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Precariedad y transiciones ocupacionales como reproductoras de la desigualdad

Stella M. Pérez

Resumen

A pesar de los cambios en las conformaciones de las sociedades contemporáneas, el trabajo sigue siendo, sin lugar a dudas, el principal vehículo de inserción y movilidad social. En este sentido, la preocupación de este texto se orienta a la vinculación entre la trayectoria laboral y la reproducción de la desigualdad.

Siguiendo el sentido de estas preocupaciones, la situación de los jóvenes ocupa un lugar fundamental. Distintos estudios indican que estos se ven sometidos a distintas situaciones de desigualdad, algunas vinculadas a sus diferencias con los adultos (Deleo y Fernández Massi, 2016), pero aquí interesan fundamentalmente aquellas que se verifican entre los propios jóvenes de acuerdo con sus credenciales educativas, su inserción inicial, el nivel de precarización e informalidad, la estabilidad y modalidad contractual, entre otras.

Es por eso que el objetivo del presente trabajo apunta a caracterizar algunos elementos específicos (las inserciones en el mercado de trabajo y las transiciones desde la inactividad hasta la ocupación) de las trayectorias laborales de jóvenes marginales, a fin de vincular dichos elementos con el logro en la superación de su condición de pobreza. Dicho objetivo tiene continuidad con la caracterización de trayectorias laborales realizada para los jóvenes en condición de marginalidad económica de la ciudad de Bahía Blanca (Pérez, 2015), en la que, a partir de entrevistas a jóvenes (de 18 a 25 años) y adultos jóvenes (de 26 a 35 años), se identificaron como elementos trazadores: la inserción precaria e informal, la alta rotación entre los trabajos, la baja calificación de la tarea y el ingreso al trabajo sin vinculación con credenciales educativas o técnicas.

Cuando se habla de trayectoria laboral, se hace referencia al conjunto de prácticas y representaciones que se vinculan al mundo del trabajo, donde el recorte tempo-espacial es crucial para la comprensión del fenómeno. A fin de continuar la caracterización de dichos elementos entre los jóvenes de Bahía Blanca, se propone un análisis de las transiciones ocupacionales a partir de los microdatos de la EPH-INDEC, identificando, a la vez, diferencias por género, permanencia en el sistema educativo, nivel socioeconómico del hogar y precariedad o no del trabajo.

Previamente, se analizan los datos descriptivos de la situación de los jóvenes y adultos jóvenes en barrios periféricos de la misma ciudad, para luego presentar dos análisis diferentes para el total del país y sentar las bases para el estudio de las transiciones ocupacionales que interesan a la investigación en curso.

Palabras clave

Jóvenes; trabajo; desigualdad.

I. Introducción

La situación de “bonanza” experimentada en varios indicadores laborales en el periodo 2003-2014 se verificó tanto entre la población general como entre los jóvenes en particular, aunque cabe señalarse que estos últimos continuaron situándose como los más vulnerables (Deleo y Fernández Massi, 2016). Incluso, a pesar de cierta mejora relativa, se verifican importantes diferencias de acuerdo al sector o características de la inserción observada (Fernández Massi, 2014).

Es entonces importante preguntarse acerca de las condiciones y mecanismos que permiten la persistencia de la desigualdad. En esta línea teórica, se encuentran los estudios que sostienen que los factores socioeconómicos son los que marcan la diferencia con respecto al desempleo y a la desafiliación juvenil, situando a los jóvenes, desde un inicio, en una situación de mayor o menor vulnerabilidad (Salvia, 2013; Salvia y Chávez Molina, 2007). Se reconocen así puntos de partida desiguales que implican una inserción laboral estratificada y, a la vez, estratificante (Díaz Langou et al., 2014, p. 47). Esto significa que el acceso a mejores niveles de bienestar está asociado directamente a las formas de inserción en el mercado laboral, lo que tiende a reproducir las condiciones de pobreza y marginalización, protegiendo institucionalmente a unos jóvenes más que a otros (Waisgrais, 2005, citado en Díaz Langou et al., 2014).

