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La cuestión ambiental y modelos de desarrollo en disputa
en el delta del Paraná

Una reconstrucción histórica a través
de El Periódico del Delta, Argentina

Sebastián Tamashiro[1] y María Ximena Arqueros[2]

Lo ambiental y los medios de comunicación locales

El objetivo de este artículo es identificar los discursos relativos a la cuestión ambiental que circularon en textos históricos y fuentes periodísticas, fundamentalmente El Periódico del Delta, en el período 1850-2018 y relacionarlos con modelos de desarrollo implementados en la zona núcleo forestal del delta inferior del río Paraná.

Asumimos que las nociones de “ambiente” y “naturaleza” son construcciones sociales (Williams, 2000; Leff, 2000; Escobar, 2010; Gudynas, 2009; Saavedra, 2014) definidas a partir de la relación que cada sociedad establece con su entorno y que cambian a lo largo de la historia, y que los medios de comunicación son actores claves en ese proceso. En este trabajo buscamos identificar las valoraciones de ciertas áreas y recursos que justificaron ciertos modelos de producción y desarrollo a partir de discursos explicitados por determinados actores en los medios gráficos de las islas del delta inferior del río Paraná.

En el territorio en estudio, que tiene como centro la zona núcleo forestal, las comunicaciones han sido históricamente subordinadas a la infraestructura de tendidos eléctricos, caminos, antenas de señal de celular, canales y transportes que conectan las islas entre sí y con el continente.

Los medios de comunicación masiva son articuladores entre la sociedad y sus contextos, y su principal efecto ideológico se encuentra en que construyen consenso, no solo por cada artículo, nota o carta editorial, sino por todos los procesos de argumentación, debate y especulación (Hall, 1982). Tienen la potestad de influir sobre el debate público aumentando la aparición de ciertos temas y omitiendo otros, o abordándolos con una lógica particular (Califano, 2015). Participan activamente en la legitimación de ciertos sectores que pueden instalar temáticas en las agendas mediáticas de forma diferencial (Ortiz Marín, 2006; Hall, 1982; Fuks, 2001). El trabajo ideológico de los medios no es sencillo ni unidireccional, ya que la reproducción ideológica está enmascarada en la reivindicación discursiva de “objetividad”, “neutralidad”, “imparcialidad” para conservar su legitimidad (Hall, 1982).

Tanto los medios masivos como los locales tienen mecanismos de funcionamiento en común. Los segundos tienen la particularidad de que su objetivo de acción se encuentra atravesado por la proximidad, en términos de espacio-tiempo, y enmarcado a partir de un sentido de lugar o un “espacio social” y desde una identidad local (López, 1998). De esta manera, los medios de comunicación locales incluyen los aspectos identitarios de la comunidad local y no solo informan acerca de ella, sino también desde ella, y generan este protagonismo y apelan a él en sus contenidos (López et al., 1998; Cebrián y Mirón, 2013).

Diversos autores destacan que los medios locales podrían ser actores claves para el “desarrollo” local (Arroyo, 2003; López, 1999; Escuder Briz, 2016) ya que le acercan a la población la posibilidad de participar en las decisiones sobre el territorio a partir de mantener en discusión diversas temáticas acerca del espacio social en cuestión y aportar a la construcción de la “identidad local” (López, 1999; García, 2004; Escuder Briz, 2016; André y Rego, 2003; Arroyo, 2003; Lira, 2003). La construcción de identidades, que incluye la construcción de percepciones colectivas, tradiciones y patrimonio cultural, entre otras cuestiones, influye en cómo las comunidades se apropian de los territorios y establecen sus estructuras productivas (Lira, 2003; Gómez y Delgado Mahecha, 1998; Mazabel y González Fuente, 2016; Flores, 2007).

Diversos estudios (Barbero, 1998; López Monja et al., 2010) resaltan que, a pesar de que las nuevas TIC pueden fomentar la diversidad de voces, conllevan relaciones de poder y pueden generar dependencias en los territorios. Barbero (1998) afirma que las tecnologías globales son la materialización de la racionalidad económica hegemónica, pero también señala que su rediseño es posible, que hay chances de apropiación social y cultural de los procesos “modernizantes”. Papacharissi (2002) resalta que, si bien existe acceso a mucha información, pocos actores siguen teniendo control de los discursos dominantes, y que la disponibilidad de diversas visiones no asegura que las personas accedan a ellas o puedan imponerlas.

