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Buenos Aires la esperaba

El lector en busca de su libro

Luego de casi dos años de desarrollo, treinta y tres ferias y llegando al final del proyecto, el entusiasmo por la repercusión obtenida fue tal que comenzó a plantearse la posibilidad de realizar una feria internada. Roberto Castiglioni decía:

(…) participé a mi amigo y consocio Dardo Cúneo, entonces presidente de la SADE, la necesidad de culminar el proyecto, de ferias en las calles, que me encomendara con una gran exposición.

La exposición debiera tener la personalidad que definían las ferias callejeras, hacer todo lo que permitiera acercar el libro a su lector. Descubrir todo el camino desde el autor al lector, pudiera ser atractivo y coherente con el título de la Exposición: El Libro.[1]

Esta posibilidad significaba un cambio radical en el modelo de negocio que venían desarrollando con las ferias callejeras, ya que implicaba, entre otras cosas, abonar un alquiler por el predio donde se iba a desarrollar, cobrar entrada, contratar servicios: “Ahí fue donde Castiglioni empezó a pensar en lo que la feria debía ser” (Marta Díaz, 2012).

Hacia fines de 1974 las conversaciones entre Roberto Castiglioni, la entonces presidenta de la SADE, María de Villarino; el presidente de ARGENTORES, Roberto Talice, convocado especialmente por María de Villarino; el presidente del Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, Antonio Sempere; Eustasio García, presidente de la Cámara Argentina del Libro; Fernando Vidal Buzzi, presidente de la Cámara Argentina de Publicaciones; Francisco Lorenzo, presidente de la Federación de la Industria Gráfica y Afines, y Eduardo Tucci, presidente de la Cámara Argentina de Editores, derivaron en la firme voluntad de llevar esta iniciativa adelante.

Con ocasión de la tercera feria, Roberto Castiglioni admitía:

(…) concebí la idea de una Exposición-Feria Internacional que tratara de mostrar algo más que lo que la ley define como libro, exhibir y vender todo lo que resultara coherente y propio en ese ciclo que va desde el autor al lector (…) La época parecía poco propicia, 1 de marzo al 17 de marzo de 1975, no obstante los salones se colmaron. El lector iba en busca de su libro.[2]

Por una gestión personal del presidente de ARGENTORES, Roberto Talice, se obtuvo la cesión sin cargo del Centro Municipal de Exposiciones, por parte de la Sala de Representantes de la Ciudad de Buenos Aires presidida por Miguel de Unamuno, para llevar adelante lo que fue la Primera Exposición-Feria Internacional Desde el Autor al Lector.[3]

A diferencia de las otras exposiciones y ferias de la industria del libro que se desarrollaron en el país, la organización de esta muestra no contó con un aporte económico estatal directo a su estructura. Sin embargo, a lo largo de los años y a través de diversas iniciativas, vemos cómo el Estado en sus diferentes niveles y órdenes ha apoyado de distintas maneras la Feria del Libro de Buenos Aires, desde la cesión del predio ferial hasta el auspicio como actividad de interés cultural y educativo, la organización de actividades culturales y de fomento a la comercialización, entre otras, reconociendo, de esta manera, la importancia del evento y por supuesto también de la industria.

La organización de la Feria se hizo bajo la dirección de Roberto Castiglioni y una comisión asesora. Luego, una serie de comisiones: ética comercial, actividades paralelas, relaciones con las embajadas, instalaciones, organización, prensa y publicidad, promoción y relaciones públicas, compuestas por miembros de las distintas entidades organizadoras, llevaban adelante empresas vinculadas al área de influencia de cada comisión. Contaban también con una secretaria general, Marta Díaz, y un secretario de prensa. Además, tenían miembros asesores de distintos organismos estatales: Subsecretaría de Cultura de la Nación, Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Buenos Aires y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Asimismo, se contó con el auspicio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires, de la Secretaría de Estado de Desarrollo Industrial, de la Subsecretaría de Cultura de la Nación, del Consejo Nacional de Educación, de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y del Fondo Nacional de las Artes.

