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Elizabeth Jelin, La lucha por el pasado. Cómo construimos memoria social, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2017, 304 páginas

María Paula Sousa[1]

Este libro es una invitación a reflexionar acerca de la construcción de la memoria social. Parte de la noción de que las memorias, siempre en plural, tienen historia y se desarrollan en muchas temporalidades. El eje central que atraviesan los distintos capítulos está puesto en el análisis de los sentidos del pasado y la forma en la que se convierten, como memorias, en el objeto mismo de luchas sociales y políticas. De esta forma, el libro realiza un recorrido por los trabajos realizados por Jelin a lo largo de tres décadas de investigación tomando como eje en cada caso los debates sobre las luchas sociales por las memorias. Los textos originales fueron escritos por la autora en diversos momentos, en respuesta a distintas motivaciones y, cada uno, aborda la construcción y transformaciones en las memorias de un pasado histórico reciente, combinando datos empíricos y un enfoque analítico.

El tratamiento de estos temas es relativamente nuevo en el ámbito académico. En Europa, este interés se desarrolló a partir de la reflexión sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la catástrofe sociopolítica desatada por el nazismo. A partir de ese momento, se fue expandiendo en distintos contextos de manera creciente como preocupación y como campo de estudio con identidad propia. A partir de la década del ochenta, en América Latina, las transiciones posdictatoriales del Cono Sur generaron debates y demandas sobre cómo encarar ese pasado reciente que incluyeron, desde luego, la reflexión intelectual y académica. En este marco, atravesado por las preocupaciones sociales de la región sobre las transiciones, se fue generando un campo de estudios específico sobre memorias sociales, con la formación de investigadores, la creación de programas en instituciones académicas, la publicación de revistas especializadas y el despliegue de redes locales e internacionales.

Estos desarrollos institucionales se encuentran ligados temporalmente a la trayectoria de investigación de la autora, ya que desde muy temprano ha promovido y participado en la generación de un campo de estudio sobre memoria. A lo largo de su vida se ha dedicado especialmente a la investigación sobre los Derechos Humanos, la represión política y las memorias, junto con el abordaje de otros temas que se conectan fácilmente con aquéllos, tales como los estudios sobre familia, género y movimientos sociales. En esta obra, específicamente, el foco del análisis está puesto en la experiencia argentina desde los años setenta del Siglo XX, aunque no es exclusivo ni excluyente. La referencia a los países restantes del Cono Sur aparece como historias cercanas entrelazadas, y procesos similares o paralelos en otros lugares del mundo, se incorporan en sus interrelaciones y elementos comparativos que ayudan a echar luz sobre las preguntas e interpretaciones. A lo largo de este recorrido, la autora revisita distintos periodos contrastando sus producciones con lo que otros escribieron, estableciendo sus impresiones y vivencias propias de cada contexto dando a esta obra una impronta autobiográfica. Esta característica presente al inicio de cada capítulo permite ingresar al lector en la historicidad propia de las ideas y a los textos desde un plano íntimo y autorreflexivo que refleja los cambios en sus propios escenarios.

La introducción realiza una explicación que contextualiza al libro desde una mirada personal. Parte de aproximaciones teóricas a los debates en relación con el concepto de memoria, su constitución y el lugar del olvido, respondiendo a interrogantes en relación con el sentido del pasado. Ocupa un lugar de trascendencia en este contexto el estudio de la historicidad en la palabra, qué se dice, cómo se dice y cuándo y porqué, y dentro de ese análisis, el lugar del silencio y del olvido. Estas cuestiones serán un foco de atención a lo largo del libro evidenciando la existencia de una multiplicidad de memorias, algunas cambiantes, y las luchas por el pasado que se van tejiendo entre ellas.

El capítulo 1 toma como objeto de análisis las experiencias de los diversos países del Cono Sur. A partir de la comparación de estos casos, la autora, muestra dentro de las especificidades propias de cada contexto, una historia compartida e interrelacionada de luchas por las memorias. A lo largo de esta primera parte, se puede realizar un recorrido por la experiencia de los distintos regímenes dictatoriales de América Latina durante los años setenta, las interpretaciones y reinterpretaciones de ese pasado evidenciando las luchas que en distintos planos y situaciones se emprenden al confrontarlo. Este fenómeno multidimensional toma un alcance mayor cuando la autora toma el caso de Alemania para luego acercarse a la historia reciente de los países del Cono Sur. Uno de los rasgos compartidos refiere a que el pasado del nazismo y de las distintas dictaduras del Cono Sur no quedó cerrado al momento de la transición política, sino que continuó siendo parte central del escenario político en las décadas siguientes respectivamente.

En el capítulo 2 cambia el foco de interés ya que, de las luchas sociales y políticas, se traslada al mundo académico con el objetivo de encuadrar y comprender el surgimiento del campo de estudios sobre memorias. Este proceso se enmarca en el desarrollo de las Ciencias Sociales en América Latina desde mediados del Siglo XX y la progresiva incorporación de una perspectiva de género, las cuestiones ligadas a los derechos humanos y a la memoria social. En este recorrido, la autora indaga cómo se fueron produciendo estos desarrollos, qué condiciones históricas lo permitieron y qué enfoques fueron disputando el espacio académico desde los años sesenta del siglo XX en las Ciencias Sociales. Resulta interesante desentrañar la similitud entre los recorridos propios de las memorias y las luchas del pasado también como parte intrínseca del mundo académico.

