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Cuando el trabajo vale centavos

Recuperación informal de residuos urbanos en el Municipio de La Plata
desde un análisis de sus actores

Inés Cortazzo y Vanesa Herrero

Resumen

En el siguiente trabajo presentaremos algunas reflexiones provenientes de una investigación desarrollada en el periodo de 2015-2017, en el marco del trabajo de investigación “Formas organizativas y redes de sociabilidad de los recolectores informales de residuos y su relación con las Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo (CyMAT). El caso de los cartoneros en la ciudad de La Plata”.

La actividad cartonera es una actividad de vieja tradición que ha ido adquiriendo características particulares en distintos momentos históricos tanto en Argentina como en diversos países de América Latina. También conocida como “recolección informal de residuos”, el cartonero es quien recupera residuos urbanos para su posterior clasificación y comercialización en diversas formas. A partir de la década de los 90, y principalmente con la crisis del 2001, esta actividad creció tanto en el aspecto numérico y el volumen de productividad, como en el de la organización del trabajo. Tres cuestiones principales marcan la opción masiva de los sectores más vulnerables por la recolección de basura: el incremento acelerado de la desocupación y la pobreza, la problemática de la basura, los conflictos a nivel municipal, y la ineficiencia de qué hacer con los desechos urbanos y el incremento del precio de los materiales reciclables producto de la devaluación del 2001.

Entendemos esta actividad como parte del mercado informal de trabajo en un circuito de recuperación y reutilización de materiales reciclables más amplio. Lejos de ser una actividad aislada, solitaria e independiente, la recuperación informal de residuos envuelve una trama de actores e instituciones públicas, privadas y sociales que obtienen provecho económico de ella. Es en ese entramado donde se desdibuja la figura del recuperador urbano sin que se reconozcan el aporte económico que realiza ni las condiciones insalubres y precarias en las que lleva a cabo su trabajo. El vecino –productor de la materia prima (los residuos)–, los municipios, empresas concesionarias, los depósitos e industrias conforman el engranaje o circuito del reciclaje.

Este análisis lo hacemos a partir de bibliografía específica, fuentes secundarias y la voz de los actores con los que trabajamos en el campo. Analizaremos la posición que ocupa cada actor en la actividad, así como la política pública con relación a la problemática.

Palabras clave

Cartoneros; trabajo informal; gestión de residuos sólidos urbanos; recuperadores urbanos.

I. Introducción

El siguiente trabajo tiene como objetivo aproximarnos al tema de investigación de referencia desde un análisis en clave político-económica de sus actores. Estas reflexiones se asientan en una investigación realizada en la ciudad de La Plata acerca la actividad cartonera o recuperación informal de residuos sólidos urbanos[1], cuyos protagonistas son conocidos como “carreros” o “cartoneros”. El cartonero es quien recupera residuos urbanos para su posterior clasificación y comercialización en diversas formas (Herrero 2016; Schamber y Suárez 2007, 2011).

La actividad cartonera es una actividad de vieja tradición que ha ido adquiriendo características particulares en distintos momentos históricos tanto en Argentina como en diversos países de América Latina (Anguita, 2003; Gorbán, 2014), fuertemente relacionada con cambios económicos y políticos, sean a nivel nacional, latinoamericano o internacional.

Suele asociarse el fenómeno del cartoneo en línea directa con la pobreza, entendiéndose como un estrategia de supervivencia, pero resulta necesario desentrañar qué hay detrás del fenómeno visible. Presentamos una lectura desde la economía política, teniendo en cuenta: el contexto político y socioeconómico que posibilitó el crecimiento exponencial de esta actividad a partir de la década de los 90 y principalmente luego de la crisis del 2001; la trama económica y los intereses de actores públicos y privados involucrados en la recuperación, comercialización y reciclado de RSU; y la discusión en torno a cómo leer la figura del cartonero dentro de clase trabajadora.

