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Apuntes etnográficos en torno a las relaciones sociales ganaderas en islas del delta entrerriano

Juan Casimiro Tommasi[1]

Introducción

La ganadería es una de las actividades que son parte del cotidiano de algunos habitantes isleños y ribereños en el delta superior del río Paraná. Sin embargo, esta afirmación por sí sola no nos dice demasiado. La actividad ganadera es posible debido a que existen conjuntos de prácticas que implican relaciones cotidianas y conjuntas entre personas y diferentes especies animales. En estas relaciones entran en cuestión aspectos derivados de comportamientos sociales de los animales y de las personas. En este trabajo describiré algunos de estos procesos llevados adelante por los puesteros (habitantes isleños encargados del cuidado cotidiano de los animales) y diferentes animales que hacen posible la existencia y continuidad de lo que se denomina genéricamente “producción ganadera en islas”. Presentaré también algunos criterios narrativos utilizados por los lugareños para singularizar los animales y algunas relaciones particulares que ellos establecen con otras especies para hacer posible el despliegue de técnicas de cuidado cotidiano de la hacienda vacuna en islas. Finalmente, expondré algunas características de los procesos por los cuales los animales deben hacerse isleros para hacer posible la reproducción de las actividades ganaderas en islas. Estas clasificaciones utilizadas para pensar con los animales y a través de ellos permiten plantear algunas preguntas en torno al entramado socioproductivo de la ganadería a partir de la cotidianidad de los vínculos y devenires compartidos.

Hacer ganadería o tener animales

En primer lugar, quisiera mencionar que las islas del delta en donde realizo trabajo de campo etnográfico (sección superior del delta en la provincia de Entre Ríos, departamento Diamante) se caracterizan por ser territorios dinámicos tanto en su conformación geográfica como en relación con las prácticas productivas que allí se realizan.

Todas las familias con las que trabajo conviven cotidianamente con diferentes animales. Algunos de ellos son vistos como presas de caza (nutrias, carpinchos, distintas especies de aves, yacarés, iguanas, ciervos, jabalíes), otros, vinculados a la recolección o captura, aquellos implicados en la pesca, y otros están envueltos en relaciones de crianza y cuidado (caballos, vacas, ovejas, chivos, gansos, gallinas, cerdos, perros). Si bien estos diferentes animales están ligados a un tipo de relación particular, como acabo de mencionar, las formas que adquieren estas relaciones pueden ser permeables. Por ejemplo, un carpincho, si bien es un animal vinculado a la caza, puede participar eventualmente en las relaciones de crianza y cuidado, esto ocurre frecuentemente con aquellas crías huérfanas de carpinchas que han sido cazadas. A su vez, un vacuno, si bien es un animal ligado a prácticas de crianza y cuidado, puede ser eventualmente una presa de caza, en aquello que se denomina “cuatrerismo” y que forma parte de las prácticas ilegales, ya que estos vacunos siempre tienen dueños. Menciono estos ejemplos para explicitar que, cuando elaboro esta clasificación en torno a los vínculos con distintos animales, me refiero principalmente a formas de relacionamiento que pueden ser más o menos permeables entre diferentes especies.

Considero que estas relaciones ampliamente difundidas entre animales y humanos en el contexto presentado aquí son importantes ya que, cuando se habla de “hacer ganadería en islas”, tanto desde los documentos institucionales, como desde los trabajos científicos que lo estudian, esto se lo menciona exclusivamente desde un prisma productivista, es decir, como una actividad económica más en el amplio abanico de actividades que caracterizan a la región.

Por ejemplo, en un documento elaborado hace algunos años por investigadores pertenecientes al Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de San Martín, en articulación con la organización internacional de protección de los humedales Wetlands International, se presenta la ganadería de islas como

la segunda actividad económica en la región, luego de la producción forestal. Data de la época colonial y su inicio está ligado a las necesidades alimenticias de las poblaciones españolas establecidas en el litoral. Hasta los años 1990s, la modalidad ganadera dominante fue la denominada “ganadería de islas”, que se caracteriza por ser extensiva, con una baja carga animal y de carácter estacional. En los meses cálidos coincidente con el período de aguas bajas (veranada) el ganado se traslada a las islas para que se alimente de la vegetación nativa para su engorde, volviendo al continente en otoño (Quintana et al., 2019, p. 6).

