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gobernabilidad

Herramientas y perfil profesional en acompañamiento familiar
en el caso del programa Cercanías

Valeria Gradin y María Isabel Verstraete

Resumen

La ponencia se basa en una investigación desarrollada en el marco de la elaboración de un trabajo final de posgrado sobre intervención familiar. Este trabajo se planteó como objetivo analizar, para el caso del programa Cercanías, la metodología desarrollada por los equipos técnicos (identificar herramientas con base en la teoría sistémica y otras corrientes, y su utilización en la práctica del trabajo implementado por Equipos Territoriales de Atención Familiar [ETAF]).

Este programa estatal surge en 2012, junto con otros programas focalizados y de proximidad (Uruguay Crece Contigo y Jóvenes en Red), con el objetivo de restituir derechos a integrantes de familias en situación de extrema pobreza en el país.

El diseño de investigación se centra en entrevistas en profundidad de tipo abierto a informantes calificados, análisis de documentos institucionales del programa, así como de investigaciones y artículos publicados sobre él, bibliografía vinculada a políticas públicas dirigidas a población en situación de extrema pobreza, publicaciones sobre intervención familiar y metodología de proximidad.

El marco teórico integra elementos del desarrollo de las políticas públicas focalizadas en el país (y las críticas presentes a ellas), así como del marco conceptual sobre metodología de intervención familiar (en particular de la corriente sistémica).

El análisis profundiza en dos ejes: la organización del trabajo del equipo técnico (que refiere al encuadre en el trabajo con las familias y las instituciones en el territorio, los perfiles profesionales, la supervisión y el cuidado de equipos); y las herramientas empleadas o que podrían ser utilizadas por los equipos (se distinguen herramientas por etapas de la intervención, herramientas por temáticas, y la realización de actividades multifamiliares como herramienta complementaria).

En las conclusiones, se plantea el aporte del instrumental analizado y la importancia de la sistematización de información y de la formación permanente para enriquecer la intervención del profesional que trabaja con familias en situación de extrema pobreza y sus resultados, así como el necesario diálogo con la academia. También se plantean los límites del acompañamiento familiar en el marco de esta política asistencial ante los vacíos y desafíos en las políticas estructurales universales para la atención de la población en situación de extrema pobreza.

Palabras clave

Intervención; familia; proximidad.

I. Introducción

Este documento se basa en el trabajo final de la Especialización en Psicología Sistémica y Familias realizada por las autoras en la Universidad Católica del Uruguay (UCUDAL). La investigación desarrollada contó con el aval de las direcciones que coordinan Cercanías por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y por el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU)[1]. Cabe mencionar que ambas autoras trabajábamos en este programa a la fecha de la investigación, que se desarrolló durante el primer semestre de 2016.

La Estrategia Nacional de Fortalecimiento de las Capacidades Familiares–Cercanías surge en el año 2012 como una estrategia de gobierno para la atención a familias en situación de extrema pobreza, con Equipos Territoriales de Atención Familiar (ETAF) que buscan facilitar el ejercicio de derechos de sus integrantes. Se crea en un contexto político en el que se profundiza el desarrollo de programas de proximidad para la atención de población en situación de pobreza.

En estos años, como antecedentes encontramos que se han escrito varias evaluaciones, investigaciones, tesis y artículos sobre Cercanías, que centran su atención en los límites de las políticas asistenciales y las tensiones entre lo focal y lo universal. Tomando en cuenta la existencia de estos valiosos aportes, hemos optado por profundizar en el análisis de las herramientas metodológicas puestas en juego a la hora del trabajo con los integrantes de las familias y las instituciones con las que se articula en territorio.

En este aprendizaje, y como una contribución a la reflexión sobre este programa, considerando el marco conceptual del paradigma sistémico, nos centramos en buscar herramientas metodológicas que habiliten la generación de movimientos o cambios para que los integrantes de las familias disminuyan su nivel de exclusión y puedan ejercer más y mejor sus derechos.

Por esto, en la investigación se planteó el siguiente objetivo general: identificar herramientas desde el enfoque de la teoría sistémica y otras corrientes y su utilización en la práctica de trabajo implementada por Equipos Territoriales de Atención Familiar en el marco del programa Cercanías. Los objetivos específicos fueron:

  1. Relevar herramientas mencionadas por equipos y/o supervisores para utilizar en su trabajo de proximidad, que están vinculadas a la corriente sistémica en la intervención familiar.
  2. Identificar la utilidad práctica de estas herramientas en las distintas etapas de implementación de los procesos de acompañamiento familiar establecidos en el marco del programa.
  3. Proponer herramientas en función de la información recabada y sistematizada.

II. Marco teórico/marco conceptual

Proximidad

Entendemos a las herramientas como las técnicas implementadas en la dimensión operativa del trabajo, enmarcadas dentro de estrategias que parten de definiciones epistemológicas, ideológicas y éticas.

El modelo de atención de Cercanías establece la siguiente definición sobre el trabajo de proximidad:

[…] es una cualidad del dispositivo de acompañamiento familiar que supone una intervención cercana a la familia, acompañando procesos, urgencias, necesidades, preferentemente en el ámbito donde se desarrolla la vida cotidiana de la familia o en los espacios donde transita. Esta orientación no desconoce las desventajas que este ámbito cotidiano pueda llegar a tener para el trabajo de ciertas temáticas, por lo que en estos casos, tal como se explicita en los términos de referencia, la intervención tiene lugar en espacios institucionales y comunitarios. La intervención requiere, siempre que sea posible, el acuerdo de trabajo mutuo con las familias durante el proceso de trabajo y un posicionamiento ético capaz de contemplar al otro/a en sus intereses, prioridades, aprendizajes (Cercanías, 2016, p. 8).

