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10 Agua e infraestructura
en el Gran Buenos Aires[1]

Entre experiencias descentralizadas y formas autogestivas de prestación

Melina Tobías

Introducción

Las redes de agua y saneamiento en Buenos Aires han seguido, a lo largo de la historia, un modelo centralizado de expansión con epicentro en la Capital Federal y con una extensión envolvente hacia los partidos del Gran Buenos Aires. El desacople entre la dinámica de crecimiento urbano y la velocidad del desarrollo de la infraestructura de redes ha generado, desde mediados del siglo pasado, la conformación de un territorio desigual con áreas cubiertas de redes de agua y cloacas y áreas excluidas. En estas últimas, la provisión del servicio es garantizada a partir de mecanismos de autourbanización por parte de los propios vecinos (como la construcción de pozos), o bien por formas descentralizadas a través de otros actores con competencia en el territorio, como son los actores privados (en barrios cerrados y countries) y los organismos municipales (en los barrios construidos en el marco de políticas habitacionales).

La literatura existente sobre el servicio de agua y saneamiento en Buenos Aires se ha centrado mayoritariamente en estudiar la evolución de las redes en relación con la expansión urbana, y los distintos modelos de prestación –públicos y privados– que han tenido lugar a lo largo del tiempo (Azpiazu, Catenazzi y Forcinito, 2006; Azpiazu y Castro, 2013; Brunstein, 1989; Cáceres, 2013; De Gouvello, Lentini y Schneier-Madanes, 2010; Rey, 2000; Tobías y Fernández, 2019).

Aquí proponemos analizar el servicio de agua y saneamiento en la periferia de Buenos Aires desde un enfoque centrado en el rol que asumen las infraestructuras en la vida cotidiana de los sujetos. Para profundizar en esta idea, interesa retomar la idea de “inversión infraestructural”, (infraestructural inversion) elaborada por Bowker (1994) y luego retomada por otros (Hetherington, 2019; Star y Ruhleder, 1996), que permite reposicionar el lugar de las infraestructuras, ya no como telón de fondo o como escenario sobre el que se montan procesos de circulación de flujos y personas, sino más bien como objetos de estudio en sí mismos. En este sentido, prestar atención a las infraestructuras permite analizar el rol central que asumen estos sistemas técnicos de gran escala –como en el caso de las redes de agua y cloaca– en los procesos de integración y fragmentación de las ciudades (neo)liberales (Graham y Marvin, 2001).

Este rol no es solo técnico, sino también político, ya que supone definir quiénes serán los beneficiados de la distribución de la red de agua y quiénes deberán luchar por las infraestructuras básicas para la reproducción social y física de la vida (Anand, Gupta y Appel, 2018). Así, las infraestructuras –en cuanto ensamblajes sociomateriales– permiten revelar formas de racionalidad política que subyacen a los proyectos técnicos y tecnológicos, y expresan más bien lo que en términos foucaultianos se define como “aparatos de gubernamentalidad” (Foucault, 2010, en Larkin, 2013, p. 328).

Particularmente, nos interesa analizar cómo esos procesos de fragmentación urbana que definen las infraestructuras no solo dependen del acceso formal a las redes, sino también del deterioro al que estas se ven expuestas (Bennett, 2010). De este modo, contar con redes de servicio de agua y cloaca (cañerías, desagües), pero en estado obsoleto o con problemas de funcionamiento, supone un acceso limitado y diferenciado al servicio que muchas veces se encuentra invisibilizado en las estadísticas oficiales. Como advierte Anand, “una cosa es tener infraestructura de agua, y otra muy distinta es tener agua en el hogar” (Anand, 2017, p. 3). Desde esa premisa, es posible concebir la integración a los sistemas de redes de agua no como un hecho definido y lineal a través de la mera instalación de la red, sino más bien como un proceso incremental, intermitente y reversible compuesto de múltiples temporalidades (Anand, 2017, p. 7).

A su vez, atender a las múltiples y desiguales temporalidades de las infraestructuras (en lugar de pensarlas como hechos consumados), permite relacionar la dimensión social y política con la técnica y logística, asumiendo que las mismas características técnicas pueden producir configuraciones de espacio y sociabilidad muy diferentes a las diseñadas por los planificadores de las obras (Anand, Gupta y Appel, 2018, pp. 17-18).

