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6 Un aporte metodológico para el diseño y la gestión participativa del TRC

Los conceptos y etapas del proceso de Planeación Estratégica Interactiva de Miklos y Tello (1993) nos aportan tres momentos para la operacionalización de las instancias de trabajo con las comunidades. En cada una de ellas, plantearemos los momentos intermedios y las recomendaciones que, basadas en nuestra experiencia, se deben atender para conseguir los resultados esperados.

Ponemos especial énfasis en una etapa adicional que contempla el seguimiento y la evaluación de los proyectos en ejecución. Esto último es algo poco frecuente en la práctica cuando se trata de proyectos de desarrollo turístico y es de gran importancia para la continuidad, la revisión y la mejora de las propuestas. Es importante definir quién y de qué manera seguirá en contacto con estas comunidades luego de terminada la ejecución del financiamiento, la participación en los programas gubernamentales o los trabajos puntuales de asesoría y transferencia en relación con instituciones del “Sistema Científico Tecnológico Argentino” (organismos, universidades, institutos de investigación, etc.)

La Planeación Interactiva (Miklos y Tello, 1993) tiene seis principios coincidentes con nuestra metodología: es prospectiva (lo que se quiere hacer), es participativa, de enfoque sistémico, de continuidad, es estratégica y con una mirada necesariamente holística.

Dicho lo anterior, organizaremos los contenidos metodológicos en cuatro etapas:

Etapa 1. Diagnóstico estratégico: situación actual.

Etapa 2. Direccionamiento estratégico: ¿qué se pretende hacer?

Etapa 3. Proyección táctica: ¿cómo se lograrán las metas propuestas?

Etapa 4. Evaluación: ¿qué mecanismos e indicadores se utilizarán para poder rever estrategias y mejorar los proyectos?

De modo transversal a las cuatro etapas del proceso de trabajo con las comunidades, se tendrán en cuenta las dimensiones generales de la sustentabilidad: la económica, la sociocultural y la ambiental.

Es importante definir los días y horarios de encuentros con la comunidad, así como los espacios físicos, considerando la mayor accesibilidad posible. Solo de esta forma se garantizará una mayor asistencia a las reuniones y, en consecuencia, una creciente participación en el proyecto de TRC. Un proyecto sin gente no puede jactarse de ser participativo.

Etapa 1. Diagnóstico estratégico: ¿dónde estamos?

En esta etapa se pretende realizar un análisis de la situación actual de la comunidad con respecto a cada una de las dimensiones de sustentabilidad. Mediante la utilización de herramientas de trabajo para la gestión participativa, se identifican fortalezas y debilidades (análisis interno), oportunidades y amenazas (análisis externo) con la utilización de la matriz FODA.

Este diagnóstico consta de cinco instancias diferentes pero articuladas entre sí: a) Recopilación previa de información, antecedentes y normativas; b) Seminario y Taller (FODA y Mapa de Actores); c) Recorrido y observación participativa; d) Aporte de los integrantes del grupo desde sus conocimientos locales; e) Puesta en común, que se someterá a debate en la Etapa 2.

Se analizan recursos naturales y culturales (tangibles e intangibles) disponibles, posibles servicios y actividades a ser ofrecidos teniendo en cuenta los conceptos y lineamientos compartidos en la instancia de seminario, actores necesarios y disponibles (factor humano), posibles aliados estratégicos –en un primer diagnóstico por cercanía o intereses comunes– y un primer acercamiento a la demanda (¿quién es mi cliente?). Se realiza además un mapa de actores clave, de qué manera serían estratégicos para la propuesta de TRC.

Es importante destacar que una metodología que ha sido probada, y que recomendamos usar, consiste en dejar sin efecto las clases magistrales estrictamente académicas o los talleres solo como talleres, logrando una combinación entre ambos esquemas que consiste en acordar conceptos básicos iniciales, así como los objetivos de la jornada, aprovechando cada consulta del auditorio como instancia de capacitación colectiva. De esta manera, se pasa de “lo que el técnico dice” a “lo que entre todos estamos construyendo”. Esta modalidad de trabajo obtiene muy buena aceptación y arroja resultados muy interesantes para el proyecto común. También permite visualizar intereses individuales hacia la definición de modelos de negocio particulares en articulación con el proyecto grupal de TRC.

