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Conclusiones

Lo necesario en el discurso de lo efímero

Un objeto democrático, un discurso innecesario: así nombramos a las principales características de la crítica; precisamente estas peculiaridades nos plantearon los riesgos y desafíos de indagar un tipo de discurso que ocupa un lugar de menor prestigio en el campo de la crítica cultural, mientras que en el comunicacional constituye un área de relativa vacancia en tanto objeto de investigación. Sin embargo, la crítica de televisión se encuentra cada vez más omnipresente y es por ello que creemos relevante habernos detenido en ella. Seleccionamos el período de construcción y consolidación multimediática (1990 -1994) con el propósito de reflexionar acerca de cómo interviene la crítica al momento en que el mapa de medios se reconfigura, tanto por los nuevos licenciatarios y la conformación legal de los multimedios, como por las modificaciones en la pantalla. Asimismo, en esa etapa el campo comunicacional transita por un período de modernización de sus carreras y sus académicos obtienen mayor visibilidad y relación con los medios.

Los materiales de análisis con los que trabajamos se corresponden con críticas publicadas, por una parte, en revistas que se posicionan por fuera de los intereses de la industria televisiva y, además, por su periodicidad son críticas que no se adaptan directamente a los tiempos y prioridades de la televisión; y, por la otra, en suplementos de Espectáculos de los diarios, que por su régimen periódico y de integración en los multimedios, como en el caso de Clarín, nos permite observar otras peculiaridades de la crítica. También focalizamos en los libros publicados por los críticos. A partir de haber seleccionado algunos ejes que se reiteran en la práctica crítica y habiéndolos interpretado, nos interesa, entonces, acentuar algunas consideraciones finales.

1. La crítica: desde qué lugar y con qué objetivos

Como sucede en una de las prácticas homólogas, la de los escritores, el campo de la crítica reivindica para sí una especie de “autonomía relativa” que lo preservaría de los condicionamientos que contextualizan su actividad. Como ya se verificó con el propio campo literario esto no es más que una ilusión de independencia que en el caso de la etapa estudiada no habría ninguna posibilidad para esgrimirla. Si bien es cierto que algunos de los críticos pueden evaluar tomando distancia de los intereses inmediatos que pone en juego la industria cultural, esto se da, en parte por las características de cada crítico, pero, sobre todo, por el lugar que el medio tiene con respecto a la aparición de los multimedios. Pablo Sirvén se explica tanto por su inscripción en una genealogía de la crítica televisiva (citas, prólogos, temas) como por el hecho de que entonces la revista Noticias y hoy el diario La Nación no participan de ningún conglomerado mediático.

El otro aspecto por considerar en relación al lugar desde el cual la crítica ejerce su tarea se define a partir de los alejamientos y acercamientos que tiene con el campo académico. Si por una parte, este último, como vimos, adquirió un mayor protagonismo en la consulta mediática y en los debates autorreferenciales que los mismos medios instalaban, por la otra, a partir de la importancia del tema, de la expansión tecnológica y de la hegemonía videocultural, los críticos publicaban libros, con lo cual se fueron convirtiendo en referencias para la propia actividad académica. Esta convergencia se potenciaba a partir de una coincidencia ya apuntada, académicos y críticos abandonaban paulatinamente el juicio de valor acerca del nivel formal de las producciones y los fines sociales y culturales del medio.

Se podría afirmar, utilizando un término de la tradición del análisis de medios, que la “integración” de la crítica, es decir su pérdida de distancia evaluadora con respecto al objeto, se da en tres niveles.

En primer lugar, su actividad se incorpora funcionalmente a las estrategias institucionales y económicas de los multimedios. Y en el caso de que no se pertenezca a tal estructura, como Página/12, paulatinamente se va compartiendo la agenda y las perspectivas de la televisión. En segundo término, lo que históricamente se definía como “capillismo” referido al campo literario, en nuestro caso no encuentra todavía un término para dar cuenta de los vínculos, cada vez más frecuentes, con las figuras más importantes del espectáculo televisivo, sobre todo a través de las entrevistas y de las participaciones promocionales. Lo que acentúa la dependencia que tiene el crítico de la autorización que le habilita el protagonista, de allí a la empatía por necesidad hay un sólo paso. Finalmente, no es de menor importancia que la rehabilitación del rating, del star system de la televisión y de los usos y gratificaciones de los televidentes, borren la frontera que el crítico se imponía para evaluar su objeto.

