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La violencia de pareja

Una cuesti贸n de pobreza social

Mar铆a del Carmen Docal Mill谩n[1]

El siglo XXI emerge con gran incertidumbre para gran parte de la poblaci贸n latinoamericana y, por tanto, para las familias latinoamericanas. Actualmente, la sociedad es testigo de procesos que evidencian una profunda transformaci贸n social expresada en las relaciones entre los miembros de la familia, en la fragilidad de la convivencia, la debilidad en los v铆nculos, el conflicto entre la vida familiar, laboral y productiva; en cambios en la estructura familiar y en constantes movimientos de personas hacia otros pa铆ses, entre otros. En consecuencia, el sentido diverso y complejo de la familia exige un abordaje hol铆stico desde enfoques comprensivos y pertinentes.

En esta l铆nea de pensamiento, el enfoque de Derechos Humanos surge como marco de an谩lisis pertinente en tanto reconoce los principios universales y el fundamento de las garant铆as jur铆dicas por parte del Estado y la sociedad, como generadores de condiciones que aseguren el ejercicio de los derechos a todas las personas. En este sentido, se帽ala el reconocimiento de la familia como sujeto colectivo y titular de derechos y, a sus miembros, como sujetos individuales de derechos.

Vale la pena aclarar que los derechos, se entienden como inherentes a la condici贸n del ser humano y por tanto, inalienables, interdependientes, impostergables e indelegables fundamentados en la dignidad humana (Ministerio de Salud y Protecci贸n Social, Pol铆tica P煤blica Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias, 2016). 聽

Tres elementos concretan el valor de esta perspectiva: por un lado, el reconocimiento de la familia como sujeto colectivo, lo que implica reconocer y promover su capacidad de agencia, como corresponsable de los derechos de sus miembros y mediadora entre la sociedad y el Estado. Por otro lado, el reconocimiento de su capacidad como agente transformador de la vida cotidiana en los escenarios 铆ntimos (el hogar), comunitarios y sociales para avanzar en autonom铆a y responsabilidad individual y social. Finalmente, entenderla como sistema vivo generador de v铆nculos y relaciones en constante proceso de desarrollo, conflicto y autorregulaci贸n. 聽

Otra perspectiva te贸rica que aporta al an谩lisis es la perspectiva sist茅mica que desde la teor铆a ecol贸gica de Bronfenbrenner (1986), concibe el desarrollo de las personas y la familia en permanente interrelaci贸n entre s铆 y con otros sistemas como la escuela, los medios de comunicaci贸n, el vecindario, la Iglesia, el Estado, entre otros.

La tercera perspectiva que se vincula en el an谩lisis es la teor铆a de las capacidades como libertades humanas (Amartya Sen, 2000) entendidas como el conjunto de condiciones y posibilidades de existencia y mantenimiento de la vida social para el ejercicio de los derechos relacionados con la posibilidad y oportunidad que tienen las personas para comprender, elegir y actuar tanto en la vida privada como en la p煤blica.

Si bien es un reto la incorporaci贸n de estos tres enfoques en la comprensi贸n de la realidad de las familias y la definici贸n de acciones corresponsables entre el Estado, la sociedad civil y las familias, se trata de lograr un abordaje integral de la realidad social y generar soluciones pertinentes de fortalecimiento de la familia para transformar las condiciones de vida de la poblaci贸n desde la familia.

Ahora bien, la familia como unidad b谩sica de la sociedad se constituye en el escenario por excelencia para el cumplimiento de funciones econ贸micas, educativas, sociales y psicol贸gicas, fundamentales para el desarrollo de la persona y para su incorporaci贸n positiva a la vida social. Como afirma Kliksberg (2008), esta es uno de los temas axiales en la historia de la humanidad, en tanto cuesti贸n crucial para la existencia de los seres humanos y las comunidades.聽 La familia es clave para la construcci贸n de lo p煤blico, pues los aprendizajes obtenidos all铆 son expresados por las personas en los otros escenarios en los que desarrollan la vida cotidiana en los que construyen su biograf铆a, lo cual contribuye de manera positiva o negativa a la construcci贸n de sociedad (Docal, Cabrera & Salazar, 2017).