En esa oportunidad y como venía sucediendo desde las ferias callejeras, la SADE figuraba como la organizadora y “asumió la responsabilidad jurídica y económica del grupo”,[4] ello implicaba, por supuesto, el eventual beneficio o perjuicio económico. Las otras instituciones figuraban en el catálogo como participantes de la organización.

En el acto de inauguración, la presidenta de la SADE, María de Villarino, reclamó

(…) la necesidad de una intensificación de la política nacional del libro que ayude a recuperar la preeminencia que antes tuvo. Y más allá de la dignamente lograda en nuestros días, acreciente medidas adecuadas a su desarrollo, difusión y circulación a lo largo del país, pues el acercamiento a la cultura no debe ser patrimonio de minorías sino de todo el pueblo. (En Requeni, 1999)

Los reclamos del sector y el especial hincapié en la necesidad de la sanción de una Ley del Libro comenzaban ya a ser protagonistas de los discursos inaugurales.

En esta primera edición de la Feria, se contó con la presencia de 116 expositores comerciales e institucionales que se distribuyeron en los Pabellones A y C, y el Hall Central del Centro Municipal de Exposiciones, en un total de 7500 m2. Según la revista especializada Stands y Vidrieras (1976: 8), los expositores “en un 80 por ciento, utilizaban esta expresión por primera vez”.

Entre los expositores del exterior, que permitieron darle carácter internacional a la Feria, estuvieron presentes: el Sector Cultural y de Difusión del Brasil, la Editora Nacional Gabriela Mistral de Chile, el Instituto Nacional del Libro Español, la Biblioteca Lincoln de EE.UU., la UNIPRESSE de Francia, la Societa Italiana degli Autori ed Editori de Italia, la Embajada de México y el CERLAL de la UNESCO.

Decía Roberto Castiglioni en su discurso en la cena de clausura de la Segunda Feria del Libro:

La internacionalización de la Exposición-Feria, era una contribución del libro a la real abolición de las fronteras para la cultura. Todo esto permitiría aunar en el esfuerzo a autores, gráficos y editores y demostrar a los poderes con facultad de decisión oficial que existía un frente por el libro.

Unas 140.000 personas recorrieron la Feria a lo largo de los diecisiete días de exposición, el acompañamiento del público superó las estimaciones más optimistas.

Marta Díaz (2012) sostiene que en ese primer momento al no haber referentes en lo que respecta a organizaciones feriales, el trabajo era “más bien amateur”. En la búsqueda de asesoramiento, visitaron la empresa Banpaku, que comenzaba a organizar ferias en el país y “fueron terminantes (…) va a ser un fracaso, ustedes se arriesgan, mejor que sigan con las ferias en la calle porque esto no es lo mismo, la gente va a tener que ir, como en la práctica fue, al encuentro del libro, no el libro al encuentro del lector (…)”.

Marta Díaz (2012) recuerda también que con esa falta de confianza en las posibilidades de éxito de la muestra, resultó un trabajo difícil conseguir proveedores de servicios de limpieza y vigilancia, así como concesionario de restaurante. Sin embargo, las estimaciones fueron desacertadas, durante el primer fin de semana al concesionario del restaurante “se le agotó todo, los sándwiches, las bebidas sin alcohol, no había nada”. Algo similar sucedió con las entradas, “se imprimieron las entradas y no alcanzaron, así que había que darles entradas que eran taloncitos sellados”.

El lema, alrededor del cual se organizan las distintas actividades culturales y la decoración de la Feria, fue “A la primera imprenta” y contó con la exposición de la Imprenta de los Niños Expósitos, famosa por ser donde se imprimió La Gazeta de Mariano Moreno, cedida por el Museo Histórico Nacional.

Aquí se trataba, además, de mostrar al público todos los aspectos del libro, desde su creación por el autor, su industrialización, comercialización y distribución hasta la llegada a manos del lector, sumado a ello una atractiva oferta de actos y espectáculos. Entre los primeros, la presencia viva de los principales hacedores del libro, los autores, a través de diálogos públicos, conferencias, reuniones de mesa redonda, debates, lecturas de sus propias obras y firma de ejemplares. Todo ello en un ambiente animado por espectáculos artísticos, música, danza, recitales de poesía, teatro leído dirigido por Onofre Lovero, el teatro infantil de Roberto Aulés y títeres también para niños de Mane Bernardo y Sarah Bianchi. Entre los propósitos de la Feria figuraba el de atraer el interés de los niños y jóvenes hacia la lectura. (Requeni, 1999)

Capítulo 2

Con el entusiasmo del éxito de la primera experiencia, comenzaron los preparativos para la Segunda Exposición-Feria Internacional El Libro Del Autor al Lector.