En este sentido, traemos a discusión la tesis de Nicolás Villanova (2015)[2], quien fundamenta, a través de una lectura marxista, que los cartoneros se constituyen en una parte de la superpoblación relativa de nuestro país en un modelo de capitalismo competitivo dependiente. Esta teoría desmiente las perspectivas de la marginalidad y la exclusión por considerarlas ajenas a una lectura de clase.

Esta mirada permite comprender la actividad cartonera como una actividad productiva económica a nivel de la economía regional, debido a quienes se ven beneficiados por ella, pero, sobre todo, como una actividad que permite la reproducción doméstica de las familias que a esto se dedican.

II. Contexto macroeconómico y consolidación de la actividad cartonera en Argentina

Existe una discusión entre los especialistas en el tema en torno a la temporalidad de la masificación del fenómeno del cartoneo[3]. Por un lado, ciertos autores trazan una línea casi directa entre los cartoneros y la crisis del 2001 (Anguita; Schamber y Suárez, Reynals), entendiendo que son un producto de ese momento histórico específico. Por otro, están quienes consideran que ya existía un número relevante de personas dedicadas a esto, aunque sí se ve incrementado luego de ese año (Paiva, 2008; Gorbán, 2014; Villanova, 2014). Lo cierto es que en Argentina, a partir de la década de los 90 y principalmente luego de la crisis del 2001, la actividad de recuperación informal de residuos creció tanto en el aspecto numérico (cantidad de cartoneros) y volumen de productividad, como en el de la organización del trabajo.

Existe un consenso con respecto a las falencias de las estadísticas oficiales sobre la cantidad de cartoneros en nuestro país, ya que no se miden en el Censo Nacional y en la EPH, que son instrumentos de medición oficial[4]. Los datos duros con los que se cuenta provienen de tres fuentes desfasadas en el tiempo y espacio: el Registro de Recuperadores Urbanos de la Ciudad de Buenos Aires (RUR)[5]; investigaciones de corte etnográfico, principalmente concentradas en el AMBA; y datos proporcionados por las organizaciones de cartoneros[6] a nivel nacional. En el año 2002, según datos oficiales, en el RUR se habían registrado alrededor de 9.000 RU, número que ascendió a los 16.500 en 2008 (Villanova, 2014, 2015). Por su parte, la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores (FACyR) estima que en Argentina hay 300.000 cartoneros, carreros y recuperadores informales urbanos en disímiles condiciones de trabajo y/o contratación.

Retomando las posibles explicaciones sobre el aumento de personas dedicadas a la recolección informal de RSU, tres cuestiones principales marcarían la opción masiva de los sectores más vulnerables luego de la crisis del 2001 (Carenzo, 2013; Casovoc, 2009; Gorbán, 2008; Schamber y Suárez, 2007, 2011; Paiva, 2004, 2006; Perelman, 2010; Villanova, 2015). Estas son:

1. La problemática de qué hacer con los desechos urbanos, es decir, la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos[7]. La consolidación del capitalismo industrial trajo aparejado la concentración de población en las ciudades[8] y, por ende, el aumento de desechos, esto sumado al desarrollo de la medicina higienista (Gorbán, 2014; Herrero, 2015; Schamber y Suárez, 2007, 2011). Entonces, la problemática de la basura urbana se convirtió en una cuestión de agenda pública desde la conformación de las grandes urbes a nivel mundial hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX, mismo periodo en el que Argentina se insertó en la economía mundial como país agroexportador (López, 2015; Marini, 1973, 1991). Hacia 1870 se asignó como lugar oficial el vaciadero municipal en la Zona Sur de Buenos Aires para la disposición y quema de los residuos a cielo abierto (Schamber y Suárez, 2002). Alrededor del vaciadero se conformó el denominado “Pueblo de las Ranas” o “de las Latas”, un barrio marginal donde surgió la figura tradicional de “ciruja”, la persona que selecciona de los desperdicios aquellas cosas que sirven para el consumo personal o para la reventa. En el año 1925, la resolución (n.º 1157/25) prohibió la separación y recolección de los residuos por parte de personas ajenas al circuito formal, lo cual hizo ilegal dicha práctica, que se siguió llevando a cabo en la ilegalidad hasta el año 2002. En el año 1977, durante la dictadura militar se fundó el CEAMSE (Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado), encargado del control de la disposición de los residuos mediante el sistema de relleno sanitario en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense, privatizando la GIRSU. Sobre la cuestión de la privatización de la GIRSU, ahondaré más adelante, pero cabe destacar que las privatizaciones de las responsabilidades estatales son una característica del neoliberalismo. Como señala López (2015) citando a Osklak: “El núcleo de la reforma estatal se traslada hacia la redefinición de las fronteras entre el dominio de lo público y lo privado, al restringir de diversas maneras la extensión y naturaleza del Estado en los asuntos sociales”.