Si bien esta caracterización es muy precisa, considero que los vínculos extendidos de relacionamiento entre personas y animales que hacen a la cotidianidad de los habitantes isleños, y que son fundamento de la existencia y reproducción de “la ganadería en islas”, son más que una caracterización contextual del referente empírico. No es menor detenerse en esto porque, si bien la ganadería es una actividad productiva, el hecho de tener animales[2] implica también otras cuestiones vinculadas con afectos, expectativas y modos de conocimiento para los habitantes isleños. Expondré aquí algunas de estas relaciones que hacen posible el hecho de tener animales en islas y, sobre todo, cómo son presentadas localmente.

Pensando con animales. Aprendizajes dinámicos

La ganadería vacuna en islas, como bien menciona el documento citado anteriormente, se caracteriza por ser extensiva. Es decir, los animales pastan libremente en islas de diferentes superficies que pueden ir desde las 200 ha hasta grandes extensiones de más de 2.000 ha. Existen distintos tipos de productores que hacen ganadería allí. Sus diferencias pueden establecerse sobre la base de criterios fundamentalmente vinculados a la propiedad de la tierra, la modalidad de acceso a ella, la posición en la relación laboral, la cantidad de hacienda, y fundamentalmente los vínculos cotidianos que establecen con los animales. Aquí hablaré principalmente a partir de experiencias etnográficas con puesteros, aquellos habitantes de las islas que están encargados del cuidado cotidiano de los animales allí.

Hasta aquí he hablado de animales de manera general para referirme a todas aquellas especies que han sido clasificadas en la taxonomía aristotélica clásica como pertenecientes a un reino común. Sin embargo, es necesario dar un paso atrás y partir de una pregunta fundamental para pensar etnográficamente, que ya fue presentada en una compilación bibliográfica por Ingold (1988) y posteriormente recuperada para otros trabajos en contextos sudamericanos (Medrano y Vander Velden, 2018; Bugallo et al., 2022) acerca de qué es un animal y de qué conjunto de relaciones hacen parte.

La noción de “Animal”, con mayúsculas y en singular, es una categoría colectivizante que permite pensar en la diversidad de seres vivos y la variedad de encuentros entre estas diferencias (Derrida, 2008).

En este caso, en la isla, cuando se habla de “animal”, se hace referencia fundamentalmente al ganado vacuno en general. Es común escuchar expresiones acerca de que alguien tiene animales o de que está por echar o sacar animales haciendo siempre referencia al ganado vacuno. Generalmente, otros animales son referidos desde su singularidad. Estas referencias son importantes ya que vinculan relaciones singulares en un devenir compartido entre animales y humanos. Es decir, estas relaciones son producidas a partir de un trabajo de reconocimiento y comunicación entre seres diferentes que solo pueden captarse en la experiencia sensible del contacto cotidiano. Volviendo a lo planteado anteriormente, si bien es necesario atender a la ganadería como actividad productiva, no debería perder de vista el paso previo que constituye su materialidad más inmediata dada por aquellos vínculos cotidianos, transformados en devenires compartidos, por (entre otras cosas) animales y humanos.

Expondré algunas particularidades en torno a estos vínculos entre animales y pobladores isleños para este caso de estudio.

