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Territorios del BMX y procesos de lo público en la ciudad de La Plata[1]

Emmanuel Ferretty[2]

Las huellas del rodado

Estas primeras aproximaciones a la práctica deportiva del bicicross o BMX –siglas en inglés de bike moto cross– son parte del trabajo de campo realizado como becario de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires. El propósito general del plan de trabajo es conocer los procesos y espacios de lo público en la ciudad indagando las políticas y corporalidades que los constituyen. Por este motivo, las referencias empíricas son determinados espacios urbanos en donde se materializan tanto “políticas de espacio público” (recuperación, puesta en valor y equipamiento para la promoción de actividad física, deporte y recreación) como prácticas corporales específicas, que representan apropiaciones e interpelaciones de dichas acciones y sentidos gubernamentales. Este artículo parte de este segundo polo y desde la premisa de que “ni siquiera el Estado más poderoso monopoliza la producción y difusión de identificaciones y categorías; y aquellas que sí produce pueden ser discutidas” (Brubaker & Cooper 2001:50).

En escritos previos se sistematizaron aproximaciones a las prácticas de running[3] en el Parque San Martín (Ferretty 2013c); a otras prácticas rodantes[4] en el Paseo del Bosque (Ferretty 2013a); y a las distintas modalidades de prácticas ciclísticas que se realizan en la ciudad de La Plata (Ferretty 2013b). Estos trabajos son avances de un proceso de observación y selección de prácticas corporales y espacios urbanos que se consideraron relevantes en el proceso de investigación y que intenta reconstruir la especificidad de cada práctica deportiva y/o recreativa en sus relaciones con otras prácticas que despliegan procesos similares en la ciudad. Particularmente, el estudio del BMX propicia algunas coordenadas para estudiar el conjunto de prácticas deportivas comúnmente enunciadas/rotuladas como extremas o alternativas. En el marco de este trabajo de investigación y con apoyatura en la teoría cultural de Raymond Williams (1980) se prefiere la categoría analítica “emergente” para dar cuenta de estas prácticas en tanto producciones culturales que se gestan como novedades en el seno de procesos hegemónicos dominantes y alternativos.

En coherencia con estos desarrollos, el abordaje teórico-metodológico consta de metodologías cualitativas de investigación (Taylor & Bogdan 1987) o métodos “no-estándar” (Marradi, Archenti & Piovani 2007) debido a que, por sus características flexibles, permiten construir el campo de indagación desde referencias empíricas y actores diversos. Como consecuencia, las búsquedas discurren entre documentos estatales y funcionarios políticos, artículos periodísticos, imágenes y las prácticas corporales efectivamente realizadas en el espacio urbano. En efecto, para indagar estas cuestiones se apela a un enfoque de tipo etnográfico (Guber 2001) y a técnicas de investigación entre las que se destacan la observación participante –acompañada frecuentemente por registros fotográficos– y entrevistas no directivas. En síntesis, tanto las técnicas como las estrategias intentan dar lugar a la multiplicidad de contextos transitados y a las particularidades de las situaciones de investigación, albergando la apertura a emergentes y situando reflexivamente al propio investigador como parte del espacio social y de los marcos de significación estudiados.

Primera vuelta

Fue durante un entrenamiento usual de ciclismo, una tarde de septiembre de 2012 en el Paso del Bosque de la ciudad de La Plata, que comencé a interesarme por el BMX con propósitos de investigación. Hacía unos pocos meses que había comenzado con las tareas de investigación del plan de trabajo de beca. En ese momento estaba concentrado en visitas a dependencias municipales y provinciales para informarme acerca de las políticas de “recuperación del espacio público” vigentes. Esa tarde de septiembre salí a rodar unos pocos kilómetros en la bicicleta que solía utilizar para entrenar, correr y/o viajar: una bicicleta de montaña o mountain bike (MTB) rodado 26[5]. En esos días de entrenamiento liviano solía cambiar a gusto los recorridos ya que lo importante era mantener las cargas bajas, es decir, cumplir el volumen de entrenamiento en minutos y/o kilómetros a intensidades bajas o moderadas. Eso me permitía disfrutar de la cadencia sostenida y del recorrido, incluso, a modo de paseo.

Una vez cumplida la tercera vuelta al circuito del Observatorio del Bosque, que es uno de los espacios privilegiados de entrenamientos y competencias tanto ciclísticas como pedestres en la ciudad, decidí cambiar de rumbo. Me dirigí hacia el sector más agreste, próximo al límite noreste del casco urbano de la ciudad. Al pasar por la calle paralela a las vías del antiguo ferrocarril provincial, observé a un joven realizando un salto en bicicleta y una maniobra aérea a una altura considerable sobre las vías. La sorpresa ante lo inesperado y lo novedoso hizo que olvidara por completo el entrenamiento y me dirigiera directamente, pero a cadencia lenta, hacia ese lugar. Una especie de “interruptor” activado por la curiosidad transformó un entrenamiento en observación. De hecho, posteriormente recordaría el señalamiento de Marradi, Archenti & Piovani (2007) acerca de cómo la observación en la vida cotidiana puede convertirse en una observación potencialmente útil a los intereses de una investigación.

