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3 La reanudación de la colonización (1899-1902)

En 1899 se liquidaron 50 chacras más, pero la cantidad de habitantes permaneció estable gracias al crecimiento vegetativo y a la incorporación de personas a las chacras existentes,[1] incluidos alumnos y egresados de escuelas y granjas de educación agrícola. Durante el período estudiado llegaron más de cien egresados de Mikveh Israel en Jaffa (Tierra de Israel), Djedaïda (la granja educativa creada en Túnez), Or Yehuda (una granja educativa creada por la JCA en Anatolia), etc.[2]

La idea de llevar familias atraídas por sus parientes, sin responsabilidad alguna por parte de la JCA, surgió ante las presiones para reunificar familias y por el temor de vaciamiento de las colonias. En la primera etapa se resolvió alentar la colonización en Moisesville y a consecuencia de ello se acordó apoyar la iniciativa –presentada como si proviniera de los mismos colonos– de enviar a Rusia un colono de Moisesville para que reclutara unas 50 familias con características adecuadas. La condición estipulada fue que ellas mismas costearan los gastos de viaje, mientras que la JCA estaba dispuesta a otorgar un préstamo de $2.000-3.000 a cada familia que decidiera establecerse en la colonia.

Las formas de incorporación

La misión de Cociovitch

Los colonos de Moisesville designaron a Noé Cociovitch para reclutar al nuevo grupo. El 23.5.1899 le entregaron un poder firmado por más de 40 colonos para que lo presentara ante los familiares en Rusia, en el que señalaban que quienes viajaran y estuvieran dispuestos a perseverar en las arduas faenas de campo garantizarían seguridad personal a sus hijos y gozarían de libertad de culto. Cociovitch partió de Buenos Aires el 31 de mayo.[3]

Su tarea fue definida como una misión a pedido de los colonos y bajo la exclusiva responsabilidad de los mismos, pero no caben dudas de que todas las etapas de su ejecución interesaban también a la JCA. Los intereses de esta última variaban en los diferentes niveles, en particular en cuanto a las posturas relacionadas con los aspectos prácticos de la misión. En términos generales, S. Hirsch y Cazès eran más rigurosos, la comisión de San Petersburgo y Feinberg en especial trataban de ayudar y los directores de París escribieron que “la misión de Cociovitch nos interesa desde todo punto de vista”, pero agregaron algunas condiciones.[4]

Después de varios meses en los que se eligió a los candidatos, Cociovitch tropezó con un obstáculo: no todos los considerados aptos para la colonización podían costearse el viaje. Después de ciertas presiones de la comisión de San Petersburgo y también por su deseo de que la misión se viera coronada por el éxito, la JCA anticipó el monto necesario pero resolvió hacerlo a nombre del banquero Hipolit Wawelberg, para que los colonos cancelaran la deuda sin saber que ella estaba involucrada en el préstamo. La JCA logró mantener el secreto, Cociovitch recibió el dinero y pensó que había sido gracias a la intercesión de Feinberg ante Wawelberg; los viajeros vieron al banquero como su salvador y el grupo que formaron en la colonia llevó su nombre. El 12.7.1900 desembarcaron en Buenos Aires y tres días después llegaron a Moisesville en un tren especial.[5]

El grupo de Bialystok

En septiembre de 1900, unos dos meses después de la llegada del grupo de Cociovitch, viajó a París el escritor, periodista y posteriormente líder del sionismo ortodoxo Gedaliah Bublik de Bialystok, quien informó que unas 20 familias de su ciudad querían integrarse a las colonias de la JCA en la Argentina y que estaban dispuestas a cumplir las siguientes condiciones: autoorganización, costeamiento del viaje y depósito en las oficinas de la JCA del monto necesario para mantenerse hasta la obtención de la primera cosecha. Bublik se entrevistó con S. Hirsch, que a la sazón se encontraba en París, y le entregó la primera lista de candidatos; este y Cazès reaccionaron positivamente a la propuesta.[6]

