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La Fundación El Libro

A partir de la cuarta feria, comienza a vislumbrarse un deseo de darle cierta continuidad a la organización de la muestra. Decía Roberto Castiglioni:

“El Libro del Autor al Lector”, no es un lema promocional (…) El Libro del Autor al Lector es un proyecto que ya pertenece a todos los argentinos y que todos debemos asumir como una empresa que debe crecer y vigorizarse día a día, pues representa la realidad cultural del país y la verdadera versión argentina hacia el exterior.[1]

Para Marta Díaz (2012),

(…) de alguna manera hubo una especie de apoyo más concreto para que la feria pudiera seguir creciendo, porque si no no se iba a crecer (…) Si la feria tenía que crecer, tenía que crecer de una manera, teniendo más apoyo y teniendo más dinero (…) durante bastante tiempo se dijo que, por temas que tienen que ver con lo impositivo, no se podía seguir con la situación de una sociedad de hecho. Había que constituir algo legal, una herramienta legal, y se empezaron a preparar.

Ya al concluir la sexta feria, el objetivo estaba definido, en el discurso de la cena de clausura, Roberto Castiglioni afirmaba:

La Feria no es el fin, sino el medio para alentar mayores cultores de la lectura. Un gran movimiento nacional dará méritos para que juntos hagamos realidad la Fundación El Libro del Autor al Lector. Forma que no hará otra cosa que investir convencionalmente a lo que desde hace seis años y con los antecedentes de las ferias callejeras de la SADE viene realizando este Comité Ejecutivo.

Para Ernesto Damerau (2012), miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores entre la tercera y quinta feria:

Todo se reinvierte en la Feria del Libro y las cámaras del libro, los asociados son los que sostienen la exposición porque tienen que pagar por su stand, (…) se creó eso [la Fundación El Libro] porque fue un medio para institucionalizar, digamos, las broncas que había antes de que muchos editores decían, nosotros no vamos a ir a la Feria del Libro para que la SADE se lleve el dinero. Entonces, eso se consiguió institucionalizar y se crearon ciertos reglamentos de la Fundación que aseguraban una actividad plena, sin celos y avanzar para adelante.

Finalmente, luego de más de 10 años de comenzada la tarea de organización ferial, el 27 de agosto de 1984 la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), la Cámara Argentina del Libro (CAL), la Sociedad General de Autores de Argentina (ARGENTORES), la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), la Cámara Argentina de Editores de Libros,[2] el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio de la República Argentina, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA) y la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (FALPA) firmaron el Acta Constitutiva de la Fundación El Libro, con el objeto de propiciar el normal desarrollo de la Feria del Libro “Del Autor al Lector” y para la consecución de los fines que con la creación de esta se propuso en su momento.[3]

Asimismo, la Sociedad Argentina de Escritores y la Cámara Argentina del Libro cedieron en dicha acta constitutiva, sin cargo, sus respectivos derechos sobre el nombre de la exposición feria “Del Autor al Lector” y del contrato suscripto con la Municipalidad de Buenos Aires.

La Fundación El Libro establece en el artículo segundo de su estatuto aquello que Roberto Castiglioni venía anunciando desde la sexta feria:

Tiene por objeto expandir, continuar y perfeccionar la labor desarrollada por las exposiciones ferias internacionales de Buenos Aires “El Libro del Autor al Lector” y todas aquellas que en el futuro pudieran crearse pudiendo además intervenir en toda clase de iniciativas y/o actividades nacionales o extranjeras tendientes a favorecer la producción, la difusión, la promoción, la circulación y la protección del libro en el país o en el exterior.

Asimismo, en el artículo 16 se establece que el Consejo de Administración destinará en cada presupuesto elaborado para la realización de la feria correspondiente un 2% del valor de locación de todos los stands a la SADE, para que sea invertido en actividades culturales, talleres literarios y actividades afines.

Jorge Naveiro, primer presidente electo del Consejo de Administración de la Fundación El Libro, expresaba con ocasión de la 11a. Feria que

después de varios años de frustrados intentos y de inexplicables dilaciones no se había alcanzado, hasta ahora, el esquema adecuado que armonizara los esfuerzos en forma eficiente y ordenada (…) Sería tedioso historiar las dificultades, desinteligencias y objeciones que hicieron imposible obtener este propósito durante tantos años; lo significativo, ponderable y valioso es que este acuerdo ha cristalizado.[4]

De esta manera, el Consejo de Administración se convirtió en el órgano máximo de la Fundación El Libro de quien depende el Comité Ejecutivo, del que, a su vez, se desprenden las comisiones y subcomisiones de trabajo.

A partir de ese momento, la Exposición Feria Internacional de Buenos Aires El Libro Del Autor al Lector comenzaba una nueva etapa, con una estructura institucional y profesional establecida que le permitiría continuar y perfeccionar el modelo de negocio que venían desarrollando desde 1975.

