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Herramientas para la gestión comunitaria del agua en la primera sección del delta del Paraná

Lara Jatar[1], Cecilia Carrillo Pinto[2], Jazmín Glustein[3],
Camila Saveika[4], Sofía Astelarra[5] e Ignacio Boron[6]

Introducción

Área de estudio

El delta del Paraná es una ecorregión de Argentina que se extiende desde el sur de la ciudad de Diamante (Entre Ríos) hasta las cercanías de la Ciudad de Buenos Aires (Malvárez, 1997) y se divide en tres grandes regiones: delta superior, medio e inferior (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible [MADyS], 2011). El inferior, también conocido como “bajo delta” o “delta en formación”, abarca una superficie aproximada de 2.700 km2 (Malvárez, 2003) desde Ibicuy hasta la desembocadura en el Río de la Plata. Se subdivide en tres secciones: la primera, correspondiente al área de estudio del presente proyecto, pertenece al partido de Tigre y ocupa una superficie de 221 km2, abarcando un 58,6 % del total de la superficie del municipio. Limita al norte con el río Paraná de las Palmas, al sur con el río Luján, al oeste con el canal Gobernador Arias y al este con el Río de la Plata (Municipio de Tigre, s.f.).

El proceso de población del delta atravesó varios períodos. Uno de ellos, iniciado a mediados del siglo xx, se caracteriza por el cambio productivo ocurrido en las islas, que pasaron de ser un sitio con asentamientos permanentes y cultivos intensivos de frutales a cargo de pequeñas unidades familiares a la cuasimonoproducción de cultivos forestales, que requiere una menor cantidad de mano de obra. Este cambio trajo consecuencias tales como la crisis de la unidad productiva familiar típica del área y transformaciones en el ecosistema. Además, se produjo un gran proceso de emigración (Galafassi, 2004), que, en el período 1947-1960, resultó en un descenso del 41 % de la población. A partir de 1960 y hasta 2001, se observaron varios períodos de repoblación con otro gran descenso alrededor de la década de los 90, mientras que, en el último período (2001-2011), se registró un incremento poblacional del 7 % (Ordenanza n.º 3.343/13). Lentamente, desde la década de 1980, comenzó un proceso de migración y repoblamiento. El crecimiento sostenido, en torno al año 2000, vino de la mano del desarrollo turístico e inmobiliario que dio lugar a la instalación de nuevos habitantes. Ambos procesos de repoblamiento no estuvieron exentos de controversias y conflictos públicos (Astelarra, 2014).

Los avances de los desarrollos urbanos privados sobre el territorio, que se dan sobre todo en la primera sección por ser la más próxima al continente, producen acelerados cambios en la región, como la privatización de costas, canales navegables y arroyos, y ponen en riesgo un ecosistema de humedales de gran valor, comprometiendo el modo de vida isleño. Geomorfológicamente, se modifican los niveles de cota con rellenos, polderización o terraplenes, e hídricamente se impacta en la calidad de los cuerpos de agua (Quesada, 2019), limitando el acceso a ella para sus diversos usos (consumo, recreación, navegación, entre otros). 

Otras intervenciones antrópicas también han alterado, en calidad y cantidad, los cuerpos de agua de los principales tributarios de los ríos y arroyos que forman parte del bajo delta. Estos son principalmente el río Paraná, el río Luján y el río Reconquista. Estos últimos dos, de menor caudal, pero con altos niveles de contaminación. El río Reconquista, desde hace décadas, viene siendo receptor de efluentes domésticos, industriales y residuos sólidos urbanos generados en las áreas más densamente pobladas e industrializadas de la cuenca. Como consecuencia de la degradación ambiental, se observa un aumento del riesgo asociado para las poblaciones asentadas en las proximidades del curso y sus desembocaduras. Este río posee dos desembocaduras naturales, el río Tigre y el Reconquista chico, y un canal artificial, el canal Aliviador, los cuales desembocan en el río Luján, con lo cual impactan sobre la primera sección de isla al introducir contaminantes como nitrógeno, fósforo, metales pesados, entre otros (O’Farrell et al., 2002; Puig et al., 2016). Por otro lado, sobre la cuenca del río Luján, se llevan a cabo diversas actividades industriales y agrícolas que también incorporan diferentes contaminantes, como metales pesados, fenoles, nitrógeno, fósforo, amoníaco, glifosato y materia orgánica (O’Farrell et al., 2002). En lo que respecta a la cuenca del río Paraná, la actividad agroindustrial y el uso de agroquímicos han introducido contaminantes a sus aguas y sedimentos (Agencia Tierra Viva, 2021). Al mismo tiempo, los cambios en el régimen hidrológico del río Paraná, y sobre todo la bajante extrema que se sostiene desde 2019 (MAyDS, 2021; Ministerio de Obras Públicas [MOP], 2022), tienen una gran relevancia ecológica en el delta, al impactar en la calidad química y en el régimen hidrológico de sus cuerpos de agua. La bajante, combinada con una mayor concentración de nutrientes provenientes de los vuelcos de efluentes cloacales y el ingreso de fertilizantes y pesticidas, producen lo que se conoce como “eutroficación”. 

