciados en gran parte, la Iglesia se mantuvo bastante neutra al menos en nuestra zona, con un accionar bastante limitado…eran pocos los sacerdotes, hubo una religiosidad aparte que era la comunitaria, que suplía cuando no podía venir el sacerdote la gente la practicaba. Y en ese caso mi hermano (Pedro Péczac) era justamente uno de los líderes de la juventud de nuestra iglesia en ese lugar…Se hacía de la forma que a nosotros nos parecía más conveniente, pero sobre todo de juntar a la juventud los domingos, de estos grupos de juventud después hubo participación en el MAM. Hay una ceremonia que es típica de la colectividad ucraniana que es para Navidad, que hay un grupo de cantores, con chicos y adolescentes, que recorre todas las casas. Todos los años hacen esas visitas con villancicos. Era una cosa muy linda que nos permitía conocer a todas las colonias y llegar a todas las casas y éramos bien recibidos. En este caso teníamos mucha presencia dentro de la comunidad…y que la seguimos teniendo. Nos dio experiencia sin saber que esto sería por otro, es como que uno se había preparado para esa tarea de trabajo con la gente. (E Péczac, 1996)

No obstante, también pueden detectarse unión o conflictos entre los gringos, derivados de viejas diferencias históricas o de las diversas creencias religiosas existentes en provincias con colonización europea. En relación a esto la Iglesia católica contribuyó a movilizar bases sociales de diferentes iglesias -se detecta en los hechos o en forma consciente un ecumenismo entre Iglesias a partir del accionar de las Ligas- en función de reclamos gremiales.

Cada uno de nosotros los inmigrantes teníamos la cultura de nuestro lugar de origen, porque en cuestiones de guerra tenés que ver: los alemanes con los polacos se odiaban. Nosotros (eslavos) algunos otros sectores con los polacos tampoco anduvimos bien por problemas de guerra. Nuestros abuelos recordaban que en aquel lugar se peleó esa masacre de Aquero, y eso todo se trasladó acá, y trajo dificultades. Creo que se consiguió superarlas en gran parte, ya no hay ese odio racial, que no era tan racial sino de cosas que sucedieron. Si vos mirás un poquito lo que aconteció en el ‘36 es casi el preludio de la segunda guerra mundial acá, porque los elementos italianos y alemanes agarran y se juntan contra los elementos eslavos y producen lo que es, ahora para mi reconstrucción, la masacre del 36. Mi abuelo estaba en uno, y en la zona del campo de más eslavos. Entonces te da un resultado muy difícil de superar, y eso son nuestras raíces confusas, complejas. En nuestra zona lo último que apareció es la Argentina, que es el maestro que llegó. (E Péczac, 1996)

Otra cosa que dificultó mucho el trabajo fue la cuestión de las razas y de las religiones. Llegamos a tal punto que tuvimos que hacer reuniones en un club, o en el galpón donde se hacían bailes o en algún lugar así. Porque si convocábamos la reunión en la casa de un católico no iban los de las otras religiones, si la hacíamos en la casa de un no católico, los católicos no iban. Si la hacíamos en la casa de un alemán no iban los polacos, y viceversa. Entonces la historia ya traída de Europa los separaba. Eso también nos dio muchos chascos porque… cosas que ahora parecen un sueño, pero veinte años atrás era impresionante lo que se tenía que considerar…Y religiones acá vos tenés para tirar para arriba: los católicos, los protestantes -bautistas, adventistas, sabatistas; y dentro de los adventistas están los polacos por un lado, los alemanes por otro. Cada uno tiene su religión aparte. (S. y J.C. Berent, Misiones, 1996)

Sin despreciar a las demás, pero en este tiempo eran más bien los católicos los que se movían. Y eso en el movimiento más bien lo reunía, como tenían los católicos más acercamiento. Como siempre el colono, el agricultor es bastante desconfiado para esas cosas, pero donde nos veía a nosotros se acercaba más, al sacerdote…hubo trabajo de promoción en las colonias para ir superando la cerrazón, porque muchos colonos que nunca se conocieron en las reuniones y en las asambleas se conocían, algunos hablaban. (Alberto Markiewicz, Misiones, 1996)

