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11 Replanteando estereotipos

En nuestra tarea de técnicos facilitadores de comunidades rurales de Argentina, lo primero que abordamos en cada trabajo es indagar y ponernos de acuerdo sobre la visión que tienen los pobladores locales sobre la actividad turística. Ellos, en muchas ocasiones, no conocen otros rostros más que los de su círculo íntimo ni otro territorio que el de los alrededores de su comunidad; o, por el contrario, y como mencionamos en capítulos anteriores, han tenido malas experiencias al intentar ofrecer actividades para quienes los visitan.

Son diversos los relatos que aparecen al respecto, ya sea por una no valoración de sus saberes y estilo de vida por parte de visitantes o por desacuerdos internos en las comunidades.

Es entonces cuando, apelando a nuestra mayor creatividad y empatía, emprendemos un ida y vuelta de experiencias y opiniones con los actores locales a fin de lograr construir con ellos las posibles ventajas de ser auténticos, de valorar lo que “ellos son” y de ganar la confianza necesaria para comprender que “lo que soy es lo que más les interesa a los visitantes”. A diferencia de algunas corrientes erróneas de promoción turística, consideramos que no se debe montar un “show” simplemente para satisfacer las expectativas de la demanda, sino que la clave está en ordenar y articular aspectos de la vida cotidiana para que puedan ser disfrutados por otros, y que en ese disfrute arrojen beneficios tangibles e intangibles a las familias participantes de la propuesta comunitaria.

Claro que en el hacer y en los intercambios nos encontramos con estereotipos muy arraigados que suelen limitar la participación en los debates y en los proyectos. Este espacio pretende desmitificarlos y plasmar frases con las que nos encontramos a menudo cuando trabajamos “tierra adentro”.

A cada expresión le corresponde una respuesta que requiere mucha empatía y esfuerzo para romper barreras preestablecidas. Ambas cosas, expresiones y soluciones propuestas, son una invitación a la reflexión para el atento lector, quien seguramente encontrará otras formas también de contribuir a desmitificar esos estereotipos tan arraigados en el ámbito rural.

1. El técnico siempre tiene razón

El técnico puede tener razón, pero no es la voz de la verdad. Es más, generalmente el técnico, por más que tenga la razón, debe dejar lugar a “la razón” de los pobladores locales. Hay tantas verdades como personas en el mundo, por lo tanto “la razón” del técnico solo es una forma de ver un problema o situación.

2. Soy bruto para opinar

Aquí es necesario aportar al poblador local una visión referida a que los saberes aprehendidos en el ámbito rural y su forma de expresarse no significan “ser bruto” o “ser menos que un turista con educación” tradicional de la ciudad. Es un estereotipo instalado en el que el de la ciudad, por ser “más civilizado”, podrá imponer su forma de ser y pensar.

Lo que se debe lograr es una interacción donde las dos partes aprendan y se enriquezcan mutuamente, siempre generando espacios de intercambio y respeto. El encuentro de saberes y cultura que promueve el turismo comunitario es justamente eso, un ida y vuelta en el que todos aprenden.

3. A la gente no le va a gustar lo que soy/somos

Nuevamente en estos casos hay que apelar a la empatía en primer lugar, y entender de dónde nace la visión de este mensaje. Una vez comprendida la raíz de dicho pensamiento, es necesario mostrar al poblador local el sinnúmero de oportunidades que puede poner en valor respecto a su cotidianeidad. De esta manera, se destierra el estereotipo y se genera confianza respecto al orgullo de pertenencia a su lugar de origen y su relación con la cultura y las costumbres locales.

4. Hacemos turismo sostenible para los extranjeros / A los del pueblo no les interesa lo que ofrecemos / Todos los de la zona ya conocen los alrededores / Estamos lejos de todo… Nadie va a llegar

Estas frases, que son muy recurrentes en los espacios de trabajo, tienen que ver con preconcepciones sobre “captar a los turistas extranjeros porque pagan en dólares y dejan buenas propinas”. Claro que todo eso en parte es cierto y tentador para un pequeño oferente turístico, pero es necesario invitar a la reflexión sobre a qué distancia (en las grandes ciudades) aterriza ese turista deseado, cuántos kilómetros debe hacer, y en qué transporte, para llegar a destino, y si esa aventura se condice con los días de estadía planeados de antemano.

