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Las revistas especializadas en Relaciones Internacionales y el clima de ideas de la Argentina hacia mediados de la década de 1970

María Florencia Delpino y María Cecilia Míguez

1. Introducción

Este capítulo se propone explorar el clima de ideas y de debates en el ámbito de las Relaciones Internacionales (RI) en la Argentina, a partir del surgimiento de dos revistas especializadas en 1975. La primera mitad de la década de 1970 fue una etapa particularmente conflictiva y convulsionada para la política argentina y para el escenario latinoamericano. Al mismo tiempo, coincide con el período en el que se abrían paso proyectos transformadores de la inserción internacional del país y, junto con ello, recrudecían disputas en el seno de la sociedad civil y el Estado, al compás del complejo escenario de la Guerra Fría en el continente. La etapa se cerraría con el establecimiento de la dictadura más sangrienta que sufriría el país. De este modo, la producción intelectual en el área de las relaciones internacionales también se vio interpelada por los importantes debates económicos y políticos del período.

Hacia 1975, condensando e impulsando debates y políticas internacionales novedosas, surgieron dos revistas especializadas: la Revista Argentina de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y la Revista Geopolítica del Instituto de Estudios Geopolíticos. Ambas constituirían un ámbito particular de discusión y trasvase de saberes entre intelectuales, militares, gestores estatales y políticos. La primera de ellas, dirigida por Juan Carlos Puig, quien recientemente había renunciado a la cancillería de la Nación (ejerció el cargo durante la breve presidencia de Héctor Cámpora en 1973) tuvo un enfoque muy renovador respecto del campo de las RI, pero fundamentalmente dio espacio a las discusiones más profundas respecto de la inserción internacional en el período, vinculando aspectos políticos y económicos. Por su parte, Geopolítica era publicada trimestralmente y sus autores provenían, principalmente, de las áreas castrenses, aunque también escribieron en sus páginas especialistas en política exterior argentina, defensa y seguridad internacional.

Partimos del supuesto de que las revistas son ámbitos de construcción de ideas y difusión de conocimiento y, como tales, impulso y reflejo de la complejidad de un período del que aún queda mucho por investigar. Nos proponemos, entonces, analizar detalladamente el contenido de las publicaciones de 1975, año en que ambas publicaciones circularon por primera vez, de forma paralela al complejo devenir de la política exterior del tercer gobierno peronista hasta el golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

En los últimos años, han surgido distintos tipos de investigaciones empíricas que han adoptado perspectivas constructivistas para el estudio de los procesos de formulación de la política internacional (Wendt, 1995; Adler, 1997). La mayoría analiza el papel de las organizaciones internacionales en la configuración de los intereses estatales o el proceso de construcción de normas que guían la acción de actores sociales diversos (Salomón González, 2002: 33-34). Pero también han emergido estudios que ponen el foco en el rol de las ideas de los gobernantes, intelectuales asesores y burocracias en el diseño e implementación de las políticas exteriores. En esa línea, las trayectorias individuales, los espacios de difusión que los intelectuales-expertos forjan y las instituciones y redes por las que transitan cobran relevancia. Unos y otros “parecen conformar el círculo virtuoso necesario para que sea factible hallar correspondencia entre el campo de las ideas y el de las políticas” (Colacrai, 2006: 384).

Estas ideas, no obstante, no están separadas de las condiciones materiales e históricas. Si bien en este trabajo adherimos al supuesto constructivista que las ideas son fundamentales, sostenemos, al mismo tiempo, que esto no implica desconocer su sustento material. Fuertemente ancladas a los procesos materiales e históricos, las ideas constituyen una expresión -ni mecánica ni unívoca- de relaciones sociales. Por esta razón, creemos que dicho campo constituye un objeto sustantivo para comprender las dinámicas de las relaciones de poder existentes. Se trata de reconocer el origen construido de las mismas que atraviesan, en este caso, las relaciones exteriores de todos los países (Vitelli, 2014: 157) a partir de un enfoque que combine elementos materiales e ideacionales para evitar el riesgo de adoptar una perspectiva de statu quo (Busso, 2008: 11).

Nuestra perspectiva retoma, ante todo, el concepto de fuerzas profundas, acuñado por Pierre Renouvin y Jean Baptiste Duroselle (2000) de la escuela francesa de la Historia de las RI. Esta noción hace referencia a factores, tanto ideales como materiales, que han moldeado las relaciones entre los grupos humanos en distintas sociedades y, en gran medida, han determinado su naturaleza. Elementos como las condiciones geográficas, los movimientos demográficos, los intereses económicos y financieros, las mentalidades colectivas y las grandes corrientes sentimentales (Renouvin y Duroselle, 2000: 9-10) actúan como un “ruido de fondo” en el devenir histórico, condicionando las decisiones y acciones de los hombres de estado (Canesin, 2008: 131).

