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11 Organizaciones y dirigentes

En la época estudiada, la sociedad general se caracterizaba, entre otras cosas, por la transición de las relaciones sociales primarias propias de una sociedad simple, cuya existencia gira mayormente en torno del núcleo familiar reducido, a relaciones secundarias que en su mayoría tienen lugar por intermedio de organizaciones, sin que las relaciones primarias desaparezcan por completo. Estas organizaciones eran de dos clases: administrativas, que contrataban empleados para que realizaran la tarea para la cual habían sido creadas (con un método de gestión generalmente burocrático y jerárquico), y voluntarias, en las que activaban personas que no solían recibir paga para promover los fines que les interesaban. Como la actividad en esta clase de organizaciones requiere una inversión personal de esfuerzo, tiempo, trabajo y recursos monetarios, entre sus asociados se contaban fundamentalmente quienes tenían, o podían obtener, los recursos y el tiempo necesarios.[1]

En el período analizado, la organización social en todos sus matices se destacaba más en las colonias que en las ciudades. En el quinto capítulo habíamos descripto la creación de las cooperativas y sus principios; en este nos referiremos a las organizaciones que se ocupaban de necesidades diversas (pobreza, arbitraje y organización del servicio sanitario) y a los objetivos y vías de acción (democracia, organización interna, liderazgo, etc.). Trataremos aquí solo las características generales de las organizaciones educacionales y culturales, y más adelante las examinaremos en detalle.

1. Las asociaciones en las colonias

Organizaciones que intentaban afrontar la pobreza y brindar ayuda a los necesitados

Cajas de ahorro y préstamo

Surgieron para ayudar a resolver los problemas económicos de las familias, sobre la base del ahorro propio y sin recurrir a la ayuda de la JCA ni a la beneficencia pública. Algunas cooperativas mencionaron en sus estatutos el deseo de crear cajas de esta clase. El Fondo Comunal de Clara nació primero como una sociedad anónima y no basada en el ahorro personal, para otorgar préstamos con fines agrícolas; no obstante, sus estatutos señalaban que una de sus metas era fomentar hábitos de ahorro sanos. En 1912 operaba una caja en la que se habían depositado más de $18.000. Los estatutos de La Mutua de Moisesville estipulaban que la sociedad crearía una caja de ahorro que recibiría depósitos pequeños con condiciones a definir por la comisión. Los estatutos de la cooperativa de Barón Hirsch no mencionaban el ahorro y señalaban que la comisión directiva estaba facultada a conceder préstamos si el solicitante presentaba garantías serias.[2]

Nos centraremos en una de estas cajas de ahorro para ilustrar su modus operandi. En abril de 1901 la cooperativa de Lucienville creó una caja de ahorro y préstamo a la que también podían incorporarse los colonos que no pertenecían al Farein. Los socios de la caja debían depositar al menos $10 al año. Su gestión, que se basaba en principios cooperativos, estaba a cargo de los miembros de la comisión directiva del Farein que se habían incorporado a la caja. El estatuto señalaba que un socio que hubiera depositado al menos $100 podría retirar la mitad de su depósito con un aviso de tres meses de anticipación. El monto máximo de un préstamo se fijó en $50 y el interés anual en 12%. El tesorero podía tener en su poder hasta $100 y el resto debía ser depositado en una cuenta bancaria a nombre de la comisión directiva.[3]

Hasta agosto se habían depositado $500 y en marzo de 1902 la cifra se había duplicado. A principios de agosto de 1901 se aprobaron algunos préstamos de $50 cada uno, pero a mediados de mes aumentaron las solicitudes y los directores de la caja debieron limitarse a otorgar sumas pequeñas solo a los socios que no podían recibir ayuda de otras fuentes. Estas limitaciones se imponían de vez en cuando, hasta que se reintegraban los préstamos concedidos o se recibían nuevos depósitos. Cuando el dinero no alcanzaba para cubrir todos los pedidos, los directivos definían un orden de prioridades. Por ejemplo, en 1902 se recibieron pedidos de préstamos con el objeto de cavar pozos para suministro regular de agua a los animales, compra de harina y de semillas. La comisión directiva los concedió solo para cavar los pozos, a condición de que el dinero fuera entregado directamente a los contratistas cuando finalizaran su trabajo. Dos meses después y debido a las lluvias benéficas, los prestatarios solicitaron derivar el dinero que ya habían recibido para las perforaciones a otros fines que consideraban más urgentes, como regularizar la situación de los familiares inmigrantes que habían llegado a la colonia. Otra razón por la que se solía otorgar préstamos era para ayudar a los padres en las bodas de sus hijas.[4]

Las dificultades económicas se ponían de manifiesto al no completar el depósito anual mínimo de $10 y no reintegrar los préstamos. En agosto de 1904 la comisión directiva se abstuvo de concederlos a varios socios por estas razones, pero a veces entendían las dificultades de los deudores y los otorgaban con la autorización de la asamblea general. En algunas ocasiones, los miembros de la comisión directiva debían presentarse en las casas de los socios para cobrar las deudas.[5]

Una forma habitual de asegurar el reintegro de los préstamos era exigir una garantía. Según los estatutos, el prestatario debía llevar al redil de la administración dos animales en garantía. Para préstamos pequeños de hasta $10 bastaba con la garantía del tambo, de que en caso de que fuera necesario, el colono accedía a que se retuviera ese monto del dinero que le correspondía por la leche que suministraba. Hubo un caso en el que el prestatario no tenía qué ofrecer como garantía y uno de los miembros de la comisión directiva aceptó ser su garante con el depósito de una tonelada de cereales, pero como esto no cumplía con los estatutos se requirió una autorización especial de la asamblea general.[6]

Había épocas en las que la situación de las cajas de ahorro era buena; por ejemplo, en octubre de 1901 Nemirowsky pidió a la caja un préstamo para el Farein, porque la asociación estaba en dificultades y en la caja había excedente de depósitos. Los depositantes firmaron la autorización para usarlos porque no había una identidad total entre los socios de la caja y los del Farein, y los estatutos de la caja no mencionaban el otorgamiento de préstamos a socios que no hubieran depositado dinero en ella. Más adelante se modificaron las normas y se estipuló que los socios del Farein debían ser también socios de la caja de ahorro. En julio de 1904 se agotó el dinero de la caja, y esta recibió un préstamo del Farein para otorgar préstamos a quienes acudían a ella.[7]

La creación de la caja fue un intento de generar una fuente independiente de ahorro y préstamo, sin fines agrícolas. Las sumas depositadas no eran suficientemente grandes como para permitir una actividad estable y regular durante todo el año, y el accionar oscilaba entre dos polos: excedente de fondos en ciertas épocas y extrema escasez en otras. También en las demás colonias las cajas operaban de manera reducida y limitada durante lapsos prolongados, debido a las estrecheces que les impedían brindar una ayuda significativa.

Asociaciones asistenciales y de ayuda mutua

Los inicios en las colonias eran modestos e incluían la caridad ofrecida por familias e individuos. A principios del siglo XX se organizó en Moisesville la ayuda a unas 50 familias de inmigrantes. Un colono del lugar testimonió que las puertas de su casa estaban siempre abiertas a los necesitados, pero como su número crecía, en especial cuando a los colonos se agregaron inmigrantes en situación lamentable, pensaron que sería más útil crear un marco organizativo y el 14.9.1912 fundaron Der Idisher Arbeiter Hilfsfarein (sociedad de ayuda de los obreros judíos). La asociación mantenía contactos con grupos obreros de la capital que editaban el periódico Avangard (vanguardia), pero sus metas eran “filantropía y ayuda netas”. En 1914 había en Moisesville dos organizaciones de trabajadores, la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos y la Sociedad de Beneficencia Obrera, que presentaban obras de teatro a fin de recaudar fondos para sus actividades.[8]

En 1906 se fundó en Moisesville la Sociedad Maoz Ladal (baluarte para indigentes), a la que podían incorporarse personas honestas dispuestas a pagar una cuota de ingreso no inferior a $0,50 y que se comprometieran a cumplir sus estatutos. Sus objetivos eran recaudar donaciones y aportes para contribuir a los gastos médicos de los enfermos pobres. La asociación Ahnasat Orhim (hospitalidad) fue creada en 1913 por el rabino Aarón Goldman. También en las colonias vecinas a Moisesville se crearon asociaciones de ayuda: en Las Palmeras decidieron institucionalizar la beneficencia y pensaron que una organización sería de más provecho, y en la aldea ubicada en el centro de la colonia se brindaba ayuda a los colonos que habían sido expulsados de sus campos por la JCA.[9]

En 1910 se creó la Unión Fraternal Israelita de Palacios destinada a unir a sus socios para fomentar la filantropía, la moral y la instrucción a través de la creación de escuelas, hospitales y una sinagoga en la aldea. Se decidió que cuando contara con los medios suficientes, se asignaría una suma mensual para ayudar a los socios enfermos. La asociación estaba presidida por Elías Malajovich, que donó el terreno para construir la sinagoga. En 1911 se creó en Basavilbaso la Caja de Socorros Mutuos de los artesanos, pequeños comerciantes y colonos, pero no tuvo éxito, aparentemente por la crisis económica.[10]

En Mauricio, donde la sectorización geográfica coincidía con la sectorización social, cada zona creaba su propia asociación. Según un testimonio, en 1898 se creó en el grupo Alice el Mahase Almanot (amparo de viudas), que con el tiempo pasó a ser la asociación Ezra destinada, según sus estatutos, a brindar ayuda a los necesitados. En otro grupo, “Tleisar” (trece casas), se creó Bikur Holim (visita a los enfermos); en Carlos Casares, junto a la colonia, se creó en 1913 el Hilfsfarein in Carlos Casares (sociedad de ayuda) presidido por el matarife y supervisor local Menajem Meirof. Además de proporcionar ayuda a los colonos necesitados, estas asociaciones asistían también a los inmigrantes y organizaron una campaña de recaudación de fondos para las víctimas del pogromo de Kishinev.[11]

Las actividades asistenciales y de beneficencia se realizaban también por iniciativa femenina. Las mujeres de la aldea Moisesville se dedicaban a brindar ayuda monetaria anónima con dinero aportado por personas acomodadas, hasta la creación de la Sociedad de Damas de Beneficencia, que en 1912 contaba con 300 socias. En 1910 se creó en Barón Hirsch una asociación de ayuda a los pobres, los enfermos y, en especial, los inmigrantes. Hay también testimonios de una Sociedad de Damas creada en Mauricio.[12]

En Basavilbaso, próxima a Lucienville, se creó por iniciativa del maestro A. Bratzlavsky la Sociedad de Damas de Caridad, que ayudaba a enfermos y familias pobres. En 1912 se incorporaron a ella 63 socias nuevas. En Escriña, uno de los grupos de Lucienville, las mujeres fundaron una asociación que con el dinero recaudado mantenía una cama para los enfermos del grupo en el hospital de Clara y otorgaba pequeños préstamos a los necesitados. En 1911 la organización tenía 110 socias que pagaban una cuota mensual de $1. En Clara se creó la Sociedad de Damas de la Colonia Clara; tal vez se trate de varias asociaciones que tenían el mismo nombre en momentos diferentes.[13]

Las asociaciones funerarias también proporcionaban ayuda a los pobres. En Lucienville se creó la Sociedad de Beneficencia a nombre del colono fallecido M.M. Heinboim gracias a una pequeña suma legada por él y a donaciones recaudadas por quienes querían honrar su memoria. En Moisesville surgieron varias asociaciones de esta clase, entre ellas Gmilut Hesed shel Emet (ayuda verdadera al prójimo) fundada en 1900 por iniciativa de Abraham Gutman. Al principio sus socios pagaban una cuota de $1; la asociación concedía pequeños préstamos sin interés, a veces ofrecía ayuda, se ocupaba del cementerio y de entierros gratuitos para carentes de recursos, aunque tenía dificultades para cobrar las cuotas sociales.[14]

Las asociaciones mencionadas surgieron a iniciativa de personas y grupos de buena voluntad para cumplir un precepto y brindar respuesta a aquellos con quienes la vida se había ensañado. Detrás de estas organizaciones no había ninguna entidad pública sólida que garantizara su continuidad y por eso sus actividades eran modestas y reducidas, y solo podían ofrecer un poco de consuelo a quienes golpeaban a sus puertas. Era natural que los necesitados acudieran a asociaciones más fuertes: las cooperativas.