Ahora, la Comisión Asesora devenida en Comité Ejecutivo bajo la presidencia de Roberto Castiglioni se encargaba de las tareas principales de la organización junto con las distintas comisiones oportunamente formadas.

En esta ocasión el Centro Municipal de Exposiciones tuvo que ser alquilado, pero se accedió a un precio especial por el cual se pagaba el 50% del valor de locación en efectivo y el otro 50% se pagaba en libros[5] que eran seleccionados por la Secretaría de Cultura y la Secretaría de Educación de la Municipalidad de Buenos Aires para luego ser destinados a distintas instituciones dependientes de esas reparticiones. Esto significaba para los organizadores un buen acuerdo económico, teniendo en cuenta que las compras de libros a las editoriales se hacían con un importante descuento sobre el precio de tapa. La muestra fue declarada de interés nacional y municipal.

La apertura de la Feria estaba prevista para el día 27 de marzo de 1976, sin embargo, el golpe de Estado que depuso a la presidenta María Estela Martínez de Perón hizo peligrar la muestra. El toque de queda decretado por los jefes militares suponía una prohibición para las reuniones públicas. “Sus organizadores trataron de tomar contacto con las nuevas autoridades para conseguir una excepción. Se sucedieron apresurados trámites y entrevistas. (…) Por fin, el 26, un día antes del previsto para la inauguración, se otorgó el permiso pertinente” (Requeni, 1999).

Decía Roberto Castiglioni en el discurso de cierre de la Segunda Exposición Feria:

Nuestro esfuerzo ha tenido satisfacciones constantes e inmediatas y nuestra exposición ha alcanzado en dos años el derecho a ser considerada entre las primeras del mundo. La avalan sus 154 expositores, la presencia de 300.000 personas y la venta en 17 días de más de 10.000.000.000.- de pesos moneda nacional en libros, lo que significa que compró un libro cada visitante.

Asimismo, hacía presente su deseo de poder “completar el frente con los libreros y papeleros”. Este deseo se hizo efectivo recién a partir de la 5ta. Exposición Feria Internacional El Libro Del Autor al Lector cuando se incorporó a las instituciones organizadoras la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (FALPA).

A partir de la cuarta exposición, se pueden observar dos cambios que permiten vislumbrar el rumbo que comienza a tomar la Feria. En primer lugar, se agrega el gentilicio “de Buenos Aires”.

En segundo lugar, las instituciones que venían acompañando a la SADE en la organización de la Feria y que figuraban en todos los catálogos como participantes de la organización, pero no como organizadores, asumen a partir de ese momento un rol protagónico compartido con la Sociedad Argentina de Escritores. Según Marta Díaz (2010)

Cuando se decidió hacer la feria internada, se convocó a otras entidades que tuvieran que ver con el libro (…) constituyeron una sociedad de tipo civil. Los tres primeros años fue la SADE la que nucleaba todo y después empezaron a hablar de darle un formato distinto.

Podemos observar en estos cambios dos aspectos importantes vinculados al desarrollo de la organización de ferias: un marco más profesional en su estructura organizativa y el anclaje de la muestra a la ciudad como símbolo distintivo.


  1. Castiglioni, Roberto. Discurso de la cena de clausura de la Segunda Exposición Feria Internacional El Libro Del Autor al Lector.
  2. Ibídem.
  3. La primera feria llevó ese nombre, luego fue modificado a “Del Autor al Lector”.
  4. Castiglioni, Roberto. Discurso de la cena de clausura de la Segunda Exposición Feria Internacional El Libro Del Autor al Lector.
  5. “Esa donación no está explicitada en ningún convenio, sino que es parte de un acuerdo de ‘caballeros’” (Acta del 8 de septiembre de 1989).


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