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Piezas para armar

La política estudiantil universitaria y sus configuraciones actuales

Yussef Becher

Introducción

Este texto tiene como objetivo explorar en las agendas y demandas que construyen las agrupaciones estudiantiles que integran la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales (FCEJS) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL). Entre ellas, nos centramos en las que cuentan con mayor trayectoria institucional: Franja Morada (FM), Juventud Universitaria Peronista (JUP) y San Luis Independiente (SLI).

En cuanto a los aspectos metodológicos, si bien enmarcados en el enfoque y las técnicas de recolección de datos del proyecto de investigación científica y tecnológica (PICT) n.º 2918, para los análisis que presentamos recurrimos a entrevistas como también a otro tipo de interacciones, diferentes del formato tradicional que plantean aquellas; además, a observación participante, y nos detuvimos en las publicaciones de las agrupaciones en redes sociales durante el último año (desde noviembre de 2018 hasta noviembre de 2019). De allí la posibilidad de indagar el uso que realizan del lenguaje, de acuerdo con los intereses del capítulo, los posicionamientos que eligen hacer públicos y los intercambios con quienes los siguen en dichas redes. A partir de ello, para bucear en las agendas que proponen las juventudes universitarias organizadas identificamos que los sentidos sobre la universidad y los derechos humanos determinan gran parte de las demandas que manifiestan, lo cual, a su vez, nos permite conocer trazos de sus subjetividades e identidades políticas. En tal sentido, el texto se organiza a partir de los ejes mencionados, e invita a los/as lectores/as –entre ellos, investigadores/as– a tomar algunas de estas piezas para profundizar en las dimensiones que resulten de interés.

La trama conceptual

Para el análisis se acudirá a la categoría teórica subjetividad política. Si bien referenciarla en el mundo de la política no agrega diferencias a la categoría principal, tal como aclara Bonvillani (2012), implica considerar las significaciones que se construyen sobre esa esfera de la actividad humana. Los estudios sobre juventud han avanzado notoriamente en los últimos años en demostrar que la politicidad del colectivo no solo se manifestaría por medio de las prácticas tradicionales, principalmente la participación en partidos políticos (Borobia, Kropff y Núñez, 2013). De allí la necesidad de redefinir el concepto de política considerando comportamientos alternativos a las tradicionales manifestaciones y performances que fueron asociadas a las juventudes en diferentes tiempos históricos (Barcala et al., 2018). Sin embargo, ampliar el concepto de lo político también implica correr el riesgo de perder su especificidad, pues “si todo es político, nada es específicamente político” (Martín Baró, 1995, p. 215). En tal sentido, Bonvillani (2014) nos propone reparar en las siguientes prácticas: 1) emergencia disruptiva del litigio por el que se impugna el orden natural de las dominaciones (Rancière); 2) visibilidad en lo público; 3) posibilidad de articulación con otros que permita posicionar en ese espacio alguna demanda sentida como común. A partir de ello se define la subjetividad política: “Es la formación de un uno que no es un yo o uno mismo, sino que es la relación de un yo o de uno mismo con un otro” (Rancière, 2000, p. 2).

González Rey (2008; 2010) dedicó gran parte de sus estudios a determinar los elementos constitutivos de las significaciones personales y sociales; de allí que, tras rastrear antecedentes en los estudios de Dewey y Vygotski, señale: “Es precisamente esa unidad simbólico-emocional, producida en el curso de la experiencia, la base ontológica de lo que definimos como subjetividad” (2008, p. 228). Las emociones y los sentimientos han sido estudiados por las ciencias sociales, con amplia difusión, menospreciando el valor que pueden otorgarle a los vínculos intersubjetivos. En tal sentido, el psicoanálisis freudiano y el lacaniano consideraron que las emociones eran pulsiones que obnubilaban el raciocinio; sin embargo, otro psicoanálisis, de corte posestructuralista, que halló en Guattari (1996; 2006) uno de sus principales referentes, planteó en el deseo y los afectos la oportunidad de escapar al orden social. Aunque en dicho autor no solo encontramos la referencia a las emociones como la posibilidad de motivar comportamientos alternativos, sino también la resignificación del espacio residual otorgado al inconsciente y el rechazo al estructuralismo lingüístico como fuente de subjetividad. Por consiguiente, se introduce el giro acontecimental en el que se resignifica el papel de las vivencias personales, el encuentro con la otredad y los afectos.

Otra categoría que deviene de interés para este capítulo es la de identidad social. Si bien existen diferentes enfoques desde los cuales definir dicho concepto de las ciencias sociales, optamos por las miradas culturales y psicosociales. De allí que, por una parte, se reconozca la heterogeneidad de los escenarios donde se construyen los sentidos sobre la pertenencia a grupos e instituciones y, en consecuencia, la necesidad de referir al concepto en plural: identidades. Asimismo, comprender que identificarse implica tomar un posicionamiento frente al mundo desde el cual asumo un papel como enunciador (Hall, 1990) y, por consiguiente, supone el modo en que nos representamos, somos representados o podríamos representarnos (Arfuch, 2005). En tal sentido, Bonvillani (2014, p. 65) señala:

La identidad social se constituye así en una dimensión de la subjetividad altamente sensible para conocer la forma como los jóvenes se vinculan con la política porque expresa el lugar en el cual se están ubicando simbólicamente en el espacio social y están definiendo a los otros en la tramitación de los asuntos públicos.

En los párrafos siguientes se podrá advertir la forma concreta que adquieren las categorías teóricas planteadas en esta trama, y sus posibles modificaciones, en las realidades de los/as jóvenes que participan en la política estudiantil actual.

Demandas y agendas de las agrupaciones: entre las puertas cerradas y el abrirse a la comunidad

Lo que cada grupalidad juvenil planifica para sus espacios de participación estudiantil depende de los perfiles de cada uno de ellos. Sin embargo, si bien existe una polifonía de necesidades que conforman sus agendas, hallamos dos sentidos en torno a los cuales cada agrupación se disputa el significado que les atribuye, y de allí que definan parte de su estructura y sus reclamos: la universidad y los derechos humanos ligados a la memoria, el género y la diversidad sexual.