2. Las revistas especializadas

Las revistas se constituyen en espacios de validación y producción de ideas y prácticas en las que el rol de los intelectuales y expertos resulta fundamental (Neiburg y Plotkin, 2004: 17). Según Nerina Sarthou (2012), existen dos grandes enfoques desde los cuales abordar a las revistas como objeto de estudio. Por un lado, los estudios bibliométricos que tienen como finalidad construir indicadores a través de los cuales realizar mediciones en torno a diversos aspectos de la investigación científica. Por otro lado, investigaciones que analizan las revistas como documentos históricos, es decir, fuentes a partir de las que se puede indagar sobre el contexto socioeconómico, político e intelectual de un período histórico determinado. A partir de esta perspectiva, las revistas son entendidas como textos colectivos que contribuyen a conocer los proyectos político-culturales desarrollados en un período específico (Beigel, 2003; Chiocchetti, 2011; Pita González y Grillo, 2015; Ponza, 2018). Desde este enfoque, en el que convergen estudios en torno a revistas literarias, intelectuales, culturales y especializadas, la revista puede pensarse como un “laboratorio de ideas” que hace posible intervenciones exigidas por la coyuntura (Sarlo, 1992: 10-14). Así, las revistas se convierten en piezas de programas políticos que intentan posicionarse ante problemas concretos de un país a través de propuestas para transformar o perpetuar una realidad concreta (Stropparo, 2009: 15).

Como puntos de encuentro de intelectuales y expertos, las revistas resultan canales privilegiados para el intercambio de ideas y la conformación de redes. En este espacio particular, la sociabilidad, los discursos y las prácticas colectivas se vuelven elementos centrales (Gilman, 2003: 16). Coincidimos en este punto con Federico Neiburg y Mariano Plotkin (2004) cuando afirman que esos actores, muchas veces asociados al Estado, construyen una zona de “intersección productiva” donde se generan conocimientos sociales y que, por lo tanto, es importante interpretar “la circulación de individuos, ideas, modelos institucionales y formas de intervención” más que diferenciarlos como extremos de una línea, separando los ámbitos de acción entre “fuera” y “dentro” del Estado (p. 17). Esta red de intelectuales y expertos que converge en las revistas puede también ser pensada a partir del concepto de comunidad epistémica, propio de la perspectiva constructivista. Según Peter Haas (1992), se trata de una red de profesionales con reconocida experiencia y conocimiento en un campo científico determinado, con una constelación de valores, creencias, estilos y un proyecto político común (p. 3). Por su parte, Adler (1997) agrega que las mismas pueden ser pensadas como creadoras de creencias intersubjetivas que actúan como vehículos de supuestos teóricos, interpretaciones y significados colectivos, incidiendo en la creación de la realidad social de las relaciones internacionales (p. 343).

En los próximos apartados, nos centraremos en el estudio de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales y la Revista Geopolítica, especializadas en temas de relaciones internacionales, que comenzaron a publicarse en 1975. Como tales, son elementos fundamentales en los procesos de legitimación y circulación de saberes y agentes sociales y, por tanto, para la institucionalización de cualquier disciplina (Vessuri, 1987; Pereyra, 2005; Sarthou, 2012; Deciancio, 2017). Mientras en la primera se aplicó un enfoque renovador para el estudio de la política exterior argentina, desde la segunda se incorporaron los aportes de la geopolítica en el desarrollo del estudio de las relaciones internacionales y del país (Sarthou, 2012; Deciancio, 2017). De este modo, como revistas especializadas, nos habilitan a observar las propuestas y los abordajes teórico-metodológicos que se promovían para los estudios de las relaciones internacionales en la Argentina. Aún siendo este un punto determinante, las revistas como medios materiales que expresan ideas y posiciones, no sólo se refieren al área en la que deciden actuar (Artundo, 2010: 8). Creemos que ambas se constituyen también en puertas de entrada para estudiar el clima de ideas y los debates que se sucedieron sobre lo internacional en 1975.

Asimismo, al reconstruir el “mapa de relaciones intelectuales” (Sarlo, 1992: 15) que las mismas aglutinaron, es posible interpretar cómo las revistas, en general, y estas dos en particular, se constituyeron en puntos de encuentro de trayectorias individuales[1] y proyectos colectivos (Beigel, 2003: 106). Como tales, buscaron intervenir públicamente en la realidad concreta del período señalado, comprendiendo “lo público” como espacio de alineamiento y conflicto (Sarlo, 1992: 10) y erigiéndose en una especie de instrumentos de proyectos políticos más amplios. En palabras de Sarthou (2011), las revistas lograron ocupar un espacio visible allí donde se producía la intersección entre las producciones científico-culturales y el convulsionado campo de los procesos políticos (p. 13).