Ayuda de las cooperativas a los necesitados

Independientemente de sus estructuras estatutarias, estas asociaciones trataban de ayudar a quienes se encontraban en situaciones límite. En 1906 y a pedido de la JCA, el Farein asumió el cultivo de los campos de los hijos de un colono fallecido. En 1907 Veneziani vacilaba en expulsar a tres colonos minusválidos de Moisesville que habían arrendado su tierra y acudió al Farein en busca de ayuda. El Fondo Comunal ayudó desde 1905 a las viudas de la colonia y posteriormente a los ancianos y a los enfermos que por su situación habían quedado sin trabajo, a los huérfanos necesitados de educación y a los inmigrantes sin trabajo. Asimismo, medió entre los necesitados y la JCA y en 1910 criticó a Veneziani, presente en una reunión, porque la JCA presionaba a ancianos y viudas para que accedieran a renunciar al contrato de promesa de venta a cambio de un contrato de alquiler. También La Mutua se ocupaba de los necesitados de todo tipo con asignaciones y préstamos y organizaba el cultivo de los campos en aquellos casos en los que el jefe de familia había muerto.[15]

En 1910, cuando empezó la crisis de la cooperativa, la comisión directiva de La Mutua resolvió restringir la adjudicación de crédito a aquellos socios cuya capacidad de reintegro fuera limitada, por temor a que no pudieran devolver el préstamo; obviamente, los pobres fueron los más perjudicados por esta decisión. Pero las tendencias eran variadas y más adelante, cuando la JCA transfirió un préstamo a ser distribuido solo entre los socios que ya habían reintegrado el préstamo anterior, los directivos de la cooperativa resolvieron conceder crédito también a los deudores cuya situación era crítica.[16]

Resumen

Tres clases de organizaciones trataban de afrontar la pobreza y ayudar a los necesitados: a) cajas de ahorro, basadas en el dinero depositado por los ahorristas para recurrir a él en momentos de necesidad; b) asociaciones de beneficencia, caridad y ayuda mutua; c) cooperativas que, a pesar de sus limitaciones estatutarias, se apartaban de los principios económicos y financieros para ayudar de diversas maneras a los sectores más débiles de las colonias. Aparentemente estas asociaciones eran muy activas, pero se debe prestar atención al hecho de que algunas existieron poco tiempo y otras empezaron a operar solo hacia el final del período estudiado. Asimismo, podían brindar una ayuda muy reducida y a veces ínfima, porque la situación económica general se percibía también en los recursos que podían conseguir, especialmente cuando los pedidos aumentaban.

Instituciones de arbitraje

Las dificultades de adaptación al nuevo país y a ocupaciones económicas diferentes de las habituales, el hacinamiento en que vivían las familias (a veces dos familias juntas) en las chacras, las condiciones de pobreza y las fricciones con los vecinos por alambradas y campos, ingreso de animales a los cultivos, etc., eran terreno propicio para toda clase de disputas. Esa era la situación en muchas aldeas de inmigrantes en aquella época.[17]

En las colonias judías se procuraba preservar la cohesión social. En esos esfuerzos participaban individuos, personalidades religiosas y fundamentalmente organizaciones comunitarias, como las cooperativas, que crearon comisiones de arbitraje que impartían justicia sin necesidad de recurrir a procedimientos complejos y prolongados en los tribunales. Estas comisiones empezaron a actuar a pequeña escala y gradualmente se institucionalizaron y ganaron la confianza de los colonos.[18]

Servicios sanitarios

Había dos clases de organizaciones relacionadas con la salud: las que prestaban servicios (hospitales, dispensarios, farmacias, etc.) y aquellas destinadas a regular la relación triangular entre las sociedades de seguros de salud, los colonos y los prestadores de servicios (médicos, enfermeros, farmacéuticos, etc.).

Al principio, estos servicios eran proporcionados por la JCA. El barón de Hirsch pensaba que los colonos debían asumir los gastos y que el nivel de los servicios debía ser similar al que recibían los demás habitantes de la región. En el período estudiado, los directores de la JCA se contentaban con cumplir el primer requisito y aspiraban a que los colonos gestionaran el tema. En un comienzo, la sociedad solía intervenir en la elección de los médicos porque algunos tomaban partido a favor de los colonos. Por ejemplo, Kessel gozó de la confianza de S. Hirsch porque “a diferencia de lo que a veces hacían los médicos judíos en nuestras colonias, se abstenía de intervenir en asuntos entre los colonos y la administración”. Pero a continuación la JCA intervenía menos en la designación de los médicos y entregaba a las asociaciones las recomendaciones que le llegaban, para que la relación fuera directa.[19]

Al comienzo los hospitales y dispensarios eran dirigidos por médicos, que debían recibir autorización del administrador de la colonia para usar una parte del presupuesto asignado por la JCA. Este método fue causa de muchos conflictos entre los médicos y la JCA, más aun porque los buenos médicos no eran necesariamente buenos administradores y a veces los requisitos de la administración económica les exigían violar el juramento hipocrático y enfrentarse con dilemas de conciencia. En diversas ocasiones Yarcho reaccionó enérgicamente ante los intentos de injerencia administrativa en la atención de los enfermos. En 1900 rechazó con un sarcasmo mezclado con amenazas de renuncia el pedido de acortar los períodos de internación en el hospital, y señaló que si los directores no acordaban con su forma de actuar podían hacer lo que quisieran, es decir, despedirlo. En esa misma carta se quejó de que Lapine obstaculizaba su accionar y describió un intento de descontar de su sueldo gastos que había efectuado para el servicio médico, porque había usado fondos de un ítem del presupuesto para cubrir gastos de otro.[20]

La desvinculación de la JCA del servicio sanitario no se produjo en todas las colonias al mismo tiempo. En Mauricio fue transferido tempranamente pero no se creó un hospital, aparentemente porque no había una cooperativa que asumiera su construcción. El servicio se prestaba en dispensarios en la colonia y, cuando no había médico, en Carlos Casares o en algún hospital, a varias horas de viaje. En algunas ocasiones, las asociaciones Ezra, Agudat Ahim y la cooperativa El Centro Agrícola (cuando existía) llegaban a un acuerdo con el médico para que visitara la colonia varias veces por semana. Después de Mauricio llegó el momento de Moisesville y las colonias de Entre Ríos, tema que analizaremos más adelante.[21]

En las colonias creadas posteriormente, la JCA no asumió la gestión del servicio sanitario pero a veces lo apoyó con préstamos, etc. En los primeros tiempos de la colonia Barón Hirsch no había un servicio médico organizado. En algunas ocasiones los directores de la JCA señalaron los riesgos implícitos, porque el hospital más cercano estaba en la ciudad de Bahía Blanca, a unas cinco horas de viaje en tren, pero se negó a conceder el préstamo para la construcción porque las garantías que los colonos podían presentar eran ínfimas. Cuando se contrataba un médico, estaba a cargo de Bikur Holim o la cooperativa. La piedra fundamental del hospital fue colocada en 1914 y la construcción finalizó un año después.[22]

Narcisse Leven, una colonia pobre, no logró organizar un servicio digno de tal nombre. Durante mucho tiempo no hubo en ella médico ni enfermera y en la aldea cercana Bernasconi había un médico de 70 años que se negaba a atender a quienes no vivían allí, y otro que cobraba una suma elevada. Más adelante, La Unión contrató a la Dra. Wolobrinsky con ayuda de un préstamo de la JCA. Esta médica pasó a la colonia autónoma Médanos por una discusión con la cooperativa por su salario y se contrató a la Dra. Itzigsohn, que aceptó un sueldo más bajo. Las dos habían trabajado antes con el Dr. Yarcho en Clara.[23]

En la pequeña colonia Dora no había ninguna posibilidad de organizar esos servicios. El médico más cercano se encontraba en el pueblo Icaño, alejado de casi todas las chacras de los colonos. En Montefiore, la JCA obligó a los colonos a depositar en el fondo cooperativo, para el seguro médico, parte de la suma que habían recibido para la colonización. La cooperativa contrató a un médico de la aldea Ceres que visitaba la colonia una vez a la semana y que abrió una farmacia que rápidamente se cerró por las pérdidas económicas.[24]

En las colonias Clara, Moisesville y Lucienville se crearon organizaciones más serias, y se percibe el proceso de transferencia de responsabilidades de la JCA a las cooperativas en una primera etapa, y de estas a manos privadas, provinciales o estatales en la segunda, que excede el período estudiado.[25]

La evolución de los servicios sanitarios hasta su transferencia a las cooperativas

A principios del siglo XX la colonia Clara estaba en proceso de expansión, el dispensario resultaba pequeño y anticuado y su mantenimiento requería grandes gastos que no eran del agrado de la JCA. En 1901 se resolvió construir un nuevo hospital en Domínguez y reorganizar el servicio, con la transferencia de la administración a un contratista que lo operara, cobrara una módica suma a los colonos y lo compensara recibiendo enfermos de fuera de la colonia. El plan fue elaborado por Lapine, que lo consideraba “un golpe decisivo al sistema de subsidios”, y el Dr. Yarcho. La JCA aceptó la propuesta a condición de que se le presentara un presupuesto exacto, que el hospital le perteneciera y que ella tuviera el derecho de interrumpir la vinculación con el contratista. La construcción del edificio tuvo muchos problemas debidos a una mala planificación y un presupuesto mal calculado. Varios meses después de que el contratista asumiera la tarea, se quejó de que los techos seguían goteando y que tenía pérdidas porque la situación de las salas de internación para pacientes privados no le permitía ingresarlos.[26]