Hecho este ejercicio, se puede entender que la oferta turística rural de base asociativa y comunitaria puede captar un público extranjero circulante en la zona que no se acerca a estas propuestas salvo para festividades o actividades masivas difundidas con anterioridad. Estas propuestas rurales ponen mayor foco en el turista por cercanía. Esto es, aquellos pobladores de localidades y ciudades vecinas (250 kilómetros a la redonda) que creen conocer sus alrededores, pero no es así: los del pueblo y los que ya tienen campo, pero quieren contactarse con otras culturas y otras formas de hacer; quienes tienen parientes en la zona y aprovechando las visitas buscan actividades para realizar; quienes en familia buscan una excusa para salir; quienes están de paso por la zona; quienes tienen motivos para festejar y necesitan nuevos escenarios; todos ellos, entre muchos otros, son potenciales clientes. Cercanos, a la mano, con poco gasto de movilidad y con grandes inquietudes por conocer cosas nuevas.

Asimismo, desde nuestra visión, posicionar los productos de turismo rural en el ámbito local debe ser una de las primeras metas de los prestadores, para lo cual se pueden ofrecer bonificaciones en el precio o jornadas de actividades culturales gratuitas. El producto turístico debe primero posicionarse localmente para luego salir a vender a otros puntos más lejanos. También es importante destacar que los habitantes de ciudades cercanas serán seguramente el canal de promoción (boca en boca) más efectivo para que familiares, amigos o turistas lleguen desde otros lugares.

Pobladores de Nahuelpan, Chubut, cuentan su historia

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Postal cotidiana en Sierra Colorada, Chubut

5. Es necesaria una gran inversión para emprender algo

No siempre es necesaria una gran inversión para emprender en el turismo rural. Obviamente, un mínimo de inversión será necesario para poder garantizar la calidad mínima esperada y requerida de cada producto; pero no hay que entender la oferta turística en el espacio rural como una actividad en la que, si no se tienen los mejores colchones, ropa blanca o vajilla unificada, no se podrá ofrecer el servicio de alojamiento o gastronomía. Tampoco hay que confundir lo sucio con lo rústico: es una cuestión de encontrar un equilibrio y saber que el turista que realiza turismo rural desea sentirse “como en casa”, pero con todo el carácter propio del lugar que visita.

Hay muchos elementos cotidianos que se pueden poner en valor para ofrecer propuestas de calidad y auténticas sin hacer una gran inversión. Un desayuno o merienda con mate y tortas fritas típicas en un contexto de relatos de la zona (leyendas, historias, demostraciones musicales, etc.); un fogón con comida “al pan”, como se hace en muchas regiones de nuestro país y en una ronda de fardos cubiertos con telas rústicas son un ejemplo de ello.

6. En red es muy complicado

Nuestra metodología de trabajo en el desarrollo de proyectos de turismo rural comunitario incluye, necesariamente, la organización social como eje del proceso. Es importante comprender que “entre todos” la tarea va a ser mucho más llevadera.

Además, el trabajo en red ofrece otros beneficios que potencian los productos ofrecidos: contratación de servicios conjuntos, mejores posibilidades de negociar con proveedores, fuerza político-institucional, mayores posibilidades de mantener una oferta constante (aunque alguien no pueda, siempre otros estarán para recibir al turista), contratación de capacitaciones, entre otros. Trabajar en red es complicado, pero los beneficios superan las dificultades que deben afrontarse en los distintos momentos de madurez grupal.

Es importante entender que los grupos de trabajo están integrados por personas con motivaciones e intereses diferentes que se ponen en juego; por ello, son frecuentes las internas, los enojos y también los malentendidos. En dicho caso, es necesario abordar el problema dejando que las partes involucradas den su visión y entre todos buscar las vías de solución más viables. En el peor de los casos, uno o varios integrantes dejarán el grupo, que de por sí es versátil y estará en permanente cambio, movimiento y actualización.

7. Me voy a llenar de plata con el turismo de nicho

La actividad turística en el espacio rural se presenta como una oportunidad para diversificar la producción estándar agrícola y/o ganadera, generalmente de subsistencia. Los ingresos económicos de los productores de agricultura familiar convertidos en prestadores de turismo son complementarios a la actividad principal. Ello significa que los ingresos provenientes de la actividad turística son una ayuda para sus economías y, en esta afirmación, el “llenarse de plata” no es viable.