3. La Revista Geopolítica

El campo de la Geopolítica constituyó uno de los afluentes centrales de los estudios internacionales en la Argentina. Fue leída de modo particular en el Cono Sur hacia la década de 1960, cuando se encontraba en relativa decadencia en el mundo central por haber quedado asociada a las prácticas autoritarias del nazismo (Deciancio, 2017). Cierto es que más allá del sustento conceptual de la Geopolítica en ese período —que difiere del renovado auge de la Geopolítica crítica en el siglo XXI—, los vínculos entre saber, poder y práctica política develan su relación —compleja y no lineal— con las dictaduras del Cono Sur.

En 1975, el Instituto de Estudios Geopolíticos comenzó a editar la revista Geopolítica[2]. En la introducción de su primer número, el único de 1975, el comité editorial se planteó como objetivo “examinar, dialogar, elaborar hipótesis posibles para adecuar el espacio nacional y regional a las futuras necesidades políticas del continente”[3] en el marco de la “contradictoria realidad que vive el país” y la “crisis nacional” [4]. La temática central que recorre el primero de los números es especialmente la geopolítica como línea teórico-conceptual. Asimismo, resulta contundente el énfasis en la necesidad de pensar la Argentina como país inserto en América Latina. La revista emergió entonces como proyecto para “ubicar los actuales problemas argentinos y latinoamericanos en su adecuada dimensión política, económica, social y cultural, dentro de la compleja y cambiante jungla de la política mundial”[5]. Su punto de partida fue una reivindicación de lo nacional, incluso en el ámbito académico, y afirmaba desear “contribuir a elaborar una teoría de la Argentina”, participando en “un Proyecto Nacional que nos una a todos” (p. 4).

Respecto a la “geografía humana” (Pita González y Grillo, 2015) que confluye en este número, podemos observar una amplia participación de militares e intelectuales. Las colaboraciones del coronel retirado Augusto B. Rattenbach, del coronel en situación de retiro y funcionario del Ministerio de Defensa, Antonio Federico Moreno, del docente universitario e intelectual, Gustavo F. Cirigliano, del politólogo y profesor, Carlos Moneta, y de Jorge Angel Álvarez dan cuenta de esto. Encontramos, además, la colaboración internacional de Golbery do Couto e Silva, estrecho colaborador del dictador Humberto de Alencar Castelo Branco y destacado geopolítico de la Escuela Superior de Guerra brasileña, una de las principales difusoras de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). En general, el pensamiento geopolítico brasileño durante el período autoritario prestó un énfasis importante a la cuestión de la “salud interna” del Estado, es decir, la seguridad nacional entendida no solamente desde la perspectiva militar o contrainsurgente, sino relacionada también al desarrollo económico, político y social del país (Urrutia, 2017: 4). Esta idea se transmitiría a los demás regímenes militares de la región y, en el caso de los colaboradores del primer número de Geopolítica, puede rastrearse en las cosmovisiones de Rattenbach y Cirigliano, exponentes de un cuerpo conceptual que vinculaba la idea de desarrollo a la seguridad nacional[6].

Por otra parte, la geopolítica era entendida como una “ciencia auxiliar” (Rattenbach, 1975: 7) que buscaba traspasar las fronteras del ámbito castrense e insertarse en el debate respecto de la política internacional. Es significativa la referencia a la política como un “instrumento”, prácticamente como una técnica donde el “saber” de los funcionarios y su concepción teórica es pieza central para pensar la política pública, en todas las áreas, seguridad e infraestructura:

El camino seleccionado para avanzar desde el presente hacia el futuro se llama, en términos generales, POLITICA. Cualquiera sea la definición o caracterización que quiera darse a esta palabra incorporada al accionar humano prácticamente desde sus orígenes, lo cierto es que ella expresa conceptualmente la íntima ligazón que existe entre un objetivo propuesto y la situación desde la cual se parte para conquistarlo u obtenerlo (Rattenbach, 1975: 5).

En esta publicación, el desarrollo se convierte en eje central y la integración nacional un objetivo en el que el peronismo tiene un rol privilegiado. En esta línea, Cirigliano escribió “Geopolítica y proyecto nacional”, haciendo una clara defensa del peronismo y una promoción de los vínculos de la integración regional, en particular afianzando lo que llamaba la “línea interior” o “andina”. Aquí, encontramos un puente concreto con el acercamiento de la Argentina al Pacto Andino, que puede rastrearse desde la dictadura de Alejandro A. Lanusse hasta el gobierno de Perón[7]. Estas corrientes geopolíticas formadas en la Escuela Superior de Guerra, ámbito central de la circulación de la DSN y de la formación de militares protagonistas de la represión en la argentina, también fueron atravesadas por los sucesos de la Revolución Peruana y las influencias de ese tipo de desarrollismo autoritario que afirmaba la relevancia de lo “nacional”. La observación del proceso peruano atravesó las reflexiones del período y fomentó miradas sobre la integración regional, más allá de la orientación comercial de la ALALC.