Bublik y su grupo llegaron a Buenos Aires a fines de marzo de 1901 con un gran cargamento y un shojet (matarife ritual), se establecieron a lo largo de las vías del ferrocarril en tierras consideradas de alta calidad y dieron a su grupo el nombre de Zadoc Kahn.[7]

El fracaso de Blecher al emular la misión de Cociovitch

La noticia sobre la decisión de llevar familiares y amigos a Moisesville llegó a Entre Ríos y despertó el deseo de emularla. Las iniciativas destinadas a concretarla contaron con el beneplácito de Lapine, quien sostenía que la difícil situación de los judíos en Rusia los alentaba a emigrar y que “muchos colonos han pedido y piden traer a sus familiares para que se asienten junto a ellos”. Asimismo, señaló que el colono Moisés Aarón Blecher de Basabilvaso había partido a Rusia en una misión privada similar a la de Cociovitch.[8]

El viaje de Blecher y las afirmaciones de Lapine recibieron una rigurosa respuesta de S. Hirsch, quien señaló que la aprobación del viaje de Cociovitch se había basado en la situación de Moisesville, pero que en las colonias de Entre Ríos no había lugar para una medida como esa antes de completar el proceso de consolidación. En París respaldaron la postura de Hirsch y no apoyaron a Blecher. Cuando Blecher se encontró con Feinberg, este le aclaró que no se podía aumentar el número de colonos en Clara antes de que lograran pagar una cuota anual o dos, y lo instó a regresar de inmediato y transmitir el mensaje a los colonos. Ante la falta de alternativa, Blecher volvió con las manos vacías. En junio de 1901 quiso repetir el intento, pero tampoco esta vez logró apoyo.[9]

Europa del Este y la presión para emigrar

Aun antes de concretarse la política de llevar familiares y amigos de los colonos de Moisesville a sus expensas y bajo su propia responsabilidad, se produjeron algunos acontecimientos que requirieron la atención de la JCA. En Pesaj de 1899 estalló un pogromo en Nicoláiev (Jersón, actualmente Ucrania) y los vándalos se dirigieron a las aldeas judías de los alrededores y atacaron a sus habitantes. Esa fue la demostración de que, aunque las autoridades rusas estuvieran dispuestas a permitir el accionar de la JCA en su ámbito, la igualdad civil y la seguridad personal de los judíos aún estaban lejos de lograrse. Entre otras cosas, los atacantes causaron estragos en la colonia Nahartaw y destruyeron 146 de las chacras existentes.[10]

En 1899 hubo una hambruna en Rumania que afectó a vastos sectores de la población. Además de los estragos naturales, los alborotadores atacaron a los judíos de Iaşi en mayo. Este pogromo produjo un éxodo apresurado que en 1899-1900 llevó al hacinamiento de refugiados en Viena y Londres, en tiempos en que se les cerraban diversas fronteras.[11]

Estos acontecimientos se producían mientras en los Estados Unidos, Europa Central y Occidental se agudizaba la oposición a la llegada de extranjeros, más aun si eran judíos. Los líderes de las comunidades judías en Europa se sentían afectados por una serie de hechos que indicaban la aparición de profundas fisuras en la emancipación; el más notorio era la ola de antisemitismo que cundió en Francia en 1896-1904, durante el affaire Dreyfus. Los sucesos en Rumania causaron estupor en las organizaciones judías y los judíos en general, precisamente cuando estos se encontraban en situación de debilidad. Algunos dirigentes de esas organizaciones trataron de alejar a los refugiados devolviéndolos a sus lugares de origen o trasladándolos a otros países.[12]

La JCA participó en la organización de la emigración de los judíos de Rumania a países definidos como “de ultramar” o “extraeuropeos” y sus oficinas en diferentes lugares suministraban información y orientación a los emigrantes.[13]