Marina Cal distingue tres dimensiones en la metodología de proximidad: espacial, temporal y afectivo-relacional. Con relación al espacio, plantea que “el espacio tiene un sentido provisional para los sujetos involucrados que hace posible recorrer de forma compartida ciertos trayectos” (Cal, 2015, p. 496).

En cuanto a los tiempos, plantea que hay un momento “fundante” y que debe ser clara la temporalidad y el límite de esta.

Por último, desarrolla el componente afectivo-relacional para instrumentar un abordaje en el que “resulta imprescindible que exista un reconocimiento entre los sujetos (operadores sociales y los sujetos destinatarios de las propuestas)”. Dice:

Siguiendo entonces algunos de los aspectos expuestos por Alex Honneth (2010), es preciso que devenga un reconocimiento recíproco que porte la cualidad de lo cercano a la vez que comunitariamente integrador y que se sustente en la aceptación de la necesidad mutua –en tanto promotora de transformaciones en las subjetividades–” (Cal, 2015, p. 498).

La familia como sujeto de atención[2]

La definición de “familia” que se maneja en Cercanías es:

Grupo de individuos unidos por relaciones afectivas y/o de parentesco, configurando una matriz vincular en torno al sostén económico y a la reproducción social, cultural y/o biológica, que comparte una dimensión témporo-espacial de cotidianeidad, con singular identidad, historia y perspectiva de futuro (Cercanías, 2016, p. 6).

Esta definición permite una comprensión amplia y flexible de la familia, que no está atada a la convivencia ni a vínculos sanguíneos y que busca evitar el riesgo de caer en conceptualizaciones asociadas al modelo tradicional nuclear, habilitando la diversidad de arreglos existentes.

Wanda Cabella plantea algunos desafíos que deberían tener en cuenta las políticas públicas en nuestro país para dar soporte a los problemas que enfrentan las familias y sus diferentes integrantes, en función de las diferencias de género y de pertenencia social.

Ambas estructuras de hogares son otra forma de representar las dos demografías del país: una familia joven y pobre y otra envejecida que supera el umbral de la pobreza. […] existe un número importante de familias monoparentales que se incluyen dentro de hogares extendidos, esto es, mujeres con sus hijos, que no habitan unidades residenciales separadas, sino como núcleos secundarios en hogares extendidos. Este tipo de hogar, el extendido que alberga un núcleo monoparental, es el que presenta mayores niveles de privación económica (Cabella, 2007, p. 12).

Preocupa la vulnerabilidad económica en familias donde es muy importante la presencia de la infancia.

Se dan varias reflexiones que refieren a la importancia del rol del Estado como garante de derechos ante las situaciones en que estos se ven vulnerados. Algunas autoras, como Jelin (2005) o Mioto (2010), justifican la intervención estatal en el ámbito “privado” de las familias, en particular cuando se dan situaciones de desigualdad al interior de estas.

En este sentido, Jelin advierte:

La intervención del Estado en el mundo privado tiene dos caras: la defensa de las víctimas y de las/os subordinadas/os del sistema patriarcal por un lado; la intervención arbitraria, el control y aun el terror, por el otro. Las reacciones sociales a ambas son diferentes: lo deseable es mantener como privado, protegido de la interferencia estatal, lo referido a la intervención arbitraria del Estado, pero no aquello que refuerza la subordinación y el poder arbitrario del paterfamilias (Jelin, 2005, p. 81).

Por esto, considerar género y generación como dimensiones transversales que deben siempre tenerse presentes en la tarea técnica– se ve como de suma importancia para no caer en el familismo en la intervención.

Focalización en situaciones de extrema pobreza

Luego de la implementación del Plan de Emergencia y el Plan de Equidad[3] en un contexto ya no de crisis, habiéndose dado una clara mejoría en indicadores sociales del país, se formula la Reforma Social a partir de 2011, en la que cobran fuerza iniciativas estatales dirigidas a la población que aún permanece en situación de indigencia.

Como es sabido, los programas focalizados vienen implementándose y siendo cuestionados en su enfoque desde larga data, y hay vastas publicaciones al respecto (por ej., Castel, 2004; Midaglia y Robert, 2001; Midaglia et al., 2010; Baráibar, 2009). Cercanías, así como otros programas focalizados, no está exento de estas críticas.

El caso uruguayo presenta –en clara distinción con las orientaciones hegemónicas de los años noventa– una visible recuperación del rol del Estado en lo que refiere a su participación en los dispositivos de acceso al bienestar social. No obstante ello, las políticas asistenciales mantienen básicamente las características distintivas de la última década del siglo pasado en la región: son focalizadas, transitorias, cogestionadas y apelan al territorio para la articulación de acciones y recursos (González y Leopold, 2014, p. 768).

Las intervenciones focalizadas en territorios no son nuevas. Estas pasan paulatinamente a hacerse más visibles en los asentamientos, donde se concentra pobreza en el marco de la segregación residencial, fundamentalmente producida en las últimas décadas del siglo XX e incrementada en el contexto de crisis del país en 2002. Las políticas se acercan a las zonas en las que los pobres residen, a los “territorios excluidos”.

El barrio, para Svampa (2000), o el asentamiento, para Denis Merklen (2005), surgen como el lugar al que fueron confinados los “desafiliados”, en términos de Robert Castel (2005); es decir, el lugar de la desestructuración social propia de la sociedad “postsalarial” o el lugar del “no sujeto”. Señala Castel (2005) que el campo de la asistencia está delimitado a partir de dos vectores fundamentales: la incapacidad para trabajar y la relación de proximidad entre quienes asisten y son asistidos. Al decir de Baráibar (2009), serían los “territorios por defecto”, quien cuestiona las intervenciones “desmaterializadas” en territorios en donde se apuesta a la generación de recursos locales en un entramado social muy debilitado.