Siguiendo estas cuestiones, el objetivo del presente trabajo es caracterizar elementos específicos (las inserciones en el mercado de trabajo y las transiciones desde la inactividad hasta la ocupación) de las trayectorias laborales de jóvenes marginales, a fin de vincular dichos elementos con el logro en la superación de su condición de pobreza. Dicho objetivo tiene continuidad con la caracterización de trayectorias laborales realizada para los jóvenes en condición de marginalidad económica de la ciudad de Bahía Blanca (Pérez, 2015), en la que, a partir de entrevistas a jóvenes (de 18 a 25 años) y adultos jóvenes (de 26 a 35 años), se identificaron como elementos trazadores: la inserción precaria e informal, la alta rotación entre los trabajos, la baja calificación de la tarea y el ingreso al trabajo sin vinculación con credenciales educativas o técnicas.

Los siguientes datos son algunos ejemplos:

Cuadro 1. Distribución según formalidad del trabajo en PEA
de 18 a 30 años

cuadro1cap1

Fuente: Sabatini y Pérez (2017).

A fin de continuar la caracterización de dichos elementos entre los jóvenes de Bahía Blanca, se propone un análisis de las transiciones ocupacionales a partir de datos descriptivos de la situación de los jóvenes de 18 a 25 años de un barrio periférico de la misma ciudad, para luego presentar dos análisis diferentes para el total del país y sentar las bases para el estudio de las transiciones ocupacionales que interesan a la investigación en curso.

Como primera parte del análisis de las transiciones, y a partir de microdatos de la EPH-INDEC, se comparan los datos anteriores con los del total de la ciudad para el mismo tramo etario, identificando diferencias por género, permanencia en el sistema educativo, nivel socioeconómico del hogar y precariedad o no del trabajo.

II. Precariedad e informalidad en la inserción del mundo del trabajo como mecanismo de reproducción de la desigualdad entre los jóvenes

Anteriormente, se describió la situación de “bonanza” experimentada en el periodo 2003-2014 y algunas diferencias entre estos. Es entonces importante preguntarse acerca de ellas, así como también acerca de las condiciones y mecanismos que permiten la persistencia de la desigualdad.

Por lo tanto, la preocupación por la desigualdad podría sintetizarse en la pregunta formulada por Tilly: “¿Cómo, por qué y con qué consecuencias las desigualdades duraderas y sistemáticas en las posibilidades de vida distinguen a los miembros de diferentes categorías socialmente definidas de personas?” (Tilly, 2000, p. 20). En este trabajo, nos centraremos en el análisis de la inserción de los jóvenes en el mundo del trabajo, partiendo de la perspectiva de que es en este escenario donde se manifiesta una serie de mecanismos sociales que, a pesar de los intentos del individuo por mejorar su posición económica, resultan en desigualdad de resultados, debido, en gran parte, a relaciones sociales específicas, sostenidas históricamente. O sea que nos enfrentaríamos a una sociedad exclusógena (Alonso, 2002) donde la desigualdad implica el aumento cualitativo del bienestar y poder del grupo integrado y el aumento del tamaño y las dificultades del grupo excluido y vulnerable.

Por otro lado, las mediciones de la desigualdad tradicional, al centrarse en la distribución de ingresos, descuidan el efecto de ciertos fenómenos macroeconómicos sobre las condiciones iniciales de las trayectorias individuales: “Las nuevas desigualdades no se observan más que a costa de un seguimiento de las trayectorias efectivas de los individuos” (Fitoussi y Rosanvallon, 1997, p. 86). Es por esto que la propuesta aquí presentada implica comprender cómo estas cuestiones, traducidas en condiciones para la acción, dificultan la superación de la desigualdad, aun cuando el agente en su trayectoria “opta” por la opción que se presenta como más propicia. Esto implica proponer el análisis de la desigualdad haciendo hincapié en sus microfundamentos, o, dicho de otra manera, en su reproducción a partir de las prácticas realizadas por los propios agentes.

A fin de poder abordar la situación que nos preocupa, en escritos anteriores (Pérez, 2015) se trabajó con el concepto de “trayectoria laboral”, entendiéndola como el conjunto de prácticas realizadas por un actor social a lo largo del tiempo con el fin de garantizar su reproducción material, ya sean remuneradas o no, donde el “beneficio” puede servir para sí mismo y/o contribuir al mantenimiento de su grupo familiar de pertenencia. Estas deben interpretarse como conceptos construidos por el investigador a partir del relato de los propios actores con una estructuración temporal que articula periodos “continuos” de tiempo y eventos “disruptivos” con relación al trabajo, pero contextualizados en el marco más general del relato biográfico.

