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3 El teatro musical mainstream en el marco de la economía globalizada

Para entender cómo el musical ha viajado y crecido alrededor del mundo y a lo largo del tiempo, existe un proceso fundamental que determina este acontecimiento: la globalización. Trabajos como los de Heras (2016) y Romera Castillo (2011) han abordado la influencia de la globalización en el musical, destacando la uniformidad en cuanto a los productos exportados. Por su parte, Romera Castillo (2011) explica cómo la noción de globalización, entendida como la tendencia de los mercados y empresas a extenderse y alcanzar una dimensión mundial, tiene una fuerte connotación mercantilista, puesto que ciertas empresas dominantes a nivel transnacional también han entrado a actuar en el terreno del arte como la pintura y la escultura, entre otras. A partir de éxitos como el de West Side Story, estrenado en Broadway en 1957, las carteleras de Broadway proporcionaron material importante para llevar a las tablas del terreno español.

Romera Castillo (2015) plantea una tipología de musicales de acuerdo a las características que adoptan según el marco de la economía globalizada, expresado en tres ejemplos significativos:

  1. Cuando un mismo compositor impone un modo de hacer en el teatro musical a nivel global, como es el caso del afamado compositor y productor británico Andrew Lloyd Webber, uno de los creadores más sobresalientes del género con obras como Jesucristo Superstar (1971), Sunset Boulevard (1993), Evita (1978) o El fantasma de la ópera (1986).
  2. Cuando el género ha recurrido a canciones sueltas que resultaron anteriormente éxitos para construir el musical; tales como Mamma Mía! (1999) u Hoy no me puedo levantar (2005).
  3. Cuando se han realizado adaptaciones de películas al teatro musical, como, por ejemplo: Cabaret (1966), Cantando bajo la lluvia (1983), Cats (1980), Sonrisas y lágrimas (1959) o El otro lado de la cama (2004).

Por otra parte, Heras (2016) apunta al respecto cómo la globalización tiende a universalizar y, sobre todo, a uniformar. Es un proceso fruto de la rapidez en el intercambio de la información con la aparición de una generación sumergida en YouTube y que hace que lo novedoso deje de serlo en una temporada. Es por esto que es más difícil encontrar propuestas artísticas que atraigan la atención y recepción por parte del público de manera significativa. Como apunta Gilles Lipovetsky (1994), las modas en la actualidad han dejado de ser sólo un aspecto estético de la vida colectiva para convertirse en elementos centrales que condiciona la producción y consumo de objetos, la publicidad, la cultura, los medios sociales y los cambios ideológicos y sociales.

En el ámbito español es frecuente encontrar ejemplos de espectáculos importados que muestran una tendencia a la globalización e importación de musicales foráneos. La cartelera madrileña, desde principios de este siglo, está centrada en éxitos en otros lugares como Londres o Nueva York. A Madrid llegan obras a través de franquicias del mundo empresarial, pagando los derechos pertinentes de representación (Romera Castillo, 2011). En España, autores como Fernando Doménech (2016) interpretan el fenómeno del musical mainstream desde el concepto de franquicia, importado del mundo comercial y a partir del paralelismo con el mundo de la moda. Con este concepto denomina una “réplica exacta del montaje original, con la única diferencia de las letras, traducidas al español. El resto, tanto la escenografía y el vestuario como el movimiento escénico, es idéntico al de la obra original” (Doménech, 2016: 490). Las compañías que interpretan este tipo de musicales contratan a intérpretes que tienen el mismo tipo de voz que la grabación original y los gerentes de la producción matriz visitan el resto de compañías para asegurar esta uniformidad. La intención, pues, es que todas las producciones que tengan licencia para llevarse a cabo sean idénticas a cualquier otra. Por tanto, esto en cierto modo supone un acercamiento al cine, pues tal clonación imita a la industria cinematográfica. Como una película, el musical se produce una vez y esta creación se congela y se exporta al resto de representaciones (Swain, 2002).

Unido a los procesos derivados de la globalización se encuentra el concepto de imperialismo, según el cual una nación poderosa domina para mantener su control e influencia sobre otras zonas más débiles. Una forma de ejercer esta práctica es utilizando la cultura a través de los medios de comunicación de masas y otras formas de producción cultural a través de las cuales se desarrollan ideologías o creencias y se consigue establecer los valores de la sociedad dominante sobre la otra (Mattelart, 1974; Schiller, 1976).

Ejemplo de ello es que, desde principios de la década de 1990, las industrias del entretenimiento ocupan la segunda posición en las exportaciones culturales estadounidenses detrás de la industria aeroespacial. Debido al aumento de los costes de producción en la industria del cine en EE.UU., los grandes estudios llevan a cabo estrategias comerciales a nivel mundial. Hollywood difunde sus películas en 105 países aproximadamente, pero en lo que a beneficios se refiere cuenta esencialmente con ocho: Japón, Alemania, Reino Unido, España, Francia, Australia, Italia y México (Martel, 2011).

Hollywood sigue produciendo películas que se manifiestan como “efecto de acontecimiento” a través de la promoción masiva y la compra de publicidad en medios de comunicación de gran tamaño. El éxito de taquilla para concentrar sus recursos, promoción y publicidad es uno de los métodos tradicionales para crear una mercancía intertextual, pero ha ido cambiando y desarrollándose. Ahora se incluyen también juguetes, videojuegos y objetos de colección, así como información sobre la fabricación o creación del producto cultural (Marshall, 2002).



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