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Introducción

Puentes, caminos, túneles, canales, puertos, represas, redes de agua o de cloacas, de gas y telefónicas, entre otros, conforman el soporte material de diferentes sistemas (de transporte, de comunicaciones, de riego, sanitario, energético, alimentario, etc.). Tales soportes, llamados “infraestructuras”, median entre sociedad y naturaleza (Graham y Marvin, 2001) en cuanto sistemas tecnológicos que requieren de saberes y trabajo humano y obedecen a las reglas de la organización social. Al mismo tiempo, puede afirmarse que las infraestructuras producen lo social, dado que generan nuevas prácticas y relaciones. También demandan y promueven saberes específicos, tanto científico-tecnológicos como burocráticos (Plotkin y Zimmermann, 2012), que se articulan con otros saberes caracterizados como prácticas contextualizadas y enraizadas en la experiencia local –denominados como “saberes desbordados” (Plotkin, Caravaca y Daniel, 2017)–. Estos artefactos transforman el territorio a escala urbana, regional o global, promoviendo la generación de espacios de nuevo tipo. En forma de redes, las infraestructuras conectan y desconectan, conduciendo y regulando flujos (de información, personas, dinero, recursos, etc.). Movilizan, además, fuerzas sociales, políticas y recursos materiales. Generan expectativas y frustraciones. Y, simbólicamente, encarnan ideas y valores sobre lo nacional, el progreso, la modernidad, etc. 

Las infraestructuras han adquirido un nuevo interés para las ciencias sociales, como los estudios sociales de la ciencia y tecnología, la geografía, la sociología y la antropología (Anand, Gupta y Appel, 2018; Graham, 2010; Graham y Thrift, 2007; Harvey y Knox, 2012; Larkin, 2013; Latour, 1993; Leigh Star, 1999). Existe una amplia producción desde la historia de la tecnología, que acuñó importantes conceptos como los grandes sistemas técnicos (Huges, 2012) o el sublime tecnológico (Nye, 1994). Las infraestructuras han sido también objeto de indagación de la historia urbana, donde son vistas desde las nociones de red (Tarr y Dupuy, 1988), de sistemas circulatorios o metabolismo urbano (Gandy, 2004; Tarr, 2002) o en la relación con el agua y la ciudad (Kaika, 2005; Melosi, 2008). También fueron problematizadas desde la idea de ruinas de la modernidad (DeSilvey y Edensor, 2012). Si bien ha predominado el abordaje, desde diferentes perspectivas, de las infraestructuras como objeto de estudio, el nuevo interés ha llevado a desarrollar el término “infraestructura” como concepto, extendiendo el objeto de estudio a cosas que a primera vista no definiríamos como tales. Quizás, el caso más paradigmático sea el de la definición de Simone (2004) de people as infrastructure. El reciente libro de Andreas Marklund y Mogens Ruediger (2017) Historicizing Infrastructure, por otro lado, es muestra del interés por historizar y problematizar este objeto más allá de un subcampo en particular (historia económica, urbana, ambiental o de la tecnología).

La historiografía en Latinoamérica también se ha ocupado de las infraestructuras. En rigor, varios de los trabajos presentados en este libro responden a esta línea de investigación. A modo de ejemplo, podríamos nombrar la importancia de la historia de la carretera en este campo (Ballent, 2005; Booth, 2014; Ficek, 2016; Freeman, 2011; Piglia, 2014). 

A pesar de estos antecedentes, en su mayoría la producción de estos estudios ha sido llevada a cabo en y desde el norte global, habitualmente en inglés. El reciente dossier en la revista Tapuya (Velho y Ureta, 2019) sobre infraestructuras latinoamericanas es una señal de la creciente vitalidad de la temática en el campo académico regional y más allá de las disciplinas especializadas o saberes técnicos que construyen y operan dichas infraestructuras, pero aun así se trata de artículos en inglés. Por ello, se torna importante comenzar a mostrar líneas de investigación que vienen trabajando hace tiempo sobre las historias de las infraestructuras en América Latina junto al nuevo abordaje que propone las ciencias sociales y hacerlo en un volumen editado en español. 

