Otras publicaciones:

9789871867905_frontcover

9789877230291_frontcover

Otras publicaciones:

12-4260t

9789871867653_frontcover

Abstracts

Imaginar un nuevo orden político: la crítica liberal a la inquisición española en Lima y Buenos Aires (1808-1821)

J. Tcherbbis Testa

 

La crisis de la Monarquía Hispánica planteó un desafío inédito para la regulación del orden político. En ese contexto se produjo uno de los debates, quizás más interesantes, respecto a la relación entre política y religión. Nos referimos al debate acerca de la permanencia o supresión de la Inquisición española, pilar de la alianza del Trono y del Altar. La polémica estimulaba la reflexión sobre el problema de la legitimidad de la autoridad, la obediencia, la censura, la justicia y el poder de castigar. La clave del dilema en cuestión era, en cierto modo, el derecho a imaginar un nuevo orden político.

A través del cruce disciplinar entre la historia política y de las ideas, nos proponemos reconstruir el desarrollo de aquel debate en la prensa de Lima y Buenos Aires durante la encrucijada de la revolución e independencia. Se trata de dos ciudades que estuvieron bajo el influjo del tribunal; Lima más que Buenos Aires, pues era sede del palacio inquisitorial. A su vez, fueron capitales de Virreinatos con derroteros políticos divergentes. Pues mientras Lima continuó siendo la Ciudad de los Reyes hasta 1821, Buenos Aires experimentó rápidamente propuestas independentistas. Se busca demostrar que la crítica a la Inquisición ocupó un lugar significativo en la cultura política limeña y porteña. Analizaremos comparativamente de qué modo aquella crítica cedió paso a la reivindicación de nuevos derechos, proyectos e identidades políticas. De este modo, la ponencia intenta superar la perspectiva peninsular de la historiografía sobre la abolición y el debate a propósito de la Inquisición española.


La división del federalismo: Buenos Aires 1833

Nicolás Mato

 

A partir del año 1829, cuando Juan Manuel de Rosas fue electo gobernador por la Sala de Representantes, el federalismo en la provincia de Buenos Aires se identificó con el grupo que sostuvo su gobierno, tanto con la participación en la administración pública como con el apoyo provisto desde la prensa u otras formas de intervención en el espacio público. En el año 1833 el escenario cambió. Bajo el gobierno de Juan Ramón Balcarce, iniciado el 12 de diciembre de 1832, el federalismo se dividió. En abril de 1833, por primera vez desde 1829, un grupo de federales disidentes se presentó a las elecciones para la renovación de los miembros de la Sala. Así, a lo largo de 1833, se evidenció la presencia de dos grupos de federales que lucharon abiertamente por establecer su hegemonía política en la provincia. En este trabajo se analizan los discursos de ambos grupos expresados en la prensa, en la Sala de Representantes y en sus cartas, así como también la atención que a recibido en tema en la agenda de la historiografía hasta la actualidad. Enfatizamos la necesidad de relativizar los debates sobre las facultades extraordinarias para comprender el accionar de los federales disidentes y exploramos su posicionamiento en torno a los debates sobre la libertad de imprenta, los principios liberales y la representación del federalismo para conocer mejor sus intenciones políticas.


La colonización, el desarrollo ferroviario y el arriendo agrícola como motores de la expansión urbana en Santa Fe (1853-1914)

Rubén Benedetti

 

El carácter y la conformación del actual espacio santafesino, en cuanto a sus centros urbanos, es el resultado de la política inicial de colonización y del posterior auge del arriendo agrícola, beneficiado éste último por la expansión en libre competencia de las empresas ferroviarias.

El trabajo en curso, indaga sobre el proceso de ocupación territorial que entre 1853, luego de la fundación de las primeras colonias agrícolas, dio lugar a la formación de centenares de núcleos urbanos en la provincia de Santa Fe. Se propone que el mismo está estrechamente vinculado a la transformación poblacional y a la transición hacia un modelo de producción basado en el arriendo, en el marco de la amplia oferta de nuevos desarrollos urbanos privados fomentados por la aparición de nuevas redes ferroviarias surgidas en un marco de competencia entre empresas, lo que dio lugar a una estructura urbano-territorial característica del espacio santafesino. Luego del ciclo inicial de creación de colonias, el negocio de venta de parcelas a plazo, impulsó un proceso de fundación privada, que luego de 1887 aprovechando una ley provincial de exención impositiva incluyeron el trazado de un pueblo, a la vez que también se fomentó la fundación de pueblos junto a estaciones ferroviarias. Paradójicamente la expansión de los nuevos pueblos no se agota con el auge del arriendo, sino que continúa durante la primera década del siglo XX acompañando la transformación del agricultor santafesino de colono-propietario a chacarero-arrendatario la que se hace patente en el carácter de las protestas agrarias de 1912 identificadas como Grito de Alcorta.