Son claros los déficits de la matriz de protección social para estos sectores de la población, y no se está apostando a la generación de mecanismos por fuera de los sistemas universales; por tanto, se requiere necesariamente que estos se reconfiguren.

Si queda lo focal reducido al componente de acompañamiento de un equipo de proximidad y no se desarrolla suficientemente el componente de accesos materiales que facilite el acceso y sostenimiento en lo universal, se corre el riesgo que plantean Leopold et al. (2015) de una “dualizaciónque sobrecargue de responsabilidad a las familias. Esta responsabilización también puede trasladarse a los equipos técnicos en territorio.

Se requiere poder avanzar en la gestión del cambio institucional para permear la estructura de las políticas universales. Por supuesto, lo señalado no afecta solo a la población atendida por este programa, ni son problemas exclusivos de los programas focalizados o de proximidad; lamentablemente son tensiones que se presentan ante vacíos o debilidades de la matriz de protección social, que se visualizan con mayor crudeza en las familias en situación de extrema pobreza del país.

Marco conceptual sistémico

En el paradigma sistémico, el trabajo no se centra en individuos, como ocurre en otros enfoques, sino en los sistemas. En el desarrollo de las estrategias de intervención, se busca producir cambios.

Los sistemas dependen en gran medida del entorno (contexto) con el que se vinculan a través de límites permeables. Se parte de considerar las problemáticas no como fenómenos individuales, sino como la manifestación de un fenómeno interaccional (Vidal, 1991, p. 227).

La familia es analizada en sus relaciones internas. Posee una estructura, pero esta sufre transformaciones a lo largo del tiempo; por eso, se estudian los patrones de adaptación a lo largo del ciclo vital familiar. La estructura familiar no impone el modo como funcionan las personas, pero sí establece algunos límites y organiza el modo de funcionamiento (Minuchin, 1994, p. 52). Implica organización jerárquica con determinadas reglas y límites o fronteras externas e internas. Sea cual fuere el ordenamiento adoptado, toda familia se organiza jerárquicamente elaborando reglas sobre quiénes tendrán más estatus y poder (Haley, 1993).

El estudio de la familia como primer contexto de aprendizaje se realiza desde el enfoque ecológico sistémico. Este enfoque es desarrollado por Bronfenbrenner (1987) y parte de considerar el desarrollo humano como producto de la interacción del organismo humano en desarrollo con su ambiente. Se entiende a la familia como el microsistema, en relación con el mesosistema y el exosistema.

III. Metodología

Para la elaboración del presente documento, se realizó un estudio exploratorio y descriptivo (no se pretendió un fin evaluativo). Se realizaron ocho entrevistas en profundidad; cuatro de ellas se llevaron a cabo con supervisoras, y las otras cuatro fueron entrevistas grupales a 13 técnicos/as integrantes de cuatro equipos, por lo que participaron en total 17 personas[4]. También se realizó una revisión de fuentes secundarias (análisis de documentos institucionales del programa, así como de investigaciones y artículos publicados sobre él hasta la fecha).

Se buscó indagar acerca de técnicas o herramientas que utilizan o podrían utilizar los equipos y que facilitan la generación de cambios en cuanto al ejercicio de derechos. De esta forma, aparecen en el relevamiento herramientas que, si bien pueden ser comunes en gran parte de los equipos, seguramente no son empleadas todas por la mayoría de ellos.

También partimos del supuesto de que ninguna de estas herramientas fueron construidas exclusivamente por los equipos o por el programa, sino que provienen de la formación académica, o de la suma de prácticas que en el trayecto de experiencias laborales los/as técnicos/as han adquirido, en particular a partir de prácticas en otras experiencias de proximidad (como programas de atención ante situación de calle).

IV. Análisis y discusión de datos

Disponibilidad afectiva

Como se planteó en el marco teórico, Marina Cal (2015) indica que la metodología de proximidad reúne componentes que podemos integrar en al menos tres dimensiones, que componen un “anudamiento coyuntural” donde ninguna de ellas aisladamente daría lugar a este tipo de abordaje (espacial, temporal y afectivo-relacional). Tanto en la revisión de documentos institucionales y artículos escritos sobre el programa, como en las entrevistas realizadas, estas dimensiones son señaladas como pilares que tener en cuenta en el trabajo de los equipos ETAF.

Autores de la corriente sistémica y otras corrientes entienden que es fundamental establecer un vínculo empático (joining); es decir, es muy importante que los técnicos puedan “sintonizarse con las personas”. Esto refiere a lo que Minuchin (1994, p. 54) plantea sobre el proceso de unión o conexión que se da entre operadores sociales y las personas con las que trabajan en un proceso. Implica, por ejemplo, reflexionar sobre el lenguaje que se emplea y sobre cómo generar vínculos de confianza, haciendo énfasis en el lenguaje verbal y corporal.

Creo que ahí se juega mucho en la capacidad de estar disponible para el otro en esa intención. Que es algo que para mí sale más desde lo paraverbal (supervisora 2).

 

Un abrazo, un gesto cuando estamos hablando, abre mucho y a veces uno lo hace como instintivo, como algo natural, pero que en realidad nos damos cuenta de que eso nos posiciona en ese lugar de que no venimos como policías a controlar (equipo 2).

 

La construcción y la nutrición, entre comillas, de ese vínculo necesario para poder trabajar en proximidad. Yo creo que es lo primero que intentamos establecer… Y con esto quiero detallar el tema de la comprensión empática; yo creo que es muy necesario tratar de entender al otro, y ahí está también el tema de la escucha… sobre todo. Son cosas que hay que tratar de establecer en los primeros meses de trabajo (equipo 4).

