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11 Beneficios y desafíos en la implementación de infraestructura azul y verde: una propuesta para la RMBA

Daniel Kozak, Hayley Henderson, Demián Rotbart
y Rodolfo Aradas

Introducción y definiciones

El concepto relativamente reciente de “infraestructura azul y verde” (iav)[1] remite al reconocimiento de las capacidades innatas del espacio verde y el agua, y de los ecosistemas en que están inmersos, de producir beneficios ambientales y de calidad de vida. En oposición al manejo histórico y convencional de los excedentes hídricos, con énfasis en la infraestructura gris,[2] la nueva iav responde a una demanda tanto para mejorar la calidad ambiental en las ciudades, como para dar una respuesta a las limitaciones de las soluciones tradicionales, mediante el aprovechamiento de los rasgos geomórficos propios de los sistemas naturales.

A partir de una revisión bibliográfica en profundidad y un estudio de caso en la Región Metropolitana de Buenos Aires (rmba), en este capítulo[3] buscamos echar luz sobre la definición de iav e identificar beneficios y desafíos para su implementación en territorios densamente poblados y con altos porcentajes de ocupación e impermeabilización del suelo, según criterios técnicos, financieros, ambientales y de gobernanza. Nuestro estudio de caso se enfocó en la pregunta: ¿hasta qué punto la implementación de iav es factible en el entorno denso de la trama urbana de la rmba como una forma más sostenible de gestionar el drenaje pluvial urbano, incluyendo el desentubamiento de cursos de agua? Si bien encontramos desafíos netamente político-institucionales, sostenemos que, complementariamente a las soluciones convencionales de infraestructura gris, es posible y beneficioso implementar iav, inclusive en contextos de alta densidad poblacional y ocupación del suelo. Nuestras conclusiones también procuran establecer relaciones con la coyuntura actual en cuanto a la pandemia de COVID-19.

El término Blue-Green Infrastructure apareció por primera vez en el mundo angloparlante en la década de 2000 (Lamond y Everett, 2019, p. 1), más o menos al mismo tiempo que el concepto de Trame Verte et Bleue surgió en Francia, como una política de conservación integrada centrada en el resguardo, la consolidación y la producción de corredores de biodiversidad a lo largo de los cursos de agua y espacios verdes que atraviesan las ciudades y regiones metropolitanas (Vimal, Mathevet y Michel, 2012). Algunos de los componentes iav son, por ejemplo, parques, reservas naturales, corredores verdes, ríos, arroyos, lagunas, humedales, reservorios de biorretención y plazas o parques inundables. Incluyen desde elementos urbanos tradicionales simples, como bulevares arbolados y jardines, hasta más sofisticados –pero aun así low-tech–, como superficies constituidas por depresiones vegetadas diseñadas para capturar y filtrar aguas pluviales (Tayouga y Gagné, 2016, pp. 2-3), cunetas verdes (green swales) y otros dispositivos de bioinfiltración (Zellner et al., 2016, pp. 116-117). Pueden ser de acceso público o restringido, a la vez que pueden asentarse sobre tierras públicas o privadas. Una de sus principales características es que brindan servicios ecosistémicos o socioambientales, como: la morigeración del efecto de isla de calor y la regulación de la temperatura en general; mejoras en la calidad del aire mediante el uso de la capacidad fitorremediadora de la vegetación urbana; reducción del ruido; captura de CO2; restitución o instauración de corredores de biodiversidad; y –nuestro principal interés aquí– un mayor control en el manejo de la escorrentía de aguas pluviales y la calidad del agua; entre muchas otras prestaciones.