Elencos políticos provinciales en la etapa de organización nacional. Corrientes y Entre Ríos, 1862-1883

Raquel Bressan

 

Durante la segunda mitad de siglo XIX se produjo una profunda transformación institucional en la cual las catorce provincias argentinas se integraron a una unidad administrativa conjunta: el Estado-nación. Este proceso implicó no sólo la subordinación de las provincias al emergente poder nacional sino también un nuevo marco de interacciones para sus dirigencias políticas. La presente ponencia analiza una serie de decisiones metodológicas que guiaron la reconstrucción y el análisis de las transformaciones y las interacciones que llevaron a cabo los elencos políticos de Corrientes y Entre Ríos entre 1862 y 1883 durante la investigación realizada para la tesis doctoral. En este sentido, la ponencia aborda dos cuestiones consideradas estructurantes. Por un lado, las implicancias de tomar la provincia como unidad de análisis para comprender el proceso general de formación del Estado. Por otro, el análisis de las transformaciones provinciales a partir de complementar las metodologías e interrogantes provistos por la historia política con los elaborados por la historia institucional.


Intelectuales en la transición democrática: el Club de cultura Socialista (1984-1993)

Josefina Elizalde

 

La transición a la democracia, que comenzó como consecuencia de la crisis interna generada en la última dictadura militar, posibilitó una reconfiguración del campo intelectual en donde las relaciones entre los intelectuales y la política serían puestas en discusión y en donde la cuestión democrática se colocó en el centro de los debates. La presente investigación intenta reconstruir un fragmento de esta historia reciente que es la formación del Club de Cultura Socialista (CCS) durante la transición democrática. El CCS surgió en julio de 1984 como producto del reacomodamiento de la izquierda dentro del campo intelectual que permitió la confluencia de los intelectuales que se agrupaban en torno a la revista Punto de Vista surgida durante la dictadura, con los miembros del Grupo de Discusión Socialista y la revista Controversia vueltos del exilio mexicano[1]. Ambos grupos presentan trayectorias ideológicas similares, aunque se desarrollaron en contextos distintos principalmente por la clausura del campo intelectual en la Argentina.

La reconstitución del campo que comenzó con la transición democrática permitió la reinserción de los intelectuales en la universidad como docentes o investigadores, tanto para los provenientes del exilio como para los que no se habían incorporado o se habían tenido que retirar por cuestiones políticas, y en diferentes tipos de producción intelectual que van desde las revistas hasta la producción editorial y académica. Este proceso los colocó ante la disyuntiva encontrar un equilibrio entre la vida académica y la vida pública; de quedar aislados en los centros de investigación que ahora proveían las universidades y que su discurso intelectual fuese sólo dirigido a los colegas, o de participar en el proceso de apertura política y democratización cultural desde un lugar más activo que posibilitaba la esfera pública que se abría con la transición. Es en este contexto que el CCS cumplió un rol fundamental en el proceso de autonomización de la figura del intelectual que se dio entre la dictadura y la transición democrática ya que, en tanto espacio rutinizado de sociabilidad intelectual, fue un laboratorio de nuevas concepciones y nuevas creencias asociadas al papel del intelectual. El proceso político provocó inflexiones en las trayectorias y modificó los modos de intervención de los intelectuales que pasaron de intervenir en un lugar subordinado o subsidiario de la política en instituciones que ellos no habían creado, a tener un rol autónomo en una organización creada por ellos mismos y que no obligaba a una afiliación política. En este sentido, el Club Socialista funcionó también como un espacio de producción y reproducción de una nueva identidad social para ellos mismos en tanto intelectuales: la de un intelectual público que aúna convicciones socialistas con el compromiso con la democracia.


Crisis política y soluciones morales: relaciones culturales y políticas entre la Argentina y España 1895-1901

Ana Leonor Romero

 

El trabajo presentado es un primer esbozo del plan de tesis doctoral. El mismo contiene seis acápites: la presentación del tema, los interrogantes generales, la hipótesis central, una descripción de la organización de la tesis, el panorama historiográfico en donde se inserta el trabajo y el marco teórico metodológico de trabajo. Se eligió este formato para presentar en el Workshop ya que por un lado respondía a los requerimientos generales enviados y asimismo sintetiza el momento en que se encuentra la elaboración de la tesis.