Esta integración de la crítica, con sus diferentes matices, renueva la importancia de preguntarnos sobre qué aspectos y parámetros trabaja el crítico cuando se desplaza del momento del consumo televisivo (el crítico siempre es un televidente) al análisis valorativo de un programa (pero también siempre, antes y después, es crítico). Cuando el periodista apela a la masividad o al consumo de culto de un programa de televisión y trata de inscribir su juicio, prioritariamente, a partir de una “situación de hecho” se va desdibujando el sistema de valores y la jerarquización temática que opera en su ideología crítica. Si bien todo televidente, en mayor o menor medida, con más o menos conciencia, ejerce una función crítica, es el crítico quien se desenvuelve apriorísticamente con el conocimiento de la tradición televisiva y del sistema de medios. De allí la responsabilidad de su tarea en la formación de la opinión pública.

2. Críticas residuales, emergentes y dominantes

Williams (1977 [2009]) organiza a partir de un sistema de conceptos y categorías su visión dinámica del funcionamiento cultural; nos referimos especialmente a los componentes residuales, emergentes y dominantes. En consecuencia con los planteos desarrollados en el capítulo IV en cuanto a las modificaciones, continuidades y rupturas de la crítica de televisión en sus tres etapas –paleo crítica, neo crítica y snack crítica y metatelevisión– observamos siguiendo a Williams cómo funciona lo emergente, lo residual y lo dominante en el total de los materiales analizados. O expresado de otra manera, qué elementos de la crítica son residualesemergentes o dominantes.

Lo residual podría pensarse en términos de una crítica pedagógica, la paleo crítica, que aunque debilitada, reaparece bajo algunos componentes en los artículos de Sirvén en Noticias. Es cierto que en sus columnas no se analiza al medio desde parámetros provenientes de la literatura o el teatro, pero asimismo ofrece perspectivas que han sido formadas en el pasado y que perduran en sus críticas. Hacemos referencia a la tendencia a cierta mirada totalizadora, el establecer parámetros que no condicen con los intereses de la industria: es el crítico menos entusiasta con la inserción de la publicidad en los programas. En el análisis de algunos géneros o temas puntuales se observa, en líneas generales, elementos residuales de la crítica, por ejemplo a los noticieros y en los programas periodísticos.

Lo dominante lo ubicamos en la neo crítica, un tipo de discurso en el que prevalece el gusto personal y se evalúa con las propias lógicas e intereses del medio, es decir, una crítica desde adentro. Las múltiples interpelaciones a los académicos, en tanto discurso legítimo para que opinen complacientemente sobre la televisión, favorece un relativismo que defiende el gusto masivo no fundamentado racionalmente, en especial en los análisis de algunos géneros como son las telenovelas. Establece como variable de análisis los criterios del rating como por ejemplo en Página/12, también ofrece una gran cantidad de críticas de adelanto de programación, cuestión que como hemos mencionado trae aparejada una fuerte carga promocional como en el caso de Clarín.

Lo emergente se visualiza en elementos de la metatelevisión, que referencia una tendencia en ese entonces incipiente, pero hegemónica en la actualidad. Como expresa Williams: “resulta excepcionalmente difícil distinguir entre aquellos elementos que constituyen una nueva fase de la cultura dominante y los elementos que son esencialmente alternativos u opositora a ella” (p. 169). Nuevas estéticas comienzan a instalarse; la misma televisión promueve un discurso sobre el medio, desde los bloopers y los furcios que se muestran en la pantalla a los “lapsus” en Las Patas de la Mentira. La crítica de televisión se produce en el mismo medio, aunque con otras connotaciones que la despojan de su sentido crítico. A raíz de la edición sobre la base de los archivos es que se comienza a vislumbrar una nueva forma hacia la que cambia el discurso, en su clave metatelevisiva; y posteriormente el auge de Internet promoverá otra manera de producción, consumo y utilización de la crítica.