Luego de cruzar el puente que separa las vías de la calle pude observar cómo en la depresión geográfica que se produce desde el terraplén, entre las vías y el arroyo que atraviesa el bosque, existía una red de senderos, curvas y pequeños saltos de tierra que, a pesar de su definición rudimentaria, se asemejaban a un circuito. Con la intención de no interrumpir la escena, me acerqué a las tres personas que estaban en el lugar con un saludo breve y cordial. Mientras uno de ellos –el más joven, de unos quince años– practicaba saltos sobre las vías, los otros dos observaban este despliegue motriz. Uno de los observadores –el más adulto– prestaba atención y realizaba comentarios, correcciones, sugerencias al joven acróbata. El otro joven observaba en silencio desde una bicicleta MTB dirt jump[6]. Por ello decidí entablar diálogo con él. Le pregunté desde cuándo funcionaba la pista y me contestó que arrancaron a construirla a principios de ese mismo año (2012). Mientras tanto, el joven acróbata al que apodaban como “el monito” tomaba velocidad pedaleando parado sobre los pedales de su pequeña bicicleta rodado veinte. Luego de atravesar una rampa de tierra sobre las vías, intentaba otra maniobra aérea imposible en mis esquemas y habilidades corporales. A pesar de su enérgico despliegue corporal, parecía agotarse gradualmente en cada prueba. Tras unos cinco intentos sin lograr su cometido, efectivamente desistió y se acercó al sector donde nos encontrábamos.

“¿Querés dar una vuelta en la pista?”, dijo Pedro[7], el más adulto de los presentes. Todavía absorto por los intentos acrobáticos, respondí asintiendo con la cabeza sin despegar la mirada del horizonte. Cuando reaccioné estaba lanzándome de las vías por uno de los senderos de la pista. Realicé el recorrido con cautela y a velocidad media, intentando copiar la tierra de la pista de la mejor manera posible. Sabía de mis limitaciones acrobáticas ya que no estaba habituado a los saltos y a las curvas peraltadas de tierra, a pesar de haber corrido y rodado sobre barros imposibles y ripios desgastantes. Esas eran otras sensaciones y no quise arriesgarme a una caída mayor ante los anfitriones. Completé la vuelta de circuito y en el momento cúlmine del salto trepé a las vías sin ensayar maniobra aérea alguna: un final prolijo para la vuelta de reconocimiento.

Al regresar al punto de partida pregunté por los días y horarios en los que usualmente se encontraban a practicar, intentando indagar sobre las condiciones más cotidianas. Pedro, que monopolizó la palabra rápidamente, me contestó que no había días fijos y que los agregue al Facebook de la “agrupación”; que en ese espacio solían ponerse de acuerdo para juntarse. Me dijo: “buscá Agrupación Bikers La Plata (ABLP). Y vení cuando quieras, con la bici que tengas. No es necesario tener una de estas –señalando la bici del ‘monito’–, aunque es mejor si después querés arrancar en serio. A esa –en referencia a mi bicicleta– le bajás el asiento, le cambias los pedales y vas, eh”.

El contacto de la ABLP en redes sociales me serviría posteriormente como “pulso” para estar al tanto de los encuentros, las fechas de los eventos y competencias así como también de algunos modos de enunciar y representar la práctica del bicicross a partir de publicaciones tales como relatos breves, comentarios, convocatorias e imágenes en forma de fotografías, flyers o afiches y videos. Estas iniciativas metodológicas no constituyen en sí mismo una etnografía virtual, es decir, no reemplazan al encuentro cara a cara, pero es un complemento interesante al habilitar contactos posteriores y preguntas acerca de las prácticas y significaciones de los actores. En este sentido, acuerdo con Jordi Borja en que “el espacio público virtual no sustituye al físico e incluso, muchas veces, lo puede enriquecer” (citado en Echeverría & Grassi 2012:14).

Para despedirme, agradecí la invitación y me retiré pedaleando a toda velocidad. Necesitaba convertir en notas de campo los detalles del encuentro. Me sentía interpelado por este espacio otro del ciclismo en la ciudad, en una disciplina que aún no había observado más que ocasionalmente en la calle en su versión free style[8] y de la cual, al momento, sabía poco y nada. Los encuentros posteriores me confirmarían que en ese rincón agreste del bosque platense y por iniciativa de un grupo de jóvenes se estaba constituyendo una pista de BMX: el espacio vital de esta práctica deportiva emergente en la ciudad.