Luego de varias visitas al Centro Documental de la EEA INTA Delta[3] en las que se revisó el material disponible, se identificó a El Periódico del Delta como “fuente esqueleto” de esta investigación. Este medio de comunicación comenzó su actividad en el año 1933 y fue el primero de carácter local. En el Centro Documental, se encuentran sistematizadas las ediciones del periódico que abarcaban desde el año 1940 hasta el 2000.

En la antigua sede de El Periódico del Delta, ubicada en la localidad de Tigre, la última directora del periódico, Herminia Venencio, facilitó las ediciones desde el año 2000 hasta el final de la actividad del periódico en abril de 2018. La disponibilidad de las ediciones desde el año 1940 hasta el 2018 brindó una continuidad que permitió detectar cambios y continuidades de discurso en diferentes contextos históricos.

El Periódico del Delta fue fundado en 1933 por Sandor Mikler, un periodista autodidacta de origen húngaro que vivió entre 1902 y 1971 y que buscó la promoción económica, social y cultural de las islas. Como una medida para llevar este objetivo a cabo, creó el medio gráfico en el que publicó noticias, crónicas e investigaciones con foco en la geografía, los usos productivos y la historia de las islas (Galafassi, 2004). Su actividad en el delta trascendió lo periodístico. Mikler fomentó y organizó el Primer Congreso de Productores Isleños el 30 de octubre de 1936, a partir del que se conformó el Consejo Permanente de Productores Isleños, y en cuya fecha se celebra el Día de los Isleños[4], considerada la fiesta más importante de la región de las islas. Sandor conformó Consejos Asesores Locales de diferentes instituciones gubernamentales vinculadas a la producción y la vida en la isla, como el del INTA Delta, de la Prefectura Naval, y se desempeñó como miembro de la Comisión Nacional de Bosques, del Álamo y del Consejo Intermunicipal del Delta (Galafassi, 2004). Según el autor, el desarrollo isleño que proponía Mikler seguía las líneas de la organización de productores Consejo de Productores del Delta, del cual fue secretario, y que se basaba en la visión de un delta monoproductor de forestales. También agrega que eso implicaba definir a los grandes productores como los actores que llevarían a cabo la tarea de desarrollo ya que los pequeños productores no podrían contar con los recursos necesarios para sostener una unidad económica forestal y tenderían a desaparecer (Galafassi, 2004). De todas formas, el periódico dio espacio para que diferentes actores locales publiquen críticas u observaciones sobre las principales líneas editoriales. El medio gráfico funcionó como espacio donde múltiples instituciones gubernamentales, empresas y vecinos expresaban sus intereses y donde se produjeron intercambios de ideas que resultan interesantes a la hora de identificar discursos y discutir tensiones en relación con los modelos de desarrollo regional que estuvieron en disputa. La presencia de voces disidentes a la línea editorial fue otra de las razones por las que se eligió el periódico Delta como fuente esqueleto.

También se trabajó con textos históricos de autores emblemáticos que escribieron sobre el delta, como Domingo Faustino Sarmiento y Marcos Sastre.

Las concepciones y visiones del ambiente y la naturaleza encontradas a lo largo de las notas del periódico se sistematizaron utilizando el concepto operativo de “esquemas argumentativos” (Fuks, 2001). El autor define que los esquemas argumentativos son herramientas para interpretar asuntos que adquieren carácter público y entran en la agenda de la sociedad. Estos esquemas buscan explicar los sentidos que se disputan en los discursos para clarificar los trasfondos ideológicos de las declaraciones y los recursos argumentativos que utilizan los diversos actores sociales. Así pues, se pusieron en relación los discursos con un análisis del contexto histórico regional, nacional e internacional, y se realizó una periodización de los significados y los contextos en que aparecieron palabras, frases o conceptos determinados relacionados con la cuestión ambiental. En la sección siguiente se presentan los esquemas argumentativos construidos para dar cuenta del concepto “ambiente” entre los años 1850 y 2018 en los medios de comunicación. Se identificaron voces de diferentes actores, se definieron etapas y en cada una se sistematizó:

  • un núcleo de la cuestión o núcleo temático, que busca clarificar qué es lo que está en disputa,
  • un núcleo argumentativo, que indica los argumentos que definen cuál es la problemática ambiental en cuestión y las acciones posibles, y
  • un núcleo de la posición, en el que se identifican actores sociales que encarnan el discurso.

Si bien nos inspiramos en la metodología propuesta por Fuks (2001), es importante mencionar que el autor considera otras variables que no han sido incorporadas en este relevamiento. Tras esta sistematización, se pueden identificar los paradigmas de desarrollo detrás de los discursos.