Hay pueblos que tienen seis, siete templos de distintas iglesias… Y nos siguen invitando, hasta hoy nos invitan a sus fiestas. Y saben que somos católicos, porque nosotros toda la vida nos presentamos como católicos (…) Se da mucho el ecumenismo naturalmente. A partir de la convocatoria de las ligas y de las reivindicaciones se da una integración de razas, de religiones, política. Conviven radicales, peronistas, los demócratas. Así que todas esas cosas que por ahí te dividen: la religión, la cultura, tu grupo étnico, en este momento es tan fuerte lo que plantean las ligas como unidad, que está por sobre esas cosas, aunque cada uno mantiene lo suyo. Por ejemplo, se da un casamiento mixto, el de Inés y Arturo, que dan un cura católico casado y un cura protestante, de la iglesia luterana, allá en Urdinarrain. Había una integración muy fuerte con protestantes, anglicanos, sabatistas (…) Acá cerca de Crespo, una colonia de unos alemanes, querían hacer una reflexión con la Biblia porque ellos se habían dado cuenta de que era una lucha por la justicia y que tenía todo un basamento bíblico el trabajo que se estaba haciendo… (M. Rébora y B. Chiapino, 1995)

La complejidad de esta situación llevó a que para avanzar en la organización provincial y regional hubiera que sortear las dificultades en la integración de las distintas colectividades…

Dentro de la comisión no se veía casi eso, pero cuando vos pedías una colonia donde había muchos alemanes y vos eras polaco, como yo, o ucraniano, no te aceptaban mucho. Ya teníamos la estrategia, entonces lo llevábamos a Juan Carlos (Berent), que era descendiente de alemanes, o Antonio Hartmann, entonces bastaba que rompa el hielo con unas palabras en alemán o algo así para que la gente tome confianza. Aunque eso se fue superando, nunca había que tocar temas religiosos porque vos no sabés la gente que estaba ahí, de golpe era o anticristiana o era de otra religión. Si nos invitaban a una fiesta religiosa de ellos teníamos que ir, porque si no quedábamos en la ofensa de no ir. (E. Kasalaba, Misiones, 1996)

El grueso era católico, y otros ritos, pero muy cercanos a la iglesia católica. Ortodoxo hay muy poco. Las otras iglesias participaron poco. De hecho, los lugares donde había luteranos, protestantes, la iglesia evangélica del R. de la Plata, que hoy en día parecen las más progresistas, participaron poco, y además después de eso decían menos mal… todas estas son cosas de Brasil… Pero en ese momento todos esos grupos protestantes, había entre los suecos, alemanes, ciertos sectores de ucranianos rusos sólo participaron un poco al principio cuando nació el MAM. (M. Guilbard, 1996)

La mayor presencia y participación de gringos o de criollos en la acción colectiva y reivindicativa de las Ligas varió según las provincias. Al respecto, Bartolomé (1975 y 1974) sostiene que “la naturaleza de la cultura establece los parámetros y límites para los tipos de cambios que pueden ser realizados en ellas…A pesar de la similitud esencial del bagaje cultural de los colonos, hubo diferencias significativas en sus estrategias colectivas que evidencian diferentes ‘nichos adaptativos.”

Siempre hubo en el MAM y en la comisión más gringos que criollos. Eso es indiscutible.” (M. Guilbard-Misiones, 1996) “Cuando se lanzan las ligas la participación de gringos y criollos no fue igual. El gringo es religioso, cumple, pero no lo metas mucho en cuestiones así utópicas de solidaridades, trabajo social…” (sacerdote Goya, 1996) Era pareja la participación de los criollos, los paraguayos y los gringos, no noté distinción. Quizá a veces los polacos un poco más, pero los otros no se quedaron muy apagados tampoco. (A. Markiewicz, Misiones, 1996)

Depende mucho de la zona, pero más que nada era la gente descendiente de extranjeros. Y los más combativos eran justamente ellos, los gringos. Para mí, muchas veces recordando, los más decididos a no aflojar eran por ahí los ucranianos, los polacos, que eran, yo no sé si por una cuestión de historia, pero de arremeterle y si tenían que salir, ir a un paro, o ir a parar a enfrentarse en la ruta con agentes, lo que sea…Por ahí el descendiente de paraguayo era más miedoso. (J.C. y S. Berent, Misiones, 1996)

El gringo casi no se sumó a las ligas (en Corrientes). Algunas familias sí, pero en bloque no. Porque eran patrones, y hay un problema cultural también. El gringo es cerrado contra todo cambio, vota al pacto liberal autonomista fundamentalmente, aunque no quiere decir que el criollo no lo vote pero está más atado. Es decir, la estructura del pacto, y aún de los otros partidos porque también el peronismo esta metido, lo tiene más levantado al gringo, le da más cabida. (A. Olivo, 1996).

