Otras publicaciones:

12-3861t

Book cover

Otras publicaciones:

9789877230192-frontcover

12-3301t

7 Las alianzas emergentes
en el proceso del desarrollo turístico

No solo necesitamos alguien a quién amar, también necesitamos amigos, mentores, modelos a seguir y gente que nos apoye, que crea en nuestros sueños y que nos ayude a alcanzarlos.

 

Nick Vujicic

Con frecuencia nos encontramos con espacios tradicionalmente estancos, no plenarios ni participativos, en los que un orador ofrece sus conocimientos, pone a “discusión” los conceptos y orienta los resultados esperados y posibles de ser llevados adelante. Hablábamos en capítulos anteriores de la visión tradicional de impulso de proyectos turísticos en la que se realiza un relevamiento de recursos, se proponen productos posibles en base a una demanda preanalizada (descartando nuevas posibilidades de nicho) y se “acuerda” con los actores locales el “mejor camino” a seguir desde planes estratégicos acordes a las políticas públicas locales y regionales, pero que no necesariamente contemplan los intereses y proyectos de vida de las personas involucradas.

El turismo, como cualquier otra actividad, es un trabajo que requiere dedicación, entrega e inversión (tiempo y dinero). Prestadores motivados e involucrados desde el diseño de los productos, la mejora progresiva de los servicios y los productos ofrecidos son esenciales para la continuidad, así como para el impacto en el destino turístico.

Hay una tendencia cada vez menos generalizada, pero aún vigente, a considerar que con dar un seminario de algunas horas se habrá cambiado la realidad de un territorio. Nuestra experiencia arroja que en participaciones breves de acercamiento a una realidad determinada, los facilitadores debemos ofrecer múltiples herramientas posibles de ser replicadas por los asistentes “ni bien llegan a sus casas y las comentan para otros”, para que cada uno de los emprendimientos o modelos de negocio en estado de definición se vean enriquecidos en algún aspecto, ya sea de diseño, de vinculación con otros actores o de mejora de las estrategias de comunicación y comercialización para que los productos funcionen y se potencien en el tiempo.

Volvemos en este punto a pensar los resultados de cada una de las actividades estableciendo indicadores apropiados a la actividad y que pongan el foco en la gente, en los emprendedores y en cómo estos pueden establecer nuevos vínculos o fortalecer los preexistentes con organismos públicos, instituciones y pares, para cumplir las metas propuestas.

Algunas situaciones duelen desde el recuerdo, producen profundas frustraciones y limitan los intentos posteriores de impulsar el turismo comunitario como herramienta para el desarrollo local. Hemos tenido el honor de acompañar comunidades en distintas provincias de nuestro país, y nos hemos encontrado con frecuencia con antecedentes no felices. Quienes “tienen la verdad” han dado indicaciones que solo generaron desmotivación y contradicciones, desde una visión centralista definida en las grandes ciudades y con escasa empatía con los pobladores en territorio.

En esos casos, luego de varios días para ganar confianza, hemos logrado tener la respuesta a nuestras consultas sobre por qué no quieren hacer actividades vinculadas al turismo y por qué no concurren a los talleres y capacitaciones. Lo que la gente nos dice con frecuencia nos sorprende, pero nos da pie para poder plantear una visión diferente de trabajo participativo. Desde allí, construir se convierte en una posibilidad.

En un pequeño paraje rural (Junta de Gobierno) de la provincia de Entre Ríos, mate de por medio, una familia nos dijo:

El turismo es una farsa. Viene un capacitador, te dice que cambies todas tus sábanas, que compres colchones con resortes, que ofrezcas desayuno continental y que solo así vendrán los turistas. A los meses, después de endeudarnos, caen con algunas personas, te pagan dos pesos y toda la plata se la quedan ellos como intermediarios. No nos enseñaron cómo hacer que el cliente llegue, y terminó siendo negocio para otros. Además, no estábamos cómodos. Nosotros no somos colchones de marca, lujo, ni desayuno continental.

Y sobre la mirada holística del desarrollo turístico, nos quedamos con esta respuesta de una señora en una comunidad aislada de la Patagonia Argentina. Palabras que también nos invitan a reflexionar:

Nosotros no vamos más a las reuniones ni talleres porque vienen acá y dicen que “lo nuestro vale”, pero no comparten con nosotros, no comen nuestras tortas, no toman nuestros mates, no nos preguntan por nuestras familias ni por nuestras necesidades. Dan su charla en leguaje técnico, dando por supuesto que nosotros sabemos qué es lo que dicen, y al terminar se van a la ciudad más cercana y se quedan en el hotel más caro… y con spa.

Estos dos casos siempre nos acompañan y los mantenemos presentes como “aquello que no nos puede pasar”, además de recordarnos permanentemente que estamos en un camino y aplicando una metodología que debe inspirar nuevas formas de trabajo conjunto, de diálogo, sin desestimar los sueños y las aspiraciones de cada uno de los participantes.