El tercer capítulo, de mayor extensión, se focaliza en el movimiento de derechos humanos argentino durante la dictadura, tanto durante la transición democrática como posteriormente. La autora atraviesa las distintas etapas que llevó la consolidación de este movimiento evidenciando como llega a ocupar, finalmente, un lugar significativo en el espacio público argentino. Las demandas de información primero, las de justicia en la transición y la creciente insistencia en mantener vivas las memorias constituyen elementos claves en este recorrido histórico. Este relato transcurre en escenarios políticos cambiantes marcados por el paso del tiempo, lo cual permite conocer cómo este movimiento se fue debatiendo entre su rol institucional y político, con avances y retrocesos en procesos que se van a mantener abiertos.

A lo largo del capítulo 4 se analiza el rol de las conmemoraciones y las fechas en relación con las luchas por el pasado y la forma en la cual las memorias son incorporadas al calendario oficial. En este sentido, la atención se dirige a las luchas sociopolíticas y los conflictos o disputas propias del establecimiento y mantenimiento de marcas territoriales de diverso tipo, la búsqueda y organización de documentos y rastros del pasado en archivos. El objetivo de este trabajo está puesto en desentrañar cómo se materializan en la esfera pública distintas iniciativas en pos de la recordación y el homenaje. La autora analiza cómo el desarrollo de estos procesos en diversos niveles pone de manifiesto que las demandas y políticas de memorialización son parte de un campo más amplio de políticas y prácticas públicas y, por lo tanto, deben verse como parte de las demandas de “verdad” y “justicia”. Un concepto interesante que se menciona en este capítulo es el de cultura material de las memorias para referenciar a las políticas de memorialización como una respuesta que el Estado brinda, a aquellos actores que reclaman reconocimientos simbólicos, a través de materialidades y materializaciones de las memorias.

El capítulo 5 presenta y discute el mundo de las narrativas personales analizando la historia de la legitimidad de la palabra los actores afectados por el pasado dictatorial. Este trabajo se contextualiza dentro de los cambios atravesados por el escenario político argentino, poniendo la mira específicamente en el familismo y maternalismo. Desde este enfoque Jelin analiza el rol desempeñado en el periodo posdictatorial por los distintos identificados con la posición de “afectado directo”, sus narrativas personales y su rol en la definición de la agenda de reclamos en torno a ese pasado. La autora evidencia cómo estas voces encarnadas en el familismo y maternalismo excluyen y relegan a otras voces sociales en la discusión pública de los sentidos del pasado y las políticas a seguir en relación con él.

Por su parte, el capítulo 6 aborda la problemática de los abusos sexuales como crímenes de lesa humanidad. Para esto, realiza un recorrido por los cambios en la interpretación de la violencia sexual como práctica represiva a lo largo de varias décadas. Partiendo de la reflexión sobre algunas cuestiones interrelacionadas, como los sentidos políticos de la violencia de género, los climas culturales de época que impulsan o públicamente silencian estas situaciones y los cambios en el campo internacional de los derechos humanos, la autora evidencia cómo estos cambios incluyen una referencia obligada a las transformaciones en el escenario global y en las normativas internacionales, aunque el capítulo se encuentra fundamentalmente contextualizado en la Argentina.

El capítulo 7 analiza el lugar del testimonio personal en la historia de las memorias. Al hacerlo, analiza la dimensión de la subjetividad de los actores. La autora indaga acerca de cómo se articulan en las narrativas testimoniales las múltiples temporalidades, estableciendo una diferencia entre los tiempos y contextos en que se elaboran esos testimonios y los tiempos a los que hacen referencia, sumados a los tiempos del devenir histórico y autobiográfico. Esta última cuestión resulta reveladora a la hora de comprender la forma en la que este mismo libro fue constituido, permitiendo entrelazar el recorrido personal, el contexto histórico y el desarrollo académico, propios de la autora.

Finalmente, el capítulo 8 haciendo un balance a partir de los distintos temas abordados a lo largo del libro, se interroga acerca de las políticas de memoria y su importancia en la construcción democrática. El análisis de las múltiples memorias, las luchas por el pasado y las políticas en pos de la conmemoración y recordación, arrojan luz sobre una realidad compleja de la que emergen algunos interrogantes: ¿Qué es lo que hay que recordar? ¿Qué aspectos específicos están ligados a la activación de cuáles memorias del pasado dictatorial y de violencia? De esta manera, la autora cierra su trabajo planteando nuevas miradas. Descompone la relación entre democracia y memoria poniendo en duda el supuesto de que una política activa de memoria es condición necesaria para la construcción democrática. Para responder a estos interrogantes, explora a través de distintos ejemplos y cambios en prácticas institucionales, en dimensiones culturales y simbólicas y en el campo de las políticas pedagógicas, permitiendo evidenciar, nuevamente, el carácter abierto e inacabado del futuro.


  1. UTDT.


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