Esta metodología requiere, por parte del equipo técnico, respeto por los tiempos de escucha, un ejercicio probado en coordinación de grupos y facilitación de proyectos asociativos, y tiempos que exceden los pensados para las capacitaciones tradicionales en las que el disertante da una charla, responde preguntas y se retira del espacio de trabajo. Hay un tiempo de reflexión y conocimiento mutuo que favorece la confianza y la co-construcción, ambos aspectos muy necesarios para cumplir las metas y sostenerlas en el tiempo. A medida que las reuniones de trabajo avanzan, se construye un espacio de participación y de vínculos humanos que conforman el escenario en el que surgen las ideas, y su validación para llevarlas adelante.

Etapa 2. Direccionamiento estratégico: ¿qué quiere hacer la comunidad?

En modalidad de Taller se trabaja en grupos reducidos con un lienzo de la metodología CANVAS adaptado para que los participantes puedan cruzar los resultados de la Etapa 1 con los relevamientos más actuales (entre encuentro y encuentro se sigue relevando), las motivaciones particulares y grupales, las necesidades del mercado (demanda y áreas de vacancia) y aquellos productos que se desea ofrecer (propuesta de valor). En este lienzo se los anima a profundizar, con una mirada más amplia, sobre las alianzas estratégicas necesarias para cumplir las metas, ya sean integrantes del grupo de trabajo, otras familias, prestadores, organismos gubernamentales, ONG, instituciones del sistema educativo, entre otros. Se realiza una primera evaluación de costos y se comienza a definir el modelo de negocio en ambos niveles (individual y grupal).

Se solicita a los presentes que intercambien en plenario los resultados que son puestos a debate con los demás talleristas. Esto permite identificar puntos comunes y diferentes para seguir trabajando. Se produce también un redescubrimiento de “los vecinos” que hasta ese momento no eran considerados como posibles pares emprendedores, trátese de personas, asociaciones, municipios, parajes rurales, u otros.

Definiendo proyectos ecoturísticos, Jujuy – INTA y SAF

cap. 6 foto afiches

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En esta etapa, los Viajes de Intercambio emprendedor resultan inspiradores para terminar de delinear los Modelos de Negocio que se pretenden realizar. Un grupo de emprendedores que visita a otro grupo de emprendedores que muestra similitudes con lo que se quiere hacer encuentra una capacitación amena e intensiva desde el aprender de la experiencia de quienes ya están transitando el camino. Estos intercambios, además, son clave para ampliar la red de relaciones empresariales y permiten pensar acuerdos e intercambios posteriores. En ellos, la observación, el relato en primera persona y los espacios generados para la reflexión grupal son clave.

En esta línea, un caso interesante para ver e inspirar acciones es La Ruta del Aprendizaje Emprendedor realizada con la participación de 16 jóvenes de comunidades rurales de la provincia de Chubut. Una iniciativa de lo que por entonces era el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (MAGyP-PROSAP). La síntesis de la experiencia está disponible en YouTube: Ruta de Aprendizaje Emprendedor Jóvenes Emprendedores Rurales (goo.gl/uJ3ME6).

Es muy importante que como técnicos facilitadores planifiquemos los tiempos necesarios para cada instancia, sin apuros, sin tiempos limitados que truncan los resultados. Es muy común observar que luego de jornadas completas de trabajo para las conclusiones se destinan menos de cinco (¡cinco!) minutos por grupo de trabajo, sin opción a que cada grupo pueda intercambiar visiones, objetivos y posibilidades. Esto no debe pasar si se pretenden resultados dignos de ser enmarcados dentro de la definición de proyectos de gestión participativa en todas las instancias del mismo.