Para la administración del hospital llegaron a un acuerdo con Tieffenberg, un farmacéutico hijo de un colono al que Yarcho definía como “un joven talentoso, honesto y activo que sabe ejecutar las misiones que se le imponen”. El hospital debía prestar servicios a todas las colonias de la JCA en la provincia, y con esos fines se contrató a tres enfermeros en los grupos alejados. En el hospital trabajaban enfermeros, enfermeras, empleados y el Dr. Yarcho, que estaba a cargo de todos los aspectos médicos. Se acordó que Tieffenberg cobraría $0,75 por día de internación de un colono o familiar de colono, y que la JCA pagaría un tercio de esa suma.[27]

En 1901, cuando se inició la construcción, el colono Miguel Abramovich promovió la creación de la asociación Bikur Holim para financiar los costos de internación. Solo colonos podían asociarse a la organización por una cuota mensual mínima de $0,25, y $2 más después de la cosecha, es decir, $5 anuales. En el momento de la creación se registraron más de 100 socios que se comprometieron a pagar una suma mayor que el mínimo estipulado. En junio de 1902, cuando el Dr. Yarcho y M. Guesneroff estaban al frente de la asociación, se resolvió aceptar como socios también a los maestros de hebreo y matarifes de la colonia, pero con una cuota más alta. También se fijaron fechas para las visitas de familiares de los pacientes internados y las formas en que la organización supervisaría la limpieza, la calidad de la comida y la atención a los internados. Para completar la financiación necesaria la asociación organizó una fiesta en la colonia. En 1903, el pago anual mínimo por familia era de $6.[28]

En 1905 la JCA informó al Fondo Comunal que pensaba dejar de aportar al financiamiento del servicio sanitario de Clara. La comisión directiva recibió la noticia con satisfacción porque, a pesar de la carga económica que implicaba mantenerlo, consideraba que esa transferencia era “un honor y un paso serio hacia la prosperidad de la colonia”, más aun porque en aquellos años el servicio era rentable. En enero de 1906 la gestión administrativa del hospital pasó a manos del Fondo Comunal, y este designó una comisión que preparó –junto con Leibovich, Yarcho, Mellibosvky y otros– un estatuto que estipulaba una cuota de $15 al año por un seguro familiar de internación. De esta manera, el Fondo Comunal cumplía también la función de la asociación Bikur Holim. En los primeros años de implementación del sistema hubo ganancias.[29]

A principios del siglo XX Moisesville se expandió y S. Hirsch, Cazès y Sonnenfeld apoyaron el otorgamiento de un préstamo para construir un hospital y una farmacia, a condición de que los colonos se comprometieran a comprar el equipamiento y mantener la institución una vez finalizada la construcción. En 1905 el Dr. León Lapine propuso reorganizar el servicio en Moisesville, basado en una concepción influida por las fallas que había encontrado en Clara y las diferencias entre las distintas regiones. El principal problema que percibió en Clara fue que todo el sistema se apoyaba en un solo médico que, además de los colonos, debía atender a los pacientes privados del contratista. En su opinión, las diferencias entre las regiones consistían en que la población de la provincia de Santa Fe era fundamentalmente de inmigrantes que preferían a un médico de Piamonte y un hospital italiano y por eso no se podían reducir los gastos con la internación de estos pacientes. Propuso basar la financiación del hospital en cooperación con los judíos de la aldea Moisesville, porque en cuestiones de salud “no hay que hacer diferencias entre un judío colono y otro judío”, y contratar a una familia sin hijos para que se ocupara de la huerta, la cocina, el lavado de ropa, etc., a cambio de un sueldo bajo.[30]

También propuso unificar el hospital y la farmacia, que era rentable, para cubrir el déficit del mismo. León Lapine sostenía que se debía encontrar un contratista dispuesto a dirigir ambas instituciones o delegar la gestión en la comunidad. Sugirió que la responsabilidad médica debía continuar en sus manos y según sus cálculos, un día de internación costaría $1, incluida la cama, la comida, la atención médica y los medicamentos. La JCA aceptó su plan con algunas objeciones y se comprometió a transferir una suma para el seguro de salud de los nuevos colonos.[31]

L. Lapine dejó la colonia en 1906 y durante algunos meses se sucedieron varios médicos. A fines de ese año Moisesville quedó sin médico y el hospital se cerró. Los colonos pidieron a Veneziani que contratara un médico y les debitara los gastos, pero este se negó porque no había una comisión local que se ocupara del servicio y porque pensaba que la necesidad los forzaría a organizarse. A principios de 1907 Crispin reunió a varios colonos que accedieron a organizarse: fijaron el monto per cápita del seguro anual de salud, contrataron un médico y eligieron una comisión que se ocupó del asunto. A principios de 1908 se creó La Mutua, que a fines de ese año asumió la dirección del servicio médico.[32]

Durante algunos años, los servicios de internación en Lucienville se basaron en el hospital de Clara. Si bien el seguro de internación era personal, el Farein representaba a sus socios en las tratativas con el Fondo Comunal cuando este asumió su administración. Para ayudar a sus socios, el Farein creó un fondo llamado Bikur Holim. En noviembre de 1905 se firmó un acuerdo ad hoc entre ambas asociaciones cuya renovación periódica estaba acompañada por discusiones, porque la gran distancia desde la colonia (en especial de los grupos del sur) y su ampliación convirtieron la necesidad de un hospital en algo crucial. En 1908 la JCA autorizó un préstamo para la creación de un hospital según un plan esbozado por el administrador local. El Farein designó una comisión administradora y contrató al Dr. Leiboff. La construcción finalizó en 1910, año del centenario de la Revolución de Mayo en la Argentina y por eso fue llamado “Centenario”, pero solo empezó a funcionar en junio de 1911. Así llegaron a tres los hospitales en manos de las cooperativas de Clara, Lucienville y Moiseville.[33]

¿Cuáles eran sus características? En 1912, Jacques Philippson (hijo de Franz Philippson, miembro del consejo de la JCA) efectuó una visita privada a algunas colonias y transmitió sus impresiones a su padre. Entre otras cosas, describió los hospitales: en los tres había dos salas principales, una para mujeres y otra para hombres; en Moisesville y Lucienville eran relativamente nuevas, amplias, ventiladas y limpias; en Moisesville había agua caliente y en Lucienville lámparas de acetileno. Las construcciones en Clara eran bajas, sin ventilación, sucias y estrechas; también lo eran los quirófanos, la sala de aislamiento y los diversos servicios; las salas de internación eran muy hacinadas. En Moisesville había 18 camas, en Lucienville 29 y en Clara 37, y se decía que en tiempos de Yarcho –que había muerto pocos días antes de la visita de Philippson– había 55 internados. El hacinamiento y las condiciones eran insoportables: “En estas salas antihigiénicas reina un hedor terrible y si los enfermos sanan en esas condiciones, es señal de que son robustos”.[34]

Las cooperativas dejan de responsabilizarse por los hospitales

Clara

Después de haberse hecho cargo del servicio, el Fondo Comunal se ocupó también de contratar a los médicos que ayudarían a Yarcho en la colonia. A partir de 1909 se contrató a elección de Yarcho a varios médicos provenientes en su inmensa mayoría de Europa, entre ellos el Dr. Klein en San Antonio, la Dra. Itzigsohn en San Salvador y la Dra. Wolobrinsky en el hospital. Yarcho enfermó a principios de 1912 y era obvio que no volvería a ejercer la profesión, el Fondo Comunal empezó a buscar médicos que lo sustituyeran y entretanto lo reemplazó la Dra. Itzigsohn. Yarcho murió a fines de julio, antes de que los otros médicos, sobrecargados de trabajo por una epidemia de tifus que había estallado en la colonia, hubieran asumido la conducción de los servicios sanitarios.[35]

Muchos asuntos del hospital no estaban legalmente regulados; por ejemplo, cuando Yarcho murió se comprobó que la farmacia operaba sin licencia. Aparentemente, el gobierno confiaba en la autoridad del médico, cuya fama cundía por toda la región, y le concedió la licencia para ejercer la medicina en la provincia en 1895.[36]

Además de ello y tal como se ve en el informe de Philippson, el estado del edificio era malo y en opinión de la JCA se necesitarían más de $100.000 para refaccionarlo. En la situación económica de la cooperativa en aquellos años no era posible recaudar esa suma, más aun porque los gastos del hospital habían crecido considerablemente. Los colonos tenían dificultades para pagar las cuotas en constante aumento y las reservas acumuladas en los años anteriores se agotaron. Los numerosos problemas causados por una gestión desacertada y la falta de fondos dificultaban aun más la posibilidad de encontrar una solución adecuada. Como primera medida se creó una comisión de siete miembros para ocuparse de los aspectos organizativos.[37]

I. Kaplan, miembro de la comisión directiva del Fondo Comunal, se dirigió en 1913 a los socios de la cooperativa reunidos en asamblea y con tono conmovido los exhortó a brindar ayuda material y moral. En consecuencia se nombró una comisión de diez miembros para dirigir el hospital de manera totalmente independiente. A continuación, la comisión directiva resolvió que para mantener el servicio se debía cobrar una cuota anual y un arancel por cada tratamiento. Ninguna de estas medidas resultó efectiva y un año después el Fondo Comunal decidió renunciar por completo a la responsabilidad por el servicio y nombró una comisión que sería no solo independiente a nivel administrativo sino que también se haría cargo de la recaudación y administración de fondos. Sajaroff, Abramovich y Kaplan fueron designados para redactar los estatutos de la nueva asociación y obtener la personería jurídica. A consecuencia de esta resolución se creó la Sociedad Sanitaria Israelita para el Hospital de Clara.[38]

La asociación se creó formalmente en septiembre de 1914 en una reunión en Domínguez en la que se decidió aceptar como socios a quienes pagaran una cuota mensual anticipada de $2,50 (colonos), $2 (obreros) y $5 (comerciantes, maestros y matarifes). El objetivo declarado era vincularse con un médico y una farmacia que prestaran servicios adecuados a un precio razonable para los socios, y reanudar el funcionamiento del hospital de acuerdo con los medios que la asociación obtuviera. Se resolvió que los socios de la misma abonarían $0,50 por consulta, pero deberían pagar por las vendas. Quienes se incorporaran a la asociación estando enfermos pagarían una primera cuota doble. Asimismo se eligió un presidente, un secretario y un tesorero.[39]

Las tratativas con el Dr. Wolcovich, que sucedió a Yarcho, fueron difíciles por las diferencias entre las propuestas de la asociación y sus exigencias. Es probable que estas se debieran a su deseo de no trabajar en las agotadoras condiciones que habían consumido las fuerzas de Yarcho. Entretanto no había atención médica y algunos miembros de la asociación querían desafiliarse, razón por la cual la comisión directiva llegó a un acuerdo con el médico para que empezara a trabajar a principios de diciembre. Paralelamente mantenía tratativas con el farmacéutico para que no interrumpiera su acuerdo con el Fondo Comunal, y un debate para prorrogar el acuerdo de la asociación con el Fondo Comunal sobre la transferencia del hospital y su equipamiento a la asociación. Los debates se prolongaron más allá del período estudiado, razón por la cual no los examinaremos.[40]