Tierra de Monos en el Paseo del Bosque platense

La “primera vuelta” desató interrogantes inmediatos y en torno a dos cuestiones básicas: por un lado, ¿por qué estos jóvenes habían elegido ese espacio del bosque y no otro para la construcción de la pista? ¿Cómo se habrá iniciado este proceso? Por otro lado, las autoridades municipales, ¿estarían al tanto de esta pista? ¿Habrán autorizado y apoyado su construcción?

El segundo encuentro con los jóvenes de la ABLP se produjo unos pocos días después de esa “primera vuelta”, gracias a una publicación en Facebook que anunciaba una competencia a fin de mes. Efectivamente, el domingo 30 de septiembre de 2012 por la tarde se realizó un evento de BMX (bicicross) y 4X (four-cross), en una pista mejorada para la ocasión y en varias categorías por edades. Las modalidades de competencia fueron time trial (individual por tiempos) y best trick (mejor truco). En ese entonces, se largaba y finalizaba sobre las vías, utilizando el descenso para romper la inercia en la largada y el ascenso a modo de rampa para realizar los saltos y trucos finales. A partir de abril de 2013 y por la inauguración del tren universitario, las vías “vivas” dejan de ser parte del circuito impulsando modificaciones estructurales en el mismo y, como consecuencia, en las modalidades de competencia.

Ilustración 1. Flyer y fotografía del primer evento relevado.

En este primer evento observado se produce un primer dato, que es fundamental para comprender el modo en que los actores construyen grupalidad/comunidad sobre un espacio físico haciéndolo propio. Los bikers de la ABLP nombran Tierra de Monos a la pista, al espacio vital, al territorio que será la referencia espacial e identitaria inmediata de las prácticas de la agrupación en la ciudad. A propósito del nudo conceptual entre territorio e identidad, Gilberto Giménez (2005) afirma que los territorios son procesos dialécticos y continuos entre las inscripciones objetivadas de la cultura y los modos en que son apropiados subjetivamente. Entre estos modos de simbolizar que producen territorialidad, que construyen sentido sobre el espacio físico, podemos ubicar los modos de nombrar el territorio.

Curiosamente, el motivo por el cual la pista es nombrada de esta forma hace honor al joven acróbata del primer encuentro, al “monito”. En observaciones y diálogos posteriores, Pedro me explicaría que el nombre de la pista es una especie de reconocimiento grupal al primero de los integrantes en demostrar iniciativa y tenacidad para volver a practicar un espacio del cual anteriormente habían sido desplazados. Así, el nombre de la pista constituye la objetivación colectiva de un aspecto subjetivo: su acto fundacional. Este acto fundacional es actualizado en cada evento organizado en Tierra de Monos por una serie de operaciones estilísticas entre las que se destacan: pancartas con el nombre de la agrupación, pintadas en los árboles del circuito a modo de graffiti y el uso de remeras especialmente diseñadas y utilizadas por los organizadores e incluso sorteadas en las mismas competencias. Claro está, todas refuerzan la función simbólica del nombrar el espacio apropiado.

Pero para comprender el primer movimiento colectivo sobre el espacio físico, es decir, su ocupación, fue necesario llegar hasta una entrevista con Pedro, en un artículo periodístico publicado a principios de 2014 por el diario platense El Día. En la nota es presentado como uno de los referentes de la ABLP y en ella se narra el momento de gestación. Allí se comenta que

a falta de un circuito donde entrenar, los bikers del Dique resolvieron construirlo ellos mismos en un sector del Bosque que linda con la avenida 122. ‘Nos fuimos un día con los pibes del barrio y con un par de palas removimos la tierra para hacer unos saltos. Aunque no era gran cosa, al mes ya éramos como veinticinco los que nos juntábamos ahí para hacer trucos y entrenar’ explica Pedro (El hermano menor del motocross empieza a ganar terreno en la Ciudad, 06/01/2014).

La localidad de El Dique, del vecino partido ribereño de Ensenada, es justamente el barrio más cercano al sector agreste del bosque donde se montó la pista de BMX. La avenida circunvalación 122 representa uno de los límites del casco urbano de la ciudad de La Plata respecto de Ensenada y del partido de Berisso. Esa frontera material y simbólica que Pedro y “los pibes del barrio” decidieron franquear a punta de pala. Estas acciones serán una constante: los trabajos sobre la pista se realizan periódicamente, sobre todo los días previos a un evento. Varios de los encuentros semanales se producen en este tipo de jornadas. A pesar de ello, esta primera iniciativa se desarticuló por no estar autorizada oficialmente. Pero el segundo intento, en el año 2012, fue satisfactorio ya que contaba con la aprobación de la Dirección del Bosque y la Subsecretaría de Espacio Público y Mantenimiento (SSEPyM) de la municipalidad de La Plata.