Estas premisas conceptuales sobre cómo abordar las infraestructuras son nuestra puerta de entrada para analizar el desempeño de las redes de servicio de agua y cloaca en un barrio del segundo cordón del conurbano bonaerense, construido en el marco de políticas nacionales de acceso al hábitat que tuvieron lugar en las últimas décadas a través del Plan Federal de Viviendas (pfv).[2] Concretamente, nos interesa estudiar allí el modo en que la instalación y conexión de las redes de agua y cloaca por parte del municipio, si bien implicó para los vecinos la accesibilidad a un servicio esencial como es el agua y el saneamiento, trajo aparejado otros problemas vinculados a la calidad, el funcionamiento y mantenimiento de las infraestructuras hídricas, que quedaron bajo responsabilidad de los propios vecinos. De este modo, nos interesa reponer a partir del caso el rol que asumen las infraestructuras de agua en la vida cotidiana de los vecinos y el modo en que su gestión supone procesos de aprendizaje colectivo sobre el sistema de redes.

El servicio de agua y cloacas en la periferia del Gran Buenos Aires: entre modelos centralizados y descentralizados de prestación

El Gran Buenos Aires (gba) se encuentra conformado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 24 municipios del conurbano bonaerense. En este territorio, que representa el área más densamente poblada del país y que presenta importantes niveles de desigualdad social, el servicio de agua potable y cloacas se encuentra actualmente bajo competencia de la empresa estatal Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (aysa).[3]

Según los datos del último censo, en este territorio la cobertura promedio de servicio de redes alcanza al 76 % de los hogares en el caso del agua potable y al 57 % en el caso de los desagües cloacales (indec, 2010). No obstante, estos valores no son uniformes para el conjunto del territorio: mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (caba) presenta valores cercanos al 100 %, en algunos de los municipios más periféricos, como es el caso de José C. Paz, la cobertura alcanza solo al 17 % en el caso del agua potable y 6 % en desagües cloacales (Cáceres, 2013).

Figura 1. Hogares con agua por red pública, Área Metropolitana de Buenos Aires. Años 2001-2010 (%)

p. 211

Fuente: elaboración propia a partir de datos censales (indec, 2010).

Figura 2. Hogares con desagües cloacales, Área Metropolitana de Buenos Aires. Años 2001-2010 (%)

p. 212

Fuente: elaboración propia a partir de datos censales (indec, 2010).

La desigualdad socioespacial en el acceso a las redes de servicio no solo se manifiesta en los partidos más alejados, sino también en el conjunto de villas y asentamientos que existen al interior del Área Metropolitana (Tobías y Fernández, 2019). En estos casos, el abastecimiento de un servicio básico y esencial para la reproducción de la vida como es el agua potable es garantizado principalmente mediante estrategias de autourbanización (Pírez, 2013), ya sea a través de perforaciones para la extracción de agua o de la instalación de pozos ciegos con o sin cámara séptica para los efluentes domiciliarios.

A su vez, los déficits históricos en la expansión del servicio y la propia dinámica extensiva de crecimiento urbano llevaron al desarrollo de sistemas autónomos desvinculados de la principal proveedora (sea esta nacional o provincial). Estos se encuentran gestionados por distintos actores, que pueden ser privados, como en el caso de los barrios cerrados y countries, o públicos (municipales), como es el caso de algunos barrios construidos en el marco de políticas habitacionales que se encuentran alejados de las redes de la concesionaria.

Este es el caso del barrio en donde realizamos nuestra investigación en José C. Paz, construido hace más de diez años en el marco del Plan Federal de Viviendas. El barrio se encuentra emplazado en el límite del partido con Moreno, y en sus proximidades se localizan distintos barrios construidos en el marco del mismo pfv. Según el relato de sus vecinos, el barrio bajo estudio cuenta con 1.022 viviendas (aunque originariamente estaban planificadas 2.700) con un prototipo constructivo de dos habitaciones, cocina y baño por casa, salvo excepciones de algunas viviendas adecuadas para discapacitados con baños más amplios. Las obras contemplaron la extensión y dotación de infraestructura urbana y la cobertura de los servicios públicos, en este caso, las redes de agua y cloaca, a cargo del municipio. Las fuentes de agua que abastecen al barrio son bombas que extraen agua subterránea y la distribuyen a las redes internas. En cuanto a las cloacas, el barrio cuenta con un sistema de redes de desagüe cloacal, conectados a una planta de tratamiento de efluentes que actualmente parece encontrarse inactiva, y que vuelca sus efluentes a un arroyo ubicado en el fondo del barrio.

A pesar de contar formalmente con servicios de agua y cloaca, el barrio presenta diversas problemáticas asociadas a la gestión y mantenimiento de dichas infraestructuras, que terminan afectando la calidad de los servicios y, por ende, las condiciones de vida de sus habitantes (Tobías, García, Moreno y Fernández, 2020). Son estas problemáticas las que nos proponemos abordar de manera exploratoria en el siguiente apartado.