La reunión del consejo del 21-22.7.1900 estuvo dedicada a la situación de los judíos en Rumania y contó con la presencia de S. Hirsch. En ella se asignaron 3.000 pesos por cada familia de Rumania que los directores enviaran a sus colonias en la Argentina. Dos días después enviaron un telegrama a Cazès con instrucciones para anular los procesos de arrendamiento de tierras de la JCA en Moisesville y acelerar las tratativas de compra de enclaves en la región. El 26 llegaron instrucciones para empezar a construir 30-50 casas, con la explicación de que debido a las malas cosechas y las leyes restrictivas, muchas familias de Rumania habían decidido emigrar y “no podemos permanecer indiferentes ante ese desplazamiento”.[14]

Esta decisión implicaba una contradicción absoluta con la colonización que se nutría de una inmigración espontánea motivada por la atracción que ejercían las colonias exitosas en la Argentina. La respuesta de Cazès fue que, por supuesto, entendía que

los principios deben subordinarse a catástrofes como esta y que a pesar de nuestra resolución de alentar solo inmigración espontánea, faltaríamos a nuestro deber si cerráramos nuestras colonias por completo.

Pero a continuación enumeró una serie de requisitos rigurosos que deberían ser implementados al elegir a los candidatos. Sus advertencias coincidían con las de París, que se referían a los mismos temas: “Solo enviaremos familias que tengan probabilidades reales de éxito y que cuenten con suficiente mano de obra”, y agregaban que la elección se haría junto con S. Hirsch.[15]

A fines de 1900 se publicó la intención de colonizar al año siguiente 50 familias de Rumania en Moisesville. El proceso de toma de decisiones y la elección de candidatos, los preparativos para la colonización y los trámites de viaje se prolongaron mucho tiempo y solo en agosto se emitieron instrucciones al administrador de Moisesville, Meshulam Cohen, para que preparara las parcelas. En septiembre los directores de la capital solicitaron que se acelerara la partida para que los inmigrantes pudieran llegar a tiempo para la cosecha. El 10 de noviembre partieron 41 familias (unas 300 personas) y se informó que el número de trabajadores por familia era suficiente. El barco llegó a Buenos Aires el 10 de diciembre y al día siguiente fueron enviados a Moisesville, adonde llegaron sin equipaje ni medios de subsistencia. Meshulam Cohen les entregó insumos básicos.[16]

La inmigración espontánea de familiares

A fines de 1899 Cazès encontró en las colonias de Entre Ríos inmigrantes que habían llegado sin ayuda de la JCA, que vivían con sus familiares y que querían colonizarse. Cazès reaccionó favorablemente a condición de que no reclamaran a la JCA los gastos de viaje u otros, a excepción del terreno y la casa que la JCA les proporcionaría.[17]

En marzo de 1900 se elevó un presupuesto acorde con las premisas básicas, en el que se señalaba que se debía actuar con precaución para que “este movimiento que vemos con simpatía” se lleve a cabo lentamente, logre el afianzamiento de los nuevos y no ponga en peligro los logros alcanzados. El flujo de inmigrantes continuó hasta fines de 1900; algunos fueron colonizados según el plan y otros esperaron el presupuesto del año siguiente y se prepararon para trabajar en la cosecha. En definitiva llegaron a las colonias 200 personas más de las previstas, hecho que duplicó el número de quienes querían colonizarse. Entre ellos se contaban muchos que habían llegado solos y que pensaban trabajar para financiar el viaje de sus familias, que de esa manera nutrían el movimiento continuo. El deseo de integración de estos inmigrantes es particularmente interesante porque 1900 fue un año muy difícil para los agricultores y 113 familias (560 personas) abandonaron las colonias de la JCA en Entre Ríos.[18]

Lapine recibió autorización para colonizar a quienes en su opinión eran adecuados, con las limitaciones aprobadas para el terreno y el presupuesto. Los directores de la capital señalaron que no debían precipitarse para evitar consecuencias “irritantes”. Lapine exhortó a colonizar a todos de inmediato, indicó que esa era la única forma de ampliar y afianzar la colonización y agregó que si los directores pensaban que no se debía colonizar a quienes habían llegado durante 1901, debían darlo a conocer en periódicos en Rusia: “Este es el único medio de restringir la llegada”. La propuesta de dar a conocer el tema a la prensa atemorizó a los directores, que la rechazaron enérgicamente.[19]

