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Representaciones sociales de nativos residentes en el AMBA
respecto de la bolivianidad

Una aproximación a la comprensión de la interculturalidad

Ramiro Nicolás Perez Ripossio

Resumen

El presente artículo aborda las representaciones sociales que la sociedad civil compuesta por nativos residentes en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) construye respecto de los migrantes bolivianos. De esta manera, partimos del estudio de las representaciones sociales acerca de los migrantes como un modo de aproximarse a la comprensión de las relaciones interculturales. La importancia de estudiar cómo se construyen las relaciones sociales entre nativos y migrantes radica en caracterizar uno de los procesos que han atravesado a la Argentina desde su constitución definitiva como Estado nación. En un primer momento, entre las décadas de 1880-1930, destacamos la llegada de migrantes europeos, principalmente italianos y españoles que, mediante una política de fomento de las migraciones con el objetivo de “civilizar” al país, la elite nacional política y económicamente dominante consiguió concretar el proyecto migratorio. Por otra parte, y si bien las migraciones sudamericanas se mantuvieron constantes respecto del total de la población, a partir de la década de 1960 comenzaron a adquirir visibilidad y relevancia debido a su localización en determinadas áreas del AMBA y a su presencia en el mercado del trabajo. Como punto de partida, pensamos que las relaciones interculturales en el marco de la sociedad receptora se construyen como relaciones de dominación, expresando un conjunto de asimetrías que se perpetúan a favor de los sectores culturalmente dominantes en detrimento de los colectivos migratorios. La hipótesis que guía este trabajo radica en asociar las relaciones interculturales como relaciones de dominación social a un conjunto de códigos que de manera moral y hegemónica establecen criterios de normalidad-desviación funcionales a un determinado tipo de relación social. En este caso, presentaremos cómo caracterizan los nativos residentes en el AMBA a los migrantes bolivianos. Estas caracterizaciones emergen de un conjunto de preguntas abiertas que persuaden a los encuestados de definir cómo “son” los bolivianos. Si bien el abordaje metodológico es cuantitativo, siendo la encuesta la técnica de investigación utilizada y el cuestionario el instrumento mediante el cual se construyeron los datos, se seleccionaron algunos interrogantes abiertos que permiten realizar un análisis cualitativo orientado a comprender el modo en que las relaciones sociales entre nativos y este colectivo migratorio se producen. Este artículo se enmarca en el proyecto de investigación UBACyT: “Los puentes entre el Poder Judicial, la institución educativa y la sociedad civil ante la diversidad etno-nacional en el AMBA”. Programación: 2014-2017. Director: Dr. Néstor Rubén Cohen, del cual el autor del artículo se desarrolla como investigador en formación.

Palabras clave

Representaciones sociales; migraciones; interculturalidad.

Introducción

El presente artículo expone las representaciones sociales de la sociedad civil (varones y mujeres de entre 18 y 65 años) residente en el AMBA (Área Metropolita de Buenos Aires) respecto de migrantes bolivianos. Nos focalizamos en comprender estas representaciones como un modo de aproximarnos al estudio de las relaciones interculturales en el marco de la sociedad receptora. Específicamente caracterizamos estos discursos atendiendo a los contenidos estigmatizantes respecto de este colectivo migratorio.

Presentamos, en primer lugar, el marco teórico de la investigación en curso haciendo foco en los conceptos que consideramos más relevantes. En segundo lugar, mencionamos la metodología caracterizando el enfoque, la técnica, el instrumento y el procesamiento de la información obtenida. En tercer lugar, exponemos las principales representaciones sociales acerca de este colectivo migratorio con el fin de cuantificarlas. Por último, llevamos a cabo un análisis cualitativo que profundiza en la comprensión de aquellas representaciones que se han hecho presentes.

Cabe destacar que lel artículo se enmarca en una investigación en curso contenida en el proyecto UBACyT: “Los puentes entre el Poder Judicial, la institución educativa y la sociedad civil ante la diversidad etno-nacional en el AMBA”. (Programación científica 2014-2017). Director: Néstor Rubén Cohen.

Marco teórico

Los principales asideros teóricos del artículo indican que las relaciones interculturales se constituyen como relaciones de dominación (Cohen, 2009). La dominación social que atraviesa el fenómeno intercultural implica la conformación de representaciones sociales acerca de la alteridad de un modo que desvaloriza lo diferente. La diversidad cultural, entonces, se traduce en términos de conflictividad anclada en asimetrías y antagonismos que conforman polos de dominados y dominantes.