Si elaboramos una retrospectiva del proceso de ocupación de este sector del bosque y de construcción de la pista de BMX, podríamos decir que esta última se realizó durante todo el año 2012, pero es recién a mediados del año 2013 que, posteriormente a reformas estructurales del circuito, este espacio se consolida como espacio deportivo. De hecho,

la pista fue inaugurada formalmente en noviembre pasado para el aniversario de La Plata con una copa que lleva el nombre de la Ciudad. Durante la competencia, que estuvo organizada en conjunto con la dirección de Juventud y el Espacio La Comuna, medio centenar de bikers de distintas edades se enfrentaron en las modalidades de carrera, estilo olímpico y Freestyle (El hermano menor del motocross empieza a ganar terreno en la Ciudad, 06/01/2014).

Este evento no solo puso de manifiesto la consolidación de la actividad cada vez más intensiva y observable de la ABLP sobre ese sector del bosque sino que, además, visibilizó el reconocimiento del gobierno municipal más allá de los avales y permisos formales, garantizando ciertas condiciones de legitimidad. Es de notar, sobre todo, el valor agregado que otorga el acto ceremonial de la inauguración formal de la pista en un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad. Como explican Badenes (2012) y Segura (2005) estas fechas han sido siempre celebratorias del particular proyecto urbanístico de ciudad. En este aspecto, ciudad y deporte se anudan y nutren simbólicamente de modo recíproco. A partir de este momento inaugural, las actividades de la ABLP cuentan con el apoyo sostenido del gobierno municipal a través de la Dirección de Juventud, que los incluye entre sus actividades deportivas y recreativas. Además, co-organiza y/o auspicia la mayoría de los eventos de la ABLP.

La señalada implicancia relacional del territorio invita a indagar las relaciones sociales que se producen entre los miembros de la ABLP, entre aquellos que se relacionan directamente o circunstancialmente con dicha agrupación pero también invita a pensar esta práctica deportiva en el espacio total del Paseo del Bosque como uno de los espacios emblemáticos y privilegiados de deporte y ocio en la ciudad de La Plata. Asimismo, el bosque en tanto emblema conecta directamente con sus implicancias históricas ya que este representa el “pulmón verde” más grande y antiguo del casco urbano. De hecho, durante los primeros años de una joven La Plata, el bosque constituía el único paseo público con el que contaba la ciudad. Por ende, era el espacio de recreación y esparcimiento por excelencia de la sociedad platense de principios de siglo XX (Abrodos 2012:27-29).

Actualmente, este es escenario de una amplia gama de prácticas corporales realizadas por actores y grupos diversos. Asimismo, alberga dependencias deportivas de los clubes Gimnasia y Esgrima de la Plata (GELP) y Estudiantes de la Plata (EdLP), cuyos estadios de fútbol se encuentran a unas pocas cuadras de distancia. A pesar de la inhabilitación del estadio de EdLP y el posterior desplazamiento de su localía hacia el Estadio Único Ciudad de La Plata en el año 2006, el Paseo del Bosque platense es la tierra donde “Lobos” (GELP) y “Leones” (EdLP) forjaron sus identidades y el escenario simbólico donde libran sus contiendas. Entre estas, podría recuperar cruces verbales y físicos tanto como pintadas y carteles que se suceden a cotidiano.

Ilustración 2. Ubicación de los tres escenarios deportivos en el plano del casco urbano de La Plata.

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En términos identitarios, lo expuesto nos lleva a reformular la pregunta por el sentido hegemónico que el clásico futbolístico de “la ciudad de las diagonales” imprime a la experiencia que muchos grupos y actores sostienen sobre la ciudad. A decir de Segura (2005): el registro de una ciudad dividida por el fútbol. Como enclave de este registro, el Paseo del Bosque constituye el foco espacial de este magma identificatorio. En efecto, la monumentalidad del fútbol como fenómeno popular y masivo, efervescente y multi-mediático, muchas veces acapara y/o vela la problematización de fenómenos deportivos menos visibilizados pero que, sin embargo, son también pilares, diques o flujos de dichas significaciones. La Tierra de Monos, un rincón oculto en el Paseo del Bosque, entra recientemente en el dominio histórico de Lobos y Leones. En otra disputa, pero en la contigüidad de un espacio urbano actualmente relevante en la experiencia y goce que los ciudadanos platenses y visitantes hacen de la ciudad de La Plata.

Por lo tanto, en este proceso particular entre la ABLP y el actual gobierno municipal, un sector agreste del bosque poco intervenido hasta ese entonces se transforma en un territorio que nuclea a niños, jóvenes y adultos de modo frecuente para la realización de una práctica deportiva, en un espacio preciso, con la organización de una agrupación y de modos corporales de apropiación como artífices de dicha actividad. En este sentido, sostengo que el territorio se produce en la tensión entre política, espacio físico y corporalidad.