Esta investigación analiza la crisis de legitimidad de los fundamentos políticos del Régimen Conservador en la década de 1890. El fin de siglo se presentó como un momento de crisis de valores asociados a las nociones de orden y progreso y estimuló la falta de confianza en el sistema político. Los protagonistas de la arena política, la elite, fueron también los principales actores de este cuestionamiento.

En particular intenta dilucidar cómo la crisis informó la situación política y posibilitó a los miembros de la elite establecer qué prácticas políticas podrían ser consideradas legítimas y cuáles no y, por lo tanto, debían ser transformadas. Esta lectura en términos de crisis, presente entre sus miembros, impugnó los fundamentos de la legitimidad del régimen conservador y se tradujo en una crítica moral. Este análisis se hace a partir de considerar el modo en que esta crisis cobró forma en relación a la experiencia española y en el marco de la transformación de su lugar en el imaginario político y cultural argentino. Para esto se atiende a su relación de contraposición, especialmente en el marco de la guerra de independencia de Cuba, con el modelo norteamericano que había ocupado un lugar predominante en el imaginario político y cultural del siglo XIX en América Latina y en la Argentina.


Tiempo, historia y política. Una reflexión sobre las conmemoraciones bicentenarias en clave comparada

Camila Perochena

 

El artículo busca comparar las conmemoraciones oficiales del Bicentenario que tuvieron lugar en México y Argentina. El primer objetivo es analizar cómo dos gobiernos ideológicamente diferentes conmemoraron el Bicentenario y representaron la idea de revolución. El segundo es ver las relaciones que dichos gobiernos establecieron con el tiempo histórico. Las fuentes utilizadas para responder a dichos objetivos son los discursos oficiales de los presidentes y las celebraciones bicentenarias. La hipótesis que se busca demostrar es, por un lado, que mientras México intentó construir una memoria reconciliatoria en Argentina se buscó poner en evidencia las rupturas entre los actores del pasado y el presente. Por otro lado, estas dos formas de conmemorar dieron lugar a dos representaciones diferentes de la idea de revolución y a dos maneras de representar la tríada pasado-presente-futuro.


Palpitando el escrutinio: elecciones y prácticas electorales en la Capital Federal, 1910-1903

María José Valdez

 

“Lo político, tal como lo entiendo, corresponde a la vez a un campo y a un trabajo. Como campo, designa un lugar donde se entrelazan los múltiples hilos de la vida de los hombres y las mujeres, aquello que brinda un marco tanto a sus discursos como a sus acciones (…) En tanto que trabajo, lo político califica el proceso por el cual un agrupamiento humano, que no es en sí mismo más que una simple „población‟, toma progresivamente los rasgos de una verdadera comunidad. Una comunidad de una especie constituida por el proceso siempre conflictivo de elaboración de las reglas explícitas o implícitas de lo participable y lo compartible y que dan forma a la vida de la polis. No se puede aprehender el mundo sin darle un lugar a este orden simbólico de lo político…[2]

El objetivo principal del proyecto de investigación es el estudio de las prácticas electorales desarrolladas en la ciudad de Buenos Aires durante el período comprendido entre 1912 y 1931, con el objetivo de indagar el impacto que ellas tuvieron en la constitución de la cultura política porteña: para ello, se analizan principalmente las elecciones nacionales que se desarrollaron en el distrito elegido (electores de presidente y vice, senadores y diputados nacionales).

En sentido amplio, por prácticas electorales se entiende todo proceso asociado tanto al ejercicio del voto como aquellos sucesos vinculados a una elección: la campaña, los actores participantes, la votación propiamente dicha, los escrutinios, las miradas que sobre la misma elección construyen los actores involucrados. A la vez, es necesario prestar atención a la relación que se establece entre los sujetos a ser representados y sus posibles representantes, considerando a la misma como una relación dinámica. En este sentido, lo que se ubica en el centro de este análisis sobre la experiencia electoral es la relación entre los partidos políticos y la sociedad.

La hipótesis central que se sigue en el presente proyecto es que las formas que adquirió la política electoral entre 1912 y 1931 ayudaron a la definición de un conjunto variado de prácticas (materiales y discursivas) y valores que jugaron un papel central en el desarrollo de la cultura política, tan importantes como aquellos que se establecieron en otros ámbitos de sociabilidad de la Capital Federal. En ese sentido, prestar atención a la forma en que se desarrollaron las campañas electorales y los días de elección, y los cambios que se produjeron a lo largo del período considerado nos permitirá reconsiderar algunos aspectos de dicha cultura política.