2. El incremento acelerado de la desocupación y la pobreza a partir de la implementación del proyecto neoliberal (1970-2001). Hacia fines de los 90 y principios del 2001, cuando se hizo visible la presencia de familias cartoneras en las calles, la actividad fue caracterizada como un rebusque o estrategia de supervivencia momentánea, ya que las trayectorias de estos sujetos se caracterizaban por la pérdida reciente de trabajos formales e informales (Schamber y Suárez 2007, 2011). Según el INDEC, en el 2001 la tasa de desempleo alcanzó su punto máximo con una cifra del 25 %. El aumento de la desocupación y de la pobreza fueron consecuencias de las medidas adoptadas por los gobiernos de turno en el marco de la implementación del proyecto neoliberal en Argentina, que conllevó la consolidación de un modelo de país con una economía dependiente de los avatares externos (Marini, 1973, 1991; Peralta, 2007). López (2015) realiza un recorrido sobre este giro neoliberal que permite dar cuenta de esta realidad, abarcando el periodo 1970-2001. Como plantean diversos autores, el neoliberalismo no solo es un modelo económico, sino ante todo un proyecto político al servicio de las clases dominantes, en detrimento de la clase trabajadora y los sectores subalternos.

En los 90, coincidentes con la masificación de la actividad, una serie de medidas produjeron cambios dramáticos en las formas de reproducción de la clase trabajadora producto del ataque al trabajo asalariado y el achicamiento del Estado social. Como ejemplo, se puede mencionar: el endeudamiento externo, la dependencia de la explotación de recursos naturales por empresas extranjeras, la privatización público-estatal, la devaluación de la moneda y las reformas laborales. La generación de ingreso por la reventa de residuos u obtención de recursos (alimentos, ropas, mobiliario, juguetes, etc.) es una actividad intrínsecamente ligada a la satisfacción de necesidades básicas de los sujetos para reproducir su existencia en el marco del sistema capitalista. En periodos de crisis entendidas, como la interrupción de los flujos de capital, la desocupación tiende a aumentar como consecuencia de las medidas que toman los grandes empresarios para no ver disminuidas sus ganancias, y la pobreza apremia cada vez más a los sectores menos favorecidos (Harry, 1985; Harvey, 2004). Es en este contexto en que se produjo la consolidación de la actividad cartonera como una forma más de reproducción cotidiana.

3. El crecimiento de la industria del reciclado y el incremento del precio de los materiales reciclables producto de la devaluación a partir del 2001. Diversos autores han hecho hincapié en este aspecto del mercado industrial para explicar la supuesta rentabilidad de la recuperación de RSU. Como analizan Schamber y Suarez (2007) y Villanova (2015), el crecimiento de la industria del reciclaje está ligado a dos fenómenos: el enfoque ambientalista asumido por los Estados latinoamericanos desde hace varios años para la GIRSU, y el incremento de los precios de materiales reciclables. La devaluación llegó luego del periodo de la convertibilidad durante el gobierno menemista y de la Alianza. La devaluación de la moneda nacional frente al dólar generó una disminución de los costos de producción que se pagan con moneda nacional, pues se estaba pagando con la misma cantidad de pesos una cantidad menor en dólares. Esto permitió en general disminuir el precio de los productos nacionales para que fueran más competitivos en relación con otros productos similares en el mercado internacional. Lo contrario ocurrió en el mercado interno, pues la producción nacional subió de precio frente a una devaluación del peso por efecto del reajuste que se realizó en varios eslabones de la cadena productiva para recuperar el ingreso que se perdía con la devaluación. Lo que las industrias antes recibían como ingreso en pesos perdió su valor en relación con el dólar mediante la devaluación, y por tanto los productores debieron incrementar el precio a fin de recuperar algo o la totalidad del valor perdido. Esto implicó, entre otras cuestiones, un aumento del gasto en importaciones y, por ende, la pérdida de ganancias, fomentando así la industria interna, en este caso, la industria del reciclaje de papel, vidrio y plástico principalmente, como se ve en el siguiente cuadro.