Las transformaciones del territorio ponen en riesgo la posibilidad de reproducción tanto de la estructura ecosistémica del humedal, como de las formas de vida y de producción locales (Astelarra y Domínguez, 2015). Tal es el caso del proyecto inmobiliario Colony Park S.A., que, emplazado en una extensión aproximada de 300 ha en la isla que bordea el río Luján, el canal Vinculación y el arroyo San Antonio, representa uno de los casos más emblemáticos para la región en lo que respecta al freno del avance inmobiliario. Durante el inicio de las obras, fueron desplazadas de sus tierras unas 30 familias isleñas que vivían principalmente del junco, la miel y la pesca, bienes naturales que, previo a la modificación del paisaje, solían encontrarse en abundancia (Valle, 2013). Dada la situación de gran vulnerabilidad de las personas afectadas, algunas familias decidieron organizarse en una cooperativa llamada “Cooperativa de Junqueros Isla Esperanza”. En asociación con otras agrupaciones socioambientales de la zona, como la Asamblea Delta y Río de la Plata y el Movimiento Nacional Campesino Indígena, lograron frenar el avance del emprendimiento, por vía de las movilizaciones sociales, los reclamos frente a las entidades estatales de control correspondientes (el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible, el municipio de San Fernando y Tigre) y la judicialización del caso.

La lucha organizada en torno al conflicto del Colony Park representa un punto de inflexión para las organizaciones socioambientales en torno a la disputa por la preservación del modo de vida isleño, la defensa de los humedales y la visibilización del impacto socioambiental de los barrios cerrados (Astelarra, 2017). Para la Cooperativa Isla Esperanza y otras organizaciones, determinar el impacto del desarrollo urbano sobre los cursos de agua resulta una necesidad fundamental en favor de la reproducción, el cuidado y la defensa del agua, el territorio y la vida. En este sentido, desde el Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores), trabajamos en el desarrollo y la puesta a punto de herramientas libres, para que las propias comunidades puedan realizar determinaciones de calidad de agua de forma sencilla, accesible y reproducible. Estas mediciones son complementarias a las técnicas tradicionales de medición que resultan muy difíciles de afrontar dados sus altos costos. A la vez, este tipo de herramientas posibilita a las comunidades organizadas realizar relevamientos preliminares del estado de los recursos de sus territorios de manera autónoma, periódica y participativa (CoSensores, 2016).

Sobre el acceso al agua: un derecho vulnerado

En el delta, la mejora de las condiciones de habitabilidad y salubridad de les isleñes está asociada sobre todo a las posibilidades de acceso a servicios básicos de luz, agua y saneamiento. Las principales restricciones en la búsqueda de soluciones resultan ser, por un lado, las condiciones ambientales del humedal y la disposición aislada de las viviendas unifamiliares propias de las islas, que dificultan las posibilidades de crear plantas centralizadas tanto de tratamiento para líquidos cloacales, como de potabilización. Mientras que, por otro lado, las soluciones individuales que se producen dependen en gran medida de la disponibilidad de recursos económicos de les residentes. 

Actualmente, en el sitio existen diversas formas de acceder al agua destinada a consumo. Por un lado, están quienes concurren al continente y tienen la posibilidad de cargar bidones en las canillas públicas de los muelles. Por otro lado, algunas familias realizan un tratamiento domiciliario aplicando diversas metodologías como la sedimentación, filtración y cloración, combinadas o no. Según los datos del censo nacional (2010), el porcentaje de viviendas que utilizan agua de lluvia, río y arroyos para beber varía a lo largo de la primera sección entre un 44,44 % y un 100 %. A partir del aislamiento por la pandemia de covid-19, AySA comenzó a distribuir agua en barco. La frecuencia del servicio suele ser semanal o cada 15 días, variando a lo largo del delta en función de la disponibilidad de agua, las condiciones hidrológicas como la altura del río, y otros factores, por lo que depender de este servicio impide la organización y muchas veces deja sin agua potable a las familias.