El desarrollo del turismo rural comunitario conlleva necesariamente innovaciones tecnológicas, organizacionales y una garantía de calidad mínima para el turista. En este sentido, una de las conclusiones más importantes es la redefinición de la noción de “experticia”. Los estudios constructivistas de la tecnología y el conocimiento científico revelan que “hacer” ciencia y tecnología implica una variedad de grupos sociales y que esos grupos constituyen con su propia experticia al proceso. En lugar de una secuencia de decisiones individuales, el desarrollo de la ciencia y la tecnología es el resultado de un proceso social no-lineal. En ese sentido, las decisiones sobre la ciencia y la tecnología no pueden limitarse a los científicos y otros “expertos” en un sentido tradicional (Bijker, 2010).

En consecuencia, se produce un desplazamiento de la problemática demarcacionista que dio lugar a epistemologías que intentaban capturar y legitimar la singularidad de la ciencia y la tecnología, pasando a una problemática del diálogo y de la traducción donde el problema es cómo conviven en una sociedad democrática conocimientos y actores que los producen, se los apropian y los hacen circular. En particular, es de nuestro interés seguir trabajando sobre las dinámicas de la distribución social del conocimiento y fundamentalmente cómo se incorpora en las decisiones públicas: si vivimos en una sociedad del conocimiento, lo que corresponde es comprender los modos en los que el conocimiento se vuelve activo en los procesos decisorios y aquí es donde se pasa de una epistemología social descriptiva a una epistemología social normativa: la postulación de modelos democráticos para la ciencia (Fuller, 1988). Cabe reflexionar sobre los siguientes interrogantes: ¿Quién tiene los saberes? ¿Qué tipo de saberes están en juego? ¿Quiénes y cómo se legitiman? ¿De qué manera esas relaciones influyen en los productos finales y en la gestión y distribución de los beneficios de las propuestas desarrolladas?

Visita técnica de fortalecimiento de productos turísticos en la comunidad Sierra Colorada, Trevelin, Chubut

11._TRC_Remplazo_Pag119[1]

Hicimos un cambio de mirada sobre los espacios de trabajo y de intercambio de cualquier índole, ya sean talleres, seminarios, congresos, visitas técnicas, encuentros casuales u otros. Nos animamos a identificar las modalidades de articulación que se generan entre el conocimiento científico y los conocimientos del público (lego) en los procesos y vinculaciones que se establecen para la detección de necesidades locales, su formulación a modo de proyectos y la ejecución para la resolución de problemas sociales y productivos en Argentina, así como los flujos del conocimiento presentes en esas dinámicas de trabajo y relacionamiento.

De esos análisis, surge la necesidad de ofrecer espacios permeables a la construcción colectiva, a la apropiación y discusión de conceptos, y a la detección temprana de alianzas emergentes (Gallo, 2016). En los espacios de trabajo conjunto se generan nuevas posibilidades más allá de los objetivos específicos que les dieron origen, canalizar y contribuir a su concreción y desarrollo es también nuestra responsabilidad.

Estas alianzas emergentes generan en sí mismas una nueva red socio-técnica que puede ser analizada, que vincula nuevos actores, tecnologías, relaciones, y que se derivan de la motivación inicial de revalorizar los recursos identitarios de cada comunidad. Estas no están en el mismo nivel de las alianzas efectivamente existentes, pero son interesantes en muchos sentidos: análisis, planificación, reconstrucción analítica de expectativas y negocios complementarios que vienen a fortalecer la propuesta grupal (Gallo, 2016).

La articulación entre instituciones, programas, profesionales y comunidades resolvió la comercialización de la quinoa andina bajo la marca KIUNA, Puna jujeña – INTA y SAF

12._TRC_Remplazo_Pag120[1]

En ejemplos prácticos, podemos hacer referencia a que, aunque la gente vive en una misma comunidad, en las cercanías o son vecinos, pocas veces hablan sobre lo que son, lo que hacen o lo que querrían ser. Al trabajar conjuntamente en espacios generados para el desarrollo del turismo rural comunitario, los participantes exponen sus capacidades, sus intereses y sus posibilidades. De estas exposiciones, generalmente en un contexto de asombro y reconocimiento, hay un reencuentro desde otro lugar, como posibles socios, como proveedores, como posibles empleadores, etc. Estas alianzas emergentes vienen a generar resultados más inmediatos, fortalecen los lazos sociales y productivos, generan un entramado necesario para el proyecto general de desarrollo turístico. La gente se conoce más, se vincula, se re descubre e impulsa iniciativas.

Estos diálogos espontáneos ejemplifican lo que queremos expresar:

–¿Vos hacés tortas? ¡Yo tengo una casa de Fiestas Infantiles!

–¿Y cuántos caballos tenés? Yo tengo aperos para diez. ¿Hacemos algo?

–Tu restaurante de campo está al lado de mi finca. La gente después de hacer las actividades me pregunta dónde puede comer… ¡Te los mando!

–¿Tenés idea de lo que me cuesta conseguir dulces de calidad para mi hotel? Te voy a visitar y arreglamos.

Como técnicos y facilitadores, estar atentos a estos “momentos” es clave para superar los objetivos iniciales con generación de mayores beneficios para las comunidades y para los emprendedores. La observación y la capacidad de escucha son cualidades necesarias para esta labor, así como atender los procesos y no solo los objetivos finales preestablecidos.



Deja un comentario