La historia de la Feria del Libro y la del Centro Municipal de Exposiciones están íntimamente ligadas. Como ya hemos visto, el desarrollo de la muestra en este predio ferial se debió inicialmente a su cesión gratuita por parte de la Sala de Representantes de la Ciudad de Buenos Aires, presidida por Miguel de Unamuno. Desde ese momento, comenzó una historia con muchos sobresaltos que se extendió durante 25 años, hasta el año 2000, fecha en la que finalmente se resuelve el traslado de la muestra al predio La Rural. Sin embargo, continuó desarrollándose allí la Feria del Libro Infantil y Juvenil, que obtuvo la cesión gratuita del predio por Ley 383 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, justamente en el año 2000.[1]
El Centro Municipal de Exposiciones fue inaugurado en 1970 con ocasión de la muestra Francia 70. Fue construido por la Dirección de Urbanismo de la Municipalidad de Buenos Aires en colaboración con arquitectos de origen francés. Se desarrolló sobre una superficie de aproximadamente 25.000 m2 una construcción de 10.066,07 m2. La idea era desarmarlo una vez finalizada la muestra, pero a pedido de las cámaras empresarias se constituyó como un centro de exposiciones (Ferias & Congresos, julio-agosto 1988).
Desde su segunda edición, la Feria del Libro de Buenos Aires ocupó la totalidad del Centro Municipal de Exposiciones. Ya para 1979 el espacio comenzó a quedar chico y se montó un pabellón de 600 m2 que se construyó con una estructura reticulada, revestida con chapas de aluminio. “(…) esta es la primera vez que se realiza una estructura de esta naturaleza, sólida, en el Centro Municipal” (Stands y Vidrieras, marzo-abril 1979: 9).
En las actas de 1985 ya se hace mención a la falta de sanitarios suficientes para la cantidad de público, los problemas con el estacionamiento y los embotellamientos que se producían a su alrededor, así como a la limitación para crecer en cantidad de stands por la falta de espacio.[2]
Los problemas de mantenimiento del recinto ferial son una constante a lo largo de la historia. En 1987 las condiciones del predio ameritaban una solución urgente a los temas de infraestructura: “Es el caso en que las lluvias, por mínimas que sean, provocan inundaciones y deterioros; el techo, las cañerías y desagües forman un conjunto de inconvenientes que año a año se ven aumentados sin lograr resolución” (Acta del 16 de abril de 1987). La Municipalidad aseguró en ese momento que no tenía fondos para hacer las reparaciones, entonces a través de un acuerdo entre la Fundación El Libro, la Municipalidad de Buenos Aires y la empresa Anselmi,[3] se realizaron los arreglos necesarios para poder desarrollar la muestra sin mayores inconvenientes.
Con el cambio de autoridades nacionales en 1989, aparecieron las primeras iniciativas privatistas. Se creó una Comisión de Privatizaciones mediante el Decreto 1628/89 de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires –bajo la intendencia de Carlos Grosso– con la intención de, entre otras cosas, licitar el predio ferial municipal.
Hacia fines de 1991 la intención era llamar a licitación para su uso, explotación y mantenimiento, ya que la Municipalidad no contaba con capacidad financiera para llevar adelante las reformas necesarias ni su mantenimiento (Ferias & Congresos, enero-febrero 1992). En el Acta del 5 de noviembre de 1991 se hace mención a que “Se ha conocido el texto del pliego licitatorio, donde se recomienda que el que resulte adjudicatario de la licitación deberá prever que se mantenga la realización de la Feria del Libro”. Sin embargo, esto no prosperó.
Para 1995 parecía que la posibilidad de crear un nuevo predio en el espacio que ocupaba el Centro Municipal de Exposiciones volvía a estar en pie y desde el Municipio se invitó a la Fundación El Libro a que presentara un proyecto con empresas interesadas para tal fin. La Fundación inició las averiguaciones del caso, pero la iniciativa por parte de la Ciudad, una vez más, no avanzó.
Ya en 1996, con una feria de 22.700 m2 que se extendía por todos los pabellones originales más los anexos del Centro Municipal de Exposiciones y las carpas exteriores que se montaban para extender un poco más la superficie,[4] sumado a las constantes dificultades en materia de mantenimiento y disponibilidad del espacio, la Sociedad Rural reiteró el interés expresado en otras ocasiones en que la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se realice en ese recinto: “Informaron que están haciendo una serie de reparaciones importantes y con respecto a los valores tendrían una especial concesión (…)” (Acta del 26 de marzo de 1996).