Confluyó también en este primer número de la revista el discípulo de Juan Carlos Puig, Carlos Moneta. Además de docente e investigador, este último fue funcionario del canciller Puig, subdirector y director de Relaciones Económicas Externas y Secretario General del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), un organismo regional intergubernamental, creado el 17 de octubre de 1975, con sede en Caracas, Venezuela. El trabajo de Moneta en el primero de los números estuvo destinado a analizar las condiciones del escenario internacional, en particular de la Guerra Fría y la coexistencia pacífica. Su artículo es el único que remite a la actualidad, ya que los restantes hacen hincapié en la tradición geopolítica.

Por último, en la sección de comentarios y notas, encontramos artículos de dos personajes centrales del período: Osiris C. Villegas y el Dr. Italo A. Lúder. Geopolítica decidió reproducir el discurso brindado por Lúder con motivo de la visita del canciller de Venezuela, Dr. Escovar Salom, el 3 de septiembre de 1975. Allí, se exaltaba la importancia de la integración latinoamericana, la “geopolítica como ciencia de la formulación de políticas coherentes con la realidad geográfica y con las potencialidades físicas del territorio”, la importancia del “desarrollo interno”, la infraestructura y las comunicaciones necesarias (Lúder, 1975: 57-58).

En esta publicación, es entonces posible detectar la predominancia de una línea de desarrollismo autoritario, donde la afirmación de algunos elementos de la soberanía nacional en vinculación a los orígenes de la geopolítica y la importancia de la territorialidad anclada a nociones de seguridad y defensa amplias, es decir, vinculadas a los problemas económicos, son centrales. Asimismo, pese a que las hipótesis de conflicto y rivalidad con los vecinos son parte de la corriente ideológica en sí, existe una constante afirmación de la necesidad de la integración latinoamericana. Como clima de ideas, el desarrollismo expresó una convergencia de intereses heterogéneos (Neiburg y Plotkin, 2004: 238), visible al observar los perfiles de los autores. Esto demuestra la hegemonía de las filas castrenses, preocupadas por conducir los destinos de la nación con “eficiencia”, entendiendo a la política como una técnica para llevar adelante determinados objetivos. Pero el vínculo pretendido con la política no es menor. El texto de Lúder es elocuente respecto de la existencia de algunas líneas que buscaban interlocutores en la derecha del peronismo.

Hemos hecho referencia entonces a la impronta que tendría una línea que buscaba puentes de contacto con el peronismo, desde un origen desarrollista, estadocéntrico y al mismo tiempo verticalista y autoritario. La geopolítica permitía conciliar una doctrina organicista del estado, con las aspiraciones al desarrollo, en consonancia con las necesidades de la integración latinoamericana.

4. Revista Argentina de Relaciones Internacionales

En 1972, Puig fundó el CEINAR con el objetivo de promover, en el ámbito de las RI, investigaciones interdisciplinarias, principalmente empíricas y con énfasis en la Política Exterior argentina y latinoamericana (Deciancio, 2020: 66). Tres años después, comenzó a publicarse la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, en la que se presentaron estudios y comentarios de los investigadores del CEINAR como así también colaboraciones de especialistas del país y de la región. Los principales colaboradores fueron Carlos Pérez Llana, Luis Dallanegra Pedraza, Pedro Egea Lahore, Carlos Mansueti, Carlos Moneta, Julio Mario Grondona, Alfredo Carella, Javier Villanueva, entre otros. En la propuesta, observamos un perfil de origen académico de los autores, en varios casos vinculados a la gestión de la política exterior, como el propio Puig, Pérez Llana, Carella y Moneta. En ese sentido, la dirección de Puig tampoco resulta menor. Formado en Rosario, epicentro de los estudios sobre relaciones internacionales, impulsó la creación de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho, primero bajo la órbita de la Universidad del Litoral (UNL) y, luego, incluida a la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Cuando la Escuela fue fundada en 1968, Puig fue nombrado su director. De este modo, además de una vasta trayectoria política que incluyó su paso como asesor por diversas dependencias de la cancillería y su gestión como canciller en 1973, Puig tuvo un rol destacado como académico y especialista del campo de las RI en Argentina y América Latina. No obstante, como afirma Melisa Deciancio (2020), la impronta de Puig en lo referido a los estudios internacionales argentinos no es únicamente visible desde lo institucional, sino también desde lo teórico-conceptual y lo metodológico (p. 66).