En la construcción de vínculos de confianza, se establece la posibilidad de habilitar el desarrollo de acuerdos y procesos de trabajo con las personas involucradas. En este sentido, se hace énfasis en la importancia de mantener esta disponibilidad afectiva durante todo el proceso de trabajo y buscar estrategias para generar estos vínculos con los diferentes integrantes de las familias, a través de diversos recursos técnicos. Vemos, en estas herramientas de construcción del joining, elementos que facilitan la acomodación que se plantea en el marco ecológico- sistémico.

Mirá, yo creo que, en la mitad de camino, descontracturar, siempre que sea posible y necesario, ayuda. Una risa, siempre que sea posible y necesaria, ayuda. La llanura, la simplicidad en la comunicación siempre ayudan. Nosotros no podemos hablarle a la gente de una manera que no te entienda (equipo 4).

Género y generación son variables a considerar en la integración de la dupla y sus posibilidades de comunicarse y vincularse con los diferentes integrantes de la familia.

Sobre la disponibilidad afectiva, está presente la discusión sobre la distancia óptima y el riesgo de caer en la sobreimplicancia.

El ETAF Vida y Educación, en su artículo presentado en Coloquio de Familias 2015, plantea:

En el primer semestre de trabajo con las familias, se apunta, mediante diversos instrumentos, a generar un vínculo de confianza que permita al equipo concretar acuerdos de trabajo. No es difícil imaginar el delicado y complejo manejo que el equipo técnico debe realizar de la distancia óptima respecto de la familia. Una distancia “profesional”, mayor que la estrictamente imprescindible, difícilmente generaría el vínculo de confianza indispensable. Una distancia “de compromiso” quizás derivaría en una identificación de los técnicos con la demanda, las necesidades materiales y/o la respuesta estereotipada de la familia. La distancia requerida para resolver eficazmente estas situaciones es, por fuerza, dinámica, y requerirá acercamientos y alejamientos estratégicos en cada momento y circunstancia. Lo que le otorga esa garantía es el intercambio de reflexión técnica logrado en el equipo (Chiesa et al, 2015, p. 363).

Asimismo, la implicancia también tiene que ver con saber establecer límites claros como parte del encuadre.

El espacio de encuentro

El modelo de atención del programa plantea que la intervención se organiza a partir de la demanda construida con la familia de modo de atender gradualmente todas las metas propuestas en el plan de trabajo, y se desarrolla en los espacios propios de la cotidianeidad familiar y, a la vez, en vinculación con las instituciones presentes en el territorio (Cercanías, 2016, p. 16).

Estos espacios de encuentro refieren a espacios cotidianos por los que la familia transita (como el hogar y la plaza, el espacio comunal vecinal y la escuela, la sala de espera en policlínica, etc.). A su vez, también son de suma importancia las instituciones presentes en el entorno de la familia (que integran el mesosistema y el exosistema), con las que los integrantes de ella interactúan en mayor o menor medida.

Para mí hay algo de la construcción del espacio, en esto del ir hacia el espacio del otro, que cambia un poco la cabeza de la intervención; porque se tiene que construir esencialmente el lugar de encuentro en el lugar del otro (equipo 3).

 

Vos estás llegando a una familia que no te esperaba. Entonces eso es un cambio fundamental. El construir con el otro, el pensar con el otro si es válida nuestra intervención, eso me parece fundamental. […]. Después otra cosa importante son las redes y esto de trabajar de forma interinstitucional, cuando las redes y los equipos territoriales ponen el “pienso juntos”, para llegar a esa familia, o abordar a esa familia de la forma más integral posible (equipo 3).

La construcción de ese espacio habilitante para el diálogo es mencionado en reiteradas ocasiones: la búsqueda de un espacio cómodo donde los integrantes de las familias puedan abrirse a la propuesta del equipo técnico (atendiendo temáticas específicas por las que atraviesa la situación familiar).

Son intervenciones dentro de lo cotidiano. Cuando vos llegás a lo cotidiano, por dónde entrás. Si te quedás en la puerta, hablando, hablando, o si traes una silla o si armás algo. Hay equipos que veo que arman el dispositivo. No se quedan parados. La mujer capaz que te atiende parada, y ellos enseguida plantean: “Bueno, parados no, ¿por qué no te sentás?”, o “¿Por qué no nos sentamos”, “¿Por qué no vamos hasta el árbol?”. Y ahí seguro que la mujer sentada en el árbol no habla igual que si está parada en la puerta. Es como un tema hasta de colocación del cuerpo… Seguro que si te sentás o le dicen “Tengo un mate”, algunos que se animan a darle mate, o “Tengo unas galletitas”… y los gurises están ahí con el otro… tá, no vas a hablar igual… (supervisora 2).

Los tiempos

La temporalidad se vincula con el tiempo de trabajo, la frecuencia de encuentros, los tiempos en que se prevé que se generen ciertos movimientos (en las instituciones, en las familias, en su entorno o en el propio equipo). Algunos plantean que prever los tiempos necesarios para determinados movimientos tiene que ver con tomarles el pulso a los involucrados en estos procesos, sabiendo que, por más que se planifique, pueden aparecer emergencias que haya que atender, que llevan a repensar esa planificación.

Se hace énfasis en la estabilidad de la presencia. En efecto, ser claros en cuanto a los días y horarios previstos para reunirse facilita la claridad en el encuadre. Mantener la referencia telefónica periódica y entre encuentros también se valora positivamente (tanto en el trabajo con las familias, como con las instituciones).