La gestión comunitaria del agua es una práctica presente en numerosas localidades rurales del país, y en particular en el delta. Existen cuantiosos casos donde la comunidad se organiza con el objetivo de poder acceder al agua y busca construir alternativas que den solución a la vulneración de este derecho. Según Ríos (2017):

En los procesos de comunalidad de la gestión del agua, lo compartido colectivamente por varios, refiere por ejemplo a sus espacios asamblearios donde deliberan y definen las reglas, a los principios y valores que contribuyen a la permanencia de lo común […]. La gestión comunitaria se puede considerar como potenciadora del tejido social en la medida que son comunidades […] que se organizan para construir alternativas de solución que les permitan gestionar, usar y apropiarse del agua a partir de las particulares de sus territorios, puesto que no hay gestión del agua sin gestión del territorio.

Metodología

Esta experiencia se realizó desde un abordaje transdisciplinar, entendido como la investigación y la técnica interdisciplinarias sumadas a la participación protagónica de los grupos implicados (Martínez et al., 2014). A la vez, se adoptó un enfoque de investigación participativa junto a pobladores locales activamente involucrados en conflictos socioambientales (Cotton, 1996). Esta metodología implica el codiseño basado en un conjunto de herramientas de investigación-acción participativa (IAP). Si bien no se encuentran estrictamente delimitadas, podemos reconocer en este proceso cinco etapas que se retroalimentan entre sí (Martí, 2002):

  1. Investigación de síntomas, demanda y elaboración del proyecto.
  2. Conocimiento contextual del territorio/fenómeno y acercamiento a la problemática.
  3. Apertura a todos los conocimientos y puntos de vista existentes, utilizando métodos cualitativos y participativos.
  4. Negociación y elaboración de propuestas concretas.
  5. Puesta en práctica de la IAP y evaluación: nuevos síntomas.

Talleres participativos

Se realizaron tres talleres participativos convocados por tres organizaciones territoriales ubicadas en la primera sección del delta del Paraná. Cada taller constó de dos encuentros en territorio. En el primero, se buscó construir una visión colectiva de la problemática socioambiental. De los intercambios con les isleñes, surgió la necesidad de poder conocer el “estado del agua”, como acción primaria para poder tener un primer diagnóstico y tomar conocimiento sobre su calidad. Para ello se definieron en conjunto parámetros de relevancia y las tecnologías a utilizar: ensayos microbiológicos y bioensayos. Luego de definir los puntos de muestreo, se realizó la salida para la recolección de muestras a analizar en tubos Falcon de 50 ml y el registro de observaciones en esos sitios. Por otro lado, para el análisis microbiológico, se sembraron in situ placas de medio selectivo EMB Agar preparadas previamente, con el fin de detectar presencia de bacterias Gram (-), particularmente enterobacterias, capaces de fermentar lactosa e indicadoras de contaminación fecal. El armado de los dispositivos para llevar a cabo el bioensayo se realizó con les participantes del taller, utilizando la microalga Pseudokirchneriella subcapitata, según se describe en experiencias previas (CoSensores, 2019).

En el segundo encuentro, se llevaron a cabo los análisis cualitativos y semicuantitativos de los resultados obtenidos. Finalmente, se interpretaron los resultados a la luz de los saberes locales y académicos relevados durante las actividades. A su vez, se realizó un análisis crítico sobre la potencialidad de estas herramientas, sus limitaciones y posibles mejoras a futuro.

Encuestas

Los intercambios mencionados tuvieron como fin recuperar conocimientos locales sobre calidad, usos y acceso al agua, estableciendo un diálogo con nuestros conocimientos académicos. El proceso de indagación desde una lógica de investigación-aprendizaje-acción implica instancias de sistematización que permiten retroalimentar y registrar el proceso y los resultados simultáneamente al desarrollo de la experiencia (Ardón-Mejía, 2001). 