Ambiente y modelos de desarrollo, un ensayo de periodización

Diferentes autores analizaron procesos históricos en las islas con respecto al uso y a la apropiación del territorio y propusieron periodizaciones que permiten observar hitos e identificar períodos en los que se implementaron determinadas políticas públicas a nivel territorio.

Galafassi (2004) reconstruyó la historia de ocupación y producción del delta desde el año 1860 hasta el 1940. El autor abordó las lógicas económicas y sociales de los cambios, y los actores y actividades que tomaron relevancia en los distintos procesos. El paisaje del delta es fundamental en todo el análisis de Galafassi. Moreira (2015) abarcó los cambios productivos e institucionales en el delta inferior bonaerense del Río de la Plata desde el período final de la citricultura hasta el crecimiento de la actividad forestal. Castro, Arqueros y Straccia (2016) plantean una historización de las normas de regulación de la naturaleza y los recursos del área desde principios del siglo xx focalizada en, por un lado, las normas de fomento y consolidación del poblamiento colono y de promoción forestal y, por otro, las normas ambientalistas y sus variantes. Nussbaumer y Fernández (2018) analizaron las diferentes normas que regularon y regulan la promoción forestal en el delta inferior del río Paraná y el rol en el uso y la apropiación del territorio. Los eventos de inundaciones han sido hitos fundamentales en todos los análisis ya que representaron quiebres o inicios de diversos procesos sociohistóricos, desde migraciones multitudinarias, el fin de modelos productivos como el frutihortícola y hasta puntapiés para discusiones sobre formas de intervenir las islas mediante obras de infraestructura (Galafassi, 2004).

A partir de los trabajos mencionados, se identificaron cinco períodos, en los que se caracterizaron los discursos hegemónicos vinculados a la cuestión ambiental y a la naturaleza, y en algunos casos también discursos alternativos:

  • Período 1: del 1855 al 1940. El delta como paraíso productivo, naturaleza que privatizar y que civilizar.
  • Período 2: del 1940 al 1959. Crisis de fruticultura familiar: posibilidades y embates naturales.
  • Período 3: del 1960 al 1983. Naturaleza para expandir la producción foresto-industrial con lógica empresarial.
  • Período 4: del 1983 al 2000. Manejo del agua y producción foresto-industrial sustentable.
  • Período 5: del 2000 al 2018. Producir y proteger el humedal y la biodiversidad.

Para cada período se presenta a continuación una caracterización de los contextos, actores y discursos vinculados a la naturaleza y al ambiente que se sistematizaron a partir de los esquemas argumentativos (Fuks, 2001) arriba mencionados.

Período 1 (1855-1940): el delta como paraíso productivo, naturaleza que privatizar y que civilizar

La división internacional del trabajo estructuraba la economía mundial, y el Estado argentino se estaba consolidando. La “élite ilustrada” del país quería “civilizar” a la Argentina y, para ello, propuso “un proyecto de modernización y transformación integral del país”. El delta, hasta entonces una zona marginal en los planes nacionales, fue “redescubierto” como un área de gran potencial productivo, tanto de alimentos como de otros productos primarios, en función de su cercanía a la Ciudad de Buenos Aires como punto de demanda (Galafassi, 2004). El delta se empezó a ver como un foco de expansión y colonización del vasto territorio nacional. El núcleo temático de este período se reconstruyó a partir de los artículos sobre el delta que Domingo Faustino publicó en el periódico El Nacional desde el año 1855 hasta 1883. Luego fueron recopilados en El Carapachay. También se usó El tempe argentino, la obra que Marcos Sastre publicó en el año 1858. Solo para este período se recurrió a estas fuentes dado que El Periódico del Delta se inició en 1933. En términos generales, destacaban al delta como un lugar que colonizar y privatizar y del cual aprovechar su naturaleza por medio de la agricultura. Lo describieron como un paraíso productivo, es decir, un paisaje armónico con alto potencial agrícola, en el que se podía moldear un territorio en vistas de asentamientos e industrias.

Esta madre liberal e inagotable pródiga en estos ríos y estos campos, como en el siglo de oro, sus bellezas y sus bienes. Todo parece aquí preparado para la satisfacción y el bienestar del hombre, sin el trabajo abrumante que por todas partes lo persigue. Todo le induce al fácil cultivo de tan fecundo suelo; todo le inspira el amor a la paz y la confraternidad (Sastre, 2005: 30).

