Otras publicaciones:

estudiarpolicia

12-2853t1

Otras publicaciones:

Book cover

frontcover

Las industrias culturales en la Argentina

En materia cultural, las estadísticas no son lo que abunda. En el año 2007 la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación desarrolló el proyecto Cuenta Satélite de Cultura en conjunto con la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales, perteneciente al INDEC, para dimensionar el impacto económico de la cultura en el país. A continuación relevaremos algunos datos oficiales que servirán para aportar un panorama general de la situación cultural de los últimos años.

El sector cultural en el país, según datos de la Cuenta Satélite de Cultura aportados en el marco del Mercado de Industrias Culturales 2015, representa el 3% del PIB. Siguiendo esta información, en materia de empleo, significó el 2,5% del empleo total y es considerada “una industria equiparable a la energía, el gas o el agua, y es veinte veces más que la pesca” (Ministerio de Cultura de la Nación, 2015: 18).[1]

Entre las industrias culturales una de las más importantes es la industria editorial. A esta industria se la considerada, a partir de la invención de la imprenta, la primera industria cultural de la historia.

El sector editorial argentino se ubicó en 2014 como el segundo aportante entre las industrias culturales de valor agregado bruto en pesos constantes (2.226.424 miles de pesos) a la economía argentina, detrás del sector audiovisual (8.124.465 miles de pesos), según datos de la Cuenta Satélite de Cultura.[2] La Argentina tiene una larga tradición editorial.

El resultado de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales y Entorno Digital del año 2013, desarrollada por la Secretaría de Cultura de la Nación, indica que los lectores ascienden al 85%,[3] ubicando a la Argentina entre las tasas de lectura más altas de América Latina. El relevamiento señala que el 73% de la población lee diarios, el 57% lee al menos un libro por año, poco menos del 50% leyó revistas durante el último año y casi la misma proporción lee textos en la pantalla de la computadora.

En materia de lectura de libros, según la Encuesta, el promedio sobre la población total es de casi tres libros al año por persona, mientras que si se toman en cuenta solo a las personas que leen al menos un libro al año, ese promedio aumenta a casi seis. Otro dato interesante que surge de esta encuesta es que durante el último semestre de 2012 y el primero de 2013 los argentinos compraron un promedio de tres libros en el año.[4]

Es interesante ver también las respuestas sobre el precio del libro, un 45% de los encuestados considera que son caros mientras que un 27% considera que no son ni caros ni baratos. Al mismo tiempo, el libro es considerado como un bien relativamente elástico al precio, es decir que aumentarían las ventas a medida que disminuyera el precio.

De acuerdo con los distintos relevamientos realizados por organismos oficiales, los índices de lectura en el país vienen en ascenso a lo largo de los años. Si se comparan los resultados de la Encuesta Nacional de Hábitos y Prácticas de Lectura del año 2001 con la de 2011, los lectores ascienden en un 4%, llegando a que 9 de cada 10 habitantes argentinos lean en algún tipo de formato. Estas cifras son, según se detalla, de “plena lectura”.

En cuanto a la compra de libros, la Encuesta arroja que un 46% de los lectores compró libros, siendo las librerías el lugar que más compras concentran. Entre los sitios no tradicionales, destaca que el 32% de las compras se realiza en kioscos, mientras que un 29% lo hace en ferias del libro, el 16% por internet y el 11% en supermercados. El promedio de compra de libros por año que arrojan los resultados es de 2,3%, y el 51% afirma haber concurrido a un lugar de venta de libros en los últimos dos años (43% a comprar, 32% a mirar y 17% a pasear).

En lo que tiene que ver con las ferias del libro, 7 de cada 10 personas encuestadas afirman haber escuchado hablar de estos eventos y el 32% afirma haber concurrido alguna vez a una. Entre los encuestados, los sectores socioeconómicos altos y medios son quienes más concurren y en cuanto a regiones es el GBA la región más concurrente.

La incorporación natural de estas ferias a la vida cotidiana de los argentinos se confirma en que su alto conocimiento es parejo en ambos sexos y en todos los grupos etarios, siendo bajas las diferencias de conocimiento que se observan por nivel socioeconómico y regiones del país. (Moreno et al., 2014: 204)

A las ferias, y particularmente a las ferias de libros, podemos ubicarlas dentro de la economía de las industrias culturales como un escenario de distribución/exhibición de bienes culturales.