De otra parte, las tensiones que se viven al interior de las familias latinoamericanas est谩n mediadas por tiempos de reproducci贸n individual y social que afectan el equilibrio entre las funciones asignadas socialmente a las familias relativos al trabajo, la educaci贸n de los hijos, el cuidado de los miembros de la familia, el descanso, la recreaci贸n, la cultura, el consumo y los medios de comunicaci贸n (Ministerio de Salud y Protecci贸n Social, Pol铆tica P煤blica Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias, 2016; Docal, Cabrera & Salazar, 2017).聽 聽

Un tema clave en el an谩lisis de la familia latinoamericana es la convivencia y en esta ruta de an谩lisis, es importante tener en cuenta que los integrantes de una familia comparten un proyecto vital de existencia en el que se integran v铆nculos de afecto, intimidad, reciprocidad, solidaridad y dependencia. La visi贸n de las din谩micas y tensiones familiares y su relaci贸n con el contexto micro y macrosocial contemplan factores relacionados con las jerarqu铆as y uso del poder; la recomposici贸n actual de la familia donde los roles al interior de la pareja var铆an de acuerdo con el contexto social, econ贸mico y pol铆tico. Asimismo, se considera en la actualidad, que la familia es el escenario inicial donde se aprenden las formas de abordar los conflictos y donde se forman identidades, roles y relaciones entre hombres y mujeres, que posteriormente se afianzan en la socializaci贸n de las personas en los diferentes escenarios fuera del contexto familiar. Esta es una de las razones por las que la familia se considera el principal apoyo de las personas desde su nacimiento hasta su muerte (Ministerio de Salud y Protecci贸n Social, Pol铆tica P煤blica Nacional de Apoyo y Fortalecimiento a las Familias, 2016), pero si las tensiones se desbordan, se convierten en violencia.

De otro lado, Giddens (2000), plantea que las relaciones entre los miembros de las familias son de pares, en tanto los derechos y las obligaciones 鈥昿or una cuesti贸n de principios鈥 en donde cada uno respeta y desea lo mejor para los otros y por tanto, las relaciones interpersonales, se fundamentan en la confianza y la comprensi贸n del otro en una construcci贸n diaria.

Desde la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena, y la Declaraci贸n sobre la eliminaci贸n de la violencia contra la mujer del a帽o 1993, tanto los gobiernos como la sociedad civil han reconocido que la violencia contra la mujer es un asunto de derechos humanos y que la mujer tiene derecho a vivir libre de violencia, concepto que tambi茅n se admiti贸 en la Convenci贸n Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer 鈥淐onvenci贸n de Bel茅m do Par谩鈥(OEA, 1994), que dio a conocer factores de riesgo y consecuencias que est谩n influidas por la condici贸n social, econ贸mica y jur铆dica, adem谩s el uso de la fuerza para resolver conflictos, las doctrinas sobre la intimidad y la inercia de los Estados (ONU, 2006), caso que debe ser atendido por las pol铆ticas p煤blicas por la magnitud de las cifras.

En los 煤ltimos a帽os, los estudiosos de la violencia de pareja reconocen cada vez m谩s este problema social de violaci贸n de derechos humanos, que se reporta particularmente en los sistemas de salud y judicial por los costos de atenci贸n (Docal & Col ,2016). A pesar de la labor realizada por los gobiernos y las organizaciones sociales en este campo, en lo relacionado con desarrollos normativos, la implementaci贸n de programas de atenci贸n y prevenci贸n y recopilaci贸n de informaci贸n confiable y pertinente que fundamente las pol铆ticas, programas y mecanismos de atenci贸n, no ha podido ser aplicada con facilidad debido a que hace parte de las ideas socialmente construidas y asumidas sobre las relaciones entre hombres y mujeres, en especial las relaciones maritales y las formas de educar a los hijos que pueden variar de una cultura a otra, de un contexto a otro, pero聽 que est谩 presente en todos los estratos sociales, lo que supone que es un fen贸meno que afecta el bienestar de las personas y las comunidades, y que no es exclusivo de contextos de pobreza (Docal, Cabrera & Salazar, 2017; Cury y Masini, 2012; Guasch, 2012; Burton & Hoobler, 2011; Barnett, Miller-Perrin & Perrin, 2011; Moral de la Rubia & L贸pez, 2011; Hundek, 2010; 脕lvarez, 2009; Casta帽eda, 2007; Arriagada, 2005; Zarza & Froj谩n, 2005; Fiebert, 2004; Archer, 2002).