…el caudillo, la gente más influyente estaba en las reuniones de la colonia y era elegida porque tenía que ser. La gente lo designaba porque hablaba, porque era alguien. La gente no se daba su lugar, cosa que después va apareciendo la inquietud, y se animaba a ser delegado cualquiera. (J.C. Urbani, Goya, 1996)

En síntesis, no fue sencilla la organización de un colectivo social a partir de tal diversidad de actores, intereses y culturas. No obstante, las Ligas Agrarias del NEA lograron a través de la formación, la organización y la acción colectiva conformar un movimiento que pudo expresarse, en una misma región y en una coyuntura de crisis común, con una conciencia de exclusión, con formas organizativas democráticas y con participación gremial reivindicativa. Realizarlo en realidades socio-económicas locales tan distintas fue parte de este complejo desafío.


  1. Esa irrupción de la protesta popular generalizada dividió a las FFAA, que trataron de recomponer las bases de sustentación del régimen militar ampliando sus alianzas a sectores vinculados al empresariado nacional y tratando de restablecer la relación con los partidos políticos. Así las FFAA -que con Onganía sustentaban al régimen militar pero no gobernaban- en la crisis asumieron institucionalmente el gobierno bajo la conducción del sector más liberal del ejército que, ante la radicalización popular, planteó la convocatoria de un “Gran Acuerdo Nacional”, cuyo objetivo fue aislar a la guerrilla, y dotarse de una base electoral para competir con éxito con el peronismo. (O’Donnell, 1982).
  2. El Plan de Reconstrucción y Liberación Nacional de 1973 y la Ley Agraria de 1974 planteaban un incremento de la producción agropecuaria mediante la sanción de la desinversión a través de un impuesto a la renta potencial de la tierra. Además se planteaba una transformación de la estructura agraria, tendiente a distribuir más equitativamente la propiedad de la tierra, a modificar la relación latifundio-minifundio, entrega de tierras ociosas o deficientemente explotadas, expansión de la frontera agrícola, nacionalización de las exportaciones de granos y carnes, suspensión de desalojos rurales y conservación de recursos naturales,
  3. Al respecto, es necesario definir popular y pueblo. Movimiento popular es el conjunto de organizaciones a través de las cuales participan, se expresan y se ven representadas las mayorías oprimidas y/o excluidas, que luchan contra las distintas formas de asimetría social provocadas por diversos colectivos sociales dominantes. Estas asimetrías se manifiestan en desigualdades en las formas de apropiación y distribución de bienes, que atraviesan la esfera económica, socio-cultural y política a nivel de clase, etnia, sexo, cultura, generación, región, etc Sobre la categoría pueblo surgen los aspectos reduccionistas: el pueblo no es una multitud o masa amorfa, y no se lo puede reducir a un concepto restrictivo de clase o fracciones de clase (aunque las incluya de manera relevante en tanto estas definen modos de apropiación y producción de determinada formación social); no es tampoco una sumatoria de organizaciones populares ni es reductible a concepciones unidimensionales de la cultura o de la Nación. El pueblo es la síntesis articuladora de múltiples organizaciones de clase, etnia, sexo, cultura, región, unificados en tanto conciencia histórica de nación, y sujeto de transformaciones sociopolíticas de las mayorías. Así, el pueblo expresa una síntesis del movimiento popular, más la memoria de sus experiencias históricas, de su cultura y continuidad en el tiempo, con las cuales construye su identidad colectiva, y la expresión de un proyecto histórico que opera como aspiración colectiva. Su común denominador está en el desarrollo de la capacidad de las mayorías para comprender, transformar y construir las estructuras sociales. (Dussell, 1987, Spoerer, 1984, P. Esquivel, 1990 y O’Donnell, 1982)
  4. Estos cultivos industriales controlaban una oferta en su mayoría atomizada de los productores y una demanda altamente concentrada, con gran incidencia en la regulación de la producción industrial, fijación de precios de materias primas y comercialización. A esta situación se agregaban factores propios de algunos cultivos industriales, reemplazo de ciertos productos (ej algodón por fibra sintética), caída de la demanda interna (ej yerba mate), sobreproducción y dificultades de exportación de stocks acumulados que afectaron especialmente a las cooperativas.