Este libro tiene, justamente, esa finalidad. Nace del taller “Pensar las infraestructuras en Latinoamérica”, llevado a cabo el 23 y el 24 de noviembre de 2020, en el marco del proyecto, financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), PIP 11220150100466CO, denominado “Infraestructura, Estado y sociedad. Análisis histórico de espacios de circulación en el ámbito urbano, regional y nacional. Argentina 1900-1960”, y es parte de las actividades del Laboratorio Espacio, Tecnología y Cultura (perteneciente al Centro de Historia Intelectual e Instituto de Estudios Sociales sobre la Ciencia y Tecnología, Universidad Nacional de Quilmes). Allí nos convocamos dieciocho investigadores de Argentina, Brasil, Chile, México, Puerto Rico y Colombia, pertenecientes a campos como la historia, el urbanismo, la antropología y la sociología, para dar a conocer resultados de nuestros trabajos y discutir tipos de abordajes, métodos y teorías. 

Las disciplinas académicas reunidas en el taller muestran no solo diferentes intereses por este objeto, sino la variedad de perspectivas: desde estudios históricos hasta propuestas proyectuales. A su vez, los casos ponen de relieve los diversos tipos de infraestructuras que pueden ser estudiadas. Estas abarcan sistemas de transporte (viales, urbanos, ferroviarios y aéreos), hídricos (represas, aguas sanitarias, ríos urbanos) y espacios urbanos como parques o mercados. Los modos de abordaje y preguntas de investigación dan cuenta no solo de la planificación, construcción y usos de estas infraestructuras, sino también de una trama de relaciones que ellas generan entre sociedad, Estado, cultura, territorio, tecnología, paisaje, saberes expertos, política, naturaleza, entre otros.

Estructura del libro

Sin dudas, hay dos grandes tipos de infraestructuras que han sido largamente estudiadas: los ferrocarriles y las carreteras. Ambas se relacionan tanto con la economía como con la construcción de territorios a escala internacional, nacional, regional o urbana. Respecto a los ferrocarriles, el libro reúne cuatro trabajos que abordan, precisamente, estas diferentes escalas.

El trabajo de Dhan Zunino Singh aporta una perspectiva transnacional a la biografía de los sistemas de ferrocarriles subterráneos o metros de tres ciudades latinoamericanas (Santiago de Chile, México y San Pablo) durante las décadas de 1960-1970, en un recorrido que atiende tanto a las circulaciones de las tecnologías y los expertos extranjeros, como también a los técnicos, capitales e innovaciones locales y a los ensamblajes a los que dieron lugar.

Vinculando pasado y presente, Marcelo Mardones se pregunta por la relación entre el tren y la ciudad, a propósito del caso de la construcción y el declive del ferrocarril de circunvalación en torno de Santiago de Chile (1890-1994), observando tanto las relaciones materiales entre este medio de transporte y el espacio urbano, como las representaciones que esta relación produce.

A través de una etnografía sobre los ferrocarriles metropolitanos de Buenos Aires durante la década de 2010, Stephanie McCallum aborda la crisis desatada por uno de los más trágicos accidentes ferroviarios de la Argentina y la posterior renovación de la flota, poniendo de relieve uno de los problemas típicos de la infraestructura: su reparación y mantenimiento. Esta problemática es analizada, también, como efecto de políticas de privatización, estatización y procesos contradictorios entre ruinación y modernización.

Observando estas mismas tensiones tecnológicas o de la idea de modernización técnica, Maximiliano Velázquez aborda los sistemas ferroviarios latinoamericanos. Desde una perspectiva transnacional, analiza la heterogeneidad de la infraestructura ferroviaria, sus prácticas y representaciones y las dificultades que dicha caracterización ha generado para que se convierta en un factor de integración entre los países de la región. Pero también, al explicar la complejidad de los procesos de mantenimiento, involucrando una multiplicidad de factores, da cuenta de la relación entre lo humano y lo no humano propio de toda infraestructura de transporte.

