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5 Artesanías y saberes con identidad

Las artesanías representan una de las actividades que hace varias décadas comenzaron a diversificar la agricultura de subsistencia generando ingresos adicionales a las familias rurales y promoviendo el rescate y valoración de saberes muchas veces olvidados o en desuso. Si bien es una actividad generalmente vinculada al género femenino, hay artesanos tanto hombres como mujeres que realizan piezas de gran valor patrimonial y simbólico.

La comercialización de las artesanías varía según el nivel de aislamiento, las redes de relaciones a las que acceden, la participación de ONG e instituciones promotoras de estas labores, y la posibilidad de acceder a ferias y mercados regionales. La actividad turística comunitaria ofrece, al igual que sucede con las producciones del agro, oportunidades de comercialización directa, evitando intermediarios y generando mejores ganancias para quienes realizan las artesanías.

Paralelamente, y en vinculación con lo que hace varios años se conoce como “Economía de la experiencia” (Pine y Gilmore, 1999), y que en nuestro país ha entrado en auge en 2017 con mayor fuerza en el mercado turístico, los artesanos tienen la posibilidad de hacer de sus saberes actividades que impriman vivencias. A modo de talleres, clases demostrativas y participativas, el desafío está en “hacer algo diferente” que es bien valorado por los visitantes. Esas experiencias no se encuentran en sus lugares de origen y que se relacionan directamente con la propuesta cultural y auténtica que ofrece la comunidad receptora. No sería lo mismo aprender a hilar en una oficina en una gran ciudad, que hacerlo en un salón común de una población entre montañas, o en el patio de la casa de la señora que hace el tejido a telar.

Estos rasgos distintivos pueden (y deben) ser bien aprovechados por los oferentes para generar productos artesanales con características identitarias y para poder trasmitir en el hacer aquellos valores y cosmovisiones propios. Está en nuestro rol como facilitadores de proyectos no quedarnos solamente con el discurso, con los conocimientos vertidos y con el planteo de las posibilidades, sino acompañar el proceso “haciendo” y definiendo estrategias a la medida de cada uno de los posibles oferentes. Este acompañamiento y un diseño que contemple las motivaciones personales de los lugareños, en un contexto de trabajo asociativo, son clave para el éxito y la continuidad.

Para Kerr (1990) hay que pensar en el fomento de las artesanías como un elemento más de las actividades generales de desarrollo de la región de que se trate, y no como panacea para la economía que proporcione enseguida nuevas posibilidades de trabajo e ingresos. No obstante, considerada como simple componente de un programa general de desarrollo, la artesanía puede contribuir eficazmente a activar una economía local basada en sólidos principios económicos, ambientales y sociales.

El autor plantea también la necesidad de trabajar en regiones de manera personalizada ya que es probable que sean mayores las posibilidades de éxito si se toma el tiempo necesario para formar artesanos sobre el terreno, teniendo en cuenta las condiciones locales.

En este sentido, adherimos a las palabras de Benítez Aranda (2009), quien considera que la artesanía latinoamericana, y caribeña, muchas veces preferida o reconocida sólo en calidad de “souvenir” vinculado a la tradición y el folclore, puede ser vista desde una nueva perspectiva como una riqueza regional desarrollada por un valioso potencial humano que forma parte del patrimonio intangible del área y que es depositario de conocimientos ancestrales provenientes de las diferentes culturas y raíces étnicas que conforman las diversas naciones y nacionalidades de la región. Potencial este que, integrado a una nueva proyección, puede favorecer el desarrollo económico, social y cultural, afianzando el sentido de pertenencia de los hombres a su comunidad y contribuyendo al desarrollo de los individuos y las colectividades desde una actividad que a la vez genera riqueza material y espiritual.

Esta visión es aplicable únicamente desde una perspectiva democratizadora, respetuosa de la diferencia y la justicia social, que supere los prejuicios, la discriminación, y el mercantilismo con que ha sido tratado, en no pocas ocasiones, el sector artesano (Benítez Aranda, 2009). Entendemos al sector artesanal como una fortaleza que distingue los destinos turísticos y que debe ser considerada en todas las acciones de desarrollo que involucren la cultura material e inmaterial como recurso.

Tejidos mapuches en Lago Rosario, Chubut

Para referirnos al Patrimonio Cultural Inmaterial, tomamos la definición de la UNESCO (Convención para la Salvaguardia del PCI – París, 2003), que refiere a “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural”.