Durante 1975 se editaron tres números de la revista del CEINAR. El primero tiene seis trabajos, uno del propio Puig, titulado “La Política Exterior Argentina y sus tendencias profundas”. Este artículo será crucial en la obra de su autor porque en él se analizan, desde una perspectiva histórica, rasgos que constituyen objeto de reflexión y crítica como la afiliación a la esfera de influencia británica, el aislamiento respecto de América Latina, la oposición a los Estados Unidos y la debilidad de la política territorial. El siguiente artículo es de Claudio Véliz, fundador y director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile entre 1966 y 1971. En el mismo, se desarrolla la problemática de la industrialización en América Latina en torno a cuestiones nodales como la inexistencia de una burguesía industrial. El tercero de los trabajos es el de Carlos Pérez Llana y está dedicado a la integración regional. Luis Dallanegra Pedraza aporta un estudio sobre la asociación de la Argentina con el Grupo Andino, un elemento central del debate del período.

El segundo número se inicia con un trabajo de autoría conjunta de Moneta con Alfredo Carella, abogado especialista en Derecho Internacional Público, que versa sobre la política exterior argentina durante los dos primeros gobiernos peronistas (1945-1955), en especial del contenido de la Tercera Posición. Se trata de publicaciones directamente vinculadas con la posición internacional de la Argentina de ese entonces.

El tercero de los números de la revista tuvo cinco artículos centrales. El primero de ellos es del propio director del CEINAR. Se trata de un trabajo que tendría gran trascendencia luego, denominado “Integración y autonomía”, en el que Puig esboza los tipos ideales o gradaciones desde la dependencia hacia la autonomía y desarrolla el concepto de “viabilidad” tributario de Helio Jaguaribe. El segundo de los trabajos, de autoría del académico Raúl Horacio Green, tiene eje en la posición de los partidos políticos respecto de la integración regional, abordando todos los tópicos centrales de la política exterior del período: sectores productivos, los debates respecto de las orientaciones “comercialistas”, la relación con los Estados Unidos, la problemática entre “integración nacional e integración latinoamericana” y el acercamiento al Pacto Andino. En línea complementaria, el trabajo de Juan Carlos Iorio aborda los aspectos sociales de la integración latinoamericana, desagregando el consumo y el mercado de trabajo. Los aspectos políticos de la integración regional son abordados en un trabajo de Alberto Mansueti, muy elocuente respecto de la preocupación por la fragilidad de los sistemas políticos en la región. Por último, otro trabajo de Julio Grondona, hace referencia a la relación con Brasil, desde un punto de vista específico, en el marco de la rivalidad a la que hemos hecho referencia más arriba: la cuestión del desarrollo nuclear y el convenio firmado entre ese país y Alemania para la cooperación. Más allá de la cuestión específica, el trabajo apunta a ponderar el desarrollo tecnológico como instrumento para “abandonar la condición de país dependiente” (Grondona, 1975: 52).

A partir del contenido de esta revista, podemos observar una corriente de pensamiento cercana al nacionalismo económico que busca multilateralizar los vínculos en un contexto que considera de “coexistencia pacífica” o de relativa distensión, que pugna por acercarse a países latinoamericanos que poseen cierta distancia de las corrientes comercialistas, como los del Pacto Andino, y donde existen políticas de cierta distancia respecto de los Estados Unidos. La preocupación por la fragilidad del sistema político también está presente, aunque no hay referencias directas a la situación política coyuntural. Se destaca el carácter multidisciplinar de las reflexiones, provenientes del derecho internacional, la economía y la política internacional. La referencia a las problemáticas centrales del período es directa. Se discute sobre la industrialización trunca y la relación con la burguesía industrial, el juego de las potencias durante la Guerra Fría, la posibilidad abierta de relacionarse con la URSS, la importancia de la región y de la integración como base para la autonomía, una reivindicación de la Tercera Posición peronista y una visión sobre la tecnología y la ciencia como elementos para desarrollar una independencia deseable.

Buscando en los recorridos de los autores y colaboradores de la revista, la reflexión se hace aún más interesante. La coincidencia en publicaciones tan distintas como Geopolítica y la revista del CEINAR —como el caso de Moneta— también es significativa respecto de algunos puentes, lábiles y contradictorios. Hecha la distinción, cabe destacar que tanto unos como otros tenían la capacidad para transitar en circuitos castrenses, académicos y diplomáticos, ya sea por sus credenciales académicas como por los saberes y experiencias adquiridas en la gestión estatal, ambos capitales simbólicos considerados de gran relevancia (Neiburg y Plotkin, 2004).