Moisesville

Cuando La Mutua asumió la gestión del hospital, preparó un estatuto que unificaba las funciones de este con las del seguro médico. Una cuota anual de $4 garantizaba a los asegurados atención gratuita en el dispensario o el hospital y un arancel reducido en las visitas domiciliarias del médico ($1 en el centro y $2 en la periferia) y en las internaciones. Se creó una comisión entre cuyos miembros se contaban colonos de los grupos Palacios y Monigotes. También en Moisesville crecieron los gastos de mantenimiento del servicio, aumentó la cuota anual y a los socios les resultaba difícil pagarla. Para resolver la situación se introdujeron cambios en el estatuto, en el método organizativo y en las formas de cobro; por ejemplo, en 1909 se resolvió que la cuota del seguro familiar (que incluía a los hijos comprometidos en matrimonio que trabajaban en la misma chacra y habían firmado el mismo contrato con la JCA) sería de $25, y la cuota individual llegaría a $4. Los montos fueron fijados después de dividir entre 400 colonos los gastos calculados y restar los ingresos. También se designó una comisión para manejar el servicio.[41]

Estas medidas no resolvieron los problemas y en septiembre de 1913 se redactaron nuevos estatutos que, entre otras cosas, estipulaban que la comisión directiva de La Mutua elegiría a sus representantes en la comisión del hospital, la cual debería ser independiente, gestionar el hospital, supervisar al plantel médico e informar mensualmente a la comisión directiva; asimismo, estaría facultada a intervenir y aprobar gastos hasta cierta suma. También se reguló el seguro médico para los maestros, las indicaciones sobre la inscripción de nacimientos y defunciones de acuerdo con las normas del Registro Civil, etc., pero ninguno de estos cambios surtió efecto y a fines de 1914, cuando la crisis económica se agravó, la asociación debió cerrar el hospital. Las alternativas que quedaban eran dirigirse a los hospitales alejados en las ciudades de Santa Fe y Rosario y comprar medicamentos en farmacias privadas.[42]

Lucienville

La construcción del hospital finalizó cuando la crisis económica de la colonia se había agravado. Además de ello, el costo de la construcción –de mejor calidad que la de Clara– excedió con creces las sumas recaudadas y quedó una deuda de $46.000, hecho que llevó a que los gastos corrientes superaran las cuotas sociales y al aumento de la deuda. El plantel, compuesto por doce personas, era demasiado grande y podía prestar servicios a 25 camas, pero el promedio diario de internados llegaba apenas a siete. En 1914 Leiboff sostuvo que el hospital estaba en condiciones de atender a una población de 25.000 almas pero que prestaba servicios a unas 3.500 personas. Al igual que en otras colonias, la cooperativa se desvinculó del hospital y todo el personal, a excepción del médico, fue despedido. Se siguieron prestando primeros auxilios en dos habitaciones, las familias de los pacientes les llevaban comida y se ocupaban de lavar la ropa, y si el enfermo requería atención permanente, contrataban a un enfermero.[43]

Resumen

Durante el período estudiado los servicios sanitarios no tenían el mismo nivel en diferentes colonias. En Clara, Moisesville y Lucienville se crearon pequeños hospitales, pero en las demás colonias solo había dispensarios atendidos por médicos y enfermeros que vivían allí o llegaban de otros lugares.

La JCA se ocupó del tema en las colonias veteranas hasta que transfirió la responsabilidad a los colonos. En las tres colonias que crearon hospitales, estos fueron transferidos a las cooperativas o a las comisiones creadas por ellas, pero hacia fines de este período estas no pudieron asumir la carga económica y las instituciones se cerraron. En Clara se creó una asociación administrativa y presupuestariamente separada que conducía el hospital; en Lucienville el hospital funcionaba por medio de un seguro parcial y en Moisesville se cerró definitivamente. En las colonias nuevas, estos servicios fueron definidos como asunto de los colonos y en otras colonias no había servicios continuos y suficientes: en Mauricio por la ausencia de una cooperativa y aparentemente por la falta de solidaridad entre los colonos, y en las demás colonias jóvenes porque tenían dificultades para mantenerlos solas y, fundamentalmente, por la crisis económica de la segunda década del siglo XX. En la mayor parte de las colonias surgieron asociaciones de seguro médico, que generalmente fueron de corta vida.

2. Características de las organizaciones

Las cooperativas: ¿entidades económico-comerciales o seudocomunidades de vastas funciones?

La dedicación de las cooperativas a cuestiones sociales, culturales, educacionales, sanitarias, etc., además de los asuntos económicos, era un hecho consumado a fines de la primera década del siglo XX. Esta diversificación convirtió a las cooperativas de Clara, Moisesville y Lucienville en una especie de comunidades organizadas. La JCA lo veía como la concreción de la autogestión y se congratulaba de que las asociaciones se hicieran cargo de los gastos en esos ámbitos, en especial cuando obtuvieron la personería jurídica que les permitía asumir obligaciones. En la segunda década del siglo XX estas actividades padecieron la falta de recursos económicos; el crecimiento de los servicios en tiempos de crisis dificultó la estabilidad financiera de las asociaciones y se hicieron oír voces que exhortaban a separar las funciones y dejar solo las económicas en manos de las cooperativas. Un activista del Fondo Comunal señaló más adelante que en aquella época

debido a la falta de conocimientos y experiencia, cometimos errores: asumimos también los asuntos comunitarios, municipales y asistenciales; la sanidad, los puentes y caminos exigían mucho tiempo y recursos.[44]

En 1914 y a principios de 1915 Starkmeth visitó las colonias y las asociaciones cooperativas y llegó a conclusiones claras: sostuvo que La Unión de Narcisse Leven se ocupaba de demasiados asuntos y propuso crear otra institución que se dedicara a los aspectos comunitarios y se manejara con un presupuesto separado. Con respecto al Fondo Comunal, señaló que en cuestiones comunitarias había asumido más gastos de los que sus recursos le permitían y sugirió que este y el Farein de Lucienville separaran las funciones comunitarias de las económicas. En Moisesville comprobó que, al menos, cobraban aranceles de internación y cuotas de seguro médico que aliviaban la carga económica de la asociación. Con respecto a la cooperativa de Montefiore, opinó que todavía no había cometido errores significativos en el desarrollo de diversos servicios y que el hecho de ser nueva le permitiría aprender de la experiencia ajena. No obstante, atribuyó a la JCA la responsabilidad de haber incluido servicios excepcionales, porque esa era una condición sine qua non para que apoyara a esas organizaciones, y añadió que no se debía culpar a los colonos porque “les hemos impuesto un amplio programa de trabajo”.[45]

Las cooperativas: ¿ampliación o preservación del marco social?

El conocimiento cercano entre los miembros era uno de los principios del cooperativismo, tal como fueron formulados por sus fundadores. Este conocimiento permitía generar una solidaridad basada en cierto grado de familiaridad entre los miembros y una gestión económica fluida basada en la posibilidad de generar relaciones frecuentes entre los colonos de un mismo lugar. En sus comienzos, las asociaciones creadas en las colonias actuaban en un medio reducido que se adecuaba al modelo antes descripto, pero con el tiempo creció el número de socios y se expandió el ámbito geográfico de su accionar, entre otras cosas debido a la necesidad de incrementar el capital emitiendo nuevas acciones. Este tema fue debatido en 1908 en el Fondo Comunal: algunos socios temían que el ingreso de nuevas personas afectara los derechos de los fundadores y hubo quienes propusieron estipular montos reducidos de crédito para los nuevos socios, pero finalmente se emitieron más series de acciones sin establecer diferencias en los derechos. Otra razón para la expansión era la incorporación de nuevos grupos creados después de la fundación de las asociaciones. Esta tendencia, que se destacaba en Clara y sus grupos, se apoyó en el respaldo de la JCA, que prefería que los marcos existentes se ocuparan de los asuntos de dichos grupos.[46]

La unificación institucional de varias colonias o grupos pequeños se produjo en varios lugares. En 1910, los grupos autónomos colonizados en tierras de Leloir (Crémieux, Montefiore, Philippson, Clara, Günzburg y Barón Hirsch) delegaron su representación en la Sociedad Cooperativa Barón Hirsch. El proceso de concentración permitió que los colonos se presentaran como un cuerpo único ante la JCA en su reclamo de recibir más tierras, pero el aumento de miembros de las asociaciones y su dispersión por amplias extensiones se convirtieron en inconvenientes. Se comprobó que la coordinación y mantenimiento de servicios para los grupos alejados al mismo nivel que en las zonas céntricas excedía las posibilidades de los centros, tanto a nivel económico como organizativo. Por esa razón el Fondo Comunal se negó en 1908 a ordenar el servicio médico en los grupos del norte de Clara, y hubo oposiciones similares a organizar la carnicería y crear bibliotecas y baños rituales en los grupos alejados. Los asociados de la periferia se sentían discriminados por vivir lejos del centro; por ejemplo, el precio de la harina en los depósitos de La Mutua en Palacios, Monigotes y Las Palmeras era más alto que en el centro de Moisesville.[47]

Las comisiones directivas de las asociaciones, cuyas oficinas se encontraban en centros alejados de las viviendas de gran parte de sus socios, tenían dificultades para cobrar las deudas de sus miembros y no controlaban lo que pasaba. Lo mismo sucedía con la Sociedad Cultural Kadima de Moisesville y el Fondo Comunal, cuyos intentos de cobrar las deudas de los grupos marginales tropezaban con más obstáculos que en el centro. En 1914 se comprobó que las obligaciones que los grupos en la periferia de Clara habían contraído con el Fondo Comunal llegaban al 40% de la deuda total, mientras que los reintegros llegaban escasamente a un 25%.[48]

Los representantes de los grupos en las cooperativas

Los representantes de los grupos, que eran sus voceros en el centro y, al mismo tiempo, representaban a la asociación ante sus mandantes, debían mediar entre el centro y la periferia. El Farein creó un consejo consultivo que incluía a los miembros de la comisión directiva y de la comisión controladora y a los representantes de los grupos. Según su tamaño, cada grupo elegía de dos a cuatro representantes, y también el grupo del centro tenía derecho a enviar los suyos. Para compensar a la periferia por los inconvenientes causados por su distancia del centro de actividades, se fijó el quórum para las reuniones del consejo consultivo en dos tercios de los representantes de los grupos alejados y los miembros de la comisión controladora; el cálculo no incluía a los representantes del centro. El consejo consultivo estaba facultado a decidir sobre los gastos extraordinarios, proponer cambios en los estatutos, etc.[49]

Todos los miembros de la comisión directiva de La Mutua eran elegidos según el principio de un representante por cada grupo que tuviera más de diez miembros en la asociación. Si en el grupo había más de 50 miembros, se elegían dos representantes; si había menos de diez, se incorporaban al grupo vecino. Entre estos representantes se elegían los que fungirían en los principales cargos de la asociación. Los estatutos de la Sociedad Cultural Kadima señalaban que la comisión directiva estaría compuesta por siete miembros elegidos y un representante de cada grupo que tuviera al menos diez socios. También se estipuló que al menos una reunión al mes de la comisión directiva debía realizarse con la presencia de los delegados de los grupos. Precisamente el Fondo Comunal de Clara (una colonia muy extensa y con muchos grupos) no especificó en sus estatutos la elección de una representación de grupos en la asociación; es posible que en el momento de su creación no hayan prestado atención a la posibilidad de ampliación. En 1907 se debatió la necesidad de que cada grupo eligiera un representante al que la comisión pudiera consultar, pero la implementación se postergó hasta 1908.[50]