Si bien la JUP tiene una historia reciente en la FCEJS –se inicia en el año 2016–, es una de las agrupaciones estudiantiles de mayor trayectoria a nivel nacional cuyos antecedentes se remontan a la década de 1960. Los jóvenes que entrevistamos se reconocen como “el brazo estudiantil” del Partido Justicialista (PJ), particularmente del provincial, representado por Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, aunque, tal como se ha identificado el movimiento desde su constitución, reconocen su amplitud de ideologías y pertenencias con diferentes vertientes al interior:

En nuestra agrupación, más allá de que somos netamente peronistas, también hay compañeros que no son del corte peronista o que se han acercado por otros movimientos que vienen con el peronismo, como, por ejemplo, el kirchnerismo… Nos percibimos como un frente amplio que tiene que ver con la justicia social y con las banderas del peronismo (X., varón de 26 años).

En cuanto a su estructura, se advierte la presencia de la verticalidad y el liderazgo masculino, pues, si bien ellos comentan su trabajo en comisiones y planificaciones anuales, es posible identificar la presencia de un líder varón, al momento de efectuar las tareas de investigación, que adquirió un protagonismo ascendente desde su origen. Tras esta primera etapa, dicho estudiante tuvo que enfrentar denuncias no formales por violencia de género, lo cual motivó su distanciamiento de la JUP.

En relación con el significado que se construye en torno a la universidad, predomina una retórica que la concibe vinculada a un contexto social estrechamente ligado con actividades barriales; por consiguiente, como un puente entre la comunidad científica y los actores sociales que se desarrollan por fuera de ella. Si bien, como señala Auyero (1997), parte de la performance peronista es el involucramiento con el barrio, con los sectores humildes, el contacto directo que implica una reproducción de los estilos que identificaban a sus líderes históricos, Juan Domingo Perón y Eva Duarte, también conlleva la búsqueda de una legitimidad al interior del partido y la propia universidad. Quienes recurren a ellos en la facultad tienen claro cuál es su posicionamiento político y sus vínculos con el partido provincial. Asimismo, responden a los pedidos del PJ, aunque debieron optar, tras el enfrentamiento entre los hermanos Rodríguez Saá por la gobernación de la provincia en las últimas elecciones de 2019, por uno u otro liderazgo. Adolfo intentó mantenerse vinculado a las fracciones más conservadoras del movimiento, que rechazaron, por ejemplo, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, mientras que Alberto se fue acercando a los sectores más progresistas, entre ellos el kirchnerismo. En consecuencia, se consolidó como opositor al gobierno de Mauricio Macri; de hecho, fue uno de los primeros gobernadores en adquirir tal postura y prometer a los/as ciudadanos/as que habría un 2019 (mediante el difundido hashtag #hay2019), cuando regresarían las políticas favorables para la población argentina.

La JUP nos demanda tener un posicionamiento claro, y nos demanda también tomar cartas en el asunto, por ejemplo, en momentos históricos como este, en el que se ven recortadas las políticas públicas, en el que la justicia social está más lejos que nunca y en el que sí creemos que la universidad tiene que ser un actor clave (X., varón de 26 años).

Si la identidad conduce a una toma de posición como enunciador, supone que, a partir de ello, me diferencio de quienes tienen otras posiciones; sin embargo, “los límites de la diferencia se reposicionan continuamente con relación a diferentes puntos de referencia” (Hall, 1990, p. 353). La JUP representada en la FCEJS optó por referenciarse en el liderazgo de Alberto Rodríguez Saá; con ello también podría vincularse su actitud crítica hacia el gobierno de Mauricio Macri, elegido presidente por la alianza Cambiemos con el apoyo de la Unión Cívica Radical (UCR). Los jóvenes de la agrupación estudiantil participaron de marchas en contra de los recortes presupuestarios a la universidad pública, los incrementos en las tarifas de servicios y la deuda adquirida con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en reclamo por la libertad de presos políticos, entre ellos la más destacada –por su militancia en la organización Túpac Amaru en Jujuy y su vinculación con el kirchnerismo–, Milagro Sala, quien fue detenida en 2016. Si bien fue imputada en diversas causas judiciales, tal como destaca el Centro de Estudios Legales y Sociales (2016), esto implicó una criminalización de la protesta social por haberse manifestado en contra del gobernador Gerardo Morales, quien integra la alianza Cambiemos. Alberto Rodríguez Saá pasó en la cárcel junto a Milagro Sala la cena de Navidad del mismo año en que fue detenida. El gobernador compartió en sus redes sociales: “A punto de ingresar al servicio carcelario de Jujuy, quiero desearles a todos que tengan una hermosa Noche Buena #NavidadSinPresosPoliticos”.

El sentido sobre los derechos humanos, en el eje de memoria, adquiere notoriedad al interior de la agrupación por la trayectoria histórica con la que cuenta. Arfuch (2005, p. 15) se pregunta: “¿Cómo hacerse cargo de la memoria, de aquello que desafía el devenir sin pausa, en tanto anclaje necesario para el reconocimiento?”. Los jóvenes aceptan esa historia y en sus discursos y prácticas muestran interés por el tema. Dentro de la estructura de la JUP, poseen una Comisión de Derechos Humanos que integra la de Memoria; asimismo, comentan que, año tras año, en sus planificaciones, la preocupación por lo sucedido durante la dictadura (1976-1983) en torno al PJ y la UNSL ocupa un espacio relevante. De allí que, en conjunto con docentes de la Licenciatura en Trabajo Social, hayan organizado muestras fotográficas –en las que incorporaron algunas performances propias– sobre víctimas de los delitos de lesa humanidad cometidos en dicho período (tanto quienes fueron docentes y alumnos como otros ciudadanos desaparecidos). Por ejemplo, en la última muestra realizada se colocaron pupitres escolares, imitando el diseño áulico, en el espacio que antecede la biblioteca de la facultad con fotos de las víctimas. Sin embargo, consideran que la memoria no solo tendría que limitarse a recordar el 24 de marzo, fecha de inicio de la última dictadura, sino estimular un debate constante. En ese sentido, recurren a los/as docentes como actores que podrían contribuir a incentivar dicha discusión:

El papel de los docentes es fundamental para que también los estudiantes se interesen, que le pierdan el miedo también: por ahí hay una noción de miedo, digamos, a la política, y también eso influye para que no pregunten, no se interesen… En nuestro caso, de Trabajo Social, no solo estimulan, sino que toman un claro posicionamiento al respecto. Tal vez no en todas las materias, pero sí en la mayoría… (M., mujer de 22 años).