Es en este escenario en el que el joven “transita” al mundo adulto a partir de cinco hitos:

  1. la terminalidad educativa,
  2. el ingreso al mercado laboral,
  3. la salida del hogar familiar de origen,
  4. la formación de una pareja y de un hogar propio, y
  5. el nacimiento del primer/a hijo/a (Filgueira y Mieres, 2011, citado por Díaz Langou et al., 2014, p. 13).

En el caso de los jóvenes marginales, los mecanismos institucionales que enmarcan esta transición y definen alternativas de acción fallan en cuanto promueven caminos de segmentación más que de integración. La idea de que es una etapa en que se preparan para asumir la vida adulta donde pueden “esperar” es solo posible en otros sectores sociales. En paralelo, el hecho de que en esta etapa de la trayectoria[1] se interrumpa, adelante o invierta el orden temporal de hitos generará efectos que condicionarán la trayectoria futura (Filgueira, Filgueira y Fuentes, 2001, en Díaz Langou et al., 2014).

A las cuestiones antes señaladas, debe agregarse la cuestión de que estamos tratando con jóvenes y adultos jóvenes, caracterizados por una doble vulnerabilidad: la socioeconómica y la etaria. Los jóvenes se enfrentan con menores probabilidades que sus pares adultos de acceder a puestos formales de trabajo, que exigen, por lo general, experiencia laboral (Beccaria, 2005), lo que genera cadenas de mayor inestabilidad ocupacional, con episodios de desempleo y de trabajos precarios. “Se puede estimar que entre el conjunto de jóvenes ocupados en un momento dado, aproximadamente el 55 % dejará el puesto (por renuncia o despido) durante los doce meses siguientes; esa proporción se reduce al 32 % entre los empleados de mayor edad” (Beccaria, 2005, pp. 179-180).

Así, podríamos caracterizar a estas trayectorias como las propias del sector informal (Longo, 2010), caracterizadas por “tanteo de la actividad, desinstrumentalización del trabajo y experimentación penosa del mundo laboral”. El siguiente gráfico muestra la caracterización típica de una de estas trayectorias.

Gráfico 1. Trayectoria típica de joven en el sector informal

Fuente: elaboración propia (Pérez, 2015).

III. Metodología

Retomando los hallazgos de trabajos anteriores, el objetivo del presente trabajo se focalizó en las condiciones de inserción y algunas transiciones ocupacionales de las trayectorias estudiadas previamente. Así, nuestra propuesta de trabajo responde a tres propósitos:

  1. profundizar la caracterización de las trayectorias y revisar su registro estadístico;
  2. observar si las secuencias de trabajos se estabilizan y revierten a través de estudios de panel; y
  3. comparar las trayectorias de estos jóvenes con las de jóvenes de otros niveles sociales, sobre todo en niveles de estabilidad y formalidad.

Es por eso que, en primer lugar, se analizan hitos definitorios en las mencionadas trayectorias (la inserción precaria e informal, la alta rotación entre los trabajos, la baja calificación de la tarea y el ingreso al trabajo sin vinculación con credenciales educativas o técnicas), a partir de un relevamiento realizado por el proyecto VERSE del Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur en un barrio marginal de la ciudad de Bahía Blanca. En dicho asentamiento se encuestó a 140 hogares, lo que permitió estimar datos para una población de 489 personas. Para esta presentación, básicamente se trabajó a partir de los datos observados en los jóvenes de 18 a 25 años del barrio, considerando en realidad la comparación con los grupos etarios mayores como una cohorte construida. Debe admitirse que, para varios cruces de datos, la cantidad de observaciones es pequeña, pero representa un importante porcentaje de los barrios estudiados, y la concordancia de los datos es muy alta respecto a lo observado en otros trabajos (algunos de ellos se mencionan a continuación).