Siguiendo a Jodelet, las representaciones

constituyen modalidades de pensamiento práctico orientados hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal. (…) La caracterización social de los contenidos o de los procesos de representación ha de referirse a las condiciones y a los contextos en los que surgen las representaciones, a las comunicaciones mediante las que circulan y a las funciones a las que sirven dentro de la interacción con el mundo y los demás. (…) La representación es tributaria de la posición que ocupan los sujetos en la sociedad, la economía, la cultura (Jodelet, 1986: 474).

Así, nos aproximamos a la definición del migrante desde la noción de extranjeridad planteada por diversos autores. De este modo, para Schütz (2003) y Elias (2003) representa la figura del “forastero”, mientras que Simmel (2002) se refiere al “extranjero”. Ahora bien, más allá de estos rótulos, estos autores proporcionan un marco interpretativo que podría aplicarse a otros sujetos; es evidente que en los tres casos existe una clara referencia respecto de los sujetos migrantes.

Las interpretaciones de Simmel (2002) revelan la complejidad de las migraciones como una de las formas en las que se expresa la extranjeridad. De este modo, el migrante condensa la “cercanía de lo lejano”, implica una extrañeza que intercepta la vida social de aquellos que poseen un sentido de pertenencia común. Los migrantes encierran entonces una doble indeterminación: exterioridad y confrontación, una combinación que genera extrañeza acentuando las diferencias respecto de los nativos. Por eso mismo surge un aspecto que contempla la figura social del extranjero: la sospecha. De este modo, el migrante es puesto en duda, se lo recibe, pero no se lo incluye, ya que es visto como aquel que pone en peligro los lazos del grupo (Penchaszadeh, 2008).

Por otra parte, Elias (2003) recupera al “forastero” desde una perspectiva que entiende la formación de grupos sociales asimétricos. Así unos concentran el poder y se asignan características superiores y a su vez inferiorizan a los “recién llegados”. En este sentido, la dimensión temporal entre “establecidos” y “forasteros” es notoria. La cohesión social al interior de los grupos se relaciona con la construcción de un pasado común. Esa conformación genera exclusión y estigmatización social, y el principal mecanismo consiste en exacerbar las “malas” características de lo “peor” del grupo, su minoría anómica. A su vez, se destacan las características más sobresalientes del grupo dominante, permitiéndole a este reafirmar su posicionamiento. Esto provoca una configuración social específica, denominada prejuicio, que evidencia la distribución desigual como una condición necesaria para que la estigmatización se haga efectiva.

De un modo complementario, Schütz (2003) entiende que el “forastero” quiebra el acervo de conocimientos disponibles que permiten interpretar los significados de las acciones que le otorgan sus actores. Ese conocimiento de sentido común que establece un marco interpretativo de la vida social representa un acervo de conocimientos disponibles que permiten interpretar las situaciones de la vida social. En términos del autor, la pauta cultural representa un modo de vivir socialmente, un conjunto de recetas verificadas y aceptadas que permiten el entendimiento común. En este sentido, el extranjero no se adapta a la pauta cultural, no comparte una tradición con la sociedad receptora, posee otra pauta cultural que para él es válida e interpreta las nuevas situaciones desde ella; es visto como un recién llegado, como un “hombre sin historia”.

Por otra parte, consideramos que el estigma (Goffman, 2001) representa un modo de organizar relaciones sociales. Asignar determinados atributos a quienes se consideran diferentes permite definirlos, etiquetarlos de manera tal que se los ubique en una posición social que los desvalorice y los desacredite. El estigma refiere a un atributo de determinados sujetos profundamente desacreditador que puede expresarse mediante tres formas específicas: abominaciones del cuerpo, tales como deformidades congénitas o adquiridas; perturbaciones mentales que hacen al carácter del sujeto, como la homosexualidad o las adicciones; y estigmas que se relacionan con la raza, la religión y la nación. En el caso de los migrantes bolivianos y paraguayos, se les asignan características que se enmarcan en un estigma cultural relacionado con su nación, raza y costumbres. Siguiendo al autor, establecemos que los migrantes bolivianos y paraguayos encierran una tensión entre “desacreditados” y “desacreditables. El desacreditado es aquel cuyas características que son objeto de estigmatización son claramente visibles, mientras que el desacreditable en sus cualidades como diferente no resultan evidentes para quienes lo rodean. Probablemente otros grupos considerados desviados contengan dicha tensión; sin embargo, el caso de los migrantes bolivianos y paraguayos es particular. Algunas cuestiones de carácter fenotípico se asocian a estos colectivos migratorios: color de piel, rasgos corporales y expresiones y modalidades del lenguaje pueden ser fácilmente perceptibles. Sin embargo, otros atributos no son claramente evidentes; la condición de migrantes puede inmiscuirse en la cotidianeidad.