Se enfatiza en pensar la intervención en el marco de los tiempos de las soluciones posibles, incluyendo en el cálculo de las temporalidades los tiempos de los movimientos de las personas.

[…] el vínculo es bien delicado… Creo que hay que dar tiempo para algunas cuestiones, porque nos vemos inmersos, al menos yo creo, en esta lógica como de la urgencia y la inmediatez… A veces en pretender que las cosas sean ya… y la resolución de esas complejidades no va a ser de forma inmediata, tenemos que mediar por el pedido con instituciones que también trabajan con la familia… […] hay que tener en cuenta como otro factor la temporalidad de los cambios, de los movimientos (equipo 4).

La grupalidad (el sistema familiar)

El trabajar con la dinámica familiar implica poder llegar a ubicar claramente el sistema familiar, distinguir las relaciones de poder al interior de él, las alianzas, los roles dentro de cada subsistema, cómo los integrantes se vinculan con el entorno y qué movimientos se van dando con el transcurso del tiempo.

Cambia mucho el tema del encuadre, ¿no? Porque estar en el lugar donde transcurre la vida de la persona, de la familia, de la madre, el padre, de los niños […] es bien importante y nos permite ver otras dinámicas ahí. Y también el tema de la periodicidad, las veces que vos ves a la familia nos permite ver que salgan otras cosas a la luz (equipo 2).

Visualizar el sistema no implica trabajar siempre de la misma forma con todos/as los/as que integran el grupo familiar. Hay especificidades que deben ser atendidas siempre con el objetivo del ejercicio de derechos, esto puede llevar a focalizar la atención en uno/a o algunos/as de los/as integrantes, complementando el accionar del equipo de acompañamiento familiar con equipos especializados.

Se mencionan reiteradas estrategias para buscar habilitar la voz a integrantes que pueden quedar invisibilizados en el grupo (o disminuida su participación por las relaciones de poder establecidas). En esos casos, una herramienta muy utilizada es el acompañamiento en trayectos de circulación social o el establecimiento de encuentros en lugares cotidianos de circulación o en sitios que permitan cierta privacidad con esos integrantes con los que no se logra trabajar en el espacio del hogar.

Hay equipos que acompañan trayectos de circulación social. […] y en ese trayecto te invito con un helado y mientras genero un diálogo. […]. La entrevista… el cómo la hacés es muy importante. Puede ser muy diferente según cómo la hacés. Si la hacés con un adolescente… con un chiquilín, le decís: “Vamos, tomamos una Coca-Cola y mientras me contás, o vamos a la plaza y hablamos”… Es muy distinto a creer que vos lo sentás al gurí y te va a contar lo que vos querés que te cuente (supervisora 2).

También se menciona la pertinencia de utilizar técnicas para abordar la grupalidad.

La reunión de la familia como grupo humano para poder resolver algunas cuestiones…, por supuesto se precisa a alguien que sepa leer esto. Quién es el chivo emisario, quién es qué… O se puede usar algo sistémico: ¿cómo es la comunicación acá? Metemos una paradoja, diferentes técnicas que los sistémicos saben mucho más…

¿Cómo es la secuencia de comunicación? ¿Siempre habla el mismo, siempre contesta el mismo? Esas técnicas que son más específicas de cada corriente tendríamos que usarlas más, yo creo que ayudarían mucho. Porque si alguien se pone a observar en una familia cómo es la secuencia: quién empieza, quién dice qué, quién contesta, dónde puntúan la secuencia… (supervisora 3).

Trabajo en equipo

En los equipos técnicos están representadas diferentes profesiones (en particular, trabajo social, psicología y educación social[5]). Se presenta el desafío de construir desde la interdisciplinariedad con los aportes de los diferentes campos disciplinarios, de planificar, implementar y evaluar el trabajo incorporando los marcos conceptuales de la diversidad de disciplinas y de lo que se genera en el intercambio entre ellas, sumando además la trayectoria de experiencias de trabajo que los técnicos traen.

Se plantean aquí algunos de los elementos que se visualizan con mayor claridad en los textos reseñados y en las entrevistas, como la necesidad de trabajar en duplas con las situaciones familiares y de aprovechar la experiencia y complementariedad de saberes en el equipo (como espacio de planificación, contención y cuidado), y la utilización de herramientas específicas de cada disciplina.

En la evaluación cualitativa realizada por DINEM en 2014, se plantea:

En general, los equipos trabajan en duplas para realizar el acompañamiento de las familias. Esta metodología es considerada la más apropiada por los equipos por varios motivos. Entre ellos, les permite abordar la realidad de las familias desde dos miradas, lo cual enriquece el diagnóstico y las respuestas. Se destaca como buena práctica la búsqueda de la interdisciplinariedad en la conformación de las duplas, así como la combinación de varones y mujeres y de personas con distintos niveles de experiencia. Asimismo, en algunos equipos se revisan las duplas inicialmente planteadas en función de las dimensiones a trabajar con las familias y los perfiles de los técnicos (DINEM, 2014, p. 21).

Si bien se valora el trabajo en duplas (en particular, por la covisión en la intervención familiar), también se menciona que puede tener sus riesgos si estas son muy rígidas; por lo tanto, se recomienda aprovechar al máximo el espacio más amplio de reflexión en el equipo. De la misma manera, se valora la búsqueda de diferentes combinaciones y la complementación entre los técnicos.

[…] por lo menos se pone en juego ante las crisis o los emergentes… En general cada uno aporta desde su lugar, más allá de que el emergente hace que se desdibujen, pero hay que volver a pensar cómo aportar desde mi lugar… (equipo 3).