Sí, se producen cambios positivos y muy valorados como lo es alcanzar metas antes no posibles: ampliar la casa, cambiar el auto, comprar un nuevo caballo para que los niños vayan a la escuela, mejorar la alimentación y la atención en salud, entre otros aspectos que le dan un valor social muy importante al desarrollo turístico en comunidades rurales.

Es recomendable informar a los turistas de qué manera los ingresos que generan en su visita contribuyen a mejorar la calidad de vida en la comunidad: esto redundará en mayores recomendaciones.

8. Acá no hay nada para ver… Otros tienen lagos, montaña… playa

En varios talleres, reuniones o visitas a predios ha aparecido este tipo de comentarios y el resultado luego del abordaje técnico es sumamente enriquecedor. Lo importante es no detenerse en “lo que no tenemos”, sino en aquello que “nos hace diferentes” y que se vincula con nuestra cotidianeidad.

A modo de ejemplo, destacamos el resultado de los talleres de trabajo coordinados por quienes suscriben en las IV Jornadas de Medios de Vida Sostenible, ciudad de San Pedro, Misiones (septiembre 2015) con productores y comunidades originarias de la región. Como dinamizadores, pudimos trabajar con ellos para ir desde el “todo está hecho” a descubrir que “hay mucho por hacer”. Como caso, los representantes de Ingeniero Juárez, Formosa, identificaron recursos y saberes locales, para detectar oportunidades: safaris fotográficos, senderos de interpretación y valoración del bosque nativo, excursiones de pesca, dialectos, entre otros.

Papelógrafo del Taller de Turismo Sustentable. IV Jornadas de Medios de Vida Sostenible, ciudad de San Pedro, Misiones (2015)

9. Es tarde para aprender

Nunca es tarde para aprender, intercambiar ideas y construir en grupo. El trabajo colaborativo implica necesariamente aprender conceptos, dinámicas y de los saberes de los demás. Es necesario reparar en este punto para poder construir propuestas sólidas y acordes a los valores locales que se quieren trasmitir. Acompañar estos procesos e identificar esas inquietudes que pueden estar frenando la participación de algunos integrantes es indispensable en nuestro rol como técnicos facilitadores. En este punto, se ponen en juego la intuición y la observación como herramientas.

Es necesario comprender que no solamente no “es tarde para aprender”, sino que además, en la mayoría de los proyectos de turismo rural comunitario en los que participamos como técnicos, las personas de mayor edad son quienes aportan la experiencia y en ella se incluyen innumerables contribuciones referidas a los saberes tradicionales que hacen a la identidad local. Es un ida y vuelta interesante vincular nuevos conocimientos (sobre todo referidos a la tecnología) con antiguos saberes donde los más jóvenes enriquecen su saber local.

10. Voy a ser esclavo de mi proyecto

No necesariamente quien emprende en esta actividad debe ser “esclavo de su proyecto”. De hecho, incentivamos a que no sea de esa manera para evitar el desgaste excesivo y el abandono del negocio. Cada oferente debe decidir su modelo de negocio, y en él establecer los días y horarios en los que ofrecerá el/los servicios. Como actividad complementaria, lo que no quiere decir de menor calidad, cada responsable adecuará esas definiciones a lo que pueda cumplir, según la ayuda que pueda tener, y considerando los recursos necesarios disponibles para la propuesta.

Es importante recordar que como emprendedores cada cual es dueño de su proyecto, que funciona en la dinámica grupal de turismo comunitario y que implica responsabilidades. Si digo que abro los fines de semana, y así se informa en distintos medios de comunicación y en la oficina de turismo más cercana, el día en que decido (por cualquier motivo) no abrir, corresponde que lo informe en los mismos canales. No hay sensación más frustrante para los turistas que llegar a un lugar en el que les dicen que “la familia está” y no encontrar quien los atienda.

Por supuesto, las reservas previas mitigan estas desilusiones, pero la prolijidad y la coherencia también.

11. Lo que comemos no les va a gustar

Hemos sido muy insistentes en no mostrar un show y en mantener la autenticidad como regente de los productos turísticos. Esto aplica sin excepción a las recetas. La clave no es alterarlas, sino elegirlas de la mejor manera para que sean lo más acordes a los distintos paladares posibles. Es importante para el proyecto mantener algún sabor exótico, contarlo de esta manera viste la experiencia, que puede ser o no del agrado del visitante.