El relato anterior nos muestra la influencia generacional en la decisión de participar en agrupaciones políticas, pues –tal como hemos señalado en otros textos (Becher, 2017; Becher y Vommaro, 2018)– los padres o abuelos de los jóvenes, quienes en algunos casos han padecido las consecuencias de persecuciones durante la dictadura militar, habrían trasmitido ese temor, rémora de aquellos tiempos, a las generaciones jóvenes de sus familias. De allí, la influencia en actitudes de apatía o cierta aversión hacia algunas prácticas políticas; de hecho, entre los jóvenes de la JUP algunos cuentan en sus biografías con familiares desaparecidos y, en consecuencia, rememorar lo sucedido en aquellos años forma parte de sus hábitos. Al mismo tiempo, se agrega la influencia de la formación en las carreras de grado y su historia. La Licenciatura en Trabajo Social suspendió, por decisión de las autoridades de la dictadura, el ingreso de estudiantes a primer año desde 1976; asimismo, fueron desaparecidos dos de sus docentes: el licenciado Luis María Früm y el abogado Dante Bodo. Los integrantes de la JUP muestran interés por la memoria de la UNSL y mencionan que entre sus prácticas actuales se halla la de reconstruir un archivo que les permita documentar lo sucedido en aquellos años.

En el eje de género y diversidad disminuye el interés y la centralidad que la agrupación le otorga. Si bien en sus mensajes públicos en redes sociales apelan al uso del lenguaje de género inclusivo mediante la x, no se proponen actividades desde la JUP ligadas con los derechos humanos de las mujeres y diversidades. Sin embargo, en el período de gobierno de Alberto Rodríguez Saá, iniciado en 2016, las temáticas vinculadas a género adquirieron notoriedad en la estructura institucional y se creó un ministerio dedicado a la violencia hacia las mujeres que lleva por nombre Ni Una Menos (referencia tomada de la masividad que adquirió la frase –que incluso denomina a un movimiento feminista– desde 2015, como modo de denuncia de los feminicidios ocurridos en Argentina). Durante el año 2018 se cometieron en el país 278 feminicidios; asimismo, la tasa provincial de dicho tipo de delito alcanza 1,60 (el máximo es 2), lo cual la ubica a San Luis entre las provincias de mayor puntaje (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2019). El acercamiento del gobernador Rodríguez Saá a movimientos progresistas trajo aparejadas acciones vinculadas a las problemáticas de género y diversidad: constitución de un grupo interdisciplinario de profesionales para el tratamiento de denuncias, asesorías jurídicas gratuitas, capacitaciones al interior del Estado y en otras instituciones, mayor vinculación con el ámbito universitario para el abordaje de la violencia de género; a todo ello se agrega el apoyo del gobernador al derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, lo cual motivó el pedido a los senadores representantes de la provincia de que votaran a favor del proyecto de ley presentado en 2018. Sin embargo, el senador Adolfo Rodríguez Saá votó en contra y la senadora María Eugenia Catafalmo, quien se había manifestado a favor del proyecto, se encontraba con licencia por embarazo. Si bien la JUP no ha propuesto actividades propias referidas a género, invita a participar de las organizadas por el Estado provincial; de allí que entre sus últimos anuncios en redes sociales figure la invitación a la segunda edición del denominado Mujerazo. Se trata de una reunión en la que confluyen las actividades culturales con músicos invitados, en conjunto con mesas de debate y diálogos de preocupaciones compartidas por las mujeres sanluiseñas; tanto la primera edición del Mujerazo como la segunda lograron una masiva convocatoria.

La agrupación FM es otra de las que cuentan con mayor trayectoria a nivel nacional. Inició sus actividades en la década de 1960 como la representante estudiantil de la UCR ligada a su ideario más progresista. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, tal situación se ha ido modificando en la agrupación en la UNSL: “Si bien a lo largo de la historia siempre fue reconocida como un grupo estudiantil de corte radical, hoy en día no podemos decir lo mismo… No está asociada con ningún partido político” (C., mujer de 25 años).

Por consiguiente, en la actualidad FM ya no tendría vinculaciones con la UCR e, ideológicamente, atrás habrían quedado los tiempos de progresismo, pues sus objetivos actuales, ligados a una concepción de la política universitaria como neutra –en la cual luego profundizaremos–, no exigirían posicionamientos políticos. No obstante, entre sus miembros más significativos, quienes se desempeñan actualmente como presidente y vicepresidente del centro de estudiantes muestran en sus redes sociales apoyos a los candidatos de la alianza Cambiemos (hasta 2018, actual Juntos por el Cambio). Asimismo, dicha orientación ideológica al interior de FM es reconocida por los estudiantes de las otras agrupaciones, como también por quienes no participan en ninguna de ellas.