Listado de empresas recicladoras en Argentina. Febrero de 2011
Tipo de material Cantidad
Recicladores de desechos textiles 7
Recicladores de desechos de aleaciones de aluminio 5
Recicladores de desechos de hierro-acero 5
Recicladores de desechos de aleaciones de cobre 7
Recicladores de tetrabrik 1
Recicladores de desechos de vidrio 5
Recicladores de desechos de papel y cartón 20
Recicladores de desechos de plástico 21
Recicladores de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) 1

Fuente: cuadro de elaboración propia con base en los datos del Observatorio para la Gestión de Residuos Sólidos Urbanos, Secretaría de Ambiente de la Jefatura de Gabinete.

En el siguiente apartado, relacionaremos estos aspectos para dar cuenta del negocio que se esconde detrás de la actividad del cartoneo, y reflexionaremos sobre que los cartoneros son una parte de la clase trabajadora que es explotada en pos del beneficio de grandes empresas y del Estado mismo.

III. ¿Quiénes ganan? El negocio de la basura y la función de la recuperación informal

Según fuentes oficiales del Observatorio Nacional de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos, en Argentina se calcula que cada habitante produce entre un kilo y un kilo y medio de desechos urbanos por día. Esto es, alrededor de 12 millones de toneladas de desechos al año. Como se registra en el siguiente cuadro, la cantidad de desechos varía de acuerdo a la región. Así, vemos que la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, caracterizadas por tener la mayor población del país y una economía activa, concentran la mayor cantidad[9]. Es también en estas provincias, principalmente en Buenos Aires, donde se concentran las grandes fábricas y plantas dedicadas al reciclaje de materiales que son revendidos a otras para ser repuestos en el mercado[10].

La recolección de la basura en nuestro país es descentralizada y tercerizada; esto quiere decir que el Estado, a través de los municipios, contrata empresas privadas que trasladan los desechos a los lugares dispuestos y les paga por tonelada recogida.

Lo cierto es que la disposición final adecuada sigue teniendo porcentajes relativamente bajos en comparación con la cantidad de residuos recolectados. La basura es enterrada en rellenos sanitarios y en basurales clandestinos a cielo abierto. Existen alrededor de 2.000 basurales a cielo abierto, y la disposición de residuos en rellenos sanitarios alcanza el 63 % según datos oficiales, lo que no se condice con la cantidad de basurales ilegales. De acuerdo con organismos ambientales de índole no oficial, como Greenpeace o la Cámara de Construcción Argentina, solo el 40 % de los residuos se desechan en condiciones más o menos sanitarias, y el resto se distribuye en unos 2.000 basurales a cielo abierto. Estas diferencias se acentúan en las provincias con menos presupuestos.