A lo largo de los distintos talleres, se observaron relaciones entre las fuentes de agua, sus usos, los posibles contaminantes y los tratamientos aplicados. Con el fin de ampliar y sistematizar el registro de esta información, se diseñó y llevó a cabo una encuesta con la participación de integrantes de la organización Unión Islera Vecinal, trabajando colaborativamente para facilitar su comprensión, definir el orden de las preguntas y el lenguaje utilizado, entre otras características. 

Debido al contexto de pandemia, la encuesta se realizó en formato online, utilizando Google Forms[7], y llamadas telefónicas. Los datos fueron almacenados y procesados en planillas de Google Docs, y los resultados publicados en Google Sites[8].

Experiencias en el territorio

Talleres participativos

En el año 2016, la organización Casa Puente convocó al grupo CoSensores a realizar talleres en las escuelas secundarias n.º 45 (Arroyo Toro) y n.° 12 (Arroyo Sarmiento) ante la preocupación de la comunidad isleña derivada de los resultados de un trabajo científico en el que se detectaban niveles altos de glifosato a lo largo de la cuenca del río Paraná (Azcárate, 2016; Ronco, 2016). Sus preocupaciones rondaban en torno a cómo la presencia de glifosato podría afectar la salud de las personas, en particular la potabilidad del agua utilizada para el consumo por las familias de la zona cercana a la escuela. El taller, planificado junto a docentes y compañeres de Casa Puente, se realizó en el marco del programa “Exactas Va a la Escuela” de la FCEyN-UBA. Se tomaron como herramientas la aplicación del bioensayo basado en microalgas sensibles al glifosato (entre otros contaminantes) y el mapeo colectivo como metodología para poner en diálogo los resultados de dicho ensayo y los saberes locales en torno a conflictos asociados a la contaminación de los ríos. Les estudiantes pudieron construir los dispositivos necesarios para realizar el bioensayo y aplicarlos sin dificultades, así como ejercitar la interpretación de los resultados obtenidos. Esta primera experiencia de aplicación de la herramienta a muestras de agua tomadas por estudiantes en diferentes arroyos de la primera sección del delta permitió comenzar a entender conjuntamente qué información brindaba el bioensayo en este contexto particular. El análisis crítico de los resultados obtenidos llevó a pensar modificaciones al protocolo que se aplicarían en futuros ensayos, como la incorporación de nutrientes a las muestras, lo que evita errores de interpretación debidos a la inhibición del crecimiento de las microalgas producto de una eventual falta de estos. La instancia de mapeo colectivo dio lugar a la circulación de la palabra y permitió reunir y sistematizar la información aportada por estudiantes y docentes. Pudieron reconocerse contaminantes asociados a la producción forestal y a la actividad náutica principalmente, actividades a las que se les atribuyeron eventos de degradación ambiental como la mortandad de peces. La experiencia contó con el registro audiovisual del colectivo Vaca Bonsai[9]

Luego de esta primera experiencia en territorio isleño, en el año 2018 la organización Unión Islera Vecinal, formada por vecines cercanes a la intersección del río Luján y el arroyo Miramar en la primera sección, convocó al grupo CoSensores para realizar un segundo taller. Al igual que en el caso anterior, el taller se acopló al proceso de indagación propio de la comunidad, preocupada por la calidad del agua. La instalación de una planta experimental de electrocoagulación por parte del INTA llevó a les vecines a preguntarse “qué tiene el agua” y “qué se le saca” y a aplicar el tratamiento propuesto. 

En esta oportunidad, durante el taller se llevaron a cabo dos ensayos sumando al bioensayo de toxicidad en agua una propuesta de análisis microbiológico motivada por la necesidad de conocer la carga bacteriológica del agua, debido a la cercanía del espacio a la desembocadura del río Reconquista sobre el río Luján. Las muestras se tomaron en cinco puntos durante una recorrida conjunta por los arroyos y zanjones de la zona. El ensayo microbiológico mostró presencia de bacterias Gram (-) en todos los casos, observándose un mayor número de colonias en la muestra del río Luján y, en menor medida, en las muestras del arroyo Gallo Fiambre y zanjón Miramar. En particular, y como información más relevante, en estos últimos tres casos se visualizó la presencia de enterobacterias vinculadas a la contaminación con material fecal. Por último, la muestra de agua retenida hacia el centro de isla (zanjón cerrado) fue la que presentó el menor número de colonias. Si bien el agua allí presente proviene de la misma fuente que las anteriores, la carga bacteriana disminuyó durante el tiempo en que quedó retenida en el lugar. Esta última muestra y la de agua de lluvia mostraron ausencia de enterobacterias. El resultado en el zanjón cerrado llevó a dialogar e indagar sobre los procesos biológicos que podrían desarrollarse en esos sitios a partir de que el agua ingresa al centro de isla durante las crecidas regulares de los ríos y arroyos. 