Tener animales en la isla es una cuestión importante. Las memorias y narrativas locales están vinculadas continuamente con experiencias compartidas con diferentes animales. Esta importancia puede verse en la valoración que hacen aquellos habitantes isleños que trabajan como puesteros de la posibilidad o el permiso de los propietarios para tener sus propios animales en la isla donde trabajan. Hay ocasiones en que los propietarios o arrendatarios de las islas dejan tener hasta cierta cantidad de animales al puestero a cambio del cuidado de la hacienda de terceros. Por ejemplo, el caso de Carlos, quien tiene alrededor de unas 70 vacas, además de algunos toros, novillitos y terneros. Él es puestero de la isla en la que vive y, a cambio del permiso de tener sus animales allí sin pagar arriendo, cuida los animales de otros arrendatarios. Sin embargo, dado que no tiene un sueldo fijo por ese trabajo, es también puestero de la isla ubicada enfrente, donde sí recibe un pago mensual por estas tareas. En total tiene a su cuidado aproximadamente 1.600 cabezas de ganado de 18 dueños diferentes. Dice que tiene que trabajar en otra isla por el sueldo porque no le gusta vender sus animales, trata de vender lo menos posible, y solamente cuando no le queda otra porque tiene que afrontar gastos puntuales.

Si bien este es un caso particular, he podido conversar con varios puesteros y esta posibilidad de tener sus propios animales es muy valorada en general: aceptan, como en este caso, trabajos de cuidado aun cuando no reciban un pago monetario a cambio de este permiso. Podría observarse que esta valoración respecto a los permisos estaría vinculada a la imposibilidad objetiva de algunos puesteros de tener otros sitios donde trasladar la hacienda, por lo que deberían aceptar estos términos del intercambio simplemente porque no existen otras alternativas. Si bien este argumento es válido en cierta forma, considero que esta posibilidad de entablar una convivencia cotidiana con los animales antecede a las razones económicas que supone una observación de este estilo. Es decir, aun teniendo la posibilidad de obtener mayores ingresos monetarios, es prioritaria la cuestión de conseguir lugar donde poder tener sus animales.

Por lo general, los puesteros conocen y logran singularizar cada uno de los animales que tienen a su cuidado, tanto aquellos de su propiedad, como los de otros arrendatarios. Si bien existen marcas corporales para denotar la propiedad de estos (me refiero a las marcas y señales del ganado que están inscriptas en un padrón provincial donde se registra la propiedad de la hacienda), los puesteros logran identificarlos de múltiples maneras. Al recorrer cotidianamente la isla, tanto ellos como los animales van estableciendo formas de reconocimiento mutuo.

Luego de algunas recorridas, los puesteros van aprendiendo a prestar atención al comportamiento particular de los animales, es decir, a distinguirlos por su comportamiento, además de por su marca y señal. También los animales van conociendo e identificando al puestero, el caballo y los perros en estas recorridas[3]. Uno de los puesteros me comentaba que es común que los animales se muevan en grupos relativamente estables y que estos grupos pastoreen más o menos en los mismos lugares. Hay veces que para rodearlos solamente les grita y ellos ya reconocen su voz. En estas recorridas cotidianas, aquellas generalidades que en un principio podrían pensarse como la isla y los animales se van volviendo cada vez más singulares y concretas: “La vaca overa de tal persona siempre anda cerca de la laguna”; “Las terneras coloradas de tal andan acá adelante cerquita de la costa”; “El toro pampa es arisco y dispara siempre que te acercas”. Expresiones de este tipo denotan un aprendizaje producto de la observación de los comportamientos de los animales. Pero este no es cualquier tipo de aprendizaje, sino uno dinámico y esporádico, ya que tanto los animales como los espacios de la isla (aunque con ritmos y temporalidades diferentes) están en movimiento constante, por lo que únicamente se puede intentar acceder a este conocimiento participando de esta dinámica cotidiana de las recorridas de la isla y estableciendo vínculos directos con los animales.

Recorrer la isla

Las recorridas son momentos en los que puesteros, caballos, perros y vacunos generan instancias de comunicación e interacción mutua. A esta actividad de recorrer, también se la llama “campear” la isla. Describiré a continuación algunas características de este momento cotidiano que es fundamental para la existencia y reproducción de la ganadería de islas.