Mapa de porcentaje de disposición adecuada de RSU por provincia

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Fuente: Observatorio Nacional – Sistema de Información de Gestión de Residuos (SIGIRSU)

Distribución de Disposición Adecuada de RSU por región

Región

Proporción de la población nacional

Porcentaje de disposición adecuada

Porcentaje de disposición adecuada (sobre el total disposición adecuada)

Área CEAMSE 28,49 % 28,49 % 46,45 %
Resto Centro 38,42 % 20,62 % 33,61 %
Patagonia 5,24 % 2,44 % 3,97 %
Cuyo 7,94 % 3,09 % 5,04 %
NOA 11,41 % 3,96 % 6,45 %
NEA 9,17 % 2,75 % 4,48 %

Disposición no adecuada 38,66 %

Los municipios establecen concesiones millonarias con estas empresas, como sucedió este año cuando la Municipalidad de La Plata renovó el contrato con ESUR por 18 millones, desatendiendo los reclamos de las cooperativas y organizaciones de cartoneros por ser reconocidos e incluidos en la GIRSU. La particularidad de la negociación fue que se entregó tanto la Gestión de Desechos como de RSU mediante el programa “Bolsa Verde”[11], atacando directamente la fuente de trabajo de los recuperadores.

Entonces, por un lado el municipio se beneficia por cada toneleda que los RU reinsertan en las industrias, ya que a menos toneladas, menos ganancia para las empresas recolectoras, y, por ende, menos gasto del presupuesto público[12]. Sin embargo, en vez de optar por el reconocimiento de los trabajadores cartoneros y carreros, continúa con contratos privados millonarios bajo el discurso de la eficiencia.

Por otro lado, las industrias se benefician en cuanto compran materiales para reciclar a los cartoneros y luego revenderlos a grandes fábricas de bebidas (en el caso de los envases), papeleras, fábricas de automotores, entre otros. En el caso de las papeleras, la relación de rentabilidad entre la producción de celulosa y la utilización de materiales de reciclaje es aproximadamente de un 40 % (Villanova, 2015). La ganancia industrial es la forma de ganancia que se apropian los capitalistas cuando invierten su capital en el proceso de producción directamente (Foladori y Melazzi, 2009).

Vemos que todos estos actores y otros intermediarios obtienen su ganancia; entonces, ¿cuánto obtiene un carrero sobre esta ganancia industrial? ¿Quién le paga por su trabajo?

En el siguiente cuadro se observan los precios de los materiales reciclables actualizados que pagan las empresas, a quienes se les entrega el material acopiado.

Material $/kg Var. trim. ant. ($) Var. trim. ant. (%) Acopiador/reciclador
Papel mezcla 1,80 0,60 50,00 Reciclador
Papel diario 1,76 -0,09 -4,73 Reciclador
Cartón 1era 2,05 0,27 15,20 Reciclador
PET Cristal 5,42 0,28 5,34 Reciclador
PET Color 2,75 0,60 27,91 Reciclador
PET Aceite 1,40 0,20 16,67 Reciclador
Soplado (PEAD) 4,00 -1,00 -20,00 Reciclador
Nylon 7,00 0,25 3,70 Reciclador
Bazar (PP) 3,00 0,40 15,40 Reciclador
Telgopor 5,00 0,00 0,00 Reciclador
Vidrio 0,50 0,03 6,38 Reciclador
Aluminio 8,00 2,00 20,00 Reciclador
Chatarra 0,30 -0,10 -25,00 Acopiador
Papel blanco 3,50 0,25 7,70 Reciclador
Papel revista 2,00 0,30 17,65 Reciclador
Tetrabrik 1,25 -1,45 -53,70 Acopiador
Trapo 1,80 0,00 0,00 Acopiador
Cobre 42,00 0,00 0,00 Acopiador
Maple 1,80 0,00 0,00 Acopiador

Los precios expresados corresponden al promedio del precio pagado por empresas recicladoras y/o acopiadores según lo informado por 5 plantas de clasificación, localizadas en el Área Metropolitana de Buenos Aires en un relevamiento a cargo de Conexión Reciclado. Última actualización: diciembre de 2016.

Hay que tener en cuenta que este no es el valor que recibe el carrero, porque existen intermediarios, entre ellos, los chatarreros (legales e ilegales), pequeños y grandes depósitos, acopiadores y cooperativas, empresas recolectoras, que van quitando cada vez más valor a la fuerza de trabajo. En entrevista con un referente carrero de la ciudad, él daba cuenta de la cantidad de kilos de cartón, papel o vidrio que se necesitan para cubrir las necesidades mínimas: “Nosotros todavía estamos viviendo en el mundo de los centavos… Un kilo de cartón vale 1,20 pesos, un kilo de vidrio vale 30 centavos, un kilo de chatarra vale 50 centavos”. Para comprar un kilo de pan, que ronda los 18 pesos, un carrero debe juntar 18 kilos de cartón.