Posteriormente, se plantean posibles diseños de análisis de panel desarrollados en Argentina por otros grupos de investigación. Las posibilidades concretas desde la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se realizan luego de recuperar las tres ondas que trabajan sobre los mismos hogares a partir de las transiciones anuales de estados laborales básicos: inactividad, desocupación y ocupación. En este paper se retoman los realizados por Pérez, Pablo y otros (2013) y el de Díaz Langou y otros (2014), y se los compara con nuestra propuesta de análisis, para finalmente mostrar algunos avances en ese tipo de análisis.

IV. Hitos de trayectorias y transiciones en jóvenes pobres de Bahía Blanca

En primer lugar, es importante caracterizar a la franja etaria de 18 a 25 años que reside en el barrio encuestado. El 84 % de las mujeres son cónyuges del principal sostén del hogar (PSH), mientras que el 87,5 % de los hombres son PSH, por lo que se observa una temprana conformación de nuevos núcleos familiares. En cuanto a la existencia de actividad educativa, solo el 11,1 % permanece en el sistema, mientras que el resto había abandonado y siendo mayor el nivel de actividad entre las mujeres.

Si tomamos los datos de la población mayor de 14 años, solo el 58 % trabajó en la última semana de referencia. Entre los que trabajaron, el 52 % lo hizo en ocupaciones habituales, mientras que el 33 % reconoce que dichas ocupaciones son transitorias/inestables.

Al controlar estos números para los intervalos que nos interesan se observa lo siguiente:

Cuadro 2. Distribución de jóvenes y adultos jóvenes según hayan trabajado o no en la última semana de referencia

Intervalo de

edad

Trabajó

No

trabajó

NS/NC

Total

18 a 25 años

52,2 %

42,2 %

5,6 %

(90)

Habituales

Inestables(*)

64 %

34 %

26 a 35 años

68,8 %

31,2 %

0

(93)

Habituales

Inestables(*)

61 %

37 %

Fuente: elaboración propia con base en relevamiento VERSE 2016.
(*) Los porcentajes no suman 100 por existir casos de no respuesta.

Como se observa en el cuadro superior, dentro del grupo de 18 a 25 años, el 52,2 % trabajó en la semana de referencia. Al analizar esto según género, solo el 24 % de las mujeres trabajan, mientras que el porcentaje asciende al 87,5 % en el caso de los hombres. La misma situación de perfiles por género que se observó en educación se repite en términos de ocupación y de actividad. Mientras que casi el 90 % de los varones de 18 a 25 años trabaja, las mujeres se dividen en un tercio como amas de casa y casi otro tercio que trabaja.

Si retomamos el grupo que trabaja, observamos que el 36,2 % lo hizo en trabajos inestables o changas y que el 31,9 % desea o necesita trabajar más horas de las que lo hace en la actualidad. Esta situación no parece revertirse en el tiempo, si observamos y comparamos con los grupos de edad más avanzada (cuadros 1 y 2).

La situación de los jóvenes (trabajen o no) aparece en esta instancia como altamente desfavorable. Varios datos permiten describir a estas trayectorias como atadas a la necesidad inmediata, y de ninguna manera referidas a la construcción de un trayecto vital o a una perspectiva temporal medioplacista.

Cuadro 3. Distribución de jóvenes de 18 a 25 años según búsqueda de trabajo en la semana de referencia
Buscó trabajo 38,8 %
No buscó trabajo 61,2 %
Total (90)

Fuente: elaboración propia con base en relevamiento VERSE 2016.

La búsqueda de trabajo no implica no disponer de uno en la actualidad. El 74,3 % de los que buscan trabajo lo hacen a fin de aumentar los ingresos actuales, y solo un 5,7 % desea cambiar de trabajo. Estos datos parecen moverse en la misma línea que varias de las entrevistas realizadas a jóvenes de esta condición[2], en las que se observa que la urgencia por un ingreso pospone decisiones que tengan que ver con el deseo, el futuro o la proyección personal. Entre los que no buscan trabajo, el 85 % ya tiene trabajo y el 27,3 % es ama de casa. Por otro lado, el 3,3 % de todos los jóvenes de esta franja etaria está desalentada y, por lo tanto, no busca empleo; este porcentaje se compone en su totalidad de mujeres. De la misma manera, y siguiendo la tendencia a la feminización del dato anterior, solo el 6,7 % no trabaja por dedicarse en forma exclusiva al estudio.

