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Reflexiones finales

De acuerdo con la experiencia y los saberes compartidos, podemos considerar la puesta en valor del espacio rural para la actividad turística como un proceso positivo, tanto para mantener vivas las costumbres y saberes tradicionales como para el desarrollo económico de las comunidades rurales involucradas.

En todos los casos, creemos importante remarcar que lo cotidiano para los habitantes de la ruralidad es lo atractivo para el visitante. En esas palabras se refleja la principal premisa de nuestra labor: aportar a la consolidación de la identidad local, aquello que hace únicos a los pueblos rurales de Argentina y que los distingue de cualquier otro lugar del mundo, ya sea por sus actividades cotidianas, los oficios históricos, los nombres vulgares de la flora y la fauna, las recetas compartidas de generación en generación, los mitos y las leyendas, los lugares comunes para los pobladores o las fiestas populares, entre otras características.

Este libro aporta una visión basada en experiencias que han tenido éxito y que en la actualidad se siguen consolidando. Pero entendemos que no es la única forma y que existen tantas adaptaciones a la metodología como comunidades rurales, cada una con un proceso de desarrollo acorde a sus tiempos, a sus experiencias y a su visión del turismo.

Si hemos logrado inspirar y hemos contribuido con herramientas prácticas para desandar estos desafíos con mayor participación de los actores locales, habremos cumplido nuestro objetivo para esta publicación.

Entendemos que deben existir, mínimamente, los siguientes escenarios para poder desarrollar una oferta de turismo rural comunitario:

  • En principio, la organización social: el grupo de trabajo debe estar coordinado y avanzar cada uno con su rol establecido. Generalmente se deriva luego en formas legales de organización, como cooperativas (comunidad de Puerto Patriada, por ejemplo) o asociaciones civiles (como es el caso de Alto Rio Percy); estas figuras organizan, permiten formalizar las alianzas y generan mayores oportunidades para presentar proyectos en ventanillas de financiamiento. En su seno, se persigue como objetivo principal una meta simple e importante: aportar al bien común.
  • Se debe tener siempre presente que el carácter de surgimiento de las ideas y acciones debe tener un orden endógeno, esto es, deben ser impulsadas por actores locales con su manera de entender el pasado y ver el futuro. De esta manera los proyectos contarán con una base sólida que le dé sustento en el tiempo, con el orgullo de pertenencia de la población local con respecto a los proyectos y con una evidente apropiación de los objetivos cumplidos.
  • Otro de los aspectos relevantes que deben estar presentes en las comunidades son las instituciones locales o actores comprometidos en el rescate del valor patrimonial. De esta manera, los museos, centros de interpretación, escuelas u otras instituciones pueden colaborar con la vigencia del relato de antiguos pobladores, con la valorización de elementos tangibles y la significancia de elementos intangibles, para que los jóvenes continúen con el legado de sus mayores y se fortalezca la identidad local. En este aspecto es importante entender que la puesta en valor del patrimonio nunca será positiva sin la intervención de los actores e instituciones locales. Si ello no sucede, se puede caer en el gravísimo error del uso del patrimonio solo con fines turísticos y comerciales, y su casi anunciado impacto negativo acompañado de la pérdida de autenticidad.
  • Asimismo, es relevante para el trabajo como técnicos en el espacio rural el entendimiento y la comprensión de la compleja trama de relaciones institucionales que existe en el territorio, partiendo de una premisa fundamental centrada en que para el poblador local se trata de la misma figura: el Estado. Así, es fundamental indagar acerca de las experiencias pasadas, ya sean negativas o positivas, y las intervenciones actuales del sector público o de ONG, para poder elaborar una estrategia de articulación que permita que las acciones no se superpongan, no se repitan o –peor aun– no muestren visiones opuestas. La articulación y el orden son esenciales para evitar que el poblador local se desgaste y pierda la motivación de llevar adelante el proceso de apertura al turismo rural comunitario.

Teniendo en cuenta esas condiciones básicas para el desarrollo de ofertas de turismo rural, es relevante comunicar a otros técnicos, productores o comunidades que están pensando en incursionar en el turismo comunitario que en la totalidad de las experiencias en las que hemos trabajado los beneficios han sido muchos más que los impactos negativos. Hay momentos de muchísima alegría y gratificación, aquellos que se logran cuando el visitante agradece con emoción el servicio ofrecido, o cuando se realiza una cena de fin de año y se evalúan las metas alcanzadas. Son momentos en los que las palabras no alcanzan y las miradas de gratificación de los pobladores hacia nosotros como “sus técnicos” son el mejor y mayor precio que nos pueden pagar por nuestro trabajo.

Los beneficios llegan cuando se desarrolla un proceso de sustentabilidad y se comprende el escenario de acción de cada comunidad. Sin embargo, es importante no priorizar sólo los aspectos económicos, ya que se pierde lo más relevante de cada etapa del desarrollo turístico: la autenticidad y el compromiso local.

Para concluir, es importante dejar en evidencia una vez más la increíble oportunidad que tiene Argentina para el desarrollo de su espacio rural por medio de proyectos de turismo comunitario. Actualmente, se alinean varios aspectos que permiten ver al turismo como “la opción” de zonas rurales en las que las políticas son desfavorables, debido a la visión de un progreso capitalista que genera la migración de jóvenes, la pérdida de saberes tradicionales y el impacto en sus recursos naturales.

Los que trabajamos en el desarrollo del turismo rural de gestión participativa esperamos que las políticas públicas dejen de apuntar a un turismo “ideal”, propio de otros destinos nacionales e internacionales, y se alcance el entendimiento necesario para llevar adelante una visión centrada en fortalecer nuestra identidad. Nuestro país necesita una planificación que plantee lo autóctono y el impulso del turismo en espacios rurales como la opción a considerar.

Esta actividad nos hace únicos en la oferta, muestra la calidez de nuestra gente y, lo más importante, colabora en el desarrollo sustentable al que aspiramos como Nación.



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