En cuanto a su estructura, al igual que la JUP, presenta un liderazgo masculino, aunque, a diferencia de la anterior, con mayor perdurabilidad en el tiempo, pues actualmente dicho estudiante varón continúa integrando la agrupación en la misma posición. En la modalidad de toma de decisiones también predomina el verticalismo, pues los jóvenes entrevistados no refieren a comisiones o asambleas; por el contrario, cuando son consultados sobre aspectos de FM que manifiestan no conocer remiten al líder antes mencionado. De hecho, para concretar la participación de los integrantes de la agrupación en la entrevista consideramos suficiente, como en los otros casos, contactarnos personalmente con los jóvenes. Tras un contacto inicial, la joven a la que recurrimos respondió con asertividad que participaría junto con otro congénere que ella misma invitaría, pero algunas horas después confirmó que no podría estar presente en la entrevista. Posteriormente, se contactó el líder mencionado con uno de los investigadores de nuestro proyecto para preguntarle en detalle sobre la actividad y, superada la pesquisa, le dijo que enviaría a dos representantes de FM que no eran los contactados inicialmente.

El sentido que construye FM en torno a la universidad tiende a concebirla como una unidad endógena, sin involucramientos que excedan los académicos ni las situaciones de los estudiantes que transitan la organización. En consecuencia, a diferencia de la JUP, no surge la significación de la universidad como la posibilidad de construir vínculos con la comunidad. En tal sentido, una de las entrevistadas comenta:

Lo que Franja busca es hacer política estudiantil, beneficios para los estudiantes, ayudar a los estudiantes en todas las dificultades que se pueden llegar a presentar en la carrera, tal vez a través de otros beneficios o ayudas, por ejemplo, becas, etc. (C., mujer de 25 años).

Si bien se concibe la universidad como un mundo apartado del contexto social en el que está inserta, no se desatienden las consecuencias de dicho contexto en los estudiantes; de allí que se muestre un activo involucramiento en los sistemas de becas de la institución, como también otros propios de la agrupación. FM en la UNSL ha estado históricamente vinculada a su estructura institucional a pesar de los cambios de autoridades; por consiguiente, dicho nexo le ha permitido contar con recursos –a diferencia de otras agrupaciones– con los cuales se han financiado becas para estudiantes e integrantes de la agrupación. Asimismo, en el sistema de becas que prevé la UNSL existe la modalidad de prestaciones por servicios brindados a la organización; quienes suelen resultar beneficiados con esa modalidad son integrantes de FM que se han desarrollado en tareas de extensión y otras. Tal vez el vínculo estrecho con la estructura de la UNSL provenga de su tendencia ideológica conservadora, ligada al radicalismo provincial, en la que la agrupación estudiantil ha hecho su aporte brindando apoyo a candidatos a rectores y decanos. De allí que dicha orientación ideológica haya dificultado los vínculos de la UNSL con el peronismo oficialista y el progresismo de San Luis. En la actualidad, tal situación se ha ido modificando respecto del primero; sin embargo, dicho acercamiento fue progresivo y podría estar ligado con los contactos personales del actual vicerrector, decano de la FCEJS en el período 2013-2019, quien supo ser funcionario público durante la gestión de Adolfo Rodríguez Saá.

En relación con la significación y la importancia que se les atribuye a los derechos humanos, en el eje de memoria, FM no cuenta con secretarías o comisiones dedicadas a planificar actividades sobre el tema, como tampoco debates para tomar posicionamiento sobre situaciones sociales que demuestren su incumplimiento. En consecuencia, se valora una construcción neutral en torno a dichos derechos que no involucraría influencias ideológicas; también se considera positiva, entre estudiantes de Abogacía que participaron de la entrevista, la enseñanza de los derechos desde una “perspectiva objetiva”, lo cual involucra a los/as docentes de la carrera.

“El tema se dio en primer año, pero no…, como que la profesora no nos dio su punto de vista: fue neutra, si se quiere decir, en [relación con] el tema ese” (L., varón de 23 años);

Está bien que se enseña la historia oficial, lo que quieran decir, pero la neutralidad también ayuda porque un profesor puede venir y enseñarme a mí todo lo de derechos humanos… Yo, cuando entré a la carrera, pensaba que para ciertos delitos estaba bien la pena de muerte. A lo largo de la carrera te van dando contenido y empezás a relacionar: “No está bien esto de la pena de muerte, de la prisión perpetua”, y empezás a encontrar el porqué del fundamento. Para mí, la objetividad es sumamente importante en la carrera (C., mujer de 25 años).

Si bien los estudiantes señalan preferir una enseñanza neutral, de sus propios relatos emerge cómo la transmisión del conocimiento sobre los derechos humanos ha ido modificando, en el caso de C., su modo de pensar. Ella consideraba apropiada en nuestro país para algunos delitos la pena de muerte –cuya reinstauración resulta imposible constitucionalmente por los tratados internacionales suscriptos–, aunque luego, tras avanzar en la carrera, modificó dicha opinión. Sin embargo –a diferencia de lo que ocurre con los estudiantes de la Licenciatura en Trabajo Social–, no se manifestaría una significación de los derechos humanos que incluyera su involucramiento personal, por ejemplo, con las actividades en barrios populares que realizan jóvenes de la JUP. En tal sentido se advierte una influencia de los perfiles y las historias de cada una de las carreras de grado, pues si bien disciplinariamente los derechos humanos, como objeto de estudio, estarían más vinculados a la carrera de Abogacía, en Trabajo Social se transmitirían actitudes de compromiso en torno a dichos derechos de las cuales la otra carrera carecería. Sucede algo similar con la conmemoración del 24 de marzo, pues los jóvenes de FM entrevistados comentan que se realiza un recordatorio del día –por lo general, por medio de redes sociales–, pero no se organizan muestras fotográficas, jornadas o encuentros –a diferencia de las otras agrupaciones– en los que se exponga o debata lo ocurrido durante la última dictadura.

“No nos metemos tanto de lleno en lo político; lo recordamos como un acontecimiento que pasó en el país” (L., varón de 23 años); “En Franja, respecto de lo que es el 24 de marzo, no nos metemos con cuestiones políticas… Obviamente que sí se lo recuerda, se lo tiene presente…” (C., mujer de 25 años).