El hecho de tener trabajo tampoco implica una inserción plena y estable. En el caso de los jóvenes con estudios, hace entre 1 y 4 años que más de 6 de cada 10 de ellos ocupan su trabajo actual, y hace menos de un año que el 31,9 % se encuentra en el mismo. En el mismo sentido, con respecto a esta alta tasa de rotación entre trabajos, debe señalarse que, de los que no trabajan en la actualidad, el 34,9 % lo hizo en el último año, y solo el 4,4% nunca trabajó. O sea, es muy difícil para estos jóvenes mantenerse fuera del mercado de trabajo, por lo que aceptan distintas actividades sin importar sus condiciones, con la consecuente tasa de rotación entre ocupaciones. Un indicador similar de estas condiciones es el que refleja la precariedad laboral, señalada en el cuadro siguiente:

Cuadro 4. Distribución de jóvenes de 18 a 25 años según indicadores de precariedad laboral
Trabaja con tiempo de finalización/contrato/transitorio 22,2 %
Percibe aguinaldo 28,9 %
Tiene obra social 28,9 %
Aportes jubilatorios 22,2%
Vacaciones pagas 28,9%

Fuente: elaboración propia con base en relevamiento VERSE 2016.

En síntesis, los datos del barrio analizado son congruentes con las observaciones realizadas en estudios previos y permiten caracterizar a las trayectorias de la siguiente manera:

  1. La trayectoria típica de inactividad-desocupación-ocupación se presenta en estos grupos abreviando lo más posible la etapa de desocupación, lo cual se traduce en la alta rotación entre las ocupaciones y la precariedad laboral. Estas últimas características se asocian a cualquier tarea que implique un salario, aunque sea inestable, insuficiente y no respete las condiciones de protección social propias de nuestro país.
  2. Las inserciones son tempranas. Si se analiza la cantidad de años que se lleva trabajando, se observan inicios de actividades laborales desde los 14-16 años. Recordemos que solo el 4,4 % de los jóvenes de entre 18 y 25 años nunca había trabajado.
  3. La mayoría de los jóvenes bajo estudio habían, de alguna u otra manera, constituido sus propios núcleos familiares, abandonando la situación típica de “hijo/a” para convertirse en “principal sostén del hogar”o “cónyuge”. Esto implica también una temprana asunción de los roles adultos con gran influencia de los roles tradicionales asignados al varón, como “jefe”, y a la mujer, como “ama de casa”.
  4. No se ha tenido en cuenta al trabajo doméstico como actividad laboral, dada la gran dificultad del registro de este tipo de actividad con la metodología de encuesta utilizada. Sin embargo, es muy importante señalar las diferencias entre los géneros para las trayectorias laborales. Mientras que la amplia mayoría de los hombres trabajan fuera del hogar, las mujeres solo en una tercera parte trabajan, otro tercio es ama de casa y un último grupo se encuentra en diversas situaciones. También entre las mujeres aumenta la probabilidad de mantenerse activo/a en el sistema educativo.
  5. En trabajos anteriores la relación entre educación y trabajo no aparecía de manera consistente (Pérez, 2015). Esto implicaba que las entradas y salidas del sistema educativo no estuvieran vinculadas a la existencia de trabajo. En este caso, hay una alta asociación entre la actividad laboral y la permanencia en el sistema educativo, siendo muy pocos los casos de jóvenes que continúan estudiando. Solo un caso de estos observados corresponde a un joven varón.

En realidad, los datos analizados son solo una aproximación a la inserción inicial de las trayectorias laborales. Las posibilidades concretas de analizarlas a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se concreta luego de recuperar las tres ondas que trabajan sobre los mismos hogares a partir del pasaje de la situación de inactividad a la desocupación y finalmente la ocupación, para la construcción de matrices de transición anuales para un periodo. En esta propuesta se reconocen fundamentalmente dos trabajos como antecedentes.