Las carreteras han sido en la historia del transporte y las tecnologías uno de los objetos más estudiados. En cuanto infraestructuras destinadas al automóvil o infraestructuras viales, no solo se presentaron como una superación de los sistemas guiados (ferrocarriles y tranvías), expresando un nuevo momento de innovación técnica, velocidad y eficiencia, sino que ocuparon un lugar privilegiado en las políticas estatales desde la década de 1920 como símbolo de progreso. Nuevamente, el presente volumen nos ofrece el desarrollo de una infraestructura destinada al automotor en diferentes escalas y, por lo tanto, morfologías: desde carreteras a autopistas. Valeria Gruschetsky observa, a través del estudio histórico de los accesos viales a la Ciudad de Buenos Aires (1920-1960), el modo en que la infraestructura vial se relaciona con el territorio metropolitano, mostrando el desarrollo de diferentes tipos de accesos según usos y representaciones (tanto en las voces de expertos, como en el imaginario urbano) que se tienen o se esperan de esos espacios.

A escala nacional, Alexis de Greiff focaliza su estudio en los albores del sistema de carreteras colombiano (1920-1931) para analizar la fragmentación territorial, política y social del país. A través de la historia material de la infraestructura de carreteras, en particular de la región de Antioquía, analiza el funcionamiento del Estado colombiano, explorando las tensiones y conflictos entre las jurisdicciones (nacional y regional), los expertos, los intereses socioeconómicos y los factores no humanos encarnados en la propia carretera y su entorno.

Esta última tensión también es analizada por Rosa Ficek en su trabajo sobre el proyecto de construcción del único tramo no completado de la carretera Panamericana en el Darién panameño. La construcción parcial de la carretera se convierte en la posibilidad de incorporar aquellas voces silenciadas en los proyectos y así reflexionar sobre las relaciones entre infraestructuras, Estado y medioambiente. 

Tanto la historia urbana como la historia ambiental y los recientes estudios de ciencia y tecnología han dado un lugar importante al agua y sus diferentes usos y relaciones con el territorio. Reunimos en este libro varios trabajos que reflejan estos intereses, ya sea a través de estudios de ríos urbanos, represas u obras sanitarias. Fernando Williams y Anahi Ballent se ocupan de un tipo de infraestructura vinculada al agua: los diques y represas. Ballent aborda el caso del dique Río Tercero (Córdoba, Argentina) desde una perspectiva de historia cultural, analizando las transformaciones del sentido de la obra: del modelo del territorio como vergel, con su foco en el riego, al de la industrialización, que veía en las represas posibilidades energéticas; capas de sentido a las que se suman otras, como el uso recreativo o las representaciones estéticas de la obra. Williams hace foco en otro momento de la mirada sobre estas infraestructuras, la declinación del paradigma de las represas hidroeléctricas –tomando como caso las de la Patagonia argentina– desde los años 90, centrándose en los argumentos en torno de estas grandes obras, ambientales, paisajísticos, energéticos.

Los usos de las infraestructuras del agua en las ciudades son analizados desde la sociología en el trabajo de Melina Tobías, a través de los problemas en el servicio de agua y saneamiento en un barrio del Área Metropolitana de Buenos Aires, construido en la última década bajo el Plan Federal de Vivienda. Tobías analiza el rápido deterioro y las fallas del servicio y, especialmente, el modo en que los usuarios gestionan una infraestructura precaria. También a una escala urbana, el agua tiene una presencia que muchas veces se encuentra oculta en forma de ríos entubados. Desde una perspectiva urbanística, Daniel Kozak, Hayley Henderson, Demián Rotbart y Rodolfo Aradas analizan los beneficios y desafíos de la implementación de infraestructura verde y azul en la Región Metropolitana de Buenos Aires, en cuanto política innovadora en la planificación y gestión de las aguas urbanas. Tomando como caso de estudio la cuenca del arroyo Medrano, presentan una propuesta que pone en valor los servicios socioambientales en ciudades de alta densidad a partir de una mirada multidisciplinar en la gestión de la infraestructura hídrica. La propuesta de los autores para recuperar algunos tramos del curso de agua del arroyo Medrano, entubado por las políticas imperantes de mirada unidimensional, abren nuevas alternativas para pensar la relación entre las infraestructuras hídricas y la ciudad.