A pesar de los obstáculos, los familiares de los colonos siguieron llegando a Entre Ríos. En 1901, las dificultades agrícolas y otras causaron el abandono de muchos colonos veteranos, entre los que se destacaba un grupo de 43 familias que se trasladó al territorio nacional de La Pampa para colonizarse allí sin intervención de la JCA. Ese mismo año se establecieron en Entre Ríos 329 familias, 115 de ellas de hijos de colonos que habían salido de las chacras de sus padres, y el resto de inmigrantes de Rusia que en su mayoría eran familiares de colonos. Paradójicamente, los abandonos estaban relacionados con la llegada de nuevos colonos, porque se liberaban tierras y medios de producción.[20]

Trabajadores judíos llegados a las colonias

Paralelamente con las familias llegaron judíos que trabajaban como peones de campo o artesanos, en tareas agrícolas estacionales en los alrededores o en trabajos ocasionales, como el tendido de vías férreas; algunos consideraban la posibilidad de colonizarse. El movimiento iniciado con la llegada de individuos se convirtió en una corriente permanente durante todo el período estudiado. En 1900 había solo algunas decenas; en 1901 eran aproximadamente 340 y en 1905 llegaban a 2.196. Algunos de ellos tenían intenciones de llevar a sus familias en el futuro, pero también había familias enteras.[21]

Para la JCA se trataba de una tendencia de crecimiento positiva, porque así podría elegir a los inmigrantes que le parecieran más adecuados sin complicarse en una maraña de debates y discusiones sobre la financiación del viaje, el reclutamiento a cargo de la comisión en San Petersburgo y la asunción de la responsabilidad por su destino antes de haber examinado la capacidad de trabajo cotidiano. Los directores de Buenos Aires temían perder el control y pidieron a Lapine que

persuadiera a los colonos que difunden nuestra obra para que sean más cautos y no escriban a Rusia –tal como lo hacen muchos– que todos los que vengan por su cuenta serán colonizados por nuestra sociedad.[22]

En las temporadas agrícolas muertas de 1901-1902, esos colonos padecieron hambre. En la época de cosecha y trilla trabajaron arduamente para ganarse el escaso pan y ahorrar algún dinero para traer a sus familias. Sus viviendas no reunían las condiciones mínimas, al menos en el primer tiempo, y sus probabilidades de ser aceptados dependían de la administración local que no estaba obligada a colonizarlos. Cuando los directores entendieron que no se trataba de un fenómeno pasajero empezaron a autorizar presupuestos para una solución modesta del problema de vivienda.[23]

La mayor cantidad de peones judíos se encontraba en Mauricio, tanto porque allí había más trabajo asalariado como porque la colonia se hallaba más cerca de la capital. En 1901 había en todas las colonias 340 inmigrantes (5% del total de colonos) y en 1905 su número aumentó a 9.227 (24% del total de colonos). En 1901 había en Mauricio 147 (14%) y en 1905 llegaban a 804 (61% del total de colonos).[24]

El segundo viaje de Cociovitch

A principios de 1901 se decidió enviar nuevamente a Cociovitch para reclutar cien familias de parientes y conocidos. Los directores de Buenos Aires apoyaron la iniciativa a condición de que se llevara a cabo con los mismos parámetros que la anterior. Cociovitch partió de Buenos Aires el 24.5.1901 y los directores de París informaron a San Petersburgo sobre su llegada, al tiempo que expresaron la esperanza de que gozaría de su ayuda. Los reclutados deberían llegar en dos grupos, el primero de ellos en octubre; en julio se empezaron a preparar las casas.[25]

Diversos obstáculos demoraron el viaje y 29 familias partieron a la Argentina el 10.1.1902. Nuevamente surgió una discusión sobre los gastos de viaje y la solución adoptó la forma de un préstamo presuntamente otorgado por un banquero, el barón Horace de Günzburg. También en esta ocasión los colonos desconocían la verdad y durante muchos años elogiaron y recordaron con agradecimiento a los generosos banqueros que los habían salvado.[26]