Comunidades rodado 20. Solidaridad, diferenciación y redes del BMX

Del extendido e inagotable debate acerca de la utilidad y/o vigencia del término “identidad” –y en el breve espacio disponible para el desarrollo de una discusión de esta envergadura– se aclara que se hará referencia a “identidades”, en plural, para conceptualizar las corporalidades/subjetividades que se van constituyendo en la experiencia práctica y simbólica del mundo y no a partir del signo inmutable de un origen y/o de un deber ser definitivo. Es decir, no se desecha el término identidad en pos de identificaciones fragmentarias sino más bien se lo reformula a la luz de los problemas que esta herramienta conceptual permite perforar, hilvanar y tejer. A partir de estas afirmaciones, las identidades se constituyen a partir de identificaciones –cambiantes e incluso contradictorias– cuyas referencias son prácticas sociales, objetos, discursos y símbolos que se inscriben y/o sedimentan como huellas.

Pero siguiendo la crítica que Brubaker y Cooper (2001) hacen de este concepto, planteo la necesidad de vincular “identidades” al término “comunidades” ya que en este texto y, puntualmente en este apartado, se intentará acentuar los elementos compartidos que vinculan a los bikers de la agrupación estudiada más allá de las diferencias intersubjetivas e intergrupales. Es decir, en estas líneas “comunidad” hace referencia a las operaciones de solidaridad y de diferenciación que constituyen a la agrupación respecto de las peculiaridades de sus integrantes y de otros grupos o prácticas con los que se establecen filiaciones. Por ello, las identidades son procesos contingentes y estratégicos que no cancelan la diferencia (Hall 2003). De hecho, el consejo de Gilberto Giménez (1997) respecto de las identidades colectivas/grupales es evitar considerarlas como entidades independientes de los individuos que constituyen los grupos humanos. Por ello, en tanto concepto relacional, estamos obligados a reponer relaciones y heterogeneidades.

Comenzaré afirmando que en la ABLP se producen dos tipos de solidaridades: una solidaridad de tipo práctica y otra de tipo estratégica. Sin embargo, es a los fines analíticos que establezco esta distinción ya que son dimensiones constitutivas de la misma cotidianeidad. En primer término, los miembros de la agrupación comparten una orientación común a la acción de rodar juntos en/por la ciudad; de practicar y competir, prioritariamente, en Tierra de Monos. Por ello podríamos hablar de una “comunidad práctica” de bikers. Esta premisa desplaza la discusión sobre identidades desde el lema esencialista “hacemos lo que somos” a la proposición “somos lo que hacemos”. La ventaja de esta reformulación estriba en que no deriva las prácticas de una supuesta identidad originaria sino que, por el contrario, intenta reconstruir el proceso de producción/interpelación de sentido, que es modificado y a su vez impulsa las prácticas en tanto vivencias y/o experiencias de la ciudad por medio del deporte.

En segundo término, existe una solidaridad de orden estratégico, que se materializa particularmente en tres cuestiones: 1- la producción del territorio; 2- el nombre escogido para la agrupación y 3- el horizonte institucional de la ABLP. La primera de estas cuestiones ha sido desandada en el apartado anterior. Las cuestiones mencionadas en segundo y tercer lugar están íntimamente relacionadas ya que el ideal primero de los pioneros de la ABLP fue constituir un club de bicicross pero, ante los requisitos formales/legales que este tipo de instituciones conllevan y la necesidad primordial de nombrarse, eligieron el término que más se ajustaba a esa situación inicial: agrupación.

Es importante destacar que alcanzar el estatuto de club constituye todavía el horizonte institucional prioritario para el cual se planifican recursos y esfuerzos. El nombre que los designa se mantiene: Agrupación (qué) Bikers (quiénes) La Plata (dónde). El segundo término (bikers) designa a los sujetos de la práctica, en plural, y en función de la acción predominante sobre el objeto característico. El sustantivo bike (bicicleta) seguido de la terminación ers (sujetos) se traduce a “sujetos que andan o montan en bicicleta”. Y esto adquiere relevancia por varios motivos: en principio, abona la tesis de una comunidad práctica. Por otro lado, establece una distinción entre su uso formal y el vocabulario cotidiano de los bikers de la ABLP, que utilizan frecuentemente como sinónimo el término rider, aunque este sea inespecífico ya que no relaciona al sujeto con la práctica ciclística sino con la acción genérica de montar. El mismo proviene del verbo to ride (montar) y junto con la terminación er designa al sujeto que monta pero sin hacer referencia a un objeto, que podría ser una bicicleta, un caballo, una tabla de surf o una tabla de longboard. En efecto, biker condensa la especificidad del objeto/práctica en el sujeto enunciado.

En todas las modalidades del ciclismo existe un aspecto transversal e imprescindible: la utilización de bicicletas. Tal vez esta afirmación resulte obvia, pero en el caso del BMX la bicicleta rodado 20 es, a su vez, ícono y necesidad. Su valor icónico reside en la particularidad de sus formas y en su tamaño reducido. De hecho, el logo de la ABLP se construye sobre la imagen de una parte (manubrio) que denota un todo distintivo (bicicleta cross). La necesidad radica en el despliegue motriz que exige la modalidad más acrobática del ciclismo deportivo. El rodado de menor tamaño; los cuadros compactos pero reforzados para resistir los impactos; la relación plato/piñón que prioriza aceleración sobre velocidad final; los manubrios amplios que garantizan grip –agarre– y apoyo, constituyen cuatro condiciones que las hacen más maniobrables respecto de otros tipos bicicletas.