Particularmente, la caja de herramientas que despliegan las iav en la planificación y gestión de las aguas urbanas plantea uno de los aspectos más innovadores de este abordaje. Existe un creciente consenso acerca de las limitaciones de las soluciones tradicionales para resolver los drenajes urbanos (e.g. Castro Fresno, et al., 2005; ciria, 2015; ciwem, 2007). El abordaje tradicional de la ingeniería hidráulica se ha concentrado históricamente en el volumen de agua que desplazar, con el objetivo de desalojarla lo más rápido y lejos posible de la ciudad, sin priorizar su calidad ni capacidad para construir espacio público y amenidad urbana. Las respuestas desde la infraestructura gris al avance de la urbanización no solo aumentaron la contaminación en los cursos de agua entubados, disminuyeron el reabastecimiento de acuíferos y descuidaron el potencial inherente de los ríos y arroyos para brindar servicios ecosistémicos y amenidad (Dhakal y Chevalier, 2016), sino que también han generado a menudo problemas de inundación en las cuencas bajas por la aceleración de los tiempos de desagüe y en la cuencas altas como resultado de obstrucciones en los entubamientos (ciwem, 2007, p. 2).

Las respuestas contemporáneas a estas problemáticas apuntan a un cambio fundamental en el diseño y la gestión del drenaje urbano. Buscan replicar los mecanismos naturales de absorción, retención y expansión,[4] con el objetivo de resolver el drenaje pluvial más cerca del sitio de origen, y a menudo incluyen proyectos de desentubamiento –es decir, la reapertura de cursos de agua que fueron canalizados y sellados o entubados– y distintos grados de renaturalización de los lechos y las márgenes de los ríos y arroyos.

Hacia una red iav en la rmva

A pesar de haber comenzado su desarrollo a la vera de varios cursos naturales de agua, la rmba es un claro ejemplo de un modelo de urbanización cuya visión de progreso, desde fines del siglo xix y comienzos del siglo xx, impulsó un rápido avance sobre ellos, mediante la materialización de entubamientos y el aumento generalizado de la impermeabilización que sepultó los rasgos naturales del sistema en pos del desarrollo de barrios, infraestructura y servicios. De modo tal que el desarrollo de este modelo de urbanización fue postergando los cursos de agua, borrándolos del imaginario colectivo y sesgando el análisis del aprovechamiento hídrico de las zonas próximas a los sistemas fluviales hacia un abordaje casi exclusivo de problemática de inundaciones y mitigación (figura 1). Ello se ve complejizado por una tradición político-institucional que se asigna como objetivo la búsqueda de soluciones bajo un marco conceptual hídrico de construcción de resistencia –es decir, aumentar la capacidad de evacuación de las aguas– y no de convivencia con sus sistemas naturales.

De esta manera, la gestión del espacio urbano comenzó a moldear la disciplina hídrica, impulsando la construcción de importantes obras de infraestructura bajo el mandato del desarrollo de una red de desagües pluviales con una concepción claramente evacuatoria. La observación del desarrollo de estas obras en el tiempo, apelando al caso de la rmba, nos interpela sobre la necesidad de un cambio de paradigma de la gestión hídrica del territorio urbano que sea más comprehensivo de sus recursos naturales con el fin último de proteger la ciudad de las inundaciones, pero al mismo tiempo de aprovechar el potencial de los cursos de agua para la mejora de su espacio público.

Figura 1. Ciclo histórico de aumento de impermeabilización de las cuencas, inundaciones y aumento de infraestructura gris

p. 229

Fuente: elaboración propia, incluyendo imágenes de agn; Archivo aysa; Página12; gcba.

Desentubar arroyos urbanos en la rmba

La presencia de arroyos a cielo abierto en ciudades como Buenos Aires, constituidas principalmente por planicies aluviales, era entendida o como una potencial amenaza –la de la inundación– o como el sitio de la marginalidad, el lugar de “orilleros” y “malandras”. En este modelo histórico, el lugar de los arroyos urbanos era el de sitio postergado a la espera del progreso. El modelo actual de infraestructura hidráulica en Buenos Aires, y en la mayoría de las ciudades de nuestra región, se concentra principalmente en la evacuación del agua, sin priorizar su calidad ni capacidad para construir espacio público –tal como describimos más arriba–. Nuestra propuesta plantea la implementación de un Plan iav para la rmba, que incluya el paulatino desentubamiento de cursos de agua y su restauración junto con la recuperación de superficie absorbente y capacidad de retención en las cuencas urbanas, lo que implica la creación de nuevos espacios públicos dentro de las cuencas intervenidas (figuras 2 y 3).