A medida que se avanza en el ejercicio práctico de interacción con los turistas, será más simple identificar aquellas comidas que tienen más aceptación, y cuáles no tanto. De hecho, esto también se puede contar.

12. No voy a saber cómo explicar

Uno de los errores más comunes en el diseño de las propuestas turísticas con pobladores locales es dar por sentado que los actores y responsables de atender a los turistas sabrán intuitivamente cómo hacerlo. No es así. Acompañar el armado del relato y el “cómo será la actividad” es necesario para el éxito. Esta es también labor de los técnicos facilitadores en territorio, quienes, con un poco de ingenio, pueden llevar tranquilidad en el “aprender haciendo” con cada uno de los oferentes.

13. La estacionalidad nos desarmará el proyecto

La estacionalidad de la actividad turística es determinante para la continuidad de muchos proyectos. La clave está en poder romperla, plantear actividades diferentes según cada época del año, aprovechar las temporadas bajas (con menos afluencia de turistas) para hacer acciones de prensa (invitar a periodistas a pasar unos días y conocer las propuestas), para generar sensibilización social sobre las actividades (invitar a referentes locales a los que la gente les pregunta en los pueblos cercanos “¿qué más se puede hacer?”), entre otras acciones posibles en las que la creatividad juega un rol muy importante.

Es relevante poder prever los meses de mayor actividad turística y los momentos del año en los que el movimiento merma, para de esa manera planificar las actividades del grupo en base a los meses en los que se requiere mayor presencia de los integrantes.

14. A los medios de comunicación no les interesan notas tan simples

Hay que analizar qué entendemos por “simples” e indagar sobre las notas que eligen los medios especializados. En este punto, el eje de trabajo es definir qué contenidos podemos ofrecerles a los medios de comunicación que sean actuales, que despierten interés y que nos permitan llegar a los potenciales clientes de nuestras propuestas. Siempre hay cosas atractivas que decir, que mostrar, que enseñar. Indagar sobre este punto en relación directa sobre la imagen que se quiere trasmitir “hacia afuera” es un ejercicio muy interesante no solo para la prensa, sino para ganar madurez en el grupo y unificar el discurso.

La experiencia nos muestra que son diversos los medios de comunicación y periodistas independientes interesados en poder mostrar algo “distinto”, que rompa los moldes del turismo tradicional. Y en ese esquema el TRC se posiciona generalmente como atractivo para la redacción de notas.

15. La gente viaja a descansar y dormir

Hay gente que viaja para descansar y dormir, pero hay muchos otros que viajan para hacer nuevas experiencias, actividades, vincularse y andar. Pero hay que estar atentos porque estos últimos, más activos, también querrán descansar en algún momento. Garantizar los servicios necesarios para los distintos públicos es necesario, y profundizar en los gustos y expectativas de nuestros posibles clientes es un factor interesante de éxito. ¿Qué esperan? ¿Qué querrán hacer? ¿Con quién querrán interactuar? ¿Qué desean aprender? He ahí algunas preguntas que debemos hacernos.

16. El turista paga solo lo que puede ver, tocar o comer

Esto es relativamente cierto. Hay una tendencia mundial y en permanente crecimiento a comprar intangibles: experiencias, compartir el momento, escuchar un relato, aprender un dialecto y otros atractivos. Estos no necesariamente involucran lo tangible, sino que ponen en juego emociones, sensaciones y saberes. Un ejercicio interesante es analizar la oferta actual en este sentido y poder inspirar nuevas variantes para los negocios en funcionamiento y para los que están en etapa de diseño. ¿Qué está buscando la gente? ¿Qué comenta en redes sociales sobre sus momentos de ocio? ¿En qué invierte su tiempo mi cliente potencial?

La fauna es un atractivo que convoca cada vez más miradas.
(Foto: J. M. Silva)

17. Emprender en familia es una pesadilla / Los que no se suman al negocio familiar traicionan la causa

Los negocios familiares son intrincados y también los más frecuentes en turismo rural. Al igual que trabajar en red, tienen grandes ventajas y requieren de grandes esfuerzos, paciencia y tolerancia. A la vista del turista, los negocios familiares tienen un atractivo en sí mismos por su idiosincrasia, por los valores, por el trabajo conjunto, por los beneficios compartidos.