Posicionamiento ético

En documentos y entrevistas, aparece el tema de la ética haciendo énfasis en la transparencia, el compromiso, el respeto y el trabajo sobre la base de acuerdos, pero sin perder de vista el marco de protección de derechos. Esta dimensión, que debe estar siempre presente, se ve con mayor claridad ante situaciones de alta complejidad, por ejemplo, cuando se presenta violencia o abuso intrafamiliar y cuando no se logra ubicar un adulto protector en la familia con quien acordar un plan para la protección de las víctimas (en particular, niños, niñas y adolescentes, ante los cuales el Estado debe ser garante de su protección).

Articulación interinstitucional

Es claro que, en esta dimensión, a nivel político y sectorial queda mucho por hacer. Es interesante visualizar cómo pesan estos aspectos a nivel territorial.

Con relación al trabajo de los técnicos en territorio, se plantea el lineamiento de trabajar en forma articulada con las instituciones presentes a nivel local. En el nivel de la supervisión, se participa en espacios departamentales o regionales de coordinación.

Como se ha mencionado, el trabajo con la situación familiar no solo abarca el sistema familiar (o los subsistemas dentro de este), sino que también involucra el vínculo con el mesosistema y el exosistema, según el planteo de Bronfenbrenner (1987).

En este sentido, el equipo puede realizar un mapeo de redes de la familia, que es una técnica mediante la cual se grafica la vinculación de los integrantes de la familia con referentes significativos: parientes, amigos, vecinos o referentes institucionales. A partir del diagnóstico que este ejercicio arroje, se podrá construir con la familia objetivos de acercamiento a determinadas instituciones, grupos o personas.

Los equipos realizan redes focales para trabajar sobre una situación específica y, en general, a través de la figura de coordinación participan en espacios de redes interinstitucionales estables a nivel territorial, donde se encuentran con técnicos de otros programas y servicios.

Por otro lado, se menciona la dificultad para articular cuando se parte de paradigmas diferentes en la intervención. Para sortear este obstáculo, se reconoce la potencia de acercar otra mirada sobre la familia y poder mediar con las instituciones a las que los integrantes deben vincularse, están vinculados y/o tendrán que continuar vinculados para poder ejercer sus derechos luego de que el equipo ETAF se retire, buscando disminuir la tendencia a la responsabilización de la familia presente en varios referentes institucionales.

Y, a veces, con las instituciones educativas y otras instituciones con las que coordinamos [se trata de] acercar otra mirada sobre la familia. Esto no es menor, porque a veces, en las cuestiones formales que hacen a cada área o a cada institución, no hay cosas visibles positivas de la familia, […] se estigmatiza mucho… Entonces está bueno cuando podemos llevar otra mirada, porque estamos en el hogar y tenemos otra comprensión de la situación, y esto a veces colabora o tratamos de que colabore para que tengan otra mirada sobre las personas… […] a veces pasa que se responsabiliza mucho a cada sujeto cuando a veces hay cuestiones que tienen que ver con carencias más a nivel de la estructura… (equipo 3).

Gran parte de la tarea de vinculación con la oferta de servicios se debe a este trabajo de difusión y articulación permanente a nivel territorial que realizan los equipos técnicos. La referencia se construye.

Se participa mucho de los nodos, y después el conocimiento que tenemos de las instituciones facilita mucho. Ahora está más aceitado, pero, al principio, para conseguir un número tenías que ver algún conocido. Costó mostrar lo que era la estrategia en sí a las instituciones. Se hizo un trabajo muy importante de difusión, y el conocimiento se fue creando a través de la participación (equipo 2).

También aporta el fortalecimiento a la familia en sus habilidades para lidiar con las instituciones. En este sentido, se desarrollan estrategias para hacer más “accesibles” a las instituciones para sus usuarios.

El mapeo es lo básico, y después acompañarlos, dando información de con quién tienen que hablar, a dónde dirigirse…

Las instituciones no están preparadas, y no hay apertura en muchos casos: cómo les hablan, qué se les informa y qué no. Muchas veces [están] como cerradas. Y castigadoras, estigmatizadoras. Entonces el hecho de acompañarlos es importante, cambiar la mirada que se tiene de la familia (equipo 2).

Si bien se toman insumos de los aportes de las instituciones sobre la trayectoria de la familia, se hace énfasis en que se debe tener el punto de vista de los implicados. Por lo tanto, se contrasta el discurso de las instituciones –“la historia oficial”– y la historia que cuentan los integrantes de la familia. Debido a esto, se destaca la importancia de realizar una historización con la familia.

Además, se resalta el seguimiento de gestiones con los referentes institucionales como forma de facilitar los accesos y el trabajo con los integrantes de las familias con relación al conocimiento de los trámites que corresponde realizar.

Hemos intentado romper con esta cuestión de, por ej., cuando vamos a hacer trámites… está bien, nosotros acompañamos, vamos… pero está bueno que empiecen a ir solos, porque nosotros nos vamos a ir… (equipo 3).

Los equipos que logran flexibilizar más “ventanillas” se autodescriben como “cultivadores de la paciencia” y desarrollan estrategias según las especificidades y tiempos de cada prestación.

El seguimiento es la herramienta, tenés que estar atrás, golpeando cada puerta. […]. La estrategia es esa, seguir… Fuimos al ministerio, me dijeron que justo la persona no está y tengo que ir otro día, bárbaro, arreglo para mañana. Es esto de que no se te pierda… Me dicen: “Llamá en dos semanas”. Tá, me lo pongo en la agenda, OK. En dos semanas te estoy llamando y la semana que viene te llamo… Es como esa insistencia que genera… (equipo 3).