Figura 2. Modelos histórico, actual y deseado, según nuestra propuesta de desentubamiento de arroyos urbanos para la rmba, fotografías y fotomontaje para el caso del arroyo Maldonado

p. 230

Fuente: elaboración propia, incluyendo imágenes del agn (fotografías 1891, 1925 y 1937).

Figura 3. Fotomontaje con propuesta de incremento de capacidad de absorción y retención de agua mediante suds y ampliación de espacio público para modos no motorizados (izq.) y superficie absorbente y reservorios propuestos para la cuenca del arroyo Medrano (cam) (der.)

p. 231

Fuente: elaboración propia.

La red de iav que proponemos, nuestro modelo deseado, opera mediante tecnología modular que permite sumar niveles de sofisticación sobre las intervenciones y ampliar su capacidad para lograr mayor resiliencia en el tiempo. Se puede combinar con tecnologías convencionales y se complementa con la infraestructura existente. Puede comenzar por microintervenciones a escala de una cuadra y ser escalado en red hasta llegar a la totalidad de la cuenca a partir de micro y macroproyectos combinados. En el mismo sentido, la etapabilidad de las obras es más operativa comparada con la de la infraestructura gris. Puede ser descentralizada, y adaptarse a presupuestos acotados y entornos construidos variables.

Este modelo también aumenta el espacio público en las áreas de intervención, donde usualmente es más necesario. En muchas ciudades de nuestra región, las cuencas bajas y zonas inundables están habitadas por la población más vulnerable, en viviendas con altos niveles de hacinamiento y barrios con escaso espacio verde público. Particularmente, el déficit crítico de espacio verde que existe en Buenos Aires ha sido subrayado durante la actual crisis de COVID-19, no solamente en los barrios de menores recursos, sino en toda la ciudad, donde la demanda para realizar actividades al aire libre con distanciamiento constituye un nuevo reto. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (caba) cuenta con menos de 6 m2 de espacio verde por habitante[5] –muy por debajo de las recomendaciones de la oms–, y su distribución es considerablemente desigual. Nuestra propuesta aumenta la superficie verde pública y contribuye a que sea más accesible y esté distribuida de forma más equitativa.

También brinda la oportunidad de democratizar la gobernanza urbana a escala metropolitana al involucrar distintos actores gubernamentales y no gubernamentales. Los comités de cuenca –que tendrían el mandato de gestionar los arroyos desentubados– cuentan, por definición, con la potencialidad de expandir la colaboración intersectorial para incluir actores no gubernamentales y mejorar la coordinación horizontal entre gobiernos locales y la coordinación vertical entre los tres niveles de gobierno.

Una red robusta de iav disminuye el riesgo de inundaciones y mejora la calidad del agua en los sistemas pluviales y sus desembocaduras, a la vez que potencia la movilidad sustentable y contribuye a la mejora de la calidad ambiental mediante la prestación de servicios socioambientales. Las ciudades con mejores redes de iav, ceteris paribus, cuentan con más recursos para sobrellevar la actual pandemia. En primer lugar, por la alta correlación entre calidad ambiental y letalidad del COVID-19, particularmente en cuanto a la contaminación atmosférica.[6] Pero también en términos de disponibilidad de contacto con entornos naturales para favorecer la salud mental de la población;[7] más aún si los espacios verdes y azules conforman una red de movilidad para peatones y ciclistas.

La construcción de la iav y su mantenimiento demandan tecnología simple y de desarrollo local, lo que disminuye la dependencia de importación de componentes, participación de empresas extranjeras y consumo de divisas. Tienen una mayor incidencia de la mano de obra[8] con relación al costo total de las inversiones, lo que ayuda a generar empleo. Además, la mano de obra es contratada a nivel local, por lo general mediante contratos de construcción y prestación de servicios de mantenimiento, incluyendo a la comunidad y las cooperativas locales, para realizar diversas tareas, desde jardinería hasta limpieza. Por otra parte, la reducción o control de inundaciones genera ahorros por la disminución de daños.