Dicha actitud frente al día en que se recuerda a las víctimas de aquel triste período de nuestra historia es coincidente con la significación que construyen en torno a la universidad y los derechos humanos ligados a la memoria. Asimismo, los jóvenes expresan que entre ellos existe un desinterés por profundizar en los hechos de la dictadura. Cuando analizamos las narraciones de los integrantes de la JUP, identificamos influencias biográficas que podrían haber estimulado las prácticas que llevan a cabo por la reconstrucción de la memoria, “la subjetividad política […] se define […] también por la posesión de diferentes cosmovisiones, estilos de vida y formas de sociabilidad que configuran modalidades psicosociales de tomar una posición en el mundo” (Bonvillani, 2014, pp. 64-65). En ese sentido, también entre los jóvenes de FM aparecen dichos estímulos:

Con mi abuelo, hubo una época en la que sí se hablaba de la dictadura y él decía que, como sabía lo que hacía, estaba limpio –lo que él me dijo–, no tenía miedo a nada; circulaba tranquilamente, siempre con el debido documento (L., varón de 23 años).

El anterior testimonio develaría –al contrario de las influencias positivas en las otras agrupaciones– ciertos prejuicios en torno a quienes se opusieron al autoritarismo militar; reproducción de discursos que aún circulan en ciertos ámbitos en los que se intenta instaurar un imaginario sobre la dictadura como un enfrentamiento entre un grupo de subversivos y el Estado que intentaba reestablecer un supuesto orden perdido. Desde ya, un enfrentamiento desigual, pues, por una parte, se trataba del aparato represivo del Estado y, por otra, de ciudadanos, con un importante protagonismo juvenil, que se oponían a las medidas dispuestas por el gobierno de facto o bien reclamaban el cumplimiento de sus derechos civiles y sociales. Sin embargo, la construcción de dicho imaginario no se limitó a la situación argentina, pues se extendió a la mayoría de los procesos dictatoriales de América Latina (Reguillo Cruz, 2000).

La significación atribuida al género y las sexualidades tendría poca relevancia en FM, pues no se proponen actividades ligadas a dichos ejes de los derechos humanos, como tampoco se difunden las realizadas por otras organizaciones. Si bien en las redes sociales –en las que apelan circunstancialmente al lenguaje de género inclusivo mediante la fórmula “los y las” o la arroba– se recuerda el motivo de la conmemoración del orgullo LGBTIQ+ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, transexuales, travestis, intersexuales y queer) solo referenciándolo en el mítico inicio del movimiento con los hechos en Stonewall (Estados Unidos) y sin mención a la actualidad argentina; tampoco muestran otra expresión que denote el compromiso de la agrupación en el cumplimiento de los derechos de la diversidad sexual. Quizá la poca centralidad otorgada a las problemáticas derivadas de las desigualdades de género y sexualidades pueda vincularse con ese ideario ortodoxo o conservador que definiría la orientación ideológica actual de la agrupación en la FCEJS. Por consiguiente, no se tratan temas que preocupan a gran parte de los jóvenes de estos tiempos, tales como derechos reproductivos y sexuales, el acceso de las mujeres a los espacios de toma de decisiones, el consumo de drogas para uso personal o las nuevas formas de vivenciar las relaciones afectivas mediante vínculos poligámicos, entre otros.

SLI inició sus actividades en la FCEJS en el año 2008. A nivel nacional forma parte del Movimiento de Participación Estudiantil (MPE), que cuenta con una regional integrada por las agrupaciones de Villa Mercedes y San Luis y se define del siguiente modo:

El Movimiento de Participación Estudiantil es una organización nacional de agrupaciones de base, independientes, que surgió a partir del acumulado de experiencias estudiantiles diversas en una importante cantidad de universidades nacionales que hacían síntesis en unos pocos encuentros nacionales de estudiantes. Allí se fueron delineando las banderas fundamentales que, constituido el movimiento, se pusieron bien en alto: “Una universidad abierta al pueblo y transformadora en la construcción de la liberación social, nacional y continental” (Movimiento de Participación Estudiantil, s. f.).

En ese sentido se construye la identidad ideológica de la agrupación, en cuanto a que concibe que la universidad debe estar al servicio de las clases populares tanto en la producción del conocimiento como garantizando el acceso de estas a la institución; de allí que proclamen: “¡Somos el MPE! ¡Latinoamericanos y populares! En la senda de Camilo y de todos los héroes de la patria grande” (Movimiento de Participación Estudiantil, s. f.). Por consiguiente, SLI tendría una orientación político-ideológica demarcada con claridad, pues, si bien en el sitio web del MPE se menciona la diversidad de opiniones que convivirían al interior del movimiento, la apelación a ese significante los referencia siempre en el campo popular. Por ese motivo, tal vez con fines estratégicos, cuando consultamos a los jóvenes de la agrupación sobre su adscripción ideológica tienden a responder de modo personal y señalan que en SLI existe diversidad de ideologías, incluidos adherentes a Cambiemos. Aunque mencionan que suelen ser estudiantes de los primeros años de las carreras que, con el transcurso del tiempo, tras las reuniones y los debates, van modificando sus percepciones sobre dicha alianza de gobierno de derecha. Asimismo, reconocen que en SLI predomina una tendencia hacia la izquierda con vínculos con el kirchnerismo, aunque solo de tipo ideológico, pues no los habría con partidos. Los integrantes de otras agrupaciones, JUP o FM, e incluso quienes no participan en ninguna de ellas identifican a SLI con dicha orientación político-ideológica.

Por otra parte, en lo referido a su modalidad de toma de decisiones, si bien señalan contar con independencia y horizontalidad, poseen liderazgos informales legitimados por sus integrantes y vinculaciones con la estructura universitaria que definen algunas de sus decisiones, entre ellas, el apoyo a candidatos a rectores y decanos, tal como mencionamos en otros trabajos (Becher, 2017). Al mismo tiempo, vale recordar que el significante independencia adquiere sentido entre agrupaciones y organizaciones estudiantiles y barriales desde la crisis de representación que atravesaron los partidos políticos en la década de 1990 y los comienzos de la de 2000; tal situación se modificaría a partir de un nuevo acercamiento de las juventudes a los espacios tradicionales de la praxis política por la convocatoria de los gobiernos progresistas en América Latina y en nuestro país desde 2003 (Vommaro, 2015). El liderazgo femenino en SLI es el único de las tres agrupaciones analizadas, lo cual introducirá diferencias, en particular en género y diversidades, que iremos mostrando a continuación.