Para el bioensayo sin agregado de nutrientes, se observó que todas las muestras presentaban una coloración verde muy tenue, indicando una baja tasa de crecimiento de las microalgas. Frente a la sospecha de presencia de contaminantes inhibidores del crecimiento de estas algas, y recuperando las propuestas de la experiencia del 2016, en el segundo encuentro del taller se planteó la posible influencia de otros factores sobre su crecimiento, como puede ser la falta de nutrientes o el pH del agua. Dado que para el pH se registraron valores de entre 7 y 9, se descartó su efecto sobre el crecimiento de las microalgas. Les vecines propusieron realizar un segundo bioensayo, en el que se suplementaron las muestras de río con un medio nutritivo con el fin de estudiar el efecto de los nutrientes sobre las microalgas. En las muestras del segundo bioensayo, se observó un mayor crecimiento. Si bien no es posible asegurar que en ambos ensayos, separados en el tiempo, las muestras tuvieron la misma composición y concentración de los posibles contaminantes, el resultado dio cuenta de que la concentración de nutrientes es un factor importante que hasta entonces no había sido considerado experimentalmente.

En relación con las motivaciones del taller, la puesta en común y el diálogo sobre usos del agua según su origen, contaminantes y tratamientos, se pudo evidenciar que en la zona el agua de río no es utilizada para beber, pero sí para una serie de usos domésticos (limpieza general, higiene personal, etc.). Surgió allí la pregunta de si este hecho podría estar relacionado con el registro casi nulo de tratamientos aplicados al agua de río, a pesar de que les vecines reconocen una gran variedad de contaminantes en él. En resumen, la experiencia permitió tener un nuevo acercamiento a la calidad del agua de la primera sección de islas, en una zona más cercana al continente, y avanzar en la caracterización de las herramientas, tomando en consideración una variable clave como es la presencia de nutrientes.

En el año 2020, la Cooperativa Isla Esperanza y el Observatorio de Humedales del Delta convocaron a un nuevo taller participativo, preocupades por los impactos en la calidad del agua producto de las modificaciones realizadas por el megaemprendimiento Colony Park y de su cercanía a las fuentes de contaminación continentales. En una reunión previa a los talleres, se definieron las actividades a realizar. Junto a la cooperativa, se determinaron cinco puntos de muestreo que consideraron representativos: agua proveniente del pajonal, de la laguna central, del arroyo Anguilas, de bidón (canillas públicas de Red Tigre) y de lluvia. En el primer encuentro, se hizo una puesta en común acerca de los usos del agua según su origen, sus contaminantes y los tratamientos para adecuarla. Se observó que, al agua de río utilizada para consumo directo, se le realizan diferentes tratamientos, exceptuando aquellos casos donde el agua es calentada (como para preparar mate y para cocinar). Como en la experiencia junto a Unión Islera, para el resto de los usos, como lavar alimentos y realizar tareas de higiene doméstico y personal, no se le efectúa tratamiento alguno.

Para el ensayo microbiológico, en esta oportunidad se observó crecimiento de enterobacterias en todas las muestras de agua. Particularmente el agua de lluvia y de red de Tigre fueron las fuentes en las que más bacterias totales se hallaron, en tanto que en el Ayo. Anguilas y en la laguna central (aguas provenientes del río) se observó una menor cantidad. La presencia de bacterias no era esperable en el agua de lluvia ni en la de red, esta última tratada con cloro. Estos resultados llevaron a preguntarnos cómo había sido recolectada el agua de lluvia y con qué fin, pudiendo identificar que esta no había sido pensada para consumo, sino para regar la huerta. Para su recolección, se recurrió a un recipiente que fue ubicado para aprovechar la caída del techo sin ser debidamente acondicionado para almacenar agua de consumo. Este hecho permitió reconocer múltiples orígenes posibles de las bacterias detectadas. Por otro lado, se encontró que la manguera desde la que se toma el agua de red a veces se encuentra por debajo del río, pudiendo ser una causa posible de la contaminación microbiológica.