La crisis política que había comenzado en 1890 alcanzó su auge en la primera década del siglo XX. A los conflictos políticos propios del partido de gobierno, se sumaron las impugnaciones que, fundamentalmente pivoteadas desde el radicalismo, se traducían en intentonas revolucionarias y desde 1905 (con el fracaso de la última revolución radical) en la abstención electoral. Los radicales, liderados por Hipólito Yrigoyen, mantendrían esta posición hasta que –desde su perspectiva- estuviesen dadas las condiciones para una participación electoral transparente, en la que la venalidad y la presión electoral no fuesen moneda corriente.

Así, la cuestión de las prácticas políticas fue uno más de los elementos que formaron parte del debate político de la época, en el que los actores involucrados (intelectuales, políticos, partidos, prensa, etc.), dieron su opinión sobre cuál debía ser el camino a seguir, qué transformaciones debían producirse para garantizar una representación más adecuada de la sociedad, eliminar los elementos nocivos de la lucha del sufragio y superar el ausentismo electoral. Ya en 1902, el gobierno de Roca había sancionado a instancias del ministro del Interior Joaquín V. González una nueva ley electoral. La misma estableció el sistema uninominal por circunscripciones y el padrón permanente; su objetivo era lograr una representación más precisa y directa de la sociedad en transformación: “el sistema electoral que se propone realizar los mandatos de la voluntad nacional por medios prácticos y eficaces, debe procurar la menor distancia posible entre la producción del mandato superior y la ejecución de ese mandato”. Igualmente, la ley sólo se mantuvo para la elección de 1904 (siendo derogada al año siguiente).

La imposición de esta ley no significó el fin de la venalidad del voto como práctica; y si bien su derogación se debió a motivos estrictamente políticos, esto no supuso el abandono del afán reformista. Este tuvo su nuevo y definitivo momento en 1912, con la sanción de una nueva ley electoral (nº 8871), impulsada por el presidente Roque Sáenz Peña y su ministro del Interior, Indalecio Gómez. La misma estableció el voto secreto y obligatorio para los varones, y el sistema de lista incompleta, lo que brindó la representación a las minorías; lo que sobrevolaba el espíritu de la ley era la formación de partidos políticos entendidos como organizaciones de carácter permanente.

La sanción de la ley tuvo dos efectos concretos: en primer lugar, amplió compulsivamente el cuerpo electoral; en segundo, permitió el triunfo de la UCR. Aunque el radicalismo llegó a la presidencia en 1916, esto no significó una modificación absoluta de las prácticas electorales existentes en la ciudad. La manera en que se realizaban las campañas electorales fue prácticamente la misma, aunque se fueron incorporando nuevos adelantos, como la radio y el cinematógrafo. Lo que sí se redujo fue la capacidad de pequeños grupos políticos, “independientes” para poder, por sí solos, mantener una candidatura sin una presencia total en la ciudad. Muchos de ellos desaparecieron o simplemente, se sumaron a estructuras partidarias más grandes, o colaboraron con ellas desde un lugar independiente. Por otra parte, los partidos tuvieron que cubrir de manera cada vez más densa una ciudad que crecía muy rápidamente, y en la que, en las zonas nuevas, las preferencias electorales no estaban completamente definidas. Así, la competencia electoral entre partidos se acentuó con el correr de las décadas, lo que produjo una suerte de perfeccionamiento en la acción de las “máquinas electorales”. Cada vez más los partidos (sobre todo el PS) se preocuparon por llevar a cabo, de una manera precisa y ordenada la campaña electoral, ante la necesidad imperiosa de conquistar y seducir a nuevos votantes. Esto supuso la generación de discursos que, si bien estaban basados en las ideas centrales de cada partido, tendieron a ser cada vez más amplios.

Desde 1916 existió una reflexión casi permanente en distintos ámbitos sobre el desarrollo de las prácticas electorales. En la prensa se discutía lo que realizaban los diferentes partidos, cuánto sus prácticas se alejaban o no de lo que señalaba la ley, y en qué medida las experiencias enviciadas perduraban en la política porteña. A su vez, el Congreso nacional también sirvió como espacio de discusión de este proceso. Muchas veces los diputados debatieron sobre lo acontecido en la campaña electoral, la legalidad de un resultado electoral, la relación entre el gobierno y el partido, la violencia electoral, etc. Esto muestra que con la sanción de la ley no finalizó el debate sobre las prácticas sino, más bien, este se reavivó, aunque sobre nuevas bases de apoyo.