  5. Los reclamos por precios justos (fijación de precios mínimos), pago de remuneraciones atrasadas (ej sobreprecio del fondo especial del tabaco, o del mercado consignatario de la yerba mate), prohibición de importación de productos cultivados en el país, facilidades para exportar (té, tung, tabaco), reglamentación de leyes que regulaban ciertas actividades, distribución de tierras aptas para el cultivo.
  6. Esto lo expresó el Episcopado que concibió el retorno al estado de derecho como una instancia de disciplinamiento social. La CEA en documento 27/6/73 manifestó sus coincidencias con lo expresado por el gobierno peronista respecto a la reconstrucción del país en forma pacífica y priorizó las preocupaciones de los obispos que se refieren a la “necesidad de autoridad”, “responsabilidad del deber”, repudio a la anarquía, la intolerancia y el caos.
  7. Perón trató de que la Iglesia participe en el “Modelo Nacional”, en el que incorporó aspectos de la Doctrina Social de la Iglesia y la justicia social. Esto fue bien recibido en general por la jerarquía, aunque con distintas opiniones de los conservadores (veían a ese modelo nacional como occidental y cristiano y respondiendo a la tradición eclesial) y los moderados (alertan y “condenan el uso de la violencia, sea para mantener el orden establecido o para transformarlo, lo cual no quiere decir renunciar a la capacidad de lucha, ni a la voluntad de cambios”Los cristianos ante un proyecto nacional de país”, por Mons. Zaspe, Arzob. Santa Fe, 6/6/l974; en rev. CIAS n°18, jul. 1974.
  8. Hacen referencia entre otros a dirigentes del MR que después fueron dirigentes de las Ligas Agrarias: Remo Vénica e Irmina Kleiner del Chaco, Maris Rébora y Benjasmín Chiapino de Entre Ríos, Rosita y Juan Carlos Urbani de Corrientes y Formosa, Ofelia y Jorge Medina del Chaco, y Jorge Sartor de Corrientes.
  9. La educación no formal se propone como una alternativa a la pedagogía paternalista de la modernidad, que parte de una asimetría básica entre quien posee el conocimiento y quien debe adquirirlo. La tradición racionalista define al conocimiento espontáneo como pensamiento vulgar, no cultivado. Así maestro, escuela, estado y vanguardia son portadores de la razón y de modelos científicos y morales opuestos y en ruptura con los espontáneos, y no pueden sino desarrollar una pedagogía autoritaria. Freire franquea la barrera entre los educadores que se consideran sabios y los educandos considerados ignorantes, y propone una pedagogía de diálogo intercultural. Gramsci y Freire realizan un retorno a los postulados de la 3º tesis sobre Feuerbach, según la cual el educador debe ser educado, y el hombre nuevo tiene que ser producto de circunstancias y una educación distinta. Así la articulación de las diversidades y los procesos de transición y comunicación entre diferencias culturales pasan a estar en el centro de las preocupaciones. Yendo más allá, a partir de la 3º Tesis Freire planteó el problema de la praxis revolucionaria como lugar de los aprendizajes, y su relación con otras praxis culturales. (para este tema en los setenta ver Flora Hillert , Conrado Eggers Lan y Enrique Dussell)
  10. “PROYECTO DE LIBERACION como proyecto histórico nacional que se construye cada día un poco. El tema educativo y todo accionar humano no es más que una parte de un proceso de liberación que el pueblo oprimido…va construyendo día a día…Devolver al pueblo su condición de sujeto protagónico de la liberación nos obliga a romper críticamente con todo tipo de “aculturación” y dar contenido político a nuestra existencia personal… El gran desafío de este momento es iniciar a nivel docente ¿una verdadera revolución cultural?”. En” “Proyecto nacional y sistema educativo. Alternativas para un desafío”, F.U.S.T.E., Santa Fe, 1972:13
  11. Una sociedad en donde “Se va concentrando la tierra en manos de pocos. Existen grandes extensiones de tierra productiva sin explotar por falta de planificación (…)”En el mercado se da monopolio nacional e internacional, lo que perjudica a los pequeños productores. La legislación está hecha para mantener el sistema, y ha hecho de la propiedad privada un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones…Y en lo político,”…la mayoría del pueblo no tiene conciencia política, (…) ni desarrolló la conciencia crítica. En el sector obrero se nota más conciencia que el campesino. La minoría favorecida por el poder político desconoce al pueblo y su política para éste es de represión y violencia especialmente para aquellos sectores que toman conciencia de su situación.”…Vemos que estamos en un principio de liberación desde el momento en que nos planteamos y cuestionamos nuestra situación junto con los demás (…) esto nos debe plantear la necesidad de un compromiso y en unidad ir transformando esta sociedad para que realmente responda a las necesidades y valores del hombre.(Boletín Dirigente Rural del MR, abr. 1970)