Una red iav de estas características impulsa la posibilidad de producir valorización del suelo por dos vías en entornos urbanos con riesgo hídrico: la relacionada con la disminución del riesgo de inundación; y la que se genera a partir de las mejoras en el espacio público y las cualidades ambientales del entorno urbano. De forma comparativa, el abordaje hidráulico tradicional opera solo sobre la primera variable. Esta valorización doble habilita la aplicación de instrumentos de captación de plusvalía por parte del Estado con un alto grado de efectividad y podría financiar parte de las obras, lo cual reduciría la necesidad de financiamiento o generaría un flujo financiero que permitiera devolver créditos iniciales.

Ejemplo de aplicación del Plan iav para Buenos Aires: el caso de la cuenca del arroyo Medrano (cam)

Con el fin de ejemplificar la aplicación del Plan iav propuesto, sintetizamos algunos resultados de un estudio en profundidad que realizamos recientemente (Kozak et al., 2020a). Partimos del estudio de proyectos antecedentes en los que la disminución del riesgo hídrico y las mejoras en el espacio verde público produjeron incrementos en el valor del suelo, con el fin de modelar el comportamiento esperable del mercado inmobiliario local a partir de la implementación de medidas iav en la cuenca del arroyo Medrano (cam), nuestro caso de estudio. Finalmente, evaluamos la implementación de herramientas que permitirían recuperar parte de esta valorización inmobiliaria, junto con la posibilidad de mejorar el funcionamiento hidráulico de la cuenca sobre la base de iav, calculando las obras necesarias y considerando la factibilidad política de la implementación del plan.

Estudio de seis variables en tres escenarios

Para poner a prueba nuestra principal hipótesis de trabajo, llevamos adelante un estudio de seis variables con el fin de cuantificar aspectos financieros, de riesgo hídrico y ambientales en tres escenarios comparativos:

  1. gran infraestructura gris, iav menor;[9]
  2. infraestructura gris menor, gran iav; y
  3. gran infraestructura gris, gran iav.

En el escenario I, contábamos con las variables costo de producción (cp), valorización de suelo (vs) y nivel de protección (np), y calculamos costo de producción recuperable (cpr) como un porcentaje entre la acumulación de la recuperación de plusvalía acumulada en 30 años (rpa) –también calculada para este trabajo– sobre el costo de producción. La cuantificación de la variable áreas potencialmente tratadas (apt) contribuye a la evaluación de la eficiencia en el tratamiento de calidad de agua. En el escenario II, mantuvimos fijo el np –en una recurrencia de 10 años, como en el escenario I– para facilitar la comparación de las otras variables. Finalmente, en el escenario III, recalculamos las variables cp, vs, cpr y apt, repitiendo el procedimiento a partir de la obtención de la nueva variable np que surge como resultado de la superposición de las características hidráulicas y físico-espaciales del escenario I por debajo del nivel del suelo y del escenario II a cielo abierto (tabla 1 y figura 4).

Tabla 1. Síntesis del estudio de seis variables para tres escenarios en la cam

p. 235

Fuente: elaboración propia.

Figura 4. Secciones esquemáticas para el arroyo Medrano en los tres escenarios analizados

p. 236

Fuente: elaboración propia.

La escalabilidad de las iav permite plasmar una estrategia de implementación diferenciada en cuanto a escala de intervención, beneficiarios y objetivos. Entre los principales atributos de las iav, se encuentra su carácter distribuido, localizado y con un marcado uso de elementos naturales que permite plantear una estrategia modular y progresiva cuya implementación, si bien debe basarse en una tutela técnica e institucional a nivel de cuenca, puede llevarse a cabo a nivel comunal con un fuerte empoderamiento de la población, tanto en la definición del proyecto, como en su posterior mantenimiento. Esta lógica tiene un sustento en el concepto técnico de gestionar el agua en un entorno puntual o de fuente que permite tener una rápida respuesta a nivel de la comunidad que ve un abordaje a problemas tangibles y próximos (como es el caso de la acumulación de agua de lluvia), al mismo tiempo que genera una puesta en valor de su entorno urbano barrial.