También se produjo una reflexión casi permanente sobre la cuestión del sufragio: ¿qué significaba votar para estos hombres que compulsivamente, habían sido incorporados al cuerpo político? Este interrogante fue también un punto central sobre el cual, una y otra vez, volvieron los diferentes actores para discutirlo. Y en este debate, a las visiones optimistas iniciales sobre la capacidad regenerativa de la ley electoral le siguió, casi inmediatamente, una mirada negativa sobre la incapacidad de la misma ley.

Así, entre prácticas y discursos, las campañas de propaganda de los distintos partidos políticos fueron desarrollándose en la ciudad, involucrando a sus habitantes, marcando el ritmo político del distrito. Obviamente, variaron en intensidad en función de la coyuntura electoral de la que se tratase: no era lo mismo una campaña en la se elegían sólo diputados nacionales que aquellas en las que se ponía en competencia la candidatura presidencial: pero las actividades continuaron siendo más o menos similares a lo largo del período en cuestión.

¿Por qué cerrar la investigación en 1931? 1931 sirve para pensar la manera en que se articulaba en el escenario político la presencia de partidos y grupos “independientes”, todo ello en el marco de un conjunto de discursos que reforzaban la importancia de la ley Sáenz Peña como baluarte del sistema político argentino. Así, dicha campaña electoral funciona casi como una excusa, en la medida en que permitirá retomar los argumentos desplegados con anterioridad en el trabajo de investigación.


Repensar la política argentina entre el yrigoyenismo y el peronismo. Desde el golpe de setiembre de 1930 hasta la consagración de la Nueva Argentina en 1950

Carlos Piñeiro Iñíguez

 

El derrocamiento de Yrigoyen evidenció la crisis del modelo agroexportador en el contexto mundial de 1930 y la necesidad de una modernización del país, cuya búsqueda se prolongaría hasta la concreción y consolidación del proyecto peronista en 1950. Esta etapa histórica estuvo marcada, políticamente, por la crisis del radicalismo, que fue perdiendo la condición de fuerza mayoritaria y su reemplazo por el peronismo como nuevo movimiento de masas. Las líneas de continuidad entre ambos procesos están dadas tanto por la serie de transformaciones económicas, sociales y políticas iniciadas en 1930, que mostraban la necesidad de esa modernización que concretaría el peronismo, como por la postulación de múltiples liderazgos alternativos que tensionaron la relación del radicalismo con la sociedad, entre los que se destaca el proyecto de Agustín P. Justo.

La conducción alvearista del radicalismo, por su adhesión al viejo modelo agroexportador, no dio respuesta adecuada a los nuevos fenómenos de la realidad argentina, al tiempo que se adaptaba al régimen fraudulento imperante. Por su parte, las líneas disidentes radicales, como FORJA y las agrupaciones intransigentes que confluirían en el MIR, no lograron constituirse en dirección alternativa. La adopción de una visión industrialista por parte de las Fuerzas Armadas fue un desafío modernizador que llevó a su culminación la crisis del radicalismo.

Perón, readaptando el proyecto de Justo, intentó acordar con figuras del radicalismo el apoyo político a su incipiente liderazgo. La negativa de Amadeo Sabattini lo llevó a reformular sus planes, apoyándose de manera creciente en el movimiento sindical. El acontecimiento inesperado del 17 de octubre de 1945 y su triunfo en las elecciones de febrero de 1946 hicieron que el acuerdo propuesto ya resultase innecesario para Perón. Desde el gobierno, el peronismo llevó adelante sus políticas transformadoras sin tener que consensuar con la oposición, en una dinámica de creciente confrontación. La reforma constitucional de 1949 fue la institucionalización de esas nuevas realidades y, al mismo tiempo, de la hegemonía política del peronismo. En 1950, las celebraciones del Año del Libertador General San Martín fueron la consagración simbólica de esa Nueva Argentina y de Perón como su conductor.


La inserción laboral de los inmigrantes okinawenses en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX

Martín Saiz

 

La presente tesis doctoral tiene por objetivo central describir la migración okinawense hacia Argentina durante el período 1945 -1970 en el contexto de las corrientes migratorias ultramarinas y las corrientes migratorias latinoamericanas de la época.