La misma Declaración (UNESCO, 2003) especifica que el ámbito en el que se manifiesta el Patrimonio Cultural Inmaterial abarca varios ítems, y que uno de ellos lo integran “las técnicas artesanales tradicionales”: esto implicó un gran avance en el reconocimiento al rol desempeñado por la creación artesanal.

Dicho lo anterior, al PCI lo constituyen:

a) Tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial;

b) Artes del espectáculo;

c) Usos sociales, rituales y actos festivos;

d) Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo;

e) Técnicas artesanales tradicionales.

Entendemos al ser humano en su contexto, con sus conocimientos y cultura, con una realidad no siempre elegida sino heredada, y ponemos esto por delante de cualquier iniciativa. Es fácil arrojar conceptos sobre “lo que se debería hacer” o “lo que usted debería ser”; la complejidad se encuentra en los procesos para lograrlo. Entendemos las artesanías en un sentido amplio.

Benítez Aranda (2009) considera que para poder actuar en dirección a un cambio de visión que contemple este tipo de actividad como un factor de desarrollo, la artesanía debe ser vista en toda su amplitud e integralidad como un concepto omnímodo que comprende todos los elementos que tipifican la actividad humana:

  1. Es una forma de actividad práctico-espiritual, es decir, una forma de trabajo que tiene la peculiaridad de conservar la unidad primigenia entre lo bello y lo útil característica de muchas producciones anteriores a la revolución industrial y que se realizaban a partir de un encargo, atendiendo a la satisfacción de su doble función estético y utilitaria.
  2. La creación puede ser individual o colectiva, pero en sentido general es un tipo de actividad que promueve formas de organización social basadas en la asociación y el cooperativismo contribuyendo a la consolidación del sentido de pertenencia y la cohesión social de la familia y la comunidad.
  3. Desde el punto de vista técnico, reproduce una gran diversidad de formas productivas y conserva para la humanidad formas de hacer de diferentes estadios históricos, que van desde las más ancestrales hasta las más modernas con el uso de la máquina como elemento auxiliar.
  4. Satisface diversos tipos de necesidades, no sólo utilitarias, sino otras de carácter simbólico y muchas veces asociadas a otras expresiones culturales sincréticas, que la conectan y hacen interactuar con otras esferas de la actividad cultural como las fiestas populares, el diseño y las artes visuales, y se considera una de las expresiones identitarias de la cultura.
  5. Unas veces su alcance es limitado y se produce para satisfacer sólo necesidades en el marco del autoconsumo individual o colectivo; otras veces se crean para ser comercializadas y generar beneficios económicos al productor o los productores, e incluso para el mercado turístico y de exportación.
  6. Constituye una forma de conocimiento y de comunicación que perpetúa valores culturales entre diversas generaciones. Se asocia con formas de consumo cultural diferenciadoras de los estándares del mercado de objetos industriales.
  7. Promueve formas de intercambio con la naturaleza y el medio ambiente sobre la base del respeto y la sustentabilidad y puede insertarse a los programas locales dirigidos a la conservación y el desarrollo de la biodiversidad.
  8. Desarrolla capacidades especiales en los individuos, que combinan la habilidad manual y el ejercicio intelectual, aspecto este necesarios para el equilibrio y la armonía de la personalidad humana.

Esta complejidad plantea dificultades a la hora de comercializar los productos, pero más aún al momento de establecer un precio justo. Los artesanos que en sus momentos cotidianos realizan piezas de gran valor comercial tienen serias dificultades para establecer cuánto deberían cobrar por su trabajo. Esto se debe a que la instancia de “creación” se amalgama con actividades diarias en las que tejer, moldear, diseñar, son parte de una rutina y de una tradición que generalmente se replica en “honor” a los ancestros.

La falta de determinación comercial expone a los artesanos residentes en comunidades aisladas de nuestro país a intercambios irrisorios motivados por personas de las ciudades que conocen el valor de “vidriera” y ven, en esta situación, negocios cuya ética es cuestionable.

A modo de ejemplo, una manta tejida a telar que a una señora en la zona desértica de Santiago del Estero le puede llevar hasta seis meses de trabajo, considerando la obtención de la lana de sus ovejas, el hilado en huso, el teñido con tintes naturales y el tejido, se vendía en 2015 a los compradores “al paso” a un valor de 450 pesos argentinos. La misma manta, en Calle Florida, en la Ciudad de Buenos Aires, se ofrecía al público por 2800 pesos argentinos.