Cuando este mecanismo se escala a nivel de corredor fluvial –por ejemplo, en el tratamiento de tramos de margen o desentubamiento de los cursos de agua– o a nivel de cuenca, cuando estas medidas alcanzan la mayor parte de la red hídrica urbana, los beneficios comunales se sinergizan para lograr un estándar de protección frente a las inundaciones, mejorar la calidad de agua en los cuerpos de agua receptores (en el caso del arroyo Medrano, el Río de la Plata) y una importante valorización del suelo.

Para calcular la valorización que pueden generar las obras en la cam, trabajamos con dos tipos de mejoras, la mitigación de inundaciones que ocurriría en todos los escenarios propuestos y la mejora de la calidad urbano-ambiental presente en los escenarios II y III (basados en iav), que a su vez puede dividirse en obras de desentubamiento del curso principal del Medrano y reacondicinamiento y creación de espacio público.

Las tres condiciones de valorización estudiadas se combinan en función de las características de los tres escenarios propuestos, permitiendo calcular la valorización total esperada en cada escenario. Para el escenario I, la valorización está determinada solo por la reducción de inundaciones. En el escenario II, se suma a la valorización presente en el escenario I la generada por las obras de iav, tanto las relacionadas con el desentubamiento como por el tratamiento del espacio público. Por último, en el escenario III, a la valorización del caso anterior se le suma un adicional por el aumento de la protección contra las inundaciones, que se eleva de una recurrencia de 10 años a una de 50 años (tabla 1 y figura 5).

Figura 5. Nivel de valorización máxima de las parcelas en la cam combinando las tres variables

p. 238

Fuente: elaboración propia.

Evaluamos la posibilidad de recuperar parte o toda la valorización generada por las obras proyectadas para la cam en los distintos escenarios y la pertinencia y factibilidad de aplicación de distintas herramientas de recuperación de valorización que permitirían financiar parcial o totalmente las intervenciones propuestas o su mantenimiento: la venta de derechos de construcción, la contribución por mejoras, y el impuesto inmobiliario. En este sentido, proponemos combinar formas tradicionales de financiación de obras hidráulicas, como presupuestos locales de obra pública y créditos de organismos multilaterales, con recursos provenientes de la valorización generada por las propias obras.

Al combinar las distintas herramientas de recuperación de valorización, se pueden calcular los ingresos combinados por escenario y evaluar el impacto relativo de cada una, como así también comparar los montos recuperables con relación al costo de las obras y la valorización total generada. Respecto al costo de producción, el escenario I permite recuperar el 58 %, el escenario II, entre el 85 y 110 %, y el escenario III, entre el 75 y el 92 % (tabla 1). En este sentido, el único escenario en que se recupera el total del costo de las obras es el escenario II en el extremo superior del rango, el cual tiene la mejor relación costo de producción-recuperación. Esto se debe a que el costo de obra es el más bajo de los tres escenarios, al tiempo que genera una gran valorización sobre las parcelas afectadas, por lo que es el escenario con mayor porcentaje de recuperación asociado al cobro sobre la constructibilidad e incremento del impuesto inmobiliario.

Dentro de este esquema de recuperación de valorización, verificamos la ausencia de posibles casos de doble o triple imposición, lo que sucedería si se aplicara más de un tributo o herramienta sobre la misma parcela y por el mismo hecho imponible. También consideramos la capacidad contributiva o principio de la capacidad de pago (Villegas, 1993) de los propietarios involucrados, proponiendo una solución que evite generar impactos económicos negativos en la población residente en la cuenca, característicos en muchos procesos de valorización de suelo.[10]

Desafíos de la iav en la gestión de aguas urbanas

Como ha sido demostrado en la literatura internacional (e.g. Thorne et al., 2018) y en nuestro caso de estudio en la rmba, llevar un enfoque iav al manejo de aguas urbanas no solo es factible desde una perspectiva de ingeniería hidráulica, sino que también ofrece oportunidades de diseño urbano, beneficios ambientales y nuevas posibilidades para financiar la infraestructura. Sin embargo, existen considerables desafíos para avanzar en esta transformación desde la gobernanza. Varios de ellos fueron subrayados durante entrevistas semiestructuradas en profundidad que realizamos a funcionarios de los tres niveles de gobierno y representantes de los bancos multilaterales que financian las grandes obras de hidráulicas en la rmba.