Más allá de la accesibilidad formal a las redes de agua: el rol de las infraestructuras en la gestión cotidiana de los vecinos

Al ingresar al barrio, pudimos observar la disposición ordenada de las viviendas con calles pavimentadas, aunque, en la medida en que nos adentrábamos hacia las calles del fondo, el pavimento comenzaba a verse resquebrajado y las veredas al frente de las casas mostraban restos de efluentes domiciliarios.

Conversando con las vecinas sobre su llegada al barrio y sobre su vida cotidiana, nos llamó la atención observar cómo las infraestructuras de agua y cloaca ocupaban un lugar central en su relato, ya que forman parte de la identidad del barrio y organizan en cierta medida la rutina diaria de los vecinos. Este hecho nos llevó a interrogarnos, en la misma línea que Anand (2017), sobre qué significa tener redes de servicio en un contexto de incertidumbre, desconfianza y mal funcionamiento de las infraestructuras. Nos interesa aquí centrarnos en dos aspectos que pudimos identificar a partir de las entrevistas en profundidad realizadas y de las observaciones de campo. En primer lugar, en el episodio de crisis sanitaria que atravesó el barrio en el año 2009 y que dejó huellas en el imaginario de los vecinos sobre la calidad de agua que circula por las redes de servicio. En segundo lugar, nos interesa detenernos en los efectos que tiene el mal funcionamiento de las infraestructuras en la vida cotidiana de los vecinos. Efectos traducidos principalmente en tareas de mantenimiento y reparación frecuentes que deben llevar adelante los propios vecinos, y en estrategias alternativas de aprovisionamiento.

El episodio de la Alerta Roja y el imaginario social en torno al agua

En el año 2009, el barrio experimentó un traumático episodio de crisis sanitaria cuando las redes de distribución por donde circula el agua se vieron mezcladas con efluentes cloacales, que llegaron a contaminar las redes internas y los propios tanques de almacenamiento de agua que tienen las viviendas, los que tuvieron que ser limpiados y estar en desuso por un tiempo. Este evento provocó inmediatamente el incremento de enfermedades hídricas en el barrio,[4] lo que trajo aparejada la intervención de autoridades municipales en el territorio para buscar una solución al problema. Al indagar sobre las causas que llevaron al incidente, las explicaciones son múltiples. En palabras de Andrea, una de las vecinas entrevistadas: “Decían que se habían robado las bombas, pero en realidad se habían tapado los filtros [de las cañerías de cloaca]; se reventaron, se rompieron, y fue lo que hizo que se mezclara el agua con la cloaca” (entrevista, noviembre de 2019).

El episodio logró apaciguarse en el corto plazo, mediante la entrega de agua potable, la reparación de las cañerías, la limpieza de los tanques de las casas y acciones de concientización sobre la potabilización del agua con lavandina por parte de las autoridades sanitarias y las promotoras de salud del barrio. No obstante, en el imaginario de algunos vecinos, ese hecho marcó un hito y sembró una desconfianza sobre la calidad del agua que perdura hasta el día de hoy. Tal como advierte Gloria, otra de las vecinas entrevistadas: “Desde el incidente de 2009 que el agua acá no es potable. A partir de la alerta roja, asumimos que no se puede tomar” (entrevista, diciembre de 2019).

A pesar de haber pasado más de diez años del episodio, los reiterados problemas que presentan las infraestructuras –relacionados, en el caso del agua, a la baja presión, la turbidez, el olor, etc., y, en el caso de las cloacas, a los frecuentes desbordes– recrudecen la crisis sanitaria vivida años atrás. De este modo, el relato de las vecinas permite retomar la reflexión de Anand, Gupta y Appel (2018) acerca de las múltiples y desiguales temporalidades de las infraestructuras, ya que la sola instalación de las redes no resuelve de una vez y para siempre el problema de la accesibilidad al servicio. Es necesario, más bien, entender esta última como un proceso que, lejos de ser lineal y directo, supone intermitencias y reversibilidades (Anand, 2017).