… Dios había preparado […] ferrocarriles, rutas viables en todas direcciones, para la futura exportación de la masa enorme de producciones vegetales que brotarían del simple contacto de la mano del hombre con aquella tierra feraz, como ninguna, húmeda y caliente como en los trópicos, blanda y profunda como en los invernáculos… (Sarmiento, 1899: 29).

En este período el núcleo temático se definió como “naturaleza para privatizar y producir”, principalmente en las voces de Sarmiento y Sastre, señalamos que el núcleo argumentativo consistió en una naturaleza bella, armónica y con potencial productivo, y que para su aprovechamiento había que civilizarla: colonizar, privatizar y practicar la agricultura.

Período 2 (1940-1959): crisis de la fruticultura familiar, posibilidades y embates naturales

Hasta la década del 40, la población en el delta se incrementó de la mano de la producción frutícola y luego comenzó a bajar. La causa fue una fuerte crisis estructural económica. Los altos costos de producción limitaban el crecimiento de las unidades productivas. El contexto sociohistórico del país dejó de ser favorable, ya que se promovieron otras zonas frutícolas. Se sumaron “embates de la naturaleza” como heladas e inundaciones, por ejemplo, la crecida del 40, y ataques de insectos, roedores y hongos, entre otros. Los productores sin el capital necesario para sobrellevar las crisis migraron. El período cerró con la histórica crecida del 59, que fue letal para muchos cultivos frutales y profundizó la crisis de la actividad (Galafassi, 2004).

El problema de la población isleña no surge de esta marea, sino de todas las mareas habidas y las que aún vendrán. […]. Aquí el problema es el estancamiento de las aguas. […] Esto es un problema permanente que exige canales. Obras públicas útiles para toda la nación y no limosnas… (“Hacen falta más canales”, El Periódico del Delta, 1940).

Las sucesivas inclemencias naturales que han ido castigándonos en estos últimos años, a partir de la “pedrada” de 1954, luego los ventarrones descomunales y finalmente las mareas, que desde el año pasado no nos dejan respirar, al punto que la inmensa mayoría de las plantaciones están dando señales de haber llegado al extremo de su resistencia. Numerosas plantaciones, las más vigorosas, están muriendo […]. A estas calamidades meteorológicas y biológicas, inevitables, se suma la política negativa […] [Haciendo referencia a los derechos laborales de los trabajadores peronistas] (“Fruticultura isleña en crisis”, El Periódico del Delta, 1959).

En este período el núcleo temático se centró en que el delta tenía pulsos naturales inevitables que impactaban de forma negativa en la población local y sus actividades productivas. La naturaleza dejó de ser solo “belleza” y se transformó en “una fuerza amenazante”. Durante este período, las noticias de El Periódico del Delta respecto a la principal producción de la región se referían a que había que combatir y aprovechar la naturaleza, para lo que se necesitaban inversiones en obras públicas de infraestructura: “naturaleza como fuerza inevitable”, pero dominable a través de obras de infraestructura. El periódico rescató las voces de organizaciones de productores frutícolas, mimbreros y hortícolas y encaró la problemática del sector desde la consideración de que el delta era una región subdesarrollada ya que su naturaleza era incontrolable y dañina para la comunidad, pero destacaba que era posible atenuar sus efectos negativos y aprovecharla mediante obras de infraestructura.

Período 3 (1960-1983): naturaleza para expandir la producción foresto-industrial con lógica empresarial

En los años 60, se dieron importantes cambios a nivel mundial, nacional y regional que modificaron profundamente la realidad isleña: la crisis frutícola de las islas y el ascenso de la forestación como principal actividad económica. A nivel nacional, en el marco del modelo de sustitución de importaciones, se profundizó el fomento a la producción forestal en miras de reducir la fuga de divisas y sostener el consumo de diarios y revistas. Para lograr este objetivo, se crearon instituciones y mecanismos financieros de promoción forestal que derivaron recursos en la zona en estudio (Moreira, 2015; Nussbaumer y Fernández, 2018).

El periódico hizo hincapié en la necesidad de forestar e industrializar el delta para desarrollar la zona. Desde el medio se afirmaba que la naturaleza del delta era ideal para forestar.