Siguiendo a Quijano (2000), la raza, durante la conquista de América, les permitió a los europeos garantizar una dominación social estable sobre los indígenas. El colonialismo implicó un determinado patrón de poder que consintió en legitimar este orden social de acuerdo a un criterio clasificatorio sobre la población indígena y europea. Del mismo modo, la inferioridad de los indígenas y su sojuzgamiento se legitimó mediante este patrón de poder.

Como hipótesis central establecemos que las representaciones sociales de los miembros de la sociedad civil se encuentran atravesadas por una matriz cognitiva que mediante la idea de raza estigmatiza a la población migrante.

Metodología

El enfoque metodológico cuantifica de manera univariada las frecuencias en las que aparecen determinadas representaciones sobre migrantes bolivianos y paraguayos. Además, pretendemos realizar un análisis cualitativo que identifique contenidos estigmatizantes y compare esas representaciones describiendo diferencias y semejanzas de ambos colectivos migratorios.

La técnica de investigación utilizada fue la encuesta, el instrumento de producción de datos fue un cuestionario estructurado que contempló una multiplicidad de dimensiones. En este caso, nos centramos en el siguiente interrogante contenido dentro del mismo: Si tuviera que elegir una palabra que describiera cómo son los migrantes que viven en la Argentina, ¿qué palabra elegiría? – bolivianos-paraguayos. Este interrogante abierto permite a los encuestados mediante una única palabra caracterizar a estos colectivos migratorios. De este modo, las características que contemplan los interrogantes de carácter abierto permiten aproximarse a la investigación de las representaciones sociales permitiendo así profundizar en un análisis cualitativo. Muestra: Se diseñará una muestra no probabilística intencional por cuotas de 240 casos, segmentada de la siguiente manera:

Mujeres Varones
18 a 29 años 40 40
30 a 49 años 40 40
50 a 65 años 40 40

La selección de los entrevistados se llevará a cabo por rastreo a partir de contactos iniciales. Posteriormente se realizaron 161 encuestas más contemplando una muestra total de 401 casos.

Procesamiento de la información: Se codificará y procesará la información de acuerdo a un plan de tabulados orientado por las hipótesis y objetivos de la investigación, utilizando para el procesamiento estadístico el programa SPSS, que permitirá tratar la información con vistas a alcanzar, en este caso, los objetivos descriptivos propuestos.

Caracterización de las representaciones sociales de la sociedad civil respecto de los migrantes bolivianos

Las representaciones sociales de la sociedad civil respecto de los migrantes bolivianos implican aproximarse a la investigación de las relaciones interculturales en el marco de la sociedad receptora. De este modo, como ya definimos anteriormente, estas relaciones sociales se constituyen como relaciones de dominación en las que prima antagonismo y asimetría. Además, de acuerdo a los objetivos propuestos se identifican en este apartado las principales caracterizaciones sobre este colectivo migratorio por parte de la sociedad civil y se describen aquellas caracterizaciones que responden a contenidos estigmatizantes.

A continuación presentamos un gráfico univariado que permite realizar una primera aproximación a la caracterización antes mencionada:

Representaciones acerca de bolivianos. Población nativa de 18 a 65 años (CABA, 2015)

p1

Fuente: Elaboración propia.

En el cuadro 2, cuando nos aproximamos a analizar de qué manera los residentes nativos de la CABA de 18 a 65 años caracterizan a quienes identifican dentro del colectivo de migrantes bolivianos, encontramos que casi un 40% (39,4%) los señala con los calificativos “trabajadores/laburantes/obreros”. Si los nativos residentes en CABA caracterizan en casi un 40% a los migrantes bolivianos como “trabajadores/laburantes/obreros”, otras de las representaciones que más se destacan son las de “verduleros” (8,3%),

Las representaciones sociales que se asocian a características negativas son: “sucios/olorosos” (6,1%), “sumisos/tímidos” (5,1%), “abusadores, vividores, abusivos, pedigüeños” (4%) El resto de las representaciones refieren a “bolita” (2,8%), “basura/detestables” y “respetuosos/invasivos” se encuentran en el 1,7%.