Comenzando la jornada antes del amanecer, los puesteros eligen un caballo para emprender la recorrida. Por lo general, estos encierran a los caballos en un corral cerca del puesto la tarde anterior, previendo tenerlos a disposición la mañana siguiente. Es común que tengan varios caballos a disposición para elegir debido a que suelen darles descanso de un día para otro, es decir, no recorren todos los días con el mismo caballo. El bienestar de estos es fundamental para los puesteros ya que está implicado directamente en la posibilidad de campear bien. La relación con los caballos implica generar cierta intimidad. Ellos son llamados por sus nombres o apodos, a diferencia de los vacunos, que, como dije anteriormente, son nombrados genéricamente como “animales”. Por lo general, los caballos utilizados por los puesteros han sido amansados o domados por ellos mismos y difieren tanto en su aspecto físico como en sus comportamientos. Las técnicas de doma son fundamentales para ayudar a generar comportamientos adecuados en ellos. La doma difiere según cuáles sean los objetivos para los que se quiere utilizar el caballo. Es decir, el proceso es diferente si se quiere domarlo para trabajar con vacunos o si se lo quiere para pasear niños, por ejemplo. Además, en el proceso de amansamiento de un potro, se establece un vínculo muy estrecho de conocimiento mutuo que podría pensarse como procesos de intersubjetividad afectivamente coconstruida durante los momentos compartidos. Recuerdo un comentario de un poblador cuando conversábamos sobre la doma, al decirme que “los caballos son como las personas, todos son diferentes y hay que ir conociéndolos de a poco”. Estos comportamientos característicos y singulares de cada caballo son considerados al momento de elegirlos cotidianamente para las recorridas, dependiendo de las tareas que se prevean realizar en la jornada.

Una vez elegido y ensillado el caballo, los puesteros emprenden su recorrida. Generalmente, portan consigo una maleta (bolsa de cuero o arpillera cortada circularmente para poner en su interior medicamentos para los animales, entre otras cosas), lazos, tientos de cuero y el cuchillo. A veces también cargan consigo algún arma de fuego (rifle o escopeta) por si encuentran algún bicho para cazar en el camino. Por lo general, los puesteros salen a campear solos, aunque pueden hacerlo acompañados eventualmente de algún hijo varón, vecino o familiar que esté de visita. Cuando algún arrendatario que no vive en las islas, pero tiene hacienda allí quiere ver sus animales, sale a campear también junto al puestero.

Las recorridas varían en su duración dependiendo del tamaño de la isla que se recorre y los percances que se puedan encontrar en el campo. Si hay animales abichados, el puestero deberá detenerse y curarlos. En estos casos generalmente deben enlazar al vacuno desde el caballo para poder sujetarlo y acercarse a él. Las curaciones se realizan con medicamentos veterinarios (antibióticos, antiinflamatorios, cipermetrina), aunque gran parte de las veces se combinan con curaciones de palabra. Es común que los puesteros sepan hacer estas curaciones de palabra, y, si no lo saben, tienen algún familiar o conocido que sí, por lo que se lo solicitan diciéndole las principales características físicas del animal y de la zona en el que está abichado.

En las recorridas acompañan los perros. Es común que los puesteros tengan dos o tres que acostumbran a salir con él. También suelen tener perros que permanecen en el puesto y que son criados como mascotas domésticas. Los que acompañan en las recorridas no tienen que ser necesariamente de una raza en particular para ser buenos[4], sino que su comportamiento será valorado si logra entablar una comunicación eficaz con el puestero y por sus capacidades de trabajo con los animales.