El deterioro de las infraestructuras y las estrategias alternativas a la red

Los inconvenientes asociados a las infraestructuras de agua y cloaca no solo remiten al episodio de la alerta roja, sino que son constantes en el barrio. Las vecinas entrevistadas resaltan las roturas de las cañerías de agua y cloaca en las calles como uno de los problemas más frecuentes. A modo de ejemplo, señalan las complicaciones ocasionadas hace dos años con el tendido de la red de gas natural (el último servicio que llegó al barrio, luego del agua, las cloacas y la electricidad). Al momento de realizar la instalación de la red, la empresa de gas no contaba con los planos de la red de agua y cloaca realizada años atrás por una empresa privada a la que el municipio tercerizó la obra. Esta situación llevó a que parte de la cañería de agua y cloaca instalada se rompiera por las propias obras de gas sobre el pavimento. En ese momento, y ante la ausencia del municipio, fueron los propios vecinos quienes se vieron obligados a reparar el caño. En palabras de Andrea:

[El caño de agua] se rompió un viernes, y hasta el lunes no tenían a nadie. Era viernes sin agua porque teníamos que cerrar todo para que no se llenaran los tanques de agua sucia. Encima era fin de semana largo, íbamos a estar todos sin agua. […]. Fui en un remís a buscar agua a lo de mi suegra para traer botellas. […]. Lo arreglaron los vecinos. Cuando viene la municipalidad, ellos ya estaban terminando de arreglar todo. Después terminaron cambiándole algo, llevándose algo que había puesto la gente (entrevista, noviembre de 2019).

Este tipo de incidentes aparecen permanentemente en el barrio, junto a otros como la pinchadura de los caños y el desborde de las cloacas. En la mayoría de los casos, estos inconvenientes tuvieron que ser resueltos por los propios vecinos, ya que la ayuda por parte del municipio se presentaba con retraso. En cuanto al desborde permanente de las cámaras cloacales en las viviendas, la principal complicación es que los vecinos no pueden repararlo de manera individual. Como advierte Andrea: “Las cloacas rebalsan todo el tiempo […], siempre están tapadas y eso es porque hicieron mal el tamaño y la pendiente de los desagües” (entrevista, noviembre de 2019). El problema es que, si los vecinos llaman a un camión atmosférico para que les vacíe las cámaras individuales, esto no resuelve el problema, ya que, por el propio sistema de red y por la pendiente con la que están construidas, el vacío en un punto supone el rebalse en otro.

Vienen y te destapan las dos puntas, pero no te destapan allá [señala otra casa]. A mí, que tengo la pendiente para mi casa, se me junta todo. Entonces, era llamar a camiones atmosféricos, tener que pagarlos yo, y que no se resolviera el problema. […]. Cuando vienen y soplan los caños, se rebalsan todas juntas y tenés que limpiar todo. Yo vivo con bidones de cloro, tirando en el patio, por eso no tengo pasto (entrevista, Gloria, diciembre de 2019).

A partir de los relatos, se puede apreciar cómo los vecinos deben intervenir activamente en el mantenimiento y la reparación de las infraestructuras, ya sea arreglando las cañerías de la calle o llamando a los camiones atmosféricos o al propio municipio para que destapen las cámaras. Estas acciones muestran cómo la gestión cotidiana de las infraestructuras de agua y cloaca en el barrio moldea, media y crea a los propios vecinos, así como también al barrio (Anand, 2017, p. 6).

Figura 3. Infraestructuras hídricas sin mantenimiento en el barrio

Fuente: foto de la autora.

Asimismo, un dato interesante que emergió en las entrevistas realizadas es que, para los propios vecinos, los problemas que presentan las redes de servicio alcanzan tal magnitud que estos se ven obligados a proyectar y realizar estrategias alternativas de aprovisionamiento. En el caso del agua, las estrategias más frecuentes son la compra de bidones o el acarreo de agua de otros hogares (familiares o amigos que vivan en otros barrios y que cuenten con agua de calidad). En el contexto actual de pandemia y recesión económica, ambas alternativas son difíciles de sostener por parte de los vecinos, lo que los lleva a tener que consumir el agua de red, con desconfianza e incertidumbre. Incluso, algunas vecinas manifiestan la intención de hacer una perforación individual en el fondo de la casa para no tener que depender de las redes de distribución colectivas. En palabras de Gloria: “Dijeron que estaba prohibido hacer perforaciones, pero es fácil hacerlo. Pones una cisterna, la cañería por abajo y nadie se da cuenta” (entrevista, diciembre de 2019).

Una situación similar se observa en el caso de las cloacas, en que los desbordes frecuentes y la inactividad de la plata de tratamiento tornan poco conveniente (en términos sanitarios, pero también ambientales) el uso de las redes de desagües. Ante esta situación, Andrea manifiesta: “Yo quise hacer un pozo ciego, para evitar lo de la inundación. El año pasado se me había infectado el dedo del pie por el agua negra. Salía y me mojaba” (entrevista, noviembre de 2019). Lo que a simple vista parece paradójico en estos relatos (vecinos que tienen redes que prefieran optar por la perforación o el pozo ciego) se explica precisamente por el mal funcionamiento y la falta de mantenimiento de las infraestructuras existentes. Ambas opciones se encuentran prohibidas para los vecinos del barrio, ya que –supuestamente– la existencia de las redes es una opción superadora de las formas individuales de abastecimiento de los servicios.