  12. Urresti (2005:78/180) sostiene que, en términos de juventud entendida como experiencia histórica, es decir, como un modo de situarse en la facticidad concreta del mundo de la vida, se precisa ubicar la perspectiva generacional (que en plano simbólico define qué es ser joven) particular a partir del análisis de la sociedad en que vivió su experiencia social. En ese sentido en los años setenta era improbable tener afinidades alejadas de la política, y aunque esto no tiene que ver sólo con los jóvenes, en relación a las generaciones anteriores más que de un actor se trata de un emergente en su participación en la construcción de lo público que se produjo de los sesenta a mediados de los setenta.
  13. Hay una trayectoria semejante en movimientos rurales de otros países que comienzan con una fuerte influencia del ala progresista de la iglesia católica, que en el medio rural fue decisiva para la participación femenina, pues la iglesia es uno de los pocos lugares públicos que las mujeres siempre frecuentan y son estimuladas a hacerlo, legitimando en sus comienzos un mayor protagonismo femenino que podía chocar con una organización familiar donde tradicionalmente la mujer tuvo un papel subordinado, por lo menos en la esfera pública. (Paulilo, 2005)
  14. Género es una construcción socio-cultural que asigna roles, valores, mandatos y modos de actuar que determinan el modo de ser varón y mujer. Por ser una construcción social es pasible de modificaciones junto con los cambios históricos, culturales y de organización social. El rol asignado tradicionalmente por la sociedad a la mujer fue de reproducción biológica, madre, cuidadora de sus hijos y del hogar y trabajadora gratuita en la comunidad, y ha sido trasmitido por las diferentes instituciones sociales como la familia, escuela, iglesia, etc. La perspectiva o enfoque de género no es una temática de las mujeres, busca la transformación de las relaciones sociales, al situar en el centro de sus acciones el conflicto que implica la diversidad de intereses de varones y mujeres. Se trata de asumir el conflicto y negociar su solución, no consensuar porque lo que se disputa son las relaciones de poder. Para poder lograrlo es necesario introducir la perspectiva transversalmente en los programas y proyectos; articular la perspectiva del género con otras categorías sociales como etnia, edad, opciones religiosas, clase, et; y atender a las necesidades prácticas (rol reproductivo no es exclusivo, ampliar sus condiciones de vida a la familia) e intereses estratégicos (redistribución del trabajo en el hogar para lograr los espacios necesarios para actuar en los ámbitos sociales y públicos, Esto varía según el contexto sociopolítico). (Beatriz Noceti, 2000)
  15. Hay un debate en torno a qué impulsa más a las mujeres rurales hacia la acción colectiva, si los reclamos económico-laborales o las cuestiones de género. Pasar de un enfoque reivindicativo de clase a uno de género implica algunas dificultades, ya que hay contradicción entre libertad e igualdad si se presupone que lo que es bueno para el conjunto de los miembros de la familia es necesariamente bueno para la mujer. Una fuerte conciencia de las desigualdades de clase no lleva por agregación a una preocupación semejante con la desigualdad de géneros. En la difícil cuestión del cruzamiento entre las categorías clase y género, (Scott, Joan W. 1988. Gender and the politics of history. New York: Colúmbia Univ Press.) sostiene que clase y género son construcciones, representaciones, en donde la concepción de género se subordina a la de clase: “Assim sendo se, historicamente, as mulheres sempre fizeram parte da classe trabalhadora e, portanto, gênero e classe, tomados como fenômenos naturais, andam juntos, na história das idéia essas duas representações se excluem. Masculino/feminino não pode ser confundido com macho/fêmea e a construção do que é o universo do trabalho e do que são os direitos trabalhistas, e mesmo os direitos universais, traz imbricada em suas origens iluministas uma visão masculina do mundo, onde as mulheres aparecem como subordinadas”. (en Paulilo, 2005) En nuestro análisis esas ideas adquieren una dinámica propia en la acción colectiva, en la que las dirigentes de las Ligas Agrarias lograron construir una representación identitaria de género más igualitaria de la mujer a partir de su revalorización y la lucha gremial.