5. Hacia el conflictivo 1975. Política exterior y debates del período

Cuatro presidencias marcaron al primer gobierno democrático luego de dieciocho años de golpes cívicos-militares y proscripciones. Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Juan Domingo Perón e María Estela Martínez de Perón —o, indistintamente, Isabel Perón— ejercieron el poder ejecutivo entre el 25 de mayo 1973 y el 24 de marzo de 1976, breve lapso que culminó con el más sangriento golpe de estado de la historia argentina.

En el marco de un complejo mapa continental y mundial, el período fue escenario de profundas contradicciones políticas internas expresadas, por un lado, en el más tradicional clivaje peronismo-antiperonismo y, por el otro, en el recrudecimiento de los conflictos dentro del peronismo entre sectores vinculados a la izquierda y la derecha del movimiento. En estrecho vínculo con éstas, las cuestiones centrales, en términos de las relaciones internacionales, giraron en torno al vínculo con las potencias en el contexto de la Guerra Fría, las alternativas de integración regional (ALALC y Pacto Andino), la rivalidad con Brasil, las dificultades del desarrollo industrial, la cuestión del pluralismo ideológico, los gobiernos autoritarios de la región, los nuevos nacionalismos latinoamericanos, la nueva versión de la Tercera Posición, el golpe de estado en Chile, la reformulación del orden panamericano de la Organización de los Estados Americanos (OEA), las sanciones a Cuba, la utilidad del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y la relación con los países vecinos. A grandes rasgos, puede decirse que la política exterior de este período tan convulsionado fue resultado de algunas tendencias profundas como la dependencia y estrecha vinculación entre la política económica interna, el rol de las potencias predominantes de cada período y el ejercicio de la política internacional como mecanismo de vinculación; otras de mediana duración, como la disputa entre los hegemones de la Guerra Fría y su impacto en el estado argentino y la dirigencia política, la pugna por proyectos de desarrollo económico y político enfrentados desde la existencia del peronismo en adelante, el impacto de los cambios mundiales y la radicalización de los movimientos sociales; y, finalmente, los escenarios coyunturales de la violencia política, de las fracciones en disputa dentro del propio peronismo y su compleja vinculación con las estrategias de política internacional (Míguez, 2018).

La presidencia de Isabel Perón (julio 1974 — marzo 1976) estuvo signada por la compleja situación económica y política interna, transformándose en un gobierno intensamente disputado. El aparente rumbo errático de su gobierno se reflejó en medidas contradictorias como los anuncios de nacionalización de las bocas de expendio de combustible, pertenecientes a la angloholandesa Shell y la estadounidense Esso, en forma paralela a la renuncia de las críticas a la OEA. En las reuniones convocadas por dicho organismo, las delegaciones argentinas pasaron de una mirada dura e inflexible a ser interlocutor o “sostenedor” de la posición de los Estados Unidos (Moneta, 1979: 272). Asimismo, los vínculos con los países de América Latina continuaron su viraje, abandonando a los iniciales aliados del Pacto Andino y acercándose a Uruguay y Chile, países gobernados por dictaduras que habían interrumpido la vida democrática respaldadas por el presidente norteamericano, Richard Nixon, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger. Otra contradicción se expresó en las medidas adoptadas con las empresas de capital europeo. Por un lado, en febrero de 1976, se intervino la Compañía Ítalo-Argentina de electricidad y la Siemens mientras que, por el otro, los problemas de una balanza deficitaria se intentaron resolver a través de un aumento de exportaciones con destino a la Comunidad Económica Europea (CEE). En el marco de la Guerra Fría, existió una significativa paralización del avance de las negociaciones con la Unión Soviética y el Bloque Oriental, exceptuando los convenios firmados con la URSS para provisión de turbinas y un estudio técnico de proyectos hidroeléctricos en el tramo argentino del Río Paraná (Moneta, 1979: 274). Por otra parte, la compleja intención de acercarse a los Estados Unidos para obtener financiamiento del Fondo Monetario Internacional al compás de la suspensión por parte del Mercado Común Europeo de la compra de carnes argentinas.

En toda esta trama, los sucesos de la política exterior, en estrecha vinculación con los de la política económica interna, fueron signo de la resistencia de los sectores dominantes a aceptar un gobierno estatista que defendiera el nacionalismo económico. Incluso el ministro Vignes, que gozó de amplio poder personal a lo largo de su gestión hasta el mes de julio de 1975, no fijó una agenda importante de política exterior (Corigliano, 2007: 61). Entre septiembre y octubre de 1975, la presidenta pidió licencia y fue reemplazada por Ítalo Lúder en forma interina. A partir de este hecho, se produjeron nuevos desplazamientos, entre ellos el del propio Vignes. La línea de los sucesores, con rápidos recambios marcados por la disputa entre facciones dentro del gobierno, fue la de intentar acercarse a los Estados Unidos en diálogo con Kissinger e impulsar la candidatura del embajador de Estados Unidos en Argentina, Alejandro Orfila, a la secretaría de la OEA[8] (Cisneros y Escudé, 2000: 172-175).