El primer desafío es la necesidad de una priorización política de la iav: contar con una gestión relativamente estable a largo plazo –con un acuerdo bipartidista o que pueda sobrevivir a los cambios en administración– que a su vez pueda manejar las microescalas y las dispersiones de las intervenciones de la iav, a diferencia, por ejemplo, de un manejo de cuenca a partir de una o pocas obras de entubamiento. Según algunos funcionarios entrevistados, las “diferencias de signo político” entre las jurisdicciones involucradas en la gestión del agua urbana pueden producir diferencias en prioridades que son difíciles de manejar para pensar y financiar estrategias a largo plazo.

Segundo, la limitación de recursos de las instituciones públicas implica que se vean forzados a “responder a emergencias”, y es difícil generar apoyo y recursos para la planificación de proyectos de largo plazo.

Tercero, la contraparte del péndulo de la política pública es una inercia de elegir lo seguro, de ir por el camino de siempre –también presente en otros contextos (ver Dhakal y Chevalier, 2016)–, incluyendo la replicación de la ingeniería de gran escala vinculada a intereses privados muy concentrados y la necesidad de encajar en los marcos de los préstamos de organizaciones multilaterales.

Respecto a la gobernanza, un cuarto desafío para la gestión del agua en general –tanto en iav como en infraestructura gris– es la construcción de una estructura de gobernanza adecuada para el manejo integral de las cuencas y los cursos de agua. En el contexto de la rmba, muchas veces se requiere un trabajo interjurisdiccional entre tres niveles de gobierno, con una asimetría institucional muy marcada entre ellos. En el caso de la cam, existe una estructura de gestión interjurisdiccional desde 2016 para su gestión –el Comité Interjurisdiccional de la Cuenca del Arroyo Medrano (cicam)–, que ha funcionado como foro para un intercambio entre los funcionarios de las respectivas jurisdicciones para consensuar algunos aspectos del Plan Maestro. El cicam opera en función de una obra predeterminada y sin competencias para contemplar alternativas en la planificación estratégica de la cam. Por otra parte, la participación de los municipios de la provincia en su mesa técnica es infrecuente y tampoco cuenta con una participación no gubernamental por parte de los interesados privados, académicos y de la sociedad civil. La iav como estrategia estructural para una cuenca requeriría la participación de dichos actores para su diseño y gestión. Como comentó un funcionario: “Lo difícil de una propuesta iav grande es que son más atomizadas que las propuestas tradicionales; son más complicadas que una única obra con un único financiamiento” (Kozak et al., 2020a, p. 124).

Más allá de la estructura general de gobernanza, también existen desafíos con relación a la dimensión institucional. Específicamente, el conjunto actual de normas y procesos administrativos para la gestión hídrica es muy complejo, e involucra un amplio espectro de organismos públicos con distintos plazos y fuentes para su asesoramiento, financiamiento e implementación. También es necesario recopilar y sistematizar datos relevantes a la gestión hídrica para el diseño y la gestión de la iav (y de la infraestructura gris), y una mayor fluidez en el intercambio de información entre áreas y niveles de gobierno (y con el público). Finalmente, la iav no está ampliamente contemplada dentro de las normas y procesos existentes, y –como en otros lugares del mundo (ver Staddon et al., 2018)– hay una ausencia de estándares generales para guiar su diseño y gestión. En este sentido, el sistema actual funciona para reforzar una gestión hídrica muy dominada por una mirada tradicional de la ingeniería hidráulica, con las mismas medidas aplicadas para evaluar la eficacia de la iav y la infraestructura gris, lo cual desalienta algunas propuestas que demostrarían beneficios no contemplados (por ejemplo, en la salud de la población y la contribución de áreas verdes).

