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Prólogo

Miriam Kriger[1]

Este libro reúne hallazgos de un proyecto de investigación regido por el propósito de comprender cómo las culturas política, social y laboral intervinieron en la construcción de la vida cotidiana de los jóvenes en San Luis entre el año 2015 y el 2019. Sin embargo, es necesario decir que comienza mucho antes, y que es parte de una línea (¿o un círculo?) de investigación-formación, en relación con la cual cada uno de los conceptos y las preguntas que conforman los avatares y desafíos de las juventudes en movimiento que se presentan en estas páginas entraman sus sentidos.

El camino fue iniciado por la doctora Graciela Castro, directora de este trabajo, pionera del campo y una de les fundadores de la Red de Investigaciones en Juventudes en Argentina, que en el año 2000 presentó en la Universidad Nacional de San Luis su primer proyecto sobre culturas juveniles contemporáneas, en cuyo marco se realizó la también primera encuesta a nivel provincial sobre juventudes en nuestro país. Desde entonces, no ha cesado de impulsar el desarrollo de un ámbito académico específico para el estudio de estos temas formando jóvenes investigadores, gestionando proyectos colectivos, obteniendo recursos y subsidios estatales de mayor reconocimiento, promoviendo la publicación y disponiendo espacios –como la revista Kairós– de encuentro y diálogo con una agenda propia latinoamericana y proyección internacional.

Creo que es necesario hacer aquí una reflexión acerca de lo que todo esto implica en la relación entre construcción de conocimiento y transformación política en un país históricamente marcado por el desarrollo geográfico desigual, donde el campo intelectual se configuró dentro de una dinámica macrocefálica, metaforizada por Ezequiel Martínez Estrada como cabeza de Goliat. De la lucidez política que da forma a la figura del cipayo en Arturo Jauretche a la comprensión histórica de la relación entre la expansión de ciudades y las ideas en Latinoamérica en José Luis Romero, notamos cómo el colonialismo marca desde los cimientos del Estado argentino un modo de funcionamiento en el que el “interior” fue asociado a la barbarie y el “exterior”, a la civilización, a la que Buenos Aires se integra como puerto y puerta principal, capital del país. Con la consigna de fundar “una nación para el desierto argentino”, como magistralmente sintetiza Tulio Halperín Donghi, que se extiende a la imagen de un país construido por quienes “bajaron de los barcos” (replicada hace muy pocos años por el entonces presidente Mauricio Macri), parece haberse instalado en nuestra historia la creencia de una asimetría constitutiva entre Buenos Aires y el “resto”, que se justifica en la propia inequidad que ella misma produce y reproduce en las formas de “la distinción” bourdieusiana y el bovarismo político. Independientemente de los hechos históricos y las realidades que puedan oponerse a esta narrativa, ella sigue vigente y persiste subyacentemente en el imaginario social, acaso como expresión profunda del dilema nacional (civilización y barbarie) que, según Maristella Svampa (2006, p. 11)[2], es la matriz que sostiene las recreaciones posteriores acerca del tema de la Argentina dividida, incluida la que nos ocupa y sus derivas contemporáneas.

Es por ello que me parece, más que relevante, indispensable resaltar la descolonización intelectual que antecede a este libro y hace posible su producción como un trabajo colectivo consciente de lo que está fundando y haciendo “por primera vez” en San Luis, habilitando un ejercicio que no es de poder, sino de potencia, en la medida en que no puede desligarse de los cuerpos que lo llevan a cabo y del territorio donde se materializa. A propósito de lo cual nada hay más ilustrativo que la respuesta de un joven de Solano, entrevistado por Alexander Ruiz Silva (2011, p. 160)[3], que en una sola frase explicaba así su experiencia de pobreza, midiendo las distancias con “la esquiva nación”: “Vivo a pocos kilómetros de Buenos Aires y muy lejos de la Argentina”.

Dicho todo esto, me parece más justo afirmar que este libro, cuya instancia empírica fue realizada en San Luis, nos habla más desde San Luis que en o de San Luis; porque es desde allí que entra en diálogo e interlocución con realidades y colegas más allá de las fronteras provinciales. Es un texto que explora y problematiza las posibilidades y realidades de la condición juvenil y la experiencia de ser joven desde coordenadas particulares que no las limitan, sino que, por el contrario, interpelan y habilitan la ampliación de las escalas: el país, el continente, la globalidad. Como nos enseña la sociología critica en sus mejores expresiones, la empiria no restringe el trabajo teórico, sino que, por el contrario, lo nutre y le brinda carnadura y fundamento, escucha y presencia para generar conexiones y sentidos vivos habilitando la imaginación sociológica y transformando con cada realidad social singular nuestra igual condición humana. Todo estudio empírico así entendido aporta a su propio contexto y adquiere valor agregado cuando, como el mapa del viajero, se suma a la cartografía que amplía y vuelve navegable el mundo.