Tanto los puesteros como los perros pueden ser más o menos camperos, es decir, poseer las cualidades valoradas positivamente para enfrentar las dificultades del campo y llevar adelante los trabajos con los animales.[5] Estas aptitudes, según los puesteros, son en parte resultado de un aprendizaje y en parte obedecen a la propia personalidad de los perros. Es decir, hay perros que, por más que se les intente enseñar cómo trabajar con los animales, no logran aprenderlo, y hay otros que casi sin enseñarles lo van entendiendo. Es muy valorado que aprendan solos o se den cuenta, como dicen los puesteros. Este aprender solos se produce en la reiteración una y otra vez de salidas al campo, funciona de algún modo como una progresiva incorporación técnica de formas de trabajar con los animales, en la que tiene mucho que ver la autonomía del aprendizaje. Si a un perro hay que marcarle muchas veces cómo hacer las cosas, o reprenderlo cada vez que se adelanta para arrear un animal, es probable que en próximas ocasiones no salga a campear con los puesteros porque es considerado estorbo. Es importante marcar que estos comportamientos adecuados de los perros en las recorridas son reconocidos por los puesteros a la hora de elegir de qué perros sacar crías. De alguna manera, se entiende que estas cualidades para trabajar con los animales en parte se transmiten genéticamente.

Caracterización y clasificación de los animales. El proceso de hacerse islero

Dentro de lo que podríamos denominar genéricamente como “ganado vacuno”, existen diferencias valoradas por los productores en cuanto características sexuales, etarias, y del estado corporal. No da lo mismo cualquier animal ni su función es la misma en el esquema productivo de la ganadería. Hay productores que utilizan las islas como sitio temporario de engorde de los animales, llevando hacienda de invernada (terneros, novillos, vacas). Otros tienen animales de cría (toros, vacas y terneros), y algunos realizan lo que se denomina el “ciclo completo”, cría, recría y engorde[6]. Hay muchos factores que inciden en la decisión de qué hacienda trasladar a las islas. Algunos de estos factores pueden ser tener o no campo afuera y el estado general de este, la altura del río, las perspectivas futuras sobre él, el precio de arrendamiento de las islas, la disponibilidad de hacienda de cada productor, la evaluación de los plazos temporales disponibles, entre otros. Estas estrategias son variables y ameritan un análisis más profundo que no será desarrollado aquí. Sin embargo, los puesteros que tienen animales generalmente tienen vacas y un rodeo de cría.

Se pueden encontrar variaciones según si los animales están destinados para cría o para engorde. Por lo general, la hacienda que los productores consideran de mejor calidad, siempre que no tenga algún problema reproductivo, son destinadas a la cría. La elección de los animales de cría implica decisiones inversamente proporcionales dependiendo de si se trate de animales machos o hembras. Es decir, dentro del esquema de los machos, la selección para cría solamente se dará con los terneros que se consideren aptos para ser toros, lo que implica una selección muy puntual entre varias opciones. Por el contrario, respecto a las hembras, se intenta dejar para cría la mayor cantidad posible. Las selecciones de terneros para toros implican decisiones en las que se analizan las características físicas de los terneros, su genealogía familiar y también comportamientos y rasgos de la personalidad que son valorados positivamente. Dado que es el puestero quien está cotidianamente con los animales, sus observaciones acerca de los comportamientos del animal son muy tenidas en cuenta al momento de analizar cuáles dejar para ser reproductores.

En las recorridas cotidianas, los puesteros van identificando los vacunos de manera singular, aprendiendo a conocer sus comportamientos. Se suele prestar especial atención a aquellos animales recién llegados, cuando son traídos de afuera, es decir, de ambientes diferentes al de isla, ya que deberán acostumbrarse a este cambio y comenzar a familiarizarse con el ambiente isleño. Este proceso se conoce como “agarrar campo” y se logra en las primeras semanas, generalmente.

Si bien, en la mayoría de los casos, los animales consiguen incorporarse sin mayores inconvenientes al ambiente isleño (esto se ve sobre todo cuando el animal comienza a engordar), los puesteros reconocen que existen diferencias sustanciales entre aquellos animales de isla con los de afuera. Sin embargo, estas diferencias pueden ser reducidas y quizás hasta eliminadas parcialmente en el proceso de familiarización con el ambiente, ya que, luego de un tiempo, un animal puede hacerse islero. Es importante destacar que esta cuestión se materializa y hace visible en el cuerpo del animal, ya que, cuando ha logrado agarrar campo, se ve una notable mejora en su condición corporal.