A cada Etapa le debe corresponder una completa minuta de resultados que le irá dando forma al informe final. Los contenidos deben ser consensuados por los participantes y, al ser sistematizados, pueden dar lugar a ideas proyecto con distintos fines: la búsqueda de financiamiento es una de ellos.

Etapa 3. Proyección táctica: ¿cómo lograr las metas propuestas?

Una vez que se han consensuado los pasos a seguir, con qué recursos, y con qué alianzas estratégicas, y poniendo en valor qué particularidades, se deben definir con la comunidad los plazos para cada una de las acciones. Es recomendable agrupar las acciones y objetivos por etapas: preferentemente a corto, mediano y largo plazo.

A medida que pasa el tiempo y se cumplen los objetivos, se irá logrando la consolidación grupal y las experiencias necesarias para ajustar y plantear nuevos horizontes. El desarrollo escalonado responde generalmente a la viabilidad, pero, además, a que la posibilidad de ir cumpliendo metas propuestas es una gran motivación para la comunidad emprendedora.

En esta etapa, además de los espacios de trabajo comunes con la comunidad, se incorporan las visitas técnicas: recorridos y entrevistas a campo y específicamente en locaciones ofrecidas para la actividad de TRC, que realiza el equipo asesor a las familias.

En estas visitas, el diálogo es la principal herramienta de trabajo, así como la observación, la respuesta a consultas y la indagación sobre los saberes que se pondrán en juego en el intercambio con los turistas, cómo se organizará ese discurso, qué servicios puntuales se ofrecerán (directos y de terceros), entre otros aspectos que hacen a la definición del producto turístico como tal.

Debemos prever, como asesores, el tiempo para realizar observaciones participativas. Esta es una de las estrategias más efectivas para orientar al emprendedor sobre cómo recibir y qué decir a los turistas. Erróneamente, este aspecto suele darse por sentado presumiendo que los pobladores “encontrarán la forma de hacerlo”. Ofrecer una orientación al respecto es clave para que la transición de la vida privada de las personas a una vida que será puesta ante la mirada de foráneos sea menos estresante.

Con frecuencia, en la confianza con los técnicos, en el enseñar a los conocidos (aprender haciendo) se encuentra ese cómo recibir a los visitantes de manera espontánea. El ejercicio es necesario, así como permitirse hacer ajustes en función de la experiencia y de las preguntas (e intereses) de quienes los visitan.

Al respecto, también resulta muy eficaz realizar los primeros recorridos y experiencias de TRC con una comitiva de familiares y amigos, quienes además pueden hacer sugerencias como usuarios, pero con la confianza que establece el vínculo previo.

Es relevante contemplar dentro de esta etapa las metas y estrategias puntuales de comunicación y comercialización del producto turístico, definir responsables y objetivos a cumplir en las distintas instancias de desarrollo. Este aspecto es determinante para que el turista llegue a destino, disfrute de la experiencia acorde a sus expectativas (coherencia entre lo que se comunica y lo que se ofrece) y encuentre espacios para dar sus comentarios al respecto. La comunicación y la comercialización deben contener sus indicadores específicos para ser evaluadas permanentemente; esta evaluación permite ajustar contenidos, mensajes y hasta los servicios para un mejor funcionamiento del negocio.

Portal de acceso con forma de carro. Evocando la cultura del carrero.
Alto Río Percy, Chubut

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Etapa 4. Evaluación: indicadores y revisión de estrategias

La Etapa 4 es permanente desde la ejecución de los proyectos de TRC. Tener un diagnóstico sobre cómo avanza (o no) el proyecto permite rever y redefinir estrategias.

Las reuniones periódicas con el grupo emprendedor son necesarias para compartir experiencias, problemáticas y necesidades. También para rever las metas propuestas y realizar el seguimiento de cada una de ellas.

Es conveniente animar a los emprendedores a llevar registro de sus clientes (permite generar acciones de marketing posteriores), a realizar breves encuestas de satisfacción y a estar atentos a los comentarios y replicaciones de la experiencia en las redes sociales (¿Qué dicen los turistas de la experiencia individual? ¿Y de la grupal?).