La bicicleta tipo cross es ese rodado que signó infancias y juventudes en la década de los 90 y que recreaba con el film “Los bici voladores”[9] el sueño de conquistar, acrobáticamente y con amigos, la manzana del barrio, la ciudad. Pedro, el informante clave de estas líneas, es un hijo de esta generación atravesada por el cine y la televisión.

Fanático de las carreras de motos desde sus doce años, (…) cuenta que el BMX lo volvió loco desde la primera vez que vio una competencia por televisión. Y es que si bien los corredores iban en bicicleta, era lo más parecido que había a practicar motocross para alguien de su edad (El hermano menor del motocross empieza a ganar terreno en la Ciudad, 06/01/2014).

Lo interesante de esta referencia es que ese fanatismo en condiciones particulares de posibilidad y de realización es el que lleva a un joven Pedro a vincularse con la referencia intergrupal más próxima y actual de la ABLP: el club BMX de Lomas de Zamora. De este modo, la red de relaciones en la que se ponen en juego las solidaridades y distinciones queda configurada en primer plano por instancias del gobierno municipal de La Plata –con las cuales se dialoga y negocia el territorio– y el club antes mencionado. Esta red de relaciones se expresa en los circuitos que realizan los bikers, sobre todo, para competir. En efecto, las visitas con el club BMX Lomas de Zamora son una constante desde la creación de la ABLP, generando un circuito de intercambios regionales. Por otro lado, el 19 de octubre de 2013, un mes previo a la mencionada Copa Ciudad de La Plata, se realiza un circuito local entre la Tierra de Monos y un espacio estatal municipal recuperado, refuncionalizado: el Parque Recreativo Zona Norte, emplazado en Ringuelet (zona norte del Gran La Plata). La peregrinación de rodados a este espacio urbano se produce por el llamado “Alternódromo. Primer encuentro de deportes alternativos de la ciudad de La Plata”. Este evento, de carácter libre y gratuito, fue organizado por la Dirección de Juventud y el Espacio la Comuna de La Plata. Las actividades contaron con la coordinación de la ABLP y Longbrothers La Plata. El “Alternódromo” nucleó a practicantes de skateboarding, roller derby, longboard y BMX. Además, hubo música en vivo y exposiciones de arte urbano. La relevancia de esta referencia consiste en que este es el primer gran evento municipal en el que el gobierno local otorga visibilidad y, al mismo tiempo, categoriza/ordena un conjunto de prácticas corporales emergentes en la ciudad. Algunas de estas prácticas comparten espacios urbanos, por ejemplo, rollers y longboard; skate y bmx (Ferretty 2013a). Sin embargo, esto sucede de modo cotidiano y según las lógicas de apropiación del espacio urbano de los diversos grupos de practicantes. Por lo tanto, no es el resultado exclusivo de eventos institucionales aunque los grados de visibilidad que provee el Estado con estos eventos puedan colaborar en la construcción de lazos provisorios.

El Parque Recreativo Zona Norte fue inaugurado a mediados del año 2011, contando con un espacio para skate. Sin embargo, la pista de BMX fue construida exclusivamente y “contra reloj” por algunos miembros de la ABLP. Posteriormente, se utilizó como escenario de competencias de la ABLP en la mencionada Copa Ciudad de La Plata. A pesar de ello, no es un circuito muy estimado por los bikers por dos motivos: el primero, por su lejanía relativa respecto de Tierra de Monos. El segundo, por la relación de inexperticia que tiñe al gobierno local ya que, en palabras de Pedro, “lo único que hicieron fue llevar tierra y menos de lo que necesitábamos” (Nota de campo, 2/12/2014). La mano de obra, los cuerpos y las palas que moldearon la tierra, es decir, la “artesanía de la pista” fue producto exclusivo de la ABLP. A pesar de ello, los bikers no valoran este espacio como propio y esto ha provocado que, luego de la mencionada competencia, presente un estado de progresivo deterioro y abandono.

De todos modos, estos sucesos son clave ya que originaron ciertas movilidades, transitorias pero concretas, que descentran las actividades en la Tierra de Monos y, al mismo tiempo, refuerzan el territorio ampliando el margen de acción de la ABLP. La red de circuitos local/regional constituida por la Tierra de Monos en el Paseo del Bosque –límite Noreste del casco urbano–; el Alternódromo en el Parque Recreativo Zona Norte –Ringuelet, Gran La Plata– y el complejo del club de BMX Lomas de Zamora grafica el proceso activo de construcción de identidad/comunidad que despliega esta agrupación y este deporte emergente en la ciudad en un momento particular del proceso apropiación.