Continuando con el debate de orden urbanístico o de la planificación de infraestructuras urbanas, entre las diversas infraestructuras que sostienen el funcionamiento de una ciudad, Paola Jirón y Walter Imilán ponen su atención en aquellas relacionadas con la movilidad no motorizada, analizando las intervenciones tácticas o temporales a las que la pandemia de COVID-19 ha puesto en el centro de las iniciativas de intervención urbanística, preguntándose acerca de su capacidad para generar, en el tiempo, infraestructuras permanentes y de alta calidad. 

Finalmente, se discute en este libro otra infraestructura de transporte ícono de la modernidad como la destinada a la aeromovilidad: los aeropuertos. El trabajo de Melina Piglia aborda la modernización aeroportuaria en la década de 1960 en Argentina en el marco de modelos desarrollistas para América Latina y en el contexto de una dictadura a nivel nacional. Observa cambios y continuidades en la política de la aviación comercial y en la atención que cobra su infraestructura terrestre, especialmente en el interior del país, la cual debe adaptarse a las innovaciones técnicas de la aviación. Felipe Mujica y Vinicius Rocha Bíscaro observan los aeropuertos de Brasil durante la década de 2010 desde el punto de vista de los pasajeros. A través del análisis estadístico de fuentes públicas, como las encuestas de satisfacción de servicios, el trabajo resalta el impacto positivo de los cambios en las políticas públicas del sector aéreo, que van desde el cambio de administración (de la militar a la civil) hasta la mayor intervención del sector privado en la modernización y gestión del servicio, en un contexto de fuerte incremento de los viajes aerocomerciales. 

De la lectura de los textos, así como en los debates ocurridos durante el taller, se desprenden no solo afinidades temáticas y disciplinarias, sino también perspectivas y conceptos sobre problemáticas transversales a los objetos de estudio. Sin duda, en primer término se destaca el rol del Estado en la planificación, construcción y gestión de estas infraestructuras, símbolos de gestión estatal, de Estado modernizador o nación moderna. Por un lado, producto de políticas públicas, estas infraestructuras han sido largamente asociadas a la obra pública y a servicios públicos. En muchos casos se transforman en símbolos que materializan al Estado en el territorio. Los años 30 o la posguerra de la Segunda Guerra Mundial fueron hitos importantes en materia de avance del Estado sobre la sociedad y la economía, de la mano, en Latinoamérica, de la búsqueda de cierta independencia o autonomía económica y por razones políticas como la cohesión territorial o el acceso universal a ciertos recursos como el agua (como se ve en los trabajos de Ballent, de Greiff o Gruschetsky). Desde fines de los años 50, el objetivo central fue el desarrollo, el take off, en el que la inversión estatal en infraestructura parecía tener un rol determinante. A los Estados se sumaron, por entonces, los organismos internacionales que modelaron las formas de pensar los problemas y las soluciones y ofrecieron financiamiento para algunos de los programas de modernización infraestructural (ver los capítulos de Piglia, Williams, Ficek, Zunino Singh). La infraestructura es símbolo de modernidad, pero también testigo de las limitaciones y tensiones de la gestión del Estado (ilustrado en los casos analizados por Ficek, de Greiff, Gruschetsky). La corrupción, el deterioro, la política incoherente se materializan en las infraestructuras latinoamericanas de baja calidad, obsoletas, deficientes o deficientemente mantenidas (véase los ejemplos abordados por Jirón e Imilán, Tobías, McCallum).