Conclusiones

Uno de los aspectos que quedan claros a partir de la actual crisis del COVID-19 es la importancia de los servicios socioambientales en las ciudades y la necesidad de conferirle entidad a la principal red que los provee: la red iav. La pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con más espacio verde público y de mayor calidad, de aumentar el contacto con entornos naturales en nuestras ciudades, en forma de plazas, parques, reservas naturales y corredores azules y verdes. No solo es vital incrementar la cantidad de superficie verde pública por habitante, sino lograr que su distribución sea equitativa y principalmente asegurar su accesibilidad. La red iav amplía el espacio público de la ciudad, construye corredores de biodiversidad, enlaza espacios verdes y azules distantes, brinda soporte para la movilidad no motorizada y presta servicios socioambientales, como un mayor control en el manejo de la escorrentía de aguas pluviales y la calidad del agua.

El abordaje que proponemos en cuencas altamente urbanizadas apunta a comenzar por agotar todas las instancias y oportunidades de inclusión de iav, principalmente en términos de aumento de la capacidad de retención y absorción del sistema. Una vez establecida la máxima contribución de iav estimada, y determinado el nivel de protección frente al riesgo hídrico al que se aspira, se dimensiona la infraestructura gris (por ej. túneles aliviadores) para alcanzar ese nivel de protección. Así fue calculado el escenario II de nuestro trabajo, en donde la mayoría de los eventos hídricos serían resueltos por iav, lo que permitiría mejorar en gran medida la calidad del agua en la desembocadura del arroyo Medrano en el Río de la Plata. La infraestructura gris –los túneles aliviadores– cumplirían la función de un sistema de alivio que se activaría solo en los casos en que la capacidad de la iav se viera superada. Ello implica que el funcionamiento de la infraestructura subterránea no debería ocurrir por vasos comunicantes, como usualmente se proyecta, sino por desborde, una vez que estén saturadas la absorción y la retención del sistema. Es decir, no sería parte del manejo cotidiano del agua pluvial de la cuenca. En el mejor de los casos, cumpliría un rol solamente en lluvias excepcionales muy distanciadas en el tiempo. El diseño de estos sistemas requeriría estructuras complejas de desborde, con la dificultad que implica establecer un nivel óptimo para transferir agua del sistema existente al túnel aliviador. Sin embargo, estos reducirían significativamente la contaminación en la boca del cauce. Por otra parte, cabe recordar que el tipo de evento en donde funcionarían los túneles aliviadores para absorber el caudal excedente sería notablemente menos contaminante que la polución cotidiana que arrastra la escorrentía superficial en los sistemas convencionales de infraestructura gris.

Nuestras primeras hipótesis de trabajo y la revisión bibliográfica inicial nos impulsaron a abordar este estudio de un modo multidisciplinar, planteando coordinadamente las dimensiones ambiental, de ingeniería hidráulica, proyectual, financiera y político-administrativa. De este modo, intentamos contrastar un enfoque unidimensional predominante –en donde la gran mayoría de la inversión está dirigida a asegurar un paisaje seco– con una propuesta en donde la distribución de la inversión económica tiene como objetivo buscar formas de incluir el ciclo hidrológico en la ciudad de forma segura y no invisibilizar el agua de la vida urbana. Emprender este camino no es una tarea fácil, especialmente en entornos urbanos densos donde es difícil reemplazar superficie impermeable por suelos absorbentes a gran escala, entre otras limitaciones. Los mayores beneficios de este abordaje y la generación de más valorización urbana, que podría usarse en parte para financiar las intervenciones, podrían ser un aliciente para intentarlo. Por otra parte, es fundamental conseguir apoyo político a fin de abordar los cambios en las estructuras institucionales para poder guiar este tipo de transformaciones. Hay indicios claros y un creciente consenso académico sobre los beneficios de seguir en esta dirección.