Situaciones como esa se repiten con frecuencia en distintas regiones de nuestro país y es por ello que valoramos especialmente la organización social de los emprendedores artesanales, la generación de mercados comunes, la participación en ferias locales y regionales y la capacitación específica sobre cómo definir los valores de esas producciones. También el turismo de base comunitaria ofrece intercambios para la comercialización sin intermediarios.

La comprensión del carácter polifacético y multifuncional de las artesanías es una condición básica para que puedan ser interconectadas con los procesos económicos, productivos, comerciales, educacionales y culturales como un factor de desarrollo humano. El trabajo artesanal debe ser visto como parte del desarrollo de las oportunidades y las capacidades en la que los individuos combinan la habilidad manual y el ejercicio intelectual, aspecto este necesario para el equilibrio y la armonía de la personalidad humana (Benítez Aranda, 2009).

Feria Tokom Topayiñ, Nahuelpan

El grupo “Tokom Topayiñ” (Juntos Podemos en lengua mapuche) está integrado por diez pobladores de la comunidad Mapuche-Tehuelche de Nahuelpan. La feria es un espacio donde comercializan los productos y artesanías que elaboran, manteniendo criterios comunes: deben ser elaborados con materias primas locales, mediante el uso de saberes tradicionales de la cultura. Las hierbas medicinales, el ñaco (infusión mapuche en base a trigo), las sales mapuches trananchazi y trapichazi, y las artesanías en cuero de chivo y lana son los productos principales.

La feria se encuentra ubicada en la estación de tren de Nahuelpan, que recibe dos veces por semana a “La Trochita”, uno de los trenes turísticos más importantes de la Argentina. Esta excursión genera el arribo de 30.000 visitantes por año aproximadamente.

Cada vez que llega el tren a Nahuelpan, Tokom Topayiñ abre sus puertas atendida por los pobladores y artesanos locales. El objetivo que persigue esta feria se centra en la apropiación por parte de la comunidad del Producto Turístico La Trochita, obteniendo beneficios que de él se desprenden. Asimismo, es un espacio de difusión y valoración de la cultura mapuche, ya que no solo se trata de la venta de productos tangibles, sino que en el intercambio con los visitantes se ofrecen contenidos intangibles de gran valor sociocultural.

Mercado de la Estepa, Dina Huapi, Río Negro

El Mercado de la Estepa funciona desde hace diez años en la localidad de Dina Huapi, a 18 km de San Carlos de Bariloche. Es un ejemplo de cómo la organización comunitaria y el trabajo participativo y asociativo pueden generar las condiciones para dotar de valor y dignidad la vida de las comunidades.

Como antecedente, hace 15 años que se está trabajando en la región sobre las artesanías y cómo participar de más eslabones de la cadena productiva, incluido el proceso de venta (esquila, hilado, tejido y comercialización).

El Mercado de la Estepa es administrado mediante una Asociación Civil sin fines de lucro denominada Quimey Piuké (Buen Corazón en lengua mapuche), integrada por artesanos y pequeños productores rurales que comercializan sus productos conforme a los valores del Comercio Justo y de acuerdo con un reglamento interno, elaborado de manera participativa por ellos mismos.

Esta iniciativa propone mejorar la calidad de vida de sus socios y rescatar sus valores culturales, a través del ejercicio del comercio solidario. En su página web (mercadodelaestepa.com.ar), los referentes mencionan que es un “espacio de intercambio que nos da unidad, es decir, en donde todos los integrantes venimos a ofrecer lo que producimos”. Y afirman que “su nombre nos da identidad, que es lo que reflejan nuestros productos, ya que utilizamos los recursos y la materia prima que nos brinda el ambiente en el que vivimos y también reflejan el saber hacer propio de quienes vivimos en la estepa”.

Como objetivos principales persigue:

  • Mejorar la calidad de vida de los productores y artesanos socios del Mercado.
  • Promover la Economía Social a través de la comercialización artesanal en forma directa al consumidor, para mejorar los ingresos de las familias ligadas al Mercado.
  • Impulsar y valorar el trabajo participativo y asociativo como medio para el desarrollo, auto sustentación y crecimiento de las familias.
  • Rescatar y valorar las antiguas técnicas de producción para que cada artesanía y producto exprese la idiosincrasia de cada comunidad.
  • Establecer un lugar de referencia para promover el desarrollo de proyectos productivos y turísticos en la estepa.
  • Promover un espacio para la demostración de las expresiones culturales y artísticas de la región.
  • Rescatar y afianzar los valores culturales e históricos de sus comunidades.