En esta senda, este trabajo presenta capítulos con autorías diversas y enfoques multidisciplinares distintos, que cubren dimensiones variadas del tema propuesto pero comparten rasgos fundamentales, empezando por los que definen su actitud investigativa: hacer estudios “situados” y ofrecer una perspectiva nativa, que privilegia la voz de les sujetos. No se trata de una mera condición metodológica (aunque, en rigor, ninguna condición metodológica puede pensarse como tal), sino de una posición reflexiva y ética, involucrada en la producción social y consciente del carácter político-performativo del conocimiento, que toma como premisa la imbricación entre textos, contextos y agentes en la construcción de “mundos” de vida.

El libro reúne en tres partes –una dedicada a “Debates contemporáneos”, otra a “Políticas juveniles: vulnerabilidades y derechos” y una tercera a “Las tramas de la subjetividad en los involucramientos juveniles”– diversas apuestas centradas mayormente en la discusión teórica conceptual, las prácticas políticas y la comprensión de los procesos psicosociales que le dan lugar. La mayor parte de ellas recuperan problemáticas ya clásicas –en la medida en que pueda usarse este término para un campo que apenas ronda las tres décadas de existencia– en los estudios sobre juventudes, principalmente ligadas a la génesis de su “objeto” y al tipo de vínculo que establece con las variables demográficas que definen a los “sujetos”, que parecen rigidizarse ante la fluidez de los procesos contraidentitarios contemporáneos. El equilibrio es inestable y se corren algunos riesgos, entre ellos, el de perder definición y especificidad: ¿hasta qué punto –por ejemplo– es posible desligar la juventud de la cuestión etaria si tenemos en cuenta que esta no solo hace referencia a la biología, sino también –e incluso de modo más tajante– a la juventud como constructo cultural, que, en sus diversas “invenciones históricas” (Kriger, 2016)[4] por parte del Estado y la sociedad, ha sido encuadrada en legislaciones que norman etariamente la figura jurídica de les jóvenes y su acceso a los derechos ciudadanos y a las políticas públicas de los que son destinatarios? ¿Puede el concepto de generación soportar las demandas de equidad requeridas para su distribución? Y en la misma línea: ¿cómo conjugar el reconocimiento de las diferencias sin deslindarse, sino integrando, en distintas dimensiones y escalas, el principio de igualdad? La heterogeneidad de les jóvenes y las juventudes, ¿hasta qué punto puede ser abordada con categorías que les agrupen?

Estos interrogantes surgen de muchos modos en los debates que este libro propone y abren la posibilidad de observarlos con herramientas originales y desde nuevas situaciones. En este aspecto, se destaca el énfasis que se hace en lo cotidiano y el cuidado y en la juventud como modalidad de existencia situada y signada por el materialismo de la vida. Territorio, cuerpo y subjetividad se articulan en dinámicas transversales, en las que las nociones de género y generaciones, cuidado y memoria, adquieren protagonismo. Finalmente, en un contexto de agudización de las desigualdades en el que, ante las secuelas de la captura subjetiva del neoliberalismo, vale recordar que “la resistencia es la mejor expresión de la solidaridad” (Giraldo Giraldo y Ruiz Silva, 2019, p. 56)[5], este libro constituye una prueba viva y valiosa de lo que la presencia del Estado ayuda a movilizar y del rol de la universidad en la profesionalización social y política orientada a la construcción de un proyecto común e inclusivo.

Agradezco a Graciela Castro y a los autores de este libro por la invitación a escribir este prólogo y la hospitalidad derivada en mí para recibir a les lectores en el umbral de la experiencia.

 

Buenos Aires, marzo de 2020.


  1. Doctora en Ciencias Sociales. Investigadora del CONICET. Directora de proyectos de investigación sobre juventudes. Docente de grado y posgrado en distintas universidades. Es autora de artículos, publicaciones académicas y libros.
  2. Svampa, M. (2006). El dilema argentino: civilización o barbarie. Buenos Aires: Taurus.
  3. Ruiz Silva, A. (2011). Nación, moral y narración. Buenos Aires: Miño y Dávila.
  4. Kriger, M. (2016). La tercera invención de la juventud. Dinámicas de la politización juvenil en tiempos de la reconstrucción del Estado-Nación (Argentina, 2002-2015). Buenos Aires: Grupo Editor Universitario.
  5. Giraldo Giraldo, Y., y Ruiz Silva, A. (2019). La solidaridad. Otra forma de ser joven en las comunas de Medellín. Bogotá: CLACSO – Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá – Universidad de Manizales – CINDE.


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