 

Ilustración 3. Circuito regional de competencias de la ABLP. Club BMX Lomas de Zamora (izq.), Alternódromo (centro) y Tierra de Monos (der.)

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Aciertos, incertidumbres y senderos a explorar

En analogía con el piloto, el automóvil y la modernidad como elementos de una narrativa nacional que transitaban los paisajes de pueblos y ciudades del interior de la Argentina (Archetti 2001), el ciclista y la bicicleta se funden en la simbiosis de una máquina corporal de tracción a sangre cuyas proezas también unen pueblos, ciudades y países en tiempos/espacios globalizados[10]. En el caso del BMX se conquista un espacio inaudito en las otras modalidades ciclísticas: el espacio aéreo. Esta es, a su vez, una conquista física y estética, ya que se desafía a las leyes de la gravedad de un modo acrobático y audaz, trazando parábolas y figuras diversas en el aire, condimentando la espectacularidad que caracteriza a las competencias de la disciplina.

En estas lógicas, el BMX se inscribe como práctica corporal mundializada (Cachorro y Larrañaga 2004) con anclajes territoriales que se concretan en lo local/regional y con circuitos identificatorios que vinculan simultáneamente la realidad local con lo nacional y lo global en el mismo proceso. En este sentido, es posible estudiar esta práctica como expresión local de una práctica deportiva recientemente reconocida por la Unión Ciclística Internacional (UCI) en el año 1993 y posteriormente incorporada como deporte olímpico en Beijing 2008. Este hito, además, es correlativo al crecimiento del deporte a nivel nacional y a la consagración de algunos exponentes argentinos en la escena internacional. Estas cuestiones ponen de relieve, por un lado, la yuxtaposición inherente a los territorios y, de modo paralelo, su dimensión multiescalar (Giménez 2005): Tierra de Monos es para los bikers de El Dique el “territorio próximo” que conecta al barrio con la ciudad. Asimismo, como se ha explicado en el apartado anterior, es el punto inicial de una red que conecta el espacio geográfico/político de dos municipios contiguos y otro de la región: el de Ensenada con el de La Plata y a esta última ciudad con su periferia norte –por el Alternódromo de Ringuelet–, Lomas de Zamora.

En consecuencia, los espacios urbanos se presentan como condiciones de posibilidad para las prácticas corporales y los sujetos se apropian de dichos espacios modificándolos, según sus posibilidades y limitaciones. En estos procesos de apropiación es innegable la vigencia del Estado sobre la regulación del espacio urbano como bien público, con características disímiles según los gobiernos, pero su relevancia histórica y actual tanto como las negociaciones por su apropiación efectiva son ineludibles. Estos argumentos enlazan, sucesivamente, los procesos políticos con los fenómenos antropológicos como dos dimensiones relevantes e interrelacionadas del objeto “espacio público”. Los primeros destacan los modos en que el Estado dialoga o disputa la ciudad y sus usos posibles con instituciones, grupos y actores de la sociedad. La dimensión antropológica ancla en la perspectiva del actor y habilita la pregunta por la posibilidad de los territorios a partir de sus implicancias relacionales, históricas e identitarias. En consecuencia, interroga a los territorios como lugares antropológicos (Augé 2003): habitados, practicados, representados, es decir, experimentados por y en el cuerpo.

El caso del BMX en La Plata es un caso privilegiado para discutir acerca de que eso que conocemos como “lo público” no se reduce exclusivamente a la oferta deportiva/recreativa estatal pero que, sin embargo, la mayor parte de las apropiaciones deportivas en los espacios del casco urbano de la ciudad se da en el marco de las observaciones, regulaciones y/o acciones del Estado. En efecto, emerge la co-gestión o negociación de los territorios como alternativa otorgada y/o consensuada entre los gobiernos y los grupos deportivos-recreativos. El proceso de creación del skatepark de la rambla de la avenida 32 (Saraví 2012) y la ordenanza municipal para la prohibición del tránsito motorizado los fines de semana por la tarde en las inmediaciones del bosque platense, logrado por los reclamos de un grupo de patinadores en rollers y otro grupo de practicantes de longboard (Molejón & Ferretty 2013), son procesos que ejemplifican un panorama de apropiación, disputa y construcción de lo público en la ciudad de La Plata. Asimismo, este panorama se complejiza aun más ante la reciente inauguración de una pista destacada de BMX por parte del gobierno de Ensenada[11].

Paradójicamente, estas iniciativas particulares coexisten con discursos políticos que reifican las identidades locales y que, a su vez, se yuxtaponen con los mencionados procesos de mundialización de las culturas. En esta complejidad, los proyectos urbanos y políticos de la ciudad de La Plata convergen en la imagen de una “ciudad unificada” (Segura 2005) o “ciudad para todos”. Actualmente, existe un desplazamiento al enunciado político “compartamos la ciudad” que, ante el slogan anterior, es un atisbo en el reconocimiento de las desigualdades sociales en la apropiación del espacio urbano.