El trabajo de los cartoneros se puede dividir en tres momentos (Herrero, 2015): recolección en la vía pública, clasificación y acopio en los hogares o galpones (en el caso de las cooperativas), y comercialización, es decir, la venta de la mercancía. Los dos primeros momentos son los que conllevan el mayor tiempo y desgaste físico, dado que se trabaja en condiciones insalubres, en malas condiciones climáticas, sufriendo además discriminación en la vía pública. En este proceso hay entonces una apropiación de la fuerza de trabajo del carrero que no es pagada bajo ninguna forma, ya que se le paga por kilo de material, por lo cual debe adaptarse a las exigencias de intermediarios y empresarios.

En el siguiente esquema mostramos el ciclo básico de recuperación de residuos según la actividad y los actores involucrados.

Actividad de recuperación de RSU. Ciclo básico de reciclaje

Actividad de recuperación de RSU. Actores del circuito productivo

Los beneficios de estos actores se fundan sobre la explotación de la mano de obra de los cartoneros. “El proceso de producción, en la medida en que nos permite entender el de creación de plusvalía, da cuenta del proceso de explotación del trabajo por el capital. Lo que es valorización para el capitalista es explotación para el trabajador” (Marini, 1979).

En este sentido, Villanova plantea:

El capitalismo argentino se caracteriza por la baja competitividad en el mercado mundial y la caída de productividad relativa del trabajo. […] la explotación de una clase obrera que vende su fuerza de trabajo por debajo de su valor, sobre todo desde la década de los 70, se vuelve un mecanismo compensatorio que presupone la existencia de una sobrepoblación relativa que crece y se consolida acompañando las transformaciones de la Gran Industria (Villanova, 2015, p. 53).

Esta superpoblación, o ejército de reserva, como lo definió Marx, “es el conjunto de trabajo desempleado y sub-empleado que se crea y se reproduce directamente por la acumulación de capital” (Shaikh, 2000). Dentro de esta sobrepoblación relativa[13], se ubican los cartoneros, en cuanto no son parte de la masa asalariada, como consecuencia de los altos índices de desempleo, pero desarrollan una actividad productiva que genera ganancias, al mismo tiempo que garantizan su propia reproducción.

Por último, y en relación con el tema más amplio que nos convoca –la organización colectiva–, remarcamos el papel que las organizaciones sociales vienen teniendo en este escenario, que le otorga cada vez más relevancia a la problemática en los últimos años en el distrito de La Plata. La organización colectiva de los cartoneros está particularmente asociada a la sanción de la Ordenanza Municipal Basura 10.061/09, que obliga al municipio a incorporar a las cooperativas de cartoneros en la GIRSU. A partir de este reconocimiento, la organización y la acción colectiva de cartoneros y cooperativas fueron sentando las bases de un reclamo continuo hacia el municipio y la sociedad civil.

En el plano de acciones colectivas, se ejecutan acciones de protesta, de movilización, de promoción y difusión en el derecho al trabajo y la obtención de recursos. También podemos nombrar las asambleas y espacios de discusión colectiva hacia el interior del movimiento: a nivel local, la participación directa en cortes, movilizaciones y las negociaciones con funcionarios públicos, y, a nivel nacional, la movilización junto con otros movimientos que permitió, por ejemplo, la sanción de la Ley de Emergencia Social en el año 2016.

Por esto, entendemos que cumplen una triple función, que sintetizamos en este esquema:

Reflexiones finales

En Argentina, la industria del reciclaje ha crecido por los aspectos que ya mencionamos, pero también por la falta de tratamiento de los RSU por parte de la gestión pública. Hay cuestiones de índole estructural que subyacen a la elección de la forma de tratamiento fuertemente asociadas a las economías regionales, la capacidad tecnológica y la disponibilidad de extensiones de tierras. En nuestro país la basura se entierra, y, gracias a la labor de los RU, se recicla un porcentaje.