Aquí [refiriéndose a las islas] consolidaremos el emporio celulósico que el país necesita y reforzaremos la nueva imagen del Delta, que no es la imagen romántica pintada por Sarmiento o Sastre. […]. El nuestro es un pequeño mundo en transformación, con hombres que al utilizar la libreta de cheques, no olvidaron el manejo del hacha. Aprendieron las lecciones deparadas por los rudos contrastes de la naturaleza adaptándose a las condiciones impuestas por la geografía y están prontos y aptos para convertirse en empresarios modernos…

Y al mismo tiempo, se naturalizaba el proceso de emigración del delta:

Es natural que se vayan porque encuentran mejores condiciones de trabajo. Es el mismo drama rural del mundo entero […]. Estoy seguro que la utilización de nuestros enormes recursos madereros revertirá la situación… (“El pensamiento isleño en el diario Clarín, El Periódico del Delta, 1968).

El periódico se refería a que las forestaciones eran buenas para el ambiente y para la salud del ser humano. Además, era una actividad económica que posibilitaba el desarrollo.

El periódico reproduce la voz de un representante de FAO que expresa la preocupación por el accionar de las civilizaciones sobre sus entornos y declara que “el bosque purifica”, que “representa el elemento más importante en el globo como purificador que cambia el aire”, y también sugiere que beneficia a la calidad del agua de consumo humano. De esta forma, pone el foco en la relación entre el bienestar de los bosques y de la humanidad: “¡Porque el papel de los bosques puede ser completamente en función del ambiente humano!” (“Los bosques y el ambiente”, El Periódico del Delta, 1972).

Las páginas del periódico también dieron voz a la entidad civil Asociación Forestal Argentina (AFA), que buscaba el progreso de la ciencia forestal y que incorporaba en su discurso el rol benéfico de los bosques: “… no solo constituyen un valioso patrimonio de la comunidad por las riquezas que generan, sino que además son factores primordiales para la conservación y purificación del medio de los recursos naturales” (“AFA y la implantación del ‘Bono Forestal’”, El Periódico del Delta, 1975).

En este período cuyo núcleo temático se definió como “el delta forestal”, se puede ver que el periódico dio lugar a las voces de organizaciones de productores y empresas forestales, como también del INTA y gobiernos tanto de escala nacional y provincial. El núcleo argumentativo señalaba que el delta era un área subdesarrollada y que su naturaleza era ideal para la producción foresto-industrial. Se proponía intervenirla para traer el progreso local y reducir el déficit fiscal nacional. Por otro lado, en este mismo período, comenzaron a aparecer en el periódico voces de organismos internacionales como la FAO que advertían que los bosques del mundo, claves en la salud del ambiente global, estaban siendo degradados. El periódico reprodujo estas miradas y también las repercusiones en las voces locales y nacionales de organizaciones forestales como Cámara Argentina de la Industria de Maderas Terciadas y Asociación Forestal Argentina, que afirmaban que las forestaciones del delta eran beneficiosas para la sociedad y el ambiente. Se destaca la aparición de la visión de la actividad humana como perjudicial para el ambiente y, por lo tanto, para los beneficios que le brinda a la sociedad.

Por otro lado, en este mismo período, diversos eventos internacionales instalaron la idea de crisis ambiental global. Se destacan la Conferencia de la Biósfera de 1968, el Día de la Tierra en los Estados Unidos en 1970, la publicación del informe del Club de Roma, “Los Límites del Crecimiento” en 1972 y la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972. Actores del hemisferio norte alertaban sobre el deterioro de los ecosistemas globales, particularmente los bosques, producto de la actividad humana. Más específicamente, se denunciaba que se estaban depredando los bosques que contribuían a la buena salud del ambiente y de los humanos.

Período 4 (1983-2000): manejo del agua y producción foresto-industrial sustentable

El desarrollo sustentable ganó protagonismo y se profundizó la difusión de la temática ambiental en la agenda pública global, principalmente a través de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Cada vez más estudios científicos advertían sobre el deterioro ambiental y señalaban como responsables a los modelos de desarrollo de los países industrializados. Surgió la concepción del ambiente sano como un derecho humano, y se multiplicaron las ONG ambientalistas. En este período, se crearon mecanismos de financiamiento internacional para “forestaciones sustentables”.

El periódico amplificó la idea de que los bosques y las forestaciones eran beneficiosas para el ambiente. El delta tenía que ser forestal y debía producir de forma sustentable para contribuir al desarrollo regional y al ambiente global. Conseguir financiamiento internacional era un gran objetivo.