Consideraciones finales

Si bien he abierto hasta aquí diferentes líneas de interés respecto a los vínculos cotidianos de los puesteros con los animales, quisiera detenerme en algunas reflexiones a modo de cierre.

En primer lugar, el evento de hacer ganadería en islas es mucho más que una actividad productiva tradicional de la región del delta. Implica un entramado relacional marcado por diferentes vínculos en los que participan animales y humanos, además de todo un conjunto de factores ambientales asociados a ellos. Respecto a la ganadería, estos vínculos de cuidado y crianza son fundamentales en la vida cotidiana de las personas del lugar y no solamente porque esta sea una actividad de la cual se obtenga un rédito económico. Tener animales, sean propios o a cuidado de terceros, implica un modo de vida local compuesto por vínculos cotidianos entre personas, animales y otros existentes que son valorados localmente. El hecho de convivir cotidianamente inmersos en relaciones de caza, crianza, cuidado, entre otras, hace que hablar genéricamente de animales en estos contextos se torne poco significativo.

En este sentido, es importante detenerse en las relaciones que entablan los puesteros con diferentes animales en las islas. He señalado en este trabajo cómo se establecen formas de singularización en los procesos vinculados al trabajo cotidiano con la hacienda en islas. Estas relaciones tienen claramente una función operativa. Es decir, son necesarios estos vínculos de singularización para que el animal, además de ser un animal en general, se transforme en aquel animal en singular, para poder habitar este medio ambiente isleño y poder ser cuidado por los puesteros. Este “medio ambiente isleño” no se reduce únicamente a su definición ecológica, ambiental y productiva, sino que incorpora también estos conjuntos de relaciones de cuidado y crianza, caracterizadas aquí como relaciones de singularización.

Desde el punto de vista local, estas relaciones de singularización de los vínculos con los animales son fundamentales para que aquellos puedan hacerse isleros. En este proceso, entra en cuestión la capacidad propia de los animales para hacerlo, no es un proceso que dependa exclusivamente de las personas, por lo que se torna interesante aquí ver cómo aquellos son valorados a partir de sus propios comportamientos, además de como una “máquina productiva”, al menos para los puesteros que conviven cotidianamente con ellos.

Finalmente, en este proceso de hacerse isleros, es fundamental que se logren establecer relaciones de comunicación intersubjetivas multiespecie. El rol del caballo y los perros es fundamental en las recorridas o las campeadas. En estas ellos también aprenden a vincularse con los vacunos de cierta manera que, si bien está guiada parcialmente por la intencionalidad de los puesteros, no depende exclusivamente de él. Como me comentaba un día un puestero cuando me hablaba acerca de un caballo nuevo que había comprado uno de sus hijos, había que esperar un tiempo para ver si ese caballo iba a ser “bueno para el trabajo con los animales”, no solamente en cuanto a si aprendería los comportamientos y las técnicas adecuados, sino, sobre todo, a si tendría la predisposición y la voluntad para hacerlo.

Si bien los puesteros son fundamentales en el entramado de estos vínculos interespecie, son bien conscientes de que los animales tienen comportamientos y predisposiciones propios, y de que la posibilidad de comunicación entre ellos, fundamental en este proceso de devenir islero, sucede necesariamente a través de relaciones singularizadas de estos vínculos cotidianos.

Queda pendiente explorar con mayor profundidad acerca de estos agenciamientos interespecie con respecto al trabajo compartido. ¿Qué lugar tienen los animales en estas relaciones que hacen posible la existencia de lo que denominamos usualmente como “ganadería en islas”? ¿Qué posición ocupan en el mundo del trabajo cotidiano, donde los puesteros reconocen explícitamente que trabajan con caballos y perros en el cuidado de los vacunos? ¿Qué lugar ocupan los vacunos en estas relaciones? Si bien son parte de las relaciones constitutivas de la ganadería comercial, ¿cómo pensamos en todo eso que excede a la imagen del animal meramente como un bien productivo, y que afecta cotidianamente a los sujetos que se relacionan con ellos?