De este modo, la Fundación El Libro, una institución atípica conformada por instituciones –en ocasiones con intereses encontrados–, logró aunar posiciones y esfuerzos en pos del libro y la cultura.

Una relación conflictiva

Cuando parecía que finalmente con la concreción de la Fundación El Libro se había logrado dar estabilidad, orden e institucionalidad a la organización de la Feria del Libro de Buenos Aires, en mayo de 1990 se recibe una nota de la SADE firmada por el presidente y el secretario en donde

(…) efectúan una serie de reclamaciones referidas a un desplazamiento protocolar del Presidente de SADE en la ceremonia de inauguración; la indebida rectificación de la gratuidad para el acceso de los socios de SADE a la Feria y la inobservancia de liquidaciones en tiempo y forma del monto que estipula el art. 16 de los estatutos.

Esta nota fue respondida oportunamente por el Consejo de Administración, solicitando una reunión con las autoridades de la SADE para resolver los temas en cuestión. Sin embargo, esta misiva no fue contestada. La SADE expresó, en el Boletín del 16 de mayo y a través de declaraciones a los medios de prensa –aunque no a través de un comunicado oficial a la Fundación–, su deseo de desvincularse de la Fundación El Libro.

Este hecho supuso la convocatoria a una reunión de urgencia del Consejo de Administración para estudiar el tema. Allí se analizaron punto por punto los reclamos de la SADE.

Entre los motivos alegados por SADE para tomar la decisión de separarse de la Fundación figura una denuncia sobre el estatuto que constituyó la Fundación en el año 1985, considerando que no se dio a SADE la preeminencia necesaria. El Sr. Naveiro recuerda todas las tratativas que luego de dos años dieron origen al Estatuto, el que fue firmado por todas las instituciones. Lo que se desprende es una situación que se relaciona con una impugnación a una continuidad jurídica. Vale decir, impugnar la acción de anteriores comisiones directivas de SADE. Recuerda, además, la cesión del uso del nombre Exposición Feria Internacional El Libro del Autor al Lector, realizado por SADE, en el acta constitutiva, y también la cesión de los derechos del contrato con la Municipalidad, realizada en el mismo acto por la Cámara del Libro. Con respecto al comentario sobre la falta de pago en término de la contribución del 2% sobre los ingresos de stand, se está haciendo el informe correspondiente. Se recuerda que se hicieron pagos anticipados a pedido del Presidente de SADE, Dr. Escardó. También se aclara que no hubo comunicado oficial de esta decisión a la Fundación. Sigue comentando el Sr. Naveiro sobre otras situaciones, como el tema del acto inaugural que provocara molestias al Dr. Escardó, la entrada gratis a los escritores que no existió en ninguna exposición, sin embargo se han dado a SADE más de 600 entradas sin cargo para entregar a los escritores que firmen obras, además de las 200 que le correspondían como institución organizadora. SADE es la única institución de la Fundación que recibe una contribución económica en dinero. (…) Informa el Sr. Naveiro que el Dr. Caldas habló a CAL sobre esta situación y anunciando que SADE haría la Feria con los editores que ya están comprometidos a ella y estableciendo una serie de premisas que comentará por nota. (Acta del 21 de mayo de 1990)

Tanto la Cámara Argentina del Libro como la Cámara Argentina de Publicaciones rechazaron de plano la posibilidad de organizar directamente la próxima feria, sin la intervención de la Fundación El Libro con la cual estaban plenamente comprometidos.

Hacia fines de junio la Comisión Directiva de la SADE informó que resolvió por unanimidad rever la medida adoptada y reintegrarse en plenitud a la Fundación. No obstante, impulsarían la reforma del estatuto para lograr una mayor participación del sector autoral, un incremento en el porcentaje que percibe la institución y una profundización de los objetivos culturales que impulsaron la creación de la muestra. Sin embargo, las instituciones que componen la Fundación rechazaron tanto la posibilidad de aumentar la cantidad de delegados de la SADE ante el Consejo como el incremento del porcentaje percibido.