En agosto de 1902 había ya unas 40 familias que habían logrado ser incluidas en la lista de pasajeros del segundo grupo. Algunos solicitaron la postergación de la partida hasta la finalización de los trámites relacionados con el viaje. Entretanto llegaron noticias de que en la administración en Moisesville se habían descubierto algunas irregularidades en la caja y en los libros contables manejados por Meshulam Cohen. Los directores de Buenos Aires se apresuraron a informar a los directores de París que interrumpieran la misión de Cociovitch para “no complicar aun más el trabajo de organización” y aceptaron que regresara solo con quienes habían logrado completar los trámites. Cociovitch partió el 20 de agosto con un grupo de 24 familias. El 20 de septiembre llegaron a la nueva estación de tren inaugurada en Las Palmeras, no lejos de Moisesville, con un cargamento de 250 toneladas que en gran medida se había estropeado durante el viaje. Dos días después, cuando todos se encontraban ya en sus casas, se señaló que eran muy pobres.[27]

La colonización de hijos y yernos, y la fundación de Lucienville

En 1894 se colonizaron dos grupos en la zona de Basavilbaso, cada uno de ellos en dos aldeas de 24 familias. El primero, que provenía de Jersón y se llamaba Novibug, se estableció al este de la estación de tren, a lo largo de las vías que llegaban a Concepción del Uruguay; el otro, denominado Ackerman, llegó de Besarabia y se estableció al nordeste de Novibug, en la zona llamada Primero de Mayo. Los representantes de los grupos se entusiasmaron porque el lugar se encontraba en el cruce de dos vías férreas importantes y por la calidad del suelo. Cada familia recibió 50 hectáreas para cultivos de secano y otras 25 para pastoreo.[28]

Estos datos básicos ayudaron a los colonos –de origen campesino y con hijos adolescentes que eran mano de obra importante– a progresar más que las otras colonias en Entre Ríos. Después de algunos años, las hijas e hijos de los colonos se casaron y las tierras asignadas a las chacras destinadas a una sola familia resultaron escasas para la subsistencia de varias familias, más aun porque con el tiempo se comprobó que las parcelas –más grandes que las habituales en Rusia– no eran suficientes en la realidad argentina. A fines de 1898 se acordó poner tierras y casas a disposición de los hijos y yernos para que se colonizaran por separado de sus padres. Para ello se resolvió desarrollar un nuevo grupo en tierras que estaban en proceso de compra a varias decenas de kilómetros al sur de Basavilbaso, junto a las estaciones de tren Escriña y Gilbert.[29]

Los jóvenes destinados a la colonización llamaron a la colonia que estaban por crear Lucienville, en memoria del hijo del barón y la baronesa de Hirsch. El método elegido abogaba por la creación de grupos de diez casas dispuestas a ambos lados de un camino ancho. Los campos se encontraban en tres lados de un cuadrilátero y el redil común en el cuarto. Detrás de cada casa había un terreno de cinco hectáreas para verduras y alfalfa, además de las 50 hectáreas que recibía cada colono para cultivos de secano. Con respecto a la administración, se acordó que el tamaño de la colonia no justificaba la designación de un funcionario autónomo y que la misma estaría subordinada al agente con sede en Basavilbaso.[30]

En 1899 se midieron y señalaron tres grupos de diez casas en parte de una superficie de unas 4.600 hectáreas junto a Escriña. Al principio se colonizó totalmente el primer grupo y parcialmente el segundo. Los colonos empezaron a sembrar de inmediato. El ritmo de colonización dependía de la situación de la tierra: los primeros se establecieron en tierras que habían sido preparadas antes de su compra; en los demás lugares se trataba de tierra virgen y no se podía sembrar en el año de su preparación, razón por la cual las familias habían quedado en Basavilbaso. A fines de 1900 vivían en ese lugar 23 familias, en 1901 también se afincaron en Lucienville inmigrantes que habían llegado espontáneamente y a fines de ese año había 89 familias.[31]