En consecuencia, notamos nuevamente que los migrantes bolivianos quedan directamente asociados al trabajo, siendo la representación más frecuente, que representa al 47,7% de la muestra incluyendo la categoría “verduleros” en alusión a la calificación de la fuerza de trabajo.

Por otra parte, presentamos un conjunto de categorías que constituyen negativamente a este colectivo migratorio. Si agrupamos estas categorías, las mismas representan el 19,7% del total de la muestra.

Análisis cualitativo en torno a las representaciones de los bolivianos

Si tomamos como referencia las teorizaciones de Goffman (2001), consideramos que las caracterizaciones estigmatizantes a las que hacen referencia los encuestados se conciernen fundamentalmente a estigmas relacionados con la nación, raza y las costumbres. Aunque también pueden referir a estigmas que impliquen perturbaciones mentales, por ejemplo, la adicción al alcoholismo. Además, tal como lo destaca el autor, algunos estigmas se relacionan con abominaciones del cuerpo, deformidades físicas. De esta manera, el estigma representa una categoría analítica cuyos referentes empíricos pueden encontrarse en una pluralidad de formas. La normalidad es una característica de aquellos sujetos que carecen de cualidades que se alejan de las expectativas aceptadas socialmente. Esto configura una relación social, ya que la normalidad establece criterios de desviación siendo los diferentes estigmas los que le dan sustento a esa relación social desigual y asimétrica. Por eso mismo, Goffman (2001) va a mencionar la discriminación como resultado de una teoría del estigma que la normalidad crea con el fin de racionalizar la inferiorización de aquellos que incurren en el incumplimiento de las expectativas que la sociedad espera de ellos.

En el caso de las representaciones sociales a los migrantes bolivianos, destacamos algunas de ellas: “sucios/olorosos”, “sumisos/tímidos”, “abusadores, vividores, abusivos, pedigüeños”, “bolita”, “basura/detestables” e “irrespetuosos/invasivos”.

Estas representaciones sociales hacia los migrantes bolivianos se asocian, como en el primer caso, a cuestiones culturales relacionadas con la nacionalidad; sin embargo, percibimos también algunos aspectos que se relacionan con el cuerpo, sin hacer menciones de las deformidades, pero sí de determinadas alteraciones. Así, las caracterizaciones como “bolita”, “irrespetuosos/invasivos” y “sumisos/tímidos” refieren a estigmas relacionados con la cultura y la nacionalidad, aquellos que refieren a “sucios/olorosos” y “basura/detestables” se asocian al cuerpo, el rechazo tajante le da importancia al olfato como un modo de clasificar a la población boliviana ajena a la higiene personal. De este modo, lo “detestable” o la “basura” también queda emparentado con rasgos fenotípicos que son asociados a características que generan una fuerte exclusión social hacia estos colectivos.

Como sostiene Goffman (2001), los sujetos portadores de estigmas pueden ser desacreditados, es decir, inmediatamente caracterizados como anormales debido a la visibilidad de sus atributos, o bien, pueden ser desacreditables en la medida en que esos atributos, que los caracterizan como diferentes, permanecen ocultos y, por lo tanto, no son directamente perceptibles. En este sentido, creemos que los sujetos migrantes pueden ubicarse en ambas categorías; sin embargo, pareciera ser que se encuentran algo más relacionados con la figura del desacreditable, en la medida en que sus atributos físicos no pueden ser estereotipados con facilidad, mientras que aquello que los distingue permanece en muchos casos encubierto. De esta manera, la visibilidad o no de un estigma se relaciona con una dimensión simbólica que los sujetos portadores de tales características pueden ocultar con mayor o menor posibilidad dependiendo de cuáles sean. Así, el encubrimiento del estigma que evidencia la inferioridad del sujeto puede no ser directamente perceptible brindando la posibilidad al estigmatizado de ocultar esa información que lo diferencia. En el caso de los migrantes sudamericanos, y tomando como referencia a la sociedad civil, la figura del desacreditable se ajusta coherentemente en la medida en que las representaciones sociales hacia estos colectivos destacan aspectos culturales. También algunas de estas representaciones se asocian a la figura del desacreditado, debido a que se hace hincapié en las características fenotípicas. De este modo, los migrantes sudamericanos deben ser “descubiertos” y caracterizados de algún modo. El cuestionamiento y la desconfianza permanente sobre ellos instauran un régimen de sospecha y duda que permite destacar la construcción de determinadas características culturales de forma negativa.