En el Acta del 15 de abril de 1996, un día antes de la inauguración de la Feria, se hace referencia a que
La abundante lluvia caída el domingo provocó que el agua saliera fuera de las bocas de tormenta ya que las cañerías estaban tapadas con cascotes y arena. Gracias a la colaboración brindada por Aguas Argentinas, se pudo solucionar este problema, pero se mojaron alfombras y paneles. Se detectaron muchas goteras en el pabellón E y algunas en el A. Las goteras y el agua que salía de la boca de tormenta dificultaron la tarea en el acceso. Además, se mojaron libros y alfombras en el pabellón E.
Marta Díaz (2012) afirma que el predio siempre fue el gran problema de la Feria. Recuerda que el cambio a La Rural en el año 2000 se dio “porque ya no se podía más. Ese año [1999] se habían construido tantas carpas que parecía una toldería, era impresionante (…) Ya no daba más abasto (…) Era ya un tema absolutamente prohibitivo, la feria no podía crecer más”.
En septiembre de 1997 las autoridades de la Fundación El Libro se reunieron con el subsecretario de Administración de Recursos del Gobierno de la Ciudad para conversar sobre el futuro del Centro Municipal de Exposiciones, fundamentalmente por los compromisos internacionales más próximos que había asumido la Fundación El Libro –el SILAR y el Congreso Mundial de Editores, con sede en Buenos Aires para el año 2000.
El funcionario comentó que aún no se había tomado decisión sobre el predio, pero que el Gobierno de la Ciudad estaba realmente interesado en encontrar una solución para la Feria del Libro y para otras importantes ferias que se realizan en el predio municipal. (Acta del 23 de septiembre de 1997)
En una reunión posterior, el funcionario les aseguró que el predio se mantendría por lo menos hasta el año 2000 y que la Feria podría seguir realizándose sin problemas.[5]
Para la feria de 1998, parte de las reparaciones necesarias se hicieron en colaboración con otra muestra, Arte BA. Sin embargo, en el transcurso del evento un incendio afectó una llave térmica:
La instalación eléctrica de la cabina no tenía mantenimiento desde hace tres años. La falta de mantenimiento eléctrico y las condiciones de funcionamiento de la instalación, fueron dos de los principales requerimientos que se presentaron oportunamente a las autoridades del Gobierno de la Ciudad para que solucionaran con urgencia.
Se pasa al informe presentado sobre las filtraciones fluviales. La Subsecretaría General del Gobierno de la Ciudad hizo algunas reparaciones en el pabellón A. Los problemas fueron muy graves también en el pabellón E. El agua cubrió varios de los pasillos y varios stands en ambos pabellones. Se resolvió construir un alero exterior (…) Con ese alero se trató de evitar que el agua continuara cayendo sobre los stands ubicados sobre la pared vecina al sector gastronómico. Los gastos de la reparación de $2000 se dividieron entre las dos ferias (El libro y Arte BA). Hubo numerosas quejas de los expositores. (Acta del 28 de abril de 1998)
En vista de los constantes problemas y de la falta de definiciones sobre la situación del predio, el Consejo comienza a evaluar la posibilidad de trasladar la Feria a otro centro de exposiciones. Jorge Naveiro, presidente del Consejo de Administración, tomó contacto con la Sociedad Rural para que la feria del año 2000 se realizara en ese espacio.
Luego de varias negociaciones, finalmente se resuelve aceptar la oferta de La Rural para que la 26a. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se desarrolle en ese predio. Con ocasión de la reunión que terminó resolviendo esta situación, Jorge Naveiro señaló que
es importante que el Consejo tenga presente, al tomar la decisión en el día de hoy, que la misma tendrá indudable trascendencia para el futuro de la Fundación y de la Feria. Considera que se debe ser muy respetuoso con la decisión que se tome (…). (Acta del 16 de febrero de 1999).