Más adelante, en el año 2006, durante la intervención de la SADE por el Dr. Eduardo Petazze, se envió una nota a la Fundación El Libro

que se refiere a la titularidad de la marca Feria Internacional del Libro Del Autor al Lector y que dice textualmente “que por cuyo uso la Fundación El Libro no ha pagado en el pasado las correspondientes regalías ni obtenido la correspondiente autorización contractual”. (…) El Dr. Petazze dice que SADE puede actuar como querellante y exigir el pago de daños y perjuicios por el uso sin autorización de la marca, y que la ley reprime con penas de prisión y multas. Por lo tanto considera que hay que llegar a un acuerdo para subsanar el pasado, arreglar el presente y ponerse de acuerdo en el futuro. Considera que la SADE tiene derecho según la Ley de Marcas a actuar por el enriquecimiento sin causa por parte de quien percibe ingresos por el uso indebido de una marca. (Acta del 4 de julio de 2006)

Esta situación generó un profundo asombro y malestar en el Consejo de Administración de la Fundación El Libro, donde se recordó que se dejó de utilizar el nombre Del Autor al Lector por motivos publicitarios y que fueron los miembros de la SADE quienes pidieron que se continuase utilizando el nombre completo.[5] Por estas circunstancias, se propuso utilizar para la 33a. Feria el nombre registrado por la Fundación El Libro, Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, moción que fue aprobada por mayoría, con la oposición del representante de la SADE. A pesar de las discusiones técnicas que se sucedieron en las reuniones posteriores, la decisión tomada oportunamente quedó firme.

En octubre de 2006, cuando la situación de la SADE comenzaba a regularizarse y con ocasión de su despedida del Consejo de Administración, el Dr. Petazze expresó que “espera que con la normalización de la SADE la comunicación y las relaciones entre ambas instituciones sean más fluidas y cordiales”, poniendo de esta manera punto final a la discusión.

La desvinculación de ARGENTORES

En junio de 1993, se recibe una nota firmada por el vicepresidente y la secretaria de ARGENTORES en donde anuncian el retiro de la Fundación El Libro,

porque ya han cumplido el objetivo que los llevó a integrar desde hace veinte años el ente organizador. Opinan que la Fundación ha alcanzado su consolidación definitiva. Motivan este retiro las disposiciones estatutarias que obligan a la institución a limitarse a las disciplinas de teatro, cine, radio y televisión. Ofrecen su permanente colaboración y señalan el pesar que les causa haber tenido que tomar tal decisión. (Acta del 29 de junio de 1993)

Roberto Talice, quien colaborara personal e institucionalmente con la organización de la Feria del Libro desde sus comienzos, se hizo presente en la reunión de Consejo del 6 de julio de 1993 para expresar con pesar, tal como lo hiciera en la nota, que la decisión respondió únicamente a motivos estatutarios y que continuarían colaborando en la medida de sus posibilidades.

Los libreros y la Feria del Libro

El vínculo entre los libreros y la Feria del Libro de Buenos Aires ha sido desde sus inicios, al menos, ríspido. Como hemos visto, ya desde las ferias callejeras los libreros no se mostraron muy entusiastas con esta iniciativa, al suponer que el montaje de estos kioscos de venta de libros les quitaría clientela. La incorporación de la entidad que agrupa específicamente a los libreros, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines (FALPA), se concretó recién a partir de la quinta feria. Es cierto que, de hecho, varios de los libreros tenían representación en otras entidades que ya formaban parte de la organización ferial, como la CAL o el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio.

Si bien los libreros se incorporaron plenamente a la organización de la Feria del Libro de Buenos Aires, esa idea que surgió en los comienzos con las ferias callejeras –la Feria como una competencia más que como un instrumento de fomento– se mantuvo a lo largo del tiempo, incluso hasta la actualidad.

Desde el punto de vista de Joaquín Gil Paricio (2015) –miembro del Consejo de Administración de la Fundación El Libro y gerente de Cúspide–,

(…) son siempre subjetividades, quiero decir hay muchos libreros que piensan que la Feria les quita negocio y yo pienso, y aunque no participase, yo pienso que es al revés, pienso que gracias a la Feria del Libro de Buenos Aires, durante tres semanas en boca de la gente y en la tapa de Clarín y La Nación, está el libro y eso a la larga genera mucho movimiento. Hay gente que va que no consume, está demostrado en las estadísticas, lo que pasa es que son todas consideraciones subjetivas, tendríamos que tener dos mundos paralelos funcionando, uno con Feria y uno sin Feria, para ver a fin de año si generó más o no generó.

Sin embargo, más allá de la consideración acerca de si es o no perjudicial para el librero, hay otra cuestión que tiene que ver con la participación del librero en la muestra. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, según Gil Paricio (2015), tiene una estructura de costos que el librero con el margen que tiene no puede afrontar,

Salvo que sea una cadena y que al mismo tiempo tenga una distribución mayorista, como la nuestra, que te permite tener un descuento, o sea una utilidad, que te permita sostener los marcos de la Feria. Si no basta con que te fijes en los participantes libreros de la Feria (…).

La cuestión de los márgenes tiene que ver, según explica Gil Paricio (2015), fundamentalmente con la ley que establece el precio fijo para los libros en catálogo, porque “el librero está encorsetado en un piso que es el descuento que tiene y en un techo que es el precio de venta al público (…)” y ambos están determinados por el editor.

