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El origen de la historia

La tradición ferial cuenta con una larga trayectoria. Aparecen registros ya en el Imperio Romano, donde viajantes comerciales se reunían con productores locales en mercados y bazares. De esta manera, podían reunir la oferta y la demanda en un mismo espacio y tiempo, y así superar los problemas de distribución propios de esa época.

“El término feria proviene del latín feriam que significa día de fiesta. De ahí sus connotaciones con las celebraciones en lugares públicos y días señalados” (Munuera Alemán et al., 1993: 119). Esta expresión comenzó a utilizarse recién en la Edad Media. La primera feria de este tipo data del año 629, la “Foire de Saint Denis” cerca de París, que para el año 710 atraía a más de setecientos mercaderes.

La primera feria que reunió no solo productos de consumo directo sino también medios de producción fue la Feria de Leipzig en el año 1165. En esa ciudad de larga tradición ferial se desarrolla una de las más antiguas ferias del libro.

Con la revolución industrial, durante los siglos XVIII y XIX las ferias evolucionaron y pasaron de ser espacios de venta directa a exponer un amplio rango de bienes disponibles, se las conoció como “ferias de muestras”. Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, comenzaron a surgir ferias especializadas de importancia nacional y dedicadas mayoritariamente al público general.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el negocio de las ferias comenzó a especializarse cada vez más siguiendo la tendencia del desarrollo económico y dirigido a un público igualmente especializado. Ya en el siglo XXI, estos eventos continúan siendo un sector muy dinámico de la economía internacional.

Las ferias del libro a través de los años

En lo que se refiere particularmente a las ferias del libro, su historia también se remonta al Imperio Romano. El auge de los libros propició su comercio, en buena medida, producto del impulso de las clases altas, en las que el libro era uno de los definidores de su estatus social. Sin embargo, la caída del Imperio Romano se llevó también la continuidad de estas actividades, que se vieron reflotadas recién en el siglo XV a partir de la invención de la imprenta. La presencia de libreros en ferias comerciales, agropecuarias e industriales llevó al nacimiento de las ferias especializadas en libros y productos editoriales a partir del siglo XV (Padilla López, 2009).

La Feria del Libro de Frankfurt es considerada la feria más antigua del mundo. Allí se congregan año a año los integrantes de la cadena productiva del libro internacional. La historia de esta muestra se remonta al siglo XV, cuando Johannes Gutenberg creó la imprenta a pocos kilómetros de la ciudad de Frankfurt am Main. Durante dos siglos fue la principal ciudad europea de comercio de libros, hasta que en el siglo XVII, en el marco de cambios políticos y culturales, la ciudad de Leipzig ocupó ese lugar central relegando a Frankfurt a un segundo plano.

Ya en el siglo XX, en 1949, esa temprana tradición que tuvo Frankfurt en relación con el negocio de los libros volvió a dar señales de vida: 205 expositores alemanes se reunieron en la Paulskirche de Frankfurt para realizar la primera feria del libro de post guerra. Se presentaron alrededor de 8.400 títulos que fueron visitados por 14.000 personas. A partir de ese momento el crecimiento de esta muestra anual fue constante, así como el surgimiento de otras ferias de libros en diversos lugares del mundo, como la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la más antigua en su tipo de Latinoamérica.



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