A diferencia de lo que normalmente sucedía con las decisiones importantes que vinculaban a cualquiera de las ediciones de las ferias del libro que organizaba la Fundación El Libro, el cambio de predio no fue una decisión que se consultara con los expositores, sino que fue una resolución que tomó exclusivamente la organización.[6]
Las condiciones del contrato fueron ventajosas en varios aspectos para la Fundación El Libro, sin embargo la diferencia de costos entre un predio y el otro era significativa. Aunque no se menciona si esa fue la cifra final, las estimaciones sobre el valor para los expositores del metro cuadrado en La Rural eran de un 20% más en relación con el Centro Municipal de Exposiciones.[7] El contrato inicial se firmó por tres años, prorrogable por dos años más y con la posibilidad de rescindirlo a partir del año 2000, sin que esto genere el pago de multas o intereses.[8]
Marta Díaz (2012) afirma que La Rural ofreció buenas condiciones de contratación porque “el prestigio que le daba hacer la feria ahí era muy grande. Entonces, se accedió con condiciones especiales de pago”. Al mismo tiempo, reconoce que “No se podía competir con otras ferias del mundo, de libros, con el predio del Centro de Exposiciones, donde se llovía… el agua salía por abajo, por arriba”.
La 26a. Feria ocupó los pabellones Verde, Amarillo, Rojo, Blanco y el Hall Central (Pabellón 9) de La Rural, en una superficie total de 24.000 m2. Para la 30a. Feria ya se había sumado el Pabellón Azul, en un total de 35.500 m2. En la 32a. Feria se agregó un pabellón exterior montado con carpas, el Pabellón Lugones, que le permitió 1010 m2 más de superficie expositiva. La 33a. Feria incorporó el Pabellón Ocre, ocupando ya la totalidad de los pabellones cubiertos de La Rural, a excepción del Pabellón Frers.
Paradójicamente, el primer año de la Feria del Libro en La Rural, un temporal afectó el predio cubriendo de agua el Hall Central, las oficinas, las salas de planta baja del Pabellón Blanco y generando goteras de regular intensidad en varios puntos del lugar que afectaron a algunos expositores. Sin embargo, en esta oportunidad fue La Rural quien se hizo cargo de los daños (Acta del 2 de mayo de 2000).
Una vez finalizada la primera feria, volvieron las negociaciones para la actualización del contrato, la siguiente feria se realizaría en ese predio, no obstante ello, conversaron con las autoridades del Centro Municipal de Exposiciones para no cerrar la puerta y expresarles el interés de volver allí con las dos ferias.
El resultado de la 27a. Feria, que tuvo entrada gratuita de lunes a viernes auspiciada por el gobierno de la Ciudad, arrojó una disminución en las ventas, algo lógico si se tiene en cuenta la situación del país de los primeros años de la década del 2000. Los expositores expresaron en esa oportunidad que era indispensable bajar los costos de los lotes, sin embargo manifestaron no tener interés en volver al Centro Municipal de Exposiciones.[9]
La Feria del Libro de Buenos Aires cambió de domicilio en busca de más espacio para crecer y de mejores servicios para los expositores y el público. Ese cambio se dio en plena crisis nacional y de la industria editorial, que veía cómo sus tradicionales casas editoriales eran vendidas a capitales extranjeros cuando no cerradas. La feria del año 2000 tuvo dificultades de inscripción por la situación económica, se construyeron incluso módulos armados para incluir a pequeños editores, sin embargo resistió y logró que la 26a. Feria del Libro de Buenos Aires fuera la mayor en superficie y la de mayor concurrencia de su historia a la fecha. A partir de ese momento, las posibilidades físicas de crecimiento de la Feria dejaron de ser un problema para la Fundación El Libro y, al mismo tiempo, pareciera que se consolidó definitivamente como una entidad de organización profesional, en una feria de competencia internacional, donde los compromisos ya son otros.
- Hasta el año 2014 en que el Centro Municipal de Exposiciones finalmente fue cerrado para su completa remodelación con el objetivo de convertirlo en un moderno centro de convenciones. ↵
- Cf. Acta del 26 de septiembre de 1985.↵
- Encargada del armado de la Feria del Libro de Buenos Aires y quien desarrolló y explotó durante un tiempo los pabellones anexos E, F e I.↵
- La última feria que se hizo en el predio municipal en el año 1999 se extendió en 23.920 m2.↵
- Cf. Acta del 21 de octubre de 1997. ↵
- Cf. Actas del 2 de marzo y del 26 de mayo de 1999.↵
- Cf. Acta del 1 de diciembre de 1998.↵
- Cf. Acta del 2 de marzo de 1999.↵
- Cf. Acta del 4 de mayo de 2001.↵