Pierre Bourdieu (1999) define al libro como un “objeto de doble faz, económica y simbólica, es a la vez mercancía y significación”. Se trata, al mismo tiempo, de un elemento fundamental de la educación y la cultura y de un producto industrial fruto de una cadena de valor compuesta, entre otros, por escritores, diseñadores, editores de textos, correctores, gráficos, empresarios editoriales, agentes literarios, bibliotecarios, distribuidores y libreros, hasta alcanzar al consumidor final, que es el lector. Las ferias involucran, en mayor o menor medida, a todos estos agentes, cuyo objetivo fundamental es la exhibición y comercialización al público de su producto final: el libro. Es por ello que, las ferias “están dedicadas al comercio, exhibición y fomento del libro como mercancía cultural, ya que sus participantes básicos son, sobre todo, editores y libreros” (Padilla López, 2009: 296).

Asimismo, como afirma Ezequiel Saferstein (2013: 13), la lógica de exhibición excede a las obras que se exponen en la feria, la atención que suscita la feria la convierte en sí misma en un producto de exposición, “La propia cobertura mediática no tiene que ver con las obras que allí se exponen, sino cada vez más con los libros en tanto objeto mercancía y en los acontecimientos que suceden en su ámbito (…)”.


  1. Según datos de la Cuenta Satélite de Cultura, para el año 2017 la participación del sector cultural en el Valor Agregado Bruto total de la economía fue del 2,6%. En lo que respecta al empleo, se registraron 309.000 puestos de trabajo privados culturales, lo que representa un 1,8% del total del trabajo privado generado por la economía argentina.
  2. Los datos de 2017 reflejan que el sector editorial se encuentra en cuarto lugar en aporte con 1.938.807 pesos, detrás de los sectores audiovisual, contenido digital y publicidad. Cabe destacar que para el relevamiento de 2014 los sectores de contenido digital y publicidad estaban catalogados como sectores característicos, y el de publicidad ya superaba al sector editorial en ese momento.
  3. Se define a los lectores como aquellos que leen algún tipo de material durante quince minutos o más.
  4. En 2018 se dieron a conocer los resultados de la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales correspondientes al año 2017. Los resultados de esta encuesta marcan importantes diferencias en relación con la encuesta de 2013, en buena medida como resultado de la evolución de nuevas tecnologías y su cada vez más frecuente y constante incorporación a la vida cotidiana. Un claro ejemplo es lo que sucede con Internet, los resultados de la encuesta indican que su uso creció un 15% con respecto a 2013 y que se deslocalizó, es decir que perdió arraigo a un lugar físico determinado, producto de la expansión del uso de los teléfonos inteligentes y de la extensión de la frecuencia 4G. Mientras que en 2013 solo un 9% se conectaba a Internet principalmente a través del teléfono celular, en 2017 esta cifra ascendió a más del 70%. En materia de lectura, los resultados de la encuesta indican una caída en el porcentaje de lectura de libros, pero, al mismo tiempo, afirman que surgen varias actividades desarrolladas en Internet que implican lectura, como la participación en blogs, portales o redes sociales. Si bien la lectura en general se mantuvo en valores estables entre 2013 y 2017, la lectura de libros experimentó un notable descenso: del 57% al 44%, para aquellos que declararon haber leído al menos un libro al año. Asimismo, el promedio de lectura de libros sobre la población total descendió de casi tres libros al año a 1,5, mientras que si se toma en cuenta solo a las personas que leen al menos un libro al año, ese promedio descendió de casi seis a cuatro. Se puede observar a partir de estos indicadores algunos cambios en los patrones de consumo cultural, que podrían significar también un proceso de transformación de los hábitos de lectura: del formato papel hacia nuevas alternativas digitales. Sin embargo, según la encuesta 2017, el papel sigue siendo el principal soporte para lectura de libros: un 43% lo elige como medio de lectura, mientras que apenas un 10% lee en formato digital. Solo en este tipo de lectura la computadora supera al celular como dispositivo digital principal.


Deja un comentario