Ahora bien, al asumir una concepci贸n integral de la pobreza, la vulnerabilidad y el desarrollo, estamos obligados a dirigir la mirada hacia los escenarios en los que hombres y mujeres desarrollan la vida cotidiana, y en donde se originan las desigualdades en el acceso al mundo de la cultura, la educaci贸n, la pol铆tica y la econom铆a. Para ello es necesario un trabajo conjunto entre el Estado y la sociedad civil.

De otra parte, la Organizaci贸n de las Naciones Unidas, en el marco del desarrollo sustentable centrado en el ser humano en 1948, le dio reconocimiento a la Organizaci贸n Mundial de la Familia (WFO), lo cual supuso admitir el papel que juega la familia como unidad b谩sica de la sociedad. Esto le dio impulso que necesitaba para poner el tema en la agenda internacional (Arriagada, 2005).

La misma autora indica que, al inicio del milenio, se realizaron diagn贸sticos sobre las familias en distintas latitudes del mundo que llevaron a plantear la necesidad de formular pol铆ticas p煤blicas nacionales que promovieran estrategias universalistas para la garant铆a de los derechos sociales b谩sicos para los miembros de las familias, a la vez que se desarrollaban acciones para atender las necesidades diferenciales de estas seg煤n su estructura y ciclo vital. Lo anterior, bajo la idea de que cada vez las familias requieren de un ingreso extra para soportar los gastos familiares. En este contexto, se observa la constante desigualdad en Am茅rica Latina en las estructuras econ贸micas, sociales, de g茅nero y etnia inequitativas, altamente segmentadas y reproducidas intergeneracionalmente.

Los estudios de los 煤ltimos 20 a帽os visibilizan transformaciones en las distintas esferas de la vida social y econ贸mica que inquietan e interrogan frente a los valores idealizados como garant铆a de seguridad individual y social que imponen una serie de retos a la familia contempor谩nea por ser el escenario en el que, por excelencia, se manifiestan y se hacen visibles los cambios, las tendencias y las tensiones de la sociedad. En este sentido, se identifica la fragilidad de las relaciones humanas que se caracterizan, cada vez m谩s, por su inestabilidad, superficialidad y bajo compromiso (Docal, Cabrera & Salazar, 2017; L贸pez, 2009).

La Encuesta Nacional de Demograf铆a y Salud de 2015, en Colombia, muestra una evidente tendencia a conformar familias m谩s peque帽as, con aumento de las mujeres jefes de hogar, crecimiento de los hogares unipersonales, aumento en la edad al momento de contraer nupcias, diferencias de edad con la primera pareja conyugal, todo lo cual es considerado un indicador de la existencia de relaciones de poder asim茅tricas.

Ahora bien, el concepto vulnerabilidad se utiliza desde la d茅cada de los 90 en Am茅rica Latina en los c铆rculos acad茅micos y gubernamentales nacionales e internacionales por su impacto en el bienestar de las personas, las familias y las comunidades. Sin embargo, se observa articulado al concepto de pobreza y relacionado con los impactos que son resultado de eventos socioecon贸micos que afectan de manera negativa la calidad de vida de las personas, las familias y las comunidades. No obstante, el concepto de vulnerabilidad social trasciende el de pobreza y admite una mirada din谩mica de los procesos sociales considerando otras dimensiones como la discriminaci贸n, y la violencia. En este sentido, los conceptos vulnerabilidad, pobreza, y desigualdad social, aunque afines, no son sin贸nimos.

Moreno Crossley (2008) plantea que en los an谩lisis sobre la vulnerabilidad social se observa poca vinculaci贸n de fen贸menos relacionados con la conflictividad social, lo que ha centrado la mirada en el paradigma liberal de interpretaciones sobre la desigualdad, y esto a su vez dirige el an谩lisis hacia la individualizaci贸n de los factores generadores de desigualdad, de exclusi贸n y a la omisi贸n del papel de la acci贸n colectiva para contrarrestarlos.