Otra posible clasificación de los cambios, sería vincularla al paulatino desplazamiento de la crítica ideológica y su reemplazo por el culturalismo. Como se dijo, no significa que el análisis ideológico desaparezca por completo, sino que pasa a un segundo plano cuando se abordan las “novedades” que la televisión en sus aspectos tecnológicos y estéticos va entregando. Lo que en otra época obligaba a proyectar sobre las representaciones mediáticas categorías como alienación por el consumo y en las identificaciones, estereotipos y clasismo dominante, en los años ‘90 las novedades se volvían sustancias que marcaban ellas mismas las lógicas de su análisis. No otra cosa sucedió, fundamentalmente, con la juvenilización de la pantalla, los nuevos dispositivos técnicos de emisión y captación de imágenes y ante la reformulación de los formatos genéricos.

3. Por una política cultural: la crítica necesaria es la crítica que demanda

Según Nelly Richard (2001) la crítica no sólo debe realizar preguntas sino también promover demandas, éstas han sido una ausencia significativa en los materiales analizados, la crítica describe, promociona, desacuerda, e invita a aceptar la televisión. Pensar en términos de demanda es un trabajo que nos lleva a reflexionar sobre otro modo posible de hacer. A lo largo de esta tesis describimos las características de la televisión, trabajamos sobre el funcionamiento de la crítica, caracterizamos las perspectivas teóricas y metodológicas del campo académico de la comunicación e interpretamos los materiales. Nos interesa concluir con una reflexión que podríamos sintetizarla en dos interrogantes: para quién y qué sería lo necesario de la crítica de televisión.

En relación con el para quién es necesariade las entrevistas a los críticos se desprende la idea de que son los programas los más interesados en recibir las comentarios. Por las propias características de la crítica ésta nace vieja en sentido de que se evalúa un producto que ya ha sido emitido y no volverá a reiterarse. Se observa así que no promueve un accionar, que los espectadores seleccionan el programa a partir de otros criterios y la crítica, en este sentido, no tiene mayor influencia, solo como refuerzo de lo establecido. Sin embargo, consideramos que la crítica es necesaria para los espectadores, si ésta pudiese establecer una jerarquización de valores por fuera de las propias lógicas de lo que la televisión considera laudable, el lector podría encontrar criterios extra televisivos para complementar su opinión sobre los programas.

A lo que hacemos referencia y que en los hechos vincula la labor del crítico con algunas de las conclusiones de las investigaciones académicas es que no hay vacío en el funcionamiento de las políticas culturales. Cuando la crítica, o antes y al mismo tiempo el sistema educativo, abandona el objetivo de una alfabetización audiovisual con perspectiva crítica, el lugar lo ocupa la política cultural de los propios medios que, como en todo sistema de producción estandarizado, no sólo crea un objeto sino orienta en la forma de consumirlo o utilizarlo. En el mejor de los casos podría llegar a distribuir, como lo hizo Clarín con su revista dominical hace pocos años, una guía para ver televisión en familia donde los residuos de una crítica a los estereotipos instalaban una perspectiva políticamente correcta para analizar al medio.

Son precisamente los críticos los primeros en afirmar que la crítica está en crisis, que está por desaparecer y que su razón de ser ha perdido toda función social sustantiva. Sin embargo, la crítica sería necesaria en primer lugar para ellos mismos, en el sentido de constituir un espacio de representación de sus propias lógicas de pensar y analizar al medio. Una crítica necesaria para los críticos se ubica en la posibilidad de conformar un entramado y red social de reflexión permanente sobre la crítica y su función; además de ser conscientes tanto de las lógicas del campo periodístico como de las determinaciones del sistema de medios y, a partir de ello, establecer y justificar sus criterios de elección y valoración. Actualmente las publicaciones online abren un nuevo abanico de posibilidades, de hecho ya son varios los críticos que han volcado en sus blogs personales aquello que no publican en los periódicos.