Más allá de la convulsionada situación interna, el rumbo de las políticas de nacionalismo económico constituía un problema para los Estados Unidos. Un informe económico de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos de junio de 1975 desarrolla en extenso los perjuicios sufridos por las inversiones estadounidenses en el país a partir de la aplicación de diversas políticas como las nacionalizaciones, la nueva ley de inversiones extranjeras y los controles de importaciones y de precios. De acuerdo con la apreciación de la potencia del norte, dichas políticas habían tenido continuidad desde la asunción de Cámpora e incluso luego de la muerte de Perón. El panorama futuro que plantea el documento es el deterioro de la situación política y económica de la Argentina así como el crecimiento de las demandas sociales por parte de los sindicatos y la posibilidad de que se decretaran nuevas nacionalizaciones que afectaran a las empresas norteamericanas[9]. Tal como afirmaba un documento de la Casa Blanca sobre las cuestiones centrales de inteligencia para el año 1974, el verdadero riesgo para los intereses de los Estados Unidos en la región, no era el comunismo y sus actividades de insurgencia sino la emergencia de gobiernos nacionalistas[10]. Las medidas contrarias al poder predominante de los Estados Unidos en América Latina no fueron solamente signo del desafío que el peronismo, incluso en su versión más derechizada, representaba para sus intereses en la región, sino también, causa de la agudización de los conflictos internos que llevaron al golpe del Estado.

En este convulsionado escenario, no es menor que surgieran dos revistas nuevas que dieran espacio a la reflexión sobre las relaciones internacionales. Ambas expresaron, con puntos de contacto y de distancia con el peronismo en sus distintas vertientes, corrientes de pensamiento del período. Entre 1962 y principios de los años setenta, Argentina vivió una verdadera “primavera editorial” (Ponza, 2018: 57), en la que incipientes publicaciones buscaban tener algún tipo de impacto en la sociedad mediante el debate e intercambio de ideas. En el caso de las revistas especializadas en el campo de las RI, muchas de ellas emergieron durante estos años en pos de “legitimar determinado enfoque y objeto de estudio y, con ello, ciertos agentes” (Sarthou, 2012: 303). En ese marco general, la Revista Geopolítica y la Revista Argentina de Relaciones Internacionales aspiraban, al mismo tiempo, a que las ideas en ellas materializadas, en disputa con diversas cosmovisiones, hicieran eco mayor en los ámbitos castrenses, académicos y diplomáticos, que se constituían, durante aquellos años, en el telón de fondo de la política exterior argentina.

6. Reflexiones finales

Ha sido objetivo de este trabajo bucear en las vinculaciones entre revistas, trayectorias personales, clima de ideas y la política internacional. Los puntos de contacto y las amplias diferencias en el modo de abordaje teórico de las problemáticas, así como en la metodología para analizar la realidad y la política internacional, son indicios de la complejidad ideológica del período, que atravesaba a todas las fuerzas políticas y corporaciones. El peronismo estaba profundamente dividido y en él coexistían líneas bien diversas que confluían en el frágil equilibrio de la figura de Perón.

A partir de las nuevas revistas surgidas en el año 1975, en pleno conflicto político y de debate sobre el rumbo económico y de la inserción internacional de la Argentina en el mundo, queremos aportar a la indagación del rol de los intelectuales y expertos en la política internacional. Geopolítica muestra el protagonismo de las ideologías castrenses en el ámbito de las relaciones internacionales, especialmente de corrientes de tipo desarrollistas que tenían expectativas en sus vínculos con algunas de las corrientes del peronismo. La revista del CEINAR, en cambio, es la expresión de la profesionalización de los diplomáticos. Muchos de ellos habían sido formados en la necesidad de la planificación, orientados a la promoción de los vínculos con nuevos actores del escenario internacional e irían desarrollando su propuesta a lo largo de gobiernos de signos políticos muy diversos. Su acercamiento a los gobiernos más reformistas de la región tuvo su apogeo en la corta presidencia de Cámpora y relativa continuidad hasta marzo de 1976.

En esas publicaciones tan divergentes puede leerse el tipo de debates que se desarrollaron ende este conflictivo período e interpretarse como puerta de entrada a la comprensión de la puja política dentro del peronismo y con los sectores golpistas. Muchos de los autores de ambas revistas provenían del desarrollismo, del auge de la planificación como modelo político y, desde perspectivas autonómicas, proponían el acercamiento a los países de la región, en particular a los andinos. Teniendo en cuenta las orientaciones y los contenidos de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales y Geopolítica, podemos decir que sus direcciones editoriales intentaban delinear agendas de investigación autónomas que pudieran finalmente expresarse en políticas exteriores concretas. Pese a las distancias, se trataba de planteos elaborados desde la periferia y para la periferia.