“Producir cuidando al medio ambiente y a la sociedad”, un título que abarcaba dos páginas de un número del El Periódico del Delta de 1997. En la nota se relata que muchos productores forestales del mundo se estaban organizando para llevar adelante la actividad forestal cuidando del ambiente y desarrollaron indicadores ambientales a nivel país y a nivel unidad productiva. En el artículo se enumeraron y explicaron los criterios del proceso que incluían conservar la diversidad biológica.

En el delta, crecía la producción forestal, basada en los endicamientos a gran escala. El INTA advertía que esta modalidad dejaba afuera a muchas personas y proponía otro tipo de endicamientos, que abarcaran menos superficie y que permitieran flujos de agua dentro de los campos, para diversificar la producción. Se señaló que, para realizar los grandes endicamientos, había que tener mucho capital, y entonces solo algunos actores podían llevar adelante la actividad. Así, se estaba desaprovechando el potencial del delta. Se proponía diversificar la producción por medio del control de la naturaleza y su explotación de forma moderna. Los endicamientos controlados traerían el progreso de la región.

En este periodo los núcleos temáticos reforzaron la idea del peligro que corrían los bosques del mundo y señalaron la oportunidad para forestar de forma sustentable. En el periódico, las voces de nivel nacional e internacional de productores forestales, gobiernos provinciales y nacional, como INTA, BID, FAO, ONU, Unesco, comenzaron a encontrar puntos de encuentro: al considerar que el ambiente global estaba degradado y que los bosques podían mejorar el equilibrio ecológico, los Estados y los organismos internacionales optaron por fomentar producciones forestales sustentables. Por otro lado, en el periódico eran frecuentes las voces –como ciertos sectores del INTA y la ONU– que ponían en cuestionamiento actividades preexistentes en el territorio como las forestaciones a gran escala y las intervenciones que requerían por sus efectos ecológicos y sociales. En este sentido, indicaban que la naturaleza limitaba las actividades que se podían llevar a cabo y así también a quienes podían realizarla, y señalaban que se estaba desaprovechando el potencial de la zona. En este contexto, se proponía diversificar las actividades a través del control de la naturaleza, más específicamente con endicamientos controlados que no alteraran el equilibrio ecológico.

Período 5 (2000-2018): forestar sustentablemente para conservar humedales y su biodiversidad

En el año 2000, el municipio de San Fernando declaró su área insular como reserva de biósfera Delta del Río Paraná. Se buscó reglamentar los usos del suelo para resguardar la producción y el equilibrio ecológico, y preservar y mejorar el medio ambiente (Pizarro y Straccia, 2014; Castro et al., 2016).

Grupos ambientalistas encontraron cada vez mayor incidencia en los debates públicos por la gestión del territorio. Los intercambios y debates resultaron en políticas públicas que tenían en miras regular la producción foresto-industrial y compatibilizarla con el uso sustentable del territorio. Apareció la idea del delta como un humedal en peligro (Pizarro y Straccia, 2014). El periódico reprodujo notas en las que se señalaba que el modelo económico mundial no era compatible con la buena salud del medio ambiente y el desarrollo de los territorios. Las reservas de biosfera eran herramientas para lograrlo. El delta se pensaba como una región que conservar por su rol como humedal en peligro y había que regular su uso.

En el año 2000, diversas notas vinculadas a la reserva de biósfera aparecieron en El Periódico del Delta. Se resalta una en particular, “Proyecto reserva de biosfera del Paraná”, que ocupó dos páginas y que reproducía la información que brindaba el proyecto.

En este contexto, científicos y ONG ganaron peso en la discusión del uso del territorio, se sancionó la ley de bosques en 2007 y se prorrogó la ley de bosques cultivados. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner visitó la zona en 2009 para fomentar forestaciones sustentables. En el 2014, se planteó el Protocolo de Estrategias de Conservación de la Biodiversidad en Bosques Plantados de Salicáceas del Bajo Delta del Paraná (Pizarro y Straccia, 2014; Castro et al., 2016).

El núcleo temático de este período se basó en que la producción forestal industrial se podía realizar de forma sustentable y contribuir a la conservación de la biodiversidad. Había que usar racionalmente los recursos naturales y así contribuir a la lucha contra el cambio climático y la pobreza. “Utilización Industrial de la Madera: Una forma de preservar el Ambiente”, se titulaba una de las notas del El Periódico del Delta en el año 2000.