De modo paralelo, “(…) es posible observar cómo la bicicleta se ha resignificado en tanto símbolo, estandarte, de jóvenes y adultos que reclaman por proyectos de desarrollo urbano sustentable y reivindican al ciclismo como alternativa simple, económica, saludable y personalizada de movilidad urbana” (Ferretty 2013b:334-335). Estos dos vectores socioculturales –consolidación del ciclismo deportivo y del ciclismo urbano– son influencias crecientes sobre los modos en los que se vive y proyectan políticamente las ciudades.

Los próximos pedaleos y senderos continúan hacia la profundización de ciertos procesos que se proponen consolidar el territorio y las prácticas de la ABLP, entre ellos: decisiones acerca de las pautas de membrecía; la posibilidad de obtener el estatuto de club; la iniciativa y vaivenes de la escuela de BMX (2014); los cambios y permanencias de las redes antes descritas tanto como las heterogeneidades y consumos culturales que caracterizan a la agrupación.


  1. Una versión preliminar de este texto fue presentada en el GT14 “Antropología y deporte: expresiones locales y mega-eventos” del XI Congreso Argentino de Antropología Social, realizado en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe) en el año 2014. Agradezco las lecturas, observaciones y sugerencias de coordinadores/as, comentaristas y asistentes. Debo a ellos/as los avances del texto.
  2. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales – CONICET, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, CIC – Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, Argentina.
  3. Término en inglés que es ampliamente utilizado para denominar un conjunto de prácticas de carrera pedestre por las calles de las ciudades y cuyos eventos competitivos abarcan distintas distancias y modalidades. Las más reconocidas son organizadas y publicitadas por reconocidas marcas deportivas. Para más detalles se recomienda consultar la bibliografía citada.
  4. En dicho capítulo del libro, la tipología “prácticas rodantes” nuclea un conjunto de prácticas corporales caracterizadas, en principio, por una necesaria relación sujeto-rodado que inaugura corporalidades cuyos desplazamientos por la ciudad son, predominantemente, de rodamiento o deslizamiento. Entre ellas: patinaje sobre rollers, longboard, ciclismo urbano, skate, bicicross. Para más detalles se recomienda consultar la bibliografía citada.
  5. Nombre en inglés con el que se denomina a la bicicleta de montaña. Esta se diferencia de los demás tipos de bicicleta por la utilización de componentes más resistentes que las bicicletas de ruta, suspensión delantera y/o trasera, y sistemas de transmisión o “cambios” de entre 18 y 30 velocidades. Se aclara el número del rodado ya que, desde hace unos pocos años, en el mercado también se encuentran MTB rodado 29.
  6. Estas son bicicletas rodado 26 similares a las MTB más comercializadas, pero preparadas estructuralmente para realizar y soportar saltos acrobáticos en pistas, rampas o plataformas de tierra. De este último elemento deriva su nombre en inglés.
  7. Los nombres verdaderos han sido modificados para reservar la identidad de los sujetos de investigación.
  8. Estilo libre, en español. En líneas generales, la práctica consiste en realizar ciertos trucos o maniobras sobre y con la bicicleta: mantener equilibrios en una y dos ruedas, saltar bancos y bajar escaleras, rebotar contra las paredes de monumentos o edificios son algunas de ellas, entre otras posibles. La ciudad, sus desniveles, construcciones y relieves son uno de los escenarios predilectos de los practicantes de la modalidad street (callejera).
  9. “BMX bandits” es el título original de este film australiano, estrenado en el año 1983. El argumento central es la aventura de tres amigos –dos niños y una niña– en sus coloridas bicicletas tipo cross. Abundan los saltos acrobáticos y trucos callejeros, las tomas en cámara lenta y algunas escenas con cámara a bordo en las horquillas o vainas traseras de las bicicletas. En la historia del cine perdura como la primera película de una irreconocible Nicole Kidman, de apenas 16 años.
  10. Conocidos ejemplos de estas empresas maratónicas en el mundo son los grandes “tours ruteros” por etapas: el Tour de Francia, el Giro de Italia, la Vuelta de España. En Argentina, las competencias de estas características y de mayor envergadura a nivel nacional e internacional son la clásica Doble Bragado y el joven Tour de San Luis. Asimismo, la modalidad rural bike –ciclismo rural– teje lazos y circuitos entre las ciudades y las localidades rurales donde se desarrollan las competencias. De modo recreativo, el cicloturismo suele transitar estos propósitos de alejamiento transitorio de la urbe y acercamiento o descubrimiento del “medio natural”. Ver Ferretty (2013b).
  11. Según el intendente de esta localidad “se trata de la única de carácter libre y gratuito en la provincia de Buenos Aires y la segunda más grande a nivel nacional” (Secco y De Vido inauguraron la pista de BMX en Ensenada, 06/01/2015).


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