Dicho mercado cuenta con más de 250 productores (destacándose las hilanderas y tejedoras) que viven en una región cuya asociación más lejana está a 400 kilómetros del punto de venta principal. La red de trabajo y comercialización permite así acercar las artesanías a los turistas de manera directa, del artesano al comprador.

Ana Basualdo, referente del Mercado de la Estepa, dice:

Es importante notar que hay varios temas que van atravesando lo que es en sí el mercado como espacio de comercialización. Está formado por ocho comunidades (en un radio de 400 km) que tienen muchas dificultades para comercializar los productos debido a los difíciles accesos. El espacio que nosotros tenemos en Dina Huapi es el paso obligado por Ruta 40 de Bariloche a Villa la Angostura, se le da importancia con gran enfoque en las comunidades rurales, ya que los artesanos de Bariloche tienen muchas posibilidades de venta, no así las comunidades que están en la Ruta Provincial Nro. 23. (Entrevista personal, febrero 2018).

Sin dudas, uno de los puntos importantes que ha generado el Mercado de la Estepa es la revalorización del trabajo artesanal, ya que al pagarse poco se iba dejando de practicar. En el esquema de comercio justo, las ganancias para las familias son otras: “esto permitió que se rescataran valores, se trabajó sobre la gente que sabía, las más ancianas o aquellas que habían tomado los saberes de sus abuelas”, afirma la referente del Mercado.

La organización

En el Mercado de la Estepa atienden al público los productores de los distintos parajes, quienes se turnan, de acuerdo con un cronograma preestablecido mensualmente. Los días de semana la atención es abarcada por los artesanos del grupo de Dina Huapi, y los fines de semana, por los integrantes de las comunidades más alejadas (dos o tres por turno). Los artesanos cuentan con instalaciones en la planta alta del edificio para alojarse durante su estadía, aproximadamente un fin de semana al mes. Es en esos momentos donde interactúan con el público visitante, y le transmiten sus saberes en lo referente a los artículos comercializados. Los productores también participan en las tareas de mantenimiento y limpieza del edificio.

“Nuestra estructura está basada en la organización interna de ocho parajes, por cada uno de ellos hay un grupo de artesanas/os que tiene que juntarse, ponerse de acuerdo y participar en el mercado”, explica Basualdo.

En cuanto a los productos, las normas son estrictas: sin excepción, no pueden ser de reventa ni industrializados. Aquellos alimenticios deben cumplimentar con la habilitación municipal o de la comisión de fomento correspondiente. De cada venta, el Mercado se reserva el 10% del total del precio para hacer frente a los gastos fijos y eventuales de mantenimiento y funcionamiento del edificio.

De lunes a viernes atiende la gente de Dina Huapi, una vez por semana. Hacen también la parte de contaduría, preparan los pagos para los parajes: se presentan las planillas donde constan los productos llevados al mercado por cada paraje. Los fines de semana, está atendido por personas de los parajes, que si es necesario se quedan a dormir en el edificio del mercado.

Las artesanas y productoras participan en el Mercado de la Estepa en forma asociativa y como miembros de una comunidad dentro del territorio de Pilcaniyeu y no en forma individual. Hay invitadas que son de la cooperativa de Somuncura y de Jacobacci. Todas participan de la cadena de producción y comercialización, aunque gran parte lo hace en forma asociativa y representativa.

Cada comunidad o paraje tiene su propia organización para cumplir con todas las responsabilidades. Se realizan reuniones y luego se comparten en las Asambleas Generales y/o con la Comisión Directiva. Cada comunidad debe cumplir con la atención del local de ventas (donde todos venden lo de todos) por lo menos una vez por mes, revisar la mercadería, cobrar las ventas, participar del mantenimiento del edificio, estar dispuestos a representar al Mercado de la Estepa en ferias y talleres, entre otras actividades programadas.

El proceso de institucionalización del Mercado como Asociación Civil se llevó a cabo luego de reuniones con profesionales y talleres específicos sobre el tema, en los que se acordó con los socios tomar esa forma jurídica. Como Asociación Civil, la formalización y administración resulta más simple que la forma cooperativa, y por lo tanto muy adecuada para que los socios puedan autogestionarla. Se ha llegado a este acuerdo ya que esta figura legal respeta, en gran medida, el reglamento interno original del Mercado de la Estepa. La Asamblea es el órgano en el que se toman las decisiones y a esta deben asistir los representantes de cada comunidad que participa, lo que le da legitimidad.