Por su parte Moser (1998), si bien relaciona la vulnerabilidad social con la pobreza, amplia la mirada a los recursos familiares intangibles referidos a la estructura, la composici贸n y la cohesi贸n del hogar dada por las relaciones entre los miembros de la familia, lo que implica una ampliaci贸n de las variables sociodemogr谩ficas en la configuraci贸n del concepto.

En el caso de Latinoam茅rica, Kaztman (1999) brinda su aporte para llevar a la comprensi贸n de la vulnerabilidad social. El autor plantea que los recursos que las familias controlan no se pueden analizar al margen de la estructura de oportunidades a la que pueden acceder. Es decir, los recursos se constituyen en activos en la medida en que se hace posible aprovechar las oportunidades que ofrecen el Estado, la sociedad y el mercado y aclara que las oportunidades var铆an seg煤n聽el momento hist贸rico y las caracter铆sticas particulares de los pa铆ses. Para el autor, las estructuras de oportunidades son definidas como “probabilidades de acceso a bienes, a servicios o al desempe帽o de actividades”.

“Estas oportunidades inciden sobre el bienestar de los hogares, ya sea porque permiten o facilitan a los miembros del hogar el uso de sus propios recursos o porque les proveen recursos nuevos鈥 (p谩g. 21).

Moser (1998) y Kaztman (1999) coinciden en la mirada sobre los activos de las familias. Sin embargo, Moser los diferencia entre trabajo, capital humano, activos productivos 鈥攙ivienda, relaciones entre los miembros de la familia y el capital propiamente dicho鈥.聽Kaztman alude a los capitales f铆sicos, financieros, humanos y sociales. Si bien los dos autores dan un peso importante a las 鈥渞elaciones dom茅sticas鈥 como capacidad econ贸mica de la familia, permiten avanzar en la mirada hacia otros aspectos de la vida familiar que se pueden constituir como activos.

En esta l铆nea de pensamiento, la vulnerabilidad social involucra la mirada de derechos en tanto que vincula valores como la igualdad y las capacidades en la l贸gica de calidad de vida de Amartya Sen (2000), quien ampl铆a la mirada del desarrollo m谩s all谩 del ingreso personal y familiar o el nivel de industrializaci贸n, girando la discusi贸n hacia aspectos poco abordados hasta el momento por los economistas, como el de la libertad y la 茅tica. Sen plantea que el desarrollo puede ser considerado como un proceso de expansi贸n de las libertades reales que disfrutan las personas. En este sentido, su enfoque del desarrollo permite ver el papel de los valores sociales y las costumbres que pueden influir en el grado de libertad que las personas aprecian y disfrutan. As铆, las ideas y normas compartidas pueden influir en aspectos como la igualdad de g茅nero, el cuidado de la ni帽ez y las relaciones entre los miembros de la familia, que son elementos clave en la comprensi贸n de la violencia intrafamiliar y su impacto en las personas, las familias, las comunidades y la sociedad. En consecuencia, el ejercicio de la libertad est谩 mediado por los valores, y estos, a su vez, est谩n influenciados por los discursos y las pr谩cticas familiares conectadas a las interacciones sociales en el marco de la cultura.

El autor distingue 5 tipos de libertad. La primera alude a la libertad pol铆tica y a la capacidad que tienen las personas de influir en sus comunidades. La segunda se relaciona con el derecho y la capacidad de las personas de disfrutar de sus recursos econ贸micos y prosperar. La tercera tiene que ver con las oportunidades sociales, es decir, el conjunto de prestaciones que una sociedad dispone para el desarrollo y perfeccionamiento de las personas, como la educaci贸n y la salud. La cuarta se asocia a la garant铆a de transparencia que manifiestan las personas en las relaciones interpersonales y en la sociedad que los engloba. Finalmente, la quinta refiere a la seguridad protectora para ayudar a los m谩s vulnerables por cualquier causa a sobrevivir y progresar.