Resumen

El consentimiento para colonizar los grupos de Cociovitch y los oriundos de Bialystok no provenía de una modificación general de los lineamientos de la JCA sino de la visión de Moisesville como un lugar económicamente promisorio. Además de esto, cumplían otros dos requisitos importantes para la JCA por la experiencia del pasado con otros grupos: por una parte, la iniciativa se debía a los colonos y en caso de fracaso no podrían presentar reclamos; por la otra, la promesa de que tendrían sustento en la primera época.

El grupo que Blecher trató de organizar no fue aprobado porque la situación económica de su colonia estaba lejos de lo deseable. En el momento de la toma de decisiones, los argumentos presentados por Lapine con respecto a la situación de los judíos en Europa y los reclamos de unificación familiar no fueron considerados relevantes. En esa etapa se tomaban en cuenta fundamentalmente la situación del lugar receptor, se rechazaba la solución de los problemas sociales y no se creía que en la Argentina hubiera remedio para los judíos oprimidos, salvo que llegaran a Moisesville.

En esta postura se pusieron de manifiesto fisuras cuando empezaron a buscar destinos de inmigración para los judíos de Rumania, pero aun después de haber decidido abrir las colonias a estos refugiados por la sensación de urgencia, la atención del tema y los trámites tomaron mucho tiempo. La llegada del grupo que se asentó en Moisesville simbolizó el acuerdo a aceptar judíos expulsados de sus países de origen aunque no contaran con los medios requeridos. Las normas que se mantuvieron a pesar de eso fueron que se los recibiera en una colonia consolidada y que se aceptara a familias en las que hubiera suficiente mano de obra.

La inmigración de individuos y de familias a sus propias expensas y bajo su responsabilidad interesó a S. Hirsch y Cazès por varias razones: a) se adecuaba a la idea de que los recién llegados debían inmigrar a título privado, porque el reclutamiento de grupos implicaba el peligro de que algunos incitadores los instaran a rebelarse. Más aun, para los directores de la Argentina el reclutamiento en Rusia era “sospechoso” y objetivamente resultaba difícil examinar las condiciones del candidato. b) La compra de los billetes de viaje a cargo de los inmigrantes servía a la JCA de garantía con respecto a la seriedad de sus intenciones. c) El derecho a colonizarse era otorgado solo después de que el candidato fuera considerado adecuado por los funcionario locales. d) No se prometía nada al candidato y su viaje se efectuaba bajo su propia responsabilidad y la de sus familiares en la colonia. e) La JCA confiaba en la ayuda mutua de los familiares. También los inmigrantes anteriores se verían beneficiados, porque necesitarían menos trabajadores asalariados. f) La JCA retenía el control sobre el ritmo de implementación, según el presupuesto asignado y la cantidad de tierras disponibles.

El bienio 1900-1901 fue un tiempo de cambios en la composición de la población de las colonias de Entre Ríos: cientos de familias las abandonaron y las que llegaron por su propia voluntad evitaron el vaciamiento de las mismas.

La situación de Lucienville, la colonia más sureña en la provincia, era diferente: había sido fundada por hijos de los colonos de Basavilbaso y por eso no hubo un crecimiento en el número de colonos en la provincia, sino solo un incremento en el número de chacras y campos cultivados. El método de colonización, las condiciones del lugar y las características de los colonos hicieron que esta colonia se distinguiera positivamente de las otras en Entre Ríos.

A partir de todo esto cabe concluir que en aquellos años los colonos llegaban a las colonias de diferentes maneras; aparentemente, cuando se abrieron las compuertas fue difícil detener el flujo que se nutría de presiones externas y necesidades internas. Se puede destacar el hecho de que los grupos organizados llegaron a Moisesville, mientras que a las demás colonias llegaron individuos: a las de Entre Ríos arribaron fundamentalmente familiares y a Mauricio, una mayoría de inmigrantes. También en este aspecto había diferencias entre las diversas provincias.