Figura 4. Cámaras de desagües cloacales rotas en el barrio.

Fuente: foto de la autora.

Conclusiones

El trabajo se propuso analizar el rol que desempeñan las infraestructuras de agua y cloaca en un barrio del Plan Federal de Viviendas en José C. Paz. Concretamente, nos interesó indagar, a través del relato de las entrevistadas, la gestión cotidiana de las infraestructuras de agua que llevan adelante las vecinas frente a los problemas frecuentes que presentan las redes de servicio en el barrio. Buscamos con ello reflexionar sobre las tensiones que presenta la accesibilidad a las infraestructuras, ya que, como pudimos ver, tener cobertura de redes no necesariamente implica tener accesibilidad a un servicio de calidad.

El trabajo presentado, si bien es un texto en proceso, se propuso visibilizar el componente político que subyace en las infraestructuras. Para ello, buscó enfatizar en la necesidad de articular el componente técnico de las redes con su dimensión sociopolítica y temporal: cuando hablamos de redes, no solo hablamos de la construcción de las cañerías como un momento puntual, sino también de su instalación, mantenimiento y seguimiento en el tiempo. Asimismo, el trabajo buscó dar cuenta del proceso a través del cual las infraestructuras suponen procesos de racionalidad política que se expresan tanto en la planificación de las obras, como así también en las acciones de gestión cotidiana de los vecinos.

Referencias

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Anand, N., Gupta, A. y Appel, H. (2018). The promise of infrastructure. Dake University Press.

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Azpiazu, D., Catenazzi, A. y Forcinito, K. (2006). Recursos públicos, negocios privados. Agua potable y saneamiento ambiental en el amba. (Serie Informe de Investigación n.°19). ungs.

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De Gouvello, B., Lentini, E. y Schneier-Madanes, G. (2010). “Que reste-t-il de la gestion privéede l’eau en Argentine? Retour sur l’echec des délégations à des consortiums internationaux”. En G. Schneier-Madanes (ed.). L’eau mondialisée: la gouvernance en question. La Découverte.

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Pírez, P. (2013). “Perspectivas latinoamericanas para el estudio de los servicios urbanos”. Cuaderno Urbano, 14(14), 173-192.

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  1. El presente trabajo forma parte de las discusiones y reflexiones que se desarrollaron con la Dra. Lucila Moreno en el marco del Proyecto de Investigación unpaz (2018-2020) “Provisión de servicios urbanos y respuestas autogestivas en el conurbano bonaerense. El caso del agua potable y saneamiento en el municipio de José C. Paz”.
  2. El Programa Federal de Construcción de Viviendas es la política pública en materia habitacional de mayor escala en las últimas dos décadas. Se inició en el país en el año 2004, junto con el Programa Federal de Mejoramiento de Viviendas, e implicaba el financiamiento por parte del Estado nacional para la construcción de viviendas y servicios de infraestructura urbana en todo el país. La implementación y la ejecución de los proyectos quedaba a cargo de los gobiernos locales, los cuales asumían las tareas de diseño de proyectos, gestión de financiamiento, confección de pliegos y llamado a licitación pública (Di Virgilio, Aramburu y Chiara, 2017, p. 71).
  3. aysa fue creada en el año 2006 tras la rescisión del contrato de concesión con la empresa privada Aguas Argentinas S.A. Si bien inicialmente su área de competencia abarcaba la Ciudad y 17 municipios de la Provincia de Buenos Aires, a partir del año 2016 la empresa comenzó a ampliar su prestación a nueve nuevos partidos (hasta entonces a cargo de la empresa provincial Aguas Bonaerenses S.A.), por lo cual pasó a abarcar la totalidad del gba, con excepción del municipio de Berazategui, que mantiene una prestación municipal. Los partidos incorporados son: Escobar, Malvinas Argentinas, José C. Paz, San Miguel, Pilar, Presidente Perón, Moreno, Merlo y Florencio Varela.
  4. Las enfermedades hídricas son aquellas causadas por el agua contaminada por desechos humanos, animales o químicos. Entre ellas, se destacan el cólera, la fiebre tifoidea, gastroenteritis y hepatitis A.


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