En este contexto, las relaciones al interior de la familia cobran importancia en tanto esta es el primer escenario de socializaci贸n de las personas, el lugar donde se dan los primeros cuidados al ser humano que le permiten crecer y desarrollarse en el amor y la comprensi贸n del mundo. Es el espacio en el que se forma la libertad como valor, el lugar de autoafirmaci贸n y comunicaci贸n interpersonal que le permite a la persona descubrir su ser personal. En consecuencia, como聽 afirma Donati (2003), la familia es clave porque la riqueza social requiere de la intensidad relacional del capital social constituido por las relaciones primarias que solo se dan en la familia. Por su parte Sarrais, (2017), en esta misma l铆nea de pensamiento, indica que las personas que hacen lo posible por desarrollar y madurar los afectos positivos pueden conseguir un crecimiento a nivel de todas sus dimensiones y as铆 generar un c铆rculo que hace uso de las virtudes como eje del actuar y conduce a la satisfacci贸n con el propio comportamiento y a reconocer las necesidades del otro para construir relaciones arm贸nicas y gratificantes.

Ahora bien, la violencia al interior de la familia vincula el escenario de lo m谩s cercano, lo 铆ntimo, la familia, el lugar de los afectos importantes, las relaciones de pareja y de padres e hijos, donde tambi茅n se desbordan las regulaciones y los ideales sociales (Docal, Cabrera, Salazar, Ardila, Guevara, L贸pez de Mesa, Calder贸n, Correal, Ariza, 2013 Rodr铆guez, 2016).聽聽Las tensiones y las diferencias entre los miembros de la familia no siempre se solucionan mediante el di谩logo, incluso pueden profundizarse y derivar en situaciones de abuso y violencia, lo cual constituye en un intolerable social porque estas afectan la dignidad de la persona en cualquier etapa de su ciclo de vida.

Algunos estudios realizados en Am茅rica Latina indican como variables clave en la comprensi贸n de la violencia intrafamiliar (VIF) el estrato social (bajo), la historia de maltrato en la familia de origen y el consumo excesivo de alcohol, entre otros, como factores de riesgo (Ariza, 2013; Arriagada, 2005).

Por otra parte, la violencia de pareja es considerada un fen贸meno global que afecta a personas de todos los niveles sociales y econ贸micos y su impacto en la salud f铆sica y psicol贸gica, se considera como un problema de salud p煤blica. (Fischbach y Herbert, 1997; Klevens, 2001). La Organizaci贸n Mundial de la Salud (2003), agrega que, adem谩s de ser un problema de salud p煤blica, es una manifestaci贸n de violaci贸n a los derechos humanos.

Otros autores en esta misma l铆nea de pensamiento plantean que la violencia de pareja pone en tensi贸n las relaciones sujeto-sociedad, ya que la forma en que cada individuo asume su lugar en el mundo, incluyendo la manera de relacionarse con los otros, en este caso, siendo ese otro su pareja, est谩 regulada por la cultura, la cual prescribe los guiones de interacci贸n entre hombre y mujeres y que, en los espacios del llamado 鈥渕undo privado鈥, se puede ser v铆ctima de diversos tipos de violencia evidenciada en formas de trato rudo y abusivo contra la pareja que pueden pasar inadvertido para la v铆ctima como parte de la vida cotidiana resultado de las relaciones asim茅tricas de poder entre los sexos fundados en la cultura patriarcal (Vatnar & Bj酶rkly,聽 2014; Johnson, 2008; Saucedo,2005).

Esta violencia es considerada como un problema relacionado con factores de tipo social, pol铆tico, comunitario, cultural e individual. Entre los cuatro primeros factores, se reconocen como factores sociales la delincuencia com煤n y la pobreza. El conflicto entre vecinos es otro de los factores comunitarios que pueden generar violencia, junto con el machismo, que se convierte en un factor cultural clave en la reproducci贸n de la violencia al interior de la聽familia (Ariza, 2013).聽

Ahora bien, entre los factores individuales se incluyen el sexo, edad, nivel educativo, estado civil, parentesco, nivel socioecon贸mico, situaci贸n laboral, consumo de alcohol o drogas, tipo de familia聽y haber sufrido o presenciado violencia intrafamiliar en la infancia聽(Barnett, Miller-Perrin & Perrin,聽2011).聽 No obstante, es importante tener en cuenta, como lo afirman Barrientos, Molina y Salinas (2013), que estos factores no necesariamente determinan en todos los casos las situaciones de violencia, si bien tienen incidencia sobre ellas. Otros estudios realizados en Am茅rica Latina indican como variables clave en la comprensi贸n de la VIF el estrato social (bajo), la historia de maltrato en la familia de origen y el consumo excesivo de alcohol, en tanto factores de riesgo para la ocurrencia de la violencia en la familia.