Participar en eventos colectivos, como lo son las ferias o fiestas populares, ofrece una excelente oportunidad para mostrar la oferta y para estar atentos a los comentarios del público; también es un momento de análisis de la competencia y de inspiración.

Llevar un libro de visitas y uno de quejas es una herramienta simple y de fácil seguimiento para poder identificar nuestras fortalezas y debilidades, actuando en consecuencia para reforzar lo más ponderado y mejorar aquellas cosas que no han alcanzado las expectativas de nuestros clientes.

Estar abiertos a pasantías y proyectos de extensión con universidades locales y regionales permite el ingreso de nuevas miradas desde perspectivas diversas. Estas actividades ofrecen líneas de trabajo posibles para mejorar los proyectos, realizar diagnósticos adicionales y ampliar la red de trabajo.

cap. 6

Gallo y Peralta, 2018. Elaboración propia.

Un aporte metodológico para el diseño y la gestión participativa del TRC
ETAPA Objetivos Metodología
Espacio

E1 Diag­nóstico estra­tégico: ¿dónde estamos?

Recopilar y ordenar los antecedentes y normativas. Revisión documental y bibliográfica. Trabajo previo realizado por los técnicos asesores (luego será puesto a consideración en la instancia siguiente).
Acordar conceptos teóricos básicos para emprender en TRC.
Seminario. Reunión grupal en espacio común.
Identificar la situación actual de la comunidad. TallerMatriz FODA. Reunión grupal en espacio común.
Identificar actores clave. Realizar un primer diagnóstico de posibles aliados estratégicos. Mapa de Actores. Reunión grupal en espacio común.
Relevar recursos tangibles e intangibles. Observación participativa.

Recorridos por la zona (tomando fotos, recreando historias, intercambiando experiencias, dialogando con actores).

Identificar y acordar lineamientos estratégicos con los organismos públicos. Entrevistas con responsables de áreas de desarrollo local, turismo, desarrollo social y medio ambiente, entre otras.

Entrevistas individuales y/o grupales.

Acordar líneas de acción y criterios de trabajo conjunto. Exposición plenaria por grupos de trabajo. Debate.

Reunión grupal en espacio común.

E2 Direccio­namiento estraté­gico: ¿qué quiere hacer la comu­nidad?

Evaluar los resultados de la E1. Puesta en común y discusión.

Reunión grupal en espacio común.

Identificar las motivaciones individuales y grupales para emprender en TRC. Taller en instancia individual y luego grupal. Puesta en común.

Reunión grupal en espacio común.

Delinear los productos posibles a ser ofrecidos y los actores responsables. Caracterizar la propuesta de valor y el segmento objetivo. Consolidar alianzas estratégicas. Realizar una primera evaluación de costos necesarios y disponibles. Plantear estrategias para cubrir las necesidades que surjan del diseño de productos. Lienzo CANVAS. Exposición de conclusiones e intercambio de visiones.

Reunión grupal en espacio común.

Enriquecer las propuestas con las experiencias de otros emprendedores. Intercambio Emprendedor.

Viaje de Intercambio visitando emprendedores de TRC.


E3 Proyec­ción estra­tégica: ¿cómo lograr las metas propues­tas?


Definir plazos de realización del proyecto TRC. Establecer prioridades en función de los recursos disponibles. Identificar la demanda para cada producto turístico y los canales para su comercialización. Plantear un Plan de comunicación y comercialización específico. Seminario.Taller y exposición plenaria. Debate.

Reunión grupal en espacio común.

Fortalecer las propuestas re- evaluando los recursos y saberes propios. Visitas técnicas. Observación participativa. Aprender haciendo.

Locaciones y espacios naturales ofrecidos para la actividad de TRC.

Consolidar los relatos y estrategias para la atención al turista. Visitas de iniciación con comitiva de familiares y/o amigos.

Circuito de TRC.

E4 Evaluación: indicadores y revisión de estrategias.

Definir indicadores y periodos de evaluación de la propuesta de TRC.

Acordar herramientas de evaluación.

Designar responsables para realizar este seguimiento.