El primero corresponde a Pérez, Pablo y otros (2013), y se llama “Desigualdades sociales en trayectorias laborales de jóvenes en la Argentina”; y el segundo corresponde a Díaz Langou y otros (2014), cuyo título es Inclusión de los jóvenes en la Provincia de Buenos Aires. El siguiente cuadro sintetiza las características de estos trabajos y de la presente propuesta:

Cuadro 5. Comparación de análisis de transiciones ocupacionales
con base en microdatos de EPH

Pérez y otros (2013)

Díaz Langou y otros (2014)

P.G.I. – UNS (2018)

Periodo

2003-2010

2003- 2013

2005- 2015

Población bajo estudio

GBA

Provincia de Buenos Aires

Bahía Blanca

Corte de edad

18 a 24 años

15 a 29 años

16 a 29 años

Tratamiento de categorías ocupacionales Distingue ocupado precario de no precario e inactivo en sistema educativo de inactivo fuera del sistema educativo. Analiza transiciones de categorías de ocupados: asalariado formal, asalariado informal, trabajo independiente. Distingue ocupado precario de no precario e inactivo en sistema educativo de inactivo fuera del sistema educativo.
Variables asociadas -Estrato de ingresos.
-Género.
-Edad.
-Comparación entre jóvenes y adultos.
-Estrato de ingresos.
-Comparación entre jóvenes y adultos.
-Género.

Fuente: elaboración propia.

Como puede observarse, este tipo de análisis obliga al estudio de periodos largos en el tiempo. En el caso de nuestra propuesta, se decidió ubicar el punto de corte final en 2015 por los cambios acontecidos a posteriori en la EPH. Esto implica una dificultad porque los datos trabajados difícilmente puedan ponerse en relación con los que se disponen para el periodo actual.

En cuanto al recorte espacial, los trabajos anteriores remiten a conglomerados mucho más poblados que la ciudad de Bahía Blanca, lo cual también implica una desventaja por ser pocos los casos recogidos en la ciudad, que no tienen representatividad estadística para el nivel local.

Los grupos etarios son bastante similares. En el caso del trabajo de Bahía Blanca, se optó por incluir como “jóvenes” a partir de la edad en que la ley autoriza el trabajo en Argentina. El límite máximo se corresponde con el mayor que la revisión bibliográfica reconoce como tal.

Respecto a la condición de precariedad laboral, es fundamental su distinción, aunque implique un aumento en el error de las estimaciones estadísticas. De la misma manera, y en virtud de revisar la relación entre estas cuestiones y la reproducción de la desigualdad, se revisa la relación con el nivel educativo y el ingreso percibido y se busca comparar la situación con la de los mayores en una suerte de cohorte construida.

Sintéticamente podría decirse que la EPH aplicada en Bahía Blanca ofrece limitaciones que deben ser tenidas en cuenta y obliga a complementar los datos con otras fuentes de información por escasez de datos, poco sostenimiento en el tiempo de la unidad de análisis y cambios en la metodología de aplicación. Por otro lado, el análisis de los datos del VERSE describe los elementos que nos interesan para una población vulnerable. Su comparación en un año puntual con el total de jóvenes en Bahía Blanca (independientemente de su procedencia social) permite una suerte de convalidación de los hallazgos presentados en términos de inserción y, en menor medida, de transición ocupacional.

Cuadro 6. Comparación de datos varios sobre jóvenes
de 18 a 25 años en Bahía Blanca
E.P.H. VERSE
Inactividad 47,6 % 38,9 %
Desocupación 10,1 % 8,9 %
Ocupación 42,3 % 52,2 %
Empleado u obrero 82 % 91 %
Están en ese empleo hace menos de un año 31,9 % 36 %
Vacaciones pagas 50,7 % 28,9 %
Aportes jubilatorios 50,7 % 22,2 %
Activo en sistema educativo 56,6 % 11,1 %

Fuente: elaboración propia.

Los datos se verifican en las direcciones esperadas. La tasa de actividad es mayor si se toma en cuenta a todos los jóvenes, porque en los estratos más acomodados la permanencia en el sistema educativo acompaña la posibilidad de no iniciarse en el mundo del trabajo. Por otro lado, los que se ven obligados a incorporarse en el mercado laboral pero no logran hacerlo presentan porcentajes muy similares, y por esta razón es muy interesante recuperar la distinción entre trabajos precarios y no precarios.