Hoy se sabe que la violencia presente en las relaciones de pareja es una realidad que hace parte de la vida cotidiana que tiende generalmente a ocultarse debido a la conjugaci贸n de m煤ltiples factores que conducen a la v铆ctima de la agresi贸n a no presentar ninguna acci贸n o denuncia contra su agresor (Fischbach y Herbert, 1997). Coinciden Ocampo y Amar (2011); Hundek (2010); 脕lvarez (2009); Zarza y Froj谩n (2005); Fiebert (2004) en que es importante tener en cuenta que los casos denunciados son aquellos considerados como graves que requieren de la intervenci贸n m茅dica y legal porque presentan lesiones generalmente de tipo f铆sico o sexual y advierten que, por lo general, no se registran los casos de violencia psicol贸gica debido a factores culturales que hacen 鈥渘ormal鈥 la pr谩ctica de algunas conductas abusivas y violentas. Igualmente, indican que el fen贸meno se presenta en muchos pa铆ses y se reconoce como un problema social estructural en el marco de la vulnerabilidad social (Hernando-G贸mez, Maraver-L贸pez, & Mar铆a Pazos-G贸mez, 2016; Ariza, 2013; Cury &聽Masini, 2012; Gonz谩lez & Molinares, 2010).

La literatura es extensa en estudios de violencia de g茅nero en los que la mujer es v铆ctima, pero escasa en estudios en los que el hombre es la v铆ctima, principalmente porque son pocos los casos denunciados (Gonz谩lez & Fern谩ndez, 2014; Zapata, 2013; Espinoza, Alazales, Madrazo, Garc铆a & Presno, 2011; Moral de la Rubia & L贸pez, 2011; 脕lvarez, 2009; Zarza & Froj谩n, 2005; Fiebert, 2004; Archer, 2002). Igualmente, Cerezo (2016) hace 茅nfasis en el silencio de los hombres, quienes no expresan su condici贸n de v铆ctima, al referir: 鈥淟os hombres agredidos, al igual que muchas mujeres, sufren en silencio y lo hacen por las mismas razones; no tener con qui茅n hablar, considerar que la violencia es un asunto privado y vergonzoso, o porque han buscado ayuda profesional y han obtenido respuestas prejuiciosas y difusas鈥 (p. 65).

Al revisar las cifras en Colombia, se encuentra que el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF), en 2017, de las 50.072 denuncias de violencia de pareja, el 86% (43.176) fueron realizadas por mujeres. Por cada hombre que denunci贸 ser v铆ctima de violencia de pareja, seis mujeres lo hicieron (Forensis, 2017).

Durante 2016, INMLCF recibi贸 50.707 casos de violencia de pareja, de los cuales el 86 % fue por violencia contra la mujer con una tasa de 213,48 por 100.000 habitantes. Aunque esta violencia se presenta en ambos sexos, afirma que la mujer contin煤a siendo la m谩s afectada (Forensis, 2016 p谩g. 310). Ese mismo a帽o, el Instituto report贸 que el 45,99 % de las mujeres y el 42,62 % de los hombres manifestaron agresi贸n por su compa帽ero/a permanente (p谩g. 307).聽En 2015, se registraron 47.248 casos, de los cuales 6.305 fueron denunciados por hombres (Forensis, 2015), y para 2014 la cifra de denuncias por violencia de pareja fue de 48.849, de las cuales 7.047 fueron casos de hombres reportados como v铆ctimas (Forensis, 2014).

El Instituto sostiene que en el per铆odo 2008-2017 recibi贸 531.046 denuncias por violencia de pareja, tanto de mujeres como de hombres, un promedio de 53.105 casos por a帽o. La tasa m谩s alta por cada cien mil habitantes durante este espacio de tiempo se present贸 en el a帽o 2009 (168,13) y la m谩s baja en el a帽o 2013 (116). En el a帽o 2017 la tasa fue de 123 casos por cada cien mil habitantes, con declive de 3,2 puntos, observado en 635 casos menos de los recibidos en el a帽o 2016. Indica tambi茅n que las mujeres son m谩s violentadas que los hombres. Por otra parte, la Encuesta Nacional de Demograf铆a y Salud (ENDS, 2015), en relaci贸n con la violencia de g茅nero en Colombia, indica que la violencia psicol贸gica afecta al 64.1 % de las mujeres y al 74,4% de los hombres. En este grupo, la causa son los celos.