Siguiendo a Rivero Sierra (2011) en sus conceptualizaciones sobre la discriminación, hacemos hincapié en el aspecto ideológico del concepto. Así en la discriminación, donde además de la operación de distinción misma, se establecen relaciones de valor entre los miembros de esa clase y otra y donde hay ciertas relaciones de poder de la clase “sobrevalorada” sobre la otra y rechazo o inhabilitación por parte de quien discrimina hacia el discriminado. Los estigmas permiten entonces hacer efectiva la discriminación sobre los migrantes bolivianos.

Planteamos entonces que estos discursos que caracterizamos como representaciones sociales vehiculizan prácticas discriminatorias. Estas prácticas representan la cara tangible de la discriminación. Las acciones de rechazo e inhabilitación son aplicadas arbitrariamente sobre los discriminados, legitimados a través de presupuestos falsos o ideológicos para establecer una desigualdad y antagonismo de las relaciones interculturales.

Profundizando en el análisis y retomando la hipótesis de la investigación recuperamos las interpretaciones de Quijano (2000) que giran en torno a caracterizar la conquista de América estableciendo que la misma generó un determinado patrón de poder. Este proceso histórico y social es definido por el autor como “colonialidad” que funda una clasificación universal, racial y étnica de la población del mundo anclada en el eurocentrismo, entendida como una perspectiva cognitiva que perpetuaba y naturalizaba la dominación social sobre los indígenas. Este patrón de poder mundial tomó la “globalidad y la colonialidad como fundamentos y modos constitutivos de un nuevo patrón de Poder” (Quijano, 2000: 1).

De este modo, los procesos de clasificación social ocurren cuando el conflicto se relaciona con la explotación y la dominación; la raza es entonces una instancia central respecto de la cual se organizan las relaciones sociales bajo la forma de relaciones sociales de dominación. La matriz social creada desde esta perspectiva consideraba de modo ahistórico a las sociedades y le otorgaba a su organización un carácter universal y necesario que resultaba fundamental para efectuar esa clasificación social como si se tratase de algo “natural”. Si bien las expresiones racistas no se agotan a la conquista de América, sí creemos que esta representa un momento fundamental en la historia del racismo, debido a su impacto y persistencia en América Latina.

Retomar la hipótesis central del trabajo permite establecer los asideros de los contenidos estigmatizantes que se observan en las representaciones sociales hacia los migrantes bolivianos y paraguayos. Así, entendemos que los estigmas que se les imputan a estos colectivos migratorios son los vehículos fundamentales para que la discriminación hacia ellos se efectivice. En este sentido es que retomamos las consideraciones de Quijano (2000) entendiendo que en la sociedad civil actual del AMBA persiste una matriz cognitiva que clasifica y dicotomiza la población nativa y migrante mediante la raza como resultado de un proceso histórico cuyo anclaje fundamental se remonta a la conquista de América.

Estos estigmas de los que son portadores los migrantes bolivianos conforman relaciones sociales entre nativos y estos colectivos mediante criterios de normalidad-desviación. Según Becker (2010), existen diversos tipos de desviación siendo los extremos opuestos la conducta desviada y fácilmente identificada y los normales, aquellos que acatan las normas sin cuestionamientos. Sin embargo, como sostiene el autor, existe un tipo de desviación que resulta relevante de ser caracterizada: la desviación secreta. Este tipo de desviados mantienen sus características que los transforman como tales de modo inadvertido. La figura social del migrante sudamericano (bolivianos en este caso) puede ajustarse a este tipo de desviación “encubierta”; la extranjeridad encierra el “horror” de la indeterminación dificultando la posibilidad de generar determinados lazos de socialidad.

Es que resulta complejo, en una vida social regulada por antagonismos binarios, la posibilidad de comprender la indeterminación de aquellos que reúnen “lo que está afuera” y “lo que está adentro”. Nos referimos particularmente a los colectivos migratorios sudamericanos que, si bien no son homogéneos, la construcción social que de ellos se produce tiende a homogeneizarlos en un intento por presentarlos como sujetos sociales antagónicos a los nativos. Pero es aquí donde la problemática se complejiza; como sostiene Bauman (2011), el extranjero “amenaza la socialidad en sí misma”, ya que en principio no puede categorizárselo de un modo dicotómico respecto de los nativos o más precisamente “el extranjero es un miembro de la familia de innombrables” (Bauman, 2011: 95) y al no poder ser clasificado, la dominación social sobre los colectivos migratorios no puede hacerse factible.