Las actividades

El Mercado ofrece distintas actividades en las que los artesanos y pequeños productores participan, algunas abiertas a la actividad turística. Todas promueven el intercambio de saberes, la venta de productos y la transmisión de su visión con respecto al trabajo asociativo y comunitario, y la valoración de recursos naturales y de los conocimientos de cada comunidad, que constituyen la esencia de su conformación.

Salón de ventas: es el punto permanente de comercialización de los productos y artesanías elaborados por más de 250 pequeños productores y artesanos de las comunidades rurales de la Estepa Patagónica. Se encuentra en la planta baja del edificio del Mercado.

Salones Comunitarios: en los distintos parajes que participan del Mercado de la Estepa existen Salones Comunitarios, donde las artesanas tienen un espacio de reunión, realización de talleres y actividades productivas como lavar la lana, hilado, etc. El objetivo es que sea un lugar de pertenencia para las mujeres, un lugar que consideren como propio, donde puedan producir y compartir en grupo, junto a otras productoras. En Pilquiniyeu del Limay, Comallo y Laguna Blanca las construcciones ya están avanzadas (febrero 2018).

Banco de Lana: las/os artesanas/os del Mercado de la Estepa que trabajan fibras textiles cuentan con distintas maneras de proveerse de las materias primas necesarias: cría y esquila de sus propios animales, compra individual de los vellones necesarios o participación en el Banco de Lana. El Banco de Lana es un Fondo Solidario de Insumos que busca aprovisionar a las/os artesanas/os de vellones y realizar un rescate genético de especies ovinas de calidad artesanal (Oveja Linca).

El trabajo consiste en identificar y clasificar vellones de lana en distintas regiones de las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, por parte del Mercado de la Estepa, Surcos Patagónicos e INTA. Los vellones seleccionados son comprados por Surcos Patagónicos mediante un fondo rotativo de dinero; luego se almacenan en las localidades y desde allí se distribuyen. De esta manera, cuando una hilandera necesita materia prima, toma un vellón de lana, lo hila y luego devuelve únicamente el equivalente de su costo con lana hilada. El resto del vellón queda para la artesana.

Toda la lana ingresa para su comercialización en el Mercado de la Estepa. La diferencia es que la lana hilada con la que se pagó el vellón ingresa con una etiqueta diferencial del Banco de Lanas, mientras que el resto ingresa a nombre de la artesana y corresponde a su producción. Como resultado, cuando se vende esta materia prima a nombre del Banco de Lana se recupera el dinero para refinanciar el fondo rotatorio. De esta manera, se logra una constante renovación de dinero, lo cual permite comprar más vellones y comenzar nuevamente un ciclo autosustentable que aprovisiona a las artesanas de materia prima durante todo el año.

Espacio cultural: actividades culturales, sociales y educacionales (charlas, conferencias y talleres de capacitación) relacionados con las características de las comunidades rurales patagónicas se desarrollan en el espacio cultural ubicado en el primer piso del edificio del Mercado. Es el espacio de encuentro entre productores y artesanos, y también para el público en general, interesado en las comunidades de la estepa, su historia y su cultura. Entre esas actividades se suceden las exposiciones de fotos, piezas históricas, reliquias, artesanías y otros objetos que reflejan la historia y la riqueza cultural.

Sobre los beneficios intangibles de la actividad, la referente del Mercado, Ana Basualdo, afirmó:

A nosotros esta posibilidad de vender nos ha llevado a otras cosas que no se ven, que es la parte social. Para nosotros es lo más importante. Principalmente, se revalorizó el rol de la mujer ya que el 80% son mujeres que fueron valorizadas también en su comunidad. Por ejemplo, hay dos de las mujeres que en sus comunidades terminaron siendo autoridades locales (comisión de fomento). Dichas mujeres no sólo se encargan de cuestiones de artesanías, sino que también abarcan muchas otras acciones propias de cada lugar (caminos, agua potable, residuos, etc.).

El Mercado de la Estepa es un caso muy interesante para replicar: su aprendizaje en la organización y funcionamiento, y que eso los llevara al cumplimiento de las metas propuestas, contribuiría en distintas regiones de Argentina a solucionar un tema tan sensible y escasamente abordado como lo es la comercialización de los productos y artesanías de las familias rurales.



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