El sentido que construyen sobre la universidad, ligado a los propósitos del MPE, está vinculado con la posibilidad de transcender los límites de la institución y acercarla a los sectores populares; de allí que cuenten con una significativa participación en barrios populares.

No solamente militamos en la universidad con ciertas problemáticas estudiantiles, sino que también militamos en los barrios. Creemos que la universidad pública tiene que tener una articulación social porque es un actor social. Por ahí está alejado de los barrios periféricos, de la gente que nunca va a poder acceder o que no ha podido acceder hasta ahora; entonces, creemos sumamente importante […] salir a los barrios (S., mujer de 24 años).

En consecuencia, podrían establecerse algunas semejanzas con la JUP; sin embargo, SLI posee una planificación más detallada y estructurada en cuanto a las tareas que plantea para vincularse con los barrios de sectores populares. En tal sentido, cuenta con un programa denominado Estudiantes en los Barrios, desde el cual realizan alfabetización y clases particulares para estudiantes de secundaria, como también bibliotecas populares y murgas barriales con fines inclusivos. Para el financiamiento de estas actividades, los estudiantes de la agrupación –en particular, antes de lograr un vínculo más estrecho con las autoridades universitarias– recurrían a las convocatorias de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) dirigidas a proyectos de voluntariado y extensión estudiantil; asimismo, a docentes a quienes les solicitaban colaboración para la dirección de dichos proyectos. Por lo general, se trataba de docentes con los que compartían identidad ideológica, quienes también solían participar de los congresos nacionales organizados por las agrupaciones regionales del MPE.

También en SLI, a diferencia de las otras agrupaciones, adquiere una notoria significación la preocupación por la producción del conocimiento, lo cual es coherente con los fines y los referentes que poseen: la construcción de una universidad latinoamericana y la identificación con líderes como Camilo Cienfuegos Gorriarán y, por consiguiente, con la Revolución cubana. A partir de ello, dos entrevistados de SLI señalan:

Nuestra concepción no tiene que ver con ser partidaria, más allá de los diferentes partidos, más allá de ser peronista, socialista, lo que sea; nosotros nos consideramos latinoamericanos con todo lo que eso conlleva, con 200 años de independencia y con toda una existencia de intereses extranjeros (R., varón de 25 años);
Con los compañeros de la mesa regional y nacional tenemos lazos con movimientos estudiantiles de Latinoamérica: Uruguay, Brasil, Paraguay, Ecuador, Venezuela, Chile, y para nosotros es muy importante mantener esos lazos, fortalecerlos, porque nosotros los construimos diariamente desde las comisiones… El otro día, un compañero viajó a Perú a presenciar el momento de las elecciones (S., mujer de 24 años).

Sin embargo, no solo se trataría de nexos de militancia que permiten compartir experiencias de activismo juvenil latinoamericano, de viajes entre países que hacen posible la presencia de unos y otros jóvenes en momentos significativos, sino también de una crítica dirigida a la construcción del conocimiento. De allí que los integrantes de la agrupación señalen la influencia de perspectivas eurocéntricas, de Europa occidental, y anglosajonas en la construcción de las teorías que se les transmiten en sus respectivas carreras para comprender la realidad argentina. Por consiguiente, afirman la necesidad de elaborar conocimiento situado que responda a las necesidades de nuestra región y por quienes las vivencian cotidianamente; en tal sentido es la apuesta por no desvalorizar los saberes no científicos, entre ellos, los ancestrales. Los integrantes de SLI reconocen la importancia de incorporar dichas perspectivas en los programas de estudio y, asimismo, mencionan autores tales como Boaventura de Sousa Santos, Aníbal Quijano o Walter Mignolo.

En el eje sobre memoria, ligado a derechos humanos, los entrevistados señalan que al interior de la agrupación el compromiso con las víctimas de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura funciona como un estímulo para involucrarse, por cuanto la universidad pública fue particularmente afectada por dicho autoritarismo. En ese sentido, los integrantes de SLI se identifican con aquellas demandas: “Nosotros nos reconocemos en los movimientos de estudiantes organizados en la universidad, que eran perseguidos, que no podían juntarse ni militar como militamos hoy, que vamos a los barrios” (S., mujer de 24 años). Por ese motivo, Arfuch (2005, p. 30) señala que la identidad se construye en el dialogismo y la interdiscursividad: “No habrá entonces, al producirse un enunciado, ningún Adán bíblico ‘dueño’ de su palabra, sino más bien una pluralidad de voces ajenas –polifonía– que habitan la ‘propia’ voz”. A partir de ello, tal como mencionan los jóvenes, en sus planificaciones anuales y en las reuniones semanales la preocupación por la memoria ocupa un espacio significativo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otras agrupaciones, no solo se trataría de organizar un acto de conmemoración sobre las cruentas consecuencias de la dictadura, sino también de tomar un posicionamiento frente a ella. Por consiguiente, SLI plantea una crítica a la institución y algunos de sus docentes por cuanto no tendrían un discurso claro ante los hechos iniciados el 24 de marzo de 1976:

Este año [2018], [en el] que la universidad no hizo ningún tipo de acto institucional, nosotros intentamos hacer una intervención pegando algunos carteles, contando algunas historias de los estudiantes desaparecidos, profesores, la comunidad universitaria, para que nos empecemos a preguntar o a generar debates como estudiantes universitarios (R., varón de 25 años).

En cuanto a los docentes,

tampoco vi un posicionamiento; por ahí, pensaba en la universidad, como política pública, y de hecho no hubo ni acto, no se le dio mucha bola, más allá de alguna intervención que hayan hecho los estudiantes, que fue creo que por parte de Trabajo Social, que hubo una charla (S., mujer de 24 años).