La crítica es necesaria para generar nuevas demandas del deber ser de la televisión en términos de calidad, pedir mayor pluralidad, variedad de contenidos, diálogos menos estereotipados, menos amarillismo, diversidad informativa y una regulación de la publicidad que no contamine el producto.

4. Los críticos ante la LSCA y las demandas en términos de contenido

Hacia mediados de 2009 realizamos entrevistas a los críticos de televisión, el momento coincide con el debate y posterior sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Frente a especialistas en medios de comunicación una de las preguntas focalizaba en sus opiniones sobre el entonces proyecto de Ley. Nos resultó paradójico que la gran mayoría manifestó no haberlo leído y no tener una opinión al respecto. Cuestión al menos llamativa ya que su labor profesional se vincula con el análisis de la televisión. Compartimos algunas de las respuestas para luego reflexionar sobre ello:

Mmmmm no sé, la verdad es que en esa paso. No tengo estudiando el tema de la reforma de ley de radiodifusión y no sé en cuánto modifica en los contenidos. Me parece que si puede incidir en la diversidad y dar lugar a más y mejores miradas, siempre la descentralización es positiva y me parece que a eso apunta, pero es muy polémico y para tomar partido debería estar más informado (Julián Gorosdicher).

Mirá muy así a grosso modo, insisto desde un lugar de no experto, este planteo de diversificación me parece sumamente positivo en la medida de lo que se pueda dar. Estamos en un cuello de botella que todo confluye en el tema de las telecomunicaciones y todos los medios masivos están en manos de dos empresas básicamente que se reparten la torta, entonces cualquier esquema regulatorio que ayude abrir este campo para permitir otro tipo de juego yo en principio lo veo beneficioso. Te estoy hablando básicamente de lo que aparece como las grandes líneas vectoras del proyecto, ahora si finalmente este es el proyecto que va a ayudar a cumplir esas líneas verdaderamente o no, o habría otro proyecto que podría ser mejor, hasta ahora se me escapa. (Marcelo Figueras).

Mirá te voy a ser muy honesto porque no me gusta sanatear. La aproximación al proyecto de ley es muy escasa. Realmente he tenido muy poco ingreso, los comentarios que recibo y que he leído, pero también hay que estar muy atento, todo el tiempo estás leyendo cosas de gente involucrada en el tema, de intereses tocados o no tocados, por lo cual, honestamente yo te diría no estoy en condiciones de dar una opinión sobre el proyecto porque no lo conozco y no quiero guiarme por las cosas que he leído porque ya te digo, básicamente, desconfío de lo que estoy leyendo o tendría que ponerme a desglosar muy claramente quien está diciendo que cosa y desde qué lugar. En la medida que yo no tengo una opinión formada prefiero no… En términos generales me parece que es necesaria una ley que reemplace a una ley que tiene treinta años pero esto más que un sentido político tiene que ver con un sentido común simplemente (Luis María Hermida).

Yo creo que por un lado es una asignatura pendiente de la democracia porque la ley 22.285 del año 80 que lleva la firma de Videla cumple 30 años el año que viene. La verdad que es una vergüenza que con tantos gobiernos democráticos que han pasado, me parece que se debería haber solucionado el tema mucho antes. Llegar 30 años después con la ley de la dictadura, cuando es una ley totalmente desactualizada desde el punto de vista tecnológico, pasaron muchas cosas. Ahora, me parece que sacarla en medio de una tumultuosa campaña preelectoral, al grito del que no salta es de Clarín, o “qué te pasa Clarín” y todo, a mi no me gusta, no me parece correcto, me parece que nace con los peores auspicios. Más allá de que haya gente muy bien intencionada, hay foros en todo el país, me parece bien abrir un tercer sector para las cooperativas, no gubernamental. Con lo cual no tengo muy claro si es un tema de presión ahora, es un tema de enojo porque algo se rompió con el grupo Clarín y los Kirchner, entonces no sabemos si va a ser una cosa para tomar seriamente, pero que hace falta, sí (Pablo Sirvén).