Jocelyn Porcher, quien viene trabajando en estas cuestiones desde hace ya un tiempo, afirma:

Integrar a los animales domésticos en las disciplinas sociales y humanísticas les brinda una oportunidad pública y científica de ser lo que ya son para sus productores: emocionales, inteligentes y dotados de compasión, ternura y humor. También nos permite reconstruir el trabajo con los animales apostando al aumento de nuestra sensibilidad, desarrollando nuestro potencial de relación y de creación, es decir, manteniendo las promesas del trabajo. ¿Cuáles son estas promesas para los animales? ¿Qué significaría “trabajo” para un animal? Esa es la pregunta[7] (Porcher, 2014, p. 8).

Son preguntas abiertas en las que considero necesario indagar con mayor detenimiento, ya que es en estas relaciones donde se manifiesta la existencia de otras realidades que muchas veces quedan solapadas en nuestros focos de análisis anclados únicamente en la condición “productivista” de ciertas prácticas. Quizá esta misma noción de “producción” pueda ser ampliada a partir de la incorporación de los mundos relacionales que se despliegan a través de los vínculos cotidianos con los animales.

Bibliografía

Bugallo, L., Dransart, P. y Pazzarelli, F. (2022). Animales humanos, humanos animales. Relaciones y transformaciones en mundos indígenas sudamericanos. Antropofagia. Buenos Aires.

De la Cadena, M. y Martínez Medina, S. (2020). In Colombia some cows have raza, others also have breed: Maintaining the presence of the translation offers analytical possibilities. The Sociological Review Monographs, 68(2), 369-384.

Derrida, J. (2008). El animal que luego estoy si(gui)endo. Editorial Trotta. Madrid.

Descola, P. (2012). Más allá de la naturaleza y cultura. Amorrortu. Buenos Aires.

Despret, V. (2013). De agentes secretos a interagencia. History and Theory, (52), 29-44, Wesleyan University. Traducción de Pablo Méndez. Consultado en bit.ly/3TXnc16.

Grasseni, C. (2005). Designer Cows: The Practice of Cattle Breeding Between Skill and Standardization. Society & Animals, 13(1), 33-50.

Ingold, T. (1988). What is an animal? Unwin Hyman. Londres.

Medrano, C. y Vander Velden, F. (eds.) (2018). ¿Qué es un animal? Rumbo Sur. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Porcher, J. (2014). The work of animals: A challenge for social sciences. Humanimalia. A Journal of Human/Animal Interface Studies, 6(1).

Quintana, R. D. (ed.) (2019). Ganadería en Humedales. En Boné, E., V. Casa, G. Mataloni, V. Sfara y M. Andelman (eds.), Ganadería y calidad de agua en el Delta del Paraná. Desafíos y recomendaciones. Fundación Humedales/Wetlands International. Buenos Aires.


  1. CIT- Conicet. Universidad Nacional de Rafaela, CIFFYH. Universidad Nacional de Córdoba. Correo electrónico: casimiro.tommasi@unraf.edu.ar.
  2. Utilizo la cursiva para marcar expresiones, palabras o conceptos propios de las narrativas recuperadas en campo.
  3. Es fundamental observar aquí que es la tríada puestero-caballo-perro la que recorre la isla cotidianamente. Eventualmente, pueden salir sin perros, aunque es muy raro que esto suceda.
  4. Algunos puesteros reconocen diferencias en la predisposición de los animales de determinada raza, pero, al igual que aquellos considerados cruza, deberán aprender el oficio de la isla durante estas recorridas, por lo que esta predisposición “racial” no es garantía de nada. A la inversa, hay perros que, sin tener raza determinada, pueden ser muy buenos para los animales.
  5. Sobre este adjetivo de “campero, habría que hacer un análisis mucho más en profundidad ya que implica además muchas otras cuestiones aquí no mencionadas, pero por el momento no viene al caso.
  6. Sobre las variaciones de estas modalidades para la región aquí presentada, véase Massa et al. (2021).
  7. Traducción propia del original.


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