Solo en 1912 se decidió formar una comisión directiva de 27 miembros que serían elegidos en seis distritos electorales. Cuatro distritos eligieron cinco representantes cada uno y los dos distritos restantes eligieron cuatro y tres, respectivamente. Cada distrito debía elegir también un síndico. El mínimo legal de participantes en la asamblea de distrito era de 50 miembros. En la asamblea general de la asociación se estipuló un quórum legal de 150 miembros de al menos cuatro distritos electorales. En esa reunión se debía elegir entre los representantes de los grupos al presidente, vicepresidente y síndico de la asociación. El secretario y el tesorero debían ser elegidos directamente por los miembros de la comisión directiva. En Moisesville se efectuó un cambio similar y se decidió que los representantes de los grupos de La Mutua serían elegidos en tres distritos: Monigotes, Moisesville y alrededores, Palacios y alrededores.[51]

También la representación se caracterizaba por numerosos problemas: en primer término, no siempre los miembros de los grupos sabían que tenían derecho a designar a sus representantes; en segundo lugar, no todos tenían tiempo disponible para elegirlos; en tercer lugar, a veces las elecciones en los grupos estaban acompañadas de conflictos y el recuento de votos suscitaba discusiones, y finalmente, una vez elegidos los representantes resultaba difícil garantizar su participación en las reuniones. Por ejemplo, en 1902 muchos representantes se abstuvieron de participar en las reuniones y asambleas de la comisión directiva del Farein y el número de miembros presentes no llegaba al quórum; en 1913 Öttinger informó que el consejo consultivo se reunía pocas veces y que 19 representantes no se interesaban por lo que pasaba en el Farein. En la Sociedad Cultural Kadima de Moisesville los representantes debían avisar su ausencia por anticipado, porque la falta de quórum causaba la anulación de las reuniones.[52]

¿Cómo se superaban estas dificultades? Algunas asociaciones facultaron a sus asambleas y comisiones directivas para designar a los representantes de los grupos que no lo habían hecho por sí mismos, en otras los miembros de las comisiones directivas recorrían los grupos más alejados para supervisar la elección de delegados, y en algunas ocasiones informaban a los grupos que debían elegir representantes y fijaban fechas de reunión que no coincidían con la siembra y la siega, para que los colonos pudieran presentarse.[53]

En el Fondo Comunal estas medidas no lograron superar la falta de relaciones directas entre los socios, ni entre la comisión directiva de un grupo determinado con los miembros de los otros grupos. Esto, sumado al “paquete de servicios” amplio que la cooperativa aspiraba a ofrecer a sus socios tornaron imposible su existencia cuando la crisis económica se agravó. En 1913 y 1914 se comprobó que la ampliación de la asociación –más allá de la capacidad de control de la comisión directiva y la posibilidad de los socios de identificarse con la asociación de manera directa y frecuente incorporando grupos nuevos y alejados– era un error. En consecuencia se propuso dividir la cooperativa en cuatro, según un criterio geográfico: a) Santa Isabel y Palmar, b) San Antonio, c) los grupos del norte, d) los grupos del centro. Pero estas propuestas no se implementaron debido a la falta de una actividad adecuada de la cooperativa, y solo San Antonio se separó del Fondo Comunal en 1915, época que excede el período estudiado.[54]

De la gestión correcta y democrática a la institucionalización

La aspiración a una gestión democrática se puso de manifiesto desde la primera época. Los miembros del Farein se reunieron en 1900 para debatir una propuesta de obligar a los socios a comprar bolsas, hilos y aceite de máquina solo en la asociación, de otra manera “el Farein no tendrá ninguna función importante”. Nemirowsky pensaba que debían aprender de otras organizaciones que ya habían adquirido experiencia e intentaban conseguir descuentos en bien de la asociación, y que no se debía obligar a los socios a nada. Muchos asistentes participaron en el debate y Nemirowsky quedó en minoría a pesar de ser administrador y fundador de la organización. En 1907 el Fondo amplió varios incisos de sus estatutos para asegurar la elección y el reemplazo democrático en sus instituciones; así fue como en el diario Der Yudisher Colonist in Arguentine dio lugar a opiniones opuestas a la postura de la comisión directiva, y publicó una carta de Abraham Rosenfeld de Mauricio, que señalaba que primero la había publicado en el periódico Di Folkshtime (la voz del pueblo) de la capital porque pensaba que no accederían a difundirla, pero después comprobó que se había equivocado.[55]

En una etapa temprana se preocupaban también por una conducción honesta y un manejo cuidadoso de los bienes de las asociaciones. Por ejemplo, Nemirowsky firmaba recibos por el dinero ingresado y lo transfería al tesorero del Farein; para no hacerse responsable del dinero que no estaba a su disposición, pidió a la comisión directiva de la asociación un documento firmado por los encargados. Problemas de este tipo surgieron especialmente en la etapa de creación de las asociaciones, porque hasta la regularización de la personería jurídica no se podía abrir una cuenta de banco a nombre de la asociación, sino de los miembros de la comisión directiva. Por eso, en 1901 el Farein resolvió tener en caja hasta $200 y el resto depositado en las cuentas de Friedlander y Nemirowsky. El dinero era tema de protestas y rumores; por ejemplo, en 1907 un colono sostuvo que de la caja del Farein habían desaparecido $2.000, pero la queja resultó infundada.[56]

Las cooperativas prestaban atención a este tema y trataban de demostrar su integridad. Así fue como Noé Cociovitch, presidente de La Mutua, se abstuvo de conducir la sesión de la comisión directiva que debatió asuntos relacionados con su grupo para que no se dijera que aprovechaba su posición en beneficio de su grupo. Asimismo, se dedicaron muchas reuniones y asambleas a la entrega de rendiciones de cuentas presentadas por las comisiones controladoras y los síndicos sobre la gestión económica y organizativa de la comisión directiva; también se habló de los procedimientos administrativos adecuados y se redactaron ordenanzas al respecto. Las asociaciones cooperativas tenían depósitos en los que se almacenaban productos y equipamiento agrícola. En algunas ocasiones había irregularidades en la conducción de los mismos, que llevaban a la presentación de quejas, revisiones del inventario, regulaciones y reemplazo de los encargados inadecuados o sospechosos de deslealtad. La importancia de una gestión adecuada estaba clara para La Confederación y uno de sus dirigentes previno que “un fracaso administrativo puede brindar armas a quienes se oponen a la organización”.[57]

La Confederación se ocupaba de revisar, arbitrar y aconsejar a las cooperativas que daban sus primeros pasos o que no lograban estabilizarse. En 1912, I. Kaplan ayudó a la asociación de Barón Hirsch, en la que reinaba un gran desorden; en su opinión, esa situación que había generado muchas tensiones sociales se debía a la falta de conocimientos y experiencia. Dos años después, Leibovich sostuvo que la administración de La Unión de Narcisse Leven era deficiente: “En las reuniones no hay un orden del día, se tratan todos los temas a la vez y generalmente no deciden nada con claridad”. También propuso orientar a los socios de la cooperativa y no renunciar a la misma.[58]

Pero la democracia no se construye solo con la conducta de los líderes, sino también con la participación de los liderados. Una de las formas de incrementar la conciencia de los socios e integrarlos al proceso democrático era difundir información confiable; otra era institucionalizar procedimientos destinados a que tuvieran un punto de referencia claro para sus pedidos y para recibir servicios. En 1907 se fijaron en el Farein horarios de atención al público, fechas de reuniones y sesiones, etc., y en 1911 Sajaroff hizo lo mismo en el Fondo Comunal; en 1912 La Mutua decidió realizar dos reuniones al mes; la Unión Fraternal Israelita de Palacios resolvió informar sobre la realización de las asambleas con dos semanas de anticipación por medio de anuncios que se fijaban en las puertas de la comisaría, el juzgado, el correo, la administración y otros lugares públicos. En 1913 Öttinger afirmó que la participación de los miembros del Farein era mínima y propuso difundir sus actividades en ídish.[59]

Parte del proceso de institucionalización implicaba la apertura de oficinas y la contratación de empleados. En 1907 el Farein decidió contratar un empleado y ampliar sus oficinas, el Fondo Comunal resolvió construir un edificio para su asociación; dos años después La Mutua compró un terreno para construir su sede y la cooperativa de Barón Hirsch decidió hacer lo mismo en 1912. A diferencia de ellas y para ahorrar dinero, La Confederación se conformó con una casilla de correos en la capital y decidió realizar sus reuniones en las colonias. Según un informe de Starkmeth, Cociovitch no recibía mucha ayuda de sus compañeros de La Mutua y por eso debió rodearse de numerosos empleados.[60]

Cuando la dirigencia no era formal, las reuniones no se convocaban regularmente sino de acuerdo con las circunstancias, pero había determinadas normas y cargos. Alpersohn describió una reunión en Mauricio: “Sacaron al patio una mesa y sillas, pusieron sobre la mesa dos ‘lámparas del Barón’, llevaron papel y pluma y Gerstel, el secretario eterno de todas las reuniones, se dispuso a trabajar…”. La reunión estaba presidida por un veterano respetado por todos los colonos y como su voz flaqueaba, el colono sentado a su derecha repetía sus palabras en voz alta y leía las resoluciones ante todos los presentes.[61]

En las asociaciones que operaban formalmente había fechas y procedimientos fijos para las asambleas. Según los estatutos, las asambleas ordinarias se realizaban una vez al año y en ellas se presentaba el informe de las actividades económicas y otras de la asociación, y se elegía la comisión directiva para el año entrante. Además de ellas, había asambleas extraordinarias que se llevaban a cabo a pedido de un número determinado de socios o de la comisión directiva, para debatir aquellos asuntos que, según los estatutos, solo podían ser tratados en el plenario, tales como la modificación de los estatutos y el tratamiento de asuntos especiales que la comisión directiva no podía resolver, como catástrofes naturales, etc. Algunas asociaciones habían estipulado que la asamblea sería conducida por una persona o comisión que no formara parte de la comisión directiva para preservar la independencia de la asamblea, en especial en tiempos de elecciones internas. A veces se pedía a los representantes de los grupos alejados que presentaran su carta de nombramiento; así se hizo en el Farein, en el Fondo Comunal y en La Mutua.[62]

Los socios de las organizaciones podían elevar a la asamblea temas, propuestas y quejas si cumplían el procedimiento formal de presentar un número mínimo de peticionantes. Por ejemplo, a principios de 1908 el Fondo Comunal convocó a una asamblea a pedido de 56 socios. De hecho, los dirigentes podían influir sobre las asambleas pero también debían presentar informes según lo estipulado en los estatutos y elevar aquellos temas sobre los cuales la comisión directiva no podía decidir sin el acuerdo de la asamblea. Este era un campo propicio para confrontaciones entre quienes tenían diversos intereses, pero los temas que se trataban (a excepción de la creación de la asociación, la definición de sus estatutos y la frecuencia de las reuniones) hacían que la función de la asamblea fuera secundaria y la mayor parte de los temas eran tratados por la comisión directiva. No obstante, la presencia de los socios en la asamblea no era pequeña y esto ponía de manifiesto el deseo de estar actualizados y oír de primera fuente lo que sucedía, influir sobre lo que se hacía y encontrarse con los demás socios.[63]

Con el paso del tiempo, las asociaciones se institucionalizaron y esta formalización sentó las bases de una gestión adecuada y permitió la intervención de los socios en consonancia con los estatutos. Las regulaciones y procedimientos diferían de una colonia a otra, pero no caben dudas de que había influencias mutuas al establecerlos, porque las asociaciones solían enviar emisarios a otras colonias para aprender sus pautas de organización antes de redactar sus propios estatutos. Las asociaciones eran un experimento previo a la creación de instituciones sociales y al surgimiento de la dirigencia; por ello había fracasos e irregularidades que a veces se debían a intereses contrapuestos y generalmente a la inexperiencia. Todo esto, aunado a la tendencia de algunos colonos a oír y difundir rumores llevó a insatisfacción, quejas y chismorreo. Con el objeto de superarlos se desarrollaron formas de transmitir la información y procedimientos que aseguraban una supervisión apropiada. En ese sentido, las cooperativas fueron una escuela que enseñó a los colonos cómo gestionar sus asuntos y elevar el nivel moral del hombre de campo.