  16. Casi todas las entrevistas relevadas corresponden a ex integrantes, en su mayoría dirigentes, del MR de ACA y de las Ligas Agrarias en las provincias analizadas en este informe: Santa Fe, Chaco, Formosa, Entre Ríos, Corrientes y Misiones. También aportan su visión miembros de la conducción nacional y regional del MR de ACA: Beatriz Tudy Noceti, Maris Rébora y Osvaldo Quique Lovey, quien fue secretario general de Coordinadora Nacional Ligas.
  17. Queda claro el peso de la opinión del grupo, y que el marido queda también expuesto al ridículo cuando su mujer desafía las normas. Por eso, las militantes consideran que las acciones en grupo son más eficaces, porque si muchas mujeres actúan del mismo modo, las actitudes antes transgresoras van siendo consideras normales. (Deere, C.D. e Léon, M. 1999. Towards a gendered analysis on the Brazilian agrarian reform. Occasional papers no. 16. Amherst, MA: Center for Latin Am. and Caribbean Studies) En Paulilo, I: 2005)
  18. se define cultura como “la convergencia de las luchas del pueblo en la búsqueda de un proyecto que les permita identificarse, encontrar su propia identidad y realizar su propio destino. Este concepto de cultura que rescata el SENTIDO del pueblo, exige que se desnude la realidad a partir de un diagnóstico que llegue a las causas estructurales del mal que soportamos. No puede haber cultura nacional mientras esta no signifique acceder a un grado de conciencia que dinamice la lucha contra la dependencia, la lucha antiimperialista, y enfrentamiento con las clases dominantes… solamente la cultura popular, que va creando el pueblo en su lucha diaria, es la que puede rescatar el enmarque político de una verdadera cultura nacional, que son el germen de las luchas por la liberación.” (Informe del 1º Congr Problemática Educativa-F.U.S.T.E. 1972:11/12). Es decir, “el problema radica en cómo integrar las especificidades en lo general, en cómo se relacionan la identidad cultural a la identidad de clase.” (Gómez Hermosillo, Rogelio (1985)
  19. Max Weber sostiene que los grupos étnicos son aquellos “que a base de semejanzas del hábito externo o de las costumbres o ambas, o recuerdos de la colonización o emigraciones, conservan una fe subjetiva hacia un origen común, de tal manera que esta es importante para la propagación de colectivizaciones”
  20. Un rasgo cultural en el agro formoseño, de Misiones y Corrientes, es el bilingüismo castellano-guaraní, por la mayoría de la población de origen paraguayo, lo que influye en la marginación cultural del campesinado, a la vez que ofrece algunas formas de cultura de resistencia frente al castellano de los grupos dominantes. (Ferrara, 1973)
  21. Además de los polacos y ucranianos, fue muy importante la inmigración alemana en Misiones. En oleadas sucesivas, la colonización alemana en Misiones fue exitosa porque grupos diferentes con capacidades diversas se apoyaron mutuamente. Sin embargo, “la minoría de habla alemana de Misiones se dividía en varios subgrupos, que a su vez tendían hacia un aislamiento social (social closure) y una exclusión (closure of exclusión). En el desarrollo histórico no se produjo la homogeneización de los diferentes grupos (alemanes del Reich, teutos-brasileños, demás integrantes del grupo étnico alemán, alemanes del Volga, alemanes ucranianos, alemanes de África y Oceanía, austríacos, suizos, etc.) con sus respectivas subdivisiones (según la confesión, la cantidad de fondos, etc.). La historia de la colonización de habla alemana en Misiones es fragmentada. Es la historia de una asimilación no deseada y de una automarginación voluntaria”. (Meding,H., 1995:744/745)
  22. No obstante, para los autores la Iglesia difunde en 1970 la imagen de un “campesino” sobrio, ahorrativo, trabajador y buen cristiano que coexiste con el “patrón paternalista” “imagen de buen cristiano frente a los criollos”. Estas afirmaciones no siempre coinciden con las que aparecen en las entrevistas.


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