Los que no se suman al negocio familiar no traicionan la causa: no es obligación participar y es sano que otros integrantes tengan metas de vida propias por fuera del emprendimiento. De hecho, esto en ocasiones genera beneficios extras ya que quienes no están abocados a la actividad turística abren posibilidades a nuevas redes de contactos, pueden hacerse cargo de algún aspecto que el día a día no permite, pueden colaborar desde otro lugar sin ser socios del negocio, simplemente por ser familia.

No debemos olvidar que el turismo es un trabajo como cualquier otro, que permitirá entradas y salidas, contrataciones por fuera del núcleo familiar, entre otros tantos aspectos.

18. Ofrecele un asado al paisano y te va a decir que no

Es como decir que uno no puede invitar a cenar a un amigo cocinero. No olvidemos que lo que cada uno hace a diario agota, que hasta el paisano que hace los asados en el campo vecino puede optar por ser homenajeado con su familia en una comida típica igual o diferente, pero que simplemente no sea cocinada por él.

Es interesante trabajar y discutir este aspecto, ya que con frecuencia hay expresiones similares que frenan acciones de promoción, como decir: “si en el pueblo todos tienen un pariente con campo, ¿por qué van a venir?”; lo que no se analiza (y hay que mirar) es: ¿qué motivo les podemos dar para que vengan?

19. El turismo ensucia

Prever el impacto de la actividad turística es base de todo diseño de proyecto. ¿Qué hará la gente con sus residuos?; ¿cómo ayudaremos a disponerlos?; si son actividades en ambientes naturales, ¿quién se hará cargo de juntar papelitos, botellas y otros posibles de ser desechados para asegurarse de que sean depositados donde se debe?; ¿qué instrucciones debemos dar a los visitantes y con qué fundamentos? Estas preguntas hallarán respuesta en el trabajo grupal y en la distribución de roles de cada actividad. Sin planificación, generalmente se genera suciedad.

20. Si nos mostramos, esto estalla y se vuelve un barrio privado

Esta afirmación tiene sus motivos. Muchos pueblos y parajes rurales prístinos que fueron visualizados por la actividad turística terminaron en manos de privados que redefinieron el carácter del lugar, aquel que había dado motivo a la apertura al turismo. Este aspecto se debe abordar simultáneamente a las primeras reuniones de trabajo en las que las autoridades municipales deben participar.

Si no se logra la participación, los emprendedores pueden acercarse a las instituciones locales a plantear esta preocupación para que se vaya previendo (si no existe) una regulación y planificación de desarrollo urbano que establezca reglas específicas para evitar el impacto. Conservar la identidad del lugar es una de ellas.

21. A las instituciones no les interesa el desarrollo turístico

Esta afirmación es general, pero hay que indagar por qué se hace y en qué contexto. En nuestra experiencia, suele referir a que diversificar propuestas estandarizadas y que funcionan bien en algunos destinos es una tarea difícil, pocas veces acompañada por las autoridades locales. Esta falta de acompañamiento se suele dar porque se considera que como destino “la oferta turística ya funciona y todo lo demás complica”.

La pregunta a hacerse en este punto es: ¿para quién funciona?, y ¿de qué manera el turismo rural puede dar motivos a esos visitantes a quedarse más tiempo en la región, generando más beneficios para más personas? Una vez identificados estos aspectos, es necesario insistir con el pedido de reuniones para lograr el acompañamiento necesario de las instituciones competentes.

22. Los jóvenes se van, no queda nadie para trabajar

Ante la falta de oportunidades en su lugar de origen, los jóvenes migran: esta afirmación es correcta. Lo que se debe atender es qué motivos les puede dar la actividad turística para regresar. En varias localidades en las que hemos trabajado no sólo muchos no se van, sino que al haber empleo muchos otros deciden volver.

En esta afirmación es importante destacar que, en el desarrollo del turismo rural comunitario, la participación de los jóvenes es fundamental. Por ello apelamos a la transmisión de saberes y la generación de oportunidades laborales que permitan visualizar en las nuevas generaciones el futuro de la comunidad.

Hay que considerar que llegado el momento en el que los jóvenes concluyen sus estudios secundarios, es necesario alentarlos para que formen su profesión y adquieran herramientas y conocimientos teóricos que luego puedan aplicar en su comunidad.



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