3. El surgimiento de dirigentes

Los líderes son personas que pertenecen al grupo y pueden influir sobre sus miembros ejerciendo cargos formales o no formales y actuando de determinada manera para sostener la sociedad, incrementar la cooperación y promover sus objetivos. La dirigencia formal actúa según las normas de la asociación, que fijan los objetivos y las formas de actuar de los dirigentes y que rigen también para ellos. El liderazgo no formal, también llamado “natural”, no es elegido ni actúa según un estatuto y se basa en el acuerdo de los miembros del grupo o en la capacidad del líder para convocar seguidores. Este liderazgo es menos estable, si bien no necesariamente más débil, porque se basa en una personalidad que necesita el acuerdo de quienes lo apoyan, mientras que el dirigente formal se respalda en el estatuto del cual provienen sus atribuciones. Además de los dirigentes formales, algunas comunidades u organizaciones tienen líderes naturales paralelos.[64]

En la zona de las colonias el gobierno estaba en manos de autoridades provinciales y nacionales y no era suelo propicio para la actividad de los pobladores. El acceso a cargos en la JCA estaba bloqueado casi por completo a los colonos, que podían participar solo en actividades económicas, en especial en las cooperativas, y en actividades comunitarias voluntarias en el ámbito médico, asistencial, religioso y cultural, a las que también se dedicaban las cooperativas o las comisiones nombradas por ellas.[65]

Los primeros dirigentes eran informales; a veces eran elegidos como representantes o emisarios del grupo para ejecutar una misión específica. S. Hurvitz describió la actitud de los colonos recién llegados a Lucienville hacia los veteranos como la postura de los hijos ante los padres en quienes despositaban su confianza. Cociovitch fue designado por sus compañeros para llevar grupos de colonos de Rusia a Moisesville; algunas comisiones fueron elegidas ad hoc y supervisadas de cerca por quienes las habían designado; Alpersohn, nombrado junto con otros dos colonos para exigir pan a S. Hirsch cuando este visitó la colonia, describió la situación: “Entramos con él a la oficina y toda la gente, como de costumbre, sitió puertas y ventanas”.[66]

Entre los líderes no formales había quienes gozaban de prestigio, como los médicos, personalidades religiosas e intelectuales. Se destacaba en especial el Dr. Yarcho, que además de ser el médico de la colonia fungió en numerosos cargos (algunos de ellos formales) en el Fondo Comunal, por lo cual era un líder de las dos clases. Cuando se creó La Confederación, Yarcho fue elegido vicepresidente debido a su prestigio y no a su capacidad de gestión. En una carta a Sajaroff, Bab señaló que había sido un error nombrar a un médico para un cargo que, en caso de ausencia del presidente, requería su presencia: “Habría sido preferible designarlo presidente honorario en La Confederación y en el Fondo Comunal”.[67]

Las dimensiones del liderazgo religioso eran generalmente más reducidas que las que los colonos habían conocido en Europa del Este. En Moisesville había dos líderes naturales: el rabino Aarón Halevi Goldman, llegado de Podolia, y el rabino Mordejai Reuben Hacohen Sinai, procedente de Lituania, que se retiró de la colonia a fines del siglo XIX. A la zona de Clara llegaron varias autoridades religiosas, entre ellas los rabinos Yosef Aarón Tehran y David Mazowiecki, y varios matarifes. Ante la ausencia de otra autoridad espiritual, en algunos lugares los matarifes y mohalim (circuncidadores) eran líderes con reconocimiento público. Como ejemplos se puede citar al matarife y supervisor Menajem Meirof en Carlos Casares, Karel en Mauricio y Moisés Rikles en Narcisse Leven. En Mauricio había personalidades con estudios religiosos pero sin ordenación rabínica y los colonos ultraortodoxos de la pequeña colonia Algarrobo eran liderados por las familias de Leib Diner y Alter Rozenzvaig, que según Alpersohn eran personalidades respetadas que “daban el tono a todo el ambiente”. En las otras partes de Mauricio había grupos de la pequeña colonia Alice, cuyos miembros no eran ortodoxos, y según las fuentes entre sus dirigentes se contaban “los más apasionados rebeldes […] allí vivían afilados políticos; todos los enfrentamientos con la administración fueron planeados allí”, y “gente con una concepción más amplia de la vida, librepensadora”.[68]

Todos ellos eran, al menos en los primeros años de la colonización, líderes naturales. Los miembros de los grupos pequeños sabían que estos formaban parte de una colonia grande y de un movimiento general de colonización que no estaba conducido por sus compañeros sino por una administración externa; cabe suponer que por esa razón no tendían a tomar parte en la conducción y organización formal de las colonias, más aun porque eso requería esfuerzos que podían afectar el desarrollo de sus propias chacras. Además, la rivalidad entre grupos y colonos dificultaba la elección de dirigentes acordados. Lapine encontró estos obstáculos en 1896 cuando creó la comisión de delegados, pero supuso que se debía a las características de los judíos de Rusia: “Los judíos no son fáciles para la disciplina y la obediencia y cada uno se cree el mejor…”. En aquellos años la JCA trató de descubrir líderes adecuados para la actividad de las comisiones de delegados, pero en la mayor parte de los casos fracasó porque esperaba que los dirigentes actuaran según los intereses de la sociedad. En algunas ocasiones resultaron elegidas personas sin las condiciones apropiadas y los colonos los veían como emisarios de la JCA; así pensaban que Lapine había recurrido a una comisión para expulsar a algunos colonos.[69]

Alpersohn describió crudamente las luchas de los colonos contra una comisión que, en su opinión, estaba integrada por estafadores sometidos a las directivas de la JCA que solo se ocupaban de sus propios intereses: “Durante bastante tiempo se había acumulado en el patio una gran cantidad de basura y sobre ella había surgido y crecido un nido de ratas…”. Es muy posible que su afirmación fuera exagerada y que hubiera sido escrita a la luz de las discrepancias entre los colonos, pero en 1903 el autor del informe anual de la JCA reconoció que “hasta el momento los representantes han sido elegidos de manera un tanto arbitraria y no siempre han sido los auténticos representantes de la mayoría”. Ese mismo año la JCA difundió en Rusia una circular destinada a los candidatos a la colonización en la Argentina, en la que recalcaba que los colonos elegían a sus representantes que se ocupaban de los asuntos comunitarios, arbitrajes, etc. Paralelamente, y mientras era administrador de Clara, Veneziani organizó la elección democrática de representantes.[70]

Estos procedimiento se llevaban a cabo en la Argentina, pero había un filtro previo en Rusia, cuando la JCA examinaba a los candidatos a la colonización y rechazaba de antemano (excepto los fundadores de Barón Hirsch) a aquellos con potencial de liderazgo, por miedo a que se rebelaran contra ella. Un ejemplo entre muchos es el consejo dado en 1900 por Cazès a los directores de París que examinaban a los candidatos de Rumania:

Queremos rechazar sin contemplaciones a los oradores, los incitadores de masas, los presuntos disertantes, los periodistas y todos los que se presentan como defensores de los oprimidos. Lamentablemente, todos ellos se cuentan en gran número entre estos jóvenes y todo lo que hacen es incitar a los demás y obstaculizar cualquier intento serio de organización.[71]

Un cambio significativo se produjo cuando se crearon asociaciones que aspiraban a obtener personería jurídica por medio de sus estatutos, como las cooperativas. En estos marcos se desarrollaron dirigentes formales que en parte eran líderes naturales, como Cociovitch, y que también eran aptos para la actividad formal requerida por las asociaciones con personería jurídica. Sajaroff y Kaplan fueron también dirigentes formales que además de sus condiciones naturales debieron desarrollar conocimientos administrativos, agrícolas y comerciales, y relaciones con compañías de comercialización. No es casual que entre los activistas de las cooperativas hubiera empleados de la JCA, porque reunían esas condiciones y gozaban del respaldo de la sociedad colonizadora. Algunos se convirtieron en colonos y activistas leales de las cooperativas, como Bab, que se colonizó en 1906 en Barón Hirsch; Leibovich, Yarcho, Mellibovsky y Sidi, que no se colonizaron pero participaron activamente en la creación y gestión del Fondo Comunal, y Nemirowsky, una personalidad clave en la creación del Farein. En el quinto capítulo habíamos señalado que todos los miembros de la primera comisión directiva de La Unión de Bernasconi, excepto uno, eran empleados de la JCA y que, en la comisión directiva de La Sociedad Agrícola de Montefiore, Simón Weill era el síndico, y el contable local de la JCA fungía como tesorero y secretario; Elmaleh fue nombrado tesorero de El Progreso Agrícola de Dora. En 1910 Mellibovsky, el administrador de Mauricio, fue designado presidente de El Centro Agrícola, pero al cabo de un año fue destituido y Oungre sostuvo que desde entonces la JCA no sabía qué pasaba en la asociación. A diferencia de los socios de esa cooperativa, Mellibovsky gozó de la confianza de los representantes de las otras, que lo designaron miembro de la comisión directiva de La Confederación.[72]

En la primera comisión directiva de La Mutua había tres funcionarios de la JCA: el tesorero Jacobo Faber era el contable local de la sociedad, el vicepresidente Gutman era un empleado y el secretario era el maestro Carmel. Moss y Veneziani no lo consideraban un obstáculo, porque pensaban que entre los colonos no había quienes pudieran administrar los fondos y brindar el impulso necesario a los primeros pasos de la asociación. Con el tiempo, en lugar de estos empleados se designó a colonos para ejercer los cargos más importantes: cuando Leibovich se retiró del Fondo Comunal, Sajaroff fue nombrado presidente del mismo y A. Bratzlavsky fue elegido secretario del Farein cuando Nemirowsky terminó sus funciones. Aun así, en las asociaciones quedaban empleados de la JCA en diversos cargos; de esta manera, la sociedad colonizadora recibía información e influía sobre lo que acontecía en las asociaciones.[73]

