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Introducción

En el siglo XIX y comienzos del siglo XX, ciertos círculos judíos expresaron su deseo de retornar a las labores agrícolas para liberarse de los aprietos económicos, sociales y civiles en que se encontraban. Aun después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén hubo judíos que siguieron dedicándose a la agricultura, si bien su número descendía gradualmente ya fuera por su falta de arraigo en los países a los que llegaban, por la prohibición de comprar o arrendar tierras en el Imperio Ruso en el que se concentraba la mayor parte del pueblo judío, o bien por su traslado forzoso desde los lugares en los que se habían afincado a la “zona de residencia” (las únicas zonas en que se autorizaba la residencia de judíos), en la que se hacinaban sin posibilidades de subsistencia. Por una parte no se les permitía el acceso a la agricultura y se los constreñía a ganarse el sustento con el comercio y oficios considerados no productivos, y por la otra se los acusaba de no ser aptos para las labores del campo; además de ello, eran víctimas de pogromos y decretos restrictivos.

No obstante, hubo algunos intentos de colonización agrícola judía. El más importante tuvo lugar precisamente en Rusia a principios del siglo XIX, por el deseo del régimen zarista de poblar los territorios contiguos a las fronteras; otros se debieron a las actividades del Movimiento Sionista en la Tierra de Israel y a la fundación de la JCA, creada en 1891 por el Barón Mauricio de Hirsch.

Hacia 1880 la Argentina se encontraba en una etapa de desarrollo acelerado (arribo de numerosos inmigrantes, desarrollo de vías férreas, puertos, etc.) y se convirtió en uno de los principales exportadores de carne y granos del mundo entero, una de las razones por las que fue elegida por el barón como destino principal de las actividades de la JCA.

La estructura organizativa de la sociedad se basaba en los métodos modernos de las sociedades comerciales y económicas dirigidas por un consejo de accionistas. En este caso, el consejo y el nivel administrativo central tenían sede en París y supervisaban la comisión que representaba a la JCA en San Petersburgo, así como las demás actividades en diversos países, a través de una serie de directores de quienes dependían los administradores, los agentes y otros funcionarios encargados de poner en práctica las directivas recibidas de París.[1] El barón de Hirsch dirigió la sociedad hasta su muerte en 1896; a partir de entonces la gestión pasó a manos de un consejo integrado por representantes de las organizaciones y comunidades judías en quienes el fundador había depositado las acciones de la JCA.

El presente estudio versa sobre las colonias y los colonos durante la actividad del consejo hasta la Primera Guerra Mundial. La primera parte reseña las actividades de la sociedad hasta la muerte del barón, la segunda expone la evolución cronológica y la tercera, cuarta y quinta analizan la situación socioeconómica de los colonos y su vida comunitaria, cultural, educativa, etc., no necesariamente de manera cronológica.


  1. El presente trabajo no analiza las relaciones y conflictos entre los distintos estamentos de la JCA y los colonos.


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