En líneas generales los periodistas coinciden, a excepción de Sirvén, de no estar muy actualizados con el tema. Como desarrollamos a lo largo de la tesis, Sirvén es quien se ubica como más crítico y con una mirada integral del medio, por ende, no es casual que sea él quien al momento de emitir una opinión no se disculpe por no estar informado, o dé justificaciones de su desconocimiento sobre el proyecto. Asimismo, de estas respuestas se desprende el imaginario sobre la labor del crítico, que se limitaría al análisis del contenido, hasta allí llegarían sus incumbencias. Esta focalización en los contenidos por un lado promueve una mirada intrínseca del medio, si se lo piensa a partir de la legislación y las posibilidades de reestructuración del espectro radiofónico se habilita la posibilidad de pensar a la televisión dentro de un entramado mayor del cual forma parte. En relación con los materiales analizados la mirada inmanente es la que ha predominado, no es casual, entonces, que se sientan alejados del debate sobre una nueva ley de servicios de comunicación audiovisual.

5. A modo de cierre

La crítica de televisión tendría cuatro orientaciones principales: técnico-estética, económica, axiológica y política; en muchas oportunidades aparecen no sólo disociadas sino que cada una de ellas se vuelve absoluta y favorece una conciencia fragmentada sobre el fenómeno televisivo. Por ejemplo, muchas intervenciones críticas hacen hincapié en modificaciones estéticas y nuevos dispositivos técnicos. En este caso las novedades tecnológicas y su artificio producen tal nivel de fascinación que no se proyecta sobre su actualidad las determinaciones económicas y sociales. No casualmente, la tendencia de la crítica en los últimos años revisitó las propuestas del mcluhanismo con la reivindicación de una cultura neopop.

Formas estéticas, normas y valores, intereses económicos y ciudadanía pasan a un segundo plano indistintamente cuando el crítico se identifica como un consumidor televisivo más, ni un paso adelante ni un paso atrás del televidente. En cierta manera, lo mencionado es también lo desplazado cuando el medio televisivo, muchas veces acompañado de la crítica más complaciente, se defiende de la fuerte desvalorización que la crítica ideológica y la economía política de la comunicación le realizan al sistema de medios. Esas cuatro orientaciones suelen ser atravesadas por una serie de tensiones que, de manera más o menos explícita, están presentes en el análisis teórico y práctico de la televisión. Elegimos seis aspectos de este funcionamiento, en parte paradójico, a modo de ilustración y de sistematización final.

En primer lugar, descartar como principio general al arte como referencia comparativa para el análisis de la industria cultural y, por lo tanto, atenuar las exigencias de su nivel estético, no impide, en oportunidades, legitimar en clave artística algunas producciones (especialmente, como ocurre con los unitarios). En segundo término, relevar a los medios de cierta obligación pedagógica, educativa o cultural resignando cualquier otra función que no sea la del entretenimiento, no elimina la permanente preocupación acerca de las convergencias o divergencias entre el sistema educativo y el sistema de medios. En tercer lugar, el confirmado pronóstico frankfurteano acerca de la subordinación de la industria cultural a la lógica publicitaria, al mismo tiempo que convirtió a la publicidad en objeto artístico, no descarta por completo la preocupación sobre la contaminación publicitaria de la programación televisiva. En un cuarto aspecto, no obstante el reconocimiento a la hegemonía videopolítica, como un factor determinante de la esfera pública, no ha desaparecido en la crítica el interrogante acerca de si los dispositivos de la publicidad o propaganda política, tal como funcionan en la actualidad, no representarían un apremio a la democracia. Una quinta cuestión se relaciona con el hecho de preguntarse acerca de la diversificación de los consumos culturales y la incidencia del múltiple sistema de pantallas; en este sentido la crítica no puede obviar una muy probable estratificación de clase entre consumos simbólicos, virtuales y reales. Finalmente, desde el comienzo de la crítica de televisión la tensión con la cultura letrada, simplificada en la oposición imagen y palabra, reaparece una y otra vez bajo el imperio de un slogan tan célebre como oportunista, aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”. Una crítica que reponga la importancia de la formación del gusto y de las competencias deberá advertir que es necesario conocer mil palabras para dar cuenta de una imagen.



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