En diversas ocasiones se ha señalado que no había suficientes líderes capaces de dirigir esas organizaciones y los existentes no alcanzaban a adquirir experiencia. Por ejemplo, Starkmeth suponía que en Dora no faltaban colonos inteligentes, pero no contaban con los conocimientos necesarios para administrar las instituciones y por eso propuso adjuntarles un agente que los capacitara. También sostenía que los dirigentes del Farein carecían de conocimientos y experiencia. En la comisión directiva de la cooperativa de Narcisse Leven vio a personas inteligentes, pero no encontró una reserva capaz de ocupar otros cargos. Según el testimonio del colono Shojat, los líderes de esa cooperativa carecían de la experiencia necesaria para cumplir sus funciones; así fue como informaron sobre la cosecha prevista sin una evaluación precisa y compraron cantidades demasiado grandes de bolsas, equipamiento y maquinaria que no se podían utilizar. En Mauricio y en otros lugares se señaló la inexperiencia de los dirigentes como la causa más importante del fracaso de la asociación.[74]

A diferencia de eso, Kaplan definió a los dirigentes de Moisesville como “buenos planificadores que pusieron en práctica un buen programa de manera sistemática y gradual”. También los dirigentes de Clara y Barón Hirsch fueron elogiados por su accionar, pero cabe suponer que todos los líderes, tanto los veteranos como los nuevos, adquirieron experiencia solo después de varios años de aprendizaje y práctica. Solo unos pocos tenían experiencia en activismo público, fundamentalmente en asociaciones que se dedicaban a beneficencia, caridad, estudios religiosos, etc. Starkmeth lo entendió y en un informe escribió que “no debemos quejarnos de los colonos, que son jóvenes, simples y a veces carentes de instrucción, por la falta de dirigentes profesionales”.[75]

Derechos y deberes de los dirigentes

Los dirigentes formales estaban sujetos a estatutos que estipulaban sus derechos y deberes y que fijaban los ámbitos de actividad de quienes fungían en diversos cargos. Por ejemplo, el estatuto de la Unión Fraternal Israelita de Palacios señalaba que el presidente debía representar a la asociación ante los tribunales y responder a demandas, lograr que se implementaran las resoluciones de la asociación y convocar reuniones y asambleas. El estatuto de Kadima de Moisesville establecía que los miembros de la comisión directiva estaban obligados a participar en todas las asambleas y a fungir en los cargos que se les impusieran. En algunos lugares se limitaban los derechos de los miembros de la comisión directiva: el estatuto del Farein estipulaba que dichos miembros no podían recibir préstamos pero hubo discusiones sobre esta resolución, en especial porque los miembros de la comisión directiva, que no recibían pago alguno por el ejercicio de sus funciones, se veían perjudicados por su disposición a actuar en pro de la asociación. Nemirowsky pensaba que, por principio, no se podía aceptar esa prohibición y que “el estatuto no pregunta quién pide el préstamo, sino cuál es la garantía presentada”. En 1903 se anuló ese inciso y la situación de los miembros de la comisión directiva fue como la de todos los socios. En el Fondo Comunal, por ejemplo, se resolvió no otorgar a los miembros de la comisión directiva préstamos para comprar vacas lecheras.[76]

Periódicamente se presentaban y publicaban quejas contra los miembros de las comisiones directivas que presuntamente aprovechaban su estatus en beneficio propio. Un colono acusó sin fundamento a cuatro miembros de la comisión directiva del Fondo Comunal. En 1906 se presentó a la comisión controladora del Farein una queja por tejemanejes en los que aparentemente estaban involucrados los miembros de la comisión directiva, con pagarés entregados como avales y no reintegrados cuando caducó el motivo de la garantía. En una revisión se comprobó que la asociación acostumbraba quemar los documentos una vez vencida la garantía. Para impedir quejas futuras se decidió abandonar esa costumbre y, en lugar de eso, marcar los documentos como anulados y conservarlos en la oficina. Varios socios de la caja de ahorro del Farein se quejaron de que sus depósitos no habían sido inscriptos en el registro de ahorristas. Esta revelación causó un gran revuelo porque la queja resultó ser cierta. Las conclusiones de la revisión, que señalaban un error en el registro y no dinero desaparecido, fueron dadas a conocer en una asamblea general para eliminar dudas y se acordó que todos los meses se presentaría un informe sobre el estado de los ahorros. Por razones similares, en 1908 el Fondo Comunal introdujo una libreta personal que cada socio tenía en su poder, en la que se registraban todas las operaciones monetarias realizadas entre el colono y la asociación.[77]

En general, los dirigentes, tanto los naturales como los formales, estaban expuestos a la crítica pública que provenía de rumores y, a veces, de la ausencia de una gestión adecuada. Por ejemplo, cuando Cociovitch viajó a Rusia en busca de candidatos, sus opositores difundieron el rumor de que había recibido de la JCA $150 por cada colono que llevara a Moisesville; más aun, publicaron un periódico con firmas falsificadas de colonos que presuntamente ratificaban la veracidad de la noticia. En 1912, cuando ya era colono en Barón Hirsch, Bab sostuvo que Tcherny, el representante de la colonia en La Confederación, había perdido su autoridad moral como dirigente porque había recibido una parcela de la JCA en arriendo en momentos en que esta se negaba a otorgar parcelas similares a otros:

La asamblea de la cooperativa criticó por ello a “nuestro viejo zorro” y cabe suponer que la comisión directiva de la cooperativa solicitará que La Confederación intervenga ante la JCA por esta acción cometida a nuestras espaldas.[78]

En general, los dirigentes no eran colonos ricos y su actividad requería muchos esfuerzos y les causaba pérdidas. Muchos de ellos activaban en las asociaciones además de su trabajo en el campo y por eso las comisiones directivas tenían dificultades para reunirse en las temporadas de cultivo y cosecha. Así fue como Joel y S. Hurvitz de Lucienville e Hirsch Kaller de Moisesville informaron que si la comisión de La Confederación de Cooperativas se reuniera en febrero de 1912 no podrían participar por la cosecha. En la mayoría de los casos, los dirigentes no recibían pago alguno por su actividad en las asociaciones; solo se sabe que el presidente y el secretario del Farein recibían $100 mensuales al final del período estudiado, pero también trabajaban allí como empleados.[79]

Como ejemplos de confrontación entre los intereses personales y la actividad pública se pueden mencionar dos casos: cuando Cociovitch viajó a Rusia por primera vez lo hizo después de finalizada la siembra en su parcela, es decir, no interrumpió la actividad regular en su chacra. El segundo viaje se prolongó demasiado y Feinberg propuso a los directores de París que no lo abandonaran en esa difícil situación: “Hace un año que este hombre desdichado se encuentra lejos de su familia y la chacra está abandonada. Afronta muchas dificultades y lo impulsa el gran interés por el éxito de la colonización”. El segundo ejemplo se refiere a I. Kaplan en tiempos de la gran crisis económica en las cooperativas. En esa misma época el Fondo Comunal tenía dificultades para mantener a sus empleados y Kaplan fungía en varios cargos. Los acreedores se presentaban a diario y no había con qué pagar las deudas. En una ocasión fue al banco por los embargos y pidió un préstamo a su nombre para la asociación, y en otra escribió a Sajaroff que “la situación es insostenible, dije a los acreedores que dentro de una semana habrá dinero para liberarme de ellos mientras tanto”. Finalmente presentó la renuncia, porque esa actividad agotaba sus fuerzas: “Estoy arruinado y se acerca la temporada de trabajo en el campo”.[80]

Cambio de guardia

Para examinar la rotación debida al recambio generacional o a la incorporación de nuevos sectores que no estaban representados en las organizaciones se requiere un lapso más prolongado que el que abarca el presente estudio, y si bien es pertinente hablar de los primeros indicios de recambio lo haremos solo con respecto a las organizaciones formales, en especial las cooperativas, creadas en la colonia veterana Moisesville y en las primeras colonias en la provincia de Entre Ríos. Por ello examinaremos la participación de los colonos en las comisiones directivas de dichas organizaciones. La participación de personal de la JCA en esas comisiones no es relevante para el recambio porque llegaban y se iban según las directivas de la JCA. En Mauricio, que también era una colonia veterana, no existió una organización formal de existencia prolongada y por eso el recambio de dirigentes no es relevante.

Cociovitch fue presidente de La Mutua de Moisesville, fundada en 1908, durante muchos años. Los demás cargos estaban ocupados rotativamente por los colonos Abraham Gutman (que durante un tiempo fue empleado de la JCA), Yosef y Dov Trumper, Hirsch Kaller y A.I. Hurvitz. También el cargo de presidente de la Sociedad Kadima de Moisesville era estable y fue ejercido por José Flaisher desde la creación de la misma en 1909 hasta 1914, año en que presentó la renuncia. En los demás cargos hubo muchos más cambios por conflictos personales y no por el recambio generacional.[81]

En el Farein se pueden distinguir dos etapas. En la primera, desde su creación en 1900 hasta 1907, un año después de obtenida la personería jurídica, hubo estabilidad en los cargos. Entre los activistas más destacados se contaban Freidenberg, A. Bratzlavsky, Isaías Schebaliev, H. Zentner y M. Kosoy. La estabilidad se vio afectada hacia el final de este período, cuando los cambios personales se volvieron más frecuentes no por luchas de poder sino por la dificultad para encontrar personas dispuestas a activar. Öttinger consideraba que esta era una de las razones por las cuales la asociación no podía introducir cambios y mejoras; no obstante, algunos dirigentes siguieron actuando durante la mayor parte del período y constituían una especie de hilo conductor. Entre ellos se destacaba Hirsch Zentner, uno de los fundadores del Farein que había fungido como miembro de la comisión controladora, presidente y vicepresidente.[82]

En el Fondo Comunal de Clara había mucha estabilidad en la dirección de la cooperativa. En 1907 la JCA trasladó a Leibovich a otro lugar y el Dr. Yarcho lo reemplazó. A partir de 1908 lo hizo Sajaroff durante todo el período, a excepción de un año. Otros dirigentes destacados fueron I. Kaplan e Isaac M. Sas.[83]

De todo lo señalado se desprende que en las asociaciones examinadas no hubo luchas por el poder entre los colonos veteranos por una parte y sus hijos y los colonos nuevos por la otra, porque los nuevos se colonizaron en grupos alejados del centro y porque el escaso tiempo transcurrido no les permitió arraigarse y aspirar al liderazgo. La representación de los grupos nuevos se puso de manifiesto en la cooptación, un proceso de incorporación de líderes de grupos con intereses diferentes a los de los grupos anteriores introduciendo cambios formales que permiten su integración. En este caso, los representantes de los grupos se incorporaron a la comisión directiva y se crearon consejos consultivos que integraron a los representantes. Así se fijó el quórum en las asambleas y reuniones con métodos que no perjudicaran a los delegados de los grupos alejados, en su mayoría compuestos por socios nuevos. Por ejemplo, en 1911-1912 Leib Kosoy, representante de Monigotes, logró ser designado en Moisesville vicepresidente de La Mutua, pero es un caso excepcional. Generalmente los nuevos socios no participaban regularmente en las reuniones y aparentemente, el ejercicio de funciones de liderazgo implicaba sacrificios que disuadían a los postulantes de luchar por el recambio generacional en las asociaciones.[84]

Resumen

A principios del período estudiado, el liderazgo de las colonias era natural; en algunas ocasiones los dirigentes eran personalidades religiosas y en otras, colonos de prestigio. Los intentos de la JCA de crear una dirigencia por medio de comisiones de representantes fracasaron porque generalmente resultaban elegidas personas que los colonos no veían como sus auténticos representantes y porque a veces estos dirigentes aprovechaban su estatus en beneficio propio. El liderazgo formal que actúa por fuer de estatutos y sujeto a ellos se desarrolló en especial a partir de la creación de asociaciones que aspiraban a obtener la personería jurídica, en particular cooperativas. La JCA estaba involucrada en estas asociaciones y formaba parte de sus consejos directivos, que se ocupaban de preservar los intereses de los colonos y de la JCA. Los dirigentes estaban sujetos a la crítica pública, a veces injustificada. En algunas ocasiones, sus actividades en las asociaciones tenían lugar a expensas de sus intereses personales y esa es una de las razones por las que no había luchas por el recambio de los dirigentes.