Es por eso que lo que se observa tanto en la Feria del Libro de Buenos Aires como en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, más que libreros tradicionales son libreros de saldos. Esto se debe a que, por un lado, compran con un descuento mayor, que puede rondar el 75%, al que aplican normalmente los editores, que es del orden del 40% y, por el otro, a que son los libreros en este caso quienes establecen el precio de venta al público.

(…) vos vas a ver muchos libreros de saldo en la feria grande, pero no vas a ver libreros generales, ya te digo, salvo Cúspide, Distal, en su momento Fausto, pero si te fijás, siempre estás hablando de librerías tipo cadena, donde tenían, cuando era Fausto, mínimo más de cinco locales, entonces no es una estructura de costos, primero tenés mejor descuento que los libreros habituales, nosotros que ahora tenemos veinticinco librerías, para mí atender la librería de la Feria era la número veintiséis (…) ya tenés armado un circuito de reparto, tenés preparados los postnets, tenés preparadas las bolsas, es una cosa más, algo más dentro de la estructura que vos tenés. En cambio si tenés una y tenés que ir a la Feria, tenés que pensar que el postnet, que las bolsas, que la luz, que el arquitecto, no te da el costo, ni te da el costo económico y la parte operativa se complica muchísimo. (Gil Paricio, 2015)

No obstante, desde la Fundación El Libro se han llevado adelante distintas iniciativas tendientes a favorecer a los libreros y a fomentar la visita del público a las librerías durante todo el año.

En el año 1992, para la 18a. Feria, por una iniciativa de la Comisión de Profesionales, se implementó el chequelibro. El chequelibro era un cupón que se entregaba por cada compra en efectivo que se realizara en cualquier stand por un valor equivalente al 10% del total abonado (era optativo para las adquisiciones efectuadas a crédito o con tarjeta de crédito). El cupón permitía descontar ese monto de compras futuras en librerías adheridas al sistema. Los expositores debían adquirir y pagar al contado los chequelibros a la Fundación con anticipación y previsión para cumplir en todo momento con esta normativa. La Fundación El Libro les retribuía luego a los libreros el valor de cada chequelibro que hubiesen descontado efectivamente. Esta iniciativa se realizó durante tres años y, al no tener los resultados esperados, se decidió su suspensión.[6]


  1. Balance de la Cuarta Exposición Feria Internacional de Buenos Aires. El Libro del Autor al Lector.
  2. La Cámara Argentina de Editores de Libros se fusionó en 1987 con la Cámara Argentina del Libro, de esta manera, según lo establece el artículo 17 del estatuto de la Fundación El Libro, la CAL sumó a su voto el de la otra entidad.
  3. Cf. Libro de Actas 1 de la Fundación El Libro.
  4. Revista Guía 11a. Exposición Feria Internacional de Buenos Aires El Libro Del Autor al Lector.
  5. En el año 1997 se aprobó que se utilizara en el cartel de frente como nombre principal “Feria del Libro de Buenos Aires” y en letra más pequeña el nombre completo. Cf. Acta del 4 de marzo de 1997.
  6. Aunque no está dentro del período analizado, vale mencionar que para la feria del año 2014, por un pedido de los libreros, se resolvió reeditar el chequelibro, aunque con algunas diferencias. En esta oportunidad, el chequelibro se entregó directamente con la entrada y tuvo un valor fijo de $25. Los libreros adheridos debían tomarlo a valor nominal y luego enviar los chequelibros canjeados a la Fundación El Libro para que les reintegre el 80% de su valor. Al mismo tiempo, se implementó un chequelibro para los bibliotecarios que concurren a la Feria con ocasión de las compras realizadas a través del Programa Libro%. Este programa, que data del año 2005, permite a las bibliotecas populares, a través de un subsidio otorgado por CONABIP para la compra y el traslado de los representantes, adquirir directamente sus libros en la Feria con un descuento del 50%. El chequelibro CONABIP tuvo un valor de $800 por institución para ser utilizados en las librerías más próximas a la biblioteca. Según Joaquín Gil Paricio (2015), esta segunda edición del chequelibro tampoco está dando los resultados esperados, aunque hay una política de sostenimiento de la iniciativa para ver si los resultados mejoran. Sí, en cambio, afirma que tuvo buenos resultados el chequelibro CONABIP. En el caso del chequelibro del público, Gil Paricio da cuenta de que buena parte de las quejas de la gente radican en que no pueden utilizarlo en la misma Feria y que además deben aguardar a que concluya el evento para poder utilizarlo.
    Otra de las iniciativas desarrolladas es la campaña publicitaria “Regalemos libros” que la Fundación El Libro lleva adelante para fomentar el obsequio de estos objetos en ocasiones festivas, como la Navidad o el Día de la Madre. Esta campaña se realiza desde fines del año 2014.


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