Aquí es donde las interpretaciones de Quijano (2000) vuelven a cobrar relevancia ya que: si los migrantes bolivianos y paraguayos encierran una indeterminación que dificulta su clasificación, ¿cómo es posible que hablemos de la interculturalidad en términos de relaciones de dominación? En este sentido, y basándonos en otras investigaciones de las que el autor del artículo ha formado parte, hemos percibido que las migraciones sudamericanas son interpretadas en clave comparativa y en relación con las migraciones europeas cuyo auge se registra a principios del siglo XX. Las representaciones sociales de relativa actualidad de la sociedad civil apuntan a la revalorización de lo europeo relacionando esta migración con el trabajo y con la construcción del Estado nación. En relación a este colectivo, los migrantes provenientes de Bolivia y Paraguay son en gran medida desvalorizados. Las categorías mencionadas anteriormente si bien destacan el trabajo como característica fundamental, otras representaciones contemplan características fuertemente negativas.

Como sostiene Cohen (2004), es evidente que existen perfiles perceptivos respecto de la otredad claramente diferenciados. Estos discursos se encuentran atravesados por una dimensión temporal; las migraciones europeas y sudamericanas como procesos sociales han ocurrido en tiempos disímiles.

Si pensamos en las migraciones europeas, los discursos citados de los entrevistados las relacionan directamente con: trabajo, progreso, adaptación, construcción identitaria y desarraigo cultural. Mientras que las migraciones sudamericanas son relacionadas con: aprovechamiento, inadaptación, arraigo cultural, droga y delincuencia. Como sostiene Pacecca (2006), el migrante europeo constituye el “buen migrante” (blanco, civilizado y trabajador), mientras que el migrante sudamericano constituye el “mal migrante” (salvaje, resistente a la cultura e indolente). Son categorías dicotómicas que clasifican y asignan posiciones sociales naturalizando características que han sido racializadas.

Las representaciones sociales de la sociedad civil respecto de los colectivos migratorios bolivianos constituyen relaciones de dominación entre la sociedad receptora y aquellos. Esta conformación es posible debido a la existencia de una matriz cognitiva que clasifica a la población nativa y migrante de acuerdo a estigmas con connotaciones fuertemente negativas y cuyos asideros históricos de remontan a la conquista de América. Justamente, la persistencia de esta matriz denominada “colonialidad” e instauradora de un determinado patrón de poder se observa en la actualidad debido a que las migraciones sudamericanas, por parte de la sociedad civil, son pensadas en clave comparativa de acuerdo a las migraciones europeas de principios de siglo XX, a las que se les asignan características positivas como parte de una memoria colectiva relacionada a la constitución de la Argentina como Estado nación.

Conclusiones

El presente artículo abordó las representaciones sociales de la sociedad civil residente en el AMBA de los migrantes bolivianos. En primer lugar, consideramos de gran relevancia el desafío metodológico propuesto por la investigación. Recordemos que la técnica de investigación utilizada fue la encuesta, cuyo instrumento fue el cuestionario estructurado contemplando también un conjunto de preguntas abiertas. Este desafío se focaliza en lograr la comprensión de estas representaciones mediante una técnica que generalmente se la asocia a enfoques cuantitativos, mientras que en este caso consideramos también que puede llevarse a cabo un análisis cualitativo.

Respecto del análisis de la información obtenida, destacamos la fuerte asociación entre este colectivo migratorio y el trabajo. Por otra parte, nos focalizamos en aquellas representaciones que conllevan connotaciones de carácter negativo. La diversidad de respuestas obtenidas puede llevar a pensar su irrelevancia desde el punto de vista cuantitativo. Sin embargo, recordemos que la evidencia empírica fue el resultado de preguntas de carácter abierto, lo que supuso un importante esfuerzo de cierre y codificación. De este modo, no resulta importante la dispersión de categorías, sino la posibilidad de encontrar en ellas un análisis enriquecedor de carácter cualitativo.

Algunos de los conceptos ligados a la investigación y expuestos en el artículo nos permitieron caracterizar cualitativamente esas representaciones. No ahondaremos en este apartado, ya que se encuentran contenidos en el desarrollo del trabajo, aunque es importante destacar que esas representaciones implican un modo de aproximarse al estudio de las relaciones interculturales entendidas como relaciones de dominación. Este proceso, marcado por asimetrías y antagonismos, responde a un largo proceso histórico, cuya persistencia permite que la estigmatización sobre los colectivos migratorios sea efectiva.

Bibliografía

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