  1. Enoch 1985, cap. 8, pp. 1, 49.
  2. Fondo Comunal, Estatutos, pp. 3-4; La Mutua, Estatutos, p. 8; Barón Hirsch, Estatutos, pp. 4-6; Informe 1912, p. 27.
  3. ASAIB, APSAI, abril 1901, pp. 52-53.
  4. Ibíd., 18.8.1901, 5.8.1901, 7.8.1901, 15.8.1901, 22.8.1901, 19.3.1902, 23.9.1902, 19.3.1902, 10.4.1904, 12.5.1902, 7.7.1904.
  5. Ibíd., 18.12.1901, 12.5.1902, 9.10.1902, 19.6.1904, 22.8.1904, 22.8.1904, 2.8.1904, 17.8.1904.
  6. Ibíd., abril 1901, 15.8.1901, 12.5.1902, 19.5.1902, 19.6.1904, 23.9.1902; ASAIB, Primera memoria, p. 8.
  7. ASAIB, APSAI, 1.10.1901, 12.7.1904; ASAIB, Primera memoria, pp. 8-9.
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  9. Para Maoz laDal, ver: IWO, AC9; para Ahnasat Orhim, ver: Goldman 1914, p. 195; Las Palmeras 1990, p. 20.
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  12. Goldman 1914, p. 196; MHCRAG, ASK, 8.12.1912; Informe 1910, pp. 9, 15; IWO, AMSC1, 29.11.1912.
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  15. ASAIB, APSAI, 22.8.1906; JBEx11, 16.11.1911; FC, AFC1, 22.8.1905, 6.11.1905, 31.7.1907, 13.5.1908, 31.9.1908; FC, AFC2, 16.8.1909, 13.1.1910; MHCRAG, AMA, 22.8.1909, 19.6.1910, 19.3.1911; Gabis 1957, pp. 55-56, 95; Informe 1906, p. 32.
  16. MHCRAG, AMA, 10.7.1910, 21.5.1911, 28.5.1911.
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  20. JL399, 19.7.1900, 23.7.1900, 17.8.1900.
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  22. HM135, 23.5.1907; JL367, 17.12.1908; JL351, 7.3.1910; JBEx11, 24.8.1911; JL426, 8.6.1913; Verbitsky 1955, pp. 200-201; Informe 1910, p. 32.
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  24. JL426, 8.3.1913; JL428, 4.12.1914.
  25. Kaplan 1961, pp. 99-108; Itzigsohn 1993, p. 25.
  26. JL399, 17.1.1901, 22.1.1901, 30.1.1901, 1.2.1901; JL397, 7.8.1901, 11.8.1901; JL400, 7.8.1901, 9.8.1901, 14.8.1901, 5.9.1901, 9.9.1901, 13.9.1901, 17.5.1902; Sesiones II, 11.5.1901.
  27. JL399, 4.6.1901; JL335, 4.10.1901; HM135, 27.3.1903; Sesiones II, 11.10.1901.
  28. JL397, 12.10.1901, 15.10.1901; JL400, 22.6.1902; HM135, 27.3.1903; Documentos, 27-28.9.1902, I.
  29. JBEx8, 24.1.1907; HM135, 25.4.1907, 6.5.1907; JBEx9, 20.8.1908; FC, AFC1, 22.8.1905, 2.10.1905, 15.11.1905, 22.11.1905, 15.12.1905; Kaplan 1961, p. 105.
  30. JL355, 1.11.1901; JL337, 30.5.1902, 14.11.1902; JL401, 1.4.1905; Kaplan 1961, p. 104; Informe 1904, p. 24.
  31. JL401, 1.4.1905, 3.4.1905.
  32. JBIn1, 12.12.1906; JBEx8, 22.3.1906, 27.12.1906, 10.1.1907, 24.1.1907; JBEx9, 16.7.1908, 29.10.1908, 28.1.1909; La Mutua, Estatutos, p. 4.
  33. FC, AFC1, 2.10.1905, 15.11.1905; HM135, 25.4.1907; JBEx9, 20.8.1908; JL367, 5.11.1908; JL351, 15.2.1910; JBEx11, 13.7.1911; JL357, 28.11.1912; Hurvitz 1932, pp. 65-66; Shitnitzky 1964, pp. 114-115; Sesiones IV, 31.10.1908.
  34. JL357, 31.10.1912. Ver la correspondencia de Jaques Philippsohn en Documentos, 26.10.1902, I.
  35. JBEx9, 18.3.1909; JL351, 31.3.1910; JL352, 18.8.1910; JBEx11, 21.9.1911; JL355, 14.3.1912, 26.3.1912, 25.4.1912; JL356, 1.8.1912.
  36. FC, AFC2, 14.8.1912; Informe 1912, pp. 37-38; MHCD, Serie 1, Sala Hospital, 20.5.1895.
  37. FC, AFC1, 31.9.1908; Gabis 1957, pp. 61, 89, 194; Informe 1912, pp. 37-38.
  38. FC, AFC2, 13.8.1913; Documentos, 27.9.1913; JL428, 16.9.1914 (Informe de Starkmeth sobre las cooperativas en Entre Ríos).
  39. Ibíd., MHCD, ASSICH, 28.9.1914.
  40. MHCD, ASSICH, ver: 8 reuniones 9.10.1914-30.11.1914.
  41. MHCRAG, AMA, 14.1.1909, 7.2.1909, 25.7.1909, 1.8.1909, 22.8.1909, 19.9.1909, 7.4.1910, 21.5.1911, 27.7.1913; JL351, 23.2.1910.
  42. MHCRAG, AMA, 10.8.1913, 21.9.1913, 25.10.1914; JL428, 20.2.1915.
  43. Ibíd., 16.9.1914; Informe 1911, pp. 43‑45, 51; Basavilbaso 1987, p. 95.
  44. Shitnitzky 1964, pp. 110‑113; Informe 1908, pp. 14-15; Informe 1911, pp. 51-52; 76-77, 131; Kaplan 1961, p. 104.
  45. JL427, 20.3.1914; JL428, 16.9.1914, 4.12.1914, 20.2.1915.
  46. FC, AFC1, 9.9.1908; FC, AFC2, 21.2.1909, 16.8.1909; Gabis 1957, pp. 93, 95.
  47. JL351, 9.6.1910, 16.6.1910, 23.6.1910, 30.6.1910; JL426, 17.7.1913; FC, AFC1, 9.9.1908; FC, AFC2, 18.10.1911, MHCRAG, AMA, 25.6.1911, 26.7.1911.
  48. MHCRAG, ASK, 20.12.1911, 15.6.1912; JL428, 16.9.1914.
  49. ASAIB, Primera memoria, pp. 9-10; ASAIB, Reglamento, pp. 3, 7; ASAIB, APSAI, 20.8.1906.
  50. La Mutua, Estatutos, pp. 11-13; Kadima, Estatutos, artículos 6, 7 y 8; FC, AFC1, 20.4.1908.
  51. FC, AFC2, 20.3.1912, 2.5.1912; Der Yudisher Colonist…, 1.4.1912, pp. 15‑16, 14.6.1912, pp. 3‑4; MHCRAG, AMA, 8.10.1912.
  52. ASAIB, APSAI, 23.9.1902, 28.4.1907; JL425, 9.4.1913; MHCRAG, ASK, 15.6.1912; MHCRAG, AMA, 6.5.1909, 13.11.1910; FC, AFC1, 12.4.1908; FC, AFC2, 8.10.1913.
  53. FC, AFC1, 20.4.1908, 17.6.1908; FC, AFC2, 30.8.1911; MHCRAG, ASK, 4.5.1912, 5.7.1914.
  54. FC, AFC2, 3.2.1913, 8.10.1913; JL428, 16.9.1914; Gabis 1957, pp. 104-105.
  55. Hoijman 1961, pp. 64‑66; ASAIB, APSAI 19.10.1900; FC, AFC1, 13.10.1907; Der Yudisher Colonist…, 15.8.1911, p. 11.
  56. ASAIB, APSAI, 22.8.1901, 18.12.1901, 26.8.1907.
  57. MHCRAG, AMA, 3.3.1910, 30.4.1911, 10.11.1912, 11.9.1913; ASAIB, APSAI, 2.11.1903, 20.8.1906, 22.11.1903; IWO, AMSC2, 14.1.1912, 22.1.1912; IWO, ASF2, 14.4.1912; FC, AFC2, 13.9.1911.
  58. IWO, AMSC2, 25.9.1912, 15.10.1912; JL428, 15.12.1914.
  59. ASAIB, APSAI, 28.7.1907; Der Yudisher Colonist…, 15.8.1911, passim; MHCRAG, AMA, 8.10.1912; MHCRAG, ASK, 15.6.1912; JL425, 9.4.1913; UFIP, 10.3.1910.
  60. ASAIB, APSAI, 21.4.1907; FC, AFC1, 13.10.1907, 31.10.1907; MHCRAG, AMA, 18.7.1909; IWO, AMSC2, 7.1.1912, 7.9.1912; JL428, 20.2.1915.
  61. Alpersohn 1930, pp. 43‑44.
  62. ASAIB, APSAI, 9.4.1907; FC, AFC1, 13.10.1907, 12.4.1908; MHCRAG, AMA, 17.4.1911, 24.11.1912.
  63. Ibíd., 7.5.1911, 18.5.1911; FC, AFC1, 18.4.1906; FC, AFC2, 12.4.1910, 27.4.1911, 8.10.1913.
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  66. Avni 1973, p. 155; Alpersohn s/f, p. 287; Hurvitz 1932, pp. 18‑19.
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  68. Goldman 1914, pp. 35‑37, 103, 201; Avni 1973, p. 155; Hurvitz 1932, p. 57; Alpersohn s/f, pp. 355, 358-359; Mirelman 1988, p. 132.
  69. Lapine 1896, pp. 41‑42, 75, 78‑79.
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