Es claro que estas tareas de seguimiento de las prestaciones son difíciles para los integrantes de las familias; por consiguiente, se valora que se gestione la mayor parte de las prestaciones posibles en el tiempo de acompañamiento y que se lo haga instruyendo paso a paso a los integrantes de las familias, involucrados de forma que puedan conocer por dentro los sistemas y apropiarse de ellos, y que las instituciones también puedan ir conociéndolos para que disminuya la posibilidad de exclusión cuando el equipo técnico se retire.

Para la familia es difícil… Es por lo que se cae muchas veces la familia, porque es cansador… Ahí es donde la familia se agota, se cansa… En ese espacio es donde nosotros somos un poco mediadores… Con el Estado somos así, paf, paf. Les decimos: “Ustedes son parte de la estrategia”; les llevamos los papeles, les ponemos los logos y les dejamos quiénes somos nosotros y lo que hacemos en la estrategia. Es lo que nos ha dado más resultado (equipo 3).

Que a los referentes institucionales en territorio también les lleguen lineamientos centrales de las instituciones socias en la estrategia es fundamental para optimizar el acceso a los destinatarios de las políticas públicas. Si los referentes institucionales no tienen presentes estos lineamientos al momento de articular con estos, informar o “recordar” sobre los acuerdos entre las instituciones socias es un recurso muy utilizado.

La traducción y el acompañamiento en tiempos de espera, así como el diálogo con referentes institucionales que, por diversos motivos, tienen una actitud hostil hacia los integrantes de las familias, aparecen con mayor énfasis en algunas sectoriales. En estos casos se expone la necesidad de trabajar en la línea de los derechos de los usuarios, explicando cómo presentar los reclamos ante los organismos correspondientes e incluso acompañándolos en esas instancias.

Nosotros tratamos de fortalecerlos, de empoderarlos en sus derechos. Muchas veces estamos explicando sus derechos en la salud… Hay que estar mediando con la institución, traducir… Y empoderarlos es decirles: “Andá a atención al usuario, explicá lo que pasa, reclamá” (equipo 4).

Conclusiones

Consideramos que, para la utilización de las herramientas metodológicas, se deben tener en cuenta dos condiciones:

  1. Si las herramientas serán utilizadas por los integrantes de los equipos, independientemente de la formación específica que posean, entonces deberán estar capacitados para su aplicación. En la capacitación de los equipos técnicos, por tanto, si se van a considerar las dimensiones del rol abordado en este trabajo, se deberían incluir aspectos referidos al encuadre de trabajo (la disponibilidad afectiva, los tiempos, el espacio de encuentro) con los integrantes de la familia, así como con las instituciones presentes en el territorio.
  2. Las técnicas elegidas no deberían ser impuestas ni rígidas, sino todo lo contrario: creativas, flexibles, motivadoras y adaptadas al proceso y al contexto.

También se podría considerar la búsqueda de estrategias adecuadas a perfiles de situaciones y momentos de la intervención desarrollando en profundidad cada técnica y su método de aplicación, sin que desaparezcan la creatividad y la flexibilidad como parte de los recursos técnicos, en los que también es posible encontrar y descubrir habilidades.

El proceso de elaboración de este trabajo ha significado para las autoras un verdadero desafío, que busca aportar en reflexiones que no se agotan en él, sino que suman en un proceso de aprendizaje que podría continuar y plasmarse en acciones y diseños concretos de herramientas cada vez más ajustadas a las necesidades de las familias que participan en programas de proximidad.

Quedan como aspectos o desafíos por seguir considerando:

  1. El aporte instrumental visto y analizado desde la perspectiva sistémica puede enriquecer la intervención del profesional que trabaja con las familias, aportando recursos eficaces y oportunos para lograr los objetivos.
  2. El perfil y las herramientas, la posición y las estrategias, el rol y las técnicas son dimensiones ligadas y articuladas que requieren de un necesario adiestramiento y capacitación; queda por tanto pendiente el desafío del diseño de un programa de capacitación para trabajar en proximidad que pueda dialogar con los campos disciplinares presentes en la formación de los equipos. En este sentido, profundizar el diálogo con la academia aparece como necesario.
  3. Se debe considerar la posible inclusión de la población beneficiaria en un proceso de investigación que recoja la opinión de integrantes de las familias –como actores clave– para el diseño de las políticas, incluyendo su valoración sobre las herramientas que se utilizan.
  4. A la vez, se visualiza como necesaria la inclusión de las sectoriales responsables de la provisión de las políticas universales en este diálogo sobre las herramientas para el trabajo con familias, considerando, además del trabajo de los técnicos de proximidad, los necesarios cambios al interior de sus instituciones que habiliten accesos reales para el ejercicio de derechos.

Como se plantea en las investigaciones reseñadas, compartimos que el trabajo de proximidad que realizan los equipos técnicos puede facilitar la generación de movimientos para acceder a mejoras en el ejercicio de derechos de los integrantes de las familias atendidas, pero estos cambios no pueden depender exclusivamente de este trabajo (con el riesgo de responsabilización de familias y equipos que esto conlleva).

Creemos que reflexionar sobre la metodología y las herramientas técnicas que se despliegan puede ser un aporte a los programas de proximidad, pero también para las sectoriales a cargo de la provisión de prestaciones y servicios universales, en un afán de que las políticas estatales estén más próximas a la población con mayores niveles de pobreza y vulneración de derechos.

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Anexo

Cuadro 1. Resumen sobre encuadre y estrategias
Encuadre Estrategias
Disponibilidad afectiva

-Acomodación.

-A través de la palabra, del lenguaje corporal, del humor.

-Establecimiento del joining. Sintonizarse con las personas, generar empatía, lograr la confianza mutua.

Distancia óptima vs. implicancia

Pautar límites claros.

Prevenir riesgo de sobreimplicación.