  1. HM134, 10.2.1899; JL363, 9.3.1899.
  2. Levin 1997, pp. 35‑44; Levin 2005a, pp. 39‑62.
  3. Cociovitch 1987, pp. 243-247; Bizberg 1942, pp. 7-10.
  4. Ibíd., p. 19; JL363, 6.7.1899.
  5. Cociovitch 1987, pp. 246-247; JL363, 28.12.1899; JL6a, 1.6.1900, 2.4.1900; Sesiones I, 17.12.1899; JL332, 9.3.1900.
  6. JL363, 20.9.1900; JL333, 19.10.1900. Para Bublik, ver: Edward L. Greenstein,”Bublik Gedaliah”, en Encyclopaedia Judaica, VI, p. 1435; Cociovitch 1987, pp. 249-250.
  7. JL334, 31.12.1900, 29.3.1901; Informe 1900, p. 12; Informe 1901, p. 14.
  8. HM134, 30.9.1899. Para Blecher, ver: Cociovitch 1987, p. 238.
  9. Cociovitch 1987, p. 238; HM134, 30.9.1899; JL363, 2.11.1899; JL5b, 1.12.1899; JL399, 19.6.1901.
  10. JL4b, 24.5.1899; Sesiones I, 21.5.1899.
  11. Avni 1982, pp. 111-113.
  12. Dubnow 1950, pp. 165-166; Avni 1982, pp. 114-116, 135-136.
  13. Sesiones II, 18.11.1900, 5.1.1901, 18.1.1902; Informe 1900, p. 4.
  14. JL333, 27.7.1900; JL363, 26.7.1900; Sesiones II, 21.7.1900.
  15. JL333, 24.8.1900; JL363, 26.7.1900.
  16. Informe 1900, p. 13; JL335, 23.8.1901, 20.9.1901; Sesiones II, 19.1.1902.
  17. JL332, 8.12.1899; JL363, 1.2.1900; Informe 1899, pp. 16, 22.
  18. JL333, 7.9.1900, 28.12.1900; JL397, 19.11.1900; Informe 1900, pp. 22, 28.
  19. JL397, 15.1.1901, 21.1.1901, 25.1.1901.
  20. Informe 1901, p. 28.
  21. Informe 1900, pp. 14, 21, Informe 1901, p. 8, Informe 1904, p. 48, Informe 1905, p. 22.
  22. JL333, 14.12.1900; JL334, 3.4.1901; JL397, 7.1.1901; JL29a, 3.4.1901.
  23. Avni 1982, pp. 158-165.
  24. JL334, 14.3.1901; Informe 1901, pp. 8, 10, 18, 27; Informe 1905, p. 22.
  25. JL334, 31.5.1901; JL29a, 28.6.1901; JL335, 26.7.1901; Cociovitch 1987, pp. 252-253.
  26. JL29a, 16.12.1901; JL29b, 10.1.1902, 13.3.1902; JL336, 15.1.1902; JL337, 4.4.1902; Informe 1901, p. 15; Sesiones II, 19.1.1902, p. 157, 9.3.1902, p. 166.
  27. JL29b, 17.3.1901; JL29c, 6.8.1902,18.8.1902; JL337, 25.7.1902, 1.10.1902; Bizberg 1942, pp. 43-45.
  28. Hurvitz 1932, pp. 15‑17; Basavilbaso 1987, pp. 40, 41; Salomón 1987, p. 6; Liebermann 1959, pp. 102-103.
  29. Hurvitz 1932, pp. 30-31; HM134, 18.11.1898; JBEx­4, 30.12.1898.
  30. JL363, 26.1.1899, 6.4.1899; HM134, 10.3.1899, 5.5.1899.
  31. Hurvitz 1932, pp. 31-32; JL332, 6.10.1899, 8.12.1899; JL397, 16.11.1900, 1.3.1901; Informe 1899, p. 21; Informe 1900, pp. 23, 28; Informe 1901, pp. 26-27.


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