En consecuencia, ello muestra las diferencias con los integrantes de FM, quienes reclamaban un conocimiento desprovisto de posicionamientos ideológicos o neutro; en cambio, en SLI, cuyos estudiantes comparten formación de grado con los entrevistados de FM (Abogacía), reclaman un discurso y prácticas visibles con respecto a los derechos humanos por la memoria. Por eso no tendría que quedar reducido a un punto comprendido en un programa de estudios, pues denotaría cierta actitud de exigencia de los docentes para que lo desarrollen sin involucrar compromisos personales. Ese tipo de enseñanza en la FCEJS produce confusiones entre los estudiantes de la agrupación, pues no quedaría claro si los docentes vivencian el compromiso hacia la memoria o si se trata de una obligación impuesta por el programa de las asignaturas. En ese sentido, los integrantes de SLI destacan una actividad sobre derechos humanos organizada por un grupo de docentes de la carrera antes mencionada, en la que dos profesoras de la facultad –las doctoras Graciela Castro y Gloria Trocello, quienes estuvieron a cargo del panel de cierre de la jornada– refirieron su experiencia como compiladoras y autoras del único libro sobre lo sucedido durante la dictadura en la UNSL. Este no fue publicado por decisión del Consejo Superior de dicha universidad, de allí que se haya producido mayor interés en torno al texto y que se le colocara el mote de “libro clandestino” con el cual lo conocemos las generaciones venideras de docentes. La exposición sobre el libro, del cual solo queda una copia completa a resguardo de una de las docentes compiladoras, motivó entre los estudiantes de SLI el interés por profundizar sobre lo desarrollado en el texto, en cuanto a hechos y desaparecidos. Por consiguiente, comentaron que se hallan recopilando información sobre estudiantes y docentes desaparecidos en la UNSL.

SLI se diferencia de las otras agrupaciones analizadas por mostrar mayores compromiso e involucramiento con los derechos humanos ligados al género y la diversidad sexual. En ese sentido, los estudiantes proponen actividades que superan el recordatorio de fechas mediante mensajes en sus redes sociales; en consecuencia, organizan jornadas, debates y encuentros sobre las problemáticas derivadas del libre ejercicio de la sexualidad y el cumplimiento de los derechos de las mujeres. En el año 2019, llevaron a cabo una actividad de cine-debate sobre el documental Cubanas: mujeres en revolución, dirigido por María Torrellas, con producción de Resumen Latinoamericano; dicha jornada fue organizada en conjunto con la Embajada de Cuba. En ese mismo año, en el que contaban con una representante en el Consejo Directivo de la FCEJS, presentaron un pedido solicitando la plena aplicación del protocolo de género en toda la UNSL. Fue la única agrupación que manifestó tal preocupación ante denuncias de violencia de género en las que se hallaban involucrados estudiantes de la facultad. Asimismo, SLI, tal como puede leerse en el estado público de sus redes sociales, decidió apartar de la agrupación a un integrante denunciado por una compañera por violencia sexual. Este tipo de actitudes los diferencia de la JUP en cuanto a que quien fuera el líder de la agrupación hasta 2018 también fue señalado, sin que mediaran denuncias formales, como autor de hechos similares, pero desde su organización no se realizó manifestación alguna. Al mismo tiempo, otra acción que propuso SLI ligada con los ejes analizados fue la organización y la colaboración, aunque se requiriera un monto, para que quienes estuviesen interesados pudieran participar del 34.º Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en La Plata durante el mes de octubre de 2019. Si bien –al igual que otras agrupaciones– sus redes sociales manifiestan apoyos y conmemoraciones de fechas vinculadas a los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, en SLI se advierten mayores compromiso y significancia otorgados a dichos temas. Los mensajes que recuerdan los hechos relevantes, tales como el día del voto femenino o del orgullo LGBTIQ+, como también reclamos por feminicidios ocurridos en Argentina, contienen declaraciones personales de la agrupación:

48 HORAS, CUATRO FEMICIDIOS. NUEVE MESES, 223 FEMICIDIOS. ¡NOS ESTÁN MATANDO! ¡EXIGIMOS UN ESTADO PRESENTE Y ACTUANTE!
Durante el último fin de semana se dio a conocer la muerte de cuatro mujeres. Navila Garay, de 15 años, asesinada y enterrada en un jardín. Se encuentra detenido un sospechoso de 56 años. Vanesa Caro, de 38 años, fue prendida fuego por su pareja delante de sus hijos. Cecilia Burgat, de 42 años, fue asesinada brutalmente por su expareja. Laura Cielo López, de 18 años, fue asesinada y descuartizada. Cuatro mujeres muertas por culpa de la violencia machista y un Estado ausente. 223 femicidios en los primeros nueve meses del 2019. Cifras escalofriantes que hablan del horror cotidiano que padecemos. Ante los millones de hechos de violencia cotidianos, las mujeres nos encontramos desamparadas: las herramientas que el Estado argentino ofrece son insuficientes.
Como estudiantes comprometidxs con la realidad y en pie de lucha por los derechos y libertades de mujeres, lesbianas y trans, exigimos la declaración inmediata de la emergencia nacional. ¡Basta de mirar para otro lado! ¡NI UNA MENOS! (publicación en Facebook del 17 de septiembre de 2019);
arcoiris ORGULLO #LGBTI arcoiris

El cuerpo y la sexualidad son los puntos de partida del estigma y la discriminación contra las personas que no cumplen con la heteronormatividad, por lo que el orgullo es mensaje y símbolo de resistencia, del orgullo de la disidencia: el asumir públicamente que se rechaza la imposición de lo heterosexual como parámetro para determinar lo sano, lo correcto, lo justo y las vidas que importan.
Hoy vemos el mensaje de orgullo en el caso de Mariana Gómez, quien, frente a la discriminación y la violencia, alza en su voz la de todxs a un sistema que no soporta la resistencia y el orgullo disidente como lugar de lucha.
#SanLuisIndependiente
#LibresyDiversxs (publicación en Facebook del 28 de junio de 2019).