Espacio

-Cotidianeidad.

-Variación de espacios que habiliten construcción del vínculo.

Tiempos

-Frecuencia.

-Periodicidad en el encuentro (pautar días y horarios claros).

-Presencia estable (física o referencia por otros medios).

-Consideración de tiempos de terceros (institucionales, vecinales, familia extensa, etc.).

-Calcular tiempos de las soluciones posibles (movimientos familiares, personales, institucionales).

Grupalidad

-Dimensionar el sistema familiar (distinguir alianzas, coaliciones, roles, jerarquías, ciclo vital, su relación con el entorno).

-Definir estrategias hacia el grupo y dentro del grupo con individuos o subsistemas.

Equipo

-Planificación.

-Registro y evaluación.

-Trabajo en duplas flexibles en covisión.

-Formación, interdisciplina, aportes de cada disciplina (elementos psicosociales/educativos/asistenciales).

-Cuidado de equipo.

Supervisión técnica

-Análisis de la práctica (genograma, mapa de red, role-play, ateneo).

-Acompañamiento en situaciones complejas (con familias o instituciones).

-Análisis y evaluación del funcionamiento del equipo (FODA, trabajo con registros).

-Orientación y devolución (entrevistas grupales e individuales).

-Contención, reconocimiento.

Articulación interinstitucional

-Trabajo en red (mapa de red, red focal, entrevista de concertación, bilaterales de coordinación, participación en nodos o comités).

-Mediar con las instituciones (diálogo entre historia oficial e historización familiar, presentación, acompañamiento en inicio de gestiones, apoyo al seguimiento de trámites).

-Fortalecimiento de los integrantes de la familia sobre sus derechos como usuarios de prestaciones o programas (prescripciones, capacitación, difusión).

Postura ética

-Respeto.
-Trabajo con base en acuerdos dentro de un marco de protección de derechos.

Cuadro 2. Resumen sobre herramientas por etapas de la intervención

Etapa

Herramientas

Diagnóstico

-Contacto previo con derivante.

-Búsqueda de instituciones con las que la familia está vinculada.

-Mapa de red, redes focales.

-Presentación (claridad en discurso, folletería).

-Acomodación (establecimiento de joining).

-Observación.

-Entrevista, genograma.

-Inicio de construcción de historia familiar.

-Técnicas narrativas y lúdicas.

Plan y seguimiento

-Mapa de red, redes focales, observación.

-Entrevista, genograma.

-Historización (a través de línea de tiempo, collage, fotografías, técnicas gráficas).

-Reformulaciones a través de técnicas narrativas y lúdicas.

-Reestructuración.

-Prescripciones.

-Técnicas emocionales (reparación, reconocimiento, consuelo).

-Paradojas Talleres.

-Actividades multifamiliares.

-Uso de materiales didácticos (folletos, libros, juegos, aplicaciones digitales).

-Apoyos para afrontar situaciones de crisis.

-Técnicas gráficas o imágenes para visualizar proceso (avances, logros, retrocesos).

Cierre

-Entrevistas de evaluación y devolución.

-Hitos de cierre y despedida.

-Redes focales (para cierre y seguimiento).

-Genograma evolutivo (que muestre el proceso).

-Técnicas narrativas y lúdicas, y actividades multifamiliares de cierre.

-Entrega de materiales didácticos (folletos, carpetas, etc.).


  1. Esta estrategia interinstitucional es impulsada por el Consejo Nacional de Políticas Sociales, y la integran: Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), Ministerio de Salud Pública (MSP), Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), Administración Nacional de Educación Pública (ANEP-CODICEN), Instituto de Protección Social (BPS) e Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU).
  2. Este apartado y el siguiente plantean reflexiones que fueron expuestas en el artículo: Gradin, V. (2017). “Lo que implica acercarse. Tensiones y desafíos en el trabajo de proximidad con familias en situación de extrema pobreza”. En MIDES-DAIF (2017). Posibilidades, tensiones y desafíos de la intervención social. Notas desde la práctica.
  3. El Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social (PANES, 2005-2007) fue una política macro que comenzó a dar respuestas a la emergencia social de los hogares en extrema pobreza o indigencia del país. Fue el marco para las intervenciones que se llevaron adelante a través de diversos programas sociales en dos dimensiones: asistencial y promocional. El Plan de Equidad se plantea luego de finalizado el Plan de Emergencia como una serie de reformas sectoriales y organizativas que abarcan la educación, salud, vivienda, sistema tributario, entre otros. Esto se traduce en la construcción de una red de asistencia social que incorpora nuevos elementos a la matriz de protección tradicional. A diferencia del PANES, en el cual las transferencias monetarias se asocian al ingreso ciudadano, el nuevo plan reestructura los tradicionales regímenes de Asignaciones Familiares (AFAM) y Asignaciones a la Vejez. Más información en www.mides.gub.uy.
  4. Se buscó generar una muestra intencional en la que estuvieran presentes las profesiones de trabajo social y psicología, así como las regiones de trabajo de Montevideo e interior del país.
  5. Los Términos de Referencia 2016 para convenios de gestión entre Organizaciones de la Sociedad Civil y MIDES o INAU por ETAF plantean que los equipos deben estar integrados por al menos dos profesionales (con al menos 30 horas por semana) en trabajo social, psicología o ciencias sociales de Regional Norte, y el resto de las horas del equipo pueden completarse con profesionales o estudiantes avanzados con formación en trabajo social, psicología, educación social, ciencias sociales, salud y/u otras ciencias sociales y humanas. El equipo debe cumplir 120 horas por semana, y se agregan horas específicas para rol de coordinación (8 horas por semana en convenios MIDES y 10 horas por semana en convenios INAU).


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