En la comparación de los resultados del bioensayo con y sin nutrientes, en esta oportunidad se observó que la inhibición del crecimiento de las microalgas en las aguas provenientes del río no se debía únicamente a la carencia de nutrientes como sospechábamos en la experiencia del segundo taller, sino posiblemente a la presencia de contaminantes. Además, se destaca una menor inhibición en muestras de la laguna interna y del pajonal en relación con el arroyo Anguilas, lo cual abrió el diálogo sobre un posible efecto de depuración del humedal. Cabe mencionar que este posible efecto derivado de la dinámica hídrica del humedal se vio alterado en gran parte del territorio que habita la cooperativa frente a la modificación del paisaje realizada por parte del emprendimiento inmobiliario Colony Park. 

A modo de síntesis, la reflexión colectiva en torno a la aplicación de las herramientas y los resultados obtenidos en los diferentes talleres contribuyeron a dar cuenta de una serie de consideraciones necesarias para una gestión comunitaria del agua eficaz. Es fundamental tener en cuenta los cambios en la calidad del agua asociados a la distancia de las fuentes de contaminación identificadas y a los fenómenos vinculados a la dinámica natural de los cursos de agua en el territorio isleño. En este sentido, las mareas modifican la dirección y altura del río aumentando o disminuyendo la influencia de esas fuentes de contaminación. 

Los tratamientos aplicados en el delta son diversos y pueden variar según los usos a los cuales se destina el agua y la fuente utilizada. Unión Islera decidió gestionar comunitariamente una planta de tratamiento de agua por electrocoagulación/electrofloculación. La existencia de este tipo de experiencias, las preguntas por parte de la comunidad y los resultados obtenidos llevaron al colectivo a ahondar en la investigación del método de electrocoagulación como una alternativa al uso de sulfato de aluminio. Durante el taller en la Cooperativa Isla Esperanza, se compartió información sobre dicha metodología, despertando el interés de esta comunidad por ponerla en práctica en su territorio. De igual modo, el relevamiento de técnicas de tratamiento frente a los resultados obtenidos para el análisis microbiológico llevó a considerar en la investigación otra técnica de aplicación en islas, relevada durante el desarrollo de los talleres: la desinfección por ozonización. Por último, en lo que respecta al almacenamiento del agua, se realiza principalmente a través de la reutilización de baldes o bidones, por lo que resulta de importancia atender a las medidas de higiene que se aplican a estos recipientes contenedores del agua para consumo. En este sentido, se visibilizó que la calidad del agua tratada está determinada no solo por el origen y la metodología aplicada para su tratamiento, sino también por los modos de captación y manipulación utilizados.

La experiencia de talleres realizados permitió evidenciar y poner en circulación los conocimientos, las herramientas y las prácticas que les isleñes poseen para gestionar el agua. Su interés por profundizar en el conocimiento que tienen sobre la calidad de agua de las diferentes fuentes y las herramientas de las que disponen para fortalecer sus prácticas de gestión ponen de relieve la importancia de profundizar, sistematizar y visibilizar coproductivamente este tipo de experiencias.

Encuestas

A partir de las conclusiones derivadas del relevamiento de saberes locales durante los talleres, se diseñó y realizó una encuesta junto a la organización Unión Islera, que tuvo por objetivo relevar las fuentes, los usos, los tratamientos aplicados y los posibles contaminantes reconocidos por la población de la primera sección en el agua del delta, así como la forma en que se almacena. La encuesta fue una herramienta de gran utilidad para la sistematización de la información relevada en simultáneo con la realización de los talleres junto a las diferentes organizaciones. 

Los resultados arrojaron que un 51 % del total de los usos registrados corresponden al agua de río, el 26.5 %, al agua de red, el 19.3 %, al agua de lluvia y el resto a agua de pozo (este último subrepresentado), siendo el agua de río la fuente más utilizada debido a su fácil y rápido acceso, lo cual es coherente con la preocupación de les isleñes respecto de su calidad.

En lo referente a los tratamientos aplicados, llamativamente el agua de red es tratada por el 45 % de les usuaries antes de ser consumida y el agua de lluvia, por un 73 % de les encuestades. En el caso del agua de río, el 69 % de quienes la utilizan aplican un tratamiento previo. En concordancia con lo observado en los talleres, la aplicación de tratamientos depende de la fuente, pero este no es el único factor tenido en cuenta a la hora de elegir un tratamiento. Si bien en todos los casos se reconoce presencia de contaminantes, en el agua de río, a pesar de ser la fuente de agua más utilizada, se percibe en el 70 % de los casos algún tipo de contaminación. Este es el mayor porcentaje respecto a otras fuentes. Finalmente, dejamos planteado como tema de futuras investigaciones en el territorio la relación entre tipo de tratamiento aplicado y tipo de contaminante reconocido. 