Establecer frecuencia de reuniones periódicas.

Diseñar un circuito de circulación de la información que permita rever estrategias y ajustar las propuestas en tiempo real.

Realizar una agenda de presentación del proyecto de TRC en Congresos, Ferias, medios de comunicación y otros espacios que generan feedback necesario para la autoevaluación.

Taller y debate.

Reunión grupal en espacio común.

Gallo y Peralta, 2018. Elaboración propia.

Innovación en los espacios participativos

En 2017, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), en acuerdo con el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos (GER), plantearon la realización de encuentros de capacitación, taller y debate con el objetivo de acercar al territorio “Herramientas para el desarrollo de los pueblos rurales entrerrianos”, cuyo resultado ofreciera los lineamientos necesarios para el impulso y fortalecimiento del turismo rural como motor para la la diversificación de la oferta turística actual centrada particularmente en las propuestas: Carnaval, Termas, Pesca y Fiestas Populares.

En los distintos encuentros participaron representantes de 19 parajes rurales y ciudades de la provincia de Entre Ríos: Chajarí, San Jaime de la Frontera, San José de Feliciano, Federal, Villaguay, Tierra de Palmares (microrregión), Villa del Rosario, Lucas González, La Criolla, Gualeguaychú, Aldea San Antonio, Ibicuy, Colón, Gualeguay, Almada, Colonia Stauber, Parera, Irazusta y Gilbert.

Para las actividades en territorio se plantearon tres zonas que fueron definidas por su accesibilidad para los pueblos rurales: Federal (Norte), Villaguay (Centro) y Aldea San Antonio (Sur). Estas acciones fueron coordinadas por un cuerpo docente especializado y en permanente relación con los actores, técnicos y profesores en territorio.

El programa de cada encuentro, facilitado por la Lic. Graciela Gallo, tuvo como objetivo “Brindar conocimientos y herramientas para impulsar negocios turísticos en el ámbito rural, con una gestión participativa y de respeto por el entorno natural y cultural de las comunidades”. Para ello, los participantes de las visitas técnicas y de las Jornadas de capacitación, intercambio y taller pudieron conocer y reflexionar sobre la importancia que tiene el turismo rural en la cadena de valor de la actividad agropecuaria; identificaron los recursos y atractivos del ámbito rural; adquirieron herramientas de comunicación y comercialización; e incorporaron capacidades para el trabajo con otros y para el impulso de proyectos asociativos (Gallo y Fernández, 2017).

Cierre de Jornadas con historias vivas:
inmigrantes alemanes en Aldea San Antonio, 
Entre Ríos. Tortas típicas

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Los asistentes a cada Jornada (productores, profesionales, emprendedores de turismo rural, autoridades gubernamentales y representantes de organizaciones sociales) participaron en grupos organizados por Juntas de Gobierno y, a veces, en conjunto con otras por su cercanía territorial. En estas actividades identificaron los recursos disponibles y las posibles ofertas turísticas que podrían ser desarrolladas destacando atractivos del lugar/región, pensando en consolidar productos turísticos rurales identitarios (OMT, 1998).

En las instancias de análisis y discusión, los integrantes de cada grupo trabajaron identificando también aquellos valores inmateriales propios de cada lugar, entendiendo por patrimonio inmaterial (UNESCO, 2003) aquellas formas de expresión populares y tradicionales, tales como las lenguas, la literatura oral, la música, la danza, los juegos, la mitología, los rituales, las costumbres o las técnicas artesanales, así como los espacios culturales; también los lugares que concentran actividades populares y tradicionales; y los espacios asociados a un ritmo temporal que hace que un determinado acto se reproduzca regularmente (rituales cotidianos, procesiones anuales, narraciones orales).

Asimismo, compartieron historias familiares y antecedentes gastronómicos propios de la provincia y analizaron su fusión con las distintas corrientes inmigrantes (principalmente italiana y alemana). Se puntearon aquellos recursos tangibles e intangibles vinculados específicamente a la gastronomía y a las materias primas, considerando que son de gran impacto y potencialidad para la demanda turística (Falcón, 2014) y que estos atractivos tienen un público específico muy interesado en conocer, cocinar, degustar, experimentar sabores y texturas que involucren materias primas locales y recetas tradicionales.