Referencias

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Castro Fresno, D., Rodríguez Bayón, J., Rodríguez Hernández, J. y Ballester Muñoz, F. (2005). “Sistemas urbanos de drenaje sostenible (suds)”. Interciencia, 30(5), 255-260.

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Staddon, C., Ward, S., De Vito, L., Zuniga-Teran, Gerlak, A. K., Schoeman, Y., Hart, A. y Booth, G. (2018). “Contributions of green infrastructure to enhancing urban resilience”. Environment Systems and Decisions, 38(3), 330-338.

Tayouga, S. J., Sara, A. y Gagné, S. A. (2016). “The Socio-Ecological Factors that Influence the Adoption of Green Infrastructure”. Sustainability, 8, 3-17.

Thorne, C. R., Lawson, E. C., Ozawa, C., Hamlin, S. L. y Smith, L. A. (2018). “Overcoming uncertainty and barriers to adoption of Blue-Green Infrastructure for urban flood risk management”. Journal of Flood Risk Management, 11, 960-972.

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Agradecimientos

Esta investigación fue financiada por el Programa para América Latina y el Caribe del Lincoln Institute of Land Policy (Grant L24Q001-LHH091418); el Proyecto conexus en el marco del Programa de Investigación e Innovación Horizon 2020 de la Unión Europea (Grant Agreement ID 867564); el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; y la Universidad de Buenos Aires.

Agradecemos a Gabriel Olivares por su contribución en el análisis del desempeño hidráulico. También a Andrés Juan y Luis Baer por sus aportes metodológicos para el análisis del valor de la tierra, y a Camila Lennon, Pilar Costa, Natalia Felder, Eliana Ghia y Paula Romano por producir las imágenes que ilustran este texto.


  1. También designado como bgi por sus siglas en inglés.
  2. Denominamos aquí “infraestructura gris”, en contraste con la verde o la azul y verde, a la infraestructura pluvial convencional, generalmente subterránea e impermeable.
  3. Este capítulo retoma algunos de los temas desarrollados en el Documento de Trabajo del Lincoln Institute of Land Policy “Implementación de Infraestructura Azul y Verde (iav) a través de mecanismos de captación de plusvalía en la Región Metropolitana de Buenos Aires. El caso de la Cuenca del Arroyo Medrano” (Kozak et al., 2020a), cuyos resultados preliminares fueron publicados en “Blue-Green Infrastructure (bgi) in Dense Urban Watersheds. The Case of the Medrano Stream Basin (msb) in Buenos Aires” (Kozak et al., 2020b).
  4. En otras palabras, buscan recuperar la interacción natural del lecho del curso de agua con sus geoformas naturales, típicamente las llanuras aluviales y sus formas asociadas.
  5. Ver: bit.ly/3szE0ND.
  6. Ver, por ejemplo, Bhaskar et al. (2020). Más allá de la actual pandemia, ya era bien conocida la magnitud de los efectos nocivos para la salud de la polución atmosférica –principalmente producida por la emisión de los motores de combustión interna– en términos de incidencia en el aumento de enfermedades respiratorias, trastornos en el desarrollo cognitivo y muertes prematuras.
  7. El acceso a los espacios verdes reduce en los niños el riesgo de desarrollar un amplio abanico de trastornos durante la adolescencia y la adultez. Es una intervención importante en la edad temprana para reducir el riesgo de la depresión, la ansiedad y el abuso de drogas. Ver, por ejemplo, Engemann et al. (2019).
  8. Esta, a su vez, es menos calificada, lo que permite brindar trabajo a las comunidades locales y consecuentemente contribuir a la recuperación económica pospandemia.
  9. El escenario I refleja el reciente “Plan Maestro de Drenaje Urbano de la Cuenca del Arroyo Medrano” (pmdu cam) de CH2M Hill Argentina (2019), financiado con recursos de la Comisión Europea a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (aecid) y el Banco Interamericano de Desarrollo (bid), presentado al Comité Interjurisdiccional de la Cuenca del Arroyo Medrano (cicam) en febrero de 2019.
  10. Para el desarrollo extendido de este estudio, ver Kozak et al. (2020a).


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