A los cartoneros se los ha caratulado de trabajadores independientes y cuentapropistas, e incluso las cooperativas proponen el monotributo como forma de registro. Esto encubre la relación de explotación por el capital y, como plantea Villanova, los excluye de la definición tradicional de la clase trabajadora al no considerarlos como trabajadores asalariados. Horas y horas de trabajo no son reconocidas, y no se les otorga la posibilidad de acceder a beneficios sociales, proporcionando grandes ganancias al sector industrial. Existe una dependencia de ingreso que proviene, en último lugar, del sector industrial y empresarial. Coincidimos en que

la definición de clase trabajadora como quienes se ven forzados a vender su fuerza de trabajo al capital debe entenderse de manera amplia, no acoge únicamente a quienes reciben un trabajo monetario, son todos quienes trabajan para el capital de distintas formas a cambio de una parte de la riqueza social (Cleaver, 1985).

Por lo tanto, un análisis desde la economía política permite ubicar a los cartoneros como trabajadores, y no solo como supervivientes o marginales, dando cuenta del negocio que se motoriza tras su explotación. Esta actividad es fuente de ingreso y de recursos necesarios para la reproducción de miles de familias. En este sentido, es necesario un análisis históricamente situado.

Bibliografía

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  1. Desde ahora, RSU.
  2. Nicolas Villanova es sociólogo y doctor en Historia por la UBA, investigador del CIECS.
  3. Nos referimos a la masificación ya que la actividad de recuperar objetos de la basura para el consumo personal o la reventa es muy antigua. En nuestro país estuvo representada durante décadas por la figura del ciruja o botellero, de quienes tanto los cartoneros como los investigadores han tendido a diferenciarse.
  4. Para dar un ejemplo, en la EPH entrarían en la categoría de vendedores ambulantes, categoría amplia y difusa para su conceptualización.
  5. La Ley de Recuperadores Urbanos n.º 992 creó el Registro Único de Recuperadores Urbanos (RUR), el cual permitiría a los cartoneros obtener una credencial de permiso, elementos de higiene y salubridad, y ser incorporados al servicio de recolección diferenciada, entre otros. Es decir, dar un marco normativo al trabajo.
  6. Nos referimos a la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores (FACyR), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).
  7. Desde ahora, GIRSU.
  8. El 41 % de la población total latinoamericana vivía en ciudades en 1941, y aproximadamente el 77 % de los residentes vivía en áreas urbanas en el año 2000.
  9. Lo que consume una población, su capacidad de compra, se refleja en el volumen de lo que desecha. Así es que en las provincias más pobres y zonas menos urbanas, esta cantidad suele disminuir.
  10. Consultar mapa de industrias recicladoras: http://recicladores.com.ar/.
  11. La municipalidad de La Plata implementa un sistema de bolsa verde, la cual reparte a los vecinos del centro a cambio de una colaboración y se recoge dos veces por semana en un horario establecido. Durante la gestión anterior, la mayor parte de esas bolsas eran redistribuidas a las cooperativas. Como consecuencia del nuevo contrato, ESUR dispone de ellas.
  12. Como referencia, según cifras oficiales, en la Ciudad de Buenos Aires, se recuperan unas 1.000 toneladas diarias de material reciclable por parte de los RU, lo que se traduce en el 18 % de la basura domiciliaria que se genera en el distrito, estimada en 5.500 toneladas por día. Gran parte del presupuesto de un municipio se destina a la GIRSU.
  13. La función histórica de la superpoblación relativa es por un lado, ejercer una presión hacia la baja del salario, la tendencia de la flexibilización y precarización laboral en Argentina durante la década de los 90 y otros países latinoamericanos es un ejemplo en este sentido y por otro lado es utilizada por el capital en momentos de expansión económica.


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