Esos debates quedaron truncos con el triunfo del ala más liberal, durante la última dictadura militar. La línea de las Fuerzas Armadas que se impondría a partir de marzo de 1976 se distanciaba de toda vertiente desarrollista, demostrando la combinación entre el fascismo disfrazado de discurso nacionalista con una vocación liberal y aperturista en términos económicos. Así, el objetivo de la industrialización y de la integración latinoamericana fueron echados por tierra por la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz. El núcleo hegemonizado por los generales Jorge Rafael Videla y Roberto Eduardo Viola llevaría adelante una política económica de desindustrialización, reprimarización y financiarización, orientada a una nueva relación triangular con Estados Unidos y la Unión Soviética, que reforzó los rasgos de dependencia de la Argentina (Rapoport, 1986). Respecto de las mayorías, no solamente se aplicó en forma sistemática el terrorismo de estado, sino que, además, se redujo brutalmente la participación de las trabajadoras y los trabajadores en el ingreso total, destruyéndose el aparato productivo argentino.

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  1. Según Pierre Bourdieu (1993), la trayectoria es una serie de posiciones ocupadas sucesivamente por un agente en distintos estados del campo cultural (p. 89). Fernanda Beigel (2003) la asume en relación al espacio social, esto es, un espacio de posibilidades que orienta las búsquedas de los sujetos y funciona como marco de acción individual y colectiva (p. 111). En una línea similar, Guido Giorgi (2010) afirma que insertar las singularidades de una trayectoria individual en una estructura de posibilidades evita la caída en análisis puramente centrados en las excepcionalidades de un individuo. Esto representa una ventaja en la medida en que permite observar cómo la posesión de determinadas credenciales y saberes expertos tiene como telón de fondo redes y espacios de sociabilidades en los que los individuos circulan y legitiman sus conocimientos (p. 55).
  2. Para dar cuenta del auge de la Geopolítica en el Cono Sur, Fornillo (2015) explica que un año después sale de imprenta la Revista Geopolítica en Uruguay, siendo el “órgano oficial del Instituto Uruguayo de Estudios Geopolíticos”. En ese mismo año, se crea el Instituto de Estudios Geopolíticos de Bolivia en la ciudad de La Paz y, en 1979, surge la Revista de Estudios Geopolíticos y Estratégicos de Perú. Paralelamente, la existencia de los institutos representa un soporte que permite sobrepasar la publicación de obras en tanto se realizan charlas y conferencias, se editan libros y textos múltiples. Es un momento de intensa circularidad y de lectura cruzadas de los escritos de la geopolítica en medio de la férrea “seguridad nacional” y las “tensiones” de Estado (pp. 131-132).
  3. Editorial “Hacia una doctrina nacional” Geopolítica, Octubre 1975, p. 3.
  4. Editorial “Hacia una doctrina nacional” Geopolítica, Octubre 1975, p. 3.
  5. Editorial “Hacia una doctrina nacional” Geopolítica, Octubre 1975, p. 3.
  6. Este vínculo se había materializado en la tríada Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (CONACYT)-Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE)-Consejo de Seguridad Nacional (CONASE), organismos sobre los que la autodenominada Revolución Argentina (fundamentalmente, el gobierno de Juan Carlos Onganía) estableció su sistema de planificación. Para un análisis pormenorizado entre el desarrollismo autoritario como “clima de ideas”, los intelectuales y militares que lo impulsaron y estos nuevos organismos ver Altamirano (2001), Neiburg y Plotkin (2004).
  7. Para un estudio detallado sobre el acercamiento de la Argentina a los países del Pacto Andino en los inicios de la década de 1970, ver Míguez (2019).
  8. El primero en suceder a Vignes fue Alejandro Federico Robledo, que ocupó el cargo desde el 11 de agosto al 16 de septiembre de 1975. Luego, Manuel Guillermo Arauz Castex entre octubre de 1975 y enero del año siguiente y, finalmente, Raúl Quijano que ejerció como canciller hasta el golpe de estado del 24 de marzo de 1976.
  9. CIA RECORDS. Intelligence Memorandum “Argentina: Impact of Peronist Economic Policies on US Investors”, Confidential, National Security Information, June 1975, CIA-RDP86T00608R000500180011-7.
  10. CIA RECORDS. Memorandum from Henry Kissinger, The White House, for The Director of Central Intelligence “Key Intelligence Questions FY 1974”, National Security Council, December 10, 1973. LOC-HAK-453-3-9-6.


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