Los dos indicadores recogidos de tal situación (en realidad, de informalidad más que de precariedad) indican que, entre la población en general, casi el doble recibe el beneficio de vacaciones pagas y aportes jubilatorios. Estos elementos indican que la situación de apremio económico empuja a la actividad a los jóvenes de menores ingresos y a la aceptación de cualquier trabajo, aunque sea en condiciones de precariedad. Aquí también los bajos ingresos y las bajas calificaciones requeridas implican una pérdida en la posibilidad de revertir la marginalidad y, por sobre todo, los deja fuera del sistema educativo.

En este último aspecto, es muy difícil establecer la relación entre el nivel de educación alcanzado y el trabajo, pero se observa una importante asociación entre la inactividad laboral y el hecho de cursar estudios superiores, así como también entre la desocupación y el anterior abandono de los estudios primarios.

Conclusiones

Los jóvenes, al insertarse en el mundo del trabajo, lo hacen dentro de condiciones sociales que determinan objetivamente las consecuencias de sus actos y están vinculadas a la reproducción de la desigualdad. Sus decisiones resuelven el día a día, pero dificultan (o impiden) lograr mejores situaciones laborales futuras, en términos de superación de la precariedad, informalidad, bienestar material o desarrollo personal.

En ese contexto de opciones limitadas, la proyección de un recorrido lineal donde cada ocupación sea fruto de una decisión se desdibuja, subrayándose la necesidad de enfrentar eventos o sucesos a partir de iniciar la actividad laboral aceptando condiciones de precariedad e informalidad. Es entonces cuando esos hitos en el tiempo (llegada de un hijo, despido del padre, abandono, etc.) se constituyen en puntos de inflexión en los que “adaptan” su abanico de opciones restringidas. De esta manera, las trayectorias podrían describirse como “hilvanadas” en cuanto no son lineales, son ricas en incertidumbre y no pueden superar la necesidad de consolidar el presente.

De esta manera, hay continuidad entre el problema de la segmentación educativa y el de la segmentación en el mercado laboral. El hecho de que los pobres acceden a escuelas pobres y los ricos a las ricas implica la imposibilidad de transitar de un nivel a otro. De la misma forma, un joven estudiante de una escuela pobre solo accederá a una ocupación con bajos ingresos, perpetuándose su situación de marginalidad.

Existen diferencias por género. Los hombres tienden a trabajar desde muy jóvenes mientras que las mujeres se dedican a tareas domésticas. Esta situación tiende a naturalizarse, lo que genera situaciones controversiales en que la propia estrategia familiar relega a la mujer a dicho rol. La pregunta es si el hecho de trabajar fuera del hogar realmente es una aspiración o implica agregar más presiones sobre las mujeres. Algunas han planteado que no les conviene trabajar fuera porque lo que cobran es superior a lo que necesitan para dejar a sus hijos a cargo de otras personas. Estas cuestiones contradictorias obligan a repensar si, de alguna manera, las políticas públicas reproducen estas situaciones y si, al tratar de revertirlas, no alteran la estrategia general del hogar sin dejar margen ni alternativas para la subsistencia de este.

Tanto en este aspecto como en otros que hemos revisado, es fundamental poder recuperar el análisis de manifestaciones fuera de las grandes ciudades, aplicando un análisis crítico de los avances realizados en el diseño de políticas sociales, porque permiten ver mecanismos reproductores de la desigualdad en la vida cotidiana. De no hacerse, se correría el riesgo de invisibilizar ciertos mecanismos de reproducción de la desigualdad, como los revisados en relación con las trayectorias laborales.

Bibliografía

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  1. Los autores hablan del periodo de 15 a 29 años (Filgueira, Filgueira y Fuentes, 2001, en Díaz Langou et al., 2014, p. 13), y aquí se presentan datos de adultos jóvenes hasta 35 años. Sin embargo, esta extensión en la edad no se considera que invalide la cita.
  2. Recuérdese que este trabajo se inscribe en el PGI “Desigualdades educativas y en salud: implicancias para la inserción laboral y trampas de pobreza en Argentina”, pero es continuación de otro PGI, “Trayectorias laborales y reproducción de la desigualdad”, y abreva en dos series de relevamientos realizados por el Programa VERSE, todos ellos radicados en el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur.


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