Reflexiones a partir de las actividades realizadas 

El carácter participativo permitió incorporar al proceso investigativo la reflexión sobre la calidad del agua junto a la comunidad isleña. Esto ha implicado ajustar el proceso de investigación a las inquietudes y los conocimientos previos expresados por les pobladores respecto al aprovisionamiento del agua y los procesos naturales propios de la dinámica hídrica del humedal. Los talleres y la encuesta, así como la presentación de avances, han resultado instancias de diálogo y puesta en común de saberes fundamentales en esta experiencia de producción de conocimiento y propuesta de alternativas para la búsqueda de soluciones a la problemática del acceso a agua de calidad. 

La experiencia realizada permitió poner en cuestión y repensar las metodologías y tecnologías de medición y tratamiento utilizadas, adaptándolas a las condiciones particulares del territorio y de los modos de vida de las comunidades que lo habitan. El marco de IAP ayuda a conceptualizar nuestro trabajo como un proceso de coaprendizaje, donde les actores comparten su conocimiento, crean nuevo conocimiento y trabajan juntes para formar planes de acción (Graziano et al., 2019).

Consideramos que quienes participan de la cocreación de estas tecnologías finalmente generan herramientas de carácter emancipatorio que acompañan la búsqueda de soluciones para los crecientes y complejos problemas de la contaminación y la vulneración del derecho de acceso al agua potable. Esto se observó expresamente a lo largo de las experiencias al contar con la participación activa de las comunidades en la organización y el desarrollo de los talleres para definir puntos de muestreo y herramientas que utilizar, plantear mejoras en las técnicas de análisis (agregado de nutrientes) y elaborar propuestas en pos de soluciones aplicables en el territorio. Todas las experiencias narradas junto a las organizaciones socioambientales involucradas se encuentran entrelazadas, y cada una permitió incorporar aprendizajes sobre la problemática del acceso al agua, integrando así un enfoque más holístico. Esto se observó, por ejemplo, en el surgimiento de nuevas preguntas sobre la forma en que se capta y almacena el agua, lo que pone en evidencia que el abordaje de esta problemática debe realizarse considerando todas las etapas de gestión del agua, desde la elección de la fuente hasta el uso al que se la destina. 

Los encuentros contribuyeron a enriquecer el trabajo que las organizaciones ya venían realizando, no mediante la sola transferencia de conocimiento desde la academia, sino mediante la puesta de ese conocimiento al servicio de la construcción conjunta de herramientas y de los saberes derivados de su aplicación. Los frutos de este proceso de investigación, conducido por la propia comunidad, responden al sostenimiento de sus modos de vida en el humedal y la reivindicación de sus luchas.

De aquí en adelante, prevemos seguir avanzando en la etapa de elaboración de propuestas concretas que continúen acompañando a las comunidades en la visibilización de la problemática y la búsqueda de soluciones: desde la participación en espacios asamblearios hasta el diseño y la construcción de una planta de tratamiento de agua de río destinada para el consumo, participando y poniendo nuestros saberes en diálogo con los del territorio para la generación de conocimiento que respalde los reclamos de las comunidades.

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Ríos, V. (2017). Hacia una Política de lo Común. Experiencia de Gestión Comunitaria del Agua en el municipio de Támesis – Antioquia – Colombia. Tesis de Maestría en Gestión Sustentable del Agua, Colegio de San Luis, A.C. Repositorio Institucional Colegio de San Luis.

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  1. Miembro del Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores). Becaria doctoral en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (IIIA-CONICET-UNSAM), EHyS.
  2. Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores).
  3. Miembro del Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores). Becaria doctoral en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM-UNLP).
  4. Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores).
  5. Grupo de Estudios Ambientales, IIGG-UBA-CONICET; Universidad Tecnológica Nacional, FRGP.
  6. Miembro del Grupo de Sensores Comunitarios (CoSensores). Investigador en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (IIIA-CONICET-UNSAM), EHyS.
  7. Ver bit.ly/3dQszzn.
  8. Ver bit.ly/3A5kT3W.
  9. Ver bit.ly/3wkMc9w.


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