Se pretende identificar las razones y las estrategias de inserción laboral de los migrantes okinawenses en Argentina durante el período, explorando las dimensiones demográficas de la comunidad okinawense en Argentina, Brasil, Perú, Canadá y Estados Unidos. Por último, también se pretende describir las estrategias migratorias utilizadas y sus relaciones con el trabajo, la familia y la identidad, en el marco de redes sociales y cadenas migratorias.

Algunas de las preguntas que forjaron la investigación son las siguientes: ¿por qué el flujo migratorio fue mayor hacia los países donde habían sufrido hostilidades y donde el período previo a la segunda guerra había sido fuertemente regulado en términos laborales, siendo Argentina un país que durante la primera mitad del siglo XX había construido una relación amigable y un espacio propicio para un desarrollo expansionista de la comunidad okinawense? ¿Por qué la historia de la inmigración japonesa en Perú y Brasil (en menor medida Estados Unidos y Canadá) trata en profundidad temas propios de los estudios migratorios tales como la identidad, las redes familiares y en Argentina la idea de identidad okinawense como parte del ser nacional aún no es abordado por la historiografía? ¿Cuáles fueron las razones por las que en Argentina se dedicaron a cuatro actividades laborales solamente cuando otras tantas contaban con iguales necesidades de mano de obra?

La propuesta de valor que se intentará construir en esta investigación implica en primer lugar determinar con precisión el hecho histórico y todas sus aristas fácticas verificables. En otras palabras, determinar qué paso en términos laborales y migratorios con la comunidad okinawense en el período 1945-1970 en Argentina. En segundo lugar, investigar cómo y por qué ese hecho histórico sucedió de esa manera y no de otras.


El Estado y la cuestión indígena. El caso de la comunidad barí en Colombia

Andrés Pabón Lara

 

Este trabajo pretende explicitar las características generales del proceso de incorporación de los indígenas Barí al modelo político-cultural estatizado y a las formas socio-económicas capitalistas, características del Estado colombiano. Se traza como arco temporal de este análisis el periodo comprendido entre 1887 y 1978, al tiempo que se reconocen subperiodos que matizan el tipo de políticas con que se llevó adelante el proceso de incorporación. Dicho proceso puede referirse como la configuración o reforzamiento de un modelo vertical de poder que pretendió la inserción subordinada, o en su defecto la desaparición cultural o física, de todos aquellos que no se amoldaron a los ideales hegemónicos del modelo cultural acorde con la centralización política y los intereses económicos de los constructores del Estado nacional. Esto comprende paralelamente la configuración del poder horizontal del Estado central en términos de su expansión territorial, como fundamentos de una proyección económica capitalista dentro de un modelo político y cultural modernos, así como el accionar conjunto de distintos agentes, tanto institucionales como privados; portadores, representantes, defensores y/o propagadores del modelo estatal. Asimismo, el proceso de incorporación también incluye, y así se pretende llegar a establecer, el reconocimiento de las distintas respuestas que los indígenas Barí esbozaron frente al modelo de intervención que afrontaron, para completar con ello el reconocimiento del modelo de estatalidad desde sus principales características y atendiendo a las variables del proceso de su construcción en atención a la forma en que en él participaron los distintos sectores sociales que lo constituyen.

En este trabajo se postula la existencia de una relación entre el proceso de construcción estatal, el desarrollo de la industria petrolera de la región del Catatumbo en Colombia y la reterritorialización de zonas de asentamiento de la comunidad indígena Barí. Para lograr la incorporación de esta comunidad, se recurrió a una variada mezcla de dispositivos de penetración estatal, que particularizan el proceso como diacrónico y complejo. Como consecuencia, además del uso de la violencia que generó una considerable baja poblacional, las comunidades resultaron receptoras de formas de sometimiento cultural y dominio político que concurrieron en la aspiración de la transformación del indígena como presupuesto de su vinculación al modelo estatal.


  1. El “grupo fundador” estaba constituido por José Aricó, principal promotor del proyecto, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, Juan Carlos Portantiero, María Teresa Gramuglio, Sergio Bufano, Marcelo Cavarozzi, Alberto Díaz, Rafael Filipelli, Ricardo Graciano, Arnaldo Jáuregui, Domingo Maio, Ricardo Nudelman, José Nun, Osvaldo Pedroso, Sergio Rodríguez, Hilda Sábato, Jorge Sarquís, Jorge Tula, Oscar Terán, Hugo Vezzetti, Emilio de Ipola.
  2. Pierre Rosanvallon, Por una historia conceptual de lo político, Bs. As., Fondo de Cultura Económica, 2002, pp. 15-16.


Deja un comentario