La historia económica y la política nacional, así como la configuración institucional de cada país –dado que las infraestructuras suelen generar tensiones entre diferentes jurisdicciones territoriales–, son clave para comprender la vida de estas infraestructuras en América Latina. Si bien en general el modo en que se ha entendido la innovación desde un determinismo tecnológico, que lleva al desuso y reemplazo de lo que se considera viejo por lo nuevo, ha marcado el deterioro de ciertas infraestructuras (por ejemplo, el reemplazo del transporte automotor por el ferroviario), tanto los vaivenes institucionales (democracias y dictaduras o simples cambios de gobierno), como las crisis económicas recurrentes explican también en buena medida las marchas y contramarchas en el desarrollo de las infraestructuras.

Si las infraestructuras son importantes símbolos de una nación moderna, y están atadas a las derivas de la historia económica y política de cada país, es importante una perspectiva transnacional. La creciente participación del Estado en un momento o las privatizaciones en otro, por ejemplo, han sido tendencias globales. Pero, aún más, las infraestructuras son el resultado de circulaciones internacionales de saberes, expertos, capitales y tecnologías. En diferentes capítulos podemos encontrar reflexiones en torno a esta circulación global y apropiación local de saberes y tecnologías (Fisek, Gruschetsky, de Greiff, Kozak), a las adaptaciones locales a normas o innovaciones tecnológicas a escala internacional (Velézquez, McCallum, Zunino Singh) y a las “modas” urbanísticas con impacto desigual según el contexto local (Jirón e Imilán).

La incorporación de infraestructuras, cuyos saberes y materiales suelen ser importados, no son procesos lineales de transferencia tecnológica, sino procesos de adaptación y resignificación. En la planificación y construcción, como muestra el trabajo de Zunino Singh, pueden existir políticas científico-tecnológicas de nacionalización que eviten la dependencia económica y tecnológica, o las decisiones tomadas durante la construcción producen innovaciones en la práctica. Los modelos internacionales de autopistas, como los que analiza Gruschetsky para el caso de Buenos Aires, son adaptados y repensados localmente por los planificadores. Pero, incluso en los procesos de reparación y mantenimiento, las tecnologías se transforman. Términos como “tecnologías criollas” (usado por Melina Piglia) o “tecnologías engendro” (Stephanie McCallum) dan cuenta de esta problemática de la vida de los artefactos.

Velho y Ureta (2019) han utilizado el concepto de frail infrastructure para caracterizar la vida de las infraestructuras en América Latina. Si bien conceptualmente se considera que toda infraestructura entra en un proceso de deterioro o ruinación apenas se inaugura, señalar la fragilidad como característica de nuestra región se demuestra en casos como los servicios de transporte ferroviario del Área Metropolitana de Buenos Aires (McCallum) o de aguas y saneamiento (Tobías) en la misma ciudad: la precariedad de lo nuevo o las fallidas modernizaciones que exigen por parte de los usuarios una política activa de demandas, pero también de reparación. El mismo deterioro o fragilidad se ve en las infraestructuras temporales para el caso de Santiago de Chile (Jirón e Imilán).

Posiblemente se necesite indagar más aún en el juego entre estas dos representaciones: la infraestructura como símbolo “fuerte” de la modernización en América Latina y como símbolo de la precariedad en la región. El análisis debería ser sopesado con una perspectiva histórica y transnacional y, tal vez, comparativa: observar, por ejemplo, el caso de los países de la ex-Unión Soviética nos permitiría pensar procesos de modernización en diferentes regiones de trayectorias “incompletas”.

Este libro busca dar un puntapié inicial en ese proceso de tejer historias conjuntas de los países latinoamericanos que habilite miradas comparativas y diversas de la región, de su política, su economía, su sociedad, su paisaje y su cultura a través de la infraestructura como objeto de estudio.

Referencias

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