De la misma manera, los actores sociales a los que se les dio mayor protagonismo en las páginas durante los primeros períodos fueron locales y privados, como las organizaciones de productores frutícolas. Luego comenzaron a tener más relevancia las voces locales en vínculo con actores de escala nacional, como Delta Industrial S.A., una sociedad de productores forestales. Los discursos sobre la naturaleza y el ambiente comenzaron a encontrar alianzas entre actores privados y públicos, como el Instituto Forestal Nacional y Papel Prensa S.A. En los últimos años, los discursos internacionales encontraron alianzas y tensiones entre actores privados y públicos –Consejo de Productores, Municipios y Unesco, y Fundación Humedales, Conicet y Centro Industrial Maderero, respectivamente–.

Una síntesis comparativa de los núcleos argumentativos

Si analizamos los núcleos argumentativos a lo largo de los períodos presentados, observamos que aparecen ideas y palabras claves que permiten vincular las definiciones de “naturaleza” y “ambiente” con los modelos de progreso o desarrollo implementados.

Haciendo un análisis comparativo entre períodos en el que se busca identificar continuidades y rupturas en las definiciones de las problemáticas y las acciones para resolverlas, encontramos las siguientes concepciones de “naturaleza” y “ambiente”:

  1. naturaleza que aprovechar para traer el progreso,
  2. naturaleza que controlar para desarrollar el delta,
  3. fomentar la forestación para beneficiar a la sociedad y al ambiente,
  4. forestar para frenar el deterioro ambiental y endicar para diversificar la producción,
  5. normativas ambientales para coordinar el uso del suelo y la producción forestal sustentable.

Así se observa cómo las conceptualizaciones van mutando a lo largo de la historia y dejan lugar a nuevos motores, pero siempre guiados por los valores de la modernización: civilización, progreso, desarrollo, desarrollo sustentable. En este punto resulta interesante rescatar las visiones alternativas, pues, si bien el periódico contribuyó mayormente a respaldar los discursos hegemónicos, también dio lugar a la expresión de voces que pregonaban visiones alternativas. Por ejemplo, en el período 1940-1959, las noticias de El Periódico del Delta respecto a la principal producción de la región se referían a que había que combatir y aprovechar la naturaleza.

Sin embargo, en la nota de 1945, el Congreso de Productores del Delta expresó al gobierno nacional que les interesaba crear “el Parque Nacional Delta del Paraná”. En el evento se manifestó “el apoyo a esta herramienta de protección de la naturaleza con miras a su conservación no alterada por factores humanos, para la preservación de las bellezas naturales, la flora y fauna autóctonas y para permitir la natural evolución de ellas” (“El Parque Nacional del Delta”, El Periódico del Delta, 1945).

En el período 1960-1983, los artículos hablaban mayoritariamente de un delta forestal que podía contribuir a frenar la degradación de los bosques globales. Al mismo tiempo, en la nota “No solo de la madera vive la población isleña” de 1963, se resaltaron otras actividades y formas de habitar la isla, como la producción de mimbre y de formio, la horticultura, la floricultura, la ganadería y el turismo, entre otros (“No solo de la madera vive la población isleña”, El Periódico del Delta, 1963).

En el período 2000-2018, en el periódico se hablaba de cuidar humedales y conservar la biodiversidad del delta, de que los planes de gestión territorial se organizaban en conjunto y de que la forestación debía ser sustentable, o, de lo contrario, podía degradar al ambiente del delta. Por otro lado, también salían notas del Centro Industrial Maderero (CIM), “que desde hace más de sesenta años representa a los principales consumidores de la producción del Delta”. La organización se pronunció por la falta de inclusión adecuada de su entidad en el proyecto de Biósfera. En este sentido, afirmaron que no se habían “distorsionado ni depredado los bienes de la naturaleza”, en referencia a la actividad llevada adelante por los habitantes de la zona, y que el CIM se encontraba ampliamente interiorizado con la temática ambiental (“La Biósfera”, El Periódico del Delta, 2000).

Reflexiones finales

El Periódico del Delta funcionó como un espacio local de disputa de diferentes discursos. En el período analizado, se pudieron observar continuidades y rupturas en las formas de interpretar y construir “la naturaleza” y “lo ambiental”. La importancia que adquirieron estas construcciones estuvo vinculada a los contextos internacionales, nacionales y regionales, y a las posiciones de poder de los actores que las llevaban adelante.