Respecto de la violencia f铆sica, la reportan聽el 31.9 % de las mujeres participantes en el estudio, en contraste con el 22.4% de los hombres. En lo que se refiere a la violencia econ贸mica, el 31.1% de las mujeres la report贸 frente al 25.2% de hombres, y el 7.6% de las mujeres report贸 violencia sexual; asimismo, el 76,4% de las mujeres y el 90,1 % de los hombres nunca buscaron ayuda luego de haber sufrido alg煤n tipo de violencia. Por otra parte, las estimaciones de la OMS en 2016 indican que una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia f铆sica y/o sexual de pareja en alg煤n momento de su vida (OMS, 2016).

Entre las consecuencias de la violencia de pareja se encuentran los da帽os f铆sicos, permanentes y psicol贸gicos, entre ellos las enfermedades mentales, la baja autoestima, la disminuci贸n de la capacidad productiva y la afectaci贸n de las relaciones con los hijos, la separaci贸n de matrimonios, entre otras (ENDS, 2015).

M谩s all谩 de las cifras, la violencia intrafamiliar es un fen贸meno mundial que permanece en mayor o menor grado en todos los pa铆ses del mundo. Esta situaci贸n involucra elementos de la cultura que impiden reconocer como actos de maltrato algunos comportamientos de las personas, lo que lleva a normalizar la violencia hacia algunas personas en raz贸n de su condici贸n de g茅nero, raza, nivel educativo, estrato socioecon贸mico, etc., lo que genera disminuci贸n de las capacidades y libertades de las personas por menoscabo de los activos individuales y familiares y deterioro en la garant铆a de los derechos. En consecuencia, se aumenta el riesgo de vulnerabilidad.

Claramente, en la discusi贸n desarrollada, los aportes de la conceptualizaci贸n de la vulnerabilidad social desde la mirada de Moser (1998) y Kaztman (1999) sobre los activos de las familias, enriquecen el an谩lisis de la violencia intrafamiliar y de pareja, dado que el enfoque de valoraci贸n del fen贸meno incluye factores econ贸micos, familiares y personales. Igualmente lo hacen los aportes de Amartya Sen, desde la teor铆a de las capacidades como libertades humanas y derechos individuales y colectivos.

聽La discusi贸n hace evidente que debe trabajarse sobre los determinantes socioecon贸micos y culturales de la violencia de pareja en Latinoam茅rica, en tanto los estudios relacionados en este art铆culo evidencian que las decisiones microecon贸micas tomadas al interior de los hogares relativas a la satisfacci贸n de las necesidades b谩sicas y secundarias, el manejo del dinero, la propiedad de la vivienda, el manejo del poder, la distribuci贸n de las tareas de cuidado y protecci贸n de sus miembros, los eventos que generan conflicto en la pareja, la toma de decisiones al interior de la pareja, la percepci贸n de la violencia, la cultura, entre otros, generan situaciones que pueden derivar en eventos de violencia, y buscan aportar a la construcci贸n de capital humano y social, lo cual aporta tambi茅n a la construcci贸n de la paz.

Adoptar una mirada m谩s integral de la pobreza, la vulnerabilidad y el desarrollo implica adentrase en todos los 谩mbitos donde las personas desarrollan sus actividades, y donde la desigualdad en las dotaciones iniciales dificulta el acceso al mundo de la educaci贸n, la econom铆a, la pol铆tica y dem谩s sistemas de la sociedad. Esto supone un reto en el trabajo interdisciplinario con el objetivo de incluir el conjunto de las disciplinas de las ciencias sociales y econ贸micas de tal manera que contribuyan cada una desde sus fortalezas particulares.

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  1. Magister en Estudios Pol铆ticos, Trabajadora social. Profesora, Directora de Posgrados del Instituto de La Familia de la Universidad de La Sabana. Colombia.


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