Cierre de Jornadas con historias vivas: Chamamé en Federal, Entre Ríos

cap. 6 pareja de baile

En estas Jornadas también se generaron espacios en los que cada uno pudo dar a conocer el emprendimiento que desarrolla y contar sus particularidades y sus problemáticas; esto generó vínculos y posibles alianzas para un futuro de trabajo asociativo y de cooperación regional. Fue valorado por los presentes “saber más sobre otros pueblos”, de los que expresaron “no tener mucho conocimiento” a pesar de la cercanía.

Como estrategia, en el espacio participativo se trabajó intercalando momentos de intercambios de experiencias, saberes y opiniones. Además, en cada uno de los puntos de encuentro se prestó especial atención a las expresiones locales que surgieron espontáneamente. Estas fueron bien recibidas por los presentes y contribuyeron a fijar con éxito los conceptos de la teoría en la práctica.

En Aldea San Antonio merece especial mención el cierre de la actividad con degustación de la torta típica alemana (Tinekuchen) y la ejemplificación del concepto “Patrimonio Vivo” en el relato de Doña Elvira, descendiente de la última familia inmigrante de alemanes del Volga que llegó a esa región. Las emociones que generó y la atención que captó su relato, al tiempo que se degustaba el Tinekuchen, dejaron en evidencia la importancia de imprimir experiencias y ofrecer nuevos saberes y sabores a los visitantes, aquellos que son propios del lugar, auténticos.

En Villaguay, podemos destacar el baile y la explicación de la Chamarrita por parte de un docente de la región (todos los presentes acompañaron con palmas y ensayaron unos pasos); así como la feria de productos del Grupo Cambio Rural INTA “Huellas del Montiel” y de los representantes de Villa del Rosario, quienes ofrecieron degustaciones para motivar a los talleristas mientras trabajaban. Estas acciones favorecieron el clima y fortalecieron el concepto de acciones conjuntas y articuladas para el desarrollo, además de poner en escena la importancia de “lo local” como capital identitario de las propuestas.

En Federal, dos participantes ofrecieron una demostración de Chamamé, explicaron cómo sería enseñar algunos pasos a los visitantes (idea que habían plasmado en sus papelógrafos) y ejemplificaron también que transmitir saberes e imprimir vivencias en los otros son hechos relevantes de la actividad turística. Fue un momento de alegría, de pasión compartida y de referencia directa a la Fiesta Nacional del Chamamé que se realiza en el mes de febrero en esa ciudad entrerriana.

Los resultados obtenidos de cada una de las etapas de trabajo se sistematizaron en informes que fueron puestos a discusión con los representantes de cada región y quedaron a disposición de las autoridades provinciales, regionales y locales. Estos materiales fueron utilizados como base para la redacción de ideas proyectos que facilitaran la obtención de financiamiento; para el diseño de normativas específicas que cubrieran la necesidad de regulaciones acordes a las actividades de turismo rural; y para la concreción de acciones posteriores a esas actividades (Gallo y Fernández, 2017).

El turismo rural, entendido como destino de política de desarrollo territorial, ofrece múltiples alternativas para estimular la movilización del capital social local, de gran riqueza cultural y patrimonial, muchas veces carente de canales de expresión visible. Emprendedores, productores, mujeres y jóvenes con inquietudes para desarrollar nuevas actividades y generar fuentes de ingreso alternativas justifican la implementación de incentivos de desarrollo que vuelven multiplicados al territorio cuando se los planifica adecuadamente.

Como facilitadores, manejar tiempos que permitan expresiones espontáneas de los participantes, que generen mayor fortaleza relacional y que inspiren nuevas ideas más allá de las planteadas como ejes de las capacitaciones abre un mundo de posibilidades, y genera motivación y pertenencia, elementales para el sostenimiento de los compromisos a mediano y largo plazo.



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