Las concepciones más representadas en las primeras páginas fueron las que primaban en el contexto nacional, regional y local. La naturaleza se identificó y se vinculó con elementos locales como “lo silvestre” de las islas, las inundaciones o las plagas. Desde el nivel nacional y regional, se reprodujeron concepciones de “extensiones de tierra” sobre las cuales avanzar en función del proyecto de país y de la región. En los últimos períodos, fueron tomando relevancia discursos vinculados a concepciones internacionales de la naturaleza. “Lo ambiental” comenzó a ligarse con las problemáticas ambientales globales y se las relacionó con conceptos como “cambio climático”, “biodiversidad”, “servicios ecosistémicos” o “humedales”, términos asociados al conocimiento científico.

De la misma manera, los actores sociales a los que se les dio mayor protagonismo durante los primeros períodos fueron locales y privados, como productores frutícolas y hortícolas, y luego comenzaron a tener más relevancia las voces locales en vínculo con actores de escala nacional, como asociaciones de productores forestales e INTA.

También se señala que la dirección del medio gráfico definió la línea editorial hasta su cierre definitivo. El vínculo de Sandor Mikler con el Consejo de Productores del Delta fue tan estrecho que se los solía identificar como una unidad, sin embargo, miembros del consejo aclaran que siempre fueron autónomos (Mikler, 1991). La mirada de ambos actores (el Consejo de Productores y el periódico) sobre el futuro forestal del delta era compartida. Cuando Mikler murió, la línea editorial fue menos marcada. Los intereses de Rosalía Klein de Mikler, de César Comte, y finalmente de Herminia Venencio, las directoras y el director posteriores a Mikler, variaron respecto de los que iniciaron el periódico.

En los últimos años, los discursos internacionales sobre el ambiente tomaron preponderancia de la mano de ONG y otros organismos internacionales, como Fundación Humedales y la Unesco, y encontraron alianzas y enfrentamientos entre actores privados y públicos nacionales y locales. Este proceso se dio en el marco de diversos hitos que produjeron el encuentro y la visualización de las tensiones entre los distintos discursos sobre la naturaleza que existen en el delta. Algunos ejemplos son la creación de la reserva de biosfera en el 2000, la promulgación de la Ley de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos, la elaboración del PIECAS en 2008, o la media sanción de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Conservación, Protección y Uso Racional y Sostenible de los Humedales del 2013 o la declaración del parque nacional Ciervo de los Pantanos en el 2018.

En cuanto al objetivo del vínculo construido con la naturaleza y la intervención en el territorio, el progreso material para superar la pobreza o el subdesarrollo fue el horizonte durante los primeros períodos, y en los últimos comenzó a primar el “desarrollo sustentable”.

El periódico dejó de funcionar en abril de 2018. En una entrevista realizada en la última sede del periódico en el partido de Tigre, en octubre de 2019, Herminia contó que la crisis económica y el cambio en las TIC fueron razones importantes del cierre. Además, apuntó a que llevaba adelante el medio en soledad.

El medio local gráfico fue un actor protagonista en el devenir de “la cuestión ambiental” en el delta y a la par fue un espacio en donde se dieron encuentros de discursos y debates sobre las formas de apropiación del territorio de islas.

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  1. Licenciado en Ciencias Ambientales, periodista científico de Sobre la Tierra, Facultad de Agronomía, UBA, proyecto UBACyT 20020170100492BA. Correo electrónico: stamashiro@agro.uba.ar.
  2. Mg. Ing. Agr. María Ximena Arqueros, Cátedra de Extensión y Sociología Rurales, Facultad de Agronomía, UBA, proyecto UBACyT 20020170100492BA. Correo electrónico: arqueros@agro.uba.ar.
  3. La EEA Delta del INTA tiene sus orígenes en la década del 20 a partir de la Estación Experimental Agrícola Delta del sector de islas del partido de Campana. En la década siguiente, en ese mismo lugar, se instaló el Laboratorio de Patología Vegetal, cuyo objetivo era estudiar las enfermedades de la producción frutícola de la zona. A partir del año 1956, se incorporó a los centros territoriales del INTA, cuyos objetivos eran “impulsar, vigorizar y coordinar el desarrollo de la investigación y extensión agropecuaria y acelerar, con los beneficios de estas funciones fundamentales, la tecnificación y el mejoramiento de la empresa agraria y de la vida rural” (INTA). Como parte de su trabajo territorial, publicaron boletines en donde fomentaban tecnologías para el sector agrícola, como también recomendaciones para “la vida rural”.
  4. Allí se festejan los esfuerzos de los pobladores del delta del Paraná y se reúnen productores, funcionarios públicos de la zona y las instituciones que trabajan en el territorio. También hay una feria de productos locales, espectáculos y competencias deportivas, entre otros espacios de socialización. Es un evento social, cultural y político clave.


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