Por consiguiente, SLI, en lugar de reproducir contenido enciclopédico que aporta datos generales sobre los hechos y circunstancias que motivan el recordatorio de las fechas, elige evidenciar sus posicionamientos frente a tales situaciones. De allí que se podría reconocer el significado que se les atribuye al género y la diversidad sexual al interior de la agrupación, lo cual estaría vinculado con su orientación ideológica y la mayor heterogeneidad en la conformación de sus integrantes.

Conclusión: entre mantener el statu quo y alterar el orden

Adentrarnos en las demandas y agendas de las agrupaciones estudiantiles supuso bucear en los sentidos que atribuyen a la universidad como institución y organización instituida y a los derechos humanos ligados a la memoria, el género y las diversidades. A partir de ello, identificamos los posicionamientos, como modalidades de enunciación, que cada una de ellas realiza. En ese sentido emergieron significaciones que conciben la universidad como una institución cerrada en sus propios muros que solo debe atender las necesidades que demandan sus actores estudiantiles sin involucrar posicionamientos ideológicos, tal como plantea FM, mientras que, por otro lado, las agrupaciones JUP y SLI perciben la institución en una vinculación estrecha con actividades barriales y sectores populares. Sin embargo, entre las últimas se diferencian, pues SLI muestra mayor involucramiento al comprometer su estructura y sus recursos con las tareas de inclusión social que llevan a cabo, tales como alfabetización, bibliotecas populares o murgas barriales.

En cuanto a los derechos humanos sobre memoria, también advertimos diferencias entre las agrupaciones, lo cual se asocia con sus identificaciones. En FM, la memoria ocuparía el mismo espacio que se le otorga al recordatorio de otras fechas relevantes para la historia argentina; no cuenta con áreas o secretarías vinculadas al tema, como tampoco se proponen actividades de discusión o jornadas sobre la última dictadura, lo cual se vincularía con la intención de vaciar de contenido ideológico la universidad. Por otro lado, JUP y SLI atribuyen un sentido diferente a la memoria: mientras que unos muestran inquietudes por profundizar en la historia universitaria de aquel entonces, los otros señalan que se referencian en las víctimas de los delitos de lesa humanidad y es eso un estímulo para participar en la agrupación; no obstante, ambas han realizado actividades vinculadas con los hechos de la última dictadura.

En lo relativo a los derechos de las mujeres y la diversidad sexual, tal vez coincidentemente con sus concepciones sobre universidad, en FM no se les otorga relevancia, pues –si bien publican algunos mensajes en redes sociales alusivos a fechas asociadas a tales derechos– no involucran su estructura ni recursos en actividades ligadas a género e identidades LGBTIQ+. Por su parte, la JUP tampoco muestra preocupación por las situaciones que involucran a las mujeres y las diversidades, aunque se difunden actividades organizadas por el Gobierno provincial, el cual, desde su aproximación a grupos progresistas, plantea debates y jornadas sobre género. Por el contrario, SLI es la que evidencia mayor interés por las desigualdades vivenciadas por identidades femeninas y LGBTIQ+, el cual no se limita, por ejemplo, a recordar el día del voto femenino, sino que muestra un activismo de género ligado a la organización de debates, el apartamiento de compañeros por denuncias de violencia sexual o reclamos de implementación de protocolos de género, entre otros hechos.

En estas tramas de sentido también aparecen los actores institucionales: los docentes y la organización y, asimismo, el papel de la transmisión del conocimiento. También con distinciones entre las agrupaciones, mientras que los integrantes de FM prefieren un conocimiento neutral, SLI reclama posicionamientos y discursos claros ante temas y hechos que involucran eventuales diferencias ideológicas. Al mismo tiempo, la última agrupación demanda miradas teóricas desprovistas de colonialidad y situadas en el contexto latinoamericano; de allí que el rol docente y de la facultad también adquiera forma en función de las peticiones anteriores: por un lado están los profesores que facilitan el debate sin temores a las discrepancias y, por otro, una organización que en 2018 no realizó ningún evento vinculado al 24 de marzo. Aunque los perfiles de las carreras también trazan el mapa de las significaciones juveniles, pues si bien entre los estudiantes de Abogacía los derechos humanos como temática muestran su protagonismo, entre los de la Licenciatura en Trabajo Social se advertiría una actitud de mayor involucramiento y activismo con las demandas sociales.

En consecuencia –tal como propone el título de la conclusión–, algunas demandas de las agrupaciones estudiantiles demuestran su connivencia con los instituidos, mientras que otras se propondrían el desafío de superarlos. Quizá conservar la institución universitaria como un establecimiento endogámico que solo se preocupa por sus estudiantes sin motivarlos a posicionarse ante el mundo social no plantee alternativas al modelo escolástico tradicional. Por el contrario, grupalidades juveniles organizadas que cuestionen el rol de la institución y sugieran su servicio hacia la comunidad que la financia puedan cambiar algunas concepciones arraigadas que la distancian del contexto social. En tal sentido, el deseo de modificar una realidad requiere un mayor involucramiento, que no solo compromete la participación en su dimensión instrumental-operativa (la realización de tareas), sino fundamentalmente en su faz afectiva; de allí que las pasiones y los sentimientos construyan un vínculo con la participación que implica un mayor compromiso de la subjetividad política. Esta toma forma en los criterios de identificación que se evidencian, a modo de sentidos de pertenencia, en relación con figuras, liderazgos, discursos y prácticas que han ido mostrando las juventudes que integran las tres agrupaciones estudiantiles analizadas. A partir de ello, Rancière (2000, p. 3) señala:

La subjetivación política es una puesta en práctica de la igualdad –tratamiento de un daño– por personas que están juntas y que, por tanto, están “entre”. Es un entrecruzamiento de identidades que reposa sobre un entrecruzamiento de nombres: nombres que conectan el nombre de un grupo o una clase al nombre de lo que está fuera-de-la-cuenta, que conectan un ser a un no-ser o a un ser-por-venir.

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